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Hecho histórico · Nueva Granada · 1831–1862

La guerra civil de 1860-1862 y el triunfo de Mosquera

Entre 1860 y 1862, el gobernador del Cauca Tomás Cipriano de Mosquera se levantó contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez, desencadenando una guerra civil que clausuró la Confederación Granadina, produjo la desamortización de bienes eclesiásticos y abrió el ciclo del federalismo radical con el Pacto de Unión de los Estados Unidos de Colombia.

La guerra civil de 1860-1862 y el triunfo de Mosquera
8 de mayo de 1860 – 20 de septiembre de 1861 (operaciones hasta 1862)
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
8 de mayo de 1860 – 20 de septiembre de 1861 (operaciones hasta 1862)
Protagonistas
Tomás Cipriano de Mosquera, Mariano Ospina Rodríguez, Juan José Nieto, Eustorgio Salgar, Julio Arboleda, Pedro Justo Berrío, Manuel Murillo Toro, Santos Gutiérrez, Antonio Herrán, Partido Liberal, Partido Conservador, Confederación Granadina
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La Constitución de 1858 dejó sin resolver la tensión entre la soberanía amplia de los estados federales y las competencias residuales del gobierno central, creando un marco que podía usarse para disciplinar a los estados liberales.
  2. El gobierno de Ospina Rodríguez aprobó una ley electoral que transfirió al poder central el control de los escrutinios para el Congreso y la Presidencia, y una ley de orden público que facultaba al centro para suspender gobiernos estatales, medidas que el Partido Liberal interpretó como amenaza a su existencia política.
  3. Ospina auxilió revoluciones conservadoras contra los gobiernos liberales de Santander y Cauca, y decretó la guerra formal al Estado de Santander, encarcelando a su gobernador Eustorgio Salgar, lo que convenció a los estados liberales de que solo las armas podían protegerlos.
  4. Mosquera, gobernador del Cauca y caudillo de la élite caucana, calculó que las condiciones eran favorables para un desafío frontal al centro, forjó una alianza con el jefe liberal costeño Juan José Nieto y expidió el decreto del 8 de mayo de 1860 desconociendo formalmente al gobierno de la Confederación.
8 de mayo de 1860 – 20 de septiembre de 1861 (operaciones hasta 1862)La guerra civil de 1860-1862 y el triunfo de Mosquera

Consecuencias

  1. El 20 de septiembre de 1861 los plenipotenciarios de siete estados firmaron en Bogotá el Pacto de Unión de los Estados Unidos de Colombia, reconociendo a Mosquera como presidente provisional y a Nieto como vicepresidente, y disolviendo en la práctica la Confederación Granadina.
  2. El 9 de septiembre de 1861 Mosquera decretó la desamortización de bienes de manos muertas, privando a la Iglesia católica de su base económica secular, financiando la consolidación militar del nuevo régimen y ejecutando el programa anticlerical de los liberales radicales.
  3. La Iglesia perdió edificios, tierras y conventos, y el arzobispo Antonio Herrán fue confinado; la herida quedó en la memoria política del país y la institución eclesiástica se convirtió en aliada natural de la Regeneración, preparando el terreno para el Concordato de 1887.
  4. La victoria de Mosquera abrió el ciclo del federalismo radical que gobernaría al país durante las dos décadas siguientes, culminando en la Constitución de Rionegro de 1863, y clausuró definitivamente el nombre y el orden institucional de la Nueva Granada.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La guerra de 1860-1862 no fue solo un episodio de violencia bipartidista: fue el momento en que se decidió qué forma tomaría el Estado colombiano durante una generación, quién controlaría la tierra eclesiástica acumulada durante tres siglos y hasta dónde llegaría la autonomía de las regiones frente al centro. El decreto de desamortización y el Pacto de Unión de 1861 trazaron las líneas de fractura —Iglesia versus Estado, federalismo versus centralismo, liberalismo versus conservatismo— que estructuraron la política colombiana hasta la Regeneración y más allá. La figura de Mosquera encarna además la paradoja del caudillo que usa el programa radical como instrumento de poder personal, advirtiendo sobre los límites de cualquier lectura puramente ideológica de las guerras civiles del siglo XIX.
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Desarrollo histórico

