José Antonio Páez
Independencia
1790–1873
La biografía
Fue el llanero que rompió la Gran Colombia. Nacido en la villa de Curpa, en la provincia de Portuguesa, hacia 1790, y muerto en Nueva York en 1873, José Antonio Páez cabalga por la historia como el más eficaz de los caudillos de la independencia y como la figura que, más que ninguna otra, hizo inviable el proyecto continental de Simón Bolívar. Su ejército de Apure fue decisivo para expulsar a los realistas de Venezuela y para llevar la guerra sobre los Andes hasta Boyacá; su rebelión de 1826 forzó a Bolívar a comprar la paz con amnistías y promesas constitucionales; su firma en el Acta de Separación de Caracas de 1829 y su respaldo militar a la escisión de 1830 sacaron a Venezuela de la república unida. Páez pertenece por eso a dos historias nacionales: es héroe fundador de Venezuela y, al mismo tiempo, el hombre cuya agencia deliberada convirtió a Bogotá en capital de una república truncada, la Nueva Granada que quedó tras el naufragio.
Escribir sobre él desde Colombia es reconocer que la disolución del país al que hoy pertenece Cundinamarca no se explica sin el llanero. Las fuerzas estructurales estaban ahí —distancias imposibles, economías desconectadas, un enemigo exterior que había dejado de existir hacia 1826—, pero fue Páez quien tomó las decisiones concretas que convirtieron esas condiciones en fractura. Y lo hizo desde una base de poder muy particular: un ejército de jinetes leales a él antes que a ninguna república, y una oligarquía caraqueña que lo adoptó como espada.
Línea de vida
- 1816
Desplaza a Santander del mando en los llanos
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Una asamblea había nombrado a Francisco de Paula Santander jefe militar de las fuerzas unidas en los llanos, pero Páez objetó el nombramiento y los soldados se pasaron a él; Santander renunció formalmente al mando, consolidando a Páez como figura dominante en los llanos venezolanos.
- 1819
Las Queseras del Medio y la campaña de Boyacá
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El 3 de abril de 1819, Páez infligió una derrota memorable a Pablo Morillo en Las Queseras del Medio con 150 jinetes llaneros. Ese mismo año, su ejército de Apure —unos 4.000 efectivos— se unió a Bolívar; el batallón Páez cruzó los Andes y combatió en Boyacá el 7 de agosto de 1819, siendo decisivo para la independencia de la Nueva Granada.
- 1820
Consolidación territorial y acumulación de propiedades
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Terminada la guerra en Venezuela, Bolívar delegó en Páez el derecho a redistribuir propiedades nacionales. Páez adquirió para sí las mejores tierras, extendiéndose desde los llanos hacia la región centro-norte de plantaciones comerciales, y fue acusado de especulación escandalosa con los bonos de tierra de sus oficiales y soldados.
- 1826
La rebelión de 1826: pronunciamiento contra Bogotá
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Tras ordenar un reclutamiento forzoso abusivo en Caracas, la Cámara de Representantes lo acusó ante el Senado (41 votos contra 16) y el Congreso lo suspendió de la comandancia. Páez se declaró en rebeldía, contrapuso venezolanos a neogranadinos y exigió reforma constitucional, transformando un caso de excesos militares en movimiento separatista.
- 1827
Sumisión negociada ante Bolívar
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El 1 de enero de 1827, Bolívar recibió la sumisión de Páez a un precio: amnistía total para todos los rebeldes, garantías de seguridad en cargos y propiedades, y promesas de reforma constitucional. La crisis deterioró irreversiblemente la relación Bolívar-Santander, a quien Bolívar retiró su amistad el 19 de marzo de 1827.
- 1829
Firma del Acta de Separación de Caracas
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En noviembre de 1829, Páez respaldó el Acta de Separación de Caracas, que declaró oficialmente la independencia de Venezuela respecto de la Gran Colombia, amenazando con la guerra a cualquier potencia que la desafiara. El general Urdaneta reconoció en diciembre de 1829 que el movimiento requería el respaldo de Páez como condición necesaria para su éxito.
- 1830
Consumación de la separación venezolana
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Venezuela proclamó su independencia de la Gran Colombia en 1830. El Congreso Nacional reunido en Bogotá concluyó que la separación era imparable y que la nueva constitución no podía imponerse por la fuerza, disolviéndose en torno a mayo de 1830. Páez quedó como figura dominante del nuevo Estado venezolano independiente.
El llanero que llegó a caudillo
Páez no venía de la élite criolla ilustrada que hizo la primera independencia venezolana. Vino de los llanos, de un mundo de sabanas ganaderas, de mestizos de blanco e indio, de una economía de caballos y reses y de una cultura política que reconocía al jefe por su capacidad de mando en el combate y de reparto en la paz. Fue iletrado, y ese rasgo, lejos de restarle autoridad, lo acercó al perfil de sus soldados. Los hombres que combatirían bajo sus órdenes eran, en su mayoría, mestizos criados a caballo, acostumbrados al hambre y al sol, con un desprecio elemental por la muerte que ningún manual militar europeo podía inculcar. Esa fue la materia prima de la guerra en los llanos.
Lo notable de su ascenso es que no fue lineal ni institucional. Escaló apartando a sus superiores. Primero desplazó a Fernando Figueredo del mando en los llanos; después hizo lo mismo con Miguel Guerrero, el comandante general de la caballería nombrado por Antonio Ricaurte. En ambos casos siguió un patrón parecido: se apoyó en la lealtad personal de sus hombres para forzar el relevo. En 1816, cuando una asamblea nombró a Francisco de Paula Santander jefe militar de las fuerzas unidas en los llanos, Páez objetó el nombramiento y los soldados sencillamente se pasaron a él. Santander renunció al mando. El episodio prefigura toda la historia posterior: Páez y Santander representaban dos maneras incompatibles de entender el poder republicano, y desde muy temprano quedó claro cuál se imponía en el terreno.
