Nicolás de Federmán
Conquista
1505–1542
La biografía
Nicolás de Federmán (Ulm, c. 1505 – alta mar, 1542) fue el conquistador alemán que en marzo de 1539 llegó al altiplano cundiboyacense procedente de Venezuela, tras una travesía de más de dos años por los Llanos Orientales y la cordillera andina, para descubrir que Gonzalo Jiménez de Quesada ya había fundado Santafé y que, casi simultáneamente, Sebastián de Belalcázar bajaba desde Quito con la misma pretensión. Su figura importa a la historia de Colombia por tres razones entrelazadas: encarna el eslabón alemán —y por tanto atípico— de la Conquista neogranadina, pues actuaba al servicio de la casa comercial Bartolomé Welser y Compañía, concesionaria de la gobernación de Venezuela desde 1528; protagonizó una de las marchas más extenuantes del siglo XVI americano, que reveló al altiplano muisca como imán simultáneo para huestes venidas de tres direcciones distintas; y, con Quesada y Belalcázar, formó parte del inusitado triunvirato que, en lugar de resolver el pleito con las armas, decidió llevarlo al Consejo de Indias. De ese acuerdo nació la ambigüedad institucional fundacional del Nuevo Reino de Granada.
Línea de vida
- 1528
Contexto estructural: concesión Welser
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Carlos V concedió la gobernación de Venezuela a la casa comercial alemana Bartolomé Welser y Compañía, abriendo la empresa indiana a súbditos no castellanos del Imperio y creando el marco que permitió la presencia de Federmán en América.
- 1530
Llegada a Venezuela y primeras entradas
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Federmán llegó a Venezuela en la órbita de los Welser, participó en las primeras entradas desde Coro bajo Ambrosio Alfínger, hizo expediciones propias por la costa y el interior, y regresó a Europa a rendir cuentas ante los factores de Augsburgo.
- 1534
Publicación de la Indianische Historia
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Durante su estancia europea publicó la Indianische Historia, uno de los primeros testimonios impresos sobre el interior de Venezuela y sus pueblos indígenas, redactado para un público comerciante alemán y no para la Corte castellana.
- 1537
Salida de Coro: inicio de la marcha imposible
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Desobedeciendo las instrucciones de Jorge de Espira, Federmán salió de Coro con unos ciento treinta caballos y varios centenares de hombres para adentrarse en los Llanos Orientales por iniciativa propia, iniciando una travesía que duraría más de dos años.
- 1539
Llegada a Pasca y convergencia en el altiplano
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En marzo de 1539 Federmán descendió el Páramo de Sumapaz y alcanzó Pasca, en el altiplano muisca, tras perder setenta europeos, cuarenta caballos e innumerables cargueros indígenas. Encontró el territorio ya ocupado por Jiménez de Quesada y, casi simultáneamente, llegó Belalcázar desde el sur, formándose el triunvirato de los tres conquistadores.
- 1539
Pacto del triunvirato y viaje a España
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Los tres capitanes acordaron no combatir y viajar juntos a España para que el Consejo de Indias dirimiera sus derechos sobre el Nuevo Reino. Antes dejaron en Bogotá unos cuatrocientos hombres, ciento cincuenta caballos y trescientas marranas preñadas como base del asentamiento fundacional.
- 1542
Muerte en alta mar
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Federmán murió en alta mar en 1542, sin haber obtenido del Consejo de Indias el reconocimiento de sus derechos sobre el territorio muisca ni el gobierno que reclamaba en nombre de los Welser.
Un capitán de la banca alemana en el Caribe
Para entender a Federmán hay que entender primero la anomalía estructural que lo trajo a América. En 1528 Carlos V, en su calidad de emperador y no solo de rey de Castilla, concedió la gobernación de Venezuela a la casa comercial alemana de los Welser. La decisión rompía las restricciones anteriores, que reservaban la empresa indiana a los súbditos castellanos. En adelante, cualquier vasallo del emperador podía participar en la expansión sobre el Nuevo Continente. La medida tuvo vastas proyecciones y respondió tanto a un designio universalista como a la presión política de acreedores flamencos y alemanes sobre una Corona endeudada.
