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Idea · Independencia

Realismo popular

El realismo popular designa la adhesión armada, política y simbólica de sectores subalternos —indígenas, afrodescendientes, mestizos, libres de todos los colores— a la causa monárquica durante las guerras de Independencia neogranadina entre 1809 y 1828. Fue el reverso estructural de la insurrección criolla y convierte la Independencia en una guerra civil.

3.511 palabras29 documentos37 fragmentos citados
Realismo popular

Trayectoria de una idea

  1. 1809

    Origen estructural: la Independencia como proyecto de minorías

  2. 1813

    Boves moviliza a los llaneros bajo bandera realista en Venezuela

  3. 1814

    Guerrillas populares en Pasto capturan a un dirigente patriota

  4. 1822

    Las guerrillas patianas bloquean a Bolívar tras Bombona

  5. 1823

    Batalla de Ibarra: más de 600 pastusos muertos

  6. 1826

    Resistencia pastusa bajo Agualongo y Merchancano hasta 1826-1828

  7. 1827

    Restrepo fija el canon republicano y elude el enigma llanero

03

La lectura

El realismo popular no fue una anomalía ni un malentendido histórico: fue la respuesta política coherente de mayorías subalternas —indígenas, afrodescendientes, mestizos, libres de color— que no reconocían en el proyecto criollo republicano ninguna promesa para su mundo. Arraigado en tres siglos de pacto colonial, en la figura del rey como padre protector de resguardos y comunidades, y en economías morales locales que la Ilustración urbana no había tocado, el fenómeno se expresó con particular intensidad en el sur andino y en el valle del Patía, donde las guerrillas populares frenaron militarmente el avance de Bolívar. Su persistencia —Pasto resistió hasta 1828 y vitoreaba a Fernando VII en 1840— revela que la Independencia fue, en rigor, una guerra civil cuyo bando perdedor quedó sepultado bajo el relato épico de los vencedores. La historiografía republicana, desde Restrepo hasta bien entrado el siglo XX, prefirió eludir el enigma o resolverlo con categorías raciales antes que enfrentar su dimensión política; solo el giro crítico de las últimas décadas ha comenzado a restituir a esos combatientes su lugar como sujetos históricos con agencia propia.

En la historia de la Independencia neogranadina hay un hecho incómodo que la historiografía patriótica tardó siglo y medio en mirar de frente: buena parte del pueblo llano —indígenas, afrodescendientes, mestizos, libres de todos los colores— no se sumó al proyecto criollo republicano y en amplias regiones combatió activamente por el rey. A ese fenómeno se lo llama, desde los debates historiográficos del último medio siglo, realismo popular: la adhesión armada, política y simbólica de sectores subalternos a la causa monárquica durante las guerras de Independencia, entre 1809 y 1824. No fue anécdota ni malentendido: fue el reverso estructural de la insurrección de las minorías cultas, y en la Nueva Granada se expresó con particular nitidez en el sur andino, en el valle del Patía y en las provincias caribeñas leales al rey. Entender el realismo popular es entender por qué la Independencia fue, en rigor, una guerra civil.

La semblanza del concepto

El realismo popular designa la movilización de sectores no criollos —campesinos, comunidades indígenas, palenques de negros libres, guerrillas de castas— bajo bandera del rey de España durante el ciclo de guerras iniciado en 1809. Se distingue del realismo peninsular, protagonizado por funcionarios y militares venidos de la metrópoli, y del realismo criollo, el de las élites que mantuvieron lealtad a Fernando VII por cálculo o convicción. Lo popular remite tanto a la extracción social de los combatientes como a la lógica política que los movía: una defensa del pacto colonial —con sus jerarquías, sus resguardos, sus fueros, su rey lejano y protector— frente a un proyecto republicano que se anunciaba fundado por y para las minorías ilustradas de las ciudades.

Su peso en la historia de Colombia es doble. Empíricamente, explica por qué las provincias de Pasto, Popayán, Santa Marta, Riohacha y Panamá se declararon realistas desde el inicio, y por qué las poblaciones de las sabanas del Sinú, la costa sur del Pacífico y el valle de Cúcuta mantuvieron esa lealtad; explica que Bolívar tuviera que sitiar Pasto en 1822 y no pudiera avanzar de Bombona porque las guerrillas patianas le cortaron los auxilios de Popayán; explica que los indígenas pastusos siguieran resistiendo a Sucre en 1826 y 1828, y que en 1840 todavía vitorearan a Fernando VII, muerto ya el rey y consolidada la República. Conceptualmente, obliga a preguntarse qué era exactamente lo que se independizaba en 1810, de quién, y para quién.

