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Biografía

Francisco de Paula Santander

Independencia

1792–1840

17 min de lectura27 documentos
Nacimiento2 de abril de 1792, Villa del Rosario de Cúcuta
Fallecimiento6 de mayo de 1840, Bogotá
RolesMilitar (subteniente, general de brigada, general de división) · Vicepresidente de la Gran Colombia (1819–1826)
Lugar principalBogotá
Período históricoIndependencia1810–1831
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La biografía

Francisco de Paula Santander y Omaña (Villa del Rosario de Cúcuta, 2 de abril de 1792 – Bogotá, 6 de mayo de 1840) fue militar, jurista y estadista, vicepresidente de la Gran Colombia entre 1819 y 1826 y presidente de la Nueva Granada entre 1832 y 1837. Combatió en la campaña que liberó a Nueva Granada en 1819, gobernó desde Bogotá mientras Bolívar hacía la guerra continental, rompió con el Libertador entre 1826 y 1828, fue condenado a muerte tras el atentado del 25 de septiembre de 1828 y regresó del destierro para presidir la República como su primer arquitecto civil. La historiografía lo canonizó como el Hombre de las Leyes: la fórmula acierta y engaña a la vez, porque describe su obra —el andamiaje constitucional, educativo y administrativo del Estado colombiano— pero disimula que ese legalismo fue también un instrumento de poder personal y sectario, que ayudó a trazar la primera línea divisoria de la política nacional. Santander es, en ese doble filo, la figura fundacional del republicanismo civilista en Colombia y el espejo en el que el liberalismo colombiano no ha dejado de mirarse.

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Línea de vida

  1. 1810

    Ingreso al ejército patriota

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    Tras los sucesos del 20 de julio de 1810, Santander abandonó sus estudios de leyes en el Colegio Mayor de San Bartolomé y se incorporó al ejército patriota como subteniente y secretario del comandante general Antonio Baraya, iniciando una carrera militar forjada en los años caóticos de la Primera República.

  2. 1819

    Vanguardia de la campaña libertadora y gobierno provisional de Bogotá

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    Reunido con Bolívar en Tame, Santander mandó la vanguardia en la campaña que cruzó el páramo de Pisba desde el 15 de junio de 1819. Tras los combates de Paya (27 de junio) y la victoria en Boyacá (7 de agosto), Bolívar lo nombró al frente del gobierno patriota provisional de Bogotá, sellando la división del trabajo entre el Libertador en el campo y el vicepresidente en el escritorio.

  3. 1819

    Vicepresidente de la Gran Colombia

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    En diciembre de 1819, el Congreso de Angostura proclamó la República de Gran Colombia. Santander quedó como vicepresidente encargado del ejecutivo desde Bogotá, gobernando de facto entre 1819 y 1826 mientras Bolívar dirigía las campañas de Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho. Contrató empréstitos en Londres, buscó reconocimiento diplomático británico y sentó las bases materiales del Estado.

  4. 1827

    Ruptura formal con Bolívar

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    El distanciamiento acumulado desde 1826 —por el manejo de la rebelión de Páez, la propuesta de adoptar la constitución boliviana con presidente vitalicio y las diferencias sobre el legalismo constitucional— se formalizó el 19 de marzo de 1827, cuando Bolívar rompió por carta la amistad con Santander y le pidió que se abstuviera de escribirle.

  5. 1828

    Fracaso de Ocaña, atentado del 25 de septiembre y condena a muerte

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    La Convención de Ocaña concluyó sin acuerdo tras el retiro de la minoría bolivariana, abriendo paso a la dictadura de Bolívar desde junio de 1828. El 25 de septiembre, conjurados irrumpieron en el Palacio de San Carlos con intención de asesinar al Libertador. Santander, que tenía conocimiento previo del plan, fue condenado a muerte; Bolívar conmutó la pena por destierro.

  6. 1832

    Regreso del exilio y presidencia de la Nueva Granada

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    Tras recorrer Hamburgo, París, Londres y Nueva York durante el destierro, Santander fue elegido presidente de la Nueva Granada —ya disuelta la Gran Colombia y muerto Bolívar en diciembre de 1830— y asumió el cargo bajo la Constitución del 29 de febrero de 1832. Gobernó hasta 1837, reorganizando la hacienda pública, consolidando el ordenamiento provincial y multiplicando la infraestructura educativa del país.

El hombre y su lugar en la historia

Santander no fue un caudillo ni un ideólogo puro: fue un administrador con formación jurídica que llegó al ejército por las circunstancias de 1810 y que, cuando la guerra terminó en Nueva Granada, comprendió antes que sus contemporáneos que la independencia sin instituciones era solo el preludio de otra tiranía. Su singularidad reside en haber traducido esa intuición en obra concreta: mientras Bolívar galopaba hacia Perú y Bolivia, él se sentó en Bogotá a redactar decretos, fundar colegios, ordenar el erario, escribir reglamentos. Fue, en sentido literal, quien montó la maquinaria del Estado.

