Juan Sámano
Independencia
1753–1821
La biografía
Juan Sámano y Uribarri (Selaya, Cantabria, 1753 — La Habana, 1821) fue el último virrey del Nuevo Reino de Granada y el rostro administrativo del terror durante la Reconquista española. Militar de carrera formado en las guerras europeas de finales del siglo XVIII, llegó a América ya maduro y sirvió durante décadas en la periferia del imperio antes de que las circunstancias —y las intrigas de Pablo Morillo— lo colocaran, entrado en la vejez, al frente del virreinato. Su nombre quedó fijado en la memoria colombiana no por sus campañas en el sur ni por su gestión monetaria, sino por haber presidido, entre 1818 y 1819, el tramo más brutal de la restauración colonial: los consejos de guerra, las juntas de secuestros, los fusilamientos que segaron a la primera generación de la Independencia. Cuando Simón Bolívar cruzó los Andes en el verano de 1819 y venció en el Puente de Boyacá, Sámano huyó de Santafé disfrazado de campesino, dejando atrás su maquillaje, su colorete y una colección de pelucas empolvadas. Esa fuga —tragicómica, casi caricaturesca— clausuró de manera irreversible el orden virreinal que él encarnaba.
Línea de vida
- 1813
Campaña del sur: Alto Palacé y Calibío
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Entre finales de 1813 y comienzos de 1814, Sámano ejerció el mando realista en la región de Popayán enfrentando a las tropas patriotas de Antonio Nariño. El 30 de diciembre de 1813 tuvo lugar la batalla del Alto Palacé (también llamada acción del Puente de Palacé). El 15 de enero de 1814, a las seis de la mañana, las fuerzas patriotas avanzaron sobre el enemigo en formación de batalla en el llano de la hacienda de Calibío, donde Sámano ejercía el mando realista; la derrota lo empujó hacia el sur y hacia Quito.
- 1817
Nombramiento como virrey y orden de reacuñación monetaria
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Sámano fue nombrado virrey de Nueva Granada en 1817, resultado de las intrigas de Pablo Morillo, Pascual Enrile y otros oficiales del ejército expedicionario que buscaban desplazar al moderado Francisco Montalvo e instalar a un militar conocido por su sed de venganza contra los rebeldes. Poco después del nombramiento recibió órdenes de Madrid para emprender un costoso proceso de reacuñación monetaria, justificado por Fernando VII como símbolo de su autoridad suprema frente a las 'monedas revolucionarias'.
- 1818
Asunción efectiva del virreinato y constitución de la comisión de moneda
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Montalvo dejó el cargo en abril de 1818, momento en que Sámano asumió efectivamente el gobierno. Ese mismo año constituyó una comisión de moneda para elaborar propuestas de ejecución de las órdenes reales de reacuñación. Bajo su virreinato continuó operando la maquinaria represiva heredada de Morillo: el Consejo de Guerra Permanente, el Consejo de Purificación y la Junta de Secuestros.
- 1819
Derrota en Boyacá y fuga de Santafé
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Sámano no dio importancia a las repetidas noticias del movimiento de Bolívar que le comunicaban sus comandantes en el campo. Tras la derrota patriota en la batalla del Puente de Boyacá (1819), abandonó Santafé de Bogotá disfrazado de campesino, dejando atrás sus pelucas empolvadas y su maquillaje. Su fuga clausuró de manera irreversible el orden virreinal que encarnaba.
- 1821
Muerte en La Habana
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Sámano murió en La Habana en 1821, sin haber recuperado el virreinato ni regresado a la península, como último virrey efectivo del Nuevo Reino de Granada.
La semblanza: un funcionario del castigo
Sámano no fue un estratega militar de primer orden ni un administrador brillante. Fue algo más específico y más ominoso: un ejecutor. Su significación histórica no descansa en la originalidad de su obra sino en la fidelidad burocrática con que aplicó una política que otros habían diseñado. Cuando asumió el virreinato en 1818, la maquinaria represiva de la Reconquista —el Consejo de Purificación, la Junta de Secuestros, el Consejo de Guerra Permanente— llevaba dos años funcionando, y la mayoría de los líderes independentistas neogranadinos ya habían sido fusilados. Sámano heredó ese aparato y lo perpetuó sin modulación ni cálculo político. En eso reside su centralidad: en haber demostrado, con una consistencia casi didáctica, que un régimen sostenido únicamente sobre el miedo produce su propia derrota.
