Salvatore Mancuso Gómez
Seguridad Democrática
N. 1964
La biografía
Salvatore Mancuso Gómez (Montería, 1964) es el jefe paramilitar que mejor encarna la fusión entre las élites ganaderas del Caribe colombiano, la contrainsurgencia externalizada por el Estado y el narcotráfico como economía de guerra. Comandante del Bloque Norte y del Bloque Catatumbo de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), arquitecto del pacto de Santa Fe de Ralito —en el que más de cincuenta congresistas, alcaldes y gobernadores comprometieron sus votos con jefes paramilitares—, extraditado a Estados Unidos en 2008 y repatriado a Colombia en 2024 para comparecer ante la Jurisdicción Especial para la Paz, Mancuso condensa en una sola trayectoria la porosidad entre el poder legal y el ilegal que definió el conflicto colombiano de las últimas tres décadas. No fue el más sanguinario de los jefes paramilitares —Carlos Castaño lo superó en carisma y fanatismo—, ni el más rico —Don Berna o Macaco venían del narcotráfico puro—, pero fue el más útil al proyecto: hijo de la sociedad cordobesa, con modales de finca ganadera y verbo articulado, capaz de sentarse en igualdad de condiciones con generales, senadores y comisionados de paz. Su vida es, por eso, un diagnóstico del país que lo produjo.
Línea de vida
- 1990
Vinculación a las estructuras paramilitares de Córdoba
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Hacia 1990, Mancuso estableció contacto con oficiales del Ejército en la Décima Brigada y la Brigada XI, y comenzó a colaborar como guía, informante y financiador de grupos de autodefensa incipientes en el sur de Córdoba, en el contexto de la presión guerrillera de las FARC y el EPL sobre los ganaderos de la región.
- 1996
Expansión paramilitar hacia el Caribe por encargo de Carlos Castaño
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Carlos Castaño lo designó 'comisario político' de las ACCU y lo envió desde Córdoba para integrar en una sola red las estructuras de violencia existentes en la costa Caribe. Utilizó la Convivir Horizonte Ltda. como salvoconducto para transportar tropas armadas desde Urabá y explicó a ganaderos, políticos y comerciantes del Cesar cómo crear y operar Convivir y obtener armamento legal.
- 1997
Consolidación como jefe del Bloque Norte y masacres fundacionales
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Con la creación formal de las AUC como federación, Mancuso quedó en el Estado Mayor junto a Carlos Castaño, Vicente Castaño, Don Berna y Jorge 40. Bajo su mando se ejecutaron la masacre de El Aro (Ituango, octubre de 1997) y la de Mapiripán (julio de 1997), con complicidad probada de oficiales del Ejército.
- 1999
Masacre de La Gabarra y consolidación del Bloque Catatumbo
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La incursión paramilitar en el Catatumbo, Norte de Santander, en mayo y agosto de 1999, dejó decenas de muertos y consolidó al Bloque Catatumbo como estructura dominante en uno de los corredores estratégicos más importantes para el narcotráfico con salida hacia Venezuela.
- 2000
Masacre de El Salado
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Entre el 16 y el 21 de febrero de 2000, el Bloque Norte y el Bloque Héroes de los Montes de María ejecutaron la masacre de El Salado, en los Montes de María, con al menos sesenta víctimas, una de las más recordadas del conflicto colombiano.
- 2001
Pacto de Santa Fe de Ralito
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En el corregimiento de Santa Fe de Ralito, municipio de Tierralta, Córdoba, más de cincuenta políticos —senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores— y jefes de las AUC, entre ellos Jorge 40, firmaron un acuerdo secreto para 'refundar la patria' y asegurar mayorías electorales, hecho que se convertiría en el núcleo del escándalo de la parapolítica.
- 2004
Intervención en el pleno del Congreso de la República
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En julio de 2004, autorizado por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, Mancuso intervino junto a Ernesto Báez y Ramón Isaza en el pleno del Congreso, reivindicando la lucha contrainsurgente y planteando a las AUC como actor político con vocación de reintegración institucional.
- 2006
Versiones libres ante Justicia y Paz
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Acogido a la Ley 975 de 2005 (Ley de Justicia y Paz), Mancuso inició versiones libres en las que reconoció responsabilidad directa o de mando en más de mil quinientos homicidios, señaló a generales, políticos, empresarios y ganaderos como colaboradores de las AUC, y aportó información clave para las investigaciones de parapolítica.
- 2008
Extradición a Estados Unidos
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El 13 de mayo de 2008, el gobierno colombiano levantó de manera sorpresiva la suspensión de extradición de Mancuso, Jorge 40, Don Berna y once cabecillas paramilitares más, ordenando su traslado inmediato a Estados Unidos, donde enfrentaba cargos por conspiración para importar cocaína formulados desde 2002 por un gran jurado del Distrito de Columbia.
