El golpe de José María Melo y la revolución de los artesanos (1854)
El 17 de abril de 1854, el general José María Melo, apoyado por los artesanos organizados en la Sociedad Democrática de Bogotá, disolvió el Congreso y proclamó una dictadura provisional que duró hasta el 4 de diciembre. Fue el único episodio del siglo XIX colombiano en que las clases populares urbanas compartieron formalmente el poder con un jefe militar, y su derrota consolidó el librecambio como consenso transpartidario de la élite neogranadina.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 17 de abril de 1854
- Dónde
- Bogotá, Nueva Granada, Cundinamarca, Panamá, Popayán, Cartagena, Río Magdalena
- Protagonistas
- José María Melo, Florentino González, Tomás Cipriano de Mosquera, José Hilario López, José María Obando, Ambrosio López, Mariano Ospina Rodríguez, Manuel Murillo Toro, Manuel Ancízar, Francisco de Paula Santander, Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La reforma arancelaria de 1847, impulsada por Florentino González desde la Secretaría de Hacienda del gobierno de Mosquera, redujo a la mitad o menos las tarifas sobre la mayoría de bienes importados, amenazando directamente a los artesanos urbanos de Bogotá —zapateros, sastres, ebanistas, curtidores— al exponerlos a la competencia de manufacturas europeas.
- La introducción de la navegación a vapor por el río Magdalena abarató drásticamente el transporte de importaciones desde los puertos del Caribe hasta el interior, eliminando la protección natural que los altos costos de los champanes ofrecían a la producción artesanal local.
- La nueva reducción arancelaria emprendida en 1853 por el gobierno de Obando con apoyo de los radicales gólgotas rompió el pacto entre el liberalismo político y el artesanado urbano, radicalizando a la Sociedad Democrática dirigida por Ambrosio López.
- La decisión del Congreso gólgota de eliminar el liderazgo militar y reducir el ejército permanente amenazó la corporación de los oficiales bolivarianos veteranos, empujando al general Melo y a sus tropas a converger con los artesanos sobre un enemigo común.
- La Constitución de 1853, al descentralizar el poder hacia las provincias, debilitó al presidente Obando y a sus aliados draconianos y artesanales, frustrando la posibilidad de imponer nacionalmente una política arancelaria proteccionista.
- La Revolución francesa de febrero de 1848 impulsó el reformismo popular en Bogotá, aceleró la politización de las Sociedades Democráticas y dotó al artesanado de un vocabulario socialista utópico que articuló sus demandas económicas con la tradición bolivariana del ejército.
Consecuencias
- La derrota de la coalición militar-artesanal en diciembre de 1854, a manos de una coalición insólita de liberales gólgotas y conservadores bajo bandera constitucionalista, clausuró por décadas la posibilidad de que la política arancelaria fuera terreno de disputa popular.
- El librecambio quedó consolidado como consenso transpartidario de la élite neogranadina, imponiéndose sobre las demandas proteccionistas del artesanado urbano, que representaba alrededor del 22% de la fuerza laboral según el censo de 1870.
- Los artesanos derrotados fueron desterrados, y la Sociedad Democrática perdió su capacidad de presión política, desarticulando el único experimento del siglo XIX colombiano en que las clases populares urbanas participaron formalmente en el poder.
- La hegemonía política liberal resultante fue breve y limitada, y el episodio evidenció los límites estructurales del proyecto liberal frente a las clases populares urbanas, anticipando las tensiones que marcarían el resto del siglo.
La clave interpretativa
Por qué importa
El golpe de Melo es el momento en que la contradicción entre liberalismo político y liberalismo económico en la Nueva Granada se volvió irresoluble: el mismo partido que amplió el sufragio y proclamó la igualdad ciudadana destruyó militarmente a los trabajadores urbanos que reclamaban protección para sus talleres. Su derrota no fue solo la de un general ambicioso sino la de un modelo alternativo de desarrollo en el que el Estado podía defender la manufactura nacional frente al mercado mundial. El ciclo 1847-1855 fijó por generaciones quién mandaba en Colombia y sobre qué bases económicas.
Desarrollo histórico
La historia completa
El golpe de José María Melo y la revolución de los artesanos (1854)
El 17 de abril de 1854, el general José María Melo, comandante de la guarnición de Bogotá, disolvió el Congreso, suspendió la Constitución y proclamó una dictadura provisional que se prolongaría hasta el 4 de diciembre de ese mismo año. El movimiento no fue un cuartelazo ordinario. Melo se apoyó en los artesanos de la capital, organizados desde 1847 en la Sociedad Democrática, y su gobierno breve constituye el único episodio del siglo XIX colombiano en que las clases populares urbanas —zapateros, sastres, ebanistas, curtidores— compartieron formalmente el poder con un jefe militar. Su derrota, a manos de una coalición insólita de liberales gólgotas y conservadores unidos bajo la bandera constitucionalista, clausuró por décadas la posibilidad de que la política arancelaria fuera terreno de disputa popular y consolidó el librecambio como consenso transpartidario de la élite neogranadina. El ciclo que va de la reforma arancelaria de Florentino González en 1847 al destierro de los artesanos derrotados en 1855 es la historia de cómo el liberalismo rompió su pacto con los talleres de Bogotá y de cómo esos talleres respondieron con la única fuerza que les quedaba: las bayonetas de un general bolivariano.
