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Biografía

Manuela Sáenz

Independencia

1797–1856

16 min de lectura28 documentos
Nacimiento27 de diciembre de 1797, Quito
Fallecimiento1856, Paita, Perú
RolesCoronela del ejército colombiano · Agente de inteligencia y correo en la red bolivariana
Lugar principalColombia
Período históricoIndependencia1810–1831
03

La biografía

Manuela Sáenz Aizpuru (Quito, 1797 – Paita, 1856) fue una figura política y militar de la independencia sudamericana cuya trayectoria se entreteje con el proyecto grancolombiano de Simón Bolívar sin agotarse en él. Compañera del Libertador durante los últimos ocho años de vida de este, coronela del ejército republicano, agente dentro de la red bolivariana y protagonista de la Conspiración Septembrina del 26 de septiembre de 1828 en Bogotá —cuando su intervención permitió a Bolívar escapar con vida del Palacio de San Carlos—, Sáenz es uno de los pocos casos documentados de mujer con agencia política reconocida en el momento fundacional de las repúblicas andinas. Durante más de un siglo fue reducida a un apéndice sentimental del prócer. Solo tardíamente ha comenzado a recuperarse como sujeto histórico por derecho propio en la historiografía colombiana, ecuatoriana y peruana.

02

Línea de vida

  1. 1797

    Nacimiento en Quito

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    Nació el 27 de diciembre en Quito, capital de la Real Audiencia dentro del Virreinato de la Nueva Granada, hija natural de Simón Sáenz de Vergara, comerciante y funcionario español, y de María Joaquina Aizpuru, criolla quiteña. Su condición de hija ilegítima le imponía una desventaja jurídica y social precisa en el orden colonial, aunque fue reconocida por su padre y educada más allá del promedio femenino de su tiempo.

  2. 1817

    Matrimonio con James Thorne y traslado a Lima

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    Siguiendo el patrón de matrimonio conveniente que estructuraba la vida de las mujeres de familias con recursos, fue casada con James Thorne, médico y comerciante inglés establecido en Lima, considerablemente mayor que ella. El matrimonio la trasladó al Perú virreinal en una coyuntura decisiva, cuando Lima era aún bastión realista pero se acercaba la campaña libertadora del sur.

  3. 1822

    Condecoración patriota y encuentro con Bolívar en Quito

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    Recibió de las autoridades sanmartinianas la condecoración de Caballeresa de la Orden del Sol del Perú por su contribución a la causa independentista. Ese mismo año regresó a Quito, recién liberada tras la batalla de Pichincha, y conoció a Simón Bolívar el 16 de junio cuando el Libertador entraba en la ciudad. Se inició así una relación que se prolongaría hasta la muerte de Bolívar en diciembre de 1830.

  4. 1824

    Ascenso a coronela del ejército colombiano

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    Estuvo presente en la retaguardia de las operaciones que culminaron en las batallas de Junín (6 de agosto) y Ayacucho (9 de diciembre), que sellaron la independencia sudamericana bajo el mando de Antonio José de Sucre. Fue Sucre quien propuso su ascenso al grado de coronela del ejército colombiano, título que Bolívar confirmó. Cumplía funciones de correo, archivera y agente de inteligencia, y ejercía autoridad efectiva sobre la escolta y el personal que rodeaba al Libertador.

  5. 1828

    La Conspiración Septembrina: salva la vida de Bolívar

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    En la madrugada del 26 de septiembre, un grupo de conjurados asaltó el Palacio de San Carlos en Bogotá. Sáenz entretuvo a los atacantes el tiempo suficiente para que Bolívar saltara por una ventana y escapara al río San Agustín, donde permaneció escondido varias horas. El Libertador la llamó desde entonces 'Libertadora del Libertador'. La represión posterior, dirigida por Urdaneta, resultó en unos sesenta detenidos, catorce ejecuciones y el destierro de Santander.

  6. 1830

    Últimas comunicaciones con Bolívar y disolución de la Gran Colombia

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    Una carta del 11 de mayo de 1830 atestigua que Sáenz seguía en comunicación con Bolívar en sus últimos meses. Venezuela y Ecuador se habían separado de la Gran Colombia ese año; Bolívar renunció a la presidencia en mayo y murió el 17 de diciembre en San Pedro Alejandrino. La red bolivariana entró en desbandada y Sáenz quedó en Bogotá en situación cada vez más incómoda frente a la nueva administración santanderista.

