Idea · Nueva Granada
Cartografía nacional
Dispositivo corográfico mediante el cual las élites criollas neogranadinas imaginaron, disputaron y trataron de gobernar un país en formación: trazar un mapa fue, entre el ocaso borbónico y la Constitución federal de 1863, una decisión política antes que un dibujo técnico.
Trayectoria de una idea
- 1761
Llegada de Mutis y el programa científico borbónico
- 1783
Fundación formal de la Real Expedición Botánica
- 1809
El Semanario y los primeros mapas criollos
- 1847
Mapa de Acosta y el proyecto editorial parisino
- 1849
Ley 29 y creación de la Comisión Corográfica
- 1850
Inicio de labores de la Comisión Corográfica
- 1859
Muerte de Codazzi y cierre de la Comisión
La lectura
La cartografía nacional neogranadina no fue un proyecto técnico sino un proyecto político: en un Estado sin estadísticas, sin ferrocarriles y con autoridad que se disolvía a pocas jornadas de Bogotá, el mapa era la primera versión gobernable de la República. Su genealogía arranca en el taller botánico de Mutis y en el giro geográfico de Caldas, pasa por el esfuerzo editorial de Acosta en París y culmina en la Comisión Corográfica, que por primera vez comprometió fondos permanentes del Estado para conocer el propio territorio. El blanco del mapa —lo que quedaba sin trazar— decía tanto como la línea: revelaba qué pertenecía a la nación imaginada y qué permanecía en la penumbra de lo prepolítico. La mirada corográfica no solo describió el país sino que lo produjo: al ser descrito, medido y publicado, el paisaje neogranadino se volvió disponible para que las élites lo reclamaran como suyo y, eventualmente, lo amaran como condición de gobernarlo.
La cartografía nacional en la Nueva Granada
En el siglo que va del ocaso borbónico a la Constitución federal de 1863, la cartografía dejó de ser un ejercicio de ingenieros militares al servicio de la Corona y se convirtió en el lenguaje con que las élites criollas neogranadinas imaginaron, disputaron y trataron de gobernar un país que apenas existía como entidad administrativa. Trazar un mapa fue, en ese tramo, una decisión política antes que un dibujo: significaba decidir dónde terminaba la República, qué pueblos entraban en ella como sujetos y cuáles solo como paisaje, y qué recursos podían ser inventariados para sostener un Estado sin rentas. La Comisión Corográfica, dirigida por el coronel italiano Agustín Codazzi entre 1850 y 1859, es el nombre con que se recuerda el episodio culminante de ese proyecto; pero la empresa venía de más lejos, del Semanario de Caldas y del taller botánico de Mutis, y sus ecos se extenderían hasta la fundación del Instituto Geográfico Militar y Catastral que en 1935 tomaría el nombre del propio Codazzi.
Qué se entiende por cartografía nacional en la Nueva Granada
Cartografía nacional, en el vocabulario neogranadino del siglo XIX, no designa únicamente la producción de mapas. Nombra un dispositivo más amplio, corográfico en sentido estricto: el levantamiento sistemático de un territorio mediante mapas, itinerarios, descripciones de provincias, inventarios de recursos naturales, censos aproximados de poblaciones y láminas ilustrativas de trajes, paisajes y tipos humanos. La corografía, heredera de la tradición geográfica del Renacimiento tardío, aspiraba a producir una imagen completa de una región: no solo su forma sobre el papel, sino su clima, su flora, sus habitantes, sus caminos posibles, la textura de sus mercados, la duración probable de sus jornadas de camino.
En un país sin estadísticas fiables, sin ferrocarriles y con una administración cuya autoridad se disolvía a pocas jornadas de Bogotá, ese conjunto de saberes funcionaba como sustituto de una infraestructura estatal que aún no existía. El mapa era, en la práctica, la primera versión gobernable de la República. Y como toda operación de traducción, seleccionaba: qué se veía, con qué nombre, en qué escala, con qué densidad de detalle. Ese poder de selección —el poder de trazar líneas y de dejar en blanco lo que quedaba fuera de ellas— es lo que hace de la cartografía neogranadina un objeto histórico central y no un capítulo técnico. El blanco del mapa, tanto como la línea, decía algo del país: decía qué pertenecía a la nación imaginada y qué quedaba, todavía, en la penumbra de lo prepolítico.
