Idea transversal
Patronato
El Patronato fue el dispositivo jurídico por el cual el poder civil —primero la Corona española, luego los gobiernos republicanos— reclamó soberanía sobre la Iglesia católica en el territorio colombiano, controlando nombramientos eclesiásticos, diezmos, tribunales y la geografía diocesana durante casi cinco siglos. Fue la bisagra sobre la que giraron la conquista espiritual del siglo XVI, las guerras civiles del XIX y el régimen concordatario del XX.
Trayectoria de una idea
- 1493
Bulas alejandrinas: fundamento canónico del Patronato Regio Indiano
- 1549
Implantación del Patronato en el Nuevo Reino de Granada
- 1574
Junta sobre la evangelización bajo Briceño y Zapata de Cárdenas
- 1767
Expulsión de los jesuitas: demostración del Patronato regalista borbónico
- 1821
Congreso de Cúcuta: primeras medidas del Patronato republicano
- 1824
Ley de Patronato Eclesiástico de la Gran Colombia
- 1832
Redefinición diocesana: el Patronato como instrumento de soberanía territorial
- 1861
Decretos de tuición de cultos y desamortización: el Patronato en su forma más extrema
- 1886
Concordato de 1887: el Patronato pactado de la Regeneración
- 1973
Concordato de 1973: cierre del ciclo patronal
La lectura
El Patronato no fue un tecnicismo canónico sino la columna vertebral de la relación entre poder político y poder religioso en Colombia durante casi cinco siglos. Nacido de la lógica medieval castellana y proyectado a escala continental por las bulas alejandrinas de 1493, articuló desde el principio evangelización y dominación como una sola empresa de Estado. En el período colonial, hizo del clero americano un cuerpo dependiente de la Corona más que del papado, y convirtió a virreyes y gobernadores en árbitros de la vida eclesiástica. Con la independencia, el Patronato no desapareció sino que cambió de titular: los gobiernos republicanos lo reclamaron como herencia natural de la soberanía, y la ley de 1824 lo consagró como principio constitutivo del nuevo Estado. Las guerras civiles del siglo XIX convirtieron el Patronato en campo de batalla: los liberales radicales lo llevaron al extremo con la tuición de cultos y la desamortización, mientras los conservadores de la Regeneración lo transformaron en Concordato, sustituyendo la imposición unilateral por el pacto con Roma. El ciclo se cerró en 1973, cuando un nuevo Concordato reconoció por fin la autonomía recíproca de dos instituciones que, durante cinco siglos, habían sido incapaces de existir la una sin la otra.
El Patronato
Durante casi cinco siglos, quien nombraba obispos en el territorio que hoy es Colombia no fue Roma sino el poder civil. Primero la Corona española, luego los presidentes republicanos, después el Estado regeneracionista en pacto con la Santa Sede: el Patronato fue el dispositivo jurídico por el cual el gobierno temporal reclamó soberanía sobre la Iglesia católica, controlando nombramientos, diezmos, tribunales eclesiásticos y la geografía misma de las diócesis. No fue un tecnicismo canónico: fue la bisagra sobre la que giraron la conquista espiritual del siglo XVI, las guerras civiles del XIX y el régimen concordatario del XX. Su historia colombiana —de las bulas alejandrinas de 1493 al Concordato de 1973— es la historia de cómo un Estado sucesivamente débil y una Iglesia sucesivamente fuerte se necesitaron mutuamente, se disputaron el control del alma pública y terminaron, casi siempre, pactando.
Qué es el Patronato
En términos estrictos, el patronato es una institución del derecho canónico y castellano por la cual una autoridad temporal —fundador, protector o financiador de un templo o beneficio eclesiástico— recibe de la Iglesia ciertos derechos sobre él: fundamentalmente, el de presentar candidatos para ocupar los cargos religiosos correspondientes. La figura tiene raíces medievales y aparece codificada en las Siete Partidas de Alfonso X, en el título XI de la primera partida, donde se ordena la relación entre el poder real y las iglesias del reino. En su forma castellana clásica, el patronato suponía una lógica de reciprocidad: quien edificaba y sostenía el templo tenía voz sobre quién lo servía.
Lo que las bulas del papa Alejandro VI de 1493 hicieron fue proyectar esa lógica a una escala inédita. Las dos Inter caetera del 3 y 4 de mayo, y la Dudum siquidem del 26 de septiembre, otorgaron a los Reyes Católicos derechos sobre las tierras del Nuevo Mundo en su condición de "príncipes cristianos". La concesión articuló tres prerrogativas: la autorización exclusiva para erigir templos mayores, el patronato en su sentido tradicional castellano, y el derecho de presentación de personas idóneas para iglesias, monasterios, dignidades y beneficios eclesiásticos. La contraparte era la obligación de evangelizar. Conversión de los naturales y soberanía política quedaron cosidas: los reyes tenían la tierra porque —y en la medida en que— asumían la cristianización.
Esta arquitectura, conocida como Patronato Regio Indiano, hizo de la Iglesia americana un cuerpo estructuralmente distinto del europeo. El clero derivaba sus nombramientos e ingresos de la Corona, no del papado; los altos dignatarios, casi siempre de procedencia peninsular, se relacionaban más estrechamente con el rey que con el pontífice de Roma. Roma quedaba lejos, y su capacidad de intervención en América era, en la práctica, la que el rey de España consintiera.
