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Idea · Estados Unidos de Colombia

Ferrocarril

Entre 1863 y 1886, bajo el régimen federal de los Estados Unidos de Colombia, el ferrocarril llegó al país como un archipiélago de líneas dispersas, cada una contratada con capital extranjero para conectar una región interior con un puerto marítimo o fluvial, sin articular entre sí las distintas zonas del territorio. Lejos de integrar un mercado interno, esta infraestructura centrífuga abrió el país al mundo por pedazos.

3.709 palabras45 documentos63 fragmentos citados
Ferrocarril

Trayectoria de una idea

  1. 1846

    Tratado Mallarino-Bidlack: marco jurídico para el primer ferrocarril

  2. 1850

    Autorización del Ferrocarril de Panamá: primer ferrocarril colombiano

  3. 1863

    Constitución de Rionegro: el federalismo fragmenta la política ferroviaria

  4. 1870

    Conclusión del Ferrocarril Barranquilla-Sabanilla: primera línea continental

  5. 1874

    Inicio del Ferrocarril de Antioquia: la obra más ambiciosa del período federal

  6. 1878

    Inicio simultáneo de Cúcuta-Zulia y Buenaventura-Cali: la lógica regional se impone

  7. 1885

    Balance de la red federal: 236 kilómetros operativos, diseño sin centro

  8. 1888

    Conclusión del Ferrocarril de La Dorada: plomería fluvial sobre el Magdalena

  9. 1903

    Separación de Panamá: el ferrocarril como agravio acumulado

  10. 1910

    Expansión posregeneracional: de 236 a 875 kilómetros

03

La lectura

El ferrocarril en los Estados Unidos de Colombia no fue una red sino un archipiélago: líneas sin comunicación entre sí, tendidas por estados soberanos que buscaban cada uno su propia salida al Atlántico o al Magdalena, financiadas con capital extranjero porque ningún gobierno —ni central ni estatal— tenía caja suficiente para costearlas solo. La geografía no era una metáfora: páramos de más de tres mil metros, cañones sin fondo y ríos de crecida estacional convertían cada kilómetro de riel en un cálculo particular de ingeniería, dinero y vidas. El patrón lo fijó Panamá desde 1855 —concesión al capital foráneo, soberanía cedida en los hechos, renta sustanciosa pero disputada—, y las líneas continentales lo repitieron a escala menor durante las dos décadas siguientes. Lo que quedó en 1886, con sus 236 kilómetros operativos y su diseño centrífugo, no era el fracaso de un proyecto integrador: era el resultado coherente de un régimen que nunca se propuso integrar, sino exportar. La Regeneración heredó esa infraestructura y tardó décadas en triplicarla; el diseño de radios sin centro, sin embargo, persistió mucho más allá del cambio constitucional.

Entre 1863 y 1886, mientras nueve estados soberanos administraban su propia guerra, su propia hacienda y su propia idea de nación, el ferrocarril entró al país como un archipiélago. No hubo una red colombiana: hubo líneas dispersas, contratadas por separado con capital extranjero, que descendían de un puerto interior hacia el mar o hacia el Magdalena sin conversar entre sí. Cada trazado respondía a la lógica de un estado que buscaba salida propia a la economía atlántica, y esa lógica —fijada por la Constitución de Rionegro y sostenida por la geografía— produjo una infraestructura centrífuga, exportadora y fragmentaria, que la Regeneración heredó sin poder corregir. El ferrocarril de la era federal no integró al país: lo abrió al mundo por pedazos.

La semblanza: un objeto sin patria

El ferrocarril en Colombia fue, antes que ninguna otra cosa, una promesa importada. Llegó como tecnología ya madura desde los talleres de Filadelfia y los astilleros ingleses, y encontró un país sin caminos: viajar a través de los Andes seguía siendo, hacia mediados del siglo XIX, un suplicio dependiente de cargueros humanos, troncos tendidos sobre ríos infranqueables y tambos precarios. Sobre ese terreno se posó la máquina de vapor, y desde el primer momento su costo delató la desproporción: una locomotora que valía diez mil dólares en Filadelfia llegaba a costar treinta mil al Ferrocarril de Facatativá tras remontar el Magdalena y cruzar la cordillera. El transporte del propio transporte triplicaba su precio.

Bajo el régimen federal de los Estados Unidos de Colombia, esa promesa se contrató en pedazos. La Constitución de 1863 limitó severamente las funciones del gobierno nacional en materia de apertura de vías y trasladó a los estados soberanos —con sus tributos propios, su autonomía fiscal y su iniciativa administrativa— la potestad de negociar sus ferrocarriles. La diferencia entre líneas departamentales y nacionales que se consolidaría en el siglo XX proviene directamente de esta etapa: cada estado se hizo empresario ferroviario a su modo, con más ambición que caja. El resultado fue una colección de trazados que sumaban kilómetros pero no formaban sistema.

Es fácil, desde el presente, leer esa dispersión como fracaso. Conviene resistir la tentación. Las líneas construidas cumplieron con lo que se les pidió: bajar café, tabaco y quina hasta un embarcadero. Que no articularan un mercado interno no era su objetivo. Que la geografía se pareciera al sabotaje —páramos por encima de los tres mil metros, cañones sin fondo, ríos de crecida estacional imposibles de navegar en toda su extensión— no era una excusa retórica sino una condición material que ningún régimen político, federal o centralista, superó en el siglo XIX.

Hay que añadir un rasgo del objeto mismo: el ferrocarril colombiano nació sin una trocha común. Cada línea escogió la suya según el capital que la financiaba y el terreno que debía vencer, de modo que dos trenes provenientes de estados distintos no podían compartir riel aunque llegaran a la misma orilla del Magdalena. Este dato menor, casi mecánico, prefigura todo lo demás: la incompatibilidad técnica fue la traducción física de la incompatibilidad política. Cada estado tendió lo que pudo con la vara con que pudo, y el país se quedó, durante décadas, con una colección de máquinas que no dialogaban.