La historia completa

La guerra civil de 1860-1862 y el triunfo de Mosquera

Entre 1859 y 1862, la República se rompió por un pliegue que estaba cosido con hilos flojos desde 1858: el que unía la soberanía de los estados federales con las competencias residuales del gobierno central. La Confederación Granadina, apenas nacida, no soportó la primera puesta a prueba. El gobernador del Cauca, Tomás Cipriano de Mosquera, veterano de las guerras de los años cuarenta y cincuenta, se levantó contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez y, tras dos años de campañas que recorrieron el Cauca, Antioquia, la costa Caribe, Santander, Boyacá y la sabana de Bogotá, entró triunfante a la capital, decretó la desamortización de los bienes de manos muertas, extinguió conventos, confinó al arzobispo y convocó la Convención de Rionegro. En ese arco quedó clausurado el nombre de Nueva Granada y quedó abierto el régimen federal radical que gobernaría al país durante las dos décadas siguientes. La guerra fue, a la vez, crisis estructural del pacto de 1858 y operación deliberada del caudillo caucano: sin las provocaciones centralistas de Ospina no habría tenido legitimidad, y sin la agencia personal de Mosquera —con su decreto del 8 de mayo de 1860, sus alianzas oportunistas y su uso simultáneo de la desamortización como arma fiscal, militar e ideológica— no habría tenido desenlace.

El pacto federal de 1858 y sus grietas de origen

La Constitución de 1858 remató legalmente un proceso que venía desde 1855, cuando el Congreso comenzó a otorgar por ley categoría de estado federal a las antiguas provincias: Panamá en 1855, Antioquia en 1856, y en 1857 Cauca, Cundinamarca, Bolívar, Magdalena y Santander. La carta consolidó ese esquema, bautizó al país como Confederación Granadina y organizó la república en ocho estados. Suprimió la vicepresidencia, la sustituyó por tres designaturas y estableció una libertad de imprenta ilimitada. Reconoció a los estados un amplio ámbito de autonomía —todo lo no reservado expresamente al centro— y enumeró en su artículo 15 las competencias exclusivas del gobierno general: crédito nacional, Ejército y Marina, relaciones exteriores, legislación marítima y de comercio exterior, entre otras.

El diseño arrastraba una contradicción de fondo. La soberanía estatal era amplia pero incompleta: el centro conservaba resortes decisivos —lo electoral entre ellos— y podía, con una mayoría en Bogotá, disciplinar a los estados por vía legislativa. La ambigüedad venía de más lejos, del ensayo confederal de 1810, cuando las provincias se declararon "libres, independientes y soberanas" sin definir cómo se articulaban entre sí ni con el todo. En 1858 esa herencia mal resuelta se reprodujo en un marco nuevo, y bastó un gobierno decidido a usar el centro contra las mayorías liberales de los estados para que la máquina crujiera.

Mariano Ospina Rodríguez, presidente conservador, fue ese gobierno. Bajo su influjo, un Congreso ultraconservador aprobó una ley electoral que transfirió a los poderes nacionales —retirándosela a los estados— la intervención en los escrutinios para el Congreso y la Presidencia. El Partido Liberal elevó una protesta violenta: leyó la medida como amenaza directa a su existencia política, pues ponía en manos del gobierno central la fabricación de las mayorías futuras. A esa ley se sumó otra, de orden público, que confería al centro facultades para imponerse a los gobiernos estatales e incluso suspenderlos en sus funciones. Y a las leyes se sumaron los hechos: Ospina auxilió dos revoluciones conservadoras contra los gobiernos de Santander y Cauca. Aunque ambas fueron sofocadas, el mensaje quedó claro: la Confederación funcionaría como marco unilateral de disciplinamiento de los estados liberales.

Cuando el gobernador de Santander, Eustorgio Salgar, denunció el apoyo del gobierno central a los alzados conservadores en su estado, la Confederación lo acusó y condenó por injurias contra el presidente. Poco después decretó la guerra formal al Estado de Santander, envió fuerzas que vencieron en la batalla de El Oratorio y remitió a Salgar y a los miembros de su gobierno a Bogotá como prisioneros para ser juzgados. Ese episodio, más que cualquier otro, mostró a los estados liberales —Santander, Bolívar, Magdalena, Cauca— que el pacto de 1858 no los protegía. Empezaron a pensar en voz alta que solo las armas podían salvarlos.

El Cauca de Mosquera: feudo, élite y agravio

El Cauca no era un estado cualquiera y Mosquera no era un gobernador cualquiera. La élite payanesa —sustentada durante siglos en la minería aurífera y el trabajo esclavo— había sido una de las más influyentes del virreinato y conservó su peso durante la Independencia y buena parte del siglo XIX. Las redes familiares de Mosqueras, Valencias y Arboledas encarnaban la sociedad señorial heredada de la Colonia. Pero esa élite ya no era homogénea. Junto a los terratenientes tradicionales había cuajado, desde la Independencia, una élite ilustrada de carácter supralocal, comprometida con el liberalismo popular y decidida a liquidar el orden colonial: la esclavitud, el terraje indígena, el poder económico de la Iglesia. José María Obando y José Hilario López habían dado el ejemplo décadas atrás al preferir la carrera militar y política a la condición de amos.

