Idea transversal
Convivir
Las Convivir fueron cooperativas de vigilancia y seguridad privada creadas en Colombia en 1994 que, bajo una fachada legal de autodefensa agraria, operaron como mecanismo de 'violencia por delegación' al servicio del paramilitarismo, condensando en su nombre la tensión histórica entre el ideal cívico de la convivencia y su uso como instrumento de exclusión y despojo.
Trayectoria de una idea
- 1965
Decreto 3398: origen del principio de delegación armada
- 1994
Creación formal de las Convivir
- 1994
Cooptación paramilitar de las Convivir
- 1997
Ilegalización de la figura y continuidad paramilitar
- 2014
Sentencia judicial que caracteriza las Convivir como 'violencia por delegación'
- 2021
Balance del despojo: 7.098 sentencias de restitución
La lectura
El nombre 'Convivir' encarna una de las ironías más reveladoras de la historia colombiana reciente: la misma palabra que presidentes y constituyentes invocaban como horizonte de paz sirvió para bautizar cooperativas que ejecutaron el trabajo sucio del paramilitarismo. Creadas en 1994 como figura de autodefensa agraria, las Convivir no fueron una desviación del sistema sino su expresión más descarnada: la delegación de la violencia en actores privados siguió una lógica que el Estado colombiano había habilitado desde 1965, cuando el Decreto 3398 autorizó el uso de civiles en tareas de seguridad. Su legado territorial es cuantificable —ocho millones de hectáreas despojadas, más de medio millón de familias desplazadas, 53 % de las sentencias de restitución apuntando a los paramilitares— pero su legado simbólico es igualmente profundo: demostraron que el lenguaje de la convivencia puede funcionar como cobertura semántica para la eliminación sistemática de quienes disputan el orden agrario. Cuando la figura se ilegalizó, las redes no se disolvieron sino que se reconvirtieron, confirmando que el problema nunca fue la cooperativa sino la estructura de poder que la habitaba.
Convivir en la historia de Colombia
Convivir, en Colombia, es una palabra tramposa. Nombra a la vez el ideal cívico más invocado por presidentes y constituyentes, y una figura jurídica —las Cooperativas de Vigilancia y Seguridad Privada creadas en los años noventa— que sirvió de fachada legal al paramilitarismo. Esa homonimia no es un accidente semántico: condensa la historia de una república que ha ensayado, durante cinco siglos, fórmulas para que grupos con proyectos incompatibles coexistan en el mismo territorio, y que ha hecho de esas fórmulas tanto un instrumento de reconciliación como un mecanismo de exclusión. Rastrear la palabra —desde la república de indios hasta el plebiscito de 2016— es rastrear cómo el país ha decidido, en cada época, quién merece coexistir dentro del pacto y quién queda del otro lado, disponible para la violencia legítima o delegada.
La semblanza: una categoría en disputa
En el vocabulario político colombiano, convivencia pertenece a la familia de las palabras que todos usan y nadie define. Aparece en la retórica del Frente Nacional como antídoto contra La Violencia bipartidista, en el preámbulo espiritual de la Constitución de 1991 como horizonte de la nueva ciudadanía, en los Acuerdos de La Habana como condición del posconflicto y, con ironía cruel, en el nombre de las asociaciones armadas que patrullaron el campo entre 1994 y 1997. Su plasticidad la vuelve útil: sirve para pactar entre élites, para legitimar reformas, para bautizar cooperativas de vigilancia y para exhortar a víctimas y victimarios a compartir escuela y vereda.
La categoría opera bajo dos lógicas simultáneas y con frecuencia contradictorias. Por un lado, la convivencia entendida como pacto: acuerdo entre actores con poder de negociación —partidos, iglesias, gremios, ejércitos irregulares— que estabiliza la violencia repartiendo el poder y reconociendo cuotas. Por otro, la convivencia como práctica plebeya: mingas, convites, juntas de acción comunal, asociaciones campesinas y comunidades de paz que reconstituyen el tejido social precisamente en los intersticios de la guerra, y muchas veces contra los mismos que en Bogotá firman los pactos. Entre esos dos polos se juega el sentido político de la palabra.
Los orígenes coloniales: separar para gobernar
La primera arquitectura formal de la coexistencia en el territorio que hoy es Colombia no se llamó convivencia sino segregación jurídica. El régimen colonial español articuló dos espacios diferenciados —la república de españoles, con sus ciudades y villas, y la república de indios, con sus pueblos reducidos—, cuya legislación buscaba reducir al mínimo el contacto entre ambas poblaciones. La separación era funcional: la república de indios sustentaba a la de españoles mediante el tributo y la mita, drenando los excedentes económicos de las sociedades indígenas hacia los colonizadores. Convivir, en ese esquema, no era compartir vecindad sino ocupar el lugar asignado dentro de una jerarquía tributaria.
La norma fue transgredida desde el primer día. Los encomenderos se apersonaban en las comunidades indígenas para reforzar la dominación directa; la ciudad encomendera del primer siglo dependía enteramente de la mita urbana para construir sus casas y del abastecimiento de las encomiendas para comer. El cabildo colonial distribuyó tierras entre conquistadores, y las primeras generaciones concentraron simultáneamente posiciones de gobierno local y acceso a recursos. La ciudad española, más que un centro económico integrado con su entorno rural, funcionó como un enclave jurídico-militar sobre un sistema económico indígena preexistente.
Cuando la Corona quiso ordenar el desorden, apretó. Entre 1590 y 1620 la administración congregó a los indios dispersos en pueblos nucleados: en 1601 un oidor de Santa Fe fusionó 83 comunidades en 23; en 1602 una visita a Tunja redujo 104 a 41. La ingeniería demográfica facilitaba el control y la extracción, pero también aceleró procesos que la ley oficial negaba. Para 1778, los censos del Nuevo Reino de Granada registraban un 20 % de indios, un 26 % de blancos, un 8 % de esclavos y un 46 % de mestizos de toda clase —y muchos clasificados en otras categorías eran culturalmente mestizos también. La república de las dos repúblicas, en la práctica, había producido una tercera: la mestiza, que la ley no había planeado y a la que nunca se le asignó un espacio propio en la arquitectura del pacto.
Esa herencia dejó dos rasgos duraderos en la manera colombiana de pensar la convivencia. Primero, la costumbre de administrarla desde arriba mediante fronteras jurídicas —quién es indio, quién es blanco, quién vota, quién trabaja— antes que mediante reconocimiento recíproco. Segundo, la centralidad de la tierra como problema irresuelto: la república de indios cedió sus tierras al proceso de mestizaje, al despojo directo y a la formación de haciendas, sin que ningún reordenamiento posterior tocara la estructura agraria de fondo. Fronteras dibujadas desde arriba y una cuestión agraria congelada: dos coordenadas que pasarían intactas al siglo republicano, y que la ruptura de la independencia, lejos de disolver, reencauzaría bajo nombres nuevos.