Su base territorial no era la del célebre José Tomás Boves, en el Guárico, sino una extensión enorme que iba desde el Arauca hasta la cuenca del Apure. Reclutó en el bajo llano de Barinas y en San Fernando de Apure, en los mismos territorios donde había mandado antes José Yáñez. Y aquí aparece uno de los rasgos más sorprendentes de su liderazgo: el batallón Páez, junto con el ejército de caballería que organizó en Apure, lo formaban en su mayor parte hombres que habían servido bajo Yáñez y Boves contra los patriotas. Páez volteó a los llaneros que habían sido la principal fuerza realista de Venezuela y los convirtió en la principal fuerza republicana. Bolívar, que sabía de ejércitos, no se admiraba tanto de haber formado esa tropa como de que Páez la hubiera conservado en buen estado y disciplina.
La conversión de los llaneros tuvo causas concretas. Muertos Boves y Yáñez, algunas familias sufrieron persecución bajo las autoridades realistas que los sucedieron, y esos grupos empujaron a buscar un nuevo caudillo. Páez ocupó ese vacío. Se presentó desde el inicio como protector providencial de la población local, y esa táctica —protección a cambio de lealtad— funcionó por completo. Más que carisma mágico, operó una lógica comunitaria adaptada al medio: un pacto de reciprocidad donde el jefe que protege recibe hombres, caballos y obediencia. En los llanos, donde la ley del Estado apenas alcanzaba, ese pacto era el orden mismo.
La guerra ganada en las sabanas
En febrero de 1819, Páez mantuvo ocupado a Pablo Morillo con acciones de desgaste en la región entre Achaguas —su cuartel general— y San Fernando de Apure, donde estaba el del jefe expedicionario español. La lógica era la del llano: no dar batalla campal a un ejército mejor entrenado, sino picarlo, agotarlo, cortarle los suministros. La coronación de esa estrategia llegó el 3 de abril de 1819, en la acción de Las Queseras del Medio, donde Páez infligió una derrota memorable al ejército de Morillo y lo obligó a retirarse a Achaguas y luego a Calabozo. La operación quedó como uno de los cuadros militares fundacionales de Venezuela: 150 jinetes llaneros dispersando a una fuerza muy superior.
Pero el peso decisivo de Páez en la historia de Colombia se juega en la campaña de 1819. Bolívar, en Angostura, había integrado reclutas postnapoleónicos y entrenado su ejército; para actuar necesitaba unir fuerzas con Páez. La idea de llevar la guerra a la Nueva Granada se ha atribuido a distintos generales —José Félix Blanco, el propio Páez, quizás Santander—, y la decisión final de Bolívar se alimentó de los informes del coronel Lara sobre la debilidad realista al otro lado de los Andes. Sin el ejército de Apure —cerca de 4.000 efectivos entre infantería y caballería hacia 1819-1820, una de las mayores fuerzas republicanas—, la maniobra habría sido impensable.
El batallón Páez, formado en Apure, cruzó los Andes y combatió en Boyacá el 7 de agosto de 1819. Antes, el 25 de julio, en el Pantano de Vargas, Bolívar había empleado sin éxito los batallones Bravos de Páez, Rifles y Legión Británica en contraataques desesperados que dejaron heridos a sus comandantes. La independencia de la Nueva Granada, y con ella la posibilidad misma de la Gran Colombia, se apoyó por tanto sobre soldados llaneros venezolanos que habían nacido, muchos de ellos, combatiendo contra los patriotas.
Antes de esa gloria compartida hubo tensiones que anunciaban el futuro. En la campaña de 1818, cuando Bolívar se trasladó personalmente al occidente para coordinar operaciones con Páez durante la estación seca, la maniobra fracasó en parte porque el llanero insistió en tomar primero San Fernando de Apure, último reducto realista de los llanos. Una columna oriental sucumbió antes de sumarse al conjunto, y el jefe realista logró retirar su ejército en orden hacia las montañas. Páez cooperaba, pero según su propia agenda. La operación era conjunta solo mientras convenía a sus prioridades. En el plan estratégico de 1821, ya en la campaña final de Venezuela, el ejército de occidente de Páez debía invadir los llanos, tomar Calabozo y avanzar sobre Caracas por los valles de Aragua, mientras la Guardia del Libertador operaba desde Barinas como reserva.
Angostura, Cúcuta y la república sobre el papel
En diciembre de 1819, mientras la guerra continuaba, el Congreso de Angostura —dominado por delegados venezolanos y con escasa representación neogranadina— proclamó la República de Colombia. La integración territorial plena tardaría años en materializarse. El Congreso reunido en Cúcuta en 1821 aprobó la constitución de la nueva república, con Bolívar como presidente. Panamá, Quito y Guayaquil se sumaron en los años siguientes, completando gradualmente el mapa del antiguo Virreinato de Nueva Granada. Pero la incorporación de Ecuador fue en la práctica una anexión militar sellada tras la batalla de Pichincha de 1822, sin representación adecuada de las élites quiteñas en el gobierno nacional. Desde el sur, Colombia se pareció menos a una independencia y más a una nueva dominación.
El debate constitucional enfrentó a centralistas y federalistas. Los primeros —Vicente Azuero, Francisco Soto, Pedro Gual, Fernando Peñalver— defendieron una república unitaria con gobierno fuerte, y su posición se impuso. Los segundos argumentaron que la diversidad regional exigía el sistema federal. La república nació centralizada, con capital en Bogotá, y esa arquitectura era exactamente la que menos se acomodaba a la realidad de un caudillo llanero que gobernaba el occidente venezolano como territorio propio.
La Gran Colombia arrastraba, desde su acta de nacimiento, fuerzas centrífugas poderosas. Las distancias entre Caracas, Bogotá y Quito eran enormes; las comunicaciones, malas; la población, heterogénea —pardos venezolanos, mestizos neogranadinos, indígenas ecuatorianos—; y, sobre todo, las economías de Venezuela y Nueva Granada estaban separadas, orientadas cada una hacia mercados exteriores distintos, sin la trama de intercambios internos que hubiera podido sostener una unión política. La república se levantaba sobre una cohesión bélica: mientras hubo español al que combatir, hubo Colombia. Cuando esa amenaza se disipó hacia 1826, la argamasa empezó a soltarse. Y el primero en advertirlo, y en actuar en consecuencia, fue el hombre que gobernaba Apure y Caracas como si ya fueran otra cosa.
