Idea · Estados Unidos de Colombia
Soberanía estatal
En el vocabulario político colombiano del siglo XIX, 'soberanía estatal' designa la capacidad de cada estado federado para gobernarse a sí mismo frente al gobierno central, cuya formulación jurídica más pura alcanzó la Constitución de Rionegro de 1863 y cuya disputa estructuró casi un siglo de historia colombiana.
Trayectoria de una idea
- 1810
Fragmentación originaria de la soberanía
- 1811
Constitución de Cundinamarca: soberanía popular declarada
- 1855
Inicio del proceso federal: estatuto de Panamá
- 1858
Confederación Granadina: primera constitución federal
- 1863
Constitución de Rionegro: soberanía estatal en su expresión máxima
- 1867
Ley 20: renuncia formal al monopolio de la fuerza
- 1876
Guerra civil de 1876–1877: colapso de la soberanía educativa
- 1886
Constitución de 1886: clausura jurídica del modelo soberanista
La lectura
La soberanía estatal fue el concepto más disruptivo y duradero de la política colombiana del siglo XIX: nació de la ausencia de la Corona española en 1810 y se instaló como gramática política antes de que existiera una república consolidada. Su trayectoria no fue lineal: pasó de la fragmentación caótica de la Patria Boba a la arquitectura deliberada de Rionegro, donde los constituyentes radicales la convirtieron en principio sagrado e irreformable. La paradoja central del experimento fue que la soberanía de los estados no amplió necesariamente la libertad de los ciudadanos —más de la mitad de los estados retrocedió en el sufragio universal masculino— y que la renuncia formal al monopolio de la fuerza, codificada en la Ley 20 de 1867, dejó al Estado central inerme frente a las guerras civiles que el propio sistema generaba. La Constitución de 1886 la suprimió como principio jurídico, pero la lealtad divergente de los poderes locales y la fragmentación del monopolio de la violencia que la soberanía estatal había institucionalizado sobrevivieron como rasgos estructurales del Estado colombiano mucho más allá de la Regeneración.
La soberanía estatal en Colombia
En el vocabulario político colombiano del siglo XIX, "soberanía estatal" no designa la potestad de la nación frente a otras naciones —el sentido que hoy nos resulta natural— sino la de cada estado federado frente al gobierno central. Es un concepto interior, doméstico, que nombra la capacidad de los territorios que componen la república para gobernarse a sí mismos, levantar milicias, fijar tributos, decidir quién vota y hasta emitir sellos postales. Su formulación jurídica más pura está en la Constitución de Rionegro de 1863, que unió a perpetuidad a nueve estados soberanos bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia; pero la idea venía madurando desde el 20 de julio de 1810, cuando la disolución de la soberanía real dejó a las provincias del Nuevo Reino de Granada reconociéndose entre sí como cuerpos libres, independientes y autónomos. Durante casi un siglo, la política colombiana giró alrededor de una pregunta que no admitía respuestas templadas: ¿dónde reside efectivamente el poder de mandar dentro del territorio? La Regeneración de 1886 impuso una respuesta centralista, pero no clausuró la disputa: la fragmentación del monopolio de la fuerza y la lealtad divergente de los poderes locales sobrevivieron al aparato jurídico que pretendía suprimirlas y quedaron inscritas como rasgo persistente del Estado colombiano.
Un concepto fracturado desde 1810
La soberanía como problema colombiano nace de una ausencia. Cuando Napoleón invadió España y Fernando VII quedó cautivo, las juntas americanas de 1810 no se alzaron contra la monarquía sino contra su usurpación: declararon lealtad al rey ausente y, en su nombre, asumieron el gobierno. El detonante fue una protesta, no una revolución. Pero el hueco dejado por la Corona no se llenó con una autoridad única: se fragmentó en tantas soberanías como ciudades y provincias tuvieron la ambición de reclamarla.
La Junta Suprema de Santa Fe, instalada el 20 de julio de 1810, se disolvió al promulgarse la Constitución de Cundinamarca en abril de 1811. Esa carta —seguida de cerca por la de Tunja el mismo año y por la de Antioquia en 1812— es el laboratorio donde el vocabulario republicano empieza a instalarse bajo forma monárquica. Cundinamarca declaró que "la soberanía reside esencialmente en la totalidad de sus ciudadanos" y organizó una monarquía constitucional con separación de poderes y derechos del hombre; reconocía a Fernando VII, sí, pero le imponía condiciones que hacían inviable su gobierno efectivo. La de Antioquia fue más lejos: condicionó el retorno del rey a que los ciudadanos de la provincia participaran en la sanción de su constitución. Subordinaba, en la letra, los poderes realistas a la voluntad popular. Cuando llegó la reconquista en 1816, esa habilidad para blindarse jurídicamente resultó insuficiente frente a la fuerza militar; pero el precedente quedó fijado: la soberanía se había hecho plural, provincial, ciudadana.
Las nuevas instituciones no rompieron categóricamente con las coloniales. En buena medida fueron adecuaciones semánticas de estructuras previas, cambios de nombre más que de arquitectura. Aun así, la fragmentación era real y tenía consecuencias inmediatas. Las provincias que se declararon soberanas se enredaron en un tejido de rivalidades: Mompox contra Cartagena, Girón contra Pamplona, Sogamoso contra Tunja. Las "Ciudades Amigas y Confederadas del Valle" se organizaron desde febrero de 1811 como una liga entre subalternas. La Confederación no logró definir competencias entre los estados y el poder común, y los colegios electorales entre 1811 y 1815 funcionaron como corporaciones sui generis en las que se mezclaban funciones electivas, constituyentes y deliberativas: asumían la soberanía popular a su manera, sin marco común.