  7. 1834

    Expulsión de la Nueva Granada y destierro definitivo en Paita

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    La administración de Santander, que regresó del destierro en 1832 y fue elegido presidente de la Nueva Granada, la consideraba enemiga política y símbolo del bolivarianismo derrotado. Tras gestos públicos de desafío —quema simbólica de proclamas santanderistas, defensa abierta de la memoria del Libertador—, fue expulsada del país en 1834. El Ecuador de Juan José Flores le negó la entrada. Terminó en Paita, pequeño puerto del norte peruano, donde vivió los últimos veintidós años en pobreza creciente, acompañada por sus servidoras Jonatás y Natán.

  8. 1856

    Muerte en Paita

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    Murió en Paita en 1856, tras más de dos décadas de destierro. Había quedado con las piernas inmóviles tras una caída hacia 1850, pero el puerto de escala del Pacífico la convirtió en figura de peregrinación: la visitaron Giuseppe Garibaldi, Herman Melville y Ricardo Palma, entre otros, que dejaron memoria del encuentro con la compañera del Libertador. Jonatás y Natán, las dos mujeres afrodescendientes liberadas que la acompañaron desde Quito, estuvieron con ella hasta el final.

Una quiteña en la encrucijada

Nació el 27 de diciembre de 1797 en Quito, entonces cabeza de la Real Audiencia del mismo nombre dentro del Virreinato de la Nueva Granada. Era hija natural de Simón Sáenz de Vergara, comerciante y funcionario español peninsular casado con otra mujer, y de María Joaquina Aizpuru, criolla quiteña de familia con recursos. La condición de hija ilegítima marcaba en la sociedad colonial una desventaja jurídica y social precisa: para acceder a cargos públicos de honor o a la educación universitaria se exigía acreditar nacimiento legítimo y pureza de sangre mediante el registro parroquial del bautismo, mecanismo que fijaba la identidad de casta y el estatus sociorracial de cada individuo. Que fuese común que hombres de la élite tuviesen más de una familia o numerosos hijos fuera del matrimonio no atenuaba en la práctica la marca sobre los descendientes.

Aun así, Manuela fue reconocida por su padre, criada con los recursos de ambas parentelas y educada más allá del promedio femenino de su tiempo. La mayoría de las mujeres neogranadinas —salvo excepciones como la de Josefa Acevedo Tejada, alfabetizada en casa por interés paterno— no tenía acceso a instrucción formal. Su biografía temprana combina, así, dos coordenadas contradictorias que definirán su vida: el privilegio material y cultural de una hija de comerciante próspero, y el estigma persistente de la ilegitimidad en un orden donde el origen, el parentesco y la pureza de sangre determinaban el concepto de clase.

En 1817, siguiendo el patrón de matrimonio conveniente que estructuraba la vida de las mujeres de familias con recursos, Manuela fue casada con James Thorne, médico y comerciante inglés establecido en Lima, considerablemente mayor que ella. La elección de estado era entonces la decisión más importante en la vida de una mujer. La condicionaban la dote y el consentimiento paterno. El matrimonio la trasladó al Perú virreinal en una coyuntura decisiva: Lima era todavía bastión realista pero se acercaba la campaña libertadora del sur. Los intereses económicos y de casta habían primado, como era regla, sobre los sentimentales; el vínculo con Thorne se sostuvo en la forma durante años, pero Sáenz nunca se plegó al papel de esposa dependiente que la sociedad le asignaba.

Ingreso en la política y encuentro con Bolívar

En Lima se incorporó tempranamente a los círculos patriotas. Recibió de las autoridades sanmartinianas, en 1822, la condecoración de Caballeresa de la Orden del Sol del Perú por su contribución a la causa independentista, distinción que ya la identificaba como algo más que una simpatizante de salón. Ese mismo año regresó a Quito, recién liberada tras la batalla de Pichincha, y fue allí donde conoció a Simón Bolívar el 16 de junio, cuando el Libertador entraba en la ciudad. Sáenz tenía veinticuatro años; Bolívar, treinta y nueve, era viudo desde 1802. Había perdido a María Teresa Rodríguez del Toro medio año después de la boda y había jurado no volver a casarse, promesa que cumplió, sosteniendo relaciones amorosas informales a lo largo de su vida.