El arancel de 1847 y el nacimiento de las Sociedades Democráticas
En 1847, cuatro meses antes de que los primeros artesanos se reunieran a organizarse, Florentino González presentó desde la Secretaría de Hacienda del gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera una reforma arancelaria que reducía a la mitad o menos las tarifas sobre la mayoría de bienes importados. Solo las telas finas conservaron una protección algo mayor, con recortes de entre veinte y treinta por ciento. El arancel promedio ad valorem, que en la década de 1830 había rondado el veintidós por ciento y trepado al veintisiete en la primera mitad de los cuarenta, cayó abruptamente. La medida sorprendió incluso a quienes venían del liberalismo doctrinario: los gobiernos de Francisco de Paula Santander y de José Ignacio de Márquez habían sostenido tarifas altas por prudencia fiscal, pues los ingresos aduaneros eran la principal renta del Estado.
González no ocultaba su programa. Adepto al librecambio absoluto y a la división internacional del trabajo, defendía que la Nueva Granada debía ser una economía agrícola y exportadora de materias primas, abierta a las manufacturas de Inglaterra y Francia. En el papel, la fórmula prometía integrar al país en los circuitos del comercio mundial. En los talleres de Bogotá significaba otra cosa: la perspectiva inmediata de una avalancha de ropa, zapatos y muebles finos europeos con los que un sastre o un ebanista de la Calle Real no podía competir. A la reducción arancelaria se sumó, casi al mismo tiempo, la introducción de la navegación a vapor por el río Magdalena, que abarató drásticamente el costo de traer manufacturas desde los puertos del Caribe hasta el interior. Los champanes, que durante décadas habían encarecido las importaciones y prestado una protección natural a la producción local, quedaron desplazados. El taller urbano se vio doblemente amenazado, por la política y por la técnica, en un mismo movimiento.
Ese taller tenía una fisonomía precisa. En Bogotá, hacia mediados del siglo, la producción artesanal se concentraba en un puñado de oficios que ocupaban las calles centrales y los barrios inmediatos a la Plaza Mayor. Las sastrerías vestían al funcionariado y a los estudiantes universitarios; las zapaterías proveían el calzado de una ciudad que se preciaba de sus modales urbanos; las ebanisterías amueblaban las casas de comerciantes y hacendados que bajaban con periodicidad a la capital. Los curtidores, más apartados por el olor de sus faenas, abastecían a talabarteros, silleros y guarnicioneros. Estos oficios no eran restos coloniales agonizantes: eran la columna vertebral económica de una ciudad que apenas superaba los cuarenta mil habitantes y que dependía de ellos para vestirse, calzarse y equiparse.
La respuesta fue rápida. En octubre de 1847 un grupo de artesanos de Bogotá comenzó a reunirse en defensa de sus ocupaciones, dando origen a lo que sería la Sociedad de Artesanos de Bogotá. La organización nació como club de defensa gremial, pero su politización fue casi inmediata. En 1847 tenía trescientos miembros; hacia finales de 1849 había crecido a mil quinientos, incorporando probablemente a estudiantes universitarios y afiliados de clase alta simpatizantes de la causa. El nombre pronto cambió a Sociedad Democrática, y con el cambio de rótulo vino un cambio de función: de la protesta contra el arancel se pasó a la movilización electoral.
El detonante externo llegó en febrero de 1848, con la revolución de París. Sus ecos golpearon con fuerza inusitada a la juventud universitaria bogotana y a la clase artesanal de la capital, alimentando un reformismo liberal de tinte romántico que buscaba articular las demandas sociales con el vocabulario del republicanismo francés. Las Sociedades Democráticas, promovidas activamente por los sectores liberales, se replicaron en distintas provincias. Muchas incluyeron ejercicios militares, y sus miembros se mantuvieron armados. La élite liberal las veía como instrumento útil para arrastrar al Partido Liberal emergente a la victoria electoral; los artesanos las vieron como escuela política y como fuerza de presión contra el arancel.
