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Biografía

Aquileo Parra

Estados Unidos de Colombia

1825–1900

16 min de lectura23 documentos
Nacimiento1825, Barichara, Santander
Fallecimiento1900
RolesComerciante · Escritor y traductor
Lugar principalColombia
Período históricoEstados Unidos de Colombia1863–1885
03

La biografía

Aquileo Parra Gómez (Barichara, 1825 — 1900) fue comerciante, escritor y político liberal, presidente de la República entre 1876 y 1878, y una de las figuras que mejor condensan el proyecto del Olimpo Radical: modernizador, laico, autodidacta, tejido a partes iguales por el mostrador y por la lectura. Su gobierno cargó sobre los hombros la última gran guerra civil ganada por el radicalismo —la de 1876-1877 contra las guerrillas conservadoras del Cauca y el Tolima— y esa victoria, paradójicamente, agotó el régimen: consumió el presupuesto, arrasó la infraestructura educativa que era la razón misma del proyecto liberal, y forzó medidas anticlericales tan drásticas —expulsión de cuatro obispos, destierros, arrestos de párrocos— que hicieron políticamente inevitable la reacción conciliadora de Julián Trujillo primero y, luego, la Regeneración de Rafael Núñez. Parra sobrevivió a su tiempo político y murió en 1900, después de haber intentado, ya viejo y en desventaja, reorganizar por la vía pacífica al partido que la Regeneración había arrinconado.

02

Línea de vida

  1. 1870

    Primer cultivo metódico de café en Líbano

    Leer contexto

    Bajo el liderazgo de Parra, a principios de la década de 1870 comenzó el primer cultivo metódico de café en Líbano (norte del Tolima), donde era reconocido como patrón espiritual y físico del municipio, impulsando su integración al comercio y a la modernización.

  2. 1874

    Artículo sobre el Ferrocarril de Paturia

    Leer contexto

    El 8 de junio de 1874 publicó en el Diario Oficial el artículo 'Ferrocarril de Paturia', evidenciando su participación activa en los debates sobre infraestructura ferroviaria para conectar el interior santandereano con el río Magdalena, proyecto que persiguió durante décadas.

  3. 1875

    Victoria electoral sobre Rafael Núñez

    Leer contexto

    En las elecciones de 1875 derrotó la candidatura presidencial de Rafael Núñez, quien contaba con el apoyo de los liberales independientes aliados con conservadores. La disputa profundizó la división interna del Partido Liberal entre radicales (parristas) e independientes (nuñistas), fractura que resultaría estructural.

  4. 1876

    Posesión como presidente de la República

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    Se posesionó como presidente el 1.º de abril de 1876, asumiendo el poder en un liberalismo ya escindido. A los tres meses estalló la guerra civil de 1876-1877, impulsada por la oposición conservadora y clerical a la reforma educativa laica radical.

  5. 1877

    Victoria en la guerra civil y medidas anticlericales

    Leer contexto

    El gobierno reunió un ejército de 25.000 hombres y venció a las guerrillas conservadoras en batallas como Los Chancos y Garrapata. El costo representó el 118% del presupuesto nacional. Como consecuencia, Parra expulsó del país a los obispos de Popayán, Pasto, Antioquia y Medellín, y los liberales santandereanos desterraron al obispo de Pamplona. Ese mismo año tradujo del alemán una obra sobre religión natural, firmando un prefacio de abierta heterodoxia filosófica.

  6. 1878

    Fin del gobierno y entrega del poder

    Leer contexto

    El 1.º de abril de 1878 entregó el poder al general Julián Trujillo Largacha, en cuya posesión Rafael Núñez pronunció la célebre frase sobre 'regeneración administrativa fundamental o catástrofe'. El gobierno siguiente levantó las sanciones contra los obispos expatriados por Parra y desmontó la ley anticlerical de 1877, iniciando el deslizamiento hacia la Regeneración.

