Buenaventura
“Buenaventura encarna la paradoja más aguda del desarrollo colombiano: un puerto que mueve casi la mitad del comercio exterior del país y genera miles de millones de dólares en transacciones, enclavado en una ciudad donde la pobreza, el desempleo y…”
Por el estrecho canal que se abre entre la Isla Cascajal y el continente entra hoy el 45% de la carga internacional de Colombia. En ese mismo municipio, el 41% de la población vive en Pobreza Multidimensional, más del doble del promedio nacional. Buenaventura es esa contradicción hecha geografía: el principal puerto del Pacífico sudamericano por volumen de carga, con un movimiento de comercio exterior que rondaba los 1.670 millones de dólares en 2013, incrustado en una ciudad afrodescendiente cuya población de bajamar habita palafitos sobre el fango, y donde entre 2000 y 2001 los paramilitares perpetraron 46 masacres a la vista del puerto. Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico del Valle del Cauca desde 2007, Buenaventura no es una excepción del desarrollo colombiano ni una periferia olvidada: es el punto exacto donde el modelo económico nacional se encuentra con la población que sostiene su comercio exterior sin recibir nada a cambio.
La ciudad y la bahía
Buenaventura es una ciudad-puerto asentada sobre la Isla Cascajal, en el fondo de una bahía profunda que se abre al Pacífico entre desembocaduras de ríos que bajan de la cordillera Occidental —el Anchicayá, el Dagua, el Calima, el Yurumanguí, el Naya, el Cajambre— y descargan en el litoral una geografía de marismas, manglares y selva pluvial. Es a la vez el municipio con el territorio más extenso del Valle del Cauca y el puerto por donde respira el comercio exterior colombiano.
Su singularidad no está en la geografía sola, sino en la forma en que esa geografía se articuló con el resto del país. Cali, a algo más de un centenar de kilómetros por una carretera tortuosa que trepa la cordillera y vuelve a caer, es la ciudad que históricamente organizó el flujo entre el interior andino y el mar. Buenaventura no funciona sin Cali, y Cali no sería lo que es sin Buenaventura: esa dependencia mutua, forjada en el período colonial y consolidada por el ferrocarril y la carretera en el siglo XX, define la lógica del puerto. Todo lo que llega al Pacífico colombiano pasa por allí, y casi nada de lo que allí se genera se queda en la ciudad.
La población es abrumadoramente afrodescendiente, resultado de siglos de poblamiento del litoral por comunidades negras cuyas redes de parentesco y sociabilidad se despliegan a lo largo de los ríos y no solo dentro del casco urbano. Esa imbricación rural-urbana —barrios de la ciudad conectados con veredas ribereñas por lazos de familia, comercio de proximidad, pesca, agricultura de pancoger— es una de las claves para entender cómo se organiza la vida en Buenaventura y por qué las lógicas del puerto y las de la comunidad han corrido, durante décadas, por circuitos separados.
Fundación y sombra colonial
La fundación española se remonta a 1540, cuando la Corona buscaba un acceso al Pacífico que sirviera de contrapunto al eje caribeño articulado por Cartagena. En esa lógica, los poblados españoles fueron nudos de una red rudimentaria de caminos, más puntos de tránsito comercial —sobre todo para las importaciones— que centros productivos. Buenaventura nació como escala: una bahía útil, un fondeadero, un tramo obligado entre el mar y la hoya del Cauca.
Durante casi tres siglos el peso del puerto fue modesto. El comercio colonial y luego el republicano se organizaron sobre el Caribe. Barranquilla, tras 1870, encabezó las exportaciones, secundada por Cúcuta —anclada en el interior andino con salida por el lago de Maracaibo— y por los otros puertos caribeños. Buenaventura permanecía en los márgenes del sistema: en 1919, apenas el 7,24% de las importaciones totales de Colombia ingresaban por sus muelles. La ciudad misma era pequeña. Hacia finales del siglo XIX, un núcleo urbano de unas cuarenta casas fue creciendo hasta rondar los dos mil habitantes en unas doscientas construcciones. Nada anunciaba todavía la centralidad que asumiría en el siglo siguiente.
