Manuel Ancízar
Nueva Granada
1812–1882
La biografía
Manuel Ancízar Basterra (1812-1882) fue el letrado que, desde la prensa, la cátedra y el trabajo de campo, ayudó a dotar al liberalismo neogranadino de una infraestructura civilizatoria: secretario de la Comisión Corográfica y autor de la Peregrinación de Alpha, subsecretario de Relaciones Exteriores bajo Tomás Cipriano de Mosquera, diplomático en Suramérica y primer rector de la recién fundada Universidad Nacional. Su firma como Alpha en las páginas de El Neogranadino introdujo en el país una manera nueva de mirar el territorio —a medio camino entre el inventario de recursos y la descripción sensorial— y su labor institucional dejó, más que un cuerpo doctrinal, unos andamios: una universidad pública organizada por decreto reglamentarista, una prensa política capaz de discutir la supresión de aduanas, un archivo geográfico y etnográfico del interior neogranadino. Ancízar pertenece a esa generación bisagra que atravesó el paso de la República de la Nueva Granada a los Estados Unidos de Colombia sin adherirse a los extremos: liberal moderado, masón, ilustrado, ni gólgota ni draconiano, se mantuvo cerca del poder a través de administraciones sucesivas y convirtió su cercanía en obra pública. Su fama es hoy menor que la de sus contemporáneos —los Samper, Camacho Roldán, Murillo Toro—, pero su huella institucional pesa, en no pocos aspectos, más que la de ellos.
Línea de vida
- 1840
Exilio formativo en Venezuela
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Entre 1840 y 1846 residió en Caracas, donde ejerció la docencia y se incorporó al Liceo Venezolano. Se relacionó con la élite intelectual caraqueña y adquirió reconocimiento en ciencia, cuestiones de límites, geología y educación, perfil que le abriría paso al servicio público neogranadino.
- 1846
Regreso a la Nueva Granada y cargo bajo Mosquera
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A su retorno fue nombrado subsecretario de Relaciones Exteriores durante la primera administración de Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849), participando en la arquitectura jurídica del reconocimiento internacional de la república y en misiones diplomáticas por Suramérica.
- 1850
Secretario de la Comisión Corográfica y publicación de Peregrinación de Alpha
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Bajo el gobierno de José Hilario López, Ancízar se desempeñó como secretario de la Comisión Corográfica dirigida por Agustín Codazzi durante tres años. Publicó por entregas en El Neogranadino, a partir del 11 de enero de 1850, la Peregrinación de Alpha por las provincias del Norte de la Nueva Granada, firmada con el seudónimo Alpha, obra que combinó inventario de recursos, observación etnográfica y vuelo literario.
- 1853
Primera edición en libro de Peregrinación de Alpha
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La obra fue reunida y publicada en Bogotá en 1853 bajo el título completo Peregrinación de Alpha por las provincias del Norte de la Nueva Granada, en 1850 y 51. Su publicación originó protestas de algunas regiones ante la mirada crítica del cronista, y se convirtió en fuente primaria fundamental sobre el nororiente neogranadino a mediados del siglo XIX.
- 1868
Primer rector de la Universidad Nacional
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Con la fundación de la Universidad Nacional en 1868, durante el período del olimpo radical y bajo la Constitución de Rionegro, Ancízar asumió su rectoría. Puso en marcha una institución regida por un decreto orgánico de treinta y un capítulos y más de doscientos artículos, coronando una vida dedicada a articular el saber ilustrado con el aparato estatal.
La semblanza
Ancízar fue, ante todo, un hombre de la palabra impresa puesta al servicio del Estado. Nació en 1812, cuando aún se libraba la guerra de Independencia, y murió en 1882, en vísperas de la Regeneración que clausuraría el ciclo liberal en el que había construido su trayectoria. Setenta años en los que ejerció como profesor, periodista, secretario de una comisión científica, subsecretario, diplomático, ensayista y rector: ninguno de esos oficios agota su figura; el conjunto sí la define. Pertenece al grupo de ensayistas que, junto a José María Samper, Miguel Samper y Salvador Camacho Roldán, analizaron los problemas de la sociedad, la cultura, el progreso, el atraso y el desorden en la Nueva Granada del medio siglo. Figura también, junto a Rojas Garrido y J. I. Escobar, como maestro de filosofía en el panorama intelectual del país.
