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Una historia del territorio

Río Magdalena

El Magdalena no es solo el río más importante de Colombia: es el espejo en el que se refleja la historia entera del país.

20 min de lectura78 fuentes

Nace a 3.600 metros sobre el nivel del mar, en el páramo de Las Papas, y muere 1.550 kilómetros después en Bocas de Ceniza, frente a Barranquilla. Entre esos dos puntos, el río Magdalena atraviesa la mitad occidental de Colombia de sur a norte, encajonado primero entre las cordilleras Central y Oriental y derramado después en las ciénagas del Caribe. Pero eso es apenas describir un accidente geográfico. El Magdalena es la columna vertebral del país: la ruta por la que los conquistadores subieron al altiplano, la vía por la que salieron el tabaco, la quina y el café hacia los mercados del mundo, el corredor donde se levantaron los primeros puertos, los primeros vapores y los primeros pozos petroleros, y también la región donde el Estado colombiano, después de cinco siglos, sigue teniendo su presencia más precaria. Toda la historia de Colombia —económica, política, cultural, violenta— puede leerse en sus aguas.

La semblanza de un río nacional

El Magdalena no es el río más caudaloso de Colombia ni el más largo del continente, pero es el único que ha funcionado durante cuatrocientos años como eje de un país entero. Su curso baja del Macizo Colombiano con la brusquedad de la montaña: en los primeros cien kilómetros, hasta El Hato, pierde un treinta por ciento de altitud. Luego se apacigua. Desde El Hato hasta Nare, sobre unos 640 kilómetros, el declive general es de apenas 0,60 por ciento; en ese tramo largo, ancho y navegable se despliega el curso medio del río, el corazón fluvial del país.

Aguas abajo, el valle inferior recibe una constelación de afluentes que le entregan las lluvias de la cordillera Oriental y de la Serranía de los Yariguíes: el Carare, el Opón, el Sogamoso, el Lebrija, el Cimitarra. Más al norte, cerca de la costa, el río se abre en dos brazos que abrazan la isla de Mompós —casi noventa kilómetros de largo—: el brazo de Mompós al oriente y el brazo de Loba al occidente. Alrededor se extiende un mundo anfibio de ciénagas alimentadas por el Magdalena y por sus grandes hermanos, el Cauca, el Cesar y el San Jorge: la Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco. Es la depresión momposina, un delta interior donde el agua manda y la tierra firme aparece por temporadas.

Del páramo al mar, el río recorre paisajes que no se parecen entre sí. La región de montaña, desde Las Papas hasta el valle llano de Garzón, es fría y estrecha. Luego el valle se abre y se seca en un tramo semihúmedo a semiárido que llega hasta cerca de Neiva. Más al norte, el río se ensancha, se calienta, se enloda; en su desembocadura, Barranquilla marca la salida al Caribe por Bocas de Ceniza, junto a dos antiguas bocas ya cegadas. Ese descenso, que Alexander von Humboldt recorrió a principios del siglo XIX midiendo temperaturas y describiendo cocodrilos, es Colombia entera en un solo trayecto: páramo, valle interandino, selva húmeda, sabana caribe.

Los primeros habitantes del río

Mucho antes de que apareciera el nombre "Magdalena", el río ya alimentaba sociedades ribereñas. En Malambo, al sur de Barranquilla, junto a una laguna próxima a la orilla occidental, la arqueología ha fechado una ocupación sedentaria en 1120 antes de nuestra era. Sus habitantes procesaban probablemente yuca —los grandes platos planos, los budares, encontrados en el sitio son el rastro típico de la preparación de cazabe— y complementaban la dieta con pesca y caza. Malambo ha sido postulado como uno de los focos desde donde se difundió, hacia otras regiones de Sudamérica, el aprovechamiento de la yuca brava y los artefactos para procesarla. El bajo Magdalena no fue una periferia cultural sino, muy temprano, un nodo de innovación agrícola en el continente.

Milenios más tarde, cuando llegaron los europeos, la cuenca estaba en pleno movimiento demográfico. Grupos de filiación o influencia Karib penetraban el territorio colombiano por los ríos Atrato, Magdalena y Amazonas, ocupando los bajos valles. La identificación étnica exacta de muchos de estos pueblos ribereños sigue siendo materia de discusión: no es sencillo saber si los indígenas que los cronistas llamaron caribes eran de origen karib, si eran poblaciones anteriores que habían adoptado costumbres karibes, o si eran grupos sojuzgados. El valle no estaba vacío ni aislado. Los conquistadores encontrarían más adelante, en la región del Opón, caminos y bohíos que funcionaban como ventas y aposentos de mercaderes: prueba de que las tierras altas muiscas y las bajas del Magdalena mantenían redes de intercambio activas mucho antes de que llegara ningún español.

La ruta de la conquista

En 1500, Rodrigo de Bastidas capituló con la Corona la conquista del litoral Caribe entre el Cabo de la Vela y la desembocadura del Atrato. Ese año recorrió la costa y descubrió la desembocadura del Magdalena, que llamó desde entonces el Río Grande. Bastidas regresaría a la región más de veinticinco años después como gobernador de Santa Marta, pero el río quedó desde entonces en el horizonte de la conquista: era la puerta por la que se sospechaba se podía llegar al interior.

El intento decisivo lo hizo Gonzalo Jiménez de Quesada. El 6 de abril de 1536 partió de Santa Marta con 705 hombres rumbo a las cabeceras del río. Su ruta aprovechó tierras mayoritariamente planas —las sabanas de Fundación, el valle del Cesar, el valle del Magdalena, el valle del Opón—: cuatro quintas partes del camino sin grandes obstáculos, hasta que llegó el tramo montañoso del Opón. Ese año, la expedición arribó a Latora, un poblado indígena que con el tiempo se convertiría en Barrancabermeja. Pero las selvas del Opón-Carare cobraron su tributo. El cronista Lucas Fernández de Piedrahita escribió que la naturaleza del lugar parecía dispuesta para el martirio de los españoles. Entre naufragios, enfermedades y el regreso de los enfermos, la expedición se redujo a 166 hombres. Con ellos, Quesada subió a la sabana y fundó, el 6 de agosto de 1538, la ciudad de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, en homenaje a su tierra natal.

Casi al mismo tiempo llegaron otras dos expediciones: la de Nikolaus Federmann, que venía desde Venezuela por los llanos, y la de Sebastián de Belalcázar, que subía desde Quito habiendo fundado Cali y Popayán en el camino. Los tres coincidieron en la sabana muisca. En lugar de disputarse el botín a sangre y fuego, encontraron una solución pacífica y remitieron el asunto a instancias superiores. La conquista del centro del país quedó así consumada, y el Magdalena consagrado como su vía natural.

