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Idea transversal

Economía de guerra

La economía de guerra en Colombia designa el régimen recurrente por el que actores armados —desde los ejércitos patriotas hasta guerrillas, paramilitares y carteles— han financiado el combate, extraído recursos de los territorios y redistribuido la propiedad bajo el imperio de las armas a lo largo de dos siglos de conflicto.

4.355 palabras73 documentos78 fragmentos citados
Economía de guerra

Trayectoria de una idea

  1. 1819

    Primer ciclo: deuda externa y depredación patriota

  2. 1840

    Guerras civiles del siglo XIX: aduanas, recluta y hacienda

  3. 1948

    La Violencia: la guerra como mecanismo masivo de despojo agrario

  4. 1982

    Narcotráfico y autofinanciamiento guerrillero: la Séptima Conferencia de las FARC-EP

  5. 1986

    Ruptura FARC-paramilitares y fragmentación del narcotráfico

  6. 2000

    Formalización de la extorsión y cuantificación de sus costos

03

La lectura

La economía de guerra no es en Colombia un episodio excepcional sino una constante estructural que atraviesa dos siglos: desde los empréstitos ingleses de la Gran Colombia y la depredación patriota sobre las haciendas, hasta la extorsión sistematizada y el narcotráfico que financiaron la guerra civil más larga del hemisferio occidental. Su rasgo definitorio ha sido la incapacidad del Estado colombiano para construir una fiscalidad legítima capaz de sostener sus conflictos, lo que obligó a todos los actores armados —patriotas, ejércitos civiles, guerrillas, paramilitares, carteles— a costearse mediante la apropiación violenta de recursos ajenos. Esa mecánica no solo prolongó las guerras: reordenó la propiedad agraria, desplazó a millones de personas y colonizó territorios de frontera que décadas después se convertirían en bases de nuevos ciclos de violencia. El debate académico sobre el concepto —especialmente la controversia entre las motivaciones de agravio y codicia— reveló que en Colombia las fronteras entre actor político y actor criminal se borraron con la persistencia del conflicto, produciendo organizaciones híbridas que desafían cualquier clasificación simple. Comprender la economía de guerra colombiana es, en última instancia, comprender por qué el país no pudo salir de la guerra cuando el resto del mundo lo hacía.

En Colombia, la economía de guerra no ha sido un accidente ni una desviación pasajera del curso económico normal: ha sido un régimen recurrente por el que se financia el combate, se extraen recursos de los territorios y se redistribuye la propiedad —sobre todo la de la tierra— bajo el imperio de las armas. Dos siglos de guerras, desde los empréstitos de la Independencia hasta las rentas del narcotráfico y la extorsión, muestran una constante incómoda: el Estado colombiano nunca logró construir una fiscalidad capaz de sostener por sí sola sus conflictos, y los actores armados —patriotas, ejércitos federales o centralistas, guerrillas, paramilitares, carteles— aprendieron a costearse mediante deuda externa, reclutamiento forzoso, depredación agraria, extorsión sistemática y, en la fase contemporánea, un negocio ilícito de alcance global. Esa mecánica no solo prolongó las guerras: reordenó regiones enteras y desplazó a millones de personas. La expresión "economía de guerra" nombra ese régimen, y también las herramientas conceptuales con que la economía y la historia han intentado descifrarlo.

Un concepto de dos filos

En su acepción más neutra, la economía de guerra designa el conjunto de mecanismos por los que un actor armado obtiene, administra y gasta los recursos que le permiten hacer la guerra: cómo se paga a la tropa, cómo se compran las armas, de dónde salen los víveres, quién asume los costos que la guerra impone sobre la producción y la propiedad. En un sentido más analítico, el término remite a un debate mayor sobre por qué existen y persisten los conflictos armados.

Ese debate tuvo, en las dos últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, un referente incómodo: la tipología que el economista británico Paul Collier propuso para clasificar las guerras civiles posteriores a la Guerra Fría según la motivación de los combatientes. De un lado, el agravio —grievance—: guerras nacidas de injusticias históricas, exclusión política, desigualdad, discriminación. Del otro, la codicia —greed—: guerras entendidas como empresas económicas, donde los grupos armados combaten para apropiarse de rentas. El caso colombiano fue, en cierto modo, el que hizo colapsar la tipología. Las guerrillas revolucionarias, nacidas del agravio, se involucraron con creciente profundidad en economías ilegales y terminaron mostrando comportamientos que la clasificación reservaba a los depredadores puros; los carteles del narcotráfico, presuntamente movidos solo por codicia, articularon discursos políticos, hicieron demandas sociales y, en algunos casos, tejieron alianzas con estructuras armadas que aspiraban al poder. La distinción se invirtió con tanta frecuencia que dejó de operar como criterio.

Los modelos económicos del conflicto ofrecen otra puerta de entrada. En su mayoría, por diseño metodológico, tratan la guerra como una situación de equilibrio —una condición estable en la que dos partes calculan racionalmente cuánto invertir en violencia—, lo que limita la comprensión de sus mutaciones en el tiempo. Solo algunos intentos han extendido esos modelos para pensar la dinámica del conflicto. Uno de ellos, formulado por Skaperdas y Syropoulos en 1996, resulta especialmente iluminador para el caso colombiano: demuestra que la actividad depredadora desincentiva la producción legal, y que una parte que valore mucho las rentas futuras del poder invertirá más en armamento en el presente para mejorar su posición futura. De ahí se sigue una distinción decisiva. Una organización subversiva que busca el poder valora el beneficio económico futuro de conquistarlo y reinvierte sus rentas depredadoras en operaciones ofensivas; un actor de crimen organizado orientado a la ganancia inmediata no. Con la persistencia del conflicto colombiano, esa frontera se fue borrando: las guerrillas se criminalizaron, los grupos criminales imitaron formas políticas, y el resultado —una mezcla híbrida de motivaciones— hizo aún más difícil clasificar a los actores.

Este análisis no supone que las motivaciones económicas manden sobre las políticas o las identitarias. Su punto de partida es más modesto: asume que las decisiones de los individuos —incluidos sus valores, filiaciones y agravios— son racionales dentro de las restricciones que enfrentan, y desde allí deduce resultados sobre la emergencia y evolución de la violencia. Aplicado a Colombia, el enfoque revela algo que la historia política sola no permite ver: la autonomía financiera de los grupos armados frente al Estado y frente a las dinámicas internacionales de la Guerra Fría fue la causa esencial de la prolongación excepcional del conflicto. Las guerrillas colombianas no necesitaron ni recibieron financiación decisiva de potencias extranjeras; el paramilitarismo, aunque emparentado con sectores del Estado, no dependió de él para sostenerse. Ese autofinanciamiento —posible gracias a la depredación primero, y al narcotráfico y la extorsión después— explica que Colombia librara la guerra civil más larga del hemisferio occidental cuando en el resto del mundo las guerras revolucionarias se apagaban al retirárseles el sustento externo.