Los siglos de la guerra civil: enemigos hereditarios
La república independiente heredó la costumbre de segregar y le añadió una nueva: la de dividirse en dos. Desde los primeros años, los bandos políticos se descalificaban con epítetos —serviles, godos, liberales, fanáticos— que establecieron una tradición de deslegitimación del adversario. El siglo XIX colombiano se organizó en torno a una sucesión de guerras civiles entre liberales y conservadores, coronada por la Guerra de los Mil Días, entre 1899 y 1903, la más larga y sangrienta de todas, que estalló en Santander —fortín del liberalismo radical— antes de extenderse por el país.
Entre esos dos siglos se instala el proyecto que probablemente más marcó el vocabulario colombiano de la exclusión: la Regeneración. Liderada por Rafael Núñez desde 1880 y consolidada con la Constitución de 1886 y el Concordato con el Vaticano, instauró un régimen centralista con fuerte influencia clerical y hegemonía conservadora que se prolongó hasta 1930. Durante esas cinco décadas el partido liberal quedó marginado del poder y protagonizó tres intentos armados fallidos —1885, 1895 y la Guerra de los Mil Días—, ganándose el mote de frustrado revolucionario armado. La convivencia bipartidista, en ese periodo, se pareció más a una tutela: los conservadores gobernaban, los liberales conspiraban.
Cuando el ciclo se cerró en 1930 y los papeles se invirtieron, la memoria de la exclusión ya estaba tallada en ambos bandos. Ese es el sustrato que permite entender La Violencia. El odio político bipartidista fue una causa inicial reconocida del conflicto, y la calificación del adversario como enemigo tuvo efectos devastadores en el campo: para el campesino, la palabra evocaba la imagen del maligno, algo que encarnaba todo el mal y que, por tanto, podía y debía ser aniquilado. Al llamarse enemigo tradicional entre sí desde los balcones de Bogotá, las élites bipartidistas no calibraron que en el hombre-masa rural el término tenía connotaciones teológicas: no se lo derrotaba, se lo exterminaba. La Violencia costó hasta 200.000 muertos y fue el conflicto más largo y destructivo del hemisferio occidental en el siglo XX después de la Revolución Mexicana.
El Frente Nacional: convivencia como reparto
De ese desastre surgió el primer uso moderno y explícito de la convivencia como fórmula política. El 24 de julio de 1956 —o el 26, la fecha exacta se disputa—, Alberto Lleras Camargo, en nombre del liberalismo, y Laureano Gómez, en nombre del conservatismo, se reunieron en Benidorm, España, para pactar la unión de los dos partidos contra el gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla. El 20 de julio de 1957, en Sitges, firmaron el acuerdo que convocaría al plebiscito del 1 de diciembre de ese año, refrendado abrumadoramente, y que además inauguró en Colombia el voto femenino. El Frente Nacional entró en vigor en 1958 y duraría cuatro periodos presidenciales: alternancia estricta cada cuatro años entre liberales y conservadores hasta 1974, y reparto milimétrico de todos los cargos públicos entre ambas colectividades.
Fue, en su propia lógica, un éxito: puso fin al régimen militar, desmontó la fase más aguda de La Violencia y devolvió al país un marco institucional estable. Pero fue una convivencia diseñada para dos. Al distribuir presidencia y burocracia exclusivamente entre liberales y conservadores, el Frente Nacional convirtió la disputa bipartidista en cogobierno y cerró el espacio político para terceras fuerzas. La oposición vino desde las propias entrañas de los partidos: el Unionismo conservador de Mariano Ospina Pérez y Gilberto Alzate Avendaño, y el Movimiento Revolucionario Liberal de Alfonso López Michelsen denunciaron que el acuerdo repartía cargos entre oligarquías y anulaba la competencia democrática.
El problema estructural, sin embargo, era otro. El pacto no tocó las causas sociales y económicas del conflicto. La policía, que había funcionado como brazo armado del partido conservador durante La Violencia, fue despolitizada y militarizada, pero la tierra siguió concentrada, el campo siguió empobrecido y el bandolerismo se transformó sin resolverse. Exguerrilleros como Teófilo Rojas, Chispas, encontraron con relativa facilidad quién los siguiera; en el Quindío, propietarios cafeteros y jefes políticos liberales acosados por los pájaros contactaron guerrillas del sur del Tolima y financiaron a Chispas como autodefensa que también servía de instrumento de agresión contra rivales. La amnistía ofrecida por Lleras Camargo fracasó, en parte porque los alzados habían aprendido a desconfiar de los pactos gubernamentales. Algunos remanentes de la guerrilla liberal se recompusieron como guerrillas de inspiración comunista —el germen de las FARC y del ELN—; otros degeneraron en bandolerismo puro.
La convivencia del Frente Nacional funcionó, entonces, como tecnología de pacificación entre las élites bipartidistas y como acto de exclusión respecto de todo lo demás: los comunistas, los movimientos agrarios, las guerrillas nacientes, las oposiciones internas. Estabilizó a los de arriba y dejó afuera a los que reclamaban una reforma más honda.
La delegación de la violencia: el otro rostro de la convivencia
Mientras el país se felicitaba por el reparto pacífico del poder, en paralelo se construía el marco jurídico que autorizaría a civiles armados a sostener el orden allí donde el Estado no llegaba —o donde no quería llegar directamente. En 1965, bajo estado de excepción, el Decreto 3398 estableció en su artículo 25 que todos los colombianos no comprendidos en el servicio militar obligatorio podían ser utilizados en actividades de seguridad. La norma nació de la lógica de la Guerra Fría y de la contrainsurgencia, pero fijó un principio de largo aliento: la seguridad podía delegarse en la sociedad civil armada. En los años ochenta, en regiones como el Magdalena Medio, Urabá, el sur de Córdoba y las zonas esmeralderas de Boyacá, esa delegación se materializó en grupos paramilitares vinculados a narcotraficantes, ganaderos y militares.
En 1994 el marco se rebautizó. Las Convivir se crearon como cooperativas de vigilancia y seguridad privada para la autodefensa agraria. En la letra, cooperaban con la fuerza pública en labores de información y protección; en la práctica, según lo estableció años después la sentencia contra Salvatore Mancuso Gómez y otros, se convirtieron en el mecanismo de violencia por delegación mediante el cual grupos paramilitares ejecutaban el trabajo sucio que la fuerza pública no podía realizar directamente. Los jefes paramilitares no operaron al margen de la figura: la dirigieron. Arnulfo Peñuela mandaba en la Convivir Papagayo; José María Barrera Ortiz, Chepe Barrera, dirigía otra; Aurelio Antonio Quintero representó a la Convivir California en Puerto Triunfo; Luis Alberto Villegas Uribe encabezó la Convivir El Cóndor en San Roque.