El linaje borbónico: Mutis, Caldas y la geografía como ciencia útil
El impulso viene de la última Ilustración española. Cuando José Celestino Mutis desembarcó en la Nueva Granada en 1761 como médico del virrey Pedro Messía de la Zerda, traía consigo el programa científico que Carlos III promovía para revertir el atraso económico de las colonias mediante el conocimiento sistemático de sus riquezas naturales. Ese programa se institucionalizó el 1 de abril de 1783, cuando el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora puso formalmente bajo la dirección de Mutis la Real Expedición Botánica, con Eloy Valenzuela como subdirector y Antonio García del Campo como pintor. La Expedición se inscribía en un abanico de empresas científicas de la Corona que incluía la del Orinoco (1754-1761), la Real Comisión de Guantánamo (1769-1802) y la Expedición Botánica al Virreinato del Perú (1777-1788).
La empresa neogranadina se distinguió por su ambición iconográfica: llegó a contar con diecinueve dibujantes, frente a los dos que tuvieron las expediciones de México y Perú. Esa desproporción no fue capricho estético. Era la traducción visual de un método —la taxonomía linneana— que organizaba la naturaleza en clasificaciones jerárquicas y series comparativas, y que necesitaba de la lámina precisa para funcionar como archivo. Caballero y Góngora complementó la empresa con una reforma del plan de estudios universitarios orientada a sustituir las ciencias especulativas por las ciencias exactas y útiles. Ver, medir, dibujar: la tríada del taller de Mutis definía un modo de conocer que la Nueva Granada heredaría más allá de la ruptura política.
Dentro de ese taller ilustrado maduró el giro decisivo. Francisco José de Caldas, incorporado a la Expedición, propuso llevar el modelo botánico al reconocimiento del propio territorio: reclamó una expedición "geográfica o económica" en la que astrónomos, botánicos, mineralogistas, zoólogos, economistas y diseñadores levantaran, en conjunto, el inventario del Nuevo Reino. La geografía dejaba así de ser un anexo de la historia natural para convertirse en su columna vertebral. En el Semanario del Nuevo Reyno de Granada, en 1809, Caldas, Joaquín Camacho y José Manuel Restrepo publicaron los primeros ensayos sistemáticos sobre la geografía de las provincias, acompañados por mapas dibujados por el propio Caldas y por Restrepo, que complementaban los levantamientos de los ingenieros españoles. El proyecto criollo tomaba prestadas las herramientas del ingeniero peninsular y las hacía servir a otra causa: describir un país que empezaba, aunque todavía no supiera decirlo, a pensarse aparte de la metrópoli.
La visita de Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland al virreinato aceleró ese giro. El viaje del prusiano, más allá de sus resultados científicos concretos, puso el paisaje neogranadino a disposición de una apropiación nacionalista ilustrada: al ser descrito, medido y publicado en los circuitos europeos, ese paisaje se volvía disponible para que las élites locales lo reclamaran como suyo. La geografía se convirtió así, en el tránsito del virreinato a la República, en el lenguaje predilecto con que los criollos construyeron una identidad diferenciada tanto de España como de las poblaciones subalternas del propio territorio. Que Humboldt hubiera mirado esas cordilleras las volvía dignas de ser miradas; que las hubiera medido las volvía calculables. La ciencia europea consagraba lo que la política local todavía no sabía cómo nombrar.
De Caldas a Acosta: el eslabón republicano
La independencia rompió las instituciones borbónicas pero no el programa intelectual. Entre el Semanario de 1809 y la Comisión Corográfica de 1850 hay una línea continua que corre por manos de geógrafos aficionados y militares con vocación de sabios. José Manuel Restrepo, autor de mapas y de la primera historia de la revolución, sostuvo esa continuidad desde los ámbitos oficiales de la naciente República. Pero la figura bisagra fue Joaquín Acosta.
Acosta hizo en París, a mediados de la década de 1840, lo que la Nueva Granada no podía hacer por sí misma: publicar. En 1846 sacó sus Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada, que incluían descripciones de las culturas precolombinas. En 1847 dio a la imprenta un nuevo Mapa de la República de Nueva Granada, dedicado al barón de Humboldt —gesto de filiación intelectual que colocaba explícitamente la cartografía neogranadina en el linaje humboldtiano. En 1848 apareció el Compendio histórico del Descubrimiento y Colonización de la Nueva Granada en el siglo decimosexto. A esa serie parisina se sumó la reedición del Semanario de Caldas: al reeditar al maestro, Acosta se ofrecía como su continuador, y al hacerlo desde París inscribía la producción neogranadina en el mapa europeo del saber.