La compañía beneficiaria, Bartolomé Welser y Compañía, era una empresa mercantil con sede en Augsburgo que operaba en el Nuevo Mundo con una lógica ajena a la tradición señorial castellana: buscaba retornos financieros, no encomiendas ni vasallos. Bajo esa concesión, Juan de Ampíes fue removido del gobierno de Coro y el territorio entregado a Ambrosio Alfínger, primer gobernador de la compañía en Venezuela. Federmán aparece en ese engranaje como uno de los cuadros alemanes destacados a las Indias por los Welser, junto a Jorge de Espira (Georg von Speyer) y Felipe de Hutten.
De su vida antes de embarcarse hacia el Caribe se conserva menos de lo que uno quisiera. Nació en Ulm, en la Alta Suabia, hacia 1505, en el mundo del comercio suabo que orbitaba en torno a Augsburgo y sus grandes casas bancarias. No llegó a América por hambre de tierra ni por promesa de encomienda, sino como agente de una empresa comercial que operaba una gobernación como si fuera una factoría. Esa diferencia de origen —capital financiero contra hidalguía— explica buena parte de lo que vendría después: su ruta atípica, su disposición a negociar en vez de combatir, y también la peculiar mezcla de disciplina y trato afable que sus contemporáneos le atribuyeron.
El retrato: un capitán al que sus soldados adoraban
Las descripciones antiguas coinciden en un tipo físico y moral netamente distinto al del conquistador castellano promedio. Federmán era de aventajada estatura, rostro blanco, barba rojiza, muy diestro en toda clase de ejercicios físicos: caballería, armas, marcha. Lo notable, en un oficio donde la crueldad se disculpaba y la codicia se presumía, es que se le describe como cortés y suave, y que jamás se le oyó decir mala palabra. Piadoso y compasivo, nunca fue acusado por sus enemigos —y los tuvo— de codicia, crueldad o acción sangrienta. Locuaz y comunicativo, sus soldados lo adoraban.
Se le atribuyeron además tacto político y agudeza de observación; algunos cronistas lo consideraron el de mayor talento del triunvirato que se formó en el altiplano en 1539, aunque el juicio, comparativo, dependía siempre de la simpatía del cronista. Lo que sí resulta consistente es la imagen de un hombre que sabía mandar sin castigar, atributo raro entre los capitanes de Indias y decisivo para haber conducido a un puñado de europeos a través de miles de kilómetros de sabanas, ríos y páramos sin que la hueste se disolviera antes de tiempo. En un mando donde la deserción era la sombra permanente del capitán, la sola circunstancia de haber sostenido una hueste durante veintiséis meses en marcha continua es, por sí misma, un dato biográfico.
Los años venezolanos: Coro, Maracaibo y las primeras entradas
Federmán llegó a Venezuela en la órbita de la compañía Welser hacia comienzos de la década de 1530, cuando Ambrosio Alfínger consolidaba desde Coro las primeras entradas alemanas al interior. Alfínger había desplazado a Ampíes y organizado la exploración del lago de Maracaibo y del piedemonte andino, en una lógica de razzia que combinaba búsqueda de oro, captura de indígenas y reconocimiento del territorio. Federmán participó en esa primera fase, hizo entradas propias por la costa y el interior, y regresó a Europa a rendir cuentas ante los factores de Augsburgo.
Fue en esa estancia europea cuando publicó una relación de sus viajes, la Indianische Historia, uno de los primeros testimonios impresos sobre el interior de Venezuela y sobre los pueblos indígenas de la región. Aquella escritura —hecha para un público comerciante alemán, no para la Corte castellana— revela la doble condición de su autor: capitán de una hueste armada y agente informante de una compañía que necesitaba mapas, inventarios y estimaciones de rendimiento.
De vuelta en Venezuela hacia mediados de los años treinta, Federmán quedó bajo las órdenes de Jorge de Espira, sucesor de Alfínger al frente de la gobernación Welser. La relación entre los dos alemanes fue tensa. Espira organizó en 1535 una gran entrada hacia el sur en busca del reino dorado del que hablaban las noticias indígenas y dejó a Federmán con instrucciones precisas de guarnecer Coro y no aventurarse por su cuenta. Federmán las desobedeció.
