Idea transversal
Anticomunismo
El anticomunismo en Colombia fue un dispositivo ideológico, jurídico y militar que, forjado antes de que existiera un comunismo colombiano organizado, prestó legitimidad cultural y moral a formas sucesivas de violencia contra adversarios internos —campesinos, sindicalistas, gaitanistas, militantes de izquierda— durante casi un siglo.
Trayectoria de una idea
- 1915
Publicación del Catecismo político social
- 1928
Aprobación de la Ley Heroica
- 1948
Asesinato de Gaitán y despliegue de los chulavitas
- 1954
Ilegalización del Partido Comunista Colombiano
- 1962
Informe Yarborough y Plan Laso
- 1978
Decreto 1923: Estatuto de Seguridad
La lectura
El anticomunismo colombiano se distingue de sus equivalentes latinoamericanos por su profundidad temporal: nació como gramática cultural católica e hispánica décadas antes de que existiera un comunismo local organizado, lo que le confirió una elasticidad ideológica excepcional para nombrar como amenaza existencial a adversarios que a menudo no eran comunistas en ningún sentido riguroso. Su arquitectura descansó en tres pilares que se reforzaron mutuamente: la doctrina eclesial del orden social, el bipartidismo que redujo la disidencia a traición, y la Doctrina de Seguridad Nacional que le prestó lenguaje técnico y escala institucional. La complicidad del sistema judicial —jueces que absolvían a los Pájaros del Valle del Cauca ante pruebas fehacientes, militares con inmunidad especial bajo el Estatuto de Seguridad— revela que la violencia anticomunista no operó contra la ley sino a su sombra, como una función estructural del Estado. El resultado fue un dispositivo que convirtió la ciudadanía en una concesión revocable: quien protestaba era subvertido, quien era subvertido era cómplice, quien era cómplice era enemigo. Esa lógica, formalizada jurídicamente en 1978 y declarada inconstitucional en intentos posteriores como la Ley de Seguridad Nacional de 2001 y el Estatuto Antiterrorista de 2003, dejó una huella duradera en la cultura política colombiana que sobrevivió a los regímenes que la habían institucionalizado.
En Colombia, el anticomunismo fue mucho más que un capítulo local de la Guerra Fría. Antes de que existiera un comunismo colombiano digno de ese nombre, ya circulaban desde los púlpitos, los catecismos y los diarios conservadores las palabras que después servirían para nombrar al enemigo: subversivo, ateo, materialista, agente del desorden. Esa gramática ideológica —forjada en el catolicismo integrista de la Regeneración, en el hispanismo antimoderno y en la doctrina eclesial del orden social— antecedió al fenómeno que decía combatir y le sobrevivió con notable elasticidad. Durante casi un siglo prestó legitimidad cultural y moral a formas sucesivas de violencia contra adversarios internos que a menudo no eran comunistas en ningún sentido riguroso: campesinos sin tierra, sindicalistas, gaitanistas, militantes de la Unión Patriótica, defensores de derechos humanos. Entender el anticomunismo colombiano es, por tanto, entender el dispositivo por el cual una sociedad aprendió a nombrar como amenaza existencial a buena parte de su propio cuerpo social.
Una gramática antes que una doctrina
El anticomunismo colombiano nació antes que el comunismo colombiano. En 1915, cuando la Revolución de Octubre era todavía inimaginable y el país no tenía partido de izquierda organizado, Andrés Botero L. publicó en Medellín el Catecismo político social, un manual de preguntas y respuestas que enseñaba a los niños, con la misma cadencia con que aprendían el Padrenuestro, que el buen gobierno era el que protegía las creencias religiosas y que la disidencia frente a esa fórmula era, en última instancia, un pecado político. Durante las tres primeras décadas del siglo XX, la instrucción religiosa con contenido político circuló por colegios y hogares, tejiendo desde la niñez la equivalencia entre orden, catolicismo e hispanidad, y su reverso: liberalismo, modernidad extraña y desorden.
Esa ecuación tenía raíces doctrinales precisas. El conservatismo posterior a la Constitución de 1886 bebía del pensamiento católico e hispánico, y sus políticas se apoyaban en una concepción del hombre y de la sociedad radicalmente distinta a la liberal: una sociedad jerárquica sostenida por familia, Iglesia y Estado, cuya función principal era contener las pasiones antisociales del individuo suelto. Cuando en los años veinte apareció el fantasma del socialismo, esa arquitectura conceptual ya estaba lista para recibirlo: no era necesario inventar categorías nuevas, bastaba con colocar al nuevo enemigo en el mismo casillero donde llevaba décadas alojándose el liberalismo radical.
De ahí el temprano radicalismo de los Leopardos, el grupo conservador activo en los años veinte que buscaba que el partido retomara su doctrina tradicional y se recristianizara. Sus armas eran a la vez políticas y literarias; sus blancos, la masonería, el liberalismo y el socialismo. Se nutrían doctrinalmente de las encíclicas papales y acogían íntegramente la Quanta Cura (1864) de Pío IX y su Syllabus, ese catálogo de errores modernos que condenaba en bloque el liberalismo, el socialismo, el racionalismo y la separación entre Iglesia y Estado. En un país donde la jerarquía eclesiástica tenía un peso institucional excepcional, esa importación doctrinal no era una excentricidad intelectual: era el marco compartido por buena parte de la élite gobernante.
La Iglesia adelantándose al enemigo
Lo distintivo del caso colombiano es que la Iglesia construyó su discurso antisocialista antes de que el socialismo madurara en el país. Desde los púlpitos y las cartas pastorales, el "maldito socialismo" fue presentado como causa de la miseria obrera y del caos social —inversión notable, pues era precisamente esa miseria la que empezaba a producir agitación— y se llamó al Estado a usar mano dura contra sus supuestos portadores. La estrategia no fue solo discursiva. Entre 1920 y 1924, el catolicismo militante impulsó organizaciones obreras paralelas para disputarle a la izquierda incipiente el terreno del mundo del trabajo: en 1920 la jerarquía habló de crear la Unión Popular Católica de Colombia; en 1923 surgió en Medellín la Unión Conservadora de Obreros; en 1924, miembros de la asociación Soldados de Cristo atacaron en Bogotá las oficinas del periódico El Socialista. La Congregación de Obreros de San José, también en Medellín, completaba ese engranaje que combinaba caridad, encuadramiento y vigilancia.