El giro del siglo XX: café, ferrocarril, Canal de Panamá
La transformación llegó con una convergencia precisa. La apertura del Canal de Panamá en 1914 reordenó las rutas marítimas del hemisferio y puso el Pacífico colombiano en un mapa distinto: por primera vez, salir por Buenaventura era competitivo frente a salir por el Caribe. En paralelo, el café —eje del comercio exterior colombiano desde comienzos del siglo— exigía infraestructura para bajar de las montañas del occidente al mar. Entre 1910 y 1930, el ferrocarril se volvió pieza crucial para acelerar el segundo ciclo cafetero, y las líneas orientadas al café buscaron el Pacífico. El ferrocarril Buenaventura-Cali, contratado por Francisco Javier Cisneros —uno de los grandes impulsores de la red ferroviaria colombiana—, articuló el occidente cafetero con el puerto.
Las cifras hablan del vuelco. Del 7,24% de las importaciones en 1919, Buenaventura pasó a captar el 24% en 1927. En 1932 se convirtió en el primer puerto exportador de café del país, arrebatándole la primacía a Barranquilla y al Caribe. La consolidación tardó algo más: hasta 1942, prácticamente todo el café antioqueño —que representaba cerca del 85% de la producción nacional— seguía saliendo por Cartagena y Barranquilla. Ese año se completó el ferrocarril que conectó Antioquia con Cali y Buenaventura, y el flujo terminó por invertirse: el café antioqueño empezó a bajar en tren y en camión hacia los muelles del Pacífico. Desde entonces, Buenaventura ha sido el puerto principal del país.
El proceso configuró la ciudad de manera particular. El puerto crecía como pieza del comercio nacional, no como motor de una economía local diversificada. Las inversiones, las decisiones, las utilidades circulaban entre Cali, Medellín, Bogotá y el exterior; en Buenaventura quedaba el trabajo portuario, la carga, la descarga, el bodegaje. Un enclave, en el sentido más literal: un punto de extracción y tránsito de valor, no un centro de acumulación.
Colpuertos: el paréntesis de la clase media negra
Entre los años sesenta y noventa, ese modelo tuvo su interrupción más significativa. La creación de la Empresa Puertos de Colombia (Colpuertos) transformó la vida de la ciudad. El puerto público generó empleo estable, sindicalización fuerte, contratos formales, prestaciones. En torno a los muelles surgió por primera vez una clase media afrodescendiente local, y con ella una élite política negra que empezó a disputar espacios institucionales. La organización sindical portuaria fue una de las más combativas del país. Por primera y única vez, la riqueza que pasaba por Buenaventura se traducía —parcialmente, imperfectamente, pero de manera visible— en movilidad social para los bonaverenses.
En paralelo, la ciudad se urbanizaba a marchas forzadas. La atracción del puerto y la presión demográfica sobre las tierras de marisma del litoral —donde no había posibilidad de expansión agrícola— movilizaron a miles de familias afrodescendientes desde los ríos hacia el casco urbano. La población del municipio pasó de 54.973 habitantes en 1951 a 96.708 en 1964, y a 139.277 en 1973, momento en que el 81% ya vivía en la cabecera. Para 1985 eran 212.771; en 1993, 248.424; en 2005, 328.794. Buenaventura se convirtió, en tres décadas, en una ciudad mediana de crecimiento explosivo, sin la infraestructura ni la capacidad institucional para absorber esa masa humana.
Los recién llegados se asentaron donde pudieron. Los barrios de bajamar —construidos sobre pilotes en la zona intermareal de la Isla Cascajal, al costado exacto del puerto— acogieron a los desplazados y migrantes de las cuencas del Yurumanguí, el Naya, el Calima y el Cajambre. Allí se levantó una ciudad de madera sobre el fango, con sus propias reglas: casas ligadas por pasarelas, redes de parentesco tejidas con las veredas de origen, economía informal de pesca y comercio local, una organización barrial de tipo doméstico centrada en relaciones familiares y personales. La imbricación rural-urbana no fue metáfora sociológica: era la forma concreta en que las comunidades negras construyeron ciudad en un territorio que el Estado no urbanizó.
Este circuito local afrodescendiente —intensivo en trabajo, basado en modelos de relación con la naturaleza y redes de parentesco— convivió con el circuito portuario orientado al mercado externo, pero no se articuló con él. Dos economías, dos ritmos, dos lógicas, en el mismo municipio. Colpuertos tendió puentes: el empleo portuario público fue durante tres décadas la vía por la que una parte de la población de los barrios afrodescendientes podía integrarse al circuito de la ciudad-puerto.
