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Hecho histórico · Independencia · 1810–1831

Disolución de la Gran Colombia

Entre 1829 y 1831 se desintegró la república más ambiciosa de la independencia hispanoamericana: la Gran Colombia se fracturó en Venezuela, Ecuador y la Nueva Granada a causa de caudillismos regionales, bases fiscales insuficientes, geografías impracticables y la polarización desatada por el proyecto de presidencia vitalicia de Bolívar.

Disolución de la Gran Colombia
1829–1831
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1829–1831
Dónde
Bogotá, Caracas, Quito, Cúcuta, Panamá, Popayán, Riohacha, Nueva Granada, Pasto, Santa Marta, Venezuela, Ecuador
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La propuesta de presidencia vitalicia con sucesor designado, basada en la Constitución boliviana de 1826, polarizó la política granadina y creó la pugna entre bolivarianos y santanderistas, desestabilizando el orden constitucional de Cúcuta.
  2. La rebelión de Páez en Venezuela (1826) y la amnistía total que Bolívar se vio obligado a concederle consagraron el principio de que la rebelión armada obtenía impunidad y concesiones políticas, erosionando la autoridad del centro.
  3. Las enormes distancias geográficas y la heterogeneidad de costumbres, climas y economías entre Venezuela, Nueva Granada y Ecuador hacían prácticamente inviable un gobierno unitario desde Bogotá.
  4. La hacienda pública era insuficiente: el Estado dependía de empréstitos forzados y aranceles de criterio fiscal, sin capacidad de sostener el aparato militar y administrativo heredado de la guerra de independencia.
  5. El fracaso de la Convención de Ocaña (1828) y la posterior dictadura de Bolívar mediante el Decreto Orgánico agotaron la legitimidad constitucional del proyecto grancolombiano y unificaron a la oposición en defensa del orden legal.
  6. La incorporación de Ecuador como simple anexión militar tras Pichincha (1822), sin representación adecuada de sus élites en el gobierno nacional, generó rechazo a la unión entre amplios sectores quiteños y guayaquileños.
1829–1831Disolución de la Gran Colombia

Consecuencias

  1. La Gran Colombia se fragmentó en tres repúblicas independientes: Venezuela bajo Páez, Ecuador bajo Juan José Flores y la Nueva Granada, que adoptó la Constitución de 1832.
  2. Bolívar renunció a la presidencia ante el Congreso Nacional en la primavera de 1830 y murió en Santa Marta el 17 de diciembre de ese año, sin ver consolidado ninguno de los tres Estados resultantes.
  3. La Nueva Granada heredó una deuda pública desorganizada, un ejército faccioso y provincias más leales a sus caudillos locales que al gobierno central, condicionando la debilidad estructural del Estado colombiano decimonónico.
  4. La pugna entre bolivarianos y santanderistas, nacida de la crisis de 1826–1828, sentó el germen de los partidos Liberal y Conservador colombianos, aunque las correspondencias no son directas ni lineales.
  5. El fracaso de la dictadura de Bolívar generó entre los neogranadinos una cultura de defensa de la legitimidad constitucional que, según las fuentes, dificultó los intentos posteriores de golpe militar en Colombia.
  6. El asesinato de Antonio José de Sucre en Berruecos (4 de junio de 1830) cerró la posibilidad de una restauración del proyecto grancolombiano por vía civil-militar concertada.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La disolución de la Gran Colombia no fue un accidente ni un fracaso moral, sino el desenlace estructural de un proyecto que nunca resolvió la contradicción entre la ambición de un Estado unitario continental y las realidades fiscales, geográficas y políticas que lo hacían inviable. El proceso fijó los límites territoriales, las deudas institucionales y las fracturas partidistas que definirían la historia colombiana del siglo XIX, y convirtió la invocación del orden constitucional —frágil pero obsesivamente reclamado— en el recurso político central de la república que emergió de las ruinas bolivarianas.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La disolución de la Gran Colombia

Entre 1829 y 1831 se deshizo, por sus costuras, el proyecto estatal más ambicioso que produjo la independencia hispanoamericana. La Gran Colombia —aquella república que Simón Bolívar imaginó como un solo cuerpo político desde el Orinoco hasta Guayaquil y desde Panamá hasta el Amazonas— llegó a su fin no en un episodio único, sino en una sucesión de rupturas: la separación venezolana declarada por José Antonio Páez, la deriva ecuatoriana bajo Juan José Flores, la muerte de Bolívar en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, el golpe y la dictadura de Rafael Urdaneta en Bogotá y, finalmente, el pacto de Apulo que abrió paso a la Convención de 1831 y a la Constitución de 1832 de la República de la Nueva Granada. En ese arco de treinta y seis meses se decidió no solo el mapa del norte de Suramérica, sino la textura misma del Estado colombiano que vendría después: un Estado con deuda heredada, ejército faccioso, provincias más leales a sí mismas que a la nación y una tradición constitucional a la vez frágil e invocada obsesivamente como recurso político. La disolución no fue un accidente ni un fracaso moral: fue el desenlace lógico de un proyecto sostenido sobre bases fiscales insuficientes, geografías impracticables y élites regionales que ya habían aprendido, durante la propia guerra libertadora, a mandar sobre sus territorios sin pedir permiso al centro.