La coronación jurídica de esa cruzada llegó en octubre de 1928 con la aprobación de una ley —conocida popularmente como Ley Heroica— que prohibía la formación de organizaciones populares y sindicales de oposición e impedía la difusión de ideas socialistas. Varios jerarcas católicos, entre ellos el arzobispo de Cartagena, enviaron telegramas de felicitación a los congresistas, expresando su respaldo al "partido del orden social" y equiparando socialismo y liberalismo con elementos subversivos. Era, en rigor, un marco jurídico altamente represivo que anticipaba en varias décadas la doctrina del enemigo interno: castigaba con condenas rápidas la organización obrera y la palabra socialista, y lo hacía en nombre de una defensa moral que la Iglesia bendecía. El país llegaría a la Gran Depresión y al ascenso del gaitanismo con ese cuerpo doctrinal ya endurecido.
La Violencia: exterminio con nombre de política
Cuando en 1946 el conservatismo recuperó la presidencia y comenzó lo que la historiografía llamaría La Violencia, el anticomunismo entró en su fase de laboratorio armado. El período, extendido aproximadamente hasta 1958, se caracterizó por una estrategia de exterminio contra sectores que luchaban por el cambio social, en un momento en que el movimiento gaitanista amenazaba con acceder al poder. Gaitán no era comunista —era un liberal populista con vocación reformista—, pero el rótulo funcionó igual: la lógica bipartidista, alimentada por el clero rural y por la prensa conservadora, redujo a un mismo campo enemigo al gaitanismo, al liberalismo radical, al comunismo real y a cualquier forma de organización campesina.
El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 desencadenó una represión sistemática apoyada en grupos de matones adscritos a la policía y al ejército conocidos como chulavitas, denominación que remitía a su origen geográfico en Boyacá. Su misión práctica fue liquidar liberales y librepensadores en las zonas rurales, y el clero local a menudo les indicó a quién había que temer y a quién había que castigar. En el Valle del Cauca operó una figura paralela y todavía más sombría, la de los Pájaros, matones conservadores que ejecutaban selectivamente a liberales con la complicidad de jueces y funcionarios que los absolvían aun ante pruebas fehacientes. Esa complicidad institucional —la puerta trasera del sistema penal— es un rasgo estructural del anticomunismo colombiano que se repetirá una y otra vez: la violencia no operaba contra la ley sino a su sombra, con jueces, alcaldes y comandantes de policía haciéndose los distraídos.
Frente al avance conservador, y ante la inminente victoria electoral de Laureano Gómez, el Partido Comunista Colombiano anunció en 1949 una política de autodefensa armada. Estableció enclaves campesinos en Viotá (Cundinamarca), en el Sumapaz —bajo Juan de la Cruz Varela— y en el sur del Tolima, con Jacobo Prías Alape, Charro Negro, a la cabeza. La respuesta oficial fue calificarlos de "repúblicas independientes", fórmula que resurgirá con fuerza en la década siguiente y servirá para justificar bombardeos y operaciones militares contra poblaciones civiles enteras. En 1954, ya bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, la Asamblea Constituyente ilegalizó al Partido Comunista, en parte como resultado de una creciente aceptación de las categorías internacionales de la Guerra Fría. La proscripción legal de un partido político por su ideología sería una anomalía en cualquier democracia; en Colombia formaba parte del continuum lógico que venía del Syllabus.
La Doctrina de Seguridad Nacional y la formalización del enemigo interno
Hasta ese momento, el anticomunismo colombiano era una gramática cultural con expresiones jurídicas y militares intermitentes. Fue la irrupción de la Doctrina de Seguridad Nacional, impulsada por Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría hemisférica, lo que le confirió a esa gramática un andamiaje institucional sistemático, un lenguaje técnico y una escala que antes no había tenido.
La doctrina contrainsurgente norteamericana desplazó el énfasis desde la guerra regular interestatal hacia la guerra irregular interna. Se nutrió de las experiencias coloniales francesas en Vietnam y Argelia, y se reelaboró en los años sesenta y setenta con base en las guerras de Vietnam, Filipinas, Malasia y Kenia. La Escuela de las Américas de Panamá fue uno de los canales de difusión hacia los cuerpos militares latinoamericanos. Su tesis central era simple y devastadora: el enemigo ya no era un ejército extranjero al otro lado de una frontera, sino un adversario invisible incrustado en la propia población, un enemigo interno, y por tanto la distinción entre combatiente y civil —piedra angular del derecho de guerra clásico— dejaba de ser operativa.
En Colombia esa doctrina encontró terreno ya arado. En el Batallón XXI Vargas de los Llanos Orientales se introdujo tempranamente la noción de enemigo interno y se estableció la distinción entre "población hostil" y "población simpatizante", una fórmula que invitaba a prescindir de la ciudadanía como categoría protectora para quienes se hubieran rebelado contra el gobierno y a librar contra ellos y sus simpatizantes una guerra sin cuartel. La modernización doctrinal externa se acopló sin fricciones con una tradición que ya trataba al disidente como adversario existencial, no como ciudadano equivocado.
La Alianza para el Progreso, lanzada por la administración Kennedy en 1961, se presentó públicamente como un programa de modernización, reforma agraria y desarrollo económico. Su dimensión contrainsurgente fue igual de central: buscaba fortalecer la legitimidad política y la capacidad militar de los gobiernos latinoamericanos frente a la amenaza comunista, y articulaba aspectos económicos, sociales, políticos, psicológicos, militares y de seguridad en un solo paquete estratégico. Walt W. Rostow, profesor del MIT y asesor de Seguridad Nacional de Kennedy, había establecido el nexo teórico en Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no-comunista (1960): todos los países atravesaban etapas sucesivas, y la del "despegue" era particularmente vulnerable a la subversión. La modernización, en esa lectura, no era una alternativa al anticomunismo sino su forma más sofisticada.
El engranaje colombiano se completó con el Plan Laso (1962–1966), que identificó la necesidad de acercar los militares a la población civil mediante la "acción cívico-militar" e influyó en las Fuerzas Armadas para que adoptaran la combinación de desarrollismo y anticomunismo como orientación estratégica. Ese mismo año, un anexo secreto al informe del general William Yarborough recomendó, con nitidez escalofriante, el desarrollo de una estructura civil y militar que ejecutara actividades paramilitares, de sabotaje y terroristas contra comunistas conocidos, con respaldo de Estados Unidos. Era la fórmula del paramilitarismo estatal escrita en un memorándum oficial, dos décadas antes de que el fenómeno explotara.