1993: privatización y ruptura
La liquidación de Colpuertos y la privatización portuaria de 1993 desmontaron ese puente. La cifra es brutal: el empleo portuario cayó de 10.000 trabajadores en 1990 a 4.200 en 1996. En seis años, más de la mitad de los puestos de trabajo formales del puerto desaparecieron. El nuevo modelo, basado en concesiones a operadores privados y en la sustitución acelerada de mano de obra por maquinaria, redujo la nómina y elevó la productividad. Para las utilidades del puerto, fue un éxito. Para la ciudad, un cataclismo.
El índice de pobreza en el período posterior a la privatización alcanzó el 80%. La clase media afrodescendiente en formación se desarmó: sin empleo estable, sin sindicato fuerte, sin institución pública que redistribuyera algo del valor que circulaba por los muelles, los mecanismos de ascenso social se cerraron. Los liderazgos negros que habían crecido al calor de Colpuertos perdieron la base económica que los sostenía. Buenaventura entró en los noventa como una ciudad más pobre y más desigual que la de veinte años atrás, con una población que había seguido creciendo mientras el empleo formal se contraía.
Con la privatización, la relación del puerto con su ciudad se volvió puramente instrumental: Buenaventura era el lugar físico donde tenía que ocurrir la operación logística, no una comunidad con la que hubiera obligaciones. Los recursos generados por el puerto no se quedaban en la ciudad, no se traducían en empleo significativo, no se reinvertían localmente. Mientras el comercio exterior generaba más ingresos por habitante que en Cali, el desempleo local, a diciembre de 2020, alcanzó el 26%, diez puntos por encima del promedio nacional.
La violencia: paramilitares, narcotráfico y bajamar
A la ruptura económica se sumó, con distancia de pocos años, la irrupción de una violencia sin precedentes. Desde 2000, los territorios de bajamar se convirtieron en escenario de una guerra que combinó dos intereses convergentes: el control del narcotráfico —la salida al Pacífico era estratégica para los embarques hacia Centroamérica y Norteamérica— y la ampliación portuaria, que requería tierras costeras.
Los bloques Calima y Frente Pacífico de las Autodefensas Unidas de Colombia desplegaron entre 2000 y 2001 una campaña de terror que dejó 46 masacres en las comunidades afrocolombianas de bajamar. La incursión no fue espontánea. En 1999, una reunión en la sede de la Tercera Brigada del Ejército en Cali preparó el avance paramilitar iniciado en julio de ese año, con apoyo logístico de esa unidad militar. La violencia no llegó desde afuera: encontró facilitadores dentro del propio Estado.
Los años siguientes fueron los más sangrientos de la historia reciente del puerto. En 2005, el Instituto Nacional de Medicina Legal registró 324 homicidios en Buenaventura; en 2006, la cifra subió a 416. Tras la supuesta desmovilización paramilitar, la violencia no cesó: milicias de las FARC, remanentes paramilitares y estructuras vinculadas al narcotráfico se disputaron barrios enteros. Las fronteras invisibles —líneas imaginarias entre calles cuyo cruce podía costar la vida— fragmentaron la ciudad y restringieron la movilidad de la población civil. Barrios como el Lleras y comunas enteras como la 12 quedaron marcados por una estigmatización que operaba como sentencia colectiva.
Hacia 2013, la estructura de la violencia se sofisticó. Las grandes organizaciones criminales dejaron de operar directamente en el territorio y subcontrataron a bandas locales y grupos juveniles para el control de expendios de droga barriales. La disputa territorial se delegó en los actores más pequeños; las cabezas mayores se concentraron en el mercado. Fue en ese contexto que la casa de pique se volvió, macabramente, un signo de Buenaventura: espacios donde se descuartizaban personas para desaparecerlas en la bahía o los manglares.
