Ensayo · Transversal · —
Chulavitas, pájaros y el origen del paramilitarismo colombiano
¿Son los cuerpos armados de La Violencia —chulavitas, pájaros, guerrillas de paz— el origen directo del paramilitarismo colombiano, o este es un fenómeno discontinuo nacido del narcotráfico en los años ochenta? La pregunta decide si el Estado colombiano delegó la coerción como constante histórica o si el paramilitarismo fue una desviación coyuntural.
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La respuesta en breve
El paramilitarismo colombiano heredó una gramática institucional fraguada durante La Violencia —delegación estatal de la coerción, alianza élite regional–fuerza pública–cuadrilla, despojo agrario como dividendo—, codificada luego en el Decreto 3398 de 1965 y reactivada con las Convivir del Decreto 356 de 1994. Sin embargo, solo se convirtió en el fenómeno de los ochenta y noventa cuando el narcotráfico refinanció esa gramática, la reescaló cualitativamente y transformó a sus actores. La continuidad es real pero no lineal: existe en la técnica del sicariato profesionalizado, en el armamentismo paraestatal y, sobre todo, en la persistencia de la coalición hacendado–fuerza pública local–hombres armados contratables; la ruptura es igualmente real en la doctrina contrainsurgente, la escala nacional, la economía de la cocaína y la capacidad de veto político que los Pájaros de Lozano nunca alcanzaron.
Una primera posición, asociada a Francisco Gutiérrez, sostiene que entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal en Colombia porque el Estado delegó deliberadamente el monopolio de la violencia en coaliciones regionales dentro de la política de Seguridad Nacional, convirtiendo a chulavitas y pájaros en prehistoria de esa estrategia y a las Convivir en su reencarnación. Una segunda posición replica que los Pájaros eran mercenarios volantes de alcance municipal al servicio de la disputa bipartidista, sin doctrina contrainsurgente ni economía propia, y que el salto cualitativo hacia las AUC solo fue posible por el narcotráfico: Gonzalo Rodríguez Gacha financiando el Magdalena Medio, los Castaño vendiendo franquicias de bloques al Cartel del Norte del Valle. Una tercera posición desplaza el eje hacia la persistencia del actor social: en Córdoba, Sucre, Bolívar y el Valle del Cauca, las mismas élites terratenientes y ganaderas que toleraron o financiaron la violencia partidista de los cincuenta aparecen como agentes del despojo a lo largo del siglo XX, sugiriendo que lo que persiste no es una institución ni una técnica sino la coalición que las articula. El nudo irresoluble es si la disposición del Estado a externalizar la coerción —documentada desde el armamentismo paraestatal antioqueño de 1948-1953 hasta las Convivir de 1994— constituye continuidad institucional suficiente para hablar de un mismo fenómeno, o si la ruptura económica y doctrinal de los ochenta produce un objeto histórico cualitativamente nuevo que solo se parece superficialmente a sus supuestos antecesores.
Ensayo completo
La lectura
¿Son los chulavitas y los pájaros el origen del paramilitarismo colombiano?
La pregunta atraviesa medio siglo de historia colombiana y no admite respuesta perezosa. Entre 1946 y 1958, el Estado y los partidos armaron cuadrillas civiles —chulavitas reclutados en Boyacá, Pájaros al mando de León María Lozano en el Valle, comisiones mixtas de policía y particulares en el Tolima, guerrillas liberales financiadas por hacendados en el Llano— que ejercieron violencia sistemática contra el adversario político y, de paso, reordenaron la propiedad agraria. Entre 1980 y 2006, las Autodefensas Unidas de Colombia y sus antecesoras hicieron algo estructuralmente parecido a mayor escala, con doctrina contrainsurgente y financiamiento del narcotráfico. La pregunta de fondo es si lo segundo nació de lo primero o si el paramilitarismo es criatura nueva de los ochenta que apenas se parece a sus supuestos abuelos. La respuesta más honesta es la incómoda: hay continuidad real, pero no lineal; hay ruptura real, pero no total. El paramilitarismo colombiano heredó una gramática institucional —delegación estatal de la coerción, alianza élite regional–fuerza pública–cuadrilla, despojo agrario como dividendo— que La Violencia instaló y el andamiaje legal de 1965-1994 mantuvo vivo; pero solo se convirtió en el fenómeno que conocemos cuando el narcotráfico refinanció esa gramática, la reescaló y mutó cualitativamente a sus actores.
Qué se juega en la pregunta
No es una discusión académica. Si el paramilitarismo se lee como accidente de los ochenta —un mal empujado por el Cartel de Medellín y la frustración castrense frente al proceso de paz de Belisario Betancur—, basta con capturar capos, desmovilizar bloques y sancionar el Decreto 356 de 1994. Si, en cambio, es la reactivación de una matriz institucional más antigua, ninguna desmovilización individual toca el nervio: mientras subsista la alianza entre élites regionales, fuerza pública y coerción privada, el fenómeno reaparece con otro nombre. La pregunta es de política pública tanto como de historia.
También se juega la lectura del propio Estado. Una tradición interpretativa lo entiende como víctima de sus propios monstruos: la guerrilla lo empujó, los narcos lo penetraron, los paramilitares aprovecharon su debilidad. Otra, más incómoda, lo entiende como agente: fue el Estado el que armó, delegó y reguló. La respuesta sobre la continuidad chulavita-pájaros-paramilitarismo decide entre ambas lecturas.
Los términos del debate
Tres posiciones se enfrentan.
La primera —la tesis de la continuidad institucional— sostiene que el paramilitarismo es la mutación de un patrón histórico de delegación violenta del Estado en actores partidistas privados, patrón fraguado durante La Violencia y codificado luego jurídicamente en el Decreto 3398 de 1965 y en el Decreto 356 de 1994 que creó las Convivir. Francisco Gutiérrez ha formulado esta lectura con más precisión que nadie: entre 1965 y 1989, sostiene, el paramilitarismo fue legal en Colombia —aunque no lo eran sus crímenes—, porque constituyó una estrategia deliberada del Estado que delegó en coaliciones regionales el monopolio de la violencia dentro de la política global de Seguridad Nacional. La chulavita, el Pájaro y las comisiones mixtas del sur del Tolima serían la prehistoria de esa estrategia; las Convivir, su reencarnación legal en los noventa.