El Estatuto de Seguridad: el anticomunismo como derecho positivo
La proyección jurídica más acabada de la Doctrina de Seguridad Nacional en Colombia fue el Decreto 1923 de 1978, conocido como Estatuto de Seguridad, expedido durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala. Precedido por dos decretos de tono premonitorio —el 2578 de 1976, que otorgó a los mayores del ejército y a inspectores de policía la facultad de sancionar con multa a personas consideradas potencialmente criminales, y el 0070 de enero de 1978, que dio a militares y policías inmunidad criminal especial por homicidios cometidos durante ciertas operaciones—, el Estatuto llegó como un decreto de Estado de Sitio que concedía amplias facultades a las Fuerzas Armadas para el control del orden público.
Su texto era la traducción legal casi literal de la doctrina del enemigo interno. Establecía arresto inconmutable de hasta un año para quienes ocuparan transitoriamente lugares públicos con el fin de presionar decisiones de las autoridades, o distribuyeran propaganda subversiva, o fijaran escritos o dibujos considerados ultrajantes. La huelga, la manifestación, el mitin, el afiche —el repertorio elemental de la política democrática— quedaban expuestos a la sanción penal. Solo en Bogotá, y según admitiría después el propio Ministerio de Defensa, más de 5.000 personas fueron detenidas y torturadas por militares durante la vigencia del Estatuto. Estudiantes y profesores fueron detenidos, universidades enteras allanadas por el ejército bajo la acusación de vinculación con movimientos subversivos.
El Estatuto materializó una premisa central de la doctrina: bajo la lucha contrainsurgente, nadie podía ser neutral. Huelgas, manifestaciones y campañas electorales de ciertas orientaciones eran consideradas focos de conflicto y sujetos de control estatal. La ciudadanía dejaba de ser un derecho para volverse una concesión revocable en función de la lealtad al orden. Y detrás de todo, la vieja gramática seguía funcionando: quien protestaba era, por definición, un subvertido; quien era subvertido, un cómplice; quien era cómplice, un enemigo.
El desgaste político de esos años derivó, paradójicamente, en un momento de apertura. El gobierno de Belisario Betancur (1982–1986) llegó con la promesa de la paz, en medio de un Partido Liberal debilitado por los escándalos de violaciones de derechos humanos ocurridos bajo Turbay. Pero la apertura fue breve, y la infraestructura anticomunista construida durante la década anterior no se desmontó: cambió de forma.
El paramilitarismo como brazo armado
En el mismo lapso en que se debatía la política de paz, el anticomunismo colombiano encontró una figura nueva —o más bien la actualización armada de una vieja fórmula—: el paramilitarismo. En 1981, tras el secuestro de Marta Nieves Ochoa por el M-19 en noviembre, se creó el MAS (Muerte a Secuestradores). La investigación del Procurador General Carlos Jiménez Gómez, entregada en 1983, identificó a 163 personas involucradas en su fundación, de las cuales 59 eran militares en servicio activo. En sus orígenes participaron principalmente narcotraficantes del Cartel de Medellín. La convergencia era ya, desde el primer día, entre uniformados, capos y ganaderos.
El MAS, concebido inicialmente como respuesta a los secuestros, se convirtió rápidamente en denominación paraguas para grupos regionales que organizaban escuadrones anticomunistas clandestinos en distintas zonas del país. El Magdalena Medio se transformó, durante los años ochenta, en el laboratorio donde se articularon mandos militares, dirigentes políticos del bipartidismo, líderes paramilitares, narcotraficantes y grandes empresas nacionales y extranjeras en una cruzada anticomunista que combinó estrategias de tierra arrasada con despojo masivo de tierras. La lógica era doble y hay que nombrarla con precisión: se mataba al campesino no solo por presunto guerrillero, sino para arrebatarle sus propiedades. La ideología prestaba el rótulo; la codicia recogía las escrituras.
Fidel Castaño relataría años después que el mayor Alejandro Álvarez Henao, en Segovia, había jugado un papel en el inicio de las autodefensas regionales y en su propia formación en la lucha antiinsurgente. Ese microorigen —un mayor del ejército, un hacendado joven, una región convulsa— se repitió en decenas de puntos del país. En Córdoba y Urabá, la violencia paramilitar amparada como lucha antisubversiva fue sistemática y letal contra organizaciones sociales, sindicalistas, maestros, movimiento campesino, comunidades indígenas y afrodescendientes, e incluso contra personas con orientaciones sexuales no normativas. La lista de blancos revela con crudeza el rasgo definitorio del anticomunismo en su fase paramilitar: el enemigo era todo aquello que el orden hegemónico no reconocía como propio.
En los años noventa, las Convivir, cooperativas de vigilancia y seguridad rural creadas con autorización estatal, fueron aprovechadas por las estructuras paramilitares para superar sus problemas de coordinación y darle fundamento legal a su accionar. Junto con las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, lideradas por la Casa Castaño, constituyeron el preámbulo de las Autodefensas Unidas de Colombia. El apoyo de sectores de las fuerzas armadas al paramilitarismo fue sistemático, en el marco de una doctrina que llevaba a identificar a la población civil —especialmente a los campesinos— como base de apoyo guerrillero. La franquicia anticomunista, más que una consigna, era ya un modelo de negocio con cobertura ideológica.
El genocidio de la Unión Patriótica
Ningún episodio revela con mayor claridad el desfase entre la retórica anticomunista y su blanco real que el exterminio de la Unión Patriótica. Nacida en 1985 como fruto de los diálogos entre el gobierno Betancur y las FARC, la UP fue concebida como un frente amplio que permitiría el tránsito de la insurgencia a la política legal. Desde su nacimiento fue identificada por una parte del estamento castrense como el enemigo interno, ignorando de manera deliberada su naturaleza civil y su vocación democrática.