Cuando la figura se ilegalizó a fines de los noventa, la maquinaria no desapareció: el proyecto paramilitar de la Casa Castaño se expandió sobre los mismos territorios y con las mismas redes. En el corredor de la serranía de San Jacinto, en los Montes de María, el paso de las Convivir al paramilitarismo abierto fue una continuidad organizacional casi sin costura. El resultado fue un orden violento que criminalizó toda forma de actividad popular o comportamiento contestatario: sindicalistas, líderes comunales y defensores de derechos humanos —muchos de ellos surgidos al calor de las reformas democráticas de 1991— quedaron catalogados como enemigos.
El alcance del proceso solo se entiende por su huella territorial. Ocho millones de hectáreas —el tamaño de Austria, cincuenta veces el de Bogotá— fueron despojadas o abandonadas entre 1995 y 2004, y más de medio millón de familias fueron desplazadas de sus tierras entre 1985 y 2013. Cuando la restitución empezó a producir sentencias, la geografía de la responsabilidad quedó clara: de las 7.098 dictadas hasta febrero de 2021, el 53 % señaló a los paramilitares como responsables, frente a un 19 % atribuido a las guerrillas. En 2011 la Superintendencia de Notariado y Registro documentó que unas 150.000 hectáreas de campesinos habían sido apropiadas mediante fraudes documentales, ventas bajo presión y complicidad institucional en notarías y registradurías. El despojo no fue solo material: fracturó vínculos íntimos y simbólicos con el territorio para comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas.
El lenguaje de la convivencia —cooperativa, vigilancia rural, seguridad ciudadana— sirvió, en ese ciclo, de cobertura semántica para lo contrario: la eliminación sistemática de quienes disputaban el orden agrario. Es la vertiente que suele ausentarse cuando se enumeran los grandes pactos.
1991: la convivencia como derecho
La Constitución de 1991 fue el intento más ambicioso de refundar el pacto en términos incluyentes. La Asamblea Nacional Constituyente estuvo presidida por tres copresidentes que encarnaban trayectorias irreconciliables hasta entonces: Álvaro Gómez Hurtado por el conservatismo, Horacio Serpa por el liberalismo, Antonio Navarro Wolff por el M-19 recién desmovilizado. Junto al M-19, otros grupos insurgentes —el EPL, el Movimiento Armado Quintín Lame y el PRT— aceleraron sus negociaciones para participar en el proceso. La convivencia dejó de ser un pacto entre dos y se abrió, al menos en principio, a la insurgencia que aceptaba dejar las armas.
El límite del gesto fue temprano y elocuente. La posibilidad de diálogo con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar —que incluía a las FARC y al ELN— se frustró casi por completo poco después de que Alfonso Cano expresara interés en ampliar la participación guerrillera en la Constituyente. El bombardeo a Casa Verde, sede histórica del secretariado de las FARC, coincidió con el ciclo electoral de constituyentes y cerró la ventana. La refundación democrática, que Gonzalo Sánchez ha caracterizado como "apertura institucional para la insurgencia", incluyó a quienes ya se habían desmovilizado y dejó por fuera a las guerrillas que seguirían combatiendo dos décadas más.
Aun con ese límite, la Constitución del 91 reformuló la convivencia colombiana. Reconoció el carácter pluriétnico y multicultural del país, incorporó derechos colectivos para comunidades indígenas y afrodescendientes, creó la tutela como mecanismo de exigibilidad ciudadana y abrió el sistema electoral a nuevas fuerzas. Antanas Mockus, desde la alcaldía de Bogotá a partir de 1995, la tradujo en pedagogía urbana: cultura ciudadana, autorregulación, el ciudadano como corresponsable del orden público. Juan Manuel Santos la describió más tarde como un logro excepcional y un paso inmenso hacia la modernización del país.
Pero la promesa constitucional se estrelló contra la realidad paralela del paramilitarismo. Precisamente en los mismos años en que la carta reconocía derechos, las Convivir tercerizaban la guerra sucia. Los sindicalistas, líderes comunales y defensores de derechos humanos que la Constitución habilitaba fueron los primeros objetivos de una violencia que interpretó la apertura como amenaza. Los procesos de restitución de tierras, cuando por fin comenzaron, enfrentaron el asesinato sistemático de líderes reclamantes, con decenas de homicidios documentados en periodos muy cortos y presiones sostenidas de estructuras armadas posdesmovilización como Las Águilas Negras. La política de restitución, además, ha carecido de seguimiento efectivo sobre la viabilidad de los proyectos de retorno y de una visión de mediano plazo para la población desplazada, que las administraciones regionales suelen postergar frente a los pobres locales.
La convivencia desde abajo
Hay una historia paralela, menos citada en los discursos presidenciales, que sostiene el otro polo del término: la de las prácticas comunitarias que en Colombia han sostenido la coexistencia sin firmar pactos ni salir en fotografías.
La minga, en las comunidades indígenas del Cauca andino, combina trabajo colectivo agrícola con un marco casi ceremonial: es institución fundamental auspiciada por los cabildos, con antecedentes que se remontan a la época prehispánica. El convite antioqueño, su equivalente cultural, fue durante la colonización del siglo XIX la práctica más frecuente para construir casas, rozar tierras y levantar caminos: los vecinos trabajaban a cambio de comida y bebida, y la empresa comunitaria antecedía al mercado. En el Alto Ariari, en el Meta, el sindicato campesino actuó como autoridad comunitaria y organizó la recolección de cosechas, el pilado de arroz y maíz, los convites, las tiendas campesinas: no solo garantizaba la seguridad alimentaria y resolvía conflictos internos, sino que producía identidad. En Medellín, en los años noventa, los convites urbanos articulados con la Consejería Presidencial lograron que la seguridad se convirtiera en asunto público debatido en foros y barrios.
Contra la lógica del pacto de élites, estas prácticas construyen convivencia desde la reciprocidad concreta: no consenso ideológico ni distribución de cuotas burocráticas, sino trabajo compartido y decisiones colectivas. Y contra la lógica de la delegación de la violencia, otras experiencias han optado por la neutralidad activa. La Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare, la ATCC, surgió a fines de los años ochenta como reacción del campesinado del Magdalena Medio a la violencia indiscriminada de todos los actores armados —fuerzas estatales, paramilitares, guerrillas— e instauró la neutralidad como principio de organización social. En La India y Cimitarra, los campesinos desarrollaron estratagemas colectivas para escapar al control armado, viviendo en zozobra constante pero negándose a alinearse con ninguna facción. Las comunidades de paz de los años noventa —la más conocida, la de San José de Apartadó— sistematizaron esa opción: no participación en la guerra, no colaboración con actores armados, reconstrucción del tejido social mediante solidaridad y cooperación.
Estas experiencias son frágiles y han pagado caro su neutralidad —masacres, asesinatos selectivos, estigmatización oficial—, pero son la evidencia de que la convivencia colombiana no es solo lo que los partidos y los generales firman en las capitales. Tiene un linaje popular que precede a los pactos y los sobrevive.