La historiografía lo ha tratado con dureza, y no sin razón. Sus contemporáneos patriotas —el memorialista José María Espinosa entre ellos— lo describieron como uno de esos "hombres tan brutales y ordinarios" cuya crueldad hacia los prisioneros contrastaba con la benevolencia que, en general, mostraban los jefes independentistas hacia los suyos. Los prisioneros de los españoles, escribió Espinosa, eran más desgraciados que los parias y los ilotas: siempre amenazados, vejados, designados como víctimas. Esa memoria, construida por los vencedores, tiene la parcialidad de toda memoria de guerra, pero coincide con testimonios de observadores menos comprometidos: el venezolano Rafael María Baralt —admirador confeso de España— y el chileno Diego Barros Arana documentaron la crueldad sistemática del régimen pacificador, aunque su foco recaía sobre Morillo. Que dos historiadores de nacionalidades y simpatías distintas hayan llegado a conclusiones convergentes sugiere que la reputación de brutalidad del período no fue una construcción local ni un ajuste de cuentas patriótico.
Los orígenes: Cantabria, los tercios, América
Sámano nació en 1753 en Selaya, un pequeño pueblo de la montaña cántabra. Su formación fue la de un oficial del ejército borbónico: disciplina rígida, lealtad al rey, catolicismo militante, desconfianza instintiva hacia todo lo que oliera a novedad política. Sirvió en Europa durante las últimas décadas del siglo XVIII, cuando España aún se debatía entre la modernización ilustrada y la reacción, y cruzó el Atlántico en algún momento anterior a las guerras de emancipación. Para 1810, cuando estallaron las juntas americanas, era ya un militar experimentado en los territorios del norte de Sudamérica, familiarizado con la geografía, las tropas y las jerarquías locales del virreinato.
Esa trayectoria previa importa porque Sámano no llegó a América como parte del contingente expedicionario de Morillo en 1815: llevaba años allí, había combatido a los patriotas desde la primera hora y se había curtido en las campañas del sur del virreinato. Cuando Morillo empezó a considerarlo para el máximo cargo, no lo hizo por sus méritos administrativos —de los que no había pruebas— sino por lo que sus promotores presentaban abiertamente como una virtud: su sed de venganza contra los rebeldes. Sámano era, en la lógica de la Reconquista, un hombre con currículum ideológico.
Popayán y el sur: el militar antes del virrey
Entre finales de 1813 y comienzos de 1814, Sámano ejerció el mando realista en el sur del virreinato, en la región de Popayán, enfrentando a las tropas patriotas comandadas por Antonio Nariño. Fue en esas semanas cuando su nombre empezó a asociarse a la resistencia obstinada del sur —Popayán, Pasto, Quito— que se mantendría en manos realistas mucho más tiempo que el resto del territorio.
El 30 de diciembre de 1813 tuvo lugar la batalla del Alto Palacé, también llamada acción del Puente de Palacé, primer choque significativo de aquella campaña. En la noche del 8 de enero, una hábil maniobra permitió que el coronel Rodríguez, separado del grueso del ejército, se uniera a su comandante en la hacienda de Calibío. El 15 de enero, a las seis de la mañana, las fuerzas patriotas iniciaron el avance hacia el enemigo, que las esperaba en formación de batalla en el llano cercano a la hacienda. Fue la batalla de Calibío, y el mando realista correspondió a Sámano. La derrota lo empujó hacia el sur y hacia Quito, donde continuaría operando durante los años siguientes, en un teatro secundario respecto a Venezuela y el Caribe pero decisivo para el control del corredor andino.
Aquellas campañas del sur revelan un patrón que se repetiría después: Sámano era competente en la defensa territorial, tenaz en la persecución, incapaz de ganar batallas decisivas contra ejércitos bien mandados. Su fuerte era el control administrativo del territorio conquistado, no la maniobra en campaña. Esa combinación —eficiencia represiva en la retaguardia, mediocridad en el frente— definiría también su virreinato.