El propio Mosquera venía de la primera facción y terminó, sobre la marcha, encabezando la segunda. Sobre su cabeza pesaba la geografía humana del suroccidente: en el Cauca de 1850 la población blanca no pasaba del 20%, la indígena era menos del 10%, la negra o afrocolombiana rondaba el 13% y los mestizos superaban el 50%. Los propietarios del Valle del Cauca vivían rodeados y superados en número por descendientes de esclavos y por campesinos negros, mulatos y blancos pobres que se habían apropiado de tierras abandonadas tras el cierre del primer ciclo minero. Los pueblos indígenas del alto Cauca, especialmente los paeces, habían aprendido a defender resguardos mediante protestas, dilaciones legales, resistencia pasiva y alianzas con líderes regionales del liberalismo. Popayán, Cali, Palmira, Buga, Caloto y Buenaventura se disputaban la hegemonía comercial y política de la región en una rivalidad permanente. Todo eso era el Cauca sobre el que Mosquera gobernaba en 1859.

En ese escenario, el descontento de Mosquera con Ospina se fue afilando. Amenazó al gobierno central con asumir la "soberanía popular" y declaró que el Cauca no continuaría haciendo parte de la Confederación. La comunicación con Bogotá era lenta, las leyes se ignoraban en las regiones lejanas, y Mosquera calculó —con un realismo que la historiografía posterior no le regatea— que las condiciones para un desafío frontal eran favorables. Al mismo tiempo, buscó aliados en el mapa liberal. El más significativo fue el general Juan José Nieto, jefe liberal en Bolívar, que había sido enemigo suyo en 1841 y 1854. Presionado por el conflicto inminente, Nieto ofreció respaldo a Mosquera contra el gobierno central. Esa alianza —entre un caudillo caucano de la vieja élite señorial y un jefe costeño mulato del liberalismo popular— fue una de las operaciones políticas más audaces del período: señal de que la guerra por venir no obedecería a una sola lógica.

Del decreto del 8 de mayo a la campaña del río Cauca

El decreto que Mosquera expidió el 8 de mayo de 1860 desconoció formalmente al gobierno de la Confederación y marcó el inicio de la guerra civil. Fue un acto simultáneamente jurídico y militar: el gobernador del Cauca negaba autoridad al centro y comprometía en el conflicto la maquinaria política y militar del estado más extenso y poblado del país.

La guerra se libró en varios frentes casi al mismo tiempo. En el sur, el jefe militar conservador Julio Arboleda —de la vieja estirpe caucana enfrentada a Mosquera— operó como cabeza de las fuerzas del gobierno en el sur del Cauca y dirigió, durante los primeros veinticuatro días de diciembre de 1860, el asedio a Santa Marta, extendiendo así el conflicto a la costa Caribe. En Bolívar, Juan José Nieto controló buena parte del territorio y sostuvo la campaña costeña. En Santander, la reacción liberal encontró terreno abonado por el precedente de Salgar. En Boyacá, Santos Gutiérrez triunfó, junto a Rafael Reyes, en Hormazaque, sumando otro estado al frente rebelde. Antioquia y Panamá quedaron, en la práctica, del lado del gobierno o al margen del conflicto en su fase decisiva.

En diciembre de 1860, apenas siete meses después del decreto inicial, las partes intentaron un entendimiento. En Santa Ana se celebraron conferencias extraoficiales que sondearon bases de acuerdo. Ospina las rechazó. La guerra continuó. En su transcurso se firmaron, entre las tropas en campaña, acuerdos que atenuaron la barbarie: el Pacto de Chinchiná, la Esponsión de Manizales y el Armisticio de Chaguaní, tres documentos que testimonian que aun en medio del enfrentamiento se buscó preservar formas mínimas de derecho de gentes.

El giro decisivo llegó en septiembre de 1861, cuando Mosquera entró a Bogotá. El 20 de ese mes, en la capital, los plenipotenciarios de siete estados —Bolívar, Santander, Tolima, Cauca, Cundinamarca, Boyacá y Magdalena— firmaron el Pacto de Unión de los Estados Unidos de Colombia. El documento reconoció a Mosquera como presidente provisional y a Juan José Nieto como vicepresidente. Antioquia, bajo la conducción conservadora que después encarnaría Pedro Justo Berrío, y Panamá quedaron fuera del pacto inicial. El nombre del país cambió: la Confederación Granadina se convirtió, en un tránsito de dos años, en los Estados Unidos de Nueva Granada, antes de que la Constitución de 1863 le devolviera la palabra Colombia.

