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Una historia del territorio

Casanare

Casanare ocupa en la historia colombiana el lugar paradójico de la periferia indispensable: convocada en los momentos de crisis —la Independencia, La Violencia, el boom petrolero— y devuelta luego a la marginalidad institucional.

19 min de lectura58 fuentes

Casanare es un departamento de los Llanos Orientales de Colombia, extendido entre el piedemonte de la cordillera Oriental y las sabanas que bajan hacia el río Meta. En ese territorio de sabana inundable y ríos torrenciales se libró parte decisiva de la campaña de la Independencia, se ensayaron durante dos siglos misiones jesuitas convertidas en haciendas ganaderas, se levantaron las guerrillas liberales más numerosas del país durante La Violencia y, desde finales del siglo XX, brotaron los campos petroleros que reordenaron la economía y la política de la región. Su historia es la de una periferia estratégica: activada por poderes externos —la Corona, la República, el capital petrolero— para extraerle almas, soldados, reses o crudo, y devuelta luego a la marginalidad institucional. Esa condición fronteriza no ha sido solo padecida: élites llaneras, hacendados liberales, políticos regionales y comandantes armados encontraron en la debilidad estatal el espacio para reproducir su dominio.

Un país de agua y sabana

La geografía condiciona todo lo demás. El departamento pertenece a la mitad norte de la Orinoquía colombiana, la de los llanos bajos e inundables que se despliegan entre el río Meta al sur y el río Casanare al norte, y que se prolongan en Arauca. Es una de las tres grandes unidades del llano colombiano, junto con la altillanura al sur del Meta y el piedemonte que corre pegado a la cordillera.

Durante el semestre de lluvias, de abril a septiembre, la sabana se transforma en un mar poco profundo del que solo emergen los bancos altos —médanos depositados durante los períodos glaciales secos del Pleistoceno— convertidos entonces en islas donde se refugian hombres y ganado. El resto del año, el sol tropical seca la planicie y la vuelve un pastizal ilimitado, alimento gratuito para la ganadería extensiva. El contraste con Boyacá, el departamento vecino del que Casanare dependió administrativamente durante buena parte del siglo XX, es brutal: valles altos y frescos frente a llanuras que oscilan entre la inundación y el desierto.

Los ríos que atraviesan Casanare —Cusiana, Charte, Cravo Sur, Pauto, Upía— son todos afluentes izquierdos del Meta y descienden desde el piedemonte con caudales que crecen y menguan al ritmo de las lluvias. El Meta actúa como frontera natural entre el llano bajo del norte y la altillanura del sur. Esa hidrografía torrencial explica dos hechos históricos duraderos: el aislamiento del interior sabanero durante meses cada año, y la concentración del poblamiento denso a lo largo del piedemonte, donde los ríos ofrecen agua permanente y las tierras son firmes. Los pueblos históricos de Casanare —Támara, Pore, Nunchía, Paya, y en su momento Santiago de las Atalayas— se alinearon a lo largo de esa franja.

Los pueblos de la llanura

A la llegada de los europeos, los Llanos Orientales estaban lejos de ser el vacío demográfico que la imagen tradicional supuso. Convivían allí sociedades igualitarias y grupos con rasgos de mayor complejidad social, y una diversidad étnica notable ocupaba la sabana y el piedemonte. En el territorio del actual Casanare fueron reconocibles al menos tres grandes pueblos: los achaguas, los sálibas y los guahibos, con el ramal nómada de los cuiba.

Los achaguas, agricultores y comerciantes, ocupaban buena parte de la sabana. Los sálibas, asentados sobre todo cerca del Meta, se distinguieron por su manufactura del onoto, cuyo pigmento rojo era preferido en el comercio intertribal por ser más limpio que el de los guahibos. Los guahibos, con su rama nómada cuiba, mantuvieron por siglos un modo de vida móvil que combinaba caza, pesca y recolección; solo en la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a ocupar de forma más estable los bordes del Meta y a practicar una horticultura semisedentaria. Los cuiba conservaron el nomadismo hasta hace pocas generaciones.

El siglo XIX fue devastador para los pueblos de sabana. Los achaguas, diezmados por las epidemias y la presión de la colonización, sufrieron además la agresión de los guahibos y terminaron absorbidos en dos direcciones: la población mestiza llanera y los propios guahibos. Muchos intentaron escapar retomando el nomadismo. Un episodio revela hasta qué punto los indígenas de la llanura fueron actores políticos y no meros paisajes de fondo: en 1781, cerca de mil quinientos indígenas montados a caballo engrosaron el movimiento comunero en Támara, Pore, Morcotes, Paya y Pisba al grito de "¡Viva el rey inca y muera el rey de España!". La consigna, cargada de ecos de la insurrección de Túpac Amaru en el sur andino, mostraba que la sabana no estaba desconectada de los grandes ciclos políticos del mundo hispánico.

La ciudad de las atalayas y la larga misión

La ocupación española de los llanos comenzó desde el altiplano. El capitán Pedro Daza partió de Tunja, descendió la cordillera y fundó Santiago de las Atalayas, la primera ciudad española de la llanura. La empresa fue tan ambiciosa como frágil: apenas fundado el poblado, colonos y misioneros empezaron a disputarse el control de la mano de obra indígena, especialmente achagua, sáliba y guahiba.

De esa disputa salió ganadora, durante buena parte del período colonial, la Compañía de Jesús. Las misiones jesuitas de Casanare articularon evangelización y economía en un modelo que los cronistas posteriores describirían como el más exitoso del oriente neogranadino. Las haciendas de Caribabare, Cravo y Tocaría, contiguas entre sí, formaban un conjunto ganadero de tal continuidad que el ganado se movía libremente entre ellas: no respetaba linderos durante los cuatro meses de verano, mezclándose en busca de pastos y aguas, y en invierno se redistribuía según los caprichos del clima. Reducciones que suministraban trabajo, haciendas que alimentaban las misiones, ganado que se reproducía sobre la sabana gratuita: la primera gran síntesis productiva del territorio.

