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Biografía

León María Lozano

La Violencia

17 min de lectura27 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoAsesinado en Pereira, donde se había refugiado; su cuerpo fue hallado cerca de su casa en la Calle 14 entre carreras 4a y 5a. Las fuentes no especifican el año del crimen.
RolesJefe de los Pájaros, red de sicarios conservadores del norte del Valle del Cauca · Operador civil del terror político conservador durante La Violencia
Lugar principalColombia
Período históricoLa Violencia1946–1957
03

La biografía

En Tuluá, entre 1948 y 1957, un hombre menudo, católico ferviente y vendedor de quesos dirigió sin uniforme ni cargo público la red de asesinos políticos más eficaz del norte del Valle del Cauca. León María Lozano, apodado el Cóndor, no fue un capo del bandolerismo rural ni un caudillo militar: fue el operador local que articuló, en una geografía cafetera y ganadera precisa, tres engranajes que ya existían por separado —el sectarismo conservador organizado desde los años treinta, el capital agrario capaz de pagar guardias privadas, y una policía deliberadamente politizada tras el 9 de abril de 1948—. De esa articulación nacieron los Pájaros, la cofradía que dio nombre propio al sicariato colombiano moderno, y de ella surgió también la matriz civil-armada que el país reconocerá, tres décadas después, bajo el nombre de paramilitarismo. La sola mención de su alias evocaba pueblos arrasados, cadáveres sin documentos aparecidos en las cunetas y una impunidad casi perfecta; su leyenda, alimentada por la novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal, ha pesado tanto como su expediente, y ambas cosas —el hombre y su mito— exigen ser separadas con cuidado.

02

Línea de vida

  1. 1948

    Inicio de acciones clandestinas tras el Bogotazo

    Leer contexto

    Tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 y la consiguiente conservatización del Estado, Lozano hace su aparición en Tuluá como parte de la estrategia del Partido Conservador para lograr gobernabilidad mediante la represión. Sus acciones clandestinas se documentan como anteriores a 1950.

  2. 1950

    Consolidación de los Pájaros y las guardias cívicas

    Leer contexto

    Entre 1948 y 1950, ganaderos y hacendados del norte del Valle financiaron cuerpos de policía privada llamados 'guardias cívicas'. Sobre ese andamiaje Lozano articuló los Pájaros: civiles armados, esencialmente urbanos e itinerantes, que ejecutaban asesinatos selectivos por encargo y operaban en connivencia con la policía chulavita.

  3. 1951

    Interceptación del bus de Avianca en la ruta Riofrío-Tuluá

    Leer contexto

    Un domingo de diciembre de 1951, Lozano y otros Pájaros interceptaron en carretera un bus de Avianca con un jeep colorado. El Cóndor descendió del vehículo, penetró al bus revólver en mano e inspeccionó a los pasajeros, encontrando únicamente doce señoritas de la sociedad tulueña que regresaban de un paseo. El episodio revela su participación personal directa en operaciones de campo.

  4. 1953

    Control territorial en el eje cafetero y el noroccidente

    Leer contexto

    En el período de mayor intensidad de La Violencia, el radio de acción de Lozano excedía Tuluá: ejerció control territorial en el norte del Valle del Cauca, el noroccidente de Risaralda y Caldas, y varios municipios del Quindío, coincidiendo con el corazón de la economía cafetera y las zonas de mayor despojo agrario.

  5. 1957

    Refugio en Pereira y muerte

    Leer contexto

    Tras el fin del período más intenso de La Violencia, Lozano se refugió en Pereira, donde vivía en la Calle 14 entre carreras 4a y 5a. Fue asesinado allí; su cuerpo fue hallado cerca de su casa. Las fuentes no precisan el año exacto ni los autores del crimen.

El hombre detrás del alias

Lozano no encaja en la figura del bandido rural que la memoria nacional asocia con La Violencia. No fue Chispas ni Sangrenegra, no vivió en los montes ni encabezó cuadrillas en fuga. Fue, en su núcleo, un civil urbano: un tulueño de clase modesta, conservador militante, ligado por convicción a la parroquia y por oficio al comercio menor. Esa condición explica la anomalía de los Pájaros. Frente a las guerrillas liberales del Tolima o los Llanos, que operaban como columnas armadas con territorio propio, los Pájaros eran "inasibles, gaseosos, inconcretos" y "esencialmente citadinos": aparecían en un jeep, cumplían el encargo y desaparecían. El propio nombre —aves de paso, mercenarios volantes que se desplazaban de un centro a otro a cumplir "trabajitos"— traducía esa lógica itinerante y contratada que los distinguía de la guerra abierta en el campo.