Las operaciones militares se prolongaron durante casi todo 1862 en un rosario de combates que barrieron Cundinamarca, Boyacá, el Tolima, el norte del Cauca y Antioquia. La caída del gobierno de Ospina no cerró la guerra: los conservadores resistieron en varios frentes, y la pacificación exigió meses adicionales de campañas. Solo hacia julio de 1862 el poder de Mosquera quedó consolidado en la práctica, con Ospina depuesto, Arboleda muerto poco después en el sur y las guarniciones conservadoras rendidas o dispersas.

La desamortización: un arma de tres filos

El 9 de septiembre de 1861, en su condición de Presidente Provisorio de los Estados Unidos de Nueva Granada, Mosquera firmó el decreto de desamortización de bienes de manos muertas. La medida adjudicó a la nación los bienes pertenecientes a corporaciones civiles o eclesiásticas y estipuló que esos activos debían producir a sus antiguos propietarios un rédito del 6% anual, en un mecanismo de compensación diferida que en la práctica pocas veces se cumplió.

El decreto no llegó solo. Vino acompañado y seguido por un conjunto de medidas anticlericales: expulsión de los jesuitas, expropiación de bienes de corporaciones eclesiásticas, extinción de conventos, confinamiento del arzobispo Antonio Herrán. La Iglesia católica, principal propietaria territorial de la Nueva Granada durante tres siglos y principal poder ideológico sobre la vida cotidiana, fue desarticulada en pocos meses como potencia económica.

La medida fue polémica en su momento y sigue siéndolo en la historiografía. Mosquera la justificó como arbitrio fiscal de emergencia, tomado en medio de una guerra costosísima que había vaciado las arcas del nuevo gobierno. Se apoyó en antecedentes internacionales: las medidas de Luis XIV contra ciertas corporaciones religiosas, el gabinete español desamortizador de 1837, las leyes recientes de México. La primera gran desamortización en países católicos había ocurrido durante la Revolución francesa, y desde entonces se había convertido en el instrumento clásico del liberalismo continental para aliviar el fisco y debilitar a la Iglesia al mismo tiempo. La desamortización granadina se inscribió en esa corriente y no fue una invención local.

Pero reducirla a un mero arbitrio fiscal es insuficiente. Fue arma de tres filos. Fiscalmente, permitió a Mosquera financiar la consolidación de la victoria y las campañas que se prolongaron hasta 1862; los bienes eclesiásticos incautados se subastaron y sus rentas alimentaron al Estado en campaña. Militarmente, privó a la Iglesia del respaldo material con que podría haber apoyado una reacción conservadora futura: al desamortizar, Mosquera desmontaba el sustrato económico del enemigo ideológico. Ideológicamente, cumplió el programa de los liberales radicales —desde Manuel Murillo Toro hasta los publicistas más jóvenes de la generación de Rionegro— que veían en el poder eclesiástico el gran obstáculo para la modernización del país. La desamortización fue, en simultáneo, medida de guerra, medida de gobierno y medida de programa.

El costo social fue inmediato. Las medidas anticlericales exacerbaron los ánimos en los hogares del país. Los conflictos de orden religioso resquebrajaron la aparente calma de la vida familiar. La Iglesia perdió edificios, tierras, conventos y capacidad institucional; ganó, en cambio, una posición de víctima que le permitiría, décadas más tarde, convertirse en aliada natural de la Regeneración. El Concordato de 1887, negociado con la Santa Sede durante el gobierno de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, no pudo revertir la desamortización de 1861 —los bienes ya se habían dispersado en manos privadas—, pero sí restableció relaciones armónicas entre la Iglesia y el Estado. La herida quedó, sin embargo, en la memoria política del país: la Iglesia colombiana entró al siglo XX convencida de que el liberalismo era su enemigo constitutivo, y esa convicción alimentaría décadas de conflicto.

La Convención de Rionegro y el diseño del régimen radical

La Convención se instaló en Rionegro, Antioquia, en febrero de 1863. Mosquera llegó a la villa acompañado de una división militar leal. La precaución no era vana: la composición de la asamblea no le sería del todo favorable. Buena parte de los delegados —los liberales independientes, luego llamados radicales— desconfiaban del caudillo caucano tanto como habían desconfiado de Ospina, aunque por razones distintas. Habían aceptado a Mosquera como espada de la revolución, pero no estaban dispuestos a entregarle el diseño constitucional. Manuel Murillo Toro, Manuel Ancízar y otros publicistas del radicalismo llegaron a Rionegro con un programa propio, y el propio Mosquera hubo de aceptar que el texto resultante no sería el que él habría escrito.