La Habana y el plebiscito: una convivencia partida
En agosto de 2016, tras cuatro años de negociaciones en La Habana, el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP anunciaron el cierre del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. Rodrigo Londoño, Timochenko, firmó por la guerrilla. El proceso recogió, además, la voz de organizaciones de víctimas: hasta Muvidesfor, del Amazonas, viajó a La Habana a hacer visibles hechos victimizantes que nadie había escuchado. En Urabá, víctimas y excombatientes protagonizaron actos públicos de perdón previos al plebiscito; el del 30 de septiembre de 2016 en Apartadó, con Iván Márquez y Pastor Alape, es el más recordado.
El 2 de octubre de 2016, el Sí perdió por un margen estrechísimo. Todas las encuestadoras habían fallado. En el Eje Cafetero, el rechazo fue especialmente fuerte: 60,13 % de No en Quindío, 57,9 % en Caldas, 55,69 % en Risaralda. El país que se pensaba a sí mismo maduro para cerrar medio siglo de guerra se descubrió escindido. El Kroc Institute, evaluando el acuerdo contra 51 variables de procesos comparados, lo consideraba el que mayores probabilidades tenía de gestar un posconflicto pacífico y sostenible; El Tiempo lo llamó el más integral del mundo. Pero la mitad más uno de los votantes no lo quiso.
El resultado fue renegociado y refrendado por el Congreso. De ahí salió la arquitectura institucional del posconflicto: la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad, la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. La JEP se sostiene sobre el Acto Legislativo 001 de 2017, la Ley 1820 de 2016, el Decreto Ley 706 de 2017 y la Ley Estatutaria 1957 de 2019, con reglas específicas para miembros de la fuerza pública y de las FARC-EP. Sectores militares consideran que la legislación está bien concebida y garantiza seguridad jurídica, aunque expresan preocupación por interpretaciones que estiman desfavorables. Las encuestas de reconciliación arrojan resultados heterogéneos: en los Montes de María, seis de cada diez personas no estarían dispuestas a reconciliarse; en Antioquia, la disposición es notablemente mayor.
El plebiscito, más allá de su desenlace, cristalizó una tensión que atraviesa la palabra desde el Frente Nacional. Para un sector, la convivencia es condición imprescindible de las transformaciones sociales e institucionales, y por eso requiere ceder en ciertas exigencias punitivas a cambio de reintegración. Para otro sector, ese razonamiento roza el pacifismo ingenuo, forma de atajo que renuncia a la crítica y cede en los principios; en su lectura, la guerra y ese pacifismo son variantes distintas de un mismo problema. Ninguna de las dos posiciones es reductible a la caricatura de la otra: la disputa sobre qué significa convivir —con quién, en qué términos, a qué costo— quedó abierta en octubre de 2016 y sigue abierta.
La huella: qué se disputa hoy
La convivencia colombiana, al comenzar la tercera década del siglo XXI, es un campo en tensión activa. No hay síntesis: hay usos rivales que coexisten. El Estado la invoca en las políticas de reincorporación de excombatientes y en los programas de desarrollo con enfoque territorial. Las comunidades campesinas la practican en las mingas, los convites y las asociaciones locales que sobreviven a la violencia de grupos posdesmovilización. Los sectores que rechazaron el Acuerdo de La Habana la reivindican como orden bajo autoridad, no como reconciliación con quienes empuñaron las armas. Los defensores del Acuerdo la entienden como condición mínima para reformar un país que ha combinado, con notable consistencia histórica, democracia formal y violencia endémica —elecciones regulares, tribunales independientes, manejo económico responsable, y a la vez masacres, desplazamiento y asesinatos de líderes sociales.
El posconflicto, se ha dicho, tomará una década o más, condicionado a la lealtad de las partes con lo acordado y a la construcción colectiva de un pacto que hasta ahora ninguna generación colombiana ha logrado sostener del todo. Ninguna fórmula de convivencia ha sido definitiva porque ninguna ha tocado el fondo del problema: la estructura agraria, la delegación estatal de la violencia, la exclusión política de quienes disputan el orden desde afuera del pacto. La república de indios preservó la concentración de la tierra. El Frente Nacional la ignoró. La Constitución del 91 la enunció como problema sin resolverlo. Los Acuerdos de La Habana incluyeron una Reforma Rural Integral cuyo cumplimiento avanza con lentitud.
Cada nombre marca un desplazamiento del umbral. Santander fijó en el siglo XIX la idea de la ley como marco de la vida civil compartida, y Núñez apretó ese marco hasta hacerlo excluyente. Gaitán encarnó, hasta su asesinato en 1948, la promesa de una convivencia que incluyera al pueblo trabajador; Lleras Camargo y Laureano Gómez la redujeron a pacto bipartidista en Benidorm y Sitges, mientras Manuel Marulanda Vélez y las FARC quedaban fuera medio siglo. Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano, la reformuló en la Constituyente del 91 como acuerdo sobre lo fundamental; Mockus la tradujo en cultura ciudadana; Santos la firmó en La Habana con Londoño. Los lugares hablan igual: Bogotá como escenario del pacto de élites, desde el cabildo colonial hasta el plebiscito; Urabá y los Montes de María como territorios donde la palabra se probó en la carne, entre despojo paramilitar y reconciliaciones tempranas; Cauca y Chocó como reservorio del linaje comunitario, con la minga, los cabildos y el Palenque de San Basilio; San Vicente del Caguán como laboratorio fallido entre 1998 y 2002; Medellín como demostración de que la convivencia urbana también podía reconstruirse desde el convite; La Habana como el afuera que hizo posible el pacto que Colombia no podía firmar en su propio suelo.
Y sin embargo, la palabra insiste. Sobrevive en las asambleas de comunidades de paz, en las sentencias de restitución que devuelven parcelas a familias desplazadas hace treinta años, en las clases donde se enseña la Constitución del 91 como acto fundacional, en los foros donde víctimas y excombatientes se sientan a hablar por primera vez. Sobrevive también, como espejo, en los nombres de lo que la traicionó: en las Convivir de los años noventa, en el pacifismo ingenuo de los debates actuales, en las guerras civiles que se sucedieron por invocar convivencias imposibles. Convivir, en Colombia, no es una meta cumplida ni un estado natural: es la palabra que nombra, cada vez, el umbral que el país está dispuesto —o no— a cruzar. Y la historia de ese paso, más que la de cualquier institución concreta, es la historia política del país.