Esa vía, sin embargo, nunca fue fácil. La resistencia armada de los Yariguíes, los Carares y los Opones se prolongó durante siglos: desde 1536, los pueblos del valle medio defendieron con guerra sus territorios y sus sementeras contra los colonizadores. El río servía a los españoles, pero sus orillas no. Aun así, durante los tres siglos coloniales, el Magdalena fue el mejor y más fácil camino de penetración al Nuevo Reino de Granada. Los bergantines subían con gran esfuerzo humano —esclavos e indios remando contra la corriente— cargando lo que de otro modo habría tenido que llevarse a lomo de espalda por picos y trochas.

Bogas, champanes y la lucha por el vapor

Durante toda la colonia y buena parte del siglo XIX, la navegación del Magdalena dependió del champán: una embarcación sin quilla, con una tolda de guaduas y hojas de palmera que cubría la carga y a los pasajeros en el centro. El champán se movía a fuerza de palanca y remo, empujado río arriba por hombres que trabajaban desnudos hasta la cintura contra la corriente. Esos hombres eran los bogas, y la historia del Magdalena es en gran parte su historia.

Al principio fueron indígenas obligados. Los encomenderos abusaron de las disposiciones sobre servicio personal para forzar a los indios encomendados a bogar en los champanes, en un régimen que se parecía más a la esclavitud que al tributo. Tras la rebelión indígena de 1549, una Cédula Real —tres años después— prohibió el empleo de indios en la boga del Magdalena. La prohibición se repitió, siempre inútilmente, en ordenanzas locales de 1570, 1576 y 1598. Ninguna se respetó. Con el tiempo, la boga fue quedando en manos de hombres libres de ascendencia africana, muchos avecindados en los puertos del río. Sus conocimientos —dónde estaba el canal, cuándo cambiaba la corriente, cómo pasar los raudales— eran indispensables, y les dieron un margen de autonomía notable: gozaban de ciertos privilegios como empleados del servicio postal y operaban parcialmente fuera de la jurisdicción política de los asentamientos ribereños.

La necesidad del champán se acentuó con la fundación de puertos interiores como Guataquí y, sobre todo, Honda, cabeza de puente entre el río y el altiplano bogotano. Los largos viajes fluviales exigían comodidad para carga y pasajeros, y el negocio se volvió lucrativo. En Honda se descargaban las mercancías destinadas a Santafé; en Mompox, aguas abajo, se hacía otro tanto para Cartagena a través del canal del Dique. El Magdalena integraba, en la práctica, las dos economías del virreinato: la costera, orientada al exterior, y la interior, replegada sobre sí misma.

La independencia trajo el intento de modernización. En 1823, el gobierno de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander concedió a Juan Bernardo Elbers un privilegio exclusivo para establecer buques de vapor en el Magdalena. La promesa era acortar las comunicaciones entre las provincias del interior y las marítimas, y en 1825 dos vapores —el Bolívar y el Santander— surcaron las aguas del río, aunque solo en su parte baja y por poco tiempo. Hacia 1826 ya había un vapor de ruedas prestando servicio, con las averías propias del pionerismo: en septiembre de ese año, una falla obligó a los viajeros a esperar en Cartagena.

La transición fue larga y conflictiva. Los bogas resistieron al vapor porque los desplazaba económicamente, y su resistencia tuvo momentos violentos: la Compañía Anglo-Granadina de Navegación operó el vapor Unión, destruido en la revolución de 1841. La navegación a vapor solo se consolidó definitivamente hacia 1850, una vez eliminados los monopolios, ampliado el comercio de exportación y abiertos caminos regionales que conectaban con el río. Fue entonces cuando el Magdalena empezó a funcionar como arteria capitalista moderna: no solo camino, sino sistema de transporte con horarios, tarifas y compañías.

El río como arteria del comercio exterior

Sin el Magdalena, Colombia no habría exportado nada en el siglo XIX. Los fletes de mula, a mediados de esa centuria, oscilaban entre 22 y 34 centavos por tonelada-kilómetro en verano, y se duplicaban —40 a 60 centavos— en épocas de lluvia o guerra civil. En Estados Unidos, en las mismas décadas, los ferrocarriles y canales habían reducido el transporte terrestre a cerca de 1,25 centavos. La brecha era abismal, y la única forma de compensarla era bajar por el río. Por eso los primeros productos de exportación importantes —el tabaco antes que ninguno— se cultivaron en el valle del Magdalena: la navegación a vapor había reducido los costos fluviales mucho antes de que mejorara nada por tierra.

Tras el oro colonial, los productos que sostuvieron el comercio exterior del siglo XIX fueron el tabaco, la quina, el añil, el algodón y el café. Todos, salvo el último, tuvieron vida efímera: bonanzas cortas, precios internacionales que se derrumbaban, monocultivos que quebraban regiones enteras. Solo el café resistió, y su geografía terminaría redibujando el mapa del transporte.

El punto de inflexión fue el ferrocarril de Barranquilla a Sabanilla, concluido en 1870 con apenas 27 kilómetros. Ese corto tramo resolvió el problema que había limitado a Barranquilla durante siglos: la barra de arena que impedía la navegación directa al mar desde el río. Al conectar la ciudad con un puerto en aguas profundas, el ferrocarril permitió que Barranquilla superara a Cartagena y a Santa Marta como principal puerto del país. La costa entera se reordenó en torno a esa ventaja.

Hacia finales de la década de 1860 y comienzos de la de 1870, Colombia empezó a abandonar la construcción de carreteras en favor del ferrocarril. La decisión ha sido leída, con razón, como una de las más trascendentes de la historia económica republicana: los rieles se orientaron sobre todo a sacar la producción hacia los puertos, no a integrar el territorio entre sí. Para 1922, de los 1.481 kilómetros de vías férreas existentes, 992 estaban en regiones cafeteras y 313 se dirigían a puertos de embarque; apenas 76 conectaban regiones no vinculadas al comercio exterior. El 82,5 por ciento del tráfico ferroviario correspondía a productos de exportación. Los ferrocarriles no cosieron a Colombia por dentro: la peinaron hacia afuera, y todos los peines terminaban en el Magdalena.

En las primeras décadas del siglo XX, la navegación fluvial vivió su edad de oro. Puerto Berrío, La Dorada, Puerto Salgar, Girardot y Barrancabermeja se consolidaron como nodos donde se transbordaba entre el vapor y el ferrocarril, entre el río y las montañas. La región deltaica cambió: el brazo de Mompox, que durante siglos había sido la ruta principal de champanes y vapores, perdió fondo casi de un día para otro —quizá por los terremotos de 1868— y obligó a las embarcaciones a desviarse por el brazo de Loba, junto al Cauca. Mompox, que había sido próspero puerto fluvial desde el siglo XVIII y suministrador de la mayor parte de las tropas de la Campaña Admirable de Bolívar, quedó fuera de la ruta principal. La ciudad se congeló en el tiempo, y esa fosilización es hoy su mayor atractivo patrimonial.