Los orígenes americanos: siglos XVI y XVII
En el Nuevo Reino de Granada, el Patronato empezó a operar en toda su extensión hacia mediados del siglo XVI. En 1549 se creó la Real Audiencia de Santafé y se establecieron formalmente las órdenes religiosas en el territorio. Dominicos, franciscanos, agustinos y —desde finales del siglo— jesuitas fueron los grandes protagonistas de la cristianización, pero su presencia fue desigual: densa en los centros de poder económico y político, escasa en las periferias. Regiones como Antioquia y Santander recibieron poca influencia de las órdenes; en los Llanos y en el Chocó, las misiones contaron siempre con pocos efectivos, y los mejores sujetos rara vez se enviaron allí.
El proyecto evangelizador no fue un asunto meramente religioso. Se trató de una política de Estado: la expansión del catolicismo era, indistinguiblemente, la expansión de los dominios de la monarquía. La conquista espiritual y la conquista militar se pensaban como una sola obra. Esto tuvo consecuencias concretas para los pueblos indígenas: la evangelización incluyó prácticas coercitivas —agrupadas bajo la noción de "policía cristiana"— que combinaban la confesión y la tortura para extirpar la idolatría, y en ocasiones para apropiarse de objetos de oro de los santuarios. La norma moral eclesiástica funcionaba como norma legal: los desórdenes morales eran perseguibles de oficio por alcaldes, alguaciles y párrocos, en una fusión operativa del aparato civil y del eclesiástico.
Las prerrogativas del Patronato se ejercían en América mediante una cadena de vicepatronos: los virreyes, los presidentes de audiencias y los gobernadores actuaban en nombre del rey en los asuntos eclesiásticos de su jurisdicción. La misma autoridad que administraba justicia, cobraba tributos y libraba guerras contra los indígenas insumisos autorizaba disposiciones papales, revisaba sentencias de tribunales eclesiásticos y presentaba candidatos para beneficios. La Corona, además, cobraba los diezmos en nombre de la Iglesia y estaba obligada a sostener el culto y edificar los templos.
La fricción fue temprana. Ya en el siglo XVI el cabildo eclesiástico de Santafé se quejaba de la continua intromisión de la Audiencia en asuntos que consideraba propios de la Iglesia, y de lo poco que producían los diezmos. Hacia 1574 y 1575, bajo la presidencia de Francisco Briceño en la Audiencia y la llegada del arzobispo fray Luis Zapata de Cárdenas, se celebró una junta que alcanzó un acuerdo mínimo sobre las condiciones de la evangelización en el Nuevo Reino. Fue uno de esos momentos —hubo varios— en que la simbiosis funcionaba a costa de disimular una tensión estructural: la Iglesia americana no era, canónicamente, propiedad del rey, pero de hecho lo parecía.
La radicalización borbónica
El siglo XVIII trajo un giro decisivo. Los Borbones, imbuidos de regalismo, profundizaron sistemáticamente las prerrogativas patronales. La Corona intensificó su intervención en los nombramientos de obispos, en la revisión de sentencias de los tribunales eclesiásticos y en la autorización previa de las disposiciones papales, sin la cual estas no podían circular en los dominios americanos. El control sobre el clero secular y regular se estrechó.
El hito más ruidoso fue la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 y la expropiación de sus bienes, decidida por Carlos III y ejecutada en el Nuevo Reino con la rigidez habitual de las órdenes reales. No fue solo un episodio de política eclesiástica: fue una demostración pura del alcance del Patronato regalista. Una orden religiosa poderosa, con propiedades, colegios y misiones —las de los Llanos Orientales eran célebres—, podía ser barrida del territorio por decisión del monarca, y la Iglesia acataba. En regiones donde los jesuitas suplían la ausencia estatal, el vacío que dejaron no se llenó fácilmente.
La lección era doble. Para la Corona: el Patronato era un instrumento efectivo de gobierno. Para los criollos ilustrados que verían la independencia: ese instrumento existía, funcionaba, y podía heredarse.
La crisis de la Independencia: quién hereda al rey
Con la crisis de la monarquía española a partir de 1808 y las guerras de independencia, el Patronato entró en una zona de indeterminación jurídica que duraría décadas. El problema no era menor: ¿a quién correspondía, tras la ruptura con España, el derecho de presentar obispos, cobrar diezmos, autorizar disposiciones pontificias?
Roma tomó posición pronto y del lado del rey. En 1814, el papa Pío VII publicó una encíclica exhortando a los hispanoamericanos a la obediencia y sumisión al gobierno español. Una década después, hacia 1824, León XII adoptó una actitud semejante. Ambas intervenciones fueron poco difundidas en América y, cuando circularon, se consideraron a menudo falsificaciones o se reinterpretaron de modo acomodaticio. Los independentistas no estaban dispuestos a que la Santa Sede desmontara desde Roma lo que costaba tanta sangre en el campo de batalla.