El caudillo en el poder: tierras, tropas y clientela
Terminada la guerra en Venezuela, Bolívar delegó en Páez el derecho a redistribuir propiedades nacionales dentro de su jurisdicción. Era una prerrogativa clásica del régimen posindependentista: pagar con tierras a los veteranos. Páez ejerció esa facultad de una manera que definiría al caudillo civil que ya empezaba a ser. Antes de cualquier distribución, adquirió para sí las mejores propiedades, extendiéndose desde los llanos hacia la región centro-norte de plantaciones comerciales, la zona rica del país. Sus contemporáneos lo acusaron —con razón— de especular escandalosamente con los bonos de tierra de sus propios oficiales y soldados. Los intentos previos de repartir tierras entre los militares ya habían fracasado; con Páez, los beneficios se concentraron en la cúpula y en él mismo.
Ese giro convirtió al general en algo más que un jefe militar. Páez dejó de ser solo el jefe del Apure y se hizo propietario mayor de la región centro-norte de Venezuela, socio de la oligarquía caraqueña que había sobrevivido a la guerra. Su base de poder ya no era únicamente el ejército llanero: era también una red de intereses económicos concretos, ligados a la exportación agrícola de cacao y café, que necesitaban un Estado propio para gestionar rentas, aduanas y propiedades. Cuando Páez rompió con Bogotá en 1826, no rompía solo un llanero con un gobierno lejano: rompía toda una élite venezolana con una capital que consideraba ajena, distante y costosa. El caudillo era ya el brazo armado de un proyecto económico que tenía sus propias ciudades, sus propios puertos y sus propias cuentas por saldar.
Bolívar, mientras tanto, marchaba hacia el sur, hacia Perú y Bolivia, dejando el nuevo Estado en manos de los caudillos regionales. La relación entre los dos hombres fue siempre de conveniencia, no de confianza. Bolívar reconoció después, con lucidez amarga, que casi todos los principales mandos militares de la república estaban ocupados por nativos de Caracas —hombres del entorno de Páez— y que emplear la fuerza contra el llanero era técnicamente arriesgado. Cuando llegara el momento decisivo, esa constatación pesaría más que cualquier principio.
1826: la rebelión que fracturó la república
La crisis estalló por un asunto aparentemente menor. En Caracas, Páez ordenó un reclutamiento forzoso que ejecutaron los batallones de Anzoátegui y Apure. Los soldados detuvieron hombres por las calles sin distinción de edad, y llegaron a recibir instrucciones de hacer fuego contra quienes huyeran y de registrar casas. La ciudad protestó. El intendente denunció los abusos. Y el gobierno de Bogotá, con Santander al frente como vicepresidente encargado del ejecutivo, actuó por los canales legales.
La Cámara de Representantes declaró, por 41 votos contra 16, que Páez debía comparecer acusado ante el Senado por los excesos cometidos. El Senado admitió la acusación, 15 votos contra 6. El Congreso lo suspendió de la comandancia general del departamento de Venezuela y proveyó un sustituto interino. Se le pidió comparecer para responder. Todo el procedimiento fue legal, ordenado, constitucional.
Páez respondió con un pronunciamiento. Se declaró en rebeldía, calificó la investigación de injusta y —crucialmente— desplazó el conflicto desde el terreno del derecho al terreno de la identidad regional: contrapuso venezolanos a neogranadinos, se presentó como intérprete de la voluntad del "pueblo" venezolano frente a un Congreso lejano. Se negó a obedecer las órdenes de Bogotá pese a los intentos de Santander de convencerlo. En cartas al Libertador, fechadas en mayo de 1826, acusó al "carácter insidioso" de Santander de haber envenenado la administración en su origen y de haber convertido al cuerpo legislativo en instrumento de sus caprichos. La imputación era doble: contra el hombre y contra la institución.
Sus partidarios convirtieron rápidamente la causa en bandera constitucional. Se ampararon en el artículo 191 de la Constitución de 1821, que autorizaba al Congreso a convocar una gran convención tras diez o más años de práctica, y exigieron esa reforma como precio de la reconciliación. La operación era sagaz: transformaba una rebelión personal, iniciada por un caso de reclutamiento abusivo, en un movimiento por la reforma constitucional. La legitimidad cambiaba de dueño.
Santander, como vicepresidente, consideró enviar tropas para someter al rebelde. Bolívar, que regresaba del sur, tomó otra decisión. Envió primero a su edecán Daniel Florencio O'Leary con instrucciones precisas para calmar a Páez, y él mismo viajó a Caracas. El 1 de enero de 1827 recibió la sumisión del caudillo. El precio fue elevado: amnistía total para todos los rebeldes, garantías de seguridad en cargos y propiedades, y la promesa de convocar una convención para reformar la constitución.
Esa decisión de Bolívar es una de las más consecuentes de toda la historia grancolombina. Al negociar en persona con Páez en lugar de respaldar la actuación legal de Santander, hizo tres cosas simultáneas. Desautorizó al vicepresidente. Estableció el precedente de que la rebelión, si venía respaldada por fuerza suficiente, se resolvía con concesiones y no con castigo. Y terminó de destruir la única institución —el orden constitucional arbitrado por Bogotá— que podía haber mediado entre las tensiones regionales. La república se convirtió, a partir de ese momento, en un campo abierto de rivalidades personales sin árbitro legítimo.
La ruptura Bolívar-Santander fue el corolario inmediato. El 19 de marzo de 1827, Bolívar le escribió a Santander retirándole su amistad y pidiéndole que dejara de escribirle. Santander respondió el 29 de abril. El triángulo político sobre el que se sostenía la Gran Colombia —Bolívar árbitro, Santander administrador legalista, Páez caudillo regional— se había roto en el vértice más importante.
