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Idea transversal

Concordato

Tratado internacional firmado el 31 de diciembre de 1887 entre la República de Colombia y la Santa Sede que durante más de un siglo definió la arquitectura moral, educativa y territorial del Estado colombiano, blindando mediante el derecho internacional la primacía de la Iglesia Católica sobre el matrimonio, la escuela, los cementerios, los territorios de frontera y el fuero de los clérigos.

3.922 palabras36 documentos49 fragmentos citados
Concordato

Trayectoria de una idea

  1. 1886

    Base constitucional del Concordato

  2. 1887

    Firma del Concordato con la Santa Sede

  3. 1890

    Ley 89 y marco para el Convenio de Misiones

  4. 1902

    Convenio de Misiones: la Iglesia como Estado en los territorios

  5. 1928

    Renovación del Convenio de Misiones

  6. 1936

    Reforma constitucional liberal: supresión parcial del artículo 38

  7. 1942

    Fracaso del Concordato de 1942

  8. 1953

    Nuevo Convenio de Misiones

  9. 1973

    Primera renegociación parcial bajo Pastrana Borrero

  10. 1991

    La Constitución de 1991 y el fin del marco concordatario

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La lectura

El Concordato de 1887 no fue simplemente un acuerdo diplomático entre Colombia y Roma: fue el instrumento jurídico mediante el cual la Regeneración ancló, fuera del alcance de las mayorías parlamentarias, la conversión del catolicismo en cemento del orden social colombiano. Al revestirse de la forma de tratado internacional, sus disposiciones sobre educación, matrimonio, fuero eclesiástico e indemnización por la desamortización quedaron protegidas de cualquier reforma legislativa ordinaria, lo que lo convirtió en una fortaleza institucional que el liberalismo tardó décadas en siquiera rozar. Su dimensión más silenciosa fue territorial: a través del Convenio de Misiones, el Concordato hizo de la Iglesia el único rostro del Estado colombiano en más de la mitad del territorio nacional durante generaciones, con consecuencias profundas y ambivalentes para los pueblos indígenas de la Amazonia y la Orinoquia. El fracaso del Concordato de 1942 —firmado, aprobado por el Congreso y luego bloqueado por la presión clerical y conservadora— reveló que la Iglesia no era una institución pasiva beneficiaria de privilegios, sino un actor político con capacidad autónoma para vetar al Estado. Su erosión, lenta y negociada a lo largo del siglo XX, cuenta la historia de una secularización que Colombia nunca pudo completar del todo bajo la Constitución de 1886, y que solo encontró su marco definitivo con el ordenamiento pluralista de 1991.

El Concordato

El Concordato entre la República de Colombia y la Santa Sede, firmado en Roma el 31 de diciembre de 1887, es el tratado internacional que durante más de un siglo definió la arquitectura moral, educativa y territorial del Estado colombiano. No fue una carta pastoral ni una ley interna: fue un acuerdo bilateral que blindó, mediante el derecho internacional, la primacía de la Iglesia Católica sobre el matrimonio, la escuela, los cementerios, los territorios de frontera y buena parte del fuero de sus clérigos. Diseñado por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro como pieza gemela de la Constitución de 1886, sobrevivió a la reforma constitucional de 1936, resistió el intento de sustitución de 1942, se renegoció parcialmente en 1973 bajo Misael Pastrana Borrero y llegó, mermado pero vivo, al ordenamiento pluralista de la Constitución de 1991. Su longevidad es la mejor prueba de lo que fue en realidad: no un documento diplomático más, sino la columna vertebral de un pacto de dominación cultural cuya erosión —lenta, negociada, incompleta— cuenta la historia de la secularización imposible de Colombia.

Qué es el Concordato y por qué pesa

Un concordato es un tratado entre un Estado soberano y la Santa Sede que regula asuntos de interés común: matrimonio, educación, propiedad eclesiástica, nombramiento de obispos, fuero de los clérigos. En abstracto, es un instrumento de derecho internacional como cualquier otro. En Colombia, sin embargo, el de 1887 fue más que eso: fue el mecanismo mediante el cual el proyecto regenerador ancló, fuera del alcance de las mayorías parlamentarias, la conversión del catolicismo en cemento del orden social. Al ser tratado internacional, ninguna ley ordinaria podía derogarlo; al reflejar el espíritu de una Constitución que se declaraba obra de "Dios, fuente suprema de toda autoridad", cualquier reforma interna que lo tocara chocaba con dos frentes jurídicos y con uno político: el episcopado colombiano y su alianza con el Partido Conservador.

De ahí su peso histórico. El Concordato hizo que un colombiano nacido en 1890 fuera bautizado por un párroco cuyos poderes le venían de un tratado con Roma, se casara mediante un rito con efectos civiles otorgados por ese mismo tratado, aprendiera a leer en una escuela cuyos textos vigilaba el arzobispo de Bogotá y fuera enterrado en un cementerio administrado por la Iglesia. También hizo que un indígena inga o huitoto del Caquetá, del Vaupés o del Amazonas viera al Estado colombiano por primera vez con sotana: no había, en los territorios nacionales, otro representante de la República que el misionero.

Los orígenes: la Regeneración necesitaba un pacto

El Concordato nació del cansancio. Durante casi tres décadas, el federalismo radical de la Constitución de Rionegro de 1863 había convertido a Colombia en una confederación de estados soberanos, con nueve constituciones simultáneas, un ejército debilitado por el veto a las fuerzas nacionales y una economía golpeada por sucesivas guerras civiles. La ley de desamortización de bienes de manos muertas, expedida por Tomás Cipriano de Mosquera el 9 de septiembre de 1861, había adjudicado a la Nación las propiedades y rentas de las corporaciones eclesiásticas; la Ley de Separación Absoluta de la Iglesia y el Estado de junio de 1853 había roto el patronato heredado de la Colonia; la política liberal, desde José Hilario López en 1850, había hecho suya la fórmula de Cavour: "Iglesia libre en Estado libre". En los años setenta, los radicales impusieron la educación laica y obligatoria, y encendieron con ello la guerra civil de 1876.