El resultado tenía un valor doble. Hacia adentro, ofrecía a las élites bogotanas un catálogo científico e histórico con el que podían pensarse como nación. Hacia afuera, colocaba en las bibliotecas europeas una imagen del país que hasta entonces era, para los lectores del viejo continente, apenas un rumor confuso. La primera mitad del siglo XIX había dejado a Colombia como una entidad poco conocida en el exterior; el esfuerzo cartográfico e historiográfico de Acosta fue el más sostenido de su generación. Acosta comprendió, antes que otros, que un país no existe del todo hasta que existe en los libros que lo describen: mientras la Nueva Granada no tuviera su lugar en el estante europeo, seguiría siendo, para el mundo, una geografía provisional.
La Comisión Corográfica: un Estado que se mira a sí mismo
Cuando el 29 de mayo de 1849 el Congreso aprobó la Ley n.° 29, durante la administración del presidente José Hilario López, se dio el paso que había resistido la política republicana durante cuatro décadas: dotar de fondos permanentes a una empresa científica de alcance nacional. La Comisión Corográfica es, en rigor, el primer intento científico-institucional de alcance global —es decir, propiamente nacional— en la historia de Colombia. Por primera vez el mandato legal y los gobiernos sucesivos asumieron la responsabilidad de sostenerla en el tiempo.
El contexto es indispensable para entender la ambición del proyecto. En los años previos, la administración de Tomás Cipriano de Mosquera y las reformas económicas impulsadas por Florentino González habían empujado al Estado a preocuparse por identificar recursos aprovechables; el gobierno de López radicalizó esa orientación en clave liberal. Poco antes de la creación de la Comisión, una reforma universitaria había reorganizado el Instituto de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas, bajo cuyo cuidado quedaron el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de Bogotá. La Comisión llegaba a coronar una arquitectura institucional que traducía en aparatos públicos la vieja fe ilustrada en la ciencia útil.
Sus objetivos eran, en la letra y en la práctica, cuatro: levantar el mapa general del territorio, estudiar cada una de las provincias, inventariar los recursos naturales —flora, geografía, mineralogía— y describir los grupos humanos. Detrás de esa formulación técnica latía una preocupación política más honda. La Nueva Granada era, tras la muerte de Bolívar, una entidad abstracta cuya población dirigía su lealtad hacia las provincias y las regiones, no hacia la nación. Conocer el territorio era, en la mente de sus impulsores, la condición previa para unificarlo. Nadie ama lo que no puede imaginar, y no se imagina lo que no se describe.
Para dirigir la empresa fue contratado Agustín Codazzi (1792-1859), coronel-ingeniero italiano que ya había levantado la geografía de Venezuela y cuyos trabajos allí gozaban de reconocimiento científico. Un anexo de su contrato lo comprometía a penetrar en la región del Caquetá y zonas adyacentes hasta los puntos en que hubiera autoridad granadina, cláusula reveladora: el propio Estado admitía que su soberanía territorial era una frontera móvil, definida no por la geografía sino por la presencia efectiva de sus funcionarios. La República contrataba a un extranjero para que le dibujara los bordes que ella misma no sabía dónde poner.
Codazzi en el terreno: método, cuerpo, riesgo
La Comisión inició labores en 1850 y las mantuvo, con desplazamientos casi anuales, hasta la muerte de su director en 1859. Codazzi imprimió al trabajo un ritmo de expedición militar: cada campaña se dedicaba a una o varias provincias, con mediciones astronómicas, itinerarios, croquis, y con la producción paralela de informes escritos y láminas en acuarela. Sus colaboradores más constantes fueron Manuel Ancízar como escritor y cronista, José Jerónimo Triana como botánico, Manuel María Paz y Henry Price como dibujantes, y Santiago Pérez Manosalbas como cronista sucesor de Ancízar.
El método de Codazzi combinaba la precisión del ingeniero con la mirada del reconocedor de recursos. Sus informes describían, con detalle a veces incómodo para la sensibilidad contemporánea, las condiciones climáticas y "raciales" de las poblaciones. En su recorrido por el Chocó, hacia 1853-1855, caracterizó a la "raza africana" en los términos del tropicalismo decimonónico, un discurso que ligaba clima, cuerpo y capacidad para el trabajo. Esa mirada, hoy leída como racialización del espacio, era en su momento parte del lenguaje científico compartido; pero su inclusión en un documento oficial del Estado tuvo efectos duraderos, al convertir jerarquías coloniales heredadas en geografía republicana formalizada. Lo que empezó como observación de viajero terminó como categoría administrativa.
