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Hecho histórico · Conquista · 1499–1599

Política de reducciones, resguardos y pueblos de indios (1560–1599)

Entre 1560 y 1599 la Corona española congregó por decreto a las poblaciones indígenas dispersas del Nuevo Reino de Granada en pueblos delimitados, les asignó tierras comunales llamadas resguardos y las sometió a un régimen tributario tasado por funcionarios reales, fabricando al indio tributario como sujeto jurídico colectivo y fijando la matriz institucional del orden colonial maduro.

Política de reducciones, resguardos y pueblos de indios (1560–1599)
1560–1599
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1560–1599
Dónde
Nueva Granada, Tunja, Popayán, Valle del Cauca, Mompox, Santafé de Bogotá, Perú
Protagonistas
Felipe II, Andrés Díaz Venero de Leiva, Juan de Ovando, Francisco de Toledo, Tomás López Medel, Diego de Villafañe, Juan López de Cepeda, Francisco Guillén Chaparro, Egas de Guzmán, Bartolomé Lobo Guerrero, Luis Enríquez, Real Audiencia de Santafé
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Colapso demográfico catastrófico de las poblaciones indígenas —la provincia de Tunja perdió el 90% de sus habitantes en dos siglos; los Quimbaya pasaron de 100.000 a 40 individuos en cuatro décadas— que hacía inviable el sistema encomendero sin reordenar a los tributarios supervivientes en unidades administrables.
  2. Incapacidad fiscal de la Corona para cobrar tributos con regularidad sobre poblaciones dispersas y en continua disminución, agravada porque antes de 1550 los encomenderos cobraban a bulto y en exceso sin tasación oficial.
  3. Conflicto estructural entre la Corona y los encomenderos: la Corona necesitaba preservar la población indígena como fuente permanente de tributos, mientras los encomenderos tendían a maximizar la explotación de la mano de obra, lo que generó presiones para regularizar y limitar la encomienda.
  4. Mandato evangelizador del Patronato regio: el poblamiento difuso impedía que los doctrineros instruyeran con continuidad a los indígenas, y la epidemia de viruelas de 1558 había interrumpido casi radicalmente la actividad de los doctrineros, evidenciando la fragilidad del modelo misional disperso.
  5. Marco legal previo —cédula de 1551, Leyes Nuevas de 1542, Leyes de Indias— que ya ordenaba congregar indios en pueblos, asignarles tierras colectivas y dotarlos de doctrineros, pero cuya aplicación había sido bloqueada por la resistencia encomendero y la debilidad del poder real en la distancia.
1560–1599Política de reducciones, resguardos y pueblos de indios (1560–1599)

Consecuencias

  1. Fusión masiva de comunidades indígenas: en 1601 un oidor de Santa Fe redujo 83 comunidades a 23 pueblos; en 1602 una visita a Tunja transformó 104 comunidades en 41, colapsando casi 200 unidades en poco más de 60 pueblos en dos actos administrativos consecutivos.
  2. Creación del resguardo como territorio de propiedad colectiva e inalienable, gestionado por el cacique, el cabildo indígena y el doctrinero, que perduró como institución hasta bien entrado el período republicano y cuyas tierras fueron declaradas invendibles ya en el siglo XVII.
  3. Configuración formal de dos 'repúblicas': la de los españoles en las ciudades y la de los indios en pueblos junto a los resguardos, dualidad que estructuró el orden jurídico, fiscal y territorial de la Colonia madura.
  4. Liberación de tierras 'vacas' para mercedes a españoles: al concentrar a los indígenas en resguardos y abolir el poblamiento disperso, grandes extensiones quedaron desocupadas y fueron objeto de nuevas concesiones a estancieros, proceso que se aceleró en los primeros decenios del siglo XVII.
  5. Implantación de la mita colonial como mecanismo de circulación forzada de mano de obra: el diseño tributario obligaba a los indígenas a trabajar por jornal fuera del resguardo para obtener dinero con que pagar el tributo tasado, alimentando estancias, minas y obras públicas españolas.
  6. Resistencia indígena persistente y fracaso parcial de la congregación: las ordenanzas de Tunja de 1575 ya denunciaban que los indios abandonaban los pueblos formados y regresaban a sus parajes de origen, y una visita posterior a la de 1602 encontró que los indios se habían dispersado de nuevo.
  7. Agravamiento de la carga tributaria per cápita a medida que continuaba el colapso demográfico, pues el tributo se fijaba sobre el grupo y no sobre el individuo, de modo que la obligación colectiva recaía con más peso sobre los supervivientes.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La política de reducciones y resguardos no fue un episodio administrativo menor: fue el dispositivo que articuló en un mismo trazo el control territorial, la fiscalidad colonial y la evangelización, creando las matrices comunitarias —resguardo, cabildo indígena, pueblo de doctrina— que sobrevivirían a la Colonia y condicionarían las disputas agrarias y étnicas de la república. Al fabricar al 'indio tributario' como sujeto jurídico colectivo atado a una tierra comunal, el sistema fijó simultáneamente las condiciones de su explotación y los instrumentos de su resistencia, una tensión que recorre la historia colombiana hasta el presente.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Política de reducciones, resguardos y pueblos de indios (1560–1599)