El proyecto y sus fisuras: de Cúcuta a la vitalicia

La Gran Colombia había nacido en el Congreso de Cúcuta de 1821 sobre un compromiso más pragmático que doctrinario. Allí se enfrentaron dos corrientes: los federalistas, que consideraban al sistema de provincias autónomas mejor adaptado a la realidad americana y a su enorme diversidad interna; y los centralistas, que sostenían la necesidad de una república unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte capaz de disciplinar lo que llamaban el carácter díscolo y anárquico del continente. Antonio Nariño intentó una fórmula intermedia —centralismo primero, federalismo después—, pero el Congreso decidió estudiarla junto con otras propuestas, lo que llevó al viejo prócer a renunciar a la vicepresidencia. Se impuso el centralismo, y el país quedó dividido en departamentos con un ejecutivo fuerte en Bogotá.

Entre 1821 y 1826, la Constitución de Cúcuta no produjo bandos definidos. La política granadina era todavía una política de negociaciones dentro del régimen constitucional, no de facciones enfrentadas. El bolivarianismo y el santanderismo como campos ideológicos y personales no existían aún: se cocinarían solo cuando Bolívar, desde el Perú, propuso trasladar a la Gran Colombia el modelo de su Constitución boliviana de 1826.

Aquella carta era un artefacto peculiar. Redactada por el propio Bolívar para la naciente república de Bolivia, contenía elementos liberales, pero su rasgo dominante y polémico era la figura de un presidente vitalicio con la facultad de nombrar al vicepresidente que le sucedería en el mando. Bolívar la justificaba comparándola funcionalmente con la monarquía hereditaria europea: ambas fórmulas, sostenía, garantizaban estabilidad y orden. Cuando regresó del Perú a Colombia entre septiembre y noviembre de 1826, y comenzó a promover ese modelo, la política granadina se polarizó por primera vez con nitidez. Los defensores del proyecto —los bolivarianos— y sus detractores —los santanderistas, encabezados por Francisco de Paula Santander, entonces vicepresidente en ejercicio— libraron una batalla periodística que incluyó injurias, asaltos a imprentas y atentados personales. Todas las repúblicas americanas rechazaron una a una la fórmula vitalicia: Bolivia adoptaría una nueva constitución que reemplazó la otorgada por Bolívar, Perú rechazó la boliviana y la Gran Colombia inició su descomposición.

La vitalicia, en rigor, fue el detonante ideológico de una crisis mayor. Convirtió el debate técnico sobre la forma del Estado en una disputa personal entre Bolívar y Santander, y dio a las tensiones regionales un lenguaje político compartido. Sin la vitalicia, las diferencias entre Venezuela, Nueva Granada y Ecuador habrían buscado seguramente otros cauces; con la vitalicia, encontraron el argumento perfecto para invocar la defensa del orden constitucional contra el proyecto autoritario del Libertador.

La rebelión de Páez y el primer quiebre

El primer golpe al edificio grancolombiano vino de Venezuela en 1826. José Antonio Páez, comandante militar del departamento y héroe de la campaña libertadora, se levantó contra el gobierno central. Su rebelión no llegó a afectar de manera significativa a las provincias de Nueva Granada, pero mostró algo más grave que un pronunciamiento local: la debilidad estructural del centro para imponerse a un caudillo regional respaldado por sus tropas.

Bolívar lo entendió de inmediato. Casi todos los principales mandos militares de Colombia estaban ocupados por oficiales nacidos en Caracas y su región; hacer la guerra a Páez significaba, potencialmente, hacérsela a la propia estructura de mando del ejército libertador. La solución fue la negociación. El 1 de enero de 1827 Páez se sometió formalmente, pero los términos del acuerdo son reveladores del terreno que Bolívar cedió sin combatir: amnistía total para todos los rebeldes, garantías sobre cargos y propiedades, y promesas de reforma constitucional. Bolívar aceptó porque no tenía alternativa razonable, pero al hacerlo consagró un principio funesto para cualquier autoridad estatal: la rebelión armada obtenía impunidad y concesiones políticas.

En paralelo, los bolivaristas venezolanos habían empezado a promover el desconocimiento de la Constitución de Cúcuta mediante actas populares organizadas por autoridades militares o civiles. La legalidad se erosionaba desde dentro. En Bogotá, Santander vio en el pacto con Páez la confirmación de sus temores: Bolívar estaba dispuesto a sacrificar el orden constitucional en nombre de la unidad, o de sí mismo. Desde 1826, las diferencias entre ambos se ahondaron irremediablemente.

Ocaña, 1828: el fracaso del arreglo constitucional

La promesa de reforma hecha a Páez llevó, después de casi dos años de maniobras, a la Convención de Ocaña, reunida en 1828 para revisar la Constitución de 1821. Fue el último intento serio de encontrar una fórmula institucional que salvara el proyecto grancolombiano. Fracasó estrepitosamente. Los bolivarianos, en minoría o incapaces de imponer sus tesis, se retiraron de las sesiones; los santanderistas, sin quórum suficiente para reformar la carta, se declararon simplemente sujetos a la Constitución de 1821. La Convención se disolvió sin acuerdo.

El desenlace fue previsible y, con la lógica del período, casi lícito para todos los actores. Desde 1811, en las tierras que iban de Caracas a Quito, los actores políticos y militares habían considerado legítimo violar las normas constitucionales cuando lo exigía lo que cada uno entendía como el bien común. Ocaña no rompió ninguna tradición: la confirmó.