Conviene no exagerar la escala. Las haciendas jesuitas de la Nueva Granada eran modestas frente a las del Perú o México: las más costosas no superaban los cien mil pesos, cuando en Perú alcanzaban doscientos mil y en México llegaban a setecientos mil. Casanare era una periferia dentro de una periferia. Las órdenes religiosas destinadas a los llanos, como las asignadas al Chocó, recibían pocos recursos humanos de calidad; se trataba de zonas poco atractivas para los mejores miembros de las congregaciones.

El modelo jesuita sobrevivió a la expulsión de la Compañía y siguió siendo el marco conceptual con el que se pensó la evangelización de los llanos hasta bien entrado el siglo XX. En 1893, el vicariato apostólico de Casanare fue asignado a los Agustinos Recoletos —los Candelarios—, que asumieron la administración de misiones y escuelas y prolongaron una presencia eclesiástica que había definido, desde el siglo XVII, la vida institucional del territorio. La tensión entre misión y granjería nunca se disolvió del todo: algunos administradores posteriores, como Rueda, consideraban que convertir una misión en granjería iría en perjuicio de las almas y equivaldría a especulación.

La sabana en armas: 1819

Casanare tuvo su hora más alta durante la campaña libertadora. Entre 1816 y 1819, mientras el altiplano cundiboyacense era controlado por las tropas realistas del virrey Juan Sámano, la llanura funcionó como refugio, granero y cuartel de los republicanos. Su posición era doblemente estratégica: enlazaba los llanos venezolanos controlados desde Angostura con las montañas neogranadinas ocupadas por España, y actuaba a la vez como bastión y colchón entre ambos mundos.

Francisco de Paula Santander reorganizó allí la fuerza patriota. En mayo de 1819 informó a Simón Bolívar que Casanare estaba libre de realistas, "entusiasta por su independencia" y lista para el papel que le tocaría. A finales de ese mes, Bolívar convocó en la aldea de Setenta, a orillas del Apure, el consejo de oficiales donde se decidió el plan: invadir la Nueva Granada por el flanco menos defendido, cruzando la cordillera desde los llanos.

La operación comenzó el 15 de junio. Santander comandaba la vanguardia; José Antonio Anzoátegui, la retaguardia. El ejército remontó el piedemonte y atacó el páramo de Pisba, considerado inaccesible. El cruce fue una prueba brutal, sobre todo para los soldados llaneros, hombres del calor tropical enfrentados por primera vez a la altura y al frío del páramo. Muchos murieron de hipotermia antes de disparar un tiro. Los sobrevivientes llegaron a Socha, en el altiplano boyacense, agotados y sin caballos.

El 27 de junio, en Paya, se libró el primer combate: las fuerzas patriotas derrotaron a los realistas y los obligaron a retirarse hacia Sogamoso. Seis semanas después, el 7 de agosto de 1819, el ejército de Bolívar y Santander derrotó a José María Barreiro en la batalla de Boyacá y abrió el camino a Bogotá. Detrás de ese triunfo estaban las condiciones que Santander había sabido leer: la impopularidad del virrey Sámano, las tropas criollas desmoralizadas, mal pagadas y desertoras, el fracaso de liderazgo de Barreiro, y el hecho de que Casanare —limpia de realistas, entusiasta, disciplinada— podía servir de base logística para la ofensiva. La independencia de la Nueva Granada se ganó, en buena medida, sobre la sabana casanareña.

El siglo del hato

Después de la Independencia, Casanare volvió al lugar habitual de las periferias: el olvido administrativo y la ganadería extensiva. Durante el siglo XIX y buena parte del XX, la economía del territorio giró en torno al hato, esa unidad productiva enorme y laxa donde las reses pastaban semisilvestres sobre miles de hectáreas y el trabajo se organizaba en una jerarquía peculiar.

En el escalón más bajo estaban los conuqueros, cultivadores de conucos, pequeñas parcelas de subsistencia. Encima venían los vegueros, que poseían algunas reses y vivían en casas ribereñas dentro del gran fundo; el dueño del hato les pagaba los víveres, plátano y yuca, con vacas viejas para carnear. Los caballiceros, adolescentes y jóvenes que se levantaban a las dos de la mañana para revisar las brigadas de caballos, eran el correo indispensable de la pampa. Los vaqueros —dueños de su caballo, su silla, su soga y sus implementos— recibían salario por su trabajo. Los caporales ejercían la jefatura operativa: organizaban rodeos, hierras y matanzas. Los mayordomos administraban el hato en el día a día, vivían en la propiedad con sus familias y recibían salario mensual, aunque se esperaba que sus mujeres e hijos trabajaran sin paga. En la cúspide, invisibles casi todo el año, estaban los propietarios, que podían visitar el hato una o dos veces al año.

La imagen del llanero cristalizó en el imaginario letrado del siglo XIX como mestizo de blanco e indio, valorado por sus habilidades guerreras y ganaderas pero también asociado a la conflictividad y la barbarie. Esa representación no era neutral: servía a las élites locales como instrumento de control laboral sobre una población habitualmente descrita como indómita.

El trabajo del hato tenía una dimensión épica que la literatura registró bien. Los arreos podían durar semanas —trece días de seis horas de marcha diaria entre el Arauca y el Meta—, con los vaqueros velando el ganado toda la noche para que se sintiera acompañado. Bajo esa épica había, sin embargo, una economía brutalmente desigual y una sociedad rígidamente jerarquizada, donde el hato era a la vez unidad productiva, unidad política y unidad de dominación.