La relación entre ambos, iniciada en Quito, se prolongaría hasta la muerte de Bolívar en diciembre de 1830. Sáenz lo siguió a Lima cuando el Libertador se instaló allí para dirigir la campaña final contra el Perú realista; estuvo presente en la retaguardia de las operaciones que culminaron en Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre de 1824), la batalla que selló la independencia sudamericana bajo el mando de Antonio José de Sucre. Fue Sucre quien, en reconocimiento a sus servicios, propuso su ascenso al grado de coronela del ejército colombiano, título que Bolívar confirmó. No era una distinción decorativa: Sáenz cumplía funciones de correo, archivera y agente de inteligencia dentro del entorno del Libertador, y ejercía autoridad efectiva sobre la escolta y el personal doméstico y militar que rodeaba a Bolívar, incluidas sus dos servidoras liberadas y compañeras de toda la vida, Jonatás y Natán, mujeres afrodescendientes que la acompañaron desde Quito hasta el destierro final en Paita.

La correspondencia entre Bolívar y Sáenz documenta una relación sostenida durante al menos cuatro años clave: hay carta desde Ibarra el 6 de octubre de 1826, desde Bucaramanga el 3 de abril de 1828, otra de finales de julio de 1828, y una del 11 de mayo de 1830, ya en vísperas de la renuncia definitiva del Libertador a la presidencia. La carta de Bucaramanga corresponde al retiro de Bolívar durante la Convención de Ocaña. Los lugares desde los que escribía revelan que la correspondencia lo seguía en sus desplazamientos por la Gran Colombia y que Sáenz permanecía como interlocutora política y personal a lo largo de esos años cruciales.

Bogotá, 1828: la noche del Palacio de San Carlos

En 1827, Sáenz se instaló en Bogotá siguiendo a Bolívar, que había regresado a la capital para intentar contener la crisis política de la Gran Colombia. El contexto era el de la fractura definitiva del proyecto bolivariano. Las diferencias entre Bolívar y Francisco de Paula Santander, vicepresidente y ejecutor cotidiano del poder desde 1821, se habían profundizado a partir de 1826. Pesaron en ello la rebelión de José Antonio Páez en Venezuela, que Bolívar no condenó y Santander sí, y la creciente inclinación del Libertador hacia soluciones centralistas y autoritarias. El 19 de marzo de 1827, Bolívar rompió formalmente su amistad con Santander en una carta donde le pedía que se abstuviera de escribirle.

La Convención de Ocaña, reunida en 1828 para reformar la constitución de Cúcuta, fue el escenario decisivo de la polarización entre centralistas afines a Bolívar y federalistas agrupados en torno a Santander. Su fracaso llevó al Libertador a asumir poderes extraordinarios en agosto de ese año, inaugurando lo que sus contemporáneos y la historiografía posterior denominaron su dictadura. La oposición santanderista radicalizó su rechazo. En ese clima maduró la conspiración para asesinarlo.

En la madrugada del 26 de septiembre de 1828, un grupo de conjurados, militares y civiles de distintos perfiles, asaltó el Palacio de San Carlos, sede de la presidencia en Bogotá. Manuela Sáenz estaba con Bolívar. Su intervención fue precisa: entretuvo a los atacantes el tiempo suficiente para que el Libertador saltara por una ventana y escapara al río San Agustín, donde permaneció escondido varias horas antes de ser rescatado. El episodio quedó fijado en la memoria colombiana como el momento en que Sáenz salvó la vida de Bolívar; el propio Libertador la llamó desde entonces Libertadora del Libertador, epíteto que ha sobrevivido a casi dos siglos de reescritura.

La represión posterior, dirigida por el general Rafael Urdaneta, fue severa: alrededor de sesenta detenidos, catorce ejecuciones —entre ellas la de José Prudencio Padilla, almirante pardo que probablemente no participó en la conspiración pero cayó víctima de los prejuicios raciales del momento—, condena a muerte de Santander conmutada por destierro pese a que no había intervenido directamente, y fuga de otros implicados como Mariano Ospina Rodríguez, que sería décadas después presidente conservador. Algunos prófugos fueron capturados por campesinos en los alrededores de Bogotá.

La actuación de Sáenz esa noche no fue la de una amante alarmada sino la de una agente política que sabía lo que estaba en juego. Ejercía autoridad sobre la escolta, conocía los planos del palacio, tenía información sobre el estado de ánimo de los conjurados y calculó con sangre fría el margen que necesitaba Bolívar para escapar. Es esta dimensión, la mujer política, no la mujer sentimental, la que la historiografía tardaría en restituirle.

