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Idea transversal

Clientelismo armado

El clientelismo armado es el fenómeno mediante el cual actores armados irregulares —guerrillas y paramilitares— se insertaron en las redes tradicionales de intercambio político local colombiano, replicando la lógica de favores por lealtad pero añadiendo la coerción como recurso rutinario y capturando funciones de regulación y control propias del Estado. Formulado académicamente por Andrés Peñate en 1998, el concepto describe un proceso que dominó amplias regiones del país entre 1988 y 2006 y cuya expresión más visible fue el escándalo de la parapolítica.

3.630 palabras54 documentos66 fragmentos citados
Clientelismo armado

Trayectoria de una idea

  1. 1958

    Frente Nacional: matriz estructural del clientelismo moderno

  2. 1988

    Pliegue hacia el clientelismo armado

  3. 1991

    La descentralización como soporte de la expansión armada

  4. 1998

    Formulación académica del concepto por Andrés Peñate

  5. 2000

    Pacto de Chivolo: clientelismo armado paramilitar en el Caribe

  6. 2001

    Pacto de Santa Fe de Ralito: cúspide del clientelismo armado paramilitar

  7. 2006

    Parapolítica: el clientelismo armado se vuelve escándalo nacional

03

La lectura

El clientelismo armado no surgió en el vacío sino como mutación de una cultura política preexistente: el clientelismo moderno que el Frente Nacional había llevado a su máxima expresión al suprimir la competencia ideológica y convertir el presupuesto público en instrumento de manipulación electoral. Cuando actores armados irregulares comenzaron a expandirse territorialmente a partir de finales de los años ochenta, encontraron redes clientelares ya instaladas en regiones donde el Estado era débil y el acceso a recursos económicos y servicios estaba mediado por intercambios políticos, no por mercados modernos. El concepto, acuñado por Andrés Peñate en 1998 para el caso del ELN en Arauca, captura un triple proceso simultáneo: homogeneización político-ideológica de los territorios bajo control armado, segmentación en el uso de funciones reguladoras y mediadoras propias del Estado, y copamiento territorial sostenido por la fuerza. La descentralización de 1991, pensada como corrección democrática, ofreció involuntariamente a los grupos armados un objetivo tangible y estable —alcaldías con presupuesto, hospitales con nómina, empresas con contratos—, convirtiendo una modalidad regional en gramática nacional del poder territorial. Su legado más duradero fue la parapolítica: el momento en que décadas de arreglos entre comandantes armados y políticos institucionales se volvieron visibles ante los tribunales y la opinión pública, revelando la profundidad con que el clientelismo armado había reconfigurado la representación política colombiana.

El clientelismo armado

En Colombia, la expresión clientelismo armado nombra un fenómeno preciso: la mutación mediante la cual actores armados irregulares —guerrillas, paramilitares o sus herederos— se insertaron en las redes tradicionales de intercambio político local, replicando su lógica de favores por lealtad pero añadiendo la coerción como recurso rutinario, y capturando funciones de regulación, mediación y control que en teoría corresponden al Estado. Formulado académicamente por Andrés Peñate en 1998 para explicar el comportamiento del Ejército de Liberación Nacional en Arauca, el concepto se extendió después para describir el vasto proceso por el cual, entre finales de los años ochenta y mediados de la primera década del siglo XXI, la política colombiana en amplias regiones dejó de operar solo con votos y presupuestos y empezó a operar también con fusiles. Su expresión más visible fue la parapolítica que estalló como escándalo nacional entre 2006 y 2010, pero su genealogía se remonta al pacto bipartidista del Frente Nacional y a la forma particular en que ese acuerdo modeló la vida pública colombiana durante casi dos décadas.

Qué nombra el concepto

Un sistema clientelar, en su definición académica más asentada, es aquel mediante el cual las clases dominantes distribuyen bienes y servicios escasos —empleo público, becas, cupos hospitalarios, contratos, subsidios— entre grupos sociales que a cambio las apoyan electoralmente y las perpetúan en el poder. Los partidos, en ese esquema, funcionan como intermediarios; el fenómeno se alimenta del atraso económico, del desempleo y del desarrollo regional desigual. La versión colombiana tuvo, además, una particularidad: la periodización distingue al menos tres momentos consecutivos —el clientelismo moderno entre 1970 y 1988, el clientelismo armado entre 1988 y 2006, y la parapolítica entre 2006 y 2010— y sostiene que cada uno no anula al anterior sino que se superpone a él, adaptándose a los nuevos retos del sistema político.

El clientelismo armado propiamente dicho tiene varios rasgos que lo distinguen del moderno. Primero, el actor coercitivo cambia: no es ya el gamonal rural con su capacidad de presión personal ni el barón electoral con su acceso al presupuesto, sino un grupo armado con capacidad de fuego que se expande territorialmente y desarrolla, al hacerlo, procesos simultáneos de homogeneización político-ideológica, control de funciones estatales y copamiento territorial. Segundo, el intercambio se transforma: los favores y servicios que se prestan y contraprestan involucran ahora protección, eliminación de rivales, imposición de candidatos y regulación de la vida cotidiana en el territorio bajo control armado. Tercero, la red clientelar se inserta profundamente en la acción social, político-administrativa y cultural de la región, hasta asumir funciones de mediación que ningún funcionario público disputa. El resultado no es la ausencia del Estado sino su suplantación parcial por una institucionalidad paralela que, sin embargo, se nutre de los recursos del Estado mismo.

La distinción entre estos tres momentos no es meramente cronológica. Cada fase supone un cambio en los recursos movilizados, en la naturaleza del intermediario político y en la calidad del vínculo entre representante y representado. El clientelismo moderno canaliza recursos públicos hacia bases electorales urbanas y rurales mediante maquinarias partidistas; el clientelismo armado añade a esos recursos la coerción sistemática y desplaza al intermediario partidista tradicional en favor de figuras híbridas —políticos avalados o directamente designados por comandantes— que operan con doble lealtad. La parapolítica, finalmente, no es solo una etapa sino también un régimen de visibilidad: el momento en que el arreglo entre política armada y política institucional deja de ser objeto de rumor regional y se convierte en materia judicial, mediática y de debate público nacional.