De Ocaña a la disolución
Los años siguientes fueron una larga agonía. Bolívar propuso extender a Colombia la Constitución boliviana que él mismo había redactado para Bolivia, con su rasgo central de presidente vitalicio con derecho a designar sucesor, y encontró en Santander a un opositor decidido, aunque su oposición fuera más callada en público que en privado. El detalle es revelador si se recuerda que, tiempo atrás, había sido el propio Páez quien sugirió a Bolívar imitar a Napoleón y coronarse; Bolívar rechazó la idea con la frase memorable de que el título de Libertador era superior a todos los que había recibido el orgullo humano. El caudillo llanero era, en su fondo, más partidario del poder personal fuerte que el vicepresidente santandereano; y esa afinidad silenciosa con el mando unipersonal explica en parte por qué, cuando Bolívar tuvo que elegir entre ley y fuerza en 1827, se inclinó del lado equivocado para la república.
La Convención de Ocaña de 1828 se disolvió sin acuerdo. Bolívar asumió la dictadura. Sobrevino el atentado de septiembre. Santander fue implicado, procesado y desterrado. Y mientras tanto, en Venezuela, Páez consolidaba su autoridad esperando el momento.
Ese momento llegó en 1829. La agitación separatista brotó en La Victoria, en Valencia y en Caracas. El general Rafael Urdaneta reconoció en diciembre de 1829 que el movimiento contaba con el respaldo de Páez, y que ese respaldo era la condición necesaria para su éxito. El Acta de Separación de Caracas, firmada en noviembre de ese año, declaró oficialmente la independencia de Venezuela respecto de la Gran Colombia. Páez la respaldó y amenazó con la guerra a cualquier desafiante.
El Congreso reunido en Bogotá a comienzos de 1830 para reformar la constitución colombiana —el llamado Congreso Admirable— llegó a la conclusión de que la separación era imparable y que la nueva carta no podía imponerse por la fuerza a todas las partes de la república. Se disolvió hacia mayo. Venezuela se apartó formalmente; Ecuador siguió el ejemplo bajo el liderazgo de Juan José Flores. Bolívar, enfermo y desengañado, murió en diciembre de 1830 en Santa Marta. La república quedó reducida a Nueva Granada.
La ironía suprema del destino de Bolívar es que Caracas, su ciudad natal y primera meta de liberación, quedó bajo el control de Páez, el hombre a quien él mismo había nombrado, sostenido y dotado de los medios que le permitieron sacar a Venezuela de la Gran Colombia.
El presidente y el exilio
En Venezuela independiente, Páez fue el hombre fuerte. Presidente entre 1830 y 1835, y de nuevo entre 1839 y 1843, dominó la política nacional en el período constitutivo de la república. Su autoridad se ejerció sobre otros caudillos —Bermúdez, Mariño, José Tadeo Monagas, hombres del oriente cuyos ejércitos se sostenían en lealtades personales igualmente descentralizadas—, y encontró apoyo en la oligarquía caraqueña que lo rodeaba y en las masas llaneras que lo idolatraban. Fue un período de estabilidad relativa, comparado con el caos que vendría después con la subida definitiva de los Monagas y las guerras civiles del medio siglo.
Su carrera política declinó después de 1848. Vivió exilios, retornos y un último capítulo dictatorial breve entre 1861 y 1863. Al final se estableció en Nueva York, donde redactó y publicó su Autobiografía en 1867 —una segunda edición apareció en la misma ciudad en 1945—. Murió allí en 1873, a los ochenta y tres años, lejos de los llanos que lo habían hecho.
Las memorias son documento fundamental y, a la vez, texto de defensa. En ellas Páez ordenó su propia leyenda: el llanero valeroso, el fundador de Venezuela, el republicano que combatió tanto la tiranía española como la ambición imperial de Bolívar. Esa versión no resiste el contraste: donde Páez veía carisma providencial hay una lógica comunitaria de protección y clientela; donde él pintaba principio, hay con frecuencia interés. El libro es útil precisamente porque se escribió para ganar un juicio ya perdido en los hechos.
La red del caudillo
Ninguna figura de la independencia se entiende sola, y Páez menos que nadie. Su poder descansó en un entramado de relaciones donde cada vínculo cumplía una función distinta y ninguno bastaba por sí solo.
Con Bolívar mantuvo una alianza operativa y una desconfianza recíproca. Se necesitaban: Bolívar no tenía ejército llanero, Páez no tenía visión continental. Combatieron juntos, se admiraron a distancia y terminaron enfrentados en el momento en que sus proyectos se hicieron incompatibles. Con Santander, en cambio, la relación fue de hostilidad desde el primer día. Se conocieron en 1816 en los llanos, cuando Páez desplazó al neogranadino del mando. La incompatibilidad era estructural: Santander encarnaba la república de leyes, el ejército regular, la administración civil; Páez, la república del jefe, el ejército personal, la clientela regional. En 1826, esa incompatibilidad se cobró la Gran Colombia.
En Venezuela oriental, Páez trató con los caudillos de armas propias —José Francisco Bermúdez, Santiago Mariño, José Tadeo Monagas— como primus inter pares. Los ejércitos del oriente eran igualmente descentralizados: Mariño llegó a jurar, cuando Bolívar intentó usar a Bermúdez como agente de unificación, que ningún poder en la tierra lo removería de su provincia. Esa lealtad personal de tropas a jefes convirtió después a Bermúdez y a Monagas en presidentes de facto en las décadas siguientes. Páez fue el primero entre estos iguales, pero nunca su superior institucional.
Abajo estaban los llaneros: sus soldados, sus peones, la base social del poder. Con ellos estableció un pacto de protección y liderazgo adaptado al medio. No fue el mago carismático que sus memorias sugieren, pero sí supo interpretar los códigos de un mundo donde la autoridad se ganaba montando, peleando y repartiendo. Arriba, en el otro extremo del vínculo, quedaba la oligarquía caraqueña, con la que cerró la alianza decisiva. Los llanos le dieron el ejército; Caracas le dio el gobierno. Sin ese doble sostén, ni la rebelión de 1826 ni la separación de 1829 habrían sido viables.
La huella
Héroe o rebelde, fundador o sepulturero, patriota u oportunista: cualquiera de esas etiquetas se le queda corta. Páez fue una figura bisagra, y por eso incomoda a las dos tradiciones que se lo disputan. Colocarlo enteramente del lado de la gloria o del lado de la traición es empobrecer lo que realmente hizo, que fue cabalgar sobre las dos.