El 27 de agosto de 1828 Bolívar promulgó el Decreto Orgánico y asumió la dictadura desde el Palacio de San Carlos. La Constitución quedó anulada, la vicepresidencia que ejercía Santander fue suprimida, y el Libertador concentró en su persona los poderes ejecutivo y legislativo. La Gran Colombia había dejado de ser, en sentido estricto, una república constitucional; era ahora un régimen personal sostenido sobre el prestigio menguante de su fundador y sobre el aparato militar heredado de la independencia.

La noche septembrina y sus muertos

La reacción no tardó. En Bogotá, el círculo santanderista incluía figuras jóvenes y radicalizadas —entre ellas Florentino González, cercano a Santander tras Ocaña, y Mariano Ospina Rodríguez— que consideraban que la dictadura había puesto al país fuera de la legalidad y que oponerse a ella con las armas era un derecho, incluso un deber. Invocaron el atentado contra Julio César y otros episodios de la historia antigua para justificar el tiranicidio.

La noche del 25 de septiembre de 1828, un grupo de conjurados entró al Palacio de San Carlos para asesinar a Bolívar. La operación fracasó por la intervención de Manuela Sáenz, su compañera, que retuvo a los asaltantes mientras el Libertador escapaba por una ventana. La represión posterior fue brutal y desigual. El primer ejecutado fue el almirante José Prudencio Padilla, que no había participado en la conspiración y fue probable víctima de los prejuicios contra los pardos que persistían en la elite militar. Otros catorce conjurados fueron fusilados a continuación. Algunos, como Ospina Rodríguez, lograron escapar. Santander no había participado directamente, pero sabía de la trama; fue condenado a muerte, y solo la insistencia del Consejo de Ministros logró conmutar la pena por destierro, algo que Bolívar aceptó de mala gana.

El episodio septembrino marcó a fuego a las dos facciones y al régimen. Poco después, los generales José María Obando y José Hilario López se rebelaron en Popayán contra la dictadura; Obando mantenía comunicación con los santanderistas en Bogotá. Bolívar, fiel al patrón inaugurado con Páez, se desplazó personalmente al sur para negociar en lugar de imponer por la fuerza. La estrategia funcionaba tácticamente y desmoronaba, en cada aplicación, la autoridad del centro.

En 1829 estalló una nueva sublevación, esta vez del general José María Córdova, uno de los héroes de Ayacucho. Fue derrotado. El mismo año, ya sin margen, Bolívar empezó a considerar en privado lo que en público aún se negaba a decir: que la Gran Colombia no era viable.

La geografía que nadie podía vencer

Detrás de la sucesión de rebeliones y pactos había un conjunto de determinaciones más lentas y profundas. La Gran Colombia era, en términos administrativos y económicos, un intento heroico de gobernar desde Bogotá un territorio cuyas partes apenas se comunicaban entre sí. Las enormes distancias fueron invocadas por el propio Bolívar, en una carta de diciembre de 1829, como uno de los grandes obstáculos que se habían opuesto a la formación de un único Estado nacional. No era retórica: mover una orden, una tropa o un impuesto desde la capital hasta Caracas, Quito o Panamá tomaba semanas, y con cada tramo la autoridad del centro se diluía.

La economía del período agravaba estas fragilidades. El sistema monetario era inelástico y la hacienda pública dependía de empréstitos internos frecuentemente forzados, con tipos de interés que —influidos por factores políticos— alcanzaron niveles antes desconocidos, reflejo de una desorganización financiera severa. Las tarifas aduaneras, principal fuente de recursos del Estado, fueron diseñadas con criterio primordialmente fiscal, no proteccionista ni de fomento industrial; el propio Bolívar se inclinó por aranceles altos porque necesitaba dinero, no porque tuviera una política manufacturera. El resultado era una economía de guerra prolongada indefinidamente en tiempos de paz: el aparato estatal seguía viviendo como si la campaña libertadora no hubiera terminado, mientras las regiones productoras percibían el peso fiscal sin ver contrapartidas visibles.

A esto se sumaba la heterogeneidad regional, argumentada explícitamente por los propios venezolanos en noviembre de 1829: las leyes apropiadas para Nueva Granada y Quito no lo eran para Venezuela, cuyas costumbres, clima y productos eran completamente diferentes; y un gobierno ejercido sobre una gran extensión territorial pierde fuerza y energía. El argumento no era teórico. Los caudillos venezolanos —hombres armados con clientelas propias— apoyaron mayoritariamente a Páez contra Bolívar; la mayor parte quería la independencia.

El caso del Ecuador era todavía más frágil. La incorporación se había hecho como una simple anexión del territorio militarmente conquistado tras la batalla de Pichincha de 1822, sin representación adecuada de los grupos dirigentes ecuatorianos en los círculos decisorios del gobierno nacional. Para muchos quiteños y guayaquileños, la Gran Colombia no era la culminación de la independencia sino una nueva dominación externa, ahora con acento caraqueño y bogotano. Cuando llegó el momento, Ecuador se separaría prácticamente sin resistencia.

