Florentino González
Nueva Granada
1805–1874
La biografía
Florentino González Vargas (Cincelada, hacia 1805 – 1874) fue el jurista, publicista y político neogranadino que, desde la Secretaría de Hacienda del primer gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849), introdujo el librecambio en la Nueva Granada mediante la reforma arancelaria de 1847. Antiguo santanderista formado en la oposición civilista a Bolívar, ideólogo doctrinario del liberalismo económico de matriz británica, autor de los Apuntamientos sobre la historia política y social de la Nueva Granada (1853), González concentra en su biografía las tensiones fundacionales de la república: el tránsito del proteccionismo colonial al modelo agroexportador, la fluidez de las adscripciones partidistas en las décadas de 1830 y 1840, y la traducción doctrinaria de las ideas europeas al aparato fiscal de un país recién salido de la guerra de Independencia. Su reforma arancelaria fijó el pivote institucional sobre el que se montaría, entre 1850 y 1875, el ciclo exportador del tabaco y la generación de divisas que sostuvo al federalismo radical. Su costo político —la ruina de los artesanos bogotanos y su reacción organizada desde octubre de 1847— también lo convirtió, en cierta memoria popular, en el rostro del liberalismo que sacrificó el trabajo urbano en el altar de una teoría venida de fuera.
Línea de vida
- 1828
Oposición a la dictadura de Bolívar
Leer contexto
González se ubicó en el bando civilista y santanderista opuesto a la dictadura de Bolívar tras la Convención de Ocaña, junto a Santander, Vicente Azuero y Luis Vargas Tejada, en la fragua originaria de la división entre los futuros partidos históricos colombianos.
- 1843
Ingreso al Congreso y a la burocracia hacendaria
Leer contexto
Entre 1842 y 1845 ejerció como oficial mayor del Departamento de Relaciones Exteriores y entre 1843 y 1844 fue miembro de la Cámara de Representantes, consolidando su perfil de funcionario técnico y legislador doctrinario antes de acceder al ministerio.
- 1847
Reforma arancelaria librecambista
Leer contexto
Como secretario de Hacienda bajo Mosquera, González introdujo nuevas tarifas aduaneras de orientación librecambista, eliminó aduanas interiores, reformó las aduanas de los puertos, introdujo el sistema métrico decimal y reorganizó la contabilidad pública. La medida, primera del nuevo orden económico liberal, perjudicó a los artesanos urbanos, quienes comenzaron a organizarse en octubre de 1847 en defensa de sus ocupaciones.
- 1850
Viaje y estancia en Estados Unidos
Leer contexto
Al concluir el gobierno de Mosquera en 1849, González viajó a Estados Unidos, donde permaneció entre 1850 y 1852, alejado temporalmente de la escena política neogranadina.
- 1853
Publicación de los Apuntamientos y defensa de la supresión de aduanas
Leer contexto
A su regreso publicó en la Imprenta de El Neo-Granadino los Apuntamientos sobre la historia política y social de la Nueva Granada, obra en que consignó su doctrina liberal. Ese mismo año, el 28 de enero, firmó en El Neogranadino una declaración a favor de la supresión total de las aduanas, reafirmando su posición librecambista en el momento del gran impulso constitucional descentralizador.
La semblanza
González pertenece a esa segunda generación republicana que ya no combate a caballo sino que legisla, redacta gacetas y ocupa oficinas. Nacido en Cincelada, en el actual departamento de Santander, hijo de un oficial mayor del gobierno virreinal y sobrino de otro empleado del mismo aparato, con una madre de familia patriota notable, encarna la paradoja habitual de las élites criollas: su capital social se forjó al servicio de la Corona y se reinvirtió, sin ruptura biográfica visible, al servicio de la nueva república. Estudió Derecho en la Universidad Central y en el Colegio de San Bartolomé, en Bogotá, y desde muy joven quedó atrapado por dos gravitaciones que definirían su vida entera: la del círculo civilista de Francisco de Paula Santander y la del pensamiento utilitario británico que por entonces se convertía en la primera filosofía política sistemática enseñada oficialmente en las universidades neogranadinas.
