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Una historia del territorio

Roma en la historia de Colombia

Roma no actuó en Colombia como una potencia exterior que irradiaba influencia desde lejos, sino como arquitectura interna del Estado: sus bulas fundaron el patronato, sus órdenes religiosas construyeron la presencia institucional en territorios…

20 min de lectura58 fuentes

Roma no llegó a Colombia: se instaló en ella. No como una influencia externa que se filtrara desde lejos, sino como arquitectura interna del Estado, matriz jurídica del orden colonial, columna vertebral eclesiástica de la República y depósito simbólico de la cultura letrada. Desde la primera bula que legitimó la conquista hasta las disputas del siglo XXI sobre el papel de la Iglesia en la vida pública, la Ciudad Eterna operó en el territorio como tres cosas superpuestas: sede de un poder espiritual, fuente de un derecho —el romano clásico y el canónico— y emblema de un humanismo latino que dio forma a la lengua, al aula y al Estado. Comprender la huella romana en Colombia no es rastrear la biografía de una potencia lejana; es reconocer que buena parte de las instituciones colombianas fueron, hasta bien entrado el siglo XX, prolongaciones administrativas de una autoridad que despachaba desde el Tíber.

Roma como matriz: tres capas que se solapan

La huella romana se despliega en tres estratos que conviene distinguir antes de narrarlos juntos, porque suelen confundirse. El primero es el eclesiástico: la Santa Sede, sus papas, la Curia, los concilios, las órdenes religiosas que enviaron misioneros al Nuevo Reino de Granada desde el siglo XVI. El segundo es el jurídico y político: el patronato regio primero, el Concordato de 1887 después, el Convenio de Misiones de 1902 más tarde, instrumentos que convirtieron la relación con Roma en columna del orden estatal. El tercero es el cultural: el derecho romano como base del ordenamiento civil, el latín como lengua de la élite letrada, Virgilio como poeta tutelar de una sensibilidad agraria heredada de la Colonia, y una idea de humanitas que modeló los currículos del Colegio Mayor de San Bartolomé y de las universidades pontificias.

Las tres capas se sostienen mutuamente. Sin patronato no habría habido misiones; sin misiones no habría habido presencia estatal en el Casanare, el Caquetá o el Putumayo; sin latinistas educados por los jesuitas no habría habido gramáticos como Rufino José Cuervo ni traductores de la Eneida como Miguel Antonio Caro. La singularidad colombiana —lo que la distingue, por ejemplo, de México o del Cono Sur— reside en la tenacidad con que estas tres capas resistieron los envites secularizadores del siglo XIX y sobrevivieron, secularizadas, hasta el presente.

El patronato regio: Roma cede, la Corona manda

La primera forma en que Roma se hizo presente en el territorio que hoy es Colombia fue, paradójicamente, por su ausencia negociada. A través de bulas y concesiones, la Santa Sede otorgó a la Corona española el patronato regio, un conjunto extraordinario de derechos sobre la Iglesia en el Nuevo Mundo cuya raíz jurídica remonta a las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII, donde el patronato se definía como el derecho adquirido por quien construía y dotaba una iglesia. Trasladado a escala imperial, ese principio hizo del monarca español el gran patrono de la cristiandad americana.

Los términos eran vastos. La Corona nombraba obispos y beneficiarios eclesiásticos en todos los niveles de la jerarquía, revisaba sentencias de tribunales eclesiásticos, recibía los diezmos en nombre de la Iglesia, fundaba misiones, controlaba al clero regular y secular, y —atribución decisiva— autorizaba la circulación y aplicación de las disposiciones papales mediante el pase regio o exequatur. Ninguna bula, ningún breve, ningún decreto de la Curia surtía efecto en América sin el placet real. A cambio, la Corona edificaba y sostenía las iglesias, sufragaba el culto y pagaba al clero.

Bajo el patronato, los altos dignatarios eclesiásticos en América —arzobispos, obispos, canónigos, casi siempre peninsulares— se relacionaban más estrechamente con el rey de España que con el pontífice de Roma. Los monarcas ejercieron un control tan amplio que en la práctica aparecían como jefes de la Iglesia americana, sin que ello implicara —formalmente— sustituir al papa como cabeza doctrinal. Roma reinaba en las almas; Madrid gobernaba en la administración.

Los Borbones del siglo XVIII llevaron la lógica al extremo. Bajo el regalismo se revisó la política conciliar en sentido favorable a la potestad real, se prohibieron las visitas ad limina de los obispos americanos a Roma y se restringieron los informes al Vaticano sobre el estado de las diócesis. Cuando llegó la Independencia, la Iglesia neogranadina llevaba tres siglos gobernándose desde Madrid con Roma como referencia doctrinal más que administrativa. Esa inercia moldearía decisivamente la forma en que la República heredaría el aparato eclesiástico.

Órdenes y evangelización: la Iglesia hace lo que el Estado no puede

Mientras la Corona negociaba con Roma el marco de gobierno, las órdenes religiosas hacían el trabajo material de instalar la cristiandad en el territorio. Franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas —a los que se sumarían capuchinos y consolatas siglos más tarde— protagonizaron la cristianización del Nuevo Reino de Granada entre los siglos XVI y XVIII, y adquirieron un grado de poder social, político y cultural sin el cual la sociedad colonial resulta ininteligible.