El ascenso al virreinato: intrigas y desplazamiento de Montalvo
En 1815, el ejército expedicionario más grande enviado nunca por España a América desembarcó en las costas de Venezuela y Nueva Granada al mando del general Pablo Morillo. La retórica oficial invocaba la misericordia y la reconciliación; la práctica fue una reconquista violenta. Cartagena de Indias cayó el 6 de diciembre de 1815, tras ciento dos días de asedio en los que murió aproximadamente la tercera parte de la población, entre el hambre y las epidemias. En febrero de 1816, Morillo partió de Cartagena hacia el interior para completar la pacificación, y en los primeros días de octubre de ese mismo año la reconquista neogranadina estaba consumada.
Francisco Montalvo había sido elevado al virreinato el 28 de abril de 1816, con sede en Cartagena. Era, en términos comparativos, un hombre de tacto: aplicó cierta moderación en la administración de la ciudad reconquistada y mantuvo una relación tensa con Morillo y sus oficiales, a quienes consideraba excesivos. Precisamente esa moderación selló su destino. Las intrigas de Morillo, del brigadier Pascual Enrile y otros oficiales del ejército expedicionario tenían un objetivo claro: desplazar a Montalvo e instalar en su lugar a un militar dispuesto a llevar la represión hasta sus últimas consecuencias. Sámano fue el nombre elegido.
El nombramiento se produjo en 1817, aunque Montalvo no dejó efectivamente el cargo hasta abril de 1818. Esa demora —esa transición de casi un año entre el nombramiento y la asunción real— refleja la lentitud de las comunicaciones imperiales y también la resistencia pasiva del propio Montalvo a entregar el poder. Cuando Sámano finalmente se instaló, tenía sesenta y cinco años, la salud quebrantada, y un mandato implícito: continuar y profundizar lo que Morillo había iniciado.
La maquinaria del terror: instituciones y ejecuciones
El régimen represivo que Sámano heredó tenía una arquitectura precisa. Morillo había establecido en 1815-1816 tres instituciones que operaban de manera complementaria. El Consejo de Guerra Permanente juzgaba a los acusados de rebelión y aplicaba la pena capital. El Consejo de Purificación clasificaba a la población según su grado de deslealtad al rey, imponiendo castigos administrativos, destierros y confiscaciones a quienes no ameritaban la muerte pero tampoco podían ser considerados leales. La Junta de Secuestros incautaba los bienes de los acusados de traición o colaboración con los insurgentes; sus ingresos alimentaban la tesorería del ejército expedicionario y financiaban la prolongación de la guerra.
Esa arquitectura triangular —muerte, purificación, confiscación— constituía un sistema completo de castigo. Nadie quedaba fuera: quien no era fusilado era purificado; quien no era purificado, expropiado. Y el propio dispositivo generaba sus recursos: los bienes confiscados a los patriotas pagaban los sueldos de sus verdugos.
El año 1816 fue el más oscuro de la Independencia neogranadina. Bajo el dominio realista fueron ejecutados la mayoría de los líderes de la Primera República: Camilo Torres Tenorio, el jurista que había redactado el Memorial de agravios y presidido las Provincias Unidas; Francisco José de Caldas, el sabio de Popayán, botánico, astrónomo, cartógrafo, cuya muerte cerró de un tiro toda una tradición científica; Jorge Tadeo Lozano, presidente de Cundinamarca; José María Carbonell, agitador del 20 de julio; Antonio Villavicencio, el comisionado regio cuyo periplo había desatado la crisis de 1810; José María Cabal, oficial y matemático. La lista no se agota en estos nombres. Fue, literalmente, la decapitación de una generación.
Cuando Sámano llegó al poder en 1818, las grandes ejecuciones ya habían ocurrido. Pero eso no significa que su papel fuera decorativo: bajo su virreinato la maquinaria siguió operando, ahora contra un tejido más difuso —guerrilleros, colaboradores, redes urbanas de resistencia. Es en este período tardío donde se sitúan las ejecuciones que la memoria popular ha fijado con más fuerza, las de mujeres y jóvenes que sostenían la resistencia clandestina en Santafé y las provincias, símbolo de que el terror ya no distinguía combatientes de civiles. La represión bajo Sámano fue menos espectacular que la de 1816, pero más cotidiana, más incrustada en la vida diaria, más asfixiante.