Entre 1560 y 1599, la Corona española rehízo el mapa humano del Nuevo Reino de Granada. Congregó por decreto a las poblaciones indígenas dispersas en pueblos delimitados, les asignó tierras comunales llamadas resguardos y las sometió a un régimen tributario tasado por funcionarios reales. No fue solo una política de evangelización ni exclusivamente un ajuste fiscal: fue la ingeniería institucional que fabricó al indio tributario como sujeto jurídico colectivo, atado a una tierra comunal y a un pueblo doctrinero, y que fijó la matriz sobre la que se apoyaría el orden colonial maduro y, más tarde, la propia república. El dispositivo articuló en un mismo trazo cómo cobrar tributo con regularidad a poblaciones en colapso demográfico, cómo cristianizarlas con doctrineros permanentes y cómo liberar tierras "vacas" para las mercedes a los españoles sin depender del capricho encomendero. La respuesta fue territorial: mover a la gente, cercar la tierra, contar cabezas.

El mundo del que brota la política: encomienda, catástrofe y ley

La reducción no se inventó sobre suelo virgen. Cuando en la década de 1560 los oidores empezaron a hablar en serio de "congregar" indios, llevaban ya más de veinte años de encomienda a cuestas. En el sistema instaurado tras la conquista, la Corona había repartido grupos indígenas —clanes, capitanías, cacicazgos— a españoles meritorios que percibían de ellos tributos en trabajo, bienes agrícolas y servicios personales, con la contrapartida formal de cuidarlos y catequizarlos. En la práctica no hubo prestación mutua: la encomienda funcionó como una forma de servidumbre, con el cacique cargando el peso del tributo a nombre del grupo y el encomendero moviéndose entre los indios con un poder coactivo casi ilimitado. Antes de 1550 los tributos se cobraban "a bulto" y en exceso, porque la tasación efectiva por funcionarios reales no había arrancado.

Las Leyes Nuevas de 1542, que buscaron limitar las encomiendas a dos vidas y suavizar el trato a los indios, encendieron una guerra civil en el Perú y obligaron a la Corona a suspender su aplicación plena en la Nueva Granada. El compromiso al que se llegó fijó la ecuación que dominaría el siglo: la encomienda se conservaba —incluso se prolongaba más allá de la vida del primer conquistador— pero se regulaba con la intención de vaciarla como forma de control de la mano de obra, dejando al encomendero solo el derecho a cobrar un tributo tasado. Fue un pacto tenso. Los encomenderos resistieron la normalización del pago, siguieron cobrando en exceso amparados en la distancia del poder real, y presionaron a los funcionarios que intentaron limitarlos hasta hacerlos ceder. La máxima del "se acata pero no se cumple" fue, durante décadas, la regla operativa frente a las cédulas protectoras.

Sobre ese conflicto se derrumbó la demografía. La provincia de Tunja, que hacia 1537 albergaba unos 215.000 indígenas, había perdido la cuarta parte de esa población en los primeros veinticinco años y, en el largo arco hasta 1757, terminaría reducida a 25.000 almas: un noventa por ciento borrado en dos siglos. Popayán perdió el noventa por ciento en apenas sesenta y ocho años; Cartago, el noventa y siete por ciento en cincuenta; los Quimbaya pasaron de cien mil individuos a cuarenta en cuatro décadas. En el Bajo Magdalena, hacia 1579, la población malibú de la depresión momposina y la región de Loba no alcanzaba a ser la décima parte de lo que había sido pocos años antes, arrastrada por los abusos de encomenderos y corregidores, la boga forzosa en las canoas del río, las guerras y las enfermedades, el mestizaje, el suicidio colectivo y la fuga a los montes lejanos. Una gran epidemia de viruelas en 1558 llegó a interrumpir casi por completo el trabajo de los doctrineros. Los tributarios se estaban acabando.

Ese vacío demográfico fue, en rigor, la condición material que hizo pensable —y ejecutable— la política de reducciones. Con pueblos originarios exiguos, dispersos en un poblamiento ya de por sí difuso, la Corona tenía dos opciones: dejar que el sistema encomendero terminara de consumirlos, o reordenarlos en unidades administrables. Escogió lo segundo, y lo hizo apoyándose en las Leyes de Indias, primer código general de convivencia entre colonizadores y nativos en América Latina, que legislaron sobre una amplia gama de materias y colocaron a los aborígenes en el centro de un régimen específico.

El poblamiento indígena que se quiso reformar

Para entender qué destruía la congregación hay que ver primero qué encontraba. El patrón de asentamiento muisca del altiplano cundiboyacense —el corazón demográfico del Nuevo Reino— combinaba dos formas de habitar la tierra que no funcionaban en simultáneo. Por un lado, aldeas nucleadas que los documentos coloniales identifican con las capitanías, unidades sociales que los españoles reconocieron desde temprano como el nivel operativo de la organización política indígena y a las que se referían al pedir la formación de poblados, como consta en escrituras de 1576 y 1602. Por otro, bohíos dispersos: pequeñas planadas artificiales, con piedras dispuestas en círculo, identificadas arqueológicamente en las cercanías de Bogotá y Tunja como restos de viviendas sencillas situadas junto a los cultivos, ocupadas con ocasión de la siembra y la recolección. La vida cotidiana era descentralizada: los muiscas alternaban concentraciones ceremoniales prolongadas con retornos a residencias dispersas, lejos de cualquier control de un poder central.