Para Venezuela, Páez es padre fundador. Su imagen —el jinete de Queseras, el domador de potros bravíos, el llanero convertido en presidente— es constitutiva de la iconografía nacional. Los detalles menos amables —la especulación con bonos de tierra, el reclutamiento forzoso de 1826, la acumulación de las mejores propiedades de la región centro-norte— quedan en la letra pequeña de una tradición que privilegia al guerrero sobre el propietario. La biografía oficial se cuenta desde Queseras del Medio y desde la banda presidencial de 1830; el resto se archiva.
Para Colombia, su huella es de otro tipo, más difícil de rastrear porque opera en negativo: en lo que dejó de ser. Sin Páez, la república probablemente se habría disuelto igual, porque las fuerzas centrífugas eran profundas y la ausencia de una amenaza exterior tras 1826 dejó sin propósito a la unión. Pero Páez le dio a esa disolución su forma, su ritmo y su fecha. Convirtió una crisis constitucional —el juicio por el reclutamiento forzoso— en secesión regional. Forzó a Bolívar a desautorizar el orden legal en el momento en que ese orden más lo necesitaba, con consecuencias que se prolongaron mucho más allá de 1830: la Nueva Granada heredó una tradición de legalismo herido, de constituciones escritas contra el ejemplo del caudillo triunfante en el vecindario. Y estableció el precedente —que el resto del siglo XIX latinoamericano imitaría— de que el caudillo con ejército propio podía renegociar los términos de la república cuando le conviniera. Ese precedente pesa todavía sobre buena parte del continente.
Su figura permite además una mirada más amplia sobre el caudillismo como fenómeno estructural. Nueve años de guerra en los llanos habían disruptido a la población blanca, diezmado el ganado y creado una multitud de veteranos descontentos y sin tierras. Ese caldo produjo el caudillismo llanero como respuesta política. Páez fue su expresión más lograda, pero no la única: Mariño, Bermúdez, Monagas y, en Ecuador, Flores, todos ellos operaron con la misma lógica. El fenómeno se fue extinguiendo con el crecimiento de los partidos políticos, la modernización del Estado, el establecimiento de ejércitos profesionales y la expansión del capitalismo. Su vigencia histórica quedó circunscrita al siglo XIX, pero su gramática —el jefe que negocia con la república desde su base armada— sobrevivió mucho más allá, mutando en formas nuevas que ya no montaban a caballo pero seguían negociando desde el fusil.
Y aquí aparece un contraste que ilumina la historia colombiana. En la Colombia posterior a 1830 —la Nueva Granada—, la gran mayoría de los alzamientos armados fracasaron. La política se canalizó, con enormes costos, a través de partidos, guerras civiles ideológicas y una tradición civilista tenaz que hizo del abogado, no del general, la figura arquetípica del poder. En Venezuela, en cambio, la sombra de Páez y de los caudillos que lo siguieron marcó una relación distinta entre ejército y presidencia. La silla del jefe estuvo casi siempre reservada al hombre armado, y las constituciones se acomodaron a esa realidad más que al revés. Que las dos historias hayan divergido tanto —de un tronco común y una república compartida— es en buena medida legado, también, del hombre que decidió, en 1826, que Caracas no obedecería a Bogotá. Cada vez que un presidente colombiano se ha apoyado en la letra de la constitución para sortear a un general con tropas, ha estado, sin saberlo, reparando lo que Páez rompió.
Páez murió en Nueva York en 1873, escribiendo sus memorias en una lengua que apenas había aprendido a leer. Cerraba así una vida que había empezado entre reses y caballos en la villa de Curpa, ochenta y tantos años antes, y que había atravesado el momento fundacional de dos naciones sin llegar nunca a pertenecer del todo a ninguna de sus élites letradas. Fue el llanero que llegó a caudillo, el caudillo que llegó a presidente, y el presidente que quedó para siempre en la memoria continental como el hombre que, con más eficacia que nadie, deshizo la república soñada por Bolívar.
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24 documentos · 60 fragmentos01Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Páginas 227, 270, 273, 370, 390, 4016 citas
[1]habitantes de aquel pueblo, que no se retiraría de allí sin que ántes pasasen por sobre su cadáver los enemigos que vinieran á 225 invadirlo, y que si el general [Ricaurte] se retiraba, esperaba le permitiera ser fiel á su juramento quedándo allí con el regimiento que tenía á sus ordenes. 52 59 Desde el principio de…
p. 227
[5]lógica comunitaria, y así encontró su salvación y la de su causa. 77 Otro objetivo historiográfico es la cuestión de la geografía del Gran Vuelco. ¿Coinciden las regiones donde actuaron Yáñez y Boves con aquellas donde operó Páez? Las zonas de actividad de Yáñez se encontraban en el bajo llano de Barinas, en San…
p. 273
[7]los españoles, pelea contra ellos con todo el odio de que es capaz el corazón humano». 62 El «León de Payara», José Antonio Páez, también confirma el hecho: Después de haber con tropas colecticias derrotado a los españoles en todos los encuentros que tuve con ellos, organicé en Apure un ejército de caballería y el…
p. 270
[15]oficiales de infantería manda la fuerza con valentía, método y competencia. El momento irregular de la guerra de Independencia parece ya lejano. Los dos años posteriores a Boyacá, gracias a un dominio ordenado del territorio granadino y al esfuerzo constante de sus habitantes, ven nacer aquel ejército que fascinará…
p. 370
[53]ejército de occidente de José Antonio Páez, quien deberá, reforzado por el Batallón Vargas, con el aporte de los nuevos reclutas de Santa Marta, invadir los llanos, tomar a Calabozo y luego arrojarse hacia Caracas por los fértiles valles de Aragua, clave estratégica de Venezuela. La Guardia del Libertador, con base en…
p. 401
[57]ligado al ejército libertador de Bolívar, donde está al mando de un batallón. Este irregular por excelencia se ha transformado en general sin par. Es entonces por elección propia que los orientales, que formarán después de la independencia de Venezuela la gran reserva de la política de facciones hasta las guerras…
p. 390
02Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Páginas 227, 270, 273, 370, 390, 4016 citas