  7. 1891

    Intento de reorganización del Partido Liberal

    Leer contexto

    Ya en la vejez y en desventaja política, Parra tomó la iniciativa en 1891 para reorganizar el Partido Liberal tras la derrota del radicalismo frente a la Regeneración, intentando por la vía pacífica reconstituir el partido que el régimen de Núñez y Caro había arrinconado.

El santandereano de mostrador y biblioteca

Parra nació en 1825 en Barichara, uno de esos pueblos altos del cañón del Suárez que en la primera mitad del siglo XIX vivían del tabaco, de la arriería y de un comercio de menudeo que subía y bajaba a Vélez, al Socorro y, con más esfuerzo, a Bogotá. De ese mundo —artesano, laborioso, dado a la disputa política menuda y a la lectura de folletos— venía el hombre que llegaría a la presidencia cincuenta años después. Fue comerciante antes que político; el negocio le dio la base material desde la cual accedió a los libros, a los viajes y a la red de conocidos que después reconoceríamos como el radicalismo santandereano.

Su perfil intelectual era heterodoxo para la Colombia de mediados de siglo. Pedía libros de fuera, los leía con atención y los discutía con sus amigos. En 1877 —en pleno gobierno— tradujo del alemán una obra sobre religión natural y firmó un prefacio cuya audacia se aprecia mejor cuando se recuerda quién la firmaba: sostenía que los viejos dogmas y las viejas tradiciones ya no bastaban a la sociedad moderna, que ni siquiera el cristianismo evangélico satisfacía las exigencias de la nueva era, y que el hombre moderno necesitaba una religión más acorde con la razón humana y el progreso científico. Un presidente en ejercicio, en un país en guerra civil por, entre otras cosas, la educación laica, publicando una traducción de teología racionalista alemana. Ese detalle, aparentemente lateral, es la firma de Parra: un liberalismo que era también, íntimamente, una postura ante el conocimiento y la fe.

Un contemporáneo lo llamó, en una semblanza de contrastes retóricos, "escéptico autor del Que sais-je" e "iniciador vidente del ferrocarril del norte". La primera etiqueta apunta a esa heterodoxia filosófica; la segunda, a un rasgo que a menudo queda tapado bajo la biografía política: Parra fue, ante todo, un hombre del progreso material entendido como caminos, rieles y colonización. Y la misma semblanza lo yuxtaponía, con una malicia que hoy se lee entre líneas, como "don Juan irresistible, robador de mujeres" y a la vez "jefe austero de un hogar cristiano". La imagen pública que dejó fue, ya en vida, la de una figura compleja, de aristas incómodas para la iconografía prócer.

El comerciante y el colonizador: Barichara, Líbano, el Magdalena

Antes de la política nacional está el Parra empresario, y ese Parra explica al político. Su vida material transcurrió entre dos geografías: la Santander de origen, con su red de pueblos comerciantes en la vertiente del Magdalena, y el norte del Tolima, donde fue figura central en la consolidación del municipio de Líbano. Se le describía como su "patrón espiritual y físico", una fórmula que dice mucho: no es exactamente el fundador, pero es el hombre alrededor del cual el pueblo se organiza, se piensa y se proyecta más allá de su condición de aldea aislada en la cordillera.

En Líbano, bajo su liderazgo, comenzó a principios de la década de 1870 el primer cultivo metódico de café. Es una fecha temprana y significativa: mientras el gran boom cafetero de la vertiente occidental de la cordillera Central es todavía un fenómeno de décadas posteriores, Parra ya impulsaba plantaciones sistemáticas en la zona. Lo hacía con la misma convicción con que traducía teología alemana: importando técnicas, buscando información, obligando al paisaje a integrarse al comercio internacional. En su modelo mental, colonización, comercio, ferrocarril y educación laica pertenecían al mismo programa; eran caras distintas de una misma modernización.

