Felipe II
Conquista
1527–1598
La biografía
Felipe II de Habsburgo (Valladolid, 1527 – El Escorial, 1598) fue el monarca que, entre 1556 y 1598, convirtió la herencia americana de su padre Carlos V en un edificio administrativo, fiscal y eclesiástico de vocación duradera. Para el Nuevo Reino de Granada nunca fue una figura próxima —no pisó jamás el altiplano ni la costa caribe— y, sin embargo, su firma, sus cédulas y las ordenanzas dictadas desde Madrid y El Escorial reorganizaron el territorio con una intensidad que ningún conquistador local logró igualar. Bajo su reinado se consolidaron la Real Audiencia de Santafé, el patronato regio sobre la Iglesia indiana, el trazado en retícula de las nuevas ciudades, la reforma agraria de 1591, la Flota de los Galeones con Cartagena como llave del Caribe y la lenta pero implacable erosión del poder encomendero. Ese andamiaje es la primera arquitectura institucional de la Colombia colonial, y buena parte de él sobrevivió intacto hasta las reformas borbónicas del siglo XVIII. Felipe II no gobernó el Nuevo Reino: lo legisló, y esa distancia —entre la norma escrita en El Escorial y su aplicación morosa en la sabana— es la clave para entender su huella colombiana.
Línea de vida
- 1556
Acceso al trono tras la abdicación de Carlos V
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Carlos V abdicó en 1556, dejando a Felipe II una monarquía sin precedentes que incluía Castilla, Aragón, los Países Bajos, Nápoles, Sicilia, Milán y los territorios americanos. Felipe heredó también el conflicto ya declarado entre la Corona y los encomenderos americanos, agudizado desde las Leyes Nuevas de 1542.
- 1564
Consolidación de la burocracia letrada en el Nuevo Reino
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Andrés Díaz Venero de Leiva asumió la presidencia de la Audiencia de Santafé (1564–1574), encarnando la política filipina de sustitución del conquistador por el letrado. Orientó el énfasis económico del territorio hacia colonias agrícolas, después de que la Audiencia hubiera impulsado desde 1550 la fundación de centros mineros.
- 1573
Ordenanzas de Población
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Felipe II promulgó ordenanzas que codificaron la doctrina real sobre la fundación de ciudades en Indias, exigiendo terreno saludable, buen clima, aguas, pastos, materiales de construcción e indios a quienes predicar el Evangelio. El modelo urbano prescrito adoptó el trazado en retícula con plaza central flanqueada por los edificios del poder civil y eclesiástico, trazado aún reconocible en el corazón de las ciudades colombianas de fundación colonial.
- 1580
Unión Ibérica y visita de Monzón
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La incorporación de la corona portuguesa unificó por sesenta años los dos imperios ibéricos, con efectos concretos en el Nuevo Reino: portugueses asentados en Cartagena, redes negreras integradas y contrabando estructural en el Caribe. Ese mismo año, el visitador Juan Bautista Monzón encarceló al presidente Armendáriz y sustituyó la tasa de Gamboa —servicio personal del indígena al encomendero— por un pago en oro anual, separando al encomendero del cuerpo del indio y transformándolo en beneficiario de una renta.
- 1591
Reforma agraria
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Felipe II impulsó una revisión general de los títulos de propiedad de tierras en América, argumentando que las condiciones de morada y labor no se habían cumplido y que las mercedes habían dado lugar a latifundios desproporcionados. Aunque su eficacia fue limitada —los latifundios sobrevivieron mediante composiciones—, la doctrina quedó sentada: la tierra era una merced revocable y su distribución seguía siendo una prerrogativa regia.
- 1598
Muerte en El Escorial y balance de su legado colonial
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Al morir en El Escorial, Felipe II dejaba en el Nuevo Reino de Granada un andamiaje institucional —Real Audiencia consolidada, patronato regio sobre la Iglesia, trazado urbano codificado, encomienda rodeada de burocracia, resguardos indígenas— que sobreviviría intacto hasta las reformas borbónicas del siglo XVIII. Había gobernado el territorio por escrito, desde la distancia, y esa mediación letrada es una de las herencias más persistentes del período filipino.
La semblanza de un legislador remoto
Hijo del emperador Carlos V y de Isabel de Portugal, Felipe recibió una educación cuidadosa en las cortes castellanas y aprendió pronto el oficio de gobernar por escrito. Cuando Carlos V abdicó en 1556, retirándose a Yuste tras tres décadas de guerras europeas y expansión americana, dejó en manos de su hijo una monarquía sin precedentes: Castilla, Aragón, los Países Bajos, Nápoles, Sicilia, Milán y los territorios americanos que apenas se estaban catalogando. A diferencia de su padre viajero, Felipe II hizo del despacho su forma de reinar. Desde el palacio-monasterio de El Escorial —cuya construcción emprendió como símbolo del catolicismo militante— revisó personalmente miles de expedientes, anotó al margen consultas de virreyes y presidentes de audiencias y consolidó una manera de gobernar hecha de papeleo y cédulas: el monarca que confiaba más en el archivo que en el consejo, más en la firma al margen que en la palabra dada en audiencia.
