Vaupés
“El Vaupés ocupa el extremo suroriental de Colombia sobre la frontera con Brasil, asentado sobre el antiquísimo Escudo Guayanés cuyas rocas granitoides condicionan suelos pobres, ríos de aguas negras y una ecología que ha moldeado durante milenios…”
En el extremo suroriental de Colombia, sobre la línea imaginaria que separa el país de Brasil, se extiende un departamento donde la lógica del Estado llega tarde y a medias, y donde la geografía la escriben los ríos antes que los mapas oficiales. El Vaupés es, en superficie, la unidad político-administrativa que la Constitución de 1991 elevó desde su antigua condición de comisaría; en profundidad, es un territorio indígena del noroeste amazónico habitado desde hace milenios por pueblos tukano-hablantes y por bandas makú, cuya organización socioterritorial —malocas colectivas, exogamia lingüística, rangos patrilineales asignados a los ríos— precedió por muchos siglos a cualquier decreto expedido en Bogotá. Comprenderlo exige aceptar esa doble condición: es a la vez uno de los treinta y dos departamentos del país y una geografía cultural que responde a otras coordenadas, más antiguas y más obstinadas que el orden republicano.
La semblanza: una selva sobre el escudo
El Vaupés no es exactamente la Amazonía que los colombianos imaginan cuando piensan en el Amazonas. Aunque forma parte de esa gran región —que ocupa 403.401 kilómetros cuadrados, el 35,3 % del territorio nacional— y comparte su clima cálido y húmedo y su matriz de selva tropical, sus fundamentos geológicos son otros. Bajo buena parte de su suelo aflora el Escudo Guayanés, uno de los cratones más antiguos del planeta, compuesto en gran parte por granitoides que emergen en la llamada saliente del Vaupés como elevaciones aisladas, restos cristalinos de un tiempo anterior a la propia Amazonía. Esa roca vieja, aflorando bajo la selva, define el carácter del departamento: los suelos son rocosos o arenosos, altamente permeables, incapaces de sostener la agricultura intensiva que en otras latitudes desmonta la selva y funda ciudades.
De ahí se derivan consecuencias que ordenan toda la vida del departamento. Los ríos que drenan este escudo —el Vaupés, el Papurí, el Querarí, el Apaporis y sus afluentes— son en gran medida ríos de aguas negras: cargadas de taninos vegetales, ácidas, pobres en sedimentos y en fauna. Los pueblos indígenas los llaman, con precisión desoladora, ríos de hambre, porque a diferencia de los ríos de aguas blancas cargados de peces ofrecen a sus ribereños una provisión escasa de proteína animal. Esa carencia biológica, más que cualquier decisión cultural, obligó a las sociedades de la región a desarrollar un repertorio muy fino de estrategias: pesca con trampas de cestería en quebradas y rápidos, uso ritual y estacional del barbasco, corrales en charcas durante el verano, recolección de frutos y caza en el interior de la selva. Sobre este piso ecológico —selva alta, escudo antiguo, ríos ácidos, suelos difíciles— se construyó todo lo demás.
El resultado más elocuente de esa ecuación es demográfico. Según el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018, el Vaupés tiene 40.747 habitantes, la cifra más baja entre los departamentos amazónicos —Caquetá suma 401.849; Putumayo, 348.182; Amazonas, 76.589; Guaviare, 82.767— y una de las más bajas de Colombia. Los Llanos y la Amazonía reunidos concentran apenas el 2,8 % de la población nacional. El Vaupés no está vacío: está habitado con la densidad que su ecosistema tolera, y su carácter de una de las zonas más conservadas de la Amazonía colombiana —particularmente la cuenca del Papurí— es indisociable de esa baja presión demográfica.
Los orígenes: pueblos del río, mucho antes del Estado
Antes de que Colombia existiera como república, y antes incluso de que las coronas ibéricas trazaran sus líneas sobre el continente, la cuenca alta del río Negro y sus afluentes colombianos ya estaban organizados en una arquitectura social densa y coherente. En lo que hoy es el Vaupés habitan pueblos de la familia lingüística tukano —tukanos, guananos o wananos, taiwanos, kubeos, karapanos, desanos, barasanos, makunas—, además de tarianos y de los grupos makú, cazadores especializados del interior de la selva. Los wanano y los tarianos ocupan la franja entre el río Vaupés y el Papurí; los tukanos se despliegan a lo largo del Vaupés en el sector limítrofe con Brasil; los cubeos, entre la Mesa de Yambí, el río Vaupés y el Isana.