El otro frente material era el río. Parra publicó en el Diario Oficial del 8 de junio de 1874 un artículo titulado "Ferrocarril de Paturia", ocupándose ya entonces del proyecto ferroviario que buscaba conectar el interior santandereano con el Magdalena. El contrato original del ferrocarril del Norte se firmó el 23 de enero de 1875, en el ocaso del gobierno anterior al suyo; y bajo su presidencia, el 24 de septiembre de 1877, en pleno esfuerzo de reconstrucción tras la guerra civil, se firmó un nuevo contrato con Ross, Luis Bernal y el Ministerio, al amparo de la Ley 42 de ese año. La imagen del "iniciador vidente del ferrocarril del norte" no era retórica de admirador: Parra vio y persiguió durante décadas la conexión ferroviaria de Santander con el río, aunque no llegaría a verla completa.

Radical entre radicales: la elección de 1875

En el liberalismo colombiano de los años 1870, Parra pertenecía al núcleo duro del radicalismo: el sector que había construido, desde 1863 y la Constitución de Rionegro, un Estado federal, laico, anticlerical en lo educativo, ideológicamente alimentado por Bentham, Bastiat y Say —el utilitarismo se enseñaba en las escuelas de derecho como doctrina rectora—, y compuesto sobre todo por políticos, maestros y periodistas, con fortunas modestas o negocios comerciales medianos. Parra encajaba en ese perfil casi exactamente: comerciante-político, no gran hacendado; hombre de libros, no de latifundio.

La elección presidencial de 1875 fue el momento en que esa identidad radical se puso a prueba contra un adversario que venía de dentro del propio partido. Rafael Núñez, cartagenero, ex ministro, ex diplomático, con doce años de ausencia relativa de la lucha política colombiana, se postuló apoyado por los liberales llamados "independientes", una facción que empezaba a hacer causa común con miembros del Partido Conservador. Los radicales desconfiaban de Núñez por dos razones principales: la lejanía de esos años fuera del escenario doméstico y las concesiones que anticipaban a los conservadores y a la Iglesia. Escogieron a Parra como su candidato.

Parra ganó. Derrotó a Núñez en 1875 y se posesionó como presidente el 1º de abril de 1876. Pero la victoria fue engañosa: la disputa dejó al liberalismo escindido entre parristas —radicales— y nuñistas —independientes—, y esa fractura, más que un episodio electoral, resultó una fisura estructural. Los conservadores lo entendieron rápidamente: la división del enemigo era, para ellos, una oportunidad estratégica de retorno al poder. La escisión se consolidaría después de la guerra de 1876-1877 y sería definitiva hacia 1880. Cuando Parra tomó posesión, en abril de 1876, cargaba ya con esa grieta.

Los once meses: la guerra de 1876-1877

A tres meses de iniciado el gobierno, estalló la guerra. Fue una guerra civil concebida, en buena parte, desde el conservatismo y su base clerical, en reacción contra la reforma educativa laica que los radicales venían empujando desde 1870 —el decreto orgánico de instrucción pública, la enseñanza gratuita, el desplazamiento de la Iglesia como matriz pedagógica—; y aprovechó, con oportunismo político, la debilidad interna del liberalismo entre parristas y nuñistas. Duró once meses. Se libró principalmente en los estados del Cauca y el Tolima, aunque las guerrillas conservadoras surgieron en casi todos los estados del país.

El gobierno reunió un ejército de la Unión de aproximadamente 25.000 hombres. Fue una movilización enorme para las capacidades fiscales colombianas de entonces, y su costo lo diría el propio Secretario del Tesoro en 1878, con una cifra que sigue siendo el mejor argumento contra cualquier lectura triunfalista de esa guerra: el conflicto había representado el 118% del presupuesto nacional aprobado para el período. Es decir: el gobierno gastó, solo en la guerra, más de lo que su presupuesto entero preveía. Un régimen fundado en la austeridad utilitarista y en la reducción del gasto público terminó devorado, en año y medio, por el costo militar de su propia supervivencia.