De esa doble filiación —santanderista en la política, benthamista en la teoría— procede la coherencia interna, y a la vez la aparente rareza, de su trayectoria. González fue el hombre que llevó a la práctica, desde un ministerio conservador, un programa económico liberal que el propio Santander no se había atrevido a implementar por prudencia fiscal. Fue el redactor doctrinario que argumentó, con la frialdad del catedrático, que los granadinos no podían competir en manufactura con europeos y americanos y que la política correcta era ofrecer materias primas a Europa y abrir la puerta a sus manufacturas. Y fue también el ministro cuyas medidas, aprobadas en junio de 1847, empujaron a los artesanos de Bogotá a organizarse cuatro meses después en defensa de sus ocupaciones y contra el liberalismo económico —el primer conflicto de clase legible en términos modernos de la historia republicana colombiana.
Colombia lo recuerda, con esa combinación de reverencia distante y sospecha, como el "padre de la apertura" del siglo XIX. La expresión, acuñada más tarde en clave polémica, condensa bien la ambivalencia: González abrió, en efecto, un ciclo que duraría más de un siglo, pero lo abrió a un costo social que la memoria popular no olvidaría fácilmente.
Los orígenes
La formación de González transcurre en un momento singular del pensamiento neogranadino. Mientras el resto de Hispanoamérica se orientaba durante la primera mitad del XIX hacia el liberalismo francés de Constant y Guizot, la Nueva Granada se distinguía por una inclinación notable hacia el utilitarismo británico, en particular el de Jeremy Bentham. Los profesores de economía política enseñaban con manuales extranjeros —sobre todo los de Destutt de Tracy y Jean-Baptiste Say—, y la abundante presencia de libros en francés en la Biblioteca Nacional y en las colecciones privadas indica que estudiantes y profesores leían corrientemente en ese idioma. Ese cruce entre benthamismo enseñado y economía política francesa leída de primera mano constituye el aire intelectual que González respira en San Bartolomé y en la Universidad Central.
De ahí sale un jurista con vocación de teórico, no de tribuno. Los contemporáneos, y luego la historiografía, lo situarían entre los ideólogos más doctrinarios del grupo santanderista: uno de los pocos que creían con fe genuina en las doctrinas del liberalismo económico europeo, frente a políticos más pragmáticos como el propio Santander, para quien el gobierno era antes un arte de administración que un experimento de principios.
La otra formación de González es política, y ocurre en la refriega. Su nombre aparece asociado al círculo que se opuso a la dictadura de Bolívar tras la Convención de Ocaña de 1828 —junto a Santander, Vicente Azuero, Luis Vargas Tejada y el joven Mariano Ospina Rodríguez—, en el momento en que se están perfilando por primera vez los dos bandos de los que saldrán, décadas después, los partidos históricos colombianos. Fue esa conducta posterior a Ocaña, y las adhesiones y enemistades que despertó la dictadura del Libertador, la fragua originaria de la división. González se ubicó del lado civilista, santanderista, opuesto al bolivarianismo militar. Esa marca le acompañaría toda la vida, aunque su trayectoria posterior la complicara.
En los años treinta, cuando en la Nueva Granada empiezan a hablarse de "ministeriales" —partidarios del gobierno de turno— y "liberales" —el grupo civilista de Santander y Azuero—, González está en el segundo campo. Pero es un liberal doctrinario, no un jefe de facción; su capital es la pluma y el argumento, no la clientela.
La trayectoria
La carrera pública de González se despliega en dos décadas centrales, la de 1840 y la de 1850, con un largo epílogo de exilio hasta su muerte en 1874.
Entre 1842 y 1845 ocupó el cargo de oficial mayor —chief clerk, en la nomenclatura administrativa del período— del Departamento de Relaciones Exteriores, uno de los puestos técnicos de más alto rango de la burocracia neogranadina. Entre 1843 y 1844 fue, en paralelo, miembro de la Cámara de Representantes. Se trata del González funcionario y parlamentario, moviéndose con soltura entre el escritorio ministerial y el hemiciclo. Entre 1846 y 1848 se desempeñó como subdirector del tesoro; en 1848 fue secretario de finanzas, y entre 1848 y 1849 ejerció como contador mayor de la república. Esta secuencia de cargos hacendarios muestra que su acceso al ministerio no fue improvisación política sino coronación de una carrera técnica en el aparato fiscal.