En el archivo
18 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Constitución de 19911991–20029
- 1991Funpazcor y el despojo legalizado mediante filantropía armadaHecho
- 1991La Constitución de 1991 y la paradoja del Estado constitucional sin EstadoPregunta
- 1994Gobierno Samper, Proceso 8.000 y las Convivir (1994–1998)Hecho
- 1995Fundación y expansión de las AUC (1995–2000)Hecho
- 1995Limpieza social y orden moral paramilitar en ciudades colombianas (1995–2002)Hecho
- 1997AutodefensasFicha
- 1997Rito Alejo del Río RojasFicha
- 1998Jesús María Valle JaramilloFicha
- 1998La paradoja del 91: Constitución garantista y expansión paramilitar en ColombiaPregunta
02Seguridad Democrática2002–20165
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Paramilitarismo: las Convivir funcionaron como antesala organizacional y cobertura jurídica del proyecto paramilitar, especialmente del liderado por la Casa Castaño
- 02Salvatore Mancuso Gómez: jefe paramilitar cuya sentencia judicial (2014) definió jurídicamente a las Convivir como mecanismo de violencia por delegación
- 03Montes de María y Urabá: territorios donde el tránsito de las Convivir al paramilitarismo abierto fue una continuidad organizacional documentada
- 04Decreto 3398 de 1965: norma que estableció el principio de delegación de seguridad en civiles armados, antecedente jurídico directo de las Convivir
- 05Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (2011): política orientada a reparar el despojo masivo —ocho millones de hectáreas, más de medio millón de familias desplazadas— producido en gran parte por las redes que operaron bajo el paraguas Convivir
- 06Convivencia (ideal cívico): la homonimia entre el concepto cívico y la figura jurídica condensa la tensión histórica colombiana entre pacto de reconciliación e instrumento de exclusión
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
82 documentos · 87 fragmentos
01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1391 cita
[1]los esfuerzos de la casta de los encomenderos por mantener las prerrogativas que se derivaban de la conquista. Dentro de este marco tan amplio de interpretación se inscriben las particularidades de una historia social en la que los encomenderos se enfrentaban a menudo con funcionarios del Estado español, por un…
p. 139
02Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 2211 cita
[2]APROPIACIÓN DE LA TIERRA La ocupación económica de la tierra por parte de los españoles debió ser forzosamente muy lenta en sus comienzos. Los primeros núcleos de la ocu pación española en América fueron las «ciudades». Este espacio primor dial obedecía a un concepto jurídico y político más bien que significar una…
p. 221
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 741 cita
[3]ero creciente de m estizos y blancos pobres. De 1590 a 1620, la adm inistración española instituyó cam bios que, com binados, parecían form ar una solución integral a estos problem as. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. U n PGKIA OI- COL.OMBIA. I ’ a I s rR AG M Í…
p. 74
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 401 cita
[4]jerarquías indígenas (los reservados), por cuanto estas colaboraban en la recepción del tributo. La encomienda y el tributo debían dejar intactas las estructuras productivas indígenas, puesto que su misma existencia dependía de ellas. A la llamada república de los indios se le atribuía el papel de sustentar la…
p. 40
05Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 751 cita
[5]pueblos de indios o en sus cercanías. En la isla de Mompox y fuera de ella, las autoridades concedieron así 39 encomiendas, a otros tantos encomenderos. Fue el comienzo formal de lo que se ha llamado el " r é g i m e n señorial" implantado en tierras ameri- canas. [C] Según los documentos, Loba era tan poblada…
p. 75
06Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 281 cita
[6]de instancias inferiores y con funciones consultivas en los asuntos de administración y gobierno. La administración militar se mantuvo en manos del gobernador, que recibía por lo tanto en forma simultánea el título de capitán general. Los españoles usualmente fijaron su residencia en las Indias, de acuerdo con la…
p. 28
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 741 cita
[7]o “ cuarterones ”, agrupadas en los censos co mo “ mestizos ”, “ castas ” o “ libres ”. En efecto, ya para 1778 casi la mi tad de la poblaci ó n del Nuevo Reino figuraba como mestiza, y mu chos de los que aparec í an como ind í genas, blancos o incluso esclavos eran mestizos. En el censo de ese a ñ o los indios fueron…
p. 74
08Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1551 cita
[8]de tomar posesión del territorio por parte de los españoles. Se fundaron ciudades-puerto, ciudades-centros adminis- trativos, ciudades mineras, ciudades de frontera y ciudades de abrigo y sustento en los largos valles. El tipo de ciudad que dominó el primer siglo colonial fue la ciudad enco- mendera, no sólo porque…
p. 155
09When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 11 cita
[9]Introduction The Violencia and Its Literature On the fourth of June 1949} the registrar of voters of Santa Isabel} Tolima} picked up a pistol and fired a bullet through his brain. The news caused a ripple of interest in the village} and for several days people mused on his untimely passing. A newspaper in the nearby…
p. 1
10La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 5061 cita
[10]Fueron los tiempos en que se reunían colombianos de todos los pelajes a cotizarse para comprar armas con las cuales pudieran defenderse o hacer asesinar a otros colombianos. Hoy, al escrutar el proceso y palpar las consecuencias parece que todos estamos acordes en señalar el odio político reciente como causa inicial…
p. 506
11Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[11]util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…
p. 44
12Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 291 cita
[12]de paz para la Nación. Aquí algunos puntos fundamen- tales por lo menos para despertar ese interés en conocer más ampliamente ese hecho. ¿Dónde estalló? Estalló en el departamento de Santander y aunque el llamamiento a las armas era a nivel nacional, el conflicto se centró en su etapa inicial en esta región,…
p. 29
13¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 901 cita
[13]continuar, estallaron guerras intestinas que han marcado la pauta de la vida nacional hasta el presente. No eran propiamente guerras regionales, sino intrarregionales, entre las élites y los grupos campesinos, entre una mayoría conservadora y una minoría liberal que pretendía, al menos en el papel, a punta de leyes,…
p. 90
14Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1151 cita
[14]no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…
p. 115
15Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 481 cita
[15]Papel Periddico Illustrado». Durante su mandato se firmé el concordato con el Vaticano, que ponia fin al largo litigio entre la Iglesia y el Estado, A la izquierda, entrada en Bogoté del arzobispo monsenor José Telesforo Patil. El arzobispo desempené un destacado papel en los anos iniciales del Movimiento de la…
p. 48
16Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1971 cita
[16]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
17Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 131 cita
[17]limitar las extravagantes prerrogativas pre- sidenciales y procurar eficazmente la garantia de las libertades publicas. Colocado en la desesperante y desesperanzada condicién de abominado enemigo de la domina- cién regeneradora, el partido liberal se lanz6 por se- gunda vez en 1895 a la revuelta, con la misma suerte…
p. 13
18Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3271 cita
[18]tratando a los otros de serviles ”, 74 nombres que acaloraban más las pasiones políticas y marcaron una tradición de descalificación política en las legislaturas de la Nueva Granada: 70 Francisco Soto, Memorias para la historia de la Legislatura de Colombia en 1827 (cursiva añadida). 71 Ibid (cursiva añadida). 72 José…