La situación eclesiástica sobre el terreno era, entretanto, alarmante. Diócesis enteras quedaban vacantes de prelado: Santa Marta, Quito, Cuenca, la propia arquidiócesis de Santafé; otras eran gobernadas por provisores y vicarios capitulares. Muchos sacerdotes españoles y misioneros abandonaron el país. Las diócesis de Cartagena y Santa Marta permanecerían sin obispos hasta bien avanzada la república. En el Caribe, buena parte de las parroquias quedó desatendida. El nuevo Estado no solo tenía que decidir si heredaba las prerrogativas del rey: tenía que hacerlo sobre una Iglesia diezmada, sin cabeza, con el clero mermado.
Bolívar entendió la magnitud del problema y gestionó, durante la campaña independentista, el reconocimiento de la Gran Colombia como jurisdicción religiosa autónoma. Los papas León XII y Pío VIII, más allá de sus declaraciones favorables a Madrid, terminaron cediendo lo esencial: aceptaron la creación de un episcopado nacional independiente de la Corona española. Era el primer paso —tímido, ambiguo— hacia el reconocimiento de la nueva realidad política.
Mientras tanto, en el plano interno, el Congreso de Cúcuta de 1821 había tomado una medida cargada de sentido: la nacionalización de los conventos con menos de ocho miembros y su transformación en escuelas secundarias. La república joven ya usaba el bisturí sobre el cuerpo eclesiástico.
El Patronato Republicano: la herencia asumida
En 1824, el Congreso de la Gran Colombia aprobó la ley de patronato eclesiástico, cuya promoción se atribuye entre otros al presbítero Juan Nepomuceno Azuero Plata, masón y signatario del Acta de Independencia. La ley respondía a una tesis de fondo: el Estado republicano era el heredero natural del Patronato que antes ejercía la Corona. Las prerrogativas no habían muerto con la salida de los españoles; habían cambiado de titular.
Esta decisión —tomada por un clérigo liberal, en un Congreso poblado de curas ilustrados— marcó el rumbo del siglo. El Patronato no fue, en Colombia, una imposición anticlerical arrancada a la Iglesia: fue asumido como continuidad institucional por gobernantes que veían en él un instrumento indispensable para gobernar un país cuya población era masivamente católica y cuyo Estado era estructuralmente débil.
La Convención Granadina de 1832 confirmó esa lógica con la ley del 30 de enero, que fijó los límites de las diócesis de Bogotá y Popayán con las de Mérida y Quito. Había parroquias granadinas que dependían de prelados en Venezuela o el Ecuador, herencia de la geografía eclesiástica colonial que ya no coincidía con las fronteras políticas. El Estado, ejerciendo el Patronato republicano, redibujó el mapa diocesano para hacerlo coincidir con el nacional. Era una operación de soberanía tanto como de administración.
En 1834, el arzobispo Manuel José Mosquera fue elegido para la sede de Bogotá mediante el ejercicio del Patronato Republicano. El nombramiento ilustraba el funcionamiento normal del sistema: el gobierno presentaba, la Iglesia aceptaba, la República se consolidaba como poder patronal.
Pero Manuel José Mosquera —hermano del general y futuro presidente Tomás Cipriano de Mosquera— resultó un arzobispo dispuesto a defender los derechos de la Iglesia frente al Estado. La fricción escaló. Bajo la presidencia de José Hilario López, el arzobispo fue desterrado. La escena tenía un valor emblemático: el mismo Patronato que había servido para elegirlo servía ahora para expulsarlo.
La ruptura liberal y la vuelta del péndulo
La presidencia de José Hilario López (1849-1853) marcó un giro. En 1850 el gobierno expulsó a los jesuitas —que habían regresado al país por invitación previa— y eliminó el fuero eclesiástico. Más significativo aún: el partido liberal adoptó, siguiendo a Cavour, el principio de "Iglesia libre en el Estado libre". En teoría, esto significaba renunciar al Patronato: si Iglesia y Estado eran esferas separadas, el gobierno no tenía por qué presentar obispos ni intervenir en asuntos eclesiásticos.
Pero la ruptura fue más retórica que efectiva. La generación siguiente de liberales no renunció al control estatal sobre la Iglesia; lo llevó al extremo. La figura decisiva fue Tomás Cipriano de Mosquera, cuya segunda presidencia comenzó en julio de 1861 en plena guerra civil. Mosquera —el hermano del arzobispo desterrado— tenía cuentas viejas con el clero y una lectura política del momento: la jerarquía eclesiástica había sido percibida como aliada del bando conservador, muchos sacerdotes habían usado el púlpito para movilizar a favor de los conservadores y algunos incluso participaban directamente en los conflictos armados.
Mosquera respondió con dos medidas fulminantes. Primero, la desamortización de bienes de manos muertas, que expropió sistemáticamente los bienes de corporaciones eclesiásticas. Segundo, los decretos de tuición de cultos, que sometieron a la Iglesia no ya a la vigilancia sino a la dependencia del poder civil. Todo sacerdote debía solicitar permiso a las autoridades para ejercer sus funciones ministeriales y jurar obediencia a la Constitución y las leyes como condición para el ejercicio del culto. El incumplimiento podía acarrear destierro sin procedimiento judicial. Muchos sacerdotes cerraron sus iglesias antes que jurar.