El hito central es la reforma arancelaria de 1847. Nombrado por Mosquera para dirigir la política de hacienda, González introdujo nuevas tarifas aduaneras de orientación librecambista que reducían drásticamente la protección arancelaria de la que había gozado, desde los tiempos de Santander y de José Ignacio de Márquez, la manufactura interna. La medida era arriesgada por partida doble. En lo fiscal, porque las aduanas eran la principal fuente de ingresos del gobierno, y rebajar sus tarifas parecía, sobre el papel, un suicidio hacendario; los gobiernos anteriores habían mantenido tarifas altas precisamente por esa razón. En lo social, porque tocaba el sustento de los artesanos urbanos —sastres, zapateros, herreros, ebanistas, sombrereros de Bogotá y de otras ciudades— cuya modesta protección competitiva frente al textil y la manufactura europea dependía del arancel.
El programa fue mucho más allá de una simple rebaja de tarifas. Bajo la administración Mosquera-González se reformaron las aduanas de los puertos, se eliminaron las aduanas interiores —vestigios coloniales que fragmentaban el mercado nacional—, se introdujo el sistema métrico decimal, se nivelaron pesos y medidas, y se revisaron las estadísticas y la contabilidad de la Hacienda pública. Se contrataron ingenieros extranjeros para obras públicas. En conjunto, fue el intento más ambicioso de racionalización administrativa desde la Independencia, y coincidió con el gran vuelco de la economía neogranadina hacia el influjo inglés: el ascenso del tabaco como producto de exportación y el inicio de la navegación regular a vapor por el río Magdalena.
La reacción no se hizo esperar. En octubre de 1847, escasamente cuatro meses después de las medidas, los artesanos de Bogotá comenzaron a organizarse en defensa de sus ocupaciones y contra el liberalismo económico. De esa organización saldrían, en los años siguientes, las Sociedades Democráticas que alimentarían el ala popular del liberalismo y sostendrían, primero, la elección de José Hilario López en 1849, y después el gobierno de José María Obando y su experimento constitucional de 1853. La paradoja histórica es notable: la reforma de González, hecha en nombre de un liberalismo económico doctrinario, terminó movilizando a los sectores populares urbanos que se convertirían en la base política de un liberalismo social muy distinto al suyo.
Al terminar el gobierno de Mosquera en 1849, González viajó a Estados Unidos, donde permaneció entre 1850 y 1852. A su regreso a Bogotá publicó, en la Imprenta de El Neo-Granadino en 1853, los Apuntamientos sobre la historia política y social de la Nueva Granada, obra en la que consigna su lectura del proceso republicano y su propia doctrina. Ese mismo año, el 28 de enero, había firmado en las páginas de El Neogranadino una nueva declaración a favor de la supresión de las aduanas —insistencia doctrinaria en el momento mismo en que la Constitución de Obando, proclamada el 21 de mayo de 1853, ponía fin a la vieja carta ministerial de Márquez de 1843 e introducía la abolición de la esclavitud, la libertad religiosa, la eliminación de la personería jurídica de la Iglesia Católica y el primer gran impulso descentralizador.
Sobre el gobierno revolucionario de Mosquera en 1860, cuando su antiguo jefe se levantó desde el Cauca contra Ospina Rodríguez, hay registro de alguna participación de González —probablemente periodística o de gobierno—, aunque su papel en aquella coyuntura fue ya secundario frente al de la nueva generación radical.
Su red
González no se entiende fuera de las redes en las que se movió, porque en él, más que en otros, la biografía es una biografía de vínculos intelectuales antes que de clientelas territoriales.