En los márgenes del poder bolivariano

La posición de Sáenz dentro del proyecto grancolombiano tiene un rasgo estructural que conviene señalar sin adornos: su agencia se ejerció en los márgenes informales del poder, precisamente porque el orden republicano que Bolívar y Santander disputaban no reconocía a las mujeres como ciudadanas activas. En las primeras repúblicas neogranadinas de 1811-1816, el cuerpo electoral se había definido por la condición de hombres con independencia económica, criterio que excluía de facto a las mujeres de la política institucional. Bajo la Gran Colombia el patrón se mantuvo. Los criollos letrados varones eran los dueños reconocidos del conocimiento europeo y los definidores de los parámetros de la civilización; las mujeres, incluso las de la élite, quedaban confinadas al matrimonio, la dote y la administración doméstica.

Sáenz operó, en cambio, en un espacio que no tenía nombre institucional pero era real: la red epistolar, el acceso personal al Libertador, la casa presidencial, el archivo, la escolta, la información. Ese espacio le permitía ejercer influencia política efectiva sin ostentar cargo, y precisamente por eso su acción no dejaba rastro en las actas oficiales. En torno a Bolívar se agrupaban los centralistas, partidarios de una república unitaria con gobierno fuerte adaptado a la realidad americana; en torno a Santander, quienes desde una conducta legalista defendían posiciones constitucionalistas y sufrieron represalias durante la dictadura. Sáenz pertenecía inequívocamente al primer bando y era, dentro de él, uno de los nudos que sostenían la comunicación cotidiana del Libertador con sus generales y aliados. Daniel Florencio O'Leary, edecán irlandés de Bolívar y futuro cronista, la trató con respeto militar; con Urdaneta, ejecutor de la represión post-septembrina, compartió lealtad al Libertador, y esa lealtad se mantuvo hasta el final: Bolívar y Urdaneta seguían manteniendo correspondencia todavía en octubre de 1830, semanas antes de la muerte del primero.

Que la relación de Sáenz con Bolívar fuese amorosa no la convierte en apéndice de él. Ambos vínculos, el afectivo y el político, coexistían y se reforzaban, como coexistían y se reforzaban en tantos hombres de la generación independentista sin que eso los redujera a su vida sentimental. La asimetría del juicio histórico es lo que hay que nombrar: al Libertador se le contaron sus amores como episodios de una vida pública mayor; a Sáenz se le contó su vida pública como episodio de sus amores.

La disolución de la Gran Colombia y el destierro

El proyecto grancolombiano se desmoronó con rapidez a partir de 1829. Eliminada la amenaza española tras Ayacucho, desapareció el incentivo externo que había mantenido unida la alianza entre Venezuela, Nueva Granada y Ecuador. Las tensiones entre centralistas y federalistas, y los caudillos regionales opuestos a la concentración del poder en Bogotá, hicieron el resto. Venezuela se separó bajo el liderazgo de Páez en 1830. Ecuador, el antiguo Departamento del Sur, con capital en Quito, siguió el mismo camino ese mismo año bajo Juan José Flores, general venezolano al servicio de la causa quiteña. Bolívar renunció a la presidencia en mayo de 1830 y emprendió el viaje hacia la costa atlántica con intención de exiliarse en Europa. Murió el 17 de diciembre de ese año en San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta, sin haber embarcado.

La carta del 11 de mayo de 1830 atestigua que Sáenz seguía en comunicación con él en los últimos meses. Ella había permanecido en Bogotá; Bolívar avanzaba hacia el norte. Tras la muerte del Libertador, Urdaneta asumió el control militar y gobernó como dictador en Bogotá durante varios meses, intento final de salvar el proyecto bolivariano que terminó en la guerra civil de 1830-1831 y en el establecimiento, a comienzos de 1832, de la Constitución de la República de la Nueva Granada. La red bolivariana entró en desbandada, expulsada del país o replegada en el silencio.

Sáenz quedó en Bogotá en situación cada vez más incómoda. La nueva administración santanderista —Santander regresó del destierro en 1832 y fue elegido presidente de la Nueva Granada— la consideraba enemiga política y símbolo viviente del bolivarianismo derrotado. Mantuvo su desafío en gestos públicos: quema simbólica de proclamas santanderistas, defensa abierta de la memoria del Libertador. En 1834 fue expulsada del país. Intentó regresar al Ecuador, pero Flores le negó la entrada. Terminó en Paita, pequeño puerto del norte peruano, donde vivió los últimos veintidós años de su vida en pobreza creciente, sostenida por el tabaco que vendía y por el bordado, y acompañada hasta el final por Jonatás y Natán.