Los patriotas y la deuda: 1810-1830

El primer ciclo de la economía de guerra colombiana coincide con la fundación misma del país. Entre 1819 y 1824, la República de Colombia —la Gran Colombia bolivariana— sostuvo un esfuerzo militar de dimensiones inéditas para el territorio. Los efectivos del ejército patriota pasaron de 7.000 hombres a principios de 1819 a por lo menos 23.000 en 1821, y el presupuesto oficial del ejército creció de varios millares de pesos en 1818 a millones en 1823. Ni las rentas coloniales heredadas ni la producción agrícola devastada por más de una década de combates podían costear esa maquinaria.

La respuesta fue doble: deuda externa y depredación interna. Durante la década de 1820, la Gran Colombia contrató empréstitos con acreedores ingleses para financiar la guerra de liberación y la administración pública. Fueron los primeros títulos soberanos del país en los mercados internacionales, y su desenlace anticipó una pauta que se repetiría. Desde 1827, el valor real de los debentures colombianos en la Bolsa de Londres se redujo a menos de la cuarta parte de su valor nominal, mientras los hacendistas granadinos —incapaces o poco dispuestos a reconocer el desplome— seguían calculando sus obligaciones con las cifras oficiales. La primera experiencia colombiana con el crédito internacional terminó en un déficit de credibilidad que la joven república no supo administrar.

Puertas adentro, el costo lo pagaron las haciendas y los pueblos. La depredación patriota sobre los grandes dominios agrícolas —requisas de ganado, tomas de cosechas, ocupación de tierras, reclutamientos forzados— desorganizó la producción y agotó las fuentes de recursos sin orden ni medida. Hacia 1822 y 1823, el ejército republicano era percibido por buena parte de la población civil como un cuerpo extraño y depredador, y ese desafecto —tan visible en la Costa Caribe, donde numerosos habitantes huyeron hacia el interior escapando de conscripciones repetidas— tuvo consecuencias duraderas: dispersó y redujo la fuerza laboral disponible para las haciendas, debilitó el control de los hacendados sobre poblaciones ya escasas y sembró la desconfianza entre las regiones y el poder central. La incapacidad del gobierno para construir mecanismos fiscales sólidos —para cobrar impuestos legítimos en vez de arrebatar recursos— fue una de las razones estructurales del declive del prestigio militar bolivariano tras Ayacucho.

Las guerras del siglo XIX: hacienda, aduana y recluta

Disuelta la Gran Colombia en 1830, la Nueva Granada heredó un aparato fiscal precario y una tradición de guerras civiles que, a lo largo del siglo XIX, se repetirían con intervalos cada vez más cortos: 1839-1842, 1851, 1854, 1859-1862, 1876-1877, 1885, 1895 y, en el desenlace del siglo, la Guerra de los Mil Días de 1899-1902. Cada uno de esos conflictos activó el mismo mecanismo económico básico, con variaciones.

La renta de aduanas fue la más importante de las rentas nacionales de la Nueva Granada en los primeros años del período republicano, aunque su peso relativo fue menor que durante la Gran Colombia, en parte por el mayor peso de la renta de tabaco. Los ingresos aduaneros dependían del comercio de importación, y este colapsaba con cada guerra civil: los puertos se cerraban o cambiaban de mando, los flujos comerciales se interrumpían, los recaudos caían. La guerra de 1840 produjo un desequilibrio característico: el gasto militar creció más rápido que la recuperación de las rentas, y la deuda interna se disparó. A eso se sumó una consecuencia menos visible pero corrosiva: los conflictos civiles minaban los acervos de capital disponible mediante su fuga hacia Europa, préstamos forzados al gobierno y el aumento de las tasas de interés, lo que dificultaba el establecimiento de nuevas empresas y empobrecía a la población.

Sin fiscalidad ni crédito suficientes, los ejércitos —oficiales e insurrectos— se financiaban de otras maneras. El reclutamiento forzoso fue el mecanismo sistemático de provisión de tropas. Todavía en 1899, al estallar la Guerra de los Mil Días, el Decreto No. 66 de Cundinamarca estableció que todo varón menor de sesenta años debía prestar servicio militar o pagar una exención de veinticinco pesos —una forma de convertir la sangre en dinero, o el dinero en sangre. La institución que hizo posible la recluta a gran escala fue la hacienda: los latifundistas prometían a sus arrendatarios protegerlos del reclutamiento forzoso, promesa que a veces cumplían y a veces no; en cualquier caso, la relación de dependencia entre patrón y peón facilitaba movilizar mano de obra rural hacia los frentes. Al mismo tiempo, muchos hacendados intentaban proteger su fuerza laboral, en una tensión permanente entre las lealtades partidarias que los llevaban a apoyar la guerra y los intereses productivos que los empujaban a resguardar sus fincas.

Durante los intervalos de paz —o de agotamiento— el gasto militar se comprimía a niveles llamativos. En el período 1856-1860, solo el 12,5% del presupuesto nacional correspondió al Departamento de Guerra, y el tamaño legal del ejército se redujo de 5.000 a 800 hombres. Pero el tamaño legal era una ficción: cuando estallaba un nuevo conflicto, las fuerzas efectivas se multiplicaban por reclutamiento y por adhesión de milicias regionales. La República tenía un ejército pequeño en el papel y una capacidad de movilizar hombres armados que superaba con creces esa cifra, lo que reforzaba la dependencia del país frente a los caudillos locales y las estructuras clientelares que podían convocar tropa.

Presidentes como Rafael Núñez y, más tarde, Rafael Reyes intentaron romper ese círculo dotando al Estado de instrumentos fiscales y bancarios más robustos; los resultados fueron parciales. La Guerra de los Mil Días —última y más devastadora del ciclo— terminó con el país en bancarrota, con la moneda envilecida por la emisión y con la pérdida de Panamá en 1903 como corolario económico y territorial de una guerra que también había sido, en el fondo, una crisis de financiamiento del Estado.

La Violencia y el despojo agrario: 1946-1964

El régimen bipartidista, la modernización agroexportadora y la explosión demográfica de la primera mitad del siglo XX llevaron a Colombia a un nuevo ciclo de guerra —esta vez no declarada, sin ejércitos rivales formales, pero de una intensidad devastadora. La Violencia, desatada tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 y prolongada al menos hasta comienzos de los años sesenta, reveló una mutación decisiva del régimen económico de la guerra colombiana: por primera vez, la guerra se convirtió en un mecanismo masivo de reordenamiento de la propiedad agraria.

Los cálculos de Paul Oquist, publicados en 1978, siguen siendo la referencia obligada: durante La Violencia se perdieron 393.648 parcelas en Colombia, entre casos de abandono forzado y de venta apremiada a precios irrisorios. Los departamentos más afectados fueron Valle del Cauca, Cundinamarca, Tolima, Antiguo Caldas y Norte de Santander, con variaciones según se midiera por número de muertes o por parcelas perdidas. En el Tolima —epicentro particularmente atroz— el 42,82% del total de propiedades, 40.176 predios pertenecientes a 32.400 propietarios, fueron abandonadas transitoria o permanentemente, y se quemaron 34.304 casas; el 46% de los abandonos ocurrió en un lapso concentradísimo, entre 1955 y 1956.