La segunda —la tesis de la discontinuidad narco-contrainsurgente— replica que los cuerpos armados de La Violencia y el paramilitarismo son fenómenos distintos separados por un abismo cualitativo. Los Pájaros eran mercenarios volantes que se desplazaban de un centro a otro para hacer "trabajitos" en el norte del Valle, Risaralda, Caldas y el Quindío, al servicio de la disputa electoral bipartidista y con alcance municipal. Las AUC, en cambio, construyeron un proyecto político-territorial de escala nacional, con economía propia basada en la cocaína, franquicias vendidas a narcotraficantes del Cartel del Norte del Valle como Carlos Mario Jiménez (Macaco), capacidad de veto sobre el Estado y una doctrina contrainsurgente sistemática ausente en el sectarismo bipartidista de los cincuenta. Lo que hizo posible ese salto no fue ninguna herencia institucional, sino el ascenso del narcotráfico desde finales de los ochenta, que resolvió el problema de financiación que la ganadería extensiva ya no podía sostener.
La tercera —la tesis de la continuidad de clase y territorio— desplaza el eje del debate. Ni la norma jurídica ni la técnica militar serían el verdadero hilo conductor, sino la persistencia del actor social: en Córdoba, Sucre, Bolívar, el Valle del Cauca y los Llanos, las mismas élites terratenientes y ganaderas que financiaron o toleraron la violencia partidista de los cincuenta aparecen como agentes del despojo a lo largo del siglo XX, sumándose luego a paramilitares y narcotraficantes en la tabla de responsables entre 1960 y 2010. Lo que persistiría no sería una institución ni una técnica, sino una coalición: la que articula hacendados, fuerza pública local y hombres armados contratables.
Lo que la evidencia sostiene: la matriz de La Violencia
Los rasgos operativos del paramilitarismo posterior estaban ya montados hacia 1949.
Primero, la delegación de la coerción a cuerpos partidistas dentro del propio Estado. Tras la derrota liberal de 1946 y, sobre todo, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en abril de 1948, el gobierno de Mariano Ospina Pérez impulsó la "conservatización" de la policía. De ese proceso salió la policía chulavita —así llamada, según la tradición, por la vereda Chulavita de Boavita, en el norte de Boyacá, de donde se habrían reclutado muchos de sus agentes— y salieron también los Pájaros como fuerza civil paralela. Ospina y luego Laureano Gómez recurrieron al Ejército para consolidar el control político; tanto el Ejército como la Policía dejaron de ser imparciales para operar en favor del Partido Conservador. La institución estatal no fue penetrada por una violencia externa: se politizó desde adentro.
Segundo, el armamentismo paraestatal. En Antioquia, la Secretaría de Gobierno distribuyó escopetas, carabinas Winchester y munición a comités políticos y a particulares mediante actas oficiales selladas y firmadas, financiadas con préstamos bancarios. No fue clandestinidad ni desborde: fue política pública documentada. Ese mecanismo —el Estado armando a civiles afines mediante trámite formal— es exactamente el que reaparecerá, con otra estética jurídica, en las Convivir del Decreto 356 de 1994, cuando la Décima Séptima Brigada del Ejército aprobará licencias de funcionamiento, entregará material bélico y en algunos casos persuadirá a grupos armados de conformarlas.
Tercero, la operación mixta policía-civiles. En el sur del Tolima —Chaparral, Santiago Pérez, Planadas, Gaitania— comisiones formadas por agentes de policía y particulares conservadores atacaron desde 1948 a colonos liberales, incendiaron casas, robaron semovientes y desplazaron poblaciones enteras hacia zonas de refugio. En el Casanare y Arauca, los chulavitas llegaron a Nunchía y Támara enviados por el gobernador de Boyacá, siguiendo —según la crónica de El Liberal firmada por Juan Salagero Bravo— instrucciones de la Dirección Conservadora para impedir que los llaneros votaran en las elecciones congresionales de junio de 1949. Fue una operación paraestatal explícita, dirigida a suprimir votos mediante violencia armada.
Cuarto, la profesionalización del sicariato. León María Lozano, alias El Cóndor, líder de los Pájaros en Tuluá, personifica el paso del matón partidista al asesino a sueldo con estructura. Los Pájaros no eran solamente sectarios: cobraban por "trabajitos", operaban donde había puesto de policía —"donde había un puesto de policía existía una cuadrilla de malhechores"—, articulaban a agentes y particulares en la misma cuadrilla, y ejercían control territorial en el norte del Valle, el noroccidente de Risaralda, Caldas y municipios del Quindío. Lozano moriría asesinado en Pereira. Esa figura —el gatillero profesional con protección local, red empresarial y complicidad de la fuerza pública— es la que reaparece cuarenta años después en Medellín, Envigado y el Magdalena Medio.
Quinto, la conexión orgánica entre violencia y despojo. La Violencia dejó unas 393.648 parcelas campesinas perdidas, concentradas en Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Caldas y Santander. Bogotá pasó de menos de 500.000 habitantes a comienzos de los cuarenta a 620.000 en 1950 y a 1.300.000 en 1960: el desplazamiento forzado como motor demográfico. La destrucción de cultivos, el robo de animales y herramientas, la quema de casas y la venta forzada a precios irrisorios fueron técnicas agrarias sistemáticas. Décadas después, el Bloque Central Bolívar usaría violencia, amenazas y compra fraudulenta o presionada de predios para usurpar tierras destinadas a palma africana y ganadería extensiva. Los tres verbos —quemar, robar, forzar la venta— son los mismos.
Lo que la evidencia también sostiene: la ruptura de los ochenta
La tesis de la continuidad, sin embargo, tropieza con hechos que no se dejan disolver.
Los cuerpos armados de La Violencia eran instrumentos de disputa partidista bicolor. Su enemigo era el liberal —o el conservador, en el caso simétrico de las guerrillas llaneras de Guadalupe Salcedo o Eduardo Franco Isaza—, no una insurgencia comunista con proyecto revolucionario. Su alcance era municipal o subregional. Los Pájaros de Lozano no aspiraban a controlar el país; aspiraban a controlar Tuluá y su comarca. Los chulavitas no tenían doctrina contrainsurgente; tenían una lista de veredas liberales.