Mompox, Honda y la dualidad económica

El Magdalena hizo ciudades. Honda, cabeza de la navegación río arriba, era el lugar donde las mercancías del Caribe se descargaban para subir a Bogotá por trochas de mula. Mompox, aguas abajo, cumplía función análoga hacia Cartagena. Barranquilla, en la desembocadura, se convirtió con el vapor en el gran puerto moderno. Entre ellos, cientos de leguas de ribera casi despoblada: José María Samper anotó en la década de 1860 que entre Honda y Calamar —unas 130 leguas— apenas había 28 poblaciones en todo el trayecto. El río era mucho más largo que los lugares donde la gente vivía.

Esa geografía dispareja alimentó una tensión política de fondo. La economía costera, centrada en Cartagena y luego en Barranquilla, operaba en función de la demanda externa: exportaba materias primas, importaba manufacturas, dependía de los precios internacionales. La economía interior, con Bogotá como centro, dependía en cambio de una circulación interna de bienes colombianos —textiles, alimentos, sal— entre las regiones andinas. Eran dos sistemas económicos distintos, cosidos por un río pero no fundidos por él. Los pronunciamientos federalistas de Mompox y Barlovento en el siglo XIX pidieron, con lógica, la apertura del puerto de Sabanilla al comercio internacional y la supervisión directa de las aduanas marítimas, junto con la eliminación de restricciones como las que gravaban la venta de sal del interior. Eran demandas específicas, pero encarnaban un pulso más grande: el de una costa que miraba al mar contra un interior que miraba hacia sí mismo.

Mompox aportó a la Independencia bastante más que un puerto. Suministró la mayor parte de las tropas para la Campaña Admirable de Bolívar, y sus operaciones militares en 1812 —el desalojo de lanchas realistas en las bocas de El Guamal y Loba, la ocupación de Magangué el 19 de noviembre— fueron piezas esenciales de la campaña del bajo Magdalena. El propio Bolívar, sin embargo, en correspondencia con el Congreso, calificó a los soldados momposinos de "hombres groseros y sin principios": una franqueza privada que contrasta con las proclamas públicas y que resume bien la ambivalencia con que la élite criolla trató a las poblaciones ribereñas que la sostuvieron.

Los bogas, Candelario Obeso y la cultura anfibia

Junto al Magdalena creció una cultura que no cabe en las categorías de la sociedad andina. En la depresión momposina, la vida se organiza según el ritmo del río: en aguas bajas, entre enero y marzo y entre julio y septiembre, se siembra en los playones que emergen y se pastorea el ganado sobre pastos naturales; en las temporadas de crecida, cambia todo el régimen de trabajo. Los ribereños del siglo XIX descritos por los viajeros vivían en cabañas de cañas de bambú, dormían en camastros de paja bajo redes contra los mosquitos, tenían chinchorros y atarrayas al alcance de la mano. Era, y en buena medida sigue siendo, una cultura anfibia: la misma persona pesca, siembra, navega, caza, según lo que el río permita.

De esa cultura salió una voz literaria singular: Candelario Obeso. Poeta mulato del Magdalena, Obeso se movió entre dos mundos: el de los bogas afrodescendientes que subían y bajaban el río y el de los letrados bogotanos que decidían qué era literatura nacional. Publicó libros de poesía, drama y novela —Cantos Populares de Mi Tierra, Lectura para Tí, Lucha de la Vida, Secundino el Zapatero—, pero fue en Cantos Populares donde recogió el habla de los bogas y la elevó a materia poética. La representación visual que se hizo de él en su obituario captura bien esa posición fronteriza: arriba, la corona fúnebre del poeta; en el centro, Obeso retratado en su lecho de muerte como notable, con rasgos que evidenciaban su condición de mulato; al fondo, un paisaje fluvial con cielo y aguas agitadas. El río como origen, la ciudad letrada como destino, y en medio un hombre que no acababa de pertenecer del todo a ninguno.

La costa Atlántica y el río en su tramo bajo se caracterizaron, además, por una actitud festiva y folclórica que se mantuvo relativamente al margen de las grandes guerras civiles del siglo XIX, con inclinaciones liberales y tolerantes. Esa herencia festiva sobrevivió en las tamboras, los bailes cantados, las fiestas patronales y los festivales de las comunidades ribereñas, tradición que la violencia del siglo XX interrumpiría y que las mismas comunidades irían retomando cuando el conflicto desescalaba. En el siglo XX, Gabriel García Márquez —nacido en 1927 en una zona rural de la costa caribe, en el seno de una familia de personajes pintorescos que serían la materia prima de su ficción— convertiría ese mundo anfibio en literatura universal. Álvaro Mutis, con Maqroll el Gaviero, y antes José Eustasio Rivera con la selva, harían del río otra cosa: una vía hacia la desmesura, la fiebre, la pesadumbre trópica. El Magdalena es símbolo del país porque contiene multitudes, y porque cabe en él todo lo transgresor y trágico de la experiencia colombiana.

Petróleo, quina y el Magdalena Medio como frontera

El río hizo a Colombia rica hacia afuera, pero dejó pobre su propia cuenca media. El siglo XIX y las primeras décadas del XX transformaron el Magdalena Medio en frontera de colonización interna, una región donde se explotaban recursos y se despoblaban pueblos, sin que jamás se consolidara una presencia estatal fuerte. La quina, primero, atrajo cazadores de corteza que se internaron en las selvas del valle medio; luego vinieron la tagua, las maderas finas, el caucho. La población indígena Yariguí, que se había defendido militarmente durante casi cuatro siglos, colapsó: de una estimación de 15.000 personas en 1860 pasó a apenas dos docenas hacia 1925, un desplome atribuido a la acción de quineros, cazadores y compañías de colonización que llegaron a perpetrar masacres. El vacío demográfico lo fue llenando una colonización campesina que hacia 1920-1930 sumaba unos 100.000 habitantes en el Magdalena Medio santandereano.