La empresa terminó como muchas empresas de frontera en el trópico decimonónico. En 1859, Codazzi murió en la localidad de Espíritu Santo —hoy rebautizada, precisamente, Codazzi— víctima de la fiebre amarilla contraída durante el reconocimiento de la costa caribe. Su cuerpo pagaba el precio del programa que había ejecutado: llevar el ojo del Estado hasta donde el Estado no llegaba. El italiano que había medido dos repúblicas murió en la línea invisible donde la República terminaba y empezaba el trópico.
La escritura del territorio: Ancízar y la Peregrinación de Alpha
Si el mapa era el rostro visible de la Comisión, la escritura corográfica fue su lenguaje interior. Manuel Ancízar publicó, bajo el seudónimo Alpha, la Peregrinación de Alpha, crónica de sus recorridos por las provincias del nororiente andino —Vélez, Soto, Socorro— realizados entre 1850 y 1851 en compañía de Codazzi. La obra es simultáneamente informe científico, tratado político y prosa literaria, y precisamente en esa hibridación reside su interés.
Ancízar convierte las relaciones de materias primas y las descripciones de flora en descripciones sensoriales: los aromas, la calidad del aire, el color de la luz sobre las cordilleras entran en el inventario como categorías tan legítimas como el volumen de las cosechas. El territorio se vuelve, bajo su pluma, objeto de apreciación estética articulado en torno a nociones de armonía, color y sensorialidad. Esa fusión de ciencia y poesía no era ornamental: producía una versión del país que las élites bogotanas podían amar, y no solo administrar. Un país amable era un país gobernable de otro modo, más íntimo, menos coercitivo.
Pero la Peregrinación es también un manifiesto liberal. Al describir la estructura agraria de la provincia de Vélez —pequeños propietarios sin influencia de grandes capitalistas—, Ancízar la ofrece como modelo de la sociedad deseable; al detallar las actividades artesanales de las mujeres en Santander y Boyacá, dibuja una economía popular que la reforma liberal debía proteger. Y con particular énfasis preconiza el reparto de tierras como medio de liberación del indio y de transformación de la economía pública, ligando explícitamente "igualdad de fortunas" con democracia. La corografía funciona aquí como argumento: el territorio, bien descrito, dicta las reformas que necesita.
Santiago Pérez, quien continuó el trabajo cronístico tras Ancízar, llevó ese método hacia terrenos más incómodos. Sus Apuntes de viaje, publicados en 1853 en El Neogranadino y El Tiempo de Bogotá, registraron un recorrido por Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto. Allí, dos años después de la abolición de la esclavitud decretada en 1851, Pérez consignó el estado de los negros libres: pobreza, ausencia de educación, carencia de caminos. La libertad jurídica, sugería el cronista sin decirlo del todo, no había producido ciudadanía. La corografía se convertía, casi a pesar suyo, en denuncia de los límites del propio proyecto liberal que la sostenía. El cronista había ido a describir un país y regresaba con la constancia de sus contradicciones.
La imagen como decisión: acuarela contra fotografía
En un detalle técnico se juega buena parte del sentido de la Comisión. Codazzi eligió la acuarela como medio principal para las ilustraciones, en lugar de la fotografía, que ya estaba disponible y que él conocía de cerca. Henry Price, quien se incorporó a la Comisión a finales de 1851 tras entregar el estudio fotográfico que había administrado temporalmente en Bogotá, llegó a la empresa justamente como paisajista de acuarela. La decisión no fue conservadora sino programática: la acuarela permitía tipificar —fijar el traje característico, el paisaje representativo, la fisonomía prototípica de una región— mientras la fotografía habría capturado el accidente individual. La Comisión no quería retratar personas; quería fijar tipos.
Junto a Price trabajó Carmelo Fernández, cuya formación militar en Venezuela incluía dibujo topográfico, perspectiva, litografía e ingeniería de fortificaciones. Esa combinación de saberes —el ingeniero que también dibuja, el paisajista que también mide— era exactamente la que la corografía exigía. Las láminas resultantes no eran ilustraciones de un texto; eran, ellas mismas, argumentos científicos. En sus acuarelas se reconocen, con precisión clasificatoria, los elementos distintivos de cada región: el modo de cargar el sombrero, el tejido del ruana, la disposición de los aperos de labranza. La Comisión producía tipos como Mutis había producido especies, con la misma lógica de serie comparativa. El campesino de Vélez y el bogas del Magdalena entraban en el archivo con la misma dignidad taxonómica que una orquídea o una palma.