López, Obando y la fractura del liberalismo
La primera prueba llegó el 7 de marzo de 1849, cuando el Congreso debía elegir presidente en una contienda apretada. Los artesanos armados de la Sociedad Democrática se hicieron presentes en las inmediaciones del Capitolio, y su presencia fue decisiva para inclinar la elección hacia el general José Hilario López. El nuevo presidente correspondió el gesto: simpatizaba en privado con la Sociedad y llegó a asistir a una de sus sesiones. El pacto entre liberalismo político y artesanado urbano parecía sellado.
Pero la alianza escondía una contradicción de origen. El Partido Liberal, que en materia política podía hablar el lenguaje de la democracia popular, en materia económica estaba dividido entre dos concepciones opuestas de la vida y de la nación. Los gólgotas eran jóvenes de temperamento romántico y sentimental, salidos en buena parte del comercio importador o de sus familias, y defendían el librecambio como parte de un programa más amplio de emancipación individual, libertades absolutas y cierta tendencia al desorden político. Los draconianos, vinculados al ejército, a los manufactureros y a los artesanos, con una concepción más dura y pragmática de la política, defendían el proteccionismo. La fractura expresaba un choque real de intereses económicos entre comerciantes importadores y productores domésticos, envuelto en un choque más amplio de temperamentos y visiones.
Durante el gobierno de López (1849-1853), el conflicto se contuvo. Los draconianos toleraron el marco librecambista a cambio de participación política, y los artesanos siguieron creciendo como fuerza. En 1853, los draconianos consiguieron imponer la candidatura del general José María Obando, mientras los gólgotas respaldaron al general Tomás Herrera. Obando ganó las elecciones, y los artesanos creyeron tener por fin un presidente propio.
Fue una ilusión breve. La Constitución de 1853, proclamada el 21 de mayo de ese año y sancionada por Obando, fue en rigor una obra gólgota. Estableció por primera vez el sufragio universal masculino sin restricciones de alfabetismo o riqueza, consagró la libertad de cultos, eliminó la personería jurídica de la Iglesia Católica y otorgó a las provincias el poder de redactar sus propias constituciones y elegir a sus gobernadores. En materia política parecía la carta más avanzada del continente. Pero al debilitar el poder central y transferirlo a las provincias, debilitó también al presidente y, con él, a los artesanos aliados de Obando, que perdían con cada descentralización la posibilidad de imponer nacionalmente la protección arancelaria. Y lo peor estaba por venir: en 1853, con apoyo de los radicales gólgotas, el gobierno de Obando emprendió una nueva reducción de tarifas. La Sociedad Democrática de Artesanos, ahora dirigida por Ambrosio López, se opuso frontalmente. El pacto de 1849 estaba roto.
Bogotá dividida: gólgotas, draconianos y los cuerpos en la calle
Entre 1852 y 1854, Bogotá vivió una polarización que rebasó los recintos parlamentarios y bajó a las plazas. Los enfrentamientos físicos entre artesanos y jóvenes de la élite se hicieron frecuentes, alimentados por una retórica de mutuo desprecio. Los artesanos y sus voceros draconianos acusaban a los librecambistas de egoísmo y falta de patriotismo, identificando la doctrina del laissez-faire con la fórmula de Jean-Baptiste Say y denunciándola como ruinosa para la manufactura nacional. Los gólgotas respondían con estudios de moralidad económica en los que atribuían la pobreza artesanal a la holgazanería y los vicios. El bogotano José Leocadio Camacho replicó a uno de esos escritos —de la pluma de Miguel Samper— insistiendo en que la miseria del taller no venía de dentro sino de fuera, de condiciones ajenas al trabajador.
La muerte del joven Antonio París en uno de estos choques callejeros marcó la memoria del conflicto. No fue un incidente aislado sino la expresión física de un enfrentamiento que en las páginas de los periódicos y en las tribunas del Congreso se libraba con palabras. Bogotá era una ciudad pequeña, de calles estrechas y clases muy próximas geográficamente: el sastre y el comerciante importador se cruzaban a diario, y el resentimiento tenía un rostro cotidiano. En las tabernas, en los atrios de las iglesias, en las salas de billar, la retórica del Congreso se traducía en insultos y empujones. Un aprendiz de zapatero conocía por nombre al joven abogado que en el periódico llamaba vicioso a su patrón. La política tenía, ante todo, un espesor físico.
En este clima, la literatura política de inspiración francesa proliferó. Los años cincuenta y sesenta serían un momento de intensa influencia francesa en la cultura neogranadina, con una frondosa producción de textos radicales, románticos y utópicos que dieron a las demandas artesanales un vocabulario que hasta entonces les había faltado. El socialismo utópico de Fourier, Leroux y Louis Blanc circuló en tertulias y sociedades, mezclándose con las tradiciones bolivarianas del ejército y con el gremialismo colonial de los oficios. De esa mezcla saldría el sustrato ideológico del melismo.
