José Acevedo y Gómez
Independencia
1772–1817
La biografía
Nacido en 1772 y muerto en 1817, José Acevedo y Gómez fue el redactor del Acta del 20 de julio de 1810, el hombre que arengó a la multitud santafereña desde un balcón de la Plaza Mayor en la jornada que la República tomaría después como su acta de nacimiento, y el primer secretario de la Junta Suprema del Reino que aquella noche se instaló. Comerciante de la élite criolla neogranadina, abogado de la reforma del sistema colonial, operador político entre facciones durante la Primera República y subpresidente de la Villa de Zipaquirá y Nemocón en 1814, terminó su vida perseguido por la Reconquista española en los bosques del piedemonte amazónico, lejos del escenario urbano que lo había consagrado. Su celebridad se fijó en una sola fecha —el 20 de julio— que oscurece una trayectoria más larga y más difícil: la de un hombre que supo leer un momento histórico, redactó su fórmula jurídica y pagó con el destierro y la muerte la derrota militar del proyecto que había ayudado a fundar.
Línea de vida
- 1772
Nacimiento
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Nació en 1772 en el seno de la élite criolla neogranadina, en un entorno de vínculos comerciales y acceso a la formación letrada característica de la 'república blanca' de la Nueva Granada colonial.
- 1808
Crisis dinástica y posicionamiento político
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Ante la invasión napoleónica a España, la prisión de Carlos IV y Fernando VII y la instalación de José Bonaparte, Acevedo y Gómez se alineó con los criollos que invocaban la teoría ilustrada de la soberanía popular en ausencia del monarca, acumulando el descontento que lo llevaría a la acción de 1810.
- 1810
Arenga desde el balcón de la Plaza Mayor
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El 20 de julio de 1810 arengó a la multitud congregada en la Plaza Mayor de Santafé desde un balcón, canalizando el descontento popular hacia demandas políticas concretas: la constitución de una junta y la aprobación de la lista de delegados del pueblo.
- 1810
Redacción y firma del Acta del 20 de julio
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Redactó el Acta de Independencia, firmada en la madrugada del 21 de julio de 1810, que establecía la soberanía provisional de la Junta Suprema del Reino, un principio federalista de representación provincial y la lealtad nominal a Fernando VII, introduciendo por primera vez en un documento público neogranadino el principio de soberanía del pueblo.
- 1810
Declaración de no reconocimiento al Consejo de Regencia
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El 26 de julio de 1810 la Junta de Santafé, de la que Acevedo y Gómez era secretario, declaró que no reconocía al Consejo Supremo de Regencia y convocó el 29 de julio a las 22 provincias del reino a enviar representantes para formar un gobierno interino.
- 1814
Nombramiento como subpresidente de Zipaquirá y Nemocón
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Los comisionados políticos del Gobierno general de las Provincias Unidas lo nombraron, con el grado de coronel, subpresidente y jefe superior político de la Villa de Zipaquirá y Nemocón, con el encargo de regular el abasto de los pueblos, mantener el orden político y económico y asegurar los bienes de los enemigos ante el pánico económico generado por la guerra.
- 1817
Muerte en el exilio amazónico
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Murió en 1817 perseguido por la Reconquista española del general Pablo Morillo, refugiado en los bosques del piedemonte amazónico, lejos del escenario urbano que lo había consagrado como figura fundacional de la República.
La casa y la letra: orígenes de un criollo comerciante
Acevedo y Gómez pertenecía a ese mundo estrecho de la "república blanca" neogranadina en cuya cima se acomodaban las familias con vínculos urbanos en Santafé, Cartagena o Popayán, con acceso a los colegios-universidades y, en su caso, a los circuitos del comercio ultramarino. Casó con Catalina Sánchez de Tejada y Nieto —Catalina Tejada, en la forma corta con que la memoria familiar la conservó—, mujer de cultura y conocimientos superiores a los de las mujeres de su tiempo, según habría de subrayar después la propia hija de ambos. De ese matrimonio nacieron los hermanos Acevedo Tejada, entre ellos Josefa y Pedro, cuya trayectoria posterior mezcló la vida pública y militar con el interés por la ciencia y las artes, herencia probable de una casa donde el saber se cultivaba puertas adentro.
El detalle doméstico no es anecdótico. En la Nueva Granada tardía la formación letrada institucional era en la práctica masculina: la mayoría de las mujeres no tuvo acceso a los colegios, y la propia Josefa Acevedo aprendió a leer y escribir en su casa, gracias al interés de sus padres. Que una hija de Acevedo y Gómez terminara publicando obra propia habla del clima intelectual de la familia y, por extensión, del sustrato del propio prócer: un hombre para quien la lectura, la carta política y el argumento escrito eran instrumentos naturales.
