Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Idea · Estados Unidos de Colombia

Syllabus

Catálogo pontificio de ochenta proposiciones condenadas por Pío IX en 1864, el Syllabus llegó a Colombia en 1869 y se convirtió en la bandera doctrinal con la que la Iglesia católica y el Partido Conservador articularon su resistencia al liberalismo radical durante los Estados Unidos de Colombia.

3.695 palabras33 documentos53 fragmentos citados
Syllabus

Trayectoria de una idea

  1. 1864

    Publicación en Roma

  2. 1869

    Impresión en Bogotá como apéndice al Concilio Provincial

  3. 1870

    Choque con el Decreto Orgánico de Instrucción Pública

  4. 1877

    El Syllabus como 'constitución clerical' en la prensa liberal

  5. 1902

    Juramento de renuncia al liberalismo

03

La lectura

El Syllabus llegó a Colombia en 1869 no como novedad doctrinal sino como nombre para un conflicto que ya llevaba casi dos décadas en curso: desde las leyes de López en 1850 hasta la desamortización de Mosquera en 1861, la Iglesia colombiana había perdido bienes, fuero y control parroquial, y el documento pontificio le dio a esos agravios la coherencia de un programa reconocible. Su formato —una lista de ochenta errores condenados, portátil y citable— facilitó su traducción desde la cátedra universitaria del Colegio del Rosario hasta los púlpitos de las parroquias más apartadas, pasando por pastorales episcopales, hojas volantes y polémicas de prensa. En Antioquia, el clero lo usó para equiparar liberalismo con herejía desde el púlpito; en Bogotá, Miguel Antonio Caro lo invocó para impugnar a Bentham y Tracy en las aulas universitarias; en la prensa liberal, El 5 de Abril lo señaló como la constitución que el clero quería imponer. Esa triple presencia —doctrinal, pastoral y política— convierte al Syllabus en uno de los documentos extranjeros con mayor incidencia en la vida pública colombiana del siglo XIX, y su influencia no se agotó con la caída del régimen radical: el Concordato de 1887 y la Constitución de 1886 incorporaron, en clave jurídica, buena parte de lo que el texto pontificio había defendido en clave teológica.

El Syllabus en Colombia

En diciembre de 1864, Pío IX firmó en Roma la encíclica Quanta cura y anexó a ella el Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores: un catálogo de ochenta proposiciones que la Iglesia católica declaraba erróneas. Era la respuesta doctrinal más sistemática que el papado había ensayado contra el liberalismo, el naturalismo, el racionalismo y el socialismo, en un siglo en que había perdido territorios, conventos y fieles. Cinco años después, en 1869, ese documento cruzó el Atlántico y se imprimió en Bogotá como apéndice al Concilio Primero Provincial Neogranadino, en la Imprenta Metropolitana, con el título Syllabus o catálogo de los principales errores de nuestra época censurados en las alocuciones consistoriales, Encíclicas y demás Letras apostólicas de Nuestro Santísimo Padre el Papa Pío IX. Llegaba a un país que se llamaba Estados Unidos de Colombia, gobernado por una constitución —la de Rionegro de 1863— que había prescindido de invocar a Dios, dividido la República en nueve estados soberanos, decretado la libertad de cultos y consolidado la desamortización de los bienes eclesiásticos apenas dos años antes. El Syllabus puso por escrito el choque que ya estaba en marcha.

De ese encuentro nace la historia colombiana del documento. No es la de un texto teológico que se lee y se guarda: es la de una síntesis pontificia que se volvió lenguaje político, munición de púlpito, materia de polémica en la prensa, argumento en cátedras universitarias y, con el tiempo, sustrato ideológico de la Constitución de 1886 y del Concordato de 1887. En los Estados Unidos de Colombia, el Syllabus operó como la bandera doctrinal bajo la cual la Iglesia y el Partido Conservador articularon una resistencia común al proyecto radical, dando a agravios acumulados desde 1850 la coherencia de un programa reconocible.

Qué es el Syllabus

El Syllabus es un documento pontificio breve —ochenta proposiciones numeradas— que no expone una doctrina sino que enumera errores. Cada tesis condenada remite a alocuciones consistoriales, encíclicas o cartas apostólicas anteriores del propio Pío IX, de modo que el texto funciona como índice sistemático de una posición ya expresada en piezas dispersas. Su lógica es defensiva: la Iglesia europea, sacudida desde la Revolución Francesa por confrontaciones directas, asesinatos de clérigos y destrucción de templos y conventos, había ido cerrando filas contra la modernidad política a lo largo del siglo XIX, y el Syllabus condensó en 1864 la línea de esa retirada combativa.