La primera red es la santanderista. Francisco de Paula Santander había armado, desde la Vicepresidencia y luego desde su regreso del exilio en 1832, un núcleo civilista, legalista y antimilitarista opuesto al bolivarianismo. De ese núcleo salieron los cuadros que gobernaron o coadministraron la Nueva Granada durante toda la década de 1830 y comienzos de la de 1840. Vicente Azuero, Vargas Tejada y, en menor medida, el joven Ospina Rodríguez —antes de su viraje conservador— compartieron con González la matriz cultural: derecho, benthamismo, prensa doctrinaria, oposición al caudillismo bolivariano. Es en ese círculo donde se forjó el liberalismo económico neogranadino como programa, aunque el propio Santander, presidente entre 1832 y 1837, no se atreviera a implementarlo. La propuesta de una reducción brusca de tarifas aduaneras había circulado desde entonces casi exclusivamente entre los ideólogos más teóricos del grupo, sin que su jefe la compartiera.
La segunda red, más inesperada, es la que González teje con Tomás Cipriano de Mosquera. Cuando el general payanés asume la presidencia en 1845, González —el antiguo santanderista— se convierte en su ministro de Hacienda. Este cruce ha desconcertado a la historiografía: Mosquera era entonces conservador, y González venía del campo contrario. La lectura menos ingenua sugiere que las adscripciones partidistas de mediados de la década de 1840 eran aún fluidas, que las fronteras entre "ministeriales" y "liberales" se dibujaban tanto por lealtad al ejecutivo del momento como por convicción doctrinaria, y que González encontró en Mosquera al presidente dispuesto a aplicar lo que su propio campo no había ejecutado. La convergencia oligárquica sobre las bondades del librecambio, transversal a los dos bandos partidistas en formación, hacía menos escandalosa esa cohabitación de lo que parecería en retrospectiva. Liberales y conservadores neogranadinos coincidían, hacia 1847, en los beneficios del librecambio; discrepaban en la reforma religiosa, en el régimen de la esclavitud, en el federalismo y en la relación con la Iglesia. González no fue un traidor a su campo: fue un ideólogo que aprovechó la ventana ejecutiva que se le abría.
La tercera red es la de sus interlocutores intelectuales, dentro y fuera del país. En la Nueva Granada, sus ideas dialogaban con las de Manuel Murillo Toro, Miguel Samper y, en la generación siguiente, Manuel Ancízar y Rafael Núñez —figuras que, ya en la segunda mitad del siglo, intentarían conciliar el liberalismo francés de tradición radical con un neoliberalismo británico de matriz stuartmilliana. Fuera, González formaba parte de la constelación librecambista hispanoamericana que incluía a Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi en el Río de la Plata: intelectuales-políticos que veían en la especialización agroexportadora, en la inmigración europea y en la apertura a las manufacturas del Atlántico Norte la vía para "civilizar" sociedades percibidas como retrasadas.
Este último punto merece detenimiento. En la lectura crítica que en décadas recientes ha propuesto Cristina Rojas, el pensamiento de González se inscribe dentro de un marco civilizatorio que justificaba el laissez-faire como necesidad antropológica antes que económica: la división internacional del trabajo reforzaba la creencia en el carácter "incivilizado" de los neogranadinos, "bárbaros" a los que había que civilizar antes de incorporarlos al mundo productivo europeo, y González argumentaba que los granadinos, precisamente por ese atraso, no podían competir en manufactura con europeos y americanos. El argumento económico —ventajas comparativas, especialización eficiente— se apoyaba, entonces, sobre un argumento cultural más profundo, y en cierto sentido más pesimista, sobre las capacidades productivas del propio país.
Por último, la red familiar y afectiva. Jaime Duarte French, biógrafo de González y también de las hermanas Bernardina y Nicolasa Ibáñez —Bernardina descrita por su gracia, picardía y belleza, y ambas figuras célebres del salón bogotano del período santanderista—, dejó consignada la inserción de González en ese pequeño mundo bogotano donde política, tertulia y afecto se entretejían sin costuras visibles.
Su huella
El efecto de la reforma de 1847 se desplegó en tres frentes con velocidades distintas.