Los orígenes: Panamá como matriz

El primer ferrocarril cuya construcción comenzó en territorio colombiano no estuvo en los Andes ni sirvió a la economía andina. Fue el ferrocarril de Panamá, autorizado por el gobierno neogranadino en 1850, encargado a empresarios norteamericanos, concluido en 1855, y desde entonces uno de los más rentables del continente. Cruzó el istmo desde Colón hasta Ciudad de Panamá y se convirtió, casi de inmediato, en un caso aparte: su renta llegó a ser el tercer ingreso del Estado colombiano.

Panamá fijó el patrón de todo lo que vendría después. La concesión al capital extranjero se hizo sobre un marco jurídico que ya cedía margen de maniobra: el Tratado Mallarino-Bidlack, firmado el 12 de diciembre de 1846, había otorgado a ciudadanos, buques y mercancías de Estados Unidos privilegios equiparables a los de los granadinos en todos los puertos, incluido el istmo, a cambio de garantías estadounidenses sobre la neutralidad del territorio, el libre tránsito y la soberanía neogranadina. En el papel era un pacto de reciprocidad. En la práctica, la compañía del ferrocarril ejercía una soberanía efectiva sobre la franja atlántica del istmo, mientras la autoridad granadina era apenas tolerada.

El costo humano de esa primera obra quedó parcialmente oculto en las estadísticas oficiales. La construcción causó una mortandad elevada entre europeos, norteamericanos, negros y chinos traídos de Cantón, muertos por las fiebres tropicales que rodeaban el trazado. La cifra fue debatida y probablemente subestimada. El país aprendió allí, sin decirlo, lo que costaba tender rieles en tierra tropical: no solo dinero, también vidas de trabajadores traídos de lejos.

Panamá dejó además una lección de política diplomática que la Nueva Granada nunca terminó de digerir. Ya en 1847 se había firmado el contrato De Francisco-Klein para construir un ferrocarril transístmico con capital franco-inglés; un año después, el presidente Tomás Cipriano de Mosquera lo declaró caduco por incumplimiento de la compañía, y la ruta quedó libre para el capital norteamericano que llegaría con el tratado Mallarino-Bidlack ya vigente. Aquella cancelación tuvo alcances difíciles de calcular en su momento. Lo cierto es que la Nueva Granada quedó atada a un socio único, y las quejas por el pago incumplido del beneficio anual convenido —junto con la tentación, nunca materializada, de autorizar a una compañía rival— se convirtieron en el fondo permanente de una relación que desembocaría, en 1903, en la separación del istmo. El ferrocarril de Panamá fue la fuente de una tercera parte de la renta pública y, al mismo tiempo, uno de los agravios que cocinaron la pérdida.

La trayectoria: las líneas del archipiélago

Concluida la obra del istmo, el tendido ferroviario en el resto del país entró en su fase federal propiamente dicha. La secuencia es limpia si se la mira por líneas, no por planes: cada estado, cuando pudo, contrató una salida al mar o al Magdalena.

Barranquilla-Sabanilla fue la primera en el continente. Concluida en 1870, con apenas 27 kilómetros de trazado, no aspiraba a cruzar cordilleras: unía la ciudad fluvial con un puerto marítimo cercano, superando el obstáculo físico que impedía a las embarcaciones del Magdalena alcanzar el Caribe. Fue una obra modesta y decisiva: consolidó la ventaja de Barranquilla sobre Cartagena y Santa Marta y la instaló como el principal puerto del país, ventaja que ya venía apoyada en su posición sobre el río.

El Ferrocarril de Antioquia, iniciado en 1874 para unir Medellín con Puerto Berrío sobre el Magdalena, fue la obra más ambiciosa del período. Su historia se confunde con la de Francisco Javier Cisneros, ingeniero cubano contratado para llevarla adelante. Hacia 1882 el trazado había avanzado veinte millas desde Puerto Berrío hacia el interior, con bodega de máquinas, locomotora y vagones ya en operación; hacia 1885-1886 contaba con unos treinta y siete a cuarenta y cinco kilómetros construidos, y para finales del siglo XIX estaba prácticamente terminado, salvo un tramo que quedaría pendiente. Las condiciones tropicales cobraron su tributo: malaria, miasmas palúdicos, plagas de insectos, ausencia de caminos y de abastecimientos hicieron de la obra un frente sanitario. Cisneros mismo fue sacado moribundo tres veces de los focos de pestilencia del Nus y el Porce, y las directivas aprendieron pronto a retener a los trabajadores veteranos, ya aclimatados, como su recurso más escaso.

Cúcuta-Zulia, iniciado en 1878, buscaba conectar el nororiente andino con el sistema fluvial venezolano del lago de Maracaibo, y con ello con el Atlántico. Su avance fue penoso: 54 kilómetros en obra hacia 1886, conclusión hacia 1888 sobre una longitud total de 71 kilómetros. La línea confirmaba una vocación regional que la geografía imponía sobre la política: para el oriente santandereano era más racional salir por Venezuela que por el Magdalena.

Buenaventura-Cali nació en 1878 con el propósito de dar al valle del Cauca su salida propia al Pacífico. La obra avanzó apenas veinticinco a veintisiete kilómetros en las inmediaciones de Buenaventura hacia 1885-1886, y no se concluyó sino en 1914. Casi cuatro décadas para vencer una cordillera. La cifra ilustra, mejor que cualquier discurso, el tamaño del obstáculo físico.

La Dorada, iniciado antes y terminado en 1888, cumplía una función distinta: no bajaba desde una tierra alta al Magdalena, sino que sorteaba los saltos y rápidos de Honda que impedían la navegación continua entre el alto y el bajo Magdalena. Era una pieza de plomería fluvial, un puente ferroviario dentro del propio sistema del río. Cisneros lo tomó a su cargo en 1883 y en poco más de un año construyó las catorce millas iniciales, con un subsidio del gobierno nacional de 4.200 pesos por kilómetro y un desembolso total cercano a los 700.000 pesos —unos 150.000 pesos por legua.