Sobre esa frontera se montó, a comienzos del siglo XX, la industria petrolera. En 1906, Roberto de Mares obtuvo una concesión petrolera en la región de las Infantas, cerca de la confluencia de los ríos Colorado y Oponcito, en jurisdicción de Barrancabermeja. En 1916 empezó las gestiones para traspasar la concesión a la Tropical Oil Company, subsidiaria de la Standard Oil, traspaso que el gobierno colombiano aceptó formalmente. Barrancabermeja se convirtió en el gran enclave petrolero del país, y con él llegaron las condiciones laborales del capitalismo extractivo: en 1923, el 40,81 por ciento de los trabajadores del enclave se enfermaron y el 1,51 por ciento murió; los trabajadores colombianos ganaban 1,50 pesos diarios sin alojamiento ni comida, frente a los 3,50 pesos más prestaciones de los extranjeros en los mismos puestos.

De esa desigualdad brutal salió una organización proletaria fuerte. En 1924 se registró una huelga que fue una de las primeras grandes acciones sindicales del país. A lo largo del siglo XX, el Magdalena Medio combinaría luchas obreras petroleras, luchas campesinas por la tierra y movilizaciones cívicas por servicios públicos que un Estado ausente proveía apenas. La región tiene, desde entonces, una biografía política singular: rica en recursos —oro, carbón, gas, esmeraldas, petróleo, además de los productos agropecuarios y las explotaciones históricas de quina, tagua y maderas—, pero periférica en términos institucionales; con presencia estatal primordialmente militar y represiva, más ejército que escuela, más orden público que servicios sociales.

El aislamiento fue real y físico. A principios de los años sesenta, Barrancabermeja se comunicaba con Bucaramanga por una carretera destapada que exigía mínimo seis horas de viaje; a Medellín desde Puerto Berrío solo se llegaba por la vía férrea. El río, que había sido eje de comunicaciones nacionales, dejaba de serlo: la navegación regular a vapor terminó hacia 1961, sustituida por carreteras y ferrocarriles que ya no seguían la lógica fluvial.

El río como escenario del conflicto armado

La combinación de riqueza extractiva, colonización campesina, débil presencia estatal y organización social intensa hizo del Magdalena Medio el laboratorio del conflicto armado colombiano de la segunda mitad del siglo XX. El ELN nació en esa región. Los grupos paramilitares también: durante los años ochenta, en Puerto Boyacá, se articularon varias formaciones armadas —escopeteros promovidos por sectores del Estado, el MAS, Los Tiznados, las Autodefensas de Puerto Boyacá— que luego se reorganizaron como Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, la expresión más reconocida del paramilitarismo original.

El Magdalena Medio, junto con Urabá y el Alto Sinú y San Jorge, concentró más de la mitad de los éxodos por desplazamiento forzado registrados entre 1980 y 1988. Fue el epicentro, con esas mismas regiones, de la coincidencia entre el boom del narcotráfico y la génesis del paramilitarismo. Desde mediados de los noventa, la expansión paramilitar a escala nacional tuvo aquí uno de sus dos grandes focos: las masacres funcionaron como método para someter a la población civil, provocar desplazamientos masivos y facilitar el despojo de tierras que terminaban en manos de narcotraficantes y paramilitares.

Barrancabermeja concentró la violencia urbana. Entre 1980 y 1995 se registraron unos 900 homicidios en la ciudad, y desde 1988 la Coordinadora Popular denunciaba que caía una persona asesinada por día. El 16 de mayo de 1998, un grupo de 50 paramilitares entró al sector noroccidental de la ciudad, mató a 11 personas y secuestró a 25, acusándolas de simpatizar con la guerrilla. Yolanda Becerra lo llamó el "aviso de llegada" de los paramilitares a Barrancabermeja, después de años de tomarse progresivamente el resto del Magdalena Medio. Los paramilitares desplazaron a las guerrillas de amplias zonas, construyeron un orden paraestatal con amparo de agentes del Estado y vínculos con sectores locales, y en Barrancabermeja llegaron a regular la oferta y demanda de empleo, controlar aspectos de la economía local y generar corrupción en Ecopetrol; los testimonios de las víctimas hablan del estancamiento económico que ese control produjo. Tras la desmovilización de las AUC, el control no desapareció: emergieron nuevas generaciones de grupos armados como las Águilas Negras, y la violencia no cedió considerablemente.

El Magdalena Medio administrativo abarca hoy municipios de Antioquia, Bolívar, Boyacá, Caldas, Cesar, Magdalena y Santander, con ejes económicos y políticos concentrados en Puerto Berrío, La Dorada, Puerto Boyacá y Barrancabermeja. Es una región que sigue definiéndose por su condición doble: riqueza de recursos y precariedad estatal, potencia económica y periferia política.

La huella del río

El Magdalena hizo a Colombia. Por él subieron los conquistadores; por él bajaron el oro colonial, el tabaco decimonónico, la quina, el algodón, el café que sostuvo la economía nacional durante un siglo; en sus orillas se levantaron los enclaves petroleros que financiaron buena parte del Estado moderno. Cada ciclo económico del país tiene su geografía en el río: Honda para el comercio colonial, Mompox para el intercambio caribe-interior, Barranquilla para la modernidad exportadora, Barrancabermeja para el petróleo. Y cada ciclo dejó también su costo: el despoblamiento indígena de los Yariguíes, las condiciones brutales de los enclaves, la marginación permanente del valle medio, la violencia contemporánea del Magdalena Medio.

La decadencia del Magdalena como arteria activa no fue, sin embargo, un destino inevitable. Fue el resultado de decisiones políticas específicas: la apuesta por ferrocarriles orientados a la exportación en vez de carreteras integradoras, el monopolio Elbers en los años tempranos del vapor, el abandono técnico del brazo de Mompós, la falta de sostenimiento fluvial cuando aparecieron las alternativas terrestres. Rutas institucionales distintas —más inversión pública en dragado, más integración de las regiones ribereñas al Estado, menos entrega a compañías privadas— podrían haber producido otro país.

Pero lo que hubo, hubo. Y ese río contiene, como pocas cosas en Colombia, la totalidad de la experiencia nacional. Su cultura anfibia sobrevivió a las masacres. Sus bogas, obligados primero y libres después, resistieron el vapor y le dejaron a la literatura colombiana la voz que Candelario Obeso puso en verso. Sus indígenas Yariguíes resistieron cuatro siglos antes de desaparecer. Sus trabajadores petroleros levantaron desde 1924 la organización obrera más aguerrida del país. Sus ciudades ribereñas —Honda dormida, Mompox congelada, Barrancabermeja luchando, Barranquilla creciendo— son piezas distintas del mismo relato.

