Crisis juntista y 20 de julio de 1810
El 20 de julio de 1810, una minoría criolla de Santa Fe de Bogotá aprovechó un incidente provocado con el comerciante peninsular José González Llorente para instalar una Junta Suprema de Gobierno que reconocía a Fernando VII pero desconocía al Consejo de Regencia, inaugurando así el proceso juntista neogranadino y abriendo el debate sobre soberanía, representación e independencia.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 20 de julio de 1810
- Dónde
- Socorro, Tunja, Pamplona, Cali, Neiva, Quito, Caracas, Nueva Granada, Santa Fe de Bogotá, Cartagena de Indias, Girón, Bayona
- Protagonistas
- José Acevedo y Gómez, Camilo Torres, Antonio Nariño, José María Carbonell, Jorge Tadeo Lozano, Antonio José Amar y Borbón, José González Llorente, Ignacio de Herrera y Vergara, Joaquín Camacho, Fernando VII, Napoleón Bonaparte, Junta Suprema de Gobierno de Santafé
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La invasión napoleónica a España y la captura forzada de Carlos IV y Fernando VII en Bayona rompieron el pacto entre el rey y sus reinos, generando un vacío de poder que activó la doctrina pactista hispánica de reversión de soberanía al pueblo.
- La ilegitimidad percibida del Consejo de Regencia como sucesor de la Junta Central Suprema, que los criollos americanos no aceptaron como autoridad legítima para gobernar en nombre de Fernando VII.
- El resentimiento criollo acumulado ante las reformas borbónicas y la exclusión sistemática de los americanos de los cargos altos, agravado por la representación desigual que la Junta Central Suprema otorgó a las provincias americanas frente a las peninsulares.
- La agitación política previa en la Nueva Granada entre 1809 y 1810, que incluyó la represión de la junta quiteña de agosto de 1809, el encarcelamiento de Antonio Nariño y la circulación clandestina de ideas ilustradas y documentos como el Memorial de Agravios de Camilo Torres.
- El miedo a una victoria definitiva de Napoleón en España y la posibilidad de perder al rey de forma permanente, lo que aceleró las decisiones políticas radicales de los criollos americanos en 1810.
Consecuencias
- Instalación de la Junta Suprema de Gobierno de Santafé el 20 de julio de 1810, que el 26 de julio declaró formalmente que no reconocía al Consejo Supremo de Regencia, estableciendo un gobierno autónomo de facto bajo la fórmula de fidelidad a Fernando VII.
- Extensión rápida del movimiento juntista a otras provincias: Tunja el 25 de julio, Neiva el 27 y Girón el 30 de julio de 1810, sumándose a las juntas ya instaladas en Cartagena, Cali, Pamplona y el Socorro antes del 20 de julio.
- Apertura del período conocido como la Patria Boba, caracterizado por conflictos entre provincias federalistas y centralistas, que desembocó en la primera independencia formal proclamada por Cartagena el 11 de noviembre de 1811.
- Consagración del debate sobre soberanía popular, representación y federalismo como ejes del pensamiento político neogranadino, con figuras como Camilo Torres desplazando conceptualmente la lealtad a la nación hispana hacia la idea de república fundada en derechos ciudadanos.
- Construcción posterior de un mito fundacional nacional en torno al 20 de julio, sancionado oficialmente por la Ley 60 de 1873, que ocultó el carácter elitista del movimiento, la agencia política de los sectores populares y el hecho de que otras provincias actuaron antes que la capital.
La clave interpretativa
Por qué importa
El 20 de julio de 1810 importa no como declaración de independencia —que no fue— sino como el momento en que la élite criolla neogranadina tradujo la crisis imperial española en un nuevo principio de legitimidad política: la soberanía popular. La ambigüedad calculada del acta fundacional, que combinaba fidelidad al rey con ruptura con sus representantes, revela la tensión estructural entre continuidad colonial y transformación republicana que marcaría toda la historia política colombiana posterior. Además, el análisis del proceso juntista desmonta el relato escolar de una independencia espontánea y popular, mostrando en cambio una operación dirigida por minorías letradas que movilizaron al pueblo como palanca de presión y luego borraron su agencia del relato oficial.
Desarrollo histórico
La historia completa
Crisis juntista y 20 de julio de 1810
El 20 de julio de 1810 no fue, en sentido estricto, el día en que la Nueva Granada declaró su independencia de España. Fue el día en que una minoría criolla de Santa Fe de Bogotá, valiéndose de una multitud convocada a la Plaza Mayor y de un incidente cuidadosamente provocado con un comerciante peninsular, obligó al virrey Antonio José Amar y Borbón a tolerar la instalación de una Junta Suprema de Gobierno que reconocía a Fernando VII como monarca legítimo pero desconocía al Consejo de Regencia que gobernaba en su nombre. El acta redactada esa misma noche por José Acevedo y Gómez codificó una ambigüedad deliberada: fidelidad al rey cautivo en Bayona, ruptura con las autoridades peninsulares que decían representarlo. Sobre esa contradicción se levantó el edificio de la crisis juntista neogranadina, un proceso que en apenas dieciséis meses transformó una protesta por la representación en las Cortes en una constelación de repúblicas provinciales enfrentadas entre sí. La independencia formal, cuando llegó, vino primero desde Cartagena el 11 de noviembre de 1811, no desde la capital. Y la fecha del 20 de julio como aniversario nacional tardaría más de seis décadas en imponerse, sancionada por la Ley 60 de 1873, sobre un acontecimiento que sus propios protagonistas no llamaron independencia.