p. 327
19Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 721 cita
[19]tan 1747 importante papel habia tenido en la violencia bipar- tidista, en calidad de brazo armado del partido con- servador, fue despolitizada y militarizada. Pero las verdaderas causas de la violencia politica y social fueron tratadas de una manera totalmente superfi- cial, lo cual condujo a que algunos sectores de…
p. 72
20Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1611 cita
[20]armas, se reafir- maron en la necesidad de conservar- las, y los que las habían entregado, lo lamentaron y empezaron a ver la am- --stía como una trampa del gobierno. No cabía duda, la violencia partidista retomaba la dinámica de años anterio- res. Ex guerrilleros como Teófilo Ro- jas («Chispas») encontraron fácil re-…
p. 161
21Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 751 cita
[21]jefes liberales formaban parte de los dueños del país, en el fondo también ellos veían un peligro en la modernidad de las ideas y en toda reivindicación popular, y no se atrevieron a contrariar de verdad el régimen de propiedad agraria, que había sido el garante del poder desde la Independencia, y que se había…
p. 75
22Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2271 cita
[22]con el exiliado dirigente conservador Laureano Gómez. Con él firma, el 24 de julio de 1956, aniversario del natalicio del Libertador, el Pacto de Benidorm que ase- guró la unión de los dos partidos en contra de la administración militar imperante, que sería el primer paso que cristalizaría la no muy larga lucha al…
p. 227
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[23]acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…
p. 60
24Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 78, 882 citas
[24]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
[25]social structure that had existed since colonial times. The large ranchers retained their position at the top of the social and economic scale while their workers were no better off than they had been before 1948. Even worse was the fact that the Colombian army, which in the beginning had been regarded as a force for…
p. 88
25Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 4011 cita
[26]next planned and executed Rojas’s overthrow. It also settled on Guillermo León Valencia as the Conservative who would stand for election as the first coalition president. In the days immediately following Rojas Pinilla’s fall most Colombians, politicians and nonpoliticians alike, assumed that Valencia would indeed be-…
p. 401
26Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 2001 cita
[27]representative and democratic” systems, countries such as Colombia.18 The National Front, 1958–1960 Colombia’s democratic revival coincided with the remaking of U.S. policy toward Latin America. During the early 1950s, former president Alfonso López proposed a bipartisan power-sharing arrangement as a solution to the…
p. 200
27El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1021 cita
[28]la ingobernabilidad. Pero, por otro lado, Rojas siguió con el proyecto constituyente autoritario que había ya inicia do Gómez, y que en esencia excluía al Partido Liberal. A medida que las críticas contra su gobierno fueron arreciando se lanzó a una represión abierta, aunque no muy sistemática, que incluía cierres…
p. 102
28Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1191 cita
[29]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…
p. 119
29Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2471 cita
[30]doso, el de la paridad entre los dos partidos, y buscó afianzar el poder civil, restringiendo el que tenían las fuerzas militares. Contó con la oposición de sectores disidentes de ambos parti- dos: el Unionismo de Ospina Pérez y Alzate Avendaño y el Movimiento Revolucionario Li- beral (MRL) de Alfonso López Michelsen.…
p. 247
30El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 852 citas
[31]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[32]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
31Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[33]Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…
p. 85
32¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1011 cita
[34]UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…
p. 101
33Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 32 citas
[35]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
p. 3
[36]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
p. 3
34Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 3201 cita
[37]y ya con el PRT se jugó un papel frente a la Cons titu yente y se participó des- pués. Todo eso lo conside ramos como posi tivo, que valió la pena y al mismo tiempo se encontró como un camino más elegante para desmontarse de algo que no estaba produciendo mayo res fru tos 438. 7.5 Las “ceremonias de la paz” El…
p. 320
35Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1451 cita
[38]tinos del país hacia la paz mediante la profundización de meca- nismos democráticos de participación ciudadana. Paralelos a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constitu- yente, se reinician diálogos entre el Gobierno y el M-19, el EPL, el MRQL y el PRT, que bajo ese marco impulsan su transición a partido político.…
p. 145
36¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 3151 cita
[39]expresión la circunscripción nacional en la lla- mada reforma de "equilibrio de poderes". La propuesta original del Gobierno fue volver a la circunscripción departamental que existía antes de 1991, para que cada departamento eligiera dos senadores, con lo cual de los ciento dos Senadores actuales sesenta y cuatro…
p. 315
37Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 2291 cita
[40]posibilidades de participación con las reformas de elección popular de alcaldes y gobernadores, y los diálogos de paz con los grupos guerri- lleros. Pero, durante su mandato se empezaron a perfilar las reformas neolibe- rales. Por ejemplo, la Misión Chenery del Banco Mundial concluyó en 1985 que el desempleo y el…
p. 229
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[41]crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…
p. 94
399 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 1101 cita
[42]retirados, gremios de la producción y una que otra organización aterrizada en paracaídas, con propuestas extremadamente exóticas, por decir lo menos. Todas las organizaciones que quisieron entrar a las mesas de trabajo lo pudieron hacer y fueron oídas. Con un temario preestablecido y un cronograma de trabajo preciso,…
p. 110
40Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 211 cita
[43]última década, que por sí solas no cambiaron el rumbo del conflicto, pero que indudablemente sentaron las bases para afrontarlo con mayores posibilidades de éxito. Si la Constitución del 91 fue una apertura institucional para la insurgencia, la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras fue una incursión, incipiente…
p. 21
41No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2321 cita
[44]con la marcha del silencio titulada «Por todo lo que nos une y contra todo lo que nos separa». Una 685 El Tiempo, «Estuvo 53 días en manos de la guerrilla», El Tiempo. 686 Comisión de la Verdad, Insumo sobre los procesos de paz. 687 Entrevista 456-PR-03576. Hombre, líder político. la búsqueda de la democracia y la…
p. 232
42Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 341 cita
[45]a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…
p. 34
43Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 901 cita
[46]entorno, se consolidó el propósito criminal de “erra- dicar: “ la subversión, caracterizada no solo como acciones gue- rrilleras, sino también como toda forma de actividad popular o comportamiento contestatario y muchas veces social”, y de elimi- nar “toda forma de sociedad política populista ”. En esa línea, sindi-…