La Constitución promulgada en 1863 dividió la nación en nueve estados soberanos, restauró el nombre de Colombia bajo la forma de Estados Unidos de Colombia y llevó el federalismo al extremo. Los estados podían ejercer cualquier función no reservada expresamente al gobierno central. Convocaban sus propias asambleas constituyentes y legislativas. Dictaban sus códigos. Definían los derechos de sufragio en su territorio. Mantenían milicias propias, sin que el gobierno federal conservara el monopolio de los medios de violencia. La carta garantizó libertad religiosa, libertad de expresión e imprenta, y mantuvo la abolición de la pena de muerte. Estableció, además, un mecanismo de reforma constitucional excepcionalmente rígido: solo podía enmendarse mediante el consentimiento unánime de todos los estados, umbral que en la práctica hacía imposible cualquier ajuste.

La Convención mantuvo y prolongó las medidas anticlericales de Mosquera. Impulsó una reforma educativa dirigida a reducir la influencia de la Iglesia sobre la formación de las nuevas generaciones. La educación laica, la tuición de cultos y la desamortización quedaron consagradas como pilares del nuevo orden.

Rionegro tuvo, sin embargo, contradicciones internas que la historiografía posterior ha señalado con precisión. Al dejar a cada estado la definición del sufragio, más de la mitad de los nueve retrocedió respecto al sufragio masculino universal conquistado en los años cincuenta, introduciendo restricciones de edad, estado civil y otras. El federalismo radical, en nombre de la soberanía estatal, permitió retrocesos democráticos en varias regiones. Y al permitir que los conservadores controlaran políticamente los estados donde eran mayoría —Antioquia bajo Berrío, luego el sur del Cauca, Tolima intermitentemente—, el régimen radical construyó, sin quererlo, los bastiones regionales desde los que la reacción conservadora se rearmaría en las dos décadas siguientes.

Causas: la contradicción estructural y el hombre concreto

La guerra de 1860-1862 tuvo dos capas de causalidad que conviene no confundir.

Como causa estructural, operó la contradicción constitutiva del federalismo de 1858. La Confederación Granadina otorgó soberanía a los estados sin resolver el arbitraje entre esa soberanía y las competencias centrales. Cuando un gobierno conservador se instaló en Bogotá con voluntad de disciplinar a los estados liberales —a través de la ley electoral, la ley de orden público, la intervención en Santander y Cauca—, la máquina reveló su falla de diseño. No había institución para arbitrar el conflicto entre estados y gobierno central. Los estados liberales concluyeron, correctamente desde su punto de vista, que las armas eran su único recurso.

Esa contradicción no era abstracta. Se apoyaba en una fractura social más honda, especialmente visible en el Cauca: el antagonismo entre una sociedad señorial heredera de la Colonia —esclavista, católica, terrateniente— y una élite ilustrada aliada con sectores populares, indígenas paeces, campesinos negros y mulatos, que buscaba liquidar ese orden. La guerra fue también, y sobre todo en el Cauca, la expresión armada de esa fractura social. Sin ella, ni la desamortización habría tenido apoyo social operativo ni las alianzas de Mosquera con Nieto y con los liberales radicales del interior habrían prosperado.

Como causa próxima, operó la agencia deliberada de Mosquera. El caudillo caucano leyó las provocaciones de Ospina como oportunidad y no solo como amenaza. Su decreto del 8 de mayo de 1860 no fue reacción refleja sino cálculo político: el momento en que el descontento regional difuso podía convertirse en refundación estatal bajo su dirección. Mosquera fue tanto producto como agente de la crisis: sin la estructura, su rebelión habría sido aventura; sin su agencia, la estructura habría producido, quizá, otra cosa —una negociación, una reforma parcial, una fragmentación—, pero no la conquista militar del país seguida de la refundación constitucional en Rionegro.

Ninguna de las dos capas explica sola el desenlace. La lectura que reduce la guerra a la ambición de un caudillo desatiende la crisis institucional real que la hizo posible y legítima ante los ojos de estados enteros. La lectura que la reduce a maduración doctrinaria del federalismo desatiende que el desenlace concreto —la dictadura provisional de Mosquera, la desamortización por decreto, el confinamiento del arzobispo, el diseño de Rionegro— llevó la firma personal del caudillo caucano.

Consecuencias inmediatas y de largo plazo

En lo inmediato, la guerra dejó al país con un nuevo nombre —Estados Unidos de Colombia—, una nueva constitución, un nuevo orden territorial dividido en nueve estados soberanos, una Iglesia desarticulada como poder económico y un ejército nacional debilitado en favor de milicias estatales. Los conservadores, derrotados, conservaron bastiones regionales, especialmente en Antioquia bajo Berrío, y desde allí sostuvieron durante dos décadas una oposición que combinaba política y armas.

