Ensayo · Transversal · —
La periferia urbana colombiana como geografía del despojo
Entre 1948 y 2018, Colombia pasó de ser un país rural a uno mayoritariamente urbano en medio de dos grandes oleadas de violencia. La pregunta es si las periferias de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Soacha y Buenaventura son el efecto capilar del despojo rural sobre el espacio urbano, o el resultado de procesos demográficos autónomos que habrían ocurrido sin conflicto.
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La respuesta en breve
La ciudad colombiana de fin de siglo es simultáneamente sedimento de violencias rurales sucesivas y producto de una modernización demográfica cuyos ritmos, geografías y modalidades fueron moldeados por el despojo. La distinción entre migrante económico y víctima, útil en el papel, se disuelve en el terreno: la alta concentración de la propiedad de la tierra que empujó migraciones 'económicas' fue consolidada por La Violencia bipartidista, y los territorios recolonizados por los desplazados de los años cincuenta se convirtieron en el epicentro del segundo ciclo de expulsión en los ochenta y noventa. Las periferias de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Sincelejo y Buenaventura deben leerse como geografía del despojo porque los territorios donde se asentaron los migrantes, las condiciones de inserción laboral precaria, los regímenes de protección armada que allí encontraron y las trayectorias de exclusión que allí se reprodujeron son directamente atribuibles al conflicto y a la economía política agraria que lo sostiene. El desplazamiento forzado no termina en la ciudad: se prolonga, se recicla y se reproduce en formas específicamente urbanas —fronteras invisibles, desplazamiento intraurbano, control territorial de combos y bandas— que solo pueden entenderse como continuidad del régimen armado rural.
La primera tesis sostiene que el desplazamiento fue el principal mecanismo de transformación demográfica del último medio siglo y que la ciudad reproduce el régimen de protección armada que expulsó del campo, haciendo de las periferias una prolongación del conflicto rural. La segunda tesis insiste en distinguir: entre 1951 y 1964, los 800.000 desplazados por La Violencia representaban apenas un tercio de los 2,3 millones de migrantes netos hacia las ciudades, lo que sugiere que la transición demográfica clásica —caída de mortalidad, atracción industrial, centralización de servicios— operó con lógica propia, y que confundir migrante económico con víctima banaliza a la víctima y falsea la historia demográfica. La tercera tesis, más radical, responde que la composición étnica, regional y temporal de los anillos periféricos calca con precisión las oleadas de expulsión —familias de los Montes de María en el barrio Nelson Mandela de Cartagena, del Pacífico nariñense y chocoano en Aguablanca, de Tolima y Meta en Altos de Cazucá—, lo que hace de la periferia un mapa legible del conflicto rural y no un depósito indistinto de pobreza urbana. El debate se agudiza en torno a la Ley 1448 de 2011, que clasificó el desplazamiento intraurbano como delincuencia común y no como conflicto armado, decisión que la Sentencia T-025 de 2004 había estado corrigiendo en sentido contrario al declarar el estado de cosas inconstitucional; la pregunta histórica sobre la naturaleza causal de la urbanización se convierte así en una pregunta jurídica y política sobre quién es víctima y hasta dónde se extienden las fronteras del conflicto.
Ensayo completo
La lectura
¿Es la periferia urbana colombiana un producto del despojo rural?
Entre 1948 y 2018, la población colombiana se invirtió: de un país donde siete de cada diez personas vivían en el campo se pasó a otro donde más de siete de cada diez viven en ciudades. En ese mismo lapso, dos oleadas de violencia expulsaron a millones de colombianos de sus territorios rurales: La Violencia bipartidista entre 1948 y 1958, y el desplazamiento forzado del conflicto armado contemporáneo entre 1985 y 2016, con prolongaciones posteriores al Acuerdo de La Habana. La pregunta que aquí se responde es si esas dos secuencias —la urbanización acelerada y el despojo violento— son coincidencias en el tiempo o una sola historia contada dos veces: si las periferias de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Sincelejo, Buenaventura y Soacha son el efecto capilar del régimen armado rural sobre el espacio urbano, o el resultado de procesos demográficos y de mercado que habrían ocurrido de todos modos. Ninguna de las dos respuestas puras alcanza: la ciudad colombiana es una máquina de sedimentación donde la violencia y la economía política agraria operan como fuerzas indisociables, y donde el anillo periférico funciona, más que como dato urbanístico, como archivo material del conflicto.
Qué se juega en la pregunta
La pregunta no es académica. Determina cómo se cuenta la nación, qué se le debe a quién y qué se entiende por reparación. Si la ciudad colombiana es sedimento del despojo, entonces Ciudad Bolívar, Aguablanca, Altos de Cazucá o el barrio Nelson Mandela no son fallas de planeación urbana sino manifestaciones espaciales del conflicto armado, y su intervención exige políticas de verdad, restitución y no repetición, no simplemente vivienda social. Si, por el contrario, la urbanización obedeció a lógicas demográficas autónomas —caída de mortalidad, atracción industrial, concentración de servicios—, entonces las víctimas del conflicto se superpusieron a una transformación que habría ocurrido sin ellas, y la política pública puede tratar el desplazamiento como un episodio humanitario aparte, no como el pliegue estructural del país urbano.
De esa bifurcación cuelgan cosas concretas. La Ley 1448 de 2011, aprobada bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, decidió que el desplazamiento forzado intraurbano —el que ocurre de un barrio a otro dentro de la ciudad, empujado por combos, milicias o bandas rearmadas— no era conflicto armado sino delincuencia común. Esa decisión, que la Sentencia T-025 de 2004 había estado corrigiendo hacia el otro extremo al declarar el estado de cosas inconstitucional, redujo de un plumazo el reconocimiento de miles de víctimas urbanas. Si la periferia es continuidad del conflicto, la ley se equivocó; si es fenómeno urbano autónomo, la ley describió correctamente el mundo. La pregunta histórica es, entonces, una pregunta sobre qué es una víctima y hasta dónde se extienden las fronteras del conflicto colombiano.