A esta lista se sumaban tramos menores y proyectos apenas incoados: el ferrocarril de Bolívar (Puerto Salgar a Barranquilla) con 27 kilómetros registrados en 1886, el de Girardot con 39 kilómetros en obra, el de Puerto Wilches a Bucaramanga con apenas cuatro. Sumando todos los tramos —en operación o en construcción— la red inventariable en 1886 rondaba los 214 kilómetros sin contar Panamá, y unos 294 incluyéndolo. En 1885 la red operativa alcanzaba 236 kilómetros. Es poco. Para comparar: en 1910 la cifra llegaría a 875 kilómetros y en 1930 a 2.700.

El diseño de conjunto —si es que puede llamarse diseño— tenía una característica inconfundible: era centrífugo. Cada línea buscaba un puerto, marítimo o fluvial, y ninguna conectaba dos regiones interiores entre sí. Antioquia miraba al Magdalena por Puerto Berrío; el Cauca al Pacífico por Buenaventura; Santander del norte a Maracaibo por Cúcuta; la sabana de Bogotá al Magdalena por Girardot o por Honda; la costa a sí misma por Barranquilla. El país que se dibujaba no era un tejido: era una estrella de radios sin centro.

Cisneros, o el capital hecho persona

Francisco Javier Cisneros merece un párrafo aparte porque en él se condensa el modelo. Cubano de origen, ingeniero y contratista, se convirtió en el articulador práctico de casi todo lo que se movió en rieles durante el último tramo del período federal: además del Ferrocarril de Antioquia, tomó a su cargo los contratos de La Dorada, Girardot y Buenaventura-Cali, tendió una línea de tranvía en Barranquilla y ejecutó arreglos en puertos del Magdalena. Publicó en Nueva York, en 1880, una Memoria sobre la construcción de un ferrocarril de Puerto Berrío a Barbosa, documento primario de un proyecto que él mismo empujaba. Su nombre atraviesa los contratos, los planos y las quejas por igual: donde había un riel proyectado entre 1874 y 1890, había casi siempre una firma suya al pie.

Cisneros importa porque muestra que el capital extranjero en Colombia no llegaba en abstracto: se encarnaba en contratistas capaces de resistir la fiebre, negociar con gobiernos débiles y ver dónde iba a estar la carga. Su intuición decisiva —anotada explícitamente por él mismo— fue reconocer en la incipiente industria del café la solución al problema de la carga de compensación: sin retorno rentable, un ferrocarril bajaba vacío. Cisneros confiaba en que sus trazados abrirían tierras fértiles a lo largo de los valles del Nus y el Porce, frenarían la emigración antioqueña hacia el sur y darían al grano la salida que necesitaba. En esa apuesta acertó, aunque el café no explotaría del todo hasta después de su muerte.

Su figura resume también las ambigüedades del oficio. Era ingeniero y era prestamista; era contratista de obra y era intermediario financiero; hablaba en nombre de la empresa que construía y en nombre del Estado que le pagaba. Cuando el mismo hombre firma la memoria técnica, negocia el subsidio por kilómetro y coloca los bonos en Nueva York, la distinción entre servicio público y negocio privado deja de tener sustancia práctica. No era corrupción en sentido estricto: era la forma normal de operar en un país donde ninguna de las partes tenía, por separado, los medios para hacer la obra.

El marco estructural: geografía, hacienda y baldíos

Alrededor de las líneas se tejió una infraestructura de instrumentos financieros y jurídicos que explica por qué se construyó lo que se construyó y no otra cosa. Cuatro factores, entrelazados, componen ese marco: la geografía física, la concesión de tierras baldías, la debilidad fiscal y la dependencia del capital extranjero. Ninguno actuaba por su cuenta; los cuatro se sostenían recíprocamente.

La geografía no es red pero condiciona toda red. Los cañones del Sogamoso, el Suárez, el Opón y el Chicamocha, con sus flujos hídricos estacionales y sus altas pendientes, hacían impracticable la navegación completa de los ríos santandereanos. La cordillera Oriental imponía páramos por encima de los tres mil metros. La ferrería de La Pradera, en Subachoque, prefirió en 1877 construir su propia planta a vapor antes que traerla por los caminos disponibles: los riesgos y los problemas técnicos del transporte eran mayores que los de fabricarla en sitio. En ese país físico, tender rieles era una obra desmedida, y cada kilómetro exigía un cálculo particular: el punto donde el terreno permitía apoyar la línea rara vez coincidía con el punto donde la carga esperaba salida, y esa distancia se pagaba en trocha, en curvas y en dinamita.

La concesión de tierras baldías fue el instrumento con que los gobiernos —tanto federales como estatales— buscaron fomentar la construcción privada de vías. En vez de pagar en efectivo lo que no tenían, ofrecían como subsidio extensiones de tierra pública. Se expidieron concesiones especiales de más de diez mil hectáreas, y la cesión de baldíos para ferrocarriles, caminos y puertos de navegación a vapor fue un mecanismo continuado a lo largo del último tercio del siglo. La contratación directa por el Estado era prácticamente desconocida: se prefería que un particular construyera y operara a cambio de tierras y peajes. El efecto secundario fue una concentración marginal pero persistente de la propiedad rural en manos de contratistas y empresas, sin que la pequeña propiedad se expandiera significativamente. La tierra, que era el activo más abundante del Estado, terminó financiando obras que a su vez valorizaban esa misma tierra a favor de quien la había recibido.