El paramilitarismo de los ochenta, en cambio, se articuló en torno a una doctrina de seguridad nacional que definía al enemigo como el comunismo internacional y al territorio como espacio de disputa geoestratégica. El Decreto 3398 de 1965 no reglamentó cuadrillas partidistas: reglamentó organizaciones de defensa civil integradas a la lucha contrainsurgente. Desde los años setenta, el Ejército promovió en el sur de Córdoba juntas de autodefensas que involucraron a ganaderos y terratenientes en la guerra contra las guerrillas de izquierda, con entrenamiento militar directo. Ese es un dispositivo cualitativamente distinto al de las comisiones mixtas del Tolima de 1948.
La ruptura decisiva es económica. La ganadería extensiva bastó para financiar a los Pájaros de Lozano y a los grupos iniciales del Magdalena Medio, pero se reveló insuficiente a finales de los ochenta cuando el aparato militar paramilitar creció. El narcotráfico resolvió esa insolvencia. Gonzalo Rodríguez Gacha, del Cartel de Medellín, financió el entrenamiento y la expansión de los grupos del Magdalena Medio y de Urabá. Hacia 1987-1988, el mercenario israelí Yair Klein y su empresa Punta de Lanza llegaron a Colombia a entrenar paramilitares vinculados a ACDEGAM con dineros del cartel: eso no tiene equivalente en La Violencia. Los narcotraficantes se convirtieron en "narco-ganaderos" mediante compras masivas de tierras, generando un nuevo sujeto social que redefinió la alianza élite-cuadrilla sobre bases distintas. Los hermanos Castaño, más tarde, venderían franquicias de frentes y bloques a narcotraficantes del Cartel del Norte del Valle. Esa lógica de franquicia y expansión nacional no cabe en el molde chulavita.
Y hay una ruptura política. Los Pájaros ejercían violencia con permisividad estatal, pero no negociaban con el Estado como interlocutores. Las AUC llegaron a construir capacidad de veto: se sentaron a Santa Fe de Ralito, colonizaron el Congreso a través de la parapolítica, y el modelo Convivir les dio una cobertura legal parcial que los Pájaros nunca tuvieron. En 1997, la Fiscalía General de la Nación abrió más de 35 investigaciones penales contra integrantes de Convivir, con más de 400 cooperativas activas en el país; ninguna de las que llevaban más de dos años funcionando estaba al día con la renovación de permisos, solo se registraron 15 visitas de inspección y apenas al 9% de sus integrantes se les examinaron antecedentes penales. Esa ingeniería de externalización plausiblemente denegable —Salvatore Mancuso explicando a élites del Cesar cómo crear Convivir, comandantes paramilitares dirigiéndolas directamente— es un nivel de sofisticación institucional que la delegación chulavita no alcanzó.
Dónde está entonces la continuidad
La respuesta se afina si se distingue entre tres planos.
En el plano institucional hay continuidad de matriz, no de línea. El Estado colombiano descubrió en La Violencia que podía delegar la coerción en actores privados afines sin asumir el costo político directo; ese aprendizaje se sedimentó en la doctrina de Seguridad Nacional, se codificó en el Decreto 3398 de 1965 y se reactivó con las Convivir del Decreto 356 de 1994. No es que los mismos hombres, ni la misma norma, ni la misma técnica atraviesen medio siglo: es que la disposición del Estado a externalizar la violencia hacia coaliciones regionales se instaló como respuesta disponible. Cuando en los ochenta la contrainsurgencia lo requirió, la respuesta ya estaba en el repertorio.
En el plano técnico hay continuidad más clara. El sicariato profesionalizado que encarnaron Lozano y sus hombres en Tuluá es genealógicamente el mismo que floreció en Medellín y en el norte del Valle décadas después. El armamentismo paraestatal antioqueño de 1948-1953 —Secretaría comprando escopetas, actas selladas, entrega a comités— es formalmente análogo al de las Convivir. Las técnicas de terror agrario —quema de casas, robo de ganado, venta forzada, desplazamiento— son idénticas: el Bloque Central Bolívar y las comisiones mixtas del sur del Tolima leyeron el mismo manual, aunque medio siglo los separe. En este plano, la continuidad no es metáfora: es concreta y verificable caso por caso.
En el plano de las alianzas la continuidad es la más robusta. La coalición hacendado–fuerza pública local–hombre armado es el hilo verdaderamente ininterrumpido. En el Valle del Cauca, la línea Tuluá–Cartel del Norte del Valle–Bloque Calima traza una geografía persistente de violencia privada al servicio de intereses económicos regionales, con relevo generacional de actores. En Córdoba, Sucre y Bolívar, la tabla de responsables del despojo entre 1900 y 2010 muestra a hacendados ganaderos y terratenientes tradicionales presentes desde 1900, con paramilitares y narcotraficantes sumándose entre 1960 y 2010: la élite no cambia, cambian sus socios armados. En el Magdalena Medio, los grandes ganaderos formaron parte de la célula inicial del paramilitarismo, y la conexión orgánica entre paramilitares y ganaderos se transformó —pero no se debilitó— con la entrada del narcotráfico.
El caso llanero: la mejor lente
Ningún territorio ilustra mejor la mezcla de continuidad y ruptura que los Llanos Orientales.
Durante La Violencia, hacendados liberales financiaron a las guerrillas llaneras mientras estas cumplieron su función de guardianes de los hatos. Guadalupe Salcedo, el jefe guerrillero más destacado, contó con ese respaldo inicial. Pero la alianza se resquebrajó cuando el movimiento asumió banderas de defensa de la tierra y los peones, alejándose de la línea partidista y patronal; hacia 1952, un sector importante de las guerrillas llaneras había declarado su lucha como revolución y Salcedo se había distanciado de los hacendados. La ruptura convirtió a la guerrilla, de instrumento de la élite ganadera, en actor autónomo con proyecto propio. Ese giro es genético: es el momento en que la coerción delegada se emancipa de quien la delegó.
Tras la amnistía de Rojas Pinilla en 1953, el grueso de las guerrillas llaneras entregó armas entre agosto y octubre; el gobierno intercambió armas por tierras en el Ariari y los lugartenientes de Salcedo se reubicaron en Cubarral, San Antonio y San Martín. Salcedo fue asesinado en Bogotá en 1957, poco después de la caída de Rojas, convertido en símbolo del insurrecto amnistiado y traicionado por el Estado.