Las proposiciones condenadas abarcan lo teológico —panteísmo, naturalismo, racionalismo absoluto— pero adquieren fuerza política en los apartados que tocan la relación entre la Iglesia y el poder civil. Allí el Syllabus rechaza que el Papa y los ministros de la Iglesia deban ser excluidos de la administración y dominio de las cosas temporales —principio recogido en su numeral XVII— y condena, entre otras pretensiones del Estado moderno, la libertad absoluta de enseñanza, la escuela laica, el matrimonio civil, el divorcio, la libertad de cultos, la libertad de conciencia como derecho ilimitado y la separación de la Iglesia y el Estado. Leído en conjunto, es el reverso exacto del programa que en Colombia impulsaban los liberales radicales.

Conviene detenerse en el género del texto para entender su circulación posterior. El Syllabus no argumenta ni persuade: censura. Su formato —una lista— facilita la memorización, la cita fragmentaria y el uso pastoral; cada numeral puede transcribirse en una hoja volante, glosarse en un sermón, esgrimirse en una polémica. Esa portabilidad explica en parte por qué se convirtió, en países muy alejados de Roma, en un instrumento tan eficaz. Un tratado teológico exige lectores; una lista de errores basta con difundirla. Cuando en 1869 se imprimió como apéndice al Concilio Provincial, el documento no llegaba a un país neutral: llegaba a uno donde cada uno de los principios que condenaba estaba escrito en la constitución vigente o en las leyes que la habían precedido. Ese ajuste entre el texto romano y el suelo colombiano es lo que hay que explicar en las páginas que siguen.

El terreno preparado: la ruptura de 1850-1863

El Syllabus no encendió el conflicto entre la Iglesia y el Estado colombianos: llegó cuando ese conflicto ya llevaba tres lustros en curso y estaba estructurando la vida política nacional. La ruptura empezó en 1850, cuando el gobierno del general José Hilario López rompió la tradición del patronato heredada de la Colonia y adoptó, con la fórmula del conde de Cavour —"Iglesia libre en Estado libre"—, el principio liberal de separación. Un año después, la ley del 27 de mayo de 1851 dispuso que los curas párrocos serían elegidos por los cabildos civiles locales y recibirían salario fijo, atacando de frente el control eclesiástico sobre las parroquias. La respuesta fue el destierro del arzobispo Manuel José Mosquera de Bogotá y de los obispos de Cartagena y Pamplona por desobedecerla, y el estallido de un cisma en Antioquia.

La Constitución de 1853, sancionada el 21 de mayo bajo la presidencia de José María Obando, marcó un segundo hito. La ley del 15 de junio de ese mismo año, conocida como Ley de Separación Absoluta de la Iglesia y el Estado, dispuso que los templos y sus rentas correspondían a los vecinos de cada parroquia. La protesta de las comunidades religiosas obligó al Congreso a expedir en 1855 una nueva ley que devolvió a las entidades religiosas la autonomía en el manejo de sus bienes y rentas, pero el precedente estaba sentado. A esas medidas se sumaron la tuición de cultos —que sometió a la Iglesia a la vigilancia y dependencia del poder civil, restableciendo un patronato ejercido sin la Santa Sede— y la exigencia a los ministros del clero de jurar obediencia a la Constitución y las leyes como condición para ejercer su ministerio, bajo pena de destierro sin procedimiento judicial. Muchos sacerdotes respondieron cerrando iglesias y rehusando administrar sacramentos.

El ciclo culminó en 1861, en medio de la guerra civil, con dos golpes decisivos. Primero, la expulsión de los jesuitas y la confiscación de sus bienes; luego, el 9 de septiembre, el decreto de desamortización de bienes de manos muertas firmado por Tomás Cipriano de Mosquera, mediante el cual la nación se adjudicó los bienes y rentas de las corporaciones eclesiásticas. La motivación fue fiscal —aliviar un erario agobiado por la deuda pública y los gastos de las guerras civiles— y también política: limitar el poder de la Iglesia. Mosquera justificó la medida citando antecedentes en Luis XIV, el gabinete español de 1837 y México, y la necesidad de liberar la propiedad de trabas coloniales para adecuarla a un pueblo libre y democrático. Los bienes expropiados fueron rematados en forma indivisa, lo que benefició principalmente a comerciantes liberales acaudalados: en lugar de dispersar la propiedad, la desamortización tendió a concentrarla en manos laicas, sin modificar sustancialmente la estructura agraria. El golpe simbólico, sin embargo, fue enorme.

La Constitución de Rionegro de 1863 selló el edificio. Reconoció la libertad de cultos, consagró un Estado secular y no invocó a Dios como fuente de autoridad —ruptura explícita con la tradición constitucional colombiana anterior y posterior—. Cuando en 1864 Pío IX firmó el Syllabus en Roma, la Iglesia colombiana llevaba catorce años perdiendo bienes, fuero, control parroquial y presencia en la educación pública. La condena pontificia del liberalismo no le contó nada nuevo: le dio nombre.