Ese primer ensayo terminó mal —con la reconquista y el paredón—, pero legó al siglo XIX un mapa y una gramática. Las provincias que se habían proclamado soberanas en la Patria Boba constituyeron la matriz territorial que, medio siglo después, delimitaría los ocho estados que integraron en 1861, junto con Panamá, los Estados Unidos de Colombia. La discusión sobre dónde reside el poder de mandar no era retórica: se sobreponía a las divisiones administrativas heredadas del virreinato, a las élites locales que las controlaban y a las rivalidades entre ciudades que ninguna constitución logró borrar.
De la República unitaria al ensayo federal
Entre 1821 y 1855, el proyecto centralista dominó las cartas colombianas. La Gran Colombia de Bolívar, la Nueva Granada de Santander, las reformas de mediados de siglo: todas apostaron por una república unitaria, aunque los gobernantes tuvieran cada vez menos capacidad de imponer sus leyes en las regiones. La contradicción se hizo insostenible hacia 1850, cuando el liberalismo triunfante empezó a demoler la herencia colonial —abolición de la esclavitud en 1851, libertad de imprenta, desamortización de resguardos indígenas, expulsión de los jesuitas— y a rediseñar la relación entre el Estado y la Iglesia. La Constitución de 1853 otorgó ciudadanía activa a los hombres mayores de 21 años y se inscribió en un proceso de creciente ruptura con la Iglesia católica que incluyó la desamortización y la tuición de cultos.
El giro decisivo fue el de 1855: el Congreso reformó la Constitución para dotar a Panamá de estatuto federal, y de paso abrió la puerta para que otros estados se crearan por simple ley. En 1856 se creó el Estado Federal de Antioquia; en 1857, los de Cauca, Cundinamarca, Bolívar, Magdalena, Santander y Bogotá, completando el esquema antes de que existiera una constitución federal formal. Esa constitución llegó en 1858, con la Confederación Granadina promulgada bajo la presidencia del conservador Mariano Ospina Rodríguez. Ocho estados federales, gobierno central con competencias sobre el crédito nacional, el ejército y las relaciones exteriores. La sorpresa histórica es que el federalismo colombiano no fue una invención liberal: los conservadores lo pactaron, o al menos lo administraron en su primera versión constitucional.
Pero el modelo de 1858 duró poco. La incapacidad del gobierno de Ospina para controlar el territorio nacional —con leyes ignoradas en regiones lejanas y poder real en manos de élites locales como Mosquera en el Cauca— desembocó en la guerra civil de 1860-1862. La ganó Tomás Cipriano de Mosquera al frente de los liberales radicales, y de esa victoria salió, tras una constituyente instalada en Rionegro el 4 de febrero de 1863, la carta más extrema del siglo XIX colombiano.
Rionegro: la soberanía llevada al extremo
La Constitución de 1863 abrió con una fórmula que rompía casi cuatro siglos de continuidad: por primera vez, una carta colombiana no comenzaba invocando el nombre de Dios, sino "En nombre y por autorización del pueblo y de los Estados Unidos Colombianos". La declaración era programática. El nuevo Estado se pensaba laico, popular y federal, y consagraba la unión a perpetuidad de nueve estados soberanos bajo un régimen que reducía al mínimo la autoridad central.
La arquitectura era tan sencilla como radical: los estados podían ejercer cualquier función que la Constitución no reservara expresamente al gobierno común. Y las prohibiciones expresas fueron ostentosamente pocas: no podían enajenar territorio a gobiernos extranjeros, aprobar la esclavitud, intervenir en asuntos religiosos, impedir el comercio de armas y municiones, imponer contribuciones sobre comercio exterior o sobre artículos consumidos en otro estado, legislar sobre privilegios ya concedidos, usar escudo o bandera distintos a los de la nación, ni gravar bienes de la confederación. Todo lo demás quedaba en manos de los nueve. Podían levantar milicias propias, emitir sus sellos postales, definir soberanamente quién tenía derecho al voto. La Constitución no estableció un ejército nacional, y el Estado central no tenía derecho a intervenir en los asuntos internos de los estados. Para completar la coraza, la carta solo podía enmendarse con el consentimiento unánime de todos los estados: un solo veto bastaba para congelar cualquier reforma.
En materia de libertades, el catálogo era el más generoso de la historia constitucional colombiana. La Constitución consagró la inviolabilidad de la vida humana —lo que suponía la abolición de la pena de muerte—, la libertad religiosa y la libertad de prensa y expresión. Los prohombres de Rionegro —Manuel Murillo Toro, Aquileo Parra, Salvador Camacho Roldán, Santiago Pérez Manosalbas, José María Samper en su fase radical— pensaban un ciudadano adulto capaz de gobernarse sin tutela: ni la del cura, ni la del gendarme, ni la del gobierno central.