La violencia produjo desplazamientos intraurbanos —familias enteras que huían de un barrio a otro dentro del mismo municipio—, especialmente en la zona de bajamar, precisamente en los terrenos que la expansión portuaria codiciaba. La coincidencia no fue casual. Líderes comunitarios que denunciaron esta convergencia fueron asesinados. Temístocles Machado, defensor territorial de la comuna 6 asesinado en 2018 tras años de denuncia sobre el despojo de tierras para la expansión portuaria, se volvió emblema de esa línea que unía la ampliación del puerto con la eliminación selectiva de quienes se le atravesaban.
Los megaproyectos y el discurso del desarrollo
Desde los años ochenta, todos los gobiernos nacionales han formulado planes para el Pacífico. El Pladeicop, lanzado en 1983, enfatizó la riqueza forestal, pesquera y minera de la región; el Plan Pacífico de 1993 apostó por infraestructura a gran escala; el Proyecto Biopacífico, entre 1993 y 1996, priorizó la conservación de la biodiversidad. La secuencia se agrupó bajo la denominación genérica de megaproyectos del Pacífico: inversión pública y privada, nacional e internacional, orientada a aprovechar la posición estratégica de la región y de Buenaventura como su nodo articulador.
El resultado fue paradójico. La región recibió más planes que ninguna otra periferia colombiana, pero el bienestar no llegó a la población local. Las hidroeléctricas se construyeron para abastecer el interior del país; las comunidades afrocolombianas afectadas por sus obras no siempre recibieron electricidad. La minería a gran escala se aprobó tras consultas previas que, en la práctica, se convirtieron en trámites: empresas y gobierno subcontrataron antropólogos para visitar comunidades, llenar formularios y persuadirlas de que no podían detener el progreso. La tala industrial avanzó sobre bosques titulados colectivamente. El extractivismo entró por la puerta que la formalización territorial había abierto.
El caso de la hidroeléctrica de Anchicayá lo condensa. En junio de 2001, la empresa abrió sus compuertas y descargó sedimentos acumulados por años sobre el cauce del río. Cientos de hectáreas del territorio colectivo de la cuenca del Anchicayá quedaron inundadas de fango, los cultivos arrasados, el agua contaminada, la pesca destruida. Veinte años después, en 2021, el Consejo de Estado condenó a la empresa EPSA, a la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca y al Ministerio de Ambiente a pagar 203.961 millones de pesos a las comunidades afectadas. Una reparación tardía por un desastre que había alterado de forma irreversible la vida de comunidades enteras.
Ley 70: los derechos ganados y sus paradojas
La Constitución Política de 1991 reconoció por primera vez, en su artículo transitorio 55, la existencia jurídica de las comunidades negras. Ordenó al Congreso expedir en dos años una ley que reconociera el derecho de propiedad colectiva sobre las tierras baldías en zonas rurales ribereñas de los ríos del Pacífico, ocupadas según prácticas tradicionales de producción, y que estableciera mecanismos para proteger la identidad cultural y fomentar el desarrollo económico y social. Fue la respuesta a una lucha larga: la del Proceso de Comunidades Negras (PCN), movimiento social regional que desarrolló la noción de socio-territorio y protagonizó la interlocución con el Estado en el momento constituyente.
La Ley 70 de 1993 —ocho capítulos, sesenta y ocho artículos— materializó ese mandato. Sus primeros cinco capítulos regulan la delimitación, constitución y manejo de los territorios colectivos en el Pacífico; los tres restantes abordan de forma más general los derechos, la identidad cultural y el desarrollo económico y social. Estableció los consejos comunitarios como instancia de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del territorio ocupada según prácticas culturales tradicionales.
La ley fue una victoria política de enorme alcance simbólico y jurídico. Pero contenía tensiones que se harían visibles con el tiempo. Su foco en las comunidades rurales ribereñas del Pacífico limitó su aplicación en contextos urbanos: los barrios de bajamar de Buenaventura, habitados por afrodescendientes con exactamente el mismo origen cultural y los mismos vínculos territoriales que las comunidades ribereñas, quedaron fuera del núcleo de sus protecciones. Y a más de treinta años de su promulgación, la ley aún no ha sido reglamentada en su totalidad, lo que ha erosionado la autonomía con que las comunidades pueden gestionar sus territorios.
