Catecismo de Zapata de Cárdenas y extirpación de idolatrías (1573–1586)
Entre 1573 y 1586, el arzobispo fray Luis Zapata de Cárdenas desplegó en el Nuevo Reino de Granada el intento más sistemático del siglo XVI por convertir la evangelización muisca en política de Estado: confesionarios bilingües en chibcha, destrucción de santuarios y tunjos, imposición del matrimonio sacramental y un colegio de lengua que fracasó. La empresa no erradicó la religión muisca, sino que la empujó al ámbito doméstico, donde sobrevivió transformada.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1573–1586
- Dónde
- Tunja, Sogamoso, Nueva Granada, Cundinamarca, Boyacá, Sabana de Bogotá, Santafé de Bogotá, Laguna de Guatavita, Fontibón, Villa de Leyva (El Infiernito), Chiquinquirá
- Protagonistas
- Fray Luis Zapata de Cárdenas (arzobispo de Santafé, 1573–1590), Fray Juan de los Barrios (arzobispo predecesor, 1563–1569), Andrés Díaz Venero de Leiva (presidente de la Audiencia, impulsor del envío de doctrineros en 1569), Bartolomé Lobo Guerrero (arzobispo posterior; en 1606 caracterizó a los jeques como amenaza religiosa y política), Fray Bernardo de Lugo (autor de la Gramática de la lengua chibcha), Felipe II (monarca titular del Patronato regio), Real Audiencia de Santafé (institución civil con competencias sobre la organización eclesiástica), Consejo de Indias (receptor de las denuncias de Zapata y árbitro de sus peticiones), Jeques y chuques muiscas (sacerdotes indígenas, principales resistentes al proyecto evangelizador)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El Patronato regio subordinaba la Iglesia americana a la Corona, convirtiendo la evangelización en obligación de Estado y legitimando la intervención civil en asuntos religiosos.
- El estado precario de la evangelización al llegar Zapata: la epidemia de viruela de 1558 había interrumpido casi radicalmente la labor doctrinera, y la reactivación tardó más de una década.
- La indisciplina y dispersión de las órdenes religiosas: los frailes se disputaban las doctrinas ricas, ignoraban las cédulas reales correctivas y trataban las tierras americanas como feudo propio.
- La persistencia activa de la religión muisca —con sus jeques, santuarios públicos, tunjos y cosmología propia— que las autoridades coloniales percibían como obstáculo político y espiritual.
- El impulso normativo del Concilio de Trento, que promovió catecismos manuales universales y estandarizó los instrumentos pastorales de conversión.
Consecuencias
- La religión muisca fue desplazada del espacio público (cerros, lagunas, santuarios comunitarios) al ámbito doméstico: en 1594 el cacique de Fontibón declaró que los indígenas guardaban tunjos y santuarios en sus casas y depósitos de maíz, y a fines del siglo XVI se quemaron más de tres mil imágenes ocultas en hogares de la zona.
- El fracaso del colegio de lengua chibcha (cerrado en 1586) dejó a la mayoría de los doctrineros sin herramientas lingüísticas para evangelizar, limitando estructuralmente el alcance del proyecto.
- Las Ordenanzas de la Audiencia de Tunja de 1575 institucionalizaron la extirpación de idolatrías como norma civil, articulando la acción eclesiástica con el aparato judicial colonial.
- La información ordenada por Zapata en 1586 sobre el milagro de la Virgen de Chiquinquirá inauguró uno de los cultos marianos más duraderos de Colombia, ilustrando la estrategia de reemplazar santuarios muiscas por santuarios cristianos.
- El proyecto evidenció la tensión estructural del Patronato regio: el mismo sistema que otorgaba al arzobispo su autoridad le negaba las herramientas para ejercerla, como muestran las notas marginales denegatorias del Consejo de Indias a las peticiones de Zapata.
La clave interpretativa
Por qué importa
El arzobispado de Zapata de Cárdenas es el laboratorio más documentado del siglo XVI para entender cómo la evangelización colonial funcionó como tecnología de gobierno y no solo como empresa religiosa: articuló confesionarios bilingües, destrucción de santuarios y normas civiles en un proyecto coherente de reconfiguración simbólica. Su resultado más duradero no fue la conversión sino el sincretismo forzado: la religión muisca sobrevivió en el espacio doméstico precisamente porque la extirpación de los santuarios públicos fue eficaz, lo que convierte este episodio en clave para comprender la resistencia cultural indígena y las formas coloniales de control ideológico en el Nuevo Reino de Granada.
Desarrollo histórico
La historia completa
Conquista espiritual: el Catecismo de Zapata de Cárdenas y la extirpación de idolatrías (1573–1586)
Entre 1573 y 1590, el arzobispado de fray Luis Zapata de Cárdenas en Santafé fue el intento más sistemático del siglo XVI por convertir la evangelización del Nuevo Reino de Granada en una máquina de gobierno. Su instrumento central, el Catecismo de 1576, y las campañas de extirpación de idolatrías que lo acompañaron tradujeron el Patronato regio en tecnología parroquial: confesionarios bilingües en lengua chibcha, destrucción de tunjos y santuarios, imposición del matrimonio sacramental, escrutinio de la interioridad indígena. La empresa fue coherente en su diseño y limitada en su alcance: no erradicó la religión muisca, sino que la empujó al ámbito doméstico, donde sobrevivió transformada. Ese traslado —del cerro y la laguna a la casa de morada y el depósito de maíz— es la huella más duradera del proyecto de Zapata y también la medida exacta de su fracaso.