El detonante: la disolución del ejército
Hacia comienzos de 1854, el gobierno de Obando estaba acorralado. Los gólgotas, dominantes en el Congreso, avanzaban su programa librecambista y descentralizador contra la voluntad del presidente. Los draconianos, aliados nominales de Obando, veían debilitarse su influencia. En este pulso, el Congreso decidió atacar la última pieza fuerte del bloque draconiano: el ejército permanente.
La decisión de eliminar el liderazgo militar y reducir el tamaño del ejército fue la causa inmediata, y no un pretexto, del golpe del 17 de abril. Los oficiales bolivarianos veteranos, formados en las guerras de independencia y en las campañas de la primera mitad del siglo, veían amenazada su corporación entera. Melo, comandante de la guarnición de Bogotá y él mismo un militar de trayectoria continental, encabezó la resistencia. Pero no actuó solo. Los artesanos, agraviados por la nueva reducción arancelaria y ya organizados militarmente en las milicias de la Sociedad Democrática, ofrecían la masa. El ejército y el taller convergieron sobre un enemigo común: el Congreso gólgota que amenazaba a ambos.
El 17 de abril de 1854, Melo tomó las calles de Bogotá con sus tropas y con los artesanos armados. Disolvió el Congreso. Después, en un gesto que revela la ambigüedad del movimiento, intentó ceder la presidencia al propio Obando —presidente electo legítimo, teóricamente amigo de los draconianos— para dar al golpe una fachada constitucional. Obando se negó. Se convirtió entonces en prisionero o en observador impotente de un régimen que actuaba en su nombre sin su consentimiento. Melo asumió la dictadura provisional y convocó al cierre definitivo del Congreso y a una nueva convención constitucional que, entre otras cosas, revertiría el sufragio universal masculino consagrado en 1853.
Este último punto revela la contradicción interna del proyecto melista. La convocatoria a revertir el sufragio universal no era una demanda artesanal —al contrario, los artesanos habían sido los grandes ganadores de esa reforma— sino una concesión a la lógica corporativa militar y a los draconianos letrados que veían en el electorado ampliado una fuente de inestabilidad. El melismo, desde el primer día, fue una convergencia entre dos agravios distintos: el corporativo-militar y el artesanal-proteccionista. Compartían un enemigo, no un programa.
Los ocho meses de la dictadura
La dictadura de Melo duró aproximadamente ocho meses, y en ese tiempo el régimen mostró desde temprano su debilidad estructural: controló Bogotá y su entorno inmediato —la sabana, Zipaquirá, Bosa, el Tequendama— pero no logró proyectarse sobre el resto del país. Esa geografía estrecha condicionó todo lo demás. Los líderes civiles y funcionarios del gobierno legítimo que escaparon al arresto se reagruparon fuera de la capital y desde las provincias organizaron una resistencia que Melo no pudo prevenir ni desarticular, porque su poder terminaba donde terminaba la sabana.
La coalición que se formó contra él fue insólita y reveladora, y su composición explica por qué el golpe estaba condenado. Los generales Tomás Cipriano de Mosquera, José Hilario López y Pedro Alcántara Herrán —tres presidentes o expresidentes de facciones distintas, incluyendo al hombre que había impulsado la reforma librecambista de 1847— asumieron el mando militar. Junto a ellos figuraron liberales gólgotas como Manuel Murillo Toro y conservadores de peso como Mariano Ospina Rodríguez. Se autodenominaron constitucionalistas, y su bandera fue la restauración de la legalidad. Bajo la retórica de la Constitución de 1853 —una constitución que muchos de ellos, sobre todo los conservadores, detestaban— se articulaba una convergencia de clase más profunda: propietarios, comerciantes, terratenientes y letrados de ambos partidos se unieron para aplastar un movimiento que, en su percepción, ponía en peligro el derecho de propiedad y el orden social jerárquico heredado de la Colonia.
Mientras tanto, Melo procuraba dar a su gobierno una legitimidad discursiva que su origen violento le negaba. En su edición del 22 de octubre de 1854, el periódico melista El Artesano fijaba los principios que decían guiar al movimiento: una causa liberal fundada en principios racionales, exenta de exageraciones, orientada a asegurar la verdadera República. Los melistas rechazaron con energía la acusación de que su gobierno fuera una dictadura, calificándola de invención de sus enemigos para desprestigiar la causa. La contradicción entre la reivindicación republicana y el hecho consumado del cierre del Congreso era, sin embargo, demasiado visible para sostenerse.