La debilidad fiscal actuó como fondo permanente. Las finanzas públicas venían enfermas desde la Independencia, cubiertas con deuda y con rentas heredadas del régimen colonial. El régimen federal de 1863 profundizó la descentralización tributaria y limitó al gobierno nacional en apertura de vías, con lo cual la inversión ferroviaria dependía de la caja de cada estado y de su capacidad de negociar con capital externo. Ningún estado tenía por sí solo el músculo para una gran obra: la solución fue la concesión, con todo lo que la concesión implicaba. Y como los estados competían entre sí por el mismo capital escaso, las condiciones ofrecidas al contratista se hicieron cada vez más generosas: subsidios más altos por kilómetro, plazos más largos, peajes garantizados. El Estado, en plural y en singular, negociaba en desventaja.

El cuarto pilar fue el capital extranjero, mayoritariamente inglés en el conjunto del siglo XIX, aunque con presencia norteamericana temprana y decisiva en Panamá. Los ferrocarriles se convirtieron en uno de los principales destinos de la inversión foránea en Colombia hacia finales del siglo, y esa dependencia estructuró la relación entre Estado y empresa: subsidios por kilómetro, tierras cedidas, peajes autorizados. Cuando el ingeniero contratista era también el intermediario financiero —el caso Cisneros—, la línea entre política pública y negocio privado se volvía indistinguible.

El motor exportador: tabaco, quina, café

Nada de esto se hizo por integrar al país. Se hizo por sacar productos. La secuencia agroexportadora colombiana del siglo XIX —tabaco, quina, añil, algodón, café— fue el verdadero comitente del ferrocarril, y su cronología explica los trazados.

El tabaco vivió su auge entre 1850 y 1875, cuando las compras en Bremen se contrajeron y la exportación colapsó. La quina cayó simultáneamente. Ese doble derrumbe minó la base material del liberalismo radical y empujó a las élites a reconvertir tierras hacia ganadería, caña de azúcar y café, usando la tierra como refugio primario de capital. El café emergió como producto dominante hacia finales del siglo, y con él la red ferroviaria descubrió su vocación definitiva. En 1922, sobre 1.481 kilómetros de vías férreas, 992 estaban en regiones típicamente cafeteras, 313 orientados a puertos de embarque y apenas 76 conectaban zonas no vinculadas al comercio exterior; el 82,5% de la carga transportada correspondía a exportaciones. El diseño se había cristalizado en la estadística.

Los costos de transporte del grano hicieron el resto. En 1871, el cónsul británico Bunch estimaba que llevar café desde Bucaramanga hasta Bremen costaba entre el 55 y el 57% del precio CIF, una cifra que hacía dudar si productores e intermediarios reponían siquiera sus costos. En 1895, el cónsul Jenner calculaba con mayor mesura que el flete de una tonelada de café desde el Tolima hasta la costa atlántica oscilaba entre nueve libras con ocho chelines y catorce libras esterlinas, y lo calificaba de costo demasiado elevado. Cualquier kilómetro de riel que abaratara ese trayecto era, literalmente, dinero.

El ferrocarril y el café resultaron complementarios en un sentido más profundo que el meramente logístico. Las líneas construidas en la década de 1920 generaron tasas de retorno social estimadas en el 20% anual, en buena parte por el abaratamiento del transporte del grano. La lógica exportadora no fue, entonces, un error de diseño: fue la única racionalidad económica disponible en un país sin mercado interno consolidado. Que esa lógica no integrara al país es distinto: no era su tarea.

La huella: Regeneración y balance

En 1885, el secretario de Fomento Napoleón Borrero declaró que el remedio más eficaz contra la crisis económica y la perturbación del orden social era abrir nuevos horizontes al trabajo mediante buenas vías de comunicación y atrayendo capitales extranjeros. La frase resumía la doctrina de la Regeneración que Rafael Núñez estaba montando: ferrocarriles y obras públicas como pacificadores tanto como motores económicos, alivio del desempleo tanto como impulso al comercio. La Constitución de 1886 sepultó el régimen federal y centralizó el poder, y el nuevo Estado se propuso lo que el anterior no había logrado: coordinar el trazado, terminar las líneas iniciadas, superar las tierras planas.

No lo consiguió. El diagnóstico más duro vino desde el liberalismo derrotado. Miguel Samper, en 1896, señaló que la política ferroviaria de la Regeneración había fracasado porque los ferrocarriles no avanzaron más allá de las tierras planas para cumplir el objetivo principal de conectar las tierras altas con el Magdalena. Se habían construido, dijo, al revés y a gran sacrificio, con obras como la Carretera de Cambao —ejemplo de gasto absurdo— y contratos que gravaron al Tesoro. La red heredada del período federal conservó su orientación centrífuga, y la Regeneración no logró darle vuelta.

Hay una razón estructural que explica esa continuidad. El diseño centrífugo no era un capricho federalista al que bastara un cambio constitucional para corregir: estaba escrito en la geografía, en la debilidad fiscal, en la orientación exportadora de la economía, en el modelo de concesión al capital extranjero. Cambiar el régimen político no cambiaba la topografía. La Regeneración firmó nuevos contratos —entre ellos el del ferrocarril de Santa Marta—, orientó el gasto público de fomento principalmente hacia ferrocarriles y obras urbanas, y expandió modestamente la red. Pero heredó las líneas donde estaban y no pudo articularlas: el ferrocarril de Girardot seguía en obra, empalmaría con el de la Sabana hacia 1910, y todavía en 1934 su amortización pesaba duramente sobre la deuda pública externa.

El balance del período federal admite una lectura precisa. Los Estados Unidos de Colombia dejaron una red inventariable de doscientos treinta y seis kilómetros operativos en 1885, con varios tramos más en construcción, articulados en un patrón centrífugo, financiados mayoritariamente con capital extranjero y subsidiados con tierras baldías y peajes. De los ocho primeros proyectos ferroviarios del país, cuatro habían fracasado. La lógica exportadora estaba impresa en cada trazado. La integración nacional no figuraba en el pliego de condiciones.