Colombia, país de fragmentación regional crónica, tiene en el Magdalena su unidad más antigua y su herida más honda. El río es la prueba de que este territorio fue posible como Estado: ninguna otra vía habría permitido su formación. Y es también la prueba de sus límites: cinco siglos después del avistamiento de Bastidas, la cuenca media sigue siendo frontera, la presencia estatal sigue siendo militar antes que civil, y las aguas que unieron al país hacia afuera lo dejaron desarticulado por dentro. Entenderlo es entender por qué Colombia se parece a su río: caudaloso, largo, lleno de curvas, con orillas donde el Estado nunca llegó, y con un poder de arrastre que ninguna carretera podrá reemplazar.

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Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

68 documentos · 78 fragmentos
01
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 177
1 cita
[1]

su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…

p. 177
02
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 277
1 cita
[2]

del río en las siguientes regiones: 1. La región de la montaña. Desde sus cabeceras en el páramo de Las Papas, a 3. 600 msnm, el río baja rápidamente a través de estrechos valles con bien formadas terrazas y del clima húmedo entre frío y templado hasta Pericongo, donde el río entra al alto valle llano de Garzón.…

p. 277
03
Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 144, 250
2 citas
[3]

La Miel, Cimitarra y Opón, Lebrija, Nare, Carare y Sogamoso, además de una serie de pequeños afluentes. Cuando llega a Puerto Berrío, a más o menos doscientos kilómetros en línea recta desde Honda, es más del doble de ancho —casi quinientos cincuenta metros—. Al acercarse a los humedales y la ciénaga de Simití, otros…

p. 144
[64]

larga historia: una arteria de vida que se había ido convirtiendo poco a poco en una avenida de muerte, y que brotaba de la luz como el lado sombrío de un gran espíritu. —El río es el símbolo del país —dijo—, precisamente porque contiene multitudes, incluyendo todo aquello que es transgresor y trágico de la…

p. 250
04
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 98
2 citas
[4]

de Mompós, de casi 90 km de longitud, enmarcada por el brazo de Mompós, al oriente, y el brazo de Loba, al occidente. Alrede- dor de la isla se extienden las grandes ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y muchas más, que son alimentadas por el río Magdalena y los grandes cursos de agua…

p. 98
[5]

de Mompós, de casi 90 km de longitud, enmarcada por el brazo de Mompós, al oriente, y el brazo de Loba, al occidente. Alrede- dor de la isla se extienden las grandes ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y muchas más, que son alimentadas por el río Magdalena y los grandes cursos de agua…

p. 98
05
Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 51
1 cita
[6]

segundo milenio a. de C., se encuentran en la Llanura del Caribe vestigios de una vida aldeana ya bien definida y caracterizada por un gran n ú mero de rasgos culturales propios. El sitio de Malambo, ubicado al borde de una laguna al sur de Barranquilla, cerca de la orilla occidental del r í o Magdalena, ejem plifica…

p. 51
06
Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 22
1 cita
[7]

Carib Speaking Indians. Culture, Society and Language (E. Basso Ed.), Ari- zona, 1977. Rudle, K. y W. J. Los yupka, en Los aborígenes de Ve- nezuela, vol. ll, Caracas, 1983. Whithead, N. — Carib canibalism. The historical evi- dence, en «Journal de la Société des Américanistes», t. LXX, p. 69-98, Pa- rís, 1984. 133…

p. 22
07
Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 24
1 cita
[8]

para preparar cazabe, por lo cual se ha postulado que Malambo fue el centro de difusión hacia otros lugares de Sudamé- rica del aprovechamiento de la yuca brava y de los artefactos utilizados en su procesamiento. Según parece, la introducción de este alimento produjo cierta estabilidad en la comunidad, lo cual pudo…

p. 24
08
Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 35
1 cita
[9]

y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…

p. 35
09
Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 134
1 cita
[10]

el tronco inicial, costa de Venezuela y norte de Co- lombia) y Caribe meridionales (algunos idiomas — RE i Grupos indígenas precolombinos Indígenas en la selva, óleo de la pintora del río Xingú y alto Ama- zonas colombiano, como el Carijona, el Hianakoto y el Umaua). En total, su- man 50 lenguas conocidas y está…

p. 134
10
Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 139
1 cita
[11]

mostrar en línea generales qué clase de artículos intercambiaban los muiscas con etnias vecinas y a través de cuáles ruta podían circular los productos por el territorio de lo que hoy en día es Colombia. Paralelamente, se plantearán algunos datos generales sobre el trueque prehis-pánico en diversas regiones del país…

p. 139
11
Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 65
1 cita
[12]

"pleitos colombinos", que sólo se pudieron resolver con el hijo de Diego, Luis Colón, mediante el pago de indemnización y la confirmación de la nobleza de la familia. Fue con estas nuevas condiciones con las cuales en el año 1500, Rodrigo de Bastidas, escribano de Triana, barrio de Sevilla, capituló la conquista del…

p. 65
12
Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 60
1 cita
[13]

Spaniards reached Sompallón, they did not venture ahead, in spite of the fact that their Indian guides and translators always spoke of the great riches, large provinces, and the lords who ruled them, that would be found much farther upriver. However, in spite of these rumors, on the occasions that the Span- iards made…

p. 60
13
Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 22
1 cita
[14]

salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…

p. 22
14
El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 287
1 cita
[15]

para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…

p. 287
15
El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 287
1 cita
[16]

para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…

p. 287
16
Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 40, 374
2 citas
[17]

su resistencia, se deben consi- derar también las ventajas de la ruta que escogieron. Las sabanas de Fundación y las del suroeste y sur de la Sierra Nevada, el valle del Cesar que se extiende hasta el Magda- lena, el valle de este hasta su afluente, el Opón, todas eran tierras planas y conformaban las cuatro quintas…

p. 40
[30]

de ruta inevitable hacia y desde el exterior y, en forma concordante, aumentó progresivamente la navegación. Pero, no obstante su importancia histórica y el creciente tráfico en ambas direcciones, durante el largo periodo transcurrido desde la fundación por los españoles de los principales puertos ribereños y la…

p. 374
17
Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 108
1 cita
[18]

en la cuenca del río Magdalena se encuentran gran número de ecosistemas diferentes 291. Entre estos ecosistemas se encuentran las selvas tropicales ubicadas en las pendientes húmedas desde cerca del nivel del mar hasta 1000 metros de altitud. Estas por lo general se ubicaban en las cercanías de las orillas del río.…

p. 108
18
Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 101
1 cita
[19]

half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…

p. 101
19
Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 29
1 cita
[20]

por Pedro de Heredia. En 1535 o 1536 desembarcó allí otro soldado- escritor, Pedro Cieza de León (nacido en Extremadura, España, alrededor de 1518 y muerto allí mismo en 1560). En la primera parte de su Crónica del Perú (publicada en España en 1553) Cieza de León dejó los primeros testi- monios sobre la conquista del…

p. 29
20
Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 42, 85
2 citas
[21]

de puertos sobre el Magdalena, como Guataquí y luego Honda, obligó a realizar largos viajes por el río que requerían de un poco de sombra y comodidad para los pasajeros. A las canoas más grandes se les añadió un techo cóncavo de palmas, y se dispuso de algún espacio adicional para equipajes y carga. Pronto el champán…

p. 85
[62]

burro o en canoa. Esta distribución espacial hace que las bajas cifras de densi- d a d r e l a t i v a de población en la depresión momposina q u e apa- recen en los censos, no sean buenos indicadores de la realidad. La densidad por kilómetro cuadrado es s u m a m e n t e alta en estos caseríos lineales, y baja a casi…

p. 42
21
Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 458
1 cita
[22]

