Orinoquía
“La Orinoquía colombiana es un territorio que el país central ha preferido ver como frontera antes que como parte propia: una extensión de 372.942 km² al oriente de la cordillera donde cada oleada extractiva —misional, ganadera, petrolera,…”
La Orinoquía colombiana
Al oriente de la cordillera, entre el páramo de Pisba y el Orinoco, se extiende una Colombia que cabe entera dentro de Alemania y que el país central ha preferido ver como frontera antes que como territorio propio. Los cinco departamentos que la componen —Meta, Casanare, Arauca, Vichada y Guaviare, con retazos del Caquetá— suman 372.942 kilómetros cuadrados: entre una cuarta y una tercera parte del país. Sabanas que se vuelven mar durante seis meses del año, morichales, bancos altos de médanos pleistocénicos que emergen como islas en la inundación, piedemontes andinos, corredores biológicos que se prolongan sin costura hacia los llanos de Apure. Sobre esa base física se han sucedido, sin cancelarse, una frontera misional y ganadera, una frontera petrolera, una frontera guerrillera y paramilitar, y una frontera agroindustrial. Cada oleada se montó sobre la anterior. Ninguna terminó de convertir a la Orinoquía en algo distinto de un lugar del cual sacar cosas: almas para los colegios de la Compañía, cueros para Santafé, barriles para el mundo, hectáreas para los fondos de inversión. La memoria de esa serie de despojos, y de las agencias locales que la resistieron o la aprovecharon, es la que este artículo intenta poner en orden.
Un territorio antes de ser región
La geografía manda en la Orinoquía más que en ninguna otra parte de Colombia, y conviene fijarla antes de nombrar a los hombres. El río Meta cruza la llanura de suroeste a nororiente y funciona como divisoria estructural: al norte, en Arauca y Casanare, los llanos son bajos e inundables y se convierten en un mar durante las lluvias de abril a septiembre; solo los bancos altos de sabana —médanos depositados durante los períodos glaciales secos del Pleistoceno— quedan como islas de refugio para hombres y ganado. Al sur del Meta se abre la altillanura bien drenada, casi diez millones de hectáreas entre el Meta y el Vichada, con temperatura media uniforme y una estación seca de dos a cinco meses que la vuelve, en términos agronómicos, otra cosa.
El Orinoco propiamente dicho es un río frontera. Colombia y Venezuela lo comparten en un tramo de 250 kilómetros, entre la confluencia del Guaviare con el Atabapo y la desembocadura del Meta, tramo difícil de navegar por los raudales que labra una cadena de montañas graníticas. Sobre esa llanura sin horizonte emergen elevaciones aisladas —la Serranía de la Macarena, el Chiribiquete y otras serranías con alturas medias por debajo de los mil metros— restos del escudo cristalino precámbrico, el saliente del Vaupés asomando bajo la sedimentación. Montañas-isla, se les dice bien.
Sobre esa estructura, entre el Meta y el Vichada, coexisten hoy modos de asentamiento que pertenecen a tiempos distintos y no se han fundido: resguardos de sikuani, achagua, guahibos, piaroa, kurripaco, masiguare, piacoco; grupos nómadas y seminómadas; vaqueros de antigua estirpe; campesinos de vega de río; y, en la última capa, empresarios palmeros, cañeros, petroleros y ganaderos. La Orinoquía es, en sentido estricto, un palimpsesto: cada estrato sigue vivo bajo los que le pasaron por encima.
La conquista que no encontró oro
Al oriente de la cordillera, los conquistadores no hallaron El Dorado ni ciudades para saquear. Gonzalo Jiménez de Quesada subió por el Magdalena y encontró el altiplano muisca; Nicolás Federmann, viniendo desde Coro por los llanos de Apure y Casanare, cruzó la cordillera para llegar a Bogotá tarde, en 1539, cuando el reparto ya estaba hecho. La entrada de Federmann fue el reverso simbólico de la Orinoquía como territorio de paso: la llanura era la ruta, no el destino. La misma lógica se prolongó dos siglos: los llanos servían para llegar a otro sitio, o para sostener con vacas y almas lo que se hacía en Santafé.
Los pueblos indígenas que encontraron los europeos —achagua, sáliba, sikuani, guahibo, cuiba, piaroa, entre otros— tenían religiones propias que el catolicismo no logró desplazar por completo. De los sáliba se recogió testimonio de dioses del monte, del agua y de la sabana; los cuiba y otros grupos cazadores-recolectores lograron durante largo tiempo esquivar el contacto gracias a la eficacia de su modo de vida nómada. Ese equilibrio se rompería más tarde, y con una tragedia larga que aún dura.
En el siglo XVIII las misiones jesuíticas convirtieron a la Orinoquía en algo cercano a una provincia productiva. Los nombres de la trilogía casanareña —Caribabare, Cravo, Tocaría— eran los de tres haciendas contiguas cuya integración fue la clave del sistema. El ganado circulaba libremente entre ellas según buscara agua o pasto, y esa aparente indeterminación de linderos era en realidad un instrumento deliberado: los jesuitas controlaban el territorio moviendo las reses con el clima, aprovechando los cuatro meses de verano para consolidar rebaños y jerarquías. Las utilidades sostenían los colegios de la orden. Las almas indígenas reducidas eran, a la vez, feligreses y mano de obra. Cuando el padre José Gumilla escribió su Orinoco ilustrado a mediados del siglo XVIII, describía un mundo que era, además de espiritual, comercial. Las misiones eran exitosas precisamente porque eran rentables.