Ese patrón chocaba estructuralmente con las pautas culturales españolas, donde el campesino vivía en aldeas rurales nucleadas subordinadas a una parroquia. Para la Corona y sus oidores, el poblamiento difuso indígena era ininteligible administrativamente: no permitía contar cabezas con precisión, imponer doctrina con continuidad ni fijar la carga tributaria sobre un grupo estable. Congregar no era, en su lógica, imponer un modo de vivir arbitrario, sino traducir a los indios a una forma legible por el Estado. Ahí, exactamente ahí, empieza el litigio invisible del siglo XVI: reducir gente que se movía por temporadas a un pueblo que exigía permanencia.

La formulación normativa madura antecede a su aplicación efectiva. Una instrucción real de 1551 dirigida a Sancho de Clavijo en Panamá ya contenía el vocabulario canónico: había que congregar a los indios en pueblos —"caseríos"— para que pudieran vivir en policía, asignarles doctrineros que los instruyeran en la fe, y señalarles tierras para labrar, sembrar y criar ganado. Concentración, doctrina permanente y tierra colectiva delimitada estaban ya sobre el papel a mediados de siglo. Faltaba articularlos y ejecutarlos.

A partir de 1550 fue posible por primera vez la tasación efectiva de los tributos, aunque limitada por la debilidad del poder real en la distancia. En las décadas de 1560 y 1570 las autoridades españolas se propusieron congregar a los indios en grandes comunidades, y esa aspiración se articuló doctrinalmente con el concepto de policía cristiana: no una política meramente religiosa, sino un modelo integral de comportamiento social, político, moral y religioso destinado a convertir al indio en fiel vasallo del rey y en buen cristiano al mismo tiempo. La fusión entre fe y razón de Estado quedó plasmada en esa fórmula, que hacía de la evangelización un asunto de la Corona tanto como de la Iglesia.

El paso decisivo llegó en 1593. Una disposición general obligó a los indios a vivir en pueblos cercanos a las tierras de cultivo, esos pueblos con tierras colectivas asignadas que se llamarían resguardos. Con esa medida la Colonia quedó formalmente escindida en dos "repúblicas": la de los españoles, urbana, y la de los indios, rural y nucleada junto a los resguardos. La separación era jurídica más que efectiva —muchos indios e indias de servicio siguieron residiendo en las ciudades españolas—, pero como matriz de organización política y fiscal, la dualidad quedó fijada. El resguardo, tal como iba a establecerse especialmente entre 1595 y 1642, era una institución nueva: territorio de propiedad colectiva, inalienable —las ventas serían prohibidas ya en el siglo XVII, incluso con consentimiento del común—, gestionado por una autoridad tradicional encarnada en el cacique y su capitán, y por estructuras impuestas como el cabildo indígena, la caja de comunidad y el doctrinero.

Las visitas de la tierra: la ejecución sobre el mapa

Entre la ley y el terreno estaban los oidores. Las visitas de la tierra fueron el instrumento concreto por el cual la Real Audiencia de Santafé —en articulación con la de Quito para las provincias del sur— ejecutó la reducción. Un oidor recorría partidos y encomiendas, contaba tributarios, tasaba obligaciones, redibujaba los límites de los pueblos y, sobre todo, fusionaba comunidades. Fue una cirugía administrativa hecha caso por caso, encomienda por encomienda.

Los números del cambio de siglo dan la escala de la operación. En 1601 un oidor de Santa Fe fusionó ochenta y tres comunidades indígenas reduciéndolas a veintitrés pueblos. Al año siguiente, una visita a la provincia de Tunja transformó ciento cuatro comunidades en cuarenta y una. Es decir: en dos actos administrativos casi consecutivos, casi doscientas comunidades quedaron colapsadas en algo más de sesenta pueblos. No hablamos de meros trámites: cada fusión implicaba desplazamiento físico, reordenamiento de caciques, redistribución de tierras, nuevos nombramientos de doctrineros y una tasación tributaria fresca. La provincia de Tunja, con sus ordenanzas de 1575, había sido pionera en el ensayo; el altiplano cundiboyacense, con Santafé de Bogotá como cabeza, fue el laboratorio central; Vélez, Pamplona, Sogamoso, Duitama y Turmequé aparecieron en las nóminas de estas reducciones. Más al sur, en la jurisdicción del corregimiento de los Pastos y en Popayán —bajo la órbita de la Audiencia de Quito—, la lógica fue la misma, aunque las densidades y las resistencias fueran distintas.

