Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Idea · Estados Unidos de Colombia

Civilización-barbarie

Antinomia ideológica que ordenó el pensamiento político y social colombiano del siglo XIX, operando como instrumento de las élites liberales —y luego conservadoras— para jerarquizar regiones, razas y poblaciones, legitimar reformas modernizantes y justificar la tutela estatal sobre las fronteras interiores de la república.

3.780 palabras43 documentos53 fragmentos citados
Civilización-barbarie

Trayectoria de una idea

  1. 1845

    Publicación del Facundo de Sarmiento

  2. 1850

    Creación de la Comisión Corográfica

  3. 1861

    Ensayo de Samper: programa civilizatorio para la nación

  4. 1863

    Constitución de Rionegro y el doble régimen territorial

  5. 1868

    Sistema de territorios nacionales y sus límites

  6. 1885

    Derrumbe del régimen liberal y apropiación conservadora del concepto

  7. 1886

    Constitución de 1886 y reducción de estados a departamentos

  8. 1887

    Concordato y delegación misional de la tarea civilizadora

  9. 1890

    Ley 89 de 1890: gobierno de los 'salvajes'

03

La lectura

La antinomia civilización-barbarie no fue en Colombia un préstamo intelectual pasivo de Sarmiento ni un adorno retórico de salón: fue el operador con que las élites liberales —y después las conservadoras— tomaron decisiones concretas sobre territorios, poblaciones y recursos. Su potencia residía en su ambigüedad productiva: permitía hablar simultáneamente de geografía, raza, economía y moral sin que ninguno de esos registros se cerrara del todo. Los radicales la usaron para fundar un doble régimen territorial que combinaba soberanía plena para los estados 'civilizados' con tutela imperial sobre las fronteras 'bárbaras'; los conservadores de la Regeneración la invirtieron para acusar a los propios liberales de haber sumido al país en el desorden. En ambos casos, el concepto funcionó como una jerarquía racial encubierta bajo lenguaje de progreso: los grupos más cercanos al polo 'civilizado' coincidían invariablemente con los blancos y mestizos urbanos, mientras negros del Pacífico, indígenas amazónicos y mestizos rurales del campo caliente ocupaban el extremo opuesto. Su legado más duradero no fue ninguna obra de infraestructura ni ninguna reforma educativa, sino la gramática con que Colombia aprendió a describirse a sí misma: un país partido entre un centro moderno y unas periferias que siempre están a punto de ser civilizadas.

Civilización y barbarie

Entre 1863 y 1886, mientras Colombia se llamaba oficialmente Estados Unidos de Colombia, un par de palabras hacía trabajo pesado en discursos parlamentarios, prólogos de libros, mapas oficiales, sentencias judiciales y órdenes militares: civilización y barbarie. No era adorno retórico ni importación literaria. Era el operador con el que las élites liberales —y después las conservadoras— decidían qué regiones del país merecían ferrocarril y cuáles misión, qué poblaciones eran ciudadanas y cuáles pupilos, qué guerras civiles eran cruzadas y cuáles motines. La dicotomía ordenaba la geografía, jerarquizaba las razas y legitimaba el uso de la fuerza. Cuando la Regeneración la volteó contra sus propios inventores hacia 1886, quedó demostrado que el par no era propiedad de un partido sino la gramática compartida del poder republicano en el siglo XIX colombiano.

La antinomia y su lugar en el pensamiento liberal

El binomio venía del pensamiento hispanoamericano de mediados del siglo XIX, cuya expresión más célebre fue el Facundo que Domingo Faustino Sarmiento publicó en Chile en 1845. Sarmiento había construido allí un dualismo tajante: de un lado la ciudad, asociada con la cultura europea, la educación y las relaciones productivas; del otro el campo, terreno de la brutalidad, la desorganización y la pereza. La guerra argentina, escribía, había sido doble: primero de las ciudades iniciadas en la cultura europea contra los españoles; después, de los caudillos rurales contra las ciudades, para librarse de toda sujeción civil y desatar su odio contra la civilización. Facundo Quiroga, el caudillo riojano, era para él a la vez condenable y fascinante: "el personaje histórico más singular" de Argentina, expresión fiel del pueblo del que había salido.

Ese vocabulario cruzó el continente. En Colombia lo adoptó una generación de letrados que, tras la reforma de mediados de siglo, se sentían fundadores de una república moderna: José María Samper, Manuel Ancízar, Salvador Camacho Roldán, Manuel Murillo Toro, Florentino González, Aníbal Galindo, José María Rojas Garrido, José Hilario López. Se les conoce como los radicales del siglo XIX, y su horizonte era sencillo de enunciar y difícil de realizar: pasar de la barbarie a la civilización mediante infraestructura —caminos, ferrocarriles, vapores por el Magdalena—, espíritu empresarial e instrucción pública. Sin esos tres factores, sostenían, ninguna nación podía cruzar el umbral.