La grieta imperial: de Bayona a la Junta Central
El detonante estaba lejos. En mayo de 1808, Napoleón forzó en Bayona la abdicación sucesiva de Carlos IV y Fernando VII, encerró a ambos y colocó a su hermano José en el trono español. El acto fue jurídicamente monstruoso: rompía el pacto que, según la tradición pactista hispánica revitalizada desde los Habsburgos, ligaba al rey con sus reinos. Esa doctrina —la soberanía había sido conferida por Dios a los pueblos, quienes la transferían al monarca mediante un contrato— proporcionó de inmediato el marco para que en la Península se formaran juntas de gobierno que reclamaban gobernar en ausencia del rey. La lógica era impecable dentro de sus propios términos: si el rey faltaba y el pacto se rompía, la soberanía revertía a su fuente original, el pueblo, que debía organizarse para conservarla.
El problema es que esa misma lógica servía en ambas orillas del Atlántico. Los criollos americanos, hijos ilustrados de la reforma borbónica y resentidos por décadas de exclusión de los cargos altos, encontraron en la vacatio regis un argumento jurídico impecable para reclamar formas propias de autogobierno. No tenían que inventarlo: bastaba con aplicar en Santafé o en Caracas el razonamiento que ya se aplicaba en Sevilla o en Cádiz. Cuando la Junta Central Suprema convocó a las provincias americanas a enviar representantes, lo hizo en condiciones que los criollos consideraron humillantes: una desigualdad flagrante en la representación, con las Indias reducidas a una fracción minúscula frente al peso peninsular.
De ese agravio nació, en 1809, el Memorial de agravios que Camilo Torres Tenorio redactó por encargo del cabildo de Santafé y que nunca llegó a enviarse. Su idea cardinal era el derecho de representación de los americanos en igualdad con los españoles. No era un texto separatista: proponía una monarquía constitucional basada en la soberanía popular y en un pacto social próximo al contrato social, y con ello superaba largamente las reivindicaciones fiscales que habían movido a los comuneros de Zipaquirá en 1781. Su médula ya no era la justicia distributiva sino el derecho político. El 1 de septiembre de 1809, Ignacio de Herrera y Vergara formulaba en Santafé, con precisión doctrinal, el mismo principio: "el pueblo es la fuente de la autoridad absoluta", y el rey ejerce esa autoridad "en depósito" para hacer felices a sus súbditos.
El lenguaje estaba listo. Faltaba el momento.
Quito, Nariño y la clandestinidad forzada
Ese momento pareció llegar en agosto de 1809, cuando Quito instaló una junta autonomista. La respuesta fue militar. El virrey Amar y Borbón despachó prácticamente todo el regimiento de Santa Fe a sofocarla y lo reemplazó con tropas traídas desde Cartagena. La represión funcionó en el corto plazo pero abrió un flanco político que ya no se cerraría: en Santafé quedó un vacío militar y un ambiente de desconfianza, y en toda la Nueva Granada se instaló la certeza de que la autoridad virreinal no toleraría ningún ensayo juntista.
Amar y Borbón procedió entonces contra los sospechosos de subversión en la capital. Antonio Nariño, que ya cargaba con la fama de haber traducido y publicado en 1793 los Derechos del hombre y del ciudadano, fue arrestado nuevamente en ese clima de vigilancia, enviado primero a una prisión local en Santa Fe y luego trasladado a Cartagena, donde permaneció encadenado durante meses. El virrey ordenó a las autoridades provinciales —al teniente de corregidor de Tunja, por ejemplo— vigilar la introducción de emisarios o papeles subversivos procedentes de Caracas, bajo pena de tratar a los infractores como reos de alta traición.
El efecto fue el opuesto al buscado. La represión empujó a la oposición criolla a la clandestinidad y multiplicó las conspiraciones. Cuando en enero de 1810 la Junta Central Suprema fue disuelta ante el avance francés y sustituida por un Consejo de Regencia cuya legitimidad los criollos no reconocieron con facilidad, el terreno estaba preparado. Ya no había un centro peninsular indiscutible que invocar, y el miedo a una victoria napoleónica definitiva —a perder al rey no ya temporal sino permanentemente— añadió urgencia. Si el rey caía y no había regencia legítima, la soberanía revertía. Camilo Torres lo formularía con toda claridad en una carta del 29 de mayo de 1810 a su tío, el oidor Ignacio Tenorio: "todo el poder, toda la autoridad ha regresado a su fuente original, que es el pueblo", y estaba próximo el día en que se reconociera que los americanos "somos ciudadanos y formamos un pueblo soberano". Torres llegaba a sostener que la independencia debía haberse disfrutado desde septiembre de 1808, desde el mismo instante de la vacatio regis.
La ola provincial de mayo a julio
El movimiento juntista neogranadino no empezó en Santafé. Empezó en la costa, en Cartagena de Indias, donde el 22 de mayo de 1810 el cabildo tomó medidas contra el gobernador y el 14 de junio lo depuso y expulsó definitivamente. Cartagena, ciudad portuaria con élite comercial propia y ambiciones de autonomía frente a la capital andina, fue así la primera en desalojar a un funcionario peninsular. El 3 de julio le siguió Cali con la creación de una Junta Suprema de Gobierno. El 4 de julio, Pamplona destituyó a su gobernador. El 10 de julio, el Socorro —tierra de comuneros, ya insurrecta décadas antes— instaló su propia junta.
Cuando el 20 de julio estalló Santafé, cuatro provincias del reino ya habían actuado. La capital virreinal no encabezó la ola: la siguió. Ese dato, borrado por la posterior consagración del 20 de julio como fecha única, es esencial para entender el proceso. La crisis juntista fue, en su naturaleza, una respuesta plural y descentralizada a la misma crisis imperial, con una geografía política propia en la que la capital era un nodo más, no el motor.