Los orígenes: una sociedad de castas y una Independencia de minorías

El realismo popular no surgió por generación espontánea en 1810. Sus condiciones estaban puestas en la estructura misma del virreinato. La Nueva Granada de fines del siglo XVIII era una sociedad profundamente estratificada por color y condición, con enormes variaciones regionales. En la gobernación de Popayán, un censo del siglo XVIII arrojaba que sobre 98.632 habitantes apenas el 25,4% eran blancos: el 25,7% eran indígenas, el 30,1% libres de color y el 18,2% esclavizados. En la región Caribe —Cartagena y Santa Marta—, los libres de todos los colores —mestizos de origen africano, negros libres y otros grupos de castas— sumaban dos tercios de la población que vivía fuera de las ciudades principales, junto a comunidades comerciantes de españoles y criollos ricos.

Sobre esa base se desplegaba un orden en el que la doctrina cristiana y la estructura señorial habían socializado durante generaciones actitudes de aceptación del orden establecido. El gobernante y el cura penetraban el fuero interno de la población: los desórdenes morales eran delitos perseguibles de oficio por alcaldes, alguaciles y párrocos, y la ortodoxia católica era condición del prestigio social. Los indígenas, sobre todo, habían quedado vinculados al monarca no por cálculo de beneficios materiales, sino por un lazo afectivo-político sedimentado durante tres siglos: el rey era el padre, el protector, el garante último de sus resguardos y de su lugar en el orden.

Cuando en septiembre de 1809 comenzó la primera fase de rebeliones y represiones que desembocaría en el ciclo juntista de 1810, quienes tomaron la palabra —y las armas— fueron minorías cultas y ricas de las ciudades. La insurrección inicial fue protagonizada por una élite criolla aislada de las masas rurales; sus inquietudes ilustradas no encontraban resonancia en aldeas indígenas, palenques o pueblos de libres, y su protesta no tenía eco social hacia abajo. El contraste con México —donde Miguel Hidalgo salió a la calle con el pueblo indígena detrás— es el que la propia tradición historiográfica ha subrayado para señalar el vacío neogranadino. Ese vacío es el origen del realismo popular: no la contraofensiva de una ideología reaccionaria, sino la posición por defecto de una mayoría a la que nadie había convocado, y a la que la Corona sí ofrecía —al menos en el imaginario— un lugar reconocible.

La trayectoria: casos y frentes

Pasto y el sur andino, 1810-1828

Ningún caso condensa mejor el realismo popular que Pasto. Los gobiernos de Pasto y Popayán se declararon realistas desde el inicio del conflicto. La geografía ayudaba: la zona histórica y poblada de los actuales departamentos de Nariño y Cauca pertenece íntegramente al territorio cordillerano, a más de 1.700 metros de altitud; el 81% de la población pastusa se concentra en una zona andina que representa menos del 15% del territorio. Es un país replegado sobre sí mismo, con Popayán, Pasto e Ipiales como núcleos de un mundo montañoso y aislado que había desarrollado su propia economía moral bajo la Monarquía.

En 1814, guerrillas de indígenas, negros y mestizos de los alrededores de Pasto capturaron a un dirigente patriota —el episodio suele asociarse a la caída de Antonio Nariño en el sur—, mostrando que la movilización popular contra la República no era retórica del clero ni maniobra de gobernadores, sino fuerza armada organizada desde abajo. Con la reconquista española y la llegada del ejército expedicionario de Pablo Morillo, esas guerrillas locales encontraron respaldo institucional y se articularon con la maquinaria militar realista; el restablecimiento de Fernando VII en el trono peninsular fue leído en Pasto como la restauración del orden natural.

La resistencia pastusa sobrevivió a la Batalla de Boyacá, a la Campaña del Sur y a la propia República. Bolívar tuvo que sitiar y tomar la ciudad en 1822, y el modo en que lo hizo dejó una sombra que la historiografía posterior no ha terminado de disipar: la pregunta legítima —qué derecho de guerra aplicó allí— apunta a acciones que rozaron la barbarie. Un año después, en la batalla de Ibarra del 17 de julio de 1823, murió casi la mitad de los pastusos que participaron: más de 600 muertos en el campo, según el cálculo del general Bartolomé Salom. Y aun así, la resistencia continuó bajo caudillos como Agustín Agualongo y Estanislao Merchancano hasta 1826 y 1828, desafiando a Bolívar y a Sucre. Todavía en 1840, con la Monarquía extinguida hacía años en América y muerto Fernando VII desde 1833, en las plazas pastusas se vitoreaba al rey. Un intelectual del siglo XIX, al buscar explicación, recurrió a la raza: atribuyó el "valor tenaz" de los indígenas de Pasto —"los araucanos de Colombia"— a las tribus americanas, distinguiéndolo del "genio español" que animaba a los próceres. La lectura racial resolvía en superstición biológica lo que era un hecho político.