Se movió, además, dentro del grupo comerciante que a fines del siglo XVIII se había vuelto pieza necesaria del virreinato. Compartía con el cartagenero José Ignacio de Pombo la condición de abogado de una reforma del sistema colonial español —no de una ruptura frontal, todavía— y compartía con los suyos el descontento acumulado ante las reformas borbónicas, que habían generado en la élite criolla la sensación de una discriminación sistemática por parte de las autoridades peninsulares. Ese descontento coexistía con una prosperidad real: la minería del oro se había expandido en los últimos decenios del siglo XVIII, y las décadas previas a 1810 no fueron para los criollos neogranadinos años de miseria sino de acumulación con techo político. El comercio ultramarino los ataba a Cádiz por una cadena de crédito y consignaciones que en tiempos de guerra se volvía trampa: buques capturados, remesas retenidas, avales incobrables. La riqueza criolla dependía de un sistema que, al mismo tiempo, la asfixiaba.
Sobre ese sustrato material se depositaron las ideas. Montesquieu, Rousseau, la Enciclopedia de Diderot y d'Alembert circularon como sustrato de una generación que también leyó, y quizás con más peso inicial, a los ilustrados españoles —Feijóo, Jovellanos—, cuya influencia atravesó la formación intelectual de figuras como José Celestino Mutis, Francisco José de Caldas y Antonio Nariño. La Expedición Botánica y la reforma educativa borbónica, aunque concebidas desde la metrópoli, contribuyeron sin proponérselo a fabricar en Santafé una conciencia criolla ilustrada. Acevedo y Gómez no fue un naturalista ni un publicista sistemático, pero vivió y actuó dentro de ese aire intelectual: cuando llegó su momento, tenía a mano el vocabulario político preciso —soberanía, pueblo, constitución, federación— para nombrar lo que estaba ocurriendo.
La ocasión y el balcón: el 20 de julio de 1810
La coyuntura llegó desde afuera. La invasión napoleónica a España en 1808, la prisión de Carlos IV y Fernando VII, y la instalación de José Bonaparte en el trono peninsular abrieron una crisis dinástica que dejó a las colonias ante un vacío jurídico. Los criollos americanos recurrieron entonces a la teoría ilustrada según la cual, en ausencia del monarca, la soberanía retorna al pueblo como su legítimo depositario. La Junta Central de Sevilla, que pretendía administrar la lealtad americana desde una representación considerada inadmisiblemente minoritaria, no logró contener la respuesta: cabildos como los de Santafé, Socorro, Popayán y Tunja formularon programas de gobierno de inspiración ilustrada —el de Socorro llegó a proponer la supresión de las clases improductivas— y el Memorial de Agravios erosionó definitivamente la confianza en el orden metropolitano.
En julio de 1810, Acevedo y Gómez escribió una carta en la que resumía el clima interior de esos días con una frase que él mismo no pretendía inmortal: estaba dispuesto a perder sus fondos en España "con tal de que mi patria corte la cadena con que se halla atada a esa Península, manantial perenne de sus tiranos". Un envío suyo a Cádiz había sido capturado por "un poderoso enemigo en la mar", y en la misma carta acusaba al "gobierno bárbaro" de haber dejado perecer a su familia. La rabia era personal y era política a la vez, y en su caso las dos cosas no se separaban.
El 20 de julio, el incidente entre los hermanos Antonio y Francisco Morales Galavís y el comerciante peninsular José González Llorente en la Plaza Mayor de Santafé —un pretexto tramado por un núcleo de patriotas que incluía a José María Carbonell— desató la multitud. El virrey Antonio José Amar y Borbón se negó inicialmente a convocar el cabildo, único organismo que podía dar carácter constitucional a las peticiones populares. La presión de la calle y de los patriotas obligó a la convocatoria. El virrey no ordenó el uso de la fuerza militar para dispersar a la muchedumbre: no podía confiar plenamente en un ejército con oficiales criollos, y sus adherentes habían desaparecido de la vista pública.