Los términos del debate
Tres lecturas se disputan la explicación causal de la urbanización colombiana del último medio siglo, y las tres tienen argumentos sólidos.
La primera sostiene que el desplazamiento fue el principal mecanismo de transformación demográfica del periodo, y que la ciudad reproduce en el espacio urbano el régimen de protección armada que expulsó del campo. En esta lectura, La Violencia bipartidista y la guerra contrainsurgente contemporánea son dos capítulos de un mismo proceso: la incapacidad estructural del Estado colombiano para regular el acceso a la tierra y proteger a los campesinos, incapacidad suplida por actores armados —guerrillas, paramilitares, bandas criminales— que administran territorios mediante violencia. Cuando esa administración expulsa, los expulsados no llegan a un vacío urbano neutro: llegan a periferias donde los mismos actores, o sus versiones urbanas, vuelven a imponer control territorial, cobrar vacunas, trazar fronteras invisibles y desplazar por segunda vez. La ciudad no es refugio: es prolongación.
La segunda lectura insiste en distinguir. Colombia experimentó una transición demográfica clásica —caída de la mortalidad infantil, aumento de la esperanza de vida, urbanización asociada a la sustitución de importaciones y a la modernización agrícola— y esa transición habría producido crecimiento urbano acelerado con o sin conflicto. El desplazamiento forzado fue una segunda ola superpuesta a un proceso más grande. La aritmética parece darle la razón en un punto crucial: entre 1951 y 1964, el desplazamiento neto hacia las ciudades fue de aproximadamente 2,3 millones de personas, de los cuales los 800.000 desplazados por La Violencia representaban apenas un tercio. Los otros dos tercios eran migrantes económicos, jóvenes buscando trabajo industrial o de servicios, mujeres empleadas en servicio doméstico, familias completas atraídas por escuelas y hospitales que el campo no ofrecía. Confundir migrante económico con víctima —dice esta lectura— banaliza a la víctima y falsea la historia demográfica.
La tercera lectura, más radical, sostiene que la composición social de las grandes ciudades colombianas es hoy directamente legible como sedimento del conflicto, y que la propia noción de migración 'normal' es una ficción estadística. Cuando se examina la geografía urbana concreta —Ciudad Bolívar con 76% de sus hogares en pobreza y 25% en pobreza extrema en 2005, Aguablanca en Cali, las comunas 1, 3 y 13 de Medellín, Altos de Cazucá en Soacha— no aparece una distribución aleatoria de la pobreza urbana, sino anillos concéntricos cuya composición étnica, regional y temporal calca las oleadas de expulsión. En el barrio Nelson Mandela de Cartagena predominan familias desplazadas de los Montes de María; en Aguablanca, del Pacífico nariñense y chocoano; en Altos de Cazucá, de Tolima, Meta y el sur del país. La periferia no es un depósito indistinto: es un mapa legible del conflicto rural.
Lo que sostiene cada lectura
La segunda lectura —la de la transición demográfica autónoma— tiene a su favor la aritmética. Bogotá pasó de poco menos de 500.000 habitantes a comienzos de los años cuarenta a 620.000 en 1950 y 1.300.000 en 1960. Ese crecimiento vertiginoso comenzó antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 y continuó después de la caída de Gustavo Rojas Pinilla en 1957. Las cuatro principales ciudades —Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla— concentraban el 15,7% de la población nacional en 1951, el 22,8% en 1964 y el 32,6% en 1993: una curva ascendente estable, no un salto explicable solo por eventos violentos. Colombia siguió, en lo esencial, el patrón latinoamericano de urbanización acelerada de posguerra, común a países con y sin conflicto interno.
La primera lectura —la de la continuidad estructural— responde con la geografía del despojo. Durante La Violencia se perdieron 393.648 parcelas campesinas, concentradas en Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Caldas y Santander: precisamente las zonas cafeteras del centro del país, donde en las décadas de 1920 y 1930 ya se habían librado conflictos entre hacendados y campesinos colonos. En el Tolima entre 1949 y 1957, 321.621 personas —el 42,6% de la población departamental— sufrieron el exilio permanente o transitorio, y 40.176 propiedades, el 42,82% del total, fueron abandonadas. Esas cifras no describen una migración: describen una expulsión masiva por medios violentos, con participación activa de notarios, especuladores y compradores de tierra que legalizaron ventas forzadas a precios irrisorios. La Violencia fue, en propiedad, el cambio sociocultural más importante en las áreas campesinas colombianas desde la Conquista.
El despojo tomó dos rutas: la huida hacia ciudades principales e intermedias, y la colonización espontánea más allá de la frontera agrícola —piedemonte oriental, Magdalena Medio, sur de Córdoba—. Esta segunda ruta importa porque produjo las zonas que treinta años después serían el epicentro del segundo ciclo de expulsión: los territorios recolonizados por los desplazados de los años cincuenta se convirtieron, en los ochenta y noventa, en zonas de confrontación entre guerrillas, paramilitares y narcotraficantes, y sus habitantes fueron expulsados una segunda vez hacia las mismas ciudades. La geografía del despojo tiene memoria.
La tercera lectura —la de la ciudad como sedimento legible— aporta la evidencia más incómoda para la tesis demográfica autónoma: la composición social y espacial de las periferias urbanas contemporáneas. Altos de Cazucá en Soacha fue poblado por desplazados que llegaron huyendo de la violencia y se organizaron autónomamente para asentarse y distribuir el territorio, intercambiando en algunos casos bienes personales por lotes. En Ciudad Bolívar, Usme, Bosa, Kennedy, Tunjuelito, Aguablanca y las comunas de Medellín, los hogares receptores de desplazados permanecen más pobres que el resto de sus ciudades. La inserción laboral es uniforme: venta ambulante, construcción, servicio doméstico, oficios ocasionales. Las familias no pueden reproducir sus conocimientos rurales —siembra, cuidado de animales—, lo que agudiza la pobreza y empuja a los jóvenes hacia pandillas y microtráfico. No es la trayectoria de una migración económica: es la deriva de una expulsión.