Décadas después, las AUC llegaron a los Llanos con una estrategia nacional diseñada por Carlos Castaño, tomando como prototipos los modelos de Puerto Boyacá y Urabá. Encontraron un terreno preparado: la clase ganadera de la región, formada en parte por las políticas estatales de titulación de baldíos durante el mismo período de La Violencia, fue base social del auge paramilitar. La élite que había financiado a Salcedo cuando le convenía y lo había abandonado cuando ya no, financió a las autodefensas de los ochenta y noventa. La técnica cambió; la sociología de la alianza, no.
El caso vallecaucano: linaje territorial
La línea Tuluá–norte del Valle es la más nítida en términos genealógicos. León María Lozano articuló, desde finales de los cuarenta, un dispositivo que combinaba sectarismo político, contrabando de café, despojo con complicidad de notarios y fuerza pública, y sicariato profesional. La "conservatización a sangre y fuego" del Valle no fue solo cambio de color partidista de una región: fue reordenamiento territorial y demográfico, con desplazamientos, ventas forzadas y recomposición de la propiedad rural.
Ese repertorio no se apagó con la muerte de Lozano. Se transfirió por mimetismo, por herencia de redes clientelares locales, por continuidad territorial. Cuando emergieron el Cartel de Cali primero y el Cartel del Norte del Valle después, encontraron una cultura política local familiarizada con el uso de sicarios profesionales, con la connivencia rutinaria entre matones y policía, y con las técnicas de despojo agrario. El Bloque Calima, cuando llegó, no inauguró nada en el Valle: reactivó y reescaló lo que Lozano había normalizado medio siglo antes.
El caso tolimense: la fractura larga
En el sur del Tolima, las comisiones mixtas de policía chulavita y civiles conservadores desplazaron desde 1948 a colonos liberales que se refugiaron en enclaves guerrilleros como El Davis. A finales de 1951, ese enclave se dividió en dos: los "Comunes", comunistas liderados por Isauro Yosa "Mayor Lister" y Luis Alfonso Castañeda "Richard", y los "Limpios", liberales del sector de La Ocasión. La ruptura definitiva se produjo cuando los comunistas adoptaron el programa de la Conferencia del Movimiento Popular de Liberación Nacional —la "Conferencia Boyacá"— reunida el 15 de agosto de 1952 en Viotá, Cundinamarca, a la que los liberales no asistieron. Campesinos formados en esas disputas —el Mayor Ciro, Manuel Marulanda Vélez "Tirofijo"— fueron miembros fundadores de las FARC en los sesenta.
La otra rama de esa fractura es igual de reveladora. Desde el gobierno de Rojas Pinilla se estimularon grupos de civiles articulados con el Ejército, de tendencia liberal y con marcado acento anticomunista en el sur del Tolima. El grupo de "Mariachi", luego liderado por "Canario", encarna esa continuidad. Cuando el Bloque Tolima de las AUC se organizó décadas después, no llegó como importación desde Urabá: sedimentó sobre una fractura comunitaria de medio siglo entre "limpios" y "comunes", entre familias, veredas y linajes marcados por bandos que nunca dejaron de existir del todo.
Lo que queda abierto
Tres flancos siguen sin cerrar.
El primero es la cadena causal directa entre las juntas de autodefensa promovidas por el Ejército en el sur de Córdoba desde los setenta y las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) de los noventa. Que hubo continuidad de contexto institucional y de actor social es claro; que la línea organizativa sea ininterrumpida entre ambos momentos no está plenamente documentado. Los testimonios de desmovilizados apuntan en esa dirección, pero el mapa exacto de la transición aún tiene tramos oscuros.
El segundo es el peso relativo del narcotráfico en la formación del paramilitarismo. Que refinanció y reescaló, es indudable. Que fue variable de origen o solo de escala, es debate abierto. Los grupos de autodefensa de Puerto Boyacá y del Magdalena Medio existían antes de la irrupción masiva de dineros del Cartel de Medellín; los hermanos Castaño construyeron capacidad militar en Córdoba con base ganadera antes de venderle franquicias al Cartel del Norte del Valle. Pero el salto de escala nacional —la construcción de las AUC como proyecto federativo— es impensable sin el flujo cocalero. Distinguir causa de catalizador exige más granularidad de la que hoy se tiene sobre los presupuestos internos de cada estructura año por año.
El tercero es el papel de las guerrillas de paz llaneras y del pacto entre ganaderos y Ejército de comienzos de los cincuenta como matriz específica. Que hubo faccionalismo terrateniente en el Llano, que las alianzas entre hacendados y guerrillas se resquebrajaron cuando el movimiento asumió banderas agrarias, y que sectores ganaderos apoyaron después a las AUC en la región, todo eso está documentado. Trazar de allí una línea directa a un "pacto de Sogamoso" fundacional del paramilitarismo requiere más evidencia archivística de la que hoy circula.
La respuesta
El paramilitarismo colombiano de 1980-2006 no fue ni pura herencia de La Violencia ni pura criatura del narcotráfico. Fue la reactivación —bajo condiciones nuevas— de una matriz institucional que el Estado colombiano montó entre 1946 y 1958 y que el ordenamiento jurídico mantuvo latente entre 1965 y 1994. El Estado aprendió en La Violencia a delegar la coerción en actores partidistas privados; codificó esa delegación en el Decreto 3398 de 1965 dentro del marco de la Seguridad Nacional; la ejerció mediante juntas de autodefensa en Córdoba desde los setenta; la reformuló en las Convivir en 1994. Sobre ese andamiaje, el narcotráfico inyectó recursos, escala y autonomía territorial que las cuadrillas chulavitas nunca tuvieron, y creó un nuevo sujeto social —el narco-ganadero— que refundó la alianza clásica entre élite regional, fuerza pública y hombres armados sobre bases económicas cualitativamente distintas.
La continuidad decisiva no está tanto en la institución —que cambió de nombre y de forma— ni en la técnica aislada, sino en la alianza. Hacendados y ganaderos que en 1949 financiaron Pájaros o toleraron chulavitas son sociológicamente los mismos que en 1997 constituyeron Convivir en Norte de Santander, financiaron el Bloque Calima en el Valle o pactaron con Salvatore Mancuso en el Cesar. La fuerza pública que en Antioquia repartía escopetas con acta sellada en 1950 es la misma institución que en 1997 aprobaba licencias Convivir y entregaba material bélico a través de la Décima Séptima Brigada. Y el gatillero profesional que trabajaba para Lozano en Tuluá pertenece al mismo oficio que el sicario del norte del Valle o el paramilitar del Magdalena Medio.