En enero de 1862, en medio de la guerra, Mosquera escribió al papa Pío IX. La carta es reveladora: en ella justificaba el derecho de Colombia a heredar el patronato que antes ejercía la Corona española, argumentando que vacantes eclesiásticas habían sido ocupadas por hombres que deshonraban a la Iglesia y participaban en conflictos armados. Mosquera no estaba abandonando el Patronato: lo estaba reclamando en su forma más extrema, prescindiendo por completo de la intervención de la Santa Sede en los asuntos administrativos del culto católico.
La Constitución de Rionegro de 1863, expresión del federalismo radical, consolidó ese régimen. Durante los años setenta, los liberales radicales instituyeron además la educación laica y obligatoria, un frente adicional de choque con la Iglesia. El anticlericalismo del período 1861-1880 fue el momento en que el Patronato republicano se llevó a su máxima tensión: un Estado que no reconocía la autoridad papal sobre sus asuntos internos pero que, simultáneamente, pretendía controlar los nombramientos eclesiásticos como si esa autoridad le hubiera sido transferida.
La contradicción era estructural. Un Estado radicalmente liberal —que en principio debía separarse de la Iglesia— seguía necesitando controlarla, porque la Iglesia era demasiado poderosa socialmente como para dejarla libre. La tuición fue el Patronato republicano en su expresión más nuda: control sin diálogo, autoridad sin legitimidad canónica.
La Regeneración: liquidación y refundación
El desenlace vino en los años ochenta y llevó la firma de dos hombres: Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro. Núñez fue elegido presidente en 1880, 1884, 1886 y 1892 —aunque no ejerció el último período, prefiriendo gobernar desde su residencia en Cartagena—; Caro, principal pensador conservador de la época, fue vicepresidente y asumió progresivamente el control efectivo del gobierno hasta consolidarlo tras la muerte de Núñez en 1894.
La Regeneración clausuró el ciclo radical con dos textos gemelos: la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887. En su Artículo 38, la Constitución declaró el catolicismo como la religión de la nación y dispuso que los poderes públicos la protegerían y harían respetar como elemento esencial del orden social, aclarando al mismo tiempo que la Iglesia Católica no sería oficial y conservaría su independencia. El Artículo 40 mantuvo la libertad de cultos, pero la limitó a aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana ni a las leyes. El Artículo 41 estableció que la educación pública se organizaría en concordancia con la Religión Católica.
El Concordato con la Santa Sede, firmado en 1887 bajo la presidencia de Núñez —tras negociaciones conducidas por el enviado extraordinario Joaquín Fernando Vélez, con instrucciones de puño y letra del presidente—, tradujo esos principios en un régimen concreto. Sus artículos 12 y 13 dispusieron que la educación e instrucción pública en todos los centros de enseñanza se organizaría conforme a los dogmas y la moral de la Religión Católica, y que la enseñanza religiosa sería obligatoria. El acuerdo otorgó efectos civiles al matrimonio católico y abolió el divorcio civil. En cuanto a las propiedades eclesiásticas confiscadas a mediados del siglo XIX, el Concordato contempló una compensación económica —modesta, dada la precaria situación fiscal— consistente en auxilios para misiones, seminarios y diócesis, y en el pago de réditos de patronatos.
El Concordato de 1887 se ha leído a veces como la abolición del Patronato. Es una lectura incompleta. Formalmente, sí: el Estado colombiano renunció a las prerrogativas unilaterales del Patronato republicano y aceptó negociar con la Santa Sede los asuntos eclesiásticos. Pero la sustancia del asunto es más sutil. Lo que la Regeneración hizo fue sustituir el Patronato —un dispositivo de control unilateral y contencioso— por un régimen concordatario que delegaba masivamente funciones estatales a la Iglesia a cambio de estabilidad política. La educación pública quedó bajo control eclesiástico completo hasta 1930; el registro civil de los católicos, en manos de las parroquias; la moral pública, tutelada por la enseñanza católica obligatoria.
Núñez y Caro habían entendido lo que los radicales no vieron: en un país con Estado débil, la Iglesia no era un obstáculo sino un recurso. En vez de disputarle poder, había que asociarla al proyecto nacional. El Patronato como reclamación se acabó; la codependencia entre Estado e Iglesia, transfigurada, entró en su fase más intensa.
El Convenio de Misiones: la Iglesia como sucedáneo estatal
El régimen concordatario tuvo una proyección específica que, hasta hoy, marca la geografía de Colombia. El 24 de diciembre de 1902, en las postrimerías de la Guerra de los Mil Días, el presidente José Manuel Marroquín firmó con el Vaticano el Convenio de Misiones. El acuerdo, derivado directamente del Concordato de 1887, otorgó a las órdenes religiosas autoridad absoluta para gobernar, policiar y educar a los nativos en sus territorios de misión.