Ese ciclo se agotó. Rafael Núñez, antiguo liberal convertido en artífice de una coalición con el conservatismo, entendió que el nuevo orden requería tres pilares: centralización política, ejército nacional y reconciliación con la Iglesia. Miguel Antonio Caro, ideólogo del catolicismo político colombiano, tradujo esa lectura en la Constitución de 1886. El artículo 38 proclamó que "la Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación", y ordenó a los poderes públicos "protegerla y hacer que sea respetada como esencial elemento del orden social". El artículo 41 dispuso que la educación pública se organizaría "en concordancia con la Religión Católica". Pero un texto constitucional podía ser reformado por otro Congreso; un tratado internacional, no. Faltaba el segundo pilar.

Núñez nombró como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante la Santa Sede a Joaquín Fernando Vélez, con instrucciones escritas de puño y letra. El convenio, indicaba el presidente, debía reflejar fielmente el espíritu de la Constitución. El reconocimiento de la deuda por la desamortización debía ser "muy módico", dada la penuria fiscal; en compensación, el gobierno ofrecería auxilios presupuestales para misiones, seminarios y diócesis pobres, y el pago directo de los réditos de patronatos y capellanías. Del otro lado, León XIII —el pontífice de la Rerum Novarum, empeñado en reconstruir la presencia católica en las repúblicas americanas— vio en Colombia el laboratorio ideal.

El resultado, firmado a finales de 1887 y perfeccionado en las semanas siguientes, fue un documento de veintitantos artículos que Colombia terminaría cargando durante 106 años.

El texto: qué prometió el Estado

El Concordato ratificó, en su articulado inicial, la libertad de la Iglesia frente al poder civil y el deber estatal de proteger la religión católica. Reconoció a la Iglesia personería jurídica plena, autonomía de gobierno interno y libertad para comunicarse con Roma sin permiso previo del ejecutivo. Todo eso ya estaba, en germen, en la Constitución; el Concordato lo elevaba al plano internacional.

Su núcleo, sin embargo, estaba en cuatro grandes cesiones.

La primera fue la educación. El artículo 12 dispuso que "la educación e instrucción pública en las universidades, colegios, escuelas y demás centros de enseñanza" se organizaría y dirigiría en conformidad con los dogmas y la moral de la religión católica. El artículo 13 concedió a los ordinarios diocesanos —obispos y arzobispos— facultades de inspección y revisión sobre los contenidos de religión y moral en todo centro educativo del país, con potestad para vetar textos y programas. La instrucción pública quedó, así, no bajo el ministerio del ramo, sino bajo la mitra.

La segunda fue el estado civil. El Concordato reconoció efectos civiles plenos al matrimonio católico —basta el sacramento, sin necesidad de acto ante juez— y abolió el divorcio civil. Un colombiano bautizado quedaba, por ese solo hecho, sometido para casarse a las normas del derecho canónico; los tribunales eclesiásticos, no los civiles, decidían sobre nulidades. El registro parroquial hacía las veces de registro civil.

La tercera fue la deuda. Colombia reconoció que la desamortización de 1861 le había causado a la Iglesia un perjuicio patrimonial y se comprometió a compensarla mediante pagos anuales a perpetuidad. No hubo restitución de bienes —los inmuebles vendidos siguieron en manos privadas—, sino indemnización pecuniaria, sumada a auxilios presupuestales para diócesis pobres, seminarios y misiones. La república pagaba, año tras año, la culpa de una reforma liberal que no había podido revertir.

La cuarta fue el fuero eclesiástico. El artículo XX estableció reglas especiales para el juzgamiento penal de clérigos y religiosos, sustrayéndolos parcialmente de la jurisdicción ordinaria y garantizándoles un trato procesal diferenciado. Un sacerdote acusado no era un ciudadano cualquiera frente a la ley: era un funcionario de una sociedad perfecta que, en materias graves, debía responder ante sus superiores canónicos antes que ante un fiscal.

A ello se sumaron, en los años inmediatos, disposiciones complementarias sobre cementerios —quedaron bajo administración parroquial—, exenciones fiscales para bienes eclesiásticos y garantías para las órdenes religiosas expulsadas o mermadas durante el radicalismo, que ahora podían regresar y recuperar presencia.

El Convenio de Misiones: un Estado con sotana

El Concordato tuvo un anexo territorial que fue, quizá, su capítulo más decisivo. En 1902, mediante el Convenio de Misiones —renovado sin modificaciones en 1928 y actualizado en 1953—, el Estado colombiano delegó formalmente en la Iglesia Católica la "civilización" de los territorios nacionales: Vichada, Vaupés, Amazonas, Caquetá, Guajira, Chocó, San Andrés. Regiones que sumaban más de la mitad del territorio nacional y una fracción mínima de su población.

La Ley 89 de 1890 ya había fijado el marco: determinaba "la manera como deben ser gobernados los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada". El Convenio de Misiones puso rostros e instituciones a esa fórmula. Congregaciones específicas —capuchinos, agustinos, montfortianos, lazaristas— recibieron vicariatos y prefecturas apostólicas con jurisdicción sobre territorios inmensos. El vicario apostólico del Caquetá o del Vichada era, en la práctica, gobernador, juez, maestro, notario y sacerdote. Registraba nacimientos, imponía castigos, dirigía las escuelas —único ámbito escolar en muchas zonas—, decidía sobre pleitos de tierras, hablaba a nombre de la República ante comunidades indígenas que jamás habían visto un funcionario civil.