La marcha imposible: Coro–Casanare–Sumapaz–Pasca
En algún momento de 1537, Federmán salió de Coro con una hueste de unos ciento treinta caballos y varios centenares de hombres —europeos, indios auxiliares, cargueros— para adentrarse en el interior por su propia iniciativa. La expedición se prolongaría más de dos años. Descendió por el occidente venezolano hacia los Llanos, se demoró en el vasto piedemonte del Casanare, siguió la línea de los ríos que bajan de la cordillera —el Meta entre ellos— y, tras interminables meses de sabana, se decidió a subir la cordillera oriental por el sur, franqueando el Páramo de Sumapaz.
La decisión de virar hacia el sur no fue caprichosa. La gobernación de la que dependía Federmán colindaba al occidente con la de Cartagena y al oriente con Venezuela, y las noticias que sus intérpretes indígenas iban recogiendo señalaban hacia las tierras altas del sur, donde se hablaba de un pueblo rico en oro y esmeraldas. Esos traductores nativos —figuras anónimas pero constantes— fueron actores decisivos aunque invisibles de la convergencia: canalizaron a Federmán hacia el mismo destino al que otros informantes indígenas estarían orientando, por el sur, a Belalcázar.
El costo humano y material de la marcha fue devastador. Federmán perdió setenta europeos, cuarenta caballos e innumerables cargueros indígenas, muchos de ellos sometidos a servidumbre forzada en condiciones que no dejaban margen para la supervivencia. La travesía del Sumapaz, con sus temperaturas extremas y su falta de forraje, fue particularmente cruel para una hueste ya reducida y acostumbrada al calor llanero. El páramo cobró bajas por hipotermia y por hambre; los caballos, calzados para arena y no para roca húmeda, se despeaban en las cuestas. Cuando descendieron a la ladera occidental del páramo y alcanzaron Pasca, en marzo de 1539, los sobrevivientes debían de tener el aspecto famélico de quien ha marchado dos años sin refuerzos: barbas crecidas, ropas sustituidas por prendas indígenas, armas oxidadas, caballos escuálidos.
Marzo de 1539: la convergencia en el altiplano
Lo que Federmán encontró al llegar a Pasca no era la tierra virgen que esperaba. Era, otra vez, un territorio ya ocupado. Gonzalo Jiménez de Quesada había salido de Santa Marta en abril de 1536 por orden del gobernador Pedro Fernández de Lugo. Remontó el Magdalena en una campaña brutal en la que su tropa quedó reducida a unos ciento sesenta y seis hombres en las serranías del Opón, alcanzó el altiplano muisca a principios de 1537 y consumó allí una de las conquistas más lucrativas del siglo XVI americano después de las hazañas de Pizarro. El zipa Tisquesusa había muerto y la resistencia muisca continuaba bajo un nuevo caudillo, pero el poder militar castellano estaba instalado. El 6 de agosto de 1538, en el sitio que los indígenas llamaban Teusaquillo, Quesada había celebrado el primer acto fundacional de Santafé con una misa y la construcción de doce chozas —los trámites legales formales vendrían después—, y su hermano Hernán Pérez de Quesada gobernaba con autoridad delegada mientras las huestes se dispersaban por el altiplano encomendando indios y saqueando templos.
Casi al mismo tiempo, por el sur, se aproximaba una tercera fuerza. Sebastián de Belalcázar, conquistador y fundador de Quito bajo Francisco Pizarro, había iniciado desde 1535 exploraciones hacia el norte que llevaron a la fundación de Pasto, Popayán, Cali, Anserma y Cartago; sus capitanes alcanzaron el actual Quindío. A mediados de 1538, en Quito, un indio le llevó noticias que lo decidieron a partir personalmente al norte, movido tanto por la búsqueda de un reino propio como por el deseo de independizarse de Pizarro. La expedición bajó por el valle del Magdalena y recorrió sus riberas por unas ochenta leguas. En el alto Magdalena, hacia enero o febrero de 1539, hizo contacto con soldados de la hueste de Quesada en las cercanías de Neiva. Antes había ordenado fundar, quizás en diciembre de 1538, la ciudad de Timaná —originalmente Guacallo o Guacacallo— por sus capitanes Añasco y Ampudia. Llegó finalmente a Pasca en marzo de 1539.