Los términos eran extraordinarios. Las misiones recibieron control sobre la educación pública de los ciudadanos colombianos en sus territorios, acceso ilimitado a baldíos para promover la colonización, un subsidio oficial elevado a setenta y cinco mil pesos anuales, y —cláusula decisiva— la disposición de que ninguna persona inaceptable para los misioneros podía ser nombrada en cargos de autoridad civil. Los funcionarios territoriales quedaban, de hecho, subordinados a vicarios y prefectos apostólicos. La oposición liberal protestó; Marroquín firmó igualmente.
Las órdenes se distribuyeron el mapa periférico. En el Caquetá y la zona sur amazónica, las misiones capuchinas, franciscanas y consolatas se hicieron cargo de la "civilización" de los territorios. La Guajira, el Chocó, el Casanare, el Putumayo entraron en el mismo régimen. La Iglesia católica actuó como sustituto del Estado, cumpliendo sus funciones —evangelización, educación, organización social, registro— en zonas donde la República nunca había llegado ni pensaba llegar.
Este marco tenía un antecedente legal decisivo: la Ley 89 de 1890, expedida en el contexto inmediato del Concordato, que determinó "la manera de gobernar a los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada". La ley integró a las poblaciones indígenas en un régimen jurídico especial en articulación con la labor misional. Su lógica de fondo enlazaba, sin solución de continuidad, con la evangelización coercitiva del siglo XVI: la conquista espiritual de las periferias seguía siendo, tres siglos después, una política de Estado ejecutada por la Iglesia.
Para los pueblos indígenas del Caquetá, del Putumayo, del Amazonas, el proyecto evangelizador desplegado desde 1887 se superpuso, en las mismas décadas, a la fiebre del caucho: un segundo escenario de suplicio, paralelo al de las caucherías. El Patronato, en su forma concordataria, había encontrado la manera de proyectar la vieja fusión entre conquista militar y conquista espiritual sobre los territorios que la República no controlaba pero reclamaba.
En regiones donde no había alcaldía, ni juez, ni escuela oficial, había un misionero. En la práctica, la presencia misional era lo más parecido a una presencia estatal. Y los misioneros lo sabían.
La reforma del 36 y el largo camino a 1973
La ofensiva liberal contra el régimen concordatario tardó en llegar. El primer gobierno liberal tras la hegemonía conservadora, el de Enrique Olaya Herrera (1930-1934), se mostró particularmente timorato en las relaciones con la Iglesia y no emprendió los replanteamientos que muchos esperaban. Fue con Alfonso López Pumarejo cuando la revisión adquirió cuerpo.
La reforma constitucional de 1936 suprimió el artículo de la Constitución de 1886 que declaraba la religión católica como la de la nación y ordenaba a los poderes públicos protegerla. Formalmente, el Estado dejaba de ser confesional. Pero la operación fue incompleta: la reforma mantuvo la restricción de que la libertad de conciencia y de cultos no podía ser contraria a la moral católica ni a las leyes. Es decir, el Estado seguía reconociendo a la moral católica como parámetro. La confesionalidad plena se retiró; la vecindad estructural entre Estado e Iglesia permaneció.
La respuesta eclesiástica y conservadora fue vigorosa. El clero se resolvió a impedir que las bases del Estado confesional fueran modificadas más allá de lo indispensable. Algunos obispos —Miguel Ángel Builes en Santa Rosa de Osos, Manuel José González en algunos pronunciamientos— adoptaron actitudes abiertamente partidistas: en 1942 se llegó a prohibir a los fieles la lectura del diario liberal El Tiempo. Otros mantuvieron posturas moderadas y conciliadoras; el episcopado no fue nunca un bloque unánime.
En ese contexto se ensayó una renegociación del Concordato. Darío Echandía, nombrado embajador ante la Santa Sede hacia 1937, condujo las conversaciones. El texto se suscribió en Ciudad del Vaticano el 22 de abril de 1942, durante el gobierno de Eduardo Santos, con la firma del cardenal Luigi Maglione. Pero el Concordato de 1942 nunca entró en vigor: el conservatismo impidió el canje de notas de ratificación en el Congreso. La Iglesia y el conservatismo consideraban que cualquier revisión debilitaba el marco de 1887, y prefirieron el statu quo. Colombia siguió rigiéndose, en materia eclesiástica, por el texto de finales del siglo XIX.
La Violencia de los años cuarenta y cincuenta, y la involucración del clero de base en muchos de sus episodios, alimentaron una creciente conciencia de que el régimen concordatario resultaba anacrónico. Pero la revisión efectiva tuvo que esperar. Vino durante la presidencia de Misael Pastrana Borrero, con la firma del nuevo Concordato en 1973 —negociado durante los últimos años del Concilio Vaticano II y su recepción latinoamericana, con un pontificado, el de Pablo VI, más dispuesto a modernizar los términos de la relación con los Estados.
El Concordato de 1973 modificó aspectos sustanciales del texto de 1887 —el matrimonio católico, la educación religiosa, la jurisdicción eclesiástica sobre el clero, el registro civil— y clausuró casi un siglo de vigencia del régimen regeneracionista. Fue el epílogo del largo ciclo del Patronato en Colombia: la última renegociación entre el Estado y la Iglesia bajo el paradigma de la confesionalidad, ya con muchos de sus supuestos erosionados. La Constitución de 1991, dieciocho años después, terminaría de cambiar el marco al establecer el pluralismo religioso y la libertad de conciencia como principios estructurales.