Fue entonces cuando Acevedo y Gómez se asomó al balcón que daba a la plaza. Desde allí arengó a la multitud y canalizó el descontento hacia demandas políticas concretas: pidió al pueblo que se pronunciara primero por la constitución de una junta y luego que aprobara la lista de delegados. Fue una operación política de precisión. Convertir un tumulto —el ruido de la plaza, el vidrio del florero, la rabia contra Llorente— en un acto jurídico. Un testigo contemporáneo dejó consignado que durante aquellos días memorables Acevedo y Gómez no durmió ni reposó: visitaba cuarteles, casas de amigos, la plaza principal, tiendas de artesanos, y no abandonaba la junta en los momentos críticos donde se discutían las más graves cuestiones. Ese hombre insomne, moviéndose entre el balcón y el cuartel, entre la tienda del artesano y la mesa del secretario, es el Acevedo y Gómez que la fecha oficial suele achatar en un solo gesto.
Al amanecer del 21 de julio se firmó el documento que él mismo había redactado en la noche. Esa tarde escribiría, en otra carta, dos palabras: "Somos libres". El pueblo confirió al virrey Amar el cargo de presidente de la nueva junta, en una fórmula transaccional que reflejaba la cautela del momento antes que un cambio real de la relación de fuerzas.
El acta y su fórmula: soberanía del pueblo, lealtad al rey
El texto redactado por Acevedo y Gómez —conocido como Acta de Independencia, aunque en rigor firmado en la madrugada del 21— es un documento de compromiso que resume las tensiones de la coyuntura con precisión política notable. Establecía que toda autoridad quedaría depositada provisionalmente en la Junta Suprema del Reino hasta que dicha Junta formara una constitución que asegurara la felicidad pública. Reconocía un principio federal: las provincias se unirían bajo un sistema cuya representación residiría en la capital para velar por la seguridad de la Nueva Granada. Y protestaba contra cualquier intento de ceder los derechos esenciales de la soberanía del pueblo a otro individuo que no fuera Fernando VII.
La fórmula era doble y deliberada. El Acta introdujo por primera vez en un documento público neogranadino el principio de la soberanía del pueblo, aunque Camilo Torres Tenorio ya había invocado el mismo principio semanas antes en su correspondencia política. Por otro lado, la lealtad nominal al rey cautivo permitía sostener la ruptura sin proclamarla: la independencia absoluta solo era deseada por una minoría de líderes, y decirla en voz alta habría chocado con un pueblo que aún miraba al monarca como figura casi sagrada. Esa independencia plena no llegaría hasta 1813. La eficacia del Acta consistió justamente en no forzar el paso: fabricar autoridad nueva bajo el nombre viejo.
Los días siguientes mostraron el alcance real de lo que se había hecho. El 26 de julio la Junta de Santafé declaró que no reconocía al Consejo Supremo de Regencia, estableciendo que ninguna corporación o persona proveniente de la Península tendría autoridad sobre esas tierras, excepto Fernando VII. El 29 de julio convocó a las 22 provincias del reino a enviar un representante cada una para formar un gobierno interino que convocaría luego a una asamblea general de cabildos. La convocatoria abrió de inmediato la primera grieta del proceso: Cartagena objetó que aquello tendía a formar una junta central al estilo español y propuso en cambio un gobierno federal con división de poderes. La discusión sobre la forma del Estado, que iba a costar tanta sangre en los años siguientes, comenzó nueve días después del balcón. Y esa discusión, no la arenga fundacional, sería el terreno en que Acevedo y Gómez pasaría los cuatro años siguientes de su vida pública.
Entre facciones: la Primera República y el trabajo político
La fórmula transaccional que el Acta había hecho posible se agotó pronto. Concluida la jornada fundacional, Acevedo y Gómez siguió operando en el terreno menos glamoroso de la administración política, en un país donde las cuestiones que el 20 de julio se habían dejado abiertas —la forma del Estado, la relación entre centro y provincias, el lugar del ejército en la política— se convirtieron en frentes de guerra civil. La Nueva Granada entró en la fase conocida, con desdén posterior, como Patria Boba: dos soberanías patriotas enfrentadas, con ejércitos propios, disputándose el modelo institucional.
Antonio Nariño encabezó el bando centralista desde Cundinamarca; Camilo Torres y los directores del Congreso lideraron el federalista desde las Provincias Unidas. Los enfrentamientos llegaron a las armas: Antonio Baraya, federalista de Tunja, combatió contra los centralistas de Santafé en 1812. Ese año Nariño renunció, dejó al interino Manuel Benito de Castro entre el 20 de agosto y el 12 de septiembre, y retomó el mando presionado por la solicitud de rendición que Baraya había formulado al gobierno de Bogotá. La constitución de Torres para las Provincias Unidas, basada en el modelo estadounidense, estuvo lista el 27 de noviembre de 1811, pero Cundinamarca, bajo influencia de Nariño, no se adhirió. Fueron dos constituciones, dos capitales, dos ejércitos: una república partida por la mitad antes de haber consolidado su primer año de vida institucional.