No todos los grupos indígenas del suroccidente se alinearon igual. Los paeces, vecinos de los pastos, combatieron con las fuerzas revolucionarias. La diferencia importa: no había un "indio realista" por naturaleza, sino comunidades que, según su historia local, sus relaciones con la administración colonial, su acceso a la tierra y sus vínculos con élites regionales, calcularon distinto.

El Patía: guerrilla afrodescendiente y bloqueo a Bolívar

Al norte de Pasto, entre esta ciudad y Popayán, el valle del Patía fue el otro gran foco del realismo popular neogranadino, y su composición era distinta: afrodescendiente. Allí, durante los siglos coloniales, se habían formado palenques al margen de las haciendas ganaderas, en un proceso paralelo al avance de la minería aurífera y a la sustitución de la disminuida población indígena por esclavos africanos entre fines del siglo XVI y finales del XVII. Las familias afrodescendientes se apropiaban de predios vacíos entre las haciendas, establecían platanares —pequeñas parcelas domésticas— a orillas de los ríos, y construyeron una identidad arraigadamente territorial que se transmitiría por casi cuatro siglos.

Los oficiales reales de Popayán describían a esos habitantes con el léxico despectivo habitual —latrocinio, amancebamiento, embriaguez, homicidio—, un vocabulario que también sedimentó en las representaciones coloniales y republicanas sobre los patianos. Y sin embargo, cuando llegó la hora, fueron esos mismos hombres y mujeres marcados por el estigma quienes protagonizaron una de las acciones militares realistas más eficaces de la guerra. Tras el combate de Bombona, en 1822, las guerrillas patianas bloquearon el paso de los auxilios que Bolívar esperaba desde Popayán, forzándolo a retirarse y a repasar el Juanambú. No fue un episodio menor: fue el freno regional a la campaña libertadora del sur.

La historia oficial los relegaría después a categorías menores. Los patianos, pese a su protagonismo, aparecerían en el relato republicano bajo las mismas cualidades despectivas con que los habían pintado los oficiales del rey. La restitución histórica de esa guerrilla afrodescendiente es una de las líneas que ha permitido pensar el realismo popular como algo más que un accidente clerical.

El Caribe y otras periferias

La costa Caribe complicó desde otro ángulo el mapa. Santa Marta y Riohacha se declararon realistas, en contraste con Cartagena, foco patriota. Panamá también permaneció leal al rey. La caída de Cartagena ante Morillo, el 6 de diciembre de 1815, estuvo precedida no solo del sitio español sino de conflictos internos entre facciones patriotas —los sitios de Manuel del Castillo y Rada y de Bolívar—, lo que muestra la fragmentación del propio campo independentista. El realismo popular caribeño se apoyó en una demografía de castas —dos tercios de libres de color fuera de las ciudades— cuyas lealtades y rivalidades regionales no coincidían con la geografía patriota que dibujaban las juntas. La línea que va del Sinú a Coro, pasando por Santa Marta y Riohacha, tiene una gramática común que la historiografía andinocéntrica había disimulado, y que sitúa a la costa Caribe colombiana en continuidad con Venezuela más que como periferia del interior neogranadino.

El espejo venezolano: los llaneros de Boves

El caso venezolano opera como espejo obligado del neogranadino. Allí, José Tomás Boves fue el primer caudillo que movilizó masivamente a los llaneros, quienes en 1813 y 1814 pelearon a favor de España con una violencia que aplastó la Segunda República. Boves entendió lo que los patriotas no habían querido ver: que las masas rurales de pardos, mestizos e indios no encontraban resonancia a sus aspiraciones en el proyecto criollo, y que un jefe capaz de hablarles en su idioma —el de la guerra a muerte contra los blancos de las ciudades— podía convertirlas en un ejército.

Pero ahí aparece el enigma que la historiografía no ha sabido resolver: pocos años después, esos mismos llaneros —o llaneros con las mismas características— siguieron a José Antonio Páez, a Pedro Zaraza y a José Tadeo Monagas bajo bandera republicana. José Manuel Restrepo, autor de la primera gran historia de la Revolución de Colombia y arquitecto del canon republicano sobre la Independencia, abordó el problema apenas en una nota al pie: eran, dijo, "los mismos en gran parte y de igual raza", con "los mismos vicios y la misma insubordinación". La observación eludía más que explicaba. Si la adhesión a Boves hubiera sido un compromiso firme y voluntario por el rey de España, resultaría inexplicable que tres años después los mismos combatientes sirvieran con entusiasmo a la República. Restrepo cerró la puerta que había abierto.