Hubo una paradoja adicional, más incómoda. Al invertir tiempo, energía y recursos en formalizar la propiedad de la tierra, las comunidades negras hicieron visible y jurídicamente delimitado un territorio que hasta entonces había sido ocupado sin registro. Esa formalización, combinada con una consulta previa vaciada en la práctica, permitió que el Estado y las empresas negociaran con contrapartes definidas —los consejos comunitarios— la entrada de hidroeléctricas, minería y tala industrial. El instrumento pensado para proteger terminó, en más de una ocasión, allanando el camino a lo que debía frenar.
El movimiento negro no salió indemne. La creación de territorios colectivos coincidió con tensiones internas entre organizaciones de base y activistas urbanos, con reticencias sobre representatividad y estrategias de interlocución con el gobierno. Y la violencia armada, al desatarse en regiones de presencia histórica afrocolombiana, fue leída por sus líderes como un intento deliberado de revertir los logros constitucionales: los asesinatos selectivos de dirigentes involucrados en la defensa de derechos territoriales confirmaban esa lectura.
2017: el paro cívico y la resistencia
En mayo de 2017, Buenaventura se detuvo. El Paro Cívico convocó a la ciudad entera —organizaciones sociales, iglesias, sindicatos, gremios, jóvenes de los barrios— alrededor de un pliego que exigía lo que treinta años de crecimiento portuario nunca habían entregado: agua potable, salud, educación, empleo, dignidad. Durante veintidós días, la ciudad bloqueó la operación del puerto y forzó al gobierno nacional a negociar. El paro terminó con la creación de un fondo especial para inversión social y la firma de compromisos que, con implementación desigual, marcaron un precedente.
Su importancia excedió los acuerdos firmados. El paro visibilizó ante el país la paradoja del puerto sin comunidad y demostró que la agencia colectiva de la ciudad estaba lejos de agotada. Los años siguientes trajeron iniciativas locales de educación para la paz, procesos participativos, experimentos de política pública que corrieron paralelos a las negociaciones formales del gobierno con las FARC. Buenaventura se sumó también, en 2021, a las jornadas del paro nacional que sacudieron el país entero: en el Valle del Cauca, esas movilizaciones convirtieron a Cali en capital de la resistencia y renombraron simbólicamente el espacio urbano como gesto de protesta.
La resistencia bonaverense hunde sus raíces mucho más atrás. Las comunidades de bajamar no fueron nunca receptoras pasivas: construyeron ciudad con sus manos, sostuvieron redes de parentesco y solidaridad, organizaron sindicalmente el puerto en el ciclo de Colpuertos, impulsaron el PCN y la Ley 70, denunciaron el despojo y enterraron a sus muertos. Que ese esfuerzo haya coexistido con la pobreza más aguda del país no invalida su fuerza: la revela como una lucha sostenida contra un modelo económico y una violencia que sistemáticamente la han descartado.
La ciudad y su paradoja
Buenaventura es hoy un Distrito Especial de más de cuatrocientos mil habitantes, en su gran mayoría afrodescendientes, por cuyo puerto pasa la principal arteria del comercio exterior colombiano. La carretera Cabal Pombo la une con Cali; el puerto de Málaga, más al norte, complementa su función como acceso al Pacífico. Corregimientos como San Cipriano —refugio ecoturístico sobre el río del mismo nombre— muestran otro rostro del municipio: la selva pluvial, los ríos de aguas cristalinas, la biodiversidad extraordinaria que el Proyecto Biopacífico intentó, con éxito irregular, proteger.
Pero la ciudad sigue definida por su paradoja. Los barrios de bajamar siguen habitados por familias desplazadas de las cuencas de los ríos del litoral, y siguen siendo los más pobres de la ciudad, disputados por bandas y codiciados por la expansión portuaria. La violencia bajó respecto a los picos de 2005 y 2006, pero no desapareció; los liderazgos sociales siguen amenazados; la reparación por Anchicayá tardó dos décadas en llegar.
La lección que Buenaventura ofrece al resto de Colombia no es la de una periferia irremediable. Es la de un lugar donde las decisiones concretas de política económica —privatizar el puerto en 1993, sustituir mano de obra por maquinaria, subcontratar la seguridad, reglamentar a medias la Ley 70— y las de política armada —dejar que los paramilitares avancen, tolerar la narco-para-política, delegar el control barrial en bandas juveniles— convergieron para producir el resultado exacto que hoy salta a la vista. El período Colpuertos demostró que el mismo puerto, bajo un modelo distinto, generaba clase media local. Nada en la geografía ni en la demografía de Buenaventura la condena a la pobreza. La pobreza es una decisión que se toma en otros lugares, y cuyos efectos se acumulan en la Isla Cascajal.