El centralismo de Nariño no era, sin embargo, un conservadurismo temprano, aunque así se lo leyera desde el liberalismo decimonónico. Nariño defendía un centro fuerte en un país en guerra, y sus decisiones estuvieron cruzadas por la lógica militar más que por una filosofía política clausurada. En 1813 los ejércitos centralistas de Cundinamarca y los federalistas de las Provincias Unidas operaron conjuntamente en el sur bajo su mando, y a fines de 1814 se fusionaron definitivamente. La guerra civil entre patriotas no fue continua ni total. Hubo momentos de cooperación forzada por la amenaza realista, y esa alternancia entre choque y alianza definió el ritmo del período.
Dentro de ese paisaje se dibuja el lugar particular de Acevedo y Gómez, que nunca fue jefe de facción ni comandante de tropas, sino algo más útil y menos vistoso: un articulador. El redactor del Acta había quedado, por definición, del lado de quienes creían que la legitimidad se ganaba con papel firmado y no con bayoneta impuesta. Su cercanía a Camilo Torres —el otro gran teórico de la soberanía popular en la generación fundadora— lo inclinó hacia el federalismo constitucional de las Provincias Unidas, sin cerrarle del todo las puertas de Santafé mientras Nariño gobernó allí. Esa posición intermedia, que en tiempos de guerra abierta habría sido insostenible, se mantuvo viable precisamente porque los dos bandos se necesitaban entre choque y choque.
En 1814, con la fusión militar en curso, Acevedo y Gómez recibió un encargo que precisa su lugar real en el sistema: los comisionados políticos del Gobierno general de las Provincias Unidas lo nombraron —con el grado de coronel— subpresidente y jefe superior político de la Villa de Zipaquirá y Nemocón. El cargo respondía a una necesidad concreta y prosaica. El pánico económico que había generado la guerra estaba llevando a los propietarios a vender ganados, esclavos y semovientes precipitadamente, con lo cual el abasto de los pueblos se descomponía y las unidades de producción que sustentaban a los ejércitos en campaña quedaban amenazadas. Acevedo debía regular ese abasto, mantener el orden político y económico, administrar haciendas, servir de base a la intendencia militar y asegurar que los bienes de los enemigos estuvieran a buen recaudo.
Traducido: gestionar el patriotismo criollo bajo forma de administración de recursos y de custodia de propiedades confiscadas a los realistas. La Primera República fue eso, en gran medida, tanto como discursos y actas: un aparato improvisado de guerra que dependía de figuras confiables para sostener la logística en las provincias. El redactor del Acta era también, cuatro años después, un funcionario intermedio en un régimen que perdía terreno, con una jurisdicción salinera y ganadera clave para el abasto de Santafé y para la caja de un gobierno acorralado. El nombramiento en Zipaquirá y Nemocón —donde estaban las salinas más productivas del altiplano— no era un cargo simbólico: era logística de guerra pura.
Ese destino administrativo tenía también un componente político preciso. Zipaquirá caía dentro de la jurisdicción histórica de Cundinamarca, es decir, del territorio que Nariño había gobernado como bastión centralista. Nombrar allí a Acevedo y Gómez —hombre de la órbita de Torres— era una forma de asentar la autoridad de las Provincias Unidas en el corazón mismo de la antigua zona rival, aprovechando que la unificación militar hacía tolerable lo que un año antes habría sido invasión. Acevedo, que no era ni completamente centralista ni completamente federalista, servía justamente para esa clase de operación: un rostro aceptable para todos los lados, un secretario devenido administrador cuya biografía política hablaba de acuerdos y no de choques.
La Reconquista: Morillo, la geografía y el destierro
En 1815, Pablo Morillo desembarcó al frente del ejército expedicionario español enviado a Venezuela y la Nueva Granada. La reconquista realista se cerró con la toma de Cartagena el 6 de diciembre de aquel año, tras un asedio de ciento dos días en el que se calcula que murió aproximadamente la tercera parte de la población, entre el hambre y las epidemias. La cifra, aun como estimación, mide la escala del castigo. En 1816, bajo el nuevo orden fernandino, fueron ejecutados la mayoría de los líderes independentistas neogranadinos: Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y otros. Morillo procedió además a la confiscación y venta de propiedades de los rebeldes —definidos ampliamente para incluir líderes, simpatizantes, seguidores pasivos y emigrados— sin el debido proceso legal. Su represión operó por sistema y por escala: consejos de purificación, tribunales de secuestros, ejecuciones ejemplarizantes en las plazas de las capitales.