La figura de Ezequiel Moreno Díaz, agustino recoleto que ejerció como vicario apostólico en Casanare a fines del siglo XIX, condensa el paradigma: un hombre convencido de que la evangelización y la colombianización eran la misma tarea. En el Caquetá, en el Vaupés, en la Guajira, la Iglesia sustituyó al Estado durante cuatro o cinco generaciones. Todavía en los años cincuenta, el nuevo Convenio de Misiones firmado en 1953 —bajo el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla— reafirmaba la primacía católica en la instrucción pública de esos territorios y servía a la jerarquía para calificar de ilegales los intentos protestantes de proselitismo entre los pueblos indígenas, aunque oficialmente tolerara su derecho a practicar culto.

Esta faceta suele descuidarse, y sin ella no se entiende el país. En regiones donde el Estado colombiano nunca llegó con caminos, hospitales o jueces, llegó con misiones. La integración nacional de la Amazonia y de la Orinoquia se hizo, hasta bien entrado el siglo XX, con crucifijo. Ese vector fue el único disponible, y su costo fue una relación con las comunidades indígenas marcada por la castellanización forzada, la ruptura de vínculos rituales y la sustitución de autoridades tradicionales por catequistas.

1930-1942: el intento fallido de reforma

La Regeneración quiso hacer del Concordato una fortaleza, y lo consiguió. Cuando el liberalismo recuperó el poder en 1930 con Enrique Olaya Herrera, tras casi medio siglo de hegemonía conservadora, encontró que el edificio confesional era más difícil de tocar de lo que sus doctrinas prescribían. Olaya gobernó en concentración nacional, con mayorías conservadoras en el Congreso y la alianza clero-conservatismo intacta. Los curas seguían orientando el voto rural, y los obispos publicaban pastorales condenatorias del liberalismo con la misma naturalidad con la que administraban sacramentos.

El giro llegó con Alfonso López Pumarejo y la Revolución en Marcha. La reforma constitucional de 1936, la más profunda que sufrió la Carta de 1886 en sus 105 años de vigencia, suprimió el artículo 38: el catolicismo dejó de ser, en el texto, la religión de la Nación. Pero la operación fue a la vez quirúrgica y tímida. El nuevo texto mantuvo, en el artículo sobre libertad de cultos, la salvedad de que esta no podía ser "contraria a la moral cristiana ni a las leyes". La confesionalidad salía por la puerta y volvía por la ventana.

La estrategia liberal tenía un cálculo: reformar primero la Constitución, después renegociar el Concordato. Sin las prerrogativas constitucionales explícitas, Colombia llegaría al Vaticano con más margen. En los territorios nacionales, sin embargo, nada cambió: la Convención de Misiones siguió rigiendo con la misma fuerza, y los liberales radicales que denunciaban su inconstitucionalidad no lograron traducir sus protestas en política pública.

El intento definitivo llegó con Eduardo Santos. Su embajador ante la Santa Sede, Darío Echandía, negoció durante meses con el cardenal secretario de Estado Luigi Maglione un nuevo concordato, que se firmó en Roma el 22 de abril de 1942. Modernizaba algunos aspectos, recortaba otros, buscaba equilibrar la relación sin romperla. El Congreso lo aprobó.

Y entonces ocurrió lo revelador. Laureano Gómez, jefe del conservatismo, denunció el acuerdo como un "complot masónico" contra la religión. Obispos y párrocos, en pastorales y sermones, presionaron contra la ratificación; la Conferencia Episcopal, más prudente, expresó apoyo formal, pero la maquinaria clerical de base operó en sentido contrario. Santos, temeroso de una reacción violenta —la memoria de las guerras religiosas del siglo XIX estaba viva—, tomó una decisión insólita en la historia diplomática colombiana: no transmitió al Vaticano el instrumento de ratificación que su propio Congreso le había entregado. El Concordato de 1942 fue firmado, aprobado y anulado por omisión ejecutiva.

El episodio dice algo esencial sobre la naturaleza del pacto. La Iglesia colombiana no era una institución pasiva a la que el Estado hubiera concedido privilegios: era un actor con capacidad autónoma para vetar al Estado. Cuando quiso —y quiso en 1942—, bloqueó una reforma que emanaba conjuntamente del ejecutivo y del legislativo. La secularización, en Colombia, no fue solo un problema de voluntad liberal; fue un problema de correlación de fuerzas, y la fuerza clerical, hasta bien avanzado el siglo XX, seguía siendo suficiente para trancar la puerta.

1946-1973: la Violencia y la primera renegociación

El fracaso de 1942 dejó vigente el texto original de 1887 y devolvió las relaciones Iglesia-Estado a su equilibrio previo. En los años cuarenta, ese equilibrio se hizo tóxico. La radicalización del conflicto bipartidista —que culminó con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948 y con el ciclo de la Violencia— tuvo un componente confesional persistente: en muchas veredas, ser liberal era ser hereje, y los curas párrocos, desde el púlpito, marcaban a los enemigos del orden. La retórica clerical de la primera mitad del siglo, forjada en la clave ultramontana que había hecho del Syllabus errorum de Pío IX un manual, tardó en desmontarse.

El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue el punto de inflexión. La Iglesia católica universal aceptó la libertad religiosa, dialogó con la modernidad, matizó su alianza tradicional con los conservadurismos políticos. En Colombia, ese cambio se filtró con lentitud pero llegó: sacerdotes como Camilo Torres representaron el ala más radical de la nueva sensibilidad social, mientras que la jerarquía institucional, con figuras como el cardenal Alfonso López Trujillo —arzobispo de Medellín y hombre fuerte del catolicismo colombiano en las décadas siguientes—, mantuvo posiciones conservadoras pero abandonó la retórica de cruzada.