La filiación del par en Colombia no fue estrictamente positivista, aunque se ha querido leer así retrospectivamente. Era más bien romántico-liberal, permeada por el humboldtianismo científico y por el catolicismo cultural que ninguna de las dos alas del liberalismo terminó de desmontar. Buena parte de la fuerza del concepto vino, precisamente, de que liberales y conservadores compartían el vocabulario —civilizados unos, bárbaros los otros—, aunque discreparan violentamente sobre qué significaba civilizar y quién debía hacerlo.

Samper, Ancízar y la escritura de la nación

En 1861, José María Samper publicó en París su Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las repúblicas colombianas. Es una obra bisagra: réplica a los juicios pesimistas de observadores europeos sobre el porvenir americano y, al mismo tiempo, programa de acción para las generaciones futuras del continente. El libro inauguró un ciclo del pensamiento colombiano dedicado a examinar el destino nacional y el legado de España, y su método comparativo fue adoptado después por casi todos los escritores que se ocuparon del pensamiento social colombiano en la segunda mitad del siglo. Samper describía tipos regionales —el neivano trabajador en el calor del Alto Magdalena, el cachaco bogotano pudiente al que atribuía "sal andaluza combinada con cierta nobleza mental castellana"— y los articulaba con condiciones geográficas y económicas específicas. El apéndice del Ensayo incluía además una orografía de la Confederación Granadina: la nación como territorio inventariado y como carácter descrito.

Manuel Ancízar había hecho algo comparable una década antes, desde adentro del Estado. Su Peregrinación de Alpha, escrita como cronista y secretario de la Comisión Corográfica en los primeros años cincuenta, combinaba el inventario de recursos naturales con una prosa literaria y sensorial que otorgaba al paisaje una carga estética y a la geografía un destino económico. Ancízar recorría las provincias del norte, describía yacimientos, suelos, gentes; convertía la ciencia territorial en argumento moral sobre el progreso posible. No era propaganda; era algo más denso: la construcción de una imagen del país como conjunto ordenable, con regiones jerarquizadas según su distancia respecto al ideal civilizador.

A esa red se sumaron Salvador Camacho Roldán, con sus escritos económicos y de costumbres, y Miguel Samper, el hermano de José María, cuyo La miseria en Bogotá —posterior al período radical estricto, pero deudor de esa matriz— llevó el diagnóstico civilizatorio al corazón mismo de la capital. Entre todos ellos, el par civilización-barbarie dejó de ser una frase prestada de Sarmiento y se convirtió en una lente de trabajo: el instrumento con que se leía el país para gobernarlo.

La Comisión Corográfica como mirada estatal

Antes de la constitución de Rionegro y del régimen federal radical, la Nueva Granada de José Hilario López creó por Ley 29 de 1849 la Comisión Corográfica. El italiano Agustín Codazzi la dirigió; participaron en distintos momentos Ancízar, el pintor venezolano Carmelo Fernández, Manuel María Paz, Santiago Pérez. Operó entre 1850 y 1859. Fue el primer intento científico-institucional de alcance global que hizo el Estado colombiano: la primera vez que se asumía como responsabilidad pública el financiamiento sostenido de una empresa de conocimiento territorial. Los mandatarios posteriores a la disolución de la Gran Colombia habían sentido con urgencia la necesidad de conocer las realidades del país, y la Comisión fue la respuesta más ambiciosa a esa necesidad.

Su producto fue una cartografía y una etnografía visual del país: mapas provinciales, láminas de tipos humanos, descripciones de sistemas productivos, inventarios de flora y fauna. La Comisión adoptó la idea humboldtiana de unidad dentro de la multiplicidad y produjo así una diferenciación regional articulada por climas y medios físicos —sabanas, montañas, costas, llanos— con sus poblaciones asociadas y sus actividades productivas correspondientes. El neivano, el antioqueño, el chocoano, el pastuso, el llanero, aparecían no como sujetos individuales sino como tipos regionales inscritos en paisajes específicos.

Hay un detalle técnico que dice mucho sobre la mirada. La Comisión eligió la acuarela y no la fotografía como medio principal de ilustración, pese a que la empresa se pensaba a sí misma como científica y algunos de sus artistas conocían el nuevo medio. La elección no era inocente: la acuarela permitía componer, ordenar, embellecer; producía un país legible y armónico allí donde la fotografía habría mostrado desorden, pobreza y contradicción.

Santiago Pérez, futuro presidente radical, publicó en 1853 sus Apuntes de Viaje en El Neogranadino y en El Tiempo de Bogotá. Recorrió el Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto poco después de la abolición de la esclavitud, decretada en 1851. Registró la pobreza de los negros libertos, su carencia de educación, el desinterés de los blancos hacia ellos; a esas constataciones sumaba valoraciones sobre su condición moral que participaban plenamente del discurso civilizatorio de su generación. La Comisión Corográfica, inscrita cronológicamente entre la abolición y la Constitución radical, ofreció así el primer inventario oficial de la situación posesclavista del país, atravesado por la mirada jerárquica de sus autores.