Sobre el sufragio, sin embargo, la lógica federal produjo un resultado paradójico. Como cada estado determinaba quién podía votar, más de la mitad utilizó esa autoridad para retroceder respecto al sufragio universal masculino que había estado vigente. Cauca lo abrazó abiertamente; Santander y Tolima introdujeron restricciones crecientes. La devolución de la soberanía electoral a los estados no amplió democráticamente el cuerpo político: en varios casos lo redujo. La libertad de los estados chocaba, en la práctica, con la libertad de los ciudadanos individuales.
Esta es la tensión constitutiva del proyecto radical, y no puede esquivarse como si fuera un detalle. Los arquitectos de Rionegro creían que la libertad se garantizaba mejor desde abajo, contra un Estado central visto históricamente como opresor y clerical. Pero al dejar en cada estado la decisión soberana sobre casi todo, blindaron una arquitectura donde las oligarquías regionales podían restringir derechos con impunidad. La rigidez de la reforma unánime —una decisión contingente, deliberada, que ningún actor regional había demandado— convirtió al sistema en un texto sagrado imposible de corregir. Rafael Núñez lo diría con lucidez años después: la Constitución era una fuente de rigidez institucional, y ese diagnóstico no era propaganda conservadora sino observación técnica.
El programa radical y la guerra con la Iglesia
La Constitución de 1863 fue el techo jurídico de un programa más amplio, en el que la disputa por la soberanía estatal se libró tanto contra el poder central como contra un adversario mucho más antiguo: la Iglesia Católica. La debilidad fiscal y administrativa del Estado republicano contrastaba con la sólida situación financiera de la Iglesia, su amplia aceptación entre las masas populares y la presencia del clero en los lugares más apartados del país. Para las élites políticas radicales, ese poderío eclesiástico era un rival de soberanía: dos jurisdicciones competían por gobernar las conciencias, las escuelas y buena parte de la economía rural.
El primer golpe lo dio Mosquera. El 9 de septiembre de 1861, en pleno tramo final de la guerra civil, decretó la desamortización de bienes de manos muertas: propiedades de comunidades religiosas, cofradías y capellanías fueron expropiadas por el Estado. La motivación primaria era fiscal —amortizar la deuda interior—, pero también apuntaba al corazón económico del poder eclesiástico. Los resultados variaron por región. En Antioquia, la aplicación fue muy limitada: la mayor parte de los bienes de manos muertas eran censos, pocos fueron redimidos en el tesoro nacional, la Iglesia local no había acumulado riqueza en la misma escala que en otras regiones, y los propietarios temían la desaprobación eclesiástica más que la sanción estatal. En otros estados, la desamortización sí reconfiguró la propiedad rural.
La ofensiva no terminó con el decreto de 1861. Durante los años setenta, los liberales radicales instituyeron la educación laica y obligatoria. El Decreto Orgánico de Instrucción Pública de 1870 —promovido por Eustorgio Salgar y su ministro Dámaso Zapata— fue el instrumento central: escuela obligatoria, textos fijados por el Estado, curricula que incluían obras como la Ideología del filósofo francés Destutt de Tracy para los cursos de filosofía. La reforma provocó una polémica intelectual y política de gran calibre: ¿tenía el Estado derecho a fijar los textos con los que se educaba a los niños?, ¿podía la escuela pública prescindir de la religión católica? Los clérigos de Palmira, Cartago y Tuluá abanderaron la causa antirreformista, y la disputa escaló hasta la guerra civil de 1876-1877, librada principalmente en el Cauca y el Tolima, que costó el 118% del presupuesto nacional aprobado para 1878.
La libertad religiosa consagrada por la Constitución de 1863 y el conjunto de reformas anticlericales conformaban, en la lógica radical, un mismo movimiento: recortar la jurisdicción de la Iglesia para agrandar la del Estado laico. Pero como los estados eran soberanos y la Iglesia operaba territorialmente a través de parroquias y diócesis que no se plegaban a las fronteras federales, la guerra se libró en un tablero desigual: la Iglesia tenía red y presencia; el Estado radical, decretos y ejércitos convocados con dificultad.
La renuncia al monopolio de la fuerza
Si un solo artículo del ordenamiento federal condensa la peculiaridad del experimento colombiano, es la Ley 20 de 1867. Su texto obligaba al gobierno de la Unión a observar "la más estricta neutralidad" cuando en algún estado se levantara una porción de ciudadanos para derrocar el gobierno existente. Codificado así, el principio era claro: el Estado central renunciaba formalmente al monopolio de la violencia legítima dentro de su territorio. Si en el Cauca o en Antioquia o en Bolívar una facción se alzaba contra el gobierno del estado, la Unión no podía —no debía— intervenir.
Ninguna otra república decimonónica llevó tan lejos el principio federal. La ley respondía a una lógica coherente con Rionegro: si los estados son soberanos, sus conflictos internos son suyos. Pero la consecuencia práctica fue el desmonte gradual del ejército libertador y la proliferación de tropas paramilitares regionales. Caudillos, terratenientes y curas armaron sus propias fuerzas bajo el mando de "generales" designados por padrinazgo político, vínculos familiares o relación con el potentado regional. El grado militar dejó de ser una jerarquía del Estado y se convirtió en un título del poder local.
Los efectos fueron devastadores para la vida civil. Durante los aproximadamente veinticinco años de vigencia del federalismo radical, entre 1863 y 1885, se produjeron alrededor de cuarenta y dos constituciones o revueltas armadas de carácter local o estatal. La inestabilidad se convirtió en régimen. Las cuentas oficiales de todo el siglo XIX registran ocho grandes guerras civiles a las que se suman veintitrés contiendas y refriegas regionales, con estimados independientes que llegan hasta setenta conflictos.