La expulsión de los jesuitas en 1767 desmontó ese engranaje sin que el poder civil supiera sustituirlo. Cuando estalló la revolución de los comuneros en 1781, un grupo rebelde de los Llanos —cerca de mil quinientos indígenas montados a caballo, posiblemente guahibos— engrosó el movimiento en Támara, Pore, Morcote, Paya y Pisba al grito de «¡Viva el rey inca y muera el rey de España!». No era todavía la independencia, pero ya era una demostración de que la llanura podía, cuando quería, salir a caballo hacia el altiplano.
La provincia libertadora
La Orinoquía decidió la independencia de la Nueva Granada. No es hipérbole patriótica: es descripción de logística. Casanare fue el santuario militar de la causa republicana, la retaguardia donde Francisco de Paula Santander rehizo un ejército mientras el resto del país sufría la Reconquista de Pablo Morillo. Para mayo de 1819, Santander había limpiado la provincia de realistas y podía reportarle a Simón Bolívar que Casanare estaba «entusiasta por su independencia» y lista para su papel.
El plan se concertó en la Aldea de Setenta, a orillas del río Apure, a finales de mayo de 1819, cuando Bolívar convocó un consejo de oficiales y expuso la invasión por sorpresa a la Nueva Granada. Las discusiones ásperas sobre si avanzar o retroceder vinieron después, en el Llano de Miguel, donde Santander impuso su criterio con el apoyo de los comandantes venezolanos. La campaña arrancó el 15 de junio con la vanguardia santanderiana y la retaguardia de José Antonio Anzoátegui, y cruzó la cordillera por el páramo de Pisba, considerado inaccesible. Los llaneros —jinetes semidesnudos, a pelo, con lanzas de palma, endurecidos en la ferocidad de las guerras de los llanos venezolanos, donde José Antonio Páez acababa de derrotar a Morillo en Las Queseras del Medio el 3 de abril— sufrieron el frío del páramo como un tormento. Muchos murieron en la subida sin haber visto un realista.
En el Pantano de Vargas, y luego en el puente de Boyacá el 7 de agosto de 1819, esa caballería —entre cuyos oficiales destacaba el coronel Juan José Rondón— cargó en el momento decisivo contra las fuerzas de José María Barreiro. El ejército libertador era, en su gran mayoría, nativo; los ingleses de la Legión Británica eran una fracción minoritaria. La independencia neogranadina se ganó, en lo esencial, con hombres del Llano.
Ese hecho fundó una imagen y un problema. La imagen: el llanero como guerrero de resistencia extrema, ferocidad y sentido del honor, fijado como emblema nacional. El problema: la sospecha, que germinó desde entonces y no dejó de crecer, de que la Orinoquía era una tierra conflictiva y tendiente a la guerra, una periferia armada que el centro debía contener más que integrar. La proyección del llanero como caudillo rebelde vino junto con la del Llano como frontera indócil. Ambas imágenes, nacidas a la vez, se refuerzan hasta hoy.
El hato como país
El siglo XIX y buena parte del XX consolidaron en la Orinoquía una sociedad ganadera cuya unidad no era el pueblo sino el hato. Los hatos eran latifundios extensivos, poco productivos en rendimiento por hectárea, que crecían por acumulación de tierra más que por tecnificación. Una sola cabeza de ganado podía disponer de más superficie que una familia entera de la región. Esa era la ecuación fundamental: mucha tierra, poca gente, y una jerarquía laboral que reproducía la dependencia.
En el hato coexistían roles diferenciados. El veguero era el trabajador agrícola de las riberas, dueño de algunas reses y de una casa, que recibía del señor del hato víveres —plátano, yuca— pagados con vacas viejas para carnear; un intercambio comercial desproporcionado que lo mantenía atado por deuda. El caballicero, adolescente o joven, cuidaba los caballos, se levantaba a las dos de la mañana y era el correo insustituible de la pampa; en esa función se curtía. El vaquero ocupaba la cima de la escala: ser vaquero era honor, tenía categoría social, y solía ser propietario de su caballo, su silla, su soga y sus implementos. En medio, capataces y caporales.
Esa estructura importa porque explica lo que vendría después. La ganadería llanera no generó una clase campesina propietaria ni una industria transformadora; generó un latifundio con dependientes y una cultura del hato —joropo, coleo, contrapunteo, el mito del hombre libre a caballo— que sirvió para dorar la asimetría. La atracción cultural del Llano, notoria en observadores y visitantes de la primera mitad del siglo XX, se posó sobre un edificio social profundamente jerárquico. Cuando llegaron las siguientes oleadas —la Violencia, el petróleo, el paramilitarismo, la agroindustria— encontraron ese piso ya listo: tierra concentrada, mano de obra sin activos, memoria de guerra.