La matriz frentenacionalista

El clientelismo armado tuvo una condición de posibilidad de largo aliento: el Frente Nacional, acuerdo consociacional aprobado por plebiscito en diciembre de 1957 y reforzado luego mediante enmienda constitucional. Entre 1958 y 1974, el pacto alternó la presidencia entre liberales y conservadores cada cuatro años y repartió con criterio de paridad las curules legislativas, los cargos ministeriales y la administración pública. Puso fin a la violencia partidista en las cumbres del poder, pero pagó por ello un precio alto: anuló la competencia programática, convirtió a los partidos en federaciones de caudillos locales y estimuló el clientelismo a niveles alarmantes.

En ese régimen, la distribución de candidaturas y cargos entre familiares, subalternos políticos y cuadros de menor cuantía se acentuó al punto de garantizar la mala calidad de la administración pública y de aumentar la corrupción y la venalidad. Los partidos, sin diferencias ideológicas que ofrecer, se sostuvieron en el control de sus electores y en el uso del presupuesto como instrumento de manipulación electoral. La fortaleza política dejó de residir en el programa y pasó a residir en la maquinaria: en la capacidad de un jefe local para movilizar votos a cambio de puestos, becas, contratos y servicios. Ese modelo, bautizado en la academia colombiana como clientelismo moderno, es distinto del gamonalismo rural tradicional —donde el arrendatario votaba por el terrateniente por sumisión y obligación— y surgió asociado al desarrollo capitalista y al crecimiento del electorado urbano.

El costo del pacto fue mayor. Al negar y entorpecer los derechos de nuevos grupos y movimientos políticos —ningún partido distinto del liberal y el conservador era legal durante el Frente Nacional— el acuerdo cerró el espectro y forzó al inconformismo a expresarse por fuera de los mecanismos institucionales. El descontento se manifestó en los apoyos crecientes a figuras alternativas: el juicio político a Gustavo Rojas Pinilla fue percibido por sectores populares como un intento de desacreditarlo, y la abstención electoral creció de manera sostenida. La ofensiva militar contra grupos armados no cesó durante el período, señal de que el pacto no logró proyectar hegemonía sobre quienes rechazaban el orden institucional. Y algo más grave para el futuro: el clientelismo del Frente Nacional derivó en un relajamiento sistemático de los estándares morales y legales de la vida política. El triunfo de las llamadas sociotécnicas turbayistas y los barones departamentales se fundó en una crítica agresiva de toda noción de moral pública y en una escalada de la corrupción.

Cuando el pacto formal terminó en 1974, sus efectos estructurales permanecieron. El clientelismo moderno se consolidó como la forma normal de hacer política en amplias zonas del país. Sus redes operaban mediante intermediarios que mantenían contacto permanente con las bases a lo largo del año —rifas, bingos, reuniones vecinales— y realizaban pagos escalonados a líderes locales antes de las elecciones, condicionados a la confirmación periódica del número de votos comprometidos. Los recursos públicos se canalizaban hacia un asistencialismo dirigido a sectores pobres, atado indisolublemente al voto. Todo esto ocurría en un país que se urbanizaba de manera acelerada y desordenada, y donde emergían simultáneamente nuevos mercados ilegales, empezando por la cocaína.

El pliegue de 1988 y la aparición del actor armado

La transición del clientelismo moderno al clientelismo armado se produjo alrededor de 1988. Dos factores convergentes explican el pliegue. Por un lado, en las regiones más golpeadas por el clientelismo tradicional el acceso a los recursos económicos y a los servicios públicos ya estaba mediado por intercambios políticos, no por un mercado capitalista moderno; la violencia electoral —contra seguidores de uno u otro bando— era además una realidad instalada mucho antes de que llegaran los grupos armados organizados. Por otro, comenzaba a manifestarse en el territorio nacional una novedad: la capacidad de grupos armados para instalarse en regiones estratégicas y disputarle al Estado funciones que hasta entonces ejercía —mal— a través de las redes clientelares.

El caso pionero, y el que dio origen al concepto, fue el del ELN en Arauca. Entre 1986 y comienzos del siglo XXI, el descubrimiento y explotación de yacimientos petroleros en el oriente llanero transformaron la economía regional y las estrategias de la guerrilla. El ELN desarrolló allí una economía predatoria basada en la extorsión a las compañías petroleras, la voladura sistemática del oleoducto Caño Limón-Coveñas y el secuestro del personal de las empresas. Pero no se trató de mera depredación: los recursos así extraídos alimentaron una red de mediación con la población local que combinaba financiación de obras comunitarias, negociación con contratistas para el empleo de personal de la región y regulación de la vida social. La flexibilidad y capilaridad de esa red convertían al grupo armado en un intermediario político-económico con rasgos clientelares reconocibles.

La generalización del fenómeno obedeció a una transformación institucional de mayor alcance. La Constitución de 1991, celebrada como pilar de la democratización y de la modernización del Estado, incluyó una descentralización política y fiscal que multiplicó las rentas públicas locales —transferencias, regalías, contratación municipal— sin fortalecer en la misma medida los controles institucionales sobre su manejo. La combinación resultó explosiva. La descentralización se convirtió en soporte de la expansión de grupos insurgentes y contrainsurgentes que combinaron corrupción y coerción en administraciones locales. Lo que había sido una modalidad regional del ELN en Arauca se volvió, después de 1991, una gramática nacional del poder territorial.

La reforma constitucional se pensó como corrección democrática de los vicios del régimen anterior: acercar el poder al ciudadano, romper la concentración presidencialista, dotar a los municipios de autonomía política y fiscal. En regiones donde la infraestructura estatal era débil, la contratación se controlaba con métodos informales y la fuerza pública tenía presencia intermitente, el mismo mecanismo pensado para democratizar terminó ofreciendo a los actores armados un objetivo tangible y estable: alcaldías con presupuesto, hospitales con nómina, empresas de servicios públicos con contratos. La descentralización, sin controles equivalentes, funcionó menos como distribución del poder que como redistribución del botín disponible.