Por eso la lectura discontinua —el paramilitarismo como fenómeno narco de los ochenta— captura la escala pero pierde la estructura. Y la lectura de continuidad estricta —el paramilitarismo como simple prolongación de los Pájaros— captura la matriz pero pierde la mutación. La verdad histórica está en la tensión: una gramática antigua reescrita por un capital nuevo. Los chulavitas y los Pájaros no son el paramilitarismo, pero sin ellos —sin la institucionalización estatal de la delegación violenta que ellos inauguraron— el paramilitarismo que Colombia conoció entre 1980 y 2006 no habría sido posible en la forma en que efectivamente ocurrió.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
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03Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 251 fragmento
[4]que Gaitan habia recibido dinero de los soviéticos para organizar la revuelta. Y, en con- secuencia, desde el estallido del 9 de abril en ade- lante, la politica del partido conservador, y la del go- bierno, estuvo inspirada por el temor de Ja revolu- cién social y por la necesidad de evitarla a toda costa. Entre las…
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04La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 841 fragmento
[5]los poderes tradicionales y terratenientes: la Unión Nacional de Oposición [UNO]. Con ellos tuve mi primera amenaza y me tuve que ir del pueblo porque los conservadores donde vivíamos le dijeron a mi padre que “o yo dejaba eso o me mata- ban”. Mi padre era un hombre muy afectado por la muerte de Gaitán, con mucho odio…
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05Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1471 fragmento
[6]Villarreal. Esta fuerza parapolicial, alimentada por el rencor hacia sus contrarios, fue reclutada para “salvar al presidente Ospina” y para matar campesinos liberales. Desde entonces, el gentilicio de los oriundos de Chulavita —los chulavitas— se convirtió en el terror por los métodos y medios criminales que…
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[7]en Colombia a. e jecuciones como expresión de “L a v io L encia ” y L a d octrina de s eguridad n aciona L, 1946-1988 El año de 1946 ha sido definido por parte de los historiadores modernos como el año en que se origina en Colombia un conflicto violento ininterrumpido hasta el día de hoy, en el que la violencia contra…
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07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 52, 1082 fragmentos
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11A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 16, 214 fragmentos
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[13]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…
p. 16
[42]contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados p o r el Partido, tenían u n program a social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951 El Davis se dividió en dos sectores: El Davis propiam en te dicho, mandado por…
p. 21
[43]contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados p o r el Partido, tenían u n program a social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951 El Davis se dividió en dos sectores: El Davis propiam en te dicho, mandado por…
p. 21
12Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 37, 40, 493 fragmentos
[14]April 29. On May 4, an ominous report pub- lished in El Liberal stated that the Chulavitas had arrived in Nunchía and Tá- mara six days previously and were now sowing terror and ruin. “The Llaneros,” wrote Juan Salagero Bravo, “are visibly alarmed by this action by the governor of Boyacá, who is surely following the…
p. 49
[32]During the first phase, prosperous Liberal ranchers who felt threatened by the Conservative regime helped to organize and finance the struggle. The guerrillas, for their part, at times looked upon the directorate as their supreme mentor, while at other times believed the politicians of the capital to be “comfortable…
p. 40
[47]heartened Liberals fleeing towns in Tolima, Cundinamarca, and Boy- acá. 26 Regarding Velásquez as the chief of the nascent guerrilla movement, they traveled down the roads to Meta and Casanare to join him, setting the stage for the Liberal insurgency that within a few months would engulf the Llanos. On March 17, 1949,…
p. 37
13Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3832 fragmentos
[15]bierno de unidad nacional, con la participación del centro libe- ral, que contribuyó a calmar un poco los ánimos. Pero esto no solucionó la violencia, que se fue agravando. Cuando Laureano 38 John D. Martz, Colombia, un estudio de política contemporánea, Bogotá, Uni- versidad Nacional, 1969, p. 75. 39 El Tiempo, 8 de…
p. 383
[16]bierno de unidad nacional, con la participación del centro libe- ral, que contribuyó a calmar un poco los ánimos. Pero esto no solucionó la violencia, que se fue agravando. Cuando Laureano 38 John D. Martz, Colombia, un estudio de política contemporánea, Bogotá, Uni- versidad Nacional, 1969, p. 75. 39 El Tiempo, 8 de…
p. 383
14Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 542 fragmentos
[17]costa la propiedad privada y la familia de toda ideología, etc. Dicha norma era la ley 69 del 2 de noviembre de 1928 donde algunos de sus artículos decía: Ley 69 del 2 de noviembre de 1928 ARTÍCULO 1 o. Constituye delito agruparse, reunirse o asociarse bajo cual- quiera denominación, para alguno o algunos de los…
p. 54
[18]costa la propiedad privada y la familia de toda ideología, etc. Dicha norma era la ley 69 del 2 de noviembre de 1928 donde algunos de sus artículos decía: Ley 69 del 2 de noviembre de 1928 ARTÍCULO 1 o. Constituye delito agruparse, reunirse o asociarse bajo cual- quiera denominación, para alguno o algunos de los…
p. 54
15Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9121 fragmento
[19]con que paramilitares, en connivencia con miembros de la fuerza pública, perpetraron masacres en el nordeste y en el Urabá antioqueño en los años ochenta; 3) el trabajo manco- munado de agentes del Estado, narcotraficantes y paramilitares para lograr la muerte de Pablo Escobar en 1993; 4) el tránsito que…
p. 912
16Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 35, 462 fragmentos
[20]Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…
p. 46
[76]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
p. 35
17Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 2231 fragmento
[21]se estabilizaron con los arreglos políticos e institucionales derivados de la promulgación de la nueva Constitución Política de 1991. Los militares aceptaron un control administrativo más fuerte y la sanción de miembros de la fuerza por la justicia civil en casos individualizados. En contrapartida, el poder civil…
p. 223
18Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1441 fragmento