El mundo del que brota la empresa evangelizadora
El altiplano cundiboyacense que heredó Zapata en 1573 no era terreno virgen. Treinta y seis años antes, alrededor de ciento setenta europeos y treinta caballos comandados por Gonzalo Jiménez de Quesada habían penetrado las planicies muiscas, densamente pobladas por cultivadores sedentarios organizados bajo dos grandes señoríos —el del Zipa y el del Zaque, con sede este último en Hunza, la Tunja colonial— y por cacicazgos con notable autonomía como Sogamoso y Duitama. La sociedad muisca no había alcanzado la envergadura imperial azteca o inca: sus dependencias eran inestables, sus jerarquías intermedias fluctuantes, y en las comarcas montañosas al noroccidente de Tunja subsistían jefaturas menores casi independientes. Esa fragmentación política facilitó la penetración militar y determinó la forma que tomaría la administración colonial.
Hacia 1550, la sociedad de conquista comenzó a decantar en un orden institucional. La Real Audiencia de Santafé fue creada en 1549, la encomienda se consolidó como sistema de extracción del tributo indígena, y el aparato eclesiástico empezó a organizarse con obispos y órdenes religiosas. Audiencia, encomienda e Iglesia eran caras de una misma transformación: la transición de la depredación armada a la explotación regulada. La evangelización, en este marco, nunca fue proyecto puramente religioso: fue política de Estado, porque la expansión de los dominios de la monarquía española implicaba la expansión de la fe católica, y ambas se legitimaban recíprocamente.
El instrumento jurídico que articulaba esa simbiosis era el Patronato regio. Las bulas papales habían conferido a la Corona de Castilla tres derechos que reordenaban la relación entre trono y altar en América: el exclusivo para autorizar la construcción de templos grandes, el patronato sobre la Iglesia americana en sentido castellano, y el derecho de presentación de personas idóneas para los cargos eclesiásticos. Virreyes, presidentes de audiencias y gobernadores extendían estas prerrogativas como vicepatronos. Ningún fraile podía ser enviado, ningún templo levantado, ningún obispo nombrado sin la mediación del rey. La Iglesia americana nació subordinada al Estado, y sus arzobispos, incluso los más celosos de sus fueros, dependían del Consejo de Indias para casi todo.
El estado de la evangelización cuando llegó Zapata era precario. La labor de los doctrineros había sido interrumpida casi radicalmente en 1558 por una gran epidemia de viruela, y su reactivación tardó más de una década: solo desde septiembre de 1569 se registró la llegada de cuarenta religiosos franciscanos y dominicos traídos por el presidente Andrés Díaz Venero de Leiva para que fueran efectivamente a las encomiendas. Los frailes disponibles se disputaban las doctrinas de los pueblos ricos y dejaban sin adoctrinar a los demás; una Real Cédula de 1565 dirigida a los provinciales había intentado corregir el abuso, pero era letra muerta, y los religiosos trataban las tierras americanas casi como feudo propio. El esfuerzo se concentraba en las altiplanicies orientales, mientras la costa atlántica, el distrito de Popayán, los valles del Alto Magdalena y las zonas mineras del Cauca quedaban al margen, en parte porque los clérigos preferían trasladarse a zonas con poblaciones indígenas más numerosas y estables. A todo ello se sumaba la asimetría de fondo del sistema encomendero: la Corona cedía a un español el tributo de un grupo indígena con la obligación formal de catequizarlo, pero en la práctica esa responsabilidad se desatendía, y los encomenderos denunciaban que la escasez de frailes era el principal obstáculo para cumplir con un deber que rara vez asumían.
En 1573, entonces, la evangelización del Nuevo Reino era un mosaico de doctrinas mal atendidas, frailes indisciplinados, encomenderos evasivos y una Audiencia dispuesta a intervenir en cualquier asunto que rozara sus competencias. Sobre ese fondo llegó Zapata.
Zapata de Cárdenas y el diseño de una máquina evangelizadora
Fray Luis Zapata de Cárdenas ejerció como arzobispo de Santafé entre 1573 y 1590, en sucesión —tras un interregno— de fray Juan de los Barrios, cuyo pontificado había ocupado los años 1563 a 1569. Sus diecisiete años al frente de la arquidiócesis coincidieron con la relativa consolidación institucional de la Audiencia bajo la presidencia de Francisco Briceño, y ese contexto de estabilización generó por primera vez las condiciones para acuerdos mínimos entre autoridades civiles y eclesiásticas sobre la evangelización. Un informe de 1575 referencia la celebración de una junta cuyo propósito era claro: dar coherencia a un proyecto que hasta entonces había avanzado por inercia y disputa.