Los pactos paramilitares del Caribe

Si el ELN inauguró la modalidad, las Autodefensas Unidas de Colombia y sus antecesoras la llevaron a su máxima escala. El paramilitarismo colombiano tuvo un origen institucional: entre 1965 y 1989 fue legal, surgió en parte del patrocinio estatal como pieza de la política global de Seguridad Nacional, y en casos documentados el Estado delegó en coaliciones regionales el monopolio de la violencia, permitiéndoles armarse con apoyo del Ejército. El grupo de Puerto Boyacá fue promovido en coordinación con el Batallón Bárbula e integrado por civiles —ganaderos y finqueros— y militares; Gonzalo y Henry Pérez figuran entre sus convocantes junto con altos mandos del Ejército. La delegación de la coerción no fue solo una iniciativa oportunista de intermediarios políticos locales sino una política de seguridad habilitada desde el centro, que los actores regionales instrumentalizaron con lógica propia.

Esa capacidad coercitiva, cruzada con la descentralización de 1991 y con las redes clientelares preexistentes, produjo el clientelismo armado en su forma más plena. En el Caribe colombiano, el proyecto político de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, comandante del Bloque Norte de las AUC, ilustra el mecanismo. El 28 de septiembre de 2000, en el corregimiento de La Estrella, municipio de Chivolo, Magdalena, se suscribió el Pacto de Chivolo. La convocatoria estuvo a cargo de Neyla Soto Ruíz, alias Sonia o La Sombrerona, encargada de relaciones públicas del bloque. El pacto dio origen a un movimiento político —Provincia Unida por una Mejor Opción de Vida— que operaría como plataforma electoral bajo tutela armada. Dos años después, el Pacto del Magdalena de 2002 vinculó a candidatos como Dieb Maloof, Jorge Tuto Castro, José Gamarra y Gustavo Orozco a los acuerdos electorales del bloque.

El pacto más notorio, y el que terminaría dando nombre al escándalo nacional, se firmó el 23 de julio de 2001 en Santa Fe de Ralito, corregimiento del municipio de Tierralta, en Córdoba. En una reunión que congregó a los jefes paramilitares de las AUC con más de cincuenta políticos y figuras públicas —gobernadores, congresistas, concejales, alcaldes y ganaderos de Sucre, Córdoba, Cesar y Magdalena— se firmó el compromiso de refundar el país. Entre los jefes paramilitares presentes estuvo el propio Jorge 40. La escena, cuya trascendencia solo se comprendería años más tarde, marcó el punto álgido de una estrategia deliberada: transformar el control territorial armado en representación política institucional, y las alcaldías, gobernaciones y curules del Congreso en canales estables de acceso a las rentas públicas.

Cómo se conseguían los votos era asunto de método probado. Los paramilitares presionaban a la población civil para votar por los candidatos acordados. Los mecanismos combinaban reuniones donde se imponía el voto, presencia armada en las mesas y cubículos de votación, amenazas contra electores reticentes y asesinatos selectivos de candidatos opositores. En el municipio de Morales, en el sur de Bolívar, una víctima describió cómo durante elecciones atípicas los paramilitares se ubicaron armados dentro de los cubículos e intimidaban directamente a los votantes con pistolas para forzar el sufragio por el candidato de su preferencia, sin que la Registraduría pudiera o quisiera actuar. En enero de 2003, en un año de elecciones regionales, los paramilitares asesinaron en Becerril, Cesar, al registrador Héctor Gamarra Fontalvo y a la jueza Marilys Hinojosa; con este último crimen presionaron al sobrino de la magistrada, Juan Francisco Rojas, para que renunciara a su aspiración a la alcaldía. Los volantes que los paramilitares circulaban en Urabá desde 1995 habían establecido con claridad la política desde el principio: eliminación de miembros de partidos de izquierda, juntas de acción comunal y de cualquier persona con ideologías distintas a las del gobierno.

La coerción no era, sin embargo, monopolio de las AUC. En el sur de Bolívar, grupos guerrilleros secuestraron a más de treinta aspirantes a cargos de elección popular y los obligaron a renunciar a sus candidaturas, buscando explícitamente impedir la celebración de las elecciones populares de alcalde y concejales. En Istmina, Chocó, se registró el caso de un exalcalde intimidado por las FARC antes de las elecciones. La lógica coercitiva del clientelismo armado, aunque en escala y sistematicidad muy superior en el caso paramilitar, se manifestó en múltiples geografías y con múltiples actores.

La captura de las rentas locales

Ganar las alcaldías y las gobernaciones no era un fin en sí mismo. Era el medio para acceder a los recursos públicos que la descentralización había puesto en manos de las administraciones territoriales. En 2003, la red clientelar del bloque de Jorge 40 se benefició sistemáticamente de la contratación estatal en la prestación del servicio de salud y el manejo de basuras en el Gran Magdalena, entre otros sectores. Una sentencia de la Corte Suprema de Justicia de enero de 2012, en el proceso contra Jesús María Imbeth y otros, estableció que el control del poder público emanado de las alcaldías y gobernaciones por parte del grupo armado ilegal fue total en los departamentos de Córdoba y Sucre, y describió la relación entre políticos y paramilitares como un contubernio consciente y voluntario para cooptar el aparato estatal.

En los Llanos Orientales, el Bloque Centauros operaba con un método análogo: ejerció injerencia decisiva en elecciones y control sobre presupuestos departamentales en el Meta, inyectando dinero en campañas y condicionando las decisiones de alcaldes y concejales. Los recursos así capturados alimentaban un doble circuito: financiaban a la propia estructura armada y consolidaban las redes clientelares que le daban base social y política.

Un instrumento privilegiado de ese circuito, sobre todo en el Caribe, fueron las Cooperativas de Trabajo Asociado. Formalmente eran figuras del régimen laboral solidario, pero en la práctica funcionaron como intermediarias en la contratación pública, en particular de servicios de salud, con dos consecuencias precisas. La primera, financiera: a través de ellas se cometía fraude con los recursos del sistema de salud y se estructuraron los llamados carteles de la contratación, que capturaban las asignaciones municipales y departamentales. La segunda, laboral: los profesionales del sector quedaban vinculados por contratos que los mantenían en situación de dependencia y bajos ingresos, en zonas donde la amenaza armada regulaba de hecho las relaciones de trabajo. El resultado fue una articulación entre el viejo uso electoral del acceso a la salud, la privatización de esos servicios y la coerción paramilitar; el clientelismo tradicional mutó así hacia una escala industrial de captura de rentas sociales.