El período central de este proceso va de 1549 —creación de la Real Audiencia de Santafé y establecimiento de las órdenes— a 1602, cuando se organizan los pueblos de indios para facilitar la labor misional. La evangelización era, con más claridad que devoción, una política de Estado: uno de los fines centrales con que las órdenes se establecieron, y una de las justificaciones con las que la Corona legitimaba su presencia americana ante Europa. Roma prestaba la teología; Madrid, la logística; las órdenes, el cuerpo.

En los llanos del Casanare, agustinos y jesuitas evangelizaron y redujeron indígenas durante todo el período colonial, hasta la expulsión de la Compañía en 1767. Los agustinos incursionaron tempranamente en el Caquetá y Mocoa: el padre Requejada pasó por la región hacia 1542-1543, y la misión de Mocoa se sostuvo entre 1793 y 1803. Estas misiones cumplieron una función que se repetiría después de la Independencia con otras órdenes en los mismos territorios: convertir espacios percibidos como marginales en zonas mínimamente institucionalizadas, aun cuando la penetración fuera fragmentaria y frágil.

A esa red misional se sumó, en las ciudades principales, el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, cuya importancia política y social en la Nueva Granada colonial fue muy superior a su volumen procesal. No fue tanto un aparato de persecución masiva como un dispositivo de disciplinamiento simbólico: encarnaba, en Cartagena de Indias particularmente, la potestad de Roma para vigilar la ortodoxia. Su presencia formó parte del paisaje institucional de la Colonia junto a las audiencias, los cabildos y los conventos.

La Independencia y el difícil reconocimiento romano

La ruptura con España planteó a la Santa Sede un dilema incómodo: reconocer a las nuevas repúblicas equivalía a validar la insurrección de súbditos católicos contra un monarca católico. Roma escogió, en un primer momento, la lealtad al orden monárquico. En 1814, Pío VII publicó una encíclica exhortando a los hispanoamericanos a la obediencia y sumisión al gobierno español. Una década más tarde, hacia 1824, León XII adoptó una actitud semejante.

El efecto en América fue mínimo. Las encíclicas fueron poco difundidas, y cuando llegaron, muchos las consideraron falsificaciones o les dieron interpretaciones acomodadas. Conviene notar algo que suele pasarse por alto: la República, aun antes de existir jurídicamente, ya se comportaba con Roma como se había comportado la Corona bajo el patronato —filtrando lo que convenía, ignorando lo que estorbaba—. La independencia no cortó el vínculo con Roma; heredó los mecanismos coloniales para gestionarlo.

Simón Bolívar comprendió el problema y actuó con pragmatismo. Realizó gestiones diplomáticas ante la Santa Sede para que reconociera a la Gran Colombia como jurisdicción religiosa autónoma, independiente de la Corona española. Los frutos llegaron con los pontificados de León XII y Pío VIII, que concedieron la creación de un episcopado nacional para la Gran Colombia. El 23 de enero de 1828, Bolívar celebró en Bogotá una cena con el arzobispo de la ciudad y los nuevos obispos de Santa Marta, Antioquia y Guayana, recientemente confirmados por León XII, y expresó su complacencia por los acercamientos del Vaticano. El reconocimiento pleno tardaría todavía años: en 1835, la Santa Sede reconoció formalmente a la Nueva Granada y designó al primer internuncio en Bogotá, iniciando relaciones diplomáticas regulares.

Pero la sustancia del vínculo no era el reconocimiento diplomático: era la continuidad del patronato. Los gobernantes republicanos no abolieron la institución; la incorporaron a la estructura del nuevo Estado. Los presidentes de la Gran Colombia y luego de la Nueva Granada retuvieron el derecho de intervenir en los nombramientos eclesiásticos y en la administración de la Iglesia. La República se pensó a sí misma como heredera del rey en su relación con Roma.

El siglo XIX: patronato republicano, ruptura liberal y desamortización

Durante las décadas de 1820 a 1850, los gobiernos mantuvieron el Patronato Republicano como herramienta central para controlar el poder eclesiástico. La motivación era doble: limitar el peso social, político y económico de una Iglesia que —a diferencia del Estado— poseía una sólida situación financiera, gran aceptación entre las masas populares y presencia en los rincones más apartados del país; y apropiarse simbólicamente de una autoridad indispensable para gobernar. El contraste con la debilidad fiscal y la escasa legitimidad del Estado naciente era brutal: la Iglesia estaba en todos los pueblos; el Estado, apenas en las capitales.

La primera ruptura llegó en 1850 con José Hilario López, que adoptó el principio liberal de separación Iglesia-Estado bajo la fórmula de Cavour: Iglesia libre en el Estado libre. Fue el comienzo de la secularización institucional. En ese contexto, el arzobispo Manuel José Mosquera —elegido en 1834 mediante el Patronato Republicano— fue desterrado por orden del propio López, señal inequívoca de que la vieja alianza se rompía. Las reformas liberales de mediados de siglo afectaron la jurisdicción episcopal, sometieron a prelados a tribunales civiles y radicalizaron el conflicto.

El golpe mayor vino de un hombre que llevaba en el apellido la memoria del arzobispo desterrado. El 9 de septiembre de 1861, Tomás Cipriano de Mosquera, en medio de la guerra civil que libraba contra el gobierno conservador, expidió el decreto de desamortización de bienes de manos muertas, adjudicando a la nación las propiedades de corporaciones civiles y eclesiásticas. La motivación primaria fue fiscal: aliviar las penurias de un tesoro agobiado por deudas y contiendas. La lucha contra el latifundio y la persecución religiosa fueron efectos secundarios. Los principales beneficiarios no fueron campesinos sino comerciantes liberales acaudalados, que adquirieron en remate y en bloque los bienes eclesiásticos, sobre todo en regiones donde los gobiernos estatales eran liberales; en zonas conservadoras como Antioquia, la aplicación fue muy distinta.