Militarmente, en cambio, la victoria fue clara. Entre las batallas decisivas figuran Los Chancos y Garrapata, donde las huestes conservadoras de Antioquia fueron derrotadas al intentar penetrar en el Cauca cruzando la cordillera Central. Al final de la contienda, el gobierno liberal salió indiscutiblemente vencedor en el campo. Pero la victoria trajo consigo, casi como un reflejo, la escalada del componente anticlerical del régimen. En 1877, los liberales santandereanos promulgaron legislación anticlerical que llevó al destierro del obispo de Pamplona y al arresto de párrocos desafectos. El gobierno de Parra, en el plano nacional, expulsó del país a los obispos de Popayán, Pasto, Antioquia y Medellín. Ese año, el Congreso aprobó además una ley sancionando la intervención política de la Iglesia. Todo eso se hizo en nombre de la defensa del Estado laico frente al alzamiento clerical-conservador; todo eso, tomado en conjunto, configuraba una imagen del régimen que sería, en la retórica regeneracionista posterior, imposible de defender.

El daño a la educación —la joya del proyecto radical— fue especialmente doloroso. La guerra suspendió clases, destruyó libros de texto, convirtió aulas en cuarteles. La reforma que había motivado la reacción conservadora quedó, tras la guerra, materialmente arruinada. Ganaron los liberales; perdió la escuela pública laica que era su bandera.

Parra, mientras tanto, sufría físicamente. Su salud lo obligó a apartarse temporalmente del cargo en dos ocasiones, siendo sustituido por el general Sergio Camargo Pinzón y por Salvador Camacho Roldán. No fue un presidente pleno todo el tiempo; llevó el peso del gobierno con intermitencias, en un país agotado, con las arcas vacías y con la Iglesia herida.

La transición y el desmoronamiento: 1878-1880

El 1º de abril de 1878 tomó posesión el general Julián Trujillo Largacha como presidente. En el acto —y esa frase se volvería una de las más citadas de la historia política colombiana— Rafael Núñez, presidente del Senado de Plenipotenciarios, pronunció aquella advertencia que quedó grabada en el Diario Oficial de ese día: "hemos llegado a un punto en que estamos confrontando este preciso dilema: regeneración administrativa fundamental o catástrofe". La palabra regeneración entraba, con esa frase, en el léxico político nacional. Y entraba, no por casualidad, en el acto de entrega del poder por parte del gobierno de Parra.

El gobierno de Trujillo (1878-1880), aunque nominalmente liberal, llegó con un programa de conciliación y contrarreformas. Levantó las sanciones contra los obispos expatriados por Parra —los de Popayán, Pasto, Antioquia y Medellín volvieron al país— y eliminó la ley del Congreso de 1877 que castigaba la intervención política de la Iglesia. Fue una reversión discreta, pero significativa: en cuestión de meses, el gobierno liberal siguiente al de Parra desmontaba los pilares confesionales de su política. Trujillo estaba preparando el terreno, aunque no lo supiera del todo, para el retorno definitivo de Núñez.

Ese retorno llegó en 1880. Núñez fue elegido presidente por primera vez, iniciando el primer gobierno de la Regeneración (1880-1882). Ese mismo año murió Manuel Murillo Toro, líder histórico del radicalismo y probablemente la única figura capaz de haber sostenido la cohesión del sector; su muerte, coincidente con la elección de Núñez, selló la suerte del régimen radical. Varios liberales prominentes —José María Samper, Camacho Roldán, entre otros— habían empezado ya a incorporarse al conservatismo o a arreglos con los adversarios ideológicos, debilitando por dentro lo que la Regeneración iría a rematar por fuera.