El vocabulario más ambicioso para describir este proceso proviene de los trabajos publicados en 2008 bajo la etiqueta de reconfiguración cooptada del Estado, que engloba formas avanzadas de captura institucional, incluida la captura instrumental de partidos políticos y la influencia de grupos armados ilegales y narcotraficantes sobre las instituciones estatales. Aunque su utilidad analítica ha sido discutida, el concepto tiene el mérito de captar la escala del fenómeno: no se trataba de casos aislados de corrupción sino de una reorganización sustantiva de la relación entre el Estado, los partidos y los actores armados en amplias regiones del país.

El destape

El escándalo estalló entre 2006 y 2010. Su detonante material fue un objeto: el computador incautado por la Fiscalía General de la Nación a alias Don Antonio, hombre cercano a Jorge 40, que contenía detalles precisos de los contactos entre el jefe paramilitar y una lista de políticos. La revista Semana dio a conocer parcialmente el contenido del computador en septiembre del año de la incautación. A partir de ahí se abrió una dinámica judicial y periodística sin antecedentes en la historia colombiana. Las confesiones de los desmovilizados de las AUC en el marco de la Ley 975 de 2005 —la Ley de Justicia y Paz— y la acción decidida de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia produjeron una cascada de investigaciones, imputaciones y condenas.

Los efectos judiciales fueron serios. Varios políticos fueron condenados a penas efectivas de prisión y sufrieron además la llamada muerte política, es decir, la imposibilidad de volver a ejercer cargos públicos de por vida. Departamentos como Tolima, Caldas, Norte de Santander y Boyacá se sumaron a los del Caribe entre los afectados, demostrando que el fenómeno no era exclusivamente costeño ni paisa. Hasta diciembre de 2012, la Unidad Nacional de Fiscalías había compulsado 12.869 copias a la justicia ordinaria por posibles vínculos con paramilitares, cifra que da la medida de cómo la parapolítica desbordó las capacidades del sistema judicial.

Los límites del proceso fueron igualmente evidentes. Varios firmantes del Pacto de Ralito fueron absueltos porque no se encontró prueba distinta a la firma del documento, dejando sin asumir la responsabilidad política. Para las elecciones de 2006, varias listas de partidos para el Congreso fueron purgadas, pero los políticos involucrados aparecieron en otras listas y resultaron elegidos. Hasta mayo de 2013, ninguno de los congresistas condenados por parapolítica había pagado las multas judiciales impuestas. Los paramilitares, en sus versiones libres, ofrecieron poca verdad y construyeron una representación de sí mismos que sus jefes consideraron traicionada por el gobierno cuando este los extraditó a Estados Unidos por narcotráfico, incumpliendo, a juicio de ellos, los acuerdos de desmovilización.

Con todo, reducir el proceso a un ejercicio de impunidad ignora su magnitud. Ningún otro país de América Latina había sentado en el banquillo a decenas de congresistas de la coalición gobernante ni había producido condenas de esa magnitud sobre la clase política vinculada a estructuras armadas. La parapolítica, como período nombrable de la historia colombiana, es también el nombre de una respuesta institucional cuya envergadura no debe subestimarse aun al señalar sus insuficiencias. Que el proceso conviviera con extradiciones que interrumpieron confesiones, con absoluciones apoyadas en criterios probatorios estrictos y con la reincidencia electoral de figuras cuestionadas no cancela el hecho central: por primera vez, la conexión entre representación política y aparato armado dejó rastro judicial masivo.

Herencias y saldos

La desmovilización de las AUC entre 2003 y 2006 redujo el poder armado de las organizaciones irregulares sobre la sociedad, y con él su capacidad de imponer compromisos sistemáticos a la clase política mediante coacción directa. Pero las estructuras no desaparecieron: surgieron las llamadas bandas criminales o bacrim, herederas de aparatos y territorios paramilitares, que continuaron cometiendo abusos de derechos humanos y exportando cocaína. El narcotráfico y las economías ilegales siguieron su curso, aunque las organizaciones irregulares perdieron capacidad de ejercer funciones cuasi-estatales sobre la sociedad de la manera masiva en que lo habían hecho durante el auge paramilitar. Las relaciones entre política y criminalidad mostraron una resistencia estructural que la sola desmovilización no podía disolver.

En la periodización, la parapolítica —entre 2006 y 2010— cierra el ciclo abierto en 1988 y aparece como consecuencia directa del clientelismo armado que la precedió. El fenómeno no fue una degeneración exógena de la política colombiana ni el producto de un asalto sorpresivo de fuerzas irregulares sobre un Estado sano. Fue la mutación coherente de un sistema de intermediación política que llevaba décadas funcionando sin competencia programática, sin Estado de derecho robusto en amplias regiones, y con una normalización creciente de la corrupción y la violencia electoral desde los años del Frente Nacional. Cuando la descentralización de 1991 amplió las rentas locales sin fortalecer los controles, y cuando actores armados con capacidad coercitiva —cuyas estructuras el propio Estado había habilitado durante décadas como parte de su política de seguridad— irrumpieron en el circuito, la delegación privada de la violencia a cambio de acceso a contratos, burocracia y votos operó como extensión lógica del intercambio clientelar preexistente.

Dos lecturas fáciles quedan así descartadas. Una presenta el clientelismo armado como fenómeno importado o accidental, desgracia sobrevenida sobre una república en principio saludable. Otra lo reduce a una simple captura del Estado por fuerzas oscuras, sin agencia política ni continuidad histórica. Ambas exoneran al sistema político tradicional colombiano de responsabilidad y desconocen la evidencia acumulada: antecedentes, actores identificables, geografías precisas, mecanismos documentables y consecuencias judiciales concretas. La parapolítica no fue el momento en que el Estado colombiano fue capturado por fuerzas extrañas; fue el momento en que se hizo visible hasta qué punto amplias porciones del Estado colombiano ya operaban, mucho antes, a través de redes que combinaban lealtades personales, distribución selectiva de recursos públicos y coerción de baja intensidad. Por eso es entrada obligada para comprender no solo el conflicto armado colombiano sino la manera particular en que en este país se han hecho —y se siguen haciendo, con formatos nuevos— la política y el Estado.