Esta enumeración no describe un mosaico caótico sino un sistema. Los tukanos orientales practican la exogamia lingüística: cada grupo debe casarse fuera de su propia lengua. Los wanano, por ejemplo, toman esposas entre cubeo, desano, tukano y otros grupos vecinos, de manera que en una misma maloca conviven hablantes de lenguas distintas y los niños crecen en un entorno estructuralmente multilingüe. La lengua funciona así, simultáneamente, como marca de identidad exogámica y como frontera que obliga al intercambio matrimonial. A esta lógica se suma una organización de grupos de descendencia patrilineal, con rangos entre grupos y asignación territorial ideal a lo largo de los ríos: el río no es un accidente geográfico sino el eje de la identidad, el mapa social escrito sobre el paisaje. Las mujeres participan de los rangos pero están ausentes del modelo de descendencia, y su expresión política toma formas informales —el rumor, la habladuría que los hombres desprecian llamándola cotorreo y contraponen a su propia elocuencia ceremonial— con impacto social real, aunque no cuantificable.
La vivienda expresa esta arquitectura. La maloca —construcción colectiva de palma de unos quince metros de largo, diez de ancho y ocho de alto— alberga a un grupo de descendencia y suele rodearse de chagras de plátano, yuca y piña. La yuca amarga o brava, cargada de ácido cianhídrico, exige un procesamiento sofisticado que las mujeres dominan: se pela, se ralla con tablas de puntas de cuarzo, se lava la masa, se exprime en el sebucán —un cilindro tubular de cestería—, se seca al sol y se deshidrata sobre el budare al fuego hasta obtener el casabe, base de la dieta acompañada de pescado, frutos de huerto —piña, calabaza, chontaduro, plátano— y, ocasionalmente, presas de caza.
Los makú operan en otro registro. Especialistas en la caza selva adentro, practican también algo de agricultura y pesca, pero son vistos y tratados por la mayoría de los tukanos orientales como sirvientes, en una relación asimétrica que la etnografía ha discutido largamente. Interpretarlos como pueblos detenidos en la Edad de Piedra sería un error: son grupos que, en un juego de competencia con vecinos más poderosos, reinstauraron la cacería como estrategia adaptativa.
Sobre esta trama social se despliega una cosmología de enorme densidad. En la teología tukana, el Sol creó a Vihó-mahsë, el Ser del Polvo Alucinógeno, y le ordenó servir de intermediario entre él y la tierra. Los grandes raudales guardan petroglifos labrados sobre rocas colosales, considerados por los indígenas lugares sagrados de origen de la humanidad; muchas de esas figuras representan seres sobrenaturales alados, y Gerardo Reichel-Dolmatoff propuso que las alas podían derivarse, en parte, de las experiencias de vuelo asociadas a la embriaguez con alucinógenos. Barbasquear un charco no es solo pescar: es una actividad festiva colectiva que reúne a mujeres y niños y estructura la sociabilidad. La cultura material —el sebucán, el budare, la maloca, la trampa— y la cultura simbólica —el mito, el rito, el petroglifo— forman un mismo tejido.
La trayectoria: cauchería, misión, comisaría, departamento
La cuenca del río Negro-Vaupés entró en la órbita del extractivismo colonial mucho antes de que Colombia existiera. Desde el siglo XVI el sistema esclavista lusobrasileño operó sobre estos ríos, y en 1657 los jesuitas lusitanos se adentraron en el río Negro promoviendo la reducción y el traslado de numerosos pobladores nativos, en paralelo con sertanistas y traficantes de esclavos. El territorio no era, por tanto, terra incognita cuando la república neogranadina empezó a mirarlo: venía de tres siglos de perturbaciones profundas.
El siglo XX abrió, sin embargo, un ciclo más devastador: la fiebre del caucho. La colonización moderna del Vaupés arrancó a comienzos del siglo con la explotación cauchera, y el balance humano fue una drástica reducción de la población indígena regional. La Casa Arana y otras casas caucheras que operaban desde Iquitos y el Putumayo extendieron sobre los pueblos del Putumayo, el Caquetá y el Vaupés un régimen de despojo, expulsión, explotación forzada, asesinato, tortura y exterminio. Los pueblos huían: los Murui subieron por el Caquetá hacia territorio koreguaje, con el que hicieron paces tras siglos de enemistad; en la década de 1930, funcionarios colombianos reportaban que los indígenas cruzaban las fronteras hacia países vecinos para escapar de la explotación inhumana y que su población seguía disminuyendo por el abandono.