Lo distintivo de Ancízar respecto a otros letrados de su generación no reside tanto en la originalidad de su pensamiento —bebió, como casi todos los suyos, del liberalismo doctrinario de Constant, del eclecticismo de Cousin y de los publicistas franceses en boga hacia 1850— cuanto en su capacidad para insertar la letra en el aparato institucional. Donde otros escribieron ensayos, él redactó decretos, dirigió comisiones y organizó cátedras. Sus tres pivotes son claros: la Comisión Corográfica, que produjo la Peregrinación de Alpha; el periódico El Neogranadino, donde publicó por entregas esa obra y desde donde se libraron las grandes discusiones económicas del medio siglo; y la rectoría de la Universidad Nacional, fundada en 1868. Tres operaciones distintas que apuntan al mismo objetivo: hacer del saber ilustrado una infraestructura republicana concreta.
El eclecticismo cousinista le ofrecía, además, una plataforma cómoda para su temperamento: permitía conciliar espiritualismo y observación empírica, moral cristiana y método científico, sin obligar a las opciones extremas que otras corrientes exigían. Un liberal moderado, masón, cercano al poder pero desconfiado de los entusiasmos revolucionarios, encontraba en Cousin la justificación filosófica de su propio equilibrio. La filosofía practicada por Ancízar fue coherente con su política: pactista, gradualista, atenta a las costumbres antes que a los principios abstractos.
Los orígenes y el exilio venezolano
Los detalles biográficos tempranos de Ancízar son escasos, pero el episodio decisivo de su formación fue el exilio venezolano entre 1840 y 1846. En Caracas ejerció la docencia y se incorporó al Liceo Venezolano, institución fundada, en la retórica de la época, para propagar las luces y fomentar el cultivo de la literatura y las bellas artes. Allí se relacionó con la élite intelectual caraqueña, activamente enfrascada durante la década de 1840 en publicaciones como El Promotor y que contaba entre sus figuras con el dibujante y militar Carmelo Fernández, profesor de dibujo en el Colegio de la Paz, de geografía en el Colegio de Roscio y de matemáticas en la Academia Militar. La Caracas post-Páez —dividida entre conservadores y liberales, con una prensa polémica y una élite letrada que se pensaba a sí misma como continuadora del proyecto bolivariano— ofreció a Ancízar un laboratorio político y cultural distinto del bogotano.
El sexenio caraqueño fue formativo en un sentido profundo. Cuando regresó a la Nueva Granada en 1846, ya no era un joven en formación sino un hombre público reconocido por sus conocimientos en ciencia, cuestiones de límites, geología y educación: la ciencia le abría paso a las comisiones técnicas; las cuestiones de límites, a la diplomacia; la geología, a la Comisión Corográfica que estaba por venir; y la educación, a la rectoría universitaria que coronaría su carrera. Venezuela le entregó un perfil profesional multifacético que la Nueva Granada estaba a punto de necesitar. La primera presidencia de Tomás Cipriano de Mosquera, obsesionada con modernizar la administración y racionalizar el territorio, encontró en Ancízar al hombre indicado.
El exilio le entregó también algo más difícil de medir: una perspectiva regional andina. Formado en el horizonte bolivariano de las repúblicas grancolombianas y con experiencia directa de una Caracas que apenas empezaba a decantar los conflictos del post-Páez, Ancízar volvió a Bogotá con una mirada suramericana que después le serviría para representar a su país en diversas capitales del continente. Fue, en ese sentido, uno de los primeros letrados neogranadinos del siglo XIX en tejer una biografía intelectual que rebasara los límites del altiplano cundiboyacense.
La trayectoria pública
El regreso de Ancízar a la Nueva Granada coincidió con el gobierno de Mosquera, y bajo esa administración fue nombrado subsecretario de Relaciones Exteriores. El cargo, aparentemente técnico, lo situó en el corazón de la política de reconocimientos internacionales y de las delicadas cuestiones de límites que el país mantenía con sus vecinos. Ancízar prolongó ese trabajo con funciones diplomáticas en Suramérica, actividad que lo mantuvo en la órbita del poder ejecutivo y que ratificó el reconocimiento adquirido en Venezuela.