Federalismo, Constitución y el uso político del mapa
Los años en que la Comisión trabajaba en el terreno fueron también los años del más intenso reacomodo constitucional del siglo XIX colombiano. La cuestión central de la política neogranadina —federalismo o centralismo— se libraba en el Congreso al tiempo que Codazzi y sus hombres levantaban las provincias. Los conservadores tendían a alinearse con posiciones centralistas, los liberales con posiciones federalistas, aunque la correspondencia no era absoluta. Los conservadores, en particular, se opusieron a la creación liberal de nuevas provincias, sospechando —con razón— que redibujar el mapa era rediseñar el poder.
Porque eso, en efecto, era lo que estaba en juego. La delimitación territorial interna había sido históricamente inestable en la República: la división en provincias, distritos y departamentos cambiaba con frecuencia según conveniencias políticas, tributarias o electorales, sin atender criterios geográficos. En ese contexto, los trabajos de la Comisión Corográfica fueron redesplegados para ajustarse a la transformación constitucional-territorial en curso. Los mapas no describían un país estable; participaban en el diseño del país que emergería de los debates. Cada línea trazada por Codazzi podía ser, mañana, una jurisdicción, un distrito electoral, un límite fiscal.
La Constitución de 1858 abrió el camino a la federalización; la de 1863, redactada tras el triunfo liberal sobre el gobierno conservador, la consumó, y en el mismo gesto recuperó para el país el nombre de Colombia, que había perdido con la disolución de la Gran Colombia. Felipe Pérez, participante en los debates constitucionales, fue una de las voces que argumentó desde la geografía la conveniencia del arreglo federal: si el territorio era diverso, la organización política debía reconocer esa diversidad.
Aquí se ve con claridad la ambigüedad fundacional de la cartografía neogranadina. Producía, por un lado, la imagen de un país unificado, científicamente descrito, gobernable en su conjunto; por otro, al detallar la especificidad de cada provincia —sus climas, sus productos, sus gentes—, alimentaba el argumento federalista según el cual solo una organización descentralizada podía respetar esa diversidad. Esa duplicidad no era falla del cartógrafo sino condición del oficio: todo mapa es a la vez un gesto de unificación (todo cabe en una hoja) y un gesto de diferenciación (cada lugar tiene su color). El liberal federalista y el conservador centralista podían mirar la misma lámina y leer en ella exactamente lo contrario.
Los bordes que el mapa no cerró
La Comisión no alcanzó a fijar todo lo que se propuso, y hubo cosas que deliberadamente dejó fuera. Las fronteras internacionales con Venezuela, con Ecuador y con el Perú siguieron siendo materia de disputa durante décadas; la Guajira, el Casanare y la Amazonía neogranadina fueron representadas en los mapas como espacios propios de la República mucho antes de que hubiera en ellos autoridad efectiva. El Istmo de Panamá aparecía como parte integral del territorio, con una tenuidad de conexión que la construcción del ferrocarril transístmico en la misma década no bastaba para disimular. El mapa cosía con línea firme lo que la geografía política mantenía apenas hilvanado.
Más significativa fue la exclusión de otro orden. El francés Luis Striffler, viajero contemporáneo por regiones que la Comisión rozó apenas, describió en su relato El Alto Sinú a Montería como "el último pueblo civilizado" antes de entrar en territorio Emberá. Esa frase condensa la operación de fondo: el mapa republicano trazaba una frontera invisible entre lo civilizado y lo salvaje, entre los sujetos y los objetos de la geografía. Los pueblos indígenas de la periferia, las comunidades negras del Pacífico y del bajo Cauca, los llaneros del Casanare y del Meta aparecían en los informes de Codazzi y en las acuarelas de Paz como parte del inventario nacional, pero no como ciudadanos plenos del Estado que los inventariaba. La cartografía nacional fue también, en ese sentido, una tecnología de racialización del espacio. Los describía para poder situarlos; los situaba para poder, llegado el caso, prescindir de ellos.
Esa herencia es inseparable del logro. La Comisión produjo la primera representación científicamente legitimada de la Nueva Granada; alimentó, con datos y argumentos, la política federalista de la década de 1850; dio a las élites liberales un lenguaje con que pensar el país como totalidad. Pero lo hizo desde una posición —la del ilustrado bogotano armado de compás— que reprodujo, incluso al criticarlas, las jerarquías coloniales que decía superar. Ancízar podía denunciar la miseria del indio y proponer el reparto de tierras como emancipación; no por eso dejaba de escribir sobre él, no con él. La ciudadanía cartográfica de la República se extendió hasta donde se extendió la pluma liberal, y no más allá.