Mosquera completó la ofensiva con la tuición de cultos, por la cual todo sacerdote debía solicitar permiso a las autoridades civiles para ejercer sus funciones. La Constitución de Rionegro de 1863, aprobada por la Convención que él mismo convocó, ratificó la desamortización, garantizó la libertad religiosa y de expresión, e impulsó una reforma educativa orientada a eliminar la influencia católica en la enseñanza. Roma no aparecía en el texto, pero era la sombra contra la cual se legislaba.

1887: Roma reclutada por la Regeneración

La Regeneración liderada por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro invirtió el signo. La Constitución de 1886 declaró la religión católica como la de la nación y estableció que los poderes públicos la protegerían como esencial elemento del orden social. Un año después, en 1887 —con aprobación formal en 1888—, el Estado colombiano firmó con la Santa Sede el Concordato que definiría durante casi un siglo la relación entre ambos poderes.

Las concesiones fueron mayúsculas. La Iglesia obtuvo pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno interno, el fuero eclesiástico antes disputado, ventajas fiscales, protección jurídica frente a otras iglesias e indemnización perpetua por los bienes desamortizados en 1861, mediante pagos anuales que el Estado se comprometía a girar en forma indefinida. La Iglesia recuperaba, en la letra, mucho de lo perdido; y ganaba, en la práctica, un poder que no había tenido siquiera bajo el patronato colonial, porque ahora se ejercía sin la tutela regia y sin el exequatur.

La lectura ingenua —Roma vence a los liberales— pasa por alto lo esencial. El Concordato no restauró la autonomía de Roma; la reclutó para el proyecto regeneracionista. Núñez y Caro necesitaban una autoridad moral capilar que compensara la debilidad del Estado central en un país fragmentado, y encontraron en la Iglesia católica el único aparato con presencia real en todo el territorio. Roma prestaba el prestigio y la infraestructura; el Estado colombiano ponía la política. La autoridad eclesiástica se convertía en palanca del orden conservador, no en su rival.

El complemento vino en 1902, cuando el presidente José Manuel Marroquín firmó con el Vaticano el Convenio de Misiones. El acuerdo otorgó a las órdenes religiosas autoridad absoluta para gobernar, policiar y educar a los indígenas en los territorios de misión —esto es, en la vasta periferia amazónica, orinoquense y del Pacífico donde el Estado no llegaba—, así como control sobre la educación pública de ciudadanos colombianos en esas regiones y acceso ilimitado a baldíos para promover la colonización. Un artículo especialmente significativo estableció que ninguna persona inaceptable para los misioneros podía ser nombrada en cargos de autoridad civil, subordinando efectivamente el poder civil al eclesiástico en todo el sur y oriente del país.

Colonialismo interno por delegación: Sibundoy, Caquetá, Putumayo

La aplicación del Convenio de Misiones convirtió a Colombia, en sus periferias, en un territorio gobernado por Roma en cabeza de sus órdenes. El caso más nítido es el Valle de Sibundoy, en el actual Putumayo, entregado a los capuchinos. Respaldados por la declaración de tierras baldías en 1911 y por la Ley 53 de 1913, los capuchinos favorecieron el asentamiento de colonos y se convirtieron ellos mismos en los mayores terratenientes del valle. Las tierras de la comunidad indígena kamëntšá fueron adjudicadas en las zonas pantanosas menos aptas para la agricultura, confinándolos a los terrenos de menor valor productivo. A mediados del siglo XX, los kamëntšá detentaban solamente el 22% de la propiedad de la tierra en el valle que habían habitado durante siglos.

La Ley 89 de 1890, expedida en el marco del proyecto post-Concordato, determinó la manera de gobernar a los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada, y fue uno de los instrumentos legales que respaldaron la presencia misionera. Bajo su amparo, capuchinos, franciscanos y misioneros de la Consolata desplegaron una red que iba de la Guajira al Amazonas, pasando por el Caquetá, el Putumayo, el Chocó y los llanos. En estas zonas, la Iglesia católica actuó como sustituto integral del Estado, cumpliendo funciones de gobierno, educación, dirección moral y organización social. Los capuchinos construyeron caminos en el Putumayo que las tropas colombianas utilizaron durante la guerra colombo-peruana de 1932-1933, y sus instalaciones en Puerto Asís sirvieron de alojamiento a los soldados antes de su despliegue fluvial. La misión era, literalmente, la infraestructura del Estado.

Aquí Roma aparece con su rostro más ambiguo. Los misioneros llegaban con la autoridad del papa y del gobierno de Bogotá, y ejercían un poder que en la práctica combinaba la evangelización con la desposesión, la escuela con la policía moral, la caridad con el control territorial. Llamar a esto presencia romana es exacto en un sentido y engañoso en otro: exacto, porque el mandato venía del Concordato con la Santa Sede; engañoso, porque el proyecto era ante todo el del Estado colombiano, que había delegado en la Iglesia lo que no podía o no quería hacer por sí mismo. Roma fue el nombre que Colombia dio a su propia incapacidad y a su voluntad de desposesión periférica.

