Contracción de la etnología estatal y ascenso del Museo del Oro (1948–1952)
Tras el Bogotazo y bajo el gobierno de Laureano Gómez, el Instituto Etnológico Nacional y sus publicaciones sufrieron desfinanciamiento severo —sus investigadores llegaron a pasar cinco meses sin salario— mientras el Museo del Oro, respaldado por el Banco de la República, continuó creciendo sin interrupción. El contraste revela que La Violencia también fue una crisis de las ciencias sociales críticas, con consecuencias disciplinarias que se prolongaron hasta los años sesenta.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 9 de abril de 1948 – 13 de junio de 1953
- Dónde
- Bogotá, Colombia, Sierra Nevada de Santa Marta, Quindío, Restrepo (Meta)
- Protagonistas
- Paul Rivet (etnólogo francés, director fundacional del IEN, expulsado bajo presión conservadora), Gerardo Reichel-Dolmatoff (discípulo de Rivet, enviado a la Sierra Nevada en 1941), Alicia Dussán de Reichel (investigadora formada en la escuela rivetiana), Rogerio Velásquez (investigador afrocolombiano del IEN, firmante de la carta al presidente), Eduardo Unda (investigador del IEN, firmante de la carta al presidente), Eginhard Menghius (investigador del IEN, firmante de la carta al presidente), Luis Duque Gómez (investigador formado en la escuela rivetiana), Gregorio Hernández de Alba (investigador vinculado al IEN), Laureano Gómez (presidente 1950–1953, cuyo gobierno coincidió con el desfinanciamiento del IEN), Mariano Ospina Pérez (presidente 1946–1950, decretó el estado de sitio en noviembre de 1949), Jorge Eliécer Gaitán (líder liberal asesinado el 9 de abril de 1948, cuya muerte desencadenó el Bogotazo), Instituto Etnológico Nacional (institución estatal de antropología fundada en los años cuarenta)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Dependencia estructural del Instituto Etnológico Nacional del presupuesto público estatal y del patronazgo del gobierno liberal, lo que lo dejó sin respaldo financiero al cambiar el signo político del régimen.
- Instauración del estado de sitio permanente desde noviembre de 1949 y clausura del Congreso, que eliminaron los mecanismos ordinarios de aprobación y control del gasto público, facilitando el desfinanciamiento silencioso de instituciones identificadas con el proyecto liberal.
- Identificación política de la escuela etnológica rivetiana con la República Liberal —exiliados europeos, reforma agraria, estudio del indígena contemporáneo— que la convirtió en blanco del anticomunismo y la hegemonía conservadora.
- Expulsión forzada de Paul Rivet mediante una campaña de hostigamiento público (acusación de robo de un libro de la Biblioteca Nacional), que desarticuló el liderazgo intelectual del IEN.
- Autonomía patrimonial del Banco de la República respecto al presupuesto gubernamental, que blindó al Museo del Oro de los ciclos políticos que hundieron al IEN.
- Compatibilidad ideológica de la museografía de orfebrería prehispánica con el régimen conservador: exhibía el pasado indígena como emblema estético y patrimonio glorioso sin formular demandas de reforma social.
Consecuencias
- Los investigadores del IEN —entre ellos Rogerio Velásquez, Eginhard Menghius y Eduardo Unda— pasaron cinco meses sin recibir salario, lo que paralizó expediciones, publicaciones y trabajo de campo.
- La Revista del Instituto Etnológico Nacional y el Boletín de Arqueología entraron en contracción editorial severa, interrumpiendo la producción y difusión del conocimiento antropológico institucional.
- La antropología colombiana sufrió, según Friedemann y Arocha (1979), una desaparición práctica como disciplina organizada durante el período de la hegemonía conservadora.
- El Museo del Oro consolidó su colección —cercana a las siete mil piezas— y su infraestructura (sala en los sótanos del Banco de la República, edificio propio de la firma Esguerra Sáenz y Urdaneta Samper), configurando una institución patrimonial duradera desconectada del estudio de los pueblos indígenas vivos.
- El rezago disciplinario acumulado entre 1948 y 1953 condicionó el desarrollo posterior de las ciencias sociales colombianas, cuya renovación crítica no se produjo hasta la sociología de Orlando Fals Borda y la antropología de Reichel-Dolmatoff en los años sesenta.
- Se consolidó un patrón diferencial duradero en la política cultural colombiana: patrimonio arqueológico como objeto estético custodiado por instituciones financieras autónomas, frente a etnología crítica dependiente del Estado y por tanto vulnerable a los ciclos políticos.
La clave interpretativa
Por qué importa
Este episodio demuestra que La Violencia no fue solo una guerra campesina bipartidista sino también una crisis de las ciencias sociales críticas: el desmantelamiento del IEN no requirió decretos explícitos, bastó con no pagar la nómina y expulsar a su director fundador. El contraste con el Museo del Oro revela que la supervivencia institucional dependió menos del valor académico de cada proyecto que de su fuente de financiamiento y de su compatibilidad con el orden político dominante. El rezago disciplinario resultante explica por qué la sociología y la antropología colombianas tuvieron que reinventarse desde cero en los años sesenta, en lugar de construir sobre una tradición consolidada.