El personaje aparece también registrado como Jesús María Lozano, variante que conviene consignar, aunque el nombre consolidado en el archivo y en la memoria pública sea el de León María. Bajo cualquiera de los dos, el hombre queda descrito por dos rasgos que sus biógrafos y sus víctimas repitieron: una devoción religiosa exhibida sin pudor y una capacidad para inspirar lealtades tan intensas que quienes lo trataron de cerca lo recordaban después con admiración indeleble. Uno de esos allegados, que fue el primero en hallar su cadáver, lo describiría como una figura "de tipo Robin Hood": el epíteto dice menos sobre Lozano que sobre la ambigüedad moral en que operaban sus lealtades locales.

Esa ambigüedad es constitutiva. El Cóndor no era un hombre marginal reclutado por las élites: era un conservador de a pie que compartía con los hacendados de la región, con la curia y con los directorios del partido una misma visión del mundo —el país amenazado por el liberalismo gaitanista y el comunismo, la fe católica como principio de orden, el 9 de abril como catástrofe fundacional—. Precisamente por eso pudo articular hacia arriba y hacia abajo lo que un simple sicario a sueldo no habría podido: convocaba a otros civiles armados con la autoridad de quien encarna la causa, y era recibido por comerciantes y ganaderos como uno de los suyos, no como un instrumento sucio al que se paga y se olvida.

Tuluá antes del Cóndor: geografía de un sectarismo

Para entender por qué Tuluá y no otro lugar, hay que mirar la topografía política del Valle del Cauca a mediados del siglo XX. El departamento estaba partido: el sur cañero y azucarero se inclinaba al liberalismo; el norte cafetero, con su ladera de la cordillera Occidental, se había consolidado como bastión conservador. Tuluá quedaba justo en la costura, y a partir de ella, subiendo hacia Sevilla, Caicedonia, Bugalagrande, Zarzal, Roldanillo y Trujillo, se extendía una zona donde el catolicismo político, el poder de los hacendados y la penetración del partido conservador en las alcaldías y las inspecciones de policía se reforzaban mutuamente.

Desde los años treinta, los caciques del Partido Conservador y sectores de la jerarquía católica habían organizado bandas para agredir y asesinar liberales. Esa práctica —anterior en dos décadas a los Pájaros— es el sustrato que Lozano heredó y no inventó. Lo que hizo el 9 de abril de 1948, con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y la revuelta urbana subsiguiente, fue destapar la olla: la violencia política, hasta entonces episódica y regional, se volvió estrategia de gobierno. El Ejecutivo conservador, primero bajo Mariano Ospina Pérez y luego bajo Laureano Gómez, respondió con lo que los historiadores llaman la conservatización del Estado: la policía fue politizada, los agentes reclutados por sectarismo antes que por competencia, y de las veredas conservadoras del norte de Boyacá surgió la llamada policía chulavita, cuerpo de choque partidista al que se sumaría, en el Valle, el fenómeno complementario y más opaco de los Pájaros.

La aparición pública de Lozano en Tuluá se inscribe exactamente en ese giro. Su accionar fue el preludio de la estrategia con que el conservatismo intentaría lograr gobernabilidad en medio del conflicto: no era un descarrilamiento sino un método. El norte del Valle era una zona demasiado importante económicamente —café, ganado, tránsito hacia el eje cafetero— para dejarla en manos de un liberalismo mayoritario en votos. La política de la fuerza vino a suplir lo que las urnas no garantizaban.

Los Pájaros: anatomía de una cofradía

Los Pájaros no fueron un ejército y no fueron, en sentido estricto, una guerrilla contraria. Constituyeron una cofradía de eficacia letal desconcertante, sostenida sobre tres pilares operativos.

El primero era el financiamiento privado. En algún momento entre 1948 y 1950, en reuniones con gremios, ganaderos y hacendados, se acordó constituir un cuerpo de policía privada, dotada y pagada con fondos de los propios propietarios. Estas "guardias cívicas" —el eufemismo era rigurosamente conservador— asumieron funciones que competían al Estado: proteger fincas, disciplinar mano de obra, expulsar liberales de territorios estratégicos. Sobre ese esqueleto de guardias respaldadas por el capital agrario se desplegó la actividad de los Pájaros. La distinción importa: las guardias eran el andamiaje visible y contable; los Pájaros, el brazo ejecutor sin registro. El financiamiento fluía de ganaderos y hacendados hacia las guardias, y de allí, por caminos menos rastreables, hacia la operación de sicariato.

