Mompox
“Enclavada en la isla de Margarita, donde el Magdalena se abre en dos brazos antes de recibir al Cauca, Mompox debe su grandeza y su ruina al mismo río que la fundó: fue indispensable mientras el agua pasaba por ella, y quedó preservada cuando el…”
Santa Cruz de Mompox
En un brazo perezoso del río Magdalena, hoy convertido en caño de aguas bajas, se conserva una villa que fue una de las más ricas del Nuevo Reino de Granada y que sobrevive como el testimonio más íntegro de la ciudad colonial neogranadina en pie. Santa Cruz de Mompox —Mompós en el habla local— fue puerto de descanso obligado en la ruta entre el Caribe y el interior, capital del contrabando virreinal, cuna de una élite mercantil que negociaba oro y algodón, primera ciudad en proclamar la independencia absoluta el 6 de agosto de 1810 y semillero de las tropas que Bolívar llevó a Venezuela en la Campaña Admirable. Su historia se explica por el río, y su preservación —paradoja fundadora— también: cuando a mediados del siglo XIX el brazo que la alimentaba perdió caudal y la navegación a vapor se desvió por el brazo de Loba, Mompox quedó al margen del progreso decimonónico y, con él, al margen de la piqueta que en otras ciudades reemplazó lo colonial por lo republicano. La villa se congeló. Lo que hoy admiran los visitantes no es solo un centro histórico bien cuidado: es una ciudad que dejó de ser necesaria y por eso pudo seguir siendo ella misma.
La villa entre las aguas
Mompox se levanta sobre la Isla de Margarita, un pedazo de tierra que el Magdalena forma al abrirse en dos brazos poco antes de recibir al Cauca. El de la izquierda —el brazo de Mompox— pasaba por la villa; el de la derecha —el brazo de Loba— corría por detrás. Entre ambos, la depresión momposina, un vasto sistema de ciénagas, caños y tierras inundables donde confluyen las aguas de media Colombia. Esa geografía anfibia, calurosa y palúdica fue a la vez la razón de su fortuna y la matriz de sus miserias: los cronistas coloniales la describieron como el sitio más caluroso de todas las Indias, con humedad intensa, terrenos pantanosos y una vegetación en descomposición considerada fuente de pestilencia, condiciones que dificultaron su establecimiento temprano y explican por qué durante generaciones Mompox fue vista como escala penosa antes que como destino.
Y sin embargo, la escala era inevitable. Todo lo que subía del Caribe hacia Santafé de Bogotá —y todo lo que bajaba desde el interior con destino a Cartagena— pasaba por el río. Los champanes, esas embarcaciones largas empujadas a palanca por bogas afrodescendientes, necesitaban descargar, reabastecerse, cambiar de tripulación. Mompox se hizo indispensable porque estaba justo donde había que parar. En la jerarquía urbana colonial funcionaba como nodo dependiente de Santafé, sitio de transición entre la costa y el interior; administrativamente, dependía de Cartagena. Compartía funciones portuarias con otros pueblos ribereños —Tenerife, Tamalameque, fundada en 1545 por el capitán Lorenzo Martín en territorio fronterizo al río Grande, frente a la villa, y Honda—, pero ninguno reunió como ella la combinación de ubicación, mano de obra fluvial y bodegas.
Fundación y siglos primeros
La villa fue establecida a mediados del siglo XVI en el marco de la conquista adelantada por los Heredia sobre la cuenca del bajo Magdalena. En 1541, Pedro de Heredia distribuyó en Mompox 22 encomiendas que producían ocho mil pesos de tributos, cifra que implicaba la existencia de al menos tres o cuatro mil indígenas disponibles como remeros. Esa mano de obra fluvial —remeros, cargadores, constructores de embarcaciones— fue el primer pilar del oficio momposino: mucho antes de que la ciudad se llenara de casonas de mampostería y de joyeros trabajando el oro, fue un depósito de brazos para el río.
Durante el siglo XVI y buena parte del XVII, Mompox creció lentamente, obstaculizada por el clima y por la primacía cartagenera. Pero desde las primeras décadas del XVII floreció como centro de comercio y contrabando. La lógica era simple y rentable: por su puerto pasaba todo, y quien controlaba el paso podía imponer aranceles y comisiones sobre cada carga. Las bodegas momposinas almacenaban velas y vino con destino a las ciudades del sur, herramientas y estructuras de hierro para las minas del interior, y reservas de algodón, tabaco y corteza de cinchona para exportación. La villa se volvió el eslabón que hacía funcionar la cadena entre el Alto Magdalena y la costa.