La convergencia fue extraordinaria y ninguna coordinación imperial la explicaba: tres huestes con puntos y momentos de partida enteramente distintos —Santa Marta en abril de 1536, Coro en 1537, Quito a mediados de 1538— confluyeron con pocas semanas de diferencia sobre la misma sabana. El contraste físico entre las tres fuerzas era, sin embargo, elocuente. Los hombres de Quesada llevaban casi tres años en campaña; los de Federmán, más de dos, con setenta muertes y cuarenta caballos perdidos. Belalcázar, con solo ocho meses de viaje, conservaba vestuario y armas europeas, yanaconas quiteños entrenados y una buena piara. De las tres, la suya era la única que aún parecía una hueste de conquista; las otras dos parecían despojos de sí mismas.
Cuando llegaron a Santafé las primeras noticias de las dos nuevas huestes, Quesada ordenó por carta el regreso inmediato de su hermano Hernán Pérez, que se encontraba en Sogamoso. Dos días después, Hernán Pérez y sus hombres estaban de vuelta en el campamento español. La velocidad del movimiento indica lo que Quesada temía: que la ausencia de sus mejores capitanes en el momento de la confluencia pudiese decidir la partida.
El pacto de los tres capitanes
Lo notable, y lo que la memoria colombiana ha recordado con razón, es que no hubo combate. Tres huestes rivales, armadas, con capitanes ambiciosos y derechos jurisdiccionales cruzados, decidieron no enfrentarse. La explicación heroica —la de los cronistas renacentistas que retrataron a los conquistadores como héroes épicos comparables a los clásicos— habla de nobleza y prudencia. La explicación estructural es más sobria: ninguno de los tres podía permitirse una guerra, y la asimetría de posesión hacía del pleito judicial en España la única salida viable. Quesada tenía la ocupación efectiva y la fundación jurídica; los otros dos llegaban como retadores tardíos, uno diezmado y sin municiones, el otro con la mejor tropa pero demasiado lejos de sus bases para sostener una campaña prolongada. Trasladar el conflicto a la Corte era transferirlo a un espacio donde ninguno cargaba con la desventaja de la logística.
El acuerdo fue viajar juntos a España y dejar que el Consejo de Indias dirimiera los derechos sobre el territorio muisca. Antes de partir, los tres conquistadores dejaron en Bogotá aproximadamente cuatrocientos hombres, ciento cincuenta caballos y trescientas marranas preñadas —cifra reveladora del tipo de futuro que preveían: no expedición, sino asentamiento—. Esa dotación, junto a las órdenes de gobierno delegadas, sería la base material de la sociedad fundacional del Nuevo Reino, compuesta desde su origen por soldados de las tres huestes.
Antes se había resuelto también lo más urgente: el reparto del botín muisca. Cinco partes se asignaron a Quesada y diez quedaron reservadas para Fernández de Lugo; los capitanes recibieron cuádruple parte y los soldados de a caballo doble parte respecto de los peones. El escalafón era claro y ajustado a la costumbre castellana. Menos previsible fue el efecto sobre los precios en la sabana: tras el reparto se produjo una escasez tan aguda de artículos españoles —caballos, armas, herraduras— que llegó a decirse que era preferible usar oro bajo antes que hierro para herrar los caballos. La frase, más que ingeniosa, retrata con exactitud una plaza inundada de metal precioso y desabastecida de todo lo demás: la economía invertida de un campamento sobre un tesoro.
En agosto de 1539 se completaron los actos fundacionales que Quesada había dejado a medias. El 6 de agosto de ese año, Gonzalo Suárez Rendón fundó Tunja en el sitio de la antigua capital de los zaques, Hunza; Martín Galeano, por orden de Quesada, fundó Vélez. Federmán, cuya hueste ya no era propiamente suya, aportó hombres a estos asentamientos antes de embarcarse hacia España con sus dos rivales convertidos, por necesidad, en socios de pleito.
El viaje a España y la disolución del pleito
Los tres conquistadores hicieron declaraciones en Cartagena sobre sus descubrimientos y siguieron rumbo a la Península para llevar el caso ante la Corte. Ninguno saldría bien parado. La Corona, tras oírlos, no otorgó el control exclusivo del Nuevo Reino a ninguno: la fórmula política preferida por el Consejo fue, previsiblemente, no darle a ningún pretendiente lo que todos pedían. La Nueva Granada quedaría bajo una autoridad delegada distinta a los tres protagonistas del pacto de la sabana, y en Santafé Hernán Pérez de Quesada comenzó a adjudicar encomiendas a las huestes de Federmán y Belalcázar, en detrimento de los antiguos conquistadores de Santa Marta, lo que generó los primeros conflictos sociales serios de la nueva sociedad colonial.