- 2024
Repatriación a Colombia y comparecencia ante la JEP
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Tras cumplir condena en cárceles federales estadounidenses, Mancuso fue repatriado a Colombia en 2024 para comparecer ante la Jurisdicción Especial para la Paz, en el marco del proceso de justicia transicional derivado del Acuerdo de Paz.
Un hijo del Sinú
Salvatore Mancuso nació en Montería en 1964, en el corazón del valle del Sinú, cuando la ciudad todavía era un puerto fluvial rodeado de haciendas ganaderas y de una frontera agraria en disputa permanente. Su padre, también llamado Salvatore Mancuso, había emigrado desde Italia y se estableció en Montería como mecánico: montó un taller propio y se integró a la red de familias italianas que ya habitaban la ciudad. El negocio se amplió hacia el comercio de motores y repuestos para embarcaciones, un ramo lucrativo en una región donde los ríos eran arterias económicas y donde la ganadería extensiva y el transporte fluvial sostenían el andamiaje productivo.
La madre, Gladys Gómez, provenía de una familia cordobesa de raigambre local, lo que dio al joven Salvatore una doble inscripción social: el apellido italiano de un padre próspero y hecho a sí mismo, y la pertenencia por vía materna al mundo criollo de la Montería que se reconocía en las ferias ganaderas, en las misas de la catedral y en el club campestre. Creció en una casa acomodada, con acceso a la educación privada, y cursó bachillerato en el Colegio Los Araújos y luego en el Gimnasio Vallegrande de Cali, un internado dirigido por los Hermanos de La Salle. Aquella salida temprana del entorno costeño lo colocó, siendo adolescente, en un ambiente de hijos de familias pudientes del suroccidente colombiano, y le dio la mezcla de modales urbanos y acento caribeño que lo acompañaría siempre.
Terminado el bachillerato, viajó a Estados Unidos y estudió inglés en la Universidad de Pittsburgh; luego, en 1983, ingresó a la Facultad de Ingeniería Agronómica de la Universidad Javeriana en Bogotá, aunque no terminó la carrera. Regresó a Córdoba para hacerse cargo, junto a su familia, de las fincas ganaderas que los Mancuso habían adquirido en el trayecto de una generación: propiedades en los municipios de Tierralta, Valencia y Montería, en zonas de piedemonte que colindaban con el Nudo de Paramillo y con los territorios donde ya operaban las guerrillas de las FARC y del EPL. Se casó con Martha Elena Bocanegra, con quien tuvo tres hijos, y se instaló en la vida que le correspondía por herencia: hacendado joven, con voz en los gremios ganaderos, integrado al circuito social de Montería.
Esa vida se rompió a comienzos de los años noventa. Las FARC y el EPL habían intensificado la extorsión, el secuestro y el abigeato sobre los ganaderos de Córdoba, y el propio Mancuso ha relatado episodios de amenazas directas contra su familia y contra los administradores de sus fincas. En sus versiones libres ante Justicia y Paz sostuvo que fue víctima de un secuestro breve y que la Fuerza Pública le respondió con la fórmula que ya se había vuelto habitual en la región: si el Estado no podía protegerlo, debía organizarse él mismo. Esa versión, matizada por investigaciones judiciales y por testimonios de otros comandantes, no borra el hecho central: hacia 1990 Mancuso ya estaba en contacto con oficiales del Ejército en la Décima Brigada y en la Brigada XI, y empezó a colaborar con operaciones militares en calidad de guía, informante y financiador de grupos de autodefensa incipientes que operaban en el sur de Córdoba bajo el amparo, primero legal y luego clandestino, de la doctrina de las Convivir.
De ganadero a comandante
El paso de hacendado amenazado a comandante paramilitar no fue instantáneo. Entre 1990 y 1994, Mancuso operó como enlace entre los ganaderos del Sinú y del San Jorge y las estructuras armadas que Fidel Castaño Gil —el hermano mayor de Carlos Castaño— había levantado en el sur de Córdoba con el nombre de Los Tangueros, en referencia a la hacienda Las Tangas, epicentro de la actividad paramilitar en la zona. Cuando Fidel Castaño desapareció en 1994, en circunstancias nunca aclaradas, el mando pasó a Carlos Castaño, que reorganizó las estructuras bajo la sigla de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU). En ese momento, Mancuso ya no era un simple financiador: había recibido entrenamiento militar, había participado en operaciones contra columnas guerrilleras y había asumido responsabilidades de mando en el frente que operaba en los límites entre Córdoba y Antioquia.