El oro le dio otra dimensión. Mompox contaba con artesanos hábiles y en particular con joyeros que trabajaban con extraordinaria destreza el oro de Simití, extraído de las minas del sur de Bolívar. La filigrana momposina —hilos finísimos de oro trenzados en formas botánicas— se hizo célebre y sigue siéndolo. En sus talleres se construían también la mayoría de los champanes que navegaban el Magdalena y se contrataban la mayor parte de los bogas que los movían, lo que consolidó a la villa como capital operativa de la navegación fluvial neogranadina.
Capital del contrabando
La palabra ha sido matizada por los historiadores pero difícilmente puede evitarse: durante el período colonial, Mompox fue la capital del contrabando del Nuevo Reino de Granada. Su posición como principal escala entre la costa caribeña y el interior era tanto una ventaja legal como ilegal. El contrabando de ultramar que pasaba por Mompox —tomando el camino del Paso hacia San Sebastián y el puerto de Jaime— duplicaba o sobrepasaba el intercambio legal. Los géneros europeos entraban por caños laterales, evitando el aforo de Cartagena; el oro salía sin fundir, esquivando el quinto real. Mercaderes, funcionarios locales y bogas participaban de una economía sumergida que enriqueció a un puñado de familias y sostuvo el tren de vida de la villa.
Aun así, las grandes fortunas de la élite comercial neogranadina —como las del marqués de Valdehoyos, el marqués de Pestagua o José Fernando de Mier y Guerra— estaban invertidas sobre todo en haciendas de agricultura y ganadería extensiva, y no superaban los 200.000 pesos, cifra que relativiza la leyenda de opulencia momposina. La riqueza no se concentraba en manos de un puñado de nababes sino en un tejido más amplio de comerciantes medianos, dueños de bodegas, propietarios de champanes y hacendados de la ribera. Los reportes coloniales del siglo XVIII registraban entre 66.000 y 68.000 cabezas de ganado en manos de residentes momposinos en el área comprendida entre Riohacha, Valledupar y Tamalameque; un reporte separado sobre el contrabando en la región —que excluía a ganaderos ausentes de Mompox o Cartagena— consignaba 56.000 cabezas. La villa era, además de puerto, cabeza de una economía ganadera regional.
En 1784 se estableció allí una Sociedad Patriótica de Comercio dedicada al fomento del cultivo y beneficio del algodón, indicio de que a fines del siglo XVIII las élites locales intentaban modernizar la base productiva y no solo vivir del tránsito. Esa vocación reformista sería después uno de los ingredientes del temprano independentismo momposino.
Castas, esclavitud y palenques
La sociedad de la villa era la del bajo Magdalena: mestiza, mulata, negra, con una minoría blanca y criolla en la cúspide. En la zona de Mompox surgieron numerosos palenques —aldeas de esclavos fugitivos— entre los siglos XVI y XVIII, testimonio de una resistencia cimarrona persistente que se aprovechaba de la geografía anfibia de la depresión para sustraerse al control de los amos. El más célebre de estos asentamientos, San Basilio, quedaría a algo de distancia hacia el occidente, pero la lógica cimarrona impregnó toda la región.
El censo de 1778-1780 mostró que los libres de todos los colores —mulatos, zambos, negros libres, mestizos— representaban dos tercios de los habitantes caribeños de Nueva Granada fuera de las principales ciudades. Sobre esta base demográfica pesaba la advertencia del virrey Pedro Mendinueta sobre la posibilidad de una revolución de los no blancos, que —vista desde las proporciones reales de castas en el Caribe neogranadino— no carecía de fundamento. En Mompox, los esclavos que vivían separados de sus amos y les pagaban una cantidad fija de sus jornales vieron disminuir sus ingresos durante la crisis económica de fines del siglo XVIII, al mismo tiempo que llegaban noticias, filtradas por los bogas y los marineros, de la Revolución Haitiana. La combinación de deterioro económico y ejemplo caribeño hizo del bajo Magdalena una región inflamable en las últimas décadas coloniales.
Los líderes intermedios afrodescendientes —capitanes de champán, artesanos, pequeños comerciantes mulatos— fueron el eslabón que en la coyuntura de 1810 conectó a la élite criolla ilustrada con el mundo popular, y sin ese eslabón la explosión momposina de agosto no habría tenido la fuerza que tuvo.
La villa de las casonas
La Mompox que hoy se recorre corresponde en su mayor parte al siglo XVIII. El centro urbano llegó a contar con alrededor de 600 casonas de mampostería y teja de barro, dispuestas a lo largo de la Albarrada del río —el malecón que corría paralelo al brazo de Mompox— y en las calles interiores paralelas. Los últimos florecimientos de la carpintería de lo blanco —ejecución de ricos artesonados y techumbres en maderas labradas— se dan en la primera mitad de ese siglo, y Mompox conserva algunos de los mejores ejemplos documentables de la técnica en el ámbito neogranadino.
