Idea · Estados Unidos de Colombia
Tuición de cultos
Instrumento jurídico con el que el radicalismo liberal colombiano intentó, entre 1861 y 1886, someter a la Iglesia católica a la soberanía civil del Estado republicano, obligando a todo sacerdote a solicitar licencia de las autoridades civiles para ejercer su ministerio y a jurar obediencia a la Constitución bajo pena de destierro.
Trayectoria de una idea
- 1853
Constitución de 1853 y Ley de Separación Absoluta
- 1861
Decreto de tuición de cultos por Mosquera
- 1861
Desamortización de bienes de manos muertas
- 1863
Constitución de Rionegro: tuición elevada a rango constitucional
- 1876
Guerra civil de 1876 y desgaste del modelo radical
- 1887
Concordato de 1887: inversión completa de la ecuación
La lectura
La tuición de cultos no fue un capricho anticlerical sino la culminación de una disputa secular por la soberanía sobre la Iglesia que arrancaba en el Patronato regio colonial y atravesaba toda la vida republicana de Colombia. Su lógica era estatista antes que atea: Mosquera no quería abolir la Iglesia sino gobernarla, apropiándose del lugar que antes ocupaba el rey católico. La resistencia que desató —obispos desterrados, iglesias cerradas, comunidades movilizadas— reveló la desproporción fatal entre un Estado federal fragmentado y una institución cuya legitimidad popular era casi universal. Paradójicamente, la tuición fortaleció a la Iglesia al convertirla en víctima y en bandera: la alianza entre el episcopado, el partido conservador y las masas católicas rurales que en 1886 desmontó el edificio radical fue, en buena medida, una creación involuntaria del radicalismo. El Concordato de 1887 no solo derogó la tuición sino que invirtió la ecuación de poder, inaugurando casi un siglo de hegemonía conservadora en el que la Iglesia recuperó con creces lo que había perdido.
La tuición de cultos
La tuición de cultos fue el instrumento jurídico con el que el radicalismo liberal colombiano intentó, entre 1861 y 1886, someter a la Iglesia católica a la soberanía civil del Estado republicano. En su formulación práctica, obligaba a todo sacerdote a solicitar permiso a las autoridades civiles para ejercer su ministerio y a jurar obediencia a la Constitución y las leyes bajo pena de destierro sin proceso judicial. Detrás de esa exigencia latía una operación más ambiciosa: heredar y secularizar el viejo Patronato regio que la Corona española había ejercido durante tres siglos sobre la Iglesia americana, transfiriéndolo intacto —o más bien, aumentado— del monarca al Estado laico. Fue una apuesta por la supremacía civil que tropezó con la desproporción entre un Estado federal frágil y una institución eclesiástica cuya legitimidad popular era casi universal. De ese choque saldrían la guerra civil de 1876, la Regeneración y el Concordato de 1887, que invirtió por completo la ecuación.
Qué era, y por qué pesa
Tuición viene del latín tuitio: tutela, protección, vigilancia. En la tradición jurídica hispánica aludía al derecho del soberano a proteger la religión y, en esa protección, a inspeccionarla. El decreto expedido por Tomás Cipriano de Mosquera el 20 de julio de 1861 —al comienzo de su segunda presidencia, tomada por las armas— convirtió esa palabra técnica en una herramienta de gobierno con consecuencias inmediatas. Ningún ministro del culto podría ejercer sus funciones sin licencia expresa de la autoridad civil, previa a un juramento de obediencia a la Constitución. La desobediencia se castigaría con destierro directo, sin trámite judicial. En un mismo gesto, el Estado se declaraba soberano sobre el culto y prescindía de la Santa Sede en la administración práctica de la Iglesia en Colombia.
El decreto no cayó del cielo. Era la culminación jurídica de una tradición que la Nueva Granada republicana venía tanteando desde los años treinta, y que a su vez se remontaba al Patronato indiano, el pacto medieval que la Corona de Castilla había arrancado a Roma para ordenar la Iglesia americana. Pocos actos de gobierno han generado en Colombia una resistencia tan sostenida, ni han producido consecuencias tan opuestas a las buscadas. La tuición pretendía disciplinar a la Iglesia; terminó forjando la alianza entre el episcopado, el partido conservador y las masas católicas rurales que en 1886 desmontaría por completo el edificio radical.
La herencia colonial: el Patronato regio
Toda la historia empieza antes, en el título XI de la primera de las Siete Partidas de Alfonso X, donde se codificó en el siglo XIII la doctrina castellana del patronato: quien había dotado materialmente una iglesia adquiría sobre ella ciertos derechos —honoríficos, materiales y el crucial derecho de presentación de clérigos— que la Corona luego proyectaría, ampliados, sobre el Nuevo Mundo. La Santa Sede concedió a los reyes españoles atribuciones extraordinarias: nombrar obispos y beneficiarios eclesiásticos en todos los niveles, intervenir en tribunales eclesiásticos, recibir diezmos en nombre de la Iglesia, fundar misiones, autorizar o vetar la circulación de bulas papales. El clero indiano quedaba, en la práctica, atado a la administración regia por sus nombramientos y en buena parte por sus ingresos.