Esa etapa diplomática merece detenerse. La Nueva Granada del medio siglo aún estaba definiendo sus fronteras y su lugar en el concierto suramericano: los tratados con Venezuela, Ecuador, Perú y las potencias europeas no eran asuntos rutinarios sino operaciones fundacionales del Estado. Un subsecretario de Relaciones Exteriores en Bogotá, en los años cuarenta, participaba de la lenta arquitectura jurídica del reconocimiento internacional de la república, y cuando ese subsecretario era despachado en misión al exterior, llevaba consigo tanto la representación del gobierno como la memoria acumulada del expediente. Las capitales suramericanas por las que pasó Ancízar eran plazas donde se cruzaban legaciones, comerciantes, exiliados políticos y agentes de las cancillerías europeas. La labor consistía menos en negociar tratados dramáticos que en mantener abiertos los canales, cultivar la sociabilidad de las élites locales, informar a Bogotá y, cuando el asunto lo exigía, defender la posición neogranadina en disputas puntuales de límites o de deuda. Para un hombre como Ancízar, formado en Caracas y familiarizado con las redes intelectuales del continente, esa función encajaba naturalmente con su perfil.
Aquella experiencia diplomática, aunque no dejara tratados célebres asociados a su nombre, tuvo un efecto duradero: fijó a Ancízar como un funcionario de confianza para los sucesivos gobiernos, capaz de moverse en el registro protocolar y en el registro técnico con igual solvencia. Cuando volvió al servicio interno, lo hizo con el prestigio añadido del hombre que había representado al país en el exterior.
El giro decisivo vino con el gobierno de José Hilario López y con la ley que ese mismo año estableció la Comisión Corográfica. La Comisión, dirigida por el geógrafo italiano Agustín Codazzi, inició sus labores en 1850 con el propósito de describir el territorio, elaborar mapas y producir un inventario del país. Ancízar fue su secretario durante los tres primeros años, y ese trabajo produjo la obra por la que hoy se le recuerda: la Peregrinación de Alpha por las provincias del Norte de la Nueva Granada, en 1850 y 51. Publicada por entregas en El Neogranadino a comienzos de 1850 bajo el seudónimo Alpha, y luego reunida en libro en Bogotá en 1853, registró los viajes por las provincias de Vélez, Soto, Ocaña y Socorro —el corazón santandereano— con una mezcla poco frecuente en la escritura oficial de la época: rigor descriptivo, observación etnográfica, juicio moral, vuelo literario.
Terminada la temporada en la Comisión, Ancízar continuó en el servicio público, pero sus últimas dos décadas están dominadas por la vida universitaria. Fundada la Universidad Nacional en 1868 —en pleno olimpo radical, bajo la Constitución de Rionegro—, Ancízar asumió su rectoría. La institución nació con un decreto orgánico minuciosamente reglamentarista: treinta y un capítulos y más de doscientos artículos que regulaban admisiones, disciplina, exámenes, horarios y programas de cátedras. Ese carácter reglamentario refleja tanto la formación jurídica del liberalismo del período como la convicción de que la construcción del Estado pasaba por la codificación exhaustiva del funcionamiento de sus instituciones. Ancízar fue el hombre encargado de poner en marcha esa maquinaria, y la ejerció como el coronamiento natural de una vida dedicada a articular la letra con el aparato estatal.
Murió en 1882, dejando una descendencia que prolongaría el nombre familiar en la vida pública. Su esposa fue Agripina Samper Agudelo, hermana de José María y Miguel Samper, lo que emparentaba a Ancízar por matrimonio con la extensa y poderosa familia Samper, uno de los troncos del liberalismo bogotano decimonónico. Esa alianza no es un detalle menor: colocó a Ancízar en el centro de la red familiar y política que agrupaba a sus cuñados letrados, quienes compartían con él el oficio del ensayo y la militancia en la prensa liberal.
