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Idea · Constitución de 1991

Urbanización forzada

Proceso estructural por el cual millones de colombianos expulsados de sus territorios rurales por la violencia política, el conflicto armado y el despojo de tierras terminaron poblando las periferias de las grandes ciudades a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, reconfigurando la morfología urbana del país.

4.408 palabras50 documentos63 fragmentos citados
Urbanización forzada

Trayectoria de una idea

  1. 1948

    Inicio del primer ciclo: La Violencia bipartidista

  2. 1964

    Colombia se vuelve urbana: consolidación del primer ciclo

  3. 1985

    Inicio del segundo ciclo: conflicto armado y narcotráfico

  4. 1995

    Conpes 2804: primer reconocimiento institucional

  5. 1997

    Ley 387: obligación de registro y atención

  6. 2004

    Sentencia T-025: estado de cosas inconstitucional

  7. 2011

    Ley 1448: Ley de Víctimas y Restitución de Tierras

03

La lectura

La urbanización forzada no es un eufemismo de la pobreza urbana ni un subproducto inevitable de la modernización: es la huella territorial de la violencia colombiana inscrita en la morfología de sus ciudades. Dos grandes ciclos —la Violencia bipartidista de 1948-1964 y el conflicto armado de 1985-2005— canalizaron flujos masivos de campesinos hacia periferias sin servicios, laderas inestables y asentamientos autoconstruidos que hoy constituyen el rostro dominante de la urbe colombiana. El Estado tardó casi medio siglo en nombrar el fenómeno con categorías jurídicas propias: entre 1948 y 1995, los desplazados existieron en las estadísticas como migrantes o pobres urbanos, y su condición de víctimas quedó disuelta en el diagnóstico general de la urbanización. La Constitución de 1991 proveyó el andamiaje institucional —acción de tutela, Corte Constitucional, Defensoría del Pueblo— que permitió, más de una década después, declarar el desplazamiento un estado de cosas inconstitucional, aunque para entonces las periferias ya llevaban generaciones consolidadas. El concepto revela, en última instancia, que la ciudad colombiana contemporánea es también un archivo del conflicto: cada barrio de invasión, cada ladera ocupada, cada inquilinato del centro histórico guarda la memoria de una expulsión.

En Colombia, la urbanización forzada nombra el proceso por el cual millones de personas expulsadas de sus territorios rurales por la violencia política, el conflicto armado y el despojo de tierras terminaron poblando las periferias de las grandes ciudades a lo largo del siglo XX. No es un accidente demográfico ni un subproducto marginal de la modernización: es un patrón estructural de poblamiento que reconfiguró la forma de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena y las capitales intermedias, y que el Estado colombiano llegó a nombrar con instrumentos jurídicos —del Conpes 2804 de 1995 a la Ley 1448 de 2011— cuando la morfología urbana de exclusión ya estaba consolidada. Entre 1948 y 2011, dos grandes ciclos de violencia canalizaron flujos masivos de campesinos hacia las ciudades y produjeron una geografía específica de barrios de invasión, inquilinatos y asentamientos precarios que sigue siendo el rostro dominante de la urbe colombiana. La Constitución de 1991 es la bisagra: creó las herramientas jurídicas —acción de tutela, Corte Constitucional, Defensoría del Pueblo— con las que, más de una década después, se declararía el desplazamiento un estado de cosas inconstitucional, aunque para entonces las periferias urbanas ya llevaban medio siglo formándose al margen de toda planeación.

Un concepto tardío para un proceso viejo

La expresión urbanización forzada remite a un hecho más antiguo que su nombre. Se consolida en los años noventa, cuando la magnitud del desplazamiento contemporáneo obligó a caracterizar analíticamente el fenómeno, pero el proceso arranca a mediados del siglo XX, con el ciclo de la Violencia bipartidista que sigue al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948. El concepto designa una migración interna cuyo motor no es la búsqueda voluntaria de mejores condiciones sino la expulsión: amenazas, masacres, quema de ranchos, apropiación violenta de la tierra. Distingue, así, dos lógicas de urbanización que en la práctica se entrelazan: la que responde a la industrialización, la transición demográfica y la mejora agregada de la calidad de vida, y la que responde a la coerción armada.

De esa distinción depende el tipo de respuesta estatal. Un migrante económico se integra —así sea precariamente— a los mercados urbanos de trabajo y vivienda; un desplazado forzado llega despojado de todo, sin red de acogida, y su presencia en la ciudad no obedece a un proyecto de vida sino a la interrupción de uno. El grueso del aparato normativo construido entre el Conpes 2804 de 1995 y la Sentencia T-025 de 2004 parte de esa diferencia. Lo que la Constitución de 1991 hizo posible, sin nombrarlo aún, fue el andamiaje institucional para reconocerla.

La Violencia bipartidista y el primer gran ciclo (1948-1964)

El primer ciclo de urbanización forzada coincide con la Violencia entre liberales y conservadores. Las cifras de mortalidad de aquel período están en disputa: la estimación clásica de Guzmán Campos y sus colaboradores habla de 134.820 muertes directas, elevadas a entre 180.000 y 200.000 al sumar heridos que murieron después; estimaciones econométricas posteriores la ajustan a la baja, entre 39.142 y 57.737 víctimas mortales. Más allá del debate cuantitativo, el efecto territorial es inequívoco: el abandono masivo de tierras campesinas se estima en 393.648 parcelas o predios perdidos, concentrados en Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Caldas y Santander.

Los expulsados tomaron dos rutas. Una fue la colonización espontánea, más allá de la frontera agrícola, hacia tierras baldías donde volver a empezar. La otra, la que fundó la urbanización forzada como fenómeno moderno, fue la huida a las ciudades. Bogotá, que a comienzos de los años cuarenta tenía menos de 500.000 habitantes, llegó a 620.000 en 1950 y a 1.300.000 en 1960. Ese salto no se explica solo por la Violencia, pero la Violencia le imprimió una intensidad y una forma particular: los recién llegados no accedieron al mercado formal de vivienda, sino que ocuparon inquilinatos en zonas centrales abandonadas por las élites y comenzaron a levantar, en las periferias, los primeros barrios de invasión.