La coreografía del 20 de julio
Lo que ocurrió en Santafé aquel viernes tuvo la textura de un guion. El plan estaba en manos de unos pocos —Acevedo y Gómez, Camilo Torres, los Morales, Joaquín Camacho, Frutos Joaquín Gutiérrez, Francisco José de Caldas— y la masa del pueblo lo desconocía. La fricción con el comerciante peninsular José González Llorente en torno a un florero que se le pidió prestado para agasajar al visitante quiteño Antonio Villavicencio no fue el detonante espontáneo que la memoria escolar transmitió: fue el pretexto buscado, la chispa provocada en un mercado lleno para dejar explotar las antipatías acumuladas contra los "chapetones" recién llegados y traducirlas en presión política.
Sobre esa multitud crecida a lo largo de la mañana, José María Carbonell mantuvo el fervor durante todo el día con sus discursos, moviéndose por las calles, entusiasmando a los grupos y encauzando el clamor hacia dos demandas concretas: la instalación de una junta y la convocatoria a un cabildo abierto. La plebe pedía además la prisión de españoles señalados, entre ellos el propio Llorente. La violencia, sin embargo, se mantuvo notablemente contenida: el único herido registrado en toda la jornada fue un sombrerero llamado Florencio, lesionado por un patriota que lo oyó criticar el movimiento.
Amar y Borbón, calificado por sus contemporáneos de pusilánime, no dio la orden de reprimir. No podía. Con el regimiento de Santa Fe todavía disperso entre Quito y Cartagena, con oficiales criollos en los cuadros que sí tenía, y sin la certeza del apoyo de sus adherentes, el virrey se replegó. No convocó formalmente el cabildo, pero tampoco lo impidió. Esa parálisis fue la victoria efectiva de la conspiración.
Desde un balcón sobre la Plaza Mayor, Acevedo y Gómez arengó a la multitud y canalizó el descontento hacia lo político: pidió que se pronunciara a favor de la constitución de una junta y que aprobara la lista de delegados del pueblo. El cabildo abierto se instaló en la noche, hacia las seis o poco después, y la sala capitular se llenó de gente. Los capitulares deliberaron y en la madrugada del 21 de julio se firmó el acta.
El acta y su ambigüedad calculada
El texto redactado por Acevedo y Gómez es una pieza jurídica notable por su equilibrismo. Depositaba el poder político en una Junta Suprema de Gobierno. Convocaba a las provincias del reino a enviar representantes para constituir un sistema federal. Reconocía expresamente a Fernando VII como monarca legítimo. Y —este es el punto— desconocía la autoridad de cualquier corporación o individuo proveniente de la Península. El 26 de julio, seis días después, la Junta Suprema explicitaría lo implícito en el acta: no reconocía al Consejo Supremo de Regencia. Solo Fernando VII conservaba jurisdicción sobre el territorio, y Fernando VII estaba prisionero en Francia.
Esa fórmula era exactamente lo que la doctrina pactista permitía y a la vez ocultaba. En sentido estricto, la Junta gobernaba en nombre del rey. En sentido práctico, gobernaba sola. La palabra independencia no aparece en el acta, y su ausencia no fue descuido: fue prudencia. Los criollos ilustrados sabían que romper formalmente con la Corona los dejaba expuestos a la acusación de traición y sin cobertura jurídica, mientras que reasumir la soberanía en nombre de un rey ausente les daba el gobierno efectivo sin declarar la ruptura. El pactismo hispánico, esa herencia teórica de los siglos XVI y XVII, funcionó en 1810 como el idioma que permitía hacer una cosa mientras se decía otra.
Por eso la pregunta clásica —¿fue el 20 de julio ruptura o continuidad?— admite una respuesta menos dramática que las dos opciones. Fue continuidad en el lenguaje y en la lealtad declarada al monarca; fue ruptura en la práctica del poder y en la doctrina que la sustentaba. La soberanía popular invocada por Torres y Herrera no era una idea inocua: contenía en germen la república. Torres mismo, hacia 1810, había desplazado su horizonte desde la "nación" hispana hacia el de una república donde los derechos ciudadanos serían la base de la soberanía. La palabra estaba en cuarentena, no ausente.
Élite y pueblo: el pacto imposible
La imagen escolar de un pueblo santafereño alzado espontáneamente contra el opresor español no resiste la evidencia. La revolución del 20 de julio fue, en su concepción y en su dirección, obra de una minoría culta y rica. La multitud fue movilizada, orientada y encauzada por Carbonell y por Acevedo, y su papel fue el de una palanca de presión: sin ella, el virrey no habría cedido; con ella, la élite obtuvo el cabildo abierto que necesitaba para revestir de legitimidad popular una operación que ya tenía diseñada. La comparación con México es reveladora. Mientras allí el cura Miguel Hidalgo movilizaba a una insurgencia indígena masiva con contenido social —lo que ha permitido a algunos historiadores llamarla revolución democrático-popular—, en la Nueva Granada la fase inicial fue una insurrección de minorías cultas.