Guadalupe y los cinco mil
En 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, la violencia bipartidista se derramó sobre el país. En los Llanos, donde el liberalismo era antiguo y el conservatismo se percibía como intrusión centralista, la persecución del régimen conservador de Mariano Ospina Pérez y luego de Laureano Gómez generó una respuesta armada rápida. A comienzos de los años cincuenta, el liberal Elíseo Velásquez se alzó en armas para defenderse. En Yopal, en Casanare, se fue formando un núcleo dirigente alterno alrededor de Guadalupe Salcedo Unda y Eduardo Franco Isaza, dos hombres que terminarían simbolizando la resistencia llanera.
La guerrilla del Llano fue rápidamente el emblema nacional de la resistencia liberal. Su composición social calcaba la estructura del hato: campesinos desplazados, familiares de víctimas del terror oficial, aparceros, vegueros, peones, vaqueros y caporales. Los hacendados liberales patrocinaron el movimiento, pero solo mientras funcionara como guardián de sus hatos; ese límite —la propiedad ganadera como frontera del apoyo elitario— definió el techo político de la insurgencia. Cuando en su mensaje presidencial de 1951 Laureano Gómez ni siquiera mencionó al Llano, hablando de los alzados en términos que negaban su condición política, dejó ver la lógica del poder central: se trataba de bandidos, no de un problema de país.
En 1953, con la llegada al poder de Gustavo Rojas Pinilla, se abrió una amnistía. Guadalupe Salcedo, convencido de la sinceridad de la oferta, persuadió a sus guerrilleros —unos cinco mil hombres— de deponer las armas. Se entregaron. Cuando el bipartidismo retomó el poder tras la caída de Rojas el 10 de mayo de 1957 y sentó las bases del Frente Nacional, la promesa se deshizo. Guadalupe Salcedo fue asesinado poco después. Su figura quedó fijada como la del insurrecto amnistiado y traicionado, cifra de una constante colombiana: al Llano se le hacen promesas para desmovilizarlo, y luego se le cobra.
La Violencia no fue en los Llanos, ni en el resto del país, una guerra de clases en sentido estricto; en la mayoría de las regiones los campesinos siguieron la orientación de los terratenientes, y las estructuras del poder rural fueron esenciales en la organización del conflicto. Pero en el Llano esa dinámica se cruzó con una tradición de autonomía armada que venía de la independencia, y produjo una insurgencia que no era ideológica en el sentido comunista posterior, sino profundamente ligada al hato, a la lealtad partidista liberal y a la memoria de la caballería libertadora. Cuando la memoria de Guadalupe se instaló en la cultura popular, ya cargaba dos siglos de acumulación simbólica.
El barril que lo cambió todo
En julio de 1983, tras un largo proceso exploratorio y setenta millones de dólares invertidos, Occidental Petroleum descubrió petróleo en Caño Limón, en Arauca. Las pruebas confirmatorias de noviembre de ese año establecieron reservas de hasta mil millones de barriles: uno de los descubrimientos más importantes del mundo en los quince años previos. El impacto fue inmediato y estructural. La producción petrolera colombiana pasó de unos 265.000 a unos 480.000 barriles diarios, y el país, que era importador desde 1974, volvió a exportar en 1986. El oleoducto Caño Limón-Coveñas, de 800 kilómetros hasta la costa atlántica, se construyó en tiempo récord, cerca de dos años.
Más tarde llegarían los campos de Cusiana y Cupiagua en Casanare, y la Orinoquía quedó configurada como el enclave energético del país. Las regalías fluyeron. Con ellas se pavimentaron carreteras, se dotaron ciudades del piedemonte —Yopal, Villavicencio, Saravena, Arauca— y creció un poblamiento denso donde antes había sabana. Sin embargo, la riqueza no se tradujo en mejoras proporcionales de las condiciones de vida. Hacia 2012, la industria extractiva representaba el 61% del PIB de Arauca: una economía de enclave sin encadenamientos productivos endógenos, donde el barril salía sin dejar cadena de valor detrás. La Gobernación de Arauca reconocía en ese año que la economía extractiva había producido conflictos internos y falta de oportunidades. Regalías gigantescas, pobreza persistente: la fórmula colombiana del petróleo.
El otro efecto del boom fue militar. El Ejército de Liberación Nacional, que venía debilitado, encontró en el petróleo su recomposición. El Frente de Guerra Nororiental y los frentes Camilo Torres y Domingo Laín crecieron enormemente en los años ochenta y noventa alrededor de la explotación. Entre 1985 y 1989 se conformaron nuevos frentes —Efraín Pabón Pabón, Armando Cacua Guerrero— financiados por la construcción de oleoductos. El ELN desarrolló entre 1986 y 2001 lo que los analistas llamaron «clientelismo armado»: extorsión a empresas petroleras, voladura sistemática de oleoductos, secuestro de personal, y a la vez presión a gobiernos locales y contratistas para que las regalías beneficiaran a colonos y trabajadores. En 1987, en una campaña de sabotaje, la organización acuñó una consigna que era programa: «Despierta Colombia, nos están robando el petróleo». El ELN actuaba como intermediario armado entre poblaciones marginadas y un Estado percibido como distante y capturado.