La hacienda, la moneda, la administración
Sámano no fue solo el brazo armado del castigo. Fue también, y esto suele olvidarse, el administrador de un virreinato en bancarrota. En 1816, cuando los restauracionistas afirmaron su poder, circulaba en Nueva Granada una gran variedad de monedas de distintas calidades y épocas: pesos coloniales de diversas cecas, monedas emitidas por las juntas revolucionarias, piezas envilecidas por autoridades locales que habían recortado su fineza o su peso para financiarse. Las autoridades patriotas de Santa Marta, por ejemplo, habían debilitado el valor monetario alterando tanto la ley del metal como las cantidades emitidas.
Poco después de su nombramiento en 1817, Sámano recibió órdenes desde Madrid para emprender un costoso proceso de reacuñación monetaria. La justificación era menos económica que simbólica: Fernando VII argumentaba que la emisión de monedas con sellos legítimos era símbolo de su autoridad suprema, y que las "monedas revolucionarias" constituían una amenaza a su poder soberano. Cada peso circulante debía llevar la efigie del rey; cada peso con la insignia de las juntas era un acto de lesa majestad monetizado. En 1818, Sámano constituyó una comisión de moneda para elaborar propuestas de ejecución.
El episodio revela algo del proyecto restaurador: incluso en materia fiscal, la lógica dominante era simbólica y punitiva, no productiva. Reacuñar millones de piezas en un virreinato empobrecido, en plena guerra, para satisfacer una obsesión de legitimidad heráldica del monarca, era un desperdicio de recursos que el propio régimen no podía permitirse. El centro imperial socavaba, con sus órdenes rituales, la viabilidad del régimen que pretendía sostener. Sámano ejecutó la orden con la misma diligencia con que firmaba sentencias de muerte: sin cuestionarla, sin adaptarla, sin comprender que la legitimidad no se acuña, se gana.
Los recursos del virreinato dependían, más allá de los tributos ordinarios y las remesas siempre insuficientes de la metrópoli, del flujo de bienes confiscados. La tesorería del ejército expedicionario centralizaba los ingresos obtenidos por el Consejo de Purificación y la Junta de Secuestros; ese dinero pagaba a las tropas peninsulares, las municiones, los pertrechos. El régimen se alimentaba de sus víctimas. Pero las víctimas se agotaban: no había un flujo inagotable de patriotas ricos a los que despojar, y cuando ese pozo se secó, la Reconquista perdió su base material.
Los efectos: cómo el castigo produjo su propia derrota
La dureza del régimen restaurado tuvo un efecto que sus arquitectos no anticiparon o no supieron leer. La Patria Boba —el período de las guerras civiles entre federalistas y centralistas, entre 1810 y 1815— había desilusionado a amplios sectores de la población, que en 1816 recibieron a Morillo con indiferencia o incluso con algún alivio. La represión sistemática convirtió esa indiferencia en animadversión activa y esa animadversión en resistencia guerrillera. Regiones enteras que habían aceptado sin entusiasmo la restauración se levantaron contra ella; hombres que no habían sido patriotas se hicieron patriotas por reacción; familias enteras que perdieron a sus parientes en los fusilamientos o su patrimonio en los secuestros pasaron a considerar el régimen colonial como enemigo personal.
La contraposición moral, tal como la registró Espinosa y otros memorialistas, era además políticamente eficaz: mientras los patriotas trataban a sus prisioneros con lenidad —Bolívar liberaría más de una vez a oficiales realistas capturados—, los realistas los tratan como parias condenados. Esa asimetría, real o exagerada por la propaganda, dio a la causa independentista un argumento moral que compensaba sus muchas debilidades militares.
Entre 1816 y 1819, los ejércitos patriotas quedaron reducidos a contingentes esqueléticos de unos 3.000 hombres. Pero ese número engañaba: detrás de esos combatientes había ahora una población predispuesta, redes clandestinas, informantes, guerrillas locales, mujeres que llevaban mensajes y proveían refugio. En vísperas de Boyacá, esos 3.000 se habían duplicado a 7.000, no por milagro sino porque el terreno humano había cambiado. Sámano, encerrado en su palacio de Santafé, firmando decretos de reacuñación y sentencias de muerte, no vio el cambio. O si lo vio, no supo qué hacer con él.