La lógica del despojo era metódica. Grupos armados —de filiación partidaria variable, pero muchas veces con complicidades locales del poder público— sembraban terror contra personas y bienes hasta provocar el éxodo colectivo de familias enteras; luego mantenían el terror para impedir el retorno. En las zonas cafeteras, los asesinatos, robos y asaltos se intensificaban durante los períodos de cosecha, alterando la apropiación de los beneficios económicos del grano. Las tierras vaciadas se traspasaban a nuevos propietarios que las adquirían a bajo precio.

El destino de los desplazados marcó la geografía colombiana. Bogotá pasó de cerca de 500.000 habitantes a comienzos de los años cuarenta a 620.000 en 1950 y 1.300.000 en 1960, y una parte significativa de ese crecimiento acelerado provino del desplazamiento forzado. Otros migrantes tomaron una segunda ruta: la colonización espontánea de zonas más allá de la frontera agrícola —el piedemonte oriental, el Magdalena Medio, el sur de Córdoba, el sur del Tolima, el oriente caucano, el Catatumbo—, tierras donde el Estado apenas llegaba y donde los colonos, huérfanos de titulación y de servicios, terminarían décadas después convertidos en bases sociales y territoriales de las guerrillas.

La Violencia produjo, además, transformaciones estructurales de fondo. A partir de 1950, el reordenamiento agrario impulsó el avance de la agricultura comercial, con el desarrollo de grandes explotaciones y el uso de técnicas más intensivas. En algunas zonas cafeteras coexistieron el despojo y la fragmentación, e incluso el fortalecimiento de economías campesinas. El saldo no fue uniforme: no en todas partes La Violencia produjo mayor concentración de la propiedad —el mapa agrario colombiano ya era muy desigual antes—, pero sí instaló un patrón que se repetiría medio siglo después: la violencia como mecanismo eficaz para transferir tierra, expulsar población y redibujar la propiedad rural en beneficio de quienes tuvieran capital, armas o vínculos con el poder local.

El narcotráfico y la mutación contemporánea: 1964-2016

El nacimiento de las guerrillas comunistas colombianas —las FARC en 1964, el ELN en 1964, el EPL en 1967, el M-19 en 1974— coincidió con un mundo bipolar en el que el patrón esperable era el financiamiento internacional de las guerras revolucionarias. Colombia siguió otro camino. Sus guerrillas, tras dos décadas de existencia relativamente precaria, encontraron en el auge del narcotráfico de finales de los setenta y comienzos de los ochenta un motor de recursos que ninguna insurgencia latinoamericana había tenido antes.

El punto de inflexión fue la Séptima Conferencia de las FARC-EP en 1982, en la que la organización adoptó un modelo militarista de expansión. El narcotráfico contribuyó a financiar ese salto, aunque la magnitud precisa de esa transformación —cuánto de la expansión territorial, del armamento pesado adquirido, de las operaciones de escala que la organización pudo montar en los años noventa— sigue siendo objeto de investigación. Las FARC, y con retraso el ELN, se integraron gradual y diferenciadamente a distintas etapas del negocio: cobro de gramaje sobre cultivos y laboratorios, regulación de precios locales, control de rutas. Mantuvieron durante mucho tiempo un discurso y un horizonte políticos —la toma del poder— mientras sus fuentes de sustento se volvían indistinguibles de las del crimen organizado. Esa tensión —fines políticos con medios ilícitos— definiría el debate sobre la naturaleza última del grupo hasta los Acuerdos de La Habana en 2016.

Del otro lado del tablero, el narcotráfico organizado en carteles produjo su propia respuesta armada. En 1986 se rompió el convenio entre las FARC-EP y los paramilitares organizados por Gonzalo Rodríguez Gacha en la región del Ariari, cuando las FARC comenzaron a amenazar el control territorial de los narcotraficantes; ese quiebre alimentó un anticomunismo virulento en Rodríguez Gacha y derivó en una confrontación paramilitar contrainsurgente que sería el prototipo de los conflictos regionales de los años siguientes. La estructura resultante —bandas contratadas para proteger cultivos, laboratorios y rutas, que además ejecutaban campañas contra la insurgencia y contra la izquierda legal— convirtió al narcotráfico en el eje articulador de una nueva economía de guerra.

Cuando los grandes carteles de Medellín y Cali fueron desmantelados a mediados de los noventa, el patrón cambió, pero no hacia la desaparición del negocio, sino hacia su fragmentación. Los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño, junto con otros narcotraficantes disidentes del Cartel de Medellín, formaron los Pepes en alianza con el Cartel de Cali para combatir a Pablo Escobar; de ese núcleo saldrían, más tarde, las estructuras que darían forma a las Autodefensas Unidas de Colombia en 1997. La estructura del narcotráfico se dispersó por todo el país; el cultivo se descentralizó en múltiples regiones y ningún actor logró recuperar el control monopólico que los carteles habían ejercido. En cada región, distintos actores —guerrillas, paramilitares, redes emergentes— pasaron a controlar partes del proceso.

El resultado fue un efecto espejo: guerrillas y paramilitares, adversarios ideológicos irreconciliables, se disputaban las mismas etapas del negocio y a veces se aliaban tácticamente en él. Todos los actores armados —insurgentes, contrainsurgentes, criminales— quedaron simultáneamente entrelazados con la coca. Esa autonomía financiera compartida dotó al conflicto colombiano de su duración excepcional y de su degradación característica.

La extorsión como sistema

Junto al narcotráfico, la extorsión se consolidó desde los ochenta como la segunda gran fuente de financiamiento de los actores armados, y en muchas regiones fue la principal. Guerrillas y paramilitares —cada uno con su código y sus formas— la aplicaron sobre hacendados, ganaderos, comerciantes, políticos y sectores del campesinado bajo denominaciones que oscilaban entre lo eufemístico y lo abiertamente coactivo: "vacunas", "impuestos de guerra", "aportes a la causa".

Las FARC-EP dieron un paso simbólicamente importante al formalizar la extorsión en el año 2000 mediante lo que llamaron una "ley revolucionaria", que fijaba criterios sobre a quién cobrar, cuánto y bajo qué condiciones —un intento de dar apariencia normativa a lo que era coacción. Entre 1999 y 2003, los costos de la extorsión en Colombia sumaron 564.127 millones de pesos, el 6,67% del total del gasto en seguridad y defensa del país durante ese período: una cifra que muestra hasta qué punto los actores armados llegaron a operar como sistemas tributarios paralelos.

En el Magdalena Medio de los años ochenta, los ganaderos asociados a Acdegam pagaban a los paramilitares una "vacuna" de mil pesos por cabeza de ganado mensual, y los hacendados que se negaban a asociarse o a pagar podían ser asesinados —aunque también hubo aportes descritos como voluntarios por quienes los realizaban, en un continuo turbio entre la colaboración por convicción, la conveniencia política y el chantaje. En las regiones bananera y carbonífera se registraron peajes específicos sobre la exportación: los paramilitares habrían cobrado 50 centavos de dólar por cada caja de banano exportada en Urabá y un dólar por tonelada de carbón exportada en La Guajira, cifras que ilustran cómo la extorsión se acopló a los circuitos legales del comercio exterior colombiano. Los alcaldes de municipios como Venadillo, Purificación, Natagaima y Prado aportaron recursos al Bloque Tolima de las AUC, con una línea siempre borrosa entre coerción y complicidad.