La respuesta
Sí y no. Es cierto que la urbanización colombiana no puede reducirse al desplazamiento forzado: la transición demográfica, la industrialización limitada del siglo XX, la centralización de servicios en las capitales y la atracción propia de la vida urbana operaron con lógica propia, y los 2,3 millones de migrantes netos entre 1951 y 1964 no fueron todos víctimas de La Violencia. Pero la migración económica 'clásica' operó sobre territorios ya moldeados por el despojo previo, y su distinción práctica del desplazamiento forzado se vuelve casi imposible cuando se examina el resultado espacial.
La alta concentración de la propiedad de la tierra, constante estructural de la historia rural colombiana, fue en sí misma un factor de expulsión no violenta que empujó a millones de campesinos hacia las ciudades entre los años cincuenta y sesenta. Esa concentración, sin embargo, no era independiente de la violencia: se consolidó y se profundizó precisamente porque La Violencia liquidó a los colonos y pequeños propietarios que disputaban las tierras cafeteras. El campesino que en 1965 vendió su parcela en Caldas y se fue a Bogotá porque 'no daba para vivir' era, muchas veces, hijo o vecino de familias despojadas en los años cincuenta, y su decisión 'económica' descansaba sobre una geografía agraria reconfigurada por la violencia previa. La distinción entre migrante económico y víctima, útil en el papel, se disuelve en el terreno.
Lo mismo ocurre con la segunda oleada. Entre 1985 y 2018, el desplazamiento forzado se convirtió en uno de los fenómenos humanitarios más masivos del continente. El Registro Único de Víctimas contabiliza 65.597 desplazados para el periodo 1980-1988, mientras CODHES registra 227.000 solo entre 1985 y 1988: la brecha revela un subregistro oficial masivo previo a la Ley 387 de 1997. El total estimado de desplazados entre 1996 y 2006 fue de aproximadamente 3,9 millones de personas, cerca del 6% de la población nacional de ese momento. La expansión paramilitar entre 1997 y 2004 dejó más de 150.000 homicidios y desapariciones forzadas y más de 3,5 millones de desplazados. Esas cifras no se superponen a una urbanización que iba por su cuenta: la producen. En el periodo en que la urbanización colombiana termina de consolidarse —el 70% urbano actual—, el desplazamiento forzado es el fenómeno demográfico dominante, no un episodio marginal.
La ciudad colombiana de fin de siglo es, entonces, sedimento acumulado de violencias rurales sucesivas y producto de una modernización demográfica cuyos ritmos, geografías y modalidades fueron moldeados por el despojo. Las periferias de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Sincelejo y Buenaventura deben leerse como geografía del despojo, no porque cada uno de sus habitantes sea una víctima registrada, sino porque los territorios donde se asentaron, las condiciones en que se insertaron, los regímenes de protección armada que allí encontraron y las trayectorias de exclusión que allí se reprodujeron son directamente atribuibles al conflicto y a la economía política agraria que lo sostiene.
La ciudad como prolongación del régimen armado
Hay un argumento adicional que decanta la balanza y que la lectura demográfica autónoma no puede absorber: el desplazamiento forzado no termina en la ciudad. Se prolonga, se recicla, se reproduce en formas específicamente urbanas que solo pueden entenderse como continuidad del régimen armado rural.
La Comuna 13 de Medellín es el caso paradigmático. En octubre de 2002, bajo el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez, la Operación Orión desplegó al Ejército y a la Policía —con participación documentada de estructuras paramilitares— contra milicias guerrilleras enquistadas en el sector. La operación produjo desplazamiento forzado intraurbano masivo: dos de cada tres desplazados intraurbanos registrados en Medellín provienen de la Comuna 13. Muchos de los expulsados ya habían sido desplazados previamente desde zonas rurales de Antioquia, el Urabá o el Chocó. Tras la desmovilización paramilitar de mediados de la década, la violencia no cesó: desmovilizados rearmados y bandas criminales emergentes impusieron un nuevo orden mediante asesinatos selectivos de líderes; hacían desaparecer a quienes eran señalados como colaboradores de la guerrilla o testigos incómodos; reclutaban menores; desalojaban viviendas a quienes no pagaban la 'vacuna de seguridad'; y a esa violencia se sumaron ejecuciones extrajudiciales atribuidas a la fuerza pública. En 2006 y 2007, la amenaza directa —individual o colectiva contra sectores y barrios enteros— fue el principal motivo declarado de desplazamiento en la Comuna 13, empleada por paramilitares, milicias de las FARC y el ELN, combos, Policía y Ejército.
Buenaventura ofrece la versión pacífica del mismo mecanismo. La ciudad, principal puerto sobre el Pacífico, se convirtió a partir de los años 2000 en escenario de disputa entre paramilitares, guerrillas y grupos posdesmovilización como Los Urabeños, Los Rastrojos y La Empresa. Los números trazan la escalada con nitidez: Medicina Legal registró 324 homicidios en 2005 y 416 en 2006, con 90 asesinatos concentrados solo entre enero y abril de 2005. Cuando estalló la guerra entre las AGC y La Empresita, el primer mes bastó para contabilizar 40 asesinatos, 35 balaceras y 75 desapariciones forzadas —con casos documentados de tortura y desmembramientos—, además de 1.500 personas desplazadas. Detrás de esa aritmética había un método: los actores armados establecieron 'fronteras invisibles' entre barrios y al interior de estos, imponiendo restricciones de movilidad y produciendo un patrón deliberado de desplazamiento individual —'gota a gota'— destinado a ocultar la violencia ante los medios y las autoridades. Las AGC financiaron su operación en Buenaventura mediante narcotráfico, minería con maquinaria amarilla, extorsión y tala ilegal, operando a través de bandas locales.