Militarmente, la posición se deterioró a lo largo del segundo semestre siguiendo la lógica del cerco. Los ejércitos constitucionalistas convergieron sobre la sabana desde el norte, el sur y el occidente. Melo concentró sus mejores tropas en Bogotá para la defensa final, apostando por una resistencia urbana que compensara la desventaja territorial. Entre los constitucionalistas figuraban las fuerzas conducidas por Mosquera, que se acercaron peligrosamente a la capital, y contingentes provinciales llegados de Antioquia, Cauca y la costa. La entrada en Bogotá se produjo a comienzos de diciembre de 1854, tras combates prolongados en los alrededores. Melo capituló el 4 de diciembre. La dictadura había durado poco más de siete meses y medio, y su desenlace confirmaba lo que la geografía había anticipado desde abril: un régimen sostenido en una ciudad no podía imponerse a un país entero organizado contra él.
Represión y destierro
La derrota fue seguida de una represión selectiva pero contundente. Cientos de artesanos fueron desterrados —muchos al istmo de Panamá, entonces provincia neogranadina, otros a puntos más alejados—, en un movimiento que buscaba descabezar orgánicamente a la Sociedad Democrática y quitar a Bogotá su fuerza obrera organizada. Ambrosio López, que había dirigido la Sociedad, y otros líderes artesanales cargaron con las consecuencias mayores. El propio Melo terminó exiliado y, años después, murió combatiendo en México junto a las fuerzas de Benito Juárez, cerrando su vida en una guerra republicana ajena.
El Congreso constitucionalista, ya restaurado, ejecutó precisamente aquello que había desencadenado el golpe: redujo el ejército permanente a apenas quinientos soldados, con un presupuesto drásticamente recortado que apenas alcanzaba para sostener una fuerza simbólica. La medida no era solo militar: era un mensaje sobre quién mandaba en la Nueva Granada. La corporación militar bolivariana, protagonista de la política nacional desde la Independencia, quedaba desarmada como actor autónomo. Los generales del pasado —Mosquera, López, Herrán, el propio Obando— sobrevivirían como figuras políticas, pero el ejército como institución dejó de pesar en las decisiones durante varias décadas.
Con la coalición militar-artesanal aplastada, la doctrina librecambista se impuso sin contrapeso. Entre 1853 y 1870, la política arancelaria colombiana permaneció esencialmente librecambista, casi sin interrupción, y provocó el deterioro progresivo de la industria artesanal urbana. Las importaciones de manufacturas europeas empujaron los precios de la producción doméstica por debajo del nivel rentable, especialmente para sastres, zapateros y curtidores de cuero en Bogotá. Cuando el censo de 1870 registró que cerca del veintidós por ciento de la fuerza laboral seguía dedicada a actividades artesanales, la cifra hablaba de un segmento demasiado grande para ser ignorado y sin embargo políticamente derrotado. Hubo motines y protestas urbanas durante todo el período, pero ya nunca articuladas con un proyecto nacional de poder.
La conversión de los intelectuales
Uno de los efectos más silenciosos y duraderos de 1854 fue la conversión ideológica de una generación entera de intelectuales liberales. La Escuela Republicana, formada en la efervescencia radical de 1848-1849, había reunido a jóvenes que en la juventud coquetearon con el romanticismo social y con las Sociedades Democráticas, y que en la madurez se reidentificaron con la élite hasta dar la espalda a aquella causa. Salvador Camacho Roldán llegó a ser uno de los teóricos más influyentes del liberalismo económico ortodoxo colombiano; Aníbal Galindo cultivó una escritura cada vez más doctrinaria en materia de finanzas y comercio; Miguel Samper firmó, en las décadas siguientes, tratados sobre la miseria en Bogotá donde las causas estructurales cedían el paso a las morales, y donde el artesano aparecía menos como víctima del arancel que como responsable de sus propios vicios.
El giro no fue puramente oportunista. La experiencia de 1854 los había convencido, o eso decían, de que la participación de las clases populares en la política nacional debía ser cuidadosamente contenida. La lectura antioqueña del golpe —hecha por conservadores y liberales de esa provincia, unidos en la coalición constitucionalista— fue especialmente influyente: se había confiado demasiado en las clases populares, y el resultado había sido la aventura melista. Del romanticismo social se pasó al liberalismo económico ortodoxo, y de la simpatía por el artesano a la denuncia de sus vicios. El movimiento afectó incluso al lenguaje: donde antes los jóvenes republicanos hablaban de fraternidad y de pueblo, empezaron a hablar de propiedad, orden y trabajo. La palabra "democrática", que en 1849 había nombrado a la Sociedad, cargaba después de 1854 una sospecha de subversión que sus antiguos simpatizantes ya no estaban dispuestos a asumir.
Del otro lado del espectro, la conversión tuvo su reflejo: Florentino González, el arquitecto de la reforma de 1847, fue adoptado como candidato conservador en 1853. El hombre que había iniciado el ciclo librecambista desde el gabinete de un presidente liberal terminó su carrera política en las filas del partido opuesto, revelando lo que la coalición de 1854 confirmaría después: el librecambio no era una doctrina de partido sino un consenso de clase que atravesaba las divisorias partidarias.