1829: Bolívar admite lo inevitable

Los últimos meses de 1829 marcaron un punto de no retorno. El 1 de diciembre, Páez comunicó a Bolívar desde Venezuela que los venezolanos tenían un odio profundo a la unión con Bogotá y estaban resueltos a lograr la separación, que él consideraba inevitable. Semanas después, en una carta que sería su reconocimiento más lúcido del fracaso, Bolívar admitió que dada la extensión de Colombia, su población, el espíritu que la dominaba y las antipatías locales, Venezuela debería quedar como estaba antes de su reunión con Nueva Granada. Sugería, en el fondo, que la ambición colombiana debía abandonarse: la separación era la única manera de suavizar las antipatías locales y superar los grandes obstáculos a la formación de un único Estado nacional.

El asesinato de Antonio José de Sucre en la montaña de Berruecos, el 4 de junio de 1830, en el camino entre Quito y Popayán, ha quedado en la memoria como el símbolo más doloroso de aquel desmoronamiento. Sucre era el general de mayor confianza de Bolívar, el más probable candidato a heredar políticamente el proyecto grancolombiano; su muerte, atribuida a la autoría intelectual de Obando, cerró todas las puertas de una posible restauración por vía civil-militar concertada.

En la primavera de 1830, entre abril y mayo, Bolívar presentó su renuncia a la presidencia ante el Congreso Nacional reunido en Bogotá y se preparó para el exilio. Fue un gesto tanto personal como institucional: sabía que la Constitución de 1830, que ese mismo Congreso intentaba promulgar, era ya inoperante. Venezuela había votado por la separación, Ecuador estaba inclinado en el mismo sentido, y ninguna carta podía imponerse por la fuerza al conjunto de la república.

El Congreso llegó paulatinamente a esa misma conclusión. Eligió como presidente al bolivariano moderado Joaquín Mosquera y como vicepresidente a Domingo Caycedo. La elección, en abril, resultaba conciliadora sobre el papel, pero contenía la semilla del conflicto siguiente: los oficiales militares venezolanos, todavía numerosos en el ejército de Bogotá, vieron con desagrado que dos neogranadinos ocuparan el ejecutivo. Sintieron —y con razón— que su influencia política y sus privilegios se recortaban.

El golpe de Urdaneta y la última dictadura

El desenlace llegó rápido. El 2 de septiembre de 1830, Francisco Urquinaona, jefe político del cantón de Bogotá, instó a proclamar a Bolívar y a encargar al general Rafael Urdaneta del mando mientras el Libertador regresaba. Tres días después, tras la victoria de las tropas bolivarianas —encabezadas por el batallón Callao, compuesto principalmente por venezolanos— sobre las fuerzas opositoras en la batalla del cerrito del Santuario, cerca de Bogotá, Mosquera y Caycedo renunciaron. El 5 de septiembre Urdaneta se proclamó jefe provisorio del gobierno de Colombia. Comenzaba la última dictadura bolivariana, aunque el propio Bolívar no participara en ella.

El régimen de Urdaneta se sostenía sobre una ficción política: que Bolívar volvería a asumir el mando y legitimaría retroactivamente el golpe. Pero Bolívar, ya enfermo y desengañado, se negó a hacerlo por vía militar. Aunque simpatizaba con el esfuerzo, argumentó que sin legitimidad eso sería una tiranía. Cuando murió en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, amargado y quebrantado, el andamiaje simbólico del gobierno de Urdaneta se derrumbó. Los venezolanos que dominaban Bogotá habían perdido su razón de ser política.

La guerra civil que estalló entonces tuvo geografías distintas y significados diferentes según la región. En los Andes neogranadinos —el corazón santanderista— la causa antibolivariana se construyó movilizando a la población contra los venezolanos, personificados en Bolívar como memoria y en Urdaneta como dictador presente. Fue una guerra con acento nacional: neogranadinos contra ocupantes. En el Caribe, en cambio, el conflicto tomó la forma de un asedio liberal a los bolivaristas atrincherados en Cartagena, pero como los líderes del bando liberal caribeño eran también venezolanos, no pudo surgir un sentimiento antivenezolano equivalente al andino. La misma guerra tenía dos idiomas, según la latitud.

Sin Bolívar vivo, sin base social propia y militarmente comprometido en varios frentes, Urdaneta terminó por negociar. En las Juntas de Apulo las dos facciones acordaron la paz; el general cedió el poder. Domingo Caycedo, restablecido en la vicepresidencia, tomó una decisión que resultaría fundamental: rehabilitó al general Santander en sus grados y honores, y restituyó también la memoria del almirante Padilla y otros condenados en 1828. La medida sería ratificada por la Convención de 1831, ante la cual Caycedo renunció; la Convención nombró entonces a Santander presidente y a José María Obando vicepresidente. Santander aceptaría el cargo desde el exilio, y su regreso al país inauguraría, con simbolismo denso, la nueva era.

Venezuela y Ecuador: las separaciones

Mientras Bogotá se debatía en golpes y renuncias, las otras dos piezas del rompecabezas ya habían tomado su rumbo. Páez proclamó la independencia de Venezuela mediante el Acta de Separación de Caracas, formalizando lo que desde 1826 se venía preparando. El argumento de fondo, ya expuesto en noviembre de 1829, se reiteraba en 1830: Venezuela no debía permanecer unida a Nueva Granada y Quito por diferencias en costumbres, clima y productos, y porque el gobierno sobre un territorio extenso pierde fuerza. La lógica caudillista y la lógica regionalista coincidieron perfectamente: separarse era el mejor negocio para todos los actores locales con poder real.