Aquí conviene detenerse en una tensión que suele resolverse en falso. Se dice a veces que fue la guerra de 1876-1877 la que hundió al radicalismo. La lectura es más matizada. La guerra hirió al régimen en su capacidad fiscal, en su educación pública y en su relación con la Iglesia; radicalizó su perfil anticlerical y le entregó, en bandeja, un discurso a la Regeneración. Pero la fractura política que hizo posible el triunfo de Núñez —la división entre parristas y nuñistas— era anterior a la guerra: se había consolidado ya en 1875. Ningún triunfo militar podía traducirse en hegemonía política duradera cuando el propio partido llevaba, desde antes del primer disparo, dos cabezas. El régimen radical no fue derrotado en un campo de batalla; se agotó por dentro, y la guerra fue el acelerador. La presidencia de Parra reúne las dos ruinas simultáneamente: la victoria militar que consumió los recursos y la escisión partidista que impidió capitalizarla.

Parra frente a la Regeneración: la última tarea

El período liberal que había dominado desde 1850, con breves interregnos, entró en crisis en 1876 y se derrumbó por completo con la guerra civil de 1885, tras la cual la Regeneración —conservadores y liberales independientes— estableció un Estado centralizado en lo político, lo administrativo y lo económico, formó un ejército nacional y restableció relaciones armónicas con la Iglesia. La Constitución de 1886 selló ese orden. El radicalismo que Parra había encarnado quedaba, en apenas una década, fuera del poder y, cada vez más, fuera del debate público legítimo. El período 1886-1903 ha sido descrito con razón como uno de los de mayor intransigencia y represión de la historia colombiana, con censura de prensa y marginación de las figuras ilustradas y librepensadoras que habían protagonizado el ciclo anterior.

Parra no se retiró. En 1891, ya viejo, tomó la iniciativa de reorganizar el Partido Liberal, un gesto que en el contexto represivo de la Regeneración era, en sí mismo, un acto político de considerable riesgo. En septiembre de 1892, delegados liberales de distintas partes del país se reunieron en Bogotá y nombraron director del partido a Santiago Pérez Manosalbas, otra figura de la vieja guardia radical. Era el primer esfuerzo serio de rearticulación institucional del liberalismo bajo la Regeneración, y contaba con Parra como uno de sus impulsores centrales.

Esa reorganización enfrentaba, sin embargo, una división estratégica interna que Parra encarnó de manera involuntaria. Dentro del liberalismo excluido crecía una corriente —encabezada por Rafael Uribe Uribe, entre otros— que consideraba que solo la vía armada podía devolverles el poder. Otros, asociados a Parra, mantenían correspondencia con liberales de provincia, sostenían la reorganización paso a paso, y desconfiaban de la aventura militar. Un corresponsal del propio Parra acusó al liderazgo liberal de estar rodeado de "grandes caballeros afectados" que planeaban una "guerra científica con victoria matemáticamente asegurada de antemano", exigiendo un nivel de preparación —de armas, de logística, de coordinación política— muy superior a las capacidades reales del partido. La disputa entre los que querían tomar el fusil ya y los que preferían fortalecer primero la organización marcaría al liberalismo hasta el estallido de la Guerra de los Mil Días en 1899. Parra no vería su desenlace: murió en 1900, cuando esa guerra —la que finalmente sí se hizo— ya rugía por todo el país.

Es un final que dice mucho de él. El radical convencido, el hombre que había firmado destierros de obispos y traducido teología alemana en pleno gobierno, terminó su vida política defendiendo la reorganización pacífica de un partido derrotado, criticado por sectores más jóvenes que preferían la vía armada. El verdadero epitafio del radicalismo no lo escribió la guerra de 1876-1877, sino la incapacidad del liberalismo, en las décadas siguientes, para acordar una estrategia común de resistencia a la Regeneración. Y Parra personificó, hasta el último año, esa tensión no resuelta.

La red y las ideas

Nombrar a Parra sin nombrar su red sería falsificar la escala del personaje. Estuvo, durante décadas, en contacto o en disputa con casi toda la primera línea del liberalismo colombiano: Manuel Murillo Toro, jefe intelectual del radicalismo, cuya muerte en 1880 marcó simbólicamente el fin del ciclo; Santiago Pérez, que asumiría la dirección del partido en 1892 en la reorganización que Parra impulsó; Julián Trujillo, su sucesor inmediato, cuyo gobierno desmontó buena parte de la legislación anticlerical de 1877; Salvador Camacho Roldán y el general Sergio Camargo Pinzón, que lo sustituyeron en la presidencia durante sus ausencias por salud; Tomás Cipriano de Mosquera, la figura tutelar del liberalismo militar de la generación anterior; y, del otro lado, Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, los arquitectos de la Regeneración, contra cuya obra Parra combatió los últimos veinte años de su vida.