En El Líbano, Tolima, un trabajo de campo realizado en 1959 encontró que una proporción alta de los inmigrantes por la violencia declaraba que no regresaría al campo. La ciudad, incluso en su versión más precaria, ofrecía algo que el territorio rural había dejado de garantizar: la posibilidad de sobrevivir. Entre 1951 y 1964, el desplazamiento neto hacia las ciudades fue de aproximadamente 2,3 millones de personas. De ese total, los 800.000 desplazados directos por la Violencia representaban un tercio; el resto responde a la presión demográfica, a la disolución de la sociedad campesina y a los primeros efectos de la industrialización. La urbanización forzada no fue el motor único del crecimiento urbano colombiano, pero sí el factor que le dio su forma más duradera. Los otros migrantes se instalaron en las mismas periferias que los desplazados, en las mismas laderas sin servicios, en los mismos terrenos ocupados por invasión.

La concentración urbana avanzó con velocidad. Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla reunían el 15,7 % de la población nacional en 1951, el 22,8 % en 1964 y el 32,6 % en 1993. En 1964 la mayoría de los colombianos ya vivía en las ciudades. Un país agrario se había vuelto urbano en menos de una generación, y lo había hecho sin planeación: los barrios se levantaban antes de las vías, las escuelas y los acueductos, y muchas veces sin ellos.

De la Violencia al conflicto armado: el segundo ciclo (1985-2005)

El segundo gran ciclo arranca a mediados de los años ochenta y se extiende, con picos de intensidad, hasta bien entrada la década siguiente al año 2000. Su motor es el conflicto armado interno en su fase más aguda: la expansión guerrillera de las FARC-EP y el ELN, la irrupción y consolidación del paramilitarismo agrupado desde 1997 en las Autodefensas Unidas de Colombia bajo el mando de Carlos Castaño Gil y Salvatore Mancuso, y la penetración del narcotráfico como comprador masivo de tierras rurales.

Las cifras del período son de otro orden. En las dos décadas previas a 2004, la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), organización dirigida por Jorge Rojas Rodríguez, estimó que alrededor de 3.200.000 personas habían buscado asilo en ciudades grandes e intermedias del país. El censo de 2005 registró 1.542.915 víctimas de desplazamiento forzado entre 1995 y 2005; las estimaciones no gubernamentales las elevaban a entre 2 y 3 millones para el mismo período. Solo durante el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez, que asumió en 2002, CODHES calculó cerca de 1,5 millones de desplazados adicionales.

El mecanismo de este ciclo se diferencia del anterior en un rasgo decisivo: la instrumentalidad. Mientras la Violencia bipartidista fue una guerra difusa entre bases campesinas afiliadas a los dos partidos, el desplazamiento del conflicto contemporáneo respondió con frecuencia a un cálculo territorial. Las AUC ejecutaron un despojo sofisticado —con complicidad de notarios, fiscales y funcionarios públicos— para registrar legalmente miles de hectáreas usurpadas y montar sobre ellas proyectos agroindustriales, mineros y de infraestructura. El Bloque Central Bolívar, en particular, se apropió de tierras mediante violencia y compras fraudulentas para sembrar palma de aceite; la correspondencia geográfica entre la expansión de este cultivo entre 2001 y 2013 y los municipios con altos registros de desplazamiento entre 2001 y 2004 es notable, sobre todo en Urabá, Magdalena Medio y Meta.

Las FARC-EP, por su parte, desplazaron a quienes no acataron sus imposiciones y en algunos territorios se apropiaron de tierras para promover cultivos de coca y minería ilegal de oro y platino. El narcotráfico, desde los años ochenta, había abierto una nueva era de desplazamientos al convertir la tierra en objetivo estratégico para lavar activos, especialmente en los valles de los ríos Sinú, Cauca y Magdalena, y en los Llanos Orientales.

El despojo tuvo una geografía inicial —Urabá, sur de Córdoba, Magdalena Medio, zonas esmeralderas de Boyacá, territorios limítrofes con los Llanos— y una expansión posterior, en la segunda mitad de los noventa, hacia el Caribe, los Montes de María y el corredor minero del Cesar. La acción paramilitar, más allá de su bandera contrainsurgente, cumplió una función económica clara: ampliar el latifundio ganadero e imponer proyectos agroindustriales y minero-energéticos donde comunidades y organizaciones sociales se oponían. En municipios con masacres entre 1997 y 1999, el 65 % de las personas forzadas a abandonar sus tierras habrían perdido sus derechos de propiedad. El período 1997-2005 concentra la mayor intensidad del fenómeno; la desmovilización parcial de las AUC en 2005 marca un descenso progresivo, aunque el desplazamiento se mantiene durante años.

La forma de la ciudad: periferias, invasiones, estigmas

Lo que la urbanización forzada produjo, en las dos oleadas, no fue simplemente una ciudad más grande sino una ciudad partida. Los desplazados —de La Violencia primero, del conflicto contemporáneo después— llegaron a dos tipos de espacios: los inquilinatos del centro histórico, que las élites habían abandonado en su desplazamiento hacia el norte, y las zonas de borde, arrabales y periferias donde la tierra era ocupable porque no tenía valor de mercado.

La autoconstrucción fue la respuesta dominante. Sin acceso al crédito, sin políticas de vivienda popular a la escala del problema, sin tiempo para esperar, los recién llegados levantaron sus casas con sus propias manos, en terrenos sin titular, sin servicios, en laderas inestables o zonas de riesgo. Ciudad Bolívar en el sur de Bogotá, Altos de Cazucá en el municipio vecino de Soacha, el Distrito de Aguablanca en el oriente de Cali, la Comuna 13 de Medellín, el barrio Nelson Mandela en la periferia sur de Cartagena: cada gran ciudad produjo su propia versión de este archipiélago de asentamientos. En Altos de Cazucá, los recién llegados —muchos desplazados— construyeron caminos, tendieron mangueras de agua, organizaron el territorio por iniciativa propia ante la ausencia institucional; su trabajo organizativo, al mismo tiempo, los expuso a señalamientos y a la mirada armada.

El lenguaje con que la ciudad "de arriba" nombró a estos territorios traicionó la relación. Fueron llamados territorios nacionales, zonas rojas, repúblicas independientes, islas de anarquía. Cada etiqueta cumplía una doble función: describir el hecho de que el Estado no llegaba y, al mismo tiempo, justificar las intervenciones militares, policiales y paramilitares que sí llegaban. La estigmatización territorial validó la violencia. Los habitantes de las periferias fueron equiparados por la ciudad acomodada con indigentes, desempleados y trabajadores informales, categorías que borraban la condición específica de víctima del conflicto y disolvían la responsabilidad estatal en un problema difuso de "pobreza urbana".