Que ese balance parezca magro depende del criterio con que se lo mida. Si se mide contra el ideal de una red integrada que conectara Medellín con Cali, Bogotá con Bucaramanga, Popayán con Tunja, el fracaso es evidente y quedaría por siempre. Pero si se mide contra lo que realmente se pedía a los rieles —bajar café al mar, superar los saltos de Honda, abrir la sabana al Magdalena, dar al Cauca su Pacífico—, entonces las líneas del período federal hicieron, aunque a medias y con retraso, lo que se esperaba de ellas. El Ferrocarril de Antioquia bajó el café antioqueño. La Dorada libró los rápidos de Honda. Barranquilla-Sabanilla consolidó el primer puerto del país. Cúcuta-Zulia amarró el nororiente al circuito venezolano. Buenaventura-Cali, aunque tardó cuarenta años, terminó dándole al Cauca la salida al Pacífico que en 1932 convertiría a Buenaventura en el principal puerto cafetero del país.

Queda una lección más incómoda. El patrón inaugural del ferrocarril de Panamá —soberanía cedida al concesionario, tratado internacional como marco, renta pública dependiente de una compañía extranjera— no fue una anomalía istmeña sino el molde de toda la política ferroviaria colombiana del siglo XIX. Cada línea posterior repitió el gesto en menor escala: concesión, subsidio, tierra cedida, obra ejecutada por contratistas foráneos con mano de obra local vulnerable a la fiebre. En Panamá el molde produjo, medio siglo después, la separación. En el resto del país produjo una red que servía al comercio exterior antes que a los colombianos, y que la Regeneración recibió como una herencia imposible de reformar sin rehacerla desde cero.

El ferrocarril de los Estados Unidos de Colombia fue, en definitiva, el sedimento de dos fuerzas que operaban en el mismo sentido: una geografía que dificultaba cualquier trazado y un federalismo que institucionalizó la fragmentación técnica. La Constitución de 1863 no inventó la dispersión; la ratificó y le dio nombre jurídico. La Constitución de 1886 no la disolvió; la heredó. Entre una y otra, sobre cañones que triplicaban el precio de las locomotoras y sobre fiebres que mataban a los peones, se tendieron los primeros rieles del país. Cada uno miraba al mar. Ninguno se miraba entre sí.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Francisco Javier Cisneros — ingeniero y contratista cubano que articuló la construcción de los ferrocarriles de Antioquia, La Dorada, Girardot y Buenaventura-Cali; encarnó el modelo de capital extranjero personalizado en el período federal
  2. 02Constitución de Rionegro (1863) — marco jurídico que descentralizó la política ferroviaria, otorgó autonomía fiscal a los estados soberanos y limitó las funciones del gobierno nacional en apertura de vías, determinando el carácter fragmentario de la red
  3. 03Río Magdalena — eje fluvial estructurante al que convergían la mayoría de las líneas ferroviarias del interior; los ferrocarriles de Antioquia, La Dorada y Girardot buscaban conectarse con él o sortear sus obstáculos de navegación
  4. 04Panamá — territorio donde se construyó el primer ferrocarril colombiano (1850-1855), que fijó el patrón de concesión al capital extranjero y cuya renta y agravios acumulados desembocaron en la separación de 1903
  5. 05Tratado Mallarino-Bidlack — instrumento diplomático de 1846 que otorgó privilegios a Estados Unidos en el istmo y sentó las bases jurídicas para la concesión del ferrocarril transístmico al capital norteamericano
  6. 06Capital extranjero — condición estructural del ferrocarril colombiano del siglo XIX; la debilidad fiscal de los estados y la carencia de capitales nacionales hicieron de la concesión a empresarios y contratistas foráneos el único mecanismo viable de construcción
  7. 07Café — cultivo cuya expansión fue anticipada por Cisneros como solución al problema de la carga de compensación; los ferrocarriles de la era federal abrieron las tierras y rutas que el boom cafetero del siglo XX aprovecharía
  8. 08Barranquilla — ciudad cuya consolidación como principal puerto del país fue directamente impulsada por el Ferrocarril Barranquilla-Sabanilla (1870), primera línea continental colombiana
06

Documentos y fragmentos citados

45 documentos · 63 fragmentos

01Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 231 cita
[1]

cuenta con un importante nú- mero de ríos como el Sogamoso, el Suárez, el Opón y el Chicamo- cha, entre otros, con fuertes flujos hídricos estacionales, profundos cañones y altas pendientes, lo que impide que sean navegables en toda su extensión. La parte occidental del departamento hace parte del valle na- tural que…

p. 23
02Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 353, 366, 4123 citas
[2]

de Norteamé- rica. Aún en año tan reciente como 1907 escribía un estadounidense: "Cualquiera que sea la vía que se utilice, es entendible por qué el costo del transporte de carga desde el punto de embarque en los Estados Unidos o Europa hasta Bogotá algunas veces asciende a US$100 por tonelada. Locomotoras que se…

p. 353
[55]

fue tan demorada la aplicación del ferrocarril en el medio colombiano? ¿Por qué fue tan lenta su construcción? La insuficiencia de demanda de mejores facilidades de transporte solo constituye una respuesta parcialmente satisfactoria. Parecería aquí, al igual que en el caso de otras innovacio- nes, que el momento del…

p. 412
[63]

las inversiones alternativas, es la tasa efectiva interna de retomo del capital. Si dicha tasa de retomo es igual a o mayor que las correspondientes a todas las alternativas, entonces puede juzgarse exitoso el proyecto; por el con- trario, si dicha tasa es inferior a las correspondientes a otros proyectos, entonces la…

p. 366
03Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1232 citas
[3]

ejemplo Safford, del surgimiento de una nueva clase de empresarios, de una bur- guesía como tal, sino de miembros de una oligarquía de lo más rancia que se apoyaron en los comerciantes y banqueros extran- jeros (Robert Bunch, Percy Brandon, Buchet de Martigni, Patri- cio Wilson y Salomón Koppel) para conectarse con…

p. 123
[4]