Después de Codazzi: continuidades y ecos
Tras la muerte de Codazzi en 1859, la Comisión ingresó a una fase de cierre en la que sus materiales fueron ordenados, publicados de manera fragmentaria y utilizados por sucesivos gobiernos como base de la administración territorial. Manuel María Paz continuó dibujando; Triana llevó el herbario neogranadino a Europa; los informes escritos circularon por revistas y compilaciones. La Constitución de 1863 consagró el modelo federal que los mapas de la Comisión habían contribuido a hacer pensable, y con él inauguró el ciclo radical que se extendería hasta la Regeneración de 1886. Los materiales de la empresa, dispersos, siguieron cumpliendo funciones para las que no habían sido pensados: soporte de decretos, argumento en litigios de límites, insumo de manuales escolares.
El nombre de Codazzi sobrevivió al proyecto que dirigió. La Sociedad Colombiana de Ingenieros, fundada en 1887 —justo cuando la Regeneración cerraba el ciclo federal—, instituyó el Premio Lorenzo Codazzi, otorgado cada dos años a la mayor contribución al conocimiento geográfico del país. La Sociedad Geográfica de Colombia se fundó en 1903. Pero la consagración institucional definitiva llegó en 1935, cuando la administración de Alfonso López Pumarejo transformó la antigua Oficina de Longitudes en el Instituto Geográfico Militar y Catastral Agustín Codazzi, que con el tiempo pasaría a llamarse simplemente Instituto Geográfico Agustín Codazzi y se convertiría en el principal centro colombiano de estudio sobre geografía, geofísica, geodesia, geología, agrología y aerofotogrametría. En 1971, bajo su patrocinio, se fundó la Asociación Colombiana de Ingenieros Geógrafos.
Que el Estado colombiano del siglo XX bautizara a su instituto geográfico con el nombre de un ingeniero italiano muerto de fiebre amarilla en el Caribe, ochenta años atrás, no es coincidencia sentimental. Es el reconocimiento tácito de que la cartografía nacional colombiana tiene, en la Comisión Corográfica, su acto fundacional. La República siguió redibujando sus mapas —modificó sus límites internos, perdió Panamá en 1903, discutió fronteras hasta bien entrado el siglo XX—, pero lo hizo sobre la matriz que Codazzi y sus colaboradores habían trazado. El siglo XX colombiano, en materia geográfica, es una serie de correcciones a un original decimonónico que nunca terminó de reescribirse.
La Peregrinación de Alpha siguió leyéndose como pieza literaria y como documento social; los Apuntes de Pérez alimentaron la memoria de un liberalismo que había mirado hacia los excluidos sin siempre saber qué hacer con ellos; las acuarelas de Price, Paz y Fernández se convirtieron en el archivo visual con que el país aún hoy se imagina a sí mismo en el siglo XIX. La historiografía posterior ha ido devolviendo densidad y matiz a esa herencia, mostrando cómo el ojo científico del ilustrado neogranadino fue también, y sin contradicción, un ojo político. Un mapa nunca es solo un mapa; un tipo pintado nunca es solo un tipo. Detrás de cada línea y cada acuarela había una decisión sobre quién era el país y quién no.
Queda, al cabo, la lección que la propia empresa deja: en un país cuya autoridad central era más débil que las líneas que sus cartógrafos dibujaban, el mapa no fue nunca reflejo de un Estado, sino ensayo anticipado de él. La Nueva Granada se dibujó primero para poder, después, tratar de gobernarse. El resultado —una imagen bella, argumentada, científicamente legítima, y sin embargo llena de blancos y jerarquías— es también el retrato honesto del país que la produjo.