El puerto está entre los más importantes de Sudamérica; la comunidad, entre las más excluidas de Colombia. Que una y otra ocupen exactamente el mismo territorio es lo que hace de esta ciudad el retrato más nítido del país que la contiene.
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Documentos y fragmentos citados
27 documentos · 36 fragmentos01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 581 cita
[1]las zonas aledañas. Al lado de los centros adm inistrativos estabilizados por una base ag ro p e cuaria bien consolidada y de los pueblos m ineros m ás inestables, aparecieron otros poblados españoles que funcionaban com o pu n to s de tránsito en la ru dim entaria red de cam inos. Los puertos caribeños de Santa M…
p. 58
02Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 571 cita
[2]Quibdó se han visto cimentados, dándole coherencia a la zona. Gran parte de la coherencia futura depende de la forma en que se lleva a cabo la construcción de la carre- tera panamericana en la serranía del Baudó, pues puede ser un factor de coherencia si la región utiliza su desarrollo con independencia, o puede…
p. 57
03Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 99, 1052 citas
[3]third section, we outline participatory experiments for peace in Buenaventura which have run alongside formal government- sponsored processes, specifically the Paro Cívico of 2017 and its antecedents. In the final section, we reflect on the strike’s consequences, including local peace education and policy initiatives,…
p. 99
[31]internally displaced people and communities, Buenaventura maintains strong links with its rural hinterland. This is especially significant in the Pacific, where conceptions of territory are imbricated with Afro- Colombian communities’ histories of place. These have been recognized in law since Colombia’s 1991…
p. 105
04Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 7271 cita
[4]todavía mediana en un principio. Todavía en 1919 el porcen- taje de las importaciones que se hacían por Buenaventura no era sino del 7,24 sobre el valor de las importaciones totales. En 1927 llegó al 24 % y luego se situó cerca del 18 %. El porcentaje de las 728 Línd Odince Vrdsíta centro metropolitano de una región…
p. 727
05El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 60, 632 citas
[5]exportaciones estu- vo en los tres puertos del Caribe, de los cuales Barranquilla tomó la delantera después de 1870, siendo secundada por Cúcuta en el interior andino. Pero en 1932 Buenaventura, en el Pacífico, es el principal puerto de exportación de café, dando principio a un nuevo período en la historia de los…
p. 63
[6]elevados teniendo en cuenta la dispersión de la población, las condiciones topográficas, la debilidad fiscal de los Estados para garantizar deudas o administrar eficientemente el sistema y la carencia de capitales nacionales o extranjeros. Menciona ocho proyectos de los cuales cua- tro fracasaron, lo que considera…
p. 60
06La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 106, 1212 citas
[7]•, 1 v-·: \ ' ' ' ',' NORTE\ ~. isANT~~DER \) ~.~~~'\ \ ~.· '---~--'¡--~,_ ~NT~PER..: / ~,_:,' AAAUCA ',, ____ _.. -- ',' - ' ' '........:. BOVÁCÁ META '.. ~ _~.. -,,-- VAUPES Áreas cafeteras de Colombia (Fuente: Federación Nacional de Cafeteros) 216 La colonización antioqueña zonas, como las escarpadas laderas…
p. 106
[8]27. García, op. cit., págs. 417 y sgts. 28. Cisneros, op. cit. 246 La colonización antioqueña CUADRO 15 CARGA MOVILIZADA POR EL CABLE AÉREO DE MARIQUITA (EN AMBAS DIRECCIONES) 1923 1925 1935 1945 TONELADAS 28.765 36.944 35.132 50.921 Era cosa reconocida que se debía desarrollar algún género de agricultura exportable…
p. 121
07Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3891 cita
[9]población está sumida en la pobreza y la violencia, porque esos recursos que se generan no se quedan ni se invierten en la población local ni se traducen en empleo, pues la mano de obra ha sido reemplazada por maquinaria. Por ejemplo, según la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura, para 2013, el comercio…
p. 389
08Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 44, 582 citas
[10]Valle, Sede del Pacífico, Cali, página 37; Aprile-Gniset, Jacques, (1993), Poblamiento, hábitats y pueblos del Pacífico, Cali, Universidad del Valle. 12 Configuraciones barriales en las cuales dominan las relaciones personales constituidas la mayoría de las veces por redes familiares. Siguiendo a Boltanski (2002) a…