Fue en ese contexto de auge cauchero cuando el Estado formalizó su primera presencia administrativa. El Decreto 1131 de 1910 creó la Comisaría del Vaupés, segregándola del antiguo territorio del Caquetá. La comisaría original era enorme y comprendía aproximadamente lo que hoy son tres departamentos: Vaupés, Guaviare y Guainía. Pero comisaría no significaba entonces lo que insinúa la palabra hoy. Los territorios nacionales —aquellos que no habían alcanzado el rango de departamento— eran considerados territorios de misiones y su administración, en particular la educativa, se regía por convenios con órdenes religiosas. La verdadera presencia estatal, en el Vaupés como en tantas otras periferias amazónicas, no era el intendente sino el misionero.
Esa configuración venía del Concordato firmado entre Colombia y la Santa Sede en 1887, concretado en el Convenio de Misiones de 1902. El convenio otorgó a las órdenes religiosas facultades amplísimas para gobernar, policiar y educar a los indígenas, y estipuló que ninguna persona inaceptable para los misioneros podía ocupar cargos de autoridad civil, lo que en la práctica sometía a intendentes y comisarios a la voluntad de los vicarios y prefectos apostólicos. La Ley 89 de 1890 —por la cual se determina la manera cómo deben ser gobernados los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada— completaba el andamiaje. En el Vaupés, los Misioneros de Yarumal, conocidos como Padres Javieres y fundados en el marco del proyecto misionero impulsado por Miguel Ángel Builes, extendieron su trabajo a lo largo del siglo XX. La retirada de la Casa Arana hacia el Perú tras la guerra colombo-peruana de 1932-1933 no puso fin al padecimiento indígena: el proyecto evangelizador, crecido en paralelo a la fiebre del caucho, siguió operando como la forma más parecida a una presencia estatal en el territorio. Las disputas entre caucheros, funcionarios y misioneros —incluso en tiempos de declive de la industria— giraban en torno a la regulación del trabajo indígena.
La geografía administrativa del Vaupés cambió de manera decisiva a mitad de siglo. Hasta 1936 la capital de la comisaría fue Calamar, hoy municipio del Guaviare. Ese año se trasladó a Mitú, sobre la orilla del río Vaupés y a un paso de la frontera brasileña, por una razón geopolítica precisa: afirmar la soberanía nacional en esa frontera. Mitú fue fundada en 1935 por Miguel Cuervo Araoz y desde entonces creció como puesto avanzado del Estado más que como ciudad en sentido pleno. Décadas después, las leyes 18 de 1963 y 55 de 1977 segregaron del Vaupés las comisarías de Guaviare y Guainía, reduciéndolo a su configuración actual. La Constitución Política de 1991 elevó la Comisaría del Vaupés a la categoría de departamento, cerrando —al menos en el plano formal— un ciclo de más de ocho décadas.
Ese mismo año 1991 marcó otro reconocimiento igualmente decisivo: el territorio indígena del Vaupés quedó formalmente amparado en el marco constitucional que consagró a los resguardos como propiedad colectiva inalienable, imprescriptible e inembargable, y que reconoció al país como pluriétnico y multicultural. Las comunidades indígenas ocupan hoy casi el treinta por ciento del territorio colombiano, y en el Vaupés esa proporción es abrumadora: el departamento es, en términos prácticos, un gran territorio indígena con una capital criolla incrustada en su borde.
La red: exploradores, etnógrafos, chamanes, comandantes
La bibliografía del Vaupés se ha escrito, en gran parte, en manos de forasteros ilustres. El naturalista británico Alfred Russel Wallace recorrió el río Negro y sus afluentes a mediados del siglo XIX. El etnógrafo alemán Theodor Koch-Grünberg dejó, a comienzos del XX, algunos de los primeros retratos etnográficos sistemáticos de los pueblos del alto río Negro y del Vaupés. El botánico estadounidense Richard Evans Schultes documentó durante décadas el conocimiento indígena sobre plantas psicoactivas y medicinales de la región, en expediciones que hicieron del noroeste amazónico una referencia mundial en etnobotánica. Y el austrocolombiano Gerardo Reichel-Dolmatoff produjo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la interpretación más ambiciosa de la cosmología tukana, articulando el uso ritual de los alucinógenos con la iconografía de los petroglifos y con una teoría del pensamiento simbólico amazónico.