En el archivo
6 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Nueva Granada1831–18624
02Estados Unidos de Colombia1863–18851
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Agustín Codazzi — director de la Comisión Corográfica (1850-1859)
- 02Francisco José de Caldas — pionero de la geografía criolla y propulsor de la expedición geográfica neogranadina
- 03José Celestino Mutis — fundador del modelo científico-iconográfico que antecedió la cartografía nacional
- 04Joaquín Acosta — eslabón editorial entre el Semanario de 1809 y la Comisión Corográfica
- 05Manuel Ancízar — cronista de la Comisión y autor de la Peregrinación de Alpha
- 06Nueva Granada — territorio objeto de la empresa cartográfica nacional
- 07Soberanía territorial — concepto político que la cartografía nacional buscaba materializar
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
31 documentos · 46 fragmentos
01Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[1]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[2]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
02Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1201 cita
[3]o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…
p. 120
03El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 538, 5432 citas
[4]su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…
p. 538
[6]el progreso de la sociedad. En el pensamiento neogranadino aparecía el concepto de «utilidad social de la ciencia», que había 370 Vida y escritos, ed. cit., págs. 143 y 144. 544 Jíndi Jícídneer Ucnsi sido completamente ajeno a la cultura colonial, cultura de contenido religioso esencialmente, jurídica y filológi- ca,…
p. 543
04Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 60, 712 citas
[5]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…
p. 60
[14]apenas se escucha- ba mentar en el exterior y nadie sabía a qué territorio se refería en concreto, si incluía también a Venezuela y a Ecuador o si era el mismo que antes se conocía como Nueva Granada. Los primeros diplomáticos colombianos se pusieron en marcha para precisar informaciones geográficas y animar a fu-…
p. 71
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 91, 1472 citas
[7]alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…
p. 91
[16]] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…
p. 147
06Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 1781 cita
[8]taxonómica de la naturaleza, era una estructura del conocimiento que daba más prioridad al orden, a través de la mediday la composición de series jerárquicas. Conocer significaba discriminar, y esta disaiminación tenía lugar a través de la separación de interminables parecidos en dos grupos: de u n a parte, las…
p. 178
07Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 100, 104, 1103 citas
[9]de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…
p. 110
[20]im- puestos de aduanas, y, en menor medida, de mo- nopolios, como el del estanco del tabaco, cuya suerte en realidad ya estaba echada. Era, pues, imperativo identificar los recursos na- turales y facilitar los medios para su produccién y distribucién. A allanar esta nueva perspectiva se de- dicaron el presidente…
p. 100
[22]econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…
p. 104
08The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 541, 6212 citas
[10]map— published later in Paris, with credit given to Caldas. Our extract is substantially incomplete for excluding the accompanying drawings —in a record that married scientific observation with literary ambition and the artistic effort of drawing and painting the landscape. As with the hundreds of color plates…
p. 541
[46]Timothy F. Johnson 599 Suggestions for Further Reading Part I. Human Geography Ángel, Marta Herrera. Ordenar para controlar: Ordenamiento espacial y control político en las Llanuras del Caribe y en los Andes Centrales Neogranadinos. Bogotá: Academia Colombiana de Historia, Instituto Colombiano de Antropología y…
p. 621
09Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 691 cita
[11]España, y trabaja en la Fauna cundinamarquesa; Caldas había sido comisionado por el Director para recorrer y es- tudiar los bosques del Ecuador, y regresaba cargado de ricos despojos de esta campaña científica a encargarse del Ob- servatorio; Juan Bautista Aguiar y Benedicto Domínguez se habían distinguido por su…
p. 69
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5491 cita
[12]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…
p. 549
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1621 cita
[13]indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…
p. 162
12La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1261 cita
[15]mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…
p. 126
13Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 211 cita
[17]tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…
p. 21
14Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 16, 242 citas
[18]Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…
p. 16
[45]asociaciones cientificas o gremiales que fomentan y defienden el desarrollo profesional de la geografia en Colombia. Entre ellas, las mas impor- tantes son - La Sociedad Colombiana de Ingenieros, fund da en 1887, la cual otorga cada dos anos el Premio Lorenzo Codazzi a la mayor contribucion al conoci- miento…
p. 24
15¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 621 cita
[19]país a colaborar en la gu erra de independencia. Ahora, en tiempo de paz, Codazzi recorría el país acompañado de jóvenes neogranadinos para el levantamiento de mapas y la redacción de tratados de botánica, geografía, mineralogía y descripción de grupos humanos. Bajo esta empresa se desa rrollaron los primeros mapas…
p. 62
16La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1861 cita
[21]llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…
p. 186
17Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2001 cita
[23]al agua y al sol” (Codazzi [1853-1855] 2002: 87). En contraste, estos climas, lluvias y vapores producen un efecto benéfico para la ‘raza africana’: “Nacida esta raza [la africana] y criada en medio de este baño de vapores y estando desnudos siempre, no sufren de las impresiones del sol ni de la lluvia, nutriéndose…