La circulación: de la Imprenta Metropolitana al púlpito rural

En 1869, con la publicación del Syllabus como apéndice al Concilio Primero Provincial Neogranadino en la Imprenta Metropolitana de Bogotá, la jerarquía colombiana lo incorporó formalmente a su magisterio. La operación no era menor: al colocarlo como anexo de un concilio provincial, los obispos lo integraban al derecho eclesiástico local y lo convertían en referencia obligada para el clero.

De allí en adelante, el Syllabus se difundió por dos vías. La primera fue institucional y letrada: la cátedra que monseñor Rafael María Carrasquilla estableció en el Colegio del Rosario formó una red que iba desde ese centro hasta los púlpitos de los municipios más apartados, y por la cual los sacerdotes debían guiarse por las enseñanzas de la Iglesia sobre la naturaleza pecaminosa del liberalismo. El texto de referencia práctico —Las enseñanzas de la Iglesia sobre el liberalismo— condensaba la doctrina antiliberal en forma pastoral y demostraba cómo tratarla desde el confesionario. Muchos obispos glosaron esas enseñanzas en sus "cuestiones de púlpito y confesionario", utilizando ambos espacios como escenarios de transmisión.

La segunda vía fue la prensa y la controversia pública. Los prelados usaron las pastorales como canal para dar a conocer los planteamientos de la Iglesia y fijar sus posiciones frente a quienes consideraban perseguidores del clero. La crisis religiosa se difundió también por periódicos, hojas volantes, avisos y panfletos, y en ese ruido el Syllabus aparece referenciado como consigna. El caso más elocuente es el del periódico liberal El 5 de Abril, que en noviembre de 1877 advertía que, si el clero lograba imponerse, gobernaría "con el Syllabus por constitución", hundiendo la libertad conquistada con sangre en los campos de batalla. La imagen del Syllabus como carta fundamental clerical no era, entonces, invención posterior de historiadores: era una acusación que los propios liberales lanzaban en tiempo real, señal de que percibían el documento como programa político y no como texto teológico.

En Antioquia, el clima de esa difusión adquirió tonos particularmente duros. El clero equiparó desde el púlpito a masones y liberales, contribuyendo a que la palabra "liberal" fuera asociada con herejía; los establecimientos educativos funcionaron como monopolio conservador, y los espacios de sociabilidad se ordenaron en torno a esa condena. Un documento romano podía traducirse, así, en códigos cotidianos de vida en una parroquia andina.

La guerra escolar: el Syllabus en el aula

Si el Syllabus tuvo un campo de batalla concreto en los Estados Unidos de Colombia, ese fue la escuela. El Decreto Orgánico de Instrucción Pública del 1º de noviembre de 1870 introdujo el principio de la escuela obligatoria y promovió una reforma educativa de amplio alcance, con un ambicioso componente de organización nacional. En su marco se contrató una misión pedagógica alemana que, para finales de 1872, había organizado escuelas normales masculinas y femeninas en todos los estados colombianos, y se introdujeron métodos de enseñanza pestalozziana. La matrícula creció aceleradamente: de sesenta mil alumnos en 1870 pasó a cerca de ochenta mil en 1876, distribuidos en 1.464 escuelas.

La orientación laica del decreto chocó de frente con lo que el Syllabus había condenado apenas seis años antes. La Iglesia veía en la escuela obligatoria organizada por el Estado una intromisión que despojaba a los padres y a la religión de su derecho a formar la conciencia de los niños. Varios obispos rechazaron el decreto, y en algunas regiones el conflicto se tradujo en cierre de escuelas, presión sobre las familias y, más adelante, participación de las jerarquías locales en las guerras civiles del período.

El episodio más elocuente de esta disputa fue la llamada polémica de los textos. En 1870, a propuesta del senador Ezequiel Rojas, el Congreso aprobó recomendar al poder ejecutivo hacer obligatorio el uso de la Ideología de Destutt de Tracy para la cátedra de Lógica y de las obras de Jeremy Bentham para la de Legislación en la Escuela Universitaria de Literatura y Filosofía. La medida fue impugnada en el Consejo Universitario y provocó la renuncia del rector Manuel Ancízar; nunca llegó a implementarse plenamente, pero la señal política era inequívoca. Miguel Antonio Caro, desde el periódico conservador El Tradicionalista, denunció que el Estado confundía su obligación de educar con el derecho de la Iglesia a adoctrinar, e invadía "con escándalo y violencia los derechos de la religión y la ciencia". Consideraba que el utilitarismo asociado a Bentham y Tracy era incompatible con las raíces católicas que debían fundamentar el proyecto republicano colombiano, y Ezequiel Rojas intentaba demostrar lo contrario, en un debate que trascendió al ámbito internacional.