Otras rentas se sumaron. El robo y comercialización ilegal de combustible movilizaba camiones con producto hurtado de los oleoductos, con peajes ilegales en rutas como Campo 23, La Lizama, La Fortuna y La Renta, y con coacción sobre gasolineras y vigilantes de la infraestructura petrolera. La minería aurífera ilegal, sobre todo en el Chocó y en el sur de Bolívar, se convirtió en la fase final de esa diversificación: en el Chocó operaban extranjeros —principalmente brasileños, y también ciudadanos asiáticos— sin permisos de exploración ni de trabajo, a quienes grupos como Renacer prestaban servicios de seguridad, mientras la actividad extractiva devastaba ríos con mercurio, alteraba cauces y eliminaba la base de subsistencia de comunidades afrodescendientes.

La máquina paraeconómica

Los paramilitares llevaron la economía de guerra a su forma más articulada. Lo que hacia finales de los noventa y principios de los dos mil se consolidó en las AUC no fue solo un ejército contrainsurgente: fue una arquitectura de colaboración entre empresarios, ganaderos, narcotraficantes, palmicultores y militares —una máquina paraeconómica— en la que ninguno de los actores se subordinaba enteramente a los demás, sino que sostenían relaciones de cooperación mutua para apropiarse de territorios y ordenarlos económicamente.

La agroindustria de la palma en Urabá es el caso emblemático. Vicente Castaño Gil, en una entrevista publicada por la revista Semana, declaró abiertamente haber conseguido empresarios para invertir en cultivos de palma en la región, y presentó estos proyectos como "duraderos y productivos" —una confesión que hizo visible la trama entre la jefatura paramilitar y capitales agroindustriales. En el Magdalena, el Bloque Norte operó en zonas de plantación palmera como Ciénaga, Algarrobo, Fundación y la Zona Bananera, con una superposición geográfica notoria entre presencia armada y expansión del cultivo. En el Urabá antioqueño y en el Atrato, el Bloque Élmer Cárdenas y otras estructuras financiaron sus operaciones con narcotráfico, explotación maderera y palmicultura, ejerciendo dominio total sobre esos ciclos extractivos y drenando de ellos las rentas.

Las Convivir —cooperativas de vigilancia y seguridad privada creadas legalmente en los años noventa— fueron aprovechadas por estructuras paramilitares para superar problemas de coordinación y dotarse de fundamento legal, y se convirtieron en un vehículo de expansión con la Casa Castaño como actor central de esa estrategia. Con ese respaldo institucional, los paramilitares operaron durante años en una zona gris entre la legalidad formal y el terror efectivo.

Un hallazgo perturbador matiza cualquier lectura simplista: los nuevos dueños de las tierras despojadas no fueron principalmente los comandantes paramilitares ni los narcotraficantes, sino políticos en ejercicio, empresarios y particulares plenamente en la legalidad, que accedieron a esas tierras mediante acuerdos con los grupos armados o a través de mecanismos de tercerización. La economía de guerra no operó como sistema cerrado: fue una máquina de transferencia que benefició a actores que nunca dispararon un tiro, pero cuya prosperidad quedó anclada en el trabajo del terror. Al final del ciclo, durante el conflicto contemporáneo, se arrebataron a los campesinos colombianos 8 millones de hectáreas, y la concentración de la tierra se profundizó de forma severa.

El costo y la respuesta estatal

Poner cifras al conflicto es siempre un ejercicio imperfecto, pero las estimaciones disponibles bastan para dimensionar el sacrificio. En ausencia de conflicto armado —y bajo el supuesto crítico de que la criminalidad violenta no ocupara el espacio dejado por los grupos armados—, el PIB departamental colombiano habría crecido en promedio 4,4 puntos porcentuales adicionales al año. Entre 2000 y 2009, la tasa de crecimiento efectiva del país rondó el 3,8%; los 4,4 puntos perdidos equivalen a más del 100% de esa tasa observada. Sin guerra, y bajo aquel supuesto, el PIB departamental habría podido crecer alrededor del 8,2% anual, reduciendo drásticamente el tiempo necesario para duplicarlo. A esos costos directos —pérdidas de capital físico y humano— se suman los indirectos: desinversión, distorsión en la asignación de recursos, aumento de los costos de transacción y todo un tejido de decisiones económicas paralizadas o desviadas por la incertidumbre.

En municipios como Granada, en Antioquia, el impacto adquirió formas específicas: empobrecimiento, menoscabo de la economía local, pérdida del bienestar, deterioro de las prácticas de subsistencia campesinas ligadas a la tierra. En muchas regiones rurales, la combinación de conflicto y adversidades climáticas dejó a comunidades enteras sin capacidad de sembrar ni de garantizar su sustento.

La respuesta estatal más ambiciosa de todo el ciclo contemporáneo fue el Plan Colombia, concebido bajo la presidencia de Andrés Pastrana y ejecutado a partir de 1999. Diseñado como una estrategia de seis años (1999-2005) con un costo total de 10.000 millones de dólares, de los cuales el 35% sería financiado por Estados Unidos y el resto por Colombia, el Plan asignó en el papel el 57,5% de sus recursos a operaciones antinarcóticos y combate al crimen organizado, el 26,5% al fortalecimiento institucional y el 16% al desarrollo social y económico. En la práctica, la deriva fue otra. Entre 1999 y 2002, la ayuda estadounidense totalizó unos 2.000 millones de dólares, de los cuales el 80% fue ayuda militar. El gobierno colombiano nunca ejecutó los 4.000 millones de dólares en gasto social que había comprometido. Y en 2002 —bajo la administración de George W. Bush y ya con Álvaro Uribe Vélez en la Presidencia colombiana— la directiva NSPD 18 amplió explícitamente la misión estadounidense más allá de las operaciones antidrogas para incluir operaciones dirigidas contra organizaciones terroristas, lo que en la práctica expandió el uso de recursos militares —capacitación, equipos, helicópteros— hacia fines abiertamente contrainsurgentes. La ayuda militar y policial estadounidense promedió más de 500 millones de dólares anuales desde Pastrana hasta Uribe. El Plan, concebido como estrategia integral, terminó como programa de guerra.

Herencia y umbral

Cuando el gobierno de Juan Manuel Santos firmó en 2016 el Acuerdo Final con las FARC-EP, cerró el ciclo bélico más largo del hemisferio pero no clausuró la economía de guerra colombiana. Las estimaciones sobre el dividendo económico de la paz asumen que la criminalidad violenta no ocuparía el espacio dejado por los grupos armados, y ese supuesto es precisamente lo que la experiencia posterior ha venido cuestionando: la fragmentación de estructuras armadas, la persistencia de rentas ilegales en los territorios, la debilidad histórica del Estado para instalar fiscalidad legítima donde reinaron los fusiles.