Proporciones del comercio de importación de los puertos de Santa Marta, Cartagena, y Sabanilla (1848 - 1859), según el valor de las importaciones. Santa Marta Cartagena Sabanilla 1848-1849 61, 0 % 20, 6 % 2, 0 % 1 8 5 0 - 1 8 5 1 54, 5 % 16, 8 % 10, 0 % 1851-1852 35, 9 % 22, 2 % 10, 0 % 1854-1855 68, 0 % 16, 2 % 10, 6…

p. 458
22
Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 410
1 cita
[23]

de Mompox. En 1541, Pedro de Heredia había distribuido allí 22 encomiendas que producían ocho mil pesos de tributos, lo que signifi caba que existían por lo menos tres o cuatro mil indios que podían ser em pleados como remeros36. En 1549, los indígenas se rebelaron mientras la región era disputada por las provincias…

p. 410
23
Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 79
1 cita
[24]

around seventy days. 35 Travel from the Caribbean coast to the interior and the Pacific was lengthier. The Magdalena River was the main artery of movement between the Caribbean and the interior of the Viceroyalty. The river permitted mobility and relative freedom for people of colour in the eighteenth century. Bogas,…

p. 79
24
Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 238
1 cita
[25]

destaca el Decreto 1 del 03 de julio de 1823, ex - pedido por Francisco de Paula Santander, mediante el cual se concedió un privilegio exclusivo a Juan Bernardo Elbers para establecer buques de vapor en el río Magdalena con el fin de hacer “más cortas y fáciles las comunicaciones de las provin - cias de los…

p. 238
25
Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 170, 200
2 citas
[26]

la exportación los hicieron viables para los inversionistas: la navegación a vapor y los ferrocarriles. Respecto del primer sistema, ya en el decenio de 1820 fue aprobado por el gobierno de Bolívar y Santander un privilegio para que el empresario alemán, nacionalizado colombiano, Juan Bernardo Elbers adelantara la…

p. 200
[31]

y el intercambio de alimentos y otros productos agrícolas del interior, que incluía productos de climas más cálidos como el tabaco y el algodón, tuvo una influencia decisiva en la economía interna del país, mucho más que el comercio transatlántico. Las ciudades portuarias de Cartagena y Portobello (hoy en Panamá) eran…

p. 170
26
La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 190
1 cita
[27]

2 anpb /Colección Falck 75, De Stuers a Guillermo I, 25-9-1816. 3 anpb / sge, Verstolk a Guillermo I, 19-3-1826. De Stuers fue nombrado por Real Decreto del 29 de marzo 1826. 4 anpb / col 3793, solicitud de empleo en Curazao de R. F. van Lansberge y decisión favo - rable al respecto, 26-3-1823. 195 Sytze van der Veen…

p. 190
27
Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 96, 128
2 citas
[28]

del Cesar, en 1831 / 5 /. Sus hijos se plegaron luego a las necesidades de los bogas del rio Magdalena que resistían la intrusión del buque de vapor, porque empezaba a desplazarlos económicamente. Eran los días de la Compañía Anglo-Granadina de Navegación, cuyo úni- co barco, el Unión, no duraría en servicio sino dos…

p. 96
[59]

el asedio que los españoles hicieron a Cartagena en 1815. La especulación empezó con la venta de comida seca que había quedado en manos de comerciantes extranjeros (algunos italianos como los Bonolis, Capurros, Capellas y Bernines, y el norteamericano Glen), puesta a pre- cios exorbitantes. Estos agiotistas se sumaron…

p. 128
28
Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 84
1 cita
[29]

navegado hoy. Los dos brazos del río, que forman la isla de Mompós, existían desde siglos atrás; pero la navegación de los champanes primero, y de los vapores después, se dirigía principalmente por el de Mompós hasta que, casi repentinamente, disminuyó tanto el fondo, que los vapores se vieron obligados a tomar la…

p. 84
29
La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 135
1 cita
[32]

m po a los colinos del tabaco. Fundan también en el cercano puerto de Ambalema una gran factoría, en la que se prepara el producto para la exportación (Díaz, 1889, II, cap. XX). Ya por el río corrían los primeros vapores de rueda traídos desde los Estados Unidos de América por Juan B. Elbers. Pero todo esto, en…

p. 135
30
Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 138
1 cita
[33]

por el individualismo fluvial ya anotado. De esta manera, nosotros que sólo tocamos con el pie al Amazonas, estamos enormemente separados de él, porque en nada se parece a los ríos interiores, sin contar para ello con la enorme distancia a que se encuentra del centro del país. Quizás nunca se ha visto este trozo…

p. 138
31
Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 43, 173
2 citas
[34]

intereses de las empresas. Los beneficios del sector exportador-importador fueron evidentes, y, entre los indirecto s, debe mencionar se la valorización y concen- tración de las tierras beneficiadas. La era del ferrocarril resaltó la importancia del río Magdalena 43 4 Mar co Palacios qu e, una vez más, fue la arter ia…

p. 43
[43]

faltaba un co rt o tramo de Ca u- cas ia (Antioquia) a Planeta Ri ca (Córdoba). Bogotá se com uni ~.:a ba co n Ne iva por ferro c arri l, pero la car r etera de Neiva ya iba por Colombia hacia Girardot. 1.a imp or tación de au t omo tor es y el bajo pr ec io de l os combus- 173 174 Marco Pala c ios tibies favorecían…

p. 173
32
Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 318
1 cita
[35]

mercados del mundo”. Francisco Javier Cisneros, Memoria sobre la construcción de un ferrocarril de Puerto Berrío a Barbosa (Estado de Antioquia) (Nueva York, Imprenta y Librería de N. Ponce de León, 1880), p. 41. 282 Ver sobre esto último Luis Eduardo Nieto Arteta, El café en la sociedad colombiana (Breviarios de…

p. 318
33
El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 56
1 cita
[36]

las que éste se beneficiaría. Echemos una rápida ojeada al estado de la navegación fluvial y a los esquemas para mejorar y mantener las vías terrestres antes de esbozar el papel de los ferrocarriles en la primera expansión cafetera. En suma, la modernización de la infraestructura de transportes se diseñó en función…

p. 56
34
Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 349
1 cita
[37]