En lo económico, el resultado fue el auge exportador que definiría la segunda mitad del siglo XIX colombiano. Antes de la abolición del monopolio del tabaco, la producción total de las tres factorías estatales —Ambalema, Girón y Palmira— no superaba los 35.000 quintales anuales y estaba destinada exclusivamente al consumo interior. Al liquidarse el monopolio en favor de tres firmas privadas —de las cuales Montoya & Sáenz pasó a controlar el área más productiva—, la producción se orientó al mercado exterior con resultados espectaculares. La expansión tabacalera exportadora asentó sobre bases sólidas la navegación a vapor por el río Magdalena: antes, las provincias interiores producían tan pocos frutos de exportación que los buques bajaban casi vacíos; con el tabaco, cada viaje pagaba. El éxito de la industria exportadora generó grandes cantidades de divisas por primera vez desde la Independencia y creó una poderosa clase de comerciantes importadores de bienes europeos que se convertiría en el actor social dominante de las décadas siguientes.
En lo fiscal, el sistema tributario que emergió de las leyes de 1850 y 1851 —construido sobre los cimientos de la reforma González-Mosquera— se convirtió en la base económica del federalismo. Sostuvo las constituciones de 1853, 1858 y 1863; y el gobierno central, lejos de arruinarse por la rebaja de tarifas como temían los proteccionistas, se benefició del aumento neto de los ingresos aduaneros estimulado por el auge exportador de 1850-1875. La apuesta doctrinaria resultó, en el mediano plazo, fiscalmente acertada.
En lo político y social, sin embargo, la reforma dejó una herida abierta. La desprotección arancelaria hundió a la manufactura artesanal y politizó a los artesanos, que a partir de octubre de 1847 pasaron de gremios corporativos a Sociedades Democráticas con capacidad de movilización callejera. Esa base social sostuvo la elección de López en 1849, la abolición de la esclavitud de 1851 —más radical, según los propios contemporáneos, que pasos similares tomados en otros países latinoamericanos en la época—, la Constitución de 1853 y el gobierno de Obando. Pero también quedó atrapada en una contradicción insoluble: los artesanos apoyaban al liberalismo político y social, mientras el liberalismo económico les seguía arruinando el taller. Cuando en abril de 1854 el general José María Melo dio su golpe con apoyo artesanal, esa contradicción estalló; y cuando la coalición constitucional derrotó a Melo en diciembre del mismo año, el ala popular del liberalismo quedó descabezada. La Constitución de 1853, además, había debilitado al propio Obando y a sus aliados artesanos al otorgar mayor poder a las provincias, en un impulso descentralizador que reduciría la capacidad del ejecutivo central para proteger a sus bases.
El itinerario constitucional posterior confirmó, casi por su cuenta, la irreversibilidad de la apuesta librecambista. El Congreso de 1855 reformó la Constitución para dotar a Panamá de estatuto federal y permitir la creación de otros estados federales por ley simple; Antioquia, Santander, Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Bolívar y Magdalena obtuvieron pronto esa condición. La Constitución de 1858, promulgada bajo la presidencia conservadora de Mariano Ospina Rodríguez —contradicción histórica que desmiente cualquier identificación mecánica entre centralismo y conservatismo—, dio al país el nombre de Confederación Granadina y formalizó el esquema federal. Los liberales, tras la guerra de 1860-1862, lo llevaron a extremos con la Constitución de Rionegro de 1863, que rebautizó al país como Estados Unidos de Colombia y consagró un federalismo de nueve estados con facultades no reservadas al centro, milicias propias, definición del sufragio por cada estado y enmienda constitucional solo por unanimidad. El sistema exportador que González había abierto financió toda esta arquitectura.
González, para entonces, ya no era protagonista. Su exilio en el sur del continente, donde murió en 1874, lo alejó del escenario colombiano durante los años más intensos del radicalismo. Vio desde afuera el triunfo doctrinario de sus ideas —el país se había convertido, en su ausencia, en el laboratorio librecambista más ortodoxo de Sudamérica— y, presumiblemente, también sus costos sociales. No dejó una escuela con su nombre, ni discípulos identificables como "gonzalistas"; su obra doctrinaria fue absorbida por el sentido común de la élite exportadora, y por eso mismo se volvió invisible.