Ecuador siguió un camino paralelo bajo el liderazgo del general Juan José Flores, con el apoyo posterior de figuras civiles como Vicente Rocafuerte. La separación fue casi natural, pues nunca había habido integración efectiva. La provincia de Guayaquil, siempre inclinada al autogobierno, y las élites quiteñas, marginadas del poder grancolombiano, encontraron poca resistencia para constituirse como Estado autónomo.

Hacia mediados de 1831, la Gran Colombia había dejado de existir en la práctica. En su lugar quedaban tres repúblicas —Venezuela, Ecuador y Nueva Granada— y una tarea inmensa: rehacer los Estados a partir de las piezas rotas del anterior.

El nacimiento de la Nueva Granada

El 17 de noviembre de 1831, mediante decreto de la Convención reunida en Bogotá, se constituyó formalmente la República de la Nueva Granada. La Constitución de 1832, promulgada al año siguiente, buscó dar forma jurídica a la nueva situación y responder, siquiera parcialmente, a las tensiones que habían destruido a la Gran Colombia.

Su rasgo más significativo fue la instauración del régimen provincial autónomo. El artículo 156 suprimió los departamentos —aquella malla administrativa centralista heredada de 1821— y dividió el territorio en provincias; el artículo 160 y siguientes determinaron las atribuciones de las cámaras provinciales, a las cuales pasaron, con cambio de nombre, las antiguas cámaras de distrito. Era una concesión limitada al federalismo, pero significativa: reconocía que la lealtad primaria de la población neogranadina no era al Estado nacional sino a las provincias o regiones locales, y que cualquier gobierno central tendría que negociar con ese hecho antes que ignorarlo.

La Constitución de 1832 restableció también algunas reformas implementadas desde 1821 que la dictadura había suspendido, y buscó conciliar los conflictos políticos del período mediante un equilibrio delicado entre autoridad ejecutiva y autonomía provincial. El decreto fundacional reconoció la buena fe hacia los acreedores nacionales y extranjeros de Colombia: la Nueva Granada asumía, en proporción a su tamaño, la deuda del Estado disuelto. Nacía endeudada, con un ejército que había sido faccioso durante tres años, y con una clase política que ya había aprendido a considerar los pronunciamientos militares y las actas populares como recursos legítimos de la disputa.

Por qué falló el Estado imposible

Reconstruido el proceso, la pregunta historiográfica mayor —por qué fracasó la Gran Colombia— admite una respuesta que ni exculpa a Bolívar ni lo culpa individualmente del desastre. La república se derrumbó por la intersección de tres órdenes de causas.

Las causas estructurales fueron las más profundas y las menos remediables. La Gran Colombia carecía de una base fiscal propia: dependía de empréstitos forzados con intereses de guerra, de aranceles concebidos como recaudación pura y de una economía de plantación y minería aún convaleciente de dos décadas de conflicto. No tenía moneda estable, ni administración civil consolidada, ni comunicaciones capaces de vencer distancias que ella misma reconocía como abismales. Sus élites regionales —caudillos venezolanos, propietarios neogranadinos, comerciantes guayaquileños, hacendados quiteños— habían acumulado durante la campaña libertadora poder, tropas y clientelas propias; la unificación posterior no las integró, sino que las dejó latentes bajo un ejecutivo demasiado débil para disciplinarlas y demasiado ambicioso para dejarlas ser. La heterogeneidad regional, invocada explícitamente en 1829, no era un pretexto: era la constatación de que ni la lengua común ni la memoria común de la guerra bastaban para producir un cuerpo político compartido.

Las causas coyunturales dieron a esas debilidades su forma explosiva. La propuesta bolivariana de presidencia vitalicia, entre 1825 y 1826, polarizó una política que hasta entonces había vivido dentro de la Constitución de Cúcuta sin bandos definidos. Convirtió una disputa técnica sobre la forma del Estado en una guerra de facciones entre bolivarianos y santanderistas. La rebelión de Páez en 1826 y el pacto que la resolvió instalaron el principio de que las armas obtenían amnistía y reformas. La Convención de Ocaña de 1828 mostró que las instituciones ya no podían producir acuerdo. La dictadura del 27 de agosto de ese año liquidó la Constitución. El atentado del 25 de septiembre destruyó la posibilidad de convivencia entre las facciones. Los levantamientos sucesivos de Obando y López en 1828, de Córdova en 1829, y finalmente el golpe de Urdaneta en 1830 —este último paradójicamente invocando el nombre del Libertador— completaron una serie de crisis militares que entre 1828 y 1830 erosionaron toda autoridad central. Cuando Bolívar admitió en diciembre de 1829 que la separación era inevitable, ya no describía un pronóstico: describía un hecho consumado.

Las causas personales, en fin, no pueden desligarse de las anteriores. La enemistad entre Bolívar y Santander canalizó y personalizó una tensión política que probablemente habría existido de todos modos, pero que sin sus rostros individuales quizás habría admitido negociación. Los caudillos regionales —Páez, Flores, Obando, Urdaneta— actuaron como agentes de sus intereses y clientelas, no como traidores a un proyecto que probablemente nunca sintieron como propio.