La huella
Vista en su largo arco de cinco siglos, la historia del Patronato en Colombia ilumina una singularidad institucional del país. El Estado moderno no se construyó contra la Iglesia sino con ella, y las prerrogativas patronales fueron el vehículo jurídico principal de esa asociación. Ni en el momento más radical —la tuición de cultos de Mosquera en 1861— hubo verdadera intención de expulsar a la Iglesia del espacio público: hubo intención de someterla, que es cosa distinta.
La razón profunda es la debilidad estructural del Estado colombiano frente a la solidez social de la Iglesia. Ese desequilibrio explica por qué cada intento de subordinar a la Iglesia mediante el Patronato terminó, tarde o temprano, en una renegociación. El Estado necesitaba a la Iglesia para legitimarse, para educar, para llegar a las periferias, para regular la vida familiar. La Iglesia necesitaba al Estado para proteger sus prerrogativas y su capacidad de organización. La codependencia fue el modo colombiano de resolver una ecuación imposible.
Esa codependencia tuvo víctimas invisibles en los relatos oficiales: los pueblos indígenas sobre los que se ensayó, primero, la evangelización colonial de "policía cristiana" y confesión bajo tortura, y luego, tras el Concordato de 1887 y el Convenio de 1902, un segundo ciclo de misiones concordadas que operaron con autoridad absoluta sobre sus territorios. La continuidad entre el siglo XVI y el siglo XX en las periferias del país —Llanos, Chocó, Amazonía, Guajira— es una de las líneas más nítidas que traza el Patronato como concepto histórico: allí donde el Estado no alcanzaba, el dispositivo patronal delegaba en la Iglesia la incorporación forzosa de poblaciones al orden nacional.
La huella institucional es igualmente palpable. La red de colegios católicos, de universidades confesionales, de hospitales y obras sociales que aún estructura buena parte de la vida colombiana es herencia directa del régimen concordatario de 1887. El peso político del episcopado, la persistencia de una moral pública de matriz católica, la lentitud con que Colombia adoptó reformas comunes en América Latina desde los años setenta —divorcio, laicidad plena, derechos reproductivos— son también legado del arco largo del Patronato.
Hablar del Patronato en Colombia no es hacer arqueología jurídica. Es nombrar el dispositivo mediante el cual se construyó una relación singular entre poder político y poder religioso, cuyas transformaciones —del vicepatronato colonial a la tuición radical, del Concordato de Núñez al de Pastrana— siguen marcando el pulso de la vida pública del país. La Constitución de 1991 abrió otra época; pero las viejas capas del Patronato siguen visibles, como los estratos de una piedra, en la geografía institucional, moral y territorial de Colombia.
En el archivo
26 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Prehispánicoantes de 14991
02Conquista1499–15993
03Colonia1600–17801
04Pre-independencia1780–18091
05Independencia1810–18313
06Nueva Granada1831–18625
07Estados Unidos de Colombia1863–18854
08Regeneración1886–19293
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Alejandro VI — promulgó en 1493 las bulas Inter caetera y Dudum siquidem que constituyeron el fundamento canónico del Patronato Regio Indiano
- 02Patronato Regio — forma colonial del Patronato ejercida por la Corona española a través de virreyes y gobernadores como vicepatronos en América
- 03Concordato — instrumento jurídico que en 1887 y 1973 sustituyó el Patronato unilateral por un régimen pactado entre el Estado colombiano y la Santa Sede
- 04Tomás Cipriano de Mosquera — llevó el Patronato republicano a su expresión más radical con los decretos de tuición de cultos y la desamortización de 1861
- 05Juan Nepomuceno Azuero Plata — presbítero y promotor de la ley de patronato eclesiástico de 1824 que consagró al Estado republicano como heredero del Patronato regio
- 06Regeneración — período político (1886-1900) en que Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro reemplazaron el Patronato liberal por el régimen concordatario de 1887
- 07Desamortización — medida complementaria al Patronato radical de Mosquera que expropió los bienes de corporaciones eclesiásticas en 1861
- 08Soberanía — concepto político indisolublemente ligado al Patronato, pues el control sobre la Iglesia fue siempre una expresión de la soberanía del poder civil sobre el territorio
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
41 documentos · 54 fragmentos
01Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · p. 1, 62 citas
[1]26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…
p. 1
[2]edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios eclesiásticos y lugares píos. 14…
p. 6
02Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 291 cita
[3]Gonzalo Jiménez de Quesada sentó su real en la Sabana de Bogotá, mandó construir doce bohíos en memoria de las doce tribus de Israel en su estación de Elim... Esta puede ser la clave de la persistencia del trazado en damero y de la regularidad creciente de la manzana cuadrada en las ciudades americanas... El modelo de…
p. 29
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 252 citas
[4]una posesión de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus…
p. 25
[5]de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…
p. 25
04Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 471 cita
[6]en previsión, habían hecho salir a Colón hacia las Indias descubiertas y por descubrir. en su segundo viaje el 25 de septiembre de 1493. El papa Alejandro VI promulgó tres bulas, los días Aunque existía la amenaza de un conflicto bélico, al 3 y 4 de mayo y 26 de septiembre de 1493; las dos — fin volvieron a reunirse…
p. 47
05Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 2241 cita