La arquitectura momposina forma, junto con Popayán —reconstruida tras el sismo de 1736— y Zipaquirá —construida a partir de 1750—, uno de los tres casos regionales del urbanismo colonial dieciochesco neogranadino con condiciones climáticas, sociales y económicas diferentes. Frente a la Popayán señorial de la cordillera y la Zipaquirá minera de la sabana, Mompox es la ciudad-puerto tropical: paredes gruesas para atajar el calor, aleros largos para dar sombra a la acera, ventanas de reja bajas hasta el suelo, patios interiores con corredores, iglesias blancas con torres octagonales que se ven desde el río. La iglesia de Santa Bárbara, con su torre de balcón octagonal amarillo pintada como si fuera un adorno de repostería, es el emblema visual de la villa; las de San Francisco, Santo Domingo, la Concepción y San Agustín completan un conjunto religioso denso para el tamaño del casco urbano.
La proclama de agosto
En vísperas de la independencia, Mompox era una plaza próspera pero rencorosa. Próspera porque el comercio legal e ilegal seguía funcionando; rencorosa porque su subordinación administrativa a Cartagena chocaba con la conciencia de sus propios pesos económico y demográfico. Cuando la crisis peninsular de 1808-1810 abrió el espacio para las juntas americanas, esa tensión estalló.
La junta de Mompox se constituyó el 6 de agosto de 1810 y, decisivamente, proclamó la independencia absoluta. No autonomía condicionada, no fidelidad al rey cautivo Fernando VII: independencia. Ese gesto —el primero en el territorio de la Nueva Granada en formularse de manera absoluta, mucho antes de que Cartagena lo hiciera el 11 de noviembre de 1811— convirtió a la villa en referencia radical del proceso. Varias otras ciudades habían creado antes juntas de gobierno, pero ninguna había roto con la Corona en los términos tajantes de la momposina.
Cartagena reaccionó con violencia. El gobierno de la ciudad amurallada, encabezado por José María García de Toledo, organizó una expedición militar al mando del doctor Antonio José de Ayos que tomó Mompox e inició una fuerte represión contra los cabecillas del movimiento independentista. Muchos ciudadanos prestantes tuvieron que huir, encabezados por el doctor Vicente Celedonio de Piñeres; otros fueron reducidos a prisión y trasladados a Cartagena. Las severas medidas del gobierno toledista sembraron en los momposinos un hondo rencor hacia el grupo cartagenero y un deseo de vengar las afrentas sufridas, lo que alimentó tensiones políticas internas que atravesarían toda la primera República.
La segunda ola vino con la reconquista española. Las fuerzas realistas apostadas en El Banco y El Guamal bloquearon el comercio del interior con Mompox mediante destacamentos y embarcaciones armadas apostadas en el Magdalena, y obligaron a los momposinos a continuar la ofensiva contra los puestos españoles, especialmente el de El Guamal. Fue en ese ambiente de guerra fluvial —con la villa asediada, sitiada por caños y ríos vigilados— donde se forjó la tropa momposina que después seguiría a Bolívar.
"Si a Caracas debo la vida, a Mompox debo la gloria"
En 1812, tras la caída de la Primera República venezolana, Simón Bolívar se refugió en la Nueva Granada y desde Cartagena publicó su Manifiesto. Al año siguiente organizó la Campaña Admirable, la marcha militar que en pocos meses lo llevó desde el bajo Magdalena hasta Caracas. Mompox suministró la mayor parte de las tropas de esa campaña. Sin los soldados momposinos —bogas reclutados, hijos de artesanos, mulatos libres, jóvenes de la élite comercial arruinada por el bloqueo— no habría habido Campaña Admirable, y sin Campaña Admirable no habría habido, al menos en 1813, entrada triunfal en Caracas.
El propio Bolívar, sin embargo, tuvo con esa tropa una relación difícil. En una misiva al Congreso calificó a los soldados momposinos como "hombres groseros y sin principios", juicio severo que refleja la distancia cultural entre el oficial caraqueño ilustrado y la soldadesca ribereña. Pero el reconocimiento estratégico permaneció, y la memoria histórica de la villa se apropió del vínculo. El soneto "A Mompós", que circuló en la posteridad de la Independencia, atribuye al Libertador la sentencia según la cual habría debido a la antigua Mompox la gloria de su campaña. Cierta o apócrifa, la frase resume una verdad: la Independencia neogranadina se hizo, en buena parte, con hombres de ese pedazo de río.
El río se va
En la primera mitad del siglo XIX, cuando la República apenas empezaba a organizarse, Mompox conservaba sus funciones y aparentaba salud. El observador John Stewart, viajero por el Magdalena, señaló que en Mompós se veían más niños en las escuelas que en Bogotá, indicio de una vida cívica todavía activa. En 1825 se inauguró el Colegio Pinillos como institución educativa republicana, en el marco del proyecto educativo de la primera República de Colombia. La villa seguía siendo el lugar donde se construían la mayoría de los champanes y se contrataban los bogas, principal escala entre la costa y el interior.