Desarrollo histórico
La historia completa
La contracción de la etnología estatal y el ascenso del Museo del Oro (1948–1952)
Entre el 9 de abril de 1948 y el fin del gobierno de Laureano Gómez, la antropología colombiana que se había construido con paciencia desde los años treinta —revistas, expediciones, un instituto nacional, una red de investigadores europeos y colombianos formados en el modelo francés— quedó reducida a un esqueleto administrativo con los sueldos atrasados cinco meses. A pocas cuadras de las oficinas donde Rogerio Velásquez, Eginhard Menghius y Eduardo Unda escribían al presidente para pedir su salario, el Museo del Oro seguía creciendo: adquiría guacas por cien mil pesos, montaba salas en los sótanos del edificio del Banco de la República y consolidaba una colección que iba camino de las siete mil piezas. Aquel contraste tuvo causa. Provino de la vulnerabilidad estructural de una disciplina joven, atada al presupuesto estatal y al patronazgo liberal, cuando el país entró en estado de sitio permanente y la etnología quedó del lado equivocado de la línea partidista. Su consecuencia de largo plazo fue un rezago disciplinario que las ciencias sociales críticas colombianas —la sociología de Orlando Fals Borda a la cabeza— tendrían que remontar apenas una década después.
El país en que se hundió la etnología
El 9 de abril de 1948, hacia el mediodía, Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado en la carrera séptima con calle 13, en el centro de Bogotá. Era el dirigente indiscutido del Partido Liberal y el favorito para la próxima presidencia; su oratoria populista movilizaba multitudes y atemorizaba a las clases altas. El levantamiento que siguió fue predominantemente espontáneo, sin dirección centralizada, y su epicentro golpeó con particular saña el centro histórico de la capital: tranvías incendiados, archivos eclesiásticos quemados, comercios saqueados y una cifra de muertos que se estima en unos dos mil en Bogotá y quinientos en el resto del país. Los daños se concentraron en tres franjas —La Candelaria cerca de la Plaza de Bolívar, San Victorino cerca de la Plaza de Mercado y la carrera séptima entre la avenida Jiménez y la calle 22— y afectaron edificios emblemáticos del poder civil y religioso: la nunciatura apostólica, el palacio arzobispal, la Universidad Javeriana Femenina, el Instituto de la Salle, el convento de los dominicos, el convento de las Hermanas de Santa Inés.
En los meses siguientes, el presidente Mariano Ospina Pérez negoció con dirigentes liberales como Carlos Lleras y Darío Echandía un gabinete bipartidista de coalición nacional. El acuerdo, frágil desde el comienzo, se deshizo cuando los liberales abandonaron el gobierno por falta de garantías. El 9 de noviembre de 1949, Ospina decretó estado de sitio y clausuró el Congreso. La medida trajo consigo la disolución de asambleas departamentales y concejos municipales, la concesión de poderes extraordinarios a los gobernadores, la modificación del régimen de votación en la Corte Suprema y la imposición de censura de prensa y supervisión oficial del correo, los telegramas y las llamadas telefónicas. Se prohibieron las manifestaciones públicas y se estableció toque de queda. Desde ese momento, y por décadas, el estado de sitio dejó de ser excepción para volverse regla.
En las elecciones del 27 de noviembre de 1949 solo participó el Partido Conservador. El liberalismo intentó competir y luego, ante la ausencia de condiciones mínimas, se retiró en abstención total. Laureano Gómez, candidato único, obtuvo 1.140.619 votos y se posesionó el 7 de agosto de 1950 ante la Corte Suprema de Justicia, no ante el Congreso, que seguía cerrado. Su gobierno inauguró la retórica de la "revolución del orden" bajo un modelo de estado de sitio inspirado en el prototipo francés, con violencia rural generalizada, represión sindical, persecución política, censura y aparición de guerrillas. La primera y más intensa ola de La Violencia bipartidista —masacres, descuartizamientos, quema de pueblos— corrió entre 1946 y 1953, precisamente en los años en que la etnología estatal debía haber consolidado su joven institucionalidad.
En ese ambiente trabajaban los investigadores del Instituto Etnológico Nacional. No había Congreso, no había prensa libre, no había manifestaciones. Los correos y telegramas estaban intervenidos. Los caminos rurales, escenario natural del trabajo de campo etnológico, eran territorios de masacres bipartidistas. Sobre esa base ya asfixiante llegó el desfinanciamiento.
El edificio liberal de la etnología
Para entender lo que se hundió hay que reconstruir lo que existía. Durante la República Liberal, y al abrigo de la Escuela Normal Superior, se formó en Bogotá una comunidad científica singular: profesores europeos exiliados —víctimas de las persecuciones nazis, como Ernesto Guhl y Gerhard Masur, y de la persecución franquista, como Pablo Vila, Juan Friede y Urbano González de la Calle— convivían con investigadores colombianos en el proyecto de profesionalizar las ciencias sociales. A esa red se sumó, en un momento decisivo, el etnólogo francés Paul Rivet, que vivió en Bogotá bajo el auspicio oficial del gobierno liberal.
Rivet fue una figura central en la etapa fundacional del Instituto Etnológico Nacional. Dirigió inicialmente la Revista del Instituto Etnológico Nacional, donde se publicaban los informes de las expediciones. El instituto funcionó articulado al Museo Arqueológico y Etnográfico según el modelo francés —el del Museo del Hombre de París que Rivet mismo había dirigido— y desde allí desplegó una política de trabajo de campo sostenida. En 1941, Rivet envió a su discípulo austriaco Gerardo Reichel-Dolmatoff a la Sierra Nevada de Santa Marta; de ese envío nacería una de las obras etnológicas más importantes del país. Alrededor de Rivet se formaron figuras como Gregorio Hernández de Alba, Luis Duque Gómez, Blanca Ochoa y, más tarde, Alicia Dussán, que se casaría con Reichel-Dolmatoff y con él conformaría una de las parejas fundadoras de la antropología colombiana.