El segundo pilar era la connivencia con la fuerza pública. Donde había un puesto de policía existía una cuadrilla formada por agentes y particulares que asesinaban, incendiaban y robaban al amparo del sectarismo político. En el norte del Valle, la fusión entre policía chulavita y Pájaros civiles fue la regla, no la excepción. La policía prestaba la información, la cobertura territorial y la coartada; los Pájaros aportaban la mano ejecutora y la posibilidad de que el Estado dijera que aquello no era Estado. Cuando aparecían cadáveres en Tuluá sin documentos de identificación, con disparos en la nuca, la explicación oficial se limitaba a constatar que los muertos "no eran de la localidad", y punto. Denunciar era peligroso; investigar, imposible.

El tercer pilar era la impunidad judicial. Los Pájaros ejercieron presión sistemática sobre jueces y miembros de la rama judicial para obtener absoluciones pese a pruebas fehacientes, y también, en sentido inverso, para perseguir judicialmente a sectores liberales y comunistas. El aparato de justicia, ya de por sí frágil en la Colombia de mediados de siglo, quedó cooptado en la región: no había proceso que llegara a condena, no había cadáver que produjera consecuencias. Esa garantía —la certeza de que matar no acarrearía castigo— fue tan importante como los revólveres. Sin ella, la operación entera se habría desmoronado.

De este triángulo —capital agrario, policía politizada, justicia rendida— nació el sicario colombiano moderno: el asesino selectivo por encargo, con víctima señalada, ejecución rápida y desaparición sin huellas. Un legado técnico, casi un manual de operaciones, que sobrevivirá al hombre que lo popularizó.

Los años de plomo: 1948-1955

Lozano inició sus acciones clandestinas antes de 1950. Los primeros años son los más opacos —la clandestinidad es incompatible con el archivo—, pero hacia comienzos de la década quedó claro que el radio del Cóndor excedía largamente los límites de Tuluá. Su control territorial se extendía por el norte del Valle del Cauca, el noroccidente de Risaralda y Caldas, y varios municipios del Quindío: una franja que coincidía casi punto por punto con el corazón de la economía cafetera colombiana.

La coincidencia no es casual. La Violencia se concentró en las zonas cafeteras del centro del país —donde ya había habido conflictos entre hacendados y colonos en las décadas de 1920 y 1930— y siguió, en su intensificación, el ritmo de las cosechas: cuando el grano maduraba y los precios subían, los desplazamientos y los muertos también. En veinte años, el país perdió 393.648 parcelas, por abandono forzado o ventas fraudulentas a precios irrisorios, con concentración en Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Caldas y Santander. El Cóndor operaba en el epicentro de ese despojo. Los Pájaros no eran solamente el látigo del sectarismo: eran también, en su lógica material, un mecanismo de reconfiguración de la propiedad agraria. El terror sobre liberales y sospechosos de comunismo tenía como efecto —buscado o no, pero sistemático— la disponibilidad de tierras que cambiaban de manos con la firma nerviosa de un notario y el silencio de un juez.

Un episodio de diciembre de 1951 ilustra la mezcla de brutalidad y azar operativo del grupo. Un domingo de ese mes, un bus de Avianca que cubría la ruta de Riofrío a Tuluá fue interceptado en carretera por un jeep colorado. Del vehículo se bajó Lozano, revólver en mano, y penetró al bus para inspeccionar a los pasajeros. Encontró solo a doce señoritas de la sociedad tulueña que regresaban de un paseo, y el asalto —planificado como emboscada selectiva contra una víctima que no viajaba allí— quedó en susto. El detalle importa por dos razones. Primero, porque muestra al Cóndor operando personalmente en el terreno, no como jefe distante sino como ejecutor: el hombre bajaba del jeep con el arma en la mano. Segundo, porque revela el mecanismo básico: información previa, interceptación rápida, ejecución selectiva. Cuando la víctima estaba, se cumplía; cuando no, se replegaba y no había víctimas colaterales innecesarias. Un método más cercano al sicariato urbano que al bandolerismo rural.