La inserción laboral fue igualmente precaria. Las familias desplazadas de territorios rurales no podían reproducir en la ciudad sus conocimientos sobre siembra o cuidado de animales: el saber campesino no era negociable en el mercado urbano. Inés, una mujer afrocolombiana desplazada del Chocó en 2015, llegó a una invasión en Cali donde pidió posada a una amiga. Aprendió a moverse por los buses que no había tomado nunca, memorizó rutas, se orientó por avenidas cuyos nombres no le decían nada. Terminó vendiendo chontaduro en las esquinas y trabajando por días en casas de familia, con jornadas que empezaban antes del amanecer y patrones que la contrataban de palabra. La cocina que había manejado en el Chocó —pescado de río, plátano, hierbas— dejó de servirle para vivir; la lengua de su comunidad se replegó al interior de la casa; los hijos se hicieron urbanos antes que ella. Su historia condensa un patrón: reinvención laboral en la informalidad, dependencia de redes personales, invisibilidad institucional, pérdida del saber propio como precio de la sobrevivencia. Los menores de edad, por su parte, llegaron a barrios donde los esperaban riesgos nuevos —pandillas, microtráfico, reclutamiento urbano— que reemplazaron la amenaza rural por una amenaza urbana no menos letal.

El silencio institucional y sus consecuencias

Durante casi medio siglo, entre 1948 y 1995, el Estado colombiano no tuvo una categoría jurídica ni una política pública específica para el desplazamiento forzado. Los desplazados existían en las estadísticas como "migrantes internos" o simplemente como pobres urbanos, y su condición de víctimas del conflicto quedaba disuelta en el diagnóstico general de la urbanización. El silencio no era neutro: garantizaba que la responsabilidad del Estado por la expulsión no se tradujera en obligación de reparación, y que la ciudad receptora no se pensara como escenario del conflicto sino como su reverso.

El subregistro del período previo a 1985 es casi total. Buena parte de las bases de datos existentes carece de información anterior a 1980, y las que sí la incluyen suman apenas unos miles de víctimas registradas. Entre 1980 y 1988, el Registro Único de Víctimas (RUV) contabiliza 65.597 desplazados; CODHES, en el subperíodo 1985-1988, registra 227.000. La diferencia no es solo estadística: expresa la ausencia de un aparato institucional dispuesto a mirar. La Conferencia Episcopal, con su primer estudio sobre el período 1984-1994, estimó el fenómeno en cerca de medio millón de personas, cifra que junto con las de CODHES fue durante años la aproximación más cercana a la realidad.

Ese subregistro solo comenzó a corregirse con la Ley 387 de 1997. Hasta entonces, la política pública sobre urbanización forzada fue, en la práctica, la ausencia de política.

La Constitución de 1991: la bisagra

La Asamblea Nacional Constituyente que redactó la nueva carta política fue convocada, paradójicamente, al amparo del estado de sitio: por decreto, en ejercicio de las facultades del artículo 121 de la Constitución de 1886 y en desarrollo del Decreto 1038 de 1984. Alfonso Gómez Méndez ha señalado la ironía: la Constitución que vino a limitar los abusos del estado de sitio nació precisamente al abrigo de esa figura. Instalada el 4 de febrero de 1991 en el salón Elíptico del Congreso y con una presidencia colegiada compartida por Álvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe, la Asamblea proclamó la nueva Constitución el 4 de julio de 1991.

La convocatoria fue leída por el gobierno de César Gaviria no solo como reforma institucional sino como incentivo para la integración a la vida civil de grupos guerrilleros con voluntad de paz. El Ejército Popular de Liberación, el Quintín Lame y el PRT aceleraron negociaciones durante 1990 y se desmovilizaron en 1991 con representación en la Asamblea. Las FARC y el ELN quedaron por fuera, y esa ausencia limitó desde el origen la representatividad del pacto y dejó sin resolver la integración de los actores armados centrales del conflicto que estaba, en esos mismos años, produciendo el segundo gran ciclo de urbanización forzada.

La Constitución no mencionó el desplazamiento forzado ni la urbanización forzada. Su aporte al problema fue indirecto pero decisivo: creó las instituciones y los instrumentos que, años más tarde, harían jurídicamente visible el fenómeno. La Corte Constitucional, la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, el Consejo Superior de la Judicatura y, sobre todo, la acción de tutela como mecanismo de protección judicial inmediata de los derechos fundamentales, conformaron un andamiaje sin el cual la respuesta posterior habría sido imposible. La carta acentuó los derechos y las libertades fundamentales como eje del nuevo orden y eliminó las restricciones a la competencia política heredadas del Frente Nacional. Guardó, en cambio, un silencio significativo sobre el estatuto de los militares y la policía y sus relaciones con el poder civil, silencio que las décadas siguientes cobrarían caro.

Entre 1991 y 1995 se produjo la asincronía más aguda del proceso. Mientras el nuevo orden constitucional se instalaba y la Corte Constitucional ensayaba sus primeras sentencias, el desplazamiento forzado alcanzaba una intensidad sin precedentes en zonas como Urabá y el Magdalena Medio, y las periferias urbanas recibían oleadas cuya magnitud las estadísticas oficiales apenas registraban. La Constitución había nombrado los derechos, pero no había nombrado a las víctimas.

Nombrar al desplazado: del Conpes 2804 a la Ley 387

El primer instrumento de política pública nacional que reconoció formalmente al desplazado fue el documento Conpes 2804, aprobado en 1995 durante el gobierno de Ernesto Samper Pizano. El Conpes adoptó la definición elaborada en 1994 por la Consulta Permanente para el Desplazamiento Interno en las Américas, incorporando así al nuevo sujeto jurídico dentro de los lineamientos de política del Estado. Dos años después, el 18 de julio de 1997, se promulgó la Ley 387, que en su artículo primero definió legalmente la condición de desplazado en términos similares y estableció el marco general de atención, protección y reparación.