La coronela de Paita

Paita fue un destierro pero también un mirador. Puerto de escala en la ruta del Pacífico, recibía viajeros que reconocían en la mujer paralítica —Sáenz había quedado con las piernas inmóviles tras una caída, hacia 1850— a la compañera del Libertador. La visitaron figuras diversas. Giuseppe Garibaldi, el revolucionario italiano que combatió en Sudamérica antes de sus campañas en la península, pasó por Paita hacia 1851 y dejó memoria del encuentro. Herman Melville, entonces marinero, escaló también en el puerto y aludió a ella en escritos posteriores. Ricardo Palma, que sería el gran cronista del Perú, la conoció en su vejez y la retrató en sus Tradiciones peruanas, fijando una imagen que combinaba respeto militar, curiosidad literaria y cierta mitologización.

En Paita conservó su archivo: cartas de Bolívar, documentos, papeles del período de la Gran Colombia. Ese archivo se perdió en gran parte cuando, tras su muerte por difteria el 23 de noviembre de 1856 durante una epidemia que azotó el puerto, las autoridades locales quemaron sus pertenencias como medida sanitaria. La destrucción física de sus papeles selló, en el terreno documental, la subordinación posterior de su figura: sin archivo propio, su historia quedó a merced de los archivos ajenos, principalmente los del entorno de Bolívar y los de sus adversarios políticos.

Fue enterrada en una fosa común de Paita. En 2010, el gobierno del Ecuador organizó una repatriación simbólica de sus restos, sin cuerpo identificable, mediante el traslado de urnas con tierra del cementerio de Paita al Panteón Nacional de Quito y a Caracas, donde una parte fue depositada junto al sarcófago de Bolívar. El gesto, tardío y en parte performativo, subrayaba la asimetría de la memoria: al Libertador se le había repatriado con ceremonia de Estado en 1842; a la Libertadora del Libertador, ciento cincuenta y cuatro años después de su muerte, con tierra en lugar de huesos.

La construcción del silencio

La escritura de la historia en la Colombia del siglo XIX tuvo un carácter fundacional y estuvo estrechamente ligada a la política. Los historiadores del período —José Manuel Restrepo y otros— construyeron un relato centrado en los héroes epónimos de la independencia y en la unidad nacional, y participaron activamente en la competencia entre proyectos políticos, interpretando el pasado para fundamentar valores de determinadas tendencias. La historiografía y la iconografía combinaban retratos, grabados y narraciones para fijar en el imaginario colectivo la fisonomía y las virtudes de los próceres seleccionados: valentía, inteligencia, elocuencia, firmeza, atributos asociados sistemáticamente a figuras masculinas.

En ese canon, las mujeres patriotas encontraron acomodo estrecho. Policarpa Salavarrieta, la joven ejecutada por los realistas en 1817, fue admitida al panteón como mártir: figura sacrificial, más objeto de piedad que sujeto de acción. Manuela Beltrán, la mujer de El Socorro cuyo gesto de rasgar el edicto de impuestos en 1781 comunicó audacia a la multitud y desencadenó la revuelta comunera, fue mencionada pero difícilmente incorporada como agente política plena. Josefa Acevedo Tejada, hija del prócer José Acevedo y Gómez, quedó en la sombra de su padre. Sáenz, en cambio, no encajaba en ninguna casilla disponible: no había sido mártir, no había sido detonante fugaz, no había sido hija ilustrada de un prócer. Había sido protagonista política sostenida, coronela con mando, compañera pública de un Libertador que además había gobernado como dictador. Todo en ella incomodaba al canon.

El inventario monumental del centro histórico de Bogotá refleja el resultado. Están los bronces de Bolívar, de Santander, de Antonio Nariño, y de otros militares, estadistas e intelectuales masculinos. La única mujer patriota de la independencia con monumento propio identificable en ese corpus es Policarpa Salavarrieta, obra de Dionisio Cortés en la Carrera 3 con Calle 18. Manuela Sáenz no aparece.

La patrimonialización de la Quinta de Bolívar, impulsada a comienzos del siglo XX por la Sociedad de Embellecimiento de Bogotá con aportes oficiales, de la Junta del Centenario y de particulares —incluida una sección de señoras y señoritas creada en 1922 para su cuidado—, orientó todos los esfuerzos a la figura del Libertador. Sáenz, que había frecuentado la casa, no fue objeto de reivindicación paralela. El lugar se memoralizó como espacio del prócer, no como escenario de una relación política en la que dos personas actuaban.

Los textos historiográficos colombianos que la mencionaron durante largas décadas la vincularon casi exclusivamente al episodio del 26 de septiembre de 1828: la mujer que salvó a Bolívar. La acción quedaba, pero se leía como gesto de amante fiel, no como operación de una política experimentada. La coronela quedó fuera de las actas por las mismas razones por las que quedó fuera de los bronces.