Pero el retrato pierde profundidad si se lo deja en esa estampa civilista. Santander conspiró, o al menos supo callar cuando otros conspiraban; usó los tiempos legales del escrutinio electoral para conveniencia propia; gobernó, ya presidente, sin tender la mano a los antiguos bolivarianos, con un sectarismo que él mismo administraba a través de la prensa anónima. El legalismo santanderista y su reverso —la política como facción— no son dos Santander, sino uno solo. Entenderlo así es la única manera de que su figura deje de oscilar entre la hagiografía liberal y la contra-hagiografía bolivariana que aún hoy se disputan su memoria.

Cúcuta, San Bartolomé y el subteniente de 1810

Nació en la Villa del Rosario de Cúcuta el 2 de abril de 1792, hijo del gobernador de la provincia de San Faustino de los Ríos. Fue una infancia de frontera oriental —el eje que une los llanos venezolanos con el altiplano neogranadino— y una posición social que le abrió las puertas del Colegio Mayor de San Bartolomé en Santafé, donde estudió leyes. Esa formación jurídica no es un dato biográfico menor: es la clave de todo lo que vendrá. Santander pensó siempre como abogado, incluso cuando llevaba uniforme.

Los sucesos del 20 de julio de 1810 lo sacaron de las aulas. Ingresó al ejército patriota como subteniente y secretario del comandante general Antonio Baraya, y a la sombra de este oficial recorrió los primeros años caóticos de la Primera República. En 1813, junto a Baraya, desobedeció a Antonio Nariño; fue herido y detenido en combate. Ese primer choque —un joven oficial que se pone del lado de una jefatura militar contra el presidente-dictador de Cundinamarca— prefigura ya el patrón: Santander no era un rebelde por temperamento, sino alguien que, cuando debía elegir, se inclinaba por la jerarquía militar inmediata antes que por la autoridad ejecutiva concentrada.

En Angostura de la Grita combatió bajo las órdenes del coronel Manuel del Castillo, que se rebeló contra Bolívar y lo destituyó. Aquel episodio le costó a Santander un diálogo agrio con el Libertador —quizá el primer roce entre los dos hombres que veinte años después dividirían al país— sin que la trayectoria posterior de la relación se resintiera todavía. Bolívar lo ascendió a general de brigada en agosto de 1818 y a general de división un año más tarde. El futuro vicepresidente subía por la escalera militar de la mano del hombre con quien iba a romper.

Pisba, Boyacá y la vanguardia de la libertad

La reunión decisiva ocurrió en Tame, en 1819. Allí Bolívar y Santander acordaron cruzar los Andes por el páramo de Pisba, una ruta que los realistas consideraban impracticable. A finales de mayo, en el consejo de oficiales celebrado en la Aldea de Setenta a orillas del Apure, Santander había impuesto su criterio a favor de continuar la invasión, secundado por los comandantes venezolanos, en un debate donde no todos estaban convencidos de que valiera la pena seguir hacia el interior granadino.

La campaña arrancó el 15 de junio de 1819. Santander mandaba la vanguardia; José Antonio Anzoátegui, la retaguardia. Cruzaron el páramo con soldados nacidos en el calor de la llanura, muriéndose de frío en la altura andina, en lo que fue menos una marcha militar que una prueba física extrema. El 27 de junio se dieron los primeros combates en Paya, y las tropas realistas se replegaron hacia Sogamoso. Luego vendrían el Pantano de Vargas y, el 7 de agosto, la batalla de Boyacá, tras la cual el virrey Juan Sámano —figura profundamente impopular entre los granadinos— huyó de Bogotá.

Bolívar entró a la capital y organizó un gobierno patriota provisional. Al frente puso a Santander. Tenía veintisiete años, era general de división y acababa de recibir el mando político de un país recién liberado. La decisión no fue casual: entre sus generales, Santander era el único con formación jurídica y arraigo neogranadino suficientes para administrar Bogotá mientras la guerra continuaba en el norte. La lógica de la división del trabajo entre ambos —el Libertador en el campo, el vicepresidente en el escritorio— se selló en aquellas semanas.

La vicepresidencia y el arte de gobernar en ausencia

En diciembre de 1819, el Congreso venezolano reunido en Angostura, con la adición de algunos miembros neogranadinos y por iniciativa de Bolívar, proclamó la creación de la República de Gran Colombia. Sobre el papel comprendía todo el antiguo Virreinato de Nueva Granada; en la práctica, tardaría casi cuatro años en tener efectivamente todos esos territorios bajo su bandera. Santander quedó como vicepresidente encargado del ejecutivo desde Bogotá.

Entre 1819 y 1826, mientras Bolívar libraba las campañas de Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho, Santander gobernó. Le enviaba soldados, provisiones, dinero. La correspondencia entre ambos fue cordial durante casi todo el período, pero con una irritación creciente del Libertador ante los argumentos legalistas con los que el vicepresidente demoraba a veces los envíos. Santander gobernaba con un círculo de jóvenes abogados como colaboradores y asesores, y Bolívar juzgaba —desde el frente— que el país necesitaba un ejecutivo más fuerte y una legislatura menos asertiva. La discrepancia no era todavía ruptura, pero contenía ya, en germen, todo lo que iba a venir.