La ley fue reglamentada parcialmente cuatro años después, mediante los decretos 951, 2562 y 2569 de 2001. El retraso no es un dato menor: revela una legislación que reconoce el problema en el papel pero tarda en dotarse de mecanismos operativos. Las cifras confirman la desproporción entre norma y realidad. Los cálculos disponibles en la primera mitad de los noventa hablaban de 600.000 personas forzadas a abandonar áreas rurales en la década anterior; otras estimaciones elevaban a 920.000 los desplazados desde 1985. La Ley 387 llegaba tarde a un fenómeno que ya había reconfigurado la geografía urbana del país.

Entre 2002 y 2004, además, se libró una polémica pública entre la Red de Solidaridad Social y la Corte Constitucional sobre la interpretación de la Ley 387 y del Decreto 2569 de 2000. La cuestión de fondo era metodológica y política: si la dimensión real del desplazamiento debía medirse por el registro oficial —el Sistema Único de Registro, luego Registro Único de Población Desplazada— o por estimaciones más amplias como las de CODHES. El registro oficial, según la propia CODHES, subestimaba el fenómeno en un 30 %; la Red de Solidaridad Social lo cifraba en 10 %. En Bogotá, una funcionaria de una unidad de atención reconocía que de cada diez declaraciones solo tres eran aceptadas. La disputa por las cifras era, en el fondo, una disputa por el alcance del deber estatal.

La Sentencia T-025 de 2004 y el estado de cosas inconstitucional

El 22 de enero de 2004, la Corte Constitucional profirió la Sentencia T-025, con ponencia del magistrado Manuel José Cepeda Espinosa. El fallo declaró el desplazamiento forzado como un estado de cosas inconstitucional e impuso al Estado un conjunto extenso de obligaciones. Estableció que la condición de desplazado interno no surge de aspectos formales ni de interpretaciones restrictivas, sino de una realidad objetiva: el retiro del lugar natural de residencia y la ubicación no previamente deseada en otro sitio. Y recordó a todas las instituciones del Estado que la situación misma del desplazamiento implica un deber de actuación.

La T-025 no fue un fallo aislado sino el inicio de un proceso de seguimiento judicial sin precedentes. Los autos posteriores denunciaron la falta de políticas y resultados y exigieron atención diferencial a grupos especialmente vulnerables. El Auto 092 de 2008, también con ponencia de Cepeda, abordó el impacto diferencial del desplazamiento sobre las mujeres. El Auto 006 de 2009 reconoció la doble condición de vulnerabilidad de las personas desplazadas con discapacidad y estableció que la omisión de acciones con enfoque diferencial es en sí misma un agravante. El Auto 004 de 2009 abordó componentes étnicos. El Auto 251 de 2008 se ocupó de niños, niñas y adolescentes. Los autos 233 de 2007 y 116 de 2008 trataron el derecho a la educación de la población afrocolombiana desplazada. El Auto 099 de 2013 volvió sobre el componente de ayuda humanitaria.

El corpus jurisprudencial construido a partir de la T-025 hizo lo que ninguna ley había logrado: obligó al Estado a mirar el desplazamiento no como un problema humanitario difuso sino como una violación estructural de derechos fundamentales exigibles judicialmente. Fue, además, el uso más ambicioso hasta entonces de las herramientas creadas por la Constitución de 1991. Sin acción de tutela y sin Corte Constitucional, la T-025 no habría sido posible. La bisagra que la carta política había instalado trece años antes empezaba, por fin, a girar.

Aun así, los autos denunciaban una y otra vez la falta de resultados. La declaratoria del estado de cosas inconstitucional no bastó para que el Estado garantizara el goce efectivo de derechos a la población desplazada. La brecha entre el reconocimiento jurídico y la política pública siguió siendo el rasgo dominante del período.

La Ley de Víctimas: reconocimiento y retroceso

La Ley 1448 de Víctimas y Restitución de Tierras, aprobada en 2011 durante el gobierno de Juan Manuel Santos, marcó un punto de inflexión. El gobierno anterior, el de Álvaro Uribe Vélez, no había reconocido la existencia de un conflicto armado interno: caracterizaba la situación como un ataque terrorista contra una democracia legítima, categoría que impedía nombrar a las víctimas como tales y limitaba las obligaciones estatales de reparación. Santos reconoció el conflicto y la necesidad de reparar. La Ley 1448 afirmó, en su articulado, la existencia del conflicto armado y de un proceso masivo de desplazamiento, despojo y abandono de tierras.

El reconocimiento fue tardío y parcial. Tardío porque llegó cuando ya se habían acumulado tres millones o más de víctimas de desplazamiento y cuando la desmovilización de las AUC había reducido los registros de despojo aunque el desplazamiento continuara. Parcial porque la propia ley introdujo un retroceso significativo: el desplazamiento forzado intraurbano —el que ocurre dentro de la ciudad, de un barrio a otro, empujado por actores armados urbanos— no fue reconocido plenamente como violencia asociada al conflicto armado interno, sino asimilado a delincuencia común u organizada.

La distinción tuvo consecuencias directas. Medellín, en el período 2000-2010, ocupó el segundo lugar nacional en desplazamiento intraurbano acumulado, antecedido solo por Santa Marta; en 2009 y 2010 concentró una proporción muy significativa del total nacional. La Comuna 13, o San Javier, ha sido históricamente el sector que más expulsa población desplazada dentro de la ciudad. Hasta 2002, la Comuna 13 no contaba con estación de policía propia ni con CAI; la más cercana era la de Belén. En Barrancabermeja, el 25 de mayo de 1998, un comando paramilitar incursionó en varios barrios de las comunas nororiental y suroriental, asesinó a siete pobladores y desapareció a otros veinticinco, en un episodio que inauguró la urbanización explícita de la disputa territorial entre paramilitares y guerrillas. Entre 1998 y 2002, la ciudad se convirtió en una de las más violentas del país por la disputa urbana entre las AUC y las milicias del ELN y las FARC.

La Ley 1448, al excluir estos hechos del marco del conflicto, dejó fuera del sistema de reparación a miles de víctimas cuyo desplazamiento no ocurrió del campo a la ciudad sino de un barrio a otro dentro de la misma ciudad. Confirmó, así, un patrón antiguo: el Estado colombiano ha tenido enormes dificultades para reconocer la ciudad como escenario del conflicto y no solo como su receptáculo pasivo.