La restitución tardía

La segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI han visto emerger una corriente académica que reescribe la historia de la independencia atendiendo a mecanismos de participación femenina antes silenciados. Los estudios sobre las mujeres en las guerras de emancipación, sobre la construcción de género en las repúblicas andinas y sobre las categorías fluidas de raza y saber en el mundo neogranadino han devuelto a Sáenz espesor propio.

Su correspondencia ha sido editada, sus servicios militares analizados con detalle, el episodio septembrino releído como operación política y no como reflejo doméstico. Novelistas y ensayistas ecuatorianos, colombianos y peruanos la han incorporado como personaje mayor, y la repatriación simbólica de 2010, con toda su naturaleza performativa, formó parte de ese trabajo de restitución. En el Ecuador es hoy figura oficial: nombre de calle, referencia obligada en los manuales, presencia iconográfica.

La memoria pública colombiana avanza a ritmo distinto. El monumento, la calle, el billete y el manual escolar siguen anclados en el canon masculino y militar del siglo XIX. Sáenz aparece con más frecuencia en el discurso académico y literario que en la iconografía cívica. Para el gran público bogotano, su nombre remite todavía al episodio del Palacio de San Carlos antes que a una trayectoria política de treinta años. La rehabilitación es real pero desigual, y su geografía dice algo: la coronela pesa más en Quito, donde nació, que en la ciudad donde ejerció la política.

Lo que Sáenz deja

Manuela Sáenz Aizpuru pertenece a la muy corta lista de mujeres de la independencia sudamericana cuya acción política tiene registro documental sostenido. Fue coronela por servicios propios, agente dentro de la red del Libertador, protagonista de una noche que decidió el rumbo inmediato de la Gran Colombia, exiliada por sus convicciones bolivarianas, y superviviente durante veintidós años en un puerto peruano que la convirtió, sin proponérselo, en depositaria viva de una época.

Su caso ilumina algo más amplio que su biografía. El proyecto independentista proclamó la libertad de los pueblos americanos, pero no reconoció a las mujeres como ciudadanas. Su acción política solo cabía en los márgenes informales del poder. Sáenz pudo ejercer influencia real porque tuvo acceso personal a Bolívar; ninguna institución de la Gran Colombia la habría admitido en su seno. Que su figura haya sido reducida durante más de un siglo a apéndice sentimental del Libertador es la prolongación, en la memoria, de esa exclusión estructural que la vida le impuso en la política.

La Libertadora del Libertador es un título que dice más de lo que aparenta. Nombra el hecho concreto —salvó a Bolívar en la madrugada del 26 de septiembre de 1828— y a la vez encubre la trayectoria mayor que lo hizo posible: la de una mujer que durante ocho años operó dentro del núcleo del proyecto grancolombiano con lucidez política, mando militar y coraje sostenido. Fue confidente del Libertador y coronela con mando propio; espía y archivera; centinela nocturna del Palacio de San Carlos y exiliada tenaz en un puerto del Pacífico. Esa trayectoria completa, sin la reducción al gesto de una noche ni la inflación del proceso de su rehabilitación, es la que le corresponde.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

28 documentos · 31 fragmentos
01Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Página 3481 cita
[1]

BOLANH, XVI, 334. 55. Bolívar to Manuela Sáenz, Ibarra, 6 October 1826, Cartas del Libertador, VI, 80. 56. Bolívar to Manuela Sáenz, Bucaramanga, 3 April 1828, Cartas del Libertador, VI, 80. N O T E S to pp. 176–83 321 57. Bolívar to Manuela Sáenz, end of July 1828, Cartas del Libertador, VII, 377; Bolívar to Manuela…

p. 348
02La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · Páginas 55, 2452 citas
[2]

que se había establecido en la colonia Venezuela hacia el final del siglo xvi. En el transcurso de dos siglos, la familia Bolívar había adquirido extensas superficies de tierra, manadas de ganado y hor - das de esclavos. Con el tiempo hasta había obtenido un título de marqués, si bien esa categoría nobiliaria algo…

p. 55
[4]