La justificación oficial se movía en dos registros simultáneos. Uno religioso: congregar para poder cristianizar, porque un doctrinero no podía correr detrás de bohíos dispersos. Otro pecuniario: al remover a los indios de sus lotes de cultivo tradicionales, quedaba tierra suelta que podía declararse "vaca" y entregarse en merced a estancieros españoles, un flujo que se aceleró desde 1570 con la multiplicación de las mercedes. Ambos objetivos fueron concurrentes en el discurso oficial. En la práctica, la evangelización sirvió con frecuencia también como puerta de acceso a bienes indígenas: las autoridades coloniales autorizaron a los españoles a perseguir los santuarios y apropiarse de las ofrendas, y la permanencia del doctrinero significó para las comunidades nuevas cargas en productos y servicios a favor de los sacerdotes.

La arquitectura fiscal: tributo tasado, mita y caja de comunidad

Si la reducción territorial es la parte visible, la reingeniería fiscal es la médula del dispositivo. El reconocimiento de los resguardos coincidió punto por punto con la racionalización del tributo, y esa simultaneidad no es accidente: era el mismo movimiento. La Corona buscaba asegurar el pago del tributo en dinero y suprimir a la vez el monopolio de la mano de obra indígena que ejercían los encomenderos, y el resguardo hacía posibles ambas cosas.

El mecanismo funcionaba así. Cada pueblo de indios quedaba tasado, mediante visita, en un monto tributario colectivo, calculado sobre el número de indios "útiles", es decir, varones adultos capaces de tributar. Ese tributo se pagaba, idealmente, en moneda. Para poder pagarlo, los indígenas debían obtener dinero, y para obtenerlo debían trabajar por jornal fuera del resguardo: el propio diseño del sistema forzaba la circulación de mano de obra indígena hacia las estancias, minas y obras públicas de los españoles. Una cuarta parte de los indios útiles de cada resguardo era alquilada por turnos —régimen conocido como mita— a estancieros, mineros y comerciantes; los salarios se pagaban al cacique o al capitán y no al trabajador individual, y contribuían en el fondo a cubrir el tributo del pueblo. La mita se aplicó al transporte de leña y de personas a hombros, a obras públicas, a la boga en el Magdalena y al trabajo en minas de plata fiscales como las de Las Lajas en Ibagué o las de Vetas y La Montuosa en Pamplona.

Había una perversidad estructural en el arreglo. El tributo se fijaba sobre el grupo, no sobre la cabeza: si por efecto de la mita, la enfermedad o la fuga el número de tributarios efectivos disminuía, la obligación colectiva permanecía constante y recaía con más peso sobre los que quedaban. En una fase de colapso demográfico continuado, esto significaba que la carga real por indio aumentaba a medida que morían sus vecinos. Y como la asignación de tierras dentro del resguardo era escasa —entre una y dos hectáreas por cabeza—, el indígena no podía generar excedentes con sus propias labranzas y quedaba compelido a emplearse en las estancias españolas para cumplir sus obligaciones. El resguardo era, en simultáneo, refugio y trampa.

El tributo recaudado se repartía en varias direcciones: un veinte por ciento al fisco real como quinto y un diez por ciento a la Iglesia, asignados por el corregidor, y el resto fraccionado, en proporciones variables, entre gastos administrativos, sostenimiento de la doctrina y renta del encomendero. En 1580 el visitador Juan Bautista Monzón —el mismo que había encarcelado al presidente Venero de Leiva, en un episodio que muestra hasta dónde llegaba la fricción entre visitadores y autoridades locales— impulsó cambios en la tasa indígena y sustituyó parcialmente el servicio personal al encomendero por una forma de pago tasado. Fue uno de los muchos ajustes que fueron desplazando al encomendero desde el centro del sistema hacia una posición residual: cobrador de una renta fija más que patrón de trabajadores.

La sinergia entre reducción y despojo territorial

El resguardo protegía tierras y liberaba tierras al mismo tiempo. Es una de las contradicciones que definen el dispositivo. En cuanto los indígenas de una zona quedaban concentrados en un pueblo nucleado con dos hectáreas por cabeza, todo el espacio anterior que habían habitado dispersamente —los bohíos temporales, las labranzas rotativas, los cerros ceremoniales, los pastos de uso colectivo— quedaba disponible como terreno "vaco". Esas tierras, en la práctica, pasaban a manos de estancieros españoles por vía de mercedes reales, en un proceso que se aceleró desde 1570 con la multiplicación de las concesiones y se prolongó en los primeros decenios del siglo XVII.

La lógica era limpia. Los muiscas desconocían el concepto moderno de tierra como propiedad y la entendían como medio de producción comunitario; raras veces iniciaban pleitos para recuperar tierras arrebatadas por colonos blancos si no eran necesarias para sus labranzas, aun cuando esos espacios formaran parte de su territorio vital. Esa lectura no defensiva del territorio jugó en contra suya: el sistema colonial reconocía como propiedad indígena solo aquello que quedaba dentro del perímetro del resguardo asignado, y todo lo demás caía en la ficción jurídica de tierra baldía. La concentración protegía el núcleo y entregaba el resto.