En ese clima, el Frente Nacional creó las condiciones para una renegociación menos traumática. El gobierno de Misael Pastrana Borrero, en su tramo final, firmó con la Santa Sede el nuevo Concordato el 12 de julio de 1973, aprobado por la Ley 20 de 1974. El texto conservó la estructura del acuerdo original pero recortó sus aristas más ásperas: se reconoció la posibilidad del matrimonio civil para los católicos, se limitó parcialmente el control eclesiástico sobre la educación pública y se recogieron algunas de las modernizaciones que 1942 había querido introducir. El fuero eclesiástico y el marco general de las misiones, sin embargo, sobrevivieron.

Fue una reforma real pero conservadora: el Concordato de 1973 modernizó la fachada sin tocar la estructura. Colombia entraba en la última etapa del siglo XX todavía como un Estado que, en la letra de sus tratados internacionales, seguía siendo confesional en la práctica.

1991: la ruptura constitucional y su límite

La Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución de 1991 hizo lo que ni López Pumarejo ni Santos habían podido hacer: rompió con la confesionalidad. El nuevo texto proclamó la libertad de cultos plena, la igualdad jurídica de todas las confesiones religiosas y el pluralismo como principio estructural del Estado. El preámbulo mantuvo una invocación general a la protección de Dios —fórmula de compromiso—, pero el catolicismo perdió su lugar privilegiado en la Carta.

Delegados protestantes participaron por primera vez en la redacción de una constitución colombiana, y su agenda —libertad religiosa, igualdad entre denominaciones, fin del monopolio católico sobre capellanías y espacios oficiales— fue en lo esencial satisfecha. La Corte Constitucional, en sentencias sucesivas, fue desmontando las asimetrías que sobrevivían: el matrimonio católico dejó de ser el único con efectos civiles automáticos, la enseñanza religiosa dejó de ser obligatoria y confesionalmente católica, los cementerios se abrieron a todas las creencias. En 1998, un decreto del presidente Ernesto Samper Pizano resolvió el residuo de las capellanías oficiales en policía, ejército y hospitales, extendiéndolas —o, en algunos casos, retirando su carácter exclusivamente católico— para adecuarlas al nuevo marco.

Pero el Concordato de 1973 siguió vigente. Aquí aparece la peculiaridad colombiana: la Constitución pluralista convive con un tratado internacional confesional. La Corte Constitucional declaró inexequibles varios de sus artículos por contradecir la nueva Carta, especialmente los relativos al matrimonio y a la educación, pero el tratado como tal no fue denunciado. Colombia no rompió con la Santa Sede; renegoció por vía interpretativa lo que no podía denunciar por vía diplomática sin costo político.

El resultado es un régimen híbrido en el que la Iglesia Católica conserva ventajas prácticas —exenciones tributarias, régimen especial de sus bienes, capellanías, presencia institucional en zonas de misión— sin base constitucional explícita. La secularización jurídica avanzó; la secularización real, la de las prácticas y los privilegios de facto, quedó a medio camino.

La vigencia parcial: los casos de los 2000

Que el Concordato siguiera siendo derecho vivo se hizo evidente en la primera década del siglo XXI, cuando los procesos penales contra sacerdotes acusados de abuso sexual empezaron a acumularse en la Fiscalía colombiana. La defensa de varios de ellos invocó el artículo XX del tratado de 1973 —heredero del XX de 1887— para reclamar fuero eclesiástico, competencia canónica y trato procesal diferenciado.

El 17 de mayo de 2004, el abogado Gilberto Cárdenas Jaramillo apeló a esa disposición para solicitar la libertad inmediata de un sacerdote y la absolución de cargos por vicios procesales. Ese mismo año, el nuncio apostólico Beniamino Stella firmó una carta —adjuntando una copia del Concordato— dirigida a recordar a las autoridades judiciales quién tenía competencia canónica para juzgar delitos cometidos por clérigos; el documento fue incorporado por la defensa al expediente. En carta del 24 de septiembre de 2007, el arzobispo de Medellín Ricardo Tobón Restrepo sostuvo que el Concordato tenía "valor Supra Constitucional" como tratado internacional entre la Santa Sede y la República de Colombia.

En el caso del sacerdote Mario Castrillón, la Fiscalía aceptó que la parroquia El Sagrario funcionara como sitio de reclusión —en lugar de una cárcel común— en el marco de una tensión sobre el trato debido a los clérigos detenidos preventivamente. La imagen es reveladora: un cura procesado penalmente por la justicia ordinaria, recluido en su propio despacho parroquial, con el arzobispo invocando un tratado del siglo XIX para fundar competencias del siglo XXI.

Estos episodios no son anecdóticos. Muestran que el Concordato no es historia clausurada sino derecho invocado, y que la tensión entre derecho canónico y derecho penal colombiano —recurrente en los procesos contra clérigos acusados de abuso— es el residuo activo de una arquitectura que 1991 no terminó de desmontar. Monseñor Luigi Serafini, en su época como nuncio, y luego Stella, ejercieron la función clásica del representante papal: recordar que la Iglesia colombiana es también, para efectos de sus miembros, una jurisdicción con derecho propio protegida por un tratado internacional.

Red de personas, ideas y lugares

El Concordato es inseparable de un elenco. Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro lo diseñaron; León XIII lo firmó desde Roma en la lógica de reconquista católica que definió su pontificado; Joaquín Fernando Vélez lo negoció en carne y hueso. Ezequiel Moreno Díaz, y detrás de él generaciones de capuchinos, montfortianos y agustinos, lo hicieron carne en los llanos, la Amazonia y el Chocó. Laureano Gómez y buena parte del episcopado lo defendieron en 1942 con una eficacia que sorprendió al propio gobierno liberal. Mariano Ospina Pérez —presidente conservador entre 1946 y 1950— gobernó bajo la protección natural del pacto. Misael Pastrana Borrero lo renegoció en 1973. Alfonso López Trujillo lo administró desde la jerarquía en las décadas de transición. Ernesto Samper le puso la última capa de decreto en 1998. Beniamino Stella lo invocó en la primera década del siglo XXI.