Lecturas del melismo
Con el tiempo, el episodio se leyó de maneras distintas y a menudo incompatibles. Una tradición vio en el movimiento de Melo una revolución frustrada, incapaz de alcanzar sus metas por condiciones estructurales desfavorables y por la reacción unificada de la élite: un embrión de política popular colombiana abortado por la conjura de propietarios y comerciantes. Otra prefirió subrayar la ilegitimidad constitucional del golpe y la resistencia bipartidista que lo aplastó, y encontró en 1854 menos una revolución social que un cuartelazo con aliados populares circunstanciales.
Cada versión captura una parte del asunto. El melismo fue la única alianza formal de la historia colombiana del siglo XIX entre el ejército y el artesanado urbano; y fue también un golpe militar que suspendió la Constitución y disolvió el Congreso. Los artesanos aportaron la masa y la legitimidad democrática; el ejército aportó las armas y la conducción; ninguno de los dos aportó un programa capaz de sobrevivir sin el otro.
El silencio de después
La derrota del 4 de diciembre de 1854 cerró más que una aventura golpista. Cerró la posibilidad de que la política arancelaria fuera terreno de disputa popular en Colombia, y con ella cerró, por casi tres décadas —hasta las primeras vacilaciones proteccionistas de la Regeneración en los años ochenta—, la puerta a cualquier proteccionismo urbano sin estigma. El librecambio funcionó como consenso transpartidario, protegido por la sospecha de subversión de clases que había caído sobre los talleres desde Melo. Los artesanos podían amotinarse, protestar, editar periódicos; no podían volver a articular su demanda con un proyecto nacional de poder.
Con ellos se transformó la propia estructura de la vida política colombiana. El bipartidismo liberal-conservador, que en 1854 mostró su capacidad de unirse contra un enemigo común de clase, se consolidó como marco excluyente de toda tercera fuerza. La política popular urbana, cuando resurgió a finales del siglo XIX y comienzos del XX, tuvo que reinventarse desde cero, sin la memoria organizativa de las Sociedades Democráticas y bajo la sospecha permanente de subversión. El movimiento obrero colombiano nacería medio siglo después no como heredero reconocido de los artesanos de 1854, sino como algo nuevo que apenas sabía de ellos.
Queda, sin embargo, un residuo. La breve confluencia de 1854 entre el taller y el cuartel, entre el romanticismo social francés y el gremialismo bolivariano, entre la Sociedad Democrática y la guarnición de Bogotá, sigue siendo el punto en que la historia colombiana estuvo más cerca de que las clases populares urbanas cogobernaran el país. Que ese momento haya sido tan breve, tan contradictorio y tan definitivamente derrotado, dice más sobre los límites del proyecto liberal decimonónico que cualquier declaración de principios. El liberalismo colombiano nació prometiendo emancipación individual y libre comercio; descubrió en abril de 1854 que sus dos promesas eran incompatibles cuando la emancipación individual se organizaba en la calle. Escogió el libre comercio. La ciudad de los talleres tardaría mucho en volver a hablar con voz propia, y cuando lo hiciera sería con otro nombre, otro vocabulario y otro pacto.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 130, 1362 citas
[1]í a llevado al poder, pero pon í an el acento en el cambio y' el progreso m á s que en el mantenimiento del orden y la tradici ó n. El cambio m á s brusco de este gobierno fue la adopci ó n ines perada del liberalismo econ ó mico internacional. Aunque é ste hab í a sido un deseo de casi todos los dirigentes, rebajar…p. 130
[19]Sin embargo, las po l í ticas liberales no cambiaron y las tarifas siguieron siendo bajas durante el resto de siglo, al menos hasta la d é cada de los ochenta. En muchos momentos los grupos artesanales, sobre todo urbanos — pues los tejedores rurales, en gran parte mujeres que trabaja LA NUEVA GRANADA Y LA APARICI Ó N…p. 136
02Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 18, 20, 293 citas
[2]dudar cuál es, al ver la pro- fusión con que la Providencia ha dotado esta tierra de ricos productos nacionales. Debemos ofrecer a la Europa las primeras materias y abrir la puerta a sus manufacturas, para facilitar los cambios y el lucro que traen consigo, y para proporcionar al consumidor, a precio cómodo, los…p. 18
[6]importación, la agitación a favor de mayores tarifas de aduana haya coincidido con el establecimiento de la navegación de vapores por el Magdalena. Aunque las tarifas de carga de los v~pores no eran mucho más bajas que las de los champanes, la veloctdad y seguridad del nuevo método reducía sustancialmente los costos.…p. 20
[16]viajes y la educación europea, los nuevos símbolos de prestigio en la sociedad republicana. En realidad esta comunidad de intereses se reconoció oficial- mente por primera vez en las elecciones de 1853. En esas elecciones el candidato conservador para la Procuraduría General de la Nación fue don Florentino González,…p. 29
03Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1911 cita
[3]redujeron a la mitad o menos de los niveles anteriores. En el caso de las telas finas, la disminución fue algo menor (20% al 30%). Curiosamente, la reforma gravó las importaciones de herramientas, que hasta entonces habían permanecido libres de todo derecho. La magnitud de los derechos arancelarios existentes hasta la…p. 191