La red: caudillos, clero, historiadores

Los caudillos intermedios

El realismo popular tuvo sus jefes, y muchos de ellos no eran realistas por ideología sino por posición. José María Obando —hijo ilegítimo de una familia acomodada de Popayán— lideró guerrillas realistas entre 1819 y 1822 en el sur y luego, con toda naturalidad, cambió de bando y siguió su carrera como caudillo republicano. En 1828, en su rebelión contra Bolívar, volvió a movilizar a negros e indígenas para aterrorizar la campiña de Popayán. Mantuvo su base de poder en el sur, apoyado en redes de jefes guerrilleros locales que se sumarían a su revuelta y, más tarde, a la insurrección de 1840. Uno de esos jefes, José Erazo, cuya prisión reactivaría el caso del asesinato del mariscal Sucre en 1830, ilustra el punto: las mismas redes guerrilleras servían a un rey, a una república, a un caudillo o a un crimen político según la circunstancia. La lealtad al rey convivía con la lealtad al caudillo local, al patrón, al párroco, a la comunidad; y cuando esos vínculos apuntaban en otra dirección, la bandera cambiaba. El caudillo guerrillero popular promovía su carrera con una mezcla de fuerza y fraude, sin lealtad ideológica fija. En eso, la guerra de Independencia no se distinguió mucho de las que la siguieron en el siglo XIX.

Esta volatilidad tiene consecuencias para el concepto mismo. Obando conserva a sus hombres cuando cambia de bando en 1822. Las guerrillas patianas obstaculizan a Bolívar y luego, décadas más tarde, sus herederas se suman a las revueltas liberales. Los llaneros pasan de Boves a Páez sin que la historiografía haya podido documentar la conversión ideológica que ese salto exigiría. Las promesas concretas —tierra, supresión de la esclavitud, igualación de castas— como instrumentos deliberados de reclutamiento realista no quedan acreditadas con la nitidez con que a veces se las invoca. Lo que hubo, más bien, fueron lealtades locales, redes de patronazgo, vínculos afectivos con símbolos —el rey, la Virgen, el cura, el caudillo— y una lógica de autodefensa territorial que se acomodaba a la bandera disponible. El realismo popular, leído desde los caudillos intermedios, se parece menos a una opción política racional coherente que a una política subalterna de corto alcance.

El clero como articulador simbólico

En la trama del realismo popular, el clero cumplió un papel de primera importancia, aunque tampoco monolítico. El clero realista predicó la unidad estrecha entre Monarquía y Religión, defendió el orden colonial, la paz y la estabilidad, y responsabilizó del desorden y del anticlericalismo a los filósofos de la Ilustración. El obispo de Popayán, Salvador Jiménez de Enciso, fue uno de los representantes más caracterizados de esa línea en el sur del país, con influencia directa sobre las actitudes realistas de Pasto y Popayán; su circular a los curas párrocos de la diócesis, del 27 de agosto de 1819, se inscribe en ese esfuerzo pastoral por sostener la causa del rey desde el púlpito.

Pero la religión fue, desde el comienzo, un campo de disputa, no un monopolio realista. Miembros del clero de ambos bandos invocaron la fe católica en apoyo de causas opuestas. El padre Juan Fernández de Sotomayor publicó en 1814 el Catecismo e Instrucción popular, en el que denunció el uso de la religión cristiana para justificar la conquista española y llamó a hacer conocer a los pueblos "la justicia de la revolución de independencia y el deber de su defensa". El texto no fue un panfleto aislado: circuló en los años de la Primera República como pieza doctrinaria de una minoría del clero criollo que veía en la Independencia un deber cristiano. Y sin embargo, su alcance popular fue limitado, sobre todo en el sur andino y en las periferias donde el realismo echó raíces. Ese desequilibrio importa: el mismo idioma católico —el catecismo, el sermón, la autoridad del párroco— sirvió a proyectos contrarios, pero no rindió los mismos frutos. El clero patriota disponía del instrumento y no logró efectos comparables en Pasto, en el Patía o en Santa Marta. La diferencia no puede explicarse solo por lo que se predicaba desde el púlpito, sino por el suelo social sobre el que caía la prédica: dónde la comunidad reconocía al cura como parte de su orden, dónde el rey seguía siendo figura viva y dónde la República aparecía como amenaza más que como promesa. Por eso conviene desconfiar de las lecturas que reducen el realismo popular a docilidad clerical: subestiman al subalterno y sobrestiman al púlpito.