Cuatro matrimonios jalonaron su vida dinástica —María Manuela de Portugal, María Tudor de Inglaterra, Isabel de Valois y Ana de Austria— y de ellos nacieron los conflictos sucesorios que en 1580 le entregarían la corona portuguesa, unificando por sesenta años las dos monarquías ibéricas y, con ellas, sus imperios ultramarinos. Esa Unión Ibérica tendría efectos concretos en el Nuevo Reino: portugueses asentados en Cartagena, redes negreras integradas, contrabando estructural en el Caribe. Pero Felipe II nunca vio América. Su relación con el Nuevo Reino de Granada se ejerció a través de un aparato: el Consejo de Indias, la Casa de Contratación, los virreyes del Perú y de Nueva España, las audiencias, los visitadores. Fue esa mediación institucional la que definió su impronta.
La herencia de Carlos V y la conciencia de la feudalización
El reinado de Felipe II se inauguró con un diagnóstico heredado. Ya desde las Leyes Nuevas de 1542, promulgadas por Carlos V en Burgos, la Corona había asumido de manera plena su soberanía sobre los territorios americanos y ejercido sus derechos frente a los conquistadores. Esa legislación fundacional limitó el goce de las encomiendas a dos generaciones y ordenó un tratamiento más benigno hacia los indios; también provocó, casi de inmediato, una guerra civil en el Perú que obligó a la Corona a suspender su aplicación estricta en la Nueva Granada. Felipe II heredó, pues, un conflicto ya declarado: el que oponía al monarca y al Consejo de Indias con los encomenderos americanos, que reclamaban perpetuidad, jurisdicción y honores.
En la segunda mitad del siglo XVI, tanto el rey como sus consejeros tomaron conciencia clara de un proceso que ellos mismos llamaban la feudalización de América. Los conquistadores, que en su inmensa mayoría no eran hidalgos —de 1175 documentados, apenas 69 tenían esa condición—, habían solicitado masivamente al Consejo de Indias blasones heráldicos y reconocimientos de hidalguía, trasladando a las Indias los valores peninsulares de la honra y el honor y aspirando a convertirse en una nueva nobleza indiana con dominios hereditarios sobre tierras e indios. Las contradicciones aparecieron muy temprano —los procesos judiciales contra Colón, Cortés y los Pizarro son testimonio de ello— y se agudizaron cuando la Corona pretendió un control más directo sobre la vida colonial. Bajo Felipe II, ese pulso se resolvió del lado de la monarquía: no derrotando a los encomenderos, sino rodeándolos con una malla burocrática de oidores, corregidores, visitadores y arzobispos que, poco a poco, les fue quitando el aire.
La arquitectura institucional: Audiencia, Consejo y burocracia letrada
En la cúspide del edificio estaba el Consejo Real y Supremo de las Indias, órgano centralizador de la política y la legislación americanas, última instancia de apelación en ciertos procesos y guardián de la memoria imperial: otorgaba licencias de impresión, ejercía censura y determinaba quién podía leer qué documento estatal y bajo qué circunstancias. Bajo Felipe II, el Consejo se profesionalizó y adoptó un ritmo casi contable en la revisión de asuntos americanos, en buena medida por impulso de figuras como el visitador y luego presidente Juan de Ovando, que reorganizó su funcionamiento y sentó las bases de la recopilación normativa que culminaría, ya en el siglo XVII, en la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias.
En Santafé, la Real Audiencia —creada en 1549— era el brazo cotidiano de esa política. Bajo el reinado filipino, la Audiencia y sus oidores se reservaron funciones decisivas sobre la economía neogranadina: tasación de tributos indígenas, legislación sobre encomienda, definición del trabajo indígena, repartición de tierras y jurisdicción sobre el gobierno ciudadano. La repartición de tierras en la sabana de Bogotá, por ejemplo, no era competencia del cabildo local sino de los oidores, un detalle que ilustra cuán arriba se decidía todo. Virreyes, presidentes, audiencias y funcionarios menores —corregidores, gobernadores, alcaldes— podían legislar, juzgar y ejecutar conjuntamente, pero esa concentración estaba contrabalanceada por mecanismos de control mutuo: la confirmación real de las decisiones importantes, las consultas obligatorias al Consejo, la aplicación provisional de normas encabezadas con la fórmula por ahora, que mantenía la puerta abierta a la revisión desde Madrid.
Los presidentes de la Audiencia de Santafé durante el reinado filipino encarnaron esa política de sustitución progresiva del conquistador por el letrado. Andrés Díaz Venero de Leiva, que gobernó entre 1564 y 1574, orientó su atención hacia la fundación de colonias agrícolas y viró el énfasis económico del territorio, después de que la Audiencia hubiera estimulado desde 1550 el establecimiento de centros mineros. Le siguieron Francisco Briceño y Antonio González, cuyos mandatos prolongaron esa lógica letrada: el gobierno como despacho, no como conquista. La alternancia de énfasis —minero antes de 1560, agrícola después— refleja la capacidad de la burocracia real de imprimir un rumbo económico al territorio, aunque las decisiones se tomaran en Santafé y no en El Escorial.