El Patronato regio no era un accidente ni un abuso: era la arquitectura misma del proyecto colonial. La religión funcionó como el instrumento principal para someter a indios y negros bajo la dominación española, y el patronato le dio al Estado la jurisdicción para orientar esa evangelización. Franciscanos, dominicos, jesuitas y agustinos fueron los principales agentes evangelizadores en el Nuevo Reino de Granada durante los siglos XVI, XVII y XVIII, y en ese trabajo acumularon un poder social, político y cultural que sobreviviría al imperio que las envió. La frontera entre altar y trono se difuminó hasta desaparecer: los curas apoyaban desde el púlpito la imposición de tributos, y la lucha contra los pecados públicos era asunto tanto del confesor como del corregidor, como muestran las respuestas a la Cédula de Aranjuez recogidas entre 1801 y 1804.
Este montaje sufrió su primera gran sacudida a fines del siglo XVIII, cuando la expulsión de los jesuitas y la expropiación de sus bienes, junto con las reformas fiscales borbónicas, alteraron el equilibrio secular entre Corona e Iglesia. Ni la crisis ilustrada ni las guerras de independencia lograron desmontar el patronato: la institución sobreviviría, transformada, en manos republicanas.
La transición republicana: el Patronato heredado
Cuando llegó la independencia, la primera pregunta jurídica de las nuevas repúblicas fue si la Iglesia se emancipaba con ellas o si el Estado republicano heredaba el patronato de la Corona. El papa Pío VII no ayudó: en 1814 publicó una encíclica exhortando a los hispanoamericanos a la obediencia al gobierno español, y diez años más tarde León XII repitió el gesto con parecida frialdad hacia los insurgentes. Estas condenas fueron poco difundidas en América, algunas se recibieron como falsificaciones y otras merecieron interpretaciones acomodadas, de modo que su impacto real fue limitado. Pero dejaron claro que Roma no iba a soltar fácilmente el vínculo con la monarquía católica.
Simón Bolívar hizo gestiones ante la Santa Sede para que la Gran Colombia fuera reconocida como jurisdicción eclesiástica autónoma, y León XII y Pío VIII terminaron concediendo la creación de un episcopado nacional independiente de las disposiciones de la Corona española. Con eso quedaba resuelto lo mínimo: había obispos legítimos en la república. Pero la cuestión del patronato —quién nombraba, quién autorizaba, quién vigilaba— quedó en la ambigüedad. Los sectores liberales pretendieron heredar la relación de tutela que había ejercido el rey, invocando la continuidad institucional: si la soberanía había pasado del monarca al pueblo, con ella habían pasado las prerrogativas sobre la Iglesia. Los sectores conservadores, en cambio, aunque no siempre defendieron el patronato como institución, cultivaron una relación de íntima colaboración práctica con el clero.
El equilibrio se sostuvo, con tensiones, durante la primera mitad del siglo XIX. En 1834 el arzobispo Manuel José Mosquera fue elegido para la sede de Bogotá por el derecho de Patronato Republicano —un procedimiento que combinaba mecanismos coloniales con instituciones nuevas—, señal de que la ficción de continuidad seguía operando. La debilidad estructural del Estado republicano frente a la Iglesia era, sin embargo, evidente: la autoridad de obispos y curas era casi universalmente aceptada por el pueblo, mientras los nuevos gobernantes republicanos eran figuras lejanas y disputadas. Fue el intento mismo de conservar el patronato lo que empezó a producir los primeros roces graves entre ambas potestades.
De López a la Constitución de 1853: el giro anticlerical
La ruptura llegó con José Hilario López, elegido presidente en 1849 con la votación más alta pero sin mayoría absoluta, en una decisión que el Congreso tomó bajo presión de las multitudes bogotanas. López expulsó a los jesuitas en 1850 —era el segundo destierro de la Compañía en la historia colombiana— y desterró al arzobispo Manuel José Mosquera cuando este defendió los derechos eclesiásticos. El liberalismo colombiano, alentado por el ejemplo europeo y por la fórmula que se atribuiría a Cavour —"Iglesia libre en el Estado libre"—, abandonaba en un solo movimiento tanto el patronato como la colaboración práctica: quería la separación, y la quería ya.
La Constitución de 1853, sancionada el 21 de mayo bajo el gobierno del general José María Obando, consagró formalmente la separación entre Iglesia y Estado. La ley del 15 de junio de 1853, conocida como Ley de Separación Absoluta, dio un paso más: los templos católicos y sus bienes correspondían a los vecinos de la respectiva parroquia, no a la Iglesia como corporación. Las comunidades religiosas protestaron; los curas se sintieron expropiados de su base material. La política anticlerical no se detuvo: se sumó pronto la obligación de que los ministros del clero juraran obediencia a la Constitución y las leyes como condición para ejercer su ministerio, bajo pena de destierro sin procedimiento judicial.
En respuesta, muchos sacerdotes simplemente cerraron sus iglesias. Era una forma de huelga litúrgica que dejaba al Estado ante una alternativa incómoda: forzar el culto o admitir que la separación era en realidad sometimiento. El clima se tensó todavía más porque la Iglesia venía movilizando organizaciones —como la "Sociedad Popular"— para captar a los sectores urbanos que las sociedades democráticas liberales también disputaban. La cuestión religiosa había dejado de ser doctrinal para volverse una batalla por las masas.