Vivir el desplazamiento en la ciudad

Detrás de las cifras y las leyes hay una experiencia. El desplazamiento forzado, además de la pérdida de tierra y bienes materiales, produce un daño al proyecto de vida y al entorno de pertenencia. La vida anterior —el trabajo, la tierra, el paisaje, los vínculos comunitarios— constituye un referente cuya pérdida genera afectaciones que ninguna reparación económica alcanza a compensar. El desplazado en la ciudad no solo debe conseguir trabajo y techo: debe reinventar quién es en un entorno que lo desconoce y lo estigmatiza.

Alfredo Molano Bravo, sociólogo, cronista y viajero de las regiones más golpeadas por la guerra, padeció durante años el exilio exterior. Escribió y habló siempre desde ese lugar doble: el del que se fue por amenaza y el del que sabía, por sus décadas de trabajo con campesinos, colonos y comunidades desplazadas, que su suerte era mucho más leve que la de los otros. Al suyo se refirió como "un pálido reflejo" de la tragedia de millones de colombianos "desterrados, exiliados en su propio país". La fórmula es precisa: el exiliado se va del país; el desplazado se queda en él, pero fuera del suyo. La lengua que Molano trabajó durante toda una obra —la de los campesinos empujados hasta la última frontera, la de los pescadores de río convertidos en vendedores de barrio— es la que hace visible ese matiz: perder el país sin salir de él es una forma particular de destierro, y solo se entiende desde adentro del territorio que se sigue pisando.

La relación de la población desplazada con el Estado suele estar mediada por una experiencia problemática de la ayuda institucional. Las personas tienden a percibirla no como respuesta a derechos que les asisten, sino como resultado de favores personales de funcionarios o de relaciones de intermediación política. Esa personalización de la relación con el Estado es, ella misma, una forma de exclusión: convierte al ciudadano titular de derechos en solicitante dependiente.

Una morfología urbana consolidada

La urbanización forzada colombiana no puede reducirse a la violencia como causa única. Los datos del período 1951-1964 muestran que los desplazados directos por la Violencia representaron un tercio del total de migrantes internos hacia las ciudades, y que la transición demográfica, la industrialización y la mejora agregada de la calidad de vida explican el resto. La concentración urbana habría ocurrido de todos modos: el país habría dejado de ser rural con o sin conflicto.

La violencia, sin embargo, determinó la forma. Los flujos forzados llegaron sin capital, sin tiempo, sin red, y se instalaron en las periferias precarias. Los migrantes económicos, en muchos casos, ocuparon los mismos espacios porque tampoco tenían acceso al mercado formal. El resultado fue una ciudad partida, en la que la periferia autoconstruida —Ciudad Bolívar, Altos de Cazucá, la Comuna 13, Aguablanca, Nelson Mandela, los cinturones de Buenaventura y Cartagena— no es una anomalía sino la forma dominante del poblamiento urbano colombiano contemporáneo.

El marco normativo construido entre 1995 y 2011 —Conpes 2804, Ley 387, Sentencia T-025, Ley 1448— reconoció el fenómeno cuando ya estaba consolidado. La Constitución de 1991, al crear la acción de tutela y la Corte Constitucional, hizo posible ese reconocimiento tardío pero no lo produjo por sí sola: fueron necesarios el litigio estratégico, la presión de organizaciones como CODHES y la Conferencia Episcopal, y el trabajo sostenido de magistrados como Manuel José Cepeda para que el andamiaje constitucional se activara sobre el problema.

La brecha entre reconocimiento jurídico y política pública sigue abierta. La restitución de tierras avanza con lentitud, los retornos son precarios, el desplazamiento intraurbano permanece parcialmente invisibilizado, y las periferias autoconstruidas siguen siendo el rostro de las grandes ciudades. La urbanización forzada, como concepto, nombró el proceso; como proceso, sigue produciendo sus efectos. El país que hoy vive mayoritariamente en las ciudades es, en buena medida, un país que fue empujado hacia ellas, y que aún no ha terminado de decidir qué hacer con ese hecho.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

06

Documentos y fragmentos citados

50 documentos · 63 fragmentos

01El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 95, 1772 citas
[1]

reside en los centros urbanos. Esta tendencia se articula, en nuestro caso, con la existencia de un conflicto armado cuasipermanente que ha llevado, en las dos últimas décadas, a 3´200.000 personas a buscar asilo en las ciudades grandes e intermedias (Codhes, 2004). La guerra y los desplazamientos forzados han sido,…

p. 95
[54]

cumplen los civiles en medio del conflicto y que buscan los medios de sobrevivir. Los sobrevivientes de esta guerra no sólo son capaces de reconstruir sus vidas en otra parte sino que también son quiénes atestiguarán lo que pasó en un futuro tribunal de justicia en contra de los actores de este múltiple delito 2. 2.…

p. 177
02El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 95, 1772 citas
[2]

reside en los centros urbanos. Esta tendencia se articula, en nuestro caso, con la existencia de un conflicto armado cuasipermanente que ha llevado, en las dos últimas décadas, a 3´200.000 personas a buscar asilo en las ciudades grandes e intermedias (Codhes, 2004). La guerra y los desplazamientos forzados han sido,…

p. 95
[55]

cumplen los civiles en medio del conflicto y que buscan los medios de sobrevivir. Los sobrevivientes de esta guerra no sólo son capaces de reconstruir sus vidas en otra parte sino que también son quiénes atestiguarán lo que pasó en un futuro tribunal de justicia en contra de los actores de este múltiple delito 2. 2.…

p. 177
03Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4521 cita
[3]

campesinos pobres. En conclusión, las cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958, con base en las pocas fuentes fidedignas disponibles, serían las que se presentan en la tabla 19.3. Tabla 19.3 Cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958…

p. 452
04No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 72, 4002 citas
[4]

el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…

p. 72
[21]

ellas a través de mecanismos ilegales o aparentemente legales. La Comisión de la Verdad ha documentado que las AUC se caracterizaron por un despojo sofisticado al contar con la complicidad de servidores públicos para registrar en notarías las miles de hectáreas usurpadas e impulsar la creación de empresas y la llegada…

p. 400
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 64, 1382 citas
[5]

forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…

p. 64
[22]

el mapa 9 se pueden apreciar, por ejemplo, los municipios que presentan expansión de cultivos de palma en el periodo 2001-2013, en relación con los que registran fenómenos de desplazamiento forzado entre 2001 y 2004. Se evidencia allí una correspondencia en algunas regiones del Urabá, el Magdalena Medio o el Meta. La…

p. 138
06La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 3171 cita
[6]