El emplazamiento mismo de la Audiencia contribuyó al carácter formalista del gobierno neogranadino. Al establecerse en el altiplano, entre Tunja y Bogotá, ciudades alejadas del mar y de la metrópoli, la Audiencia consolidó una cultura de la ley y la escritura: el expediente, la cédula, la consulta, el memorial. En un territorio donde el poder residía a semanas de camino de cualquier puerto, la autoridad se ejerció por escrito, y esa mediación letrada es una de las herencias más persistentes del período filipino.
Las Ordenanzas de 1573 y la ciudad como acto de gobierno
En 1573, Felipe II promulgó unas ordenanzas de población que recogen, con precisión casi manual, la doctrina real sobre cómo debía fundarse una ciudad en Indias. Recopiladas más tarde en la legislación indiana, esas ordenanzas exigían que los nuevos asentamientos se establecieran en regiones que reunieran condiciones específicas: terreno saludable, buen clima, aguas y pastos suficientes, materiales de construcción a mano e —fórmula reveladora— indios a quienes predicar el Evangelio. La ciudad colonial no se fundaba para los habitantes originarios, sino para organizar su evangelización, su tributación y la explotación de la región conquistada.
El modelo urbano prescrito adoptó el sistema en retícula o ajedrezado, con manzanas cuadradas divididas en cuatro parcelas iguales y una plaza central flanqueada por los edificios del poder civil y eclesiástico: cabildo, iglesia, casa del gobernador. La planificación se inspiraba, sin decirlo, en las teorías renacentistas sobre la ciudad ideal, que postulaban la forma de polígono regular como expresión de racionalidad y orden. Ese trazado, aplicado desde Santafé hasta los centros mineros de Almaguer, Caloto, Remedios, Cáceres y Zaragoza, todavía es reconocible en el corazón de las ciudades colombianas que fueron fundación colonial.
La cronología fundacional del Nuevo Reino es elocuente. La primera oleada, entre 1537 y 1550, plantó una veintena de ciudades en el territorio y consolidó la primacía de los grandes centros administrativos de la década de 1530: Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán, Cartagena. Casi ninguna de esas fundaciones sería abandonada. A partir de 1550, con el impulso de la Audiencia hacia la minería, la fundación se desplazó tierra adentro; una década más tarde, cuando Venero volcó su atención hacia las colonias agrícolas, el ritmo se sostuvo con un puñado de nuevos asentamientos. Las primeras oleadas se habían dirigido a los litorales, para asegurar la comunicación con España; la segunda mitad del siglo XVI llevó la fundación hacia el interior minero. Las ordenanzas filipinas de 1573 llegaron, así, a un territorio en el que la lógica urbana ya estaba en marcha, pero la codificaron y la orientaron para las décadas siguientes.
La reforma agraria de 1591 y el pulso con los encomenderos
Uno de los actos legislativos más ambiciosos del reinado filipino fue la reforma agraria de 1591, que aspiraba a una revisión general de los títulos de propiedad de tierras en América. La motivación, tal como la Corona la formuló, era doble: por un lado, las condiciones de morada, labor y residencia de cuatro años que acompañaban las mercedes originales no se habían cumplido en la mayoría de los casos; por otro, las deficiencias en los sistemas de deslinde y demarcación habían permitido que las adjudicaciones se inflaran hasta convertirse en dominios desproporcionados. Los ejemplos que corrían por los expedientes eran llamativos: mercedes originales que, por vía de deslinde interesado, habían crecido cuarenta veces su tamaño legal, y adjudicaciones a nobles del reino que amenazaban con transformarse en verdaderos señoríos territoriales.
La reforma se enmarcó en un pulso más amplio. A partir de 1570 comenzaron a multiplicarse las mercedes de tierras en el Nuevo Reino, tanto a encomenderos como a no encomenderos, y en ese mismo período el monopolio de la mano de obra indígena por parte de los encomenderos era una fuente permanente de conflictos entre los pobladores españoles. Al revisar títulos, la Corona no solo buscaba corregir abusos: buscaba también reafirmar que la tierra era una merced revocable, no una propiedad absoluta, y que su distribución seguía siendo una prerrogativa regia. La eficacia de la revisión fue limitada —los latifundios sobrevivieron, se legalizaron mediante composiciones y siguieron creciendo—, pero la doctrina quedó sentada: la Corona podía intervenir sobre la propiedad territorial americana cuando lo juzgara oportuno.