[22]las masacres, los desplazamientos se convirtieron en una de las características de este grupo de paramilitares. Con la crisis de legitimidad y legalidad que vivió el gobierno del entonces presidente Samper, las Fuerzas Militares y gran parte de clase económica regional presionaron por la formación de grupos de…
p. 144
19Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 1341 fragmento
[23]ments and ‘social cleansing’ operations.” Resembling methods used by other Latin American governments, the CONVIVIR became an explicit example of the state supporting a civilian- based counterinsurgency force to combat the growing support and power of the guerrillas (Sánchez, 2003: 22; see also Hylton, 2006: 93). 8…
p. 134
20Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 93, 962 fragmentos
[24]el Tribunal Superior del Distrito, la Décima Séptima Brigada participó además en la capacitación de ci- viles que se asociaban a las convivir, la aprobación y entrega del material bélico y la obtención de las licencias de funcionamiento para las cooperativas (las cuales requerían la aprobación tanto de la brigada como…
p. 93
[73]esas organizaciones de la facultad de utilizar armas y les quitó bue- na parte de las funciones de control y vigilancia que habían ejercido debido a la extrema laxitud en su regulación; no fueron debidamente supervisadas ni reguladas por el Estado durante su vigencia a pesar de los fuertes indicios de relación e…
p. 96
21Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 751 fragmento
[25]Rodrigo Tovar Pupo, y personalidades públicas como José Pepe Castro, exgober- nador del Cesar, y Hernando Nando Molina 111. En las reuniones Mancuso Gómez les explicó (…) cómo era la creación de las Convivir, cómo operaban las Convivir, cuál era la legalidad de las Convivir, qué armas les en- tregaban a las Convivir,…
p. 75
22A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 631 fragmento
[26]hasta el 2001; el desmovilizado Aurelio Antonio Quintero, fue representante de la Convi- vir California, con sede en Puerto Triunfo; el jefe paramilitar Arnulfo Pe- ñuela dirigía la Convivir Papagayo; el jefe paramilitar José María Barrera Ortiz, alias 'Chepe Barrera' también dirigía una Convivir. Luis Alberto…
p. 63
23Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 291 fragmento
[27]Medina y Téllez, 1994). En esa etapa, el gradual ascenso del narcotráfico y otras eco- nomías, más o menos legales (esmeraldas, contrabando, etc.), contribuirían a que estos grupos armados, al principio empren- dimientos con baja capacidad militar y organizacional, dieran el salto necesario para enfrentar de manera…
p. 29
24Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 47, 512 fragmentos
[28]batallones del Ejército. Aunque la operación fue un fracaso militar, desen- cadenó la “rebelión llanera” que se prolongó hasta mediados de 1952 (Molano, 1986). Durante esta rebelión, numerosas victorias en contra de la Poli- cía y el Ejército consagraron a Guadalupe Salcedo, Eduardo Fran- 20 Todas las entrevistas…
p. 47
[81]comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…
p. 51
25Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2171 fragmento
[29]de los esp í ritus ”. Alfonso L ó pez, con autorizaci ó n del gobierno, que busc ó en varias ocasiones un acuerdo con la guerrilla que llevara a su desarme, se entrevist ó con algunos jefes guerrilleros sin ning ú n resultado. Sin embargo, las guerrillas segu í an aumentando: en los Llanos Orientales, dirigidas por…
p. 217
26No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 56, 602 fragmentos
[30]eran importantes, el movimiento gue- rrillero más numeroso y mejor armado estaba en Casanare, Vichada, Meta y Arauca 108. Su capacidad militar les dio para tomarse bases militares como las de Palanquero, en Cundinamarca, y pueblos como Orocué, en Casanare. Al comienzo, los hacendados apoyaron a las guerrillas, pero…
p. 60
[60]Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…
p. 56
27Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 318, 3222 fragmentos
[31]m b ia La guerrilla de los Llanos se conformó a comienzos de los cincuenta, cuando el liberal Elíseo Velásquez se alzó en armas para defenderse de la per secución del régimen conservador. En los Llanos se integraron las guerrillas liberales con una heterogénea composición social: campesinos desplazados de sus…
p. 322
[75]agrario del Alto Su- mapaz y Oriente del Tolima, liderado por Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, y de las relaciones de ellos con Gaitán, surgieran las guerrillas del Su- mapaz, grupos de autodefensa campesina que enfrentaron la opresión y per secución del régimen conservador y del proyecto de conservatización…
p. 318
28Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 35, 392 fragmentos
[33]políticas de titulación de baldíos y, en general, las iniciativas de desa- rrollo impulsadas por el Estado en la configuración de la clase ganadera que fue fundamental en el auge del paramilitarismo en los Llanos Orientales. Esta sección también revela que en esos años la colonización en los Llanos Orientales estuvo…
p. 35
[48]población civil que buscaba su seguridad al lado de quienes tenían las armas. Por ello, la columna per- dió movilidad y tuvo que afrontar problemas de protección a la gente que se había sumado a la marcha Ese tiempo se constituyó en una especie de escuela de entrenamiento que hizo posible la etapa propiamente…
p. 39
29Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 fragmento
[34]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
p. 57
30Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 311 fragmento
[35]aspectos, el ca- pítulo ofrece los antecedentes de formación de los paramilitares y brinda elementos para comprender la manera como a partir de 1997 aplicaron un plan que buscaba constituirlos en un actor polí- tico de orden nacional y convertirlos en autoridades indisputadas en regiones de su interés. 1. La…
p. 31
31At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2021 fragmento
[36]county of Apartadó will not only have a Communist county executive appointed by the Governor (and removable by him), but one directly elected for a period of two years... not subject to any kind of supervision. These men [the elected of fi cials of the UP] have to proceed in accordance with a philosophy, a doctrine…
p. 202
32El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 3111 fragmento
[37]temprano como en la célula inicial del Magdalena Medio. Pero solo se convirtió en un factor dominante a finales de la década de 1980, cuando los eos tos de mantener el aparato militar subieron de manera prohibitiva, Una economía tan ineficiente como la ganadería extensiva no podía ya sostener el esfuerzo. El…
p. 311
33Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 1011 fragmento
[38]más al predio El Hato, ubi- cado frente a los dominios de Vicente Zabala y del que era dueño Luis Javier Rodríguez. Con el apoyo de este ganadero, se habría constituido una Convivir (Cuencas del Río Cáchira) en la cual se iniciaron varios de los comandantes de lo que luego sería el 20 de julio. En la cooperativa de…