Provincia, intendencia, comisaría: la administración del olvido

El estatus político-administrativo de Casanare osciló durante siglo y medio entre categorías cambiantes que reflejaban su posición marginal. En el período colonial fue la provincia de los Llanos, también llamada Casanare, e incluía lo que hoy es Arauca. En la república, el territorio pasó por diversas configuraciones antes de ser adscrito al departamento de Boyacá durante buena parte del siglo XX.

El desmantelamiento del sistema territorial especial —que había otorgado formas de administración particular a las regiones periféricas— comenzó bajo la primera administración de Rafael Núñez, entre 1880 y 1882, y se consolidó con la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887, que introdujeron elementos civiles y eclesiásticos en el manejo de los territorios. Ya antes, la política federal había sido cuestionada: el déficit acumulado entre 1868 y 1881 era aproximadamente igual a la suma gastada en los territorios nacionales durante ese período, lo que llevó a secretarios de gobierno a criticar el modelo de administración territorial directa. El sistema fue acusado de sobreestimar la riqueza de las regiones remotas y de generar déficits que no habrían ocurrido bajo administración estatal.

Bajo el gobierno de Boyacá, durante la primera mitad del siglo XX, Casanare mostró escaso progreso político, económico o social en comparación con las intendencias y comisarías vecinas —Meta, Arauca, Vichada—, que sí contaban con apoyo directo del gobierno nacional. La denuncia se volvió constante: el gobierno de Boyacá había abandonado a Casanare a su suerte, dejando la industria ganadera a merced de bandas de cuatreros que operaban sin freno. Plazas Olarte solicitó elevar el territorio a la categoría de territorio nacional, argumentando que solo la nación, a través del Ministerio de Gobierno y la policía nacional, podía controlar el bandolerismo, y advirtiendo que de no atenderse el problema habría repercusiones graves e incalculables. Mientras tanto, Meta se transformaba: la carretera Bogotá-Villavicencio y el respaldo del gobierno central le abrían rutas al mercado que Casanare no tuvo. Ese contraste alimentó durante décadas un resentimiento regional que aún hoy resuena en el discurso político casanareño.

Los llanos en armas: Guadalupe Salcedo

La segunda mitad del siglo XX comenzó en Casanare con la guerra. Cuando el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, desató la persecución conservadora en el campo colombiano, los liberales de todo el país huyeron hacia las zonas de frontera. Muchos llegaron a los Llanos, donde encontraron un terreno propicio para la resistencia armada: sabanas inmensas, caballos, hombres acostumbrados al rifle y a la vida a la intemperie, y un tejido social —hacendados liberales, vegueros, peones, vaqueros, caporales, campesinos desplazados— dispuesto a alzarse.

De ese magma emergió la guerrilla llanera, el movimiento insurgente más numeroso y mejor armado del país en la década de los cincuenta, con presencia en Casanare, Vichada, Meta y Arauca. Al principio, la insurgencia estuvo dominada por comandantes como Eliseo Velásquez y protegida por hacendados liberales que la financiaban a cambio de que resguardara sus hatos. Pero la lógica del movimiento fue superando esa función tutelar. Junto a Velásquez fueron ganando fuerza otros líderes; entre ellos, dos hombres que constituirían el núcleo dirigente del comando con sede en Yopal: Guadalupe Salcedo Unda y Eduardo Franco Isaza.

Guadalupe Salcedo era un llanero de sangre indígena, nacido en Santa Helena de Cusiana, en Casanare. Bajo su liderazgo, la guerrilla dejó de ser guardián de haciendas y asumió banderas propias: defensa de la tierra y del peón, y, para 1952, la declaración explícita de que su lucha era una revolución destinada a derrocar al gobierno. Esa radicalización rompió la alianza inicial con los hacendados liberales, que se sintieron traicionados cuando el movimiento empezó a mirar hacia sus tierras y sus trabajadores.

La composición social de las guerrillas llaneras era heterogénea —campesinos desplazados, familiares de víctimas del terror oficial, aparceros, vegueros, peones, vaqueros y caporales del latifundio ganadero— y su capacidad militar, temible: llegaron a tomarse la base de Palanquero, en Cundinamarca, y pueblos como Orocué, en el propio Casanare. El gobierno conservador de Laureano Gómez, sin embargo, se negó a reconocer la magnitud del alzamiento: en el mensaje presidencial de 1951 ni siquiera se mencionó al Llano, y Gómez prefirió caracterizar la violencia en otros términos y otras regiones.

El 18 de junio de 1953, en una Asamblea Revolucionaria de jefes, las guerrillas promulgaron la Segunda Ley del Llano, un intento de organizar la nueva etapa de lucha en las zonas controladas. Pocos días antes, el 13 de junio, el general Gustavo Rojas Pinilla había derrocado a Laureano Gómez y ofrecido amnistía. Guadalupe Salcedo persuadió a sus aproximadamente cinco mil guerrilleros de deponer las armas y confió en las promesas del Estado.

El desenlace fue trágico. Poco después de la caída de Rojas Pinilla, el 10 de mayo de 1957, Guadalupe Salcedo fue asesinado en circunstancias siempre consideradas confusas; su abogado sostuvo que fue acribillado a sangre fría cuando estaba desarmado y con las manos en alto. La muerte del comandante llanero se convirtió en un pésimo referente para toda futura negociación insurgente en Colombia: el símbolo de la traición del Estado a los amnistiados. Décadas después, los guerrilleros que dudaban de la palabra oficial en los procesos de paz seguirían invocando el nombre de Guadalupe.

Cusiana, Cupiagua y la fiebre del crudo

La transformación decisiva de Casanare en el siglo XX no vino de la política sino del subsuelo. A finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, Ecopetrol y un consorcio de multinacionales —Total, Triton, Perenco y BP Exploration— descubrieron en el piedemonte del departamento dos yacimientos de crudo de dimensiones excepcionales: Cusiana y Cupiagua. La explotación arrancó bajo el sistema de contratos de asociación establecido por la Ley 20 de 1969 y adoptado como mecanismo general desde 1974, cuando el país abolió las concesiones. Ese régimen permitía al Estado, a través de Ecopetrol, una participación directa en la renta.