El petróleo, en suma, no llegó como desarrollo sino como disrupción. Reconfiguró todas las relaciones previas: financió simultáneamente al Estado clientelar, a la insurgencia y —muy pronto— al paramilitarismo que vendría a disputarle a la guerrilla el control del territorio y de la renta.
Mapiripán y la contraofensiva
Entre el 15 y el 20 de julio de 1997, en el municipio de Mapiripán, departamento del Meta, paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, convertidas por entonces en Autodefensas Unidas de Colombia, torturaron, desmembraron, desvisceraron y degollaron a unas 49 personas, y arrojaron sus restos al río Guaviare. La fuerza pública llegó el 22 de julio, siete días después del inicio de la masacre y dos días después de su conclusión, cuando los paramilitares ya habían destruido gran parte de la evidencia y los medios ya estaban en el lugar. La justicia colombiana estableció después la responsabilidad, por acción u omisión, de altos mandos militares; el general en retiro Jaime Humberto Uscátegui fue condenado a 37 años de prisión. La Corte Interamericana confirmó lo que documentaron los procesos: la operación se ejecutó con colaboración, aquiescencia y tolerancia de miembros de las Fuerzas Armadas.
Mapiripán no fue un episodio aislado sino la puerta de entrada de las AUC a los Llanos Orientales y el preámbulo de la consolidación del Bloque Centauros bajo el mando de Miguel Arroyave. La motivación era múltiple: control de cultivos de coca, laboratorios, rutas de narcotráfico, corredores estratégicos hacia Venezuela y el río Meta, y lucha contrainsurgente impulsada por ganaderos de la región. Ganaderos llaneros habían contactado a los hermanos Castaño para que implantaran un grupo paramilitar ante el acoso guerrillero; tropas de la Casa Castaño se desplegaron entonces sobre los Llanos, aunque no fue el único vector: los primeros grupos de autodefensa en la Altillanura recibieron influencia también desde Puerto Boyacá, epicentro histórico del paramilitarismo colombiano.
Lo que vino después fue un despojo sistemático. Miles de campesinos fueron desplazados. Las tierras vaciadas se legalizaron a favor de nuevos propietarios mediante testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces, registradores y notarios. Y se valorizaron, además, con dos motores paralelos: la explotación petrolera y la expansión agroindustrial de palma aceitera y caña para biocombustibles. El despojo no fue caótico: fue una operación de acumulación con blindaje jurídico.
Tras la desmovilización de las AUC, el patrón se prolongó en el Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia, ERPAC, que hacia 2010 controlaba un poder territorial considerable en los Llanos, defendiendo el nuevo statu quo del despojo. La violencia no había resuelto la disputa por la tierra; la había redistribuido a favor de nuevos dueños.
La altillanura como fondo de inversión
En febrero de 2014, la Contraloría General de la Nación publicó un informe de actuación especial sobre la acumulación irregular de predios baldíos en la Altillanura colombiana, correspondiente al año 2012. El informe identificó una presunta connotación fiscal de $150.378,92 millones derivada del incumplimiento de los artículos 1, 12 y 72 de la Ley 160 de 1994 por parte del INCODER. El caso emblemático fue el de Cargill: a través del fondo de inversión Black River, la multinacional creó 40 sociedades por acciones simplificadas —40 SAS— y compró 43 parcelas en Vichada que sumaban 61.000 hectáreas, sorteando el tope legal previsto para la adjudicación de baldíos a un solo comprador. El mecanismo, replicado por otros actores, convertía la ley agraria en un ejercicio de ingeniería societaria.
La palma aceitera, promovida como cultivo estrella del desarrollo llanero, tenía una lógica de escala. Según Fedepalma, la rentabilidad mínima requería 3.000 hectáreas. Las «alianzas productivas» con pequeños y medianos cultivadores implicaban que estos asumieran durante tres años los costos de preparación y mantenimiento sin ingresos, frecuentemente vía crédito, en una transferencia sistemática de riesgo hacia los eslabones débiles. En el Urabá chocoano, plantaciones ilegales sembradas inicialmente por paramilitares atrajeron inversiones respaldadas por Finagro, el Fondo Agropecuario de Garantías y el incentivo a la capitalización rural; en 2005, el INCODER emitió fallos que afectaron territorios colectivos reconocidos a 1.125 familias en beneficio de empresas palmeras. La misma lógica —despojo, blanqueo jurídico, financiación pública, agroindustria— se desplegó con matices en la Altillanura.
En medio de este nuevo ciclo, los doce pueblos indígenas repartidos en unos 80 resguardos entre el Meta y el Vichada sostienen su presencia sobre un territorio simultáneamente asediado por economías ilícitas —narcotráfico, tráfico de armas— y por economías legales que operan con la misma lógica de enclave. La reocupación del piedemonte y de las riberas del Meta por los guahibos en el siglo XIX, cuando adoptaron el semisedentarismo combinando horticultura con cacería, pesca y recolección tras el diezmo de los achagua, fue una respuesta indígena al colapso colonial. Hoy la presión es otra pero el patrón se parece: territorios que se defienden mientras el ciclo económico dominante los rodea.