p. 90
44Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 671 cita
[47]bélicas, atentados y ataques a población, tuvo un auge entre los años 2001, 2006 y 2012 59. La presión sobre las economías legales por parte de las guerrillas, con diferentes violaciones a los derechos humanos, motivó el ingreso de nuevas estructuras paramilitares. En un principio, bajo la modalidad de las llamadas…
p. 67
45A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 631 cita
[48]hasta el 2001; el desmovilizado Aurelio Antonio Quintero, fue representante de la Convi- vir California, con sede en Puerto Triunfo; el jefe paramilitar Arnulfo Pe- ñuela dirigía la Convivir Papagayo; el jefe paramilitar José María Barrera Ortiz, alias 'Chepe Barrera' también dirigía una Convivir. Luis Alberto…
p. 63
46Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 521 cita
[49]de control directo de las élites políticas locales y regionales. El general Rojas Pinilla dio el primer paso para desestimular a los grupos armados civiles y despolitizar a la Policía y acabar con sus expresiones subnacionales (el Decreto 1814 del 13 de junio de 1953 la trasladó al Ministerio de Defensa y la convirtió…
p. 52
47Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5181 cita
[50]Convivir. 1033 Ver el tomo Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivas, del Informe Final de la Comisión de la Verdad. 1034 Ibíd, 368. hacia la paz territorial 519 Forjando Futuros, de 7.098 sentencias de…
p. 518
48Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 3891 cita
[51]en torno a los propietarios de los hatos 117 y a la salvaguarda de sus intereses debido a la incapacidad del Estado colombiano para regular y proveer bienes públicos y seguridad en las áreas más periféricas, Lo anterior, conjugado con las redes de clientelismo, la corrupción de los funcionarios públicos, la preca-…
p. 389
49¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 2741 cita
[52]es Rosas— me dijo: “Rosas, está verraca la comisión, qué tal que nos encuentren con gusanos de a metro”. 110 5.3.1.2 Los refugios y subterfugios A lo largo de la década de 1980, la población campesina de La India y Cimitarra en el Magdalena medio, vivía en zozobra constante por la presencia continua de paramilitares,…
p. 274
50Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2881 cita
[53]participar en la guerra, ni convivir o colaborar con ningún actor armado de ninguna tendencia, constituyéndose en comunidades de paz 866. De sde allí, han apostado por reconstruir el tejido social que la violencia afecta y han desarrollado iniciativas que recurren a lo comunitario, a la solidaridad, a la cooperación y…
p. 288
51El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 1531 cita
[54]memoria regional. En tér- minos generales, dicha narrativa plantea que el surgimiento de la Asociación es una reacción del campesinado del Carare a un proceso de violencia a gran escala e indiscriminada que comenzó en la década de 1970. En el ejercicio de dicha violencia tuvieron responsabilidad todos los grupos…
p. 153
52Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 701 cita
[55]el maíz, el plátano, la yuca, el fríjol. En el territorio de nosotros se cultivaba mucho el fríjol caraota que llamaban, el 53 CNMH-CIMA, entrevista 0109, maciceño adulto mayor, municipio de Popayán, Cauca, 2015. 54 CNMH-CIMA, entrevista 0115, maciceño adulto, municipio de Popayán, Cau- ca, 2015. 71 1 Las quebradas…
p. 70
53Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 4071 cita
[56]se tenía la costumbre de compartir, de pasar comidas entre vecinos. Los mayores estaban al cuidado de los niños. No solamente está la protección del papá, también está la del vecino o el padrino. Eso es hermoso. Cuando estaba creciendo, mi hermano pescaba y tenía una lancha. Salíamos desde los catorce años de edad a…
p. 407
54La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1681 cita
[57]se llamaba un convite ». Y agrega don Manuel: El que quiera hacer con presteza una casa, una semen- tera, una rocería, etcétera, convoca para determinado día sus vecinos, les proporciona desayuno y almuerzo, nati- lla, aguardiente y tabacos para los intermedios y al fin les sirve la comida, y ellos en cambio trabajan…
p. 168
55Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3211 cita
[58]mínimo acceso de los indígenas caucanos a las tie- rras fértiles resulta en pérdida de peso y estatura de los niños y en detrimento del bienestar y la supervivencia de las madres. La alta cifra de niños que mueren se compensa con la abundancia de nacimientos. La casi total carencia de servicios modernos de salud,…
p. 321
56Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 561 cita
[59]y nosotros nos afiliamos (CNMH, entrevista con abuelo, 2013). El sindicato también “actuó como autoridad” y realizó todo tipo de labores para que la comunidad campesina pudiera “vivir de una manera sana, digna y en paz”. Se encargó de la satisfacción de necesidades básicas, entre ellas la seguridad alimentaria, para…
p. 56
57Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1051 cita
[60]zona sin disputa aparente; segundo, con el recambio económico entre una economía tradicional campesina y pescadora que se comienza a insertar en el modo de producción capitalista que representa la economía cocale- ra; y tercero, con la inserción de elementos culturales hegemónicos sobre formas tradicionales afro de…
p. 105
58Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de BolívarCentro Nacional de Memoria Histórica, Carmen Andrea Becerra Becerra · 2018 · p. 2111 cita
[61]paz en Jesús y muchas personas se han bautizado después del retorno. Hoy hay una iglesia en Caracolí (Iglesia Galilea), un grupo en San Isidro (Luz de Esperanza), un grupo en La Sierra de Venao (Canaán), un grupo en El Hobo, un grupo en Cama- roncito (Betesda), una iglesia en Berruga. Otra de las religiones que ha…
p. 211
59Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 3461 cita
[62]de convites y formas organizativas, sus más inmediatas nece- sidades colectivas. Al mismo tiempo, asuntos que hasta entonces se deci- dían en las oficinas de funcionarios o de agentes concretos del Gobierno con especialistas, como el tema de la seguridad, pasaron a ser discutidos en los foros, es decir, se volvieron…
p. 346
60Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 10021 cita
[63]1002 armados, políticos, administrativos y judiciales para facilitar el proceso de acumulación de tierra en pocas manos, lo que ha agravado la problemática agraria. El subregistro del despojo, que hunde sus raíces en la época de la Violencia, no permite afirmar con precisión cuál es el universo real de víctimas ni la…
p. 1002
61Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1381 cita
[64]el mapa 9 se pueden apreciar, por ejemplo, los municipios que presentan expansión de cultivos de palma en el periodo 2001-2013, en relación con los que registran fenómenos de desplazamiento forzado entre 2001 y 2004. Se evidencia allí una correspondencia en algunas regiones del Urabá, el Magdalena Medio o el Meta. La…
p. 138
62Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5432 citas
[65]RECLAMANTES POR GRUPOS POSDESMOVILIZACIÓN Y OTROS ACTORES 2011 informó sobre un “plan de choque” ante las demandas de las víctimas campesinas y la entrega de parcelas a familias víctimas de masacres y desplazamiento forzado en El Salado (Bolívar) y en Mampuján (Sucre), en respuesta al posicionamiento conseguido de las…
p. 543
[66]RECLAMANTES POR GRUPOS POSDESMOVILIZACIÓN Y OTROS ACTORES 2011 informó sobre un “plan de choque” ante las demandas de las víctimas campesinas y la entrega de parcelas a familias víctimas de masacres y desplazamiento forzado en El Salado (Bolívar) y en Mampuján (Sucre), en respuesta al posicionamiento conseguido de las…
p. 543
63La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2551 cita