Entre 1984 y 2002 fueron asesinados miles de sus militantes, candidatos, alcaldes, congresistas y simpatizantes. La cifra convirtió al fenómeno en genocidio político: la aniquilación sistemática de un colectivo por su pertenencia ideológica. La lógica que lo hizo posible es la misma que venimos siguiendo: la identidad institucional anticomunista y contrainsurgente de las Fuerzas Militares, alineada con la Doctrina de Seguridad Nacional, había producido identidades excluyentes y formas de combate para la guerra irregular que borraban la distinción entre insurgente y opositor legal. Bastó con que un partido pudiera ser vinculado —así fuera indirectamente— a una guerrilla activa para que sus miembros fueran tratados como combatientes disfrazados de civiles. La militancia política pasó a ser, en la práctica, una condena diferida.
La extensión de la lógica no se detuvo en la UP. Defensores de derechos humanos, abogados y miembros de ONG que investigaban violaciones cometidas por agentes del Estado fueron señalados —incluso por altas autoridades y servicios de inteligencia— de ser parte de la subversión. Entre las víctimas de desaparición forzada del período 1970–1981 sobre las que existe información ocupacional, el grupo más afectado fue el de los campesinos, con dos tercios del total, seguidos por obreros y empleados. La estadística devuelve al terreno el rostro material del anticomunismo: un dispositivo dirigido, en su mayor parte, contra pobres del campo cuya militancia real, cuando existía, se agotaba en juntas de acción comunal, ligas agrarias o sindicatos bananeros.
Estigma, protesta y control social
El anticomunismo colombiano funcionó, en toda su historia, como una máquina de estigmatización. Bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, los organismos militares adoptaron tesis que identificaban al comunismo y a las organizaciones de izquierda como enemigo interno, desdibujando la distinción entre actividad política legal y subversión armada. Huelgas, manifestaciones y campañas electorales de ciertas orientaciones eran leídas como focos de conflicto. El estigma de "comunista" o de "repúblicas independientes" se aplicó a territorios y a poblaciones civiles enteras consideradas base social de las guerrillas, y sirvió de justificación para nuevas acciones militares en su contra.
La práctica de asesinar campesinos y luego cambiarles la ropa civil por prendas militares, ponerles un arma al lado y fotografiarlos existía en el ejército ya en los años sesenta como mecanismo de descalificación destinado a aislar a las víctimas de la sociedad y a evitar protestas por su muerte. La memoria del país reconocería décadas después una versión más masiva del mismo procedimiento bajo el nombre de falsos positivos, pero la matriz —convertir al muerto en enemigo para justificar retroactivamente su asesinato— era vieja.
En 2001 se aprobó la Ley de Seguridad Nacional, y en 2003 el Estatuto Antiterrorista. Ambas normas, declaradas inconstitucionales por la Corte Constitucional, se apoyaban en la doctrina del enemigo interno e incluían la suspensión de derechos y la criminalización de la protesta social. Su declaratoria de inconstitucionalidad no impidió que su espíritu persistiera en la práctica política. Una observación de época capturaba la profundidad del reflejo: en Colombia persistía la tendencia a rechazar tesis por el solo hecho de ser agitadas por comunistas, en lugar de examinar su veracidad. El anticomunismo no era solo una política; era un modo de pensar que impedía el debate.
Del 11-S al enemigo terrorista
La política de Seguridad Democrática del gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002–2010) representó la mutación más reciente de esa gramática. Uribe se negó a reconocer la naturaleza política de las guerrillas y las calificó de "terroristas", rechazando negociar sin cese al fuego unilateral previo. Buscó apoyo político y militar en la administración de George W. Bush, cuya ala más dura mostró afinidad con esa postura. El clima internacional posterior al 11 de septiembre de 2001 facilitó la traducción del viejo lenguaje anticomunista al idioma nuevo del antiterrorismo global, sin necesidad de sustituir sus operaciones concretas: cambiaba el rótulo, se conservaba el dispositivo.
El término "narcoguerrilla", atribuido en algún momento a un embajador estadounidense, sirvió para articular en una sola figura la vieja amenaza subversiva y la nueva emergencia del narcotráfico, borrando de paso cualquier consideración sobre motivación política. Durante los años de la Seguridad Democrática, el gobierno subsumió los temas de derechos humanos y de derecho internacional humanitario en su política de seguridad. En 2003, Uribe acusó a activistas de derechos humanos de ser selectivos en sus principios y de facilitar el terrorismo; en junio de 2004 afirmó que no denunciar a Amnistía Internacional había permitido que esta "legitimara el terrorismo internacionalmente". La estigmatización presidencial de defensores de derechos humanos operó como una autorización pública para el hostigamiento y la persecución.
En paralelo, el aparato de inteligencia del Estado se articuló con las estructuras paramilitares. Jorge Noguera Cote, director del DAS nombrado por Uribe, habría entregado datos secretos y listas de sindicalistas y opositores al comandante paramilitar Jorge 40 para su exterminio, mientras el jefe de informática de la entidad, Rafael García Torres, borraba expedientes de narcoparamilitares. La política de Seguridad Democrática involucró, por primera vez, todo el aparato estatal —no solo las fuerzas militares— en el combate a los grupos armados ilegales; el problema es que la categoría de amenaza incluía, en la práctica, a opositores legales, magistrados, periodistas y sindicalistas. La doctrina del enemigo interno regresaba en su versión más ambiciosa: no un partido, no una región, sino toda una sociedad puesta bajo sospecha.
Una herencia larga
Trazar la línea de casi un siglo del anticomunismo colombiano —del Catecismo político social de 1915 al Estatuto Antiterrorista de 2003— es asistir a la persistencia de una misma gramática bajo lenguajes sucesivos. La estructura de larga duración es católica, hispanista y contrarrevolucionaria; su función es dividir la sociedad entre orden y desorden, entre nación y anti-nación, y proveer justificación moral para la violencia contra quienes ocupen el segundo casillero. Sobre esa base autóctona operaron los grandes injertos externos: la doctrina contrainsurgente estadounidense, la Escuela de las Américas, la Alianza para el Progreso, el Plan Laso, el informe Yarborough. Sin ese andamiaje internacional, la maquinaria represiva colombiana no habría alcanzado la sistematicidad y la escala que tuvo. Sin la gramática local, el andamiaje habría carecido de legitimidad cultural y de cuadros dispuestos a implementarlo con convicción.