La represión, sin embargo, no logró lo que se proponía. Al contrario: forzó a los americanos a unificar esfuerzos, a buscar apoyo en los sectores medios y a hacer concesiones al pueblo llano. El carácter social de la guerra empezó a cambiar precisamente cuando la élite fundadora era decapitada. La Reconquista mató a los patricios que habían hecho posible 1810 y, al matarlos, obligó al movimiento independentista a redefinirse.
Acevedo y Gómez escapó del cadalso de Bogotá, pero no del régimen. Perseguido por las tropas realistas, emprendió el camino del piedemonte hacia el oriente, buscando refugio en los bosques del sur, en la región de los Andaquíes, en el remoto piedemonte amazónico donde el poder español no alcanzaba a llegar con la misma eficacia. Allí murió en 1817, a los cuarenta y cinco años. La geografía se sumó a la política para clausurar su historia: el hombre que había hablado desde un balcón urbano frente a la multitud santafereña terminó sus días en la selva, sin auditorio, en un exilio interior que la Nueva Granada no había imaginado como destino posible cuando firmó el Acta siete años antes.
Esa muerte, silenciosa comparada con los fusilamientos ejemplares de la plaza, contribuyó a la construcción posterior de su figura como mártir: no cayó bajo las balas de Morillo, pero murió por causa suya, empujado hacia la periferia geográfica del reino. La distinción importa. Torres y Caldas fueron ejecutados como advertencia pública; Acevedo se apagó lejos, y su fecha exacta de muerte quedó envuelta en la vaguedad de los territorios sin registro parroquial ni administrativo. La selva absorbió al Tribuno antes de que la nueva República pudiera reclamarlo.
La red: familia, aliados y el largo eco doméstico
Alrededor de Acevedo y Gómez se movió una red que la biografía política suele desatender. Catalina Tejada, su esposa, sostuvo la casa mientras él visitaba cuarteles y redactaba actas, y transmitió a sus hijos una cultura letrada poco común entre las mujeres de su tiempo. Los hermanos Acevedo Tejada crecieron en ese ambiente y lo continuaron. Pedro Acevedo Tejada siguió la línea pública y militar; Josefa Acevedo de Gómez —que aprendió a leer y escribir en su casa, porque no había institución que la recibiera— convirtió el gesto doméstico en obra escrita, con textos que se publicaron después de su muerte y que prolongan, en clave femenina, el capital intelectual de la casa Acevedo Tejada.
En el plano político, Acevedo y Gómez circuló entre figuras cuya relación entre sí definió el arco de la Primera República. Nariño, con su centralismo de guerra, fue interlocutor obligado desde 1810: el redactor del Acta y el traductor de los Derechos del Hombre se necesitaban aunque discreparan sobre la forma del Estado. Camilo Torres, con su federalismo constitucional, encarnó el proyecto que a Acevedo terminó pareciéndole viable: el nombramiento de 1814 en Zipaquirá vino de ese lado. Antonio Villavicencio, comisionado regio cuya llegada precipitó los cálculos de julio de 1810, había sido pieza inadvertida en el disparador de la jornada. José María Carbonell trabajó la calle mientras Acevedo trabajaba el balcón: los dos oficios, el del agitador popular y el del articulador jurídico, se complementaron esa tarde y se separaron después, con Carbonell arrastrado hacia una radicalización que a Acevedo le resultaba ajena. El virrey Amar y Borbón, contraparte reticente, terminó firmando su propia neutralización.
A esa red hay que sumar los circuitos comerciales: José Ignacio de Pombo en Cartagena, con quien compartió la agenda reformista del comercio; los consignatarios gaditanos que le retuvieron fondos; los proveedores del abasto que administró desde Zipaquirá. Acevedo no perteneció por entero a ninguna facción, y ese lugar intermedio explica tanto su utilidad como su supervivencia política durante los años más ásperos de la guerra entre patriotas. Fue confiable para ambos bandos porque no era la punta de ninguno: sabía redactar, sabía administrar, sabía moverse. Lo que no supo —y nadie en su generación supo— fue anticipar la escala de la represalia que llegaría con Morillo.