La gestión de esos años sentó la base material del Estado. Contrató empréstitos en Londres, buscó el reconocimiento diplomático que el Foreign Office comenzó a insinuar en 1823, cuando nombró agentes confidenciales ante el gobierno de Colombia. Trajo modelos británicos: capitales, ingenieros, ideas educativas. Mandó enseñar a Bentham en las universidades. Su horizonte era Gran Bretaña como paradigma de modernidad republicana: capitales, revolución industrial, utilitarismo. En un país que apenas salía de la guerra, fue una apuesta cultural de largo aliento.

En vísperas de Carabobo, en 1821, Bolívar le había escrito a Santander una frase reveladora: en Colombia el pueblo está en el ejército. Para el Libertador, la soberanía popular residía en quienes habían combatido por la independencia. Para Santander, formado en el derecho, residía en las leyes escritas por los representantes de la nación. Esa distinción, aparentemente teórica, sería el eje del conflicto.

La ruptura: Páez, la constitución boliviana y Ocaña

Todo se descompuso en 1826. En abril, José Antonio Páez se rebeló en Venezuela contra la autoridad del gobierno central. Santander adoptó de inmediato la postura legalista: rechazó la autoridad ilegal de Páez, consideró enviar tropas para someterlo, invocó la Constitución y las leyes. Bolívar, que regresaba del Perú entre septiembre y noviembre de aquel año, prefirió una vía política. Perdonó a Páez, prometió convocar una convención constitucional y, en 1827, viajó a Venezuela para negociar su obediencia sin recurrir a la fuerza. La decisión de no condenar al insurrecto ofendió profundamente al vicepresidente.

Al mismo tiempo, Bolívar traía en la mano un proyecto: la constitución que había redactado para Bolivia, cuya característica central era un presidente vitalicio con derecho a designar a su sucesor. Tenía rasgos liberales, pero fue la figura del presidente vitalicio la que concentró toda la atención. Bolívar quería que esa constitución fuera adoptada en Colombia. Santander y quienes se declaraban sujetos a la Constitución de Cúcuta de 1821 vieron en la propuesta un retroceso hacia un régimen casi monárquico.

Al llegar a Bogotá en septiembre de 1826, Bolívar se irritó al ver letreros en defensa de la Constitución. En una carta a Páez de aquellos días escribió que los abogados han impuesto a los militares un piélago de normas prematuras. La frase, filosa, sintetiza todo su desacuerdo con el gobierno de Santander: para el Libertador, el país estaba siendo asfixiado por la juridicidad prematura de los civiles; para Santander, esa juridicidad era el único freno al despotismo militar. El propio Bolívar reconocería, casi sin quererlo, la posición de su segundo: pretendía sostener la constitución.

La ruptura personal se formalizó el 19 de marzo de 1827, cuando Bolívar rompió por carta la amistad con Santander y le pidió que se abstuviera de escribirle. Santander respondió el 29 de abril con una carta larga en la que decía mucho, con un pesar grande pero sin extrañeza: llevaba meses viendo venir la ruptura.

La Convención de Ocaña, en 1828, fue el desenlace institucional. Bolivarianos y santanderistas llegaron sin mayoría suficiente ninguno de los dos: los primeros querían un ejecutivo fuerte inspirado en la constitución boliviana; los segundos se declaraban sujetos a la Carta de 1821. La minoría bolivariana se retiró de la sala y la Convención terminó sin acuerdo. Ese fracaso abrió paso, en junio de 1828, a la dictadura de Bolívar.

Conviene mirar sin melodrama esta disputa. No fue el choque entre un demócrata y un tirano, sino el enfrentamiento entre dos respuestas racionales a la fragilidad institucional de un país recién nacido. Bolívar veía la fragmentación, las rebeliones regionales, el peso de las guerras aún inconclusas, y proponía concentrar el poder. Santander veía que sin ley escrita y sin límites al ejecutivo el país reproduciría en la República las prácticas del virreinato. Ninguno tenía toda la razón; ninguno la tenía tampoco cuando adjudicaba al otro solo malas intenciones.

La noche septembrina y el juicio

El 25 de septiembre de 1828, un grupo de conjurados entró al Palacio de San Carlos, en Bogotá, sede de la presidencia, con la intención de asesinar al Libertador. Manuela Sáenz los entretuvo el tiempo suficiente para que Bolívar escapara saltando por una ventana. La conspiración —civil y militar a la vez— reunía a abogados, periodistas, un catedrático de filosofía, estudiantes ultraliberales y oficiales. Santander no había participado directamente, pero estaba al corriente de los planes.