España, de quienes sospechaba que aplicaban una táctica taimada: apostaban a que el régimen de Santander degenerara en un caos total, para que España pudiera adue - ñarse otra vez de Colombia sin esfuerzo. En la madrugada del 26 de septiembre se produjeron varias detencio - nes, pues los principales conspiradores eran…

p. 245
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1241 cita
[3]

el Pala cio de San Carlos, sede de la presidencia. Bol í var se escap ó gracias a Manuelita S á enz, su pareja, que entretuvo a los conjurados mientras Bol í var saltaba por una ventana. Varios de los participantes fueron juzgados y condenados a muerte, aunque algunos, como Mariano Ospina Rodr í guez, lograron…

p. 124
04Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1151 cita
[5]

blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…

p. 115
05Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 108, 2982 citas
[6]

se había afianzado el concepto de clase, determinado por condiciones de ori- gen, parentesco, y poder económico o político; si las dos primeras eran sólidas, la modificación de las otras dos per- mitía el ascenso vertical. Un matrimonio conveniente ofrecía esa oportunidad. [301] AÍDA MARTÍNEZ CARREÑO Por ello, la…

p. 298
[9]

se dedicaban a las labores agrícolas y gana- deras; cinco, a la minería; cuatro, trabajaban en oficios varios y nueve no precisaron si realizaban alguna labor. La mayoría eran mujeres de muy escasos recursos económi- cos y en dos casos especificaron que eran "pobres de so- lemnidad". Consecuentemente, sólo una sabía…

p. 108
06La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Página 2041 cita
[7]

la calificación de los representantes fue transferida a las cámaras provin- ciales. El Gobierno creaba una junta especial cuando se trataba de la calificación de los diputados a la convención constituyente, Los ciudadanos activos de las primeras repúblicas: los padres de familia libres de todos los colores La sociedad…

p. 204
07Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 411 cita
[8]

“embarrassing dilem- ma” was solved not by entirely rejecting the European vision, but by the creation of a sense of equality and a distancing from Europeans, as is reflected in the double mission of “countering the savage spirit” and “the ignorance of the masses” and, at the same time, struggling against “Western…

p. 41
08Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 991 cita
[10]

de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…

p. 99
09Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 651 cita
[11]

the acts of repression inflicted on him and his followers by Bolívar's dictator- Page 23 ship, and his political style was clearly what came to be known in Colombia as "sectarian," or highly partisan behavior. Faithful to his own legalistic bent, Santander was careful not to violate directly the political rights of…

p. 65
10Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 521 cita
[12]

en la cual la con- ducta legalista del segundo no fue bien aceptada por el Libertador. O como el rechazo que San- tander hizo de la rebeldía de Páez en 1826, al desconocer la autoridad granadina, conducta que no fue condenada por Bolívar, lo que desa- gradó profundamente al mandatario cucuteño. O como la simpatía que…

p. 52
11Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 211 cita
[13]

así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…

p. 21
12Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 4091 cita
[14]

eprolongó por es p a c i o de un mes. Juan de Francisco Martín p a r t i ó hacia Kingston, J amaica, donde t e n í a i n t e r e s e s económicos de tiempo a t r á s.Su p a r t i d ade Cartagena no f u eprecisamente en medio de homenajesy aclamaciones,sinode i n s u l t o sy a g r e s i o n e spor pa r t ede quienes…

p. 409
13Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · Página 3291 cita
[15]

puertos, –, . . Rensselaer to his father,  January,  May , in Bonney, Legacy, :, –. . Colombia, AHNC, RE, Censos, Censo de ; Nieto, ‘‘Geografía histó- rica,’’ –; Posada-Carbó, Una invitación a la historia de Barranquilla, . Ba- rranquilla fully developed only in the s. .…

p. 329
14Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · Página 3291 cita
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puertos, –, . . Rensselaer to his father,  January,  May , in Bonney, Legacy, :, –. . Colombia, AHNC, RE, Censos, Censo de ; Nieto, ‘‘Geografía histó- rica,’’ –; Posada-Carbó, Una invitación a la historia de Barranquilla, . Ba- rranquilla fully developed only in the s. .…

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15Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 661 cita
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the civil war fought between 1830 and 1831. The territory that Gran Colombia called Cundinamarca be- came the Republic of New Granada. Following Simón Bolívar’s resignation of the presidency in May 1830 and his death in December of that year, Rafael Urdaneta assumed leadership of New Granada’s national military and…

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16Uniting States: Voluntary Union in World PoliticsJoseph M. Parent · 2011 · Página 91 cita
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a focal solution to liberation legitimacy problems. He had a centralized multistate army, a reservoir of goodwill, and a mind for unication. Although no one matched Bolívar’s zeal for union, for a time he was the only game in town. 26 That reversed as Bolívar’s stayed the same while reality changed. His army grew…