A mediano plazo, la Constitución de 1863 produjo la inestabilidad crónica que el propio contemporáneo José María Samper contabilizó con exactitud: en los veinticinco años que siguieron a la implantación del federalismo radical hubo cerca de cuarenta y dos constituciones o revueltas armadas de carácter local o estatal. La imposibilidad de reformar la carta —el requisito de unanimidad— condenó al país a hacer sus ajustes por vía de guerra. El desmonte del ejército nacional favoreció la proliferación de tropas paramilitares al servicio de caudillos regionales, terratenientes y curas, en un tejido de "generales" hechos por padrinazgo político y no por mérito militar.

En lo económico, las rivalidades entre estados soberanos llegaron a producir, durante la década de 1870, aduanas internas que frenaban el comercio interior y resquebrajaban el mercado nacional. En lo político, la incapacidad del gobierno central de intervenir en los estados y los intentos de unos estados por manipular la política de sus vecinos produjeron un desgaste institucional que terminaría siendo, en la lectura de los contemporáneos, insostenible.

De ese diagnóstico brotó la Regeneración. Rafael Núñez, formado políticamente en el liberalismo pero convencido —como Samper— de que el federalismo radical había llevado al país a la ingobernabilidad, articuló desde 1880 una alianza con el Partido Conservador y con figuras como Miguel Antonio Caro que condujo al relevo de los liberales radicales en las elecciones de ese año y, tras la guerra de 1885, al reemplazo de la Constitución de Rionegro por la carta centralista de 1886. El ciclo abierto por Mosquera en 1860 se cerró un cuarto de siglo después con un giro completo: centralismo en lugar de federalismo, Concordato en lugar de desamortización, Regeneración en lugar de radicalismo.

Pero el cierre no fue completo. La Constitución de 1863, pese a su fracaso institucional, difundió entre amplios sectores de la población colombiana valores que sobrevivieron a su derogatoria: la igualdad de derechos, la libertad de expresión, el origen popular del poder político, la libertad religiosa. Esos principios dejaron de ser patrimonio de una estrecha élite educada y se convirtieron en parte de la ideología política nacional, disponibles para las luchas del siglo siguiente. Rionegro perdió como diseño institucional y ganó como legado cultural.

Por qué esta guerra sigue importando

La guerra de 1860-1862 es la bisagra que cierra el ciclo neogranadino y abre la Colombia contemporánea. Antes de ella, el país todavía se llamaba Nueva Granada y arrastraba, con nombres diversos, la arquitectura política heredada de la Independencia. Después, el país se llamó Colombia y ensayó, en dos formatos sucesivos —el federal radical entre 1863 y 1886, el centralista regenerador desde 1886—, las respuestas modernas al problema de gobernarse a sí mismo.

La guerra dejó también planteados los tres grandes problemas que Colombia arrastraría durante el siglo XX: cómo articular soberanía regional y autoridad central sin que una anule a la otra; cómo separar poder político y poder eclesiástico sin que la separación se convierta en guerra cultural; cómo procesar el desacuerdo político por vías institucionales y no por vías armadas. Los tres siguen abiertos.

Y dejó la figura de Mosquera como emblema de una forma colombiana de hacer política: la del caudillo regional que convierte una base territorial —el Cauca, en su caso— en plataforma de refundación nacional, mediante una combinación de fuerza militar, alianzas oportunistas y programa ideológico ajustado al momento. Esa figura reaparecería, con otros nombres y otras banderas, a lo largo de la historia posterior. El molde lo forjó, entre 1859 y 1862, el gobernador del Cauca que un 8 de mayo desconoció al gobierno de la Confederación y decidió, con esa firma, que la República se llamara de otra manera.