En algunos casos los resguardos fueron trasladados desde el inicio a tierras más distantes y menos fértiles que las originales, o disueltos casi al mismo tiempo de constituirse; en el suroccidente —Pastos, Popayán, valle del Cauca en su franja alta— mantuvieron mayor vigencia frente a los embates coloniales posteriores, mientras que en el altiplano cundiboyacense empezaron temprano a ser objeto de agregaciones y despojos que continuarían con fuerza en el siglo XVIII. La operación básica del despojo —concentrar varios resguardos en uno solo, generalmente distante y en tierras pobres, para liberar los mejores predios— quedó ensayada ya en la segunda mitad del XVI y perfeccionada después.

La resistencia indígena: fuga, redispersión, pleito

El diseño no operó sobre materia inerte. Desde el momento mismo en que los oidores empezaron a congregar comunidades, los indígenas empezaron a deshacer lo hecho. Las ordenanzas de Tunja de 1575 —una de las piezas normativas más elocuentes del período— denunciaban abiertamente que, después de ser poblados, los indios se ausentaban de sus casas y se iban a los arcabucos, campos y labranzas. La política de aglutinar capitanías estaba produciendo, según las mismas autoridades, el efecto no deseado de dispersar aún más a la gente, que abandonaba tanto los núcleos coloniales impuestos como sus propios asentamientos tradicionales para vivir por el campo, fuera del alcance del doctrinero y del cobrador.

La redispersión fue sistemática. Tras la ola de fusiones de 1601-1602, una nueva visita posterior encontró que buena parte de los indios reducidos se habían dispersado otra vez, forzando un tercer ciclo de reducción. La resistencia combinaba registros: la fuga a montes lejanos —factor decisivo del colapso demográfico costeño— convivía con el retorno silencioso a los parajes de origen, con el ocultamiento de tributarios en las cuentas del cacique y con la acomodación sincrética bajo la forma de la doctrina. Junto a ello, el uso astuto del propio derecho colonial: pleitos, peticiones e invocación de leyes y ordenanzas para defender tierras y limitar abusos produjeron, por vía tenaz aunque limitada, un archivo enorme de causas que hoy permite reconstruir el sistema desde dentro.

La resistencia armada fue posible pero difícil: la débil organización tribal muisca, las luchas internas entre caciques y la inferioridad armamentística frente a los españoles limitaron su eficacia. Paradójicamente, los grupos que mantuvieron resistencia armada continuada lograron evadir el sometimiento pleno a la encomienda y a otras formas de trabajo forzoso, mientras que los pueblos sedentarios y fácilmente sujetables —los del altiplano, precisamente— quedaron expuestos a la explotación más intensa. Fue una asimetría cruel: la docilidad relativa se pagaba con la reducción.

También los encomenderos resistieron, aunque desde otra posición. Aplicaron a las normas de congregación —cuando afectaban su monopolio de mano de obra— el mismo principio del "se acata pero no se cumple" con el que habían neutralizado antes las Leyes Nuevas. La escasez de frailes doctrineros fue su alegato favorito para justificar el incumplimiento de la obligación de adoctrinar: solo desde septiembre de 1569 se registra la llegada efectiva de cuarenta religiosos franciscanos y dominicos a las encomiendas del Nuevo Reino, una cifra insuficiente para el tamaño del territorio. La tensión estructural entre Corona y encomenderos —la primera queriendo preservar organizaciones indígenas como fuente permanente de tributos, los segundos queriendo maximizar el aprovechamiento inmediato de la mano de obra— no se resolvió: se administró mediante compromisos regulatorios que empujaron lentamente al encomendero hacia los márgenes.

Doctrina, órdenes religiosas y la vida cotidiana intervenida

El componente religioso de la reducción no fue accesorio, aunque tampoco fue el motor exclusivo. Las órdenes religiosas —franciscanos, dominicos, agustinos, más tarde jesuitas— fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada entre los siglos XVI y XVIII, y adquirieron un poder e influencia social, política y cultural que atraviesa toda la sociedad colonial. En el marco del resguardo, la doctrina se convirtió en un elemento del paisaje institucional cotidiano: cada pueblo de indios tenía su doctrinero, con derecho a productos y servicios de la comunidad, y una parroquia que absorbía parte del tributo tasado.

La policía cristiana implicaba mucho más que la enseñanza del catecismo. Suponía la adopción de nuevos modelos de comportamiento en todos los planos —el vestido, el matrimonio, el horario, la relación con los muertos, la administración de las cosechas—, y trastocaba las nociones indígenas de lo sagrado y lo profano. Las autoridades coloniales daban pláticas a los indios para animarlos a ser fieles vasallos del rey y buenos cristianos, articulando en una sola formulación los intereses de la Corona y los de la Iglesia. En zonas específicas —el valle de Sibundoy es un caso documentado— la introducción de resguardos y cabildos de indios, combinada con las prédicas constantes de los misioneros, marcó el camino histórico que llevaría a esos habitantes a diferenciarse por completo de sus vecinos de la selva tropical.