Ese edificio tenía dos vulnerabilidades que la coyuntura del Bogotazo hizo mortales. La primera era presupuestal: el IEN dependía enteramente del gasto público y su presupuesto anual completo cabía en el valor de una sola pieza de orfebrería. La segunda era política: la escuela rivetiana estaba identificada con el proyecto liberal —con la Escuela Normal Superior, con el mecenazgo del gobierno liberal a los exiliados, con una visión de la nación que incluía al indígena vivo, contemporáneo, como sujeto de estudio y de reforma—. Nada de eso encajaba bien en la "revolución del orden" laureanista.
Rivet expulsado, la revista huérfana
La primera pieza que cayó fue la más simbólica: Paul Rivet mismo. Fue acusado públicamente de haber robado un libro de la Biblioteca Nacional. Él lo calificó de calumnia, amenazó con demandar a su acusador —un tal Carranza— y el periódico liberal La Jornada denunció la acusación como una estrategia política de los conservadores, comparándola con los métodos del hitlerismo y de la Falange. El paralelo era exagerado en su formulación pero certero en su lectura: no se trataba de un pleito bibliográfico, se trataba de sacar a Rivet de Colombia.
La operación funcionó. Rivet salió del país y con él se fue el eje sobre el que giraba la escuela. La Revista del Instituto Etnológico Nacional, órgano donde se consignaban los informes de campo y los debates disciplinarios, quedó huérfana de su director fundador y entró en una fase de deterioro editorial de la que no se recuperaría en esos años. Publicaciones asociadas —el Boletín de Arqueología, los boletines de museos y de proyectos oficiales— siguieron el mismo camino de contracción, en algunos casos hacia la interrupción directa. El aparato editorial que había dado visibilidad a la etnología liberal se apagó al mismo tiempo que el estado de sitio silenciaba la prensa política.
El caso Rivet fue ejemplar en un sentido específico: no fue una destitución administrativa, ni un decreto de expulsión disciplinaria, ni una purga por escrito. Fue una calumnia pública, una amenaza judicial, una salida forzada. Ese fue, en general, el modo del desmantelamiento: ninguna resolución explícita, ninguna política articulada de supresión, sino asfixia por desfinanciamiento, hostigamiento periodístico y clima de imposibilidad.
Cinco meses sin sueldo
El documento más elocuente del período es una carta. En algún momento del gobierno de Laureano Gómez, un grupo de investigadores del Instituto Etnológico Nacional y de los museos arqueológicos estatales dirigió al presidente una denuncia colectiva: llevaban cinco meses sin recibir su salario. Entre los firmantes estaban Rogerio Velásquez —afrocolombiano del Chocó, formado en la escuela rivetiana, pionero de los estudios sobre poblaciones negras en Colombia—, Eginhard Menghius y Eduardo Unda. Se describían con una fórmula que condensa la situación: "desposeídos trabajadores de la cultura".
La cifra —cinco meses— no es retórica. En un país donde el salario público era la única fuente de ingreso de los investigadores, cinco meses sin cobrar significaba imposibilidad material de sostener a la familia, imposibilidad de comprar materiales, imposibilidad de viajar al campo. Significaba, en la práctica, la parálisis del aparato etnológico. Y significaba también algo más profundo: el Estado que había fundado, en la década anterior, el Instituto Etnológico Nacional como una de sus vitrinas culturales, ahora lo dejaba caer sin decreto ni ceremonia, simplemente no pagando la nómina.
La comparación presupuestal es demoledora. En agosto de 1946 se había encontrado, cerca de Restrepo, una guaca adquirida por el Museo del Oro. Esa sola guaca estaba avaluada en cien mil pesos, cifra comparable al presupuesto total anual del Instituto Etnológico Nacional para ese mismo año. Un objeto contra una disciplina. Un lote de piezas contra el sostenimiento de un instituto, sus expediciones, sus publicaciones y sus salarios. Ese contraste, señalado por los propios investigadores en documentos y correspondencia, es la clave interpretativa del período.
El Museo del Oro contra la corriente
Mientras la etnología estatal se hundía, el Museo del Oro seguía una trayectoria exactamente opuesta. Su origen se remonta a 1939, cuando el Banco de la República comenzó a adquirir piezas precolombinas de orfebrería, primero de la región del Quindío. Las primeras exhibiciones fueron modestas hasta la caricatura: piezas prehispánicas dispuestas sobre terciopelo negro, como joyas en la vitrina de un almacén, en lo que era literalmente una sala de juntas del banco. De allí, sin embargo, el proyecto creció: cuando la colección se acercó a las siete mil piezas, se montó una sala en los sótanos del edificio del Banco de la República, con rotación de la colección básica, y más tarde se construyó un edificio especialmente diseñado, obra de la firma Esguerra Sáenz y Urdaneta Samper.
Lo notable es que este crecimiento no se detuvo en 1948, ni en 1949, ni en 1950. Mientras el centro de Bogotá ardía, mientras el Congreso era clausurado, mientras los etnólogos del IEN pasaban meses sin sueldo, el Museo del Oro seguía adquiriendo piezas, montando salas, ampliando su colección. La guaca de cien mil pesos del 46 no fue una excepción: fue la muestra de una política de adquisiciones sostenida que atravesó el Bogotazo y el laureanismo sin interrupción visible.