[7]reprinted in Carlos Martínez Silva, Escritos Varios (Bogotá: Ministerio de Educación Nacional / Ediciones de la Revista Bolívar, 1954), 173. 27. The patronato refers to the special power conceded by the pope to the Spanish Crown. The Spanish Crown had the jurisdiction to orient Chris- tian evangelization. Religion was…
p. 224
06Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 30, 442 citas
[8]las parro- quias; la dotacién de los templos, monasterios y hospitales; la revisi6n de las sentencias de los tri- bunales eclesiésticos; la autorizacién para la circu- laci6én y aplicacién de todas las disposiciones pa- pales y el recibo de los diezmos que la Iglesia re- caudaba para sus atenciones. Por su parte, la…
p. 30
[29]jesuitas, comuni- dad militante de la Iglesia Catdlica perseguida por los anticlericales de todo el mundo. La crisis religiosa se difundié en Nueva Granada a través de periddicos, hojas volantes, avisos, pan- fletos y otros medios de comunicacién social. Por su parte, los prelados utilizaron las pastorales para dar a…
p. 44
07The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1331 cita
[9]the deep-rooted political and re- ligious conflict that shaped the institutional relations between Church and state in Colombia—from the Independence period through the late nineteenth century. Since the “discovery” of América, altar and throne had governed jointly, as the pa- pacy conceded to the Spanish Crown…
p. 133
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 1951 cita
[10]en un estado pu nitivo, poco aculturados. En sus cartas al Consejo de Indias no 206 LA CONQUISTA DEL TERRITORIO Y FL POBLAMIENTO ocultaba Zapata su desilusi ó n. Denunciaba el “ poco fruto que han ’ hecho — los espa ñ oles — en la vi ñ a del Se ñ or". Los indios prose gu í an sus ritos y ceremonias, los frailes eran…
p. 195
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1011 cita
[11]poderes inquisitoriales y que se impusieran diezmos a los artículos que antes no lo pagaban, como eran las mantas y la leña. Consideraba perjudicial el nombramiento de "oficiales —manuales- y advenedizos" para curas, acusaba a los frailes de estorbar la inspec- ción de su bienes y protestaba contra el continuo envío…
p. 101
10Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 1, 62 citas
[12]43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…
p. 1
[13]los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…
p. 6
11Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1671 cita
[14]ft Ciailqíe religioso, del orden político, del jurídico y del espacial. Las fiestas y ceremonias, de regocijo o duelo, también tenían los dos sentidos. Podemos decir que se hacía uso civil de las religiosas y religiosos de las civiles, cuyas fronteras no siempre eran claras. Desde las primeras épocas del periodo…
p. 167
12Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1, 142 citas
[15]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…
p. 1
[16]algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…
p. 14
13La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 571 cita
[17]el Estado y las normas morales eclesiásticas hacen que la Colonia perdure hasta después de 1819. La penetración del gobernante y del cura en el fuero interno es constantes y se ve en el hecho de que desórdenes morales se consideran como delitos perseguibles de oficio por alcaldes, alguaciles y párrocos. La norma…
p. 57
14Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 931 cita
[18]Corona. Pero estas eran disquisiciones de gabinete. En el mismo terreno de los hechos, el espa- ñol dominaba, explotaba y expoliaba al indio. Y esa era la alternativa. Una cruzada violenta contra los ritos indíge- nas, que Germán Colmenares denomina con propiedad como policía cristiana fue táctica común para lograr no…
p. 93
15Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2652 citas
[19]par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…
p. 265
[20]par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…
p. 265
16Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 1561 cita
[21]Nueva Granada” (El Aviso, 1-21 y 24-43, 23 y 30 de enero, 6, 13, 20 y 27 de febrero de 1848). 38 Ibid. 115 La ambición política restringida: la República de Colombia obispos: Salvador Jiménez de Enciso (Popayán), fray Gregorio José Rodríguez OSB (Cartagena), Rafael Lasso de la Vega (Mérida de Maracaibo), Leonardo…
p. 156
17Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 461 cita
[22]mapa de la Gran Colombia que se conserva en el Archivo Jacinto Jijon y Caamano de Quito. De acuerdo con su carta fundacional, Colombia se form6 con el antiguo virreinato de Santa Fe y la Capitania General de Venezuela. A la derecha, una imagen poco corriente de Simén Bolivar en ese lienzo de Tito Salas. El sueno…
p. 46
18Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 1941 cita
[23]infrastructure not within the government’s reach. ’ The influence of the Catholic Church was even weaker than before inde- pendence. Caribbean New Granada’s two dioceses of Cartagena and Santa Marta were without bishops until . Most Spanish priests and mis- sionaries had abandoned the country,…
p. 194
19Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 1941 cita
[24]infrastructure not within the government’s reach. ’ The influence of the Catholic Church was even weaker than before inde- pendence. Caribbean New Granada’s two dioceses of Cartagena and Santa Marta were without bishops until . Most Spanish priests and mis- sionaries had abandoned the country,…
p. 194
20Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 141 cita
[25]sus necesidades. A mas de discutir y de dotar al pais de esta Constitucién, la notable Convencién Granadina de 1832, que asi se reconoce en la historia este me- morable congreso, se ocupé de dictar una larga se- tie de decretos y de leyes tendientes a la organiza- cién del pais, de los cuales citaremos los principa-…
p. 14
21Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2161 cita