El binomio como jerarquía racial

Aquí conviene ser preciso, porque la retórica igualitaria del liberalismo radical convive en las mismas páginas con imágenes despreciativas de los grupos populares. Las élites católico-liberales colombianas del siglo XIX describían a negros, mulatos e indígenas con desprecio simultáneo hacia el fenotipo, las costumbres y el estilo de vida. La antinomia civilización-barbarie funcionaba como un tamiz racial: los grupos que la Comisión Corográfica y los ensayistas leían como más cercanos a la civilización coincidían con los blancos y mestizos urbanos; los más lejanos, con los negros del Pacífico, los indígenas de las tierras bajas y los mestizos rurales del campo caliente.

Sobre los indígenas, el discurso tenía dos capas. La primera era arqueológica: los notables nacionales estudiaban los vestigios de las "bárbaras parcialidades" del pasado prehispánico para exhibir erudición ante pares europeos, pero la nación republicana no se identificaba con esa herencia. Los indígenas contemporáneos eran otra cosa: sujetos vivos que había que gobernar. Los liberales tendían a un discurso filantrópico que en la práctica coexistía con el despojo; los conservadores, como José Manuel Groot, los caracterizaban con términos como "imbecilidad", "terquedad" y propensión a la embriaguez, y llegaban por esa vía a conclusiones distintas sobre su tratamiento tutelar. La conseja de que "el indio es perezoso" —fabricada y sostenida por latifundistas para justificar la disolución de los resguardos y forzar a los indígenas a vender su fuerza de trabajo en las haciendas a salarios reducidos— circulaba en ambos partidos.

Sobre los negros del Chocó y el Pacífico operaba una lógica adicional: la asociación entre clima tropical y degradación racial. En la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, los letrados colombianos construyeron una correlación entre trópico y efectos nocivos sobre las razas humanas, considerando el trópico prácticamente inhabitable y asociando sus condiciones con características negativas en sus pobladores. Esa lectura pesaba especialmente sobre las regiones de mayoría negra, y prefiguraba el debate sobre la "declinación racial" que articularían en el siglo XX intelectuales como Miguel Jiménez López.

Los viajeros extranjeros que recorrieron el país en el período reforzaron esas imágenes. Representaban a los indígenas urbanos como una masa anónima y silenciosa, diferenciada visualmente de la población blanca y mestiza a la que dedicaban su atención. La ideología racial, en todo caso, no se traducía en exclusión política formal: entre 1850 y 1950 hubo generales, congresistas, gobernadores y ministros negros en Colombia, aunque la sociedad civil practicaba discriminaciones severas —clubes cerrados, colegios elegantes reservados, matrimonios interraciales socialmente sancionados—. La etiqueta racial regulaba las distinciones público-privadas con una precisión aparentemente contradictoria, pero coherente con la manera en que el binomio civilización-barbarie operaba: en el nivel del Estado, todos los ciudadanos; en el nivel de la sociedad, jerarquías fenotípicas y de costumbres.

La federación radical y sus fronteras interiores

La Constitución de Rionegro de 1863 estableció los Estados Unidos de Colombia: nueve estados soberanos, un gobierno central débil, garantías individuales enfáticas, libertades de prensa, culto y comercio, separación entre Iglesia y Estado. Fue el momento de máximo despliegue del proyecto radical. Pero la federación tenía un doble régimen territorial que el discurso civilizatorio hizo posible.

De un lado, los nueve estados —Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander, Tolima— con soberanía plena. Del otro, un archipiélago de territorios nacionales bajo administración directa del gobierno central: los Llanos de San Martín y Casanare, La Guajira, el Caquetá, la Sierra Nevada, el Chocó bajo, el Vichada, el sur amazónico. Este segundo régimen se sistematizó hacia 1868 como sistema de territorios nacionales, criticado ya en su época como "una imitación ciega y mal concebida" del modelo territorial estadounidense, con resultados decepcionantes porque los mandatarios habían sobreestimado la riqueza de las regiones remotas. Un crítico contemporáneo señaló que el déficit federal del período era aproximadamente igual a la suma gastada en los territorios nacionales entre 1868 y 1881, con resultados de colonización considerados pobres en relación con la inversión.

¿Qué justificaba jurídicamente ese doble régimen? Precisamente el par civilización-barbarie. Los estados eran territorios de ciudadanos plenos, capaces de autogobierno; los territorios nacionales eran zonas de población "salvaje" —indígenas amazónicos, wayúu de La Guajira, guahibos y sálivas del Casanare, poblaciones dispersas del Chocó— que requerían tutela directa del centro. La federación radical, tan enfática en sus soberanías, mantenía en su interior un imperio administrativo sobre las fronteras que no habría desentonado en cualquier proyecto colonial contemporáneo.

En esas fronteras el Estado radical ensayó tres estrategias: la colonización dirigida —siempre insuficiente—, la exploración científica en la estela de la Comisión Corográfica, y, cada vez con más peso, la delegación de facto en órdenes religiosas que habían regresado al país. Los radicales anticlericales terminaron necesitando misioneros porque no tenían con qué reemplazarlos: en la selva y el llano, la civilización que enunciaban solo podía llegar con sotana.