Al otro lado, el liberal Aníbal Galindo defendió explícitamente que la escuela liberal debía enseñar doctrinas liberales mientras el partido estuviera en el poder, rechazando el eclecticismo y afirmando que Jaime Balmes —el filósofo católico catalán— y Bentham no podían coexistir en las aulas universitarias. La franqueza de Galindo revela lo que estaba en juego: no una disputa académica sobre autores, sino la cuestión de qué principios formarían a la ciudadanía. En ese frente, el Syllabus estaba del lado de Caro, y cada libro adoptado o vetado se leía como una victoria o derrota en una guerra más amplia.

La reforma de 1870, con todos sus logros, no sobrevivió al desgaste del régimen radical. La Constitución de 1886 implicó la renuncia al ideal de una escuela nacional única y abrió condiciones jurídicas que permitieron la entrada de congregaciones religiosas a la educación; el proyecto instruccionista quedó revertido en sus aspectos centrales, y el Syllabus —al menos en materia educativa— pasó de doctrina condenatoria a marco legal implícito. Pero la disputa escolar no fue solo cuestión de leyes y decretos: fue disputa entre hombres concretos, con nombres, púlpitos, periódicos y cátedras. Conviene, entonces, mirar quiénes formaron el frente que hizo del Syllabus un instrumento colombiano.

Los actores del frente católico

El Syllabus no circuló solo: lo movieron hombres con nombres, obras y púlpitos, y cada uno operó desde un piso distinto del edificio. La jerarquía eclesiástica proveyó la autoridad institucional; la pluma laica conservadora, el argumento público que traducía la doctrina al idioma de la República; el clero regional, la militancia en el terreno, donde el texto pontificio se hacía sermón, confesión y voto. La Iglesia colombiana atravesó el período entre el arzobispado de Vicente Arbeláez, más conciliador con el gobierno civil, y figuras episcopales de talante intransigente que se prolongarían hasta comienzos del siglo XX, y en esa oscilación fue templando una posición común: pastorales, cartas colectivas y sínodos articularon una línea que bajaba al clero parroquial a través de los textos de guía ya mencionados.

La pieza decisiva del engranaje fue Miguel Antonio Caro. Desde El Tradicionalista, que él mismo fundó, rechazó los principios liberales basados en la utilidad personal y defendió la Iglesia y la autoridad fuerte como garantías del orden social; reivindicó la herencia española colonial no como nostalgia sino como fundamento constitutivo del ser nacional. Hasta aquí, la descripción de su posición doctrinal. Su función histórica, sin embargo, fue de otra naturaleza: tejió la alianza entre el Partido Conservador y la jerarquía eclesiástica en una lengua compartida —la del catolicismo intransigente—, y en la construcción de esa lengua el Syllabus fue uno de los materiales centrales. Caro no importó el Syllabus; lo tradujo. Lo convirtió en argumento republicano, en artículo de periódico, en tesis constitucional. Esa operación —dar forma jurídica y política nacional a un texto romano de censura teológica— es lo que lo distingue de los otros actores del frente.

En Popayán, Sergio Arboleda operó en un registro paralelo, más filosófico y regional, aportando a la causa una prosa doctrinal de raíz aristocrática; también desde Popayán, Carlos Bermúdez, y desde Bogotá, José Telésforo Paúl, encarnaron durante los años radicales la línea episcopal de resistencia frontal, la que no negociaba con el Estado laico sino que lo impugnaba desde su misma legitimidad.

Hasta dónde podía llegar esa militancia lo muestra el obispo Nicolás Casas de Pasto, que durante la guerra civil de 1899-1902 publicó dos volúmenes instruyendo a sus seguidores sobre la maldad del liberalismo político, al que calificó de "extrema malicia, horrible impiedad y principios ateos" y de encarnación de "la enormidad de su terrorífica monstruosidad". El vocabulario delata la genealogía: es el Syllabus llevado a temperatura de guerra, un texto romano de 1864 convertido en instrucción de combate en los Andes cuarenta años después.

Del otro lado, los actores del gobierno radical —Manuel Murillo Toro, Aquileo Parra, Santiago Pérez— administraron un Estado cuyo diseño constitucional era casi punto por punto lo que el Syllabus condenaba, y lo hicieron con la convicción de que la modernización política del país exigía sustraer la educación, la propiedad, el matrimonio y la ciudadanía del control eclesiástico. El propio Tomás Cipriano de Mosquera —general, cuatro veces presidente y hermano del arzobispo Manuel José Mosquera— condensó en una biografía la ruptura nacional: firmó la desamortización de 1861 contra la institución que su hermano había encabezado.