Tumaco, Quibdó, Barrancabermeja y Sincelejo replican variantes del mismo patrón. En Tumaco, el desplazamiento tomó carácter intermunicipal e intraurbano: ante confrontaciones, fumigaciones y amenazas, las familias huyeron al casco urbano y se concentraron en barrios como Viento Libre, Panamá y Familias en Acción —barrios lacustres o de bajamar, construidos sobre pilotes, sin servicios básicos, habitados mayoritariamente por población negra—. Quibdó experimentó una transformación radical de su vida urbana con la llegada de actores armados: la ciudad donde los niños circulaban libremente por todos los barrios se convirtió en una ciudad segmentada por control territorial armado.
En las ciudades colombianas de fin de siglo, el régimen de protección armada que expulsó del campo se traduce capilarmente al espacio urbano. Los mismos actores —o sus versiones urbanas: combos, oficinas, bandas criminales emergentes— administran territorios, imponen fronteras, cobran extorsiones, desplazan poblaciones. La periferia no es refugio: es teatro de operaciones. Y por eso la Ley 1448 de 2011, al no reconocer el desplazamiento intraurbano como conflicto armado, no solo fue una decisión política discutible: fue un error historiográfico.
Lo que queda abierto
Reconocer que la ciudad colombiana es sedimento del despojo no autoriza a leerla solo como pasividad ni como derrota. El propio material del conflicto contiene una tensión que resiste la narrativa de la 'máquina de expulsión': la agencia de los desplazados como constructores activos de ciudad. Altos de Cazucá no fue asignado por el Estado ni planificado por urbanistas; fue trazado por sus propios habitantes, que se organizaron autónomamente para distribuir el territorio, establecer normativas comunitarias sobre linderos y tamaño de predios —a menudo tras conflictos violentos y homicidios por disputas de lotes— y construir sus casas con sus propias manos. Bogotá pasó de 400 manzanas a finales del siglo XIX a 27.000 en 1980, y buena parte de ese crecimiento fue expansión ilegal más allá de los perímetros urbanos legales, protagonizada por los mismos migrantes forzados. La ciudad popular colombiana es, en gran medida, obra de sus víctimas.
Esta agencia no cancela el despojo: lo complica. Las periferias son simultáneamente depósito material del conflicto y espacio de recomposición social y política de los expulsados. Los barrios que la sociedad estigmatizó históricamente como 'territorios nacionales', 'zonas rojas', 'repúblicas independientes' o 'islas de anarquía' —etiquetas que legitimaron intervenciones violentas del Estado y de actores armados— son también los lugares donde las víctimas construyeron formas de vida, organización comunitaria y ciudadanía. Leer la periferia solo como depósito pasivo reproduce, en el análisis, la invisibilización que la política pública practicó durante décadas.
Queda abierta también la cuestión de las cifras. La estimación clásica de 1962 —más de dos millones de desplazados y alrededor de 200.000 muertos durante La Violencia— convivió durante medio siglo con la ausencia de cifras oficiales; un estudio econométrico de 2019 redujo la estimación de víctimas mortales a 57.737 para 1949-1958. El subregistro del desplazamiento antes de 1985 es masivo: solo ocho de las treinta y tres bases de datos disponibles incluyen esta violación antes de 1980, con apenas 2.713 víctimas registradas. Esa opacidad no es solo un problema técnico: es evidencia de que el Estado colombiano construyó activamente la invisibilidad del desplazamiento, y de que la política pública —Ley 387 de 1997, Sentencia T-025 de 2004, Ley 1448 de 2011— puede leerse menos como respuesta tardía que como dispositivo de regulación selectiva del reconocimiento de víctimas. Reconocer o no reconocer, incluir o excluir del Registro Único de Víctimas, calificar un hecho como conflicto armado o como delincuencia común: cada una de esas decisiones traza una frontera política que decide quién entra en la historia del país y quién queda fuera.
Y queda la pregunta política, que es también la más incómoda. Si las periferias urbanas son continuidad material del conflicto, la reparación no puede limitarse a subsidios de vivienda o programas de atención humanitaria: exige una intervención sobre la geografía urbana misma, sobre los regímenes de protección armada que allí persisten, sobre las estructuras de propiedad y renta que capitalizan la expulsión. Y si la distinción entre migrante económico y víctima se disuelve en el terreno, los millones de personas que habitan Ciudad Bolívar, Aguablanca, Altos de Cazucá o Nelson Mandela, sin figurar en el Registro Único de Víctimas, forman parte del universo humano del conflicto tanto como quienes sí figuran. Pensarlas fuera de él es aceptar que la violencia solo cuenta cuando quedó registrada, y que el despojo se detiene en la frontera administrativa de una ley. La parcela perdida en el Tolima en 1952, la ciénaga rellenada en Cartagena en 1985 y la vacuna cobrada en la Comuna 13 en 2007 pertenecen a la misma secuencia causal: una economía política del despojo que atraviesa medio siglo, cambia de actores y de escenarios, y encuentra en la periferia urbana su forma más duradera. La historia colombiana lleva décadas escribiendo esa secuencia por tramos, sin nombrarla como una sola. Nombrarla —y asumir lo que exige nombrarla— es la tarea que sigue pendiente.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
52 documentos · 70 fragmentos de referencia01El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 95, 992 fragmentos
[1]reside en los centros urbanos. Esta tendencia se articula, en nuestro caso, con la existencia de un conflicto armado cuasipermanente que ha llevado, en las dos últimas décadas, a 3´200.000 personas a buscar asilo en las ciudades grandes e intermedias (Codhes, 2004). La guerra y los desplazamientos forzados han sido,…
p. 95
[30]de la existencia de muchos barrios no reconocidos legalmente. A manera de contraste, recordamos que en la Red de Solidaridad Social la población en situación de desplazamiento registrada asciende a 80.000 personas. D ESPLAZAMIENTO FORZADO Y REASENTAMIENTO INVOLUNTARIO 99 sonas que se han visto forzadas a desplazarse…