Pero la posición era frágil, y esa fragilidad se debía tanto a la ausencia de un competidor como a los avances propios de Mompox, más bien exiguos. Cuando aparecieron los competidores, la villa se descubrió indefensa.
El primero fue el vapor. La introducción del buque de vapor en el Magdalena comenzó a desplazar económicamente a los bogas desde los años 1830-1840, y generó resistencia entre las clases populares momposinas cuya subsistencia dependía de la palanca y la boga. La Compañía Anglo-Granadina de Navegación operó el vapor Unión, destruido en la revolución de 1841 en un acto que reunía el rechazo popular y la lucha política. Pero el vapor volvió, y con él la lógica industrial que hacía obsoletas las tripulaciones tradicionales.
El segundo golpe, más profundo, fue geológico. El brazo de Mompox experimentó una disminución notable de su caudal por causas naturales y humanas, y esa merma comenzó a preocupar a los momposinos desde al menos la primera mitad del siglo XIX. La navegación de champanes y vapores se dirigía principalmente por el brazo de Mompox hasta que, casi repentinamente, disminuyó tanto el fondo que los vapores se vieron obligados a tomar la ruta del Cauca por el brazo de Loba. Se ha especulado que el terremoto de 1868 pudo producir la perturbación que redujo el fondo del brazo y desvió la navegación a vapor. La causa exacta importa menos que el efecto: el río abandonó a la villa. Los vapores ya no atracaban en la Albarrada. Las mercancías siguieron por otra ruta. Magangué, sobre el brazo de Loba, empezó a captar el tráfico que Mompox perdía.
Y sin embargo, atribuir todo el declive al desplazamiento fluvial sería romantizar lo que fue ante todo una acumulación de golpes. La guerra de independencia había costado a la villa su élite dinámica y sus líderes intermedios de ascendencia africana, dos capas sociales sin las cuales la economía momposina perdía tanto sus cerebros comerciales como sus intermediarios operativos. La Ley de 1828 —que obligaba a fundir el oro en Medellín porque Mompox carecía de casa de fundición— desvió hacia el interior antioqueño una renta fiscal y comercial que antes se procesaba localmente, y estimuló el comercio ilegal de oro y mercancías en la provincia hacia 1830; el propio gobernador estimó, en esos años, que el Estado había dejado de recibir más de 80.000 pesos en la década precedente. La escasez de capital líquido entre los comerciantes momposinos, agravada por esa dependencia, desalentó a empresarios y mineros. En 1849, una epidemia de cólera mató a dos mil momposinos en una sola temporada, cifra devastadora para una población que ya se contraía.
Cuando el brazo empezó a fallar, no abandonó a una ciudad viva: remató una agonía. El obispo de Cartagena Juan Hermenegildo de León —hacia mediados del siglo XIX— constató el "atraso y decadencia general" de Mompox, diagnóstico que no era retórica sino descripción. La villa estaba desertada por sus capitales, desertada por sus élites, ahora también desertada por su río.
Candelario Obeso, el gigante solitario
En medio de ese declive nació, en 1849, el escritor más importante que ha dado la villa. Candelario Obeso vino al mundo en Mompós a orillas del Magdalena en vísperas de la emancipación de los esclavos en la Nueva Granada. Nació libre —mulato, hijo natural de un abogado blanco y una mujer negra— y creció entre el mundo popular de los bogas y las expectativas letradas de una educación formal.
Obeso hizo el trayecto clásico de los talentosos de provincia: se trasladó de la costa a Bogotá, donde accedió a la educación superior, a la cultura impresa y al patronazgo político, y se convirtió en un letrado prolífico hasta su muerte en 1884. Pero su gesto decisivo fue el opuesto: publicó en 1877 los Cantos populares de mi tierra, colección poética escrita en el habla popular de los bogas del Magdalena, que transcribía con fidelidad y sin condescendencia la fonética, el léxico y la sintaxis del habla ribereña. La Canción del boga ausente —lamento en primera persona de un remero que extraña a su mujer mientras empuja el champán río arriba— es la pieza que lo inmortalizó y que trascendió su época para alcanzar reconocimiento en la historia de los estudios del negro en América.
En vida, Obeso fue apenas reconocido. Los cantos y su obra tuvieron escasa recepción entre la intelectualidad criolla de finales del siglo XIX. Se le ha descrito como "un gigante solitario en una muchedumbre sin oídos", sin continuadores inmediatos en el campo de la expresión social escrita del negro en Colombia durante el último cuarto del siglo XIX. Fue percibido, en la mediación visual y textual de la época, como un puente entre el mundo de los bogas del Magdalena y el de los letrados bogotanos, ocupando un espacio de frontera entre lo que la retórica del siglo llamaba "civilización" y "barbarie". Su representación en el lecho de muerte —como notable mulato con un paisaje fluvial al fondo— condensó esa doble pertenencia.