Lo que queda debajo
La Orinoquía que hoy se lee en el mapa administrativo —Arauca, Casanare, Meta, Vichada, con las porciones del Guaviare y el Caquetá— es la suma no resuelta de todas sus fronteras. Los hatos jesuíticos dejaron la matriz ganadera; el hato republicano dejó el latifundio y la cultura del vaquero; la guerra de independencia dejó la imagen del llanero armado y la sospecha centralista sobre él; la Violencia dejó el luto de Guadalupe Salcedo y la memoria de la amnistía traicionada; el petróleo dejó el enclave fiscal, las regalías sin desarrollo y una guerrilla financiada por barriles; el paramilitarismo dejó Mapiripán, el despojo y la valorización sucia de la tierra; la agroindustria dejó las SAS, la palma y la legalización notarial de lo arrebatado.
Nada de eso se ha cancelado. Los sikuani siguen ahí, los vaqueros siguen ahí, los desplazados de Mapiripán siguen buscando restitución, los oleoductos siguen bombeando, los fondos de inversión siguen comprando. Cada oleada llegó con una promesa de integración —salvación de almas, ciudadanía republicana, modernización petrolera, seguridad democrática, desarrollo agroindustrial— y cada una terminó extrayendo más de lo que dejó. Alfredo Molano, que caminó estas sabanas durante décadas y las escribió como pocos, sostuvo que la Orinoquía era el ensayo permanente de otra Colombia posible que el centro nunca quiso ver. Es una manera de decir lo mismo: la región ha sido gobernada como frontera, no como país.
Pero el palimpsesto no es solo un archivo de despojos. Es también un archivo de agencia. Los llaneros decidieron Boyacá. Los guerrilleros de Guadalupe negociaron una amnistía y forzaron un lugar en la memoria nacional. Los guahibos reocuparon el Meta después del colapso colonial. Los sikuani y los u'wa han bloqueado, litigado y sobrevivido. El ELN, con todos sus horrores, obligó a nombrar en voz alta la pregunta por a quién le pertenece el petróleo. Cada oleada externa se estrelló contra formas locales de organización que la modificaron, aunque no la vencieran.
La Orinoquía se termina de imaginar como propia el día que Colombia entienda que sus llanos no son un margen sino uno de sus centros —histórico, ecológico, económico— y que las cinco fronteras superpuestas no son un pasado sino un presente vivo. El río Meta seguirá dividiendo el norte inundable de la altillanura seca; los médanos pleistocénicos seguirán emergiendo cada verano como islas; los resguardos seguirán ahí; los oleoductos también. Sobre esa base física y humana, la pregunta que la región le hace al país sigue abierta desde 1539: si algún día va a dejar de ser el lugar del cual sacar cosas, para volverse un lugar donde también se construye.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
48 documentos · 52 fragmentos01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 361 cita
[1]padecen dinámicas comunes en el contexto del conflicto armado. La superficie de estos cinco departamentos alcanza los 372.942 kilómetros cuadrados, una extensión ligeramente superior a la de la actual Alemania. Sin embargo, para efectos de este informe, se excluyen algunas zonas amazónicas del Caquetá y del Guaviare.…
p. 36
02Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 491 cita
[2]bosques aíslan partes de sabana seca (llamadas bancos de sabana) con un muro verde que impide que se pro- pague el fuego cuando se incendia uno de los ban- cos. Los Llanos al norte del río Meta son, en su ma- yor parte, bajos e inundables. Son los llanos de Arauca y Casanare que, junto con los llanos vene- zolanos de…
p. 49
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1702 citas
[3]ríos Meta y Vichada con un área de casi diez millones de hectáreas. Su clima se caracteriza por la uniformidad de la temperatura media anual y una distribución estacional de lluvias con un período seco entre dos y cinco meses (Andrade 2009). Sobre esta estructura física se han establecido diferentes modos de…
p. 170
[4]drenada está localizada entre los ríos Meta y Vichada con un área de casi diez millones de hectáreas. Su clima se caracteriza por la uniformidad de la temperatura media anual y una distribución estacional de lluvias con un período seco entre dos y cinco meses (Andrade 2009). Sobre esta estructura física se han…
p. 170
04Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1351 cita
[5]el Guaviare y el Atabapo, dos corrien- tes que confluyen casi en el mismo punto con el gran tio colombo-venezolano. Desde ese punto hacia el norte, hasta la desembocadura del Meta, el Orinoco es comin a los dos paises en un tramo que mide doscientos cin- cuenta kilémetros de longitud, dificilmente navegable a causa de…
p. 135
05Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 511 cita
[6]pie de los Andes. Además de la Sierra Nevada de Santa Marta, existen las siguientes principales formaciones orográficas no andinas: la Serranía del Darién, la cordillera del Baudó, las monta- ñas y serranías del Caribe y de La Guajira, y la Serranía de 52 Eíndice Grst la Macarena. Hay también diversas elevaciones de…
p. 51
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1641 cita
[7]As in the rest of South America, a combination of external and internal tectonic, volcanic, and glacial forces over the aeons formed Colombia's present-day geology. Island-like outcroppings in the eastern llanos are visible remnants of Precambrian times when Colombia consisted of metamorphic rocks. During the…
p. 164
07Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 5601 cita