La cárcel historiográfica

La historia monumental de Restrepo sobre la Revolución de Colombia fijó un repertorio de hechos y una interpretación que se volvieron canónicos. Germán Colmenares llamó a esa obra una cárcel historiográfica: un archivo cerrado, susceptible de reinterpretación pero no de ampliación hacia los hechos sociales. Sobre el realismo popular, Restrepo dejó abierta la ambigüedad —los llaneros de Boves y los de Páez, ¿los mismos individuos o solo individuos parecidos?— y la historiografía posterior heredó el silencio. Esa observación crítica no alcanzó, sin embargo, suficiente eco en la comunidad de historiadores colombianos.

La historiografía republicana, además, tendió a presentar las guerras de Independencia como racionales, honorables y épicas, en implícita distinción respecto de episodios de violencia posterior considerados irracionales o vergonzosos. Esa operación tuvo un costo: dejó en penumbra la barbarie que ambos bandos ejercieron y las adhesiones populares que no cabían en el molde patriótico. La nueva historiografía —en Venezuela, en buena parte marxista— rechazó las explicaciones raciales y deterministas del siglo XIX y propuso un análisis anclado en las dimensiones de clase para comprender el tumultuoso primer siglo independiente. En Colombia se abrieron caminos análogos, atentos a las lealtades regionales, a las castas y a la vida propia de las comunidades subalternas.

La huella: qué queda, qué se discute

Por qué persistió

Que el realismo popular haya sobrevivido a Boyacá, a Carabobo, a Ayacucho y aun a la muerte del monarca cuya causa defendía dice algo. Los indígenas pastusos vinculaban su lealtad al rey a través de la figura paterna del monarca, un lazo afectivo-político independiente de los beneficios materiales que España pudiera o no ofrecer. Cuando la identidad colectiva de una comunidad estaba anudada al orden colonial —a los resguardos, los fueros, las devociones, las jerarquías locales—, el proyecto republicano no ofrecía sustituto. Ofrecía, cuando más, la promesa abstracta de una ciudadanía cuyo contenido lo escribirían las mismas élites que habían iniciado la insurrección. La percepción del proyecto criollo como excluyente no era paranoia: era descripción.

Al mismo tiempo, buena parte de la población neogranadina —más allá de los criollos ilustrados— no estaba decidida a favor de la Independencia y encontraba tolerable el gobierno monárquico. Esa indiferencia con inclinación monárquica es el suelo del que emerge el realismo popular armado allí donde la geografía, el liderazgo local y la coyuntura militar lo permitieron.

Sostenido así, el realismo popular fue políticamente inteligible: los pastusos, los patianos, los guajiros de Riohacha, los sabaneros del Sinú tenían razones concretas —territoriales, religiosas, comunitarias— para desconfiar del proyecto criollo. Pero esa inteligibilidad no cristalizó en un programa. No hubo una república alternativa monárquico-popular esperando al otro lado; hubo comunidades defendiendo lo suyo con los medios y los aliados que tenían a la mano, incluida la Corona.

El reverso de la Independencia criolla

Al final, el realismo popular es la sombra proyectada por el fracaso de la Independencia criolla en construir hegemonía hacia abajo. La insurrección de 1810 fue obra de minorías ilustradas aisladas de las masas rurales; el realismo popular fue, en gran medida, lo que había en el espacio que esas minorías no supieron —o no quisieron— ocupar. La historiografía tardó en decirlo porque decirlo suponía admitir que la Independencia no fue una gesta unánime del pueblo colombiano contra el opresor extranjero, sino una guerra civil entre neogranadinos con partidarios locales en ambos bandos, atravesada por líneas de clase, casta, región y devoción.

La imagen épica ha cedido terreno, sí, a un cuadro más complicado en el que la violencia, los cambios de bando, la participación popular diferenciada y las lealtades múltiples ocupan el primer plano; la Costa ha dejado de ser una nota al margen, el Patía ha recuperado su historia y el sur andino su espesor propio. Pero la cárcel historiográfica no se ha derribado del todo. El relato escolar, el imaginario nacional y buena parte del sentido común histórico siguen operando con las categorías fijadas por Restrepo hace casi dos siglos: los realistas como obstáculo pintoresco, los patriotas como sujeto único de la nación, la guerra como epopeya y no como fractura.

La vigencia del realismo popular como campo de disputa no es, entonces, un asunto puramente académico. Toca la pregunta original de la nación colombiana: quiénes la fundaron, contra quiénes y a costa de quiénes. Pasto todavía carga con la memoria de 1822, el Patía con el estigma de su guerrilla, la Costa con la sospecha de haber sido menos patriota que el interior andino. Reconocer que amplios sectores del pueblo colombiano combatieron por el rey no rebaja la Independencia: la sitúa en su verdadera dimensión, la de un proceso conflictivo, incompleto y desigual cuyas costuras siguen a la vista. En esa restitución —lenta, disputada, aún en curso— el concepto de realismo popular hace su trabajo: obliga a mirar el reverso, y a entender que el país que nació en las guerras de Independencia lo hizo, también, contra buena parte de sí mismo.