De documento condenado a constitución implícita

La Regeneración liderada por Rafael Núñez desde 1880 cambió los términos de la disputa. Aliado con el Partido Conservador y con Caro como principal arquitecto intelectual, Núñez estableció la centralización política y administrativa, la formación de un ejército nacional y el restablecimiento de relaciones armónicas con la Iglesia, en reacción a la crisis del modelo federal radical. El Syllabus, que hasta entonces había sido bandera de una oposición, se convirtió en marco doctrinal del régimen entrante.

La Constitución de 1886 declaró el catolicismo religión de la nación. Estableció que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la Iglesia. Mantuvo la libertad de cultos solo mientras no fuera contraria a la moral cristiana ni a las leyes. Cada uno de esos puntos revertía posiciones que el Syllabus había condenado veintidós años antes. El Concordato firmado con la Santa Sede en 1887 completó el giro: otorgó a la Iglesia control sobre la educación, efectos civiles al matrimonio católico, exenciones fiscales, autonomía de gobierno, fuero eclesiástico y protección estatal frente a otras confesiones; comprometió al Estado a realizar pagos anuales a perpetuidad como compensación por los bienes desamortizados; abolió el divorcio. También otorgó a los obispos diocesanos el derecho a destituir a maestros de escuela cuyas opiniones consideraran religiosamente heterodoxas, con lo que la victoria eclesiástica en el aula quedó formalmente sellada.

Caro, vicepresidente de Núñez y ejerciendo de facto el gobierno durante los últimos años de este, asumió el control completo tras la muerte de Núñez en 1894. La Constitución de 1886, en cuya redacción había sido decisivo, se mantendría en esencia hasta 1991. Colombia siguió así un rumbo diferente al de otros países latinoamericanos: mientras allí las reformas del siglo XIX otorgaron al Estado mayor independencia frente al poder eclesiástico, en Colombia la Regeneración implicó una supeditación del poder civil a la Iglesia que se prolongaría durante décadas.

Este desenlace no fue producto del Syllabus por sí solo. La Regeneración respondió a una crisis estructural del federalismo radical —guerras civiles recurrentes, fragmentación fiscal, ingobernabilidad—, y la reconciliación con la Iglesia fue tanto instrumento pragmático de Núñez para construir hegemonía como convicción doctrinal de Caro. Pero el Syllabus proveyó el vocabulario. Cuando la Constitución de 1886 rechazó el laicismo radical y el Concordato ató la educación a los preceptos eclesiásticos, no se estaba improvisando: se estaba escribiendo en derecho positivo lo que Pío IX había señalado como el orden correcto entre la Iglesia y el Estado. El 5 de Abril había acertado en su temor de 1877, aunque no en su tono: no fue exactamente que el clero gobernara con el Syllabus por constitución, sino que la constitución que se escribió tras la caída del régimen radical incorporó, con matices, buena parte de lo que el Syllabus había defendido.

La huella larga

La influencia del Syllabus en Colombia se prolongó mucho más allá del período que le dio sentido inmediato. Durante la hegemonía conservadora (1885-1930), la Iglesia utilizó el púlpito y la retórica pastoral para caracterizar al partido liberal como el partido del pecado, involucrándose activamente en política en defensa del orden conservador y católico. Un arzobispo colombiano definió la política como "el arte de gobernar" para justificar la obligación del clero de participar en ella, argumentando que la seguridad pública debía defenderse combatiendo a los liberales como enemigos del orden, el Estado y la Iglesia.

En julio de 1902, en el ocaso de la guerra de los Mil Días, se emitió un juramento para los liberales que quisieran retractarse, en el que el arrepentido debía condenar "sin reserva alguna y de corazón todo tipo de liberalismo religioso o político y todas aquellas falsas libertades que amenazan y perjudican nuestra fe católica". El texto es una destilación tardía y colombiana del Syllabus: reduce a fórmula de arrepentimiento individual la condena pontificia que había sido formulada como censura general. En 1915, en Medellín, Andrés Botero L. publicó el Catecismo político social, texto de amplia difusión que enseñaba a niños, mediante preguntas y respuestas, principios de fe católica y de gobierno, y que ilustra cómo la pedagogía política conservadora incorporaba materiales doctrinales en la formación de las nuevas generaciones.

Todavía en 1955 —casi un siglo después de la firma romana— se sostenía en Colombia que el liberalismo estaba condenado por defender errores como la libertad absoluta de enseñanza, la escuela laica, el matrimonio civil y divorcio vincular, la libertad de cultos, la laicidad del Estado y la separación de Iglesia y Estado. La lista es prácticamente el índice de las proposiciones del Syllabus. La unanimidad moral católica como fundamento del Estado y de la educación fue defendida por figuras conservadoras del siglo XX como Laureano Gómez y, en registro más moderado, Carlos E. Restrepo, quienes condicionaban cualquier reforma educativa a los principios morales católicos y restringían la libertad de cultos a aquellas religiones cuya moral coincidiera con la católica.