Entre esa élite criolla y los sectores populares no podía haber un acuerdo esencial. La cuestión se planteaba también en términos de castas, de etnias, de racismo. Los criollos hijos de españoles, propietarios de tierras y esclavos, letrados y clérigos, veían con desconfianza a los pardos, los mestizos, los negros libres y los indios cuya movilización necesitaban pero cuya autonomía política temían. En Cartagena, cuando en diciembre de 1810 se convocó a la formación de una Junta Provincial, la invitación se extendió a todos los vecinos libres, otorgando voto a mestizos y castas —excluyendo a los esclavos y a los analfabetos, salvo que tuvieran casa poblada o fueran padres de familia con ingreso propio—. Ese gesto de apertura, notable para la época, marcaría a Cartagena como el laboratorio más radical del período. Pero incluso allí la élite criolla local construiría más tarde una narrativa que borraba la agencia política de los pardos: sus acciones serían recodificadas como "caos" y "anarquía", su patriotismo presentado como pretexto de sedición, sus protagonistas radicales excluidos del panteón oficial. En la cámara del Senado cartagenero se pintaría después el heroísmo criollo por haber "salvado la ciudad del caos"; en libros oficiales se inscribirían los nombres meritorios. Los pardos, que habían llenado las plazas, quedaron fuera del relato.
Esa operación de borrado explica buena parte del pudor con que la historiografía tradicional trató la participación popular en la Independencia. Los pardos, los llaneros, los esclavos que respondieron de maneras diversas —a veces con Boves y el rey, a veces con la república— no encajaban en el guion de una emancipación conducida por letrados patricios. Se los despolitizó por adelantado. La consecuencia fue una épica pulcra, aseada de conflicto social, en la que el pueblo aparece como coro y no como actor.
Federalismo, centralismo y la Patria Boba
Instalada la Junta de Santafé y convocadas las provincias, el proceso entró en su fase constituyente. Y allí, en el debate sobre cómo organizar el poder recuperado, se jugó la radicalidad efectiva del período. Las juntas provinciales siguieron proliferando durante el verano y otoño de 1810: Tunja el 25 de julio, Neiva el 27, Girón el 30, Mompox el 6 de agosto. Pero no todas apuntaban en la misma dirección. Panamá, Santa Marta, Riohacha, Pasto y Popayán —junto con las sabanas del Sinú, la costa sur del Pacífico y el valle de Cúcuta— se mantuvieron leales al rey y a la Regencia. El movimiento juntista no fue unánime ni monolítico: convivieron desde el comienzo juntas realistas, juntas autonomistas (como la de Santafé, que guardaba los derechos de Fernando VII) y juntas propiamente independentistas.
Mompox proclamó su independencia el 6 de agosto de 1810 en términos que resultaron demasiado radicales incluso para Cartagena, que envió tropas a la villa para contener el ímpetu de los hermanos Gutiérrez de Piñeres. Cartagena misma, aunque no había declarado formalmente la independencia, se regía ya en octubre de 1810 sin sujeción a España. El 11 de noviembre de 1811 —fecha que la historiografía nacional relegaría al segundo plano frente al 20 de julio— la provincia de Cartagena de Indias declaró su independencia absoluta, constituyéndose como Estado libre, soberano e independiente, absuelto de toda sumisión a la Corona. Las autoridades militares, civiles y eclesiásticas, con la excepción del obispo, juraron fidelidad al acta en lugar de al rey. La Inquisición cerró sus puertas y trasladó el Santo Oficio a la realista Santa Marta. Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres y Pantaleón Germán Ribón regresaron al poder en Mompox, abandonando el plan de una provincia separada. Cartagena, no Santafé, fue la primera en dar el paso que el 20 de julio no había dado.
Mientras tanto, en la capital, la constitución promulgada el 4 de abril de 1811 —de corte monárquico-republicano, redactada bajo la presidencia de Jorge Tadeo Lozano— consagraba a Cundinamarca como un estado soberano que, sin embargo, reconocía a Fernando VII si volvía a ejercer su autoridad sobre territorio libre. Y en septiembre de ese mismo año se reunió en Santafé un congreso de provincias emancipadas que acordó adoptar principios federales. El 27 de noviembre de 1811 —dieciséis días después de la independencia de Cartagena— se firmó el Acta de Federación que creó las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Solo cinco provincias la suscribieron: Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona y Tunja. Cundinamarca, bajo la influencia decisiva de Nariño, se negó.
Ese rechazo abrió la herida que definiría los años siguientes. Nariño, principal líder centralista, sostenía que la centralización del poder era indispensable para organizar la defensa militar de la revolución frente a la inevitable respuesta española. Camilo Torres, redactor de la constitución federal basada en el modelo estadounidense, defendía la autonomía de las provincias como principio irrenunciable de la soberanía popular reasumida. La disputa se llenó de contenido territorial: Nariño sostenía que Cundinamarca debía absorber los corregimientos de Mariquita, Neiva, Tunja, Socorro y Pamplona, lo que enfrentaba a la capital con las provincias que reclamaban su propia constituyente. Antioquia sancionó su ley fundamental el 21 de marzo de 1812; Cartagena, la suya el 14 de junio del mismo año. Cada provincia se dio a sí misma un ordenamiento.
La consecuencia fue la guerra civil. La pugna entre centralistas y federalistas derivó en enfrentamientos armados que la historiografía llamaría, con mezcla de nostalgia y burla, la Patria Boba. Reducir esa disputa al esquema posterior de liberales contra conservadores es un anacronismo grueso: Nariño, traductor de los Derechos del hombre, no era un conservador en sentido decimonónico, y los federalistas no eran uniformemente liberales en materia económica. Lo que estaba en juego no era una ideología partidaria sino un problema constitucional de fondo: cómo articular la soberanía reasumida entre unidades territoriales que habían actuado por su cuenta durante casi dos años, y que ahora debían decidir si integraban un solo estado o una confederación de estados.