El lugar en la memoria
La historiografía colombiana ha oscilado con González entre el homenaje distante y el ajuste de cuentas. Autores como Luis Ospina Vásquez, en su clásico sobre industria y protección, y Miguel Urrutia, en sus estudios sobre el movimiento obrero, lo mencionan al tratar las reformas económicas de mediados del XIX, pero rara vez como objeto de estudio monográfico central. Es más nombrado que estudiado. Su reforma de 1847 aparece siempre como el punto de partida obligado de cualquier historia económica del período, y su figura se cita como referencia inevitable en cualquier discusión sobre los orígenes del librecambio latinoamericano; pero la biografía intelectual completa que su importancia teórica merecería —una que reconstruyera con detalle sus lecturas, su correspondencia, sus estancias, su diálogo con Alberdi y Sarmiento— sigue en gran medida por escribir. Fue Jaime Duarte French, más literato que historiador académico, quien más se aproximó al retrato personal, en obras que también dedicó a las Ibáñez y a la corte santanderista.
La lectura crítica reciente, en la línea de Cristina Rojas, ha reencuadrado a González dentro de una historia del pensamiento decolonial: no ya como el iluminado que trajo la ciencia económica a un país atrasado, sino como el ideólogo que interiorizó y reprodujo, en la doctrina fiscal del Estado neogranadino, el discurso civilizatorio europeo sobre la incapacidad productiva de las periferias. Es una lectura fértil, aunque corre el riesgo, si no se matiza, de reducir a González a portavoz mecánico de un discurso ajeno, cuando el material biográfico sugiere una figura más compleja: un jurista formado con seriedad, un funcionario técnicamente competente, un santanderista de convicción que llevó a cabo, desde un ministerio conservador, un programa que su propio campo político no se atrevía a ejecutar.
La memoria popular, por su parte, nunca lo perdonó del todo. El apodo de "padre de la apertura" —usado en el siglo XX cuando la palabra "apertura" recuperó centralidad política con las reformas de 1990— es a la vez reconocimiento y acusación. Reconoce que hubo un momento fundacional, un umbral, un ministro con nombre y apellido que firmó los decretos; y acusa que ese umbral se cruzó sin consulta a los perdedores. Es una memoria de artesanos, la que resiste. La otra memoria, la de los comerciantes importadores, los hacendados exportadores y las élites bogotanas del segundo Olimpo, se olvidó de González porque ya no lo necesitaba: sus reformas se habían vuelto paisaje.
Queda, al final, una imagen ajustada. González fue el intelectual que tradujo con precisión un consenso oligárquico difuso en política fiscal concreta e irreversible; el santanderista doctrinario que necesitó de un gobierno conservador para ejecutar lo que su propio campo no ejecutaba; el jurista que abrió un ciclo económico de un siglo y que pagó, con el olvido relativo de su nombre, el precio de haberlo hecho sin construir clientela ni escuela propias. Su figura es la de un pivote, no la de un héroe: bisagra entre la Colonia y el ciclo agroexportador, entre el proteccionismo santanderista y el radicalismo federal, entre el benthamismo enseñado en las aulas y el liberalismo económico convertido en decreto de aduanas. Los pivotes son piezas discretas: sostienen el peso del giro sin quedarse con el brillo del movimiento. En González, la historia colombiana tuvo uno particularmente eficaz, y particularmente controvertido.