La huella: canonización, fecha nacional y memoria disputada
La construcción de Acevedo y Gómez como prócer se hizo lentamente, y en gran medida contra la propia inestabilidad del recuerdo. La fecha del 20 de julio fue declarada aniversario de la independencia colombiana mediante la Ley 60 de 1873. El impulsor de esa tesis, José M. Quijano Otero, se desempeñaba entonces como secretario de la Cámara de Representantes, y es probable que él mismo haya tramitado el proyecto de ley que dio origen a la norma. La consagración de la fecha fue, así, una decisión tomada seis décadas después sobre qué día iba a llamarse fundacional: no un dato dado por los hechos de 1810 sino una operación republicana de fijación del calendario.
Con esa decisión, Acevedo y Gómez quedó fijado como "el Tribuno del Pueblo", figura del balcón y de la arenga. Las academias e instituciones regionales de historia, que a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX buscaron levantar la autoestima local exaltando próceres y "patricios", publicaron memorias y biografías que legitimaban a los grupos dirigentes regionales. La glorificación cumplió una función política: la geografía escolar pro-independentista formuló la lealtad a la causa como criterio de ciudadanía, y los próceres locales sirvieron para legitimar linajes dirigentes en cada provincia. En ese proceso, Acevedo y Gómez se volvió simultáneamente monumento nacional y patrimonio santafereño.
La memoria material siguió a la simbólica. Un barrio de Bogotá, Acevedo Tejada, quedó como topónimo cerca de la Ciudad Universitaria: hacia 1952 se lo mencionaba como el único vecindario en la proximidad inmediata del campus, rodeado todavía de potreros, lecherías y sembrados. El nombre —Acevedo Tejada, en compuesto— honra a la vez al prócer y a la casa entera, madre incluida. Es una forma discreta de justicia histórica: la ciudad recuerda al padre y a la línea materna en una misma placa.
Queda, sin embargo, la pregunta que la fecha nacional no responde. Acevedo y Gómez fue mucho más que el hombre del balcón: fue redactor de una fórmula jurídica delicada, operador de consensos entre facciones, funcionario logístico de un gobierno en guerra y víctima de la represión que clausuró la generación fundadora. La ficha oficial lo achata en un solo instante; el hombre real duró siete años más y trabajó, negoció, huyó y murió lejos. La distancia entre el prócer y el político concreto, entre el gesto y la trayectoria, entre el balcón de Santafé y el bosque de los Andaquíes, es la que restituye el retrato completo: el de un hombre de su tiempo que supo leerlo, escribirlo y pagar el precio de haberlo hecho.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 38 fragmentos01Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Páginas 12, 2652 citas
[1]situado el Centro Cultural Gabriel García Márquez en un inmueble diseñado por el arquitecto Rogelio Salmona. Pero la mayor parte de las mujeres no tu- vieron la oportunidad de formarse allí, este fue el caso de Josefa Acevedo, quien aprendió a leer y escribir en su casa gracias al interés de sus padres y en ese…
p. 12
[13]marca el punto de partida para lograr el progreso y felicidad de estas ricas comarcas. La re- lación fiel e imparcial de la revolución del 20 de julio y de la Guerra de la Independencia, debería ponerse en manos de nuestros hijos y ser su primer estudio después de la religión y la moral; porque ciertamente, después…
p. 265
02Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Páginas 456, 4632 citas
[2]una de las hijas de la familia Amador. Como comerciante de Cartagena, con vínculos muy fuertes y lazos familiares con familias criollas distinguidas de la Nueva Granada, Pombo surgió a principios de la década de 1800 como crítico importante del sistema español de comercio y gobierno y, como Acevedo y Gómez, fue un…
p. 456
[3]primeros descubridores y conquistadores. En una palabra, pertenecían y sentían per - tenecer a lo que se llamó la república blanca, situación que sólo tuvo algunos cambios muy a finales del siglo xviii. Ahora bien, los había blancos de origen rural —hijos de encomenderos pobres o arruinados, esto sobre todo en el…
p. 463
03Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 501 cita
[4]constructor de identidad al reelaborarse su sentido a la luz del pensamiento ilustrado. De hecho, las políticas borbónicas, con el objetivo de desarrollar las riquezas naturales coloniales en beneficio del Estado español, habían patrocinado el estudio de las ciencias útiles a través de la reforma de la educación,…
p. 50
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1691 cita
[5]en duda el viejo orden social y político, sino también los preceptos de la fe que regían hasta entonces, para establecer métodos de investigación más objetivos y, si pudiera decirse, científicos. Parale- lamente al racionalismo de Descar- tes se instaura, principalmente en Inglaterra, el empirismo, cuyos mayores…
p. 169
05La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1031 cita
[6]que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…
p. 103
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 106, 1082 citas
[7]los distintos grupos sociales de la Nueva Granada. En realidad, fue la coyuntura nacida de la inva- sión napoléonica a España la que incitó a los criollos a llenar el vacío de poder dejado por los Borbones, con la teoría en virtud de la cual, cuando faltaba el monarca, la sobe- ranía que éste ejercía a nombre del…