De ese ensamblaje resultó una violencia que desbordó con creces cualquier amenaza comunista real. El Partido Comunista Colombiano nunca fue una fuerza electoral significativa, y las guerrillas más grandes del continente occidental —las FARC, el ELN— nunca estuvieron cerca de tomar el poder. Sin embargo, el país produjo un genocidio político, decenas de miles de desaparecidos, millones de desplazados, una legislación de excepción crónica y una infraestructura paramilitar que se convirtió en actor autónomo del conflicto. La desproporción entre la amenaza declarada y la respuesta producida es, quizá, el dato más elocuente. El anticomunismo colombiano no fue una defensa contra un peligro real; fue una forma de gobernar la sociedad, de contener sus demandas de cambio, de acumular tierra y poder, y de disciplinar a quienes se atrevieran a imaginar un orden distinto. Su vigencia se mide menos por la supervivencia de sus consignas explícitas que por la persistencia de sus operaciones —el estigma, la desconfianza institucional hacia la protesta, la sospecha estructural sobre el disidente— en la cultura política colombiana del siglo XXI.
En el archivo
102 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Regeneración1886–19294
02República Liberal1930–194614
- 1926Bolchevización del PSR y fundación del Partido Comunista ColombianoHecho
- 1930Internacional ComunistaFicha
- 1930Luis VidalesFicha
- 1933Sindicalismo confesional católico: UTRAN, FANAL y génesis de la UTC (1933–1946)Hecho
- 1935Congreso Eucarístico de Medellín de 1935Hecho
- 1935Erasmo ValenciaFicha
- 1936Frente PopularFicha
- 1936Ismael Perdomo BorreroFicha
- 1936La Iglesia colombiana entre la República Liberal y la Violencia (1930–1942)Pregunta
- 1936La Revolución en Marcha (1934-1938)Pregunta
- 1938Gerardo Molina RamírezFicha
- 1938Silvio VillegasFicha
- 1940Débora Arango PérezFicha
- 1944El golpe de Pasto de 1944Hecho
03La Violencia1946–195729
- 1947Persecución sistemática de protestantes durante La ViolenciaHecho
- 1948Contracción de la etnología estatal y ascenso del Museo del Oro (1948–1952)Hecho
- 1948Huelga de la USO de 1948 y creación de Ecopetrol (1948–1951)Hecho
- 1948Jorge Eliécer Gaitán y el populismo colombiano truncadoPregunta
- 1948Jorge Zalamea BordaFicha
- 1948Juan Roa SierraFicha
- 1948La Violencia bipartidista rural y los chulavitas (1948–1953)Hecho
- 1949Cierre del Congreso y elección de Laureano Gómez (1949–1950)Hecho
- 1949Guerrillas del Llano y autodefensas comunistas del Tolima (1949–1955)Hecho
- 1949Guerrillas liberales y autodefensas campesinas (1949–1953)Hecho
- 1949Intento fallido de golpe parlamentario liberal de noviembre de 1949Hecho
- 1949Jacobo Prías AlapeFicha
- 1949Los pájaros y el terror conservador en el Valle del Cauca (1949–1957)Hecho
- 1949Misión Currie y Batallón Colombia en Corea (1949–1954)Hecho
- 1950León María LozanoFicha
- 1950Miguel Ángel BuilesFicha
- 1950PájarosFicha
- 1951El Batallón Colombia en Corea (1951-1954)Pregunta
- 1951Escisión entre 'limpios' y 'comunes' en El Davis (1951–1953)Hecho
- 1951Proyecto de reforma constitucional corporativista de Laureano Gómez (1952–1953)Hecho
- 1952Gerardo Loaiza AldanaFicha
- 1952Isauro YosaFicha
- 1952Roberto Urdaneta ArbeláezFicha
- 1953Crisanto Luque SánchezFicha
- 1953Gilberto Alzate AvendañoFicha
- 1954El sufragio femenino en Colombia (1954)Pregunta
- 1954Guerra de Villarrica y Columnas de Marcha (1954–1955)Hecho
- 1954Lucio Pabón NúñezFicha
- 1955Mito: censura y resistencia cultural bajo la dictadura de Rojas PinillaHecho
04Frente Nacional1958–197418
- 1961Alianza para el ProgresoFicha
- 1961John F. KennedyFicha
- 1961Repúblicas independientesFicha
- 1962Doctrina de Seguridad Nacional y contrainsurgencia en Colombia (1962–1966)Hecho
- 1962El Instituto Lingüístico de Verano en territorios indígenas colombianos (1962-1980)Hecho
- 1962La Violencia en Colombia (1962–1964)Hecho
- 1962Misión Yarborough y el anexo secreto sobre operaciones paramilitares (1962)Hecho
- 1962Plan Lazo y contrainsurgencia territorial diferenciadaHecho
- 1962William YarboroughFicha
- 1964Alberto Ruiz NovoaFicha
- 1964Álvaro Valencia TovarFicha
- 1964Guillermo León ValenciaFicha
- 1964Las guerrillas colombianas y el Frente NacionalPregunta
- 1964Operación Marquetalia y el nacimiento de las guerrillas (FARC, ELN, EPL)Hecho
- 1965Cristianismo radical y teología de la liberación en Colombia (1965–1968)Hecho
- 1965Decreto 3398 de 1965 y Ley 48 de 1968: andamiaje jurídico de la autodefensa armadaHecho
- 1966Camilo Torres RestrepoPregunta
- 1968Alfonso López TrujilloFicha
05Crisis y narcotráfico1974–199013
- 1972Cierre del programa de Sociología de la Universidad JaverianaHecho
- 1982Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez (1982)Hecho
- 1984Fernando Landazábal ReyesFicha
- 1984Pablo Emilio Guarín VeraFicha
- 1985Jesús Armando Arias CabralesFicha
- 1985Puerto BoyacáFicha
- 1986Genocidio de la Unión PatrióticaHecho
- 1986Gonzalo Rodríguez GachaFicha
- 1986Guerra sucia contra la UP y los defensores de derechos humanos (1986–1990)Hecho
- 1986Unión PatrióticaFicha
- 1987Héctor Abad GómezFicha
- 1987Jaime Pardo LealFicha
- 1990Bernardo Jaramillo OssaFicha
06Constitución de 19911991–20022
07Seguridad Democrática2002–20161
08Transversal—20
- 1823Doctrina MonroeFicha
- 1823Estados UnidosFicha
- 1886Exclusión políticaFicha
- 1886La Regeneración como matriz penal-excepcional de larga duraciónPregunta
- 1903Washington en la historia de ColombiaFicha
- 1928SindicalismoFicha
- 1938Lázaro Cárdenas del RíoFicha
- 1948Guerra FríaFicha
- 1949Lauchlin CurrieFicha
- 1950Laureano GómezFicha
- 1957Álvaro Gómez HurtadoFicha
- 1959Fidel CastroFicha
- 1961Combinación de formas de luchaFicha
- 1962Doctrina de Seguridad NacionalFicha
- 1965Doctrina contrainsurgenteFicha
- 1975Democracia paramilitar vs. dictadura: la Doctrina de Seguridad Nacional en Colombia y el Cono SurPregunta
- 1975Enemigo internoFicha
- 1990El exterminio de la Unión Patriótica (1984–2005)Pregunta
- 1993Genocidio políticoFicha
- 2000EstigmatizaciónFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Laureano Gómez: líder conservador cuya inminente victoria electoral en 1949 llevó al Partido Comunista a declarar una política de autodefensa armada, y bajo cuyo gobierno se intensificó la violencia anticomunista durante La Violencia.