El Convenio fue renovado sin modificaciones en 1928, prolongando el régimen. La reforma constitucional liberal de 1936, bajo Alfonso López Pumarejo, suprimió los artículos que declaraban al catolicismo religión de Estado y que mandaban el control clerical de la educación, y estableció libertad de conciencia. Pero el Concordato de 1887 y el Convenio de Misiones de 1902 permanecieron vigentes, generando una tensión duradera entre el texto constitucional y los acuerdos concordatarios: la Iglesia perdió simbólicamente su condición oficial y conservó, sin embargo, el dominio efectivo en los territorios de misión y buena parte del sistema educativo.

Roma en la cultura letrada: latín, Virgilio, derecho romano

Mientras se libraban las batallas jurídicas y territoriales, otra Roma —la clásica, la humanista— penetraba en el país por la vía del aula. La élite letrada colombiana del siglo XIX se educó en un canon donde Virgilio, Horacio, Cicerón y Tácito eran presencias vivas, no restos arqueológicos. El derecho romano, con sus máximas y su lógica, fue base del ordenamiento civil; los aforismos latinos sobre la carga de la prueba —recaída sobre el demandante, a diferencia del derecho germano— siguen citándose en los tribunales.

La figura tutelar de esa Roma letrada fue Miguel Antonio Caro. Traductor de la Eneida al español, en octavas reales, Caro era descrito hiperbólicamente como un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana bogotana —imagen de un latinista encerrado en el mundo clásico y ajeno a la geografía y la sociedad reales del país. La caricatura no era gratuita. Caro, desde la gramática y la cultura hispano-latina, promovió un modelo institucional centralista que tendió a invisibilizar la diversidad étnica, geográfica y cultural del territorio. Su Roma no era la de las misiones capuchinas ni la de los concordatos; era la del imperium y la lengua perfecta, la del orden latino como criterio de civilización.

Junto a él, Rufino José Cuervo, nacido en 1844, fue la otra figura cimera de esa tradición. Formado por los jesuitas —aficionados históricos a la filología— y por educadores como Lorenzo Lleras, Mariano Ortega, Ricardo Carrasquilla y Santiago Pérez, Cuervo escribió las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano y el monumental Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana. A Cuervo, más discreto que Caro, no se le atribuye el mismo proyecto político; su Roma es la del rigor filológico, no la del programa institucional. Pero ambos comparten una premisa: que la lengua castellana, heredera directa del latín, es el vehículo indispensable de la cultura, y que dominarla —hasta sus últimas raíces romanas— es requisito para pertenecer a la élite que gobierna.

Esa afinidad con Roma tuvo un rasgo peculiar. La abundancia de estudios y traducciones de Virgilio en Colombia —documentada en obras como El latín en Colombia de José Manuel Rivas Sacconi, publicada en Bogotá en 1945— no se explica solo por afán humanístico. Responde a una afinidad sentimental profunda con el agrarismo virgiliano, con el elogio de lo rústico y el sentimiento rural de la vida. Esa herencia del espíritu español trasladado a América hizo de las Geórgicas y las Bucólicas una suerte de biblia poética de la sensibilidad colombiana, y pervivió desde la Colonia hasta la República, en la poesía y la literatura del siglo XIX y aún después. Roma era, así, no solo una autoridad política y una lengua sabia, sino la promesa de un mundo agrario donde la nación podía imaginarse a sí misma.

Del Concilio Vaticano II a Medellín: Roma se abre y se resquebraja

En agosto de 1968, Pablo VI llegó a Bogotá para cerrar el 39° Congreso Eucarístico Internacional. Era la primera visita de un pontífice a América Latina. El Congreso había sido diseñado para fomentar la espiritualidad y la oración como contrafuerza al avance del secularismo y la actividad revolucionaria en el continente. La coreografía tenía un mensaje inequívoco: Colombia era el país que Roma escogía para hablarle a América Latina, porque Colombia —desde el Concordato de 1887— seguía siendo el aliado más integral en la defensa de la fe.

Pero el contexto era otro. El Concilio Vaticano II (1962-1965) y el pontificado de Juan XXIII habían abierto en la Iglesia universal un espíritu ecuménico y una preocupación por los pobres que en América Latina cristalizarían de forma explosiva. En Medellín, coincidiendo con la visita papal, se reunieron los obispos latinoamericanos en la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana, alentados por el propio Pablo VI. Muchos consideran esa reunión el evento organizacional del que emergió la teología de la liberación, corriente que leería el Evangelio desde la perspectiva de los oprimidos y llegaría a proponer, en algunas de sus vertientes, una alianza con los movimientos revolucionarios.

El mismo año, Pablo VI publicó la encíclica Humanae Vitae, condenando los métodos anticonceptivos y los programas de planificación familiar. En Colombia, sin embargo, los organismos privados de planificación familiar ya estaban bien diseminados y contaban con apoyo gubernamental —que consideraba la explosión demográfica un freno al crecimiento económico—; con el tiempo, el 70% de las parejas practicaría la planificación familiar. Fue quizás la primera vez, después de siglos, en que la sociedad colombiana desoyó una directiva romana sin traumatismo institucional. Roma seguía hablando; la sociedad ya no obedecía como antes.