Vista en la larga duración, la economía de guerra colombiana exhibe una recurrencia estructural inquietante: deuda externa mal administrada en los años veinte del siglo XIX y de nuevo en los ochenta del siglo XX; reclutamiento forzoso desde los ejércitos patriotas hasta los frentes cocaleros; despojo agrario en La Violencia y en el conflicto contemporáneo; extracción de rentas territoriales por parte de actores armados que operan como sistemas tributarios paralelos. Ese régimen no fue nunca un proyecto coherente ni la obra de un solo actor: fue el resultado sedimentado de dos siglos en los que el Estado colombiano no logró sustituir la depredación por fiscalidad legítima ni el clientelismo por ciudadanía. Sobre ese vacío institucional, sucesivas generaciones de actores armados —con motivaciones muy distintas, desde el agravio hasta la codicia, desde la ambición política hasta el enriquecimiento inmediato— construyeron órdenes locales específicos cuya lógica no puede reducirse ni a la pura violencia depredadora ni al puro cálculo político.

Entender la economía de guerra no es un ejercicio abstracto de historia económica: es la manera de reconocer que en Colombia la guerra ha sido una forma de acumulación, la paz una economía por construir, y la fiscalidad legítima —esa que grava a los ricos, sostiene los bienes públicos y no depende del terror— la tarea pendiente que dos siglos de Estado no han sabido saldar.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Paul Collier — propuso la tipología agravio/codicia para clasificar guerras civiles, tipología que el caso colombiano hizo colapsar al invertir sistemáticamente sus categorías
  2. 02Narcotráfico — actuó como factor de prolongación y degradación del conflicto al generar autonomía financiera para todos los actores armados, creando un efecto espejo entre guerrillas, paramilitares y carteles
  3. 03Desplazamiento forzado — consecuencia directa del despojo agrario como mecanismo de la economía de guerra, que reconfiguró la geografía demográfica y territorial de Colombia
  4. 04FARC-EP — organización que ilustra la tensión entre fines políticos y medios ilícitos, involucrándose progresivamente en el narcotráfico y la extorsión para financiar su expansión militar
  5. 05Magdalena Medio — región paradigmática donde confluyeron colonización armada, economía cocalera, paramilitarismo y extorsión ganadera como expresiones concretas de la economía de guerra
  6. 06Skaperdas y Syropoulos — formularon en 1996 el modelo que demuestra que la actividad depredadora desincentiva la producción legal y que actores que valoran las rentas futuras del poder invierten más en armamento presente
06

Documentos y fragmentos citados

73 documentos · 78 fragmentos

01Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 181 cita
[1]

o del momento estático del sandinismo. Los actos atroces de las guerrillas parecían cancelarse —como en un libro contable— con los de los paramilitares y el Estado, dejándoles a aquellas, todavía, el saldo a favor de una causa justa. Este tipo de simplezas ocultaba un componente definitivo de los agentes del conflicto…

p. 18
02¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 43, 482 citas
[2]

las de ellos mismos— para conseguirlo 24. Lo siguieron haciendo hasta su desmovilización. Nadie fue tan tonto en su momento como para esperar que abandonaran la lucha por el poder para dedicarse a sus negocios, lo que es una suerte de prueba de fuego que en Colombia arroja un resultado contundente. Además, la…

p. 48
[39]

economías fueron utilizadas para la expansión vigorosa de los respectivos grupos. Tercero, en el caso del ELN, la relación con las economías ilícitas fue bastante más complicada, aunque desde finales de la década de 1990 ellos también se integraron plenamente a ellas. Antes extraían pingües rentas del sector minero.…

p. 43
03Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 278, 3042 citas
[3]

En la mayoría de estos modelos, por su diseño metodológico, el conflicto aparece como una situación de equilibrio. Existen algunos intentos de exten- Análisis económico de conflictos internos 303 der en el tiempo este tipo de análisis para tratar de comprender la dinámica de los conflictos civiles. Skaperdas y…

p. 304
[6]

el resultado del conflicto? ¿Cómo lograr soluciones duraderas a los conflictos? ¿Por qué es tan difícil lograr acuerdos entre las partes? En este capítulo, se presentan sólo algunas de las respuestas que la teoría económica ha tratado de ofrecer a estos interrogantes. La economía busca deducir resultados mediante el…

p. 278
04Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 3051 cita
[4]

de análisis para tratar de comprender la dinámica de los conflictos civiles. Skaperdas y Syropoulos (1996) estudian el efecto que tienen las activi - dades depredadoras en el tiempo, pues ellas suponen un incentivo negativo para las actividades productivas. Existe la posibilidad de que una de las partes valore mucho…

p. 305
05Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 241 cita
[5]

de la economía de guerra que hizo que nuestro conflicto armado fuera tan largo. Esta economía de guerra causó una independencia increíble de los GAI colombianos frente a las dinámicas internacionales de la guerra fría. Pero sobre todo fue la causa esencial de que el conflicto armado colombiano fuera tan largo. Una…

p. 24
06Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 3571 cita
[7]

por la que aquellos han sacrificado todo y de la que se creen valerosa encarnación. Esta política de resentimiento y de venganza no era viable a largo plazo, en la medida en que desorganizaba la producción de los grandes dominios. Los patriotas agotan las fuentes en las que beben sin orden ni medida. 135 La…

p. 357
07Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 3571 cita
[8]

por la que aquellos han sacrificado todo y de la que se creen valerosa encarnación. Esta política de resentimiento y de venganza no era viable a largo plazo, en la medida en que desorganizaba la producción de los grandes dominios. Los patriotas agotan las fuentes en las que beben sin orden ni medida. 135 La…

p. 357
08Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3881 cita
[9]

y 500 libras) cuyo valor real en la Bolsa de Londres se redujo a menos de la cuarta parte desde 1827. Los hacendistas granadinos no comprendieron este fenómeno y menos los críticos (tanto de la Administración Santander como de los negociadores de los dos empréstitos), que siempre hicieron sus cuentas con los valores…

p. 388
09Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 2851 cita
[10]

rentas nacionales al principio del periodo pasaban poco, si acaso, de los dos millones, pero iban en aumento pausado, y no había déficit sino, normalmente, superávit. Es difícil fijar su cuantía; y aún es posible que el superá- vit fuera sólo aparente 317. La guerra de 1840 cambió esto. Las rentas se restablecieron…

p. 285
10Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 1551 cita
[11]

to Prefecto, La Mesa, Bogota, October 19, 1899, and C. Cuervo Marquez to Capitan Eduardo Mendoza y Alcalde de Soacha, Bogota, October 19, 1899, AMD, vol. 05786. According to Decree No. 66 of October 18, 1899, issued by the government of Cundinamarca, every male citizen under sixty not a member of the clergy or…

p. 155
11Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1342 citas
[12]

la capacidad de las haciendas para reclutar arrendatarios bajo las 75 Alvaro Tirado Mejía, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, Biblio- teca Básica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1976, pp. 37 y ss. 138 ECONOMÍA Y NACIÓN muchas veces fallida garantía de que los latifundistas…

p. 134
[13]

la capacidad de las haciendas para reclutar arrendatarios bajo las 75 Alvaro Tirado Mejía, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, Biblio- teca Básica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1976, pp. 37 y ss. 138 ECONOMÍA Y NACIÓN muchas veces fallida garantía de que los latifundistas…

p. 134
12Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 1911 cita
[14]