La razón institucional es simple y decisiva. El Museo del Oro no dependía del presupuesto público del Ministerio de Educación ni del gobierno de turno. Dependía del Banco de la República, entidad cuya función primaria era —y es— regular la liquidez de la economía, emitir moneda y servir como agente fiscal del Gobierno. El banco tenía autonomía patrimonial, ciclos presupuestales propios y una lógica institucional distinta a la de la administración central. Su nómina no se atrasaba cinco meses porque el gabinete cambiara o porque el estado de sitio suspendiera partidas. Su capacidad de adquirir orfebrería no dependía de que el Congreso aprobara o no una apropiación anual.
Resultaba "curioso y un tanto contradictorio", como se dijo entonces con perplejidad, que fuera un banco —una institución cuya lógica natural son las bóvedas y las cámaras de seguridad— la que asumiera la protección del patrimonio arqueológico prehispánico del país. La incongruencia funcional era evidente. Pero fue justamente esa incongruencia la que blindó al Museo del Oro contra el ciclo político. Donde la etnología estatal era vulnerable, el Banco de la República era autónomo. Donde el IEN dependía de que el Ministerio pagara la nómina, el Museo del Oro operaba dentro de la contabilidad del banco central.
El florecimiento del Museo del Oro entre 1948 y 1952 no fue una decisión del régimen conservador. No hubo un decreto laureanista que dijera "cerremos el IEN y reforcemos el Museo del Oro". Hubo, en cambio, una divergencia estructural. La etnología estatal se hundió porque el Estado dejó de sostenerla; el Museo del Oro floreció porque su mecenas no era el Estado. La consecuencia práctica fue exactamente la misma que si hubiera existido una política deliberada: al final del período, Colombia tenía una etnología moribunda y una colección de orfebrería en ascenso.
Qué se salvaba y qué no
Ese resultado no fue neutro. El Museo del Oro se salvó no solo porque su fuente de recursos era distinta, sino porque su forma de tratar el pasado indígena era compatible con lo que el régimen conservador y las élites bogotanas podían tolerar. La orfebrería prehispánica se exhibía como emblema estético, como riqueza nacional, como patrimonio glorioso de un pasado remoto. No hacía demandas. No exigía reformas. No hablaba de indígenas contemporáneos que necesitaran tierra, educación o protección legal. Exhibía el objeto y silenciaba el contexto, mostraba el oro y omitía al pueblo que lo hizo y a sus descendientes vivos. Custodia de la pieza, olvido del sujeto: una fórmula que el propio Banco no formuló nunca así, pero que operaba en cada vitrina.
La etnología rivetiana hacía exactamente lo contrario. Estudiaba a los kogui, a los ijka, a los indígenas del Cauca, a los afrocolombianos del Pacífico —comunidades vivas, con demandas actuales, con conflictos de tierra, con problemas de salud y educación—. Su objeto de estudio interpelaba al Estado. Su marco intelectual, influido por el americanismo francés y por la sensibilidad reformista de los años treinta, la ponía naturalmente del lado de una política indigenista activa. Esa era la etnología que dependía del presupuesto público, y esa era la que el régimen dejaba morir de inanición.
El contraste, entonces, no es solo de fuentes de financiamiento: es también de utilidad simbólica. La orfebrería prehispánica podía ser apropiada como identidad nacional sin costo político. La etnología del indígena vivo no.
La antropología prácticamente desaparecida
El diagnóstico del período, formulado con crudeza por Nina S. de Friedemann y Jaime Arocha en 1979, fue que la antropología colombiana prácticamente desapareció durante la hegemonía conservadora y el período de La Violencia. La frase es dura y hay que matizarla —las primeras generaciones formadas en la escuela rivetiana habían logrado profesionalizar y divulgar la disciplina antes del retroceso, y algunas de sus figuras, notablemente Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán, siguieron trabajando y produciendo obra fundamental—, pero el juicio de fondo se sostiene. El aparato institucional que se había construido con paciencia entre 1936 y 1942 no se destruyó del todo, pero quedó reducido a mínimos: sin revista funcional, sin presupuesto, sin renovación generacional, sin capacidad regular de trabajo de campo.
Las causas fueron múltiples y convergentes. Estaba, primero, el clima general: La Violencia rural hacía peligroso o imposible el trabajo etnográfico en muchas zonas; la censura de prensa afectaba también a la prensa académica; el estado de sitio permanente redujo el espacio civil en que operaban las universidades y los institutos. Estaba, segundo, la ruptura simbólica y política con el proyecto liberal: la salida de Rivet, la dispersión de los exiliados europeos que habían nutrido la Escuela Normal Superior, el descrédito público de una etnología asociada al reformismo. Estaba, tercero, el desfinanciamiento concreto: los cinco meses sin sueldo de Velásquez, Menghius y Unda no eran una anécdota administrativa sino la manifestación cotidiana de que el Estado había dejado de sostener a sus etnólogos.
Se sumaba una fractura disciplinar más profunda. Los historiadores colombianos tendían —y en gran medida siguen tendiendo— a investigar el pasado colonial y republicano, mientras los antropólogos se orientaban al pasado indígena o a las sociedades indígenas contemporáneas. Esa división de trabajo dejaba a la antropología encerrada en un objeto —el indígena— que las élites conservadoras no querían tocar y que las élites liberales sabían usar solo como bandera. La consecuencia fue una antropología estructuralmente débil, sin aliados historiográficos, sin lectores masivos, sin mecenazgo privado sostenido. Cuando llegó el golpe del laureanismo, la disciplina no tuvo cómo aguantar.