p. 99
02El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 95, 992 fragmentos
[2]reside en los centros urbanos. Esta tendencia se articula, en nuestro caso, con la existencia de un conflicto armado cuasipermanente que ha llevado, en las dos últimas décadas, a 3´200.000 personas a buscar asilo en las ciudades grandes e intermedias (Codhes, 2004). La guerra y los desplazamientos forzados han sido,…
p. 95
[31]de la existencia de muchos barrios no reconocidos legalmente. A manera de contraste, recordamos que en la Red de Solidaridad Social la población en situación de desplazamiento registrada asciende a 80.000 personas. D ESPLAZAMIENTO FORZADO Y REASENTAMIENTO INVOLUNTARIO 99 sonas que se han visto forzadas a desplazarse…
p. 99
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 42, 492 fragmentos
[3]estuvo estrechamente vinculado a las dinámicas de la guerra. Al impacto de la industrialización se sumó el desplazamiento forzado como uno de los factores que definió los ritmos, tamaños y dinámicas específicas del crecimiento y transformación de las ciudades. Los primeros ciclos fundacionales 72 no garantizaron la…
p. 49
[46]regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…
p. 42
04Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 501 fragmento
[4]1.1. El marchitamiento de la primavera de Medellín: 1965-1981 Aunque la urbanización de la población colombiana fue rápida y prema- tura respecto a indicadores mundiales, y a veces se le atribuyeron efectos perversos sobre la vida citadina, “Colombia vivió un proceso de urbaniza- ción típico, similar en su velocidad y…
p. 50
05¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 1051 fragmento
[5]por una acelerada urbanización, entre otras cosas debido al impacto acumulado de los dos grandes ciclos de violencia de los que hemos venido hablando aquí y la consiguiente estela de desestabilizaciones de las economías agrarias y de desplazamiento masivo que estos dejaron. En 1964, el 70 % de la población colombiana…
p. 105
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 64, 1412 fragmentos
[6]forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…
p. 64
[48]Gráfica 1. Desplazamiento forzado en Colombia Fuente: Elaboración propia, con base en el Registro Único de Víctimas. En el mapa 10 se puede observar el comportamiento regional del desplazamiento en la población rural no étnica, como una aproximación a lo campesino, por periodos, dividido por quinquenios a partir de…
p. 141
07The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 431 fragmento
[7]of landed property, and the contrast between the rapid growth of the so-called commercial crops and the poor performance of the traditional ones. With regard to rural migration, the 1964 census indicated that the net population shift to the cities between 1951 and 1964 was about 2.3 million. 74 According to that…
p. 43
08Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 261 fragmento
[8]y de nuevo cuño, y, consecuente, se preci pitó al campamento madre del eln en las selvas del Opón? Según Camilo, La Violencia ha constituido para Colombia el cambio socio-cultural más impor tante en las áreas campesinas desde la Conquista efectuada por los españoles. Por conducto de ella las comunidades rurales se han…
p. 26
09No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 72, 4482 fragmentos
[9]el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…
p. 72
[29]manejar la guerra. Se llevaron a prestar servicio militar bastante personal de aquí, el joven no salía a diferentes partes de Colombia sino que se quedaba en el mismo pueblo, hacían control. Yo creo que esa fue la parte que tal vez le afectó duro a la guerrilla, porque a la gente ahí sí ya no le gustó. Era un familiar…
p. 448
10Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 fragmento
[10]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
p. 35
11Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4521 fragmento
[11]campesinos pobres. En conclusión, las cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958, con base en las pocas fuentes fidedignas disponibles, serían las que se presentan en la tabla 19.3. Tabla 19.3 Cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958…
p. 452
12¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 701 fragmento
[12]de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…
p. 70
13Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 391 fragmento
[13]territorios colectivos reconocidos por el Estado. 39 Desplazamiento forzado: la historia olvidada, ignorada y silenciada en Colombia campo colombiano. Sin embargo, en la última década ha venido en aumento los desplazamientos urbanos que constituyen el 13 por ciento de la población desplazada. En cuanto a las modalida-…
p. 39
14Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 404, 4212 fragmentos
[14]relatos de sus familiares sobre los hechos de desplazamiento forzado 1223. El común denominador 1217 JEP-CEV-HRDAG, «Proyecto conjunto de integración de datos y estimaciones estadísticas sobre violaciones ocurridas en el marco del conflicto armado colombiano». 1218 El subregistro antes de 1985 es más amplio y llega a…
p. 404
[55]quedaron completamente abandonadas, las escuelas sin estudiantes y esos campesinos, la mayoría, se desplazaron a las ciudades» 1274. Inés, una mujer afrocolombiana que fue desplazada en 2015 de San Juan de Nuarama, en el litoral del río que lleva ese mismo nombre, en el departamento del Chocó, recuerda que grupos…
p. 421
15Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 90, 942 fragmentos
[15]cuando empezó el registro oficial. Una nación desplazada periodiza el desplazamiento contemporá- neo en cuatro periodos: • 1980-1988: desplazamiento silencioso en el escalamiento del con- flicto armado. • 1989-1996: continuidad del desplazamiento en el nuevo pacto social. • 1997-2004: gran éxodo forzado en la Colombia…
p. 90
[65]notificó a las Oficinas de Registro para evitar los traspasos de propiedad (CNMH, 2015b, página 104). 95 6 Desplazamiento, abandono y despojo de tierras La Corte Constitucional dictó varios autos de seguimiento a la Sentencia T-025, que en general denunciaban la falta de políticas y resultados en la protección de los…