Desde los años noventa, la explotación de hidrocarburos desplazó a la economía agropecuaria como motor principal de la zona sur del departamento e influyó profundamente en su cultura y en su ritmo de crecimiento. Las regalías petroleras que llegaron a Casanare, Aguazul, Maní y Tauramena en las vigencias 1997, 1998 y 1999 —auditadas por la Contraloría General de la República— habrían debido financiar la modernización del territorio. En parte lo hicieron: se pavimentaron carreteras, se dotó de infraestructura urbana a las cabeceras del piedemonte, y a orillas del Cusiana, el Charte, el Cravo Sur y el Pauto se conformó un poblamiento denso y creciente. Yopal, Aguazul, Tauramena, Maní y Villanueva vivieron una expansión demográfica y urbanística sin precedentes.

Pero el crudo también trajo la enfermedad clásica de las regiones que reciben renta sin institucionalidad. La auditoría de la Contraloría detectó recursos adjudicados a fines no contemplados por la ley. Entre 1995 y 1998 pasaron cuatro gobernadores por la administración departamental, en medio de acusaciones ante la Procuraduría General de la Nación; el gobernador Emiro Sossa, que había llegado al cargo en 1995 tras derrotar al candidato del gobernador saliente Óscar Wilchez, fue suspendido. El acceso a las regalías se convirtió en el nudo de una política local fragmentada, capturada por élites que aumentaron su control económico y por actores armados que aprendieron rápido a extraer su parte.

En la década siguiente, el Partido Liberal —históricamente dominante en Casanare— se fracturó cuando figuras tradicionales como Óscar Wilchez Carreño trasladaron su caudal electoral a otras colectividades. El mapa político del departamento se descompuso al ritmo de las investigaciones judiciales: al menos dos gobernadores, William Hernán Pérez Espinel y Miguel Ángel Pérez Suárez, fueron investigados o condenados en procesos relacionados con vínculos con grupos paramilitares y uso indebido de recursos públicos.

Buitragueños, Centauros y la guerra por la renta

La aparición de la renta petrolera reconfiguró también el conflicto armado. Las Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC) surgieron entre mediados y finales de los años ochenta, con apoyo de las Autodefensas del Magdalena Medio, a partir de un grupo conocido inicialmente como los "Buitragueños". Comandadas por Héctor Germán Buitrago —Martín Llanos— y su familia, las ACC llegaron a controlar, antes de la irrupción del Bloque Centauros de las Autodefensas Unidas de Colombia, catorce de los diecinueve municipios del departamento.

La llegada del Bloque Centauros, bajo el mando de Miguel Arroyave, alteró el equilibrio. Progresivamente, el Bloque Centauros fue tomando posesión de municipios del norte —Pore, Sabanas de Nunchía, Támara, Hato Corozal, San Luis y Trinidad— y, en el transcurso de la guerra, penetró también en municipios del sur considerados bastión histórico de las ACC: Aguazul, Maní, Monterrey, Villanueva y Tauramena. Los dos aparatos habían firmado un pacto de delimitación territorial, pero hacia finales de 2002 el acuerdo estalló entre acusaciones mutuas de traición. La disputa se libró por el control de territorios, cultivos ilícitos, extorsión y renta petrolera.

El Bloque Centauros se financió, entre otros mecanismos, mediante el cobro de "vacunas" a las empresas petroleras que operaban en Casanare —Total, Triton, Perenco, BP Exploration—, un ejemplo cristalino de cómo la renta extractiva alimentó directamente la maquinaria armada. Excombatientes de las ACC entrevistados por la Comisión de la Verdad han señalado la existencia de presuntos apoyos del Ejército Nacional tanto al Bloque Centauros como a las propias ACC durante su confrontación, en alianzas descritas como posibles y condicionadas. Los antecedentes de todo el paramilitarismo llanero se remontaban a las olas de colonización, a la expansión de los cultivos ilícitos —marihuana desde los años setenta, coca desde finales de los ochenta y comienzos de los noventa— y a los procesos de concentración de la propiedad agraria.

El costo humano fue devastador. En 2003, en pleno pico de la guerra, la tasa de homicidios en Casanare alcanzó 100,84 por cada 100.000 habitantes: una cifra propia de una guerra abierta. La desmovilización de las AUC entre 2003 y 2005 no cerró el ciclo. Datos del Centro Nacional de Memoria Histórica para 2010 y 2011 registraron la persistencia en el departamento del Frente 28 de las FARC en municipios del norte y el oriente —Hato Corozal, La Salina, Nunchía, Pore, Sácama, San Luis de Palenque, Támara, Paz de Ariporo—; los Frentes 38 y 56 en la zona montañosa —Chámeza, Recetor, Sabanalarga—; el Frente 26 en Maní y Monterrey; el Frente Domingo Laín del ELN en La Salina, Sácama y Támara; remanentes de las ACC en Aguazul, Maní, Monterrey, Sabanalarga, Villanueva y Yopal; y estructuras del ERPAC en Monterrey, Orocué, Paz de Ariporo y Villanueva. La guerra se fragmentó, pero no se apagó.

La huella

Casanare es hoy un departamento moderno construido sobre capas históricas mal cicatrizadas. Yopal, su capital, creció al ritmo del petróleo hasta convertirse en una ciudad de más de cien mil habitantes con centros comerciales, universidades y un aeropuerto activo, pero rodeada de veredas donde persisten las estructuras del hato tradicional y las memorias de la guerra. El piedemonte concentra la renta y la infraestructura; la sabana profunda, hacia el Meta, sigue viviendo entre la inundación y el ganado, con densidades bajas de población y una presencia estatal intermitente.