p. 44
[17]ser intensivo en trabajo, encadena económicamente a las poblaciones afrodes- cendientes de la ciudad puerto con los ríos y corregimientos de las zonas rurales del Pacífico, e incluso, en algunas actividades articula procesos productivos con barrios de afrodescendientes ubicados en Cali, como se expuso anteriormente…
p. 58
09Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2831 cita
[11]los esteros. En Buenaventura las dinámicas de poblamiento de la ciudad, su organización y paisaje, han estado determinadas por una serie de actividades económicas asociadas al puerto (Aprile, 2002). Así, desde la década del ochenta los sucesivos gobiernos nacionales han formulado diversos planes y programas orientados…
p. 283
10Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1971 cita
[12]como en todo un universo de representacio- nes y conocimientos. 1990 -2013 Década de 1990 hasta hoy: In- tervencionismo económico desde el centro nacional con una economía de enclave por- tuario y de rela- ción instrumental, megaproyectos 2000 – 2013 Ciudad – “puerto sin comuni- dad” y orden de violencia de la…
p. 197
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 54, 1272 citas
[13]y luchar por mejores salarios, horarios de trabajo más dignos y auxilios educativos para sus hijos 77. Con las oportunidades surgidas de la presencia del puerto, entre los años sesenta y setenta Buenaventura se urbanizó de forma acelerada, lo que motivó que para 1973 el 81% de toda la población del municipio estuviera…
p. 54
[20]el Frente 30 de las FARC-EP quemó dos buses que transportaban trabajadores de la Empresa de Energía del Pacífico (EPSA, hoy de propiedad de Celsia-Argos), responsable del funcionamiento de la represa y dio un ultimátum de setenta y dos horas para que todos los trabajadores salieran de la región 457. En la zona de…
p. 127
12"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1441 cita
[14]15,952 17,138 24,540 18,136 San Pedro 7,963 9,053 11,796 13,036 14,311 15,784 Sub total Cen- tro Oriente 176,300 226,543 293,107 317,860 396,954 410,759 Sub región Paci fi co 1951 1964 1973 1985 1993 2005 Dagua 21,605 25,508 31,010 31,466 36,390 35,270 Buenaventura 54,973 96,708 139,277 212,771 248,424 328,794 Sub…
p. 144
13Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6771 cita
[15]comunidades afrocolombianas de Bajamar, en el municipio de Buenaventura, Valle del Cauca. Bajamar es un territorio poblado por habitantes desplazados de las cuencas de los ríos Yurumanguí, Naya, Calima y Cajambre, que se asentaron en la isla Cascajal, al costado del puerto, en barrios que son considerados los más…
p. 677
14Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 2841 cita
[16]des- montes los suelos secos de 4 ó 5 plazas, suficientes para un hogar con igual número de bocas. Pero con 10 hijos, y cuando 2 ó 3 de ellos forman su propio hogar in situ, el desen- lace no puede ser más que un excedente demográfico condenado a la emigración. En un caso –extremo, pero no excepcional– se pudo…
p. 284
15Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 2021 cita
[18]los buques hay grupos de hombres —especialmente durante las mañanas— esperando pacientemente. Algunos buscan trabajo ocasional con las navieras que los necesitan para agilizar ciertas labores que no hacen los trabajadores de Puertos de Colombia. Otros se cuelan en las bodegas de los buques, se mezclan con los braceros…
p. 202
16Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 181, 1912 citas
[19]to have control over their territories, and dictate the routes of their own development, as the vice-minister of government promised in his opening statement, when Law 70 of 1993 was being discussed. In fact, Black com - munities inadvertently invested time, efforts, and resources, doing most of the local work that…
p. 191
[29]Tribal Peoples. Together with Law 21 of 1991, Colombia produced the broadest legal setting in the con - tinent to guarantee indigenous rights. 13 Afro-Colombians, in contrast, did not manage to elect a single representative to the Constitutional Assembly; yet, through intense lobbying, Afro-Colombian leaders managed a…
p. 181
17El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 294, 2984 citas
[21]2009). Sobre el apoyo militar, como lo anunciarían investigadores de la Fiscalía a Human Rights Watch, se presumiría la participación de la Tercera Brigada del Ejército en la conformación y en el apoyo logístico al accionar del Bloque Calima en la región. Un testigo indicó que asistió a una reunión entre el ejército y…