Las guerras del período y el lenguaje de la civilización

Los Estados Unidos de Colombia vivieron tres guerras civiles mayores: 1876-1877, 1884-1885 —esta última terminó con el régimen— y numerosos conflictos locales dentro de los estados. La primera enfrentó al gobierno liberal de Aquileo Parra contra una rebelión conservadora conectada con el descontento por la reforma educativa laica; la segunda derribó al régimen radical y abrió paso a la Regeneración.

En ambos casos, el lenguaje civilizatorio se movilizó en las dos direcciones. Los liberales presentaron las rebeliones conservadoras como retrocesos de la Colombia clerical, campesina y "bárbara" contra la nación moderna de las ciudades. Los conservadores, y luego los regeneradores, presentaron el régimen radical como una barbarie propia: caos federal, disolución religiosa, fragmentación del mercado interior por aduanas entre estados, inseguridad de vida y propiedad. La rivalidad entre los estados llevó, en efecto, a implantar aduanas que fragmentaban el mercado interior; el argumento no era falso, aunque su uso retórico servía a un proyecto centralista mayor.

La Guerra de 1876-1877 debilitó gravemente al Partido Liberal. En su estela emergieron rivalidades y faccionalismo interno entre Radicales e Independientes; estos últimos se aliaron con conservadores en torno a Rafael Núñez, y esa coalición contribuyó al fin del control liberal sobre el gobierno nacional. El binomio civilización-barbarie sobrevivió intacto al cambio de manos: solo cambió de sujeto.

La Regeneración y la inversión del signo

El 1º de abril de 1878, Rafael Núñez pronunció como presidente del Senado de Plenipotenciarios la frase que fundó una época: "hemos llegado a un punto en que estamos confrontando este preciso dilema: regeneración administrativa fundamental o catástrofe". En ese momento hablaba de una regeneración meramente administrativa, sin implicar aún un cambio político profundo. Pero la fórmula estaba lanzada, y en manos de Miguel Antonio Caro se convertiría en un proyecto de refundación del Estado.

Núñez fue elegido presidente por primera vez en 1880, con apoyo de liberales independientes y conservadores. Volvió al poder en 1884 en medio de la crisis final del régimen radical, y desde allí impulsó la nueva Constitución. En 1886, un Consejo Nacional de Delegatarios promulgó una carta que sería, en esencia, la de Colombia durante los siguientes 105 años, hasta su reemplazo por la Constitución de 1991. Miguel Antonio Caro, ideólogo ultramontano e hispanófilo, fue la figura central en su redacción y la mayoría de sus propuestas fueron acogidas.

La Constitución de 1886 extinguió la forma federal —los estados soberanos se convirtieron en departamentos administrativos—, fortaleció el poder presidencial, restableció el vínculo entre Estado e Iglesia y adoptó un tono confesional. En 1887, el Concordato firmado con la Santa Sede coronó ese giro: catolicismo como religión oficial, devolución de propiedades eclesiásticas confiscadas por los liberales, educación pública atada a los preceptos de la Iglesia, abolición del divorcio civil.

El binomio civilización-barbarie no fue descartado; fue reprogramado. Ahora la civilización era la tradición hispánica y católica —el orden gramatical, litúrgico y jerárquico que Caro defendía desde Bogotá con la erudición de quien nunca salió del altiplano—; y la barbarie era el desorden federal, la libertad de cultos, el mercado interior fragmentado, la vulgaridad de las masas sin freno religioso. Los mismos radicales que habían acusado de bárbaros a curas y campesinos eran ahora, en la nueva narrativa, agentes de una barbarie política que la Regeneración venía a corregir.

Que la operación funcionara indica hasta qué punto el binomio no era propiedad ideológica de un partido, sino la gramática compartida del poder republicano. Caro, precisamente por su convicción hispanista y su formación gramatical, construyó un armazón institucional que sus críticos consideraron ciego a la diversidad geográfica, étnica y cultural del país: indígenas, afrodescendientes, selvas, valles y llanos quedaban subsumidos bajo la abstracción de una nación centralista de raíz hispánica.

Misiones, salvajes y la Ley 89 de 1890

El punto donde el nuevo régimen mostró con más claridad su plan civilizatorio fue en la política sobre poblaciones indígenas. El 25 de noviembre de 1890, el presidente encargado Carlos Holguín sancionó la Ley 89, cuyo título es un manual entero de la época: "por la cual se determina la manera cómo deben ser gobernados los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada". La ley establecía un régimen tutelar dual: los indígenas ya integrados quedaban regulados por normas especiales sobre resguardos y cabildos, mientras que los "salvajes" —los aún no reducidos— caían bajo la autoridad de las misiones católicas.