Simultáneamente, la política sobre la encomienda avanzaba en el mismo sentido restrictivo. La encomienda otorgaba al encomendero el control sobre un número de indígenas —organizados como clan o tribu— que debían pagar tributo en trabajo, bienes agrícolas u otras mercancías. Formalmente, el encomendero podía utilizar esa fuerza laboral casi sin límite, aunque en la práctica el tributo se gestionaba a través del cacique como representante del grupo: en las encomiendas de la sabana de Bogotá, el tributo no recaía sobre individuos sino sobre el clan, y el cacique era el responsable del pago. Bajo Felipe II, esa institución fue rodeada por una figura clave: el corregidor de indios, que cobraba los tributos y los distribuía entre la administración real —a través del quinto—, la Iglesia y los gastos de sostenimiento de la parroquia y la administración local, antes de entregar al encomendero la parte que le correspondía. La operación es reveladora: el encomendero cobraba, pero al final de una cadena burocrática que empezaba en el corregidor real. Su poder ya no era directo.
En 1580, en un episodio que condensa esa política, el visitador Juan Bautista Monzón encarceló al presidente Armendáriz de la Audiencia de Santafé y sustituyó la llamada tasa de Gamboa —el servicio personal del indígena al encomendero— por un pago en oro anual. La conversión del tributo laboral en tributo monetario no era neutral: separaba al encomendero del cuerpo del indio y lo transformaba en beneficiario de una renta, ya no en amo directo. A finales del siglo XVI, la pérdida del poder encomendero asociado a la tributación indígena se traducía en una pérdida de influencia en el cabildo capitalino, evidenciada en el desinterés por los cargos y el ausentismo de los funcionarios. La descentralización del poder conquistador se hacía por goteo, cédula a cédula.
Los resguardos indígenas —territorios asignados a las comunidades bajo protección real— completaron el cuadro. Una cuarta parte de los indios útiles del resguardo era alquilada a estancieros, mineros y comerciantes, y los salarios se pagaban al cacique o capitán, no individualmente, contribuyendo a cubrir los tributos del pueblo. El sistema, defendido en nombre del amparo a los naturales, funcionaba de hecho como una plataforma de suministro laboral controlada por la administración real y mediada por la autoridad indígena tradicional.
El patronato regio: la Iglesia como brazo del Estado
Si en lo civil Felipe II ejerció por cédula, en lo eclesiástico ejerció por privilegio pontificio. Las bulas papales otorgadas a la Corona de Castilla desde finales del siglo XV habían establecido el patronato regio en América, un régimen que confería a los monarcas prerrogativas amplísimas sobre la organización eclesiástica: el derecho exclusivo a autorizar la construcción de templos grandes, el patronato en sentido castellano tradicional y —sobre todo— el derecho de presentación de personas idóneas para iglesias, monasterios, dignidades y beneficios eclesiásticos. Los altos dignatarios eclesiásticos, generalmente de procedencia española, se relacionaban más estrechamente con el rey que con el pontífice de Roma. En América, la Iglesia era, en la práctica, una rama del gobierno regio.
Bajo Felipe II —celoso defensor del catolicismo tridentino y patrono personal de El Escorial— ese régimen alcanzó su configuración más nítida. Los virreyes, presidentes de audiencias y gobernadores ejercían como vicepatronos, marcando las pautas de organización y gobierno de la Iglesia indiana. La evangelización de los naturales, entendida como fundamento de la soberanía castellana sobre las Indias, era en rigor una política de Estado antes que un proyecto religioso autónomo. Las cédulas filipinas sobre doctrina, curatos y visitas pastorales se dictaban con el mismo tono con que se legislaba sobre mercedes de tierras o cobro del quinto.
En el Nuevo Reino, la coincidencia de fechas es reveladora: en 1549 se crea la Real Audiencia de Santafé y se establecen las órdenes religiosas —dominicos, franciscanos, agustinos—, marcando el inicio del ciclo consolidador de la evangelización. Hacia mediados de la década de 1570, la llegada del arzobispo fray Luis Zapata de Cárdenas al Nuevo Reino de Granada abrió condiciones favorables para avanzar en la organización de la doctrina cristiana entre los naturales. La evangelización, sin embargo, no fue solo un asunto de fe: impuso a las comunidades indígenas nuevas cargas en productos y servicios en favor de los doctrineros y trastocó su vida cotidiana de manera radical, imponiendo nuevas creencias y ritos, imágenes religiosas en las casas, horarios ajenos al ritmo comunitario y una redefinición de lo sagrado y lo profano que operó, en el mediano plazo, como el mecanismo más profundo de aculturación colonial.
El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, establecido en la Nueva Granada durante el arco filipino y de sus sucesores inmediatos, completó ese aparato: una institución de notable peso político y social, vinculada a la defensa de la fe católica en el marco del Imperio y del control de la ortodoxia entre españoles, criollos, mestizos y africanos. Bajo el patronato, la Iglesia neogranadina fue simultáneamente evangelizadora, tributaria, disciplinaria y política; y Felipe II, sin oficiar misa, fue su cabeza real.