La Peregrinación de Alpha
La obra por la que Ancízar entra en el canon merece detenimiento. La Peregrinación de Alpha no fue el primer diario de viaje escrito en Colombia, pero sí uno de los primeros que combinó, con propósito deliberado, el inventario de recursos naturales con la descripción sensorial del paisaje y la observación etnográfica de las poblaciones. Ancízar registró materias primas, suelos, cultivos, climas, distancias, actividades económicas —el material del funcionario— y al mismo tiempo describió el mestizaje entre europeos e indígenas en Vélez y Santander, retrató costumbres, valoró tipos humanos y, en no pocas páginas, dejó traslucir juicios morales que provocaron el enojo de las regiones descritas. La publicación por entregas en El Neogranadino originó protestas de algunas comarcas ante la mirada crítica del cronista: la obra no era neutral, y su recepción tampoco.
El seudónimo Alpha condensa la ambición: la primera letra, el comienzo, el punto de partida para nombrar el país. La operación era discursiva antes que descriptiva. Ancízar, escribiendo desde el prestigio de una comisión oficial y publicando en el principal órgano de la prensa liberal capitalina, producía una imagen del interior neogranadino para consumo de las élites bogotanas. Aquella imagen fijó categorías —el santandereano trabajador y austero, la mezcla racial en clave civilizatoria— que la política y la escritura colombianas han reciclado durante generaciones. La obra fue apodada, con razón, la biblia de los santandereanos, y se cita de manera recurrente en demografía, etnografía y economía histórica como fuente primaria sobre las provincias del nororiente a mediados del siglo XIX.
La Peregrinación es también, sin proponérselo del todo, un texto literario. Ancízar convirtió listas de recursos en descripciones sensoriales del paisaje, y esa mezcla de observación empírica con aire poético lo convirtió en precursor del costumbrismo colombiano. Sus artículos en El Neogranadino despertaron entre los jóvenes escritores del país el interés por retratar el paisaje y las costumbres locales, y llegó a sostener que la novela y el cuento eran los mejores instrumentos de análisis psicológico para comprender las sociedades, porque la imaginación permitía construir hipótesis sobre la fisonomía de las culturas. Ese planteamiento, avanzado para su tiempo, coloca a Ancízar en una posición peculiar: no del todo científico positivista, no del todo ensayista social, no del todo literato, sino las tres cosas a la vez, con predominio variable según la página.
La obra tuvo dos reediciones significativas: una en dos tomos en Bogotá en 1970 y una edición digital de 620 páginas publicada en 2016 por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional. Que un texto de mediados del siglo XIX haya recibido cuidado editorial ciento cuarenta y ciento setenta años después indica que su vigencia como fuente y como pieza literaria no ha decaído.
El periodista y publicista
El Neogranadino fue, para Ancízar, mucho más que la plataforma de entrega de la Peregrinación: fue su tribuna pública durante los años del gran debate liberal. El periódico se contaba entre los espacios donde se libraron con mayor intensidad las discusiones económicas del medio siglo. La supresión de aduanas —bandera librecambista fundamental— fue tratada allí a lo largo de los años cincuenta, con posiciones firmadas por Florentino González a comienzos de 1853 y por Manuel Murillo Toro a comienzos de 1856. En ese contexto polémico, la prosa descriptiva de Ancízar cumplía una función complementaria: mientras los economistas discutían aranceles, Alpha describía las provincias cuyo comercio dependía de esas decisiones. La geografía y la economía política se hablaban desde las mismas páginas.
La contribución de Ancízar al periodismo colombiano tiene un doble filo. Por un lado, ayudó a consolidar el periódico como espacio de intervención política y no meramente de información: sus artículos combinaban descripción del país con juicio civilizatorio. Por otro, sembró las bases de un modo de escritura —el retrato del paisaje y las costumbres locales con mezcla de observación empírica y vuelo narrativo— que fructificaría en el costumbrismo de la segunda mitad del siglo. José María Vergara y Vergara y los cuadros de costumbres bogotanos deben algo a esa manera de mirar. Ancízar, sin escribir novelas, contribuyó a preparar el terreno donde otros las escribirían.
La red
Ningún letrado colombiano del siglo XIX operó solo, y Ancízar menos que muchos. Su trayectoria se explica dentro de una densa red de sociabilidad de élite cuyo centro geográfico era Bogotá pero cuyos nodos se extendían a Caracas, Lima, Santiago y las demás capitales suramericanas. Esa red tenía tres estratos superpuestos, y Ancízar los habitó todos: el estrato masónico, que proveía la sociabilidad transpartidista; el estrato periodístico, que proveía la plataforma pública; y el estrato familiar, que proveía la continuidad dinástica de las posiciones ganadas.