El proceso, sin embargo, fue parcial. Hacia finales del siglo XVI la integración de los indígenas a la cultura española era apenas superficial: las prácticas rituales indígenas continuaban a la sombra de la doctrina, y el sincretismo se instalaba como forma de supervivencia cultural bajo la apariencia del cumplimiento. La policía cristiana fue más un horizonte normativo que una realidad efectiva.

Los ejecutores: presidentes, oidores, visitadores

La política tuvo rostros. Bajo el reinado de Felipe II, con el impulso reformista del Consejo de Indias dirigido por Juan de Ovando y con el ejemplo virreinal de las reducciones ordenadas por Francisco de Toledo en el Perú, las decisiones administrativas del Nuevo Reino se apoyaron en una generación de funcionarios activos. Tomás López Medel había ensayado las primeras ordenanzas en los años previos. El presidente Andrés Díaz Venero de Leiva —primero de la Real Audiencia con esa función, en el gobierno que se extiende hasta 1574— consolidó las visitas de la tierra como práctica sistemática. Después llegaron Francisco Guillén Chaparro y otros oidores encargados de tasar tributos y redibujar pueblos. El visitador Juan Bautista Monzón, que hacia 1580 llegó incluso a encarcelar al presidente de la Audiencia, ejemplifica la intensidad de los conflictos internos que atravesaron la ejecución. Egas de Guzmán, en las tensiones con los encomenderos, y el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero, ya al filo del siglo XVII, muestran cómo el proyecto se sostenía sobre una red de agencias eclesiásticas y civiles superpuestas. Bajo la presidencia de Luis Enríquez, hacia el cambio de siglo, se ejecutaron las grandes fusiones que rediseñaron el mapa del altiplano.

Nada de esto operó como plan uniforme. Cada visita era una negociación tensa entre el oidor, los encomenderos locales, los caciques —a menudo divididos entre sí—, los doctrineros y los intereses de estancieros españoles que aguardaban las tierras liberadas. El resultado tuvo la marca de esa negociación desigual: coherente en su lógica general, caótico en su ejecución local.

Por qué duró: la funcionalidad de una institución contradictoria

El resguardo debía, en teoría, proteger a los indígenas. En la práctica, los concentraba para tributarlos con mayor eficiencia, los cercaba en tierras escasas y los empujaba al mercado laboral colonial como jornaleros forzosos por vía fiscal. Fue, formalmente, una institución proteccionista, y estructuralmente, una institución extractiva. Esa contradicción no fue un defecto de diseño: fue lo que le dio su durabilidad.

Porque el resguardo servía a intereses distintos al mismo tiempo. Para la Corona, aseguraba tributación regular sobre una población identificable y estable, protegía la base fiscal frente al voraz cortoplacismo encomendero y sostenía la ficción jurídica de las dos repúblicas que legitimaba el orden colonial. Para los estancieros, mineros y hacendados españoles, garantizaba mano de obra rotativa mediante la mita y liberaba tierras "vacas" para expansión agrícola. Para ciertos linajes de caciques indígenas, ofrecía una plataforma de autoridad reconocida por la Corona, un margen de negociación tributaria y el control de flujos de trabajo y salario. La institución tenía varias clientelas y las satisfacía a todas, aunque de manera desigual. Por eso sobrevivió con esa lógica interna intacta más allá del período estudiado, apenas reformulada en los sucesivos ajustes del siglo XVII.

Lo que queda: la matriz sobrevive al imperio

Cuando terminó el siglo XVI, el Nuevo Reino de Granada tenía un mapa humano rediseñado. Cientos de comunidades dispersas habían sido reducidas a decenas de pueblos delimitados, cada uno con su resguardo de tierra comunal, su cabildo indígena, su caja de comunidad, su doctrinero y su tasación tributaria. La encomienda seguía existiendo pero ya no era el centro: se había convertido, poco a poco, en una renta residual. En su lugar operaba una arquitectura territorial-fiscal más compleja y más resistente, que combinaba concentración forzosa, propiedad colectiva inalienable, tributo tasado, mita rotativa y doctrina permanente.