Que Obeso naciera en Mompox no es dato menor. La villa, en el momento mismo en que perdía su río, produjo la voz que hizo entrar la lengua del río en la literatura culta colombiana. Es una simetría melancólica: al Magdalena de los champanes se le acababa el tiempo económico justo cuando se abría, en el papel impreso, su tiempo estético.
La villa detenida
A comienzos del siglo XX, durante la presidencia-dictadura de Rafael Reyes (1904-1909), se creó fugazmente un departamento de Mompox con el sur de Bolívar, cuyo primer gobernador fue don Pantaleón Germán Ribón; el departamento se eliminó con la caída de Reyes en 1909. Fue el último intento de otorgar a la villa un rango administrativo acorde con su antigua importancia, y fracasó como fracasan las restauraciones tardías: sin base económica que las sostenga.
En adelante, Mompox vivió del recuerdo y de la lentitud. Y en esa lentitud está la clave de su preservación. Mientras Cartagena vio caer su población de veinticinco mil habitantes en 1810 a menos de ocho mil en 1881 —coincidiendo con el crecimiento de Barranquilla como principal puerto sobre el Magdalena—, y mientras sus élites emigraban hacia Santa Marta, Panamá, Barranquilla y los pueblos de las sabanas de Bolívar como El Carmen y Corozal, Mompox también perdió gente pero no fue reemplazada por una modernización urbana. En Cartagena la ciudad se transformó; en Mompox no. Nadie tumbó las casas del siglo XVIII para construir edificios del XX. No hubo capital especulativo que reordenara el trazado, no hubo demanda inmobiliaria que exigiera demoliciones. La Albarrada siguió mirando a un río que ya no era ruta, y las 600 casonas de mampostería y teja siguieron ahí, algunas cerradas, otras habitadas por descendientes empobrecidos de los antiguos propietarios, otras esperando dueño.
Ese abandono fue el conservador más eficaz. La misma fuerza que hundió a Mompox como centro económico —la irrelevancia— la salvó como conjunto urbano. Cuando en el último tercio del siglo XX el país empezó a valorar su patrimonio arquitectónico colonial, la villa se descubrió intacta o casi intacta, con un tejido urbano dieciochesco que ningún otro centro neogranadino había conservado con esa integridad. En 1995, la UNESCO inscribió el Centro Histórico de Santa Cruz de Mompox en la Lista del Patrimonio Mundial, reconocimiento que consolidó la conversión de la antigua capital del contrabando en destino patrimonial.
Huella y memoria
La villa quedó también en la literatura. Gabriel García Márquez la incorporó a su geografía imaginaria y le dedicó páginas en El general en su laberinto, la novela que narra el último viaje de Bolívar por el Magdalena; para el lector colombiano, "Mompox" es una palabra que carga el peso de una polvorienta melancolía tropical antes que el de un dato geográfico. El cronista y sociólogo Pedro Salcedo del Villar dejó Apuntaciones historiales de Mompós, obra local que rescata episodios y familias de la villa. Orlando Fals Borda, en su tetralogía Historia doble de la Costa, hizo de la depresión momposina y de Mompox mismo uno de los ejes de su reconstrucción del bajo Magdalena, y desde ahí propuso que la villa fuera sede de una corporación ecológica o autoridad regional para la depresión momposina, en reconocimiento de su centralidad geográfica, cultural e histórica. Fals lamentó el deterioro de la villa, simbolizado en la desaparición del campano de los Trespalacios —un árbol emblemático—, y lo vinculó a un desplome de la sociedad y la cultura comparable al deterioro general del país.
La memoria momposina se sostiene en varios frentes. La filigrana en oro sigue trabajándose en talleres artesanales que perpetúan la tradición dieciochesca. La Semana Santa, con procesiones que recorren la Albarrada y las iglesias del centro, es una de las celebraciones religiosas más intensas del Caribe colombiano. Cada 6 de agosto la villa conmemora la proclamación de la independencia absoluta, recordando que fue ella y no otra la primera en formularla en términos radicales.
Queda, sin embargo, una tensión que Mompox no ha resuelto y que probablemente no puede resolver por sí sola. La villa se conserva porque quedó al margen; pero seguir al margen la condena a la fragilidad. Sus casonas requieren mantenimiento que la economía local no siempre puede pagar. El turismo patrimonial trae ingresos pero también presiones. La depresión momposina, ese vasto humedal del que Mompox fue capital comercial, sigue sin una autoridad ambiental fuerte que la administre. Y el brazo de Mompox, aquel río que la hizo rica y luego la dejó dormida, continúa cambiando de caudal según los ciclos del clima y las intervenciones humanas río arriba.