Boyacá y la fuga: agosto de 1819
En julio de 1819, cuando Bolívar cruzó los Andes por el páramo de Pisba con un ejército extenuado, el virrey Sámano no dio importancia a los repetidos avisos de sus comandantes en el campo. Le costaba creer que un ejército pudiera atravesar aquellas alturas heladas en la peor estación; le costaba imaginar que un movimiento venido de los Llanos pudiera amenazar la capital. Fue solo el 3 de julio, al recibir el parte de la acción de Paya, cuando intuyó que algo grave estaba en marcha. Para entonces era demasiado tarde: la campaña estaba lanzada.
La batalla del Puente de Boyacá se libró el 7 de agosto de 1819. En pocas horas, el ejército realista comandado por el coronel José María Barreiro fue derrotado y capturado en su casi totalidad —jefes, oficiales y tropa. Cuando la noticia llegó a Santafé, Sámano no organizó una defensa de la capital ni intentó negociar. Huyó. Se disfrazó de campesino, salió de la ciudad y tomó la ruta del río Magdalena hacia la costa. En su palacio quedaron abandonados sus efectos personales, entre ellos maquillaje, colorete y una fina colección de pelucas empolvadas: un vestuario de dignatario dieciochesco que revela un hombre celoso de la etiqueta, del rango, de las formas exteriores del poder, y que abandonó todo ello a la carrera al primer temblor real.
Aquellas pelucas empolvadas se convirtieron, en la memoria republicana, en emblema de un régimen que había confundido la apariencia con la sustancia. Un virrey que se maquillaba y no sabía leer un parte militar; un funcionario que reacuñaba monedas para simbolizar la autoridad real y perdía la capital al primer choque; un anciano vestido de campesino escapando por el Magdalena mientras sus tropas se rendían en Boyacá. La imagen era demoledora, y la historiografía nunca la olvidó.
Cartagena: los últimos meses de la Reconquista
La fuga de Sámano no fue, sin embargo, una capitulación inmediata. Se detuvo en Cartagena, plaza que España conservaba junto con Caracas, la costa Caribe, las montañas del sur alrededor de Pasto y Quito, y los territorios del Perú. Desde allí, aprovechando el control del mar y los recursos que este proporcionaba, intentó organizar la recuperación del territorio perdido.
Envió a Antioquia, por el Cauca arriba, una fuerza al mando del coronel Francisco Warleta con la misión de mantener la dominación realista en aquella provincia estratégica. Simultáneamente, organizó una flotilla de bongos y champanes al mando del teniente coronel Isidro Barrada, que debía subir por el Magdalena hasta Nare para cortar las comunicaciones patriotas y hostigar los enclaves republicanos. Fue el último esfuerzo militar significativo del virreinato: un intento de reconstruir, desde la costa, la dominación perdida en el interior.
El vicepresidente Francisco de Paula Santander comprendió de inmediato la importancia estratégica de aquellos movimientos. Envió a José María Córdova a tomar posesión de Antioquia y neutralizar la ofensiva de Warleta; nombró al coronel José María Mantilla gobernador de Mariquita con residencia en Honda, encargándolo de levantar una escuadrilla patriota en el Magdalena que cortara el avance de Barrada. La respuesta republicana fue rápida y eficaz. Las fuerzas de Sámano no consiguieron sus objetivos, y hacia finales de 1819 y durante 1820 la iniciativa militar estaba ya definitivamente del lado patriota.
Sámano no vería el final. Enfermo, envejecido, derrotado, embarcó desde la costa hacia España en circunstancias que sus contemporáneos calificaron sin eufemismos de poco honorables. Murió en La Habana en 1821, en el camino de regreso, sin haber pisado nuevamente la península. Su cuerpo, como su régimen, quedó a mitad de camino.
Red y encaje: los hombres alrededor de Sámano
Sámano no operó solo, y entender su papel exige situarlo dentro del entramado de figuras con las que compartió el escenario. Pablo Morillo fue, indiscutiblemente, el arquitecto del sistema que él administró. General de amplia experiencia en las guerras napoleónicas, Morillo llegó a América con instrucciones ambiguas —la retórica de la reconciliación, la práctica de la represión— y las resolvió en dirección al castigo. La historiografía lo describió, con las palabras que Baralt y Barros Arana ayudaron a fijar, como "cruel por sistema más que por inclinación": alguien que no gozaba con la violencia pero la aplicaba metódicamente cuando la consideraba necesaria. En Mompós hizo ahorcar a varios patriotas y decapitar el cadáver del teniente coronel Fernando Carabaño, cuya cabeza mandó colocar en un palo como advertencia pública. Esa mezcla de método y espectáculo definió el estilo Morillo.