Por qué el 20 de julio se volvió el 20 de julio
Ninguno de los datos anteriores estaba destinado a producir, por sí solo, la efeméride nacional que hoy conocemos. La fecha no fue reconocida como aniversario de la Independencia sino sesenta y tres años después, cuando la Ley 60 de 1873, promulgada el 8 de mayo, declaró ese día festivo para la República y asignó dos mil pesos anuales para su celebración. El principal promotor historiográfico de la operación fue José María Quijano Otero, quien desde las páginas de La América argumentó pertinazmente a favor de la fecha y quien, en su calidad de secretario de la Cámara de Representantes, probablemente tramitó el proyecto de ley. Sus críticos —Roberto Martínez Garnica lo formularía con contundencia mucho después— señalaron que Quijano había antepuesto su empeño de nacionalización de la fecha a la verdad histórica: los sucesos del 20 de julio no constituían, en rigor, una declaración de independencia.
La observación era correcta. Y sin embargo el 20 de julio se impuso, y con él todo un dispositivo simbólico: el florero de Llorente consagrado como objeto emblemático en el Museo Nacional, la iconografía de la Plaza Mayor, la lista de próceres cuya única unidad era haber estado en la capital ese día. La consagración material dependía de una narrativa historiográfica preexistente que la obra de José Manuel Restrepo —la Historia de la revolución de la República de Colombia, publicada desde 1827— había fijado con una autoridad tan grande que Germán Colmenares la llamaría una "cárcel historiográfica": un repertorio de hechos aceptado como inalterable, susceptible de reinterpretación pero no de cuestionamiento factual. Sobre esa cárcel se construyó el mito nacional.
El costo fue considerable. Cartagena, que había hecho lo que Santafé no se atrevió a hacer, quedó desplazada al segundo plano. Mompox, más audaz aún, quedó en la nota al pie. El Socorro y sus juntas populares, con memoria comunera, perdieron su lugar. Las juntas realistas de Pasto o Popayán fueron simplemente borradas del relato de "la Independencia", como si no hubieran formado parte del mismo proceso. Y la participación de pardos, mestizos e indios en los sucesos de 1810 y 1811 fue empujada a los márgenes por una historiografía criolla que necesitaba héroes de su misma clase.
Qué queda hoy del 20 de julio
Preguntar si el 20 de julio fue ruptura o continuidad exige aceptar que fue ambas cosas a la vez, y que esa duplicidad no fue defecto sino condición de posibilidad. Los criollos ilustrados de Santafé no podían declarar la independencia en julio de 1810 sin exponerse a la aniquilación jurídica y militar; podían, en cambio, invocar el pactismo hispánico para reasumir la soberanía en nombre de un rey ausente. Esa jugada les dio tiempo, les dio lenguaje y les dio cobertura. Que la fórmula fuera insostenible a mediano plazo —que la Regencia y luego las Cortes de Cádiz obligaran a definirse, que la Reconquista de Morillo en 1816 revelara sin ambigüedad que España no aceptaría autonomías dentro de la Corona— es harina de otro costal. En 1810 la ambigüedad servía, y por eso fue elegida.
Preguntar si el juntismo fue elitista o popular admite una respuesta igualmente doble. Fue elitista en su concepción, en su dirección y en la escritura de sus actas. Fue popular en su ejecución, sin la cual ninguna élite habría podido doblegar al virrey. La distancia entre ambos niveles —el guion criollo y la multitud instrumentalizada— fue estructural, no accidental, y su gestión definió buena parte del período. Cuando en 1811 los pardos cartageneros intentaron cobrar la deuda política que la revolución les había contraído, la élite criolla local respondió con la operación de borrado que aún hoy pesa sobre la memoria del proceso.
Y preguntar por el papel del 20 de julio en el conjunto de la crisis exige, finalmente, aceptar que fue un episodio importante pero no el motor. El motor estuvo en Cartagena, en Mompox, en el Socorro, en el debate entre Camilo Torres y Antonio Nariño sobre la forma del estado. La radicalidad efectiva del período, la que produjo constituciones provinciales y una declaración de independencia absoluta, se jugó en el arco entre mayo de 1810 y noviembre de 1811, y su geografía fue plural. Que el 20 de julio se haya convertido, seis décadas más tarde, en la fecha única de la nación no dice tanto sobre 1810 como sobre 1873, sobre la necesidad de una república joven de darse un mito de origen limpio, urbano, patricio y localizado en la capital.