El Concilio Vaticano II (1962-1965) cambió el marco doctrinal de la Iglesia universal y, con él, la posición romana respecto a la libertad religiosa y la separación entre Iglesia y Estado; pero el Concordato colombiano —renegociado en 1973— y buena parte de las inercias institucionales sobrevivieron a ese giro. Solo con la Constitución de 1991, que consagró el Estado laico y la libertad de cultos plena, se cerró jurídicamente el ciclo largo que el Syllabus había ayudado a abrir en 1864.

Mirado desde el presente, el Syllabus fue en Colombia menos una encíclica que un dispositivo: un texto breve que se volvió capaz de organizar identidades políticas, códigos morales, decisiones escolares y arquitecturas constitucionales durante más de un siglo. Su eficacia no se explica solo por su contenido ni por la autoridad del pontífice que lo firmó, sino por el ajuste casi exacto entre lo que condenaba y lo que la Iglesia colombiana había perdido —y quería recuperar— desde 1850. Lo que en Europa fue expresión de repliegue defensivo, en Colombia se transformó, tras la Regeneración, en fundamento de restauración.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Regeneración1886–19291
  1. 1887León XIIIFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Pío IX — autor del Syllabus, firmado en Roma en diciembre de 1864 como anexo a la encíclica Quanta cura
  2. 02Constitución de Rionegro de 1863 — texto constitucional cuyos principios (Estado secular, libertad de cultos, ausencia de invocación divina) son el reverso exacto de las proposiciones condenadas por el Syllabus
  3. 03Miguel Antonio Caro — intelectual conservador que desde El Tradicionalista utilizó los argumentos del Syllabus para impugnar la reforma educativa liberal y el utilitarismo de Bentham y Tracy
  4. 04Concilio Primero Provincial Neogranadino — concilio que sirvió de vehículo para la publicación y difusión oficial del Syllabus en Colombia en 1869
  5. 05Liberalismo radical — corriente política colombiana cuyos principios fundamentales —escuela laica, separación Iglesia-Estado, libertad de cultos, matrimonio civil— coincidían punto por punto con las proposiciones condenadas en el Syllabus
  6. 06Regeneración — proceso político liderado por Rafael Núñez que, sustentado en parte en el sustrato ideológico del Syllabus, culminó en la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887, revirtiendo las reformas radicales
06

Documentos y fragmentos citados

33 documentos · 53 fragmentos

01La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 143, 147, 1503 citas
[1]

síntesis de las posiciones teológico políticas sostenidas por la Iglesia católica contra las ideas liberales y modernas sobre el Estado que se habían desarrollado durante el siglo XIX. Eran principios políticos irreconcilia- bles. De acuerdo con los principios liberales, el Papa y los ministros de la Iglesia se debían…

p. 143
[4]

y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…

p. 150
[6]

busca imponer la teocracia. Otro periódico, El 5 de Abril, decía en noviembre de 1877: Colombia deplorará los sacrificios perdidos y tanta sangre generosa derramada inútilmente en los campos de batalla; y cuando el clero levante la cabeza y avasalle a los pueblos y los gobierne con el Syllabus por constitución,…

p. 147
02Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1101 cita
[2]

Vaticano Primero, del Concilio Plenario de Obispos 1.a tinoa- mericanos, y las enseñanzas del Syl/alms, rechazaban los conceptos básicos de libera li smo, naturalismo, socialismo y racionalismo. En julio de 1902 se emitió otro juramento para los li berales que qui- sieran renegar; el arrepentido condenaba < < sin…

p. 110
03Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 38, 412 citas
[3]

brisa misteriosa restauraba el barco eclesial y hacía encallar a los barcos enemigos 62. Este nuevo modelo de relación Iglesia y sociedad no fue fortuito. La iglesia europea venía de experimentar una época muy crítica, cuando, tras la Revolución Francesa, a finales del siglo XVIII, sobrevino una ola de confrontaciones…

p. 41
[15]

y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…

p. 38
04Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 441 cita
[5]

jesuitas, comuni- dad militante de la Iglesia Catdlica perseguida por los anticlericales de todo el mundo. La crisis religiosa se difundié en Nueva Granada a través de periddicos, hojas volantes, avisos, pan- fletos y otros medios de comunicacién social. Por su parte, los prelados utilizaron las pastorales para dar a…

p. 44
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 261, 264, 3063 citas
[7]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
[24]

quejaba de no poder iniciar labores por falta de libras y de estudiantes. Pero Hotschic ’ í tuvo gran é xito en Cundinamarca; se residenci ó definitivamente en Colombia, edit ó libros y lleg ó a ser director de Educaci ó n pfl. blica en Santander. Para fines de 1872 la misi ó n hab í a organizado escuelas normales en…

p. 264
[25]