Orientales 15. A los seis meses de cumplir con su misión, la Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro había auxiliado a 11.622 exilados en Bogotá y 20.949 en otras pobla- ciones y ciudades, y habían regresado a sus hogares bajo el am- paro de las Fuerzas Armadas, 4.722 personas 16. Otra fuente 11 Colección Guzmán,…

p. 317
07Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 261 cita
[7]

que llegó bastante población desplazada y amnistiada por políticas gubernamentales. Muchos de ellos llegaban a donde familiares, pero al poco tiempo, se ubican en zonas periféricas o sitios de invasión para trabajar como vendedores ambulantes, en construcción, servicio doméstico u otros oficios ocasionales. 1.3…

p. 26
08The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 431 cita
[8]

of landed property, and the contrast between the rapid growth of the so-called commercial crops and the poor performance of the traditional ones. With regard to rural migration, the 1964 census indicated that the net population shift to the cities between 1951 and 1964 was about 2.3 million. 74 According to that…

p. 43
09Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 501 cita
[9]

1.1. El marchitamiento de la primavera de Medellín: 1965-1981 Aunque la urbanización de la población colombiana fue rápida y prema- tura respecto a indicadores mundiales, y a veces se le atribuyeron efectos perversos sobre la vida citadina, “Colombia vivió un proceso de urbaniza- ción típico, similar en su velocidad y…

p. 50
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 49, 712 citas
[10]

estuvo estrechamente vinculado a las dinámicas de la guerra. Al impacto de la industrialización se sumó el desplazamiento forzado como uno de los factores que definió los ritmos, tamaños y dinámicas específicas del crecimiento y transformación de las ciudades. Los primeros ciclos fundacionales 72 no garantizaron la…

p. 49
[23]

pieza clave en las estrategias –sobre todo las que ejercieron la violencia física– utilizadas para despojar y promover el abandono de tierras y bienes en el país. Las historias territoriales compi- ladas en este tomo dan cuenta de la utilización de diferentes modalidades de violencia para arrebatarle la tierra y los…

p. 71
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1021 cita
[11]

populares en Bogotá, Tunja, Ibagué y Neiva. Todo esto ocurrió de forma paralela a las dinámicas de desplazamiento forzado de la población campesina en territorios donde se acentuó la violencia. Algunos de estos procesos de desplazamiento estuvieron marcados por la influencia de sectores políticos liberales, comunistas…

p. 102
12Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3912 citas
[12]

público y social mayor y un desarrollo del clientelismo. Todos los conflictos sociales represados por tres décadas de rápido desarrollo capitalista estallaron con la guerra civil; "La violencia constituyó una forma de resolución catastrófica de los 48 El desarrollo de la agricultura en Colombia, Bogotá, Carlos…

p. 391
[13]

público y social mayor y un desarrollo del clientelismo. Todos los conflictos sociales represados por tres décadas de rápido desarrollo capitalista estallaron con la guerra civil; "La violencia constituyó una forma de resolución catastrófica de los 48 El desarrollo de la agricultura en Colombia, Bogotá, Carlos…

p. 391
13Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 90, 942 citas
[14]

cuando empezó el registro oficial. Una nación desplazada periodiza el desplazamiento contemporá- neo en cuatro periodos: • 1980-1988: desplazamiento silencioso en el escalamiento del con- flicto armado. • 1989-1996: continuidad del desplazamiento en el nuevo pacto social. • 1997-2004: gran éxodo forzado en la Colombia…

p. 90
[38]

notificó a las Oficinas de Registro para evitar los traspasos de propiedad (CNMH, 2015b, página 104). 95 6 Desplazamiento, abandono y despojo de tierras La Corte Constitucional dictó varios autos de seguimiento a la Sentencia T-025, que en general denunciaban la falta de políticas y resultados en la protección de los…

p. 94
14Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 24, 2482 citas
[15]

de espera que se le ofrecía a la Red de Solidaridad Social, que estaba iniciando su sistema de registro, en ejecu- ción de las determinaciones del Decreto 489 de 1999. Hasta agosto de 2002 existía relativo consenso ((Baarøy 2003: 9-10) sobre el hecho de que ciertos sistemas/estudios/fuentes representaban la…

p. 24
[49]

(1998). “El test de razonabilidad y el derecho a la igualdad”, en • Manuel José Cepeda, Isabel Cristina Jaramillo y César Rodríguez Garavito, eds. Observatorio de Justicia Constitucional. Bogotá: Uniandes. Rodríguez Garavito, César y Diana Rodríguez Franco (2010). • Corte de cuentas: cómo la Corte Constitucional…

p. 248
15Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 3981 cita
[16]

se estimó que el número total de desplazados desde 1996 hasta el 2006 fue de 3’911.782 (Granada, Restrepo y Sadinle, 2008). Utilizando la menor de estas cifras, el porcentaje de la población colombiana que había estado en condición de desplazamiento para ese entonces alcanza aproximadamente el 6%, lo cual evidencia la…

p. 398
16Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1901 cita
[17]

to Codhes (see table 96 The Society and Its Environment 4, Appendix). By United Nations High Commissioner for Refugees estimates, the number is 3 million, still the second highest popula- tion of internal refugees in the world, after Sudan. Many of these desplazados left areas where fighting intensified under Plan…

p. 190
17Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 438, 4532 citas
[18]

la 16 En Bogotá, de acuerdo con información de una funcionaria de una unidad de atención, de cada diez declaraciones sólo se aceptan tres. Con quienes son rechazados no se sabe qué pasa. Existe, además, el subregistro: así, por ejemplo, el de quienes no hacen sus declaraciones por miedo o por desconocimiento. Según…

p. 453
[35]

ha visto forzada a migrar dentro del territorio nacional, abandonando su localidad de residencia o actividades económicas habituales, porque su vida, su integridad física, su seguridad o libertades personales han sido vulnerados o se encuentran amenazados, con ocasión de cualquiera de las siguientes situaciones:…

p. 438
18Colombia: Essays on Conflict, Peace, and DevelopmentAndres Solimano (Editor) · 2000 · p. 331 cita
[19]

have been identified in Colombia, including Muerte a Gamines, Mano Negra, and Los Cucas. These organized groups report- edly account for 81 percent of social-cleansing homicide. The police account for the remaining 19 percent (Rojas 1996). The Number of Internally Displaced Persons Has Increased over the Last Decade…