Federmán no recibió la gobernación que pretendía. Peor: al regresar a Europa fue arrastrado a los pleitos internos de la casa Welser, que le exigía rendición de cuentas por la desobediencia a Jorge de Espira y por el destino de la parte del botín que correspondía a la compañía. Los últimos años de su vida se disolvieron en litigios en Sevilla y en Gante, en negociaciones con los factores de Augsburgo, en un ambiente en el que ya no era un capitán con hueste sino un empleado bajo sospecha. Sus escritos americanos, que en otro momento habrían sido credenciales, se convirtieron en piezas de descargo. La antigua libertad del capitán en marcha se estrechó al formato de la memoria contable.
Murió en 1542, en circunstancias que las versiones antiguas describen de manera no del todo concordante: la más difundida en la memoria colombiana lo hace ahogarse en alta mar, en una tormenta que hundió su barco. Fue el primero de los tres capitanes del altiplano en morir, y también el más joven al morir. No cumplió el sueño de una gobernación propia ni recuperó su lugar en la compañía que lo había enviado.
Los otros dos no corrieron mejor destino. Belalcázar, víctima de una conspiración de rivales, fue arrojado a un calabozo español y regresó a América quebrado y humillado; murió en Cartagena en 1551, abrumado por el sufrimiento. Jiménez de Quesada, aunque vivió más largamente, no obtuvo la gobernación entera del Nuevo Reino que consideraba suya por derecho. Ninguno de los tres protagonistas del pacto de la sabana capitalizó la conquista más importante que habían protagonizado. La institucionalización del Nuevo Reino fue obra de otros.
Federmán en la red alemana de la Conquista
La figura de Federmán no se explica sin la red alemana que lo trajo y lo enmarcó. Ambrosio Alfínger había abierto la ruta desde Coro hacia el interior; Jorge de Espira lo sucedió y organizó, en paralelo a las entradas de Federmán, exploraciones propias hacia el sur en busca del mismo reino dorado que atraía a todos. Felipe de Hutten, el más joven de los agentes Welser, murió años después víctima de Juan de Carvajal en uno de los episodios más sombríos de la gobernación venezolana, cuando el conflicto entre autoridades castellanas y factores alemanes derivó en violencia abierta. Bartholomeus V. Welser, hijo del gran comerciante de Augsburgo que había firmado con Carlos V la concesión de 1528, moriría en el mismo episodio.
Esa red importa por lo que representa: la única experiencia sostenida de una potencia comercial no ibérica ejerciendo soberanía delegada sobre un territorio del Nuevo Mundo. La concesión Welser se revocaría formalmente en las décadas siguientes, en el marco de la Corona castellana recuperando control sobre lo que consideraba territorio suyo. Federmán fue, en ese sentido, no solo un individuo excepcional sino el vector local de un experimento imperial fallido: la posibilidad, brevemente entreabierta, de que la banca alemana administrara una parte del Caribe hispanoamericano con lógica mercantil.
Que ese experimento haya rozado el corazón del futuro Nuevo Reino de Granada —que un capitán al servicio de los Welser haya llegado a Pasca antes que cualquier refuerzo castellano al altiplano— es el hecho estructural que sostiene todo lo demás. La Conquista de los muiscas fue, por ese detalle, una empresa con componente internacional, y no solo castellana.
La huella: la daga en el museo
De Federmán quedó en Colombia menos memoria material que la que dejaron Quesada o Belalcázar, pero quedó una pieza precisa: su daga, conservada en el Museo Nacional de Colombia dentro de la subdivisión de monumentos históricos, junto a la cota de malla de Gonzalo Jiménez de Quesada y a la espada del virrey Amar y Borbón. La colocación no es menor. Situar el arma del alemán al lado de la del jefe de la hueste castellana equivale, en la gramática expositiva del museo del siglo XX, a inscribirlo dentro de la genealogía nacional en el mismo estante que a Quesada. El objeto, sumado a piezas de la Independencia y de las expediciones republicanas, se ordena en un relato de continuidad que absorbe también al capitán de Ulm.