Junto a estos nombres se dibuja otra red, menos documentada por escrito pero central para el funcionamiento real del territorio: los payés o chamanes, custodios del conocimiento ritual; los kumu, especialistas del canto sagrado; las mujeres que dominan la técnica de la yuca y sostienen la vida cotidiana; los cesteros cuyas piezas circulan hoy en un mercado internacional que reconoce en la cestería de Mitú una de las más finas del continente. Y en el plano institucional emergieron, sobre todo desde los años setenta, organizaciones indígenas del propio departamento —CRIVA entre ellas— que asumieron la interlocución política con el Estado y disputaron activamente la representación de los pueblos, en tensión a veces con la mirada externa de antropólogos y funcionarios.
El propio catálogo de nombres geográficos revela esta red superpuesta. Los caseríos que jalonan los ríos —Caruru sobre el Vaupés, Taraira en el extremo sur, Yavaraté justo en la frontera con Brasil— combinan toponimia indígena, hitos misionales y puestos de soberanía. Al norte, ya en Guainía pero cultural y ecológicamente contiguo, se alzan los cerros de Mavicure, esos domos de piedra que son parte del mismo escudo cristalino que aflora en el Vaupés. Al occidente, en el vecino Caquetá y Guaviare, la Sierra de Chiribiquete continúa el sistema de mesetas y montañas-islas que hacen de esta esquina de Colombia una unidad geológica y cultural mayor que sus divisiones administrativas.
Mitú: la capital como enclave
Ninguna descripción del Vaupés es completa sin detenerse en Mitú, porque en la relación entre la capital y el resto del departamento se juega la contradicción central del territorio. Mitú es una ciudad pequeña, ribereña, dependiente para casi todo del transporte aéreo. La vida cotidiana raya en lo inverosímil para el estándar urbano colombiano: incluso el pescado debe importarse desde Bogotá, dado que el río Vaupés fue envenenado con barbasco pese a ser uno de los ríos más grandes del país; el banco local nunca tiene dinero en efectivo y la mayoría de las transacciones se hace a crédito; la violencia del clima impide almacenamientos mayores de alimentos y bienes, imponiendo racionamientos a veces drásticos cuando la irregularidad de los vuelos rompe la cadena de abastecimiento.
Mitú funciona, entonces, como un enclave: un fragmento de institucionalidad estatal —oficinas, aeropuerto, guarnición, escuela, hospital, banco— sostenido a pulso aéreo en medio de un territorio cuya economía real sigue siendo la de las malocas, las chagras y el intercambio ribereño. Alrededor de esta capital precaria gravita, sin embargo, una producción artesanal —sobre todo cestería— reconocida internacionalmente, y desde ella se organizan las expediciones, los censos, los proyectos de cooperación y las visitas oficiales que estructuran, para bien y para mal, la relación entre el Estado y los pueblos del río.
La toma de Mitú: el conflicto llega a la capital
El 1 de noviembre de 1998, esa precariedad se convirtió en catástrofe. Guerrilleros de las FARC-EP —alrededor de mil quinientos combatientes del Bloque Sur y del Bloque Oriental, bajo la comandancia de Víctor Julio Suárez, alias Jorge Briceño o Mono Jojoy— atacaron y tomaron temporalmente Mitú. Fue el primer y único ataque directo de las FARC a una capital departamental colombiana, y constituyó un acto demostrativo: la guerrilla exhibía una capacidad militar suficiente para caer sobre una capital y sostener el control por horas antes de replegarse.