Francisco Montalvo representa el camino no tomado. Virrey durante casi dos años, mostró que otra administración de la Reconquista era concebible, más medida, menos incendiaria. Su desplazamiento a manos de las intrigas de Morillo y Enrile no fue inevitable: fue el resultado de una decisión de facción dentro del bando realista, y esa decisión tuvo consecuencias históricas mensurables. Con Montalvo prolongado en el cargo, el desenlace pudo haber sido distinto, o al menos más lento. La contingencia importa en la historia, y aquí importa mucho.
Del lado patriota, Sámano se enfrentó a una generación excepcional. Antonio Nariño lo había combatido en el sur en 1813-1814. Simón Bolívar lo derrotó desde lejos, sin verlo nunca, con la campaña de Boyacá. Francisco de Paula Santander organizó la respuesta a sus últimos manotazos desde Cartagena. José María Barreiro, su comandante en Boyacá, fue capturado y luego fusilado —una decisión republicana que dejaría cicatriz en la relación entre Bolívar y Santander pero que se tomó, en parte, como respuesta simétrica a los fusilamientos de 1816. Miguel de la Torre y Sebastián de la Calzada, oficiales realistas que operaron bajo el mando general de Morillo, completan el mapa de comandantes que compartieron con Sámano la tarea imposible de sostener la Reconquista.
Huella: memoria y disputa historiográfica
La imagen de Sámano en la memoria colombiana se fijó temprano y con trazos gruesos: el virrey cruel, el viejo maquillado que huyó disfrazado de campesino, el ejecutor de la generación de 1810. Esa imagen es sustancialmente correcta, y las tentaciones revisionistas que periódicamente aparecen —el intento de presentarlo como un funcionario más, un producto de su época, un burócrata sin especial malicia— tropiezan con la evidencia documental: los memorialistas patriotas, los historiadores extranjeros sin compromiso con la causa republicana y los propios promotores realistas de su nombramiento coincidieron en describir su relación singular con la violencia contra los rebeldes.
Pero simplificar a Sámano en una figura de villano es también un error, porque oscurece lo que su caso enseña sobre el mecanismo del fracaso imperial. La Reconquista no cayó por la crueldad de un hombre; cayó por un modelo de dominación que hizo del castigo su único argumento de legitimidad. Sámano fue el rostro particular de ese modelo, no su motor. Lo que importa históricamente no es tanto su temperamento personal como su función dentro de un dispositivo: un virrey elegido precisamente por su disposición a reprimir, ubicado al frente de un aparato diseñado para reprimir, incapaz de imaginar otro lenguaje de autoridad. Cuando ese modelo se enfrentó a un adversario que sí ofrecía otro lenguaje —el de la ciudadanía, la ley, la moderación relativa con los prisioneros— perdió, y perdió rápido.
La huella más profunda de Sámano en la historia colombiana no es su nombre, apenas invocado en el santoral cívico. Es, paradójicamente, la solidez del rechazo popular al orden colonial que su gestión terminó de construir. Nueva Granada había sido, durante la Patria Boba, un país dividido, cansado de sus propias guerras internas, dispuesto en muchas zonas a aceptar sin drama la restauración. Después de Sámano, ese país no existía. Existía otro: uno que había perdido a sus mejores hombres en los patíbulos, que había visto expropiadas sus haciendas por juntas de secuestros, que había aprendido —a un costo terrible— a distinguir con claridad entre lo colonial y lo propio. En ese sentido, y solo en ese sentido, Sámano fue el último virrey posible: después de él, la reinstauración del régimen ya no era imaginable ni siquiera para quienes la habían apoyado.
Murió en La Habana en 1821, poco después de haber embarcado en Cartagena rumbo a España. Nueve años más tarde moriría Bolívar en Santa Marta, en la misma costa Caribe. Entre ambas muertes se despliega, como en un díptico, el arco completo de la Independencia: el hombre que encarnó la agonía del imperio y el hombre que encarnó su superación murieron ambos derrotados, cada uno a su manera, en las tierras que habían disputado. Pero la derrota de Sámano fue estructural y la de Bolívar fue personal. El orden que Sámano representaba no volvió; el que Bolívar fundó, con todas sus fracturas, sigue en pie. Esa es, al final, la medida exacta de lo que se jugó entre 1816 y 1819, y del papel que en aquel juego le tocó al último virrey del Nuevo Reino de Granada.