p. 33
19Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 404, 4212 citas
[20]

relatos de sus familiares sobre los hechos de desplazamiento forzado 1223. El común denominador 1217 JEP-CEV-HRDAG, «Proyecto conjunto de integración de datos y estimaciones estadísticas sobre violaciones ocurridas en el marco del conflicto armado colombiano». 1218 El subregistro antes de 1985 es más amplio y llega a…

p. 404
[34]

quedaron completamente abandonadas, las escuelas sin estudiantes y esos campesinos, la mayoría, se desplazaron a las ciudades» 1274. Inés, una mujer afrocolombiana que fue desplazada en 2015 de San Juan de Nuarama, en el litoral del río que lleva ese mismo nombre, en el departamento del Chocó, recuerda que grupos…

p. 421
20Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 3991 cita
[24]

que ha tenido el desplazamiento con el accionar de los grupos del conflicto, a través del tiempo y de la geografía nacional. Las comunidades y los pobladores, por su parte, encuentran en el des- plazamiento una estrategia de reducción del riesgo frente a las acciones vio- lentas de los grupos de conflicto, pero…

p. 399
21Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 961 cita
[25]

las políticas del Estado hacia las corporaciones petroleras multi- nacionales75; y finalmente, (d) facilitar la concentración de la tierra en manos de los narcotraficantes. Los municipios de San Pablo y Simití son ejemplos de aquellas zonas donde la adquisición de grandes extensiones de tierra por especulado- res en…

p. 96
22La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 451 cita
[26]

como un proceso específico en aras de distinguir analítica y conceptual- mente las etapas o pasos que lo constituyen, hace parte de proce- sos de mayor envergadura, en tanto está profundamente atado a las motivaciones y fines de los autores materiales e intelectuales que lo originan, así como a lógicas locales,…

p. 45
23Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 851 cita
[27]

tuvo un componente de ocupa- ción, que fue desde la expulsión de gente del territorio. Los desplazamien- tos fueron muy profundos, fueron producidos por la presencia de las auto- defensas, por la guerra y por la presencia de la guerrilla. Los empresarios entraron sobre baldíos para sembrar palma de aceite y para…

p. 85
24Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 551 cita
[28]

el uso de la tierra, así como nuevas manifestaciones de violencia por motivaciones puramente económicas (violencia socioeconómica) entre distintos actores en la disputa por el control de recursos y territorios. La nueva lógica del narcotráfico marcó por lo tanto una nueva era de desplazamientos forzados,…

p. 55
25Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1761 cita
[29]

en 2005 y la desmoviliza - ción parcial de las AUC, y se fue reduciendo progresivamente hasta alcanzar su punto más bajo en 2017, con los diálogos, firma y lenta implementación del Acuerdo Final de Paz con las FARC-EP. A pesar de la estrecha vinculación entre desplazamiento y despojo, en la gráfica 15 se observa una…

p. 176
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 53, 582 citas
[30]

menos. En, Informe de la Alcaldía de Bogotá. Secretaría Distrital de Planeación de Bogotá (SDP), «Análisis demográfico y proyecciones poblacionales de Bogotá». 54 fiflćflThxiff fffl. iThififf xffff ćff ff periferias urbanas, al igual que los territorios de periferia en todo el país fueron estig- matizados como…

p. 53
[31]

mismo tiempo se abrieron huecos, se clavaron palos, se instalaron plásticos. A las seis de la mañana, estaban montados treinta ranchos. Sus palos y sus paredes de plástico. Ya habíamos hecho posesión y para cuando llegaron los policías ya estaban prendiendo las ollas y repartiendo los primeros tintos. Y aunque nos…

p. 58
27Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 2621 cita
[32]

bastante accesibles o el intercambio de electrodomésticos por terrenos cuyo valor fuera equivalente: Mis padres llegan huyendo de la violencia del Cauca. Mi madre es de San An- tonio, Tolima, y mi padre es de Caicedonia, Valle. Se conocen allá (…), y hay un desplazamiento y mi padre se viene directamente para Bogotá.…

p. 262
28No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1201 cita
[33]

entidades estatales lo han convertido en un hecho invisible 242. La Ley 1448 del 2011, lejos de ayudar a las víctimas de desplazamiento forzado intraurbano, implicó un retroceso en materia de reconocimiento, «puesto que los hechos ocurridos en la ciudad y, particularmente, los casos de desplazamiento forzado…

p. 120
29Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 5511 cita
[36]

San Martín de Los Llanos, Meta. Fotografía de Daniel Martínez Bernal para el CNMH. 552 MEMORIAS DE UNA GUERRA POR LOS LLANOS Bandera del Bosque de la Memoria de San Martín de Los Llanos, Meta. Fotografía de Daniel Serrano Corredor para el CNMH. Mural ubicado en el Bosque de la Memoria de San Martín de Los Llanos,…

p. 551
30Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 3261 cita
[37]

de noviembre), Ley 35, Diario Oficial, No. 36.133 bis de 20 de noviembre de 1982 Congreso de Colombia (1997, 18 de julio), Ley 387, recuperado de http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1. jsp?i=340 Congreso de la República (2000, 6 de julio), Ley 389, recupera- do de…

p. 326
31La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1241 cita
[39]

zonas selváticas de ínfima productividad. […] el segundo gran componente de una política de ordenamiento de la población en el territorio es la urbanización planificada y ordenada de los desplazados por la violencia” [Reyes, 2009, 369-370]. La Ley de Víctimas fue expedida en noviembre de 2011 y contiene la…

p. 124
32Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 1931 cita
[40]

el país. A pesar de lo corto del tiempo, su coordinador, Ricardo Santamaría, sostiene que hubo mucho interés, el cual se vio reflejado, por ejemplo, en el Una de las mayores paradojas de la Constitución de 1991 fue que esta nació con base en la controvertida figura del “estado de sitio”. En efecto, el presidente…

p. 193
33Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 1731 cita
[41]

que sirviera para implantar la paz y afrontar el estudio de temas tan críticos como la reforma a la justicia. El estado de sitio dio para todo. Según Alfonso Gómez Méndez, fue reiterado el abuso que se hizo de la figura y “nunca se adelantó juicio de responsabilidad a presidente alguno por esa violación manifiesta y…

p. 173
34Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2831 cita
[42]