En paralelo, la Colombia que enmarcaba estas operaciones se degradaba con velocidad. La Violencia, entendida como período nacional, tuvo dos olas: la primera de 1946 a 1953, bajo el gobierno y luego la dictadura conservadora; la segunda de 1953 a 1957, bajo la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla. Los métodos incluían masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, mutilaciones, violencia sexual, profanación de cadáveres y el boleteo —la extorsión bajo forma de cuota de seguridad—. Las comunidades establecían líneas de demarcación política que la ropa, el color de una puerta o una cédula podían transgredir con consecuencias fatales. En noviembre de 1950 fueron incendiadas las chozas de los indígenas del Resguardo de Ortega y Natagaima; en 1952, Yacopí fue arrasado casi por completo. Solo en el Tolima, la Gobernación estimó que 321.621 personas —el 42,6% de la población— sufrieron desplazamiento permanente o transitorio, y 40.176 propiedades —el 42,82% del total— fueron abandonadas. Bogotá pasó de menos de 500.000 habitantes a comienzos de los años cuarenta a 1.300.000 en 1960, engrosada por el éxodo de un campo insostenible.

En ese cuadro nacional, el Cóndor era una pieza; una pieza importante en una geografía crítica, pero una pieza. Otros nombres —Chispas (Teófilo Rojas), Sangrenegra (Jacinto Cruz Usma), más tarde Efraín González— llenaban otros lugares del mapa con lógicas parecidas y bandos a veces opuestos. Lo que distinguía a Lozano no era la escala del crimen sino la sofisticación del engranaje que sostenía.

La red: quienes lo hicieron posible

Retratar a Lozano exige nombrar la red sin la cual no habría existido. Por encima, los directorios conservadores locales y regionales que veían en la neutralización de los liberales una condición de gobernabilidad; en la cúspide nacional, Laureano Gómez, cuya llegada al poder en 1950 —en un contexto de ruptura entre liberales y conservadores, y con frases que alentaban abiertamente el uso de la violencia— constituyó la coartada ideológica para el recrudecimiento. Alrededor, los ganaderos y hacendados que financiaron las guardias cívicas y toleraron, cuando no encargaron, las operaciones más sucias. Al lado, la curia católica, que hizo partícipes a la policía y en menor grado al ejército de las bandas y acciones de sicarios, aportando la legitimación moral que convertía el asesinato de un liberal en gesto de defensa de la fe.

Debajo, la policía chulavita como socio operativo permanente; los inspectores locales, los alcaldes conservadores, los notarios que legalizaban las transferencias de tierra bajo coacción, los jueces que archivaban expedientes. Y en el mismo nivel del Cóndor, otros Pájaros cuya trayectoria muestra que este mundo tenía continuidades más largas que la vida de su jefe más famoso. Uno de ellos, apodado Colores, jefe de los Pájaros durante La Violencia, se convertiría después en jefe militar de la zona esmeraldífera boyacense, uno de los más célebres bandidos de la segunda mitad del siglo XX y hombre de confianza de comerciantes conservadores en el mercado clandestino de piedras preciosas. Ese tránsito —de sicario político en el Valle a señor de la guerra en el occidente esmeraldífero— dice mucho sobre cómo las redes de La Violencia no se disolvieron con los pactos de 1957 sino que se reconvirtieron.

Aquí conviene una precisión. Aunque la conservatización de la policía, la formación de guardias privadas y la tolerancia hacia los Pájaros configuran un cuadro coherente, no puede afirmarse que la participación de la policía y el ejército en estas redes fuera parte de una estrategia estatal formal, centralizada y explícita. Lo que hubo fue algo más difuso y quizá más peligroso: una coyuntura de colapso institucional en la que actores locales llenaron el vacío represivo, con anuencia intermitente desde arriba, sin plan escrito ni dirección unificada. Lozano no era teleguiado desde el Palacio de Nariño; era funcional a un proyecto que se le parecía, y a cuya lógica supo prestar servicios excepcionales. Esa distinción entre estrategia deliberada y articulación estructural es lo que separa una lectura simplista —"el Estado creó a los Pájaros"— de otra más exigente: el Estado, o mejor, sus fragmentos partidizados, hicieron posible a los Pájaros al desmontar los frenos que habrían impedido su surgimiento. La diferencia es sutil pero decisiva para entender por qué el fenómeno se repetirá.