Herencia sobre la Nueva Granada

La disolución dejó a la Nueva Granada una herencia difícil que condicionaría todo su siglo XIX. Heredó una deuda: la parte proporcional de los empréstitos grancolombianos, contratados en condiciones onerosas, pesaría sobre las finanzas públicas durante décadas. Heredó un ejército faccioso: los oficiales formados en la guerra libertadora y en las guerras civiles de 1828-1831 no aprendieron a servir a una república, sino a una facción, y esa forma de entender el mando militar produciría pronunciamientos, rebeliones y guerras civiles con regularidad de calendario. Heredó una lealtad territorial fragmentada: la Constitución de 1832 tuvo que reconocer, mediante el régimen provincial autónomo, que la población respondía a sus regiones antes que a la nación, y esa realidad alimentaría las tensiones que llevarían al federalismo constitucional de mediados de siglo. Heredó, sobre todo, una tradición constitucional inestable pero ya invocada obsesivamente como recurso político. Desde 1811, actores políticos y militares habían considerado legítimo violar las normas constitucionales para defender lo que entendían como el bien común; y esa mentalidad, lejos de morir en Apulo, se prolongó a lo largo del siglo en una alternancia entre constituciones y golpes, entre invocación legalista y práctica facciosa.

La disolución también dejó una herencia positiva, y conviene no ignorarla. El fracaso de la dictadura bolivariana produjo, entre los neogranadinos, un consenso implícito sobre la legitimidad constitucional. Tanto bolivarianos como antidictatoriales se unieron mayoritariamente en defensa de la Constitución como norma superior a las facciones, y desde entonces todo intento de golpe militar en Colombia tropezó con el recuerdo de esa unidad. La República de la Nueva Granada, con todos sus problemas, no volvería a producir dictaduras personales de larga duración al estilo de las que abundaron en otras partes de la América hispana. La rehabilitación de Santander, Padilla y los demás condenados de 1828 fue, en ese sentido, un gesto fundacional: reconocía que la Constitución debía ser el árbitro último, aun cuando en la práctica se violara con frecuencia.

De la pugna entre bolivarianos y santanderistas nacería también, con el tiempo, la estructura partidista que dominaría la política colombiana durante siglo y medio. Aunque las correspondencias entre esas tendencias originales y las posiciones posteriores —centralismo o federalismo, proteccionismo o librecambio— no fueron estables ni lineales, la memoria de aquella división quedó incrustada en la cultura política nacional. Fue una Constituyente de estirpe conservadora, la de 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia, prueba de que las asociaciones supuestamente fijas entre centralismo y conservatismo, o entre federalismo y liberalismo, fueron siempre más frágiles de lo que la mitología partidista pretendería después.

El legado que persiste

Casi dos siglos después, la disolución de la Gran Colombia sigue importando por lo que enseña sobre las condiciones de posibilidad de un Estado moderno en territorios que fueron colonias. No basta con proclamar la unidad política; no basta con constituciones bien redactadas ni con un liderazgo carismático. Sin fiscalidad propia, sin comunicaciones que venzan la geografía, sin élites integradas al proyecto nacional y sin instituciones capaces de disciplinar tanto al ejecutivo como a los caudillos armados, el Estado más ambicioso se derrumba —y el Estado más modesto que lo sucede queda marcado por las mismas debilidades.

Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830, en Santa Marta, con el proyecto de su vida hecho pedazos y con la lucidez suficiente para haberlo anticipado. Su carta de diciembre de 1829 —aquella en que reconocía las antipatías locales, las enormes distancias y el espíritu dominante de la época como obstáculos insuperables— es probablemente el mejor epitafio del proyecto. Pero no fue el epitafio de una época: fue el comienzo de otra, en la cual las tres repúblicas herederas, y muy especialmente la Nueva Granada, tendrían que aprender a construir Estados con las piezas rotas del anterior. Que lo hicieran con las dificultades conocidas —guerras civiles, fragmentación, inestabilidad crónica— no invalida la magnitud del esfuerzo. Explica, más bien, por qué el Estado colombiano decimonónico fue lo que fue, y por qué muchas de sus debilidades sobreviven, transformadas y con nombres nuevos, en el país que somos hoy.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