De esa energía inicial surgió, en 1576, el Catecismo de Zapata de Cárdenas: no un tratado teológico, sino un manual operativo para transformar doctrineros en agentes de reconversión simbólica. El texto se inscribía en la corriente pastoral impulsada por el Concilio de Trento, cuyo Catechismus ad Parochos había normalizado la producción de catecismos manuales de uso universal —el más difundido en Hispanoamérica sería el del jesuita Gaspar Astete—, y trasladaba esa lógica al altiplano muisca. Su innovación no estaba en la doctrina, sino en el instrumental: materiales bilingües castellano-chibcha organizados mandamiento por mandamiento, con preguntas para el examen de conciencia que traducían el pecado europeo a categorías comprensibles para el confesado indígena.
El confesionario en lengua chibcha es la pieza más reveladora del proyecto. Sus preguntas escrutaban conductas morales específicas —la envidia, la avaricia, la negación de socorro al necesitado, la atracción sexual— presentadas en castellano junto a sus traducciones al muisca. El objetivo no era solo detectar transgresiones, sino producir un tipo nuevo de sujeto: alguien acostumbrado a escudriñarse a sí mismo con las categorías del confesor. La confesión operaba como técnica psicológica de persuasión y aculturación; permitía introducir valores culturales occidentales en la interioridad del indígena sin necesidad de fuerza física, y su reiteración periódica producía el hábito. En un régimen donde el matrimonio era el último de los sacramentos al que accedían los amerindios, y su imposición era capital para occidentalizar las comunidades, la confesión era el sacramento cotidiano que preparaba el terreno.
El proyecto tenía un problema evidente: exigía que los doctrineros hablaran chibcha, y la inmensa mayoría no lo hacía. Zapata impulsó entonces la creación de un colegio para la enseñanza de la lengua chibcha a los doctrineros, iniciativa que sería el antecedente del Colegio de San Bartolomé. El colegio fracasó porque los frailes simplemente no acudían a las clases; cerró en 1586 cuando el estudiantado —tal como estaba— lo abandonó por quejas sobre el profesorado y la enseñanza. Décadas más tarde, cuando fray Bernardo de Lugo publicara su Gramática de la lengua chibcha, el propio editor reconocería en el prólogo las dificultades tipográficas derivadas de cajistas que desconocían tanto el castellano como el chibcha, lo que había producido erratas en ambas lenguas. La empresa lingüística chocó, una y otra vez, con la desidia de sus ejecutores materiales.
Zapata no ignoraba el bloqueo. Sus cartas al Consejo de Indias denunciaban con crudeza el escaso avance de la evangelización, la ineptitud y conducta irregular de muchos frailes, y la intromisión de la Audiencia en asuntos eclesiásticos. El cabildo eclesiástico, en paralelo, se quejaba de lo poco que producían los diezmos y de la invasión constante de sus competencias. Pero las peticiones del arzobispo topaban con la maquinaria dilatoria del propio Patronato: al margen de sus memoriales sobre el colegio de lengua chibcha aparecen fórmulas denegatorias como "No hay que responder", "no ha lugar" o "que la Audiencia informe". El sistema que le había dado el báculo le negaba las herramientas para usarlo. Su cabildo lo describiría, con dureza, como un arzobispo más preocupado por conservar las prerrogativas político-sociales de la Iglesia que por el bienestar del pueblo; el juicio es parcial —sus propias cartas revelan una preocupación genuina por el estado espiritual de los indios—, pero captura una ambigüedad real: Zapata defendía a la vez la evangelización y el fuero eclesiástico, y ambas defensas terminaban entrelazadas.
En 1586, hacia el final de la etapa activa de su gestión, ordenó una larga información sobre el supuesto milagro de la imagen de la Virgen de Chiquinquirá. El expediente inauguraba, sin que él lo previera, uno de los cultos marianos más duraderos del país; era, también, otra pieza de la ingeniería simbólica: reemplazar los santuarios muiscas por santuarios cristianos con capacidad de convocar peregrinaciones.
La destrucción de los santuarios y el repliegue de la religión muisca
Mientras el Catecismo trabajaba sobre la conciencia individual, las campañas de extirpación operaban sobre el espacio. La religión muisca, en su forma prehispánica, era una religión de lugar: grutas, cascadas, lagos y montañas eran sedes del culto, y las lagunas —Guatavita entre ellas— tenían especial importancia. Los sacerdotes muiscas, llamados jeques o chuques, no eran figuras marginales: pasaban años de reclusión en una suerte de seminario, practicaban ayuno y consagraban su vida al estudio de la religión y de sus ejercicios esotéricos. En 1594, todavía, los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de su autoridad, distinción que compartían con los caciques. Y los señores de los principales centros ceremoniales no eran simples caciques tributarios, sino sacerdotes de alto rango que, por eso mismo, no se sujetaban plenamente al poder civil del Zipa o del Zaque. Destruir el santuario era atacar a la vez un lugar, una jerarquía y una cosmología: la de Chiminigagua como origen, Bachué asociada a la luna, Bochica al sol, Chibchacum como protector, y la constelación de divinidades menores dedicadas a las actividades cotidianas.