Esa arquitectura fabricó un sujeto jurídico nuevo: el indio tributario, no como individuo sino como miembro de un pueblo con tierra colectiva, obligaciones fiscales colectivas y autoridad interna reconocida. Ese sujeto atravesó todo el orden colonial y llegó a la independencia con sus estructuras casi intactas. Los muiscas del altiplano y los pueblos del sur que hoy defienden resguardos ante los tribunales colombianos disputan sobre un territorio jurídico cuyo trazo básico se dibujó entre 1560 y 1599, en las visitas de un oidor con papel y tinta, decidiendo qué comunidades se fusionaban con cuáles y cuántas hectáreas por cabeza correspondían. La lógica interna de aquella operación se probó más duradera que el imperio que la firmó.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 49 fragmentos
01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 190, 2284 citas
[1]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[2]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[18]normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…p. 228
[19]normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…p. 228
02Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 791 cita
[3]quedaban sino 10 indios capaces de pagar tributo, esto es, aproximada- m e n t e 60 personas entre chicos y grandes. Las 41 encomiendas costeñas habían bajado a 35, todas disminuidas de tributos y tributarios. A los malibúes de Tamalameque tampoco les había ido bien: una Relación geográfica escrita en 1579 sostenía…p. 79
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 54, 71, 743 citas
[4]ero creciente de m estizos y blancos pobres. De 1590 a 1620, la adm inistración española instituyó cam bios que, com binados, parecían form ar una solución integral a estos problem as. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. U n PGKIA OI- COL.OMBIA. I ’ a I s rR AG M Í…p. 74
[9]Más aún, las p au tas culturales españolas chocaban con el poblam iento difuso de los indígenas. En España, los cam pesinos vivían en aldeas rurales y los funcionarios de la C orona pensaron que los indígenas debían hacer lo m ism o. En pos d e estos principios, en las d écadas de los años 1560 y 1570 las a u to rid a…p. 71
[11]la protección de los indígenas, fue lite ralm ente echado en 1550-1551. Y aquellos funcionarios q u e un poco m ás tarde quisieron av an zar en la reform a tuv iero n que ab a n d o n ar varias veces su em p e ño al ver la inm inencia de u n a rebelión encom endera. En una fecha tan tardía com o 1580, u n juez que se…p. 54
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 27, 462 citas
[5]quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…p. 27
[30]diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…p. 46
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 69, 158, 2743 citas
[6]de los doctrineros había sido muy reducida y aun se había visto interrumpida casi radicalmente en 1558, a causa de una gran epidemia de viruelas. La escasez de frailes era el prin cipal obstáculo, según los encomenderos, para que ellos pudieran cum plir con su obligación de adoctrinar a los indios. Sólo desde…p. 69
[12]después de promulgadas las Nuevas Leyes, en 1549, volvió a reiterarse por petición del licenciado Jiménez de Quesada75. El licenciado observaba que, hasta entonces, la tasación, tantas veces ordenada, no había podido llevarse a cabo y por eso los encomenderos seguían cobrando a bulto y de manera excesiva los tributos.…p. 158
[17]de la estructura institucionalizada de una sociedad dualista. 147 Ibid. Resg. Boy., t. 4. f. 1 r. ss. Especialmente f. 71 v. ss., f. 123 v. f. 186 r. y f. 228 r. ss. 148 Ibid. Cae. e ind., t. 3 f. 383 r. ss. f. 390 r. ss. 149 Ibid. Vis. Boy., 1.16 f. 744 r. ss. 150 Ibid. f. 791 r. ss. 151 Ibid. f. 800 r. „ TIERRA 2 5…p. 274
06Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 421 cita
[7]Túquerres, en 1800, los rebeldes —indios y mestizos— mataron al corregidor y a su hermano; tres acusados fueron condenados a muerte. _______________ 22 “Los indios deben ser reducidos a caseríos y no permitidos a vivir divididos y separados en montañas y selvas, donde están privados de todo consuelo espiritual y…p. 42
07Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 251 cita
[8]HISTORIA DEL DERECHO EN COLOMBIA directrices y control de los reyes españoles, lo que equivale a afirmar que los gobiernos territoriales de ultramar no tuvieron ni liberad ni autonomía. Ahora bien, la Corona fue pródiga en la expedición de man - datos (leyes) para la buena marcha de sus colonias y, en esa regulación…p. 25
08Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 121, 1352 citas
[10]que estaba en contacto con los peruanos. A la larga los resultados del conflicto entre la política real y los intereses de los colonos llevaron a un compromiso. La Corona, enfrentada a una unánime oposición en 15 América, aceptó mantener la encomienda, e incluso prolongar su posesión más allá de la vida del primer…p. 135
[27]el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…p. 121
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 671 cita
[13]á s ricos estaba en la plaza mayor. Sin embargo muchos hicieron casas en sus haciendas, en las que viv í an LA COLONIA: 1550-1810 71 buena parte del a ñ o. Los reales de minas, que se mov í an siguiendo la riqueza de los aluviones, eran campamentos provisionales. En el siglo xvii y sobre todo en el xvm algunas de las…p. 67
10Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 32 citas
[14]existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…p. 3
[15]existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…p. 3
11Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1331 cita
[16]las cercanías de Bogotá y Tunja se pueden ver pequeñas planadas artificiales, y sobre ellas, algunas piedras puestas en círculo. Estos si- tios dan la impresión de ser restos de casas senci- llas, cerca de los cultivos». Las aldeas nucleadas o concentradas y las vi- viendas dispersas no fueron necesariamente habi-…p. 133
12Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 248, 2512 citas
[20]que su patr ó n de poblamiento disperso quedaba abolido, muchas tierras se desembarazaron y fueron objeto de mercedes nuevas. Por debajo del aspecto jur í dico-formal de la apropiaci ó n sub yace el problema m á s complejo de la evoluci ó n econ ó mica que llev ó a la efectiva ocupaci ó n de la tierra por parte de los…p. 248