28 documentos · 40 fragmentos
01Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1151 cita
[1]blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…p. 115
02Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 63, 1342 citas
[2]habian llegado nunca a convencerle: «El Presidente de la Republica nombra al Vice- Presidente, para que administre el Estado, y le su- ceda en el mando. Por esta providencia se evitan las elecciones, que producen el grande azote de las republicas, la anarquia, que es el lujo de la tirania y el peligro mas inmediato y…p. 134
[36]organizado el Congreso se Mapa de Colombia, trazado en 1828 por H. S, Tanner y que se conserva en el Archivo Nacional. Todas las provincias que constituéan la Republica enviaron, en 1821, sus delegados al Congreso de Cticuta. procedié a elegir al presidente y al vicepresidente del mismo; la eleccién recay6 en José…p. 63
03Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 45, 572 citas
[3]no logra cristalizar sus anhelos, pero por lo menos es un precedente. Y en ese mismo año redacta la célebre "Constitución boliviana", a petición de la República nacida con su nombre. Allí plasma otra vez sus consideraciones y el resultado de tantos años de batallar y observar el comportamiento de los pueblos a los que…p. 45
[28]todo lo relacionado con la conjuración septem- brina contra el Libertador y la secuela que su represión causó en el espíritu de los antiboliva- rianos, ahora y antes del Callao, con presencia en la gestión ejecutiva, Caicedo consideró del caso rehabilitar al general Santander en sus gra- dos y honores, como también la…p. 57
04Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 19, 942 citas
[4]más terrible de los gobiernos papula- res. Siendo la herencia la que perpe: Reyimenes políticos - Simivo Maltzar: Méstefuczo de José María Expéecir Pricin Mareo all Sighs AUX: Fogoti toa el régimen monárquico y lo hace cas) general en el mundo, ¡Cuánto más útil no es el método que acabo de proponer para la sucesión:…p. 94
[23]tenido adecuada representa- ción enel comgreso constituyente, La incorporación del Ecuador sé efectuó come una simple anexión del terdóro militarmente conquistado y el ejército patriota, luego de la talla de Pichincha, en 1822 Guaya- quil ciudad que tabla declarado imi- viduaimente su independencia, fue amexada a la…p. 19
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 129, 1422 citas
[5]bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…p. 142
[25]rianos, que habían presentado como candidato a Eusebio María Canabal, se sublevaron en distintas partes del país, especialmente las tropas venezolanas, aun cuando al- gunos batallones, como el Grana- deros y el Húsares, convinieron en regresar a su país. El gobierno proyectó desintegrar el batallón Callao, pero las…p. 129
06Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 421 cita
[6]de Teseo, que la irritaban cuantos remedios se le ponían. Esta Haga cubre.a toda la república." 37 La promulgación de la Constitución Boliviana, ardorosamente defendida por unos y acervamente criticada por otros, dió origen a una intensa y generalizada batalla perio dística, donde predominaron la injuria y el insulto.…p. 42
07Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 9, 992 citas
[7]de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…p. 99
[32]por si solas todos los recursos, poder y fuerza necesarios para existir como un Es- tado independiente y para hacer que se respeten sus derechos; Considerando: que sin embargo hay varios in- tereses, relaciones y deberes que, siendo comunes a ambos pueblos, deben arreglarse por reciprocos convenios, y que ademas es…p. 9
08La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 1571 cita
[8]dotó, según él, de la constitución política ideal, lo llenaban de contento. Creyó entonces, y lo creyó de verdad, que podía hacer realidad el sueño, que había mantenido en silencio, de una gran confederación que uniera por lo menos a Perú, México, la Confederación Centroamericana, Bolivia y la Gran Colombia. Nunca…p. 157
09Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 252, 2952 citas
[9]in violence; none of this is glorious, my dear general’. Although he mobilized, he did not want violence. From Coro he warned, ‘I have come from Peru to save you from the crime of civil war.’ 109 Conciliation was also favoured by the majority opinion in both countries. There was little alternative. Bolívar was aware…p. 252
[18]districts of Venezuela pronounced for independence from Colombia, and in favour of Páez against Bolívar, whom they called a tyrant and worse. Worse, apparently, than their local tyrants, the majority of whom wanted independence. ‘The untrammelled expression of popular desires’ so ardently sought by Bolívar turned into…p. 295
10Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 417, 5512 citas
[10]la Legislatura de 1826, relató a su regreso a Popayán que había sido convencido por los senadores venezolanos “sobre la docilidad del general Páez, que lo verían ante el Senado dando muestras de una sublime obediencia”, con lo cual el Senado se llenaría de gloria pro - bándole a la República “que la constitución…p. 417
[19]servido para “desmentir a mis enemigos” y demostrar su desprendimiento de “la presidencia que aborrezco”. “Carta al general Páez desde Buga, 27 de diciembre de 1829” (en Obras completas, tomo IX), 297. 510 Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831 los peruanos y para que Pasto no venga a ser su cáncer”.…p. 551
11Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 461 cita
[11]obvious than one would assume. And should onecould onecount all the outbreaks whose immediate aim was to overthrow only regional authorities? For purposes of discussion it nevertheless may be useful to present a l of rebellions directed against the national authorities, rebellions whose seriousnes varied widely but…p. 46
12Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 124, 1272 citas
[12]rita de los pol í ticos, incluso para romper las reglas acordadas por los representantes del “ pueblo ”. En 1811, Antonio Nari ñ o dio el primer golpe de Estado, al derribar, a nombre del bien com ú n, con el apoyo de los militares, el gobierno de Jorge Tadeo Lozano. Entre 1811 y 1815 los dirigentes criollos,…p. 127
[14]el Pala cio de San Carlos, sede de la presidencia. Bol í var se escap ó gracias a Manuelita S á enz, su pareja, que entretuvo a los conjurados mientras Bol í var saltaba por una ventana. Varios de los participantes fueron juzgados y condenados a muerte, aunque algunos, como Mariano Ospina Rodr í guez, lograron…p. 124
13Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 211 cita
[13]así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…p. 21