La muerte en Pereira

El Cóndor terminó exiliado en Pereira. La palabra exilio es la que corresponde: se refugió allí, en una casa de la Calle 14 entre carreras 4ª y 5ª, huyendo de una combinación de amenazas difícil de desagregar con nitidez —enemigos liberales, rivalidades internas del conservatismo, el cambio de aire político que la caída de Rojas Pinilla y el Frente Nacional prometían—. En algún momento de esos últimos años refugiado fue asesinado. El cuerpo apareció tendido cerca de su casa, con la cabeza asomada por fuera de la tienda de enfrente.

Las circunstancias exactas del crimen —autoría, móvil, año preciso— no quedaron establecidas de manera unívoca. Lo que sí quedó fue una escena: la del hombre que había sembrado el terror desde Tuluá terminando su vida como un vecino más de un barrio pereirano, alcanzado por unos disparos en la puerta de su casa. El primero en encontrarlo fue un allegado que lo admiraba, que lo describía como Robin Hood, y para quien la muerte del Cóndor fue una fractura personal. La lealtad que Lozano inspiraba, hasta el final, es uno de los datos más incómodos de su biografía: recordarlo como monstruo unánime falsea la historia. Fue, para muchos en su mundo, un hombre respetado; y esa capacidad de generar afecto en su círculo, mientras aterrorizaba a media región, es propia de cierto tipo de operador político-criminal que se repetirá en Colombia con otros nombres y en otras décadas.

Su muerte no cerró el ciclo de los Pájaros de un plumazo, pero coincidió con el agotamiento del modelo. La caída de Rojas Pinilla, el pacto entre liberales y conservadores que dio nacimiento al Frente Nacional, y la desmovilización relativa de las guerrillas liberales fueron modificando el marco. Los Pájaros que sobrevivieron mudaron de piel: algunos se replegaron al bandolerismo puro, otros —como Colores— migraron hacia nuevas economías ilegales, otros más se disolvieron en la vida civil que siempre habían pretendido representar. El aparato había sido, después de todo, esencialmente civil desde el comienzo: no requería desmovilización porque nunca había estado formalmente movilizado.

La huella: literatura, cine y linaje

Quince años después de la muerte del Cóndor, en 1972, Gustavo Álvarez Gardeazábal publicó Cóndores no entierran todos los días, novela que fijó a Lozano en la memoria pública colombiana con un peso que ninguna investigación histórica había logrado darle. La obra se inscribe en una tradición notable: entre 1946 y 1966, Colombia produjo una cantidad inusualmente elevada de novelas sobre La Violencia —una escritura que evolucionó desde el testimonio directo hacia obras de mayor alcance artístico—, y la de Álvarez Gardeazábal se cuenta entre las que sobrevivieron a su década. La adaptación cinematográfica posterior amplió el alcance del personaje; una antología titulada The Flight of the Condor: Stories of Violence and War from Colombia, publicada en 2007 por la University of Wisconsin Press y compilada por Jennifer Gabrielle Edwards, llevaría al inglés esa constelación narrativa.

El efecto de la literatura sobre la memoria del Cóndor es doble y contradictorio. Por un lado, lo salvó del olvido: sin la novela, Lozano sería hoy una nota al pie en la historia regional del Valle, un nombre archivado junto a decenas de otros jefes de cuadrilla. Por otro, lo convirtió en arquetipo, y todo arquetipo simplifica. La imagen del Cóndor literario —el asesino místico, el fanático católico que ordena matar con el rosario en la mano— es fiel a rasgos documentados del hombre real, pero también los estiliza y los vuelve legibles como personaje, cuando la realidad histórica es más gris: un operador dentro de una red, un engranaje que sin los demás engranajes no habría girado. La biografía tiene que discutir con la novela sin negarla.