Las ideas de ese mundo venían de un pequeño canon europeo compartido: Bentham como fundamento utilitarista, Bastiat como economista del laissez-faire, Say como referencia clásica. Se enseñaban en las escuelas de derecho y se recitaban en la prensa liberal como catecismo. Pero Parra añadía a ese estándar radical algo propio: una lectura personal, más amplia y menos ortodoxa, que incluía la teología racionalista alemana y la crítica religiosa moderna. Es en ese margen —el prefacio de 1877, los libros pedidos al exterior, las conversaciones con sus amigos— donde aparece el rasgo que lo diferencia de otros radicales más doctrinarios: la conciencia de que el liberalismo colombiano no era solamente un programa institucional, sino también una manera de habitar el mundo, la razón y la fe.

Huella y memoria

En la historiografía colombiana, Parra ha sido una figura recordada más como pieza del engranaje del Olimpo Radical que como personalidad autónoma. Su nombre aparece, casi siempre, ligado a tres coordenadas: la elección de 1875, la guerra de 1876-1877, y la reorganización liberal de 1891-1892. Es una economía de referencias que subestima al personaje. El Parra empresarial —Barichara, Líbano, el café metódico, el ferrocarril del Norte—, el Parra intelectual —el traductor del alemán, el lector escéptico, el prefaciador racionalista— y el Parra viejo —el que insistía en la reorganización pacífica cuando otros ya afilaban el fusil— completan un retrato más rico.

Un diario personal de una mujer de Suaita, en Santander, registró la muerte de las grandes figuras nacionales de su tiempo —Rafael Núñez, Carlos Holguín, Aquileo Parra— y describió a este último con una fórmula sencilla y elocuente: "un patriota notable, fue Presidente de la República de Colombia". Esa manera de recordarlo desde la provincia santandereana, sobria y afectuosa, dice algo esencial: Parra era, para la gente que compartía su geografía y su clase, uno de los suyos que había llegado alto. No un caudillo militar, no un tribuno espectacular, no un intelectual de salón bogotano, sino un comerciante lector convertido en presidente. Un hombre del comercio y la letra, más que de la espada.

Su presidencia dejó una lección incómoda para toda la tradición reformista colombiana: se pueden ganar las guerras y perder los regímenes. El ejército de la Unión venció en Los Chancos y Garrapata; el proyecto radical, sin embargo, no sobrevivió a esa victoria. La política, cuando el partido está fracturado y las arcas están rotas, no premia al vencedor militar; abre la puerta al que ofrece paz, orden y reconciliación, aunque esa oferta implique desmontar lo ganado. Núñez lo entendió; Trujillo lo ejecutó; Parra lo vivió como derrota.

Queda, finalmente, la línea larga del liberalismo colombiano, que tras la Regeneración y la Guerra de los Mil Días recuperaría poder solo hasta 1930. Cuando esa recuperación llegó, ya casi ningún radical de la generación de Parra vivía para verla. La reorganización que él había empujado en 1891 fue el primer eslabón, remoto pero real, de esa continuidad. Y en Líbano, en Barichara, en los pueblos santandereanos de la vertiente del Suárez, quedó el otro Parra —el comerciante, el patrón espiritual, el que introdujo el café metódico, el que insistió en el ferrocarril del Norte— cuya huella material sobrevivió con más discreción, pero también con más éxito, que su huella política.