Conexiones del archivo
Red histórica
Ver las 9 restantes
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
23 documentos · 28 fragmentos01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1301 cita
[1]í a llevado al poder, pero pon í an el acento en el cambio y' el progreso m á s que en el mantenimiento del orden y la tradici ó n. El cambio m á s brusco de este gobierno fue la adopci ó n ines perada del liberalismo econ ó mico internacional. Aunque é ste hab í a sido un deseo de casi todos los dirigentes, rebajar…
p. 130
02Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 181 cita
[2]dudar cuál es, al ver la pro- fusión con que la Providencia ha dotado esta tierra de ricos productos nacionales. Debemos ofrecer a la Europa las primeras materias y abrir la puerta a sus manufacturas, para facilitar los cambios y el lucro que traen consigo, y para proporcionar al consumidor, a precio cómodo, los…
p. 18
03Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · Página 2851 cita
[3]memoria con la relación de sus diversos errores con que disipó bienes que hubieran sido bastantes al sostén de su familia, con los más que al verificar su casamiento le e n t r e g u é ". Ya en la década de 1840, la República de la Nueva Granada daba un vuelco definitivo en su economía y cultura para alejarse del…
p. 285
04Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 1001 cita
[4]im- puestos de aduanas, y, en menor medida, de mo- nopolios, como el del estanco del tabaco, cuya suerte en realidad ya estaba echada. Era, pues, imperativo identificar los recursos na- turales y facilitar los medios para su produccién y distribucién. A allanar esta nueva perspectiva se de- dicaron el presidente…
p. 100
05Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Páginas 21, 1162 citas
[5]así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…
p. 21
[25]casó con Antonio José Caro, súbdito de la corona española. El 10 de agosto de 1819, cuando Bolívar llegó a Bogotá como vencedor contra los ejércitos españoles, ella le pidió su intervención ante los carceleros de Mompox para que su prometido pudiera desposarla. El joven general cumplió en persona el cometido y después…
p. 116
06Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1361 cita
[6]and women. Their identities were defined in terms of “passionate” attributes, which precluded a channeling of resources that would increase their productive capacities. They were perceived as “barbarians” in need of civilization before they could be incorporated into the productive world. In nineteenth-century…
p. 136
07Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 2251 cita
[7]de 200 toneladas y podían llevar de 800 a 1. 000 cargas en cada viaje. La Compañía de Cartagena necesitaba invertir una parte de su capital en trabajos para mejorar el canal del Dique, y probablemente por esta causa, sólo hasta 1859 introdujo a las aguas de este el pequeño vapor Calamar, cuya capacidad no excedía de…
p. 225
08Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 3901 cita
[8]todas las otras existentes, se denomina única 445 ». La supresión de las aduanas era una de las ventajas que veían al impuesto único. También se pensó en su supre- sión como medida independiente del establecimiento de ese impuesto; era una medida evidentemente muy arries- gada 446. Pero era tan tenaz el sentimiento…
p. 390
09Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 991 cita
[9]por habitante es menor que el de 1800 calculado por nosotros en 27. 5 pesos. Para el mismo 1846 el cálculo nuestro es de 25 pesos plata por habitante. El crecimiento económico nos arroja el 1, 2 % anual, infe- rior al de población que fuera de 1, 6 % anual. Fue una fase en la cual cayeron sustancialmente los impuestos…
p. 99
10Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Página 281 cita
[10]8. Minor 10 The success of export agriculture achieved under Liberal aegis strengthened the Liberal party physically and ideologically. At first glance the political impact of the tobacco industry, backbone of the export economy during the third quarter of the nineteenth century, appears to have been slight.…
p. 28
11A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Páginas 29, 682 citas
[11]Some authors dedicated theirs to “young people” but found little to no room in classes. Most professors used foreign books, especially Destutt de Tracy’s and Say’s. Other foreign texts were popular in the national debate, and Colombian authors translated books like Frédéric Bastiat’s Economic Harmonies (1850) to…
p. 29
[12]view reflects the emer - gence of an alignment among interest groups that led to a cultural change and the confrontation between liberal and anti-liberal positions, the former taking inspiration from England and the United States and the latter from France and Prussia. However, the story is not that simple. This…
p. 68
12Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Páginas 60, 1042 citas