La historia del departamento contiene una paradoja persistente. Cada vez que Colombia lo necesitó —para evangelizar en el siglo XVII, para ganar la Independencia en 1819, para movilizar liberales contra la persecución conservadora, para producir crudo en los noventa—, Casanare respondió con hombres, tierra y recursos. Y cada vez, terminado el ciclo de utilidad, el país lo devolvió a la periferia: sin carreteras, sin instituciones robustas, sin las inversiones estructurales que habrían convertido la renta en desarrollo. Los actores locales, por su parte, encontraron en esa marginalidad recurrente el espacio para reproducir sus propios dominios: hacendados que financiaron guerrillas mientras protegieran sus hatos, políticos que capturaron regalías, comandantes que cobraron vacunas al petróleo.

Del Casanare misional queda la memoria de las reducciones y los nombres de los antiguos pueblos jesuitas. Del Casanare independentista, la ruta libertadora que hoy se recorre como memoria patrimonial: Setenta, Paya, Pisba, Socha. Del Casanare guerrillero, la figura de Guadalupe Salcedo, cuya muerte sigue siendo invocada cada vez que en Colombia se discute una negociación de paz. Del Casanare petrolero, las cifras de regalías y los procesos judiciales que atraviesan a buena parte de su clase política reciente.

En el imaginario nacional, el departamento sigue oscilando entre dos representaciones antiguas: la del llanero heroico de la Independencia y la del territorio bravo, difícil de gobernar. Ambas simplifican. Casanare es, más bien, el laboratorio donde puede leerse con nitidez una lección persistente de la historia colombiana: que las periferias que producen riqueza estratégica —almas, soldados, crudo— pueden ser al mismo tiempo indispensables para el proyecto nacional y sistemáticamente excluidas de sus beneficios. Y que esa exclusión, cuando se prolonga durante siglos, no la sostiene solo el centro: la sostienen también los poderes locales que aprendieron a prosperar en la penumbra institucional. Entender a Casanare es entender ese doble movimiento, y por qué la sabana —tan silenciosa vista desde Bogotá— ha sido, sin embargo, uno de los territorios donde la historia de Colombia se ha decidido.

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Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

43 documentos · 58 fragmentos
01
Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 49
1 cita
[1]

bosques aíslan partes de sabana seca (llamadas bancos de sabana) con un muro verde que impide que se pro- pague el fuego cuando se incendia uno de los ban- cos. Los Llanos al norte del río Meta son, en su ma- yor parte, bajos e inundables. Son los llanos de Arauca y Casanare que, junto con los llanos vene- zolanos de…

p. 49
02
Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 140
1 cita
[2]

de desarrollo bajo la tierra Las lechuzas sabaneras 0 mochuelos utilizan algunos de los tuneles abandonados por los armadillos para hacer sus nidos, aunque también pueden cavar sus propios hue- cos. Uno de los espectaculos de la sabana lo ofrecen estas lechuzas, que se paran como centinelas en la entrada de sus nidos,…

p. 140
03
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 151
2 citas
[3]

el acueducto de Bogotá. Otros ríos como el Upía, que nace en el lago de Tota, lo mismo que el Cusiana, el Charte, el Cra- vo Sur y el Pauto, son afluentes izquierdos del Meta. En el piedemonte orinoquense, a orillas de estos cursos, se está conformando actualmente un poblamiento muy denso, debido a las oportu- 139…

p. 151
[4]

el acueducto de Bogotá. Otros ríos como el Upía, que nace en el lago de Tota, lo mismo que el Cusiana, el Charte, el Cra- vo Sur y el Pauto, son afluentes izquierdos del Meta. En el piedemonte orinoquense, a orillas de estos cursos, se está conformando actualmente un poblamiento muy denso, debido a las oportu- 139…

p. 151
04
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 36, 40
2 citas
[5]

padecen dinámicas comunes en el contexto del conflicto armado. La superficie de estos cinco departamentos alcanza los 372.942 kilómetros cuadrados, una extensión ligeramente superior a la de la actual Alemania. Sin embargo, para efectos de este informe, se excluyen algunas zonas amazónicas del Caquetá y del Guaviare.…

p. 36
[35]

entre 1930 y 1950, huían de la persecución conservadora. Algunos de estos liberales conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo en la década de los cuarenta y los cincuenta 39. Por último, está el piedemonte norte. Villavicencio y Yopal se erigen como las ciu- dades referentes de los llanos orientales, y…

p. 40
05
Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 13, 384
2 citas
[6]

that extended to the Casanare River and the comisaría of Arauca in the north, and to the Meta River, the intendancy of Meta and the comisaría of Vichada to the south and east. It is difficult to imagine two more contrasting environments joined together in one departmentthe cool, highland valleys of Boyacá and the flat…

p. 384
[33]

The federal deficit, which was approximately equal to the sum spent on the territories between 1868 and 1881, would not have occurred if those regions had been administered by the states. 26 Adolfo Vargas added that it was a bad policy for the national government to waste its scant resources on "remote regions which…

p. 13
06
Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 219
1 cita
[7]

estos túmulos eran tan grandes como abundante era la chicha que se daba a quienes los construían. Claramente, fueron construidos para ser vistos, y para que las diferencias entre ellos fueran evidentes. En estas sociedades, mostrar la jerarquía sin duda fue importante, pero muy seguramente no estamos hablando de una…

p. 219
07
Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 142, 148
2 citas
[8]

los riachuelos. Ahora bien: en este estado de cosas, surge el interro- gante de si eran guahibos los indígenas que según Liévano Aguirre en número de mil quinientos, debidamente mon- tados a caballo, conformaron el grupo rebelde de los Llanos que en 1781 engrosó el movimiento de los comuneros en Támara, Pore,…