p. 294
[22]2009). Sobre el apoyo militar, como lo anunciarían investigadores de la Fiscalía a Human Rights Watch, se presumiría la participación de la Tercera Brigada del Ejército en la conformación y en el apoyo logístico al accionar del Bloque Calima en la región. Un testigo indicó que asistió a una reunión entre el ejército y…
p. 294
[23]sus mandatos, o intimidarlos en caso que fueran testigos de algún crimen. Lo anterior se corresponde con las alarmantes cifras de homici- dios de la época: entre enero y abril de 2005, se habían registrado 90 asesinatos en el Puerto, y según cifras del Instituto de Medicina Le- gal, en todo el año 2005 se habrían dado…
p. 298
[24]sus mandatos, o intimidarlos en caso que fueran testigos de algún crimen. Lo anterior se corresponde con las alarmantes cifras de homici- dios de la época: entre enero y abril de 2005, se habían registrado 90 asesinatos en el Puerto, y según cifras del Instituto de Medicina Le- gal, en todo el año 2005 se habrían dado…
p. 298
18«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 741 cita
[25]ataques de los paramilitares. Los grupos guerrilleros amenazan y matan también a miembros de comunidades indígenas y afrodescendientes a los que acusan de ponerse de parte del enemigo. La situación humanitaria y en materia de derechos humanos de las comunidades afrodescendientes de la ciudad portuaria de Buenaventura,…
p. 74
19Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 3231 cita
[26]ese momento controlaban una parte del Valle del Cauca y hacían lo propio desde años anteriores. Para la guerra de 2013 que cobijó a Buenaventura y Cali los grupos subcontratados más importantes fueron los siguientes (gráfico 45): La subcontratación criminal traería cuatro grandes impactos en el funcionamiento del…
p. 323
20La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[27]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…
p. 57
21Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 3171 cita
[28]sancione los actos de discriminación racial y que cumpla con los estándares internacionales en la materia. Por otro lado, la legislación que se dirige a la población afrocolombiana intenta de- sarrollar y garantizar los derechos culturales de dicha población y atacar algunos as- pectos puntuales en los que las…
p. 317
22The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 841 cita
[30]fully part of Colombians’ sense of their nation after 1991, when activists in the constitutional convention pushed for an article that then, in 1993, became Law 70, the “Law of the Black Communities,” extracted below. Law 70 established the possibility of collective land title for rural Afro-Colombian communities and…
p. 84
23Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2571 cita
[32]se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…
p. 257
24Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 1191 cita
[33]un representante por las ‘comunidades negras’ en el Consejo Nacional de Planeación. 74 Se creó, además, una Comisión Pedagógica para etnoeducación adscrita al Ministerio de Educación y un Fondo Especial de becas para estudios superiores destinado a estudiantes afrocolombianos. Con respecto a la demanda por la…
p. 119
25Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1251 cita
[34]negras contemplados en la L ey 70 de 19 93, una ley que, a pesar de tener más de 20 años, aún no ha sido reglamentada en su totalidad. Este desconocimiento tuvo consecuencias en las dinámicas culturales de estas comunidades 315, que fueron violentadas al negarles la capacidad de gestionar y ordena r su vida con…
p. 125
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2161 cita
[35]acciones en 862 municipios de los 32 departamentos» 720; que consistieron en concentraciones, marchas, bloqueos a las vías públicas y asambleas. La rutina de vías, plazas y parques fue alterada por el encuentro cotidiano de las resistencias. Y los nombres de decenas de lugares fueron cambiados. A pocos días de…
p. 216
27La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3651 cita
[36]en la memoria Misak”. En Nuestra Vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y memoria en el Cauca indígena, Centro de Memoria Histórica. Bogotá: Imprenta Na - cional, 2012:121-165 Buck-Morss, Susan. Origen de la dialéctica negativa. Fondo de Cultura Económica, México, 1981. Centro Nacional de Memoria Histórica. ¡Basta…
p. 365