[2]habitantes de aquel pueblo, que no se retiraría de allí sin que ántes pasasen por sobre su cadáver los enemigos que vinieran á 225 invadirlo, y que si el general [Ricaurte] se retiraba, esperaba le permitiera ser fiel á su juramento quedándo allí con el regimiento que tenía á sus ordenes. 52 59 Desde el principio de…
p. 227
[4]lógica comunitaria, y así encontró su salvación y la de su causa. 77 Otro objetivo historiográfico es la cuestión de la geografía del Gran Vuelco. ¿Coinciden las regiones donde actuaron Yáñez y Boves con aquellas donde operó Páez? Las zonas de actividad de Yáñez se encontraban en el bajo llano de Barinas, en San…
p. 273
[6]los españoles, pelea contra ellos con todo el odio de que es capaz el corazón humano». 62 El «León de Payara», José Antonio Páez, también confirma el hecho: Después de haber con tropas colecticias derrotado a los españoles en todos los encuentros que tuve con ellos, organicé en Apure un ejército de caballería y el…
p. 270
[14]oficiales de infantería manda la fuerza con valentía, método y competencia. El momento irregular de la guerra de Independencia parece ya lejano. Los dos años posteriores a Boyacá, gracias a un dominio ordenado del territorio granadino y al esfuerzo constante de sus habitantes, ven nacer aquel ejército que fascinará…
p. 370
[52]ejército de occidente de José Antonio Páez, quien deberá, reforzado por el Batallón Vargas, con el aporte de los nuevos reclutas de Santa Marta, invadir los llanos, tomar a Calabozo y luego arrojarse hacia Caracas por los fértiles valles de Aragua, clave estratégica de Venezuela. La Guardia del Libertador, con base en…
p. 401
[56]ligado al ejército libertador de Bolívar, donde está al mando de un batallón. Este irregular por excelencia se ha transformado en general sin par. Es entonces por elección propia que los orientales, que formarán después de la independencia de Venezuela la gran reserva de la política de facciones hasta las guerras…
p. 390
03Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Páginas 131, 161, 176, 246, 249, 252, 3747 citas
[3]complete. Bolívar’s policy of using caudillos to control caudillos had only limited success. While he regarded Bermúdez as an agent of unification, others knew him as a savage and vin- dictive rival, a medium of discord, not peace, the arch-caudillo, who now happened to be on Bolívar’s side. Mariño rejected the…
p. 131
[10]end of the war in Venezuela, Bolívar delegated to Páez ‘the right to redistribute national properties’, which he himself had received from congress as president of the republic, though as exercised by Páez it was confined to the army of Apure and the territory under his jurisdiction. These special prerogatives were…
p. 176
[18]in violence; none of this is glorious, my dear general’. Although he mobilized, he did not want violence. From Coro he warned, ‘I have come from Peru to save you from the crime of civil war.’ 109 Conciliation was also favoured by the majority opinion in both countries. There was little alternative. Bolívar was aware…
p. 252
[19]became a national hero, indisputable military and political leader of Venezuela. Established in the country’s socio-economic centre around Caracas, commander of what remained of a disciplined army, the soldiers of the llanos of Apure, Páez was well placed to impose his authority over the other military caudillos,…
p. 161
[42]manifest as early as 1815; it produced resistance to Bolívar and his officers in New Granada, and contributed to the success of the Spanish counter-revolution of 1815–16. In 1819 national conflict was responsible for the deposition of New Granadan Zea as vice- president of Venezuela by the congress of Angostura and…
p. 246
[45]the Bolivian Constitution, particularly the life presidency, but meanwhile agreed that it was ‘liberal, popular, strong, and vigorous’. 96 An insincere letter, even by Santander’s standards. His true thoughts were contained in an auto- biographical memoir he subsequently wrote, where he described the life- president…
p. 249
[55]Prudencio 147–8, 229, 234–5, 241, 242 Páez, José Antonio and Bolívar 203, 243, 262, 300–1 and Carabobo 139–40 land policy 114, 147, 150, 157–8 in llanos 98, 113–14, 125–7, 133 on race 149 rebellion of 218, 219, 220–5, 233, 285, 295, 298 secession 266–9, 272 Paine, Thomas 32, 36 Palacios, Carlos 16, 17–18, 20–1…
p. 374
04Uniting States: Voluntary Union in World PoliticsJoseph M. Parent · 2011 · Páginas 4, 6, 9, 114 citas
[8]was available to send forces to the New World, but not in the desired numbers over a number of years. While Britain did not interdict Spanish reinforcements, it did not nancially support Spain’s eort, and that had an equally arresting eect. 8 The 1819 Congress of Angostura brought to life many of Bolívar’s ideas,…
p. 4
[28]happen, and he tried the same tired remedies, expecting better outcomes. Four years before, he was the adored liberator of South America—now Bolívar’s charisma was spent; everything he touched turned hostile or futile. Another of his former ocers, José María Córdova, took up arms against him; Bolívar earned not a…
p. 6
[33]a focal solution to liberation legitimacy problems. He had a centralized multistate army, a reservoir of goodwill, and a mind for unication. Although no one matched Bolívar’s zeal for union, for a time he was the only game in town. 26 That reversed as Bolívar’s stayed the same while reality changed. His army grew…
p. 9
[48]only by stretching the term. Bolívar was no respecter of legal formality—he sought to replace the Cúcuta Constitution with his Bolivian Constitution well before the former was legally supposed to be revised. One biographer states: In fact, Bolívar never governed constitutionally. Whenever Congress elevated him to the…
p. 11
05El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Páginas 364, 416, 4373 citas
[9]364 Efiínd Ridcernstfiatfi de los Llanos son de buena raza y valientes, de afiladas es- puelas y de gran fiereza y saña. Sólo cuando se halla ya muy maltrecho cede el más débil el campo de batalla. Esta extraña conducta, mitad en son de regocijo, mi- tad con tintes de barbarie, nos da pie para presentar de una manera…
p. 364