04

En el archivo

3 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Pasto — principal foco del realismo popular indígena en el sur andino neogranadino
  2. 02Valle del Patía — epicentro del realismo popular afrodescendiente y guerrillero
  3. 03Agustín Agualongo — caudillo indígena pastuso que lideró la resistencia realista hasta 1826-1828
  4. 04José Tomás Boves — primer caudillo que movilizó masivamente a los llaneros bajo bandera realista en Venezuela, caso espejo del fenómeno neogranadino
  5. 05José María Obando — caudillo que lideró guerrillas realistas en el sur entre 1819 y 1822 y luego cambió de bando, ilustrando la volatilidad de las lealtades populares
  6. 06Germán Colmenares — historiador que planteó la crítica a la 'cárcel historiográfica' de Restrepo y abrió el debate sobre el realismo popular
  7. 07Resguardo — institución colonial cuya defensa motivó la lealtad indígena al rey como padre y protector
  8. 08Reformas borbónicas — proceso que alteró el pacto colonial y contribuyó a configurar las condiciones del realismo popular
06

Documentos y fragmentos citados

29 documentos · 37 fragmentos

01Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 214, 2682 citas
[1]

llanos se impone como el gran enigma. Los términos de la cuestión son de una simplicidad bíblica: ¿Cómo fue que los jinetes de Boves se encontraron, a partir de una fecha indeterminada, luchando por la república al lado de Páez? El problema es tan complejo que no tiene una respuesta satisfactoria, sin duda porque al…

p. 268
[34]

con la gestion de la hambruna como arma de guerra en la Rusia sovietica, por ejemplo en Ucrania en los anos 1930. 111. Sobre estos momentos dramaticos, vease Fernando BARRIGA DEL DIESTRO, Finanzas de Nuestra Primera Independencia. Apuntes económicos, financieros y numismáticos. Bogota, Academia Colombiana de Historia,…

p. 214
02Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 214, 2682 citas
[2]

llanos se impone como el gran enigma. Los términos de la cuestión son de una simplicidad bíblica: ¿Cómo fue que los jinetes de Boves se encontraron, a partir de una fecha indeterminada, luchando por la república al lado de Páez? El problema es tan complejo que no tiene una respuesta satisfactoria, sin duda porque al…

p. 268
[35]

con la gestion de la hambruna como arma de guerra en la Rusia sovietica, por ejemplo en Ucrania en los anos 1930. 111. Sobre estos momentos dramaticos, vease Fernando BARRIGA DEL DIESTRO, Finanzas de Nuestra Primera Independencia. Apuntes económicos, financieros y numismáticos. Bogota, Academia Colombiana de Historia,…

p. 214
03Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 81 cita
[3]

a la corrección de los detalles la posibilidad de una labor crítica de su empresa historiográfica […]. Aun para sus contradictores, la de José Manuel Restrepo ha constituido hasta ahora un repertorio fijo e Historia inalterable de los hechos, susceptible solo de reacomodarse en una interpretación diferente. Esta es…

p. 8
04Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 17, 232 citas
[4]

desde el mismo ins- 1100 1102 Retrato de José Tomas Boves que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. Este jefe realista fue el que primero moviliz6 a los llaneros, que en un principio pelearon a favor de Esparia. tante en que Crist6bal Colon desembarco en las costas del Nuevo Mundo. Por lo que se puede ver, al…

p. 17
[12]

no participaron a favor de la Independencia, y que otros, aislados geografica- mente y ausentes de las grandes luchas que forja- ban una nueva naci6n, continuaron viviendo sim- plemente como si nada ocurriera. En la atraccién de esta fuerza social a su causa, Espana puso en juego una politica de caracter in- 1106…

p. 23
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 29, 352 citas
[5]

y de seguridad, al fin y al cabo versiones más refinadas del Estatuto de Seguridad de las ad- ministraciones López Michelsen (1974-1978) y Turbay Ayala (1978-1982). La violencia y las guerras civiles del siglo XIX Es posible, además, que la descripción descarnada de acciones violentas y la estrategia narrativa del…

p. 35
[19]

marcharon a Quito y Guayaquil (Ecuador) y al Perú. Conforme al espíritu Ilustrado y racionalista y al cuadro de valores liberales que definían el móvil emancipador, cabe preguntar ¿cuál derecho de guerra aplicó Bolívar en el asedio y toma de la provincia de Pasto y su capital en 1822? Más cerca de nuestra…

p. 29
06Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 2481 cita
[6]