El nodo más notable de esa red fue la Logia Masónica de Bogotá. Salvador Camacho Roldán recordaría, en sus memorias, haber conocido allí hacia 1850 a Manuel Ancízar y a Miguel Bracho, entre otros notables. La logia funcionaba como espacio transpartidista donde coincidían miembros de facciones enfrentadas en la arena política. Que todos los presidentes de la Nueva Granada entre 1846 y 1854 hayan sido masones —Mosquera y López entre ellos— dice mucho sobre la naturaleza de esa red: no un club ideológico sino un dispositivo de sociabilidad de las élites gobernantes, capaz de sostener acuerdos por encima de las fracturas partidistas. Que Ancízar transitara sin sobresaltos de la administración conservadora-moderada de Mosquera a la administración liberal de López y luego al gobierno radical que fundó la Universidad Nacional se explica, en parte, por su pertenencia a esa red y por su temperamento pactista, cultivado desde la logia.
El pensamiento de la élite hacia 1850 estaba dominado por el liberalismo doctrinario de Benjamin Constant, el doctrinarismo de François Guizot y el eclecticismo francés de Victor Cousin, Émile Saisset y Paul Janet. Esa constelación es visible en la escritura de Ancízar: liberal sin ser jacobino, ilustrado sin ser materialista, atento a la sociología y a las costumbres antes que a la abstracción metafísica. La revolución francesa de 1848 tuvo repercusiones inmediatas en Bogotá —en la juventud universitaria y en la clase artesanal— y contribuyó al surgimiento, entre 1850 y 1870, de una literatura política de carácter radical, romántico y utópico. Ancízar pertenece cronológica y biográficamente a ese ambiente, pero su liberalismo permaneció del lado moderado del espectro: nunca fue gólgota, nunca abrazó el radicalismo social que sí encarnaron los jóvenes de la Escuela Republicana. Esa posición intermedia lo dejó al margen de la temperatura pública de los radicales más visibles, pero le procuró una durabilidad institucional que aquellos rara vez alcanzaron.
Sus interlocutores institucionales fueron los grandes nombres de la política liberal del medio siglo. Mosquera lo llevó a la subsecretaría; López patrocinó la Comisión Corográfica en la que hizo su obra; Murillo Toro escribió en las mismas páginas de El Neogranadino; Camacho Roldán compartió con él la logia y el círculo ensayístico. Con Codazzi trabajó tres años en el terreno; con Manuel María Paz y José Jerónimo Triana colaboró en un equipo que produjo el más ambicioso inventario geográfico y natural del país en el siglo XIX. Su alianza matrimonial con los Samper, a través de Agripina Samper Agudelo, lo colocó además en el árbol familiar de una de las dinastías letradas más influyentes del liberalismo bogotano. Ese matrimonio no fue solo un asunto privado: fue una operación de consolidación de capital simbólico entre familias letradas, del tipo que caracterizó a la élite bogotana durante todo el siglo.
Esta red tuvo un precio y una virtud. El precio: Ancízar quedó atado a la fortuna del liberalismo radical, y su figura declinó con él. La virtud: mientras esa red operó, contó con acceso a los recursos, cargos y plataformas necesarios para hacer su obra. Sin la logia, sin El Neogranadino, sin la protección política de Mosquera y López, la Peregrinación de Alpha probablemente no se habría escrito; sin la Universidad Nacional del olimpo radical, no habría existido su rectorado. La red y la obra se retroalimentaron.
Ancízar rector: la Universidad Nacional
El coronamiento institucional de la vida de Ancízar fue la rectoría de la Universidad Nacional, fundada en 1868. La creación de la universidad —bajo la Constitución radical de Rionegro y en plena reorganización educativa promovida por los liberales— constituye uno de los episodios centrales de la construcción del Estado colombiano en el siglo XIX. Que Ancízar fuera llamado a dirigirla al final de su vida no es casual: reunía las credenciales de campo, prensa y gobierno acumuladas durante tres décadas, y contaba con la confianza del régimen radical, aunque él mismo no fuera radical.