[26]1623, año en que el dero enemigo de La - depondencia y algunos criollos su mún confisban en la cansa del emprendieran contra Las Idea ma goblerno, en las po- siciónes más e de la jerarquia militar y, en fin, entre comere e incipientes artesanos, la pertemen- cia a alguna logía masónica era cas| TD e pam s te mar Y rm…
p. 216
22Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 2811 cita
[27]of the Grenadine Confederacy from 1861 to 1863, served as the first president of the United States of Colombia from 1863 to 1864, and again from 1866 to 1867. In January 1862, as civil war raged and the outcome still hung in the balance, Mos- quera wrote a letter to Pope Pius IX, the first pope to have personal…
p. 281
23Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 cita
[28]y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…
p. 38
24Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1671 cita
[30]la inspección o la tuición de cultos, con lo cual la Iglesia quedó sometida, no sólo a la vigilancia sino AAA SS EE El país en la segunda mitad del siglo XIX El arzobispo Manuel Iglesia y el Estado, el ar- José Mosquera y sacer- zobispo defendió los de- dotes jesuitas. En la pri- rechos eclesiásticos, por mera gran…
p. 167
25Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 cita
[31]and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…
p. 109
26Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 261, 2702 citas
[32]a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…
p. 261
[41]la Santa Sede en 1887, dar í an a la Iglesia Cat ó lica el control completo de la educaci ó n por lo menos hasta 1930, é poca en que los gobiernos liberales iniciaron una recupera ci ó n de las prerrogativas del Estado en materias educativas a. MANUAL DE HISTORIA III 279 5 ¡ 1 art í culo 41 de la Constituci ó n de…
p. 270
27Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 3372 citas
[33]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…
p. 192
[36]donde cayó asesinado Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá. Fotografía de Sady González. Cromos, N° 1627, abril 21 de 1948. La furia y el dolor. Óleo de Ignacio Gómez Jaramillo, 1954. Colección Margot Villa de Gómez Jaramillo, Bogotá. Éxodo. Óleo de Pedro Nel Gómez. Fondo Documental, Biblioteca Luis- Ángel Arango. Violencia.…
p. 337
28Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 731 cita
[34]acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…
p. 73
29Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1221 cita
[35]Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…
p. 122
30Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 120, 1392 citas
[37]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…
p. 139
[42]los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…
p. 120
31Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 190, 1972 citas
[38]organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…
p. 197
[49]organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…
p. 190
32De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[39]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
[45]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
33De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[40]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
[46]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
34Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 891 cita
[43]carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…
p. 89
35Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 348, 3752 citas
[44]el Concordato es una consecuencia lógica de lo estatuido por la Constitución. Joaquín Fernan- do Vélez había sido nombrado repre- sentante del gobierno de José Eusebio Otálora ante la Santa Sede, pero sin ins- trucciones. Regresa al país para par- ticipar en la defensa del gobierno de Núñez en la guerra civil (1885) y…
p. 348
[52]y caída de la hegemonía conservadora en 1930. padre Jorge y su hermano Luis, que más tarde también sería sacerdote), por negarse a poner a la JOC bajo la directa dependencia de la Acción Ca- tólica. Los Murcia contaban con el apoyo de monseñor Perdomo y del obispo de Ibagué, Pedro María Ro- dríguez: incluso, el nuncio…
p. 375
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[47]entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…
p. 45
37La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 141 cita
[48]la memoria de los habitantes de la región y es fundamental para entender sus identidades y la fortaleza de sus organizaciones sociales. En la zona sur se dieron, por su parte, procesos de colonización eclesiástica llevados a cabo por misiones capuchinas, franciscanas y consolatas, a las que se les delegó la…
p. 14
38Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 71 cita
[50]Thousand Days, but soon after the fighting ceased, President José Manuel Marroquín and the Vatican signed the Convention on Missions of 1902. This agreement granted to the religious orders absolute authority to govern, police, and educate the natives in their mission territories. It also gave them control over the…
p. 7
39Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 661 cita
[51]docentes públicos y privados, en orden a procurar el cumplimiento de los fines sociales de la cultura y la mejor formación intelectual, moral y física de los educandos” (art. 14). Las anteriores disposiciones, que tenían que ver con la Iglesia Católica, se desarrollaron luego con la firma del Concordato que negoció en…
p. 66
40Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 671 cita
[53]fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…
p. 67
41Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 591 cita
[54]lanzarse a una política novedosa, como no tardaría en comprobarlo su sucesor. Más allá de la moderación del nuevo mandatario, las circunstancias hacían difícil dar timonazos bruscos. Con excepción de la rama ejecutiva, los conservadores contro- laban todas las instancias del poder. El clero se mostraba resuelto a…
p. 59