Los lugares se dividen entre dos polos. En un extremo, Roma y el Vaticano: la Secretaría de Estado, la nunciatura apostólica, los despachos cardenalicios donde se firmaron los textos de 1887, 1942 y 1973. En el otro, la Colombia real donde el Concordato produjo efectos: Bogotá, con sus colegios y universidades bajo inspección arzobispal; Cundinamarca y Antioquia, corazones del catolicismo social y político; y sobre todo los territorios nacionales —Vaupés, Vichada, Amazonas, Guajira, Chocó, Caquetá—, donde la sotana fue durante un siglo el único uniforme oficial del país.

Las ideas que atravesaron el pacto son igualmente reconocibles: el ultramontanismo decimonónico del Syllabus de Pío IX, el catolicismo social de León XIII, la doctrina de la Iglesia como sociedad perfecta con derecho propio, la teoría del orden social católico como cemento de la nación, y —del otro lado— el liberalismo radical laicista de López y de la generación de Rionegro, la reforma social de López Pumarejo, y el pluralismo democrático que se impuso en 1991.

La huella: qué dejó, cómo se lo recuerda

El Concordato marcó a la sociedad colombiana en formas que sobrevivieron a su reforma. La cultura del matrimonio como sacramento antes que como contrato civil, la centralidad del párroco en la vida rural, la escuela pública como espacio de catequesis, el cementerio parroquial como registro de comunidad, la primacía del cura en la formación de la conciencia política: todo eso fue efecto directo del pacto de 1887, y todo eso persistió mucho más allá de sus reformas jurídicas. Colombia entró al siglo XXI con las tasas de práctica católica más altas de América Latina en parte porque su Estado, durante 104 años, financió, protegió y delegó funciones en esa Iglesia.

También dejó una huella oscura. En los territorios nacionales, la evangelización operó como colonialismo interno: castellanización forzada de pueblos indígenas, sustitución de autoridades tradicionales, ruptura de sistemas rituales y de conocimiento, castigos físicos en internados misionales. La reparación de esos daños apenas empieza a discutirse hoy, y su marco jurídico —el Convenio de Misiones y sus renovaciones— sigue siendo objeto de estudio antes que de rendición de cuentas.

La memoria del Concordato está partida. Para el catolicismo político colombiano —desde Caro hasta ciertos herederos actuales del conservatismo— fue el instrumento que salvó a Colombia de la disolución liberal y le dio la unidad moral que otras repúblicas latinoamericanas perdieron. Para el liberalismo histórico y la izquierda, fue el corsé que impidió la modernización del país y sujetó al Estado a una tutela clerical inaceptable. Para los pueblos indígenas de la Amazonia y de la Orinoquia, es el nombre jurídico de una violencia larga. Para la jurisprudencia constitucional posterior a 1991, es una pieza incómoda que se erosiona en cada sentencia sin ser derogada.

Su lección profunda es la de un país que negocia sus rupturas en vez de ejecutarlas. Colombia nunca tuvo una revolución anticlerical al estilo mexicano ni una desamortización culminada al estilo español; su ley de 1861 fue revertida en 1887, y ese ciclo de reforma y contrarreforma se repitió en 1936-1942, se reprodujo en 1973 y se reeditó en 1991. Cada avance secular fue seguido por un límite negociado. El Concordato es, en ese sentido, un monumento a la manera colombiana de cambiar: por acumulación de excepciones, no por sustitución.

Al final del recorrido, el tratado que Rafael Núñez concibió como columna vertebral del nuevo Estado y León XIII firmó como recuperación de una república perdida sigue ahí, más de un siglo después, mutilado por la Constitución de 1991 y las sentencias que la desarrollan, pero vivo. Su vigencia parcial es la prueba más clara de que en Colombia la Iglesia dejó de ser el Estado sin dejar del todo de ser una jurisdicción. Y de que la secularización, cuando se cuenta con precisión, no es un hecho fechable sino un proceso incompleto que todavía se escribe.