El decreto orgánico de la universidad, con sus treinta y un capítulos y más de doscientos artículos que regulaban admisiones, disciplina, exámenes, horarios y programas de cátedras, refleja una obsesión típica del liberalismo doctrinario: convertir la institución en un mecanismo reglado, previsible, codificado. Ancízar trabajó dentro de ese marco. La universidad debía ser el aparato de formación de las élites republicanas, el complemento cívico del ejército y de la administración pública. Y aunque su vida institucional en los años siguientes atravesaría todas las turbulencias de la Regeneración y del siglo XX, la matriz original —la de 1868, con Ancízar al frente— sobrevivió en la memoria institucional del país como el momento fundacional del proyecto educativo público.
Que un ensayista, un secretario de comisión científica, un periodista, terminara sus días como rector universitario condensa la lógica de su trayectoria: la letra puesta al servicio del Estado. No dirigió ministerios, no ganó batallas, no fue presidente. Pero fundó la infraestructura letrada de la que dependían los otros oficios públicos. En una república de abogados y militares, el rector es el hombre que forma a los abogados de la generación siguiente.
El pensador
Ancízar figura en las historias del pensamiento colombiano como filósofo y maestro de filosofía, junto a los doctores Álvarez, Rojas Garrido y J. I. Escobar. La calificación es más profesional que doctrinaria: no dejó una filosofía sistemática, sino un magisterio ejercido desde la cátedra y desde el periódico. Su lugar en el mapa intelectual del siglo XIX colombiano se define mejor por lo que hizo con las ideas ajenas que por las ideas propias.
Ese mapa tenía coordenadas específicas. Colombia seguía una trayectoria filosófica diferenciada respecto al movimiento general hispanoamericano —una diferenciación que se remonta al benthamismo introducido bajo Santander en los años treinta y que dejaría huellas en el debate educativo por décadas. Ancízar se movió con soltura por esa geografía intelectual: leyó a los franceses, transmitió sus ideas en cátedras y artículos, y las aplicó a la interpretación de la realidad neogranadina. Su preocupación central, la que compartió con los Samper y con Camacho Roldán, fueron los problemas de la sociedad y la cultura, el progreso, el atraso y el desorden.
La Peregrinación de Alpha es, vista desde este ángulo, tanto un texto científico como un ensayo social. Al describir las provincias del norte, Ancízar no solo inventariaba: diagnosticaba. Distinguía poblaciones más laboriosas de otras menos productivas, evaluaba costumbres desde el criterio del progreso, medía el atraso en términos de infraestructura, educación y comportamientos. Su diagnóstico partía de supuestos raciales y civilizatorios que hoy resultan discutibles, pero era, en su tiempo, el modo estándar en que un letrado liberal miraba el país. La originalidad de Ancízar consistió en darle a esa mirada una forma literaria capaz de trascender el informe burocrático.
En sus páginas hay, además, un pensamiento tácito sobre el vínculo entre territorio y ciudadanía. Ancízar dio por sentado que la república se construía no solo con leyes y ejércitos, sino con conocimiento sistemático del país: sin inventariar el suelo, las poblaciones, las costumbres, no había manera de gobernar. Esa premisa, hoy naturalizada, fue en 1850 una apuesta política. La Comisión Corográfica y la Peregrinación son sus corolarios prácticos. En el fondo, Ancízar creyó que describir el país era el primer acto de gobernarlo, y que la palabra impresa era la herramienta primordial de esa descripción.
Como maestro de filosofía formó, además, a generaciones de estudiantes en la Universidad Nacional durante los últimos años de su vida. Esa docencia pesó tal vez tanto como sus libros en la reproducción del liberalismo doctrinario en las élites colombianas de la segunda mitad del siglo. Los abogados, políticos y funcionarios formados bajo su rectoría heredaron no solo un plan de estudios sino una manera de pensar el país: reglamentarista en la forma, ecléctica en el fondo, atenta a la sociología concreta antes que a la especulación abstracta.
La huella
Ancízar dejó tres tipos de huella. La primera es escrita: la Peregrinación de Alpha, obra clásica del siglo XIX colombiano, sigue siendo fuente primaria para historiadores, geógrafos, etnógrafos y economistas que estudian el nororiente neogranadino a mediados del siglo. Sus reediciones —Bogotá 1970, edición digital de 2016— testimonian una vigencia que no muchos textos coetáneos han alcanzado.