1861: Mosquera, la tuición y la desamortización
Todo confluyó en 1861. Tomás Cipriano de Mosquera —hermano del arzobispo Manuel José, con el que había roto años atrás— asumió como Presidente Provisorio de los Estados Unidos de Nueva Granada en medio de la guerra civil que él mismo había iniciado desde el Cauca. Necesitaba dinero para financiar la campaña militar y una doctrina para justificar lo que iba a hacer. Encontró ambos en el mismo golpe.
El 9 de septiembre de 1861 expidió el decreto de desamortización de bienes de manos muertas: la nación se adjudicó los bienes y rentas de las corporaciones civiles y eclesiásticas, incluyendo propiedades y capitales de censos, reconociendo a las corporaciones un rédito calculado en el 6% sobre los activos. Poco antes, el 20 de julio, había decretado la tuición de cultos. Las dos medidas eran, en su formulación, complementarias: la desamortización desarmaba materialmente a la Iglesia, la tuición la desarmaba jurídicamente. Juntas prometían resolver el problema secular de las dos soberanías por vía de la absorción estatal.
Las cifras dicen mucho sobre la motivación. En 1861 la Iglesia católica tenía propiedades avaluadas en diez millones de pesos, mientras el presupuesto nacional apenas alcanzaba dos millones. Alrededor del 40% del valor de los bienes desamortizados se concentraba en Bogotá, señal de una acumulación urbana concentrada. La desamortización era, ante todo, una operación fiscal: aliviar las penurias del tesoro público agobiado por la deuda y los gastos de las guerras civiles. El objetivo anticlerical era secundario, aunque quienes la sufrieron no vieron matiz alguno en la distinción.
La tuición, en cambio, sí era doctrinariamente anticlerical, o mejor, doctrinariamente estatista. Sometía a la Iglesia no solo a la vigilancia sino a la dependencia del poder civil, restableciendo —eso era exactamente lo que Mosquera reivindicaba— el ejercicio del patronato sobre la Iglesia católica y prescindiendo de la Santa Sede en los asuntos administrativos del culto. En una carta al papa Pío IX, Mosquera pediría después que los prelados colombianos permanecieran en sus diócesis cumpliendo la autoridad civil. La operación no era abolir el patronato regio sino apropiárselo: donde antes reinaba el rey católico, ahora gobernaría el presidente republicano.
La aplicación: obispos desterrados, iglesias cerradas
La aplicación fue accidentada. Muchos sacerdotes cerraron sus iglesias antes que jurar obediencia; otros aceptaron la licencia y el juramento, y unos pocos apoyaron activamente las medidas estatales, integrándose a estructuras políticas locales. El arzobispo Antonio Herrán y Zaldúa, sucesor de Manuel José Mosquera en la sede primada, se enfrentó abiertamente a los gobiernos de López y de Tomás Cipriano de Mosquera en defensa de la Iglesia y fue confinado por orden presidencial. Con él salieron varios obispos, y muchas diócesis quedaron sin pastor.
En 1861 se volvió a expulsar a los jesuitas, apenas recién readmitidos por gobiernos anteriores gracias a las gestiones de figuras conservadoras como Mariano Ospina Rodríguez, quien había auspiciado su reingreso para hacerse cargo de la dirección de planteles públicos y fundar casas de estudio. La expropiación de sus bienes acompañó la expulsión. Toda la clase eclesiástica quedó bajo la amenaza de una legislación que combinaba el juramento, la licencia y el destierro con el desmonte patrimonial.
La desamortización, sin embargo, tuvo efectos más modestos de lo que se esperaba y de lo que se temía. En Antioquia, donde la mayor parte de los bienes en manos muertas eran censos, muy pocos fueron redimidos en el tesoro nacional: los terratenientes temían la desaprobación eclesiástica más que la sanción del Estado. Globalmente, las haciendas liberadas representaron apenas cerca del 1,5% del área explotada. El éxito fiscal fue moderado, la transformación agraria mínima, y la influencia de la Iglesia no se vio afectada de manera sensible. Miguel Samper atacó la medida por violar el derecho de propiedad; Rafael Núñez, secretario del Tesoro en 1862, la defendió junto con los liberales radicales, un dato revelador porque veinticinco años después Núñez lideraría precisamente la Regeneración que reintegraría a la Iglesia al Estado.
Rionegro 1863: la tuición ascendida
La Convención de Rionegro abrió sesiones en febrero de 1863 y fue el momento en que el liberalismo triunfante intentó dar rango constitucional al programa mosquerista. La Constitución resultante —la más radical que Colombia haya tenido— prolongó las medidas anticlericales decretadas desde 1861, mantuvo las expropiaciones de bienes eclesiásticos y estableció el derecho de suprema inspección sobre los cultos religiosos, sometiendo a la Iglesia a la vigilancia y dependencia del poder civil. Fue también la única constitución colombiana que no invocó a Dios como fuente de autoridad ni pidió su protección: los liberales radicales habían llegado al extremo de una república explícitamente aconfesional.