as they had before independence. 69 Several villages along the Magdalena River, especially those that had supported the royalist cause, had been burned. Many inhabitants had fled repeated conscriptions and abuses by taking refuge in the hinterlands. 70 Many soldiers never re- turned from the war. As Eduardo…

p. 191
13Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 1911 cita
[15]

as they had before independence. 69 Several villages along the Magdalena River, especially those that had supported the royalist cause, had been burned. Many inhabitants had fled repeated conscriptions and abuses by taking refuge in the hinterlands. 70 Many soldiers never re- turned from the war. As Eduardo…

p. 191
14Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1401 cita
[16]

rebeldes y causaban también un empobre- cimiento general, debilitando enormemente el poder de compra de los consumidores. Por otra parte, los conflictos civiles minaban los acervos de capital disponible, por su fuga hacia Europa o a través de 35 James L. Payne, Patterns ofConflict in Colombia (New Haven: Yale…

p. 140
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 641 cita
[17]

forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…

p. 64
16Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 441 cita
[18]

años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…

p. 44
17¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 701 cita
[19]

de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…

p. 70
18Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4361 cita
[20]

menor de muertes en comparación con los otros grandes productores de café, después de 1958 suposición entre los departamentos que padecían la Violencia esri:xu~ho-;m4saltll. (Ve~'elCuad.ro S.G).Durante este pe riodo la Violencia se limitO étlsi exclusivamente a los departamentos pro ductores de café, los más…

p. 436
19Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1481 cita
[21]

aconte- cer de la Violencia: en los departa- mentos cafeteros, los asesinatos, ro- bos y asaltos se intensificaban durante el período de la cosecha; en los Lla- nos, por el contrario, los períodos de mayor actividad en la comercializa- ción del ganado —los fines de año— estaban acompañados de treguas pac- tadas, con…

p. 148
20Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4521 cita
[22]

campesinos pobres. En conclusión, las cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958, con base en las pocas fuentes fidedignas disponibles, serían las que se presentan en la tabla 19.3. Tabla 19.3 Cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958…

p. 452
21Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 1641 cita
[23]

fragmentaban las grandes haciendas por procesos de parcelación o por la Violencia, aquella 164 Nueva Historia de Colombia. Vol. V fragmentación dio lugar en muchos ca- sos al fortalecimiento de la economía campesina cafetera mediante confor- mación de pequeñas explotaciones o de tamaño mediano (entre 10 y 50 hec-…

p. 164
22La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 2771 cita
[24]

invasiones organizadas de fincas o latifundios, co- mo en el Tolima y el sur del Valle del Cauca (Las Hermosas, La Profunda, Pole, etc.), procediendo a usufructuar tales tierras y a veces a repartirlas entre sus seguidores, estableciendo normas de producción y mercados colectivos. Tales hechos son apenas síntomas del…

p. 277
23Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3091 cita
[25]

One thus can formulate the trend in the following terms: People from the lower strata of former migrants joined the class of large landowners, but the recomposition did not bring about the ruin of those who previously belonged to that class. Thus, in one of the municipios that underwent violent "Conservativization,"…

p. 309
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 661 cita
[26]

este mismo Informe Final de la Comisión de la Verdad. la hibridación de la guerra y la cruenta disputa por los territorios 67 extorsiones. A esto se sumó la expulsión del Estado de regiones y localidades en las que eran atacados los puestos de Policía en las cabeceras municipales, obligadas las autoridades civiles a…

p. 66
25Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2031 cita
[27]

levantó en armas por primera vez contra las guerrillas izquierdistas en 1978, y unos años después, cuando el Frente Nueve de las FARC intentó invadir su finca, él y ocho trabajadores lograron repelerlos. Pero al final, lo perdió todo: su finca, su familia y su ganado, dejándolo con un pozo repleto de odio que trataría…

p. 203
26Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 348, 3512 citas
[28]

Esto llevó a que una parte de las finanzas se dirigiera al Secretariado e implicó que la apropiación de recursos para el funcionamiento de los frentes se realizara según las condiciones territoriales. Así, se articularon la extorsión, el secuestro y el impuesto o ganancias de la regulación de las economías de la…

p. 351
[37]

elementos de la economía política tienen un efecto espejo entre los actores armados, en el sentido de que fenómenos como el narcotráfico, por ejemplo, cuentan con la participación de todos los actores, lo que hace que el comportamiento de unos sea el reflejo especular de otros. El caso de la economía del narcotráfico…

p. 348
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 911 cita
[29]

uno que comentaban que fulano tenía una cocina o que el comandante de finanzas se voló y se robó 3.000 millones, 5.000 millones, que tiene una finca en tal parte, que compró carro, o que fulano sí mandaba de vez en cuando sus 1.000 libritas con el narcotraficante, o sea, se asociaba con un narcotraficante; el…

p. 91
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 991 cita
[30]

guerrilla el impuesto de gramaje sobre la cantidad producida, a cambio de protección de cultivos, laboratorios y pistas, tal como lo había anticipado el mencionado comandante Argemiro. Pero en 1986 se resquebrajó el convenio, cuando empezó la confrontación entre los paramilitares, organizados por Rodríguez Gacha, en…

p. 99
29Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 931 cita
[31]

sidente Betancur entendiera que la prioridad estadounidense era el combate frontal al tráfico de drogas prohibidas. El incremento del "fuego cruzado" implicó una guerra sucia por “corre dores” y "territorios” con altas dosis de terror hacia la población civil, ora indiscriminado, ora selectivo.1 2 En la década de…

p. 93
30Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1081 cita
[32]

de mutuo acomodamiento, celebrado por el gobierno de César Gaviria, mediante el cual se aprobó, a cambio de la no extradición, el sometimiento voluntario de los narcotraficantes a la justicia, con grandes rebajas de penas por colaboración. Con la entrega de Pablo Escobar, el capo más famoso, y sus colaboradores…

p. 108
31"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 2781 cita
[33]

im- puestas al cultivo de hoja, su procesamiento y comercialización, se rede fi nieron estructuras organizativas ma fi osas, así como espacios para la producción, dispersándose el cultivo por todo el país, a par- tir de condiciones favorables para su producción (productividad), procesamiento y comercialización. Entre…

p. 278
32Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1941 cita
[34]

como se analizará en la siguiente sección. L OS CAMBIOS EN EL NARCOTRÁFICO Y EN EL CONFLICTO La guerra del Estado contra Escobar se hizo en alianza con sus competidores en el narcotráfico. Desde finales de los años ochenta Escobar había agregado dentro de su lista de enemigos al Cartel de Cali y del Norte del Valle y…

p. 194
33Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2641 cita
[35]

el ala empresarial, compuesta por traficantes multimillonarios. Cualquier chispa estaba presta para hacer estallar un conflicto interno. La chispa llegaría con el robo de veinte millones de dólares a los hermanos Moneada por uno de los sicarios de Escobar. En ese punto a Escobar le tocó elegir entre los bandidos —…

p. 264
34Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 3311 cita
[36]

de Cali y Medellín, a raíz de las contradicciones que se presentaron en el manejo de las relaciones con el Estado. Su expresión principal fue la organización del grupo de Los Pepes, los perseguidos por Pablo Escobar, una alianza de ex socios suyos entre los que se encontraban los cabecillas del lla- mado Cartel de…

p. 331
35Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 11 cita
[38]