p. 148
[10]

los grupos indí- genas utilizaban el aceite y los pigmentos, según parece como protección del sol y los insectos, no todos los pro- ducían. Además, la oferta en el mercado permitía cierta selección. Los sálibas, por ejemplo, fueron grandes manu- factureros del onoto, que era preferido al de los guahibos, por ser más…

p. 142
08
¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 16
1 cita
[9]

los Montes de María y la Serranía de Chiribiquete en el Guaviare técnicas muy parecidas de arte ru pestre practicado durante milenios, pero que a la vez expresan respuestas estéticas a sistemas de creencias radicalmente distin tos entre sí. Todos estos pueblos desarrollaron un respetable grado de intercambios…

p. 16
09
Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 139
1 cita
[11]

más prósperas en el renglón de la manufactura durante el siglo xviii y que poblaciones como Morocote se hicieran famosas por los lienzos que distribuían en los mercados de la Nueva Granada. Las haciendas De gran importancia fueron también las haciendas de los jesuitas, por su valor económico y por las técnicas de…

p. 139
10
El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 121, 162
2 citas
[12]

aquella.<i partes se extienden el ganado y bestia.<i cuanto quieren, porque son del Rey nuestro señor y las poseyeron los extrañados sin más título que su voluntad"". A pesar de ]a.<; imprecisiones en sus lfmires, las principales hacienda.<i jesuitas de Caribabare, Cravo y Tocaría eran contiguas y el ganado de las…

p. 121
[32]

posibles, para poder hacer frente a los urgentes gastos que impone al gobierno el actual estado de guerra"'. Y aún en tiempos de paz, el aparato militar fue un constante demandador de carne de res. Así, en un decreto de 8 de enero de 1902, se impuso "una contribución de ganado a los desafueros de una provincia. [Por…

p. 162
11
Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 221
1 cita
[13]

desprendido sin osten- tación, siempre bondadoso y enérgico cuando se trata del cumplimiento del deber: los casanareños tienen muy buen sentido y son inteligentes. 16 Abogaba por un sacerdote virtuoso y sencillo en oposición de los eruditos que, de acuerdo con su percepción, eran aptos para las ciudades, pero no para…

p. 221
12
Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 4, 34, 38
3 citas
[14]

Casanare in Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos Orientales 24 1893 and assigned it to the care of the Augustinian Recoletos, also known as Candelarios. After Arauca was designated as a separate apostolic prefecture in 1916, the vicariate was left with some forty-five thousand square…

p. 34
[25]

of the hato owner, the veguero might also own some cattle. On the hato itself, the vaqueros were in charge of work- ing with the cattle. They owned their own horses and riding equipment neces- sary for their job and received a salary. Caballiceros took charge of caring for the horses on the estate. The hato also…

p. 4
[34]

the Llanos. For some years, the province had suffered the scourge of gangs of cuatreros (cattle thieves) who attacked citizens and threatened to end the ranching industry. The whole country, he continued, was aware of the mag- nitude of the problems, but the government of Boyacá had simply abandoned Casanare to its…

p. 38
13
Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 14
1 cita
[15]

algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…

p. 14
14
Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 333
1 cita
[16]

la guerra. Era en efecto el enlace entre el espacio de los llanos medio controlado por los republicanos de Angostura y las montañas realistas de la meseta cundiboyacense. A la vez bastión y colchón. Casanare es el lugar para una nueva marcha, victoriosa al final, tras cuatro años de intentos infructuosos. LA CAMPAÑA…

p. 333
15
Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 333
1 cita
[17]

la guerra. Era en efecto el enlace entre el espacio de los llanos medio controlado por los republicanos de Angostura y las montañas realistas de la meseta cundiboyacense. A la vez bastión y colchón. Casanare es el lugar para una nueva marcha, victoriosa al final, tras cuatro años de intentos infructuosos. LA CAMPAÑA…

p. 333
16
Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 143
1 cita
[18]

greater expedition. Casanare was a semi-desert, a poor and underpopulated province, but it was the sanctuary of New Granadan inde- pendence. It provided a nucleus of another army and it could become a base 124 S I M Ó N B O L Í VA R for an invasion of New Granada. Santander explored and exploited the weak- nesses in…

p. 143
17
Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 13, 18
2 citas
[19]

abandono momentaéneo de la lucha por la independencia de su patria y la exposicién del brillante ejército del Apure a un po- sible contratiempo de catastroficas consecuencias. Decisién del Libertador El Libertador tomo su decisién a raiz de los magnificos informes que sobre el nucleo granadino le diera el coronel Lara…

p. 13
[22]

corriente impedia atravesarlos a pie o a nado. El 21 de junio, en Pore, se incorporé a la van- guardia el batall6n Cazadores, pues Santander tenia algunas de sus tropas distribuidas en diversos pues- tos con orden de efectuar su integraci6n a la co- lumna de marcha en este lugar. Desde el 22 de ju- nio, el grueso del…

p. 18
18
Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 263
1 cita
[20]

inmenso. El invierno los acompañó hasta el mismo Puente de Boyacá. En la Aldea de Setenta, a orillas del río Apure, el Libertador convocó un consejo de oficiales patriotas y les expuso los planes de invasión a la Nueva Granada. Corrían los días de finales de mayo de 1819, para continuar la más grande acción militar…

p. 263
19
Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 123
1 cita
[21]

de hacerse célebres por su partici- pación en la campaña libertadora, tales como José Antonio Anzoátegui, Carlos Soublette, Juan José Rondón, Leonardo Infante y Jaime Rook. El 15 de junio comenzó la campaña, con la vanguardia al mando de Santander y la retaguardia dirigida por Anzoátegui. De acuerdo con las órdenes…

p. 123
20
El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 74
1 cita
[23]