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La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 48 fragmentos
01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2381 cita
[1]Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…p. 238
02Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 17, 442 citas
[2]del Beebe ¢ Ae tee batndoe Ue mstrs Critvrtrrmoe gus tfervetla, Ka rensde en dectetuas 4 ta “goin ai fillicd c @. Bfilitle a4 eZ a Wtieele te.S oe Go elarter Lobes aped dé Poliagata Blaine, Lb nen! See Fon dintaciesen, Mag datiun, Pannva: Doerlar dor ¢ Blhiorra, ried doe peyperlen a sereele fers tor aelee Ae ape…p. 17
[27]jesuitas, comuni- dad militante de la Iglesia Catdlica perseguida por los anticlericales de todo el mundo. La crisis religiosa se difundié en Nueva Granada a través de periddicos, hojas volantes, avisos, pan- fletos y otros medios de comunicacién social. Por su parte, los prelados utilizaron las pastorales para dar a…p. 44
03Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 73, 1022 citas
[3]que en buena parte la dedicó a defender la estabilidad de su mandato en vista de las arremetidas libe- rales. Pero pueden registrarse, entre otros, los siguientes hechos: Los jesuítas regresaron al país; se crearon los Estados de Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Bolívar y Magdalena; se redujo la deuda exter- na; se negó a…p. 102
[20]acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…p. 73
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1131 cita
[4]de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…p. 113
05Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1101 cita
[5]la Constitución de la Confederación Granadina dice: “Art. 15. Son de la competencia esclusiva del Gobierno jeneral los objetos siguientes…][… “[t] odo lo concerniente a la legislación marítima i a la del comercio esterior i costane - ro…][… “El mantenimiento de la libertad del comercio entre los Estados…” 109 El…p. 110
06El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4491 cita
[6]conservador. Esta ley transfería a los poderes nacionales, retirándosela a los estados la in- tervención en los escrutinios de las elecciones para miem- bros del Congreso y para la Presidencia de la República. Contra esta y parecidas medidas elevó violenta protesta el Partido Liberal, amenazado en su propia…p. 449
07The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 681 cita
[7]the rights that the laws permit one to exercise, but is whatever each one wants to do; I am free is the favorite phrase heard from the mouths of these infernal people. —Anonymous writer to Tomás C. Mosquera, Barranquilla, October 1861 They say of our form of government That it is republican: They tell us we are free,…p. 68
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1551 cita
[8]presidente, Eustorgio Salgar (1831-1885), había acusado al gobierno del primer mandatario de la Confederación de favorecer a los conservado- res que se habían alzado en armas contra él en Santander. Por ello fue acusado ante la Corte Su- prema de Justicia de responsabilidad por «el delito de injurias contra el…p. 155
09Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 289, 3132 citas
[9]su antiguo enemigo de 1841 y 1854, el general Tomás Cipriano de Mosquera. El conflicto con el presidente Ospina, suscitado en buena parte por él mismo, ¡iría a aliar a Nieto con Mosquera, y a convertir a éste en liberal! Nieto se aprestaba a defenderse. Mosquera, con su habitual arrogancia, ya amenazaba al gobier- no…p. 289
[14]los enemigos. No había casi escapatoria. Quizás el único escape era coger para el monte a traba- jar, donde no hubiera tanta politiquería ni tanta guerra, como habíamos hecho por Guataca hacia veinte años Pero la politiquería se iba extendiendo con nosotros. como el petróleo sobre el agua. Al llegar a Mompox, recibí…p. 313
10Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1391 cita
[10]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…p. 139
11Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 185, 1892 citas
[11]extranjeros y la libertad de pren - sa (Restrepo, 1963). Se trataba entonces del sector de la élite que avi - zoraba realmente la instalación de las políticas que dejarían atrás el viejo régimen que predominaba camuflado en el orden republicano. Nos encontramos así en un proceso que enfrentaba la necesidad de disolver…p. 189
[37]integraron a las subregio - nes en un proyecto político conocido como “Las Ciudades Amigas y Confederadas del Valle”. A partir de febrero de 1811, dicho proyecto inició las guerras de independencia y se enfrentó a las autoridades es - pañolas establecidas en Popayán. Fue esta nueva élite de carácter su - pralocal la…p. 185
12Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 68, 732 citas
[12]mas derramamientos de sangre. Acortadas en las «conferencias extra-ofi- ciales de Santa Ana», en diciembre de 1860, las ba- ses para un entendimiento entre las partes en con- flicto, Ospina las rechaz6 de plano, a pesar de que «Santander estaba literalmente ahogado en sangre; Obando combatia en el sur, entre Popayan y…p. 68
[15]Julio Arboleda en el sur del Cauca. Payan es de- 1270 rrotado en Honda y Arboleda, después de la accion de Los Arboles, toma Popayan, va a Cali y torna a Popayan, donde dicta el «decreto de represalias», que implica que sin juicio sean ajusticiados indios de Tierradentro, a quienes acusa de seguidores del «tirano T.…p. 73
13Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 941 cita
[13]el trato respetuoso que se debía dar a los prisioneros de guerra, asistencia a los heridos y enfermos y respeto a la población civil. El 26 de noviembre de 1820 se suscribió entre Simón Bolívar, como presidente de la recién creada República de la Gran Colombia, y Pablo Morillo, comandante español del Ejército de…p. 94
14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2751 cita
[16]lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…p. 275
15Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1221 cita
[17]Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…p. 122
16Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 276, 2932 citas