04The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 861 cita
[4]to the production of luxury consumer goods. And Bogotá's consumer-goods craftsmen (cobblers, tailors, furni- ture and cabinetmakers, etc.) faced the depressing prospect of increasing importations of fine ready-made clothes and fixtures from England and France. The drastic lowering of the tariff on finished goods in…p. 86
05Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 245, 274, 2803 citas
[5]pereza pretenden conseguir con una protección onerosa para la sociedad entera». En Florentino González la afirmación teórica del libre- cambio absoluto va unida a una determinada teoría en torno a la índole natural que debe presentar, en determi- nado sentido, la economía neogranadina. En otras palabras, 275 Eíndnice…p. 274
[11]pugna de comerciantes y manufactureros se expresó en las luchas de gólgotas y draconianos. Los pri- meros eran una manifestación política de los intereses económicos de los comerciantes, y los segundos expresaban la defensa igualmente política de los intereses económicos de los manufactureros y artesanos. Por eso, los…p. 280
[35]escrito esta frase: «Aprovechemos, pues, esta época de esperanzas y de decisión…». Eso es la época de 1850: una jornada decisionista en la historia de la cultura y de la economía nacionales: la decisión de destruir la eco- nomía colonial. La decisión de realizar una revolución social y plantear una revolución…p. 245
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1391 cita
[7]en 1854. Inclusive las mujeres integraron una Sociedad del Niño Jesús. Hasta el presidente López simpatizaba secretamente con la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá y asistió a una de sus sesiones. Presidencias de López y Obando Sin embargo, fue en la elección del 7 de marzo de 1849, en la cual el Congreso…p. 139
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2161 cita
[8]es que mucha gente consider ó que la interven ci ó n de las artesanos armados fue ú til para el partido liberal. A partir de ese momento la Sociedad se volvi ó cada d í a m á s un club pol í tico, y hasta cambi ó su nombre de Sociedad de Artesanos por el de Sociedad Democr á tica. Aunque esto la desvi ó de su pri…p. 216
08Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 249, 2532 citas
[9]1847 under the Mosquera administration. Provincial chapters of both societies also quickly emerged throughout New Granada. Unlike the Instituto Caldas, however, the Democratic Societies, which first emerged around the push to elect José Hilario López, were primarily organized to foment popular mobilization exclusively…p. 249
[26]party became the need for a unified defense across provinces and classes against the colonial legacy, one embodied by the opposing political party, the Conservatives. General José María Melo went further and took the call to unite against the Conservative Party to the battlefield. He rallied pop- ular sectors of the…p. 253
09El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 278, 2832 citas
[10]vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…p. 278
[37]social, cuya sociología histórica aún no se ha hecho. Sobre su situación 284 Jíndi Jícídneer Ucnsi políticas, y sobre todo el encono con que combatían a los por el año de 1839, escribía José Eusebio Caro: «Todo en la socie- dad comenzaba a tomar una marcha más arreglada y un aspecto más democrático y uniforme: los…p. 283
10A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 711 cita
[12]letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…p. 71
11Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 54, 572 citas
[13]Album de la Comisién Corografica que representa a un arriero y una tejedora de Vélez. En 1853, las clases populares, junto con los artesanos, se enfrentaron a la élite dirigente, enfrentamiento que desembocaria en el golpe militar del general Melo. A la derecha, tejedor de ruanas, segun una acuarela del Album de la…p. 54
[27]citado numero de El Artesano, de 22 de octubre de 1854, se daba una explicacion de los principios que guia- ban el movimiento melista, perfectamente contra- puestos a las ideas del general Lopez contenidas en la proclama citada. Decian los melistas: «El general Melo, el Ejército y el Pueblo, han abrazado la causa…p. 57
12El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 821 cita
[14]Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…p. 82
13Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 129, 1332 citas
[15]por una reducción más pausada de las tarifas; además, consideraban al arancel una fuen- te de ingresos estatales y no una herramienta de protección. Por otra parte, los conservadores, quienes comenzaron a actuar como partido solo hacia 1848, se oponían en general a un sistema de tarifas elevadas. El problema del…p. 129
[17]de los ingresos agrícolas. El nivel de educación era muy bajo en muchos de los distritos artesanales (Vélez, por ejemplo) y los habitantes eran pobres y frecuentemente andrajosos, pero en comparación con otras áreas del país la situación no parecía ser muy mala. Después de 1850, sin embargo, las importaciones de…p. 133
14Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 1811 cita