Los signos de la fractura habían aparecido antes. Camilo Torres Restrepo, sacerdote, sociólogo y capellán de la Universidad Nacional, abandonó los hábitos para hacer política revolucionaria en el efímero Frente Unido y, a finales de 1965, alegando que las vías legales están cerradas, se unió al ELN en las montañas de Santander. Murió en combate en febrero de 1966, en la acción de Patio Cemento. Su figura anunció el desgarramiento que atravesaría a la Iglesia colombiana durante las décadas siguientes, entre una jerarquía fiel al orden establecido y grupos de sacerdotes —como Golconda y SAL— que se alineaban con el cambio social radical.

Colombianos en Roma: la carrera hacia el centro

Si Roma modeló a Colombia, algunos colombianos aspiraron a modelar a Roma. El paso por la Ciudad Eterna —específicamente por el Colegio Pío Latinoamericano de los jesuitas o por la Pontificia Universidad Gregoriana— se convirtió en un requisito casi obligatorio para los sacerdotes que aspiraban al episcopado. Ricardo Tobón, entre muchos otros, estudió en ambas instituciones, obteniendo licenciatura y doctorado en Filosofía. Roma era el filtro por el que pasaba la carrera eclesiástica colombiana.

La figura más ambiciosa de este circuito fue Alfonso López Trujillo. Su ascenso coincidió con un giro ideológico: en 1978 se pronunció contra los grupos colombianos de sacerdotes Golconda y SAL, y siguió básicamente la posición histórica de la jerarquía eclesiástica colombiana en el período posterior a Medellín. Su crítica continua a la teología de la liberación se puso más o menos de moda a comienzos de los años ochenta, en el contexto de la invasión soviética a Afganistán (1979) y la Revolución Nicaragüense (1979), cuando el Vaticano bajo Juan Pablo II buscaba contener el avance del marxismo en el clero latinoamericano. En 1983, López Trujillo fue ascendido a cardenal; algunos observadores llegaron a sugerir que hacía carrera hacia el papado. Ocupó la presidencia del Consejo Pontificio para la Familia, uno de los cargos con mayor visibilidad doctrinal en la Curia. Su figura no está exenta de sombras: se le atribuyeron vínculos incómodos con la mafia antioqueña y un trato arrogante hacia los feligreses. Descontando los excesos de la polémica, López Trujillo encarnó como pocos la vieja idea de que Roma era el destino natural del alto clero colombiano.

Huella y disputa: qué queda de Roma en Colombia

Rastrear la huella romana en Colombia obliga a distinguir lo que persiste de lo que se transformó. La Constitución de 1991 desmontó buena parte del andamiaje concordatario: consagró la libertad de cultos, la igualdad de las confesiones religiosas, un Estado laico. La religión católica dejó de ser la de la nación en el texto. El Concordato fue renegociado. Los territorios de misión dejaron de estar formalmente bajo autoridad eclesiástica. Roma perdió, en la letra, casi todo lo que había ganado en 1887.

Y sin embargo, Roma sigue ahí, en capas cada vez menos visibles pero no menos activas. Sigue en el derecho, cuyos códigos civiles y penales dialogan aún con el ius commune romano. Sigue en la lengua, donde el latinismo culto pervive en la retórica jurídica, política y académica. Sigue en la educación, donde las congregaciones religiosas —jesuitas, salesianas, hermanos cristianos— mantienen redes de colegios y universidades cuya influencia excede con mucho su volumen numérico. Sigue en la geografía sentimental de una parte del país, donde el catolicismo popular —fiestas, romerías, patronazgos— es tejido comunitario más que dogma. Sigue en el Vaticano, donde cardenales colombianos han ocupado y siguen ocupando posiciones relevantes en la Curia.

La disputa sobre esa huella es hoy más viva que nunca. Para unos, Roma dio a Colombia lo que le faltaba: unidad simbólica, presencia territorial, una tradición humanista sin la cual el país sería mudo. Para otros, Roma —o el uso que se hizo de ella— fue el instrumento con que las élites disciplinaron la diversidad, sometieron a los indígenas, blindaron el orden social contra la crítica y aplazaron durante un siglo la construcción de un Estado moderno capaz de gobernar sin muleta eclesiástica. Ambas lecturas contienen verdad, y ambas rehúyen el hecho más incómodo: que Roma nunca fue en Colombia una potencia externa, sino un componente interno del país, tan constitutivo como los Andes, el bipartidismo o el café. Sacarla del análisis histórico equivaldría a extirpar una capa geológica: se puede intentar, pero el terreno se derrumba.

La pregunta que queda abierta no es si Roma influyó en Colombia —eso está resuelto—, sino cuánto de lo que aún llamamos Estado, ley, escuela o lengua sigue siendo, sin que lo notemos, obra suya.