04

En el archivo

53 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01La Violencia1946–19576
  1. 1949Los pájaros y el terror conservador en el Valle del Cauca (1949–1957)Hecho
  2. 1950León María LozanoFicha
  3. 1950PájarosFicha
  4. 1951Pacto de Sogamoso (1951)Hecho
  5. 1953Dumar Aljure NassifFicha
  6. 1958BandolerismoFicha
02Frente Nacional1958–19742
  1. 1962Misión Yarborough y el anexo secreto sobre operaciones paramilitares (1962)Hecho
  2. 1965Decreto 3398 de 1965 y Ley 48 de 1968: andamiaje jurídico de la autodefensa armadaHecho
03Crisis y narcotráfico1974–199011
  1. 1976Bonanza marimbera y emergencia del narcotráfico (1976–1980)Hecho
  2. 1982Las FARC y la economía cocalera, 1982-2016Pregunta
  3. 1984Génesis del paramilitarismo en el Magdalena Medio (1984–1989)Hecho
  4. 1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho
  5. 1984Pablo Emilio Guarín VeraFicha
  6. 1986Descentralización y elección popular de alcaldes (1986–1988)Hecho
  7. 1986Gonzalo Rodríguez GachaFicha
  8. 1986Guerra sucia contra la UP y los defensores de derechos humanos (1986–1990)Hecho
  9. 1986Henry PérezFicha
  10. 1987Mercenarios extranjeros y consolidación paramilitar (1987–1989)Hecho
  11. 1988La elección popular de alcaldes y la descentralización (1986-1988)Pregunta
04Constitución de 19911991–20025
  1. 1994Gobierno Samper, Proceso 8.000 y las Convivir (1994–1998)Hecho
  2. 1995Limpieza social y orden moral paramilitar en ciudades colombianas (1995–2002)Hecho
  3. 1998Hernán Giraldo SernaFicha
  4. 1998Jesús María Valle JaramilloFicha
  5. 2005Captura del EstadoFicha
05Seguridad Democrática2002–201611
  1. 1997Salvatore Mancuso GómezFicha
  2. 2002El Bloque Centauros y la guerra intra-paramilitar en el Casanare (2002–2005)Hecho
  3. 2002El DAS bajo Jorge Noguera y la captura paramilitar del aparato de inteligencia (2002–2005)Hecho
  4. 2003Don Berna (Diego Fernando Murillo Bejarano)Ficha
  5. 2005Iván Roberto Duque GaviriaFicha
  6. 2006Álvaro García RomeroFicha
  7. 2006Álvaro Uribe VélezFicha
  8. 2006El escándalo de la parapolíticaHecho
  9. 2006La parapolíticaPregunta
  10. 2006ParapolíticaFicha
  11. 2007Mario Uribe EscobarFicha
06Transversal17
  1. 1776SincelejoFicha
  2. 1850CaudillismoFicha
  3. 1850Élites regionalesFicha
  4. 1900GamonalismoFicha
  5. 1952Chulavitas, pájaros y el origen del paramilitarismo colombianoPregunta
  6. 1965Privatización de la seguridadFicha
  7. 1970Comuna Nororiental de MedellínFicha
  8. 1975ClientelismoFicha
  9. 1983AraucaFicha
  10. 1985Economía de guerraFicha
  11. 1985La periferia urbana colombiana como geografía del despojoPregunta
  12. 1988SegoviaFicha
  13. 1990SicariatoFicha
  14. 1990Víctor CarranzaFicha
  15. 1994NarcoparamilitarismoFicha
  16. 1997Paramilitarismo en ColombiaFicha
  17. 2000Estado paraleloFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Andrés Peñate — acuñó el concepto en 1998 a partir del caso del ELN en Arauca
  2. 02Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40) — comandante del Bloque Norte de las AUC, figura central del clientelismo armado paramilitar en el Gran Magdalena
  3. 03Parapolítica — resultado directo y fase de visibilidad judicial del clientelismo armado (2006-2010)
  4. 04Frente Nacional — matriz histórica que intensificó el clientelismo moderno y sentó condiciones estructurales para su posterior mutación armada
  5. 05Descentralización (Constitución de 1991) — reforma que, al multiplicar rentas locales sin controles equivalentes, se convirtió en soporte de la expansión del clientelismo armado
  6. 06ELN en Arauca — caso pionero que originó el concepto, desarrollado en el contexto del auge petrolero del oriente llanero
  7. 07Santa Fe de Ralito — lugar donde se firmó el pacto que representó la cúspide del clientelismo armado paramilitar en Colombia
  8. 08Captura del Estado — proceso más amplio del que el clientelismo armado es una modalidad específica, combinando coerción y corrupción institucional
06

Documentos y fragmentos citados

54 documentos · 66 fragmentos

01Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 321 cita
[1]

bipartidista ue some- proba copular mediante plebiscito de 1 de die 1957, En adelante, v hasta elañ las curules en las corporaciones pabli- serian repartidas por mitades propa bete ministerial, las diferentes Instan- das de gobierno, la administración publica y lamina judicial. Este sis 3 v fue aplicado Be o la dos…

p. 32
02Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 422 citas
[2]

planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

p. 42
[3]

planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…

p. 42
03Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1191 cita
[4]

entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…

p. 119
04Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 781 cita
[5]

ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…

p. 78
05Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4971 cita
[6]

los partidos por su capacidad para administrar el clientelismo, fenómeno permanente de la política que tomó ribetes dramáticos en Colombia durante el periodo frentenacionalista. El gamonalismo y el clientelismo obnubilaron por completo la contienda programática y la lucha ideológica, los partidos fueron asimilándose y…

p. 497
06Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 362 citas
[7]

5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…

p. 36
[8]

5 Los colombianos tienen la capacidad de dejar atrás rápidamente la violencia civil, y eso fue lo que hicieron con la Violencia. Con cada día que desaparecía de la memoria, las deficiencias del acuerdo de poder compartido resultaban más evidentes. El sistema político colombiano adolecía de muchos defectos, y el Frente…

p. 36
07El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 852 citas
[9]

uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

p. 85
[10]

uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

p. 85
08La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3461 cita
[11]