La renuncia al monopolio de la fuerza tuvo, además, un correlato económico. Las rivalidades entre estados llevaron a la implantación de aduanas interiores que frenaban el comercio interno. Los peajes, los pontazgos, los gravámenes locales fragmentaron el mercado nacional. Aquileo Parra y Salvador Camacho Roldán, ambos radicales pero atentos a las cifras, empezaron a advertir que el proyecto tenía costos fiscales insostenibles: fuga de capitales hacia Europa, empobrecimiento general, debilitamiento del poder de compra, confianza minada. Algunos estados intentaron separarse de la Unión o anexarse a países vecinos: Antioquia y Panamá barajaron esa salida en distintos momentos.
La Ley 20 de 1867 fue derogada en 1880, pero su espíritu —la tolerancia estatal hacia actores armados no estatales— persistió como problema estructural. Cuando en la década de 1950, durante La Violencia, el Estado colombiano estuvo cerca del colapso y el Ejército y la Policía actuaron con parcialidad partidista, algunos autores vieron en esa parálisis institucional un eco de aquella renuncia formal de 1867. La línea no es directa ni exclusiva, pero la analogía tiene fundamento: en Colombia, la pregunta por quién puede legítimamente ejercer la violencia dentro del territorio nunca ha tenido una respuesta indiscutida.
Núñez y el vuelco de la Regeneración
Rafael Núñez venía del liberalismo. Había sido ministro, diplomático, funcionario radical. Pero desde Cartagena, y desde una lectura amarga del sistema al que había servido, empezó a construir a fines de la década de 1870 el programa que se conocería como la Regeneración: retorno a la autoridad, fortalecimiento del gobierno central, reconciliación con la Iglesia. En 1880 fue elegido presidente por primera vez, en alianza con conservadores y liberales independientes; volvería a serlo en 1884, 1886 y 1892, aunque en su último período prefirió gobernar desde Cartagena y murió en 1894 sin ejercer efectivamente el cargo.
Núñez había advertido desde 1882 que el fracaso de las instituciones liberales abriría camino a una poderosa reacción. La rebelión liberal radical de 1885 contra su gobierno fracasó, y esa derrota militar fue la partida de defunción del orden de Rionegro. Núñez pronunció entonces la frase que consagró el momento: "La Constitución de 1863 ha dejado de existir". Convocó un Consejo Nacional de Delegatarios compuesto por dieciocho miembros —conservadores e independientes—, que se instaló en Bogotá el 11 de noviembre de 1885 para redactar una nueva carta. Los liberales radicales, derrotados en el campo de batalla, quedaron fuera del diseño constitucional.
La Constitución de 1886 fue en gran medida obra de Miguel Antonio Caro, principal pensador conservador de la época y firme defensor de la Iglesia Católica. Su arquitectura invertía punto por punto la de Rionegro. Los estados soberanos fueron sustituidos por departamentos administrativos subordinados al poder central. La invocación de Dios volvió al preámbulo. La libertad de prensa se recortó, la pena de muerte reapareció para ciertos delitos, y el catálogo de libertades individuales se ajustó a lo que Caro consideraba compatible con el orden. Un año después, en 1887, el Concordato con la Santa Sede restableció las relaciones entre la Iglesia y el Estado, aunque no pudo revertir la desamortización ya adelantada.
La Constitución de 1886 hizo algo más, menos visible pero significativo: suprimió el artículo de la carta anterior que acogía el derecho de gentes como regulador de los conflictos interiores de la nación colombiana, reservando su aplicación exclusivamente a las relaciones con otros estados nacionales. El gesto era conceptualmente denso. Rionegro había admitido que dentro del territorio podían darse conflictos que requerían marcos jurídicos de tipo internacional —reconocimiento implícito de que los estados soberanos eran cuasi-naciones—; la Regeneración cerró esa puerta. Colombia era una sola nación, con un solo derecho interno, y las disputas dentro de sus fronteras se resolverían por las leyes penales y no por las de la guerra.
Pero centralizar la soberanía jurídica no equivalió a centralizar el poder efectivo. La Regeneración estableció una descentralización administrativa fiscal que reconoció a los departamentos rentas de aguardientes, tabaco, degüello, peajes y pontazgos, además de rentas de importancia regional como las minas en Antioquia o las salinas marítimas en Magdalena. Las élites regionales, que habían sido cabeza de estado soberano, aceptaron el nuevo orden porque conservaron el control fiscal y clientelar de sus territorios. La renta del Ferrocarril de Panamá, tercer ingreso del Estado central durante parte del período federal, fue negociada por Núñez en 1880 con un anticipo de dos millones sobre veintisiete anualidades futuras para capitalizar el Banco Nacional: un ejemplo de cómo la Regeneración usó recursos que la propia geografía imperial de la república ponía a su disposición.