En un país donde el liberalismo del siglo XIX se recuerda a menudo por sus grandes figuras plásticas —Mosquera, Núñez, Murillo, Uribe Uribe—, Parra ocupa un lugar más gris y, por eso mismo, más útil: el del hombre que encarnó las virtudes y las contradicciones del radicalismo sin la coartada del carisma. Su vida, del mostrador de Barichara al palacio de San Carlos y de allí a la resistencia paciente contra la Regeneración, es la biografía en pequeño del ciclo entero.

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Relacionadaspor co-ocurrencia
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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

23 documentos · 31 fragmentos
01El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 4551 cita
[1]

los créditos de la deuda exterior y en la reducción del tipo de interés de los bancos. La escuela primaria su- frió también en esta revolución profundas heridas, todavía no curadas por entero. Frente a las guerrillas conservado- ras surgidas en casi todos los estados, el Gobierno de la Unión juntó un ejército de 25.…

p. 455
02When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Páginas 57, 3596 citas
[2]

a tenacity that made him the spiritual as well as physical patron of Libano. Under his leadership, the first methodical cultivation of coffee began in the early 1870s, and he inspired those around him to make the town something more than a mountainous backwater. Among his many admirable traits, PaITa had a deep, if…

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[3]

a tenacity that made him the spiritual as well as physical patron of Libano. Under his leadership, the first methodical cultivation of coffee began in the early 1870s, and he inspired those around him to make the town something more than a mountainous backwater. Among his many admirable traits, PaITa had a deep, if…

p. 57
[4]

a tenacity that made him the spiritual as well as physical patron of Libano. Under his leadership, the first methodical cultivation of coffee began in the early 1870s, and he inspired those around him to make the town something more than a mountainous backwater. Among his many admirable traits, PaITa had a deep, if…

p. 57
[7]

organizations, 68, 77-81, 83, 105, 107-08, 129, 238. See also Confederacion de Trabajadores Colombianos (CTC), Union de Trabajadores Colombianos (UTC) La Dorada Railroad, 68 Lagunilla River, 121 uLa Laja" (hacienda), 80 Lame, Quintin, 68, 75-76, 129, 295 (n. 7) Land invasions, 77-81. See also Squatters Land refonn.…

p. 359
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organizations, 68, 77-81, 83, 105, 107-08, 129, 238. See also Confederacion de Trabajadores Colombianos (CTC), Union de Trabajadores Colombianos (UTC) La Dorada Railroad, 68 Lagunilla River, 121 uLa Laja" (hacienda), 80 Lame, Quintin, 68, 75-76, 129, 295 (n. 7) Land invasions, 77-81. See also Squatters Land refonn.…

p. 359
[9]

organizations, 68, 77-81, 83, 105, 107-08, 129, 238. See also Confederacion de Trabajadores Colombianos (CTC), Union de Trabajadores Colombianos (UTC) La Dorada Railroad, 68 Lagunilla River, 121 uLa Laja" (hacienda), 80 Lame, Quintin, 68, 75-76, 129, 295 (n. 7) Land invasions, 77-81. See also Squatters Land refonn.…

p. 359
03Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 1331 cita
[5]

servicio público; al escéptico au- tor del 'Que sais je', el iniciador vidente del ferrocarril del norte; al don Juan irresistible, robador de mujeres, el jefe austero de un hogar cristiano". Parra se posesionó el lo. de abril de 1876 y a los tres meses le tocaría hacer frente a una sangrienta guerra civil concebida…

p. 133
04Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 3321 cita
[6]

los jefes liberales «Doctores Felipe y Santiago Pérez, el doctor N. Roblez, el macho Álvarez y otros muchos». Dio cuenta cuando murieron grandes figuras de la política nacional: Rafael Núñez, Carlos Holguín, Aquileo Parra —ese úl- timo «un patriota notable, fue Presidente de la República de Colombia»—. Quedó…

p. 332
05Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · Página 631 cita
[10]

del ferrocarril del Nor- te, propietaria de estos derechos, en la que se pedía la verificación de su liquidación para poder perfeccionar el contrato 94 • La compañía le manifestó al Ministerio su intención de liqui- darse en cuanto se iniciara la construcción de la nueva línea y a partir de ese momento se entendería…

p. 63
06Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Páginas 63, 1102 citas
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power, with the blessing of the state, "to impose onerous conditions on their debtors." Caro believed that behind the demand for free stipulation lay the desire to dismantle the entire re- gime of paper money that the Regeneration had constructed. Oppo- nents of paper money proceeded from the false assumption that…