elegir a 70 miembros. El 4 de febrero de 1991, se instaló en el salón Elíptico del Congreso, la Asamblea. Tres constituyentes fueron elegidos como copresidentes: Alvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe. El 4 de julio fue proclamada la nueva Constitución, que acentuó temáticamente los derechos…

p. 283
35Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2641 cita
[43]

y judiciales tales como la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Consejo Superior de la Judicatura. Además, se puso en marcha la acción de tutela, mecanismo de protección de los derechos funda- mentales. Gobiernos posteriores al Frente Nacional EN Proclamación de la Constitución de 1991. En Pese…

p. 264
36El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[44]

idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…

p. 112
37Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3361 cita
[45]

política, creó una circunscripción nacional para elegir un senado de numerus clausus: 100 miembros, más dos indígenas. Antes de esbozar las grandes líneas de la constitución de 1991, conviene subrayar el silencio en relación con el estatuto de los mi- litares y de la policía y sus relaciones con el poder civil. Las…

p. 336
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[46]

crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…

p. 94
39El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1861 cita
[47]

1 /index.php?option=com_docman&task=doc_details&gid= 265 &Itemid= 145 &lang=en Botero, C., (2003), Documento de recomendaciones sobre el proyecto de ley estatutaria No. 85 de 2003 -Senado, denominado “de alternatividad 187 Referencias penal, Recuperado el 25 de noviembre de 2015, disponible en: http://e-archivo.uc 3…

p. 186
40Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 3171 cita
[48]

Otros contra la Nación – Ministerio de Defensa y Otros, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera. Corte Constitucional – Corte (1997, 5 de mayo), Sentencia T-227. MP: Alejandro Martí- nez Caballero. (2002, 31 de octubre), Sentencia T-932. MP: Jaime Araujo Rentería. (2004, 22 de enero), Sentencia T-025.…

p. 317
41Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4562 citas
[50]

de Viboral, La Unión y la parte alta de Sonsón); así como municipios en cordillera del oriente de Caldas (Samaná, La Victoria, Norcasia, Marqueta- lia y Pensilvania); desde 2000 el norte del Tolima (Honda, Mariquita, Fresno, Herveo, Falan, Vista Hermosa, Armero Guayabal, entre otros); el occidente de 27 La sentencia…

p. 456
[51]

de Viboral, La Unión y la parte alta de Sonsón); así como municipios en cordillera del oriente de Caldas (Samaná, La Victoria, Norcasia, Marqueta- lia y Pensilvania); desde 2000 el norte del Tolima (Honda, Mariquita, Fresno, Herveo, Falan, Vista Hermosa, Armero Guayabal, entre otros); el occidente de 27 La sentencia…

p. 456
42Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2141 cita
[52]

como los niños, los adultos mayores o las personas discapacitadas ”. Auto 006 de 2009 Protección de las personas desplazadas con discapacidad Reconoce la doble condición de vulnerabilidad y los riesgos acentuados y desproporcionados que la situación de desplazamiento genera en las personas con discapacidad: “la…

p. 214
43Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 801 cita
[53]

de Derechos Económicos, Sociales „ y Culturales, Observación General No. 4 (Derecho a una Vivienda Adecuada), artículo 11, 6º período de sesiones, doc. E/1991/23.1991 Corte Constitucional, Auto 233 de 2007, „ M.P.: Manuel José Cepeda Corte Constitucional, Auto 116 de 2008, „ M.P.: Manuel José Cepeda Garantizar el…

p. 80
44Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 2691 cita
[56]

procedentes de Dabeiba, mencionaron que conocieron a algunos que tuvieron que pedir limosna en las calles de Medellín (CNMH-DAV, Taller de memoria, habitantes del co- rregimiento de San José de Urama, 2016, 7 de diciembre, Dabeiba). En los testimonios de desplazados que retornaron se menciona cómo encontraron las…

p. 269
45Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2001 cita
[57]

de trabajo, de bienes, con los otros despose í dos de la ciudad. Ante los ojos de los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, de los m á s “acomodados”, el desplazado es equiparado con el inc ó modo indigente, con el desempleado o con el empleado informal callejero, quienes exponen tambi é n una realidad que…

p. 200
46Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 1611 cita
[58]

de la admiración. Esta forma de negar para sí la vida anterior, visto como daño, deja sin tradición y sin legado lo que se había construido generacionalmente por la ascendencia. Luego, la experiencia de sufrimiento parece adquirir una doble fuente, la del actor armado y la de la inexistente comunidad de acogida. 5.3.…

p. 161
47San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 3771 cita
[59]

manejadas por el hecho de la ayuda humanitaria viene de otros lugares pero a veces no les llegan esas ayudas a las personas que son, otra veces no son, como si esas ayudas las estuviera dando la misma administración o el mismo Gobierno, digámoslo así. Entonces en ese tiempo se mane- jaron muy mal y crearon varios…

p. 377
48Desterrados: Crónicas del desarraigoAlfredo Molano · 2001 · p. 11 cita
[60]

No obstante, cuando mataron aJaimc Garzon admiti que no podia regresar pronto, consegui una mesa de trabajo grande, afile la pluma y comence a escribir este libro. Al terminarlo comprendi -agachando la cabeza en seiial de profundo respeto- que el drama de mi exilio, a pesar de sus dolores, es un palido reflejo de la…

p. 1
49Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 49, 532 citas
[61]

municipios de donde procede la población desplazada que llega a la Comuna 13, en su orden: Medellín, Dabeiba, Nariño, Apartado, Alto Baudó, San Car - los, Tarazá, Urrao, Chigorodó, Turbo y Granada (Acción Social 2010b). Capítulo 1 49 Gráfico 2. Expulsión de población desplazada en Medellín y la Comuna 13 en el tiempo,…

p. 49
[62]

comunas 21 y cuenta con una población de 19 La homologación de la noción de Comuna con la zona norte de la ciudad y con las expresiones de violencia, narcotráfico y sicariato asociadas a éste como algo connatural, provienen justamente de este período. Esto da lugar, en lo local, a planes como “Medellín tiene Norte”,…

p. 53
50¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1161 cita
[63]

AUC hacia el Meta estuvo acompañado por una ofensiva sobre la zona norte del Magdalena medio: el 25 de mayo de 1998, un comando de los paramilitares incursionó en varios barrios de las comu- nas nororiental y suroriental de Barrancabermeja, donde asesinó a siete pobladores y se llevó vivos a otros 25. Esta acción…

p. 116