La consolidación de su liderazgo se produjo en la segunda mitad de los años noventa. En 1997, con la creación formal de las Autodefensas Unidas de Colombia como federación de estructuras regionales, Mancuso quedó ubicado en el círculo más estrecho del Estado Mayor, junto a Carlos Castaño, Vicente Castaño, Diego Fernando Murillo (Don Berna) y Rodrigo Tovar Pupo (Jorge 40). Su territorio de expansión fue el norte y el nororiente del país. Al mando del Bloque Norte y, más tarde, del Bloque Catatumbo, dirigió la incursión de las AUC en zonas donde antes tenían presencia marginal: la Sierra Nevada de Santa Marta, la Guajira, el sur del Cesar, el Magdalena y, sobre todo, la región del Catatumbo, en Norte de Santander, uno de los corredores estratégicos más importantes para el narcotráfico y para la conexión con Venezuela.
La expansión se hizo a sangre y fuego. Bajo su mando y con su conocimiento —según reconoció posteriormente ante Justicia y Paz—, las AUC ejecutaron algunas de las masacres más recordadas del conflicto colombiano. La masacre de El Aro, en Ituango (Antioquia), en octubre de 1997, dejó al menos quince campesinos asesinados y provocó un desplazamiento masivo; la masacre de La Granja, en el mismo municipio, ocurrió meses antes bajo la misma estructura. La masacre de El Salado, en los Montes de María, entre el 16 y el 21 de febrero de 2000, se saldó con al menos sesenta víctimas en una operación conjunta del Bloque Norte y el Bloque Héroes de los Montes de María. La masacre de La Gabarra, en el Catatumbo, en mayo y agosto de 1999, dejó decenas de muertos en la incursión que consolidó al Bloque Catatumbo en Norte de Santander. La masacre de Mapiripán, en julio de 1997, en la que un contingente paramilitar aterrizó en el aeropuerto de San José del Guaviare con la complicidad probada de oficiales del Ejército y asesinó a decenas de campesinos durante cinco días, tuvo la participación logística del bloque bajo su influencia.
Ante Justicia y Paz, Mancuso reconoció su responsabilidad, directa o de mando, en más de mil quinientos homicidios, aunque la cifra real de víctimas atribuibles a las estructuras bajo su comando supera con creces ese registro: la Fiscalía y la Unidad de Víctimas han documentado miles de casos que van desde asesinatos selectivos hasta desplazamientos forzados masivos, desapariciones, torturas y violencia sexual. En su versión ante los tribunales, insistió en presentar la violencia como respuesta a la agresión guerrillera y como parte de una estrategia contrainsurgente coordinada con sectores del Estado; en las sentencias, en cambio, los magistrados establecieron que la lógica de las masacres no era militar sino de terror territorial: se buscaba desplazar poblaciones, apropiarse de tierras y consolidar economías ilegales, en particular el cultivo de coca y las rutas de exportación de cocaína.
Narcotráfico y economía de guerra
La dimensión narcotraficante de Mancuso fue, durante años, el punto más incómodo de su relato público. En sus primeras apariciones ante los medios y en las mesas de Ralito insistió en la tesis clásica de las autodefensas: los grupos cobraban un "gramaje" o impuesto a productores y traficantes que operaban en sus territorios, pero no eran, en sí mismos, organizaciones narcotraficantes. Esa distinción se derrumbó con la evidencia acumulada por la DEA y por la propia Fiscalía colombiana. Las estructuras bajo su mando, en particular el Bloque Catatumbo, controlaron directamente cultivos, laboratorios y rutas de salida por Venezuela y por el Caribe, y establecieron alianzas con carteles mexicanos y con redes de distribución en Centroamérica.
En 2002, un gran jurado del Distrito de Columbia lo imputó formalmente por conspiración para importar cocaína a Estados Unidos, y la acusación se amplió en años siguientes. Los volúmenes atribuidos a las estructuras bajo su mando se contaron por decenas de toneladas anuales. La captura y desmantelamiento de laboratorios en Catatumbo, la incautación de embarcaciones en el Caribe y las declaraciones de mandos medios ante Justicia y Paz confirmaron que el Bloque Norte y el Bloque Catatumbo eran, además de aparatos contrainsurgentes, empresas exportadoras de cocaína a gran escala. La retórica de la "guerra contra la guerrilla" convivió, sin contradicción operativa, con la administración de un negocio criminal transnacional.
Santa Fe de Ralito y la parapolítica
El momento en que Mancuso pasó de comandante de monte a interlocutor público del Estado se sitúa en 2001, con el pacto de Santa Fe de Ralito. Reunidos en un corregimiento del municipio de Tierralta, en Córdoba, jefes paramilitares y un grupo significativo de políticos regionales y nacionales firmaron un acuerdo secreto en el que se comprometieron a "refundar la patria" y a colaborar para asegurar mayorías electorales en congreso y en administraciones locales. El documento, revelado años después por la Fiscalía en el marco de las investigaciones sobre parapolítica, llevaba las firmas de senadores, representantes, alcaldes y gobernadores del Caribe y de otras regiones, junto a las de Mancuso, Jorge 40, Don Berna, Diego Vecino y otros comandantes.