43. 43 Informe del rector de la Universidad Nacional en Anales, t, I, n ú m. 5, p á g. 431 G. LA POL É MICA DE LOS TEXTOS La d é cada comprendida entre 1870 y 1880 fue escenario te. una de las m á s resonantes pol é micas intelectuales del siglo xix, A la controversia que se libr ó en torno al decreto org á nico de…

p. 306
06Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 cita
[8]

and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…

p. 109
07Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 47, 582 citas
[9]

n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar,  –  (Medellín, ),  – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…

p. 47
[19]

and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…

p. 58
08Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 47, 582 citas
[10]

n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar,  –  (Medellín, ),  – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…

p. 47
[20]

and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…

p. 58
09La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 118, 1502 citas
[11]

los curas (27 de mayo de 1851). Así se traducían al formalismo de la ley, algunas de las ideas motoras de la utopía liberal de la época. La última ley mencionada merece destacarse, no solo por - que pretendió atacar las bases tradicionales del control ecle - siástico, llegando «hasta los grupos ecológicos básicos y…

p. 118
[42]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
10Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 222, 224, 2263 citas
[12]

democracia. im- piden que su voz ommipatente peri tre en aquel recinto, y ahogue los UE times gritos destemplados cel jesub- tismo que aceso se oyen aún sombría y misteriosamente en-é2068 diustros tenebrosos. Sancionadlo, que La doc- tina de Jesucristo no debe vivir em boscada en unos antros oscuros» Finalmente…

p. 222
[13]

Ho: Fras, que en su concepto obstaculiza- ban la prosperidad de la mación La ley de junio 15 de 1853, llamada Ley deSeparación Absoluta de la Igle- el Estado, introdujo algunas dis- posiciones sobre los bienes de las en- tidades religiosas. Por ejemplo, esta- bleció que los templos católicos, así como sus bienes y…

p. 224
[50]

matrimonio civil eliminandose la fórmula-de la ab- jumción y descartándoseLa excomi= nión para los contrayentes; el estables cimiento de una comisión para impul- Peso Y carl Comcintanie nt de eerieros. Palrcar de Sar retos, Bogahl,! la y religión ESOS iso o Ses Ezapuíel Morews y Dz, ie de Comsemaro (18318031 y ng…

p. 226
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 160, 1672 citas
[14]

la inspección o la tuición de cultos, con lo cual la Iglesia quedó sometida, no sólo a la vigilancia sino AAA SS EE El país en la segunda mitad del siglo XIX El arzobispo Manuel Iglesia y el Estado, el ar- José Mosquera y sacer- zobispo defendió los de- dotes jesuitas. En la pri- rechos eclesiásticos, por mera gran…

p. 167
[26]

la segunda mitad del siglo XIX rigieron una escuela normal y una elemental mo- delo, anexa a la normal; introdujeron la enseñanza prusiana y en especial los métodos de enseñanza pestalozziana, que se basaban en la actividad de los alumnos por medio de la inducción y con la disciplina del amor reflexivo. Como sustento…

p. 160
1230 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 841 cita
[16]

siendo admisibles en pago por su valor nominal. ARTÍCULO 19. Quedan derogadas todas las disposiciones contrarias a las de la presente ley, y el Poder Ejecutivo dictará todos los reglamentos y órdenes del caso a fin de que tenga su más puntual cumplimiento. Dada en Bogotá, a 21 de mayo de 1851 El Presidente del Senado,…

p. 84
13Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1221 cita
[17]

Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…

p. 122
14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 891 cita
[18]

carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…

p. 89
15The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1371 cita
[21]

metropolitan Church, several virtuous priests have held Catholic Worship in their churches, and the faithful take pride in attending these religious functions; they address God, in Colombia’s capital, giving thanks for the aid they receive, while those of the likes of Bishop Arbeláez order disobedience of public…

p. 137
16De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 65, 693 citas
[22]

se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el arzobispo definió la política…

p. 69
[40]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
[51]

familia, pero ULTRAJNTOLERANCLA 66 En Colombia, durante los primeros treinta años del siglo xx, los estudiantes recibían instrucción religiosa en el colegio, y con frecuencia en la misma casa. Una rápida mirada a un texto de catecismo para niños del período en consideración ayu- dará a reforzar los argumentos…

p. 65
17Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 64, 672 citas
[23]

sus padres, re- ciban dicha instrucción de los párrocos o ministros», aunque no resultó esto en garantía suficiente para los sectores más tradicionalistas. Esta enérgica política instruccionis- ta que planteaba la reforma se reflejó no sólo en un amplio debate educativo sino, también, en un rápido y soste- nido…