In: Colombia ISBN: 978-1-53614-264-8 Editor: Augusto Jacinto Espino © 2018 Nova Science Publishers, Inc. Chapter 1 C OLOMBIA: B ACKGROUND AND U.S. R ELATIONS * June S. Beittel A BSTRACT Colombia is the third most populous country in Latin America, with roughly 49 million inhabitants. A key U.S. ally in the region,…

p. 1
36Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5401 cita
[40]

que buscaron incrementar la capacidad bélica contra los adversarios, pero que muchas de ellas se dirigieron contra la población civil; y aquellas prácticas implementadas al interior de los grupos armados para resguardar la integridad y disciplina interna. Financiar la guerra y la sostenibilidad material de los grupos…

p. 540
37Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1101 cita
[41]

de empresas y negocios que han estado articulados a las lógicas de financiación y capit alización de los paramilitares a nivel regional 261. En 2008, otro estudio halló que, entre 1999 y 2003, los costos de la extorsión sumaron $564.127 millones 262, lo que equivale al 6,67 % del total del gasto en seguridad y defensa…

p. 110
38Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 1951 cita
[42]

secuestros, correspondiente al 62% de ese pe- riodo. Luego de ese pico, entre el 2003 y el 2007, se dio un vertigi- noso descenso del número de plagiados por las farc y por otras organizaciones, fenómeno asociado con las operaciones militares contrainsurgentes y el debilitamiento de esa guerrilla. A partir del 40…

p. 195
39Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 3201 cita
[43]

hacia regiones más ricas; por una parte, a fin de ganar adeptos para su proyecto de lucha armada y, por otra, para incrementar sus posibilidades de financiación im- poniendo cargas y cobros a los distintos agentes de la economía local. El crecimiento de las guerrillas estuvo acompañado con el aumento de sus acciones…

p. 320
40The Kidnap Industry in Colombia: Our Business?M. Moor, L. Zumpolle · 2001 · p. 251 cita
[44]

light every year, it can be concluded that extortion money is an important source of income for the paramilitary. In Urabá, for example, the Banana growers have to pay 50 dollar cents for each box of bananas that is being exported, and in Guajira one dollar is paid to the paramilitary for each ton of coals to be…

p. 25
41Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 1811 cita
[45]

paramilitar. 183 4. ACCIONAR DE LA ESTRUCTURA ARMADA Prácticamente toda actividad agropecuaria y comercial que tuviese alguna renta significativa estuvo obligada a dar una cuota extorsiva periódicamente. Dada la influencia de sectores ganaderos desde los orígenes de este grupo pa- ramilitar, fueron estos y los grandes…

p. 181
42Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 327, 3772 citas
[46]

Magdalena Medio las haciendas y las fin- cas eran muy pocas. Y las pequeñas fincas, digamos, que nos colaboraban, habían fincas que daban hasta quinientos mil pesitos, que no era mucho. Otras daban cien mil, doscientos mil. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2013, 27 de septiembre) En los años ochenta, sin duda existieron aportes…

p. 377
[52]

y que le suminis- tró, por ejemplo, parte de las regalías.  “Gremiales y empresariales”, que realizaron aportes a grupos parami- litares ya sea como inversión en seguridad o por extorsión en sectores industriales, financieros y comerciales.  “Fuentes proscritas”, aquellas que provienen de actividades ilegales como…

p. 327
43Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 1141 cita
[47]

lo que se habían planteado en su Séptima Conferencia en 1982 (…). La primera fase de ese plan, entre 1990 y 1992, buscaba crear 60 cuadrillas con más de 18 mil hombres, obtener 56 millones de dólares como so- porte, y adquirir armamento, medios de comunicación y aeronaves. En la segunda, entre 1992 y 1994, la…

p. 114
44El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 3261 cita
[48]

r g e n t e 318 Estructura Coman dante Financiación Relación ganaderos Ubicación Fuente 1 Fuente 2 Carlos Mario Jiménez, "Macaco". Según declaraciones de José Baldomero Linares, alias "Guillermo Torres", su estructura nunca se financió del narcotráfico sino del cobro de una "vacuna" a los ganaderos, que oscilaba en…

p. 326
45Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 1511 cita
[49]

dejaba casi que la mula en un millón de pesos, entonces para hacerse 10 millones de pesos, tenían que robar diez mulas, o sea, 100 mil galones. Entonces, por decir algo, un mes cualquiera nadie nos compraba, pero como conocíamos a todos estos manes, yo veía que se iban y venían. Entonces, yo dije: ya sé que están…

p. 151
46De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 4001 cita
[50]

me aportó; el ALCALDE DE VENADILLO solo me dio UN MILLON DE PESOS, ese arreglo lo hizo con el comandante DANIEL, en el 2003 y a raíz de ese problema le tocó legislar desde Ibagué” (Versión libre conjunta Carlos Andrés Pérez, Jhoan Torres Loaiza, José Bedoya Rayo, Eduardo Carvajal Rodas, Oscar Oviedo Rodrí- guez,…

p. 400
47Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 1411 cita
[51]

los intereses que lo alentaron (empresarios, ganaderos, narcotrafi- cantes, palmeros, militares, jefes paramilitares, etc.) e implementar mecanis- mos de control y despliegue militar con el objetivo no solo de apropiarse de los territorios, sino de ordenarlos de acuerdo a sus voluntades. Esto no implica, sin embargo,…

p. 141
48Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 731 cita
[53]

Tierras y territorios en las versiones de los paramilitares (CNMH, 2012c), Romero (1995 y 2003), Dun- can (2006) y Ronderos (2104) resaltan cómo la denominada Casa Castaño fue central en la transición entre la primera generación y la segunda generación paramilitar, mediante la conformación de las ACCU, a mediados de…

p. 73
49La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1091 cita
[54]

colonos. Los actores y beneficiarios del despojo son múltiples y heterogé- neos, y así sus motivaciones. Los actores armados, en primer lugar los paramilitares, seguidos por la guerrilla; y detrás los «actores históricos»: hacendados y grandes ganaderos; o los más modernos, como los narcotraficantes 87 o los…

p. 109
50Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2661 cita
[55]

financiamos de las grandes cadenas de producción de la economía como el banano, el plátano, la ganadería. Pero en la región se adquirieron muchas tierras que se dice compraron las autodefensas. La realidad es que se quedaron con ellas los que iban atrás de nosotros ‘palmoteándonos’” (Urabá Hoy N o 34, abril 2006;…

p. 266
51Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 1541 cita
[56]

project... An increasing number of political crimes will continue with impunity until home-grown fascism strikes its final blow. (Child as quoted in Pearce, 1990a: 266–7) THE ROLE AND RELATION OF THE COCA INDUSTRY TO THE PARAMILITARY (AND GUERRILLAS) The appellation of “narco-fascist paramilitary” is significant;…

p. 154
52Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 1481 cita
[57]