(2004) en: GMH, op. cit. (2013, 112) 565 Paul Oquist, Violencia y conflicto y política en Colombia, 322, en GMH, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General, 115. 347 A N EX O por el Partido Comunista, y las autodefensas del Sumapaz se negaron a aceptar la amnistía, con lo cual se expusieron a…

p. 346
09El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 2491 cita
[12]

la siguiente manera: 256 a. El contenido de las transacciones pol í ticas en las sociedades divididas en clases, conduce a una instrumentalizaci ó n de quienes se hallan desprovistos del poder. b. El clientelismo es una forma de negociaci ó n, mediante la cual, las clases dominantes distribuyen los bienes y servicios…

p. 249
10Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3412 citas
[13]

hegemonía y por el reeleccionismo que hizo posible el control del gobierno hasta 1930, decidió abstenerse de la participación electoral, lo que mostraba de nuevo que en Colombia el adagio "el que escruta elige" es apartidista o, mejor, bipartidista. El desarrollo del electorado urbano y el relajamiento de las rela-…

p. 341
[14]

hegemonía y por el reeleccionismo que hizo posible el control del gobierno hasta 1930, decidió abstenerse de la participación electoral, lo que mostraba de nuevo que en Colombia el adagio "el que escruta elige" es apartidista o, mejor, bipartidista. El desarrollo del electorado urbano y el relajamiento de las rela-…

p. 341
11Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 281 cita
[15]

de corto alcance, como la que se dio en el primer n1andato de López Pumarejo. Durante el Frente Nacional, el Estado inhibió toda expre- sión del conflicto social y excluyó de la política a las clases subordina- das. Otra consecuencia de la guerra civil fue que bloqueó el camino al populismo en Colombia con la…

p. 28
12Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 45, 502 citas
[16]

la modernidad. Hoy se acepta la supervivencia del clientelismo en ámbitos modernos y se discute acerca de la dimensión real del fenómeno clientelista en las sociedades intermedias que han alcanzado una cierta modernización. Dos posiciones pueden ser dife- renciadas: de un lado aquellos que ven en el clientelismo un…

p. 45
[17]

del régimen político colombiano (1956-2008) unos a otros a través de redes de padrinazgo. Pero eso no sería tan grave si el clientelismo se quedara enfrascado en su casca- rón electoral. Pero no es así. En la relación clientelista, el ne- gocio privado se sobrepone a la representación política y a la relación pública…

p. 50
13No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 137, 5082 citas
[18]

cerveza, decía: “es que a nosotros en la escuela de guerra nos enseñan que el comunismo hay que atacarlo porque es una plaga”» 385. El Frente Nacional produjo una abulia política manifestada en la abstención. Los partidos se fueron homogeneizando a tal punto que coloquialmente se decía que la diferencia entre…

p. 137
[55]

decenas de políticos, empresarios, militares, especialmente de la región Caribe, relacionados con pagos, apoyos electorales y contratos. El contenido se conoció parcialmente a través de la Revista Semana en septiembre de ese año y se convirtió en un escándalo político nacional. Esta era la tercera vez que la justicia…

p. 508
14La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 85, 892 citas
[19]

embargo, las redes cliente- lares en Colombia no son homogéneas, pues en la práctica el clien- telismo se adapta a los diferentes retos que le implanta el sistema político. En ese orden de ideas, en este apartados se muestran las diferentes manifestaciones históricas en las que se ha representa- do el sistema político…

p. 85
[37]

una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…

p. 89
15Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1241 cita
[20]

busca ron obtener, por medio del terror, la ventaja táctica configurando una clase política municipal subalterna, práctica que remonta a la época de la Violen cia. Recientemente el tema se ha ilustrado con el "clientelismo armado" del ELN en Arauca (Peñate, 1998), al cual vale abrir un paréntesis porque trae a…

p. 124
16Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 141 cita
[21]

aliados o subordinados, convirtió a los narcotraficantes en actores centrales de la política y la guerra en la Colombia contemporánea. Las dinámicas de la guerra La expansión de los grupos armados no es contradictoria con la involución organizativa forzada por la rápida modernización tecnológica de las Fuerzas…

p. 14
17Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4241 cita
[22]

o de grupo "sólo pueden controlar a sus propios miembros y obtener su apoyo al domi- nar o invadir todos los aspectos de sus vidas, sus prácticas ritua- les, matrimoniales, económicas y de otra índole" 9. Aunque sutil, la expansión territorial de los nuevos actores en armas, en el caso colombiano, genera un triple…

p. 424
18Analytical Narrative on Subnational Democracies in Colombia: Clientelism, Government and Public Policy in the Pacific RegionAndrés Cendales, Angela Pinto, Jhon James Mora, Hugo Guerrero · 2019 · p. 261 cita
[23]

at high levels it consists in power, prestige, social and political connections, positions, contracts, opportunities (bureaucratic, economic); in the middle levels: positions, contracts, political support and material resources to make pol- itics (money, gifts and other perks). In clientelistic bases, the counter-gift…

p. 26
19Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 771 cita
[24]

los efec- tos políticos y económicos del narcotráfico en las comunidades bajo dominio de estructuras armadas irregulares, es el referente que precede a su conformación. Antes de la llegada de la gue- rrilla, las autodefensas o cualquier otro grupo violento, no existía una verdadera democracia ni mucho menos un…

p. 77
20Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2471 cita
[25]

dito Territorial y el Banco Central Hipotecario siguieron haciendo barrios obreros y linanciando vivienda de clase media y, sobre todo a partir de 1995, ■.i- entregaron subsidios de vivienda a m á s de un mill ó n de familias y continu ó el esfuerzo de convertir las ciudades llenas de tugurios de 1960 en ciudades con…

p. 247
21El dulce poder: Así funciona la política en ColombiaLa Silla Vacía · 2018 · p. 311 cita
[26]

unos puestos de perros calientes, algo hacen, y cuando no están en eso están inventando cosas para sostener los votos que me ponen. Esa es su tarea todo el año. Entonces, hacen rifas, bingos, reuniones, de todo, para mantener la relación con su gente. ”Vea porque eso es lo más importante en esto: conseguir votos. Al…

p. 31
22Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2252 citas
[27]

legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…

p. 225
[28]

legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…

p. 225
23Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 4831 cita
[29]