p. 94
16Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 3981 fragmento
[16]se estimó que el número total de desplazados desde 1996 hasta el 2006 fue de 3’911.782 (Granada, Restrepo y Sadinle, 2008). Utilizando la menor de estas cifras, el porcentaje de la población colombiana que había estado en condición de desplazamiento para ese entonces alcanza aproximadamente el 6%, lo cual evidencia la…
p. 398
17Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 169, 5252 fragmentos
[17]fundamentalmente campesinas, posibilidades productivas y dinámicas culturales ha sido una catástrofe que si bien ha sido conocida en el país, es silente especialmente en cuanto sus efectos sociales. 176 Entrevista 267-VI-00007. Mujer, víctima de desplazamiento forzado, despojo, ataque indiscriminado y amenazas. 177 A…
p. 169
[35]las ciudades o en los proyectos económicos instalados en tierras que otrora fueron suyas. La persistencia de dinámicas de desigualdad y de segregación socioespacial ha convertido a las ciudades y zonas receptoras en territorios susceptibles del reciclaje de violencias. Poblaciones y territorios populares…
p. 525
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 531 fragmento
[18]menos. En, Informe de la Alcaldía de Bogotá. Secretaría Distrital de Planeación de Bogotá (SDP), «Análisis demográfico y proyecciones poblacionales de Bogotá». 54 fiflćflThxiff fffl. iThififf xffff ćff ff periferias urbanas, al igual que los territorios de periferia en todo el país fueron estig- matizados como…
p. 53
19Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 261 fragmento
[19]que llegó bastante población desplazada y amnistiada por políticas gubernamentales. Muchos de ellos llegaban a donde familiares, pero al poco tiempo, se ubican en zonas periféricas o sitios de invasión para trabajar como vendedores ambulantes, en construcción, servicio doméstico u otros oficios ocasionales. 1.3…
p. 26
20The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2371 fragmento
[20]basic services and urban infrastruc- ture. Like other neighborhoods that receive desplazados in Bogotá, such as Usme, Soacha, Tunjuelito, Bosa, or Kennedy, or Aguablanca in Cali and the comunas of Medellín, Ciudad Bolívar remains poorer than the rest of the city. In 2005, census takers categorized 76 percent of its…
p. 237
21Limpieza social. Una violencia mal nombradaCarlos Mario Perea Restrepo · 2015 · p. 1721 fragmento
[21]en aquellos tiempos de ex- pansión de la periferia. Los primeros conflictos giraron en torno al tamaño y los lin- deros de los lotes. En el contexto de la invasión de terrenos se trazaron normativas tendientes a regular los acuerdos básicos de la convivencia: el tamaño del lote y la cantidad de predios a los que una…
p. 172
22Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3091 fragmento
[22]por el crecimiento caótico de la ciudad (la á vitas, entendida como una for- ma de vida económica, social y cultural). Para tener una idea de las transformaciones fisicas, y de sus re- percusiones en el modo de vida, valga recordar que a finales del siglo XIX la capital colombiana tenía unas 400 manzanas; en 1950…
p. 309
23Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1242 fragmentos
[23]pasados, hoy se considera una condición imposible. Paralelamente algunas tradiciones familiares y el sistema educativo continúan produciendo líderes honestos que encuentran nichos en el periodismo, en la empresa privada, en las organizaciones cívicas, en los voluntariados, en la actividad profesional e intelectual, en…
p. 124
[24]condición imposible. Paralelamente algunas tradiciones familiares y el sistema educativo continúan produciendo líderes honestos que encuentran nichos en el periodismo, en la empresa privada, en las organizaciones cívicas, en los voluntariados, en la actividad profesional e intelectual, en las artes, en la oposición,…
p. 124
24Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 258, 2622 fragmentos
[25]bastante accesibles o el intercambio de electrodomésticos por terrenos cuyo valor fuera equivalente: Mis padres llegan huyendo de la violencia del Cauca. Mi madre es de San An- tonio, Tolima, y mi padre es de Caicedonia, Valle. Se conocen allá (…), y hay un desplazamiento y mi padre se viene directamente para Bogotá.…
p. 262
[37]la aparición de la Fudra (Fuerza de Despliegue Rápido) para contener las operaciones de las FARC. 35- La ofensiva de las FARC como consecuencia de su proyecto, estipulado en las VII y VIII Conferen- cias, la ejecutaron varios frentes: en el occidente operaron los Frentes 22, 25, 42, 52 y 55 y el Abelardo Romero. Por…
p. 258
25El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 4781 fragmento
[26]capitalistas. Veamos brevemente el dato demo- gráfico primero. EMIGRANTES Y PROPIETARIOS En condiciones de movilidad geográfica y disponibilidad de tierras, las migraciones pueden consolidar economías campesinas en los polos geo- gráficos: el de "expulsión" y el del nuevo asentamiento. Es el caso de las colonizaciones…
p. 478
26Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 43, 1042 fragmentos
[27]del desplaza- miento, grupos focales con organizaciones sociales que trabajan con víctimas del conflicto armado en la Comuna 13 y entrevistas informa- les y de campo. Se hizo además una revisión y procesamiento de las estadísticas sobre desplazamiento forzado suministradas por Acción Social, se consultaron las bases…
p. 43
[36]las personas que declaran su situación de desplazamiento ante esta entidad, la amenaza constituye el principal motivo de desplazamiento forzado en 2006 y 2007 61, mientras que en 2008 pasa a ser la tercer causa de desplazamiento 62 (Persone- ría de Medellín 2006, 2007 y 2008). Una mirada a los casos de violencia en la…
p. 104
27Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2061 fragmento
[28]intraurbano. La Comuna 13 se ve sometida a la acción de dos fuerzas con- tradictorias en paralelo. a) La continuidad de la violencia: • Durante la primera etapa de los paramilitares des- movilizados, en la Comuna 13 continúa un orden de violencia ahora impuesto por los desmovilizados rearmados y las bandas cri-…
p. 206