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Documentos y fragmentos citados
18 documentos · 24 fragmentos01Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Páginas 43, 452 citas
[1]con la derrota de estas ultimas. 874 chazarla con altivez, realiz6 en la noche del 8 de enero una habil maniobra con la que logré unirse a su comandante en la hacienda de Calibio. La con- centraci6n de las tropas enemigas y la angustiosa espera de las fuerzas de Antioquia y del coronel Ro- driguez, a quien Asin…
p. 43
[2]Com- pania de Cazadores y el primer Batallén bajase a im- pedir que nos cortaran el Puente; lo verificé en efecto con la mayor prontitud, pero no habian llegado a la mi- tad de la bajada, cuando rompieron el fuego los ene- migos, que en gran numero estaban alli ocultos desde antes que llegéramos. La acci6n se empez6…
p. 45
02La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Páginas 83, 952 citas
[3]juntos. IV Todo parece indicar que Cartagena, sin embargo, tuvo un breve sosiego. Ido el general Morillo en febrero de 1816 a pacificar el interior del territorio, elevado al cargo de virrey el general Montalvo el 28 de abril, con sede en Cartagena, y acompañado éste por el gobernador Gabriel de Torres, se vivió un…
p. 95
[16]regiones más extensas e importantes, el Caribe colombiano y el Cauca grande, en manos de los españoles y vastos territorios, más de dos tercios, en manos de nadie. Uno puede imaginarse el rostro con el que Cartagena recibió al triunfante Morillo y su ejército de reconquista el 6 de diciembre de 1815, luego de todo un…
p. 83
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2341 cita
[4]toma Carta- A o. od ele del terror. 1816 Los patriotas de Cartagena son pasados por las armas. Cuatro expediciones realistas reconquis- tan Nueva Granada. Nariño vuelve prisionero a Cádiz. El presidente Torres es reemplazado por José Fernández Madrid. El español Warleta toma Medellín y Miguel de la Torre, Santafé.…
p. 234
04A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Páginas 58, 642 citas
[5]reinforce the population’s confi - dence in the new coins while solving the financial problems of the government and remedying the lack of silver flows from Maracaibo and Guayaquil. 2.7 Recoinage and Sovereignty By the time the restorationists affirmed their power in 1816, a plethora of coins of different qualities…
p. 58
[14]warfare during these years, see Pinto and Torres (2016, pp. 180 – 182). 20 For a broad overview of the fiscal transformation, see Pinto (2018, pp. 158 – 169). 21 Santa Marta authorities debased coinage through changes in both F and N in Equation (2.1) and changes in Q in Equation (2.2). 22 On the Popayán’s copper…
p. 64
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1201 cita
[6]parte de la América del Sur. Tales métodos, si al principio rindieron los resultados esperados, muy pronto lanzaron a la población a la resistencia, obligando a algunos a organizarse en guerrillas, a conspirar o, por lo menos, a desear vivamente la caída del régimen. A pesar de que durante la Primera República vastos…
p. 120
06Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 2911 cita
[7]Constitución de Cúcuta de 1821 se consagraron principios como el de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, y la prohibición de tes - tificar contra uno mismo o sus parientes 32. No obstante, en medio de la guerra y con el propósito de con - jurar situaciones de…
p. 291
07Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Páginas 57, 612 citas
[8]conjunto de leyes podemos rescatar algunos de sus artículos que se orientan al mantenimiento de las propiedades secuestradas. Mediante los procedimientos de secuestros, el Virreinato de Nueva Granada y su capital Santafé de Bogotá se convirtieron en la región administrativa de mayor fortaleza para la “pacificación”,…
p. 61
[15]Las consecuencias de la intransigencia del gobierno absolutista no se hicieron esperar, tras años de organización en sociedades patrióticas y en las más poderosas sociedades secretas como la masonería, estas que contaban con el apoyo económico de la burguesía, lo cual se tradujo en réplicas constantes pero fallidas de…
p. 57
08Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Página 1101 cita
[9]hanging, decapitation and shooting, cynically described as ‘pacification’, while peasants were herded into labour gangs to turn the colony into a supply base for Morillo’s army. The year 1816 was the blackest year of the American revolution, the year of the gallows in New Granada and of reaction and retribution…