El pacto no fue una declaración retórica. En las elecciones de 2002 y de 2006, buena parte de las curules del Caribe colombiano y de algunas regiones andinas fue disputada en territorios bajo control militar de las AUC, con listas cerradas, candidatos únicos y presión electoral directa sobre las poblaciones. Los tribunales colombianos, en el ciclo de investigaciones que la Corte Suprema abrió a partir de 2006, condenaron a más de cincuenta congresistas por sus vínculos con estructuras paramilitares, en un proceso que se conoció como parapolítica y que constituyó una de las mayores crisis institucionales del país en el siglo XXI. Mancuso, extraditado en 2008, siguió aportando información desde las cárceles federales estadounidenses a través de videoconferencias con la justicia colombiana, y sus declaraciones fueron clave para varias de esas condenas.
En julio de 2004, en un gesto sin precedentes, Mancuso, Ernesto Báez y Ramón Isaza fueron autorizados por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez a intervenir en el pleno del Congreso de la República en el marco del proceso de negociación con las AUC. Mancuso pronunció un discurso en el que reivindicó la lucha contrainsurgente, pidió perdón por errores cometidos y planteó a las autodefensas como un actor político con vocación de reintegración institucional. La escena —tres jefes paramilitares hablando desde el atril donde sesionan los senadores de la República, con la bandera nacional a sus espaldas— condensó la ambigüedad radical del proceso: el Estado reconocía a los comandantes de un ejército privado responsable de miles de asesinatos como interlocutores políticos legítimos.
La negociación con el gobierno Uribe
El proceso de negociación entre las AUC y el gobierno de Álvaro Uribe se extendió entre 2003 y 2006 y culminó con la desmovilización formal de más de treinta mil combatientes, entre ellos los efectivos de los bloques bajo mando de Mancuso. El marco jurídico fue la Ley 975 de 2005, conocida como Ley de Justicia y Paz, que ofreció penas alternativas de entre cinco y ocho años a los jefes que confesaran de manera plena sus crímenes, entregaran bienes para la reparación de víctimas y contribuyeran a la verdad. Mancuso se acogió al proceso, entregó a partir de 2006 versiones libres en las que reconoció masacres, homicidios selectivos, desapariciones y desplazamientos, y aportó nombres de políticos, empresarios, ganaderos y militares que habían financiado, apoyado o coordinado operaciones con las AUC.
Sus versiones señalaron a generales retirados, a comandantes de brigada, a empresarios bananeros del Urabá antioqueño, a ganaderos del Sinú, a políticos regionales y a funcionarios de las administraciones locales del Caribe. Algunos de esos señalamientos derivaron en investigaciones judiciales y en condenas; otros quedaron en el limbo, sin acción efectiva de la Fiscalía. La entrega de tierras y bienes para la reparación, uno de los pilares de la ley, se cumplió de manera parcial: los bloques bajo su mando declararon un inventario que las víctimas y las organizaciones sociales consideraron insuficiente frente al despojo real ocurrido en el Caribe y en el Catatumbo.
La confianza entre las AUC desmovilizadas y el gobierno se rompió en 2008. Argumentando que los jefes seguían delinquiendo desde las cárceles colombianas —dirigiendo estructuras armadas, coordinando envíos de cocaína e incumpliendo la entrega de bienes—, el presidente Uribe autorizó, el 13 de mayo de 2008, la extradición de catorce comandantes a Estados Unidos, entre ellos Mancuso, Don Berna, Jorge 40, Macaco, Cuco Vanoy y Diego Vecino. La medida, tomada en la madrugada y sin consulta previa con la Fiscalía ni con los magistrados de Justicia y Paz, fue duramente criticada por las organizaciones de víctimas y por los tribunales de justicia transicional: la extradición cortaba la posibilidad de continuar las versiones libres en Colombia, interrumpía los procesos de verdad y reparación, y trasladaba a los jefes a un sistema judicial —el estadounidense— interesado exclusivamente en el narcotráfico y no en los crímenes contra la humanidad cometidos en territorio colombiano.
Los años de Estados Unidos
Extraditado a Estados Unidos el 13 de mayo de 2008, Mancuso fue procesado por el Distrito de Columbia por conspiración para importar cocaína. En 2009 se declaró culpable y en 2015 fue condenado a quince años y ocho meses de prisión. Cumplió la mayor parte de la condena en centros federales, y a partir de 2020 empezó un proceso complejo alrededor de su situación migratoria y de su eventual retorno a Colombia. Solicitó, sin éxito, refugio o alguna forma de protección en Estados Unidos alegando que su vida corría peligro si era enviado a Italia —país del que también era ciudadano por vía paterna— o a Colombia, y desde su reclusión mantuvo contacto con la justicia colombiana a través de videoconferencias, en las que continuó aportando información sobre parapolítica, sobre alianzas con militares y sobre operaciones específicas.