Entre 1886 y 1904, la exclusión del liberalismo y la eliminación en la práctica de sus derechos políticos fue más sistemática que bajo el régimen anterior. La intimidación a la prensa, las manipulaciones electorales, la retórica que Caro dirigía contra los liberales —a quienes llegó a declarar incompatibles con las elecciones ordenadas— produjeron un clima de tensión que desembocó en la Guerra de los Mil Días entre 1899 y 1902, y en la posterior pérdida del istmo de Panamá en 1903. El régimen conservador que la Regeneración inauguró resultó atípicamente perdurable en América Latina: dominó la política colombiana hasta 1930, cuando la hegemonía se rompió con la llegada del liberal Enrique Olaya Herrera.
La red: hombres, lugares e ideas
La disputa de la soberanía estatal en el siglo XIX colombiano tuvo protagonistas nítidos, y ninguno se entiende fuera de la red de complicidades y rivalidades en que se movió. Manuel Murillo Toro, dos veces presidente (1864-1866 y 1872-1874), fue el arquitecto político del federalismo radical: convencido de que el gobierno mejor era el que menos gobernaba, defendió la libertad de prensa con una consistencia que se hizo proverbial. Tomás Cipriano de Mosquera, cuatro veces presidente y militar veterano de la independencia, encarnó una versión más autoritaria y personalista del proyecto: fue él quien firmó la desamortización y ganó la guerra que condujo a Rionegro, pero también quien puso al descubierto que el federalismo podía convivir con el caudillismo.
Aquileo Parra, presidente entre 1876 y 1878, gobernó durante la guerra civil de aquellos años y encarnó la vertiente santandereana y comercial del radicalismo. Santiago Pérez Manosalbas, presidente entre 1874 y 1876, representó la vertiente intelectual y periodística: fundó y dirigió El Relator, y fue expulsado del país por la Regeneración. Salvador Camacho Roldán, ministro de Hacienda y periodista, fue el economista del grupo: sus escritos sobre política comercial y estadística siguen siendo referencia. José María Samper, converso: comenzó liberal radical y terminó apoyando la Regeneración, un tránsito que ejemplifica la fatiga del proyecto en la propia generación que lo había fundado. Florentino González y Ezequiel Rojas, en el arranque intelectual del liberalismo colombiano, habían sembrado en la década de 1840 las semillas doctrinales del librecambismo, el federalismo y el anticlericalismo que Rionegro llevaría a su formulación jurídica.
En el otro lado, Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro formaron el eje intelectual y político de la Regeneración. Núñez, el pragmático que había recorrido el liberalismo antes de renegar de sus excesos; Caro, el gramático humanista, católico militante, latinista, hijo del poeta José Eusebio Caro, que le dio a la Constitución de 1886 su prosa magistral y su armadura doctrinal.
Los lugares fueron tan importantes como los hombres. Rionegro, un pueblo del oriente antioqueño, se convirtió en sinónimo del proyecto radical por la convención de 1863. Bogotá siguió siendo la capital administrativa aunque el poder real se dispersara. Panamá fue la primera pieza federal desde 1855 y el ingreso económico que sostuvo décadas de finanzas magras. El Cauca fue el gran laboratorio de la política mosquerista y también el escenario militar de la guerra de 1876-1877. Antioquia mostró, en la resistencia a la desamortización, cómo un estado podía usar su soberanía para negar las reformas que en otras partes se imponían. Santander fue el corazón económico del comercio de exportación y la base de Murillo Toro y Parra. Bolívar, Magdalena, Boyacá y Tolima completaron un mapa donde cada estado tenía su tono, su elite, su Iglesia y su temperatura política.
La huella: qué dejó Rionegro
El primer instinto de la historiografía conservadora fue leer los Estados Unidos de Colombia como un experimento fallido, un exceso ideológico, una desviación patológica del curso lógico de la nación. Esa lectura, dominante durante buena parte del siglo XX, ha sido matizada: los EUC no fueron una anomalía sino la culminación jurídica de una tendencia real. Las provincias que se declararon soberanas en 1810 fueron, con nombres cambiados, los estados de 1863. Las élites regionales que dominaban Antioquia, el Cauca, Santander o Bolívar existían antes de Rionegro y sobrevivieron a la Regeneración. Lo que la Constitución de 1863 hizo fue codificar una fragmentación que ya operaba en los hechos.
Pero eso no absuelve a sus arquitectos. Los radicales tomaron decisiones deliberadas que llevaron la fragmentación a extremos jurídicamente insostenibles: la neutralidad del gobierno central ante los levantamientos internos, la unanimidad para reformar la carta, la disolución del ejército nacional, la libertad total de los estados sobre el sufragio. Ningún poder regional había demandado esos rasgos con la radicalidad con que fueron consagrados. Fueron opción ideológica, no inercia histórica. Y esa opción aceleró el colapso del sistema.
La Regeneración recentralizó el Estado nominal, pero no el monopolio efectivo de la fuerza ni la lealtad de los poderes locales. La Constitución de 1886 sustituyó estados por departamentos, pero las élites regionales conservaron su clientela, sus rentas y su capacidad de negociación con Bogotá. La Guerra de los Mil Días demostró que el orden centralista tampoco garantizaba la paz. Y a lo largo del siglo XX, la pregunta por quién manda dentro del territorio siguió abierta: en La Violencia de los años cincuenta, en la aparición de las guerrillas de izquierda desde los años sesenta, en el auge paramilitar y narcotraficante desde los ochenta. En las zonas donde el Estado colombiano no ha tenido presencia efectiva, poderes locales vinculados a las actividades económicas dominantes de la región han sustituido su autoridad e implementado formas propias de justicia privada. Que estos actores sean externos al Estado o mediaciones de un Estado precario es una cuestión abierta; lo que no admite duda es que la soberanía territorial completa siguió siendo, después de 1886 como antes, una aspiración más que un hecho.