El Caribe amenazado: piratería, Cartagena y la Flota de los Galeones
Las guerras europeas de Felipe II —con Inglaterra, con los rebeldes flamencos, con Francia intermitentemente— tuvieron su eco directo en el Caribe neogranadino. Desde muy pronto, corsarios ingleses, franceses y holandeses hostigaron las costas americanas, y su presión modeló la política defensiva y urbana de la Corona en Tierra Firme. En 1576, el pirata inglés John Oxenham desembarcó en el Darién y estableció una alianza con negros cimarrones, testimonio simultáneo de la actividad corsaria y de la existencia de comunidades africanas escapadas en la región. La amenaza mayor, sin embargo, llegó una década después, cuando Francis Drake atacó y tomó Santo Domingo —la ciudad más antigua del Caribe, considerada hasta entonces prácticamente inexpugnable—, en un golpe simbólico que sacudió la seguridad del imperio y aceleró la fortificación de las plazas americanas.
Cartagena de Indias emergió, en ese contexto, como la llave del sistema. Los ataques de corsarios contribuyeron a su desarrollo como una de las plazas principales del poderío español en América y la primera del Nuevo Reino de Granada, dotada progresivamente de murallas y fortificaciones. Bajo Felipe II y sus sucesores inmediatos, Cartagena se convirtió en el destino principal en el Caribe de la Flota de los Galeones —también llamada Flota de Tierra Firme—, desde donde el oro y la plata americanos partían hacia La Habana y luego a España. El período de mayor estabilidad y actividad de esa flota coincidió con el auge de la plata peruana y del oro neogranadino, aproximadamente entre 1550 y 1650.
Las grandes empresas navales de los tiempos de Carlos V y Felipe II, sumadas a las dificultades de la navegación transatlántica, frenaron desde muy temprano la inmigración española hacia Cartagena, un dato que ayuda a explicar por qué la ciudad se configuró tempranamente como un puerto de tránsito, guarnición y comercio negrero antes que como un centro de asentamiento peninsular. La Unión Ibérica de 1580 —consecuencia directa de la política dinástica filipina— reforzó esa vocación: la incorporación de las redes portuguesas al sistema imperial integró los circuitos de la trata negrera y transformó a Cartagena en la gran ciudad afro del Caribe hispánico durante las décadas siguientes.
El oro, el quinto y la economía extractiva
En la contabilidad imperial filipina, el Nuevo Reino de Granada tuvo un papel específico y creciente. Entre 1570 y 1620 se convirtió en el principal productor de oro de América, con años en que la producción alcanzó los dos millones de pesos. El oro fue casi el único producto de exportación del Nuevo Reino, y con él se pagaban los productos españoles consumidos por los pobladores: la economía colonial neogranadina giró, durante siglos, en torno a este metal.
La Corona extraía renta de ese flujo por dos vías principales. El quinto real —el veinte por ciento del producto minero registrado— iba directamente al tesoro; y los impuestos al comercio con España, gestionados a través de la Casa de Contratación de Sevilla —nacida del monopolio comercial regio y guardiana durante largo tiempo de sus intereses en navegación transatlántica—, constituían la fuente principal de ingresos que financiaba la burocracia colonial. El quinto, sin embargo, era sistemáticamente evadido: la producción real de oro fue posiblemente entre la mitad y un tercio mayor que la acuñada registrada, y ese margen alimentaba el contrabando estructural que caracterizó al Caribe neogranadino. En 1777, ya en tiempos borbónicos, el quinto sería reducido al tres por ciento del valor de la producción para intentar recuperar lo que la evasión había arrancado durante dos siglos.
La ecuación fiscal filipina fue, así, ambigua: una legislación estricta sobre el papel, una recaudación efectiva mucho más porosa en la práctica. Pero el principio quedó establecido —el rey era dueño del subsuelo, el rey cobraba el quinto, el rey autorizaba el comercio—, y ese principio sobreviviría al monarca y a la dinastía.
Su red: consejeros, presidentes, adversarios
La figura de Felipe II en la historia colombiana se entiende mejor cuando se la sitúa en la red de personas que la operaron o la contestaron, y esa red tuvo una geometría precisa: consejeros que fabricaron la doctrina, presidentes que la traducían al terreno andino, visitadores que la imponían por sorpresa y adversarios que la desafiaban desde dentro o desde el mar.
En Madrid, Juan de Ovando fue el arquitecto silencioso. Llegado al Consejo de Indias como visitador, encontró un organismo desordenado, sin recopilación coherente de sus propias cédulas, y emprendió una reforma metódica que profesionalizó al Consejo, ordenó su archivo y sentó las bases doctrinales de la sistematización normativa que gobernaría a América durante dos siglos. Bajo su impulso, la relación entre El Escorial y las Indias adquirió el tono de expediente que la definiría hasta los Borbones. Frente a esa doctrina de gabinete, en el Perú el oidor Alonso de Zorita representaba el contrapunto interno: crítico severo del sistema de encomiendas, autor de informes sobre los señores naturales de Nueva España, encarnó a esa minoría de letrados que, sin abandonar el servicio al rey, argumentaban por un trato más respetuoso hacia las estructuras indígenas de gobierno. Su figura recuerda que la política filipina no fue monolítica: dentro del mismo aparato convivían el pragmatismo del recaudador y el escrúpulo del jurista.