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1550Derecho indianoEntidad1553Juan de los BarriosEntidad1574Patronato regioEntidad1576Luis Zapata de CárdenasEntidad1600La evangelización del Nuevo Reino de GranadaEnsayo1767Expulsión de la Compañía de Jesús del Nuevo Reino de Granada (1767–1775)Hecho1819Patronato republicanoEntidad1819Simón BolívarEntidad1825Reconocimiento diplomáticoEntidad1835Reconocimiento diplomático de la Nueva Granada por la Santa Sede (1835)Hecho1843Pedro Alcántara HerránEntidad1851Ley de Redención de Censos de 1851Hecho1856AnticlericalismoEntidad1861Tuición de cultosEntidad1869José Manuel GrootEntidad1869SyllabusEntidad1870Vicente ArbeláezEntidad1886Catolicismo socialEntidad1886HispanismoEntidad1886Imaginario nacionalEntidad1886La RegeneraciónÉpoca1886La RegeneraciónEntidad1886La Regeneración y el hispanismo católicoEnsayo1886Miguel Antonio CaroEntidad1887Concordato de 1887Entidad1887El Concordato de 1887Hecho1887El Concordato de 1887Hecho1887El Concordato de 1887Ensayo1887León XIIIEntidad1887PatronatoEntidad1887SecularizaciónEntidad1900Hegemonía conservadoraEntidad1902El Convenio de Misiones de 1902Hecho1916José Vicente ConchaEntidad1930Emergencia de Gaitán y del gaitanismo popular (1930–1942)Hecho1930Enrique Olaya HerreraEntidad1935Congreso Eucarístico de Medellín de 1935Hecho1936Ismael Perdomo BorreroEntidad1936La Iglesia colombiana entre la República Liberal y la Violencia (1930–1942)Ensayo1936Reforma constitucional en ColombiaEntidad1938CorporativismoEntidad1938Silvio VillegasEntidad1948Jorge Eliécer GaitánEntidad1950Laureano GómezEntidad1952Roberto Urdaneta ArbeláezEntidad1953Crisanto Luque SánchezEntidad1962Marta TrabaEntidad1965Cristianismo radical y teología de la liberación en Colombia (1965–1968)Hecho1968Alfonso López TrujilloEntidad1968Gerardo Valencia CanoEntidad1970Misael Pastrana BorreroEntidad1989Luis Carlos GalánEntidad2013Alejandro Ordóñez MaldonadoEntidad2022Francisco de RouxEntidad
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Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

49 documentos · 58 fragmentos
01
Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 224
1 cita
[1]

reprinted in Carlos Martínez Silva, Escritos Varios (Bogotá: Ministerio de Educación Nacional / Ediciones de la Revista Bolívar, 1954), 173. 27. The patronato refers to the special power conceded by the pope to the Spanish Crown. The Spanish Crown had the jurisdiction to orient Chris- tian evangelization. Religion was…

p. 224
02
The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 133, 137
2 citas
[2]

the deep-rooted political and re- ligious conflict that shaped the institutional relations between Church and state in Colombia—from the Independence period through the late nineteenth century. Since the “discovery” of América, altar and throne had governed jointly, as the pa- pacy conceded to the Spanish Crown…

p. 133
[25]

metropolitan Church, several virtuous priests have held Catholic Worship in their churches, and the faithful take pride in attending these religious functions; they address God, in Colombia’s capital, giving thanks for the aid they receive, while those of the likes of Bishop Arbeláez order disobedience of public…

p. 137
03
Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · p. 1, 14
2 citas
[3]

26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…

p. 1
[4]

de los centros educativos americanos y su inmersión en las nuevas corrientes intelectuales de la época. Así mismo, y con el objetivo de fortalecer la figura del rey frente al pontífice, se revisó la política conciliar, la cual se hizo más favorable a las medidas regalistas, y se apostó por limitar la comunicación…

p. 14
04
Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 30, 44
2 citas
[5]

las parro- quias; la dotacién de los templos, monasterios y hospitales; la revisi6n de las sentencias de los tri- bunales eclesiésticos; la autorizacién para la circu- laci6én y aplicacién de todas las disposiciones pa- pales y el recibo de los diezmos que la Iglesia re- caudaba para sus atenciones. Por su parte, la…

p. 30
[20]

jesuitas, comuni- dad militante de la Iglesia Catdlica perseguida por los anticlericales de todo el mundo. La crisis religiosa se difundié en Nueva Granada a través de periddicos, hojas volantes, avisos, pan- fletos y otros medios de comunicacién social. Por su parte, los prelados utilizaron las pastorales para dar a…

p. 44
05
Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1
1 cita
[6]

57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

p. 1
06
Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 1
1 cita
[7]

43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…

p. 1
07
Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 1
1 cita
[8]

89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…

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08
Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 130
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[9]

rosario a lo largo del piedemonte andino, 128 están integradas a través de las localidades de mediana importancia como Guanare, Araure y Acarigua o también San Garlos y San Sebastián de los Reyes «a las regiones más pobladas políticamente dominantes y económicamente importantes, centradas en torno a ciudades como…

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09
Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 130
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rosario a lo largo del piedemonte andino, 128 están integradas a través de las localidades de mediana importancia como Guanare, Araure y Acarigua o también San Garlos y San Sebastián de los Reyes «a las regiones más pobladas políticamente dominantes y económicamente importantes, centradas en torno a ciudades como…

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10
Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 242
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[11]

de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…

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Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 265
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[12]

par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…

p. 265
[13]

par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…

p. 265
12
Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 46
1 cita
[14]

mapa de la Gran Colombia que se conserva en el Archivo Jacinto Jijon y Caamano de Quito. De acuerdo con su carta fundacional, Colombia se form6 con el antiguo virreinato de Santa Fe y la Capitania General de Venezuela. A la derecha, una imagen poco corriente de Simén Bolivar en ese lienzo de Tito Salas. El sueno…

p. 46
13
Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 478
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[15]

de los dos conventos suprimidos y los bienes de los dos. El 12 de marzo de 1828 decretó que en ninguna de las universidades de Colombia podrían ser enseñados los Tratados de Legislación de Jeremy Bentham. En cuanto a los demás libros elementales usados, la Dirección General de Estudios podría modificarlos después de…

p. 478
14
Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 37
1 cita
[16]