La represión estuvo a cargo del general Rafael Urdaneta, más bolivariano que el propio Bolívar, quien mandó arrestar a alrededor de sesenta personas. El general José Prudencio Padilla, que no había participado en el atentado, fue ejecutado; su ajusticiamiento estuvo motivado tácitamente por el prejuicio racial contra los pardos. Otros catorce conjurados murieron ante los pelotones: al menos quince fusilamientos directamente vinculados al proceso.

Santander fue condenado a muerte pese a que su intervención se había limitado al conocimiento previo. Ese hecho —el silencio culpable de un vicepresidente electo frente a un plan de magnicidio— fue considerado suficiente para la pena capital. Bolívar la conmutó por destierro. Aquí se abre la grieta del retrato civilista: el Hombre de las Leyes había sabido, y no había hablado. El legalismo tenía, cuando convenía, sus zonas de sombra.

Santander salió al exilio. Recorrió Hamburgo, París, Londres. Leyó, observó, cultivó relaciones. Estaba en Nueva York cuando le llegó la noticia de que la Nueva Granada, ya disuelta la Gran Colombia y muerto Bolívar en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, lo había elegido presidente. Aceptó desde allí y emprendió el regreso.

El presidente de la Nueva Granada: leyes, escuelas, cuentas claras

La Constitución de la República de la Nueva Granada, expedida el 29 de febrero de 1832 tras un debate iniciado el 20 de octubre de 1831, estableció el marco en el que Santander gobernaría. Sustituyó los departamentos gran-colombianos por un régimen de provincias autónomas con cámaras propias, más ajustadas a la escala del nuevo país. El presidente electo asumió con un mandato claro: rehacer la República sobre bases civiles.

En cinco años, la administración santanderista dejó una obra concreta que aún es reconocible en el diseño institucional colombiano. Reorganizó la hacienda pública con una transparencia que sus adversarios no lograron ensuciar. Consolidó el ordenamiento provincial. Reactivó las universidades y los colegios, fundó nuevas instituciones —entre ellas el Colegio de la Merced para niñas en Bogotá y colegios en varias ciudades— y multiplicó la infraestructura educativa heredada del período colonial. Un comentarista de El Constitucional de Cundinamarca subrayaba, comparando cifras coloniales y republicanas, la magnitud de la expansión. El observador norteamericano John Stewart, que vivió en Bogotá en 1836, anotaba que la educación hacía lentos progresos pero, sobre todo, que había ganado independencia respecto al clero. En 1835, el Vaticano reconoció formalmente a la Nueva Granada.

En un mensaje al Congreso, Santander formuló su credo administrativo con la sequedad que lo caracterizaba: mantener inalterable el sistema político adoptado y perfeccionarlo con prudencia eran obligaciones fundamentales, y él se comprometía a sostener las leyes constitucionales. No era una declaración retórica: era el resumen de su método.

Y sin embargo. Su gobierno fue legalista pero sectario. Cuidó de no violar directamente los derechos políticos de sus opositores, pero no buscó conciliar a quienes habían apoyado la dictadura bolivariana. Su sectarismo se expresó sobre todo en palabras y en artículos de prensa cuasi-anónimos, más que en actos represivos. Los elementos más conciliadores del país —aquellos que preferían reincorporar a los antiguos bolivarianos antes que perpetuar la vieja disputa— empezaron a distanciarse de él. José Ignacio de Márquez, que lo sucedería en 1837, capitalizó ese descontento. La primera transición pacífica del país se produjo, así, sobre el terreno de una polarización que el propio Santander había alimentado.

Ese es el ángulo incómodo del Hombre de las Leyes: fundó el Estado de derecho colombiano y, a la vez, inauguró la costumbre de gobernar contra la mitad del país. Las dos cosas conviven en el mismo mandato, y la historiografía liberal ha tendido a subrayar la primera silenciando la segunda.

Elecciones, escrutinios y el uso político del reglamento

Un episodio menos citado ilumina la relación de Santander con las leyes que él mismo administraba. En las asambleas electorales de 1825, ningún candidato a vicepresidente alcanzó los dos tercios requeridos: la elección debía perfeccionarse en el Congreso. El mapa de la votación era diciente. Provincias como Mérida, Caracas, Coro, Riohacha, Maracaibo y Chocó no le dieron a Santander ningún voto; Guayana, Buenaventura, Veraguas y Pasto le entregaron el ciento por ciento de los suyos. Las redes locales de poder utilizaban las asambleas electorales de segundo nivel para colocar aliados en el Congreso y defender intereses socioeconómicos concretos, bajo apariencias de patriotismo republicano.

Frente a esa situación, Santander presentó observaciones ante el Senado para que el escrutinio de las elecciones de presidente y vicepresidente se realizara en el Congreso de 1827 y no en el de 1826. Su argumento público apelaba al interés nacional: conocer un año antes a los elegidos podría traer graves inconvenientes a la administración vigente, pues el ejecutivo existente tendería a halagar a sus sucesores y los ciudadanos acabarían adorando al sol que nace en desmedro de la autoridad presente. El razonamiento era jurídicamente elegante, y no del todo desinteresado: retrasar el escrutinio también le convenía personalmente. El Hombre de las Leyes sabía usar los tiempos del reglamento como cualquier político experimentado.