EN LA HISTORIA 240 recientes, los especialistas venezolanos han sugerido una nueva interpre tación más compleja y decididamente más democrática de la historia del siglo XIX. Entonces, en cierto sentido el desarrollo democrático de la sociedad venezolana a partir de 1935 parece confm:nar la visión y las pre dicciones…

p. 248
07Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 601 cita
[7]

Mompox and Valledupar were important cen- ters for the legal and contraband trade but depended on Cartagena or Santa Marta, respectively, for their administration (see Chapter ). 4 Elsewhere, most Caribbean New Granadans clustered in villages and small towns along the main rivers and some portions of the coast.…

p. 60
08Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 701 cita
[8]

of the Caribbean. In no jurisdiction 17 Helg, Liberty & Equality, 273; Tovar Pinzón, Tovar Mora, and Tovar Mora, Convoca - toria, 533. 18 McFarlane, Colombia before Independence, 47–48. 19 Helg, Liberty & Equality, 19. 20 Helg, Liberty & Equality, 19–20. 21 Tovar Pinzón, Tovar Mora, and Tovar Mora, Convocatoria,…

p. 70
09Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 601 cita
[9]

Mompox and Valledupar were important cen- ters for the legal and contraband trade but depended on Cartagena or Santa Marta, respectively, for their administration (see Chapter ). 4 Elsewhere, most Caribbean New Granadans clustered in villages and small towns along the main rivers and some portions of the coast.…

p. 60
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 90, 1102 citas
[10]

í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…

p. 90
[11]

ñ oles. Poco despu é s los restos del ej é rcito patriota fueron derrotados. Las tropas espa ñ olas estaban diezmadas por las enfermedades, rn especial el paludismo y la fiebre amarilla: en 1820 sobreviv í an menos de 3000 de los 12000 que hab í an llegado en 1815 a Am é lica. No era probable que un ej é rcito espa ñ…

p. 110
11Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 861 cita
[13]

e establecim iento de ciudades españolas y hatos ganaderos en el A lto M agdalena desde las prim eras décadas del siglo xvii y la m ás lim itada penetración en los Llanos O rientales d espués de 1660, se extendió bastante el área bajo control español. E l o c c i d e n t e En el lapso transcurrido entre fines del…

p. 86
12¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 50, 512 citas
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biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…

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a establecer en el país un Estado de derecho: la separación de poderes, un ejercicio transitorio del gobierno, la titularidad del poder cedida al pueblo y la consagración de estos principios en una constitu ción. Esas posturas dividieron a los grupos dominantes de cada provincia de la Nueva Granada: los Gobiernos de…

p. 50
13Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1791 cita
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de origen los que alzaron esa bandera, y no sólo tuvieron que combatir a los expedicionarios de España, sino a las tribus indígenas, que fueron entonces el más firme baluarte del gobierno colonial. Séanos lícito preguntar: el valor tenaz de los indios de Pasto, los araucanos de Colombia, que todavía en 1826 y 1828…

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14La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 791 cita
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de más del triple en un 15 ACC, 1801: Sig. 67 13 [Col-C II 19t]. 16 ACC, 1807 Sig. 67 13 [Col-C II 19t]. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:42 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 80 L a g e n t e d e G u a m b i a período de 76…

p. 79
15Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 2191 cita
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cruzaron en su expedición hacia el sur, tomaron Ibarra un mes después. En ese momento se calculó su fuerza en 1500 hombres. Los generales Bolívar y Salom organizaron un gran ejército con tropas venidas de los departamentos del sur de Colombia. El encuentro entre los dos ejércitos se dio en Ibarra el 17 de julio, en el…

p. 219
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
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libre» 48. En este contexto, en el valle del Patía, paralelo al avance de la minería y la consolidación de la hacienda ganadera, se dio la apropiación de predios vacíos entre las haciendas ganaderas por familias afrodescendientes alrededor de los platanares, que eran «pequeñas parcelas o unidades económicas domésticas…

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17Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 39, 602 citas
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índole de sus habitantes. También la naturaleza quedó impregnada de todo aquello que el bestiario del Nuevo Mundo había reactualizado. Los oficiales reales de Popayán escribieron al rey que: “[…] del latrocinio comen, en el amancebamiento duermen, la embriaguez es su bebida, el adulterio, el homicidio, el duelo y el…