04

En el archivo

111 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Conquista1499–15993
  1. 1537La contradicción del conquistador-evangelizadorPregunta
  2. 1550EvangelizaciónFicha
  3. 1576Luis Zapata de CárdenasFicha
02Independencia1810–18312
  1. 1819Patronato republicanoFicha
  2. 1826Prohibición bolivariana de Bentham y guerra cultural sobre el currículo (1828)Hecho
03Nueva Granada1831–18628
  1. 1835Reconocimiento diplomático de la Nueva Granada por la Santa Sede (1835)Hecho
  2. 1839José Ignacio de MárquezFicha
  3. 1843Pedro Alcántara HerránFicha
  4. 1848UtilitarismoFicha
  5. 1851Ley de Redención de Censos de 1851Hecho
  6. 1855Sergio Arboleda PomboFicha
  7. 1856AnticlericalismoFicha
  8. 1863Liberalismo radicalFicha
04Estados Unidos de Colombia1863–188517
  1. 1861Desamortización de bienes de manos muertasFicha
  2. 1861Desamortización de manos muertas y tuición de cultosHecho
  3. 1861Tuición de cultosFicha
  4. 1864Antioquia bajo Pedro Justo Berrío: laboratorio conservador dentro del federalismo radical (1864-1873)Hecho
  5. 1867MasoneríaFicha
  6. 1868Pedro Justo BerríoFicha
  7. 1869SyllabusFicha
  8. 1870Educación femeninaFicha
  9. 1870Educación laicaFicha
  10. 1870El Decreto Orgánico de Instrucción Pública de 1870Pregunta
  11. 1870Olimpo RadicalFicha
  12. 1870Vicente ArbeláezFicha
  13. 1874Ley 66 de 1874 y delegación misional del gobierno de indígenasHecho
  14. 1875El colapso del Olimpo RadicalPregunta
  15. 1876La Guerra de las Escuelas (1876-1877)Hecho
  16. 1884Guerra civil de 1884-1885 y fin del federalismo radicalHecho
  17. 1885El federalismo radical y la RegeneraciónPregunta
05Regeneración1886–192938
  1. 1878La Regeneración y la Constitución de 1886Hecho
  2. 1886BlanqueamientoFicha
  3. 1886Catolicismo socialFicha
  4. 1886HispanismoFicha
  5. 1886Identidad regionalFicha
  6. 1886Imaginario nacionalFicha
  7. 1886José Asunción Silva y el modernismo literario (1886–1896)Hecho
  8. 1886La RegeneraciónÉpoca
  9. 1886La RegeneraciónFicha
  10. 1886La Regeneración y el hispanismo católicoPregunta
  11. 1886Miguel Antonio CaroFicha
  12. 1886Rafael NúñezFicha
  13. 1887El Concordato de 1887Hecho
  14. 1887El Concordato de 1887Hecho
  15. 1887Fidel CanoFicha
  16. 1887León XIIIFicha
  17. 1890Carlos Holguín MallarinoFicha
  18. 1890Ley 89 de 1890Ficha
  19. 1896Ezequiel Moreno DíazFicha
  20. 1896José Asunción SilvaFicha
  21. 1899Guerra de los Mil Días (1899–1902)Hecho
  22. 1899Manuel Antonio SanclementeFicha
  23. 1899United Fruit CompanyFicha
  24. 1900Hegemonía conservadoraFicha
  25. 1902Benjamín HerreraFicha
  26. 1902El Convenio de Misiones de 1902Hecho
  27. 1903PanamericanismoFicha
  28. 1909Walter Ernest HardenburgFicha
  29. 1910Alfredo Vásquez CoboFicha
  30. 1910La quintinada: insurgencia indígena por los resguardos (1910–1922)Hecho
  31. 1910Manual de Historia de Colombia de Henao y Arrubla como canon pedagógico oficialHecho
  32. 1914Agustín Nieto CaballeroFicha
  33. 1916José Vicente ConchaFicha
  34. 1918Marco Fidel SuárezFicha
  35. 1918Respice PolumFicha
  36. 1928Miguel Abadía MéndezFicha
  37. 1929Fernando González OchoaFicha
  38. 1930Fin de la Hegemonía Conservadora y ascenso de Olaya Herrera (1930)Hecho
06República Liberal1930–194613
  1. 1930República Liberal (1930–1946)Época
  2. 1932Georgina FletcherFicha
  3. 1934Quema de bibliotecas aldeanas por resistencia clericalHecho
  4. 1935Congreso Eucarístico de Medellín de 1935Hecho
  5. 1936Alfonso López PumarejoFicha
  6. 1936Diplomacia culturalFicha
  7. 1936Enrique Pérez ArbeláezFicha
  8. 1936Ismael Perdomo BorreroFicha
  9. 1936La Iglesia colombiana entre la República Liberal y la Violencia (1930–1942)Pregunta
  10. 1936Reforma constitucional en ColombiaFicha
  11. 1938CorporativismoFicha
  12. 1940Débora Arango PérezFicha
  13. 1941El Instituto Etnológico Nacional y la ciencia de la República LiberalPregunta
07La Violencia1946–19576
  1. 1946La Iglesia y la Violencia: Monseñor Builes y la legitimación clerical del conflicto bipartidistaHecho
  2. 1947Persecución sistemática de protestantes durante La ViolenciaHecho
  3. 1949Cierre del Congreso y elección de Laureano Gómez (1949–1950)Hecho
  4. 1950Miguel Ángel BuilesFicha
  5. 1952Roberto Urdaneta ArbeláezFicha
  6. 1953Crisanto Luque SánchezFicha
08Frente Nacional1958–19744
  1. 1962El Instituto Lingüístico de Verano en territorios indígenas colombianos (1962-1980)Hecho
  2. 1968Alfonso López TrujilloFicha
  3. 1968Gerardo Valencia CanoFicha
  4. 1975La transición demográfica colombiana, 1965-1993Pregunta
09Crisis y narcotráfico1974–19901
  1. 1984Decreto 1002 de 1984 y fin de la Historia Patria escolarHecho
10Constitución de 19911991–20021
  1. 1991Pentecostalización rural en zonas de conflicto (1991–2002)Hecho
11Posconflicto2016–presente1
  1. 1902Historia oficialFicha
12Transversal16
  1. 1574Patronato regioFicha
  2. 1805La larga duración colonial en ColombiaPregunta
  3. 1886Modernización conservadoraFicha
  4. 1886Pacto de élitesFicha
  5. 1887El Concordato de 1887Pregunta
  6. 1887PatronatoFicha
  7. 1887Roma en la historia de ColombiaFicha
  8. 1887SecularizaciónFicha
  9. 1900PutumayoFicha
  10. 1902El Concordato de 1887 y el Convenio de Misiones de 1902Pregunta
  11. 1940IndigenismoFicha
  12. 1950AnticomunismoFicha
  13. 1958Democracia restringidaFicha
  14. 1991DescentralizaciónFicha
  15. 1991El reconocimiento indígena en la Constitución de 1991Pregunta
  16. 1998La Iglesia católica en las zonas de conflicto colombiano, 1980-2016Pregunta
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Rafael Núñez — arquitecto del Concordato; dio instrucciones personales a Joaquín Fernando Vélez para su negociación y lo concibió como pieza gemela de la Constitución de 1886
  2. 02Miguel Antonio Caro — ideólogo de la Regeneración y principal redactor de la Constitución de 1886, cuyo articulado confesional fue el fundamento directo del Concordato
  3. 03Joaquín Fernando Vélez — enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante la Santa Sede, negociador directo del Concordato con instrucciones de Núñez
  4. 04Constitución de 1886 — texto constitucional del que el Concordato fue consecuencia lógica y complemento en el plano del derecho internacional
  5. 05Desamortización de 1861 — reforma liberal de Tomás Cipriano de Mosquera que el Concordato reconoció como deuda del Estado con la Iglesia, comprometiendo pagos anuales a perpetuidad
  6. 06Ezequiel Moreno Díaz — vicario apostólico agustino recoleto en Casanare, figura paradigmática del modelo misional que el Concordato y el Convenio de Misiones institucionalizaron en los territorios nacionales
  7. 07Misael Pastrana Borrero — presidente bajo cuyo gobierno se realizó la primera renegociación parcial del Concordato en 1973
  8. 08Caquetá / Vaupés / Vichada — territorios nacionales donde la Iglesia ejerció funciones de Estado gracias al Convenio de Misiones derivado del Concordato
  9. 09Partido Conservador — aliado político estructural de la Iglesia Católica durante más de un siglo, garante político del Concordato frente a los intentos liberales de reforma
  10. 10Regeneración — proyecto político de Núñez y Caro del que el Concordato fue uno de los pilares institucionales junto con la Constitución de 1886 y la centralización política
06