- 02Julio César Turbay Ayala: presidente que promulgó el Decreto 1923 de 1978 (Estatuto de Seguridad), la instrumentalización jurídica más sistemática de la Doctrina de Seguridad Nacional en Colombia.
- 03Jorge Eliécer Gaitán: líder liberal populista cuyo asesinato en 1948 desencadenó la represión sistemática de los chulavitas; su movimiento fue estigmatizado como comunista pese a no serlo en ningún sentido riguroso.
- 04Doctrina de Seguridad Nacional: marco conceptual impulsado por Estados Unidos que formalizó la noción de enemigo interno, acopló la tradición anticomunista colombiana a un andamiaje institucional sistemático y justificó detenciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales.
- 05Iglesia Católica colombiana: actor central en la construcción del discurso antisocialista antes de que el socialismo madurara en el país, impulsora de organizaciones obreras paralelas y respaldadora jurídica de la Ley Heroica de 1928.
- 06Sumapaz y Viotá: territorios donde el Partido Comunista estableció enclaves de autodefensa armada desde 1949, posteriormente estigmatizados como repúblicas independientes para justificar operaciones militares contra población civil.
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
47 documentos · 60 fragmentos
01De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 651 cita
[1]parroquia que no tiene familia, pero ULTRAJNTOLERANCLA 66 En Colombia, durante los primeros treinta años del siglo xx, los estudiantes recibían instrucción religiosa en el colegio, y con frecuencia en la misma casa. Una rápida mirada a un texto de catecismo para niños del período en consideración ayu- dará a reforzar…
p. 65
02De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 651 cita
[2]familia, pero ULTRAJNTOLERANCLA 66 En Colombia, durante los primeros treinta años del siglo xx, los estudiantes recibían instrucción religiosa en el colegio, y con frecuencia en la misma casa. Una rápida mirada a un texto de catecismo para niños del período en consideración ayu- dará a reforzar los argumentos…
p. 65
03Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 351 cita
[3]for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…
p. 35
04Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 591 cita
[4]u otro punto programático y doctrinario, aunque siempre buscaban mantener a su colectividad al comando del Estado. Tal era el caso de aquella que se expresaba en el periódico El Nuevo Tiempo y en la revista El Gráfico y que se hizo conocer con el nombre de los Leopardos. Conformada por jóvenes que comenzaban a dar sus…
p. 59
05Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 2411 cita
[5]anti-socialista antes que madurara propiamente el socialismo. La Iglesia Católica fue pieza central en la creación de esa ideología. El 'maldito socialismo', según los círculos clericales, sembraba la miseria al lanzar a los obreros a la huelga, y contribuía a crear el caos en el país. Por eso, estos grupos llamaban…
p. 241
06El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 39, 1544 citas
[6]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
p. 39
[7]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
p. 39
[8]y su posición anticomunista. El padre veía a la guerrilla y le decía a la gente: “¡Ojo, que son ateos! Un comunista es un aliado del diablo, del mismo Satanás”. 13 Así, durante los años ochenta, tras la estela de muerte que dejaba la cruzada anticomunista, mandos militares, dirigentes polí- ticos del bipartidismo,…
p. 154
[9]y su posición anticomunista. El padre veía a la guerrilla y le decía a la gente: “¡Ojo, que son ateos! Un comunista es un aliado del diablo, del mismo Satanás”. 13 Así, durante los años ochenta, tras la estela de muerte que dejaba la cruzada anticomunista, mandos militares, dirigentes polí- ticos del bipartidismo,…
p. 154
07"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 23, 252 citas
[10]en Colombia a. e jecuciones como expresión de “L a v io L encia ” y L a d octrina de s eguridad n aciona L, 1946-1988 El año de 1946 ha sido definido por parte de los historiadores modernos como el año en que se origina en Colombia un conflicto violento ininterrumpido hasta el día de hoy, en el que la violencia contra…
p. 23
[32]6; “De los fines del Estado” (Boletín de Estrategia 001), en el mismo ejemplar, pp. 79 a 82; “Organización básica de la defensa nacional”, (Boletín estratégico 002), en Nº. 89, mayo-junio-julio-agosto 1978, Vol. XXX, pp. 227 a 236; “Generalidades sobre seguridad nacional”, (Editorial), en No.96,…
p. 25
08Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2211 cita
[11]destajo q ue li q uidaban sel ectivamen te lib eral es des d e J> alm ira hasta A rm enia, y El P aís, más recatado y oligarca. E l au togol pe de Os pina y la decla ratoria de abstención li be ral de fin es de 1949, a br ie ron lo q ue a quí he mo s ll a mad o un a segu n- da eta pa qu e, po r m ome nt os, pareció…
p. 221
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 531 cita
[12]guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…
p. 53
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 cita
[13]que llegaban hasta en pencas de mata de fique y daban plazos para abandonar los territorios. Estas acciones fueron resultado de una combinación de miedo, ánimo de venganza y fanatismo religioso, que fueron instrumentalizados desde la dirección del Partido Conservador. Bajo esta lógica de violencia, varios lugares en…
p. 48
11La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 66, 672 citas
[14]habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la luz de orientaciones centrales era…
p. 66
[15]Pero la entrega de los hombres que habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la…
p. 67
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[16]par- tidista, electoral e ideológica, buscando, sobre todo, ejercer presión mediante el terror, no sólo contra liberales, sino contra todo aquello que a los ojos de los dirigentes conservadores, estaba en contra del orden, las instituciones, la nación y la Iglesia». Betancourt y García, Matones y Cuadrilleros. Origen…
p. 51
13When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 1603 citas
[17]Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…
p. 160
[18]Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…
p. 160
[19]Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…
p. 160
14Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1011 cita
[20]como lo habían hecho muchos de los dirigentes de las guerrillas liberales que se habían dejado atraer por la euforia de los primeros meses del gobierno militar, cuando se anunciaba la suspensión de toda forma de persecución basada en razones políticas, y cuando se ofrecieron indultos y amnistías a los guerrilleros que…