La Constitución de Rionegro garantizaba la libertad religiosa y de expresión, pero esa libertad convivía con la vigilancia estatal sobre el clero. El radicalismo distinguía entre libertad de conciencia individual —absoluta— y ejercicio público del culto —sujeto a inspección—; la tuición operaba en este segundo plano.
En la propia Convención estallaron las tensiones internas del liberalismo. Los seguidores directos de Mosquera —el "liberalismo independiente", que años después nutriría la Regeneración— chocaron con los liberales radicales, encabezados por figuras como Aquileo Parra, Santiago Pérez, Salvador Camacho Roldán, Manuel Murillo Toro y Florentino González. Los radicales impusieron el tono anticlericalista y el proyecto educativo laico. Fueron ellos quienes darían al régimen su nombre histórico: el Olimpo Radical.
Murillo Toro y la persistencia del conflicto
El gobierno de Manuel Murillo Toro entre 1864 y 1866 enfrentó problemas de orden público que eran consecuencia de las alteraciones generadas por la revolución iniciada en 1860 y por el problema religioso desatado desde 1861. La tuición seguía operando; los obispos seguían negociando o resistiendo caso por caso; los curas rurales seguían cerrando iglesias o oficiando en la clandestinidad. La política eclesiástica del radicalismo no se sostenía por convicción de las masas sino por el aparato coercitivo del Estado, que era precisamente el elemento más débil del sistema federal.
Mosquera volvió al poder para su tercera y última administración, y su caída en 1867 —cuando fue derrocado por sus antiguos aliados radicales— cerró el ciclo del mosquerismo puro y consolidó al Olimpo. En adelante, la tuición sería administrada por los radicales sin su fundador, y con una radicalidad ideológica creciente en el terreno donde el conflicto había empezado a desplazarse: la educación.
La guerra de los textos
El siguiente escenario del conflicto fue el aula. En gobiernos anteriores, los conservadores —notoriamente el de Mariano Ospina Rodríguez— habían prohibido el uso de los textos de Jeremías Bentham y otros autores liberales en el currículo universitario, obligando a los jóvenes liberales a estudiar la teoría europea clandestinamente. Cuando el radicalismo tomó el poder, invirtió la política con idéntica energía: el Congreso, dominado por mayorías radicales, recomendó al ejecutivo hacer obligatorio el uso de las obras de Bentham para la cátedra de Legislación y de los Elementos de Ideología de Destutt de Tracy para la de Lógica en la Escuela Universitaria de Literatura y Filosofía, equivalente al preparatorio secundario.
La reforma educativa de 1870, impulsada bajo el gobierno de Eustorgio Salgar y proseguida por Aquileo Parra, impuso la educación laica, la intervención del Estado en la enseñanza y —el gesto más provocador— la contratación de una misión pedagógica de protestantes alemanes para crear escuelas normales en todos los estados de la federación. Para los sectores católicos, era la culminación intolerable de un programa que ya en la tuición había violentado la Iglesia; ahora se pretendía educar a sus hijos sin ella y contra ella.
Fue la polémica de los textos. Miguel Antonio Caro, escribiendo desde El Tradicionalista, denunció que el Estado imponía sus sesgos "invadiendo con escándalo y violencia los derechos de la religión y la ciencia": confundía, argumentaba Caro, su obligación de educar con el derecho —que solo correspondía a la Iglesia— de adoctrinar. Frente a él, el liberal Aníbal Galindo defendió sin eufemismos la imposición de textos liberales: mientras el Partido Liberal estuviera en el poder, la honestidad política exigía enseñar el liberalismo, y la universidad había sido fundada para formar liberales; no había lugar para eclecticismos entre Balmes y Bentham.
La disputa se cruzaba con una discusión filosófica más antigua entre utilitarismo y catolicismo. Caro sostenía que el utilitarismo de Bentham destruía las raíces católicas que debían ser el fundamento del proyecto social republicano; Ezequiel Rojas, desde el liberalismo, argumentaba que el utilitarismo era compatible con la religión natural. Cuando la decisión de imponer los textos fue impugnada en el Consejo Universitario alegando la autonomía científica de la institución, el rector Manuel Ancízar presentó su renuncia. La universidad se había convertido en trinchera del conflicto Iglesia-Estado.
1876: la guerra que cambia todo
En agosto de 1876 estalló la guerra civil contra el gobierno de Aquileo Parra. La detonó, ante todo, la oposición conservadora al proyecto de educación laica; y con ella, la resistencia eclesiástica acumulada desde 1861. Los clérigos de Palmira, Cartago y Tuluá abanderaron la causa antirreformista en el Cauca, donde la disputa educativa se entrelazó con tensiones sociorraciales de vieja data entre campesinos, artesanos negros y hacendados. En Antioquia y en los Santanderes el levantamiento tomó formas propias, pero el eje ideológico era el mismo: la defensa de la fe católica y la escuela católica contra el Estado laico radical.
Para entonces, el Syllabus errorum de Pío IX circulaba ya en Colombia como apéndice al Concilio Provincial Neogranadino de 1869, cinco años después de su promulgación romana. Había dado al episcopado un arma doctrinaria formidable: condenaba explícitamente los principios liberales sobre el Estado, incluida la exclusión del Papa y los ministros de la Iglesia de la administración de asuntos temporales. Para el clero católico de los años setenta, resistir la tuición y la educación laica no era ya una posición política contingente sino un deber doctrinal.