Documentos y fragmentos citados

36 documentos · 49 fragmentos

01Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[1]

util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
02¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 cita
[2]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
03Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[3]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
04El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[4]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
05De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[5]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
[13]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
06De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[6]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
[14]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1201 cita
[7]

los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…

p. 120
08Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 891 cita
[8]

carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…

p. 89
0930 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1081 cita
[9]

años más, mediante las formalidades que prescriba la ley. Ofrécese la misma garantía a los propietarios de obras publicadas en países de lengua española, siempre que la Nación respectiva consigne en su legislación el principio de reciprocidad y sin que haya necesidad de celebrar al efecto convenios internacionales.…

p. 108
10Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 190, 1972 citas
[10]

organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…

p. 197
[28]

organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…

p. 190
11Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 4842 citas
[11]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
[42]

época de la Violencia, que va de 1946 a 1957; después, el Frente Nacional, de 1958 a 1982 y, por último, el proceso de negociación, apertura política y reforma institucional que se viene desarrollando desde 1982. Cada uno de ellos se desenvuelve en el contexto de unos hechos y situaciones específicas, tiene unas…

p. 484
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1701 cita
[12]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
13Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3481 cita
[15]

el Concordato es una consecuencia lógica de lo estatuido por la Constitución. Joaquín Fernan- do Vélez había sido nombrado repre- sentante del gobierno de José Eusebio Otálora ante la Santa Sede, pero sin ins- trucciones. Regresa al país para par- ticipar en la defensa del gobierno de Núñez en la guerra civil (1885) y…

p. 348
14Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3331 cita
[16]

V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…

p. 333
15Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 441 cita
[17]

dación de un régimen confesional. Las disposiciones constitucionales y concordatarias hicieron del catolicismo una pieza fundamental del andamiaje del Estado colombiano, lo que se vio reflejado de inme- diato en los planos educativo, moral, social y cultural. Además de su influencia en la sociedad y en el individuo,…

p. 44
16Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2751 cita
[18]

de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…

p. 275
17Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 261, 2702 citas
[19]

la Santa Sede en 1887, dar í an a la Iglesia Cat ó lica el control completo de la educaci ó n por lo menos hasta 1930, é poca en que los gobiernos liberales iniciaron una recupera ci ó n de las prerrogativas del Estado en materias educativas a. MANUAL DE HISTORIA III 279 5 ¡ 1 art í culo 41 de la Constituci ó n de…

p. 270
[23]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
18Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 851 cita
[20]

poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…

p. 85
19La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 150, 1822 citas
[21]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
[36]

de la su b versión socialista en el contexto del partido liberal de g o bierno. Con la hegemonía, se reforma un poco más la Con s titución «clerical y goda» que habían expedido Núñez y Caro en 1886. El reformador del momento es el doctor Darío Echandía, quien encuentra bases para su tarea en la Consti - tución de la…

p. 182
20Dejad que los niños vengan a míJuan Pablo Barrientos · 2019 · p. 41, 2512 citas
[22]

mencionada por ningún lado. Significaba un cambio de estrategia del nuevo defensor del sacerdote, Gilberto Cárdenas Jaramillo, quien el 17 de mayo de 2004 allegó una copia de ese tratado internacional firmada, nada más y nada menos, por el nuncio apostólico en Colombia, monseñor Beniamino Stella, gran protector y…

p. 41
[24]

sacerdote Mario Castrillón permanecerá en la casa cural de la misma parroquia, sin ejercer públicamente su ministerio». Un día más tarde, el fiscal le informó al arzobispo que iba a citar al padre Wilson Buitrago para darle las instrucciones del caso, e informó que aceptaba que El Sagrario fuera el sitio de reclusión…

p. 251
21Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 671 cita
[25]

fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…

p. 67
22Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1181 cita
[26]

educación y la participación política, e incluso censuró y controló su forma d e vestir, entre muchos otros aspectos: «Si por aquella época monseñor Builes lanzó una pastoral contra la moda, condenando el uso de pantalones para la mujer [...], también es cierto que, en plena República Liberal, en Medellín, las…

p. 118
23Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 52, 1662 citas
[27]

a, the places where they are created, and the functions that the respective employees perform." 21 Such glaring ambiguities would continue to inhibit effective government in the territories for the next fifty years. Church State Relations Despite efforts by radical Liberals, the Constitutional Reform of 1936 did not…

p. 52
[38]

religious instruction be obligatory in the public sector and optional in the private sector, but Maglioni rejected this formula, and in the end, the new agreement did not deal with this issue. 18 The signing of the Concordat of 1942 was a major victory for Santos's diplomacy and would have increased government control…

p. 166
24Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 17, 99, 1103 citas
[29]