[21]que pudieran ser accesibles simult á nea- ’ mente a varios estancieros espa ñ oles. Es obvio que, dada la densidad de la poblaci ó n total, las estan cias de los espa ñ oles no pod í an aprovecharse con algo que se pare ciera a una explotaci ó n intensiva. La acumulaci ó n de tierras serv í a en todo caso para…p. 251
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
[22]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…p. 13
14Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 21, 42, 45, 484 citas
[23]y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…p. 42
[31]acuerdo con las necesidades de cada familia indígena. La característica esencial era la propiedad colectiva sobre las tierras, las ventas, aún con el consentimiento de todo el común, se prohibieron en el siglo XVII. Según Friede, la conciencia de ser propietario no era igual en las comuni dades indígenas de América, y…p. 45
[34]indígenas acudían a vender su fuerza de trabajo para cubrir los tributos con el salario obtenido; la economía monetaria empezó a introducirse en estos núcleos de economía natural y las ventas de tierra por la Corona a partir del siglo XVIII y el robo descarado de ellas por los terratenientes vecinos fueron reduciendo…p. 48
[35]y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…p. 21
15Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 23, 31, 356 citas
[24]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…p. 23
[25]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…p. 23
[32]de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…p. 35
[33]de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…p. 35
[36]importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…p. 31
[37]importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…p. 31
16La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 cita
[26]nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…p. 21
17Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 125, 1392 citas
[28]los esfuerzos de la casta de los encomenderos por mantener las prerrogativas que se derivaban de la conquista. Dentro de este marco tan amplio de interpretación se inscriben las particularidades de una historia social en la que los encomenderos se enfrentaban a menudo con funcionarios del Estado español, por un…p. 139
[47]veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…p. 125
18Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 69, 872 citas
[29]explotación de los indígenas, pero por causa de esta tendencia adoptó instituciones que garantizaran a los conquistadores el no interferir su prejuicio con respecto al trabajo material y que les permitieran vivir de sus rentas a costa de los sometidos.⁷⁸ Pero esta tendencia no se hubiera concretado si no hubieran…p. 69
[44]otros muchos preferían continuar como asalariados, a la terminación de la mita. En suma, muy pocos regresaban y de ellos gran número volvían enfermos e incapacitados. Como el tributo de la encomienda era constante sobre el grupo, al disminuir por causa de la mita el número de sus componentes, el indígena se veía…p. 87
19Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 391 cita
[38]por tiestos que debió representar el lugar de habitación "de unos centenares de personas" y, en la vereda Pueblo Viejo de Cogua, Cárdale (1981: 41) señala que hay fragmentos de loza muisca dispersos de tal forma que sugieren "una agrupación de casas en número suficiente para poder denominarlo pueblo". Según los…p. 39
20Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 4071 cita
[39]poder de los caciques muiscas, sus argumentos parecen circunscribirse a ciertos momentos específicos, y muy especialmente a las grandiosas y prolongadas fiestas durante las cuales los indígenas se congregaban en lugares ceremoniales de gran importancia, muchos de ellos con una centenaria o milenaria ocupación, para…p. 407
21Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 6, 122 citas
[40]las imágenes de santos que ponían en sus casas y sus horarios. Adicionalmente, la permanencia del doctrinero significó, para las comunidades indias, más exacciones en productos o servicios. De modo que la evangelización trastocó no solo las 16 nociones de lo sagrado y lo profano de los indígenas —mediante la…p. 12
[41]los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…p. 6
22Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 11 cita
[42]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…p. 1
23Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 2541 cita
[43]pueblos de indios que les permitieron a los españoles usurparles a los habitantes del valle su oro, sus cosechas y su trabajo. La explotación desmedida colocó a los sibun- doyes en el umbral del aniquilamiento. Para proteger a la población, la Corona española introdujo resguardos y cabildos de indios. Combinadas con…p. 254
24Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 441 cita
[45]sentido cultural—, o para fines de utilidad general: mitas para el transporte de leña, para obras públicas; y —lo que en un tiempo fue particularmente opresivo— para el transporte de perso- nas y mercancías a hombros, para la boga en el Magdalena 5, y para el trabajo de las minas de plata de propiedad fiscal de Las…p. 44
25Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2211 cita
[46]Francisco Bri- ceño, presidente. Se es- tablece la mita como forma de trabajo forzoso para los indígenas. Fun- dación del convento de agustinos en Santafé. 1576 El pirata inglés Oxenham desembarca en el Da- rién y establece una alianza con negros cimarrones. 1577 Prosiguen insurrecciones indígenas. Los indios -Pijao…p. 221
26Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 941 cita
[48]diversas estrategias de reproducción y fabricaban otro frente de resistencia más sutil y, quizás, igual- mente eficaz, con miras a la supervivencia de las comunidades dominadas. De estos mecanismos sutiles de supervivencia y resistencia se destacan tres usados durante los primeros siglos de la colonia como se ven en…p. 94
27El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 1541 cita
[49]situa- ción están todas las minorías raciales o nacionales cuando 155 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa luchan contra un fuerte y bien armado opresor. Cierto es que algunas tribus recibieron a la llegada de los españoles a los hombres blancos como a semidioses. Pero esta ilu- sión no pudo durar mucho tiempo frente a los…p. 154