28El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 2982 fragmentos
[32]sus mandatos, o intimidarlos en caso que fueran testigos de algún crimen. Lo anterior se corresponde con las alarmantes cifras de homici- dios de la época: entre enero y abril de 2005, se habían registrado 90 asesinatos en el Puerto, y según cifras del Instituto de Medicina Le- gal, en todo el año 2005 se habrían dado…
p. 298
[33]sus mandatos, o intimidarlos en caso que fueran testigos de algún crimen. Lo anterior se corresponde con las alarmantes cifras de homici- dios de la época: entre enero y abril de 2005, se habían registrado 90 asesinatos en el Puerto, y según cifras del Instituto de Medicina Le- gal, en todo el año 2005 se habrían dado…
p. 298
29No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 117, 1202 fragmentos
[34]entidades estatales lo han convertido en un hecho invisible 242. La Ley 1448 del 2011, lejos de ayudar a las víctimas de desplazamiento forzado intraurbano, implicó un retroceso en materia de reconocimiento, «puesto que los hechos ocurridos en la ciudad y, particularmente, los casos de desplazamiento forzado…
p. 120
[56]otra niña más pequeña. Me acuerdo tanto. Era una carretera en diagonal y ellos iban así en línea caminando descalzos, la guerrilla los había obligado a irse de la finca. ¿Razones? Ni idea, pero no la volví a ver. Fue mi primera amistad perdida» 227. En la huida, mientras los adultos piensan en aquello que quedó atrás…
p. 117
30Urban Poor Perceptions of Violence and Exclusion in ColombiaCaroline Moser, Cathy McIlwaine · 2000 · p. 1231 fragmento
[38]were afraid to confront others about the problems facing the barrio. There was also a strong gender dimension to fear. While men of all ages were afraid of robbery and mugging, levels of fear among women of all ages were higher and related to fear of attack, especially rape, by drug addicts. Page 57 Chapter Five…
p. 123
31Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3751 fragmento
[39]2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 60.000 40.000 20.000 10.000 0 Número de víctimas resistir no es aguantar 376 «Arrancamos la titulación y se nos vino encima el tropel, entonces toda la agenda centrada en términos de los derechos territoriales, al desarrollo, a la identidad, a la parti-…
p. 375
32Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 2381 fragmento
[40]las estrategias implementadas por los actores armados ilega- les para ocultar la violencia en Buenaventura. Por su naturaleza, el desplazamiento masivo es vistoso y bulloso, con capacidad de llamar la atención de los medios de comunicación, las autoridades y las comunidades locales, en tanto que el desplazamiento…
p. 238
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1601 fragmento
[41]Durante el primer mes se presentaron 40 asesinatos, 35 balaceras y 75 desapariciones forzadas, y se denunciaron casos de tortura y desmembramientos 628. Tras la violencia de esta nueva guerra, hubo 1.500 personas desplazadas en la ciudad puerto. El conflicto entre las AGC y La Empresita –los que quedaron de La…
p. 160
34Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 286, 3022 fragmentos
[42]dinámica inversa al contexto general del país: mien- tras que a nivel nacional se presentaron los puntos más altos en 2002 y 2007, en este caso es notable que los picos más alarmantes se desarrollaron entre 2009 y 2011 (Rocha, Catalina, 2014). El fenómeno del desplazamiento, según la Defensoría del Pueblo y la…
p. 302
[43]mayoritariamente por pobladores negros que ocupan la región desde los siglos XVII y XVIII y solo hasta hace poco ha sido afectada por el con fl icto ar- mado y la coca. Sus pobladores han visto disputados sus territorios por la presencia sucesiva de economías extractivas, tales como la explotación del oro, la tagua y…
p. 286
35La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 511 fragmento
[44]municipio de Quibdó. En una palabra, yo podría decir que el Chocó, Quibdó, que es el lugar donde nací, donde estamos, era armonía (…), tranquilidad y era vida. De mi niñez recuer- do que uno podía salir, ir a cualquier barrio de Quibdó con total tranquilidad, incluso de niños recuerdo mis idas al colegio caminando,…
p. 51
36Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 161, 4472 fragmentos
[45]estos barrios; es decir, la gente negra. Utilizan nombres como sucio, vago, tonto, incivilizado, bruto, infrahum ano, y fe o para describir las agrupaciones negras pero no a los individuos específicos. Cuando un blanco quiere proyectar estos atributos a un individuo específico, basta utilizar la palabra “negro” para…
p. 161
[60]los grupos sociales y culturales subalternos subvierten una y otra vez el orden social de las ciudades, así como su condición de marginación (véase Bello y Mosquera 1999). Las conversaciones que mantuve durante ese tiempo señalan este camino: desafiando, afirmando, ignorando, debatiendo y confrontando siempre las…
p. 447
37Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 1161 fragmento
[47]a muchos les compararon su fin- ca bajo presión, no vendieron sus fincas porque quisieron, sino porque les tocó tener que salir corriendo y regalar la casa en $2 500 000, porque me tengo que ir. O sea, no la vendió porque quiso, sino porque era una orden (CNMH, entrevista con hom- bre, Bogotá, 2013). 8 18 3 7 77 19 12…
p. 116
38Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1581 fragmento
[49]de abandono de tierras por desplazados han sido: 1. Alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta, en La Guajira, Cesar y Magdalena. La pérdida de tierras comenzó en 1998 y aumentó hasta llegar a ser alta en Magdalena en 2002 y en Cesar en 2003. 2. Región de Perijá y Catatumbo, en Cesar y Norte de Santander. En…
p. 158
39Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 3721 fragmento
[50]exclusivamente como una consecuencia de la guerra o de las lógicas de la confrontación de los actores armados y sus permanencias, sino que tiene y ha tenido múltiples causas, resultado de prácticas violentas promovidas por actores criminales y sus alianzas políticas y económicas. (…) debido a la cooptación de la…
p. 372
40La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2101 fragmento