p. 106
[15]julio de 1810, que asumió el gobierno en nombre de Fernando El 20 desulio de 1810. Ñ Firma del Acta de Independencia en el cabil- do de Santafé, el 20 de Julio de 1810, óleo de Coriolano Leudo. En el Acta se reconocía a Fernando VII como legítimo rey de España. VII. En El Socorro, por su parte, fue el pueblo el que…
p. 108
07Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Páginas 10, 1152 citas
[8]con las ideas expresadas por los enciclo- pedistas franceses y emanadas de la Revolucion de 1789, a las cuales se adherian fervorosamente. Existia, ademas, un abierto repudio y disgusto por la insolencia de los funcionarios encargados del go- bierno en el virreinato, y por el escandaloso relaja- miento de la conducta…
p. 10
[33]Hhhong (ss * i presidente de las Provincias Unidas de Nueva Gra- “ ti: nada, Camilo Torres. Morillo volvid a Venezuela de- jando al pais en aparente sumision. La represion fernandina estuvo en el origen de un cambio profundo en la contienda civil, pues forz6 a los americanos a unificar sus esfuerzos, hasta entonces…
p. 115
08El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 5381 cita
[9]su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…
p. 538
09Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1381 cita
[10]e enviara a C ádiz p o r requerim iento del gobierno fue ca p tu rad o p o r "u n poderoso enem igo en la m ar". Así, decía, "este gobierno bárbaro ha dejado a perecer mi fam ilia". A cevedo concluyó que estaba d isp u esto a p e rd e r los fondos que aú n tenía en E spaña, "con tal de q u e mi patria corte la cadena…
p. 138
10Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Páginas 33, 372 citas
[11]to Origins 17 the Seville junta. The town councils did much more than merely complain of the Americans’ unequal representation in the junta or offer the familiar protests concerning the abuses of royal authorities. They went on to formu- late enlightened ideas and true programs for governance. Narv á ez y Latorre…
p. 33
[16]it was clear—and the vice- roy knew it—that the army would not act against the demonstrators. The plan worked: a junta was organized. At dawn on July 21, 1810, a document was signed that Colombians now refer to as their act of independence. Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction…
p. 37
11Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Páginas 29, 332 citas
[12]went on to formulate enlightened ideas and true programs for governance. Narváez y Latorre received instructions from the cabildos of Santafé (known as the “Memorial de Agravios,” or “Memorandum of Grievances”), Popayán, Socorro, Tunja, and Loja, among others. Similarly, he received a document written by Ignacio de…
p. 29
[17]Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction of the recently constituted junta: All authority will be placed provisionally in the Supreme Governing Body of this Kingdom, until this same Junta forms the Constitution that assures public happiness. The noble provinces will be counted on…
p. 33
12Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · Páginas 148, 1522 citas
[14]ñoles. Cuando la agitación popular estaba llegando a su clímax, Acevedo Gómez hizo su aparición en un balcón de un edificio que daba a la plaza, desde donde se dirigió a la multitud, ca nalizando el descontento colectivo hacia demandas políticas es pecíficas, primero les pidió que se pronunciasen en favor de la…
p. 148
[29]paña en contra de Lozano y los federalistas, que culminó con la renuncia del presidente, y la nominación de Nariño en el cargo de mando supremo. Pero por ese entonces ya se había reunido un nuevo con greso en Santa Fe, el 15 de septiembre de 1811, al que habían asistido representantes de todas las provincias que se…
p. 152
13Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2511 cita
[18]en nuestra patria. Alcance social: por primera vez se habla en nuestro país de soberanía del pueblo; el pueblo confiere a Amar el cargo de presidente de la junta; cambió la condición de la raza indígena y de los criollos. Los hijos de este suelo pudieron aspirar a los elevados cargos. Alcance económico: dado que esta…
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14Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1001 cita
[19]nomo, sin sujeci ó n al Consejo de Regencia: el 29 de mayo Torres habl ó de “ nuestra independencia y libertad, esta independencia que deb í amos disfrutar desde [...] septiembre de 1808 [...] Ya est á muy cerca el d í a [...] en que se declare y reconozca que somos hom bres, que somos ciudadanos y que formamos un…
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15Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · Página 342 citas
[20]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
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[21]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
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16Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 401 cita
[22]más radical de santafereños, conocidos como los “chisperos”, se encargó de dificultarle a la Junta Suprema de Santafé la moderación de sus decisiones iniciales. A consecuencia de ello, el 26 de julio, la Junta finalmente declaró que no reconocía al Consejo Supremo de Regencia, marcando un momento decisivo: ninguna…
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17La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Página 1731 cita