El marco jurídico venía del Concordato de 1887 y se completaría con el Convenio de Misiones de 1902, firmado entre el presidente José Manuel Marroquín y el Vaticano. Ese convenio otorgó a las órdenes religiosas autoridad absoluta para gobernar, policiar y educar a los indígenas en los territorios de misión, control sobre la educación pública de ciudadanos colombianos, acceso ilimitado a baldíos para promover colonización, y un subsidio oficial elevado a setenta y cinco mil pesos anuales. Estipulaba además que ninguna persona inaceptable para los misioneros podía ser nombrada en cargos de autoridad civil en los territorios de misión, subordinando a intendentes y comisarios a los vicarios y prefectos apostólicos.

En el Caquetá, la Amazonia y el sur del país, capuchinos, franciscanos y consolatas se convirtieron en el sustituto del Estado, cumpliendo funciones civiles allí donde el Estado colombiano era prácticamente inexistente. A partir del Decreto 392 del 17 de enero de 1893 se declararon intendencias nacionales los Llanos de San Martín y Casanare, con intendentes nombrados por el presidente; en 1898 se añadió La Guajira y en 1902 el Vichada. La geografía diferencial de la federación radical no se disolvió: se profundizó y se clericalizó.

Y sin embargo, el proceso tuvo una tensión que conviene registrar. La Ley 89 fue percibida por comunidades de la Costa Caribe —en particular en torno a los resguardos de Jegua y Guazo en el San Jorge— como un instrumento legal que podía emplearse para defender sus tierras frente a los abusos de los terratenientes locales, los "tragones" de Corozal y las sabanas. La misma norma que consagraba la tutela sobre los "salvajes" reconocía, para los ya reducidos, un régimen especial de resguardos que en manos de las propias comunidades sirvió como escudo jurídico durante todo el siglo XX. El binomio civilización-barbarie legitimaba el despojo, pero producía a la vez, en su costado tutelar, instrumentos que podían volverse contra sus autores.

Educación, urbanidad y disciplinamiento

El proyecto civilizatorio no operó solo en fronteras remotas. También trabajó en las ciudades y en el corazón de la vida cotidiana. La reforma educativa liberal de los años setenta introdujo la enseñanza prusiana y los métodos pestalozzanos en las escuelas normales colombianas, y fundó la revista La Escuela Normal, que circuló durante ocho años y se convirtió en el eje de la cultura pedagógica del país. La contratación de maestros normalistas alemanes —algunos protestantes— irritó a un sector conservador y católico, y contribuyó al clima que desembocó en la guerra civil de 1876-1877.

Las cifras muestran el esfuerzo y sus límites. La matrícula en escuelas elementales creció de 60.155 estudiantes en 1870 a 83.626 en 1873-74, descendió a 71.070 en 1881 —una cifra que excluye a Santander, con unos 14.000 alumnos adicionales—, y se expandió después a 137.482 en 1897 y 165.062 en 1905. La proporción de la población matriculada en primaria pasó del 1,2% en 1835 al 3,0% en 1873, con grandes disparidades regionales: Antioquia lideraba con 5,4%, seguida por Cundinamarca (4,6%) y Santander (3,1%), mientras Bolívar y Boyacá se quedaban en 2,9%. Civilizar significaba, entre otras cosas, poner al pueblo en la escuela; el éxito fue parcial y profundamente desigual.

Al final del período, y con más fuerza al entrar el siglo XX, la ciudad misma se convirtió en teatro de disciplinamiento. Bogotá vio proliferar manuales y códigos de urbanidad —herederos del Manual del venezolano Manuel Antonio Carreño— que operaban como pedagogía urbana para eliminar los "atavismos" rurales de los espacios de la capital: regulaban ropas, modales e higiene como parte del proyecto modernizador. La ciudad limpia, ordenada, con calles pavimentadas y ciudadanos afeitados, era la contracara urbana del salvaje selvático: mismo proyecto civilizatorio, escala distinta.

La huella larga

Cuando la Regeneración se consolidó, el par civilización-barbarie ya había hecho su trabajo estructural. Había producido una cartografía diferencial del país que separaba departamentos de intendencias, ciudadanos de pupilos, regiones aptas para el ferrocarril y regiones aptas para la misión. Había jerarquizado a las poblaciones por fenotipo, costumbres y clima. Había legitimado guerras civiles en dos direcciones. Y había demostrado ser lo suficientemente plástico para servir a proyectos políticos opuestos: primero al liberalismo radical que quería secularizar y modernizar, después al conservadurismo regenerador que quería restaurar la unidad católica.

Esa plasticidad fue la clave de su eficacia. El binomio no fue un programa cerrado sino un campo de disputa retórica dentro del cual cabían orientaciones muy distintas. Los liberales lo usaron para atacar al clero y al latifundista; los conservadores, para atacar el federalismo y el laicismo. Los antropólogos oficiales del siglo XX lo heredaron para pensar la integración de las comunidades indígenas; los latifundistas del XIX y el XX lo usaron para justificar el despojo de resguardos. Las propias comunidades indígenas, cuando lograron apropiarse de instrumentos como la Ley 89, mostraron que el aparato civilizatorio podía tener grietas útiles.