Boyacá the Llanos of San Martín and Casanare re- spectively and ordered the national government to administer those regions as it judged convenient. Four months later, Decree 392 of January 17, 1893, declared each a “national intendancy” in which the chief administrative officer, or intendant, was appointed by the…

p. 17
[30]

military and its alleged involvement in a massacre of Guahibos in 1970 reinforced popular belief that it was really a secret CIA operation. 76 By 1978 President López Michelsen was ready to revoke the government’s contract with SIL, but his successor, Julio Turbay Ayala allowed the institute to continue its work in…

p. 99
[31]

North American linguists to translate Indian languages and maintained its own fleet of planes to fly them to the most remote communities. Its unsupervised activities were only marginally successful and provoked opposition from Catholic missionaries. SIL’s support by the U.S. military and its alleged involvement in a…

p. 110
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[32]

entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…

p. 45
26La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 141 cita
[33]

la memoria de los habitantes de la región y es fundamental para entender sus identidades y la fortaleza de sus organizaciones sociales. En la zona sur se dieron, por su parte, procesos de colonización eclesiástica llevados a cabo por misiones capuchinas, franciscanas y consolatas, a las que se les delegó la…

p. 14
27Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1151 cita
[34]

institucionalidad se pretendió dar respuesta. En efecto, Colombia padecía desde hacía varios lustros de una larvada guerra civil que en los años ochenta y noventa tomó inusitado vigor. Diversos procesos de pacificación han logrado que algunos de los grupos armados se integren al sistema. No obstante, la guerra civil…

p. 115
28No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 351 cita
[35]

para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición se pone como ejemplo que la luz eléctrica llegó primero al ingenio La Manuelita que a Cali, y que este tuvo primero una red ferroviaria hacia Buenaventura que hacia la ciudad. 13 Tomo Colombia adentro. Relatos territoriales del conflicto armado,…

p. 35
29Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 661 cita
[37]

docentes públicos y privados, en orden a procurar el cumplimiento de los fines sociales de la cultura y la mejor formación intelectual, moral y física de los educandos” (art. 14). Las anteriores disposiciones, que tenían que ver con la Iglesia Católica, se desarrollaron luego con la firma del Concordato que negoció en…

p. 66
30Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1101 cita
[39]

Vaticano Primero, del Concilio Plenario de Obispos 1.a tinoa- mericanos, y las enseñanzas del Syl/alms, rechazaban los conceptos básicos de libera li smo, naturalismo, socialismo y racionalismo. En julio de 1902 se emitió otro juramento para los li berales que qui- sieran renegar; el arrepentido condenaba < < sin…

p. 110
31The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1371 cita
[40]

metropolitan Church, several virtuous priests have held Catholic Worship in their churches, and the faithful take pride in attending these religious functions; they address God, in Colombia’s capital, giving thanks for the aid they receive, while those of the likes of Bishop Arbeláez order disobedience of public…

p. 137
32Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 224, 2262 citas
[41]

matrimonio civil eliminandose la fórmula-de la ab- jumción y descartándoseLa excomi= nión para los contrayentes; el estables cimiento de una comisión para impul- Peso Y carl Comcintanie nt de eerieros. Palrcar de Sar retos, Bogahl,! la y religión ESOS iso o Ses Ezapuíel Morews y Dz, ie de Comsemaro (18318031 y ng…

p. 226
[46]

Ho: Fras, que en su concepto obstaculiza- ban la prosperidad de la mación La ley de junio 15 de 1853, llamada Ley deSeparación Absoluta de la Igle- el Estado, introdujo algunas dis- posiciones sobre los bienes de las en- tidades religiosas. Por ejemplo, esta- bleció que los templos católicos, así como sus bienes y…

p. 224
33Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 215, 2192 citas
[43]

observant of official Roman Catholicism are the rural and urban population groups of the Carib- bean and Pacific lowlands, where the presence of the institutional church is weakest. Moreover, because free unions and households headed by women tend to outnumber conventional family units in the lowlands, a formal Roman…

p. 215
[44]

and one of their delegates was named to head a key committee. Their par- ticipation, however, was for the most part narrowly focused on the issue of religious liberty and legal equality of all denominations, and the final constitutional text ostensibly satisfied these demands. From the Protestant standpoint, there did…

p. 219
34La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1581 cita
[45]

compartidos por los ciudadanos y en cuya construcción las creencias religiosas pueden aportar. Pero este espacio civil rechaza toda formulación final, ortodoxa, sagrada y permanente de lo que fundamenta la convivencia civilizada según los cánones de una sola o determinada confesión. Cada religión es respetada en sus…

p. 158
35Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 2811 cita
[47]

of the Grenadine Confederacy from 1861 to 1863, served as the first president of the United States of Colombia from 1863 to 1864, and again from 1866 to 1867. In January 1862, as civil war raged and the outcome still hung in the balance, Mos- quera wrote a letter to Pope Pius IX, the first pope to have personal…

p. 281
36Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 912 citas
[48]

las pe- queñas manufacturas de lana, que antes se alimentaban de los vellones de ovejas que desaparecieron, su población diezmada, multitud de fusilados, mujeres vio- ladas y ranchos quemados". (Restrepo, vol. V, p. 138). En el Llano, cuando las tropas fueron licenciadas en 1824, los hombres "se encontraron sin hogar…

p. 91
[49]

las pe- queñas manufacturas de lana, que antes se alimentaban de los vellones de ovejas que desaparecieron, su población diezmada, multitud de fusilados, mujeres vio- ladas y ranchos quemados". (Restrepo, vol. V, p. 138). En el Llano, cuando las tropas fueron licenciadas en 1824, los hombres "se encontraron sin hogar…

p. 91