La segunda es institucional. La Universidad Nacional, fundada en 1868 y organizada bajo su primera rectoría, se convirtió en la principal institución de educación superior pública del país. El decreto orgánico que rigió sus primeros años, con su exhaustiva minuciosidad reglamentaria, fijó una matriz burocrática que la universidad conservaría en su cultura administrativa durante generaciones. El aporte de Ancízar a esa institución fundacional pesa en la historia de la educación colombiana más de lo que su nombre, hoy menos evocado que otros, sugiere.
La tercera es ambiental. Ancízar formó parte de la generación letrada liberal —los Samper, Camacho Roldán, Murillo Toro— que constituyó el brazo civil del proyecto republicano del medio siglo. Esa generación produjo la Comisión Corográfica, las Constituciones de 1853, 1858 y 1863, la reforma educativa de 1870, la infraestructura publicística del liberalismo. Ancízar no fue el más brillante de sus miembros ni el más audaz, pero sí uno de los más constantes y de los más útiles al Estado. Su figura sobrevive, más que en el panteón cívico, en la sedimentación de las instituciones que ayudó a levantar.
La figura de Ancízar se disputa hoy con moderación. Ocupa, en la memoria histórica colombiana, un lugar de reconocimiento discreto: es citado en los estudios sobre la Comisión Corográfica, en las historias del periodismo colombiano, en las de la Universidad Nacional, en las del costumbrismo, en las del pensamiento liberal del siglo XIX. Su nombre aparece como bisagra entre campos que la historiografía separa pero que en su vida estuvieron unidos: la geografía y la prosa, la diplomacia y la cátedra, la logia y el decreto. Ancízar fue el letrado que puso la palabra al servicio de la construcción institucional; su obra sobrevive menos en un libro específico que en la trama del país que ayudó a organizar, y en la persistencia de un modo de gobernar la república desde el escritorio, la imprenta y el aula.
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Documentos y fragmentos citados
20 documentos · 24 fragmentos01Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Páginas 1, 122 citas
[1]peregrinación de alpha M an U el anc ÍZ ar viajes M an U el anc ÍZ ar peregrinación de alpha viajes Ancízar, Manuel, 1812-1882, autor Peregrinación de Alpha [recurso electrónico] / Manuel Ancízar; [presentación, Verónica Uribe Hanabergh]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1…
p. 1
[16]cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plan - tas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran 2 González, Beatriz, Manual de arte del siglo xix en Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013, pág. 170. 13 Píndnicersti 13 a cada paso, y a menudo al…
p. 12
02El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2141 cita
[2]doctor Roberto An- cízar 77, economistas; los doctores Álvarez 78, Manuel Ancí- zar 79, Rojas Garrido 80 y J. I. Escobar 81 maestros de filosofía y filósofos; don Alberto Urdaneta 82, maestro de arte, pin- tor, dibujante y promotor de la vida artística en Bogotá. Este sería realmente el momento de hacer honor a toda…
p. 214
03Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · Página 161 cita
[3]Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…
p. 16
04Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Páginas 252, 2752 citas
[4]Se estableció por algún tiempo en Venezuela (1840 - 1846) donde ejerció la docencia y formó parte del Liceo Venezolano, fundado para propagar las luces y fomentar el cultivo de la literatura y las bellas artes. Allí se relacionó con la élite intelectual de Caracas. A su regreso a la Nueva Gra- nada, en 1846, era…
p. 252
[5]se ajustan más a Fernández que al pintor y litógrafo Celestino Martí- nez: el dibujo topográfico, la perspectiva y otras materias 276 B índic Gercst c Adíraí afines habían sido practicadas por el primero desde sus inicios como militar. Tres años antes (1845), Fernández había anunciado en El Promotor, de Caracas, su…
p. 275
05Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 601 cita
[6]y ello le permite una admirable visién de los proble- mas nacionales y de sus posibles soluciones. Mosquera milita en el partido ministerial y con tal filiacion politica empieza, el dia 1 de abril del ahio 1845, a ejercer la presidencia de la Republica, en cuyo acto de posesién pronuncié el mas breve dis- curso que…
p. 60
06Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3571 cita
[7]Política,” in La Civ- ilización, 4 October 1849. 8. Otto Morales Benitez, “Florentino González.” 9. For Vicente Lombana and the Golgota founding of the Escuela Republicana, see Sowell, Early Colombian Labor Movement, 63. 10. For Lleras as leader of the Draconianos faction, see Sowell, Early Colombian Labor Movement,…