[23]de todas las provincias del reino. Así lo anunció Santafé al resto del territorio el 29 de julio de 1810, 60 en un comunicado que convocaba a las 22 provincias del reino a enviar un representante por cada una para formar un gobierno interino. De tal manera que una vez formado, ese cuerpo de representantes convocase…
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18Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 1591 cita
[24]de importantes haciendas y empresas económicas, fue lo que obligó a los comisionados políticos del Gobierno general de las provincias unidas a nombrar, en 1814, al coronel José Acevedo y Gómez como subpresidente y jefe superior político de la Villa de Zipaquirá y Nemocón para que regulara el abasto de los pueblos y…
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19Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 1891 cita
[25]regiones del Reino en el seno de los cuerpos que van a operar en Venezuela. El retomo de las fuerzas de la Campaña Admirable, la operación combinada de los dos ejércitos, centralistas y federalistas, en el sur al mando de Nariño en 1813, y luego la fusión final de todas las fuerzas a fines de 1814, amalgama cuerpos y…
p. 189
20Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 1891 cita
[26]regiones del Reino en el seno de los cuerpos que van a operar en Venezuela. El retomo de las fuerzas de la Campaña Admirable, la operación combinada de los dos ejércitos, centralistas y federalistas, en el sur al mando de Nariño en 1813, y luego la fusión final de todas las fuerzas a fines de 1814, amalgama cuerpos y…
p. 189
21Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 691 cita
[27]También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…
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22Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 171 cita
[28]del mando de Castro de la nación para combatir a los federalistas de Tunja, capitaneados por Antonio Baraya, cuyos enfrentamientos con los centralistas ponían en peligro las todavía endebles conquistas logradas por los patriotas, dos años después de los hechos del 20 de julio. Manuel Benito de Castro 21 22 Presidentes…
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23¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 511 cita
[30]biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…
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24Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · Página 1031 cita
[31]102 En lo moral era un hombre imperioso y frío, cruel por sistema más que por inclinación, con arranques espontáneos de franqueza y aun de generosidad in- termitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí 36. El chileno Diego Barros Arana refiere que es- tando Morillo en Mompós, a…
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25Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Página 1101 cita
[32]hanging, decapitation and shooting, cynically described as ‘pacification’, while peasants were herded into labour gangs to turn the colony into a supply base for Morillo’s army. The year 1816 was the blackest year of the American revolution, the year of the gallows in New Granada and of reaction and retribution…
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26Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 891 cita
[34]Flor María Rodríguez-Arenas, “Josefa Ace- vedo de Gómez, modelos iniciales de la escritura femenina en el siglo xix en Colombia: El soldado y Angelina”, op. cit., pp. 109-132. Por otra parte, Josefa Acevedo de Gómez dejó inéditos otros escritos que se publicaron póstumamente: la Biografía del doctor Diego Fernández…
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27Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 1971 cita
[35]obser- vatorio de Marsella y que en París adaptaron para la latitud de Bogotá. Instrumentos de astronomía geodési- ca, cumplida su tarea en el Instituto Geográfico, retornaron a la universi- dad para completar la dotación. Si bien la apacible Ciudad Universitaria de ese año de 1952, rodeada de potre- ros, lecherías y…
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28Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 81 cita
[36]regional buscaron levantar la autoestima de cada región a partir de la redención y justificación de pasados abolengos. Cada una de las regiones colombianas debía tener su prócer o sus héroes, o a lo menos un grupo de “patricios” prestantes que demostraban su contribución a la formación de la República, lo que…
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29Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 3121 cita
[37]de julio el carácter de aniversario de la independencia. Pese a su prestigio como historiador, don José María Quijano sostuvo en las páginas de La América que el 20 de julio era el aniversario de la independencia nacional, anteponiendo a la verdad histórica su empeño de nacionalización de la fecha del 20 de julio. Fue…
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30Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 891 cita
[38]group gave to independence. Indians who did not sup- port the war were therefore profoundly different from other cit- izens, but through no fault of their own. “The opprobrium that breaks all of the soul’s springs managed to sink them in the most profound abject poverty and in the most brutal of stupidity.... They…
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