ejemplo Safford, del surgimiento de una nueva clase de empresarios, de una bur- guesía como tal, sino de miembros de una oligarquía de lo más rancia que se apoyaron en los comerciantes y banqueros extran- jeros (Robert Bunch, Percy Brandon, Buchet de Martigni, Patri- cio Wilson y Salomón Koppel) para conectarse con…

p. 123
04El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 95, 100, 1043 citas
[5]

de lo que generalmente se estima. Algunos cónsules británicos, escandaliza- dos por la carestía de los fletes y por la incomunicación de los principales distritos de producción de café, pintaron un cuadro terrible, aunque sus exageraciones reflejaban cabalmente la noción generalizada del bloqueo que padecían regiones…

p. 95
[46]

de Santander, 1850, pp. 29-50; Comtitución municipal i ordenanzas expedidas por la Legislatura Provincial de Santander en sus sesiones de 1853, p. 24; Ordenanzas de la Cdmara Provincial del Socorro expedidas en 1850, pp. 21-22; Ordenanzas de la Cdmara Provincial del Socorro, 1852, p. 5. Sobre caminos en Cundinamarca…

p. 100
[53]

más segura y menos cíclica estaba constituida por las mer- cancías importadas. Se sabe que las importaciones son más inelásticas al precio y sus ciclos depresivos, rezagados del ciclo de las exportaciones, tienden a ser, bajo el esquema agroexportador, mucho más moderados. En este sentido se puede criticar la…

p. 104
05El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 60, 632 citas
[6]

elevados teniendo en cuenta la dispersión de la población, las condiciones topográficas, la debilidad fiscal de los Estados para garantizar deudas o administrar eficientemente el sistema y la carencia de capitales nacionales o extranjeros. Menciona ocho proyectos de los cuales cua- tro fracasaron, lo que considera…

p. 60
[54]

exportaciones estu- vo en los tres puertos del Caribe, de los cuales Barranquilla tomó la delantera después de 1870, siendo secundada por Cúcuta en el interior andino. Pero en 1932 Buenaventura, en el Pacífico, es el principal puerto de exportación de café, dando principio a un nuevo período en la historia de los…

p. 63
06Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 449, 5242 citas
[7]

Magdalena, decretada por el estado de Cundinamarca, subvencionada por la nación, se inició —o reinició— en 1869; lo efecti- vamente logrado fue muy poco; pero sí se estableció, en los primeros años del 60, la comunicación por carretera entre Bogotá y Zipaquirá. En Boyacá también se construyeron algunos tramos de…

p. 449
[34]

ferrocarril de Panamá— 655. La guerra de 1899 causó la destrucción de vía y material que es de suponer, y retardó la construcción de ferrocarri- les por muchos años. Algunos de ellos —Panamá, Barranquilla-Puerto Colombia, Calamar-Cartagena, Zulia-Cúcuta, y, parcial- mente, el de La Dorada— habían alcanzado sus…

p. 524
07Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3941 cita
[8]

los caminos no eran caminos y el viajero de los ríos debía disputar el espacio del champán con las cargas de tabaco de Ambalema y los géneros im- portados de Londres, viajar constituía no sólo un «mal necesario» sino un auténtico suplicio. Cuando por al- gún milagro inexplicable conseguía llegar a su destino, 395…

p. 394
08Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 458, 5382 citas
[9]

quedando atrás de todo el mundo…». A mediados del siglo pasado, las distintas vías de comu- nicación al río Magdalena eran las siguientes: el camino del Carare, que unía el pequeño río del mismo nombre con la ciudad de Vélez y tenía una extensión de 20 leguas; el de Barrancabermeja, que unía el puerto de idéntico nom-…

p. 458
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nuestros pro - ductos de exportación. En la Memoria de 1885, el secretario de Fomento, don Napoleór Borrero, ha escrito: «La crisis económica que atraviesa hoy el país y los malos elementos que tien- den a destruir el orden social, no tienen a mi modo de 539 Eíndnice r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge ver, remedio…

p. 538
09Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 1641 cita
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of the country and ended up being supplanted by roadways and motorized vehicles and, to a lesser degree, by rail. The rail system with its multiple cars and locomotives and parallel tracks, which profoundly impacted how humans around the world tackled long dis- tances beginning in the early nineteenth century, was a…

p. 164
10Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 1331 cita
[11]

Mallarino-Bidlack, en cuya virtud se dispuso que los ciudadanos, buques y mercancías de los Estados Unidos, disfrutarían en todos los puertos de la Nueva Granada, incluso los de la par- te del territorio granadino «general- mente denominado Istmo de Pana- má», de todos los privilegios de que en ese momento gozaban y…

p. 133
11Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 611 cita
[12]

en las selvas pestilentes del Istmo, atormentados sin descanso por los in- sectos. A ello se agregaba el clima, que ahuyentaba y diezmabaa los trabajadores. A tal punto llegaron las cosas que se pens6 en sustituir a los negros, europeos y americanos con mil chinos traidos de Canton. Pero la experiencia no pudo ser mas…

p. 61
12Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 231 cita
[13]

y comercio, en septiembre de 1849, y además obtuvieron la cesión provi- sional de la isla. Previamente el país del norte había logrado firmar con Colombia el Tratado Mallarino-Bidlack, de amistad, comercio y navegación, el 12 de diciembre de 1846, mediante el cual se aseguraban ventajas en la eventual cons- trucción y…

p. 23
13Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · p. 33, 382 citas
[14]

si Sntan Mnean en el polvo y en el barro; cerdos, perros y hasta corderos devoran innumerables inmundicias que los buitres contem - plan con ojos ávidos desde los tejados; monos amarrados aúllan, papagayos y cotorras lanzan gritos estridentes: es una extraña batahola, en la cual se mezcla uno con cierto pavor. Los…

p. 33
[15]

temible, la de los vapores del lago de Nicara - gua, y aun, gracias a las piraterías de Walker, gracias tam - bién a las intrigas de los plenipotenciarios americanos, que exigían para los Estados Unidos una cuasi soberanía sobre el camino del tránsito, esta competencia ha desaparecido completamente durante algunos…