Durante esos años, sus declaraciones adquirieron un tono cada vez más incisivo. Habló de reuniones con altos oficiales del Ejército, con directivos de la SIC y con funcionarios del DAS; mencionó a políticos que se habían mantenido al margen de la parapolítica y que, según él, también habían participado del entramado; ofreció detalles sobre financiamiento por parte de empresas nacionales y multinacionales que operaban en zonas de influencia paramilitar. Algunos de esos señalamientos generaron reacciones inmediatas —desmentidos, demandas por injuria, contrapruebas—; otros quedaron en el registro sin traducción judicial. En 2020, tras cumplir su condena en Estados Unidos, permaneció bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) por más de tres años, en un limbo legal en el que enfrentaba la posibilidad de deportación a Italia, a Colombia o a un tercer país.
El caso se resolvió en 2024. En febrero de ese año, Mancuso fue deportado a Colombia. El gobierno de Gustavo Petro lo recibió con un tratamiento particular: el presidente lo designó, mediante un acto polémico, como "gestor de paz", una figura contemplada en la ley colombiana para exmiembros de grupos armados que puedan aportar a procesos de reconciliación. La designación fue impugnada por sectores políticos y por víctimas, y la Corte Constitucional tuvo que pronunciarse sobre sus alcances. Al margen de la controversia jurídica y política, el retorno significó que Mancuso quedaba nuevamente bajo jurisdicción colombiana, disponible para comparecer ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y para retomar las versiones libres interrumpidas en 2008.
Comparecencia ante la JEP
La JEP, creada por el Acuerdo Final firmado entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC en 2016, había sido concebida inicialmente para procesar a excombatientes de las FARC, a militares y a agentes del Estado. La incorporación de terceros civiles y de excomandantes paramilitares al sistema fue objeto de debate jurídico durante años. En el caso de Mancuso, la Sala de Definición de Situaciones Jurídicas de la JEP resolvió, en 2023, aceptar su sometimiento condicionado a la contribución plena a la verdad, a la reparación de víctimas y a la no repetición. La decisión abrió la puerta a que uno de los principales comandantes de las AUC comparezca ante un tribunal transicional en calidad de "aportante a la verdad" y no como excombatiente.
Desde su llegada al país, Mancuso ha participado en audiencias públicas ante la JEP en las que ha ampliado sus versiones previas. Ha detallado la coordinación de operaciones específicas con oficiales del Ejército; ha señalado nombres concretos de generales, coroneles y comandantes de brigada; ha reconocido masacres previamente admitidas y ha aportado información sobre otras que no habían sido plenamente esclarecidas. Ha vinculado a políticos que aún ejercen funciones públicas con financiamiento y coordinación paramilitar, y ha ofrecido detalles sobre la participación de empresarios y ganaderos en la conformación y sostenimiento de los bloques bajo su mando. Sus declaraciones sobre la relación entre las AUC y el Estado —en particular sobre la doctrina, la logística y la coordinación operativa con la Fuerza Pública— han sido las más incisivas que se hayan escuchado en un tribunal colombiano de labios de un excomandante.
La JEP ha valorado esos aportes con cautela: exige contrastación con otras fuentes, requiere pruebas documentales y contrasta las versiones de Mancuso con las de otros comparecientes y con los archivos del Estado. La expectativa, aún abierta al cierre de 2024, es que sus declaraciones contribuyan al Macrocaso 08, que aborda los crímenes cometidos por agentes del Estado, terceros civiles y paramilitares en el marco del conflicto armado, y que se traduzcan en imputaciones específicas contra los responsables aún vivos.
El personaje: entre el hacendado y el señor de la guerra
Mancuso ha cultivado siempre una imagen que difiere de la del paramilitar tradicional. A diferencia de Carlos Castaño, cuya figura oscilaba entre el mesías paranoico y el hidalgo enloquecido, o de Don Berna, cuyo perfil era el del gerente criminal salido del mundo urbano de Medellín, Mancuso proyectó desde el inicio la imagen del hacendado educado, del hijo de una familia respetable del Caribe, del hombre capaz de citar autores europeos y de hablar inglés con soltura. Sus intervenciones públicas —desde el discurso en el Congreso en 2004 hasta las audiencias recientes ante la JEP— han estado marcadas por un lenguaje pulido, por referencias históricas y por una voluntad explícita de presentarse como interlocutor legítimo del Estado.
Esa autopresentación ha operado como estrategia jurídica y como reivindicación personal, pero también ha sido leída por sectores de la sociedad colombiana como una máscara: detrás del hacendado articulado está el comandante de una estructura que asesinó, desplazó, desapareció y torturó a miles de personas en el Caribe, en Antioquia, en Norte de Santander y en el sur del Cesar. Las víctimas y sus organizaciones han insistido en que el reconocimiento verbal no basta, que la reparación material sigue pendiente, que muchos de los responsables identificados en sus versiones no han sido juzgados, y que la retórica del "gestor de paz" no puede sustituir la exigencia de justicia.