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17¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 571 cita
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Antonio José de Sucre, el líder del partido bolivariano menos compro metido en los conflictos. Cuando Bolívar murió, en diciembre de 1 830, la Nueva Granada, que incluía al actual territorio colombiano más Pa namá, ya tenía una vida separada. El país resultante llegaba a una nueva era afectado _por la pobreza de la…

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18El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 4231 cita
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donde se le nombró protector vitalicio del Perú, así como las muchas lisonjas y testimonios de aplauso, y el ilimitado poder que ejerció durante cinco años. Sólo tras largos ti- tubeos logró evadirse de aquella seducción. Partió enton- ces a Bogotá, donde se hicieron magníficos preparativos para tributarle un digno…

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19Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Página 1461 cita
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se sabe que en el período de 1509 a 1539, alrededor del 6% fueron mujeres; en el período de 1540 a 1559 el porcentaje subió al 23% 12. Es posible que la proporción de mujeres a hombres no fuera a mediados del siglo muy diferente de la del Perú, donde había una mujer por cada 7 u 8 españoles 13. El único dato…

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20Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1021 cita
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a sp ira r a ocupar un lugar de m ayor estatus. D urante las últim as décadas del siglo XVIII, el creciente núm ero de aspirantes m estizos y m ulatos generó eviden tes tensiones sociales. D esde finales del siglo xvi, varias disposiciones esp añ o las m antenían a raya las aspiraciones sociales de m estizos y m…

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21Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 951 cita
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virrey Mendinueta en 1797. La razón: Gastelbondo, aunque graduado, no ha ejercido como catedrático en anatomíay cirugía y, por encima de todo, "es de color pardo" (Quevedo, 1993: 125-127). Sabemos que para poder ejercer su profesión, la ley española exigía que todos los médicos "latinos" —es decir que habían obtenido…

p. 95
22Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 11 cita
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27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
23Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicoPágina 111 cita
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que en la medida en que avancemos en la valoración de la totalidad de las obras que por cierto se instalan a diario en parques y avenidas encontraremos probablemente otras tantas obras tan valiosas como las que presentamos a continuación. Monumento a Tomás Cipriano de Mosquera, ca 1928. Tarjeta Postal 13 Sector Centro…

p. 11
24La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · Página 4061 cita
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la Torre, Emilia Cuervo, Carmen Elvira Arroyo Olano, Mary Vargas, Rosa María Salazar, Julia Camacho, María Luisa Sinisterra, María Calderón, María Antonia Cuervo, Con- chita Angulo y Ana Pérez Durán (seb, Libro 4, Acta de la sesión del 17 de noviembre de 1920). Muchas de estas damas habían sido muy eficaces en el…

p. 406
25Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Páginas 69, 1682 citas
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(Ca. 1855-1925)-Atribuido. Pintura (Óleo / Tela). 67 x 54 cm. Colección Museo Nacional de Colombia, reg. 258 Foto: ©Museo Nacional de Colombia / Juan Ramírez Imagen 45. Simón Bolívar, Ca. 1886. Constancio Franco Vargas (1842-1917) / José Eugenio Montoya Gallego (Ca. 1860-1922) / Julián Rubiano (Ca. 1855-1925)…

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el mundo antiguo, los contemporáneos y el porvenir entonan un coro para celebrar su gloria. Así, las representaciones en torno al que se fue consolidando en las últimas décadas del XIX como el padre de la patria se volvieron más intrincadas en cuanto combinaron la imagen y los textos apelando de diferentes maneras al…

p. 69
26Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 2071 cita
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la escena. E! gesto de Manuela Beltran comunico su propia audacia a la ira contenida de la multitud y millares de gentes hicieron sentir, entonces, el terrible poder de un pueblo enfurecido. »Los almacenes de los estancos fueron asaltados; los funcionarios perseguidos por las calles y sus casas convertidas en objeto…

p. 207
27Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Página 121 cita
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situado el Centro Cultural Gabriel García Márquez en un inmueble diseñado por el arquitecto Rogelio Salmona. Pero la mayor parte de las mujeres no tu- vieron la oportunidad de formarse allí, este fue el caso de Josefa Acevedo, quien aprendió a leer y escribir en su casa gracias al interés de sus padres y en ese…

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28Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · Página 2921 cita
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de [372 ] PATRICIA TOVAR escribir la nueva historia y los mecanismos de la participación política de la mujer colombiana*. * Este artículo se benefició de la valiosa ayuda de Martha López y Adriana Ramírez, estudiantes de antropología de la Universidad Nacional en semestre de tesis, quie- nes colaboraron en la…

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