Circulaban además documentos de compromiso colectivo por los que los firmantes se obligaban a sostener el culto católico con sus propias fortunas y a no apoyar partidos que hostilizaran los intereses religiosos. La religión se había convertido en marcador político total, y el conservatismo, que en la década de 1840 se distinguía del liberalismo por cuestiones menores de alianza política y arquitectura constitucional, ahora tenía en la defensa de la Iglesia su bandera principal y su base de masas.
La guerra terminó con la derrota del levantamiento conservador, gracias a una breve unión de las dos facciones liberales que hasta entonces se habían disputado el gobierno. En 1877, tras la victoria, los liberales santandereanos promulgaron nueva legislación anticlerical que dio pie al destierro del obispo de Pamplona y al arresto de clérigos. Pero la victoria fue engañosa. El radicalismo había ganado la guerra y había mostrado, por primera vez con claridad, que su proyecto no tenía base social suficiente para sostenerse sin el apoyo de una facción liberal opuesta —la de los futuros regeneradores— que ya empezaba a mirar hacia el otro lado.
Núñez, la Regeneración y el Concordato
Rafael Núñez llegó por segunda vez a la presidencia en 1884. El hombre que como secretario del Tesoro había defendido la desamortización en 1862 encabezaría ahora el desmontaje del edificio radical. La Regeneración fue el programa político con el que conservadores y el sector independiente del liberalismo restablecieron las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Su instrumento fue doble: la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887.
La Constitución de 1886, redactada en gran medida por Miguel Antonio Caro —el mismo que había polemizado con Galindo sobre Bentham—, declaró en su artículo 38 que "la Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación" y ordenó a los poderes públicos protegerla como elemento esencial del orden social, aclarando eso sí que la Iglesia no sería oficial ni estaría bajo control del Estado. El artículo 40 mantuvo la libertad de cultos pero la limitó a las religiones que no fueran contrarias a la moral cristiana ni a las leyes. La educación pública se organizaría en concordancia con la Iglesia católica. Y toda esta arquitectura se completaba con una centralización política, administrativa y económica, y la formación de un ejército nacional que rompía con el federalismo de Rionegro.
El Concordato firmado con la Santa Sede en 1887 fue el complemento internacional del pacto. Devolvió a la Iglesia las propiedades confiscadas por la desamortización y ató la educación pública a los preceptos católicos. Otorgó efectos civiles al matrimonio católico y abolió el divorcio civil. Ratificó la libertad e independencia de la Iglesia frente al poder civil y le entregó prerrogativas en la regulación del estado civil de las personas. En términos jurídicos, era el reverso exacto de la tuición: en lugar de someter la Iglesia al Estado, subordinaba parcelas fundamentales del Estado a la Iglesia.
Colombia tomó, con esto, un rumbo distinto al de la mayoría de los países latinoamericanos, donde el siglo XIX trajo reformas que separaron el Estado del poder eclesiástico. Aquí ocurrió lo contrario. Y sin embargo, no todo del ciclo radical fue revertido: aunque el Concordato devolvió propiedades, no pudo echar atrás por completo las reformas liberales adelantadas desde 1861. La desamortización, con todos sus efectos limitados, había alterado ya el mapa patrimonial urbano de Bogotá; la tuición, aunque abolida en la práctica, había dejado la marca de que el Estado podía intentarlo.
Ecos: de 1886 a 1991
La Constitución de 1886 se mantuvo en esencia durante más de un siglo, y esa longevidad es en sí misma parte del balance: la fórmula regeneradora demostró tener una plasticidad que el radicalismo nunca alcanzó. La reforma constitucional de 1936, impulsada por la República Liberal de Alfonso López Pumarejo, suprimió el artículo 38 y limitó los poderes de la Iglesia sobre el Estado; pero mantuvo la confesionalidad al establecer que la libertad de conciencia y cultos no podía ser contraria a la moral católica ni a las leyes. Fue una reforma de contención, no de ruptura, y así se leyó desde el episcopado, que resistió pero no se movilizó como en 1876. El Concordato, corazón jurídico del pacto de 1887, quedó intacto.
La violencia bipartidista de mediados de siglo reactivó los términos del viejo pleito. Todavía en 1955, con el país partido por la sangre, persistía la idea de que el liberalismo colombiano estaba condenado por defender principios como la libertad de cultos, la laicidad del Estado, la separación Iglesia-Estado, la escuela laica, el divorcio vincular, la libertad de conciencia y la libertad de prensa. En algunos púlpitos, votar liberal seguía siendo pecado; en algunas veredas, ser liberal seguía siendo motivo de muerte. La herencia de la tuición y del Concordato no era una discusión académica: pesaba sobre la vida cotidiana de los colombianos con la misma materialidad que había pesado en 1876.