p. 101
34La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1901 fragmento
[39]están dispuestos a comprar las tierras y cuando el campesino se quedo sin tierra, es un campesino que está condenado a la ruina. (Grupo focal/campesinos desplazados/despojo de tierras/masacres/Ma- ría La Baja, Bolívar/octubre de 2009). En la siguiente Tabla se representan por períodos de tiempo, las permanencias y…
p. 190
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391 fragmento
[40]con el Estado nación. De esta forma garantiza diseños institucionales funcionales a sus intereses al tiempo que, deliberadamente, aplaza indefinidamente la respuesta a las demandas de los sectores populares. Las haciendas del sur de Córdoba, del bajo Cauca y del Urabá antioqueño se fueron formando mediante la tumba y…
p. 39
36Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1771 fragmento
[41]durante periodos relativamente largos, dada la coexistencia en su estructura productiva de una ganadería inmediatamente disponible para el consumo y terrenos aptos para el sembrado de cultivos de pan coger de retorno inmediato. En su conjunto, estas zonas pudieron haber llegado a albergar hasta 20. 000 hombres en…
p. 177
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 fragmento
[44]entre 1930 y 1950, huían de la persecución conservadora. Algunos de estos liberales conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo en la década de los cuarenta y los cincuenta 39. Por último, está el piedemonte norte. Villavicencio y Yopal se erigen como las ciu- dades referentes de los llanos orientales, y…
p. 40
38Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1081 fragmento
[45]de las autoridades fuera evidentemente injusta. Guadalupe Salcedo era un guerrero vigoroso y leal con sus hombres, hábil estratega y memorable ser humano, firme en sus convicciones e implacable en el combate, que cuando fue llamado a la paz y a la concordia y se convenció de que la promesa oficial era sincera, actuó…
p. 108
39Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2251 fragmento
[46]Miraflores y Garagoa, alebres- tó a la población y estimu ló la guerri ll a llanera que, rápidamente, habría de ser emblema de la resi ste ncia en todo el país. Los Llanos y los llaneros integran el mito de origen de la repú- blica: de los Llanos vino la libertad en 1819. Podemos ir más atrás: Bochica, una de las…
p. 225
40Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 85, 972 fragmentos
[49](Putumayo, Meta y Guaviare), el Norte (Santander, Norte de Santan- der) y el Este (Casanare y Arauca). De esta manera, Castaño tomó los pasos concretos hacia la formación de una estrategia nacional para la cual los modelos de Puerto Boyacá y Urabá sirvieron como prototipos. ¿Cuál es la fuerza propulsora detrás de este…
p. 97
[70]están lu- chando contra nuestros enemigos, no tenemos ningún interés en comba- tirlos»25. Está visión se oye dentro de los círculos más altos de los mandos militares 26. De esta manera, las relaciones entre el Estado y los grupos son de colaboración en las zonas es en el terreno, mientras el tar. Este análisis se LOS…
p. 85
41Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 fragmento
[51]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…
p. 24
42El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1572 fragmentos
[52]con dineros del narcotráfico aportados principalmente por Gonzalo Rodríguez Gacha y el cartel de Medellín. “Los pensamientos de Gon- zalo Pérez y Henry Pérez era ganarle la guerra a la guerrilla, y ganar terreno. Y con ese aliado que tenían en la época, con esa plata, pues era estar en todo el país, atacando a la…
p. 157
[53]con dineros del narcotráfico aportados principalmente por Gonzalo Rodríguez Gacha y el cartel de Medellín. “Los pensamientos de Gon- zalo Pérez y Henry Pérez era ganarle la guerra a la guerrilla, y ganar terreno. Y con ese aliado que tenían en la época, con esa plata, pues era estar en todo el país, atacando a la…
p. 157
43La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2971 fragmento
[54]Eduardo Ramírez, 95 Hacia 1987 el paramilitarismo del Magdalena Medio comenzó a perturbar re- giones de Córdoba y Urabá. La expansión del grupo paramilitar comandado por Gonzalo y Henry Pérez a territorios que transcendían al Magdalena Medio tuvo cierta semejanza con el proceso de enquistamiento que años atrás…
p. 297
44Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1251 fragmento
[55]de convergencia, mucho más organizado, de lo que será el paramilitarismo en Colombia. Un paramilitarismo que, rápidamente, es consciente del atractivo de la violencia y el crimen organizado para consolidar su particular poder económico y territorial. De hecho, no por casualidad comienza darse en enclaves donde se…
p. 125
45Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 811 fragmento
[56]desde La Macarena a “poner orden” y controlar el territorio» 187. Y aunque durante los años setenta y principios de los ochenta los narcotraficantes mantuvieron una relación económica relativamente pacífica y mediada por la cola- boración con las guerrillas, que ejercían control sobre los cultivos de coca, pronto los…
p. 81
46Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 338, 3412 fragmentos
[57]Golfo y Los Caparrapos 609. En la Orinoquía se hay una investigación sobre una red de Martín Llanos y una red de apoyo entre la ciudad de Bogotá y el municipio de San Martín, Meta, del Erpac 610. El narcotráfico como actor contrainsurgente En los orígenes del narcotráfico hay una violencia propia de la actividad…
p. 341
[68]cocaína y llevar adelante la lucha contrainsurgente fueron las de Mapiripán, Meta, en 1997; El Placer, Putumayo, en 1998; y La Gabarra, Norte de Santander, en 1999. Estas tres masacres tuvieron dos factores comunes. El primero de ellos es la responsabilidad de miembros de la fuerza pública en ellas, tanto por acción…
p. 338
47Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 4091 fragmento
[58]6 Ejercicio de periodización del delito de desaparición forzada en el Magdalena Medio del narcotráfico en zonas dominadas por las guerrillas (Garzón, 2005, página 67). Mucho se ha hablado sobre el origen de esta facción paramilitar. Algunos consideran que su aparición está ligada a la venta de una “franquicia” de…
p. 409
48Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1901 fragmento
[61]thousands of Colombians. Its images are unerasable and in good measure have given the Violence its distinctive seal. The extreme modality of this process was, of course, murder. Extreme not only for the number of victims but also because of the indescribable torture that surrounded these murders and marked for life…
p. 190
49Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 641 fragmento
[62]forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…
p. 64
50Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5072 fragmentos