El pasado saqueado que llenaba las vitrinas
Hay una dimensión más del contraste. Las piezas que el Museo del Oro adquiría con tanta libertad no venían, en general, de excavaciones científicas dirigidas por el Instituto Etnológico Nacional. Venían del mercado formado por la guaquería, práctica que en el occidente colombiano tenía raíces largas y profundas. La colonización antioqueña del Gran Caldas, en el siglo XIX y comienzos del XX, se había hecho en buena parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Grupos de comerciantes financiaban el saqueo, fundían muchas piezas y atesoraban otras; algunas colecciones privadas así formadas terminaron vendidas a museos.
El precedente más famoso es el Tesoro Quimbaya. Fueron 122 piezas orfebres extraídas de dos sepulturas en La Soledad, municipio de Finlandia. El Ministerio de Relaciones Exteriores las adquirió por diez mil pesos. En 1892, el presidente Carlos Holguín las donó a la reina regente María Cristina de España, en agradecimiento por su labor arbitral en la delimitación de las fronteras de Colombia. Se exhibieron en Madrid con ocasión del IV Centenario del descubrimiento y hoy reposan en el Museo de las Américas. Antes de esa cadena de donaciones, muchas piezas del mismo origen habían corrido el riesgo de terminar fundidas en lingotes por los agentes compradores de oro que recorrían los sitios de minería y guaquería. Algunos coleccionistas resistieron. Leocadio María Restrepo rechazó vender su colección al Smithsonian —la negociación se interrumpió con su muerte en 1918— y en 1924 el gobierno declaró esa colección reliquia nacional para impedir su exportación.
Ese era el mundo en que se formaba el Museo del Oro: un mercado poroso, alimentado por saqueo, del que el Banco de la República compraba lo que podía para evitar tanto la fundición como la fuga. Su función salvífica era real —los estudios académicos sobre orfebrería prehispánica colombiana serían prácticamente imposibles sin sus colecciones—, pero también era una función de rescate a posteriori, no de investigación sistemática. Compraba lo que otros habían desenterrado. El IEN, en cambio, era el aparato que teóricamente debía dirigir las excavaciones científicas, contextualizar los hallazgos, producir el conocimiento arqueológico. Ese aparato quedó sin sueldos. El otro, el comprador de guacas, siguió comprando.
Consecuencias inmediatas y de largo plazo
En el corto plazo, los efectos del período 1948–1952 sobre las ciencias sociales colombianas fueron los siguientes. La Revista del Instituto Etnológico Nacional y las publicaciones arqueológicas oficiales entraron en contracción o suspensión. El propio IEN funcionó con presupuesto de subsistencia y con la nómina atrasada de forma crónica. Paul Rivet, la figura articuladora de la escuela, salió del país tras la campaña de calumnia. La red de exiliados europeos que había sostenido la profesionalización de las ciencias sociales en la Escuela Normal Superior se dispersó. Y las condiciones materiales para el trabajo de campo —seguridad rural, libertad de circulación, financiamiento— se degradaron hasta la parálisis.
En paralelo, el Museo del Oro consolidó su colección hasta acercarse a las siete mil piezas, montó la sala en los sótanos del edificio del Banco de la República y se convirtió en el referente principal —y, para muchos temas, único— de la investigación sobre orfebrería prehispánica colombiana.
En el largo plazo, el desnivel se prolongó. Cuando en los años sesenta apareció la nueva sociología crítica colombiana, encabezada por Orlando Fals Borda y sus compañeros de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, tuvo que remontar precisamente ese rezago. Las ciencias sociales que hacia 1948 estaban en trayectoria de profesionalización sostenida se encontraron, quince años más tarde, refundándose casi desde cero, con una generación intermedia adelgazada y con la memoria institucional interrumpida. Esa refundación se hizo con un giro decisivo: la sociología comprometida de los sesenta ya no buscaría espacio dentro del aparato indigenista liberal, que había demostrado su fragilidad, sino dentro de la universidad pública y en articulación con movimientos sociales y campesinos. Fue una respuesta, entre otras cosas, a la lección de 1948–1952: la dependencia exclusiva del mecenazgo estatal era una vulnerabilidad.
La antropología, por su parte, se recompuso también, pero con desventaja. La escuela rivetiana había dejado herederos importantes —los Reichel-Dolmatoff a la cabeza—, pero la comunidad disciplinaria como tal debió reconstruirse a lo largo de las décadas de los sesenta y setenta. La fractura entre historiadores del pasado colonial y republicano, por un lado, y antropólogos del pasado indígena y de los indígenas vivos, por otro, se mantuvo. La articulación entre disciplinas históricas y sociales —que en otros países latinoamericanos avanzó de manera más orgánica— siguió siendo una tarea pendiente.
Por qué sigue importando
Este episodio suele quedar tapado por el volumen del episodio político mayor: el asesinato de Gaitán, el Bogotazo, La Violencia, la caída de la democracia formal. Tiene, sin embargo, una importancia propia y menos visitada. La Violencia no fue solo una crisis rural, militar y partidista: fue también una crisis de las ciencias sociales críticas colombianas, un desmantelamiento parcial pero decisivo del aparato intelectual que se había construido en la República Liberal para pensar el país. Ese es el episodio que la historia política suele saltarse cuando enumera los daños del período.