Fue la Constitución de 1991 la que reordenó definitivamente el terreno. Consagró el Estado Social de Derecho, reconoció en sus artículos 1º y 13 la pluralidad de la nación y amplió la libertad de cultos, aunque su preámbulo mantiene todavía una invocación a Dios de carácter general —vestigio conciliatorio que dice mucho sobre los límites de la ruptura. Ese mismo año se renegoció el Concordato, y en 1994 la Corte Constitucional declaró inexequibles las disposiciones que sostenían el matrimonio católico como único con plenos efectos civiles y el control eclesiástico sobre la educación pública. En términos formales, se cerraba el ciclo abierto en 1861: ni tuición ni confesionalidad, sino pluralismo religioso. En términos culturales, la Iglesia católica seguía siendo, con diferencia, la fuerza espiritual dominante del país; solo que ahora compartía el espacio con evangélicos en expansión, cultos afroamericanos, tradiciones indígenas y una creciente indiferencia religiosa urbana. La derrota final del proyecto radical de 1861 no fue jurídica sino sociológica: el Estado nunca logró la tutela sobre la Iglesia, pero la modernidad hizo con ella lo que ningún decreto había podido.
Balance
La tuición de cultos tuvo la ambición de resolver un problema que Colombia arrastraba desde la conquista: el enredo entre el poder civil y el poder eclesiástico, heredado del Patronato regio y no desanudado por la independencia. Su fracaso no fue el fracaso de una idea abstracta sino el de un Estado que quiso ejercer sobre la Iglesia una tutela que la Corona española había podido ejercer con tres siglos de acumulación institucional detrás. El Estado radical colombiano, precariamente fiscal, militarmente débil frente a las guerras civiles, con cobertura territorial escasa y sin la legitimidad popular que la Iglesia sí tenía, se encontró queriendo mandar sobre una institución más fuerte que él.
De ahí que el péndulo entre 1861 y 1887 sea más revelador por su continuidad que por su ruptura. Tanto el Patronato indiano como la tuición radical y el Concordato de 1887 son variantes del mismo problema estructural: el Estado colombiano nunca tuvo capacidad autónoma para gobernar sin apoyarse en la red institucional de la Iglesia, y las tres soluciones ensayadas —tutela regia, absorción republicana, alianza concordataria— fueron formas distintas de reconocer esa debilidad. La tuición fue el intento más audaz y el que menos duró. Su derrota, sellada en las urnas de 1884, en la Constitución de 1886 y en el Concordato de 1887, marcó el fin del Olimpo Radical y el comienzo de un siglo largo de hegemonía conservadora sobre la vida civil colombiana, que solo la Constitución de 1991 se atrevería a matizar sin llegar a romper del todo.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Regeneración1886–19291
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Tomás Cipriano de Mosquera — decretó la tuición de cultos el 20 de julio de 1861 e impulsó la desamortización de bienes eclesiásticos como parte del mismo programa de supremacía civil
- 02Patronato regio — antecedente colonial directo de la tuición; el decreto de Mosquera reivindicaba explícitamente heredar y secularizar el patronato que la Corona española había ejercido sobre la Iglesia americana
- 03Constitución de Rionegro (1863) — elevó la tuición a rango constitucional bajo la figura del derecho de suprema inspección sobre los cultos, consolidando el modelo aconfesional radical
- 04Concordato de 1887 — acto jurídico que derogó la tuición y revirtió sus efectos, reintegrando a la Iglesia al Estado bajo la Regeneración de Rafael Núñez
- 05José Hilario López — antecedente inmediato de la tuición; su gobierno (1849-1853) expulsó a los jesuitas, desterró al arzobispo Manuel José Mosquera e impuso el juramento de obediencia al clero, prefigurando las medidas de 1861
- 06Desamortización — medida complementaria a la tuición expedida en septiembre de 1861; juntas buscaban desarmar material y jurídicamente a la Iglesia católica colombiana
- 07Rafael Núñez — defendió la desamortización como secretario del Tesoro en 1862 y veinticinco años después lideró la Regeneración que desmontó la tuición mediante el Concordato de 1887
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
47 documentos · 60 fragmentos
01Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · p. 11 cita
[1]26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…
p. 1
02The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 133, 1372 citas
[2]the deep-rooted political and re- ligious conflict that shaped the institutional relations between Church and state in Colombia—from the Independence period through the late nineteenth century. Since the “discovery” of América, altar and throne had governed jointly, as the pa- pacy conceded to the Spanish Crown…
p. 133
[20]metropolitan Church, several virtuous priests have held Catholic Worship in their churches, and the faithful take pride in attending these religious functions; they address God, in Colombia’s capital, giving thanks for the aid they receive, while those of the likes of Bishop Arbeláez order disobedience of public…
p. 137
03Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 2241 cita
[3]reprinted in Carlos Martínez Silva, Escritos Varios (Bogotá: Ministerio de Educación Nacional / Ediciones de la Revista Bolívar, 1954), 173. 27. The patronato refers to the special power conceded by the pope to the Spanish Crown. The Spanish Crown had the jurisdiction to orient Chris- tian evangelization. Religion was…
p. 224
04Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 11 cita
[4]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…
p. 1
05Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1671 cita
[5]ft Ciailqíe religioso, del orden político, del jurídico y del espacial. Las fiestas y ceremonias, de regocijo o duelo, también tenían los dos sentidos. Podemos decir que se hacía uso civil de las religiosas y religiosos de las civiles, cuyas fronteras no siempre eran claras. Desde las primeras épocas del periodo…
p. 167
06Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 cita
[6]y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…
p. 38
07Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 2811 cita
[7]of the Grenadine Confederacy from 1861 to 1863, served as the first president of the United States of Colombia from 1863 to 1864, and again from 1866 to 1867. In January 1862, as civil war raged and the outcome still hung in the balance, Mos- quera wrote a letter to Pope Pius IX, the first pope to have personal…