[36]fue fusilado en Bogotá por órdenes de Fran- cisco de Paula Santander. 417 Efi Díndií que quedaban. Un oficial llevó a Bogotá la noticia de la derrota, y las autoridades españolas entregaron a toda prisa la ciudad, dejando incluso una suma de 700. 000 dólares en la Casa de la Moneda. Ya el 10 de agosto de 1819 entró…
p. 416
[44]x Colombia. Años de aprendizaje División de Colombia por la separación de Venezuela y Ecuador / La República de la Nueva Granada / Presidencias de Santander, Márquez, Herrán y Mosquera / El gobierno liberal de López; la Confederación Granadina / La guerra de los tres años de los federalistas / La Constitución de los…
p. 437
06El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Páginas 69, 74, 783 citas
[11]rcito de Apure al mando de Paez, que constaba de unos 4.000 efectivos — 3.000 infantes y 1.000 caballos. El ej é rcito de Oriente a las ó rdenes de Arismendi y Sucre situado en Agostura con otro tanto en hombres y el ej é rcito del Norte al mando sucesivo de Soublette, Anzoategui y Salom con menos de 2.000 efectivos.…
p. 78
[12]era comandante del 5o. batall ó n de la Uni ó n 72 Granadina bajo las ó rdenes de Castillo, el rival de Bol í var. Queriendo Castillo sustraer el batall ó n de Santander a los prop ó sitos de Bol í var, este amenaz ó a Santander con fusilarlo si se negaba a cooperar con é l. Los soldados se declararon bolivaristas y…
p. 69
[49]á ez entretuvo a Morillo con acciones de desgaste durante febrero del 19 en la regi ó n que une a Achaguas con San Fernando al Sur del Apure. Achaguas fue durante este tiempo el cuartel general de P á ez, en tanto que San Fernando lo fue de Morillo. Luego, en la acci ó n de Las Queseras del Medio, P á ez Infligi ó una…
p. 74
07Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · Página 1951 cita
[13]esta unidad, Bolívar se trasladó al oeste para reunirse personalmente con Páez con el objeto de planificar las operaciones militares durante la estación seca — en el período de las lluvias era prác ticamente imposible emprender acciones en los llanos. Bolívar quiso coordinar a los diferentes grupos patriotas, de modo…
p. 195
08Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · Páginas 13, 26, 573 citas
[16]abandono momentaéneo de la lucha por la independencia de su patria y la exposicién del brillante ejército del Apure a un po- sible contratiempo de catastroficas consecuencias. Decisién del Libertador El Libertador tomo su decisién a raiz de los magnificos informes que sobre el nucleo granadino le diera el coronel Lara…
p. 13
[17]se apresuré a despachar con caracter urgente a su edecan Daniel Florencio O'Leary con instrucciones precisas, a fin de que calmara al general Paez mientras él mismo se dirigia a Caracas. Cabe senalar en este punto que el general José Antonio Paez ya habia propuesto al Libertador que imitara a Napoleon y estableciera…
p. 57
[51]de haber sido techazados varias veces cuando se encontraban a 981 punto de coronar la altura. Bolivar emplea sin éxito, en apoyo de los contraataques de la vanguardia, los batallones Bravos de Péez, Rifles y Legion Britanica, cuyos comandantes son heridos en la refriega; pero Barreiro ataca de nuevo y ante el éxito de…
p. 26
09La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Páginas 389, 397, 4013 citas
[20]órdenes que Páez había dado a los batallones de Anzoátegui y Apure para el reclutamiento de cuanto hombre en- contrase por las calles, sin distinción de personas ni edades. El inconveniente de dicho oficio fueron las quejas presentadas por algunas personas contra el general Páez, por los excesos cometidos en este…
p. 397
[24]facciosos han logrado precipitar al general páez en una defección ignominiosa alagándolo con la infame esperanza de erigirse en rey y tirano de sus compatriotas, por medio de la violencia y de la fuerza que tiene a sus órdenes, es llegado el tiempo de sostener con firmeza y constancia este principio vita, es pacto…
p. 401
[47]La primera estrategia implementada por Santander comenzó en el Senado, ante el cual presentó algunas observaciones contra el decreto que establecía el periodo en el que debía hacerse el escrutinio de las elecciones de presidente y vicepresidente. Santander le solicitó al Senado que dicho escrutinio se hiciera en el…
p. 389
10Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Páginas 192, 417, 422, 427, 451, 5546 citas
[21]julio de 1826). 17 Ibid. 18 En una carta privada dirigida por este senador del Zulia y presidente del Senado, Luis Andrés Baralt, a Santiago Arroyo (Bogotá, 6 de agosto de 1826) le dijo: “Lo de Venezuela siempre había de suceder, pero cuan preferible es que haya sucedido ahora, por el motivo que ha sido, y con tales…
p. 422
[23]Margarita. 34 Rafael Urdaneta, “Carta del general Rafael Urdaneta al general Páez. Maracaibo, 27 de junio de 1926” (en Florencio O’Leary (comp.), Me morias del general O’Leary, tomo VI, 2 ed. facsimilar, Caracas: Ministerio de Defensa, 1981), 139. 35 José Antonio Páez, “Carta a mi muy querido general y amigo [Simón…
p. 427
[27]la Legislatura de 1826, relató a su regreso a Popayán que había sido convencido por los senadores venezolanos “sobre la docilidad del general Páez, que lo verían ante el Senado dando muestras de una sublime obediencia”, con lo cual el Senado se llenaría de gloria pro - bándole a la República “que la constitución…
p. 417
[29]que había sido un absurdo el decreto dado por el Liber - tador para que los pueblos emitieran sus opiniones, porque a su abrigo “han empezado a pedir la separación” en La Victoria, Valencia y Caracas, con lo cual “pronto tendremos una masa de opinión muy fuerte por la separación, y porque Venezuela sea estado…
p. 554
[46]Se dice que su opinión favorita es que Colombia sea dividida en tres grandes departamentos corres - pondientes a las antiguas divisiones del territorio bajo del gobierno español, es decir, del virreinato de la Nueva Granada, la capitanía general de Caracas y la presidencia de Quito; y que Bogotá, Caracas y Quito sean…
p. 451
[50]mentos que encomendó a colaboradores cercanos: Manuel Palacio (Estado y Hacienda), Pedro Briceño Méndez (Marina y Guerra) y Diego Bautista Urbaneja (Interior y Justicia). La legitimidad que este Congreso había dado a las acciones guerrilleras de los insurgentes fue de inmediato reconocida por el general José Antonio…
p. 192
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 114, 1212 citas