El episodio no lo desmiente como constitucionalista, pero matiza la imagen. Santander no era un liturgista neutro del derecho: era un actor político que había hecho de la ley su instrumento —y también, cuando hizo falta, su escudo—.

La red: aliados, rivales, sombras

La trayectoria de Santander no se entiende sin el elenco que lo rodea. Bolívar es, evidentemente, el interlocutor mayor: amigo, superior, socio de la campaña de 1819, luego rival ideológico y finalmente adversario. La relación entre ambos vertebra dos décadas de historia colombiana y explica más de la evolución política del país que cualquier análisis institucional aislado.

Antonio Nariño, con quien chocó en 1813 obedeciendo a Baraya, representa la generación anterior, la de los precursores; Santander se movió toda la vida en un pulso con esa herencia. José Antonio Páez fue el pretexto —o el motivo, según se mire— de la ruptura con Bolívar en 1826: la manera en que ambos líderes leyeron su rebelión definió sus posiciones inconciliables.

En la conspiración septembrina aparecen los nombres del liberalismo militante temprano: Vicente Azuero, abogado y publicista, ideólogo del santanderismo civil; Padilla, sacrificado por prejuicio racial más que por culpa; los jóvenes oficiales que veían en Bolívar la amenaza de un cesarismo criollo. Manuela Sáenz, del otro lado, salvó la vida del Libertador aquella noche y quedó para siempre asociada a su nombre.

En la generación siguiente, la que hereda el pulso Santander-Bolívar, se dibujan los nombres que dominarán el siglo XIX: José María Obando y José Hilario López, del bando santanderista, futuros presidentes; Pedro Alcántara Herrán, del bando conservador, casado con la hija de Tomás Cipriano de Mosquera. La política nacional se fue estructurando alrededor de la fisura que Santander y Bolívar abrieron entre 1826 y 1830, y aunque las correspondencias entre esos bandos originales y los partidos Liberal y Conservador posteriores no fueron lineales ni estables, la matriz del conflicto se remonta a esos años.

La vida privada: una relación larga, un matrimonio tardío

Detrás del hombre público hubo una biografía sentimental que la memoria oficial pasó por alto. Entre 1815 —cuando tenía veintitrés años— y poco antes de su matrimonio en 1836, Santander mantuvo una relación prolongada con una dama casada de alta alcurnia. Fue, quizá, quien más profundamente lo amó; él correspondió con muestras de afecto escasas, viendo el vínculo más como una forma de alegrar su existencia que como el centro de su vida emocional. Un dato pequeño que dice mucho: la reserva, la contención, la instrumentalización afectiva caracterizaban también su modo de habitar el poder.

Se casó en 1836, a los cuarenta y cuatro años, con Sixta Pontón. Tuvieron dos hijas. Sixta le sobreviviría y, en 1849, abriría en Bogotá el Colegio del Sagrado Corazón junto a una de ellas, prolongando en el terreno educativo el proyecto público de su marido.

Santander murió en Bogotá el 6 de mayo de 1840, a los cuarenta y ocho años, a causa de una vieja enfermedad renal que lo había atormentado durante años. Lo asistió en sus últimos momentos el arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera. En el testamento dejó una frase que se ha convertido en su epitafio moral: Ojalá hubiera querido a Dios tanto como quise a mi patria.

Huella: el mito y sus reversos

El apelativo Hombre de las Leyes no aparece con un acta de bautismo clara; se fue asentando en la memoria pública como síntesis de su obra, y hoy circula con la misma naturalidad en la historiografía oficial y en la crítica. Como toda etiqueta útil, oculta tanto como revela.

Para David Bushnell fue el estadista fundador de nación: organizador, administrador, arquitecto del erario, adalid de las leyes, impulsor de la educación pública. En el otro extremo, autores como Hernando Calvo Ospina lo han presentado como el primer gran ejemplo de traición política de la élite colombiana y como conspirador contra Bolívar. Ambos retratos existen en el material histórico, y ninguno agota la figura.

La educación fue, sin duda, una de sus obras mayores. Abrió colegios donde antes no los había, secularizó parcialmente la enseñanza, importó ideas benthamianas, y todo eso se hizo con dinero público administrado con transparencia poco común en la región. Al mismo tiempo, la memoria histórica ha subrayado su sectarismo: la forma de gobernar contra la mitad de sus compatriotas, la habilidad para usar la prensa anónima contra los adversarios, el silencio cómplice ante la conspiración de 1828, los cálculos con los tiempos del escrutinio electoral en 1826 y 1827. Todo eso también forma parte del legado.

Santander fue genuinamente el fundador del Estado de derecho colombiano y, a la vez, un político que usó las leyes como arma facciosa. Su legado no es el triunfo del civismo sobre el caudillismo: es la forma colombiana de ese conflicto, donde ambos impulsos habitan al mismo hombre. Colombia ha vivido desde entonces con esa herencia —la fe en la ley y la práctica del sectarismo bajo la ley—, y por eso la figura de Santander sigue siendo tan discutida: porque no es el punto de partida ejemplar de una tradición, sino su primer nudo.