La figura de Mancuso condensa así una tensión estructural del conflicto colombiano: la que existe entre la necesidad de saber —de reconstruir la verdad de tres décadas de guerra, de identificar a los responsables civiles, empresariales y militares que sostuvieron el paramilitarismo, de comprender cómo funcionó la coordinación entre el Estado y sus ejércitos privados— y la exigencia de justicia —de traducir ese saber en sanciones proporcionales y en reparaciones efectivas para las víctimas. Los sistemas transicionales, la Ley 975 primero y la JEP después, han apostado por sacrificar parte del castigo a cambio de verdad; Mancuso, en la extradición y en el retorno, ha sido uno de los personajes en los que esa apuesta se ha jugado con más nitidez.
Herencia y presente
A finales de 2024, Salvatore Mancuso Gómez tiene sesenta años. Ha pasado más de la mitad de su vida adulta vinculado, primero como financiador y luego como comandante, a la estructura paramilitar más grande que ha existido en Colombia. Ha sido responsable, por acción u omisión, de miles de crímenes; ha sido interlocutor de dos gobiernos —el de Álvaro Uribe en la negociación y el de Gustavo Petro en el retorno— y ha aportado, sea por convicción o por cálculo, información que ha permitido comprender parte del entramado de la violencia colombiana. Su comparecencia ante la JEP está en curso y su desenlace jurídico depende del cumplimiento de las condiciones del sistema transicional: verdad plena, reparación y no repetición.
El país en el que regresó no es el mismo del que salió en 2008. Las AUC como federación armada dejaron de existir, pero sus estructuras se reciclaron en las llamadas bandas criminales —Águilas Negras, Clan del Golfo, Autodefensas Gaitanistas—, que hoy controlan buena parte de las economías ilegales del Caribe, del Bajo Cauca y del Pacífico. Los territorios que Mancuso ayudó a arrebatar a las guerrillas y a poblaciones campesinas siguen, en muchos casos, en manos de los mismos beneficiarios: ganaderos, empresarios y políticos que consolidaron su poder en los años del paramilitarismo. La restitución de tierras avanza con lentitud, la reparación integral es una promesa incumplida para la mayoría de las víctimas, y los responsables civiles y empresariales de la financiación paramilitar siguen, en buena parte, sin ser judicializados.
En ese paisaje, la figura de Salvatore Mancuso es a la vez un archivo vivo y una advertencia. Archivo, porque contiene la información necesaria para reconstruir décadas de historia; advertencia, porque su trayectoria revela la fragilidad de las fronteras entre lo legal y lo ilegal, entre el Estado y sus sombras, entre la élite regional y el señor de la guerra. Su vida —de niño de familia italiana en Montería, de estudiante en Bogotá y en Pittsburgh, de hacendado del Sinú, de comandante del Bloque Norte, de firmante de Ralito, de orador en el Congreso, de reo en cárceles federales estadounidenses, de compareciente ante la JEP— traza una línea que atraviesa a Colombia en toda su complejidad. No hay biografía posible del conflicto colombiano contemporáneo que pueda prescindir de la suya.
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Documentos y fragmentos citados
27 documentos · 39 fragmentos01A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · Páginas 55, 832 citas
[1]otras familias de origen italiano que vivían en Montería, y montó su propio taller de mecánica. Dos años después contrajo matrimonio con Gladys Gómez, ex reina de la ganadería, con quien tuvo 6 hijos: Gian Carlo, el primogénito, Salvatore, César, Rossana, Roberto y Antonio Fabri- cio, fallecido a los 17 años en un…
p. 55
[20]del senador y jefe del Partido Conservador Julio Manzur, Rodrigo Burgos de la Espriella; el ex alcalde de Chinú, Córdoba, y suplente a la Cámara de Represen- tantes, Luis Álvarez; el líder conservador, José de los Santos Negrete; el ex diputado conservador, Álvaro Cabrales Hodge; el director de la Corporación Autónoma…
p. 83
02Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · Página 571 cita
[2]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
p. 57
03El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · Página 1771 cita
[3]Sinú, está también bajo las aguas [... ] todas las ottaS poblaciones de la Provincia se hallan también invadidas por las aguas, nada hay en seco sobre las márgenes del río. En jurisdicción de Montería se han perdido dos hermosísimas haciendas y miles de reses se han ahogado arrebatadas por las aguas". Así, las…
p. 177
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 104, 1172 citas
[4]de Córdoba y Urabá (ACCU). Las masacres reaparecieron con una matanza en San Pelayo, subregión del bajo Sinú, el 19 mayo de 1997. Para entonces, las Convivir y las masacres se habían extendido a otros departamentos del Caribe, auspiciadas por las ACCU. El encargado de esta tarea fue Salvatore Mancuso Gómez. En su…
p. 104
[17]en este entramado de corrupción. Una pista para develar dicho entramado son los pactos electorales entre políticos regionales y jefes paramilitares en los municipios magdalenenses de Chivolo y Pivijay. En 2000 se suscribió el Pacto de Chivolo, que le dio vida el movimiento político de Jorge 40. El movimiento fue…
p. 117
05La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · Páginas 137, 1402 citas