[22]a responder a Bogot á. Aun que Santander trat ó de convencerlo de que deb í a dar ejemplo de cumplimiento y de asegurarle que todo saldr í a bien, P á ez se neg ó a obedecer e hizo un “ pronunciamiento ” declar á ndose en rebeld í a y considerando injusta la investigaci ó n a la que se le quer í a some ter. Como se…
p. 121
[40]Francisco Miranda para toda la Am é rica independiente, para un estado que seg ú n Bol í var deb í a incluir el territorio del virreinato: Caracas, Bogot á, Quito y Panam á. Bol í var fue elegido presidente y el neogranadino Francisco Antonio Zea vicepresidente. Los patriotas organizaron el gobierno en Bogot á, pero…
p. 114
12Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Páginas 112, 1152 citas
[25]blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…
p. 115
[37]the rest of New Granada except the Caribbean coast and far southwest. Bolivar organized a provisional patriot government at Bogota, naming Santander to head it. Then, in December 1819, he was in Angostura (present-day Ciu- dad Bolivar), temporary capital of patriot Venezuela, where at his behest the Venezuelan…
p. 112
13Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 521 cita
[26]en la cual la con- ducta legalista del segundo no fue bien aceptada por el Libertador. O como el rechazo que San- tander hizo de la rebeldía de Páez en 1826, al desconocer la autoridad granadina, conducta que no fue condenada por Bolívar, lo que desa- gradó profundamente al mandatario cucuteño. O como la simpatía que…
p. 52
14La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · Páginas 276, 280, 3103 citas
[30]ciudad fronteriza de Cúcuta. Las negociaciones no llevaron a nada. El Congreso Nacional en Bogotá llegó paulatinamente a la conclusión de que la separación era imparable. Conscientes de su propia impotencia, los de- legados decidieron que su nueva constitución no podía imponerse por la fuerza a todas las partes de la…
p. 276
[31]generales tenía consecuencias nefastas para el bienestar del Estado. En su opinión, Bolívar era de la misma calaña que Páez. Abri- gaba el ideal de una Venezuela en la que llevaran la batuta intelectuales como él mismo y donde los militares se estuvieran quietos en sus cuarteles. Páez era un mal necesario en la fase…
p. 280
[54]país; se radicó en Nueva York, donde redactó sus memorias y falleció en 1873. 13 Panteón La catedral de Caracas no fue la última morada de Bolívar, ya que un cuar- to de siglo después lo volvieron a enterrar. Por orden de Antonio Guzmán 12 anpb / rree 1288 y 1294, Van Lansberge al entonces ministro de Relaciones…
p. 310
15Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 661 cita
[32]the civil war fought between 1830 and 1831. The territory that Gran Colombia called Cundinamarca be- came the Republic of New Granada. Following Simón Bolívar’s resignation of the presidency in May 1830 and his death in December of that year, Rafael Urdaneta assumed leadership of New Granada’s national military and…
p. 66
16Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2341 cita
[34]toma Carta- A o. od ele del terror. 1816 Los patriotas de Cartagena son pasados por las armas. Cuatro expediciones realistas reconquis- tan Nueva Granada. Nariño vuelve prisionero a Cádiz. El presidente Torres es reemplazado por José Fernández Madrid. El español Warleta toma Medellín y Miguel de la Torre, Santafé.…
p. 234
1730 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 471 cita
[35]aun con mi honor, esta constitución que encierra los derechos de dos pueblos hermanos, ligados por la libertad, por el bien y por la gloria. La constitución de Colombia será junto con la Independencia la ara santa, en la cual haré los sacrificios. Por ella marcharé a las extremidades de Colombia a romper las cadenas…
p. 47
18Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 991 cita
[38]de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…
p. 99
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1261 cita
[39]como la separación de poderes y el reconocimiento de las garantías individuales. Se trataba, además, de una democracia restringi- da, en la cual podían ejercer el sufragio todos los ciudadanos casados o mayores de 21 años, que su- pieran leer y escribir, que fueran dueños de una propiedad raíz con un valor de 100…
p. 126
20Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 191 cita
[41]tenido adecuada representa- ción enel comgreso constituyente, La incorporación del Ecuador sé efectuó come una simple anexión del terdóro militarmente conquistado y el ejército patriota, luego de la talla de Pichincha, en 1822 Guaya- quil ciudad que tabla declarado imi- viduaimente su independencia, fue amexada a la…
p. 19
21Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 921 cita
[43]use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Gran Colombian Print Culture 74 As Vice President Santander expanded the public education sys- tem, men like Acevedo developed schoolbooks that would teach children about the wisdom of independence leaders and the tyr- anny of Spain. Acevedo reformulated Caldas’s…
p. 92
22Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 3101 cita
[58]en Haití, con el caso excepcio- nal del dictador civil de Chile, Diego Portales. También inclui- bles: Porfirio Díaz en México y J u a n Vicente Gómez en Venezuela, como rezagos del siglo pasado en el actual. (Cf. R. A. Humphreys, "Latín America: The Caudillo Tradition", en M. Howard, ed., S o l d i e r s a n d G o v…
p. 310
23Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 141 cita
[59]2 The deathblow to this relatively prosperous colonial province came with the War of Independence (1810–1821), when patriot soldiers raided the Llanos missions, recruiting the natives to fight against the royalists and sacking the churches. The clergy who stayed at their posts received neither subsidies nor military…
p. 14
24Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 521 cita
[60]dictatorship of Rafael Urdaneta that resulted from it was overthrown in its turn by a counterrebellion the very next year, so that the two "successful" uprisings in effect canceled out each other. The next three uprisingsthe War of the Supremes, the Conservative revolution of 1851, and the Melo coupall ended in…
p. 52