La ofensiva material tenía antecedentes anteriores a Zapata. El sitio ritual conocido como El Infiernito, cerca de Villa de Leyva, había sido catalogado como lugar diabólico por los doctrineros, y su destrucción se había iniciado en el siglo XVI, con columnas líticas extraídas del sitio e incorporadas en construcciones campesinas y urbanas de la villa. La violencia sobre los santuarios respondía también a una interpretación económica: los muiscas depositaban en ellos objetos de oro como ofrenda, y los españoles se apropiaron sistemáticamente de esos objetos, leyéndolos como expresión del poder personal de los caciques en lugar de reconocerlos como bienes religiosos. Más de la mitad de los objetos de oro muiscas no se usaba como adorno personal: el oro permanecía oculto o servía para cubrir santuarios, y los caciques lo guardaban en sus cercados para distribuirlo durante festejos o para la guerra. El malentendido colonial —tomar la ofrenda por tesoro privado— justificó saqueos que fueron, simultáneamente, actos de codicia y actos de extirpación religiosa.
Bajo el arzobispado de Zapata, la campaña se intensificó y se articuló normativamente con la acción civil. Las Ordenanzas de la Real Audiencia de Santa Fe para la provincia de Tunja de 1575 ordenaron que los indios no portaran mantas pintadas con figuras de tunjos o demonios, y que dichas mantas no se pusieran en las iglesias. La disposición es reveladora: prohibía a la vez la exhibición pública de los símbolos y su reciclaje sincrético en el espacio cristiano, indicando que los indígenas estaban intentando ambas cosas.
La respuesta muisca fue táctica y silenciosa. En la visita a los santuarios de Fontibón en 1594, el cacique declaró a los inspectores españoles que los españoles les cargaban y quebraban los tunjos de palo, barro y algodón, y que por esa razón los indígenas habían trasladado sus tunjos y santuarios a sus casas de morada y depósitos de maíz. La declaración condensa una transformación entera: el santuario dejó de ser un lugar público en la montaña para volverse un objeto oculto entre los granos del sustento. Cuando en Fontibón y sus alrededores se emprendió, a fines del siglo XVI, una campaña intensiva de predicación, se recogieron y quemaron más de tres mil imágenes de los antiguos dioses que el pueblo mantenía escondidas en sus casas. La cifra —más de tres mil, en una sola zona— es la medida invertida del éxito colonial: la persistencia clandestina de la religión indígena era masiva precisamente porque la extirpación de los santuarios públicos había sido eficaz. El dominio de lo público se mostró más susceptible a la cristianización que la esfera doméstica, donde la ideología religiosa indígena pasó a representar una opción de resistencia al sistema colonial. El fenómeno se documenta también en México, y sugiere una lógica común: la evangelización colonial ganaba las plazas y perdía las cocinas.
Las causas: por qué el proyecto tomó esta forma
Que Zapata haya adoptado esta estrategia no es casual. La arquitectura misma del régimen hacía inseparables la conversión y la explotación. El Patronato regio hizo de la evangelización una función del Estado: el rey nombraba obispos, autorizaba templos, mediaba en el envío de frailes, y los vicepatronos gestionaban las decisiones cotidianas. Cualquier iniciativa arzobispal se convertía así en negociación política, y por eso el Catecismo tuvo que ser diseñado como instrumento uniforme y de aplicación amplia: era la forma en que la Iglesia americana podía actuar con la coherencia de un aparato administrativo. La encomienda, por su parte, había vinculado el financiamiento de la doctrina cristiana al sistema tributario: el indio pagaba con su trabajo las pensiones al encomendero, el quinto al rey, el estipendio al cura doctrinero y el sueldo al corregidor. La evangelización tenía un precio, se cobraba en el mismo acto en que se administraba, y quien producía ese precio era el mismo sujeto al que había que evangelizar.
A ello se sumaban las "Leyes Nuevas" de 1542, que habían intentado limitar las encomiendas a dos generaciones y proteger a los indios. Su suspensión en la Nueva Granada —tras provocar guerra civil en el Perú— mantuvo intactos los privilegios de los encomenderos. La jerarquía eclesiástica operaba en simbiosis con un poder civil que legitimaba el sometimiento como condición previa de la evangelización. Zapata heredaba ese marco; no podía subvertirlo, apenas modularlo.
En el plano coyuntural, tres detonantes explican la intensificación de los años 1573–1586. Primero, la relativa consolidación de la Audiencia bajo Briceño abrió una ventana de coordinación institucional que Zapata aprovechó con la junta de mediados de la década de 1570. Segundo, la persistencia flagrante de las prácticas religiosas muiscas, casi cuarenta años después de la conquista, sorprendía a las autoridades y las obligaba a reconocer que la predicación por sí sola no bastaba: fue esa constatación la que autorizó campañas de persecución sistemática de santuarios y apropiación de ofrendas. Tercero, el Concilio de Trento había proporcionado un modelo textual —el catecismo manual, uniforme, de uso parroquial— que hacía técnicamente concebible lo que antes había sido esfuerzo disperso.