La memoria literaria fue más ambigua. Al menos un cronista temprano de la conquista de la zona equinoccial recurrió a la poética renacentista para retratar a los capitanes de la Nueva Granada con tintes heroicos, comparándolos con los héroes clásicos. Ese registro épico —común a las representaciones tempranas de Cortés, Pizarro, Quesada y Belalcázar bajo el estandarte de Carlos V— alcanzó también a Federmán, aunque de manera más tenue: su alemanidad no encajaba del todo en el molde castellano del heroísmo indiano, y su temprana muerte le impidió acumular la mitología biográfica que rodea a los otros dos. La daga sobrevivió; el ciclo poético no.
Balance
La trayectoria de Federmán obliga a repensar tres cosas sobre la Conquista neogranadina. Primero, que la simultaneidad de las tres huestes en el altiplano en 1539 no fue estrategia imperial sino colisión de tres proyectos autónomos con lógicas distintas: la banca alemana desde Coro, la expansión pizarrista desde Quito y la exploración caribeña por el Magdalena. La fundación del Nuevo Reino fue estructuralmente determinada por esa convergencia, pero su desenlace concreto fue contingente: si Federmán y Belalcázar hubieran llegado antes de agosto de 1538, la negociación habría sido distinta; si hubieran llegado con menos fatiga, quizá no habría habido negociación en absoluto.
Segundo, que el acuerdo de la sabana —tantas veces citado como ejemplo de prudencia castellana— fue en gran medida una decisión de agotamiento, y que su desenlace judicial en la Corte, donde ninguno de los tres salió vencedor, es coherente con la naturaleza del arreglo. La ambigüedad institucional del Nuevo Reino nació, así, de una hueste sin municiones, otra sin bases y una tercera sin margen para pelearlas.
Tercero, que la convergencia misma tuvo detrás una geografía informativa que las crónicas raramente iluminan. Los intérpretes que orientaron a Federmán en los Llanos y el indio que llevó a Belalcázar en Quito la noticia del reino del norte hicieron converger las tres huestes en la sabana antes de que ninguno de los tres capitanes lo hubiera decidido. El altiplano muisca fue imán tanto por su oro como por las rutas de información que, tejidas mucho antes de la llegada europea, prolongaron su alcance hasta Coro y hasta Quito.
Federmán, en la corriente larga de la historia colombiana, no ocupa el pedestal que ocupan Quesada o —a mucha distancia— Belalcázar. Fue el conquistador que llegó demasiado tarde, murió demasiado joven y trabajaba para el patrón equivocado. Pero su travesía imposible desde Coro hasta Pasca, y su decisión de no combatir en la sabana, dejaron en la fundación del Nuevo Reino una marca que ninguna reescritura posterior ha podido borrar del todo: la de un capitán alemán, cortés y adorado por sus soldados, que hizo posible, sin proponérselo, que Santafé no naciera en una guerra entre castellanos.
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Documentos y fragmentos citados
18 documentos · 26 fragmentos01Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 221 cita
[1]« The Conquerors of the New Kingdom of Granada », tesis de doctorado, University of Florida, Gainesville, págs. 114-120. 11 Los cronistas coloniales aquí considerados y sus obras son: fray Pedro Aguado, 1956, Recopilación historial, Bogotá; fray Juan de 23 Híndicíe rf ae oíre vidíríete ft Ciailqíe sultaba apremiante…
p. 22
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 123, 1412 citas
[2]Fue ya la é poca en la cual las autoridades espa ñ olas trataron de combatir la arrogancia de los “ americanos ” que orgullosos de haber con quistado un imperio para Espa ñ a, desafiaban cualesquiera leyes que trataban de limitar su libre acci ó n. En M é xico fue destituido por, aquel entonces el “ conquistador ”…
p. 123
[8]a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…
p. 141
03Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · Página 1991 cita
[3]inadvertida cosa alguna que engrandeciera a su patria y distinguiera a sus vasallos más inmediatos, halló en las disposiciones aludi- das una circunstancia oportuna y feliz. Castilla, y León ante todo, fue uno de sus móviles preferidos. Ejemplo sa- gacísimo fue este para Don Fernando cuando dispuso que la gracia se…
p. 199
04El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2941 cita
[4]y hombre de gran tacto político y agudeza de observación, el de más talento de aquellos tres conquistadores. Federmann, cuyo lugar de nacimiento no es conocido, era también de aventajada estatura y rostro blanco y bello, orlado de rojiza barba, muy diestro en toda clase de ejer- cicios, tan cortés y suave que jamás se…
p. 294
05Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1531 cita
[5]y objetos notables de los objetos indígenas que eran categori- zados como curiosidades y pensados al margen del tiempo. En la subdivisión de monumentos históricos y objetos notables se encon- traban piezas como la cota de malla de Gonzalo Jiménez de Quesada, la daga de Nicolás de Federmán, la espada del Virrey Amar y…