á ez entretuvo a Morillo con acciones de desgaste durante febrero del 19 en la regi ó n que une a Achaguas con San Fernando al Sur del Apure. Achaguas fue durante este tiempo el cuartel general de P á ez, en tanto que San Fernando lo fue de Morillo. Luego, en la acci ó n de Las Queseras del Medio, P á ez Infligi ó una…

p. 74
21
Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 192
1 cita
[24]

mentos que encomendó a colaboradores cercanos: Manuel Palacio (Estado y Hacienda), Pedro Briceño Méndez (Marina y Guerra) y Diego Bautista Urbaneja (Interior y Justicia). La legitimidad que este Congreso había dado a las acciones guerrilleras de los insurgentes fue de inmediato reconocida por el general José Antonio…

p. 192
22
La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 65, 130
2 citas
[26]

el Llano el magnate no siembra. La labor agrícola está encomendada al veguero, dueño de algunas reses y una casa ubicada en la ribera de los ríos dentro de los grandes fundos. El señor del hato le paga los víveres (plátano y yuca) con vacas HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 129 viejas para "carnear". En el Llano…

p. 130
[27]

cual se han organizado los grupos humanos lo- cales. Importa considerar los conuqueros, los vegueros, los caba- lliceros, los vaqueros y los caporales. Todos tomaron parte activa en acciones de armas. El conuquero que vive infelizmente en un rancho, siempre aco- sado por los dueños del hato, no tiene, no puede tener…

p. 65
23
Del Llano llano. Relatos y testimoniosAlfredo Molano · 2008 · p. 57
1 cita
[28]

que es como decir «blancos» en el Casanare. Estos «m u sieus» eran gente de buen trato. Echamos trece días de seis horas de camino cada día entre el Arauca y el Meta. N os levantábamos a las tres de la mañana, en sillábamos mientras nos preparaban el café para estar tintiados a las cinco de la mañana y echábamos a an…

p. 57
24
Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 322
1 cita
[29]

m b ia La guerrilla de los Llanos se conformó a comienzos de los cincuenta, cuando el liberal Elíseo Velásquez se alzó en armas para defenderse de la per secución del régimen conservador. En los Llanos se integraron las guerrillas liberales con una heterogénea composición social: campesinos desplazados de sus…

p. 322
25
Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 25
1 cita
[30]

para hacerlos más dependientes de la vida de hato y sujetarlos a sus relaciones laborales (Cf. Rausch 1999). De esta manera, lo llanero se convirtió en un patrón que, aunque no ideal, era trazado para la incorporación de los indios, quienes en el siglo XIX conformaban una buena parte de la población regional. La…

p. 25
26
El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 364
1 cita
[31]

364 Efiínd Ridcernstfiatfi de los Llanos son de buena raza y valientes, de afiladas es- puelas y de gran fiereza y saña. Sólo cuando se halla ya muy maltrecho cede el más débil el campo de batalla. Esta extraña conducta, mitad en son de regocijo, mi- tad con tintes de barbarie, nos da pie para presentar de una manera…

p. 364
27
Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 190, 226
2 citas
[36]

este se mantuviera como guardián de sus hatos. La situación empezó a cambiar por una conjugación de circunstancias internas y externas al movimiento rebelde. Al lado de los grupos que dirigía quien ahora se autoproclamaba el General Velásquez, se venían fortaleciendo, gradualmente, otros comandos con otros líderes…

p. 226
[38]

El logro parcial o total de estos objetivos en cualquiera de las regiones convulsionadas, sería utilizado como arma de presión a las guerrillas del Llano, las más numerosas, las más temidas y de mayor significación en el contexto nacional. Hay que recordar que cuando llegaron los primeros comunicados a los Llanos, los…

p. 190
28
No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 60
1 cita
[37]

eran importantes, el movimiento gue- rrillero más numeroso y mejor armado estaba en Casanare, Vichada, Meta y Arauca 108. Su capacidad militar les dio para tomarse bases militares como las de Palanquero, en Cundinamarca, y pueblos como Orocué, en Casanare. Al comienzo, los hacendados apoyaron a las guerrillas, pero…

p. 60
29
Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 108
1 cita
[39]

de las autoridades fuera evidentemente injusta. Guadalupe Salcedo era un guerrero vigoroso y leal con sus hombres, hábil estratega y memorable ser humano, firme en sus convicciones e implacable en el combate, que cuando fue llamado a la paz y a la concordia y se convenció de que la promesa oficial era sincera, actuó…

p. 108
30
Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 186
1 cita
[40]

y uno de sus acompañantes, y heridos tres agentes; luego, su abogado sostuvo que fue acribillado a sangre fría cuando se encontraba desarmado y con las manos en alto. En esa ocasión, como en tantas otras, se anunció la designación de investigadores especiales para esclarecer el suceso “hasta las últimas…

p. 186
31
Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 225
1 cita
[41]

Miraflores y Garagoa, alebres- tó a la población y estimu ló la guerri ll a llanera que, rápidamente, habría de ser emblema de la resi ste ncia en todo el país. Los Llanos y los llaneros integran el mito de origen de la repú- blica: de los Llanos vino la libertad en 1819. Podemos ir más atrás: Bochica, una de las…

p. 225
32
La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 52, 54
2 citas
[42]

siendo el principal mecanismo de legiti- mación de un sistema político autocrático 10ca1. 43 41. Velásquez, F., González, E. y otros, "Territorio, conflicto y gestión pública en Colombia. Munici- pios de Cabrera, Cundinamarca, Puerto López, Meta y La Dorada, Caldas", en Velásquez, F. (co- ord.) LIs otras caras del…

p. 52
[44]

al tiempo veía cómo se deterioraba su calidad de vida. La inestabilidad política se agudizó aún más con los ataques políticos que se propinaban los dos grandes electores del par- tido liberal en Casanare, ambos ex alcaldes de Yopal, Óscar Wilchez y Emiro Sossa. Sossa llegó a la gobernación del Casanare en 1995 tras…