[18]constitution, however, also allowed for quite a bit of autonomy for each of the sovereign states that made up the United States of Colombia. This maneuvering room meant that despite the fact that Liberals dominated the national government, Conservatives quickly asserted control of political offices in states dominated…p. 293
[24]men who had been married at any age, or who were at least eighteen years old, were active citizens. This level of enfranchisement surpassed even the Constitution of 1853, which granted active citizenship to men over the age of twenty-one. Popular liberals forced republican bargains out of elites in the Cauca, and in…p. 276
17Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 931 cita
[19]Solamente les prohibié enajenar su terri- torio a gobiernos extranjeros, aprobar la esclavitud, 1528 Fotografia de los hermanos Mosquera, tomada en la ciudad de Nueva York en 1853. En el centro se encuentra el arzobispo, don Manuel José, y a la derecha el general Tomas Cipriano, gran impulsor del federalismo.…p. 93
18Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 107, 1142 citas
[21]texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…p. 107
[45]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…p. 114
19¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 651 cita
[22]garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…p. 65
20Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 381 cita
[23]lución colombiana con la de otros paí- ses latinoamericanos, o si se advierte que la inestabilidad política no fue in- ferior bajo el imperio de constitucio- nes centralistas y autoritarias, el re- sultado no fue tan negativo, y bajo la vigencia de estas constituciones se fue- ron consolidando mecanismos de po- der…p. 38
21Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5451 cita
[25]a saber: «La del 27 de octubre de 1857, motivada por la crea- ción del Estado; «La del 12 de noviembre de 1863, motivada por la nacional del mismo año; «La del 25 - 26 de noviembre de 1864, fruto de una insurrección local, y «La del 15 de septiembre de 1877, resultado también de otra conmoción armada que derrocó al…p. 545
22Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 85, 882 citas
[26]poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…p. 85
[29]la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…p. 88
23Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1371 cita
[28]encontraran oneroso el procedimiento. Además, cuando las condiciones económicas no eran buenas, se hacía imposible (o, al menos, inconveniente) pagar siquiera el modesto 6% que, se suponía, debían producir los activos legados. En consecuencia, tampoco es sorprendente que se hubieran pedido reformas al sistema. No…p. 137
2430 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 941 cita
[30]desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…p. 94
25Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3421 cita
[31]nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…p. 342
26Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 3372 citas
[32]donde cayó asesinado Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá. Fotografía de Sady González. Cromos, N° 1627, abril 21 de 1948. La furia y el dolor. Óleo de Ignacio Gómez Jaramillo, 1954. Colección Margot Villa de Gómez Jaramillo, Bogotá. Éxodo. Óleo de Pedro Nel Gómez. Fondo Documental, Biblioteca Luis- Ángel Arango. Violencia.…p. 337
[33]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…p. 192
27Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 cita
[34]y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…p. 38
28Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
[35]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…p. 106
29Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3441 cita
[36]como la cantidad de capital invertido y el número de trabaja dores enrolados en la producción del metal, eran escasos en compara ción con las grandes colonias productoras de plata de Nueva E1ipaña y Perú. Los depósitos colombianos de oro en el alto y medio Valle del Cau ca fueron explotados durante los períodos de la…p. 344
30Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 1931 cita
[38]podría facilitar la venta de sus inmensas e improductivas propiedades que en la cam biante sociedad caucana ya no servían ni para mantener el status social, ni para garan tizar la vecindad en Popayán, algo que ya no preocupaba a los Mosquera, ni a muchos caucanos importantes como José María Obando y José Hilario…p. 193
31Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · p. 301 cita
[39]Cauca political region harbored a diverse population at that time. Tallies from the 1850s, unreliable as they are on their own, suggest a populace comprised of roughly 20 percent white (scattered in the principal towns), less than 10 percent Indigenous (or “civilized Americans,” mainly in the southern highlands),…p. 30
32Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
[40]provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…p. 5
[41]provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…p. 5
33Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 841 cita
[42]cierre del primer ciclo minero, dieron paso a la formación de una sociedad tradicional, de voca- ción agrícola, de grandes y medianos propietarios, predominantemente mestizos, quienes debieron enfrentar algunas modalidades de campesinos negros, mulatos y blancos pobres, que de hecho se apropiaron de tierras…p. 84
34Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[43]a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…p. 182
35Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[44]a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…p. 182
36El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 232 citas
[46]hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…p. 23
[47]hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…p. 23
37Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 361 cita
[48]a esta norma que nos ha trazado la naturaleza, la fa- cilidad para la vida del país sería enorme; todo sería sencillo y lógico. Pero la naturaleza anda por un lado y el hombre por otro. Viene así un desorden del cual se cree salir variando la anterior división y haciendo otra que se acomode a las nuevas ideas po-…p. 36