[67]de Memoria Histórica (GMH), La tierra en disputa. Memorias del despojo y resistencias campesinas en la Costa Caribe (1960-2010) (Bogotá:Taurus y Semana, 2010); Instituto de Estu - dios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI, El despojo de tierras y territorios. Aproximación conceptual (Bogotá: Editorial…
p. 255
64Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2571 cita
[68]que en algunas de estas regiones se hayan creado estímulos e incenti- vos para implantar proyectos agroindustriales de gran escala (pal- ma, teca, etc.) y otros productos de tardío rendimiento, incluso a partir de recursos del Plan Colombia, como se ha documentado en los casos de los territorios de los Consejos…
p. 257
65Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1661 cita
[69]4 Sin garantías para la restitución y el retorno 4 Sin garantías para la restitución y el retorno Como se ha mostrado a lo largo del texto, las históricas tensio- nes entre los derechos a la tierra del campesinado y el modelo de desarrollo rural se exacerbaron con la incursión y consolidación paramilitar. En la…
p. 166
66Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 3921 cita
[70]no pudimos estar, o sea, Las Águilas nuevas nosotros no pudimos trabajar, o sea como nosotros no quisimos trabajar nos hi- cieron desocupar. Entr.: ¿Villa Nueva? Edo.: (...) eso ahí se perdió y ya después El Alemán entregó esas tierras también. Entr.: ¿Para la restitución de tierras? Edo.: Ajá, esas tierra eran las…
p. 392
67La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2421 cita
[71]que haya reforma agraria". Estos datos excluyen los territorios colectivos, resguardos indígenas, los parques nacionales y en general zonas de reserva natural. Pero los datos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) nos dan otra situación aún más complicada y es el tratamiento diferencial en impuestos. "Más…
p. 242
68Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 2561 cita
[72]Muchos de los retornos han sido acompañados por la fuerza pública, mientras que otros han sido retornos voluntarios. El problema es que no hay una política de mediano ni de largo plazo para la población desplazada dentro de las administraciones regionales. La solución tiene como eje el otorgamiento de tierras, pero…
p. 256
69Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1621 cita
[73]del derecho a la consulta previa, libre e informada y su participación específica en cada uno de los seis puntos del acuerdo general. Del mismo modo la participación de las mujeres en los diálogos de La Habana fue importante. Por parte del departamento de Amazonas, esa participación se dio a través de la organización…
p. 162
70La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 4061 cita
[74]guerra con las armas y comienza el debate de las ideas. Confesamos que hemos concluido la más hermosa de todas las batallas: la de sentar las bases para la paz y la convivencia. La tarde del 23 de agosto, el día anterior al anuncio público, yo estaba en mi despacho en la Casa de Nariño esperando las noticias del…
p. 406
71Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 2261 cita
[75]la elección más importante de la historia contemporánea del país, que buscaba refrendar con una pregunta directa los acuerdos de paz iniciados en 2012 por el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tenía no solo la meteorología en contra, sino una serie de hechos que…
p. 226
72Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3741 cita
[76]Instituto, el que mayor probabilidades tenía — de acuerdo con 51 variables consideradas— de gestar un posconflicto pacífico y sostenible, es decir, una “paz de calidad” (< quality peace)M S. ¿Cómo explicar, en tonces, este resultado que sorprendió a tirios y a troyanos, tanto a los partidarios del Sí como a los…
p. 374
73Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1401 cita
[77]de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…
p. 140
74Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 2051 cita
[78]de violencia. Con todo, lo cierto es que en medio de descon- fianzas, incredulidades y creciente expectativa por los alcances de lo que se negociaba, aconteció lo imposible, un acuerdo político para terminar definitivamente el conflicto. Ahora bien, no obstante los llamados de urgencia, del querer de la mayoría de los…
p. 205
75Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 2051 cita
[79]de violencia. Con todo, lo cierto es que en medio de descon- fianzas, incredulidades y creciente expectativa por los alcances de lo que se negociaba, aconteció lo imposible, un acuerdo político para terminar definitivamente el conflicto. Ahora bien, no obstante los llamados de urgencia, del querer de la mayoría de los…
p. 205
76Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 2851 cita
[80]en las que tratan de desfavorecer a los militares, y les contesté: “Con el respeto que ustedes me merecen, estamos haciendo el trabajo que nos corresponde; tanto la sociedad colombiana como el Senado de la República y la Corte Constitucional han entendido con altruismo la misión constitucional que corresponde en este…
p. 285
77Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1871 cita
[81]tres ocasiones. El primer encuentro fue de reclamo porque yo quería preguntarles en la cara por qué me mataron a mi hijo. Ellos lloraron y nosotros también. Dijeron que ellos, los que estaban en esa reunión, no habían sido los autores materiales, pero que sí respondían por la masacre que había sido las FARC 520.…
p. 187
78Guerras, paces y vidas entrelazadas: coexistencia y relaciones locales entre víctimas, excombatientes y comunidades en ColombiaJuan Diego Prieto Sanabria · 2012 · p. 291 cita
[82]despojo de bienes), la gran mayoría de las víctimas son de escasos recursos y tienen niveles de escolaridad bajos (Fun- dación Social 2009; Rettberg 2008). En la mayoría de los casos, la victimiza- ción ha empeorado seriamente y de manera sostenida su situación económica (Ibáñez 2008). Por otra parte, la situación de…
p. 29
79Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 1681 cita
[83]violencia no se repitan Reconciliación es perdonar con la condición de que se respeten los derechos de las víctimas Reconciliación es poder vivir juntos en armonía Reconciliación es generar confianza entre ciudadanos y entre estos y sus instituciones Reconciliación es reconstruir las relaciones sociales Reconciliación…
p. 168
80Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 208, 2092 citas
[84]el estigma del “sapo”, el miedo existencial a represalias de agentes violentos distintos al Estado, el cálculo de corto plazo que impide ver las onerosas consecuencias de una mala decisión u omisión y, finalmente, el resentimiento hacia el Estado por una situación larvada de injusticia. La cultura del atajo tiene…
p. 209
[85]el estigma del “sapo”, el miedo existencial a represalias de agentes violentos distintos al Estado, el cálculo de corto plazo que impide ver las onerosas consecuencias de una mala decisión u omisión y, finalmente, el resentimiento hacia el Estado por una situación larvada de injusticia. La cultura del atajo tiene…
p. 208
81Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 211 cita
[86]sino en simultánea con una democracia en funcionamiento. «Colombia es un orangután en sacoleva», había dicho en los años cincuenta el intelectual y político liberal Darío Echandía. Su apunte ha seguido siendo cierto hasta hoy. Este «orangután» de la violencia ha estado siempre vestido en el «sacoleva» de un régimen…
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82¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 781 cita
[87]Aunque les daba voz y una interfaz institucional, lo que estuvo muy bien, paraba en seco cualquier veleidad con respecto de la sustitución gradual, un principio por el que distintas organizaciones agrarias habían roto más de una lanza a través de lustros de movilizaciones y que había sido aceptado también por…
p. 78