Queda una lección más incómoda, que apunta más allá del laureanismo. El contraste entre el IEN desfinanciado y el Museo del Oro floreciente no fue un accidente exclusivo del régimen conservador. Fue el resultado de decisiones acumuladas por el conjunto de las élites colombianas —liberales incluidas— sobre qué versión del pasado prehispánico valía la pena sostener con recursos públicos y qué versión no. El oro sí; los pueblos vivos, no del todo. Esa jerarquía sobrevivió al régimen conservador y, en distintas formas, ha llegado hasta el presente: el Museo del Oro sigue siendo uno de los emblemas culturales del país, mientras la antropología aplicada al indígena contemporáneo ha peleado, década tras década, por su lugar en la conversación pública. La contracción de 1948–1952 no inventó ese desnivel, pero lo consagró en un momento en que otra dirección era todavía imaginable. Es esa dirección no tomada la que el episodio deja como pregunta abierta.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 69, 1982 citas
[1]prontitud en el des- monte de los aparatos liberales y al li- beralismo que pugna por pasar el cua- trenio con los menores golpes posi- bles, antes de recuperar la presiden- cia. El país se caldea y en los campos y pueblos comienza la Violencia. Jor- ge Eliécer Gaitán, dirigente indiscuti- do del partido, hace vibrar…p. 69
[44]memoria colectiva de las ciudades. Los hechos violentos del 9 de abril de 1948 aceleraron estos procesos. Tres sectores del centro de Bogotá su- frieron destrucción parcial: La Can- delaria cerca a la Plaza de Bolívar, San Victorino cerca a la Plaza de Mercado y la carrera 7. a entre la avenida Ji- ménez de Quesada y…p. 198
02Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1111 cita
[2]Bogotá con numerosas obras de infraestructura, urbanizando la ciudad con la creación de nuevos barrios y generando una amplia oferta de empleos en la ciudad. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Partido Liberal se dividió entre los dos candidatos liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Para las…p. 111
03El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 2361 cita
[3]ora- toria se inflamaba y crecía su fama, la estructura empezó a resquebrajarse. En los barrios del norte, las dueñas de casa empezaron a quejarse de la altanería de las sirvientas. Los hombres de negocios del centro tuvieron que soportar 237 Eí ndi el desdén de los muchachos emboladores. Los mendigos escupían en las…p. 236
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1491 cita
[4]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…p. 149
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1151 cita
[5]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…p. 115
06Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 199, 201, 2053 citas
[6]tras int e rmin ab les meses de racionamientos de agua y electricidad a raíz de una int ensa sequ ía en 1947 que se prolongó en 1948. Además, en un gesto qu e causó irritación en el libera li smo, el canc ill er La ur ea no Gómez lo h ab ía excl uid o de la delegación co l ombia na a la Confe ren cia, pese a que los…p. 199
[16]baj(m, zarandeados en la misiva liberal. La revolució11 del ordm Gómez tomó posesión de la pres id encia bajo estado de sitio. Conforme al prototipo francés en que se inspira, el estado de sit io no es ni estado de paz ni estado de guerra. El presidente y toda la rama ejecutiva adquier en poderes extraordinarios y…p. 205
[17]la Corte Supr ema de Ju sticia la declaró co nf or me a la constitu- ción. El l eng uaje d e los g r andes diarios na ci ona l es, replicado en ca da municipio imp orta n te p or l os periód icos l oc ales, recal entaba el 20 1 202 Marco Pala c ios ambiente. El léxico buscaba producir efectos calculados entre los…p. 201
07Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 112, 248, 2503 citas
[7]mecanizada, las comunicaciones, el comercio y los servicios se desarrollaron principal- mente a costa de los sectores tradicio- nales. Las actividades económicas de la población se modificaron en con- secuencia: si en 1938 cerca del 75 % de la población activa trabajaba en la agricultura, en 1957, por contra, no había…p. 112
[41]siglo comenzaron a llegar los etnólogos y arqueólogos ale- manes. A Konrad Theodor Preuss, Theodor Koch-Grunberg o Alfred Jahn les interesaba el lugar que le asig- naba la escuela difusionista a la gente exótica de este lado del mundo. Le- garon una metodología de constata- ción empírica basada en observaciones…p. 248
[42]de campo, sino de una teoría an- tropológica, como la de cultura y per- sonalidad para trazar las raíces de la conducta campesina. Otra investigación guiada por esa teoría fue la llevada a cabo por Ali- cia y Gerardo Reichel-Dolmatoff en Atanquez. La colonización estaba convirtiendo en campesinos a los in- dígenas de…p. 250
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 232, 2382 citas
[8]a las características regionales asumió sus propias modalidades. Sin em- bargo, al igual que en Bogotá, los movimientos carecieron de una or- ganización y dirección adecuadas; los espontáneos líderes se quedaron esperando la decisión radical de las altas esferas del liberalismo aposen- tadas en Bogotá o las…p. 232
[12]departa- mentales y de los concejos municipales y se confi- rió a los gobernadores poderes amplios para el control del orden público; se modificó el régimen de votación de la Corte Suprema de Justicia; se impuso una rígida censura de prensa y el correo, los telegramas y aun las llamadas telefónicas estu- vieron…p. 238
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2141 cita
[9]ros sitios peque ñ os. Finalmente, en Bogot á, siguiendo a los jefes, una gran masa se acerc ó al Palacio de Gobierno, donde esperaron los resultados de las negociaciones con el presidente. Carlos Lleras y Dar í o Echand í a pidieron su renuncia, pero el presidente defendi ó su legitimidad, esperando la llegada de…p. 214
10Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 291 cita