p. 357
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1471 cita
[8]] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…
p. 147
08Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 1041 cita
[9]econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…
p. 104
09Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Páginas 390, 9272 citas
[10]para usos industriales 72,183 100 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 73.3 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 26.7 0.0 TOTAL 641,081,498 100 24.0 9.8 3.3 2.1 11.4 1.4 21.8 0.7 0.8 0.8 1.3 5.2 4.0 13.0 0.4 Primer Censo Industrial de Colombia, 1945. Comentarios, pág. 128* - 129*. 929 § Bibliografía 1036 (A-1) «Alpha» [Manuel Ancízar].…
p. 927
[18]todas las otras existentes, se denomina única 445 ». La supresión de las aduanas era una de las ventajas que veían al impuesto único. También se pensó en su supre- sión como medida independiente del establecimiento de ese impuesto; era una medida evidentemente muy arries- gada 446. Pero era tan tenaz el sentimiento…
p. 390
10Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 221 cita
[11]con la indígena, e indígena pura; la primera y la última forman el menor número, y cuando la absorción de la raza indígena por la europea se haya completado, lo que no dilatará mucho, quedará una población homogénea, vigorosa y bien conformada, cuyo carácter será medianero entre lo impetuoso del español y lo calmudo y…
p. 22
11Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Página 2901 cita
[12]Granada (Bogota, 1954), pp. 129, 177, 215 — 16; L. Febres Cordero, Del antiguo Cucuta, 2nd edn (Bogota, 1975), pp. 203-29. 40 Felipe Perez, Jeografia fisica i politica del Estado de Santander, 3rd edn (2 vols., Bogota, 1863), vol. 2, p. 82; M. Ancizar, Peregrinacion del Alpha, 2nd edn (2 vols., Bogota, 1970), vol. 2,…
p. 290
12The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 2651 cita
[13]The Colombian Caribbean, 20. For the colonial bogas, see Friede, Fuentes docu- mentales para la historia del Nuevo Reino de Granada, 8:155–57. 8. José María Samper, Viajes de un colombiano en Europa, 11; Poveda Ramos, Va- pores fluviales en Colombia, 10–13; Rafael Gómez Picón, Magdalena, río de Colombia, 345. 9. Le…
p. 265
13La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Página 1261 cita
[14]mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…
p. 126
14Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1621 cita
[15]indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…
p. 162
15Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 71, 772 citas
[17]lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…
p. 77
[23]apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…
p. 71
16Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 2121 cita
[19]por la antiélite ideológica. Aparte de la oposición del papado y otros grupos e institu- ciones conservadoras, no han faltado críticos q u e, como el repu- blicano demócrata J o s é María Samper, creían risible " t e n e r títulos de caballero y príncipe soberano, así como unos cuantos alcornoques tenían los de…
p. 212
17El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 2781 cita
[20]vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…
p. 278
18Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · Página 1751 cita
[21]toda la filosofía, todo el pensamiento hispanoamericano se orienta hacia la política y son las influencias francesas las que predomi- nan: liberalismo de Benjamin Constant, doctrinarismo de 176 Cíndic Anerni Tinnsc Guizot, por dondequiera luchan y se imponen; en libros y folletos coméntanse estas doctrinas que los…
p. 175
19Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 3031 cita
[22]y esta compuesto por el rector, los decanos de las escuelas y facultades, el tesorero, el secretario,-el bibliotecario y los catedr á ticos principales. Se instituye tambi é n u ñ a junta de inspecci ó n formada por los miembros del Gran Consej ó, menos tos catedr á ticos, que en este organismo tienen ú nicamente un…
p. 303
20Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 6171 cita
[24]e incompatibles; dos civilizaciones diversas; la una española, europea, civilizada, y la otra bárbara, americana, casi indígena; y la revolución de las ciudades sólo iba a servir de causa, de móvil para que estas dos maneras dis- tintas de un pueblo se pusiesen en presencia una de otra, se acometiesen, y después de…
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