Mompox es, al final, la lección concreta de una historia colombiana menos épica de lo que se cuenta: la de las ciudades que fueron y dejaron de ser, la de las élites que se rehicieron en otra parte, la de los ríos que se cansan de servir de camino. Su grandeza colonial fue estructuralmente frágil —dependía de la ausencia de competidores y de una geografía que podía moverse—, y su decadencia fue inevitable desde el momento en que la red comercial neogranadina empezó a reconfigurarse. Pero de esa fragilidad y esa decadencia nació, sin proponérselo nadie, el conjunto urbano más completo del siglo XVIII que sobrevive en el país. Una villa que se salvó porque el mundo la olvidó, y que ahora el mundo recuerda porque se salvó.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
28 documentos · 39 fragmentos01Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 65, 2452 citas
[1]bien la cabalonga, respondo. Silencio absoluto. "Mi conocimiento es más sobre yerbas y lo que más puedo es contra las culebras. Este arte me lo enseñó un indio en las selvas de Barranca, mostrándome las matas y diciéndome para qué servía cada una. Fui apuntando todo en un cuaderno que aún conservo y al que llamo 'el…
p. 65
[13]San Martín de Loba quienes, aplacados por la sagacidad de Mier y Guerra al no atacarles nunca, reaccio- naron cuando Gonzalo José pretendió, infructuosamente, hacer valer sus derechos de propietario de la tierra, como lo veremos en el próximo capírulo. Aparte de esto, el marqués de Torre Hoyos llegó cumplidamente a…
p. 245
02Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 581 cita
[2]las zonas aledañas. Al lado de los centros adm inistrativos estabilizados por una base ag ro p e cuaria bien consolidada y de los pueblos m ineros m ás inestables, aparecieron otros poblados españoles que funcionaban com o pu n to s de tránsito en la ru dim entaria red de cam inos. Los puertos caribeños de Santa M…
p. 58
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 631 cita
[3]rior, función que fue disputada por Tunja y Santa- fé de Bogotá; pero en un corto plazo de tiempo se dirimió la decisión a favor de la segunda, gracias a su situación de cruce de caminos y a que gozaba de una localización más estratégica en términos de defensa de la ciudad, debido a la barrera de montañas que servían…
p. 63
04Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 330, 334, 3373 citas
[4]que aguantaban la travesía viajaron hasta Bogotá. La mayoría se llevaron sus riquezas —además de sus títulos y su linaje— a Mompox, un asentamiento ideal por su ubicación: suficientemente lejos del mar, pero con la cercanía justa para que los mercaderes y comerciantes, los contrabandistas y especuladores pudieran…
p. 334
[6]de los poblados que nacieron en ese período —una ola de conquistas que condujo a la fundación de Barrancabermeja y Cali en 1536, de Popayán en 1537, de Tunja en 1539 y de Santa Fe de Antioquia en 1541—, en sus primeros años Mompox sobrevivió a duras penas. Para aquellos acostumbrados a las comodidades de España —los…
p. 330
[31]el frangipán, la fragancia de los rosales, y el alucinante aroma del borrachero, la herramienta más poderosa del chamán, la más encantadora de todas las plantas ornamentales, admirada y respetada por todos los colombianos. Los umbrales que conforman la fachada del gran paseo costero se abren para revelar a un grupo de…
p. 337
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4101 cita
[5]de Mompox. En 1541, Pedro de Heredia había distribuido allí 22 encomiendas que producían ocho mil pesos de tributos, lo que signifi caba que existían por lo menos tres o cuatro mil indios que podían ser em pleados como remeros36. En 1549, los indígenas se rebelaron mientras la región era disputada por las provincias…
p. 410
06¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 391 cita
[7]itinerario del co mercio colonial al conocer la actividad portuaria de Cartagena, Mompox y Honda, como también al tener una comunicación permanente con habitantes de Tunja y Popayán, hacia donde él mismo se dirigía para comercializar los productos de los indíge nas a los que evangelizaba en el piedemonte amazónico. Él…
p. 39
07Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 5401 cita
[8]cabo subiendo el Magdalena, sin saber dónde lo llevaría la fortuna o la adversidad. Hay parajes predesti - nados a sufrir la devastación de la guerra, como si por una fatal atracción llamaran sobre sí la furia de las contiendas: tal fue Tamalameque, entrado a saco y bañado repetidas veces en la sangre de sus naturales…
p. 540
08Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 60, 100, 2373 citas
[9]women over sixteen years of age outnumbered men (respectively, . and . women per . men). 120 Mompox remained a trade and contraband center, the major stopover on the route between the coast and the interior, and the place where most champanes were built and most bogas contracted. It also comprised many…
p. 237