La toma no fue un evento aislado. Se inscribió en una serie de derrotas militares del Estado colombiano en 1998 —junto con El Billar, en Caquetá, y Miraflores, en Guaviare— que evidenciaron la capacidad ofensiva de las FARC-EP y abrieron un debate nacional sobre las capacidades del aparato militar. El susto estratégico fue mayúsculo y contribuyó a acelerar los procesos de reforma castrense que marcarían la década siguiente. Pero el costo local fue mayor y más silencioso: la toma agudizó las condiciones de orden público en el departamento, multiplicó las infracciones al Derecho Internacional Humanitario y las violaciones a los derechos humanos, y afectó de manera desproporcionada a los resguardos indígenas. En los años que siguieron, el Vaupés vivió lo que otros territorios amazónicos también sufrieron —confinamientos, desplazamientos internos, reclutamiento, minas antipersona, presencia armada en las aldeas ribereñas—, pero con la agravante de que aquí los afectados eran, en su inmensa mayoría, pueblos indígenas cuya territorialidad depende de la libre circulación por los ríos.
La secuencia importa. En 1991, la Constitución había reconocido formalmente el territorio indígena y elevado al departamento de comisaría a departamento; en 1998, ese mismo territorio recién reconocido se convirtió en escenario de la mayor demostración de fuerza guerrillera del país. La coincidencia sugiere una lección amarga: el reconocimiento formal no garantiza ni soberanía estatal efectiva ni protección de los pueblos. En la práctica, la toma de Mitú y sus secuelas fueron, para el Vaupés contemporáneo, un punto de inflexión al menos tan grande como la departamentalización.
La huella: dos lógicas en tensión permanente
El Vaupés que se lee al final de este recorrido es un palimpsesto. En la capa más antigua, una geografía indígena tejida sobre los ríos, con lenguas que se casan entre sí, malocas que ordenan la descendencia, chagras que sostienen la vida, chamanes que interpretan el vuelo de las figuras aladas en los petroglifos. Sobre esa capa, la huella de tres siglos de esclavismo colonial en la cuenca del río Negro. Encima, el ciclo cauchero del siglo XX y su reguero de despojo, desplazamiento y muerte. Encima, el edificio jurídico del Concordato de 1887, la Ley 89 de 1890 y el Convenio de Misiones de 1902, que hizo del misionero la primera cara del Estado. Encima, la comisaría de 1910, las segregaciones de 1963 y 1977, el traslado de la capital a Mitú en 1936. Encima, la Constitución de 1991 y su doble reconocimiento —departamento y territorio indígena—. Encima, la toma de Mitú en 1998 y las décadas de conflicto armado que siguieron. Todas esas capas siguen ahí, activas, produciendo efectos.
La Amazonía colombiana alberga cincuenta y tres lenguas originarias pertenecientes a dieciséis familias lingüísticas, y en el Vaupés esa pluralidad no es una reliquia: es la infraestructura viva del territorio, sostenida por la exogamia lingüística tukana y por la persistencia del multilingüismo cotidiano. Los pueblos indígenas del Vaupés —barasanas, makunas, cubeos, tukanos, desanos, wananos, entre otros— no son culturas fosilizadas sino sociedades activas en la lucha por su supervivencia cultural y en la participación en un diálogo nacional y global sobre el futuro del país. Al mismo tiempo, su territorio sigue enfrentado a las mismas dinámicas que lo han transformado durante el último siglo, ahora reconfiguradas: economías ilegales, actores armados residuales, presencia estatal intermitente, aislamiento logístico, dependencia del transporte aéreo, escasez estructural.
La geografía física —el escudo antiguo, los suelos pobres, los ríos de hambre— explica por qué ni el capital extractivo ni el aparato administrativo lograron nunca consolidarse plenamente. Esa misma dureza ecológica es la que ha permitido, paradójicamente, que el Vaupés siga siendo una de las zonas más conservadas de la Amazonía colombiana y uno de los reservorios más ricos de conocimiento indígena vivo del continente. Es también la que hace de Mitú un enclave precario, sostenido a pulso aéreo, incapaz de proyectar hacia los ríos la autoridad que la cartografía le atribuye.