[18]la escuela de la violencia en el pensamiento, cuya proyección necesaria en la polí- tica es la escuela de la violencia en los hechos, bautizada entonces con el nombre de draconianismo. Draconianos y gólgotas, más que dos fracciones políticas del liberalismo, son dos formas antagónicas del pensamiento, dos concep-…p. 181
15Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 83, 882 citas
[20]describe Cordovez Moure, testigo directo del arribo del caudillo caucano, la entrada que éste hizo acompañado de algunos jinetes: "En medio de éstos venía uno montado en mula trotona, cubierta la cabeza con som- brero alón de paja, pobremente vestido, con botas altas, que denotaban luengos años de ser- vicio, cara…p. 83
[32]militares y civiles contra Melo era la legitimi- dad, el imperio de la Constitución y las leyes. En ello había coincidencia general. De ahí que no se desanimaran ante las iniciales derrotas provocadas por las fuerzas melistas, que pronto comenzarían a sentirse golpeadas por el adver- sario. El objetivo final era la…p. 88
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 341 cita
[21]gobernaciones y la mayoría de las alcaldías en su contra. Su corto gobierno se caracterizó por su intento de mantener la paz entre los partidos y la aprobación de una nueva constitución. El 21 de mayo de 1853 Obando proclamó la nueva constitución del país, que puso fin a la constitución ministerial de Márquez de 1843.…p. 34
17Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 21, 642 citas
[22]tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…p. 21
[25]Gre fare Arana? aba Rey NS La guerra civil de 1854. Se produjo para com- batir la dictadura del general José Maria Melo, en una época de reformas socio-econémicas y cuando los artesanos o «draconianos» querian derogar las medidas librecambistas que beneficiaban a los co- merciantes, con perjuicio de la industria…p. 64
18Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4671 cita
[23]hijos reposan en el mismo cementerio de Montparnasse, a tiro de piedra de Cortázar y Dunlop, sintetizó en una frase el sentimiento que cayó sobre los amigos y lectores del escritor argentino al conocer la noticia imposible: «Cuando Julio murió, una parte de nuestro espejo se quebró y todos vimos la noche boca arriba».…p. 467
19The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 61, 642 citas
[24]laboring people in the incoming Obando administration, many Conservative and Liberal letrados sought common ground across the partisan divide. To many lettered observers the particular motive for Carmona’s murder, which remained unsolved, mattered less than a “rising popular furor” that no longer shied away from…p. 61
[36]together with former slaveholders like Julio and Sergio Arboleda, it was not immediately clear where plebeian citizens fit in the reclamation of constitutional authority. 122 The reestablishment of civilian government under a lettered alliance led not to the wholesale rescinding of democratic reforms but instead to a…p. 64
20La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1221 cita
[28]tra - dicionalista. Evidentemente, a la percepción del peligro revolucionario de subversión de clases, salta todo el grupo dominante, uni- do contra el nuevo «tirano» y «la hez de la sociedad». Con la excusa de restaurar «la democracia y la legalidad» (en lo que se incluía la defensa del derecho de propiedad que vino…p. 122
21Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 521 cita
[29]dictatorship of Rafael Urdaneta that resulted from it was overthrown in its turn by a counterrebellion the very next year, so that the two "successful" uprisings in effect canceled out each other. The next three uprisingsthe War of the Supremes, the Conservative revolution of 1851, and the Melo coupall ended in…p. 52
22Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 25, 1402 citas
[30]to sanction its accidental, casual character and hence to place a shadow over the more permanent, subtle forms of violence. C I V I L I Z AT I O N A N D V I O L E N C E I N N I N E T E E N T H - C E N T U R Y C O L O M B I A The unfolding of events in nineteenth-century Colombia suggests that history is not always…p. 25
[34]view, the hatred artisans felt toward the rich hindered progress: “If the rich person feels threatened by hatred or resentment of the poor, he restricts consumption and hides or exports his capital.... Rich men’s consumption is the fuel of the poor’s industry.” 66 The ar- tisans’ laziness, passions, gambling,…p. 140
23Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2511 cita
[31]a haber yo querido acaudillarla''. ELEMENTOS DE LA CONTRARREVOLUCIÓN I29B cional contra una minoría en el poder, una situación en verdad insostenible. Y de aquella caverna reaccionaria vino también el castigo implacable, la violencia contrarrevolucionaria que se desató como un huracán por todo el país, en 1855. ¿Sería…p. 251
24The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 1851 cita
[33]Antioquia, many Conservatives and Liberals shared the interpretation that Melo’s coup was a consequence of having placed too much trust in the involvement of popular classes in national politics, as sym- bolized by the Bogotá artisans and with reference to the “highly active and politicised lower classes” of mestizos,…p. 185