Padre una carta del general Santander, que obtuvo respuesta el 3 de octubre. En ésta, su Santidad ofrecia remediar todas las ne- cesidades de la Iglesia y fieles granadinos. Fue asi como el 26 de noviembre del ano siguiente la Santa Sede hizo el reconocimiento de Nueva Granada y designé el primer internuncio, con lo…

p. 37
15
Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 38
1 cita
[17]

y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…

p. 38
16
Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 261
1 cita
[18]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
17
Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 342
1 cita
[19]

nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
18
Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 220
1 cita
[21]

colocaba la jurisdicción episcopal en interdicción: de acuerdo con esa ley los arzobispos, o prelados en la Nueva Granada «son responsables por mala conducta em los ejercicios de aquellas funciones ue les son atribuidas por las leyes la República y responden ante los tribunales y juzgados civiles e ede- siásticos, que…

p. 220
19
Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 85, 88
2 citas
[22]

poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…

p. 85
[26]

la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…

p. 88
20
Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 137
1 cita
[23]

encontraran oneroso el procedimiento. Además, cuando las condiciones económicas no eran buenas, se hacía imposible (o, al menos, inconveniente) pagar siquiera el modesto 6% que, se suponía, debían producir los activos legados. En consecuencia, tampoco es sorprendente que se hubieran pedido reformas al sistema. No…

p. 137
21
Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 73
1 cita
[24]

acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…

p. 73
22
Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 269
1 cita
[27]

el período colonial en Antioquia, por ejemplo, como la Iglesia “era dependiente de las diócesis de Popayán y Cartagena, a donde fluían hasta el fin del período colonial los diezmos percibidos en la Provincia se dificultó el florecimiento de los latifundios eclesiásticos”.²²⁷ Desde el momento en que los bienes…

p. 269
23
La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 150
1 cita
[28]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
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¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 65
1 cita
[29]

garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
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Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 190
1 cita
[30]

organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…

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Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 333
1 cita
[31]

V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…

p. 333
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Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 110, 252
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[32]

Vaticano Primero, del Concilio Plenario de Obispos 1.a tinoa- mericanos, y las enseñanzas del Syl/alms, rechazaban los conceptos básicos de libera li smo, naturalismo, socialismo y racionalismo. En julio de 1902 se emitió otro juramento para los li berales que qui- sieran renegar; el arrepentido condenaba < < sin…

p. 110
[52]

la píldora. Cuando el Papa Pablo VI emitió su encíclica Huma11ae Vitae (1968), condenatoria de tales métodos y progra- mas, los organismos privados de planificación familiar ya estaban bien diseminados en el país y contaban con el apoyo de los gobier- nos, que consideraban la <1explosión demográfica)> como un freno…

p. 252
28
Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 120
1 cita
[33]

los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…

p. 120
29
La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 14
1 cita
[34]

la memoria de los habitantes de la región y es fundamental para entender sus identidades y la fortaleza de sus organizaciones sociales. En la zona sur se dieron, por su parte, procesos de colonización eclesiástica llevados a cabo por misiones capuchinas, franciscanas y consolatas, a las que se les delegó la…

p. 14
30
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 45
1 cita
[35]

entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…

p. 45
31
Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 52, 115
2 citas
[36]

a, the places where they are created, and the functions that the respective employees perform." 21 Such glaring ambiguities would continue to inhibit effective government in the territories for the next fifty years. Church State Relations Despite efforts by radical Liberals, the Constitutional Reform of 1936 did not…

p. 52
[40]

with serious Indian problems, abandoned and ignored by the great centers of the country," remained a province within the department of Boyacá. Third, disregarding the fact that geographic isolation, tropical climate, and the sparse populations of the territories required special legislation, Article 2 implied that the…

p. 115
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Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 67
1 cita
[37]

fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…

p. 67
33
Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 7, 99
2 citas
[38]

Thousand Days, but soon after the fighting ceased, President José Manuel Marroquín and the Vatican signed the Convention on Missions of 1902. This agreement granted to the religious orders absolute authority to govern, police, and educate the natives in their mission territories. It also gave them control over the…

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[50]

military and its alleged involvement in a massacre of Guahibos in 1970 reinforced popular belief that it was really a secret CIA operation. 76 By 1978 President López Michelsen was ready to revoke the government’s contract with SIL, but his successor, Julio Turbay Ayala allowed the institute to continue its work in…

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Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 250
1 cita
[39]

time he made the announcement. The consequence for Colom- bia had been, López said, “decomposition, discouragement, and disorder.” 127 The unhappiness that Alfonso López felt at the end of his 1934–1938 term was a function both of the opposition mounted by business interests threat- ened by his economic reforms, and…

p. 250
35
El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 305
1 cita
[41]

muy emocionante. Los misioneros elevan su alma a la inmortalidad. Les enseñan cómo conocer y adorar a Dios, así como a la patria». La fusión entre la Iglesia y el Estado tuvo rápidos divi- dendos. En 1928, por un tratado internacional, Colombia obtuvo soberanía sobre el Caquetá y la ribera norte del Putumayo. Cuatro…

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Hacer memoria para recuperar el ser kamëntšá: raspachines víctimas y lecciones de la madre tierra para pervivirGrupo de Memoria Kamëntšá; William Caicedo Jamioy; Víctor Andrés Chasoy; Clementina Chicunque Chindoy; Wbeimar Arturo Jacanamejoy Chicunque; Judy Jaqueline Jacanamejoy Chicunque; Arturo Jacanamejoy Mavisoy; Jacinta del Rosario Jamioy; Aida Yuleni Juagibioy; Laura Guzmán Peñuela; Tania Helena Gómez Alarcón · 2020 · p. 20
1 cita
[42]