[11]Mompox and Valledupar were important cen- ters for the legal and contraband trade but depended on Cartagena or Santa Marta, respectively, for their administration (see Chapter ). 4 Elsewhere, most Caribbean New Granadans clustered in villages and small towns along the main rivers and some portions of the coast.…
p. 60
[18]society. Although many elite creoles envied the privileges of the Spanish-born, the two groups were brought closer together by their common economic interests. Simultaneously, the philosophy of the Enlightenment and eco- nomic liberalism had made their way into the younger generation trained in Bogotá. The economic…
p. 100
09Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 60, 100, 2373 citas
[10]women over sixteen years of age outnumbered men (respectively, . and . women per . men). 120 Mompox remained a trade and contraband center, the major stopover on the route between the coast and the interior, and the place where most champanes were built and most bogas contracted. It also comprised many…
p. 237
[12]Mompox and Valledupar were important cen- ters for the legal and contraband trade but depended on Cartagena or Santa Marta, respectively, for their administration (see Chapter ). 4 Elsewhere, most Caribbean New Granadans clustered in villages and small towns along the main rivers and some portions of the coast.…
p. 60
[19]society. Although many elite creoles envied the privileges of the Spanish-born, the two groups were brought closer together by their common economic interests. Simultaneously, the philosophy of the Enlightenment and eco- nomic liberalism had made their way into the younger generation trained in Bogotá. The economic…
p. 100
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 119, 1842 citas
[14]como los del marqués de Valdehoyos (Julián de Trespalacios y Mier), el del marqués de Pestagua (don Andrés de Madariaga) o el de José Fernando de Mier y Guerra, estaban invertidos en grandes haciendas de agricultura y ganadería extensivas con destino a mercados locales, y ninguno llegaba a una cifra superior a los…
p. 119
[16]indujo al gobernador de la provincia a manifestar hacia 1830 que el Estado había dejado de recibir en los últimos diez años más de $80.000. La ausencia de una casa de fundición y la Ley de 1828 que ordenó fundir los oros en otras casas de fundición pusieron a Mompox a depender de Medellín, donde se hallaba la casa más…
p. 184
11El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 531 cita
[15]residen res de Mompox poseían entre 66.000 y 68.000 cabezas en el área desde Riohacha a Valledupar y a Tamalameque. Adelaida Sourdis N ajera, en "Escrucrura de la ganadería en el Caribe colombiano durante el siglo XVIII"', Ht«llas 47-48 (1996), 47, anota que un reporte del contrabando en esta región indicaba que los…
p. 53
12Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 1761 cita
[17]habían desempeñado funciones no insignificantes en España y en algunas de sus colonias 162, y de una «Sociedad Patriótica de Comercio». 161 Dio 21.500 habitantes para fines de 1800. 162 También trataba del establecimiento de esa institución el virrey Mendinueta ([R-4], pág. 488) y parece que se llevó a efecto en…
p. 176
13Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 411 cita
[20]of cumbia, the Mompox area. Between the sixteenth and eighteenth centuries, many palenques, vil- lages formed by fugitive slaves (cimarrones) during the colonial period, sprang up in this area.8 In fact, from the organological point of view, the line- up of coastal conjuntos consists of drums that make up the tambora,…
p. 41
14Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2241 cita
[21]sus moradores al empleo de un material resistente, o en las ciudades de Santan- der o Cartagena donde la humedad del piso im- ponía sus condiciones. Los últimos florecimien- tos de la llamada "carpintería de lo blanco", es decir, de la ejecución de ricos artesonados y otras formas de techumbres en maderas labradas se…
p. 224
15Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1021 cita
[22]época. José María del Gordo, originario de Santa Marta, fue teniente a los 18 años, mientras que José Ignacio de Iriarte, de Cartagena, fue ascendido a alférez a los 16 años. Y el general en jefe no tenía sino 30 años... Otro punto se debe anotar: la Campaña Admirable fue para buena parte de aquellos futuros proceres…
p. 102
16Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1021 cita
[23]época. José María del Gordo, originario de Santa Marta, fue teniente a los 18 años, mientras que José Ignacio de Iriarte, de Cartagena, fue ascendido a alférez a los 16 años. Y el general en jefe no tenía sino 30 años... Otro punto se debe anotar: la Campaña Admirable fue para buena parte de aquellos futuros proceres…
p. 102
17Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 cita
[24]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…
p. 83
18Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 17, 552 citas
[25]inmediato su rebeldia, para lo cual organiz6 una expedicion militar al mando del doctor Antonio José de Ayos. Tras algunos combates, el doctor Ayos tomo Mom- Pos e inicié una fuerte represién contra los cabe- cillas del movimiento. Muchos de los ciudadanos mas prestantes tuvieron que huir, encabezados por el doctor…