p. 38
14Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2751 cita
[16]

busquéis en las estadísticas oficiales, que ocultan esas cosas, sin duda para no turbar la diges- tión de los accionistas europeos. Buscadlo en las cruces de los cementerios, en las fosas comunes repletas, y formaos una idea de la cantidad de bajas en ese pequeño ejército de trabajadores, recordando que muchos…

p. 275
15Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 43, 472 citas
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1 823 habían sido exped idas 170 leyes sob re el impuesto de la sal y que en ese mo- m e nto regían 89. Por un tiempo la renta del Ferrocarril de Panamá fue el t ercer ingreso. No obstante, se convirtió en fu ente de los agravios como pudo comprobarse en los ep isodios de la separac i ón en 1903. La d escentra li…

p. 47
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intereses de las empresas. Los beneficios del sector exportador-importador fueron evidentes, y, entre los indirecto s, debe mencionar se la valorización y concen- tración de las tierras beneficiadas. La era del ferrocarril resaltó la importancia del río Magdalena 43 4 Mar co Palacios qu e, una vez más, fue la arter ia…

p. 43
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 220, 2652 citas
[18]

temporal de la Compañía, a que el subsidio se redujera a $100.000, el Congreso no aprobó la negociación, y esta suma entró cumplidamente en las arcas públicas hasta 1880. En ese año, y con el objeto de conseguir capital para el Banco Nacional que proyectaba el Gobierno de Rafael Núñez, se negoció un anticipo de la…

p. 265
[32]

y financiación de los estados, se definieron los trazos más o menos inconexos de los ferrocarriles propuestos como parte de hipotéticas líneas interoceánicas. Además del ferrocarril de Panamá, terminado en 1856 por una compañía de capital norteamericano, se iniciaron las siguientes líneas: 1. Barranquilla-Sabanilla:…

p. 220
17Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4221 cita
[19]

Auguste Salomon y apoyada por banqueros f r a n c e s e sei n g l e s e s,envióun emisarioaBogotá,e lseñorMateo K l e i n,con e lf i nde que g e s t i o n a r aante e lgobierno l aconcesión d e lp r i v i l e g i opara l aconstruc ción de un f e r r o c a r r i l transoceánico v í aPanamá. A mediados de 1846, e lP r e…

p. 422
18Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1571 cita
[20]

magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…

p. 157
19Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1221 cita
[21]

Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…

p. 122
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1131 cita
[22]

de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…

p. 113
21Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1971 cita
[23]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
22Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 17, 832 citas
[24]

del Beebe ¢ Ae tee batndoe Ue mstrs Critvrtrrmoe gus tfervetla, Ka rensde en dectetuas 4 ta “goin ai fillicd c @. Bfilitle a4 eZ a Wtieele te.S oe Go elarter Lobes aped dé Poliagata Blaine, Lb nen! See Fon dintaciesen, Mag datiun, Pannva: Doerlar dor ¢ Blhiorra, ried doe peyperlen a sereele fers tor aelee Ae ape…

p. 17
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1870-1920, Santa Marta sera un puerto insig- nificante, excepto en lo que respecta a las expor- taciones bananeras. El desarrollo del crédito moderno El otro cuello de botella del comercio exterior colombiano fue la virtual inexistencia de un sistema bancario moderno. Después de 1860 aparecen bancos comerciales…

p. 83
23Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1071 cita
[25]

texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…

p. 107
24Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 731 cita
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it requires the majority of the members of each chamber (not merely the majority of participants in the debate). This, of course, increases the veto power of the opposition. a b rief H istory of C olombia ’ s s ubnational i ssues Since the independence from Spain in 1810, the (re) design of subnational institutions…

p. 73
25¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 65, 682 citas
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garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
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la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
26Desafíos del transporte ferroviario de carga en ColombiaJorge Kohon, Jorge Champin, Manuel Rodríguez, René Cortés · 2016 · p. 622 citas
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ser erróneo. La decadencia del ferrocarril no se debió so- lamente a la mala administración o a la carencia de inversiones, sino a razones derivadas del cambio de rol del modo ferroviario producido por el surgimiento, a partir del desarrollo del motor de combustión interna, de los distintos tipos de vehículos…

p. 62
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ser erróneo. La decadencia del ferrocarril no se debió so- lamente a la mala administración o a la carencia de inversiones, sino a razones derivadas del cambio de rol del modo ferroviario producido por el surgimiento, a partir del desarrollo del motor de combustión interna, de los distintos tipos de vehículos…

p. 62
27Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 318, 3992 citas
[33]

The Manizales Rope Way Ltd. 200.000 _______ Fuente: Francisco Posada Díaz, Colombia: violencia y subdesarrollo (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1969), p. 76 y Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia (Medellín, Santa Fe, 1955), p. 352. El siglo xix fue escenario de la inversión inglesa en los…

p. 399
[45]

mercados del mundo”. Francisco Javier Cisneros, Memoria sobre la construcción de un ferrocarril de Puerto Berrío a Barbosa (Estado de Antioquia) (Nueva York, Imprenta y Librería de N. Ponce de León, 1880), p. 41. 282 Ver sobre esto último Luis Eduardo Nieto Arteta, El café en la sociedad colombiana (Breviarios de…

p. 318
28Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3501 cita
[35]