Más consecuente que la huella literaria es la genealogía política que Lozano inaugura, aunque haya que trazarla con cautela. Los Pájaros y las guardias cívicas conservadoras dejaron experiencias que fueron sistematizadas después, en un contexto en el que la doctrina contrainsurgente estadounidense influyó sobre las fuerzas militares colombianas. La afirmación de que los Pájaros son el origen directo del paramilitarismo colombiano de finales del siglo XX es demasiado limpia para ser precisa: median tres décadas, otros actores, otras economías —el narcotráfico, sobre todo—, otras doctrinas. Pero la matriz —civiles armados, financiamiento de sectores agrarios y ganaderos, connivencia con fuerza pública, impunidad judicial pactada, sectarismo ideológico como cemento— sí es la misma. Y no es coincidencia menor que, décadas después, en un fallo de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia relacionado con las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá, un comandante paramilitar declarara objetivo militar a un presunto líder de una banda llamada Los Pájaros, en una zona donde esa agrupación histórica no había tenido injerencia. La denominación había sobrevivido como categoría, aunque el hilo histórico directo se hubiera roto: los Pájaros de Lozano se habían convertido en concepto, en manera de nombrar cierto tipo de violencia articulada.

Ese es el legado más duradero, y también el más difícil de manejar. Lozano no diseñó una escuela ni redactó un manual, pero encarnó un modelo que la geografía cafetera y el conflicto colombiano seguirían reproduciendo con variaciones: la violencia delegada por las élites en actores civiles armados, con el Estado mirando hacia otro lado o poniendo la coartada. La sofisticación técnica de los Pájaros —el sicariato selectivo, urbano, sin huellas— pasaría al Medellín de los ochenta y a las autodefensas de los noventa como técnica disponible, transmitida por vías que rara vez son personales pero cuya continuidad estructural es innegable.

Un balance

Retratar a León María Lozano exige resistir dos tentaciones simétricas. La primera es la hagiografía invertida: hacer de él el villano absoluto que explica por sí solo la tragedia del norte del Valle, como si su desaparición hubiera podido detener el desangre. La segunda es la absolución sociológica: diluirlo en las estructuras hasta perder de vista al hombre que bajaba de un jeep colorado con un revólver, que dio la orden de decenas de asesinatos y que aterrorizó a una región durante casi una década. Ninguna de las dos hace justicia.

Lozano fue plenamente responsable de lo que hizo, y la impunidad judicial que lo protegió en vida no debe extenderse retroactivamente al juicio histórico. Pero también fue —y esto es lo que su biografía enseña más allá de sí mismo— la personificación de una articulación estructural que no requería a Lozano en particular para funcionar: si no hubiera sido él, habría sido otro. El sectarismo conservador venía de los años treinta; el capital agrario dispuesto a pagar violencia privada estaba allí antes de 1948; la politización de la policía fue una decisión del gobierno, no del Cóndor; la debilidad de la justicia colombiana en la región era anterior y sería posterior a él. Lozano fue el catalizador excepcional de una mezcla que otros habían preparado, y esa doble condición —agente pleno y producto de estructura— es lo que lo hace, más que cualquier otro jefe de La Violencia en el Valle, un personaje central para entender la larga duración del conflicto colombiano.

Cuando se pregunta por el origen del proto-paramilitarismo, por la matriz que hizo posible las masacres posteriores, por la fórmula civil-armada con complicidad estatal que atraviesa el siglo XX colombiano, el norte del Valle de mediados de siglo aparece como uno de los laboratorios decisivos. Y en ese laboratorio, León María Lozano fue el técnico más eficaz. Ni Robin Hood ni monstruo aislado: un hombre pequeño y devoto que entendió, mejor que muchos de sus contemporáneos, cómo funcionaba la maquinaria que su tiempo le puso a la mano. La entendió y la operó. El país todavía discute las consecuencias.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 33 fragmentos
01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 521 cita
[1]

civiles conservadores contra los liberales. Esas aplanchadas eran hechas por los futuros Pájaros» 68. Si bien existen varias tipologías del denominado «bandolerismo», se asocia el bandolerismo político 69 con las agrupaciones violentas que reivindicaron una filiación política y usaron las armas en la aniquilación del…

p. 52
02Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 5111 cita
[2]

public, 342; “re-Christianization” dur- ing Gómez presidency, 352; reform movement (1920s), 171–73; SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje), 341, 347; state control of, 231; technical, 341; student carnivals, 131–32, 171; university, 342, 409 See also Universi- ties, colleges —reforms in: colonial period, 32–33; Con-…

p. 511
03Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3911 cita
[3]

caracterizaron por estar fundamentadas en la consideración de que las protestas y manifestaciones de traba - jadores, estudiantes, indígenas y campesinos eran alteraciones del orden público que requerían medidas de excepción 739. La respuesta a estas reivindicaciones fueron las medidas autoritarias dirigidas,…

p. 391
04Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Páginas 29, 682 citas
[4]