El liberalismo colombiano lo adoptó como fundador y espejo. Se miró en él para reivindicar la primacía de la ley sobre el sable, del civil sobre el militar, de la educación laica sobre la tutela clerical. E hizo bien: esa parte del legado es real y merecía ser preservada. Pero al hacer del Hombre de las Leyes un santo laico, la memoria oficial se ahorró la pregunta más incómoda: qué hacer con el Santander que también supo callar, gobernar contra la mitad y estirar la letra del reglamento a conveniencia. Esa pregunta, doscientos años después, sigue abierta.

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27 documentos · 44 fragmentos
01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 210, 2342 citas
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su paraninfo, y centró su producción en bodegones y flores, mientras que los lienzos de la última etapa muestran un profundo sentimiento religioso. La Primera Guerra Mundial lo sorpren- dió en París, viajó a Londres y después fijó su residencia en San Sebastián, hasta volver a Bruselas, ciudad donde vivió hasta su…

p. 210
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toma Carta- A o. od ele del terror. 1816 Los patriotas de Cartagena son pasados por las armas. Cuatro expediciones realistas reconquis- tan Nueva Granada. Nariño vuelve prisionero a Cádiz. El presidente Torres es reemplazado por José Fernández Madrid. El español Warleta toma Medellín y Miguel de la Torre, Santafé.…

p. 234
02Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 48, 52, 543 citas
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no muy extensa pero sí muy intensa carrera militar, en la que recibiría las máximas distinciones, primero general de brigada en agosto de 1818 y de división justo un año después, de manos del Libertador. Este también lo señalaría como uno de sus más cer- canos colaboradores en el estado mayor y en la dirección de sus…

p. 48
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en la cual la con- ducta legalista del segundo no fue bien aceptada por el Libertador. O como el rechazo que San- tander hizo de la rebeldía de Páez en 1826, al desconocer la autoridad granadina, conducta que no fue condenada por Bolívar, lo que desa- gradó profundamente al mandatario cucuteño. O como la simpatía que…

p. 52
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conocieron cuatro o cinco transitorias y galantes relaciones, una de las cuales tuvo duración desde 1815 (cuando él tenía 23 años) hasta poco antes de su matrimonio, en 1836. "Su amada, bellí- sima e inteligente dama, de alta alcurnia, esposa de hombre honorable y notorio, fue quizá el más grande afecto que Santander…

p. 54
03Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 123, 1422 citas
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de hacerse célebres por su partici- pación en la campaña libertadora, tales como José Antonio Anzoátegui, Carlos Soublette, Juan José Rondón, Leonardo Infante y Jaime Rook. El 15 de junio comenzó la campaña, con la vanguardia al mando de Santander y la retaguardia dirigida por Anzoátegui. De acuerdo con las órdenes…

p. 123
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bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…

p. 142
04Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Páginas 263, 2672 citas
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inmenso. El invierno los acompañó hasta el mismo Puente de Boyacá. En la Aldea de Setenta, a orillas del río Apure, el Libertador convocó un consejo de oficiales patriotas y les expuso los planes de invasión a la Nueva Granada. Corrían los días de finales de mayo de 1819, para continuar la más grande acción militar…

p. 263
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48 años. En su testamento consignó: “Ojalá hubiera querido a Dios tanto como quise a mi patria”.Y en efecto, fue el gran organizador, ejecutor y administrador de la nueva Nación; compuso la economía, manejó con transparencia el erario público y le dio prioridad al desarrollo de la educación. Impulsó la industria y la…

p. 267
05El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Página 741 cita
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á ez entretuvo a Morillo con acciones de desgaste durante febrero del 19 en la regi ó n que une a Achaguas con San Fernando al Sur del Apure. Achaguas fue durante este tiempo el cuartel general de P á ez, en tanto que San Fernando lo fue de Morillo. Luego, en la acci ó n de Las Queseras del Medio, P á ez Infligi ó una…

p. 74
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Páginas 112, 1152 citas
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the rest of New Granada except the Caribbean coast and far southwest. Bolivar organized a provisional patriot government at Bogota, naming Santander to head it. Then, in December 1819, he was in Angostura (present-day Ciu- dad Bolivar), temporary capital of patriot Venezuela, where at his behest the Venezuelan…

p. 112
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blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…

p. 115
07Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Páginas 330, 3332 citas
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la guerra. Era en efecto el enlace entre el espacio de los llanos medio controlado por los republicanos de Angostura y las montañas realistas de la meseta cundiboyacense. A la vez bastión y colchón. Casanare es el lugar para una nueva marcha, victoriosa al final, tras cuatro años de intentos infructuosos. LA CAMPAÑA…

p. 333
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de la revolución, op. cit., III. p. 400. Todo lo cual no evitaba que lo odiaran. 128. Andrés LEVEL DE GODA, «Antapodosis», loc. cit., p. 584. 129. RESTREPO, Historia de la revolución, op. cit., III, p. 370. 130. Ibid. 131. Representación del procurador Andrés Level de Goda al rey Fernando VII. 5 de diciembre de 1819.…