[8]También cultivan caña para la preparación del guarapo. La ganadería forma parte de su economía y tam- bién algunos cultivos menores de frutales como mango, piña, patilla, pa- paya, limón y mamey. Las mujeres elaboran en cerámica tinajas, budares y calderos con fines domésticos y comerciales. Los hombres trabajan…
p. 560
08Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 1481 cita
[9]los riachuelos. Ahora bien: en este estado de cosas, surge el interro- gante de si eran guahibos los indígenas que según Liévano Aguirre en número de mil quinientos, debidamente mon- tados a caballo, conformaron el grupo rebelde de los Llanos que en 1781 engrosó el movimiento de los comuneros en Támara, Pore,…
p. 148
09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 161 cita
[10]los Montes de María y la Serranía de Chiribiquete en el Guaviare técnicas muy parecidas de arte ru pestre practicado durante milenios, pero que a la vez expresan respuestas estéticas a sistemas de creencias radicalmente distin tos entre sí. Todos estos pueblos desarrollaron un respetable grado de intercambios…
p. 16
10Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1081 cita
[11](2020), EJC (2022) y Comisión de la Verdad (2022). Este corredor limita al norte con el río Meta –que se forma a partir de los ríos Upía y Metica– y al sur con los ríos Guaviare y Orinoco, que constituyen la frontera colombo-venezolana en el departamento del Vichada. Se erige alrededor del afluente principal del río…
p. 108
11El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 1211 cita
[12]aquella.<i partes se extienden el ganado y bestia.<i cuanto quieren, porque son del Rey nuestro señor y las poseyeron los extrañados sin más título que su voluntad"". A pesar de ]a.<; imprecisiones en sus lfmires, las principales hacienda.<i jesuitas de Caribabare, Cravo y Tocaría eran contiguas y el ganado de las…
p. 121
12Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1391 cita
[13]más prósperas en el renglón de la manufactura durante el siglo xviii y que poblaciones como Morocote se hicieran famosas por los lienzos que distribuían en los mercados de la Nueva Granada. Las haciendas De gran importancia fueron también las haciendas de los jesuitas, por su valor económico y por las técnicas de…
p. 139
13Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 2211 cita
[14]desprendido sin osten- tación, siempre bondadoso y enérgico cuando se trata del cumplimiento del deber: los casanareños tienen muy buen sentido y son inteligentes. 16 Abogaba por un sacerdote virtuoso y sencillo en oposición de los eruditos que, de acuerdo con su percepción, eran aptos para las ciudades, pero no para…
p. 221
14Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 1, 142 citas
[15]2 The deathblow to this relatively prosperous colonial province came with the War of Independence (1810–1821), when patriot soldiers raided the Llanos missions, recruiting the natives to fight against the royalists and sacking the churches. The clergy who stayed at their posts received neither subsidies nor military…
p. 14
[27]1 The Llanos Frontier on the Eve of La Violencia The attraction of the Llano is irresistible. It can happen that it may produce a de- formation of the spirit and that men, accustomed to the comforts and advantages of what is called civilization, will become fond of what there is in the plains, in the hatos, in the…
p. 1
15Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 1431 cita
[16]greater expedition. Casanare was a semi-desert, a poor and underpopulated province, but it was the sanctuary of New Granadan inde- pendence. It provided a nucleus of another army and it could become a base 124 S I M Ó N B O L Í VA R for an invasion of New Granada. Santander explored and exploited the weak- nesses in…
p. 143
16Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 3601 cita
[17]montañas, coronaría las cumbres de la cordillera Oriental y descendería desde las alturas hasta Bogotá. Mientras las tropas realistas recién llegadas de España padecían su primera exposición a la fiebre amarilla, la malaria y la peste, además del tedio de la vida de guarnición en Caracas, él y su ejército de…
p. 360
17Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2631 cita
[18]inmenso. El invierno los acompañó hasta el mismo Puente de Boyacá. En la Aldea de Setenta, a orillas del río Apure, el Libertador convocó un consejo de oficiales patriotas y les expuso los planes de invasión a la Nueva Granada. Corrían los días de finales de mayo de 1819, para continuar la más grande acción militar…
p. 263
18Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 251 cita
[19]para hacerlos más dependientes de la vida de hato y sujetarlos a sus relaciones laborales (Cf. Rausch 1999). De esta manera, lo llanero se convirtió en un patrón que, aunque no ideal, era trazado para la incorporación de los indios, quienes en el siglo XIX conformaban una buena parte de la población regional. La…
p. 25
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1231 cita
[20]de hacerse célebres por su partici- pación en la campaña libertadora, tales como José Antonio Anzoátegui, Carlos Soublette, Juan José Rondón, Leonardo Infante y Jaime Rook. El 15 de junio comenzó la campaña, con la vanguardia al mando de Santander y la retaguardia dirigida por Anzoátegui. De acuerdo con las órdenes…
p. 123
20Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 261 cita
[21]de haber sido techazados varias veces cuando se encontraban a 981 punto de coronar la altura. Bolivar emplea sin éxito, en apoyo de los contraataques de la vanguardia, los batallones Bravos de Péez, Rifles y Legion Britanica, cuyos comandantes son heridos en la refriega; pero Barreiro ataca de nuevo y ante el éxito de…