Al Vaupés se llega, en última instancia, aceptando que allí conviven dos lógicas territoriales incompatibles: la criolla-administrativa, hecha de departamentos, municipios, presupuestos y decretos; y la tukano-amazónica, hecha de ríos, malocas, rangos y lenguas que se casan entre sí. La formalización de 1991 no resolvió la tensión: la reconoció y, en cierta forma, la formalizó. El futuro del departamento —y, en un sentido más amplio, el de una parte no menor del proyecto colombiano de pluralidad étnica— se juega en cómo se administre esa coexistencia. Por ahora, lo que el Vaupés enseña con más claridad es que un Estado que llegó primero como violencia y solo después como institucionalidad tiene todavía mucho por hacer para estar a la altura del territorio que dice gobernar.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
35 documentos · 42 fragmentos01Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2341 cita
[1]este, pasé a pertenecer al esta- do federal y luego (en 1 al departamento del Cauca. El decreto 1131 de 1910 creo la Comi-saria del Vaupés, segregada del antiguo territorio del Caqueta; las leyes 18 de 1963 y 55 de 1977 segregaron del Vaupés las comisarias del Guaviare y Guainia, con lo cual la comisaria del Vaupés…
p. 234
02Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1141 cita
[2]»/ NonTR DE SANTANDER anaes et Pais 1 Carers ea Conta y foc alle et Arata Sa fae { 1 amar de Tmaco-Boemaventra Tesi cunpnygmarch 04 D.C TOLIMA Regiones naturales., er —— Mos y quebradas $$. Lite separtamentat Amazonia E Colombia, con una extension de 403.401 km?, que 1 gran region comprende todo el suroriente de…
p. 114
03Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 511 cita
[3]pie de los Andes. Además de la Sierra Nevada de Santa Marta, existen las siguientes principales formaciones orográficas no andinas: la Serranía del Darién, la cordillera del Baudó, las monta- ñas y serranías del Caribe y de La Guajira, y la Serranía de 52 Eíndice Grst la Macarena. Hay también diversas elevaciones de…
p. 51
04Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 811 cita
[4]así, gran parte del Escudo Guayanés está compuesto por granitoides y las erupciones en la cuenca alta del río Magdalena se produjeron en el Mesozoico pero la actividad volcánica principal durante el Terciario y el Cuaternario se viene produciendo alrededor del eje de la cordillera Central-Occidental. En la actualidad…
p. 81
05Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 1971 cita
[5]como una fiesta a nuestra “soberanía” nacional. El primer día en Mitú no hubo dónde desayunar y a la hora del almuerzo, para explicarnos los problemas de escasez, alguien dijo que allí se comía a la carta: “Toma usted una baraja, la reparte, y a los cuatro que les salgan los ases, ésos son los que comen”. Desde luego,…
p. 197
06Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 189, 2062 citas
[6]son «ríos de hambre». § Caza en la selva Mientras que los ríos blancos pueden contener fauna sufi- ciente para copar los requerimientos proteínicos de un grupo humano, los ríos negros presentan limitaciones. Los pobladores de sus riberas probablemente tuvieron que ingeniarse aún más alternativas de supervivencia. Una…
p. 189
[11]el suelo es muy antiguo. Se explicaría así la presencia de los macús en regiones alejadas de los ríos del Vaupés. Vistos y tratados como «sirvientes» de la mayo- ría de los tucanos orientales, los macúes practican algo de agricultura y pesca aunque su especialidad es cazar selva adentro 22. De acuerdo con Lathrap,…
p. 206
07Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 352, 7002 citas
[7]Macaya y también el alto Apaporis, puesto que la unión del Macaya y del Ajajú da origen a este gran río. En el orden geográfico, todo lo anterior da lugar a una serie de correcciones de diversa índole, fuera de la relativa a la reubicación cartográfica. El cálculo de la longitud del Apaporis debe ser modificado de 1.…
p. 700
[9]tipo de paredes compactas; y las otras, denominadas «malocas», que habita el indio y con paredes intermedias, son chozas de palma de una longitud de unos 15 m, anchura de 10 y altura de 8 m, constituyen viviendas colectivas y alrededor de las cuales los indios tienen plantaciones de plátano, yuca y piña. Población…
p. 352
08El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 72, 3952 citas
[8]Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…
p. 72
[14]arte. 396 Rffíndic Eedlo Sínsapro Se considera que varios hitos de la Amazonía noroccidental son lugares donde la humanidad tuvo sus orígenes… Todos ellos tienen en común que son rocas enormes… localizadas en grandes raudales, la mayoría de las cuales están cubiertas de antiguos petroglifos. G. Reichel-Dolmatoff…
p. 395
09Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 231 cita
[10]fundador de un grupo, que tiene una determina- da asignación territorial, ideal a lo largo de los ríos. Existe una ideología de rangos de estos grupos y aunque las mu- jeres participan de ellos, están ausentes del modelo de des- cendencia. Los wanano se casan con grupos de otras lenguas de- terminadas (cubeo, desano,…
p. 23
10Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 27, 822 citas
[12]doctoral research among the Tikuna, who live near the Amazon port town of Leticia. As often happens with anthropological field - work, I ended up elsewhere, in the Central Northwest Amazon, in a region near the Equator straddling the Colombia- Brazil border, home to indigenous people collectively known as Tukanoans.…
p. 27
[38]traditions, and that it accepts whatever activists assert those traditions to be. In the Tukanoan case, and many others, such an assumption is mistaken. That a community might present a united front in the face of a perceived threat from outside— for instance an anthropologist criticizing their organi - zation’s…
p. 82
11The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 301 cita
[13]in the sky. Then Pamurí-mahsë entered the Snake-Canoe again and returned to Ahpikondiá. The Sun created the various beings so that they would represent him and serve as intermediaries between him and the earth. To these beings he gave the duty of caring for and protecting his Creation and of promoting the fertility of…
p. 30
12Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 691 cita
[15]la pelan con machete y la rallan mediante tablas donde han sido adosadas puntas de cuarzo. La masa obtenida es lavada. Y en seguida se la exprime en el sebucán, un cilindro de cestería con un extremo abierto y otro cerrado que se guinda a un horcón. El sebucán se tensa y se extrae así todo el líquido. En seguida la…
p. 69
13Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 1291 cita
[16]Ciciaófs Cristo, los grupos selváticos tropicales habían domesticado ciertas raíces, ante todo algunas variedades de yuca, una de las muchas especies del género Manihot, que es originario del hemisferio occidental. Las grandes raíces de esta planta constituyen una fuente importante de carbohidratos, y la planta tiene…
p. 129
14El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 8481 cita
[17]desde la pista de aterrizaje hasta la ribera del Vaupés. A lo largo había callejuelas limpias de gravilla, cabañas recién pintadas y docenas de niños en uniformes claros, que reían y jugaban junto a la iglesia. Era lo más cercano a lo idílico que había visto en todo el Amazonas. El único hotel era una pequeña…
p. 848
15Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 951 cita
[18]de la complejización del mismo es importante acercarse a otras fuentes, en este caso documentales, que permitan dar cuenta de los contextos regionales a los que no se tiene acceso a partir de los sujetos. No con el ánimo de corroborar si lo dicho por ellos es verdad o no, sino de ampliar el espectro de comprensión. De…
p. 95
16Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 1551 cita
[19]políticos y menos técnicos pudieron hacerse respetar mejor por los gobiernos departamen- tales y desempeñar algo mejor su pa- pel de vigilancia y control de la ad- ministración educativa. Los territorios de misiones Los FER abarcaron los veintidós de- partamentos con que contaba Colom- bia y el distrito especial de…
p. 155
17Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 361 cita
[20]a esta norma que nos ha trazado la naturaleza, la fa- cilidad para la vida del país sería enorme; todo sería sencillo y lógico. Pero la naturaleza anda por un lado y el hombre por otro. Viene así un desorden del cual se cree salir variando la anterior división y haciendo otra que se acomode a las nuevas ideas po-…
p. 36
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 431 cita
[21]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38, 452 citas
[22]entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…
p. 45
[40]53 lenguas originarias, pertene- cientes a dieciséis familias lingüísticas, y en las prácticas culturales que perviven en buena parte de las comunidades, donde los miembros desempeñan papeles específicos y fundamentales para la supervivencia de sus pueblos: cazadores, maloqueros, madres de comida, taitas, médicos…
p. 38
20Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1901 cita
[23]organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…
p. 190
21Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 71 cita
[24]Thousand Days, but soon after the fighting ceased, President José Manuel Marroquín and the Vatican signed the Convention on Missions of 1902. This agreement granted to the religious orders absolute authority to govern, police, and educate the natives in their mission territories. It also gave them control over the…
p. 7
22Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 971 cita
[25]the Misioneras Teresitas (). 57 The first group of Padres Javieres were sent to preach to those living on the lower Cauca river, in Remedios, Segovia, and Nechí, mining areas located in north- eastern Antioquia. During the s the congregation experienced a notable expansion and extended their work to at least…
p. 97
23Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 971 cita
[26]the Misioneras Teresitas (). 57 The first group of Padres Javieres were sent to preach to those living on the lower Cauca river, in Remedios, Segovia, and Nechí, mining areas located in north- eastern Antioquia. During the s the congregation experienced a notable expansion and extended their work to at least…