p. 54
33
Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 105, 130
2 citas
[43]

el des- vío de recursos de regalías: La Contraloría General de la República presentó el informe sobre la au- ditoría a las regalías petroleras recibidas por el departamento de Ca- sanare y los municipios de Aguazul, Maní y Tauramena durante las vigencias 97, 98 y 99, el viernes anterior en Yopal (Casanare). Para la…

p. 105
[47]

comenzaron con esta actividad en el Casa- nare fueron Ecopetrol y las multinacionales Total, Triton, Perenco y BP Ex- ploration. Aquí la guerrilla estaba fortalecida, por lo que las posibilidades de ataques a su infraestructura –o a su personal– eran elevadas. Entonces el BCe tocó la puerta de esas empresas para…

p. 130
34
Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · p. 99, 102
2 citas
[45]

de los que mas altero las dinamicas socioeconomicas y politicas del departamento, ya que el acceso al control de las regallas ha motivado un espacio de confrontacion entre actores armadas ilegales en el afan de capturar estas rentas, y permitio la aparicion de elites locales que aumentaron su control politico y…

p. 99
[46]

de los gran- des barones electorales del departamento, "en 1998 se posesion6 como concejal de Yopal, con el respaldo de su jefe: el gobernador Miguel Angel Perez Suarez. Tres anos despues se juramenta como diputado, luego de" acompanar al candidato triunfante a la Gober- naci6n, William Hernan Perez. En 2003 inici6 su…

p. 102
35
Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 217
1 cita
[48]

épocas de la Colonia y la Conquista, que consagraban la propiedad del suelo y del subsuelo en cabeza de sus duenos. La Ley 20 de 1969 pretendio, entre sus muchas disposiciones, abolir la propiedad privada del subsuelo como sistema de contratacion petrolera, respetando, sin embargo, los derechos adquiridos que…

p. 217
36
Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 817, 820
2 citas
[49]

usted sabe que son cosas que se hacen y al fin y al cabo usted sabe y yo lo supe como a los dos o tres días. Entonces vine y le llamé la atención. Le llamé la atención al tipo y entonces el hombre... Entonces, yo siempre estaba un poco enojado y el hombre también me agredió a palabra y me amenazó, me dijo que no…

p. 817
[55]

Nacional a recibirlos» 2869. Así mismo, el Bloque Centauros incrementó su grupo mediante reclutamientos forzados. Un exparamilitar de la organización relató a la Comisión de la Verdad: «Nosotros teníamos reclutadores y pagábamos un porcentaje, 20.000 pesos por muchacho, o sea, si usted me decía: “Yo recojo mañana a…

p. 820
37
Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 212
1 cita
[50]

a grupos armados por resentimiento y otros por el afán subsistir (Pearce, 2004). En cuanto a los paramilitares, hay empezar por señalar que entre mediados y fi nales de la década de 1980, con el apoyo de las Autodefensas del Magdalena Medio, se conformaron en distintas zonas del país grupos que denominaban a sí mismos…

p. 212
38
Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 157
1 cita
[51]

militares y el colapso estatal en Meta y Casanare”, aparecido en la publicación de la Corporación Nuevo Arco Iris titulada Parapolí- tica. La ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos (!"",). José Jairo González, experto además en la región amazónica, pone el énfasis de su exposición en las dinámicas…

p. 157
39
Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 31, 626
2 citas
[52]

del Centauros a la zona, la fuerza predominante en el departamento eran las ACC. Sin embargo, con la llegada de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y la instaura- ción del Bloque Centauros, el control departamental de las Autodefensas de Martín Llanos se vio afectado. Antes de la llegada de Arroyave…

p. 31
[58]

3 de diciembre). Aseguran al alcalde electo de Aguazul, Casanare. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3842971. (2010, 9 de mayo). Paras confiesan “falsos positivos”. https://www.eltiem- po.com/archivo/documento/CMS-7700840) (2010, 11 de septiembre). Por crimen de gobernador, 17 años a ex para- militar. Base…

p. 626
40
Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 146
1 cita
[53]

PARAMILITAR EN LA ALTILLANURA: AUTODEFENSAS CAMPESINAS DE META Y VICHADA INFORME N.° 3 petroleras, por el otro. Tierra, cultivos ilícitos, extorsión y renta petrolera explican el porqué de la disputa armada entre facciones paramilitares de los Llanos Orientales. (…) La gue- rra entre Martín Llanos, jefe político y…

p. 146
41
Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 197
1 cita
[54]

no tenían títulos de propiedad, lo que hace más compleja su restitución. Entre las masacres más emblemáticas se destaca la per- petrada en el municipio de Mapiripán, departamento del Meta, en julio de 1997. Carlos Castaño después de celebrar su éxito sentenció que “habría más mapiripa- nes”. Véase: Corte IDH, 2005.…

p. 197
42
Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 116
1 cita
[56]

a las AUC en Casanare. 2010 - 2011 Fuente: procesado por la DAV del CNMH con base en información de la CNRR 232 233 CAPÍTULO II. LLANOS ORIENTALES NUEVOS ESCENARIOS DE CONFLICTO ARMADO Y VIOLENCIA Panorama posacuerdos con AUC Tabla 7. Ubicación de guerrillas y grupos armados ilegales posteriores a las AUC en Casanare…

p. 116
43
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 92
1 cita
[57]

de condi- ciones de vida y desarrollo humano se han mante- risticas sociales Variable Valor Cobertura de agua potable (%) 1993 53,85 Cobertura de alcantarillado sanitario (%) 1993 25,63 Cobertura de energia eléctrica (%) 1993 44,57 Tasa de analfabetismo (%) 1993 11,21 Desnutricidn global < 5 afios (%) 1995 12,57…

p. 92