[5]bases de los primeros grupos paramilitares en la zona (El Heraldo, 2019). Reunirse en los territorios fue común a partir de la fecha, incluso, las ACCU de- signaron a personas encargadas de convocar a los ganaderos. Las ACCU designaron a Augusto Castro, alias Tuto, como el contacto de los ganaderos en Magdalena, y una…
p. 137
[6]ya se conocía de acciones de estos grupos en las zonas rurales de Fundación, Astrea, El Copey y Ariguaní, y que estaban al mando de Baltazar Meza Durango, alias Baltazar (Tovar Pupo, s.f., p. 35). Este primer grupo fue entrenado en la base paramilitar conocida como La 35, en Antio- quia, y de propiedad de los hermanos…
p. 140
06Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · Páginas 75, 792 citas
[7]de la expansión en la costa Caribe, la Convivir Horizonte Ltda. fue el salvoconducto de Man- cuso Gómez para poder transportar las tropas armadas desde el Urabá hacia el resto de la región. En mayo de 1997, por ejemplo, el entonces comandante político de las ACCU y Tovar Pupo fueron liberados, luego de ser capturados…
p. 79
[10]Rodrigo Tovar Pupo, y personalidades públicas como José Pepe Castro, exgober- nador del Cesar, y Hernando Nando Molina 111. En las reuniones Mancuso Gómez les explicó (…) cómo era la creación de las Convivir, cómo operaban las Convivir, cuál era la legalidad de las Convivir, qué armas les en- tregaban a las Convivir,…
p. 75
07Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 771 cita
[8]los intercambios entre las zonas medias y bajas y la montaña. En medio del bloqueo que se establece alrededor, los habitantes de la Sierra, sobre todo los indígenas que habitan en las partes altas, sufrieron las consecuencias de las restricciones en el transporte de alimentos y medicinas. Vemos cómo, tal cual sucede…
p. 77
08La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · Páginas 43, 562 citas
[9]enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…
p. 43
[14]Jorge 40 a su cuartel en las Sabanas de San Ángel, en donde fue asesinado junto con cinco de sus guardaespaldas. Sobre su muerte, Mancuso aseguró en una versión de Justicia y Paz realizada el 16 de enero de 2007 que Carlos Castaño ordenó el asesinato porque le habían llegado rumo- res de que estaba usando el nombre de…
p. 56
09El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 2392 citas
[11]Según el informe de labores de la estatal Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada del año 1996, Mancuso se dotó de abundante y poderoso armamento de uso privativo de las Fuerzas Militares creando cooperativas. El entonces gobernador del departamento de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, fue de los principales…
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[12]Según el informe de labores de la estatal Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada del año 1996, Mancuso se dotó de abundante y poderoso armamento de uso privativo de las Fuerzas Militares creando cooperativas. El entonces gobernador del departamento de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, fue de los principales…
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10Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · Página 981 cita
[13]de los de extracción narco que aprovecharon esa asociación para buscar sanear su situación gracias al status político, como ‘Don Berna’, ‘Macaco’ o ‘Gordolindo’; la de quienes sin ser origina- riamente capos pero por estar ya integrados con ellos optaron por respaldarlos, como Mancuso o Jorge 40; y la de quienes…
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11Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · Página 571 cita
[15]ofrecer suficiente resistencia para que sus fuentes de poder no fueran rebasadas. El principal grupo político de la región, la familia López Cabrales, mantuvo las mayorías electorales a pesar de la fortaleza militar y económica de Mancuso. Tan pode rosos eran los López (Abrales en las elecciones que la clase política…
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12Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 1441 cita
[16]significativos de las AUC junto con más de 50 políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores cuyo último propósito no era otro que el refundar el Estado. El nombre viene del corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, y donde toman especial relevancia muchos nombres de la política…
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13La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · Página 891 cita
[18]una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…
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14Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · Página 321 cita
[19]de las AUC en el Congreso colombiano. Para 2001, “las AUC quizá alcanzaron a tener treinta mil hombres armados a su disposición en distintos bloques” (Acemoglu, Daron y Robinson, James, 2012, página 444). Estos mismos autores relatan un hecho relevante en los términos del fenómeno que posteriormente se conocería como…
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15Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 2922 citas
[21]conformar un nuevo partido político que representara los intereses de la seguridad nacional y de oposición a la guerrilla. Diez años antes, el líder paramilitar Iván Roberto Duque (alias Ernesto Báez) había creado un partido con esas características en la región del Magdalena medio. Llamado Morena, acrónimo de…
p. 292