p. 26
21El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 741 cita
[22]á ez entretuvo a Morillo con acciones de desgaste durante febrero del 19 en la regi ó n que une a Achaguas con San Fernando al Sur del Apure. Achaguas fue durante este tiempo el cuartel general de P á ez, en tanto que San Fernando lo fue de Morillo. Luego, en la acci ó n de Las Queseras del Medio, P á ez Infligi ó una…
p. 74
22La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 1301 cita
[23]el Llano el magnate no siembra. La labor agrícola está encomendada al veguero, dueño de algunas reses y una casa ubicada en la ribera de los ríos dentro de los grandes fundos. El señor del hato le paga los víveres (plátano y yuca) con vacas HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 129 viejas para "carnear". En el Llano…
p. 130
23Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1601 cita
[24]unidades sociales, pero sobre todo económicas, caracterizadas por ser latifundistas y poco productivas, ya que una cabeza de ganado puede llegar a disponer de más tierras que una familia de esta región. De esta afirmación, un entrevistado relata: La mayor parte de las haciendas, así como se conocen ahora […], con…
p. 160
24Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 3221 cita
[25]m b ia La guerrilla de los Llanos se conformó a comienzos de los cincuenta, cuando el liberal Elíseo Velásquez se alzó en armas para defenderse de la per secución del régimen conservador. En los Llanos se integraron las guerrillas liberales con una heterogénea composición social: campesinos desplazados de sus…
p. 322
25Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2261 cita
[26]este se mantuviera como guardián de sus hatos. La situación empezó a cambiar por una conjugación de circunstancias internas y externas al movimiento rebelde. Al lado de los grupos que dirigía quien ahora se autoproclamaba el General Velásquez, se venían fortaleciendo, gradualmente, otros comandos con otros líderes…
p. 226
26El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3211 cita
[28]el panorama de los Llanos / Villavicencio y sus habitantes / Generalidades sobre los Llanos: colonización, selva virgen, pastos / Los hatos del señor Restrepo / Noche y mañana en una hacienda / Cultivos / Riquezas minerales / Las salinas de Upín / Frutos y plantas / Al interior de los Llanos: caminos de bosque;…
p. 321
27Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2251 cita
[29]Miraflores y Garagoa, alebres- tó a la población y estimu ló la guerri ll a llanera que, rápidamente, habría de ser emblema de la resi ste ncia en todo el país. Los Llanos y los llaneros integran el mito de origen de la repú- blica: de los Llanos vino la libertad en 1819. Podemos ir más atrás: Bochica, una de las…
p. 225
28Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 971 cita
[30]o para impedir a las autoridades que les quitaran las cédulas. La dictadura conservadora (1950-1953) La elección de Laureano Gómez para el periodo 1950-1954 llevó a la ruptura total entre los dos partidos. Las guerrillas liberales crecieron en varias regiones del país, como los Llanos Orientales, el occidente de…
p. 97
29La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 2251 cita
[31]en Ud. tenemos confianza, porque en cuanto se refiere a González, Neira, etc., estamos convencidos de que se entregan a media vuelta. Yo los conozco. Y por eso Ud. debe amarrarse los pantalones donde siempre los ha tenido y nada más. Su obra será cumbre si logra mantener la unidad. Esperamos que los Fonsecas marchen…
p. 225
30Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1081 cita
[32]de las autoridades fuera evidentemente injusta. Guadalupe Salcedo era un guerrero vigoroso y leal con sus hombres, hábil estratega y memorable ser humano, firme en sus convicciones e implacable en el combate, que cuando fue llamado a la paz y a la concordia y se convenció de que la promesa oficial era sincera, actuó…
p. 108
31Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 2081 cita
[33]state oil enterprise, specifying the conditions for oil exploration in Arauca. In July 1983, after a long and arduous exploratory process and a $70 million investment, Occidental discovered oil, in Caño Limón (see fig. 6.1). By November tests had con- firmed that the find—reserves of up to one billion barrels—was one…
p. 208
32Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1241 cita
[34]busca ron obtener, por medio del terror, la ventaja táctica configurando una clase política municipal subalterna, práctica que remonta a la época de la Violen cia. Recientemente el tema se ha ilustrado con el "clientelismo armado" del ELN en Arauca (Peñate, 1998), al cual vale abrir un paréntesis porque trae a…
p. 124
33Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1512 citas
[35]el acueducto de Bogotá. Otros ríos como el Upía, que nace en el lago de Tota, lo mismo que el Cusiana, el Charte, el Cra- vo Sur y el Pauto, son afluentes izquierdos del Meta. En el piedemonte orinoquense, a orillas de estos cursos, se está conformando actualmente un poblamiento muy denso, debido a las oportu- 139…
p. 151
[36]el acueducto de Bogotá. Otros ríos como el Upía, que nace en el lago de Tota, lo mismo que el Cusiana, el Charte, el Cra- vo Sur y el Pauto, son afluentes izquierdos del Meta. En el piedemonte orinoquense, a orillas de estos cursos, se está conformando actualmente un poblamiento muy denso, debido a las oportu- 139…
p. 151
34Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1231 cita