dejar robar las muías. Eso me lo contó mi primo llorando. Las muías, al fin y al cabo, se las robaron. Antonio era de los tíos que yo más quería. Era aguerrido y estimulaba mis ideas rebeldes... A pesar de que los liberales me caían bien por ser los perseguidos, yo admiraba a El Cóndor. Lo veía como a un Robin Hood.…

p. 68
[16]

llegó también la re vuelta. Mientras tanto, varios jefes liberales fueron a Palacio para hablar con el presidente sobre la difícil situa ción. Ospina continuó en el mando. Los liberales aceptaron colabo rar con él. Varios días permaneció la multitud ebria, sin que nadie la dirigiera. Se diluyó la revuelta en las…

p. 29
05Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 3111 cita
[5]

(Sánchez, 1982: 214). Sin embargo, la represión también fue una característica común en las regiones de levantamientos. Muchos de los oficiales que comandaron la repre sión contra quienes participaron en los levantamientos del nueve de abril (los nueveabrileños), serían luego artífices de la represión contra la…

p. 311
06El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Páginas 74, 2004 citas
[6]

una reunión en su despacho a los gremios, a los ganaderos y hacen- dados para proponerles la creación de un cuerpo de policía privado, con unas trescientas unidades dotadas y pagadas con fondos de los propietarios [...]” 23 Así grupos de conservadores armados empezaron a ejercer labo- res de “guardia cívica”. Policías…

p. 74
[7]

una reunión en su despacho a los gremios, a los ganaderos y hacen- dados para proponerles la creación de un cuerpo de policía privado, con unas trescientas unidades dotadas y pagadas con fondos de los propietarios [...]” 23 Así grupos de conservadores armados empezaron a ejercer labo- res de “guardia cívica”. Policías…

p. 74
[8]

en ese territorio. Desde los años treinta del siglo pasado, se hizo notorio el que los caciques del Partido Conservador y la jerarquía católica organiza- ran bandas para agredir y asesinar a los liberales. Estos respondie- ron de manera idéntica, aunque sin el apoyo de la curia. Durante la llamada “época de la…

p. 200
[9]

en ese territorio. Desde los años treinta del siglo pasado, se hizo notorio el que los caciques del Partido Conservador y la jerarquía católica organiza- ran bandas para agredir y asesinar a los liberales. Estos respondie- ron de manera idéntica, aunque sin el apoyo de la curia. Durante la llamada “época de la…

p. 200
07"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · Página 231 cita
[10]

en Colombia a. e jecuciones como expresión de “L a v io L encia ” y L a d octrina de s eguridad n aciona L, 1946-1988 El año de 1946 ha sido definido por parte de los historiadores modernos como el año en que se origina en Colombia un conflicto violento ininterrumpido hasta el día de hoy, en el que la violencia contra…

p. 23
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 511 cita
[11]

par- tidista, electoral e ideológica, buscando, sobre todo, ejercer presión mediante el terror, no sólo contra liberales, sino contra todo aquello que a los ojos de los dirigentes conservadores, estaba en contra del orden, las instituciones, la nación y la Iglesia». Betancourt y García, Matones y Cuadrilleros. Origen…

p. 51
09Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 251 cita
[12]

que Gaitan habia recibido dinero de los soviéticos para organizar la revuelta. Y, en con- secuencia, desde el estallido del 9 de abril en ade- lante, la politica del partido conservador, y la del go- bierno, estuvo inspirada por el temor de Ja revolu- cién social y por la necesidad de evitarla a toda costa. Entre las…

p. 25
10La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Página 1691 cita
[13]

o "pajarería", cosa que ocurría no solo en Tuluá, sino en varias partes del suelo colombiano; pues en donde había un puesto de policía existía una cuadrilla de malhechores formada por agentes y particulares que a la som- bra del sectarismo político asesinaban, incendiaban y robaban, como tuve oportunidad de decírselo…

p. 169
11The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 371, 3742 citas
[14]

mas- sacre. Faces peered curiously through the screened windows, yet not one person came in, for no one in Tuluá had lost anyone. When the shawl-covered woman arrived at around one and told the po- liceman at the morgue that she had come to claim a body, she was not al- lowed inside because it had been settled that…

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church and greeted León María, yet during the entire mass they could not stop thinking about the strange manner in which the two drunk men were lying on the road. As they headed out, they mentioned this to Father Legui, who was coming in from the street. He only managed to answer them with a smile. Don Pacho Montalvo…