[22]conformar un nuevo partido político que representara los intereses de la seguridad nacional y de oposición a la guerrilla. Diez años antes, el líder paramilitar Iván Roberto Duque (alias Ernesto Báez) había creado un partido con esas características en la región del Magdalena medio. Llamado Morena, acrónimo de…
p. 292
16Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3331 cita
[23]un cese al fuego unilateral, que este grupo d«e líderes de las auc aceptó mediante una carta dirigida al presidente Uribe, en la cual se acogían a esta exigencia a partir del 1 de diciembre de 2002. De inmediato el Gobierno nombró, pocas semanas más tarde, el 23 de diciembre, una Comisión Exploratoria de Paz que,…
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17Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 1921 cita
[24]delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…
p. 192
18Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 1921 cita
[25]delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…
p. 192
19Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 7801 cita
[26]a partir del 1° de diciembre, solicitaron el reconocimiento político, la suspensión de acciones judiciales en contra de sus voceros y seguridad para las regiones donde ejercían sus actividades. Para ese momento, herencia del gobierno de Pastrana, ya estaban en conversaciones confidenciales con Restrepo, a quienes sus…
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20Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Páginas 129, 2712 citas
[27]patria signi fi ca volver a retomar los compromi- sos que tiene el Gobierno dentro de la Constitución del (& en esa región… Que el Estado asumiera la función que le corres- ponde por Constitución y mandato, no lo estaban haciendo, ¿quiénes lo estábamos haciendo? Un Estado paralelo, implan- tado por nosotros al haber…
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[36]y locales con el paramilitarismo. Man- cuso, por ejemplo, envió una carta a la Corte Suprema de Justicia donde advirtió que el Gobierno había faltado a su palabra, por lo que él no había podido cumplir con su compromiso de confesar: “cuando empecé a contar las verdades tal como me exigen la ley y mi consciencia, y…
p. 271
21«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · Página 311 cita
[28]LA POBLACIÓN CIVIL, VÍCTIMA DEL CONFLICTO ARMADO INTERNO DE COLOMBIA | 29 muerte desde diciembre de 2006, se cree que debido a su labor como representante de supervivientes de violaciones de derechos humanos cometidas por los paramilitares en la vista del proceso de desmovilización sobre el dirigente paramilitar…
p. 31
22Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Páginas 479, 4834 citas
[29]fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…
p. 483
[30]fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…
p. 483
[34]a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…
p. 479
[35]a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…
p. 479
23Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · Página 1071 cita
[31]paramilitares En la madrugada del 13 de mayo de 2008, y de manera sorpresiva, el Gobierno colombiano levantó la suspensión de extradición de los líde - res paramilitares desmovilizados (incluidos Salvatore Mancuso, Jorge 40, Don Berna, y once cabecillas más) y ordenó su traslado inmediato a Estados Unidos. La gráfica…
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24Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 166, 1742 citas
[32]ridades colombianas” (Reyes, 2011, p. 373). Del mismo modo que la extradi- ción siempre ha sido temida por los narcotraficantes colombianos, grupos defensores de derechos humanos y de la oposición criticaron estas extradi- ciones porque, como se acaba de ver, reducen la posibilidad de hacer justicia sobre crímenes de…
p. 174
[33]colombianas” (Reyes, 2011, p. 373). Del mismo modo que la extradi ción siempre ha sido temida por los narcotraficantcs colombianos, grupos defensores de derechos humanos y de la oposición criticaron estas extradi ciones porque, como se acaba de ver, reducen la posibilidad de hacer justicia sobre crímenes de lesa…
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25Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Página 3611 cita
[37]la ley por seguir delinquiendo e, incluso, fueron extraditados a los Esta- dos Unidos; algunos otros no se desmovilizaron y tampoco cumplieron penas de privación de la libertad; y unos últimos fueron asesinados por diferentes razones. La idea en esta sección es revisar el panorama de lo que pasó con los comandantes…
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26Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 621 cita
[38]grupos insurgentes que anunciaban la llegada de Los Masetos “acusaban de paramilitarismo” (CNMH, hombre adulto 2, taller de memoria, Tibú, 2012) a nativos y “em- pezaron [las] matanzas de la guerrilla contra todos los comercian- tes que llegaban señalados sin fundamento de ser sapos ” (CNMH, mujer adulta 2, taller de…
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27Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · Página 261 cita
[39]desarrollo del capítulo, las primeras incluyen acciones de suministro (in- tendencia, alimentos e información), patrullajes conjuntos, coordinación de operaciones, apoyo en combates e incursiones; y las segundas responden al favorecimiento o no interferencia en el accionar de los grupos paramilitares. El análisis de…
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