En Santafé, la sucesión de presidentes dio a esa doctrina su ritmo local. Venero de Leiva, hombre de despacho y de fundaciones agrícolas, dio a la Audiencia su primer estilo civil tras la etapa turbulenta de los años cincuenta; Francisco Briceño y Antonio González prolongaron esa línea, arbitrando entre encomenderos díscolos y oidores celosos de sus atribuciones. Sobre ellos, sin embargo, se recorta el gesto brutal que ninguna cédula habría bastado a producir: el visitador Juan Bautista Monzón, aparecido en 1580 con poderes extraordinarios, encarceló al presidente Armendáriz y forzó la conversión del servicio personal indígena en tributo monetario. Un solo hombre, un solo acto, y décadas de encomienda quedaban tocadas en su nervio. Ya en la transición al reinado de Felipe III, Juan de Borja recogería el hilo con la misma paciencia burocrática.
En el extremo opuesto de esa red, Gonzalo Jiménez de Quesada, el conquistador del altiplano muisca, vivió lo suficiente para ver cómo la Corona filipina desmontaba, paso a paso, el mundo que él y sus compañeros habían montado a lanza y merced. Su generación —hidalgos improvisados, encomenderos aspirantes a señores— fue precisamente la que la política de Felipe II vino a contener: no aniquilándola, sino confinándola a una nobleza local privada de jurisdicción, honores hereditarios y control fiscal directo. Y más allá aún, fuera ya del cuerpo del imperio, Drake y Oxenham fueron los adversarios sistémicos de un reinado que, hacia sus últimos años, entró en decadencia militar tras el desastre de la Armada Invencible de 1588. Cartagena y el Darién sintieron esa presión antes que ninguna otra región neogranadina, y de ese roce nacieron las murallas que aún hoy definen la silueta de la ciudad.
Su huella: entre norma escrita y territorio real
Felipe II murió en El Escorial en septiembre de 1598, tras un largo padecimiento. Dejó al Nuevo Reino de Granada una arquitectura institucional de considerable coherencia: una Audiencia consolidada, un régimen de corregimientos, un patronato regio operativo, unas ordenanzas de población que seguirían inspirando el trazado urbano, una reforma agraria dictada pero incompleta, un sistema fiscal centrado en el quinto y en los impuestos al comercio, una Iglesia integrada al aparato de Estado, un Caribe cada vez más fortificado.
La eficacia real de esa arquitectura fue, sin embargo, siempre parcial, y su ambigüedad tiene un nombre concreto: la Corona legislaba en el Escorial, pero quienes ejecutaban vivían en la sabana. Las Leyes Nuevas se habían suspendido; las mercedes de tierras se inflaron hasta el latifundio; el quinto se evadió en un tercio o la mitad; la Audiencia arbitró tanto los intereses del rey como los de las élites locales; la evangelización coexistió con formas indígenas de resistencia y con la lenta africanización de la costa.
Por debajo y a pesar de toda la legislación protectora dictada desde Madrid, se produjo el colapso demográfico indígena, cuya magnitud solo puede medirse a lo largo de dos siglos. De una población que probablemente superó los tres millones antes de la conquista, hacia los primeros años del siglo XVII se calculaba en el Nuevo Reino una presencia de aproximadamente 750.000 indígenas, junto a 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros: un tejido humano ya profundamente reconfigurado por medio siglo de política filipina. Ese descenso continuó bajo los Austrias tardíos y los primeros Borbones, hasta llegar al piso de poco más de 150.000 indígenas registrados en el primer censo confiable de 1778-1780. Entre los tres millones prehispánicos y el fondo del siglo XVIII se despliega la sombra demográfica sobre la que se levantó toda la arquitectura filipina.
La huella de Felipe II en Colombia es, por eso, doble. Por un lado, es la del legislador cuya normativa modeló durante dos siglos la vida institucional, urbana, eclesiástica y fiscal del territorio; por otro, es la de un poder cuya distancia física con el Nuevo Reino condenó cada una de sus cédulas a una traducción local negociada, a veces desobedecida. La verdadera herencia filipina no fue el control efectivo de la Corona sobre el Nuevo Reino, sino la tensión permanente —codificada en normas, visitas y recursos de apelación— entre la soberanía proclamada desde El Escorial y los poderes fácticos arraigados en la sabana, en las minas del Cauca y en las murallas de Cartagena. En esa cuadrícula de calles, en esos expedientes archivados, en esos muros de piedra frente al mar, es donde el reinado sigue estando, siglos después de que su firmante haya muerto.