[13]general Santander imprimieron una identidad de «grupo politico» a sus seguidores, quienes partici- paban en las elecciones como grupos coherentes. Esto nos revela que en los citados anos treinta del siglo xix, y principalmente en el ultimo lustro, ya existian partidos politicos, a los cuales se llam6 mi- nisteriales…
p. 104
[18]y ello le permite una admirable visién de los proble- mas nacionales y de sus posibles soluciones. Mosquera milita en el partido ministerial y con tal filiacion politica empieza, el dia 1 de abril del ahio 1845, a ejercer la presidencia de la Republica, en cuyo acto de posesién pronuncié el mas breve dis- curso que…
p. 60
13Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 2591 cita
[14]1895 son de presupuestos aprobados; en los demás casos se trata de ingresos reales. FUENTE: Memorias de Hacienda, 1871-74; Pérez, op. cit.; DANE, Boletín Mensual de Estadística, Nos. 257-58, Bogotá, diciembre 1972 y enero 1973. La era de los radicales En general el sistema tributario surgido de las leyes de 1850 y…
p. 259
14Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 471 cita
[15]n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar, – (Medellín, ), – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…
p. 47
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 341 cita
[16]gobernaciones y la mayoría de las alcaldías en su contra. Su corto gobierno se caracterizó por su intento de mantener la paz entre los partidos y la aprobación de una nueva constitución. El 21 de mayo de 1853 Obando proclamó la nueva constitución del país, que puso fin a la constitución ministerial de Márquez de 1843.…
p. 34
16Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Páginas 154, 6222 citas
[17]destruir la Colonia. 623 Eíndnice r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge En la historia de la Nueva Granada hay también un momento estelar de la realización de los objetivos que habían inspirado al Precursor don Antonio Nariño y a Camilo Torres, de las esperanzas que habían arrullado el espíritu noble y abnegado de José…
p. 622
[27]la política; si sólo se hubiera dedicado a las ciencias, la jurisprudencia, el profesorado y las letras, hoy sería tal vez el hombre más venerado en Colombia, por su consumado saber, su eminente capacidad y su jui- cio penetrante y profundo. Pero estas grandes facultades son neutralizadas por la pasión política,…
p. 154
17Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 741 cita
[19]gobernado y le da derecho a la insurrección”, Apuntamientos sobre la historia política y social de la Nueva Granada (Bogotá: Imprenta de El Neo-Granadino, 1853), 338. 54 Al llegar a Bogotá, en septiembre de 1826, se irritó por las proclamas escritas en letreros en defensa de la Constitución, y el 23, al otro día de…
p. 74
18Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · Página 1751 cita
[20]toda la filosofía, todo el pensamiento hispanoamericano se orienta hacia la política y son las influencias francesas las que predomi- nan: liberalismo de Benjamin Constant, doctrinarismo de 176 Cíndic Anerni Tinnsc Guizot, por dondequiera luchan y se imponen; en libros y folletos coméntanse estas doctrinas que los…
p. 175
19El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 240, 2512 citas
[21]y radical de ascendencia francesa, con un neoliberalismo de origen inglés, tarea que constituyó el esfuerzo de pensamiento y acción de Rafael Núñez, de Miguel Samper y de Manuel Ancízar, o con las del libera- lismo constitucionalista, tal como las sostenían Benjamin Constant, Rover Collard y otros escritores franceses…
p. 240
[22]creado por las reformas que Carlos iii y sus consejeros habían introducido en el Estado español, y bien sabido es que el espíritu de tales re- formas tendía a «modernizar» la administración, a darle eficacia, sobre todo eficacia económica, a simplificar y or- denar la legislación y la gestión gubernativa, en una pala-…
p. 251
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1131 cita
[23]de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…
p. 113
21Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1221 cita
[24]Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…
p. 122
22The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 2541 cita
[26]govt.; father oficial mayor in viceregal govt.; uncle em- ployee in viceregal govt.; mother of notable patriot family Law, Universidad Central and San Bartolomé U.S., 1850-1852 Journalism of Government, revol. gov. of Gen. Mosquera, 1860 Clerk, Office of Pub- lic Credit, 1838- 1839; chief clerk, Dept. of Foreign Re-…
p. 254
23Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 2091 cita
[28]civiles están los trabajos de Álvaro Tirado Mejía (aspectos socia- les), Jorge Villegas (guerra de los Mil Días) y Gonzalo España (guerra de 1885). El tema de los artesanos lo han comenzado a tratar Miguel Urrutia y Jaime Jaramillo; el período de la Re- generación, en sus aspectos económi- cos, es estudiado por Darío…
p. 209