Los rasgos más duraderos de aquella arquitectura sobrevivieron mucho más allá del régimen que los formuló. La distinción entre un país "central" —el altiplano cundiboyacense, Antioquia, el eje cafetero que emergería después— y unas periferias tuteladas por el Estado o por las misiones se prolongó durante todo el siglo XX. La ideología racial y climática que asociaba trópico con degeneración alimentó los debates sobre "declinación racial" en los años veinte. La educación pública como instrumento de civilización, con sus tensiones entre laicismo y catolicismo, siguió siendo campo de batalla hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Y la relación entre Estado y comunidades indígenas quedó, hasta la Constitución de 1991, mediada en gran parte por el marco tutelar de 1890.

El período de los Estados Unidos de Colombia fue el momento en que este vocabulario alcanzó su forma más elaborada y sus consecuencias más visibles. Los radicales creyeron estar construyendo una nación de ciudadanos libres bajo la bandera de la civilización; construyeron también, casi sin advertirlo, la matriz conceptual con la que sus adversarios los desalojarían del poder y con la que el Estado colombiano gobernaría durante otro siglo a los que no cabían en su idea de nación. Que una misma pareja de palabras haya podido sostener proyectos tan distintos —y ser apropiada, en sus grietas, por quienes teóricamente subordinaba— es la mejor prueba de su centralidad. La historia política de Colombia en el siglo XIX se puede contar sin muchas cosas; sin civilización y barbarie, no se puede contar.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Domingo Faustino Sarmiento — autor del Facundo (1845), expresión continental más célebre de la dicotomía
  2. 02José María Samper — principal sistematizador colombiano del concepto en el Ensayo de 1861
  3. 03Manuel Ancízar — aplicó el marco civilizatorio en la Peregrinación de Alpha y la Comisión Corográfica
  4. 04Agustín Codazzi — dirigió la Comisión Corográfica, instrumento estatal del inventario civilizatorio del territorio
  5. 05Federalismo radical — régimen político que institucionalizó el doble estándar territorial basado en la antinomia
  6. 06Regeneración — apropiación conservadora del concepto tras 1885, que demostró su carácter transpartidario
  7. 07Territorios nacionales (Caquetá, Casanare, La Guajira, Chocó) — espacios definidos como 'bárbaros' y sometidos a tutela central
  8. 08Ley 89 de 1890 — codificación jurídica de la distinción civilización-barbarie aplicada a indígenas
  9. 09Concordato de 1887 — marco legal que delegó en la Iglesia la misión civilizadora en las fronteras
  10. 10Mestizaje — concepto relacionado y tensionado por la jerarquía racial implícita en la antinomia
  11. 11Higienismo — corriente intelectual que prolongó el discurso civilizatorio en clave racial y climática hacia el siglo XX
06

Documentos y fragmentos citados

43 documentos · 53 fragmentos

01Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 68, 712 citas
[1]

al catolicismo decimonónico en Colombia, sobre su recuperación institucional en el país, ver: William Plata, “La romanización de la Iglesia en el siglo XIX, proyecto globalizador del tradicionalismo católico” en Globalización y Diversidad Religiosa en Colombia. Ana María Bidegain (Ed.), 107-147 (Bogotá: Universidad…

p. 68
[14]

Aprile, Génesis de Barrancabermeja. (Cali: copia manuscrita, 1991), 10-26. 129 Manuel Ancizar, Peregrinación…, 63. Primera Parte. Origenes, fundamentos y pioneros 71 que facilitaron la labor de la conquista, todo porque estaban divididos y carecían de sentimientos humanitarios que los unieran entre ellos 130.…

p. 71
02Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 441 cita
[2]

el preambulo o anticipo de lo que ha de venir con las ideas radicales a las que el general José Hilario Lopez da prestigio desde la presidencia de la Republica. Pero para ello era preciso que se realizara antes el proyecto historico-politico modernizante de la pri- mera administracién del también general Tomas…

p. 44
03Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 131, 1342 citas
[3]

second, war led by the caudillos against the cities, aiming at avoiding any subjection to civil authority and developing its character and hatred against civilization 15 (Sarmiento 2018: 93) The dualism built by Sarmiento between the urban and the rural is based on the association of each of these environments with a…

p. 131
[47]

horseman, whose main economic activity was related to cattle work. 19 In the original: “en Facundo Quiroga, últimamente triunfante en todas partes, la campaña sobre las ciudades, y dominadas éstas en su espíritu, gobierno, civilización, formarse al fin el Gobierno central, unitario, despótico, del estanciero don Juan…

p. 134
04El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 126, 1302 citas
[4]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
[42]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
05El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 811 cita
[5]

cia un análisis más a fondo y más radical del destino na- cional y de todo lo que España había significado en la vida espiritual, económica y política de América. Comienza este nuevo ciclo del pensamiento colombiano José María Samper, con su Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las…

p. 81
06Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 144, 2072 citas
[6]