14La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 260, 2762 citas
[15]poco después del atentado a Bolívar, se produjo una revuelta en el sudeste. Lideraba el movimiento el coronel 267 Sytze van der Veen José María Obando, que estaba en comunicación con los santanderistas en Bogotá. Hacia finales de año, Bolívar partió rumbo a la zona rebelde para imponer el orden. No solo Obando…p. 260
[20]ciudad fronteriza de Cúcuta. Las negociaciones no llevaron a nada. El Congreso Nacional en Bogotá llegó paulatinamente a la conclusión de que la separación era imparable. Conscientes de su propia impotencia, los de- legados decidieron que su nueva constitución no podía imponerse por la fuerza a todas las partes de la…p. 276
15Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 561 cita
[16]lideró una nueva revuelta que derribó al gobierno legítimo, y en septiembre invitó a Bolívar a reasumir el mando; pero este, a pesar del apoyo de tropas de varias provincias, se negó a hacerlo con base en una acción militar: si esta “no se legitima es una tiranía”, escribió a Urdaneta 55. Bolívar, aunque simpatizaba…p. 56
16Uniting States: Voluntary Union in World PoliticsJoseph M. Parent · 2011 · p. 61 cita
[17]happen, and he tried the same tired remedies, expecting better outcomes. Four years before, he was the adored liberator of South America—now Bolívar’s charisma was spent; everything he touched turned hostile or futile. Another of his former ocers, José María Córdova, took up arms against him; Bolívar earned not a…p. 6
17Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 47, 2992 citas
[21]í var’s return to the capital city in January 1830, Congress had already met once more to approve a new constitution, and the Venezuelans had voted in favor of separation from Cun- dinamarca; the Ecuadorians were similarly inclined. Colombia had simply ceased to exist. This is how Bol í var understood the succession…p. 47
[34]Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…p. 299
18Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 43, 662 citas
[22]the civil war fought between 1830 and 1831. The territory that Gran Colombia called Cundinamarca be- came the Republic of New Granada. Following Simón Bolívar’s resignation of the presidency in May 1830 and his death in December of that year, Rafael Urdaneta assumed leadership of New Granada’s national military and…p. 66
[24]to create the conditions for the civil war that brought to a close the Second Republic in 1830. Bolívar’s dictatorship, the conspiracies against him, the war with Peru, the numerous rebellions against the Colombia regime, the open rebellion of Venezuela against the national government in Bogotá, the efforts by the…p. 43
19Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 551 cita
[26]En “El Santuario”, un lugar cercano a Bogotá, las tropas de los partidos opositores se encontraron en una violenta batalla. Los venezolanos salieron triunfantes. La Constitución de 1830 quedó en entredicho, así como los gobernantes elegidos bajo su manto. Estos renunciaron y el Concejo municipal de Bogotá, el 5 de…p. 55
20The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 1041 cita
[27]April 1830 two moderate Bolivarians, Joaquin Mosquera and Domingo Caicedo, were elected as president and vice president. Some military officers, many of them Venezuelan, were unhappy when they saw that their political power and their privileges were being progressively shorn away, first with Bolívar’s resignation in…p. 104
21Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2551 cita
[29]department of Magda- lena, with its capital in Cartagena, did not bring the main cities closer to- gether but, on the contrary, revived and exacerbated tensions among them. Most towns in the region opposed renewed administrative centralization in Cartagena. In  this conflict merged with the national conflict…p. 255
22Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2551 cita
[30]department of Magda- lena, with its capital in Cartagena, did not bring the main cities closer to- gether but, on the contrary, revived and exacerbated tensions among them. Most towns in the region opposed renewed administrative centralization in Cartagena. In  this conflict merged with the national conflict…p. 255
23Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 871 cita
[31]se suprimieron los departamentos y el territorio quedo dividido en provincias, ratificadas por la Constituci6n de 1832, que fue la que instituy6 el ré- gimen provincial auténomo (articulo 156). A estas provincias pasaron, con el nombre de camara pro- vincial, las camaras de distrito de los extinguidos de- partamentos,…p. 87
24¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 571 cita
[33]Antonio José de Sucre, el líder del partido bolivariano menos compro metido en los conflictos. Cuando Bolívar murió, en diciembre de 1 830, la Nueva Granada, que incluía al actual territorio colombiano más Pa namá, ya tenía una vida separada. El país resultante llegaba a una nueva era afectado _por la pobreza de la…p. 57
25Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 331 cita
[35]Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…p. 33
26El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4231 cita
[37]donde se le nombró protector vitalicio del Perú, así como las muchas lisonjas y testimonios de aplauso, y el ilimitado poder que ejerció durante cinco años. Sólo tras largos ti- tubeos logró evadirse de aquella seducción. Partió enton- ces a Bogotá, donde se hicieron magníficos preparativos para tributarle un digno…p. 423
27Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 217, 2622 citas
[38]no se lo permitieron sino en forma muy limitada 283. Los empréstitos contraídos en el país eran en veces francamente forzados, y en otras tenían más de tales que de operaciones financieras completamente normales 284 La inelasticidad del sistema monetario era un factor en la desorganización económica 285, e influyó…p. 262
[39]la influencia de los factores económicos en la disolución de la Gran Colombia, lo que no se ha ensayado con buenas bases todavía. 218 Línd Odince Vrdsíta el tenor general de sus ideas para inducir a los conductores a formular tarifas primordialmente fiscales en la intención. Esto quiere decir que serían altas: es lo…p. 217
28Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 3481 cita
[40]será solemnemente proclamada en los pueblos y en los ejércitos». 82 66 La vida política de Colombia, después de 1819. nace de esta tensión entre los géneros de legitimidad política, con una neta ventaja, mientras dura la guerra, para los militares. Pero se trata de una oposición conceptual más que de personas.…p. 348