[63]fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…
p. 507
[64]fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…
p. 507
51Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 741 fragmento
[65]que implica la cesación convenida de la guerra entre el Gobierno y una parte decisiva de la insurgencia. Con frecuencia se repite sin pensarlo mucho que lo que ahora se denomina el c onflicto interno cumple más de cincuenta años. En verdad cumple bastantes años más, porque ya en 1949 en Sumapaz, Sur del Tolima y Norte…
p. 74
52Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 741 fragmento
[66]que implica la cesación convenida de la guerra entre el Gobierno y una parte decisiva de la insurgencia. Con frecuencia se repite sin pensarlo mucho que lo que ahora se denomina el c onflicto interno cumple más de cincuenta años. En verdad cumple bastantes años más, porque ya en 1949 en Sumapaz, Sur del Tolima y Norte…
p. 74
53Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 851 fragmento
[67]tuvo un componente de ocupa- ción, que fue desde la expulsión de gente del territorio. Los desplazamien- tos fueron muy profundos, fueron producidos por la presencia de las auto- defensas, por la guerra y por la presencia de la guerrilla. Los empresarios entraron sobre baldíos para sembrar palma de aceite y para…
p. 85
54De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 42, 652 fragmentos
[69]la estructura del Bloque Tolima de las AUC. 66 DE LOS GRUPOS PRECURSORES AL BLOQUE TOLIMA (AUC) INFORME No. 1 indígenas quedan al margen derecho del río y el campesino a la margen izquierda del río. Entonces, ahí nos dividieron y cuando entra la operación de Marquetalia es cuando el Ejército aprovecha a través de mi…
p. 65
[80]de la Verdad mencionan de manera frecuente en sus narraciones a uno de los comandantes de las Convivir que ope- raron en el sur del Tolima. Lo denominan “ Ernesto, don Ernesto o Canario”: “Sí ahí había uno que se llaman Ernesto no sé qué…, 43 CAPÍTULO 1. UNA ESTRUCTURA ENDÓGENA DE LARGO ALIENTO ah ya murió, qué día me…
p. 42
55Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 401 fragmento
[71]economic elites that dominated both polit- ical parties (Pearce 1990, 44). His candidacy expressed the frustration of mil- lions of Colombians disappointed with the failed reformist efforts of the López-Pumarejo government. In April 1948 Gaitan was assassinated in the streets of Bogotá. His death set off an incredible…
p. 40
56La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 371 fragmento
[72]de que sería bueno tener este monopolio. Esto no siempre ha sido así. Después de la Constitución de Rionegro de 1863, no había un ejército nacional y el Estado nacional no tenía el derecho de intervenir en las cuestiones de los departa- mentos que lo constituían. De hecho, la Ley 20 de 1867 declaraba: Artículo 1.…
p. 37
57Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 281 fragmento
[74]Medellin to not only ignore his criminal activities, but to actively support and promote them. In essence, through alliances with bureaucratic elites at the regional and national levels, he was able to put elements of the state apparatus at the service of organized crime. The relationship Berna developed with…
p. 28
58Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1011 fragmento
[77]como lo habían hecho muchos de los dirigentes de las guerrillas liberales que se habían dejado atraer por la euforia de los primeros meses del gobierno militar, cuando se anunciaba la suspensión de toda forma de persecución basada en razones políticas, y cuando se ofrecieron indultos y amnistías a los guerrilleros que…
p. 101
59Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1421 fragmento
[78]veterano diri- gente campesino Isauro Yosa, «Mayor Lister», y el guerrillero de ascendencia indígena Jacobo Prías Alape, «Cha- rronegro», pero en el largo plazo, lo que resultó más significativo fue la evolución de campesinos que prove- nientes de otras regiones (Cauca, Hui- la, Quindío) y habiendo militado en- tonces…
p. 142
60Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 251 fragmento
[79]relato de los llamados escopeteros que, con el tiempo y a medida que se afianzó el paramilitarismo, adquirió fuertes elementos de justificación externa y cohesión interna para estas dos estructuras parami- litares incluso durante la llamada etapa de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia). Un primer elemento…
p. 25
61Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 741 fragmento
[82]dichos grupos desde los años sesenta, sobre todo en las regiones del norte de Antioquia, el sur de Córdoba y el Nordeste antioqueño. Esta fue producto de la transición entre 152 Centro Nacional de Memoria Histórica, «Base de datos sobre tipo de violencia en Antioquia y Córdoba. Tablero de Secuestro.» 153 Ibíd 154…
p. 74
62El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 431 fragmento
[83]y sus estructuras pasaron de ser esporádicas a grupos permanentes de gran impac- to. Los paramilitares aparecieron en la contienda contra las guerrillas y fueron determinantes en las tensiones sociales, las luchas laborales y las dificultades para la explotación de recursos naturales. La existencia de escuadrones y…
p. 43
63The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 631 fragmento
[84]E R Y T H I N G I D I D I N T H E N A M E O F P E A C E ” aspirations of social organizations in the rural regions. The Frente Nacional was an imperfect political arrangement that ultimately consolidated the tra- ditional elite’s domination of Colombia. Peace came with a cost, since the ensuing grievances fueled…
p. 63
64Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4301 fragmento
[85]la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…
p. 430
65Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4662 fragmentos
[86]la propiedad, el promedio de los municipios donde hubo presencia de las ACMM reporta un total de 0,69 y para los municipios de presencia de las ACPB se registra un promedio de 0,64. Esto, si bien está por debajo del pro- medio nacional (0,86) no deja de ser una cifra alta, teniendo en cuenta que en el caso de las ACMM…
p. 466
[87]la propiedad, el promedio de los municipios donde hubo presencia de las ACMM reporta un total de 0,69 y para los municipios de presencia de las ACPB se registra un promedio de 0,64. Esto, si bien está por debajo del pro- medio nacional (0,86) no deja de ser una cifra alta, teniendo en cuenta que en el caso de las ACMM…
p. 466
66La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 2301 fragmento
[88]Yaguara II ha sido poblado por indígenas que han llegado de otras zonas del país y que han encontrado en este territorio la posibilidad de construir sus proyectos de vida como pueblos culturalmente diferenciados. Lo que sucede en el departamento del Caquetá, a diferencia de lo que sucede en la zona norte del país, es…
p. 230