capital social y político (Bejarano, Jesús y otros, 1997). En estas regiones fue claro que uno de los resultados de la ofensiva nacio- nal de las AUC, en medio de los diálogos del Caguán y luego de la Seguridad Democrática, fue la de crear condiciones para la colo- nización empresarial y la consolidación de la…

p. 148
53The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1801 cita
[58]

from kidnappings, but to also dispossess peasants from their land, which has been increasingly concen- trated to the advantage of agroindustrial businesses and mining companies (Reyes Posada 2009). Paramilitary death squads have played a fundamental role in the repression of workers’ organizations and the selective…

p. 180
54La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2591 cita
[59]

armado, baja densidad institucional, entre otros. Asimismo, la presente investigación com- probó que estos contextos que propician el despojo no han cambiado en forma sustancial, de ahí que uno de los retos no sea solo aprobar la ley de víctimas y de restitución de tierras, sino también limitar y deses- tructurar…

p. 259
55La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3881 cita
[60]

dos sectores: por un lado, las em- presas de palma de aceite o palma africana. Por otro, los grandes cultivos industriales de banano. Respecto a la dinámica de la palma, esta estructura paramilitar encontró tres focos importantes de colaboración forzada y volun- taria: i) en el norte del Cesar, en especial en el…

p. 388
56Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 141 cita
[61]

palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…

p. 14
57Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 2081 cita
[62]

de conflicto armado estaría asociada a una mayor tasa de crecimiento anual del pib departamental en promedio de 4,4 puntos porcentuales. Dado que la tasa de crecimiento anual de Colombia entre 2000 y 2009 ha estado alrededor de 3,8 %, el conflicto armado le ha cos - tado a Colombia más del 100 % de su tasa de…

p. 208
58Colombia: Essays on Conflict, Peace, and DevelopmentAndres Solimano (Editor) · 2000 · p. 1231 cita
[63]

of the peace accords to begin to seek interna- tional support. THE COSTS OF WAR AND PEACE: BACKGROUND AND PERSPECTIVES In discussions of armed conflict in Colombia, little effort has been made to quantify the economic repercussions of either the armed confronta- tion or the peace process. Calculating and evaluating…

p. 123
59Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 2211 cita
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grandes de población gra- nadina, ante lo peligroso que resultaba decir que se era de Grana- da decidieron ocultar ese origen que hasta ahora había sido parte del Ser: “no diga que es de Granada” fue, en muchos casos, la primera recomendación de los paisanos ya aventajados en la vida urbana, como una estrategia de…

p. 221
60Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de BolívarCentro Nacional de Memoria Histórica, Carmen Andrea Becerra Becerra · 2018 · p. 3961 cita
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conflicto quedamos totalmente en la miseria y para acabar de rematar nos azota el fenómeno del niño y toda la sequía que trae”. A los efectos del conflicto anteriormente mencionados se suman los impactos climáticos generados por fenómenos naturales. Por ello ha sido tan difícil sobreponernos a las consecuencias de la…

p. 396
61Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 301 cita
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cultivos. Mientras las comunidades siguen esperando el día en que empiece la reforma rural integral acordada en la paz. esclarecer la verdad 31 El modelo económico En la tarea de comprender el conflicto armado y en la búsqueda de caminos de no repe- tición, la Comisión constató una y otra vez, en testimonios y…

p. 30
62Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1101 cita
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la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado), known as Plan Colombia, 34 was put in place by the administration under Colombian President Pastrana and US President Clinton. This was a six-year strategy (1999–2005) for eliminating drug-trafficking and organized crime, strengthening institutions, and…

p. 110
63War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 661 cita
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official rhetoric of Plan Colombia to expose the reality behind it. In the words of one report, "It is clear that Plan Colombia's intent is to combat the principal threat to the nation's political and economic elite: the FARC." 16 This conclusion is further supported by the Plan's actual implementation. The Colombian…

p. 66
64Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 1581 cita
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the military and police forces in the country. According to a story in El Mercurio (February 2007), the government announced plans to invest over 3.7 million dollars in additional airplanes, helicopters, and weapons as well as an addi- tional 38,000 troops, 20,000 of which will be police. Aid to the Colombian…

p. 158
65"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 571 cita
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Bush firmó una directiva que de forma explícita amplió la misión de Estados Unidos en Colombia más allá de las operacio- nes antidrogas, para incluir operaciones dirigidas a las organizaciones terroristas, expandiendo así el uso de los recursos (capacitación, equipo, helicópteros) para fines contrainsurgentes. La…

p. 57
66Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1471 cita
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de los programas planteados en el marco de la política de paz, el Plan Colombia fue el más importante y abarcó el mayor esfuerzo del gobierno: El Plan Colombia se desarrollará, principalmente en zonas críticas del conflicto. Aquellas regiones del país que han tenido presencia continua, durante varios años, de actores…

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67El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 271 cita
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son aspectos destacados en tanto este Bloque interactuó con estas organizaciones, sus aliados y otros supuestos simpatizantes mediante la confrontación bélica y estrategias de vio- lencia selectiva y de extermino social. El auge del narcotráfico y los grupos irregulares que controlaron esta economía son temas de…

p. 27
68Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 1861 cita
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armado que los aqueja” (CitPax., 2012, páginas 35-36). Renacer es el GAI-PD que más dependencia tiene de este sec - tor: “A finales de 2010 y comienzo de 2011 (…) estaban intimi - dando y amenazando a los pobladores de Basurú y Suruco para que permitieran la explotación minera en sus territorios, la cual sería…

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69La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 471 cita
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el bateo, fundamentalmente en el río San Juan, que es el más cercano a los municipios mineros más importantes de la región: Istmina, Nó- vita, Condoto, Tadó y Medio San Juan. El vertimiento de mercurio transforma el agua en una serie de compuestos tóxicos que contaminan los peces, que al ser consumidos por los humanos…

p. 47
70Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 361 cita
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del sur de Bolívar, la subregión de Las Lobas se caracte- riza por estar circundada por los cuerpos de agua formados de la confluencia del río Magdalena y el río Cauca, en los que se practica la pesca artesanal. Las Lobas está compuesta por los municipios de San Martín de Loba, Altos del Rosario, El Peñón (Bolívar),…

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71Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1131 cita
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El Hatillo. Entre 2006 y 2010, empresas del Grupo Argos adqui- rieron el 96 por ciento de las mismas (Tabla 12). Por esas transac- ciones, presuntamente ilegales e ilegítimas, la Gobernación del Cesar (2016) interpuso una Acción Popular contra el Grupo Em- presarial Argos S.A., C.I. y Juan Manuel Ruiseco Viera, entre…

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72Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 701 cita
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(CNMH, 2014, página 303). Toda la etapa de conflicto territorial entre parami- litares y guerrillas se caracterizó por una profunda afectación contra las organizaciones campesinas, cuyos líderes fueron estig- matizados, amenazados y muchos asesinados, hasta obligarlos a huir fuera de la región. 4.4. Actores armados en…

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73La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1031 cita
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de derechos humanos y funcionaria de la Unidad de Restitución de Tierras (URT) en un pueblo minero del departamento del Cesar, que documentaba las situaciones de despojo y buscaba medidas cautelares colectivas para estos territorios, fue amenazada por el llamado “ejército antirrestitución”, presente en algunas…

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