p. 101
15Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 481 cita
[21]cual se inició un reclutamien- to exclusivo de conservadores y se comenzó a protestar contra las formas “convencionales” de lucha antiguerrillera, introduciendo, a través de varias publicaciones ideológicas y de principios, la no- ción y la práctica del ‘enemigo interno’. Uno de los primeros comandantes del Batallón…
p. 48
16Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 511 cita
[22]comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…
p. 51
17Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7811 cita
[23]amnis- tiado, Jacobo Prías Alape era miembro del Comité Central del Partido Comunista Colombiano. El contexto de ocurrencia de estos hechos, que se enmarcan en un proceso de pacificación violenta, fue descrito en una entrevista tomada por la Comisión: «Charro Negro era un indígena de aquí del sur del Tolima, era…
p. 781
18Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 65, 74, 953 citas
[24]la invasión a Cuba en 1960. Reelaborar la doctrina fue todavía más apremiante después de aquel fiasco. La doctrina de la contrainsurgencia quitaba todo énfasis a la guerra re- gular interestatal poniéndolo en la guerra irregular interna. En esta direc- ción, había que fortalecer unidades operativas orientadas por una…
p. 74
[37]el trasfondo de la guerrilla del e pl, pavimentaría el camino al paramilitarísmo (Romero, 2003, pp. 128-155). La cara antiliberal de la Alianza era la doctrina contrainsurgente elabor a da por diferentes agencias del gobierno estadounidense con el objetivo de for talecer la legitimidad política y la capacidad militar…
p. 65
[53]con la cual se descalifica, se aísla de la sociedad a las personas que se quiere asesinar, para que no haya protestas por su muerte. Pero ya está de moda en el ejército obligar a los soldados a asesinar a los campesinos, cambiarles su ropa civil por prendas mili- tares, sus alpargatas por tenis, ponerle un arma al…
p. 95
19Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 1951 cita
[25]militar alineada con la política militar nortea- mericana y iii) la reapropiación de la Doctrina de Seguridad Na- cional suramericana (Leal, 2006, páginas 55-61). De esta forma, se dio una reconfiguración de un modelo de fuerza para la Defensa Nacional a uno de Seguridad Nacional (Rueda, 1997), que derivó en la…
p. 195
20El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 491 cita
[26]partido conservador. Colombia Nunca Más. Cimitarra. www.dere- chos.org/nizkor/colombia. 178 Voz. Marzo 16 de 1978. 179 Vanguardia Liberal Agosto 28 de 1981. 96 Capítulo 2 97 El orden desarmado La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) tuvo efectos bastante negativos para la…
p. 49
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 611 cita
[27]GINI para Bogotá y la Región», 11-12. 118 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 337. 119 Misas Arango, Regímenes de acumulación y modos de regulación: Colombia 1910-2010, 62. 120 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 90. 121 Helg, La educación en Colombia: 1918-1957. Una historia social, económica y…
p. 61
22Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 461 cita
[28]provided by the United States. 16 The light aircraft that Yarborough recommended for the Colombian Air Force were “Helio Couriers,” a lightweight plane used extensively by the cia in operations at that time in Africa and Indochina. The U.S. State Depart - ment had already recommended in 1960 that the Colombian…
p. 46
23Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 28, 324 citas
[29]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…
p. 32
[30]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…
p. 32
[42]de las pruebas de las personas asesinadas, generando terror en el conjunto de la población e imposibilitando el proceso de duelo de los familiares. 29 Elementos p a ra una g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia En suma, la línea de interpretación anterior nos posibilita ampliar la reflexión a la hora de…
p. 28
[43]de las pruebas de las personas asesinadas, generando terror en el conjunto de la población e imposibilitando el proceso de duelo de los familiares. 29 Elementos p a ra una g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia En suma, la línea de interpretación anterior nos posibilita ampliar la reflexión a la hora de…
p. 28
24La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2721 cita
[31]miembros de las fuerzas armadas. En 1976, fue expedido el decreto 2578, que le concedía a los mayores del ejército y a inspectores de policía la facultad de sancionar con una multa a personas consideradas potencialmente criminales. El segundo decreto fue el 0070, promulgado en enero de 1978 que concedía a miembros de…
p. 272
25Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 571 cita
[33]o en contra de la nación, nunca neutrales, dada la visión que se hacía a través del prisma de la lucha contrainsurgente. En ese sentido, las huelgas, la manifestación social y las campañas electorales de ciertas condiciones eran consideradas como focos de con fl ictos y, por ende, sujetos de control estatal 64. La in…
p. 57
26Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3181 cita
[34]armas para derrocar al Gobierno Nacional, legalmente constituido, o par a cambiar o suspender en todo o en parte el régimen constitucional existente, en lo que se refiera a la formación, funcionamiento o renovación de los Poderes Públicos u órganos de la soberanía, quedarán sujetos a prisión de seis meses a cuatro…
p. 318
27Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3941 cita
[35]esa categoría de la narcoguerrilla la acuñó un embajador de Estados Unidos. Más ade - lante, y en un contexto de agudización del conflicto armado, en el año 2000 y en los siguientes estas concepciones estuvieron en la base de intentos de reformas para validar la persecución con atribuciones de orden público para las…
p. 394
28Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1481 cita
[36]tradición antimilitarista en la que el Ejército desempeña un papel históricamente muy débil. 9 De esa manera lo explica el historiador Fernando Guillén: Al contrario de lo que ocurre en algunos otros países latinoamericanos […] los militares colombianos de carrera no encontraron en su profesión canales de ascenso…
p. 148
29Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 341 cita
[38]Jorge Eliécer Gaitán y por los disturbios al orden público que le siguieron, se observó el enfrenta- miento de intereses entre Estados Unidos y los países situados al sur del río Grande: para éstos, el punto prin- cipal en la agenda de las relaciones era el económico, mientras para aquél era el de defensa. La América…