[10]llegó también la re vuelta. Mientras tanto, varios jefes liberales fueron a Palacio para hablar con el presidente sobre la difícil situa ción. Ospina continuó en el mando. Los liberales aceptaron colabo rar con él. Varios días permaneció la multitud ebria, sin que nadie la dirigiera. Se diluyó la revuelta en las…p. 29
11Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2281 cita
[11]el ambiente de la república” (Henderson, 2006: 392), Ospina reaccionó tratando de convertir a la policía en un cuerpo uniformemente conservador y declaran do el estado de sitio en varias regiones del país. i A partir de 1947 se conservatizaron no solo los organismos de control del orden público, sino también las…p. 228
12Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 21, 792 citas
[13]salón elíptico del Capitolio nacional, el 7 de agosto de 1950, ante el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Domingo Sarasty. 82 Nueva Historia de Colombia. Vol. // Laureano Gómez: v Mariano Ospina Pérez en la víspera del cambio de mando; el primero no estuvo de acuerdo con la política de Unión Nacional del…p. 79
[19]su residencia en 1952, actuó con ener- gía y vitalidad incansables. La vocería del gaitanismo la asumió Francisco José Chaux, político veterano y ecuá- nime. Los gaitanistas, acostumbrados a la fuerte figura de Gaitán que con- trolaba todas las decisiones, después de su muerte se debilitarían por las lu- chas internas…p. 21
13No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 561 cita
[14]Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…p. 56
14Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 201 cita
[15](el «Bo- gotazo») y en muchas poblaciones de provincia, la tepresiOn sindical; la persecucién confesional; los tiroteos en la Camara de Representantes; la clau- sura del Congreso y la instauracién del estado de sitio, que desde entonces ha imperado en Colom- bia, excepto en las breves pausas de normalidad…p. 20
15Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 971 cita
[18]o para impedir a las autoridades que les quitaran las cédulas. La dictadura conservadora (1950-1953) La elección de Laureano Gómez para el periodo 1950-1954 llevó a la ruptura total entre los dos partidos. Las guerrillas liberales crecieron en varias regiones del país, como los Llanos Orientales, el occidente de…p. 97
16Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 411 cita
[20]D E U N C O N F L IC T O A R M A D O IN C O N C L U S O 47 1903). La mentalidad castrense se coció a fuego lento en la represión a los trabajadores petroleros de Barrancabermeja y de la zona bananera de Santa Marta en la década de 1920; en la represión de los masivos motines del 9 de abril de 1948, achacados nacional…p. 41
17Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 15, 44, 663 citas
[21]la antropología prácticamente desapareció (Friedemann y Arocha 1979). Solo hasta ahora parece notarse un renovado interés por la lingüística debido a la necesidad de contrarrestar la consolidación que, infortunadamente, ha logrado en el país el Instituto Lingüístico de Verano. Pero hay otros hechos más que abonarle a…p. 44
[22]luchas indígenas, lo llevaron a resaltar la importancia de la antropología como ciencia social aplicada, algo que, en realidad, como se mencionó, no enfatizaba la formación rivetiana (Pineda Giraldo 1999: 30). En este contexto, según el artículo 5 del Acuerdo 128, mediante el cual se creó dicho Instituto, se…p. 66
[26]la expedición se dividió en igual número de grupos (Perry 2006: 42). Siguiendo el modelo francés, el IEN funcionó articulado al Museo Arqueológico y Etnográfico. Los informes de campo eran consignados en la Revista del Instituto Etnológico N acional, dirigida inicialmente por Rivet;9 en esta etapa se 7 Wolfran…p. 15
18La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 161, 186, 2863 citas
[23]Silva, Rogerio Velásquez, Eginhard Menghius y Eduardo Unda, le escribieron una carta al entonces presidente de la República Lau - reano Gómez, pues como “desposeídos trabajadores de la cultura” 50 llevaban cinco meses sin recibir su sueldo, viéndose afectada en forma gravísima su economía familiar. Al comparar el…p. 286
[27]etnólogos han podido adelantar importantes investigaciones” 20. Incluso La Jornada se llegó a referir al hecho como una estrategia deplorable por parte de los conservadores, con estas palabras: Inmediatamente [después de sus declaraciones en Le Mond ], con una consecuencia y una lógica formal del tipo falange, el…p. 161
[28]las expediciones pusieron en juego, también se debe reconocer que a partir de ellas llegaron grandes contingentes de objetos al Museo, que era necesario almacenar y exhibir adecuadamente. Esto explica que, a partir de 1945, María Rosa de Recasens y Virginia de Pineda 27 entraran a apoyar a Ochoa y a Jiménez para…p. 186
19Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 331 cita
[24]on a tropical agriculture project he described as a “great whirlwind of work and commerce” involving a “brave people who live without preoccupation for the future.” 10 Although Reclus’s project failed and he returned to Europe empty-handed —to become the father of comparative geography—others followed his example and…p. 33
20Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 671 cita
[25]lingüística, etc., que hasta el momento habían estado en manos de simples aficionados, los cuales, en sus ratos libres, sin el bagaje académico apropiado, se convertían en “antropólogos”, “historiadores”… Los estudiantes de la Normal, por el contrario, cursaban todo un programa académico, familiarizándose con las…p. 67
21Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 961 cita
[29]y ancho del país, funcionando en su mayoría en construcciones que, si bien tie- nen una significación especial en la historia de las ciudades o simple- mente son lo suficientemente espa- ciosas para las labores museológicas, no fueron concebidas como museo. Sólo muy pocos museos funcionan en edificaciones diseñadas…p. 96