sinatos selectivos sobre víctimas con relevancia política en la población, ma- sacres, reclutamiento forzoso, etc. Captura del Estado Según Garay (2008), existen varias formas en las que los grupos, en este caso armados ilegales, pretenden capturar o reconfigurar las funciones estatales. Esta captura puede ser a…

p. 483
24Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 1041 cita
[30]

que Sinisterra tenía relación con el Bloque a través de Carlos Efrén Guevara, alias Fernando Polí- 38 Algunos analistas políticos como Francisco Gutiérrez (2010) discuten que el concepto de reestructuración cooptada del Estado sea útil para hablar de la relación entre grupos ilegales y narcotraficantes con el Estado,…

p. 104
25Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 614, 9692 citas
[31]

paramilitares para el desarrollo de campañas electorales y el ejercicio de cargos públicos y cargos de elección popular, logró penetrar en importantes sectores del Estado; fue muy impor- tante su incidencia en el ámbito local y regional, y también alcanzó niveles del poder central en la rama legislativa. Los grupos…

p. 969
[51]

infracciones al DIH contra quienes tenían opciones políticas contrarias a las que los paramilitares apoyaban o defendían. En el Urabá, por ejemplo: «Cuando en el año 95 llegan los primeros volantes de las autodefensas, en esos volantes decía: “Llegamos las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. Vamos a hacer…

p. 614
26Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2911 cita
[32]

fruto de un contu - bernio consciente y voluntario con la finalidad de conservar, consolidar o adquirir el poder político y en ese propósito se llegó a cooptar con las autodefensas el poder público que dimanaba de las diferentes alcaldías y gobernaciones cuyo control por parte del grupo ilegal armado fue total en los…

p. 291
27Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 891 cita
[33]

haber estado fugitivo de la justicia es una muestra de la poca garantía que ofrece frente al proceso” (Vanguardia Liberal, 2005, 6 de noviembre). 1.2.2. Cooptación de la política local Tanto las versiones del MNJCV como las contribuciones voluntarias de habitantes de los diferentes departamentos donde obró el BCe,…

p. 89
28Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 911 cita
[34]

communications.) Under the tutelage of Mancuso and Castaño, Jorge 40 became commander of the "Bloque Norte," or Northern Bloc, of the AUC. Mancuso was his military boss, Jorge Gnecco his political boss, and Castaño his ideological boss. Their plan was the same in every place they targeted: "clean" the area of…

p. 91
29Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1261 cita
[35]

y Fiscalía, 2010, 26 de julio, Resolución inhibitoria de la Fiscalía 22 de Antiterrorismo, citada en Fiscalía, 2015, 25 de agosto, página 3). 192. Según Garay, el carácter rentista del desplazamiento forzado se entiende como “la reproducción de prácticas impuestas de facto por grupos poderosos en usufructo de su…

p. 126
30Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 321 cita
[36]

de las AUC en el Congreso colombiano. Para 2001, “las AUC quizá alcanzaron a tener treinta mil hombres armados a su disposición en distintos bloques” (Acemoglu, Daron y Robinson, James, 2012, página 444). Estos mismos autores relatan un hecho relevante en los términos del fenómeno que posteriormente se conocería como…

p. 32
31Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 3941 cita
[38]

man—warned Castaño to Jorge 40—will end in the United States and from there he will sweep with eve - rything he has in his path in Colombia.” 70 Carlos Castaño was killed by his comrades in an operation ordered by his own brother Vicente in 2004. Jorge 40 and Giraldo were extradited in 2006. Conclusion Giraldo relied…

p. 394
32Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 461 cita
[39]

Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…

p. 46
33El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 602 citas
[40]

como no tenían armas, el Ejército se las prestaba y ellos entraban a hacer opera- ciones y eran puros ganaderos”. (CNMH, MNJCV, 2016, 22 de abril) Según declaraciones del mayor Echandía, al asumir la alcaldía “en coordinación con el comando del Batallón Bárbula”, adelantó conversaciones con ganaderos y campesinos de…

p. 60
[41]

como no tenían armas, el Ejército se las prestaba y ellos entraban a hacer opera- ciones y eran puros ganaderos”. (CNMH, MNJCV, 2016, 22 de abril) Según declaraciones del mayor Echandía, al asumir la alcaldía “en coordinación con el comando del Batallón Bárbula”, adelantó conversaciones con ganaderos y campesinos de…

p. 60
34La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2761 cita
[42]

hijos, Henry y Marcelo Pérez, convocaron, junto con altos mandos del Batallón Bárbula, a los ganaderos para que colaboraran en la estructuración de un grupo de autodefensas en Puerto Boyacá. Su objetivo inicial era eli- minar cualquier influencia guerrillera de la región, comenzando por los cabecillas de la guerrilla…

p. 276
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1171 cita
[43]

en este entramado de corrupción. Una pista para develar dicho entramado son los pactos electorales entre políticos regionales y jefes paramilitares en los municipios magdalenenses de Chivolo y Pivijay. En 2000 se suscribió el Pacto de Chivolo, que le dio vida el movimiento político de Jorge 40. El movimiento fue…

p. 117
36Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 160, 1642 citas
[44]

la lista que encabezaba para el Senado a Luis Humberto Builes, el candidato de los “paras” para esta corporación; 2) permitirles representación en el Senado por un tiempo proporcional al número de votos que le pusieran; 3) gestionar proyectos para la zonas que controlaban y 4) participación del candidato que los…

p. 164
[57]

y ejes explicativos sobre el paramilitarismo en los informes del CNMH y en la producción académica fue un fenómeno exclusivamente “costeño” o “paisa”. También figuran departamentos como Tolima, Caldas, Norte de Santander y Boyacá. 4. Si bien las acciones judiciales emprendidas por la Corte Su- prema de Justicia, en…

p. 160
37Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1441 cita
[45]

significativos de las AUC junto con más de 50 políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores cuyo último propósito no era otro que el refundar el Estado. El nombre viene del corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, y donde toman especial relevancia muchos nombres de la política…

p. 144
38La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3501 cita
[46]