– 99), his brother José María Samper (1828 – 88), José Hilario López (1789 – 1869), Manuel Ancízar (1812 – 82), Florentino González (1805 – 74), Salvador Camacho Roldán (1827 – 1900), Aníbal Galindo (1834 – 1901), Manuel Murillo Toro (1816 – 80), and José María Rojas Garrido (1824 – 83). This generation is also known…

p. 207
[10]

ni quimbas de cordobán. Ya no te llamas María, sino Maruja, ay de mi! will to civilization and laissez-faire · 113 Figure 3. Atuendo Campesino, Bogotá Febrero 1847 (Peasant attire), by Edward Walhouse Mark, 1847. Watercolor. Courtesy of Biblioteca Nacional de Colombia. No decís “pa vos” como antes; hora decís: “para…

p. 144
07Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 6171 cita
[7]

e incompatibles; dos civilizaciones diversas; la una española, europea, civilizada, y la otra bárbara, americana, casi indígena; y la revolución de las ciudades sólo iba a servir de causa, de móvil para que estas dos maneras dis- tintas de un pueblo se pusiesen en presencia una de otra, se acometiesen, y después de…

p. 617
08Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1941 cita
[8]

guarda su dinero y se contrata como peón en alguna hacienda de la parte inferior del valle, trabaja allí durante dos o tres meses en desmontes y otras operaciones agrícolas, y luego regresa al hogar a continuar sus faenas habituales, llevando buena provisión de patacones (piezas de cinco francos), herramientas y…

p. 194
09Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2371 cita
[9]

y otras menos feliz, con este proceso general de desarro- llo. En ocasiones presenta una con- temporaneidad con los adelantos in- ternacionales y en otras un manifiesto atraso respecto de los avances de la disciplina en Europa y en los Estados Unidos. El grado de asimilación de es- tas corrientes es muy diverso y muy…

p. 237
10Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 601 cita
[11]

la cultura mestiza del altiplano cundi-boyacense, aunque a mediados de siglo diera signos de ruptura con el provincialismo que la caracterizaba. Como sucede con otras áreas mestizas andinas, en el altiplano colombiano la Iglesia Católica tendrá una gran presencia en la vida cotidiana. Basta con señalar que para…

p. 60
11Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 121 cita
[12]

cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plan - tas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran 2 González, Beatriz, Manual de arte del siglo xix en Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013, pág. 170. 13 Píndnicersti 13 a cada paso, y a menudo al…

p. 12
12Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 153, 1622 citas
[13]

indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
[18]

las reivindicaciones de negros y mulatos. Por esto, las formas de discriminaci ó n racial, mantenidas con severidad en la “ sociedad ci vil ” — no hab í a curas negros, ni estaban en los colegios elegantes, ni pod í an entrar a los clubes sociales, ni eran admisibles como pareja matrimonial de los blancos — se…

p. 153
13Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4181 cita
[15]

adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…

p. 418
14Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 1891 cita
[16]

feminización de sus poblaciones. Tropicalismo y geografía de las razas En la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, en los escritos de los letrados, corógrafos y expertos se puede trazar una correlación entre lo tropical y ciertas características en los individuos o colectividades que lo habitan. Los…

p. 189
15Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 176, 1902 citas
[17]

enemigas muchas veces y frecuen- temente en guerra. En tales condiciones, el aislamiento era el estado natural de aquellas bárbaras parcialidades, que si en tiempo de paz tenían algunas comunica- ciones, era sólo con las tribus vecinas y con las más próximas. 30 La nación actual no se podía identificar con aquellas…

p. 176
[27]

organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…

p. 190
16The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 3421 cita
[19]

narratives of, 41; Reclus on, 50; José María Samper on, 112–13; Obeso on, 121, 122, 130; and civil marriage, 150; Jiménez López on, 222 Race war: and civil war of 1859–62, 64–68 Racial difference: and citizenship, 2, 9; and national unity, 3; and posteman- cipation civil equality, 9–10, 36–37; historicizing race,…

p. 342
17Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1331 cita
[20]

arrendatarios y les estaba vedado residir en los resguardos por no ser indios puros. Pero como muchas veces sucede, se le halló escape a la ley, y como lo muestra el caso de Soatá, muchos individuos que no eran indios entraron a vivir en los pueblos indígenas y a arrendar la tierra de los resguardos. Obsérvese, no…

p. 133
18El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 1241 cita
[21]

desde hace una o dos generaciones se distinguen por sus mejillas rojas y de suma delicadeza, que 125 Efi Díndií florecen como rosas sobre la tez blanca. Los ojos, siempre fascinadoramente bellos, amables y un algo burlones, son castaños o negros y muy brillantes. Las trigueñas y las ru- bias abundan menos. Las señoras…

p. 124
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[22]

entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…

p. 45
20Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2051 cita
[23]

vez refrendado por el Senado, el proyecto se convirtió en la ley 89 de 1890, sancionada el 25 de noviembre por el presidente encargado, Carlos Holguín y el ministro de gobierno encargado, Antonio Roldan. Esta ley, REITERACIÓN: LOS RÍANOS SE REPLIEGAN 117 vigente aún, permitió que muchos resguardos —especialmente los…

p. 205
21Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 13, 392 citas
[24]