[37]200 millones de barriles” (2003, 1 de octubre). El yacimiento araucano llega a sus 20 años vivito y bombean- do. Ecopetrol, recuperado el 2 de abril de 2014, en: www.ecopetrol.com.co/especia- les/carta/actualidad.htm). 124 Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca soportado su…
p. 123
35Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1641 cita
[38]El ELN mantenía cuatro zonas donde ejercía una fuerte influencia. La primera era Arauca, donde el ELN aglutinó un importante crecimiento alrededor de la explotación petrolera. (Allí) el Frente de Guerra Nororiental logró un enorme crecimiento en los años 80 y sobre todo en los 90. La consolidación de los frentes…
p. 164
36Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 831 cita
[39]de Caño Limón, en Arauca, y de la construcción del oleoducto hasta Coveñas. Su surgimiento tuvo lugar en Santander y desde allí irradió al Magdalena medio, Norte de Santander, Arauca, Casanare, la costa atlántica y regiones aisladas del occidente y sur de las montañas andinas. En 1990, el ELN actuó en toda la región…
p. 83
37Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[40]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
p. 57
38Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 1541 cita
[41]explosivas en el oleoducto Caño Limón-Coveñas que iban a ser dinamitadas luego del ata- 155 2 Incursiones guerrilleras en cabeceras municipales y centros poblados (1965-2013): dimensión espacio-temporal, objetivos y repertorios que perpetrado contra el puesto de policía (Vanguardia Liberal, 1987, 17 de marzo, “17…
p. 154
39Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 321 cita
[42]Maldonado Gutiérrez Fuerza de Tarea Quirón 1. Brigada Móvil n.°5 2. Brigada Móvil n.°31 3. Brigada Móvil n.°34 Fuente: elaboración propia CNMH-DAV, a partir de información tomada de: Herrera Ospina et al. Fuerzas Militares de Colombia. Ejército Nacional VIII División: El conflicto armado en las regiones. Bogotá:…
p. 32
40Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1971 cita
[43]no tenían títulos de propiedad, lo que hace más compleja su restitución. Entre las masacres más emblemáticas se destaca la per- petrada en el municipio de Mapiripán, departamento del Meta, en julio de 1997. Carlos Castaño después de celebrar su éxito sentenció que “habría más mapiripa- nes”. Véase: Corte IDH, 2005.…
p. 197
41No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3281 cita
[44]orden es quemar, desaparecer del mapa a Mapiripán, Meta”» 988. Según la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), los paramilita- res permanecieron en Mapiripán desde el 15 hasta el 20 de julio de 1997. Durante este periodo, «impidieron la circulación a los habitantes de dicho municipio, y torturaron,…
p. 328
42Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3381 cita
[45]cocaína y llevar adelante la lucha contrainsurgente fueron las de Mapiripán, Meta, en 1997; El Placer, Putumayo, en 1998; y La Gabarra, Norte de Santander, en 1999. Estas tres masacres tuvieron dos factores comunes. El primero de ellos es la responsabilidad de miembros de la fuerza pública en ellas, tanto por acción…
p. 338
43Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 1731 cita
[46]en estas dos etapas. En la década de los (", la guerrilla se desenvolvía sin dema- siadas di fi cultades en los Llanos Orientales. Los grupos de autode- fensa que hacían presencia allí solamente eran capaces de repeler el avance insurgente en territorios muy especí fi cos, entre otras razones, porque no operaban de…
p. 173
44Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5342 citas
[47]7.5.6 Los Llanos, tierra usurpada a campesinos desplazados Como lo establecieron los procesos judiciales, las tierras de los campesinos y campesinas desplazadas y despojadas por los paramilitares en los Llanos, fueron legalizadas con apoyo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces,…
p. 534
[48]7.5.6 Los Llanos, tierra usurpada a campesinos desplazados Como lo establecieron los procesos judiciales, las tierras de los campesinos y campesinas desplazadas y despojadas por los paramilitares en los Llanos, fueron legalizadas con apoyo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces,…
p. 534
45Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 381 cita
[49]de Puerto Boyacá a los Llanos Orientales en la conformación de los primeros grupos de autodefensa en la Altillanura. 1.1. Aproximaciones geográficas y caracterización de la población de la Altillanura de los Llanos Orientales Siguiendo la propuesta de Castillo y Salazar (2006), el terri- torio se puede entender como…
p. 38
46Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 3401 cita
[50]“presun- ta acumulación irregular de predios baldíos en la altillanura 103 Contraloría General de la Nación (2014), Informe de actuación especial (Aces) -Instituto Colombiano de Desarrollo Rural INCODER- Actuación especial sobre la acumulación irregular de predios baldíos en la Altillanura colombiana (año 2012),…
p. 340
47La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 451 cita
[51]este sistema. Cargill, la corporación multinacional con base en Estados Unidos, mediante el fondo de inversión Black River, creó 40 SAS y compró 43 parcelas de tierra en Vichada, que representan 61.000 hectáreas. El Estado extractivo de la periferia colombiana une los intereses de las élites de alta sociedad con los…
p. 45
48Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 141 cita
[52]palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…
p. 14