Revolution, 1815-1860, Nueva York: Harper Torchbooks, 1968, p. 389. Los datos de población se extrajeron de Eighth Census ofthe United S tates: Mortality and Miscel/aneous Statistics, p. xvrn. "Estearina: es una sustancia blanca, ínsípida e ínsoluble en agua que se usa para la fabricación de velas": Real Academia…

p. 349
35
Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 79
1 cita
[38]

cultivadas en los distritos de Sevilla y Riofrio y controlaba el transporte y comercializaci6n del ba- nano, dejando asi abonada la semilla de un con- flicto multifacético con las élites locales y con los trabajadores asalariados, que culminaria en la ma- tanza del 6 de diciembre de 1928. Si se observan los sistemas…

p. 79
36
Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 16
1 cita
[39]

tales que los propietarios de recuas no aceptaban carga en las épocas de crudo invierno debido al gran riesgo para los anim ales. A un d u ran te el verano, los fletes de m uía fueron relativam ente altos: de 22 a 34 centavos por tonelada-kilóm etro a m ediados del siglo xix. En estaciones de lluvia o cuando la guerra…

p. 16
37
Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 220
1 cita
[40]

y financiación de los estados, se definieron los trazos más o menos inconexos de los ferrocarriles propuestos como parte de hipotéticas líneas interoceánicas. Además del ferrocarril de Panamá, terminado en 1856 por una compañía de capital norteamericano, se iniciaron las siguientes líneas: 1. Barranquilla-Sabanilla:…

p. 220
38
Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 449
1 cita
[41]

Magdalena, decretada por el estado de Cundinamarca, subvencionada por la nación, se inició —o reinició— en 1869; lo efecti- vamente logrado fue muy poco; pero sí se estableció, en los primeros años del 60, la comunicación por carretera entre Bogotá y Zipaquirá. En Boyacá también se construyeron algunos tramos de…

p. 449
39
Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 58
1 cita
[42]

los ferro- carriles, sólo el 17.5 % correspon- día a comercio interno y el resto es- taba representado por productos pa- ra la exportación. En efecto, de los 1.481 kilómetros de vías férreas exis- tentes en 1922, 992 kilómetros esta- ban localizados en las regiones típica- mente cafeteras, 313 kilómetros se orientaban…

p. 58
40
En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 24, 59
2 citas
[44]

motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…

p. 24
[74]

de inteligencia militar, se crearon las brigadas móviles, se ordenó a la infantería de marina combatir a la guerrilla en el río Magdale- na y se intentó crear, sin conseguirlo, la figura de Zona de Orden Público (ZOP). El epicentro del ensayo de la ZOP fue San Vi- cente de Chucurí. Los paramilitares construyeron una…

p. 59
41
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38, 166
2 citas
[45]

aguas en la búsqueda de sus seres queridos. A medida que la guerra ha desescalado, las tamboras han vuelto a sonar, otra vez hay fiestas patronales y regresaron los festivales, los bailes cantados y los cantos bailados, reconstruyendo los vínculos entre las gentes. En las montañas santandereanas, en medio de la…

p. 38
[68]

40 organizaciones en el que se lograron los «Acuerdos por el Agua: Río Grande de la Magdalena, Ríos de Verdad y Vida». Fruto del acuerdo se creó de una plataforma para la gobernanza del río, propiciada por líderes de la comunidad con el objetivo de coordinar acciones, recursos y conocimiento entre empresarios,…

p. 166
42
Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 51
1 cita
[46]

bajo la dirección del coronel Efraín Rojas Acevedo. Las concesiones petroleras Aunque las concesiones petroleras De Mares, en Barrancabermeja, y Barco, en el Catatumbo, habían sido declaradas caducas por las autoridades por razones de política internacional –entre las cuales estaba lograr la firma del Tratado con…

p. 51
43
Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 53
1 cita
[47]

fifty years. Control of this concession passed first to the Colombian Petroleum Company formed in 1918 by Barco and representatives of the Carib Syn- dicate Carl McFadden, W.E. Griffiths, and George DuBois, who then transferred it to South American Gulf Oil. 34 On November 28, 1905, Minister of Public Works Modesto…

p. 53
44
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 359
1 cita
[48]

comerciales que Colombia tenía con Europa se vieron súbitamente interrumpidos. Nuestros productos no encontraban fácil mercado, las di- visas bajaban y, para colmo de males, muchas de las in- dustrias europeas se transformaban en factorías de gue- rra, desatendiendo el consumo de nuestra elite. Mientras Colombia…

p. 359
45
Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 120
1 cita
[49]

silícea, la explotación de la minería y, recientemente, el descubrimiento de yacimientos de carbón, gas y esmeraldas. A lo cual hay que agregar: ü La variedad de actividades comerciales y turísticas que se entrecruzan y pasan necesariamente por la región hasta el centro del país, a puertos y puntos estratégicos del…

p. 120
46
Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 506
1 cita
[50]

y la expansión de la ganadería extensiva. Históricamente, el Magdalena Medio ha sido una frontera de colonización interna y se ha mantenido como una región periférica, con débil y precaria presencia del Estado, tanto física como en términos de servicios sociales y públicos (Rudqvist y Van Sluys, 2005: 15). La…

p. 506
47
Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 222
1 cita
[51]

entre el trabajo y el capital pueden M ü m ó nicas. -Si ¿ 30 EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO SINDICAL La primer gran huelga se hizo contra la Tropical Oil Com Las condiciones de trabajo en el Magdalena medio eran desastroS En 1923, 40.81 % de los trabajadores empleados se enfermaron,-s,y! 1.51% muri ó. En ese medio…

p. 222
48
El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 146
1 cita
[52]

ú nica ciudad en el curso medio del Magdalena, Barrancabermeja. Tal como los trabaja dores y peque ñ os campesinos de la zona bananera, estaban sometidos a condiciones extremadamente duras de explotaci ó n y enfrentados adem á s a sociedades extranjeras que en forma casi invariable contaron con el apoyo incondicional…

p. 146
49
Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 507
1 cita
[53]

Medio es muy alta comparada con otras regiones de Colombia y con el promedio nacional (opi, 2006: 19). El proceso de desmovilización de los paramilitares no ha disminuido conside - rablemente tampoco la violencia en la región. El control paramilitar ha per - manecido en varias áreas y una nueva generación de grupos,…

p. 507
50
Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 202
1 cita
[54]

chalupas para el trasporte fluvial de pasajeros. La comunicación de Barrancabermeja con Bucaramanga tomaba mínimo seis horas por San Vicente de Chucurí, con una carretera destapada y con frecuentes derrumbes y zonas pantanosas. De la zona de Puerto Berrío a Medellín no existía carretera directa, sino solamente la vía…

p. 202
51
Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 111
1 cita
[55]