Rionegro dejó, también, un archivo de libertades: la abolición de la pena de muerte, la libertad religiosa, la libertad de prensa. Fueron los años más libres del siglo XIX colombiano, y la Regeneración los recortó en parte. La Constitución de 1991 recuperaría buena parte de ese catálogo, y algunos comentaristas han visto en ella un eco tardío del espíritu radical, aunque su arquitectura política —Estado unitario con descentralización administrativa— se parezca más al modelo de 1886 que al de 1863.
Queda, por último, un legado conceptual. La palabra "soberanía", en el vocabulario político colombiano, no se despega de su sentido interno decimonónico. Cuando en el siglo XX y el XXI se discute sobre autonomía regional, sobre el papel de los gobernadores frente al presidente, sobre las jurisdicciones especiales de comunidades indígenas y afrocolombianas, sobre los espacios que ocupan actores armados en la periferia, se está retomando, sin siempre saberlo, la conversación que empezaron las juntas de 1810 y que Rionegro llevó a su formulación más pura. Los términos del debate colombiano sobre quién manda dentro del territorio los fijaron los radicales; y aunque su respuesta fuera derrotada en el campo de batalla y en el papel constitucional, la pregunta que su proyecto instaló sigue siendo, siglo y medio después, la pregunta central de la política colombiana.
En el archivo
19 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Pre-independencia1780–18091
02Nueva Granada1831–18621
03Estados Unidos de Colombia1863–18857
- 1863Artículo 78 de Rionegro y el régimen de territorios nacionales (1863)Hecho
- 1863Constitución de Rionegro y fundación de los Estados Unidos de ColombiaHecho
- 1864Antioquia bajo Pedro Justo Berrío: laboratorio conservador dentro del federalismo radical (1864-1873)Hecho
- 1867Orden públicoFicha
- 1868Pedro Justo BerríoFicha
- 1875El colapso del Olimpo RadicalPregunta
- 1885El federalismo radical y la RegeneraciónPregunta
04Regeneración1886–19291
05República Liberal1930–19461
06Constitución de 19911991–20022
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Constitución de Rionegro (1863): instrumento jurídico que llevó la soberanía estatal a su expresión más radical
- 02Federalismo radical: corriente política que convirtió la soberanía estatal en programa de gobierno durante los Estados Unidos de Colombia
- 03Centralismo: polo opuesto en la disputa estructural del siglo XIX colombiano, triunfante con la Regeneración de 1886
- 04Regeneración: proceso político que clausuró jurídicamente la soberanía estatal e impuso el modelo unitario con la Constitución de 1886
- 05Tomás Cipriano de Mosquera: caudillo que ganó la guerra civil de 1860–1862 y convocó la Convención de Rionegro, dando forma institucional a la soberanía estatal
- 06Rafael Núñez: diagnosticó la rigidez institucional del sistema soberanista y lideró su desmonte con la Regeneración
- 07Iglesia Católica: rival de soberanía frente al Estado laico radical, cuya jurisdicción sobre conciencias, escuelas y economía rural compitió con la autoridad estatal
- 08Patria Boba (1810–1816): período en que las provincias soberanas constituyeron la matriz territorial que delimitaría los estados federales medio siglo después
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
48 documentos · 61 fragmentos
01Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[1]a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…
p. 182
02Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[2]a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…
p. 182
03Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2511 cita
[3]en nuestra patria. Alcance social: por primera vez se habla en nuestro país de soberanía del pueblo; el pueblo confiere a Amar el cargo de presidente de la junta; cambió la condición de la raza indígena y de los criollos. Los hijos de este suelo pudieron aspirar a los elevados cargos. Alcance económico: dado que esta…
p. 251
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 45, 1392 citas
[4]soberanía reside esencialmente en la totalidad de sus ciudadanos”. 11 De este modo, la primera Constitución de Colombia estableció una monarquía limitada e incluyó principios como el de la separación de poderes y los derechos del hombre y del ciudadano, y, en últimas, fue el texto que sentó el precedente para…
p. 45
[41]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…
p. 139
05Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1061 cita
[5]todas las provincias, sobre la base de la Constituci ó n local declararon la independencia abso luta de Espa ñ a. Este proceso ayud ó a definir en cada provincia un espacio regional de gobierno y lealtades pol í ticas, que correspond í a a lazos reales entre sus habitantes, a regiones econ ó micas y sociales m á s o…
p. 106
06Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 361 cita
[6]pro-republic provinces and those that remained loyal to Spain. On the contrary, years of violent skir- mishes and political upheaval facilitated the easy triumph of the occupying forces sent from Spain after Ferdinand VII reassumed the throne in 1814. First, the Republic of Cundinamarca was born on February 19, 1811,…
p. 36
07Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 341 cita
[7]de Indepen - dencia de Socorro (15 de agosto de 1810), de la Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada (27 de noviem - bre de 1811), y en las Constituciones de Cundinamarca (30 de marzo de 1811), Tunja (9 de diciembre de 1811), Antioquia (21 de marzo de 1812), Cartagena de Indias (15 de junio de 1812),…
p. 34
08When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 433 citas
[8]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
[9]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
[10]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
09La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 73, 3082 citas
[11]su soberanía. Reser- vándose “la soberanía en toda su plenitud para las cosas y casos propios de la provincia en particular, y el derecho de negociar o tratar con las otras provincias o con otros Estados”. 24 En la Constitución de Antioquia de 1812, ante la mis- ma inquietud, los constitucionalistas decidieron que…
p. 73