El acontecimiento sigue importando porque en él quedaron cifradas, en germen, las tensiones que atravesarían el siglo XIX colombiano: entre centro y provincias, entre soberanía popular y orden estamental, entre lenguaje jurídico heredado y práctica política nueva, entre élites letradas y multitudes que las sostenían y las inquietaban. La independencia no fue un instante sino un proceso, y ese proceso no empezó ni terminó el 20 de julio. Empezó en Bayona, se articuló en los memoriales de agravios, estalló en múltiples plazas del reino y se resolvió —provisionalmente— en la guerra civil de la Patria Boba. Del 20 de julio queda, más que una fecha, la evidencia de que las revoluciones fundacionales suelen ser también las más ambiguas: la ambigüedad no es su fracaso sino su método.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 106, 108, 112, 1144 citas
[1]los distintos grupos sociales de la Nueva Granada. En realidad, fue la coyuntura nacida de la inva- sión napoléonica a España la que incitó a los criollos a llenar el vacío de poder dejado por los Borbones, con la teoría en virtud de la cual, cuando faltaba el monarca, la sobe- ranía que éste ejercía a nombre del…p. 106
[21]julio de 1810, que asumió el gobierno en nombre de Fernando El 20 desulio de 1810. Ñ Firma del Acta de Independencia en el cabil- do de Santafé, el 20 de Julio de 1810, óleo de Coriolano Leudo. En el Acta se reconocía a Fernando VII como legítimo rey de España. VII. En El Socorro, por su parte, fue el pueblo el que…p. 108
[44]paz que se había vivido durante la Colonia, que- brantada solamente por los esporádicos ataques de los piratas y de las potencias extranjeras en las costas, por las incursiones de los indígenas que aún no habían sido sometidos o por los esclavos sublevados. Antonio Nariño, óleo de José María Espinosa. El Precursor se…p. 114
[47]padres de familia de cada parroquia, para que el 11 de fe- brero de 1811 eligieran diputados al Colegio Electoral Constituyente. La Constitución, de cor- te monárquico-republicana, fue aprobada el 30 de marzo de 1811 y promulgada por el presiden- te Jorge Tadeo Lozano el 4 de abril de ese año. Mediante el Acta de…p. 112
02Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 10, 342 citas
[2]con las ideas expresadas por los enciclo- pedistas franceses y emanadas de la Revolucion de 1789, a las cuales se adherian fervorosamente. Existia, ademas, un abierto repudio y disgusto por la insolencia de los funcionarios encargados del go- bierno en el virreinato, y por el escandaloso relaja- miento de la conducta…p. 10
[45]compuesto por representantes de las provincias de Antioquia, Cartagena, Casanare, Chocéd, Cundinamarca, Neiva, Pamplona, Socorro y Tunja, adopté el sistema fe- deral y comisioné a su presidente, el doctor Camilo Torres, para redactar una constitucién basada en la de los Estados Unidos de América. El acta o pac- to de…p. 34
03When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 301 cita
[3]the cry heard often in Tolima during the Revolt of the Comuneros. 14 As major landmarks in the political life of late-eighteenth-century Tolima, the Jesuit expulsion and the Comunero revolt were most significant for the reaction they failed to evoke. Those events did not trigger any popular outcry against the king,…p. 30
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 31, 35, 403 citas
[4]mundo cambió para millones de personas que habitaban la América española. En este capítulo se examinan dichas transformaciones ideológicas, políticas, económicas y territoriales para el caso de Colombia, 6 las cuales estaban inextricablemente ligadas a los cambios que ocurrían simultáneamente en el contexto del mundo…p. 31
[8]Provincias americanas, lo que provocó que muchos americanos no aceptaran su legitimidad para gobernar en nombre de Fernando VII. Tal malestar estaba además motivado por el miedo de que Napoleón estuviera a punto de conseguir una victoria definitiva en España y en Europa. Ante la posibilidad de perder del todo a su…p. 35
[28]más radical de santafereños, conocidos como los “chisperos”, se encargó de dificultarle a la Junta Suprema de Santafé la moderación de sus decisiones iniciales. A consecuencia de ello, el 26 de julio, la Junta finalmente declaró que no reconocía al Consejo Supremo de Regencia, marcando un momento decisivo: ninguna…p. 40
05Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 441 cita
[5]orden tradicional. Según viejas tradiciones que se remontaban a los Habsburgos, revitalizadas o inventadas según el caso, pero presentes —con cambios— en las teorías pactistas de los siglos XVI y XVII españoles, la soberanía había sido confiada por Dios a los pueblos. A su tumo, estas comunidades, dotadas de un…p. 44
06Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 441 cita
[6]orden tradicional. Según viejas tradiciones que se remontaban a los Habsburgos, revitalizadas o inventadas según el caso, pero presentes —con cambios— en las teorías pactistas de los siglos XVI y XVII españoles, la soberanía había sido confiada por Dios a los pueblos. A su tumo, estas comunidades, dotadas de un…p. 44
07La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 62, 119, 1223 citas
[7]un derecho exclusivo del rey; solo en su presencia se podía llevar a cabo dicha reunión. Pero ante el vacío de poder como resultado de la abdicación al trono por parte de Fernando VII, el pueblo estaba en la obligación de convocar a la institución encargada de su representación para proteger al reino de sus invasores,…p. 62
[14]dado a un hombre designando a la elección individual y razonada de un candidato”. 22 En esta perspectiva, para Rosanvallon, la idea del derecho al sufragio es incon- cebible “si no se reconoce la soberanía del pueblo y el uso del procedimiento electoral para designar representantes”. 23 Esta idea señala que solo…p. 119
[20]Colombia. Bogotá: Fundación para la Inves- tigación y la Cultura, 2009, p. 39. 36 Ibid. 37 Ibid. La elección de la República 94 mediar entre el pueblo y el acusado, llegando a la determinación de encarcelar a Llorente. La medida no fue suficiente para el pueblo y, según lo que relata un testigo: “el desenfreno de este…p. 122
08Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 641 cita
[9]Beaver, who announced that the Spanish people had risen in resistance to the French and had the alliance of Britain. Captain Beaver was not impressed by his official reception, and he preferred to visit the streets of Caracas, fielding questions and testing public opinion. He was struck by the people’s sense of…p. 64
09El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 1951 cita