22La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 14, 782 citas
[30]dinero para adquirir objetos tan costosos. Por eso, puede decirse que el Museo del Oro también es, de cierta forma, un museo del olvido y de la historia muda de Colombia. Además, no deja de ser curioso, y un tanto contradictorio, que sea un banco el que haya tomado como propia la protección de estas piezas de oro: el…p. 14
[40]Sebastián Hoyos, miembro de la Academia de Historia de Antioquia. Leocadio siempre fue muy celoso de su colección. En 1877, el profesor Adolf Bastian, del Museo Etnográfico de Berlín, le pidió que le enviara un inventario de su colección, pero nunca lo recibió. También rechazó las invitaciones a llevarla a la…p. 78
23Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 1621 cita
[31]most of his life outside the coun - try? Because they painted tropical environments, vernacular themes that are actually everywhere: whores from Medellín, mulatto women from Buenaventura, Andean condors? Because the light of the tropics caught them, that defined their paintings? (But wasn’t that same light that led…p. 162
24Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 371 cita
[32]estudio de esta clase sería prácticamente imposible sin el auxilio de las colecciones del Banco de la República en Bogotá. Todos los que se dedican a esta clase de inves- tigaciones deben agradecimiento al Banco por el esfuerzo hecho en la acumulación de material para ellas, y por la generosidad con que facilita su…p. 37
25Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 2304 citas
[33]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[34]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[35]todo caso, sus conocimientos y estatus no solo se ceñían a lo técnico: parece claro que los orfebres dominaban códigos religiosos y simbólicos que les otorgarían una posición social especial. Cada ofrenda representa una única comisión, realizada ex profeso para un fin concreto, y siguiendo un precepto o encargo bien…p. 230
[36]todo caso, sus conocimientos y estatus no solo se ceñían a lo técnico: parece claro que los orfebres dominaban códigos religiosos y simbólicos que les otorgarían una posición social especial. Cada ofrenda representa una única comisión, realizada ex profeso para un fin concreto, y siguiendo un precepto o encargo bien…p. 230
26Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 481 cita
[37]embargo, por la misma época, la colonización antioqueña del Gran Caldas se hizo en gran parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo de las tumbas, fundiendo y atesorando estas piezas; algunos las conservarían formando las primeras…p. 48
27Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 50, 562 citas
[38]todas estas piezas no hu- bieran ido a parar a las conocidas casas de fundi- ción, donde inmediatamente las habrían convertido en lingotes, como tantas veces ha sucedido, y sobre todo teniendo en cuenta que agentes compradores de oro de estas compañías siempre hacían acto de presencia en los sitios de minería y en los…p. 56
[39]se ha dicho, un maravilloso ajuar funerario, verdadero tesoro de obras de arte, que durante siglos permaneció oculto como compañía de ultratumba de estos descono- cidos señores quimbayas. La existencia de tantas piezas de oro es un fiel testimonio del suntuoso y refinado sentido de los bienes materiales que tenían los…p. 50
28Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1071 cita
[43]medida ha dificultado el desarrollo de una antropología científica en el país. Aún subsisten dos aproximaciones a la historia nacional. Por un lado, los historiado- res investigan el pasado colonial y republicano; por otro, los antropólogos tienden a investigar el pasado indígena o las sociedades indígenas…p. 107
29De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 108, 1112 citas
[45]antipatía histórica que había entre estas dos agrupaciones. La Iglesia, desde luego, se había visto arrastrada hasta esta vorágine y por eso no sorprende que los edificios de la Igle- sia hubieran sufrido algunos de los daños más serios ocasionados por los distur- bios. A pesar de sus intentos de adoptar una posición…p. 108
[49]principal en el 9 de abril no fue exclusividad de la arquidiócesis de Bogotá. La de Medellín también adoptó esta actitud. El libro Historia de la arquidiócesis de Medellin establece. en la sección dedicada al 9 de abril, que «el 9 de abril fue una típica explosión comunista. ¿Quiénes más, ino los comunistas, serían…p. 111
30De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 108, 111, 1143 citas
[46]directo de la aguda antipatía histórica que había entre estas dos agrupaciones. La Iglesia, desde luego, se había visto arrastrada hasta esta vorágine y por eso no sorprende que los edificios de la Igle- sia hubieran sufrido algunos de los daños más serios ocasionados por los distur- bios. A pesar de sus intentos de…p. 108
[47]de todos los males en Colombia. Sin duda alguna, los ataques contra la Iglesia ocurridos en 1948 fueron evi- dentes; pero estos ataques fueron llevados a cabo, probablemente. por ciudadanos colombianos comunes y corriente y no por una banda misteriosa de comunistas internacionales agazapada en Bogotá. La Iglesia…p. 114
[50]había sido el factor principal en el 9 de abril no fue exclusividad de la arquidiócesis de Bogotá. La de Medellín también adoptó esta actitud. El libro Historia de la arquidiócesis de Medellin establece. en la sección dedicada al 9 de abril, que «el 9 de abril fue una típica explosión comunista. ¿Quiénes más, ino los…p. 111
31Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1771 cita
[48]April was that of social protest, of an uprising against hunger, speculation, and the high cost of living. Its goal was the punishment of commerce, whose most notorious symbols were located Page 82 downtown and whose representatives included a fair number of citizens with foreign names. Known generically in Colombia…p. 177