p. 17
[26]hoy Gamarra, sobre el Magdalena, y Chiriguané so- bre el Cesar, alcanzando su fuerza mil quinientos hombres, con cuarenta cafiones, catorce bongos armados y una poderosa cafionera: Las fuerzas de El Banco y un destacamento de cuarenta hombres y dos embarcaciones armadas, situadas en E] Gua- mal, impedian el comercio…
p. 55
19Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 287, 2902 citas
[27]periodista que mantenía viva en Bogotá la protesta nacional contra el despojo de Panamá por el imperialismo estadounidense) publicara su bello soneto A Mompós: Alza, noble Mompós, la heroica frente del Magdalena el gemidor murmullo, y evoca en el pasado con orgullo de tus guerreros la legión potente. Era la libertad…
p. 287
[38]Thomas Solís, "El departamento de Mompox", Boletín histo- rial (Mompox), año VIII, No. 13 (julio de 1949), 391-396. P. A. Pedraza, Excursiones presidenciales (Bogotá, 1909), 146, 234, 240-246. Entre- vistas con Orlando Ramírez Román y Segundo Germán de Ribón, 1982. 169A LUCHA CONTRA LA COMPAÑÍA IMPERIALISTA pensión de…
p. 290
20Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 96, 1652 citas
[28]del Cesar, en 1831 / 5 /. Sus hijos se plegaron luego a las necesidades de los bogas del rio Magdalena que resistían la intrusión del buque de vapor, porque empezaba a desplazarlos económicamente. Eran los días de la Compañía Anglo-Granadina de Navegación, cuyo úni- co barco, el Unión, no duraría en servicio sino dos…
p. 96
[32]y activas se estaban yendo o se habían ido a otros sitios de mayor movimiento (Santa Marta, Panamá y Barranquilla) y a los pueblos de las sabanas de Bolívar, especialmente El Carmen y Corozal donde empeza- ba a intensificarse la antigua siembra de tabaco para exporta- ción. La crisis se palpaba en la pobreza y miseria…
p. 165
21El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 951 cita
[29]muralla de las aguas a su paso por los Portales de la Marquesa, pero eran aguas ya tan turbias y hediondas de Aldrín que los mohanes y el hombre-caimán habían tenido que huir y refu- giarse en las frescas aguas de algunas ciénagas cercanas. Iba por allí un río sin sábalos, manatíes, tortugas ni caimanes. Pero ahí…
p. 95
22Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 841 cita
[30]navegado hoy. Los dos brazos del río, que forman la isla de Mompós, existían desde siglos atrás; pero la navegación de los champanes primero, y de los vapores después, se dirigía principalmente por el de Mompós hasta que, casi repentinamente, disminuyó tanto el fondo, que los vapores se vieron obligados a tomar la…
p. 84
23The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 181 cita
[33]are as free As the white.... —Candelario Obeso, Cantos populares de mi tierra, 1877 This is a historical study inspired by the work of a poet. Candelario Obeso was born free in 1849, on the eve of New Granada’s slave emancipation, in the Magdalena River town of Mompós, in what would become the Ca- ribbean region of…
p. 18
24Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4211 cita
[34]la intelectualidad criolla de los salones santafereños. Allí en los saraos literarios se componían y recitaban versos en francés, se detectaban gazapos y se criticaba la pronunciación galicada de los ilustrados (Curcio 1975: 69). Infortunadamente en la historia de la expresión social escrita y propia del negro en…
p. 421
25Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 931 cita
[35]Pérez Benavides Obeso parecía ser el mediador entre el mundo de los bogas del Magdalena y el de los letrados bogotanos; si bien su formación le permitía hacer parte del segundo, su origen lo ubicaba en el lado de la melancolía y de aquellos cantos popu- lares: era capaz de convertir en poesía el lenguaje de los bogas,…
p. 93
26Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2511 cita
[36]de Santa In é s y Santa Clara, y Rufino Cuervo fund ó d Colegio de la Merced, donde junto a la formaci ó n religiosa y en jornia dom é stica se ense ñ aban lenguas modernas, gram á tica y jn ú sica- El norteamericano John Stewart, que vivi ó en Bogot á en 1836, observaba que el pa í s hac í a lentos progresos en…
p. 251
27Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3631 cita
[37]convento de San Francisco), Honda (en el convento de los franciscanos), Pamplona (en el colegio seminario, por decreto del 5 de marzo de 1823), Valencia, El To - cuyo, Cumaná (exconvento de San Francisco), Mompós (en el antiguo Colegio Pinillos, inaugurado el 28 de octubre de 1825), Chiquinquirá (inaugurado el 25 de…
p. 363
28Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 3191 cita
[39]LOS HORMIGUEROS nómicas). (Véase el mapa de la depresión momposina con las provincias propuestas de manera preliminar, como un esbozo basado en informaciones disponibles hasta la fecha). 4 2. Debido a la naturaleza global de los problemas de los recursos naturales de la depresión, que exigen un manejo técnico…
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