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personajes que han hecho historia por casi cuatro siglos a través de sucesos que exaltaron su presencia e importancia al momento de construir el ser afropatiano desde una perspectiva arraigadamente territorial. De este modo, “El apogeo de mi tierra”, como segundo capítulo, es un recorrido de hechos en busca de piezas…

p. 60
18Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 1001 cita
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vol. VI, pags. 229 y 235-237; Lima, 1971. 1055 aniquilados, pero su bravura fue reconocida hasta por el gallardo comandante espanol, en cuyas filas también hubo considerables bajas. La dificil circunstancia en que Bolivar se encon- traba después de este sangriento combate de Bom- bona, sobre todo por la tardanza en…

p. 100
19Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 2081 cita
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R. Enrrsioning Potuer: Idcologies of Dominance and Crisis. Berkeley: University of California Press, r999. Wright, Winthrop. Cat't conLecbe: Race, Class, and Notional Image inVnezuela. Austin: University ofTexas Press, r99o. Young, Robert. C olonial Desire: Hybitditl inTbeorl, Cukure, and Race. London: Routledge,…

p. 208
20Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 280, 3712 citas
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power 238–40 war to the death 73–4, 79–80, 100, 115, 282 Bolívar, Simón de (arrived from Spain 1589) 2 Bolívar Aguirre, José 2 Bolívar y Ponte, Juan Vicente 2, 7–8, 10 Bolivia Constitution 201–4, 211, 231, 246, 250–1 creation 198–9 creole elite 199–200, 205, 206–7 modernization 208 Bomboná 169, 170, 282 Bonpland, Aimé…

p. 371
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declared against Bolívar in Popayán late in October, with the same intention as the assassins in Bogotá but with more resources, for he seized gold meant for the mint and looted rich estates. The illegitimate son of an upper-class Popayán family, he had fought as a guerrilla leader under royalist colours from 1819 to…

p. 280
21Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 341 cita
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Espana. Este clero realista defen- dié la estrecha unidad entre la Monarquia y la Re- ligién, con la defensa mutua de los derechos sobre América en lo espiritual y terrenal; lucharon contra los falsos fildsofos de la Ilustracién, responsables del desorden, la anarquia y el anticlericalismo, y pre- dicaron sobre la…

p. 34
22La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 571 cita
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el Estado y las normas morales eclesiásticas hacen que la Colonia perdure hasta después de 1819. La penetración del gobernante y del cura en el fuero interno es constantes y se ve en el hecho de que desórdenes morales se consideran como delitos perseguibles de oficio por alcaldes, alguaciles y párrocos. La norma…

p. 57
23Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2121 cita
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las controver- sias sobre el patronato, luego del 20 de Jullo de 1810 El cura de Mompós y luego obispo de Cartagena, Juan Fernández de So- tomayor, vinculado a las primeras lo- ¡ms masónicas, publicó en 1814 el Ca- fecismo v Jrstrucción popidar, dedicado a denunciar los que consideró como atrmpellos cometidos por los…

p. 212
24La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 791 cita
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forma normal de vida dentro de la señorialidad. En el fondo es una actitud positiva hacia el pre - sente. Por una parte, los nuevos grupos dominantes asegu- ran el pan, la riqueza, el prestigio y el poder terrenales; y por otra; los campesinos encuentran en estos valores un ancla de seguridad cuya pérdida acarrearía…

p. 79
25Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1371 cita
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Juanambú, el 30 de agosto. En Pasto ofreció un indulto a los que depusieran las armas y proclamó el decreto de supresión de los conventos. Sin embargo, las guerrillas que operaban entre Popayán y Pasto se sumaron a la revuelta. La pri- sión de uno de los jefes guerrilleros, José Erazo, sirvió para reactivar el caso…

p. 137
26Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 2831 cita
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con la gran llanura del Pacífico y al oriente con la selva amazónica. En el centro se encuentran las altas cuencas surcadas por los profundos cañones de sus ríos, y las vertientes de variacio- nes térmicas entre el nivel del mar y los 4. 000 m de altura. 284 Eíndice Grst El hombre. El nariñense no tiene el afán…

p. 283
27Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1681 cita
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indicadores de condiciones de vida y desarrollo Actividad % ismir I Agropecuaria, silvicultura, caza y pesca 32,02 ic las p € Mineria 1,04 Electricidad, gas y agua 1,82 Industria 3,25 Construccién 9,12 Comercio 7,03 ” ‘ “ Servicios valle A I € ca Transporte 4,34 ee ii anmaed on al Intermediaci6n financiera y conexos…

p. 168
28La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 831 cita
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regiones más extensas e importantes, el Caribe colombiano y el Cauca grande, en manos de los españoles y vastos territorios, más de dos tercios, en manos de nadie. Uno puede imaginarse el rostro con el que Cartagena recibió al triunfante Morillo y su ejército de reconquista el 6 de diciembre de 1815, luego de todo un…

p. 83
29Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 351 cita
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Provincias americanas, lo que provocó que muchos americanos no aceptaran su legitimidad para gobernar en nombre de Fernando VII. Tal malestar estaba además motivado por el miedo de que Napoleón estuviera a punto de conseguir una victoria definitiva en España y en Europa. Ante la posibilidad de perder del todo a su…

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