Caldesa S.A. Puerto Nare ha sido uno de los municipios de mayor explotación de mármoles y calizas en el distrito minero que com- prende también los municipios de Puerto Berrío, Maceo y Puerto Triunfo. El Magdalena Medio es una región geográ fi ca que se encuentra ubicada en el centro de Colombia, entre las cordilleras…

p. 111
52
Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 102
1 cita
[56]

época. José María del Gordo, originario de Santa Marta, fue teniente a los 18 años, mientras que José Ignacio de Iriarte, de Cartagena, fue ascendido a alférez a los 16 años. Y el general en jefe no tenía sino 30 años... Otro punto se debe anotar: la Campaña Admirable fue para buena parte de aquellos futuros proceres…

p. 102
53
Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 102
1 cita
[57]

época. José María del Gordo, originario de Santa Marta, fue teniente a los 18 años, mientras que José Ignacio de Iriarte, de Cartagena, fue ascendido a alférez a los 16 años. Y el general en jefe no tenía sino 30 años... Otro punto se debe anotar: la Campaña Admirable fue para buena parte de aquellos futuros proceres…

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Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 59
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la «Ciudad Valerosa», fortificandose en San Se- bastién y agravando la situacién de los momposi- Nos, que, no obstante, atacaron con éxito al ene- migo, el 9 de noviembre, obligandole a retirarse a El Guamal. A continuacién fijaron su atencién en los realis- tas del rio Cauca. Para combatirlos destacaron una patrulla,…

p. 59
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Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 93
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Pérez Benavides Obeso parecía ser el mediador entre el mundo de los bogas del Magdalena y el de los letrados bogotanos; si bien su formación le permitía hacer parte del segundo, su origen lo ubicaba en el lado de la melancolía y de aquellos cantos popu- lares: era capaz de convertir en poesía el lenguaje de los bogas,…

p. 93
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Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 228
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(Bogotá: Librería Americana, 1905), 470 – 71. 27. Ibid., 467. 28. Ibid., 470 – 71. 29. José M. Restrepo, “De la Poesía Popular en Colombia” (1911) reprint- ed in José M. Restrepo, El Cancionero de Antioquia (Barcelona, Editorial Lux, 1929), 50 – 51. 30. Jesús Martín Barbero, De los Medios a las Mediaciones (México:…

p. 228
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El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 67
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las arrojaban al agua con sus propias manos; otras veces los reptiles se deslizaban rápidamente hacia la espesura. Las paradas del vapor nos daban siempre ocasión de admirar la magnífica vegetación de aquellas riberas y de visitar las cabañas de los leñadores. Estas cabañas están hechas de simples cañas de bambú, y…

p. 67
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Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 182
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elites who lived along that nation’s coast. La vorágine helped merge the disciplines of Colombian journalism and fiction writing; this art form would be perfected, later on, by Gabriel García Márquez. Tragically, Rivera died in 1928, at forty years of age, after suffering a series of seizures in New York City. He went…

p. 182
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Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 66
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Allí no se presentó el fanatismo por las creencias religiosas o políticas que se observó en el interior del país. Por el contrario, la actitud festiva y burlesca ante las situaciones difíciles hizo que la costa estuviera relativamente al margen durante las grandes guerras civiles del pasado. Los mismos entrevistados…

p. 66
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Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 172
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década de 1990 y que intensificaron en 1998. Yolanda Becerra Vega Una Colombia que nos queda 174 “La masacre del 16 de mayo de 1998 fue el aviso de llegada de los paramilitares, después de haberse tomado poco a poco todo el Magda lena Medio. Ese día, un grupo de 50 paramilitares ingresó al sector noroccidental de la…

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Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 22
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y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…

p. 22
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Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 150
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afectando el 60 por ciento de los mu- nicipios del territorio nacional (ver Mapa 4). Al analizar la magnitud del desplazamiento a nivel regional, tres regiones sobresalen como las mayores expulsoras y represen- tan más de la mitad de los éxodos registrados en este periodo: Urabá; Magdalena Medio; y Alto Sinú y San…

p. 150
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El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 33
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y mapas, así como la colaboración con el proceso de edición. Al igual que con todos los informes de esta serie, a la Dirección Técnica de la DAV le correspondió la dirección general en términos de orientación, acompañamiento y revisión detallada del conjunto del texto y de su proceso de consolidación y edición. Álvaro…

p. 33
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y mapas, así como la colaboración con el proceso de edición. Al igual que con todos los informes de esta serie, a la Dirección Técnica de la DAV le correspondió la dirección general en términos de orientación, acompañamiento y revisión detallada del conjunto del texto y de su proceso de consolidación y edición. Álvaro…

p. 33
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Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 555
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organización y el 30 % restante se destinaba al sostenimiento del grupo armado» 1744. Desde esta región del Magdalena Medio y del sur de Córdoba y el Urabá, hacia mediados de los años noventa, se inició la mayor expansión del paramilitarismo, uno de cuyos fines estuvo relacionado con la proyección del narcotráfico.…

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Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 44
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del paramilitarismo en la región, que, con lista en mano, fue ejecutando a los mineros y campesinos que retornaban a sus comunidades. Un año después, asesinaron a Édgar Quiroga, uno de los principales representantes en la Mesa de Negociación del Éxodo (ver: Nuevas incursiones: El Paraíso y Cerro Azul). Según Colombia…

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Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 485
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A partir de ACDEGAM surgieron dos pla- taformas políticas: de una parte, el Movimiento de Renovación Nacional (MO- RENA), lanzado en septiembre de 1989 por el secretario general de ACDEGAM Iván Roberto Duque, quien luego sería conocido con el alias de Ernesto Báez, quien resultó electo como concejal y obtuvo la…

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Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 285
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del sur de Bolívar y la parte del Magdalena Medio. (CNMH, CV, participante taller Barrancaber- meja, 2019) Este nuevo modelo se caracterizó por la regulación de la demanda y oferta de empleo, las filtraciones al oleoducto, la captación de rentas a manos de pri- vados y la corrupción en Ecopetrol; estos elementos…

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La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 15
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pero sostenidos; las amenazas sobre los campesinos, y el despojo de sus tierras. El enca- denamiento demostrable entre los múltiples casos que estudiaba la Comisión judicial atacada devela precisamente las lógicas, mecanis- mos y nudos profundos de la violencia imperante: el entronque de los paramilitares y los…

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