Santa Bárbara de Pinto, Nueva Granada y Zapayán. Este antecedente demostró la estrategia del bloque para reordenar el territorio, concentrar la tenencia de tierras y lucrarse de rentas públicas. Con el fin de indagar sobre los nexos mencionados, se hace referencia a las alianzas que se hicieron en la región y que…

p. 350
39Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2271 cita
[47]

violencia. 675 Entrevista 762 - VI - 00002. Lideresa social, mujer afrodescendiente, víctima d e desplazamiento forzado. 676 Entrevista 109 - VI - 00017. Periodista, testigo de homicidio. 677 Entrevista 811 - VI - 00004. Defensor de Derechos Humanos, víctima de amenaza y atentado al derecho a la vida. 227 El 23 de…

p. 227
40A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 831 cita
[48]

del senador y jefe del Partido Conservador Julio Manzur, Rodrigo Burgos de la Espriella; el ex alcalde de Chinú, Córdoba, y suplente a la Cámara de Represen- tantes, Luis Álvarez; el líder conservador, José de los Santos Negrete; el ex diputado conservador, Álvaro Cabrales Hodge; el director de la Corporación Autónoma…

p. 83
41Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2171 cita
[49]

la comunidad, y por algunos candidatos que vivieron en aquella época las dificultades del ejerci- cio de la política. No, ya eso era la información que le daban al público. Ellos reunían al pueblo y le decían: hay que votar es por fulano. Y en las urnas ellos estaban. En Morales se vio eso en las elecciones atípicas…

p. 217
42La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 1171 cita
[50]

A dos semanas de las elecciones para Congreso de 2002 el turno fue para Jor- ge Arias, líder de La Jagua de Ibirico quien se negó a apoyar la candidatura al Senado de Mauricio Pimiento (Semana.com, 2007, 17 de febrero, “Los caídos”). Ese mismo año los parami- litares asesinaron a Óscar Daza, un político de La Jagua…

p. 117
43Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1161 cita
[52]

secuestraron a más de 30 aspirantes a cargos de elección popular y les exigieron renunciar: «Las intencio- nes de ellos eran de que no debía haber elecciones populares de alcalde ni concejales en la región del sur de Bolívar, esto a raíz de que no había garantías para ninguno» 336. 332 Centro Nacional de Memoria…

p. 116
44La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 1611 cita
[53]

lleno de matices y no se puede analizar en dualidades “blanco y negro” o “bueno y malo”. La presencia de actores armados que buscan el control del te- rritorio supone la generación de distintas prácticas que pueden presionar a dis- tintos actores para que los apoyen y respondan a sus intereses. Esto puede pasar con…

p. 161
45Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 721 cita
[54]

del Es- tado, en la rama judicial y en los organis- mos de control. También han influido en la elección de cargos públicos en el nivel regional. De esta manera, la corrupción lo- cal que les sirvió de base para su llegada al Congreso ha podido, en algunos casos, re- troalimentar el poder y el control local. Al mismo…

p. 72
46Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3411 cita
[56]

no dene ningún antecedente en América Ladna. En todo el condnente, con pocas excepciones, aunque enormemente significativas por el rango de las personas condenadas, como son los casos del expresidente Alberto Fujimori en el Perú y el expresidente Juan María Bondaberry en Uruguay, la clase política continental escapó a…

p. 341
47¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1801 cita
[58]

Abandonadas Forzosamente. De estas un total de 1761 han sido presentadas ante los jueces especializados en restitución. Adicionalmente, en la ruta étnica de restitución, se han ordenado medidas cautelares para amparar los 134. Camilo Sánchez y Rodrigo Uprimny, “Justicia transicional civil y restitución de tierras”,…

p. 180
48Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 681 cita
[59]

adicionalmente, los medios de comunicación van “tras el gran escándalo”, restándole importancia a la investigación regional y local. - Se registran procesos judiciales que si bien existieron y tuvieron efectos serios sobre los responsables, en especial aquellos que fueron juzgados en la Corte Suprema de Justi - cia,…

p. 68
49Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 2271 cita
[60]

de los años ochenta y fi nales de los noventa, obtuvo en 2006 uno de los peores resultados de su historia reciente; su candidato presidencial había quedado relegado en un tercer lugar detrás del candidato de la izquierda. Así, la arena jurídica se convirtió en la instancia central de certi fi cación de la moralidad…

p. 227
50Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 2111 cita
[61]

hacia los bolsillos de organizaciones armadas para cumplir compromisos en la financiación de las campañas electorales y la creación de clientelas en la burocracia estatal. Desplazados y hectáreas abandonadas en municipios del Atlántico 1997-2007 Municipio Desplazados (datos de Acción Social) Hectáreas abandonadas por…

p. 211
51La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 32, 952 citas
[62]

la guerrilla las rutas y zonas de cultivo del narcotráfico en la frontera con Venezuela; "lo importante es el control de los territorios y si son de cultivos de coca mejor", dice Carlos Castaño en su biografía. Esta 191 REGALÍAS, COOPERATIVAS Y FINANZAS PARAMILITARES EN LA COSTA CARIBE Odontólogo, activista social e…

p. 95
[63]

el resultado de una falta de previsión por parte de los privatizadores. El alcance que tuvieron los políticos asociados con las Ave en el Congreso y la persistencia regional de diferentes ma- fias, no permite descartar esta opción. Un tema que merece un análisis más detenido es el de las ya men- cionadas Cooperativas…

p. 32
52Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 761 cita
[64]

a su colapso. Ante esta situación el Gobierno intentó distraer la discusión en la opinión pública con un señuelo que acaparó el debate: la inminencia de la derrota militar de las FARC (Vásquez, Vargas y Restrepo, 2011). Los paramilitares consideraron que los acuerdos y los bene- fi cios de la desmovilización se habían…

p. 76
53Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2131 cita
[65]

políticos y autoridades corruptas. L A NUEVA SITUACIÓN La neutralización de las Farc, en paralelo con las detenciones por la parapolítica y la desmovilización de las AUC, tuvieron un impacto significativo en el oficio del político profesional y en sus relaciones con la ilegalidad. El cambio se debió a un asunto en…

p. 213
54The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4421 cita
[66]

the leftist populism of Pablo Escobar’s public rhetoric. Paradoxically, the consoli- dation of a narco-paramilitary political strategy happened just as the best-known paramilitary group, the Castaño brothers’ auc, publicly committed itself to demobi- lization. Between 2003 and 2006, the administration of President…

p. 442