[13]de la soberanía, a través de las asambleas electivas, con el ejercicio propio de esta. Pero, a pesar de las dificultades para poner en práctica conceptos tan abstractos como la soberanía y la representación política de la moderni- dad, en una sociedad profundamente corporativista y tradicional, los avances logrados a…
p. 308
10Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1851 cita
[12]integraron a las subregio - nes en un proyecto político conocido como “Las Ciudades Amigas y Confederadas del Valle”. A partir de febrero de 1811, dicho proyecto inició las guerras de independencia y se enfrentó a las autoridades es - pañolas establecidas en Popayán. Fue esta nueva élite de carácter su - pralocal la…
p. 185
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1131 cita
[14]de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…
p. 113
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1571 cita
[15]magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…
p. 157
13Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 39, 2762 citas
[16]enjoyed. A coalition that included the leader of the Chorographic Commission, Agustín Codazzi, repressed the popular uprising mil- itarily on the ground. When back in control, Liberal and Conserva- tive party leaders deployed the technology of constitutionalism to create Estados Soberanos, or sovereign states,…
p. 39
[36]men who had been married at any age, or who were at least eighteen years old, were active citizens. This level of enfranchisement surpassed even the Constitution of 1853, which granted active citizenship to men over the age of twenty-one. Popular liberals forced republican bargains out of elites in the Cauca, and in…
p. 276
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2381 cita
[17]Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…
p. 238
15Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 171 cita
[18]del Beebe ¢ Ae tee batndoe Ue mstrs Critvrtrrmoe gus tfervetla, Ka rensde en dectetuas 4 ta “goin ai fillicd c @. Bfilitle a4 eZ a Wtieele te.S oe Go elarter Lobes aped dé Poliagata Blaine, Lb nen! See Fon dintaciesen, Mag datiun, Pannva: Doerlar dor ¢ Blhiorra, ried doe peyperlen a sereele fers tor aelee Ae ape…
p. 17
16La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1391 cita
[19]auxilio, [para formar] una nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de ‘Estados Unidos de Colombia” 184. Es la primera Constitución del país que no comienza “En nombre de Dios” 185 sino “En nombre y por autorización del 183 Véase para toda la historia de la laicidad en Francia, Assemblée générale du…
p. 139
17Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 107, 1142 citas
[20]texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…
p. 107
[27]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1221 cita
[21]Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…
p. 122
19Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 93, 952 citas
[22]Solamente les prohibié enajenar su terri- torio a gobiernos extranjeros, aprobar la esclavitud, 1528 Fotografia de los hermanos Mosquera, tomada en la ciudad de Nueva York en 1853. En el centro se encuentra el arzobispo, don Manuel José, y a la derecha el general Tomas Cipriano, gran impulsor del federalismo.…
p. 93
[28]la Union y constituirse en republi- cas independientes o anexarse a otro pais, como lo intentaron Antioquia y Panama. Pero por algo la Constitucién de 1858 les prohibié usar bandera o escudo de otra nacién. Aquella conducta no era nueva, pues recordemos cémo en 1831 algunas provincias proclamaron su anexi6n a…
p. 95
20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 651 cita
[23]garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…
p. 65
21Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 1972 citas
[24]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
[34]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…
p. 192
22Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 545, 5632 citas
[25]y 1860 ». Conviene anotar, ante algunas afirmaciones que hace el señor Samper, que toda Constitución —decisión polí- tica— sólo puede ser adoptada por un partido político que imponga sus teorías en torno al Estado y al Derecho, y que en tal virtud reorganice la sociedad y la economía. Las deci- siones políticas que…
p. 563
[37]a saber: «La del 27 de octubre de 1857, motivada por la crea- ción del Estado; «La del 12 de noviembre de 1863, motivada por la nacional del mismo año; «La del 25 - 26 de noviembre de 1864, fruto de una insurrección local, y «La del 15 de septiembre de 1877, resultado también de otra conmoción armada que derrocó al…
p. 545
23La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 371 cita
[26]de que sería bueno tener este monopolio. Esto no siempre ha sido así. Después de la Constitución de Rionegro de 1863, no había un ejército nacional y el Estado nacional no tenía el derecho de intervenir en las cuestiones de los departa- mentos que lo constituían. De hecho, la Ley 20 de 1867 declaraba: Artículo 1.…
p. 37
24Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 851 cita
[29]patria (…) De aquí se sigue, primero: que la legislación de un Esta - do no puede alterar el derecho de gentes, de manera que las alteraciones obliguen a los súbditos de otros estados; y, segundo, que las reglas establecidas por la razón y por el consentimiento mutuo, son las únicas que sirven, no sólo para el ajuste…
p. 85
25Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 98, 2222 citas
[30]democracia. im- piden que su voz ommipatente peri tre en aquel recinto, y ahogue los UE times gritos destemplados cel jesub- tismo que aceso se oyen aún sombría y misteriosamente en-é2068 diustros tenebrosos. Sancionadlo, que La doc- tina de Jesucristo no debe vivir em boscada en unos antros oscuros» Finalmente…
p. 222
[46]caso de que ninguno tenga ducha mayoría, el Congreso eje irá entre los que reúnan mayor má mero de votos= (articulo 75) Las fa- cultades del presidente se velan redu- cidas por el federalismo y la acción del Congresoy, básicamente, ye enca- minaban a las relaciones exteriones Constitución de 1886 El de noviembre de…
p. 98
26Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 851 cita
[31]poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…
p. 85
27Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 511 cita