p. 200
18Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 1, 122 citas
[24]peregrinación de alpha M an U el anc ÍZ ar viajes M an U el anc ÍZ ar peregrinación de alpha viajes Ancízar, Manuel, 1812-1882, autor Peregrinación de Alpha [recurso electrónico] / Manuel Ancízar; [presentación, Verónica Uribe Hanabergh]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1…
p. 1
[26]cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plan - tas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran 2 González, Beatriz, Manual de arte del siglo xix en Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013, pág. 170. 13 Píndnicersti 13 a cada paso, y a menudo al…
p. 12
19Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 230, 4182 citas
[25]adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…
p. 418
[29]generosos del espíritu, junto con la personalidad moral de los conquistados y sus descendientes” (Ancízar 1850-1851: 19). Como medio de liberación del indio y de transformación de la economía pública, Ancízar preconizaba la política individualista del reparto de tierras (Ancízar 1850-1851: 484), afirmado en el…
p. 230
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 68, 802 citas
[27]combinación de los colores, de allí proviene el “efecto de un mosaico de variados colores”. Y, por otro lado, dentro en la experiencia del paisaje entra en juego la “atmósfera diáfana” de los Andes que le otorga la frescura al espectáculo y permite ver con claridad los contornos de los cerros, los rebaños y los…
p. 80
[28]en viajeros como Manuel Ancízar, los sentidos comienzan a tomar un nuevo significado, y en medio de las sensaciones, percepciones y emociones que acusa el viajero en contacto con la naturaleza, esta última toma su valor estético. Veamos entonces cuál es esa sensitividad que descuaja a lo largo de L a P eregrinación d…
p. 68
21Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1631 cita
[30]Santander and Boyacá, the economy was based on agriculture. Indigenous traditions were embedded in agrarian, textile, and com- mercial practices. Land was more equally distributed than in the rest of the country. The prevalence of small landholdings gave an image of equality and homogeneity, as in the following…
p. 163
22Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 358, 3682 citas
[31]aproximadamente nueve meses, hasta que Bennet regresó a Colombia y asumió nuevamente su papel como dueño del gabinete fotográfico⁸. A finales de 1851, justo después de entregar el estudio fotográfico, Codazzi invitó a Price a unirse a la Comisión Corográfica. Aunque resulta comprensible que la acuarela haya sido el…
p. 358
[33]n.º 2 (Fall 2020), doi.org. 2 Para más información sobre el aspecto artístico de la Comisión Corográfica véanse Beatriz González, Manual de arte del siglo XIX en Colombia (Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013) y Verónica Uribe Hanabergh, “Translating Landscape. The Colombian Chorographic Commission”, The Arts Journal of…
p. 368
23Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 275, 2942 citas
[32]de manera real más allá de la capital y participar en esa empresa de reconocimiento del terri- torio colombiano. La cátedra de paisaje que dictó indica que tenía expe- riencia en este género. El paisaje en Colombia había tenido una corta e interesante trayectoria. Los libros que Alexander von Humboldt había publicado…
p. 294
[34]se ajustan más a Fernández que al pintor y litógrafo Celestino Martí- nez: el dibujo topográfico, la perspectiva y otras materias 276 B índic Gercst c Adíraí afines habían sido practicadas por el primero desde sus inicios como militar. Tres años antes (1845), Fernández había anunciado en El Promotor, de Caracas, su…
p. 275
24Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3951 cita
[35]objects to Liberal creation of new provinces, 202–5; and Regener- ation government, 302–3; response to Peregrinación de Alpha, 189–90; role in federalism-centralism question, 5, 220, 251; in Soatá, 186; view of Church disen- tailment, 263, 266, 269, 272–73, 274, 276, 279–80, 281; view of constitutionalism, 216; view…
p. 395
25Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 172 citas
[36]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
[37]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
26Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 331 cita
[38]Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…
p. 33
27Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 361 cita
[39]a esta norma que nos ha trazado la naturaleza, la fa- cilidad para la vida del país sería enorme; todo sería sencillo y lógico. Pero la naturaleza anda por un lado y el hombre por otro. Viene así un desorden del cual se cree salir variando la anterior división y haciendo otra que se acomode a las nuevas ideas po-…
p. 36
28Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2871 cita
[40]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
29Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2871 cita
[41]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
30Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 26, 1842 citas
[42]pensar en escoger el pun- to del interior que mejor le convenga. Además, el territorio de Ocaña tiene una importan- cia estratégica para los casos de guerra exterior, de guerra civil, que a nadie se le podrá escapar; por decirlo así, es la primera línea de fortificación interior, y el lugar destinado a servir de campo…
p. 184
[43]vidia durante su vida, y quien, en sus últimos años, que- riendo todavía prestar con brazos desfallecidos un nuevo servicio al país, con la introducción del cultivo del tabaco en las orillas del bajo Magdalena, rindió su noble vida en playas solitarias. Veintidós años después, en 1847, el general Mosquera acometió la…
p. 26
31Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 1711 cita
[44]el lin- güista José Urbano González de la Ca- lle, el físico y matemático Otto Freu- dental, los historiadores Gerhardt Ma- sur y Rudolf Hommes, y los arqueó- logos y antropólogos Justus Wolfgang Schotelius y Paul Rivet. La Escuela Normal tuvo una influencia decisiva y excelente en el mejoramiento de la en- señanza de…
p. 171