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12Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 641 cita
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del siglo era desempeñado por civiles. feteros. En Puerto Wilches, una Junta Revolucionaria de Gobierno decidió una serie de medidas, como la expro- piación de los bienes de los conserva- dores, en una acción caracterizada por el sectarismo partidista. En El Soco- rro, una muchedumbre, especialmen- te de estudiantes,…

p. 64
13No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 561 cita
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Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…

p. 56
14Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 1121 cita
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mecanizada, las comunicaciones, el comercio y los servicios se desarrollaron principal- mente a costa de los sectores tradicio- nales. Las actividades económicas de la población se modificaron en con- secuencia: si en 1938 cerca del 75 % de la población activa trabajaba en la agricultura, en 1957, por contra, no había…

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15Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 1731 cita
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vereda, establecían estrictas líneas de demarcación política cuya transgresión tenía consecuencias fatales. Una corbata, una camisa o una puerta roja eran una invitación a la muerte; como también cargar una cédula de identidad que llevara el registro de determinadas elecciones. Y formas atroces de mutilación, de…

p. 173
16Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 351 cita
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las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…

p. 35
17¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 701 cita
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de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…

p. 70
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 481 cita
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cuello.» El segundo «en una profunda herida sobre la garganta, muy cerca del tronco [...] corriendo con fuerza un machete afilado sobre la parte anterior del cuello.». Espejo y Rozo, «El léxico de la Violencia en Colombia en algunas obras de la literatura de violencia», 10. 66 Centro Nacional de Memoria Histórica,…

p. 48
19Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 1901 cita
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thousands of Colombians. Its images are unerasable and in good measure have given the Violence its distinctive seal. The extreme modality of this process was, of course, murder. Extreme not only for the number of victims but also because of the indescribable torture that surrounded these murders and marked for life…

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20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 641 cita
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forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…

p. 64
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 421 cita
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regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…

p. 42
22Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 751 cita
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freedom for all prisoners jailed by the past regime who were residents of the Llanos, and that it comply with the promises it had made in the first day of June 13, 1953. 80 Tur- riago responded that the government was working hard to comply with these demands and denied that it had anything to do with the arrival of…

p. 75
23Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 2041 cita
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en la literatura colombiana una tradición de escritura que se inicia como puro testimonio y logra con el tiempo afianzarse como una opción estética, en la que la fuerza de lo temático va dando paso a la elaboración de obras de gran al- cance y valor artísticos. Quizás, como se verá en el caso de García Már- quez, la…

p. 204
24Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 81 cita
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desarrollarse, y en los últimos años un conjunto amplio de directores de primera calidad ha man- tenido un nivel creativo que continúa garantizando su supervivencia. Aunque desplazado como forma masiva de co- municación y entretenimiento, su im- pacto sobre grupos reducidos pero signi- ficativos es innegable: los…

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25The Flight of the Condor: Stories of Violence and War from ColombiaJennifer Gabrielle Edwards (ed.) · 2007 · Página 21 cita
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The Flight of the Condor            Series Editors:                      ■ Advisory Board: Homero Aridjis Ariel Dorfman Rosario Ferré Jean Franco Alvaro Mutis Mirta Ojito Margaret Sayers Peden Luis J. Rodriguez Bob Shacochis Antonio Skármeta Doug Unger The Flight of the Condor…

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26El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 4792 citas
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era un ataque de paramilitares o el producto del enfrentamiento de dos familias de la región. (W Radio, 2004, 11 de octubre) Respecto a este hecho la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia declaró: El Tribunal obvió la verdad judicial previamente declarada y legalizó el hecho como si tuviese relación…

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era un ataque de paramilitares o el producto del enfrentamiento de dos familias de la región. (W Radio, 2004, 11 de octubre) Respecto a este hecho la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia declaró: El Tribunal obvió la verdad judicial previamente declarada y legalizó el hecho como si tuviese relación…

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27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 831 cita
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aparece en el Huila»; El Tiempo, «Acción conjunta contra la vio- lencia piden en el Huila». 231 Entrevista 139-VI-00026. Hombre víctima de la violencia de las FARC-EP en Algeciras, Huila. 232 Molano, «Esmeraldas y violencia». 84 fiflćflTh fl. fifl Colores, jefe de los Pájaros en la época de la Violencia 233, se…

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