p. 330
08Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Páginas 330, 3332 citas
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la guerra. Era en efecto el enlace entre el espacio de los llanos medio controlado por los republicanos de Angostura y las montañas realistas de la meseta cundiboyacense. A la vez bastión y colchón. Casanare es el lugar para una nueva marcha, victoriosa al final, tras cuatro años de intentos infructuosos. LA CAMPAÑA…

p. 333
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de la revolución, op. cit., III. p. 400. Todo lo cual no evitaba que lo odiaran. 128. Andrés LEVEL DE GODA, «Antapodosis», loc. cit., p. 584. 129. RESTREPO, Historia de la revolución, op. cit., III, p. 370. 130. Ibid. 131. Representación del procurador Andrés Level de Goda al rey Fernando VII. 5 de diciembre de 1819.…

p. 330
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 121, 124, 1273 citas
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a responder a Bogot á. Aun que Santander trat ó de convencerlo de que deb í a dar ejemplo de cumplimiento y de asegurarle que todo saldr í a bien, P á ez se neg ó a obedecer e hizo un “ pronunciamiento ” declar á ndose en rebeld í a y considerando injusta la investigaci ó n a la que se le quer í a some ter. Como se…

p. 121
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rita de los pol í ticos, incluso para romper las reglas acordadas por los representantes del “ pueblo ”. En 1811, Antonio Nari ñ o dio el primer golpe de Estado, al derribar, a nombre del bien com ú n, con el apoyo de los militares, el gobierno de Jorge Tadeo Lozano. Entre 1811 y 1815 los dirigentes criollos,…

p. 127
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el Pala cio de San Carlos, sede de la presidencia. Bol í var se escap ó gracias a Manuelita S á enz, su pareja, que entretuvo a los conjurados mientras Bol í var saltaba por una ventana. Varios de los participantes fueron juzgados y condenados a muerte, aunque algunos, como Mariano Ospina Rodr í guez, lograron…

p. 124
10Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · Páginas 51, 572 citas
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«América para los ame- ticanos». Esta filosofia rechazaba toda intervencién politica y militar de los regimenes europeos en los asuntos de este continente y tuvo una acogida en- tusiasta en los altos circulos del gobierno colom- biano. Asi, por ejemplo, en la Gaceta de Colombia, de febrero de 1824, se publicaron los…

p. 51
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se apresuré a despachar con caracter urgente a su edecan Daniel Florencio O'Leary con instrucciones precisas, a fin de que calmara al general Paez mientras él mismo se dirigia a Caracas. Cabe senalar en este punto que el general José Antonio Paez ya habia propuesto al Libertador que imitara a Napoleon y estableciera…

p. 57
11Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Páginas 207, 4732 citas
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derrocar el gobierno español”, y por ello Santander tuvo que “dictar muchas providencias violentas”, 169 dejando en el camino muchas personas amargamente críticas de ellas, pero vistas en perspectiva histórica había que reconocerle, como a sus dos secretarios (Estanislao Vergara y Alejandro Osorio), los importantes…

p. 207
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sur y en algunos del norte desde 1826, así como en el Istmo y en Cartagena. Se necesitó el fracaso de la gran Convención Constituyente para que se generalizara esta demanda en los departamentos del centro de Colombia. 160 El 24 de junio de 1828 entró 159 David Bushnell consideró que solo desde el mes de junio de 1828,…

p. 473
12El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Páginas 423, 4372 citas
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donde se le nombró protector vitalicio del Perú, así como las muchas lisonjas y testimonios de aplauso, y el ilimitado poder que ejerció durante cinco años. Sólo tras largos ti- tubeos logró evadirse de aquella seducción. Partió enton- ces a Bogotá, donde se hicieron magníficos preparativos para tributarle un digno…

p. 423
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x Colombia. Años de aprendizaje División de Colombia por la separación de Venezuela y Ecuador / La República de la Nueva Granada / Presidencias de Santander, Márquez, Herrán y Mosquera / El gobierno liberal de López; la Confederación Granadina / La guerra de los tres años de los federalistas / La Constitución de los…

p. 437
13Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Páginas 14, 992 citas
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de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…

p. 99
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sus necesidades. A mas de discutir y de dotar al pais de esta Constitucién, la notable Convencién Granadina de 1832, que asi se reconoce en la historia este me- morable congreso, se ocupé de dictar una larga se- tie de decretos y de leyes tendientes a la organiza- cién del pais, de los cuales citaremos los principa-…

p. 14
14Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 741 cita
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gobernado y le da derecho a la insurrección”, Apuntamientos sobre la historia política y social de la Nueva Granada (Bogotá: Imprenta de El Neo-Granadino, 1853), 338. 54 Al llegar a Bogotá, en septiembre de 1826, se irritó por las proclamas escritas en letreros en defensa de la Constitución, y el 23, al otro día de…