Zapata combinó los tres elementos con inteligencia. Su Catecismo no inventaba doctrina; adaptaba la lengua. Sus campañas no descubrían la idolatría; la nombraban administrativamente y la codificaban como delito. Su colegio no proponía una teología del indio; producía cuadros lingüísticamente competentes. Era una ingeniería, no una teoría.
Las consecuencias inmediatas: sincretismo, resistencia doméstica, judicialización de la idolatría
El resultado más visible de las dos décadas de gestión de Zapata fue la reorganización espacial de la religión muisca. En 1594, apenas cuatro años después del final de su arzobispado, el cacique de Fontibón describía un mundo ya transformado: los santuarios del campo y los cerros habían sido destruidos, y las prácticas rituales se refugiaban en el ámbito doméstico. Los tunjos —figuritas votivas de palo, barro, algodón u oro— circulaban entre casas de morada y depósitos de maíz, escondidos junto al sustento cotidiano. La producción y uso de la orfebrería muisca se extendió hasta bien entrada la Colonia, a pesar de las campañas de extirpación y de la imposición del tributo en oro. La religión no se había disuelto: había cambiado de lugar.
Ese repliegue produjo un sincretismo cuya textura tiene matices. No hubo integración plena entre las dos tradiciones. Lo que hubo fue coexistencia paralela y a veces contradictoria: mitos precolombinos —figuras como la viejecita Ollo o el sacerdote Sinviora— habitando junto a la Virgen y a Jesús, sin fusión doctrinal ni jerarquización estable. Era menos una religión nueva que un doble registro cotidiano, donde el mismo sujeto podía asistir a misa y guardar tunjos en su despensa. La desintegración espiritual introducida por la conquista se manifestaba precisamente en esa duplicidad no resuelta.
El proyecto de Zapata tuvo también consecuencias sobre los agentes indígenas de la religión antigua. Los jeques pasaron de figuras públicas a figuras clandestinas, y la percepción colonial de su peligrosidad creció en proporción inversa a su visibilidad. Ya en 1606, el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero sostendría que "los hechiceros en el Perú no han sido tan perjudiciales como acá son los jeques", frase que revela cuánto había crecido la ansiedad colonial respecto a un sacerdocio que se había vuelto invisible sin desaparecer. El cronista fray Pedro de Aguado había registrado ya que los intentos de revuelta de los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles "fueron inducidos por los mohanes y jeques", asignándoles un papel político que probablemente correspondía a su función tradicional como articuladores de autoridad ritual.
Los caciques quedaron atrapados en una posición imposible. Los españoles los habían convertido en intermediarios administrativos indispensables, y esa exposición transformó su papel comunitario. Tenían que colaborar con los doctrineros y con los encomenderos, pero eran también, ante sus propias comunidades, los custodios de una autoridad ritual que el orden colonial condenaba. La declaración del cacique de Fontibón en 1594, admitiendo el traslado de los tunjos a las casas, muestra a un funcionario colonial que sigue siendo, simultáneamente, un guardián del culto antiguo.
Sobre esa población transformada avanzó, en paralelo, una catástrofe demográfica. El grupo de Ramiriquí-Tunja pasó de ser una encomienda mediana de quinientos tributarios hacia 1562 a estar casi extinguido en 1636. La fundación de ciudades españolas sobre los centros muiscas aceleró la desintegración, y la evangelización operó, en muchas regiones, sobre poblaciones cada vez más reducidas. La eficacia relativa de la extirpación de santuarios públicos se explica, en parte, por esta demografía menguante: era más fácil clausurar el culto colectivo cuando el colectivo mismo se estaba deshaciendo.
Las consecuencias de largo plazo: del proyecto de Zapata al sínodo de 1606
El Catecismo de 1576 fijó un modelo. En las décadas siguientes, la Iglesia del Nuevo Reino continuó produciendo instrumentos doctrinales bilingües, refinando el examen de conciencia, insistiendo en el matrimonio sacramental como pieza clave de la occidentalización y persiguiendo la idolatría con una intensidad que se sostuvo hasta bien entrado el siglo XVII. Los sínodos previos de Popayán, Cartagena y Santafé de 1555, 1556 y 1558 habían sido intentos tempranos y dispersos; la junta de mediados de los años 1570 y el Catecismo de Zapata articularon por primera vez un dispositivo coherente. Cuando Lobo Guerrero convocó su sínodo de 1606, encontró un aparato ya montado —confesionarios, doctrinas, campañas de visita a santuarios— cuya operación conocía y cuyos límites lamentaba.
Esos límites eran estructurales, y ninguno de los sucesores de Zapata los resolvió. La fragmentación de competencias entre Audiencia, encomenderos, órdenes religiosas y Corona producía una evangelización sin sujeto responsable: cuando fracasaba, la culpa se repartía entre demasiados actores como para que alguno cargara con ella. Los doctrineros seguían siendo escasos, mal formados, disputados por los pueblos ricos, ausentes de los pobres. La lengua chibcha nunca se enseñó sistemáticamente a los frailes, y el conocimiento lingüístico quedó concentrado en unos pocos individuos cuya obra —como la gramática de Lugo— circulaba con erratas y con dificultades. La encomienda continuó siendo el marco material de la conversión, y su lógica extractiva contradecía cotidianamente los principios pastorales que el Catecismo enunciaba.