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Documentos y fragmentos citados
29 documentos · 49 fragmentos01Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 54, 58, 613 citas
[1]nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…
p. 61
[5]mayoría de conquistadores y soldados que participaron en las conquistas, tanto del Nuevo Reino de Granada como de los demás territorios ultramarinos, solicitaron al Consejo de Indias que les concedie - ra blasones heráldicos, copia de aquellos que portaban las grandes casas nobiliarias en España. Mínguez y Rodríguez…
p. 58
[6]así ex - poliar otros pueblos. Agotada esta segunda instancia, se hizo necesario “sistematizar la explotación de sociedades indígenas para mantener los frutos de la Conquista” (Colmenares, 1997 a, p. 4). La tesis, enmarcada 54 Editored rsiacordérmfirs9cred oa fi9d 7firiad as Cefie85r9 dentro de la lógica de una…
p. 54
02Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Páginas 14, 23, 316 citas
[2]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
[3]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
[17]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[18]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[19]importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…
p. 31
[20]importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…
p. 31
03Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 168, 1702 citas
[4]fundación de las primeras audien- cias y la promulgación de las primeras Leyes de Indias, particularmente con las de 1542, ex- pendidas por Carlos V, en la Ciudad de Burgos. En este momento es la monarquía, el Estado español, el que asume el control y ejercita sus plenos derechos soberanos sobre los nuevos te-…
p. 168
[7]de los virreyes, presiden- tes y audiencias y aun en los funcionarios de menor categoría como corregidores, gobernado- res y alcaldes que pudieron, simultáneamente, dictar providencias de carácter legal, servir de instancia de apelación en los litigios civiles y cri- minales y ordenar el cumplimiento de las leyes. Los…
p. 170
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 3401 cita
[8]en sus agentes, se tomaba como el poder de legislar, juzgar y hacer ejecutar las deci siones estatales. De manera que los diferentes ó rganos y funcio narios del Estado pod í an, y de hecho ejerc í an conjuntamente las funciones de juzgar, legislar y ejecutar. As í ocurr í a, por ejemplo, en el caso de los virreyes,…
p. 340
05Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 2871 cita
[9]división de poderes, los con - flictos de competencia entre autoridades coloniales eran cons - tantes, particularmente, entre oidores y virreyes 19. La primera instancia de un proceso era presidida por los alcaldes ordina - rios. Sólo para delitos graves se enviaba un juez comisionado, quien abría el proceso, ordenaba…
p. 287
06Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 1211 cita
[10]De una parte, la profusa producción, la cuidadosa colección y la exclusiva posesión de textos servía para proyectar una cautivante imagen de un Estado omnisciente y que todo lo conocía. De otra, los documentos manuscritos servían como fuentes para la escritura y publicación de la historia oficial y su colección servía…
p. 121
07Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 391 cita
[11]acciones de la comunidad eran regidas y supervisadas por el Cabildo, pero sus contrapartes, la Real Audiencia y sus oidores, se reservaron la legislación sobre temáticas centrales y primordiales para el funcionamiento económico de la ciudad: Tasación de los tributos indígenas.. Legislación sobre encomienda..…
p. 39
08Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Páginas 31, 392 citas
[12]12 H is t o r ia ec o n ó m ic a y so c ia l i toda nueva conquista que no estuviera autorizada por las Audiencias obe decía al designio de la Corona de retomar la carga que ella había abando nado a la iniciativa de los particulares desde el comienzo. Se quiso ante todo hacer cesar un derroche de vidas humanas, las de…
p. 31
[35]que las había originado, con mayo res posibilidades de abastecimientos y de mano de obra. Así, de las veinte ciudades que fueron fundadas entre 1537 y 1550, solamente dos fueron abandonadas más tarde. A partir de 1550, la Audiencia estimuló la funda ción de centros mineros y entre 1550 y 1560 se cuentan once…
p. 39
09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 321 cita
[13]el poder, la institución de la Real Audiencia prefirió guarecerse en el altiplano, entre Tunja y Bogotá, ciudades alejadísimas del mar y de la metrópoli. Naturalmente, allí se acen- tuó el formalismo de la ley y la escritura, y bajo aquella atmósfera mestiza encontramos los primeros textos narrativos. xxvi. De acuerdo…
p. 32
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 461 cita
[14]diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…
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11Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 131 cita
[15]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…
p. 13
12Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Páginas 33, 422 citas
[16]y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…
p. 42
[21]agraria los expone Liévano así: La reforma agraria de 1591 aspiraba a provocar una revisión general de los títulos de propiedad, porque no era un secreto para la Corona que las condiciones de morada, labor y residencia de cuatro años no se habían cumplido en la mayoría de los casos; ni se ignoraba tampoco en el Con…
p. 33
13Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · Páginas 1, 6, 123 citas
[22]43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…
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[25]las imágenes de santos que ponían en sus casas y sus horarios. Adicionalmente, la permanencia del doctrinero significó, para las comunidades indias, más exacciones en productos o servicios. De modo que la evangelización trastocó no solo las 16 nociones de lo sagrado y lo profano de los indígenas —mediante la…
p. 12
[28]los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…
p. 6
14Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · Páginas 1, 62 citas