[32]somewhat surprising, given the religiosity of Antioqueños, that the proceeds of Church property sold off locally seem to have been surprisingly low. No doubt this was partially due to the fact that the local Church had not inherited or accumulated wealth on the same scale as in other parts of the country. To cite an…
p. 51
28Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 511 cita
[33]somewhat surprising, given the religiosity of Antioqueños, that the proceeds of Church property sold off locally seem to have been surprisingly low. No doubt this was partially due to the fact that the local Church had not inherited or accumulated wealth on the same scale as in other parts of the country. To cite an…
p. 51
29Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 3061 cita
[35]43. 43 Informe del rector de la Universidad Nacional en Anales, t, I, n ú m. 5, p á g. 431 G. LA POL É MICA DE LOS TEXTOS La d é cada comprendida entre 1870 y 1880 fue escenario te. una de las m á s resonantes pol é micas intelectuales del siglo xix, A la controversia que se libr ó en torno al decreto org á nico de…
p. 306
30Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[38]util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…
p. 44
31El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 232 citas
[39]hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…
p. 23
[40]hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…
p. 23
32El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4491 cita
[42]conservador. Esta ley transfería a los poderes nacionales, retirándosela a los estados la in- tervención en los escrutinios de las elecciones para miem- bros del Congreso y para la Presidencia de la República. Contra esta y parecidas medidas elevó violenta protesta el Partido Liberal, amenazado en su propia…
p. 449
33Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 521 cita
[43]dictatorship of Rafael Urdaneta that resulted from it was overthrown in its turn by a counterrebellion the very next year, so that the two "successful" uprisings in effect canceled out each other. The next three uprisingsthe War of the Supremes, the Conservative revolution of 1851, and the Melo coupall ended in…
p. 52
34Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1401 cita
[44]rebeldes y causaban también un empobre- cimiento general, debilitando enormemente el poder de compra de los consumidores. Por otra parte, los conflictos civiles minaban los acervos de capital disponible, por su fuga hacia Europa o a través de 35 James L. Payne, Patterns ofConflict in Colombia (New Haven: Yale…
p. 140
35Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 47, 532 citas
[45]ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…
p. 53
[47]1 823 habían sido exped idas 170 leyes sob re el impuesto de la sal y que en ese mo- m e nto regían 89. Por un tiempo la renta del Ferrocarril de Panamá fue el t ercer ingreso. No obstante, se convirtió en fu ente de los agravios como pudo comprobarse en los ep isodios de la separac i ón en 1903. La d escentra li…
p. 47
36De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[48]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
37De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[49]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
38Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 681 cita
[50]Si durante la vigencia de la Constitución del 63 los conservadores fueron víctimas frecuentes del fraude electoral y de la coacción, y en alguna ocasión de restricciones a su prensa, y si sólo lograron una representación minoritaria en el Congreso y las Asambleas de los estados que no con- trolaban, entre 1886 y 1904…
p. 68
39El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[51]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
40La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3371 cita
[52]que en otros países de América Latina, y no tiene, ni jamás ha tenido, el monopolio de la fuerza; por ello, en las zonas alejadas del centro institucional han surgido y florecen los grupos guerrilleros de izquierda, los grupos paramilitares y los narcotraficantes. Al no haber monopolio de la fuerza por parte del…
p. 337
41Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6351 cita
[53]e incluso la imprecisión, en las definiciones de los Estados fallidos, hay dos rasgos centrales que los definen: el no tener un control efectivo sobre el territorio y la pérdida del monopolio de la fuerza. De hecho, en Colombia la “ausencia del Estado” ha sido considerada como una de las características centrales de…
p. 635
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 cita
[54]las Indias 21, que garantizaba la dominación con intuiciones de control y vigilancia, la uniformidad pretendida seguía siendo trastocada por la realidad heterogénea del terri- torio. A este respecto Jaramillo Uribe anota: Diversas culturas, diversas densidades de población, diferentes territorios geográficos,…
p. 31
43Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2651 cita
[55]temporal de la Compañía, a que el subsidio se redujera a $100.000, el Congreso no aprobó la negociación, y esta suma entró cumplidamente en las arcas públicas hasta 1880. En ese año, y con el objeto de conseguir capital para el Banco Nacional que proyectaba el Gobierno de Rafael Núñez, se negoció un anticipo de la…
p. 265
44The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1331 cita
[56]the deep-rooted political and re- ligious conflict that shaped the institutional relations between Church and state in Colombia—from the Independence period through the late nineteenth century. Since the “discovery” of América, altar and throne had governed jointly, as the pa- pacy conceded to the Spanish Crown…
p. 133
45Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 cita
[57]y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…
p. 38
46Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2652 citas
[58]par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…
p. 265
[59]par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…
p. 265
47Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 731 cita
[60]acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…
p. 73
48Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3421 cita
[61]nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…
p. 342