Pero el proyecto de Zapata también dejó huellas duraderas. La adopción del culto de la Virgen de Chiquinquirá, cuya información milagrosa él ordenó en 1586, se convirtió en uno de los grandes cultos marianos del país. El Colegio de San Bartolomé, heredero indirecto del colegio fracasado de lengua chibcha, sería más tarde una institución central en la formación de la élite letrada colonial. La lengua chibcha, aunque no se enseñó a los frailes en la escala prevista, fue registrada en gramáticas y confesionarios que hoy son las únicas ventanas que quedan sobre la fonología y la morfología del muisca. El proyecto que fracasó como evangelización dejó, paradójicamente, algunos de los mejores documentos sobre lo que intentaba destruir.
Dejó, además, un modelo de relación entre religión y Estado que sobreviviría a la Colonia. La idea de que la ortodoxia católica es asunto de gobierno, la práctica de la vigilancia moral sobre la vida privada, el uso de la confesión como técnica de conocimiento de la interioridad, la persecución administrativa de las creencias divergentes: todo eso, articulado por Zapata en instrumentos concretos, se convirtió en gramática política de largo plazo. Los conflictos entre Iglesia y Estado del siglo XIX, o las alianzas entre púlpito y poder durante la Regeneración, prolongan a distancia la lógica del Patronato que Zapata tradujo a tecnología parroquial.
Por qué este hecho sigue importando
La conquista espiritual del Nuevo Reino de Granada no fue un episodio de la historia religiosa: fue el laboratorio donde se ensayaron las técnicas mediante las cuales el Estado colonial se hizo presente en la vida cotidiana de sus súbditos indígenas. El Catecismo de Zapata de Cárdenas y las campañas de extirpación de idolatrías produjeron, en el altiplano cundiboyacense, una forma específica de gobierno de las conciencias que combinó lengua, sacramento y violencia material. Su éxito fue parcial —el sincretismo muisca lo demuestra— y su fracaso fue sistémico: no logró la conversión que prometía, pero sí desplazó, silenció y clandestinizó una religión entera.
Lo que hoy llamamos identidad cultural colombiana se forjó, en medida considerable, en esa fricción entre un aparato de reconversión simbólica y una resistencia doméstica muda, tenaz, capaz de refugiarse entre los granos de maíz. El proyecto de Zapata muestra, además, cómo una empresa de Estado puede ser coherente en su diseño e impotente en su ejecución, y cómo esa impotencia produce, sin quererlo, formas culturales nuevas: el sincretismo no fue plan de Zapata, sino subproducto de sus límites. Sobre ese precedente se modelaron, después, otras empresas de ingeniería moral, atravesadas por la misma convicción: que la ortodoxia puede administrarse y que el Estado tiene competencia sobre la interioridad de los gobernados.
Cuando el cacique de Fontibón, en 1594, explicó a los visitadores que los tunjos estaban guardados en las casas porque los cerros ya no eran seguros, no describía solo un cambio de escondite. Describía la forma que había tomado, en el altiplano muisca, un poder que aprendió a llegar hasta el depósito de maíz, y que se encontró, allí, con que la religión que buscaba destruir se había vuelto, precisamente por su acción, más difícil de encontrar y más imposible de erradicar.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 175, 195, 2063 citas
[1]que se acog í an a la Iglesia, o porque cobraba derechos e impuestos sobre los indios de alquiler y la venta de velas, carne y vino, el cabildo escrib í a: “ Porque los ecomende- ros, mercaderes y hombres ricos, que tienen negros y caballos con qu é servirse y estancias con ganado para su. mantenimiento, no alquilan…p. 206
[3]en un estado pu nitivo, poco aculturados. En sus cartas al Consejo de Indias no 206 LA CONQUISTA DEL TERRITORIO Y FL POBLAMIENTO ocultaba Zapata su desilusi ó n. Denunciaba el “ poco fruto que han ’ hecho — los espa ñ oles — en la vi ñ a del Se ñ or". Los indios prose gu í an sus ritos y ceremonias, los frailes eran…p. 195
[28]s de la oportuna intervenci ó n de Venero y el castigo de algunos, el resto de ese ej é r cito se dispers ó, unos hacia Venezuela y otros al Per ú. '.M á s agitado era el ambiente en las esferas eclesi á sticas. Se produjeron serios roces y franca enemistad entre el clero regular y el secular e incluso entre los…p. 175
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 821 cita
[2]contingente de misioneros, bajo la dirección de fray Tomás de Ortiz, con el título de protector de los indios, per- tenecientes a la comunidad de los dominicos, cu- 326 Arzobispos de Santa Fe antafé fue elevada a la categoría de S arquidiócesis en 1563. Los arzobispos fueron fray Juan de los Barrios (1563-1569), Luis…p. 82
03Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 1, 6, 123 citas
[4]los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…p. 6
[26]43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…p. 1
[52]las imágenes de santos que ponían en sus casas y sus horarios. Adicionalmente, la permanencia del doctrinero significó, para las comunidades indias, más exacciones en productos o servicios. De modo que la evangelización trastocó no solo las 16 nociones de lo sagrado y lo profano de los indígenas —mediante la…p. 12
04Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 1032 citas
[5]lengua chibcha para los doctrineros, según lo ordenaban las leyes; intento fracasado porque los frailes no acudieron a las clases. En el caso del colegio encontramos una nota marginal que rezaba: "La Audiencia informa de qué podría sustentarse"; pero al margen de las demás peti- ciones se lee invariablemte: "No hay…p. 103