[23]edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios eclesiásticos y lugares píos. 14…
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[26]26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…
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15Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 291 cita
[24]de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…
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16Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 301 cita
[27]las parro- quias; la dotacién de los templos, monasterios y hospitales; la revisi6n de las sentencias de los tri- bunales eclesiésticos; la autorizacién para la circu- laci6én y aplicacién de todas las disposiciones pa- pales y el recibo de los diezmos que la Iglesia re- caudaba para sus atenciones. Por su parte, la…
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17Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · Páginas 1, 102 citas
[29]89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…
p. 1
[30]de los inquisidores. 17 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 99 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…
p. 10
18Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Páginas 219, 2254 citas
[31]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
p. 219
[32]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
p. 219
[37]década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…
p. 225
[38]década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…
p. 225
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 701 cita
[33]bién el núcleo administrativo, reli- gioso, y el lugar donde se aprendían nuevas formas de vida. Por otra parte, las ciudades simbolizaban el poder, y la ubicación de los edifi- cios importantes en ciertos lugares estaba destinada a impresionar a sus pobladores y visitantes. nh Normas para el establecimiento En parte,…
p. 70
20Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 431 cita
[34]vínculos constantes. Ya sabemos que por los hechos históricos anotados y explicados por don Miguel Samper, la población o, mejor, las ciudades fueron establecidas por los conquistadores en las mesetas andinas y en las vertientes. Así, durante la época colonial, ese hecho geográfico unido a la inexistencia de esta-…
p. 43
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 441 cita
[36]se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…
p. 44
22Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 63, 2212 citas
[39]Francisco Bri- ceño, presidente. Se es- tablece la mita como forma de trabajo forzoso para los indígenas. Fun- dación del convento de agustinos en Santafé. 1576 El pirata inglés Oxenham desembarca en el Da- rién y establece una alianza con negros cimarrones. 1577 Prosiguen insurrecciones indígenas. Los indios -Pijao…
p. 221
[42]rior, función que fue disputada por Tunja y Santa- fé de Bogotá; pero en un corto plazo de tiempo se dirimió la decisión a favor de la segunda, gracias a su situación de cruce de caminos y a que gozaba de una localización más estratégica en términos de defensa de la ciudad, debido a la barrera de montañas que servían…
p. 63
23Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · Página 2451 cita
[40]debe enco- gerse a un plan menos ambicioso. Pero el primer objetivo se cumple con éxito completo: ofender a la más vieja ciudad 246 Gíndic Anercrísta del Caribe, que guarda los recuerdos Colón; a la primera lámpara que España encendió en el Nuevo Mundo: Santo Domingo. Nadie, en realidad, se ha atrevido contra ella;…
p. 245
24Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 1311 cita
[41]llegó a ser en bre- ve una de las plazas principales del poderío español en América; pero, sobre todo, la primera del Nuevo Reino de Granada. Poblada por gentes ricas y por los empleados del Go- bierno español, desplegó desde un principio el genio alegre y hospitalario, altivo y dominador, algún tanto aristocrático en…
p. 131
25La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Páginas 6, 192 citas
[43]de los primeros de propiedad de la Corona española. Por su puerto salía rumbo a La Habana, Cuba, y de allí a España, la gran Flota de los Galeones, cargada de fantásticas toneladas de oro y plata. Se ha escrito bastante sobre esta caravana de imponentes barcos que surcó el mar Caribe a lo largo de dos siglos,…
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[49]© Alfonso Múnera 2021 © Editorial Planeta Colombiana S.A., 2021 Calle 73 n.º 7-60, Bogotá www.planetadelibros.com.co Diseño de cubierta: Departamento de Diseño Grupo Planeta Primera edición: octubre de 2021 ISBN 13: 978-958-42-9697-9 ISBN 10: 958-42-9750-3 Desarrollo E-pub Digitrans Media Services LLP INDIA Impreso en…
p. 6
26Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 641 cita
[44]entre 1510 y 1550 cu los mejores a ñ os el oro lleg ó a 300000 pesos, entre 1570 y 1 620 el Nuevo Reino se convirti ó en el principal productor de oro de Am é rica y hubo a ñ os en los que la producci ó n lleg ó a 2 millo nes de pesos. Desde el punto de vista del imperio, el oro era apenas 68 HISTORIA M Í NIMA DE…
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27Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 561 cita
[45]Kfiídficnerst Posiblemente la producción de oro fue entre la mitad y un tercio mayor de la acuñada (Sharp, 1976) ya que así se eva- día el impuesto del quinto — 20 % del producto— y se financiaba el contrabando, que por esa misma razón sería reducido progresivamente hasta alcanzar un 3 % del valor de la producción…
p. 56
28Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · Página 2051 cita
[46]continentes. Con el objeto de mantener desde un principio la ri - gidez del monopolio de que venimos hablando, los Reyes dispusieron que solamente una de las ciudades de Castilla entendiese en las cosas de la navegación transatlántica. Correspondió ese privilegio a Sevilla, por ser la más impor- tante de las ciudades…
p. 205
29Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 412 citas
[47]años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se reprodujera ese…
p. 41
[48]mulatos; diez años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se…
p. 41