p. 281
08Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2652 citas
[8]par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…
p. 265
[9]par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…
p. 265
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2611 cita
[10]a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…
p. 261
10Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1191 cita
[11]of his term, Santander gave evidence of his legalistic bent by accepting the defeat of his chosen candidate and turning the presidency over to Jose Ignacio de Marquez Barreto (president, 1837^11), a former col- laborator whom he now opposed. Most of their differences were minor, but Santander objected to Marquez 's…
p. 119
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 133, 3192 citas
[12]N DEL MEDIO SIGLO Para 1849 los candidatos presidenciales eran, en el conservatismo gobernante, el vicepresidente Rufino Cuervo, un maestro boya- cense, civilista y antiguo secretario de Hacienda, que representaba el esp í ritu de transacci ó n con el liberalismo que ahora encarna 1 38 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA ba…
p. 133
[58]los cat ó licos. En muchos pueblos hab í a conflictos y hostigamientos, a veces instigados por los curas y quiz á con m á s frecuencia por ci viles fan á ticos contra las peque ñ as comunidades protestantes, con casos de violencia contra sus pastores. Estas persecuciones dismi nuyeron bajo los gobiernos liberales, m á…
p. 319
12Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 cita
[13]and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…
p. 109
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1671 cita
[14]la inspección o la tuición de cultos, con lo cual la Iglesia quedó sometida, no sólo a la vigilancia sino AAA SS EE El país en la segunda mitad del siglo XIX El arzobispo Manuel Iglesia y el Estado, el ar- José Mosquera y sacer- zobispo defendió los de- dotes jesuitas. En la pri- rechos eclesiásticos, por mera gran…
p. 167
14Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 441 cita
[15]jesuitas, comuni- dad militante de la Iglesia Catdlica perseguida por los anticlericales de todo el mundo. La crisis religiosa se difundié en Nueva Granada a través de periddicos, hojas volantes, avisos, pan- fletos y otros medios de comunicacién social. Por su parte, los prelados utilizaron las pastorales para dar a…
p. 44
15Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 222, 2242 citas
[16]democracia. im- piden que su voz ommipatente peri tre en aquel recinto, y ahogue los UE times gritos destemplados cel jesub- tismo que aceso se oyen aún sombría y misteriosamente en-é2068 diustros tenebrosos. Sancionadlo, que La doc- tina de Jesucristo no debe vivir em boscada en unos antros oscuros» Finalmente…
p. 222
[18]Ho: Fras, que en su concepto obstaculiza- ban la prosperidad de la mación La ley de junio 15 de 1853, llamada Ley deSeparación Absoluta de la Igle- el Estado, introdujo algunas dis- posiciones sobre los bienes de las en- tidades religiosas. Por ejemplo, esta- bleció que los templos católicos, así como sus bienes y…
p. 224
16Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 48, 772 citas
[17]ya anotadas, se constituia como el aglutinante ideoldgico ante el re- formismo liberal, en el que veia una amenaza no sdlo desde el punto de vista de la economia, sino desde el punto de vista de la critica a la influencia terrenal de la Iglesia. En este sentido, la politica anti- clerical propuesta y llevada a cabo…
p. 48
[22]tratura al doctor Manuel Murillo Toro, pero Mos- quera, como primer designado, la tiene que ejercer aun entre el 1 y el 10 de ese mes, debido a la de- mora del nuevo titular en llegar a la capital federal. Murillo Toro es el gobernante que ejerce la pre- 1274 A la izquierda, retrato del procurador Juan Agustin…
p. 77
17Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 731 cita
[19]acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…
p. 73
18¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 65, 682 citas
[21]garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…
p. 65
[37]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
p. 68
19Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 89, 922 citas
[23]carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…
p. 89
[38]this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…
p. 92
20Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 85, 882 citas
[24]poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…
p. 85
[30]la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…
p. 88
2130 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 941 cita
[25]desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…
p. 94
22Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1371 cita
[26]encontraran oneroso el procedimiento. Además, cuando las condiciones económicas no eran buenas, se hacía imposible (o, al menos, inconveniente) pagar siquiera el modesto 6% que, se suponía, debían producir los activos legados. En consecuencia, tampoco es sorprendente que se hubieran pedido reformas al sistema. No…
p. 137
23Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 3372 citas
[27]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…
p. 192
[45]donde cayó asesinado Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá. Fotografía de Sady González. Cromos, N° 1627, abril 21 de 1948. La furia y el dolor. Óleo de Ignacio Gómez Jaramillo, 1954. Colección Margot Villa de Gómez Jaramillo, Bogotá. Éxodo. Óleo de Pedro Nel Gómez. Fondo Documental, Biblioteca Luis- Ángel Arango. Violencia.…
p. 337
24Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 511 cita
[28]somewhat surprising, given the religiosity of Antioqueños, that the proceeds of Church property sold off locally seem to have been surprisingly low. No doubt this was partially due to the fact that the local Church had not inherited or accumulated wealth on the same scale as in other parts of the country. To cite an…
p. 51
25Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 511 cita
[29]somewhat surprising, given the religiosity of Antioqueños, that the proceeds of Church property sold off locally seem to have been surprisingly low. No doubt this was partially due to the fact that the local Church had not inherited or accumulated wealth on the same scale as in other parts of the country. To cite an…
p. 51
26Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 4431 cita