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four mil- lion peso loan in exchange for a promised ban of future emissions of paper money.P' Uribe Uribe himself appreciated the kind of man favorable to his prowar position. In a remarkably candid circular he advised his supporters on the criteria for choosing men to represent the party at a proposed national…

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07Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 41, 442 citas
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una actitud ha- cia el culto que no sería de «indiferen- cia absoluta». A la desconfianza de los radicales hacia Núñez, por sus eventuales con- cesiones al conservatismo, se sumaban otros motivos de suspicacia: ¿De dón- de salía Núñez, que había estado fuera de la lucha durante doce años, con el derecho a quitar el…

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algunos tenían fortunas independientes, más bien modestas, y cuidaban alguna ha- cienda o un negocio comercial, la ma- yoría de los dirigentes radicales se ha- bía dedicado ante todo al mundo de la política y de la ideología. Cuando no ocupaban un cargo público, un minis- terio o la presidencia, la enseñanza y el…

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08Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Páginas 308, 3202 citas
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so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

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tenuous con- sensus agreements struck by national government authorities and state officials were strained to the breaking point. Ultimately, the success of a secular national education system would prove to be partly responsible for its unraveling. Conser- vative Party members began to fear how the new cadre of…

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09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 681 cita
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la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

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10Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · Página 1511 cita
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period show a decline in enrolments, and the central governments neglected public education almost totally to the point that, in some years, it included no item for education in the na- tional budget. 8 The education reform of President Eustorgio Sal gar proposed compulsory elementary schooling, neutrality in…

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11Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 921 cita
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this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…

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12Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1241 cita
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ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

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13Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 531 cita
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ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…

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14Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2671 cita
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t é rmino a su ambicioso intento de reforma educativa. El gobierno del general Juli á n Trujillo (1878-1880), lleg ó al poder con pro mesas de conciliaci ó n y contrarreformas. En efecto, levant ó las sanciones contra los obispos de Popay á n, Pasto, Antioquia y Me- dell í n, que hab í an sido expulsados del pa í s…

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15La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1461 cita
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decir que triunfen los principios subversores de la sociedad. Por el contrario, ya para enton - ces corría una fuerte tendencia dentro del liberalismo -espe - cialmente el aburguesado- para hacer arreglos con los opo - sitores ideológicos, siendo uno de los más visibles capitanes de este movimiento don José María…

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16Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 101 cita
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el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

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17Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1141 cita
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central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

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18Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1501 cita
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social y pol í tico e ilusionaron a las masas urbanas con una “ ciudadan í a ” irresponsable, con el sue ñ o de la igualdad civil y pol í tica de todos, con la utop í a de un Estado que distribuyera beneficios a los pobres y de una sociedad sin ricos, y hab í an convertido a los esclavos y a sus descendientes…

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19El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1261 cita
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perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

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20Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1921 cita
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libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

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21Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1211 cita
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Radical José María Rojas Garrido, al prociamar la unión liberal y lanzar la candidatura presidencial de Francisco Javier Zaldúa, en abril de 1881: «El partido conservador es el cancer de la República y es preciso extirparlo Ll I-fingnmas unjurmmento solemne: antes que permitir el triunfo conser vador, que no quede…

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22Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1151 cita
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no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

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23Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 4441 cita
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desempeñó alguno de estos destinos, se 1 3 Parra muere a los 63 años, en agosto 1865. Debe haber nacido en 1801 o 1802. [366] consagró al cumplimiento de su deber con la honradez i religiosidad propias de su sana conciencia. I como tales destinos que no se recompensaban eran una carga bien pesada en realidad, siempre…

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