p. 153
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 45, 472 citas
[6]bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…
p. 47
[18]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…
p. 45
07Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Páginas 116, 1222 citas
[7]person. He left his brother, Hernán Pérez de Quesada, behind as his lieutenant. In preparation for his journey, Jiménez EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 1 0 | I n v A d I n G C o l o M b I A…
p. 122
[10]Santa Fe the title of city. See AGI Patronato 195, R. 6, fols. 18 r– 18 v. 23. Juan Ramírez de Hinojosa, who was with Hernán Pérez at the time, claims that they were in Sogamoso when a messenger arrived with letters from Gonzalo Jiménez in which Jiménez ordered his brother’s immediate return because of the unexpected…
p. 116
08Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1011 cita
[9]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
p. 101
09Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 100, 113, 1163 citas
[11]poblaciones al comenzar el descenso al Magdalena 14. Este río fue recorrido inicialmente por el lado oriental, por unas ochenta leguas; luego lo atravesaron y siguieron por la ribera izquierda hasta llegar a la desembocadura del Sabandija. Antes de la región de Neiva anduvieron entre poblaciones indígenas que luchaban…
p. 100
[20]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…
p. 113
[22]sobre sus descubrimientos, se fue directamente a España. La conquista de los chibchas, sin embargo, fue conocida inmediatamente en Santa Marta, pues Federmán, Quesada y Belalcázar hicieron diversas declaraciones en Cartagena al respecto. El gobernador enviado por la Audiencia de Santo Domingo, Jerónimo Lebrón, decidió…
p. 116
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 451 cita
[12]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…
p. 45
11Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 171 cita
[13]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…
p. 17
12Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 73, 76, 783 citas
[14]destacamento de los recién llegados, entre los cuales se con- taba Jiménez de Quesada, emprendió una expe- dición a la parte oriental de la gobernación, La Ramada. Sostuvo algunos encuentros con los indios y recogió algún oro. Sin embargo, desi- lusionado de lo que esperaba fuera un paraíso, abandonó la empresa. Sin…
p. 73
[19]el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…
p. 76
[23]las huestes de Federmán y Belalcázar, Pérez de Quesada comenzó a adju- dicarles encomiendas de indios, en detrimento de los derechos de los antiguos conquistadores, lo cual no contribuyó a la tranquilidad social. La llegada al Nuevo Reino de Jerónimo Lebrón, juez de residencia enviado por la Real Audiencia de Santo…
p. 78
13The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 371 cita
[15]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…
p. 37
14Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 221 cita
[16]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…
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15Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Páginas 60, 672 citas
[17]remolinos tan llenos de peces que podían agarrarse con la mano o sacarse metiendo una cesta en el río. Había tantas tortugas en el Magdalena Bajo que viajeros posteriores las califican de obstáculos para la navegación. Un cronista, fray Pedro Simón, cuenta que en un trayecto de trece días por el río, el grupo que lo…
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[24]conspiración de implacables rivales. Terminó arrojado a un calabozo español y para cuando pudo retornar a América, estaba quebrado y humillado, abrumado por el sufrimiento, y murió en Cartagena en 1551. Federmán fue el primero de ellos en morir, en 1542, en una tormenta que hundió su barco. Ninguno de ellos cumplió…
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16Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 671 cita
[21]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…
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17Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · Página 1411 cita
[25]Buenos Aires, hasta el tope de las montañas, como La Paz, Quito o Bogotá. Irán los ejércitos con Valdivia hasta el sur de Chile, y por el norte, con Coronado, hasta California. Con sus cruces, sus caballos y sus perros medirán los conquistadores en tierra de América varias veces la anchura y la largura de Europa.…
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18Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 351 cita
[26]poética del Renacimiento para pintar con tintes heroicos a los conquistadores de la zona equinoccial como héroes de la Ilíada o la Odisea, como varones ilustres que se aventuraban por un territorio selvático, con ríos y montañas enormes, que se enfrentaban a comunidades indígenas que no se caracterizaban por su…
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