[31]grandes cambios del periodo anterior —liquidación de la esclavitud y de los resguardos, con sus repercusiones políticas y sociales, acceso de ciertos grupos a la influencia política…— no se presentaron cam- bios sociales de magnitud similar. La política en el tiempo que vamos viendo fue en forma muy completa «política…
p. 443
27Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 2391 cita
[32]en la región de Santander, abogaban por la supresión del estanco del tabaco que les impedía la expansión de la producción, y secundaban también las reformas fiscales, en especial la abolición del diezmo eclesiástico que pesaba duramente sobre ellos. Los terratenientes, por el contrario, eran los partidarios del statu…
p. 239
28Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 841 cita
[33]sal, y señala la implementación de la desamortización de bienes, que hace perder dinero a la ciudad de Bogotá, debido a que sus ciudadanos deben pagar al Estado los bienes que les fueron expropiados; los bienes desamortizados se concentran en un 40% dentro de la ciudad de Bogotá. La crítica a las reformas de 1863 y al…
p. 84
29El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2681 cita
[34]años después de la expedición del decreto de Desamortización de Bienes de Manos Muertas, no había en la región del Tequendama ninguna propiedad con vinculación pendiente y debe añadirse que en el distrito de La Mesa no se remató ninguna propiedad en aplicación del decreto. La Iglesia tuvo allí un papel muy reducido…
p. 268
30Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1062 citas
[35]la organización de las haciendas liberadas no fueron espectaculares, y que el efecto global sobre la estructura agraria, en relación con las formas de trabajo imperantes en esa época, no ha debido de ser muy grande, ya que se trataba apenas de cerca del 1.5% del área entonces explotada. La dificultad de conseguir…
p. 106
[36]la organización de las haciendas liberadas no fueron espectaculares, y que el efecto global sobre la estructura agraria, en relación con las formas de trabajo imperantes en esa época, no ha debido de ser muy grande, ya que se trataba apenas de cerca del 1.5% del área entonces explotada. La dificultad de conseguir…
p. 106
31Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 1111 cita
[39]del mismo año, el maestro Rojas, en el momento senador y profesor de filosofía del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, volvió a proponer en el Parlamento la adopción oficial de los Elementos de Ideologíadél conde Destutt de Tracy. En medio de acalorados debates logró hacer aprobar por las mayorías radicales…
p. 111
32A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 261 cita
[40]faith. As the educational process aims to educate rational individuals, it should be free from the influence of religion, and in no way should it impose or weaken the private individual’s faith. The debate con - ltinued throughout the 19th century, alternating between the official endorse - ment of the books and their…
p. 26
33Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 531 cita
[41]Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…
p. 53
34The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 1431 cita
[42]on economic, fiscal, and political matters and their attitudes on education. They sought to open up increased social opportunities through provincial autonomy, laissez faire in all aspects of economic and social policy, abolition of the most obvious forms of privilege, and a rhetorical egalitarianism. Liberals viewed…
p. 143
35Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 671 cita
[43]fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…
p. 67
36Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3421 cita
[44]nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…
p. 342
37Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 531 cita
[46]ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…
p. 53
38La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1421 cita
[47]Romano, vicario de Jesucristo en la ti e rra... sin que sean parte para separamos de esta obediencia el te- mor, los halagos, el menoscabo en los intereses, la pérdida de los destinos, la miseria, la persecución, ni linaje alguno de padecimientos...; emplear nuestros esfuerzos, recursos y r e laciones para que,…
p. 142
39La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 143, 1502 citas
[48]síntesis de las posiciones teológico políticas sostenidas por la Iglesia católica contra las ideas liberales y modernas sobre el Estado que se habían desarrollado durante el siglo XIX. Eran principios políticos irreconcilia- bles. De acuerdo con los principios liberales, el Papa y los ministros de la Iglesia se debían…
p. 143
[60]y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…
p. 150
40Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1971 cita
[49]organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…
p. 197
41De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[50]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
[54]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
42De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[51]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
[55]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
43El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[52]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
44Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3331 cita
[53]V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…
p. 333
45El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 4051 cita
[56]tica o por sus actividades teóricas y especulativas tenían 406 Jíndi Jícídneer Ucnsi un papel dirigente en la sociedad. De otro lado, la histo- ria política de España y la concepción española de la vida política y del gobierno, tan originales y propias ambas, parecían indicar que España y las sociedades americanas…
p. 405
46Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1201 cita
[57]los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…
p. 120
47Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1731 cita
[59]en los derechos políticos, sino que tenía que apoyarse también en el reconocimiento de los derechos sociales de los sectores populares. Acorde con esa interpretación de la democracia, López Pumarejo quiso poner en marcha el Estado social de derecho. La Constitución de 1991 profundizó aún más el signifi- cado de la…
p. 173