p. 74
15Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 211 cita
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así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…

p. 21
16El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 172 citas
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Sin contar a gobernadores y alcaldes presos “uribistas”. No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las importantes revelaciones hechas en este libro por Hernando Calvo Ospina, sobre los mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o mediano plazo confirmadas por los propios…

p. 17
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Sin contar a gobernadores y alcaldes presos “uribistas”. No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las importantes revelaciones hechas en este libro por Hernando Calvo Ospina, sobre los mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o mediano plazo confirmadas por los propios…

p. 17
17Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 861 cita
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tanto la ausencia de dichos distritos, que pronto se convertirían en repúblicas, como la renuncia a la presidencia que Simón Bolívar presentó a la Convención causaron que esta nueva carta política naciera muerta. La secesión y la guerra civil que ella produjo permitieron que en las provincias de la Nueva Granada…

p. 86
18La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · Página 2451 cita
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España, de quienes sospechaba que aplicaban una táctica taimada: apostaban a que el régimen de Santander degenerara en un caos total, para que España pudiera adue - ñarse otra vez de Colombia sin esfuerzo. En la madrugada del 26 de septiembre se produjeron varias detencio - nes, pues los principales conspiradores eran…

p. 245
19Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 871 cita
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se suprimieron los departamentos y el territorio quedo dividido en provincias, ratificadas por la Constituci6n de 1832, que fue la que instituy6 el ré- gimen provincial auténomo (articulo 156). A estas provincias pasaron, con el nombre de camara pro- vincial, las camaras de distrito de los extinguidos de- partamentos,…

p. 87
20Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2991 cita
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Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…

p. 299
21Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 651 cita
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the acts of repression inflicted on him and his followers by Bolívar's dictator- Page 23 ship, and his political style was clearly what came to be known in Colombia as "sectarian," or highly partisan behavior. Faithful to his own legalistic bent, Santander was careful not to violate directly the political rights of…

p. 65
2230 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 601 cita
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ser empleada útilmente y protegida nuestra pequeña marina, el Estado no sólo haría ahorros en los gastos de las tropas permanentes sino que dispondría de bastantes medios para conservar el orden público y reprimir cualquier tentativa de invasión, al menos hasta que se preparase el ejército a llenar sus obligaciones.…

p. 60
23Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 401 cita
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penetré en el pais el liberalismo utilitarista o radi- calismo inglés, que se difundid en esa época de 1347 transicion entre la dependencia colonial espanola y, desde el punto de vista econdémico, la influencia neocolonial inglesa. Con el triunfo de la democracia republicana so- bre el régimen colonial espanol, el…

p. 40
24Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2511 cita
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de Santa In é s y Santa Clara, y Rufino Cuervo fund ó d Colegio de la Merced, donde junto a la formaci ó n religiosa y en jornia dom é stica se ense ñ aban lenguas modernas, gram á tica y jn ú sica- El norteamericano John Stewart, que vivi ó en Bogot á en 1836, observaba que el pa í s hac í a lentos progresos en…

p. 251
25Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 2321 cita
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Co- lombia (Bogotá: El Áncora Editores, 1985), 233. 21. A discussion of the debate in the first half of the nineteenth century appears in Evelyn J. G. Ahern, “El Desarrollo de la Educación en Colombia: 1820 – 1850,” Revista Colombiana de Educación 22 – 23 (1991). 22. J. M. Restrepo (1828), quoted in Rufino J. Cuervo…

p. 232
26Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 3031 cita
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que es coser con perfección" 15. En 1849, la señora Sixta Pontón, viuda del general Santander, en compañía de una de sus hijas, abre el Cole- gio del Sagrado Corazón; su programa ofrece moral prác- tica cristiana, idioma patrio, francés e inglés, aritmética práctica, teneduría de libros, geografía, piano, canto, no-…

p. 303
27La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Páginas 383, 389, 3933 citas
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% Pamplona 87 % Merida 0 % Barinas 68 % Santafé 26 % Popayán 21 % Guayana 100 % Cumaná 60 % Apure Sin datos Caracas 0 % Coro 0 % Riohacha 0 % Maracaibo 0 % Barcelona 37 % Margarita Mariquita 31 % Chocó 0 % Buenaventura 100 % Panamá 64 % Veraguas 100 % Neiva 64 % Pasto 100 % Ecuador 64 % Mapa 7.2. Porcentaje de los…

p. 393
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La primera estrategia implementada por Santander comenzó en el Senado, ante el cual presentó algunas observaciones contra el decreto que establecía el periodo en el que debía hacerse el escrutinio de las elecciones de presidente y vicepresidente. Santander le solicitó al Senado que dicho escrutinio se hiciera en el…

p. 389
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familias más importantes y poderosas del suroccidente colombiano. Gracias a este tipo de vínculos, Arroyo fue elegido varias veces senador, diputado en la Cámara de la provincia de Popayán y su presidente; fue ministro de la Suprema Corte entre 1831 y 1832, y además recibió votos en las elecciones de presidente de…

p. 383