The federal deficit, which was approximately equal to the sum spent on the territories between 1868 and 1881, would not have occurred if those regions had been administered by the states. 26 Adolfo Vargas added that it was a bad policy for the national government to waste its scant resources on "remote regions which…

p. 13
[28]

territorial development, now did not attempt to conceal his disillusionment. In his Memoria of 1878 he observed, "The situation of the territories is the same as it was before they were organized. The large sums that the national treasury has spent have not born Page 14 true fruits in the work of colonization. On the…

p. 39
22Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 7, 172 citas
[25]

Boyacá the Llanos of San Martín and Casanare re- spectively and ordered the national government to administer those regions as it judged convenient. Four months later, Decree 392 of January 17, 1893, declared each a “national intendancy” in which the chief administrative officer, or intendant, was appointed by the…

p. 17
[43]

Thousand Days, but soon after the fighting ceased, President José Manuel Marroquín and the Vatican signed the Convention on Missions of 1902. This agreement granted to the religious orders absolute authority to govern, police, and educate the natives in their mission territories. It also gave them control over the…

p. 7
23La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 141 cita
[26]

la memoria de los habitantes de la región y es fundamental para entender sus identidades y la fortaleza de sus organizaciones sociales. En la zona sur se dieron, por su parte, procesos de colonización eclesiástica llevados a cabo por misiones capuchinas, franciscanas y consolatas, a las que se les delegó la…

p. 14
24La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1261 cita
[29]

mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…

p. 126
25Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 2441 cita
[30]

Albert Museum, Londres) de Millet, cada uno de los oficios representados muestra a sus actores en posición de trabajo, en la sencillez y humildad de sus atuen- dos, y en la necesidad de ser rescatados y dignificados por la mano del artista. Verónica Uribe Hanabergh 245 § vii. La Comisión Corográfica Hay un acuerdo con…

p. 244
26Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 131 cita
[31]

y determinar grandes principios homogeneizadores desde la distancia. Ello es evidente en el acápite “ Aspecto del país” de la Comisión,4 donde además está presente la idea de Von Humboldt sobre la unidad dentro de la multiplicidad en paisajes interrelacionados (Sánchez 1999: 6).5 La visión paisajística incidía en la…

p. 13
27Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 3581 cita
[32]

aproximadamente nueve meses, hasta que Bennet regresó a Colombia y asumió nuevamente su papel como dueño del gabinete fotográfico⁸. A finales de 1851, justo después de entregar el estudio fotográfico, Codazzi invitó a Price a unirse a la Comisión Corográfica. Aunque resulta comprensible que la acuarela haya sido el…

p. 358
28Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[33]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10
29Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 26, 982 citas
[34]

caso de que ninguno tenga ducha mayoría, el Congreso eje irá entre los que reúnan mayor má mero de votos= (articulo 75) Las fa- cultades del presidente se velan redu- cidas por el federalismo y la acción del Congresoy, básicamente, ye enca- minaban a las relaciones exteriones Constitución de 1886 El de noviembre de…

p. 98
[40]

Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…

p. 26
30Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[35]

util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
31Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 43, 3202 citas
[36]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
[49]

and would ensure long-term Liberal dominance over the Conservative Party. The chapter shows how, although many Conservatives negoti- ated with Liberals on disentailment and the expansion of public education, they drew the line at ideological indoctrination. Attacks by Liberals on the church sparked intellectual…

p. 43
32De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[37]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
33De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[38]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
34Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[39]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
35Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[41]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
36Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 2421 cita
[44]

de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…

p. 242
37Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 11 cita
[45]

57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

p. 1
38Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2611 cita
[46]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
39Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1601 cita
[48]

la segunda mitad del siglo XIX rigieron una escuela normal y una elemental mo- delo, anexa a la normal; introdujeron la enseñanza prusiana y en especial los métodos de enseñanza pestalozziana, que se basaban en la actividad de los alumnos por medio de la inducción y con la disciplina del amor reflexivo. Como sustento…

p. 160
40Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2131 cita
[50]

la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…

p. 213
41Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1471 cita
[51]

alcantarillados fueron desarrollados de forma paulatina, esto debido a la construcción de fábricas o vertederos de aguas negras en las principales fuentes hídricas de la ciudad y a la alta mortalidad infantil que esto causó, de manera que el cambio que necesitó la ciudad no solo fue de infraestructura, sino de hábitos…

p. 147
42Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2741 cita
[52]

is to express good feelings towards our fellow men, Civic-mindedness could be said to be Urbanity towards soci- ety as a whole... Tulio Ospina, Protocolo hispanoamericano de urbanidad y buen tono (Medellín, ) Improvement in the standard of living of a society usually brings with it efforts to implant new codes of…

p. 274
43Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2741 cita
[53]

is to express good feelings towards our fellow men, Civic-mindedness could be said to be Urbanity towards soci- ety as a whole... Tulio Ospina, Protocolo hispanoamericano de urbanidad y buen tono (Medellín, ) Improvement in the standard of living of a society usually brings with it efforts to implant new codes of…

p. 274