p. 97
24Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 5, 552 citas
[27]were crossing the borders into neighboring countries to avoid inhuman exploitation, and that unless some radical changes were made, their "race" would continue to diminish "due principally to the voluntary neglect in which it had been maintained." 31 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30…
p. 55
[42]these percentages had changed little: of a total of EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Page 7 Map 1. Colombia: intendancies and comisar í as, 1931 – 1946 Source: Vila, Nueva Geograf í a de…
p. 5
25Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 881 cita
[28]controlar algu- nos aspectos del intercambio. Los witotos desig- naron las hachas obtenidas a través del tráfico de hombres con el nombre de «hachas miedosas», y aún se recuerda, en algunas localidades, los cami- nos que recorrían aquellos traficantes de hombres llevando encadenados a los indios que iban con destino a…
p. 88
26Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1891 cita
[29]Mitú, la capital del departamento, está situada a orillas del río Vaupés, cerca de la frontera con Brasil. Funda- da en 1935 por Miguel Cuervo Araoz, en ella se hallaron los petroglifos del río Cuduyarí. Actualmente constituye un centro de servicios, en el que des- taca la práctica de la cestería artesa- nal, conocida…
p. 189
27Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 8301 cita
[30]guerra tiene límites 830 por una carga [...] [se] comienza a hacer eso basado en la teoría de la impulsión del proyectil vietnamita [...]. En el Caguán se hacen todos esos experimentos y dan resul- tado [...], pero, como eso es relativo, entonces usted le tiraba al puesto de Policía y la bomba caía a la escuela de los…
p. 830
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1511 cita
[31]de buses en distintos puntos del Área Metropolitana; la detonación de carros bomba en zona empresarial y barrios como El Poblado; el asalto a Cementos El Cairo en Santa Bárbara para extraer explosivos (que se usaron para los atentados ya nombrados); la activación de explosivos contra la oficina de seguridad de la…
p. 151
29El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 422 citas
[32]redujo significativamente. 58 52 Entrevista n.° 22, hombre adulto, San Isidro, agosto de 2011. 53 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 54 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 55…
p. 42
[33]redujo significativamente. 58 52 Entrevista n.° 22, hombre adulto, San Isidro, agosto de 2011. 53 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 54 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 55…
p. 42
30Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3231 cita
[34]Departmental Assemblies —President Samper is acquitted by Congress —Peasant marches in Putumayo, Caquet á, and Guaviare concerning fumigation programs 1997 —Demilitarization of 14,000 square kilometers in Caquet á, to free soldiers captured by FARC —Internal displacement increases due to violence —The number of drug…
p. 323
31Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 2271 cita
[35]the ones most recurrently mentioned were the defeats in the departments of Caquetá, Guaviare, and Vaupés—all of them in 1998. The first one involved an ambush against the Army’s Counterguer- rilla Battalion No. 52, an elite force of the 3rd Mobile Brigade formed by professional soldiers trained in counterinsurgency.…
p. 227
32Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1031 cita
[36]las filas de las FARC-EP entre 1985 y 1999, y aunque siempre estuvieron confrontadas por la Cuarta División del Ejército Nacional, lograron fortalecer sus estructuras armadas, lo que se evidenció en el aumento de las tomas, las cuales mostraban una guerrilla con- fiada y robusta. Entre estas se encuentra la conocida…
p. 103
33No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3311 cita
[37]razones de la toma y sus implicaciones para la población civil. Algunas víctimas se expresaron así: «Cuando se hizo la toma guerrillera se constató que llegaban con lista de civiles para ajusticiar por x o y motivo. Aparte del miedo de la toma, al conocerse durante la toma de la lista fue más difícil. A mí me dijeron…
p. 331
34Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2931 cita
[39]ocupan casi el treinta por ciento del territorio colombiano, una cifra que no se compara con lo que ocurre en ningún otro país. Las comunidades indígenas no son solo elementos clave del legado histórico de Colombia, sino que su supervivencia, y su existencia misma, es una celebración de la vitalidad esencial de un…
p. 293
35En las regiones de Colombia. La Universidad del Rosario piensa el paísJuan Felipe Córdoba Restrepo, Claudia Dulce Romero, Natali Maldonado Pineda · 2021 · p. 11 cita
[41]55 Por los caminos de la Amazonía Germán Zuluaga Ramírez* 2021. Siglo del Hombre Editores. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025…
p. 1