[19]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…p. 52
05Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 551 cita
[6]y vara y tres cuartas de ancho, y pintada la Virgen en el centro, como viese que le quedaba mucho espacio blanco a los lados, los llenó con las efigies de San Andrés y San Antonio, poniendo esta a la derecha de la Virgen en obsequio del encomendero, 56 Míndic Anersít quien pagó por el cuadro veinte pesos de oro.…p. 55
06Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 134, 138, 1423 citas
[7]y respuestas al alcance de to- dos. Su uso es antiguo en la vida de la Iglesia y desde fines de la Edad Media aparecieron textos de doctrina cristiana para los niños y el pueblo y fue el Concilio de Trento, con su Catechismus ad Pa- rochos, que inició la obra de los catecismos manuales de uso en todo el m u n d o. En…p. 138
[10]costumbres europeas, fue completado con el sacramento de la confesión, vital en el proceso de aculturación y de occidentalización de las comunidades nativas. La confesión aparece como una técnica psicológica de persuasión sutil, que permite intro- ducir valores culturales que ayudan a establecer la occi- dentalización…p. 142
[53]el relativo a las relaciones de género establecidas entre los nativos, puesto que rápidamente reconocieron que no solamente eran sociedades en su mayoría poligá- micas, sino que no existía un solo patrón y que las diferen- cias eran tantas como naciones indígenas conocían. Se trataba, en cierta forma, de buscar la…p. 134
07Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 56, 369, 3813 citas
[8]hacienda ajena y que otro la pierda? 2. a ¿Hate pesado de los bienes de otro con envidia? 3. a ¿Eres mezquino y avariento, esti- mas la plata y otras cosas más que a Dios y tu salvación? 4. a ¿Has negado al que te viene a pe- dir con necesidad el socorro que le puedes dar? 1. a Ipcua ata nga zemubiobe um- gaua?…p. 381
[9]Sue uana, simpte, fo, sumgui, vizie, chizagui sue, muynchuhuque, ynaia ummistynan muban acon ainenan ichihichanga guisca umgaua? 10. a Muysua ocasac ummuquyua ipcuo chahas quynynga, zemuysua sihic agabe umgas, umguaque yc umziua channyc mahac anzinan yc umucua? 11. a Chyquy sue guisca ocas ua, ocas nzaua umgas,…p. 369
[11]para indicar esa pronunciación en castellano valiéndose de dichas letras. En las erratas me he limitado a señalar las sustanciales en la lengua chibcha: hay algunos cambios de i por y y algunas palabras que el cajista juntó en una sola que no anoto cuando he visto que fácilmente las puede corregir el lector. Las…p. 56
08Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 4234 citas
[12]diferentes colores o con imágenes sagradas de la nueva religión. También las utilizaron para el “cielo” o cobertura textil ubicada en la parte superior del altar a modo de baldaquín. “…y porque del todo se extirpe la idolatría ordenaron y mandaron que los indios no traygan mantas pintadas con figuras de tunjo o…p. 423
[13]diferentes colores o con imágenes sagradas de la nueva religión. También las utilizaron para el “cielo” o cobertura textil ubicada en la parte superior del altar a modo de baldaquín. “…y porque del todo se extirpe la idolatría ordenaron y mandaron que los indios no traygan mantas pintadas con figuras de tunjo o…p. 423
[48]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[49]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
09Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 44, 532 citas
[14]esconderlas de ellos. Las ofrendas, en lugar de guardarse en esos grandes santuarios que describían los españoles, empezaron a ser trasladadas a casas comunes y corrientes. En la visita a los santuarios de Fontibón, en 1594, el cacique declaraba a los españoles que ellos tenían: Sus santuarios y casas situadas para…p. 53
[22]que era idéntico al que seguían los especialistas religiosos más importantes. En 1594 se menciona que los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de su autoridad, pero es claro que los caciques también tenían ese privilegio (AGI Santa Fe, 17). Por otra parte, el escenario político en el que se…p. 44
10La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 701 cita
[15]1492 por realizar una obra evangelizadora. Con diverso grado y éxito se realizó esa evangelización. Al principio la evangelización fue super- ficial. Muestra de esto es la persistencia de la religión indígena en la clandestinidad. El arzobispo de Lima debió iniciar una campaña sistemática de extirpación de la…p. 70
11Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3421 cita
[16]los doctrineros constituía pues un lugar diabólico —El Infiernito— y la destrucción del sitio se inició ya en siglo xvi y ha continuado hasta hoy en día. Muchas columnas han sido sacadas del sitio, se han incor- porado en la construcción de casas campesinas y aun de casas urbanas en Villa de Leyva. Hoy en día este…p. 342
12El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3001 cita
[17]hambre y que les permitía superar todos los es - fuerzos. Los cronistas españoles, empero, les reprochan su ebriedad; pero las orgías y bacanales de los chibchas eran en ellos una expresión de alborozo y sólo tenían lugar en ocasiones especialmente solemnes, sobre todo en las fies- tas religiosas. El vestido de los…p. 300
13Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1371 cita
[18]y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…p. 137
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 13, 1292 citas
[20]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…p. 129
[34]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…p. 13
15Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 403, 4072 citas