p. 34
30Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 651 cita
[39]ties formed the basis of broader bilateral cooperation during the 1950s, but only after the two countries passed through the tumultuous postwar era. 2 Old Problems, New Possibilities, 1945–1950 The Ninth International Conference of American States opened in Bogotá on 30 March 1948. Diplomats gathered to form the…
p. 65
31Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[40]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
p. 1
[41]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
p. 1
32Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 641 cita
[44]de Puerto Boyacá, así como con figuras de la historia del paramilitarismo como Henry Pérez y Gon- zalo Rodríguez Gacha (CNMH, 2019), que con el grupo identificado por la sigla MAS o Muerte a Secuestradores, creado en 1981 por miembros de las mafias del narcotráfico. 16 La contribución realizada por un exintegrante del…
p. 64
33Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 871 cita
[45]y fincas ganaderas. El surgimiento del movimiento Muerte a Secuestradores (MAS) en 1981 marca un hito en la evolución del con- flicto en Colombia, llevando el antagonisn1o social a mayores niveles de violencia. En noviembre 1981, el M-19 (una organización guerrillera des- movilizada en 1990) secuestró a Marta Nieves…
p. 87
34Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 1761 cita
[46]crónica «Los muertos fuimos cinco», en la que entrevista a Esmar Agudelo, un joven que se salvó de milagro después de que le arrancaran casi de cuajo los brazos y le tajaran el cuello con un machete. 63 La investigación de la Procuraduría de 1983 encontró que 59 militares siguieron con disciplina la orden de conformar…
p. 176
35Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1201 cita
[47]as Muerte a Secuestradores (MAS, Death to Kidnappers) which was founded in 1981, dedicated themselves to protecting large landowners and the drug car- tels from guerrilla extortion, kidnapping, and assassinations (International Crisis Group, ICG, 2002, 4). MAS also engaged in numerous assassinations of representatives…
p. 120
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 861 cita
[48](Acdegam) en 1982 187 y las autodefensas de la Casa Castaño en Córdoba y Urabá a mediados de la década de 1980. Otros grupos de seguridad privada ilegal se armaron en el suroeste, norte, nordeste, Bajo Cauca y Oriente antioqueño. La primera generación paramilitar del norte de Antioquia y el sur de Córdoba siguió el…
p. 86
37Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 731 cita
[49]Tierras y territorios en las versiones de los paramilitares (CNMH, 2012c), Romero (1995 y 2003), Dun- can (2006) y Ronderos (2104) resaltan cómo la denominada Casa Castaño fue central en la transición entre la primera generación y la segunda generación paramilitar, mediante la conformación de las ACCU, a mediados de…
p. 73
38La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1241 cita
[50]dirigentes y militantes en el exilio. 189 Entrevista 001-VI-00016. Exalcaldesa de Segovia miembro de la Unión Patriótica, exiliada en Europa. 190 Informe 748-CI-00560. «Banderas rojas en vuelo libertario» 191 Entrevista 476-VI-00002. Activista estudiantil del Movimiento Mais y Colombia Humana, exiliada en Europa desde…
p. 124
39Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 951 cita
[51]región de Urabá, el Alto Sinú y San Jorge, o las FARC en el Magdalena Me- dio, el Ariari-Guayabero y el Caguán en donde además la perse- cución se centró en los militantes políticos del Partido Comunista que convergían en la UNO (Unión Nacional de Oposición). En relación con el per fi l de las víctimas, el 93, 8 por…
p. 95
4025 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1941 cita
[52]las manifestaciones pero, de paso, creando un nuevo motivo de protes- ta: el exceso de Violencia que dejaba detenidos. y en ocasiones muertos, aunque, a veces, los autores de los disparos fueron sujetos privados o agentes de:segurtdad del Estado vestidos de civil. Así aparecieron dwante los años que conforman el…
p. 194
41Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 1651 cita
[54]has begun to build. According to Amnesty International (2006), “All the parties to the conflict continue to show grave disregard for human rights.” Moreover, the notion of human rights is generally politicized (Restrepo 2001). This situation con- tinues into the presidency of Uribe, who in 2003 criticized many human…
p. 165
42La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 3481 cita
[55]al pueblo, que no discrimina, pero sí recuerda que se le ha dicho: " Existen vinculaciones entre la violencia y la formación de una camarilla de oligarquía dentro de la industria como una "nueva clase", empeñada en hacer capital sobre todo a base de control desaforado y excluyente de las palancas de poder " (9). (9)…
p. 348
43Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1861 cita
[56]y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…
p. 186
44At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2951 cita
[57]fi ce, Uribe openly refused to accept the political nature of the guerrillas, instead calling them “ terrorists ” and “ dragons ” and refusing to negotiate without a unilateral cease- fi re. 91 Aiming to further beef up Colombia ’ s armed forces, Uribe looked to Washington for political and military support from the…
p. 295
45Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1821 cita
[58]las dos administraciones de Álvaro Página 182 Uribe se deben en gran parte al proceso de modernización y trasformación que él inició en 1999, aunque otros opinan que estos logros se deben exclusivamente a la administración Uribe. Aquí la respuesta es que fue un proceso de transformación del aparato militar que si bien…
p. 182
46Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1501 cita
[59]Inteligencia, DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), Uribe nombro a su amigo Jorge Noguera Cote, amigo este mismo del sanguinario cabecilla narcoparamilitar Rodrigo Tovar Pupo alias 'Jorge 40', y a quien Noguera entregaba datos secretos y daba listas de sindicalistas y opositores del gobierno para ser…
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47Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1501 cita
[60]Inteligencia, DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), Uribe nombro a su amigo Jorge Noguera Cote, amigo este mismo del sanguinario cabecilla narcoparamilitar Rodrigo Tovar Pupo alias 'Jorge 40', y a quien Noguera entregaba datos secretos y daba listas de sindicalistas y opositores del gobierno para ser…
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