Acosta, presidente Se escribe contrato para ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla Jorge Isaacs publica María Se funda la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá 1868 Santos Gutiérrez, presidente Se actualizan la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia 1870…

p. 350
29Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 4241 cita
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abundancia. Es muy cierto; pero también lo es, que no pueden existir los ingenios sin agua fértil: y ¿no se necesita también mucha cantidad para mantener 56 yuntas de dotación en los trapiches?» (Dumont, 1832, p. 29)” (Funes, 2012, p. 126). 27 “El volumen del dulce cubano en los mercados se correspondía, a mediados de…

p. 424
30Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 1321 cita
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determinados momentos se consideró una enemiga del proyecto. La dificultad del relieve, las enfermedades 355, el clima y la conformación de los lugares por los cuales debían instalarse las vías férreas dificultaron toda la empresa, hasta casi proponer su cancelación. Incluso el propio ingeniero cubano Francisco Javier…

p. 132
31María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 351 cita
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como avergonzada de mostrarse tan pálida ante un rival creado por la inteligencia humana 15. En los años que siguieron a la muerte de sus padres, el mundo de María se transformó. Empezó a vivir y experimentar, como mujer adulta, estos cambios vertiginosos de una Medellín que se volvía cada vez más bullosa, compleja y…

p. 35
32Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 250, 2622 citas
[40]

la playa se conserva todavía una buena casa construida para hotel, con capacidad para cuarenta o cincuenta huéspedes; y en la orilla misma, con la mayor inmediación posible al fon- deadero de los vapores, las habitaciones de los vecinos, con el principal objeto de traficar con las tripulaciones de los buques. Este fue…

p. 262
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de míster Modica, ciudadano americano, tomó a su cargo la empresa, en relación con una casa americana, y otro in- geniero, míster Wheeler, rectificó el trazado, acopió dur- mientes, pidió rieles, y hubiera empezado la construcción, a no haber quebrado la firma de quien los empresarios es- peraban los primeros…

p. 250
33La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1211 cita
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27. García, op. cit., págs. 417 y sgts. 28. Cisneros, op. cit. 246 La colonización antioqueña CUADRO 15 CARGA MOVILIZADA POR EL CABLE AÉREO DE MARIQUITA (EN AMBAS DIRECCIONES) 1923 1925 1935 1945 TONELADAS 28.765 36.944 35.132 50.921 Era cosa reconocida que se debía desarrollar algún género de agricultura exportable…

p. 121
34Un año en los Andes, o, Aventuras de una Lady en BogotáRosa Carnegie-Williams · 2017 · p. 2121 cita
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lugar ha mejorado mucho desde cuando vinimos y tiene varias casas nuevas de madera blanca. En la orilla había una confusión de voces y un conglomerado de todos los países, negros e indios. Todos estaban empleados en la construcción del nuevo ferrocarril del señor Cisneros, que ya ha avanzado 20 millas hacia el…

p. 212
35The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 3371 cita
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North Carolina, 1958. Hoffman, H. Theodore. "A History of Railway Concessions and Railway Develop- ment Policy in Colombia to 1943." Ph.D. dissertation, American Univer- sity, 1947. Horna, Hernan. "Francisco Javier Cisneros: A Pioneer in Transportation and Economic Development in Colombia." Ph.D. dissertation,…

p. 337
36Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 911 cita
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política de uso de los bosques y continúa la cesión de baldíos para la construcción de obras públicas (ferrocarriles, caminos y puertos para la navegación a vapor). La cesión de tierras a militares y la entrega de predios para el fomento de la inmigración extranjera pasaron a ser marginales. De cierta manera, en este…

p. 91
37Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 301 cita
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due ñ a de la Naviera Colombiana, de una bien montada red de almacenes de dep ó sito, secadoras y trilladoras de caf é en diversas regiones del pa í s. MANUAL DE HISTORIA III 35 III Los transportes. Los ferrocarriles As í, pues, la aspiraci ó n por parte de la burgues í a para montar un ent á ble industrial era…

p. 30
38Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 31, 582 citas
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los ferro- carriles, sólo el 17.5 % correspon- día a comercio interno y el resto es- taba representado por productos pa- ra la exportación. En efecto, de los 1.481 kilómetros de vías férreas exis- tentes en 1922, 992 kilómetros esta- ban localizados en las regiones típica- mente cafeteras, 313 kilómetros se orientaban…

p. 58
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públicas a partir de 1886." Capítulo 1 31 Vista panorámica de Bogotá en 1895. con las fábricas de Tívoli y Fenicia (envases de vidrio) en primer plano. El primer decenio de la Regeneración comportó una reactivación económica. bio y de la decadencia económica ge- neral que se había iniciado a mediados de los años…

p. 31
39La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1351 cita
[50]

m po a los colinos del tabaco. Fundan también en el cercano puerto de Ambalema una gran factoría, en la que se prepara el producto para la exportación (Díaz, 1889, II, cap. XX). Ya por el río corrían los primeros vapores de rueda traídos desde los Estados Unidos de América por Juan B. Elbers. Pero todo esto, en…

p. 135
40Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 251 cita
[51]

14,2 9,4 10,5 10,7 15,5 6,4 7,2 8,6 Fuente: co n base en V ictor B ulm er-T hom as, The Economic H istory o f Latin America since Independence, C am b ridge U n iversity Press, 1994, Tabla 3.5. algunas zonas de la costa tenían un gran potencial agrícola, pero no se explota ban con fines de exportación. Así pues, es…

p. 25
41Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3511 cita
[52]

El valor de las exporta ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda de la demanda…

p. 351
42Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 341 cita
[57]

our export goods at a disadvantage with respect to similar goods from other countries.” He pointed out that Mexico, Argentina, and Chile had entered a new era thanks chiefly to railroads that had helped bring both prosperity and peace. “For Colombia,” he concluded, “the moment has come to enter the main- stream unless…

p. 34
43Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 981 cita
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caso de que ninguno tenga ducha mayoría, el Congreso eje irá entre los que reúnan mayor má mero de votos= (articulo 75) Las fa- cultades del presidente se velan redu- cidas por el federalismo y la acción del Congresoy, básicamente, ye enca- minaban a las relaciones exteriones Constitución de 1886 El de noviembre de…

p. 98
44Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 35, 862 citas
[60]

for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…

p. 35
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emphatically for a return to the gold standard through amortization of one million paper pesos a year. Such a plan could be implemented, he insisted, by curtailing government expen- ditures, eliminating government contracts, expanding the amortiza- tion fund, and resuming payment on the foreign debt. These measures…

p. 86
45Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2751 cita
[61]

de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…

p. 275