[21]cosa que los españoles atribuyeron al poder de los caciques muiscas, pero olvidando que simplemente se trataba de ofrendas. Finalmente, unas palabras sobre el oro, un metal que en nuestra sociedad se vincula estrechamente con el poder y con la riqueza. Se sabe que los caciques muiscas lo guardaban en sus cercados, con…p. 403
[24]poder de los caciques muiscas, sus argumentos parecen circunscribirse a ciertos momentos específicos, y muy especialmente a las grandiosas y prolongadas fiestas durante las cuales los indígenas se congregaban en lugares ceremoniales de gran importancia, muchos de ellos con una centenaria o milenaria ocupación, para…p. 407
16Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 301 cita
[23]aunque resulta probable que también jugaran un rol político más directo, comparable al de los caciques y capitanes. Según Aguado (Ibid.), los intentos de revuelta que fraguaron los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles "fueron inducidos por los mohanes y jeques". Además, todavía en 1606 el Arzobispo Lobo…p. 30
17Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 45, 693 citas
[25]d id o s en el siglo xvi fueron débi les y dem o rad o s en la costa atlántica y en el d istrito de P opayán en el occidente, así com o en regiones inestables com o los valles del Alto M agdalena y las zonas m ineras del Cauca. Los clérigos q u e llegaban a la costa atlántica p o r lo general no perm anecían allí m…p. 69
[41]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…p. 45
[43]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…p. 35
18Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 55, 692 citas
[27]de los doctrineros había sido muy reducida y aun se había visto interrumpida casi radicalmente en 1558, a causa de una gran epidemia de viruelas. La escasez de frailes era el prin cipal obstáculo, según los encomenderos, para que ellos pudieran cum plir con su obligación de adoctrinar a los indios. Sólo desde…p. 69
[46]de Ramiriquí-Tunja, fue el primero en desintegrarse debido a la fundación de la ciudad en el sitio mismo que ocupaba su cen tro. Hacia 1562, ei grupo indígena de Ramiriquí apenas era una encomien da mediana (de 500 tributarios), a comienzos del siglo xvn hacía parte del corregimiento más diezmado en población, el…p. 55
19Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 11 cita
[29]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…p. 1
20Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · p. 1, 62 citas
[30]edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios eclesiásticos y lugares píos. 14…p. 6
[31]26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…p. 1
21Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 291 cita
[32]de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…p. 29
22La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 cita
[33]nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…p. 21
23Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1211 cita
[35]el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…p. 121
24Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 421 cita
[36]y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…p. 42
25Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 231 cita
[37]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…p. 23
26Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 461 cita
[38]diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…p. 46
27Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[39]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…p. 32
[40]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…p. 32
28Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 891 cita
[42]account that follows says little about the conquest itself. Nor does it fol- low any concise chronology. Instead, this lengthy excerpt from the Epítome offers some of the earliest and richest descriptions of Muisca culture, including descriptions of weapons and warfare, religion, mar- riage practices, law and…p. 89
29Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 25, 282 citas
[44]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…p. 28
[47]lenguas a su mando, como algunos panches. Algo similar tal vez empezaba a pasar entre los cat í os de Antioquia o entre los grupos ind í genas del Cauca de la zona quimbaya, pero los relatos de los espa ñ oles no permiten saberlo con certeza. En el territorio colombiano no hubo imperios fuertes como los de Per ú o M é…p. 25
30Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 1341 cita
[45]¢ Caso de los muiscas. y que ir tan lejos: incluso en el caso de comunidades de conformado unidades territoriales que reconocieran ique, más allá de los estrechos límites de la comunidad. incia de Pamplona, ampliamente estudiada por Germán $, algunos indígenas atestiguaron a los españoles que “res- Señores en sus…p. 134
31En defensa de mi raza y otros textosManuel Quintín Lame Chantre · 2017 · p. 1031 cita
[50]católicos y los mitos precolombinos o telúricos se entremezclan en la mente de Quintín. En algunos casos hay identificación o correspondencia —«Jehová es el verdadero Muschca »—, pero en otros casos las dos mitologías persisten en forma paralela, o se confrontan en abierta contradicción. Ejemplo de paralelismo: la…p. 103
32Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1391 cita
[51]en el caso de la hoja de coca: como se verá más adelante, cuando la coca aún no había sido afectada por el prohibicio- nismo internacional, en Colombia se realizó una campaña agresiva, aunque fracasada, para su erradicación. Alcohol y prohibición en la Colonia A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con México,…p. 139