[10]pág. 79. 196 Jíndi Jícídneer Ucnsi gravamen sale del peculio del rico» 127. Y la Constitución del Estado Soberano de Antioquia dirá que «ningún hom- bre, ninguna clase, corporación o asociación de hombres puede, ni debe ser más gravada por la ley, que el resto de los ciudadanos» 128. En esta forma, en ambos casos se…p. 195
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 97, 100, 1033 citas
[11]pero guio las acciones de los criollos el a ñ o siguiente. Al plantear la representaci ó n del reino sobre ba ses de igualdad entre espa ñ oles y americanos, y al amenazar con la independencia si eso no se lograba, iba mucho m á s all á de las rei vindicaciones fiscales de los comuneros. En vez de una monarqu í a…p. 97
[16]nomo, sin sujeci ó n al Consejo de Regencia: el 29 de mayo Torres habl ó de “ nuestra independencia y libertad, esta independencia que deb í amos disfrutar desde [...] septiembre de 1808 [...] Ya est á muy cerca el d í a [...] en que se declare y reconozca que somos hom bres, que somos ciudadanos y que formamos un…p. 100
[38]ó n. Para formar un gobierno com ú n, si la soberan í a resid í a en el pueblo, ¿ sus representantes deb í an ser los “ cabildos ” o diputados elegidos por los vecinos?, ¿ la representaci ó n de los cabildos deb í a ser igual o proporcional a la poblaci ó n? Si el pueblo estaba formado por los ciudadanos (o vecinos) y…p. 103
11Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 33, 372 citas
[12]to Origins 17 the Seville junta. The town councils did much more than merely complain of the Americans’ unequal representation in the junta or offer the familiar protests concerning the abuses of royal authorities. They went on to formu- late enlightened ideas and true programs for governance. Narv á ez y Latorre…p. 33
[25]it was clear—and the vice- roy knew it—that the army would not act against the demonstrators. The plan worked: a junta was organized. At dawn on July 21, 1810, a document was signed that Colombians now refer to as their act of independence. Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction…p. 37
12Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 29, 332 citas
[13]went on to formulate enlightened ideas and true programs for governance. Narváez y Latorre received instructions from the cabildos of Santafé (known as the “Memorial de Agravios,” or “Memorandum of Grievances”), Popayán, Socorro, Tunja, and Loja, among others. Similarly, he received a document written by Ignacio de…p. 29
[26]Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction of the recently constituted junta: All authority will be placed provisionally in the Supreme Governing Body of this Kingdom, until this same Junta forms the Constitution that assures public happiness. The noble provinces will be counted on…p. 33
13Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 63, 69, 6053 citas
[15]convincentes razones jurídicas. En el cabildo del 25 de mayo en Buenos Aires, declaró Juan José Castelli: «La España ha caducado en su poder para con la América, y con ella las autoridades que son su emanación. Al pueblo corresponde reasumir la sobe- ranía del monarca, e instituir en representación suya, un gobierno…p. 63
[46]También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…p. 69
[54]de Alzaga, son actos cívicos tan importantes —política- mente, mucho más— que la formación de una Junta el 25 de mayo del año x». Ya en una vieja y muy conocida obra de Esteban Echeverría, el Dogma socialista, se pueden leer las siguientes frases: «La fórmula única, definitiva, 606 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc…p. 605
14Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 521 cita
[17]americanos como una parte diferente de los vasallos legítimos de un “cuerpo nacional” hispano, que Torres menciona. Entre estos, puede seguirse la compleja cuestión de la representación de los americanos a las Cortes, debatida en España en 1812. Momentáneamente, mientras se buscaba la alianza de los criollos contra la…p. 52
15Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · p. 342 citas
[18]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…p. 34
[19]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…p. 34
16Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 247, 2512 citas
[22]en nuestra patria. Alcance social: por primera vez se habla en nuestro país de soberanía del pueblo; el pueblo confiere a Amar el cargo de presidente de la junta; cambió la condición de la raza indígena y de los criollos. Los hijos de este suelo pudieron aspirar a los elevados cargos. Alcance económico: dado que esta…p. 251
[49]a los gobiernos de la Península, más injusta, más tiránica y opresiva ha sido la de estos contra nosotros. “Declaramos solemnemente, a la faz de todo el mundo, que la provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho, Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión,…p. 247
17Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 145, 148, 1523 citas
[23]ñoles. Cuando la agitación popular estaba llegando a su clímax, Acevedo Gómez hizo su aparición en un balcón de un edificio que daba a la plaza, desde donde se dirigió a la multitud, ca nalizando el descontento colectivo hacia demandas políticas es pecíficas, primero les pidió que se pronunciasen en favor de la…p. 148
[40]rebelión de Quito pudo ser aplastada. Para salvaguardar la protección de Santa Fe, cuyo regimiento había sido enviado prácticamente en su totalidad a Quito, se llevaron tropas de un regimiento de Cartagena. Cuando estos refuerzos llegaron a Santa Fe, el Virrey adoptó medidas en contra aquéllos que se tenía sospechas…p. 145
[43]paña en contra de Lozano y los federalistas, que culminó con la renuncia del presidente, y la nominación de Nariño en el cargo de mando supremo. Pero por ese entonces ya se había reunido un nuevo con greso en Santa Fe, el 15 de septiembre de 1811, al que habían asistido representantes de todas las provincias que se…p. 152
18Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 161 cita
[24]Nueva Granada bari libertad de producción y comercio Esto es, suplantación del modelo e múmico colomial porno de libre mer ciones intemas en materia tario eco- cm tene pe tea y social: Der tro del contexto internacional, Co- ymbia es presenta desde ei funda ción como un país economicamente subdecarrollado, exportador…p. 16
19Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 521 cita
[27]generaron numerosas revueltas que terminaron con el establecimiento en la capital de un regimiento compuesto por centenares de soldados que venían desde Cartagena para proteger su dominio de Santafé de Bogotá. El antagonismo entre las autoridades reales de la capital y los miembros del Cabildo, integrantes de los…p. 52
20Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 cita
[29]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…p. 83
21Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 941 cita
[30]americanas y acataron las decisio- nes de la Junta Central, la Regencia y las Cortes Es- panolas; otras juntas fueron autonomistas, como la que se organiz6 en Santa Fe de Bogota el 20 de julio de 1810, partidarias de una autonomia de los gobiernos provisionales de Espana y guardadoras de los derechos de Fernando VII.…p. 94
22Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 263, 2812 citas
[31]escondido cuando yo salgo a alguna p a r t e ". Aunque este capitán le pedía a don Mateo que fuera al hato " p a r a conocerlo", no hay noricia de que el marqués consorte hubiera hecho ese viaje a San Benito. Sus actividades militares y políticas lo tenían más que ocupado en Mompox: en efecto, estaba por estallar la…p. 263
[52]ahora reñía 16 años de edad, y la pidió formalmente en matrimonio. Y Tomasa, otra hija, se casó con el distinguido cartagenero Lázaro María de Herrera, de impecable proceder durante la revolución. ¿Cómo podían permitir estos caballeros ningún mal a su suegra? Algo parecido le esraba ocurriendo también a los Gutiérrez…p. 281
23¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 501 cita
[32]a establecer en el país un Estado de derecho: la separación de poderes, un ejercicio transitorio del gobierno, la titularidad del poder cedida al pueblo y la consagración de estos principios en una constitu ción. Esas posturas dividieron a los grupos dominantes de cada provincia de la Nueva Granada: los Gobiernos de…p. 50
24Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 146, 3092 citas
[33]the military corps, public officials, and ecclesiastical authori- ties, with the exception of the bishop, swore fidelity to the Act of Indepen- dence (instead of the king). 45 As for the Inquisition, it was forced to shut down, and its officials moved the Holy Office to Santa Marta. On Novem- ber the demonstrators…p. 146
[50], in Spain, AGI, Santa Fe . . On these events, see ‘‘Acta de independencia de la Provincia de Cartagena en la Nueva Granada,’’ November (:–), and ‘‘Defensa hecha por... Toledo’’ (:, , –), both in [Corrales], Documentos; Urueta, Cartagena, Notes to Pages – –; F. de P.…p. 309
25Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 146, 3092 citas
[34]the military corps, public officials, and ecclesiastical authori- ties, with the exception of the bishop, swore fidelity to the Act of Indepen- dence (instead of the king). 45 As for the Inquisition, it was forced to shut down, and its officials moved the Holy Office to Santa Marta. On Novem- ber the demonstrators…p. 146
[51], in Spain, AGI, Santa Fe . . On these events, see ‘‘Acta de independencia de la Provincia de Cartagena en la Nueva Granada,’’ November (:–), and ‘‘Defensa hecha por... Toledo’’ (:, , –), both in [Corrales], Documentos; Urueta, Cartagena, Notes to Pages – –; F. de P.…p. 309
26Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 1821 cita
[35]libertad económica, y creían que lo demás vendría por añadidura. Proteccionista también, por lo que parece, fue Eloy de Valenzuela, partidario de la diversificación de la pro- ducción —combinación de la agricultura, la minería y las manufacturas—; hace además observaciones dignas de atención sobre la elasticidad de…p. 182
27Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 12, 172 citas
[36]tido real, ella se insolento; y la gente de color, que era numerosa en la plaza, adquirio preponderancia 1095 que con el tiempo vino a ser funesta para la tran- quilidad publica». Lo que nos recuerda por cierto las palabras del cabildo de Caracas dirigidas al rey en 1797. Ocurria que entre la élite criolla y varios…p. 12
[37]desde el mismo ins- 1100 1102 Retrato de José Tomas Boves que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. Este jefe realista fue el que primero moviliz6 a los llaneros, que en un principio pelearon a favor de Esparia. tante en que Crist6bal Colon desembarco en las costas del Nuevo Mundo. Por lo que se puede ver, al…p. 17
28Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 961 cita
[39]of prominent creoles in saving the city from "chaos" and "anarchy." Tales of creole heroism would be painted in the Senate chamber and narrated in the books of meritorious citizens; the names of the heroes would be inscribed in golden ietters to immortalize their glory.5e These commemorative acts were among the first…p. 96
29Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 14, 222 citas
[41]circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…p. 14
[48]ocasiones aplicó penas de prisión. Sin embargo, pese a haberse opuesto a incorporar a Cundinamarca a los acuerdos fede- ralistas, proponía que, como estado indepen- diente, se aliara a las demás provincias para de- fenderse de la agresión española. Era tal su resistencia a las citadas tesis, que la posición que adoptó…p. 22
30Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 87, 3122 citas
[42]bajo el apercibimiento de que serán tratados como reos de Estado y alta traición contra la Patria y Soberano. Y para que llegue a noticia de todos publíquese por bando y fíjese copia en la parte acostumbrada. Fecho en la ciudad de Tunja en siete de junio de mil ochocientos diez años. José Jover. Ante mí, José Dimas…p. 87
[53]de julio el carácter de aniversario de la independencia. Pese a su prestigio como historiador, don José María Quijano sostuvo en las páginas de La América que el 20 de julio era el aniversario de la independencia nacional, anteponiendo a la verdad histórica su empeño de nacionalización de la fecha del 20 de julio. Fue…p. 312
31Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1641 cita
[55]República (como la piedra litográfica donde se imprimían los patentes de navegación, el sello del museo y la matriz del mapa de la Nueva Granada en 1847). Con base en tales piezas, la representación de la Independencia que se constituía articulaba los diferentes periodos de dicho proceso, empezando por la creación de…p. 164
32Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 81 cita
[56]a la corrección de los detalles la posibilidad de una labor crítica de su empresa historiográfica […]. Aun para sus contradictores, la de José Manuel Restrepo ha constituido hasta ahora un repertorio fijo e Historia inalterable de los hechos, susceptible solo de reacomodarse en una interpretación diferente. Esta es…p. 8