[51]las aproximadamente mil familias despla- zadas ni la situación de desamparo en la que quedaron, hubieran des- pertado alguna preocupación en las autoridades militares de la región; eran campesinos afrodescendientes muy pobres, con pocas conexio- nes y capacidad de influencia. Su situación de vulnerabilidad facilitó…
p. 210
41Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 3991 fragmento
[52]que ha tenido el desplazamiento con el accionar de los grupos del conflicto, a través del tiempo y de la geografía nacional. Las comunidades y los pobladores, por su parte, encuentran en el des- plazamiento una estrategia de reducción del riesgo frente a las acciones vio- lentas de los grupos de conflicto, pero…
p. 399
42Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 6781 fragmento
[53]se traslapa y se refuerza con el desplazamiento por razones económicas (v gr. proyectos de desarrollo minero y petrolero) y ambientales (por ejemplo, la presencia de agroindustrias). A su vez, los tipos de des- plazamiento se entrecruzan indistintamente y tienen diferentes grados de incidencia en los territorios, de…
p. 678
43Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1011 fragmento
[54]233 Organización de las N aciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), «Paz y seguridad alimentaria». 234 Entrevista 080 - VI - 00039. Hombre, víctima de desplazamiento forzado, desaparición forzad a, abandono de tierras. 101 sábado fueron los amigos míos de la escalera [del bus] que va para Argelia.…
p. 101
44Voices of the Poor in Colombia: Strengthening Livelihoods, Families, and CommunitiesJairo A. Arboleda, Patti L. Petesch, James Blackburn · 2004 · p. 241 fragmento
[57]reported to be deeply discouraged, re- sorting more frequently to antisocial behavior, which in turn heightens ten- sions in and outside the home. Women, with more work options, do what- ever it takes to keep the household going and are in many cases becoming their family’s principal breadwinner. Poor people also say…
p. 24
45Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 1421 fragmento
[58]tro del sector informal se podian distinguir dos 0 den- subconjuntos de actividades. El primero carece de barreras a la entrada y se caracteriza por el bajo nivel educativo y la precariedad de la tecnologia utilizada por quienes desarrollan estas actividades Su produccion es de baja calidad y enfrenta una demanda de…
p. 142
46Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 1031 fragmento
[59]la familia obrera bogotana, con 5.2 miembros en promedio, los jefes de hogar aportaban sólo el 67% de los ingresos familiares. En Medellín, con un promedio de 6.6 miembros, ellos escasamente contribuían con el 60% de tales ingresos (88). De ahí surgía tanto la necesidad de enviar a los hijos e hijas a trabajar desde…
p. 103
47Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2181 fragmento
[61]su integridad física, su seguridad o libertad personales han sido vulneradas o se encuentran directamente amenazadas, con ocasión de cualquiera de las siguientes situaciones: conflicto armado interno, disturbios y ten- siones interiores, violencia generalizada, violaciones masivas de los derechos hu- manos,…
p. 218
48Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 7, 242 fragmentos
[62]de espera que se le ofrecía a la Red de Solidaridad Social, que estaba iniciando su sistema de registro, en ejecu- ción de las determinaciones del Decreto 489 de 1999. Hasta agosto de 2002 existía relativo consenso ((Baarøy 2003: 9-10) sobre el hecho de que ciertos sistemas/estudios/fuentes representaban la…
p. 24
[63]los Andes, como siempre, Carolina Reyes, coordina - dora administrativa y financiera del CIJUS, condujo el proyecto de prin - cipio a fin con su combinación excepcional de competencia, comprensión y solidaridad. Pero la deuda más grande es con tres de las personas que más saben sobre desplazamiento forzado en…
p. 7
49Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1701 fragmento
[64]han sido despojadas, es también un derecho fundamental (CConst, Sentencia T-821 de 2007, página 46). En esa línea se incorporó al bloque de constitucionalidad los “Principios sobre la restitución de las viviendas y el patrimonio de los refugiados y las Personas desplazadas” - Principios Pinheiro (ONU, 2005), los que…
p. 170
50Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4562 fragmentos
[66]de Viboral, La Unión y la parte alta de Sonsón); así como municipios en cordillera del oriente de Caldas (Samaná, La Victoria, Norcasia, Marqueta- lia y Pensilvania); desde 2000 el norte del Tolima (Honda, Mariquita, Fresno, Herveo, Falan, Vista Hermosa, Armero Guayabal, entre otros); el occidente de 27 La sentencia…
p. 456
[67]de Viboral, La Unión y la parte alta de Sonsón); así como municipios en cordillera del oriente de Caldas (Samaná, La Victoria, Norcasia, Marqueta- lia y Pensilvania); desde 2000 el norte del Tolima (Honda, Mariquita, Fresno, Herveo, Falan, Vista Hermosa, Armero Guayabal, entre otros); el occidente de 27 La sentencia…
p. 456
51Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3692 fragmentos
[68]del Valle y se extendieron hacia Cauca y Nariño, para pe - netrar así todo el andén pacífico. Los Machos, debilitados tras su anterior pugna con Los Rastrojos se aliaron a Los Urabeños. Con igual tipo de alianza se fortaleció en Buenaventura el grupo La Empresa y persistían las Águilas Negras y Los Doce del Patíbulo…
p. 369
[69]del Valle y se extendieron hacia Cauca y Nariño, para pe - netrar así todo el andén pacífico. Los Machos, debilitados tras su anterior pugna con Los Rastrojos se aliaron a Los Urabeños. Con igual tipo de alianza se fortaleció en Buenaventura el grupo La Empresa y persistían las Águilas Negras y Los Doce del Patíbulo…
p. 369
52Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 611 fragmento
[70]hecho, la violenta expansión paramilitar que se produjo entre 1997 y 2004 dejó más de 150 mil homicidios y desapariciones forzadas, además más de 3.5 millones de desplazados forzados. En todo caso, esta ola de violencia se desató mientras el país observaba el fracaso de los diálogos del Caguán y se creaba la imagen de…
p. 61