p. 64
[30]

fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…

p. 67
18A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 261 cita
[27]

faith. As the educational process aims to educate rational individuals, it should be free from the influence of religion, and in no way should it impose or weaken the private individual’s faith. The debate con - ltinued throughout the 19th century, alternating between the official endorse - ment of the books and their…

p. 26
19Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 1111 cita
[28]

del mismo año, el maestro Rojas, en el momento senador y profesor de filosofía del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, volvió a proponer en el Parlamento la adopción oficial de los Elementos de Ideologíadél conde Destutt de Tracy. En medio de acalorados debates logró hacer aprobar por las mayorías radicales…

p. 111
20Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 53, 562 citas
[29]

Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…

p. 53
[43]

just four years, and which concluded that no Liberal could be a good Catholic. 39 Not to be outdone, Bishop Nicolás Casas of Pasto, writing at the height of the Liberal civil war of 1899–1902, published in quick succession two volumes instructing his followers on the evil political philo- sophy. Their tenor can be…

p. 56
21Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 85, 882 citas
[31]

poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…

p. 85
[32]

la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…

p. 88
22Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 110, 1222 citas
[33]

nuaron ventilándose en tomo de la Iglesia, pero que no es necesario considerar aquí. Estos eran, entonces, los problemas que dividían las opiniones en el país entre 1845 y 1885, y que, en la medida en que sus solucio- nes fueron halladas o pospuestas, incidieron sobre las posibilidades de progreso o decadencia. Solo…

p. 122
[35]

la Indepen- dencia. Este cambio, sin embargo, era más rápido cuando la situación de demanda (doméstica y externa) hacía irresistible para la clase dirigente la posibilidad de enormes ganancias. Durante el período 1845-1885las riendas del gobierno estuvieron en manos de los liberales radicales (o "gólgotas", como se…

p. 110
23Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 2691 cita
[34]

el período colonial en Antioquia, por ejemplo, como la Iglesia “era dependiente de las diócesis de Popayán y Cartagena, a donde fluían hasta el fin del período colonial los diezmos percibidos en la Provincia se dificultó el florecimiento de los latifundios eclesiásticos”.²²⁷ Desde el momento en que los bienes…

p. 269
24El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2681 cita
[36]

años después de la expedición del decreto de Desamortización de Bienes de Manos Muertas, no había en la región del Tequendama ninguna propiedad con vinculación pendiente y debe añadirse que en el distrito de La Mesa no se remató ninguna propiedad en aplicación del decreto. La Iglesia tuvo allí un papel muy reducido…

p. 268
25Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1971 cita
[37]

organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…

p. 197
26Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3331 cita
[38]

V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…

p. 333
27Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1921 cita
[39]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
28De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 44, 653 citas
[41]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
[44]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
[52]

parroquia que no tiene familia, pero ULTRAJNTOLERANCLA 66 En Colombia, durante los primeros treinta años del siglo xx, los estudiantes recibían instrucción religiosa en el colegio, y con frecuencia en la misma casa. Una rápida mirada a un texto de catecismo para niños del período en consideración ayu- dará a reforzar…

p. 65
29Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1461 cita
[45]

las ind í genas, LA REP Ú BLICA FEDERAL 151 ilc esp í ritu infantil, y una autoridad fuerte era indispensable para controlar el esp í ritu montaraz y rebelde de mestizos y mulatos. La Iglesia era esencial para que s ú bditos o ciudadanos aceptaran las restricciones de la vida en sociedad: al reemplazar la idea de…

p. 146
30Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[46]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
31El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[47]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
32La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 41, 2712 citas
[48]

Rosario de uno de sus más insignes discípulos, Francisco M. Rengifo, «Santo Tomás de Aquino ante la ciencia moderna», editada en 1913, previamente publicada por entregas en 1906 en la Revista del Rosario. Según reza la advertencia que abre el pequeño libro, en este se pretendía comprobar «que todo descubrimiento…

p. 271
[53]

relaciones con los demás. El Estado es una cuestión religiosa. Garantizar la unanimidad moral a través de la edu- cación es, en uno y otro caso, indispensable. Tal como Laureano Gómez, ese ingeniero conservador y banderizo en su proyecto de Constitución de 1953 con respecto a la libertad de cultos, Restrepo recurre a…

p. 41
33El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 141 cita
[49]

Nariño con La Bagatela (1811), pasando por Sergio Arboleda y su periódico La Voz Nacional (1884 - 1885), Rafael Núñez y su periódico La Luz (1881 - 1882), Miguel Antonio Caro con El Tradicionista (1871 - 1872), o José María Samper desde El Tiempo (1855 - 1872), cada uno de ellos, por nom- brar algunas de las figuras…

p. 14