En 1911, el Gobierno declaró territorio baldío al Valle de Sibundoy (Chaparro, 2015, p. 93). Poste- riormente, por medio de la Ley 53 de 1913, se reglamentó la tenencia de la tierra: mientras a cada colono mayor de veintiún años le correspondieron cincuenta hectáreas, a cada comunidad de indígenas se le adjudicó una…

p. 20
37
De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 212
1 cita
[43]

reacción a la agresión de la Unión Soviética a Afganistán (1979) Ya la Revolución Nicaragüense. del mismo año. De manera que la crítica continua de López Trujillo a la teología de la liberación se puso más o menos de moda a comien- zos de la década de 1980. Y López Trujillo llegó a los círculos de poder en Roma: en…

p. 212
38
De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 212, 219
2 citas
[44]

bién era una reacción a la agresión de la Unión Soviética a Afganistán (1979) Ya la Revolución Nicaragüense. del mismo año. De manera que la crítica continua de López Trujillo a la teología de la liberación se puso más o menos de moda a comien- zos de la década de 1980. Y López Trujillo llegó a los círculos de poder…

p. 212
[45]

de la ClA norteamericana para apoyar la elección del democristiano Eduardo Frei en 1964 en la cam- paña presidencial chilena. Una parte del dinero habría salido de los cien millones de dólares que el Congreso de los Estados Unidos apropió para contribuir a aliviar las secuelas después del terremoto. Véase National…

p. 219
39
Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 252
1 cita
[46]

armadas es y ha sido moneda corriente y señalamientos a los cuales hace oídos sordos, por el contrario se muestra agresivo en contra de quienes se atreven a 297 En este país europeo en donde se encuentra la sede católica mundial. El Vaticano, labora el arzobispo Alfonso López Trujillo, presidente del consejo…

p. 252
40
Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 252
1 cita
[47]

armadas es y ha sido moneda corriente y señalamientos a los cuales hace oídos sordos, por el contrario se muestra agresivo en contra de quienes se atreven a 297 En este país europeo en donde se encuentra la sede católica mundial. El Vaticano, labora el arzobispo Alfonso López Trujillo, presidente del consejo…

p. 252
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Dejad que los niños vengan a míJuan Pablo Barrientos · 2019 · p. 127
1 cita
[48]

veinticinco años, y desde ahí comenzó a escalar en cargos claves para el episcopado. Nunca fue párroco, sus aspiraciones eran otras. Recién ordenado fue enviado como vicario parroquial del Señor de los Milagros, en San Pedro, Antioquia, donde estuvo hasta 1981. De ahí pasó a la parroquia Nuestra Señora del Rosario, de…

p. 127
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Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 144
1 cita
[49]

document—of the voter. 128 6. Pope Paul VI arrives in Colombia Source: BPP, Alberto Palacio Roldán, 1968 Place: Bogotá’s El Dorado International Airport Pope Paul VI arrived in Bogotá, Colombia, in August 1968—the first visit by a pontiff to Latin America. The pope’s arrival coincided with the closing of the 39th…

p. 144
43
Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 76
1 cita
[51]

por el papado progresista de Juan XXiIll y la convocato- tia del Concilio Vaticano Il, y particularmente en América Latina por la reunién de la Conferen- cia Episcopal Latinoamericana de Medellin, en 1965. Camilo Torres, socidlogo y capellan de la Universidad Nacional, colgé los habitos para hacer politica…

p. 76
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Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 39
1 cita
[53]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
45
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 24
1 cita
[54]

Tradujo, en octavas reales soporíferas, La Eneida de Virgilio. Tradujo muchos otros poetas latinos, bíblicos, franceses e in- gleses. Como poeta original, perduran algunos de sus sonetos («Pro senec- tute», «Patria»...) y, en medio de una literatura más retórica que lírica, más formal que intensamente sentida (como lo…

p. 24
46
El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 50
1 cita
[55]

y por las profesiones técnicas burguesas 22 El sentimiento ruralista de la vida, el agrarismo español, también se trasmite a América. El elogio de lo rústico es uno de los temas constantes de la poesía y de la literatura colombianas del siglo xix, y el sentimiento rural de la vida uno de los impulsos sicológicos que…

p. 50
47
Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 132
1 cita
[56]

los requisitos que se recomiendan a quien quiera consagrar la vida a la gramática es que sea bogotano. A los bogotanos les atrae la gramática como a los escoce- ses el whisky. Cuervo era bogotanísimo. Había nacido en la capital el 1 de septiembre de 1844. Los responsables de haberle inculcado la goma de la gramática…

p. 132
48
Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 220
1 cita
[57]

esa altura y nos sería lícito esperar que la influencia de tales ideas se limitara al respeto de la forma y no alcanzara a obrar sobre la percepción de las cosas. ¡Qué acentos de indignación encuentra Caro para increpar a Quintana su grito generoso, humano, cuando recono- ciendo las crueldades de la Conquista, quiere…

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49
Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 77
1 cita
[58]

jamás existir, la condición extrajurídica. El delincuente no perdía, por el hecho de serlo, su calidad de persona. Por otra parte, la carga de la prueba gravitaba en dere- cho romano sobre el demandante. Son muy conocidos los aforismos latinos que sintetizan la teoría de la carga de la prueba en el derecho romano…

p. 77