p. 110
09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 511 cita
[10]biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…
p. 51
10Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · Página 1031 cita
[11]102 En lo moral era un hombre imperioso y frío, cruel por sistema más que por inclinación, con arranques espontáneos de franqueza y aun de generosidad in- termitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí 36. El chileno Diego Barros Arana refiere que es- tando Morillo en Mompós, a…
p. 103
11Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · Página 1472 citas
[12]en su amarga suerte y en su incierto porvenir. Mis sufrimientos durante mi larga prisión fueron igua - les, si no superiores, a los que había experimentado en tres años de laboriosas y crudas campañas. Es preciso haber sido prisionero de los españoles para saber lo que es sabo - rear el refinamiento de la crueldad, y…
p. 147
[13]en su amarga suerte y en su incierto porvenir. Mis sufrimientos durante mi larga prisión fueron igua - les, si no superiores, a los que había experimentado en tres años de laboriosas y crudas campañas. Es preciso haber sido prisionero de los españoles para saber lo que es sabo - rear el refinamiento de la crueldad, y…
p. 147
12Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · Página 2221 cita
[17]poco probable que MacGregor aceptase la autoridad de su gobierno, pero le pidió a Zea que lo invitase a cooperar con él, pidiéndole que atacase la costa en los alrededores de Santa Marta; Bolívar le recalcó a Zea que debía enviar este mensaje en una chalupa que tuviese como único objetivo esa misión. Poco después,…
p. 222
13Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 3601 cita
[18]los 10.500 hombres en 1809, el Ejército reuniría 12.000 en 1810 y 1811. La alteración de 1812 se debe al derrumbe del ejército patriota en Venezuela, pero el restablecimiento de la República en 1813 permite volver a encontrar las cifras de la Primera República. Después de esta primera época, que dura hasta 1815,…
p. 360
14Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 3601 cita
[19]los 10.500 hombres en 1809, el Ejército reuniría 12.000 en 1810 y 1811. La alteración de 1812 se debe al derrumbe del ejército patriota en Venezuela, pero el restablecimiento de la República en 1813 permite volver a encontrar las cifras de la Primera República. Después de esta primera época, que dura hasta 1815,…
p. 360
15Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · Páginas 23, 322 citas
[20]repetidas noticias del mo- vimiento de Bolivar, que comunicé al virrey Samano sin que éste les diera importancia, pero el coman- dante divisionario tom6 ciertas previsiones y emitid algunas Ordenes al respecto. El incrédulo virrey cambio de opinion y de actitud cuando recibio, el 3 978 A la izquierda, el coronel…
p. 23
[22]protegiendo el camino real de Santa Fe, linea de comunicaci6n que la fraccion realista quiso siempre mantener a toda costa, pues implicaba la unica via de escape hacia la capital. Santander ordené la ejecucién de la maniobra de flanqueo que, en combinacién con el paso del Puente, tenazmente defendido por el enemigo,…
p. 32
16Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2631 cita
[21]inmenso. El invierno los acompañó hasta el mismo Puente de Boyacá. En la Aldea de Setenta, a orillas del río Apure, el Libertador convocó un consejo de oficiales patriotas y les expuso los planes de invasión a la Nueva Granada. Corrían los días de finales de mayo de 1819, para continuar la más grande acción militar…
p. 263
17Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 3631 cita
[23]la bóveda, y armas y municiones suficientes para reaprovisionar a todo el Ejército republicano. Disfrazado de campesino, el virrey llegó al río Magdalena, se dirigió a la costa, y luego huyó de manera poco honorable a España. Entre otros objetos que dejó en Bogotá estaban su maquillaje y colorete, así como una fina…
p. 363
18Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 2731 cita
[24]litoral, Cartagena, Santa Marta, Rioha- cha y Panamá, en la primera de las cuales había parado su desatentada fuga, desde Bogotá, el virrey Sámano. Este, con los grandes recursos que la posesión del mar le pro- porcionaba, intentaba recuperar el terreno perdido, man- teniendo la dominación del rey en Antioquia con…
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