Idea · Seguridad Democrática
Subregistro
El subregistro es la brecha sistemática entre la violencia efectivamente ocurrida en Colombia y la violencia que las instituciones consiguen —o deciden— documentar, operando como extensión de la guerra por otros medios durante décadas de conflicto armado.
Trayectoria de una idea
- 1962
La 'estadística sentimental' de La Violencia
- 1996
Nace Colombia Nunca Más
- 2003
La Seguridad Democrática convierte el subregistro en arma
- 2008
El escándalo de Soacha rompe el silencio
- 2012
El GMH cuantifica la brecha: solo el 13,7% de los homicidios aparece en el RUV
- 2022
El proyecto CEV-JEP-HRDAG integra 112 bases de datos y estima el universo real de víctimas
La lectura
El subregistro en Colombia no es una falla técnica sino una zona de sombra donde convergen la incapacidad estatal de llegar a sus propios territorios, el miedo de las víctimas a represalias, la incompatibilidad deliberada entre sistemas de información y, en ciertos períodos, la voluntad activa del Estado de que ciertos hechos no aparezcan. Su genealogía arranca en La Violencia bipartidista, cuando el propio gobierno desestimó los únicos conteos disponibles como 'estadística sentimental', y se prolonga en la violencia de los años ochenta y noventa, cuando organizaciones como el CINEP y Colombia Nunca Más construyeron contra-archivos en medio del conflicto activo, asumiendo que documentar podía costar la vida. Durante la Seguridad Democrática de Uribe, el subregistro alcanzó su expresión más perversa en los falsos positivos: crímenes cuyo registro oficial —la baja reportada, la condecoración solicitada— era parte constitutiva del delito y mecanismo de su impunidad, haciendo desaparecer a la víctima civil dos veces. El proyecto CEV-JEP-HRDAG, al integrar 112 bases de datos y aplicar imputación estadística, demostró que la brecha entre lo ocurrido y lo contado es de una magnitud que redefine la historia del conflicto: más de seis veces más homicidios de afrodescendientes que los registrados oficialmente, y al menos 31.500 homicidios sin registrar en el RUV entre 1985 y 2012. En Colombia, cuántas son las víctimas y quiénes son ha sido, siempre, un campo de batalla.
El subregistro
El subregistro es la brecha sistemática entre la violencia efectivamente ocurrida en Colombia y la violencia que las instituciones consiguen —o deciden— documentar. No es un error estadístico ni una limitación técnica corregible con mejor software: es una zona de sombra donde se cruzan la incapacidad estatal para llegar a sus propios territorios, el miedo de las víctimas a denunciar, la incompatibilidad deliberada entre sistemas de información, los sesgos editoriales de la prensa y, en ciertos momentos, la voluntad activa de un aparato de gobierno de que ciertos hechos no aparezcan. En Colombia, el subregistro no es lo que no se sabe: es lo que se ha decidido, por acción u omisión, no contar. Y esa decisión ha sido, durante décadas, extensión de la guerra por otros medios.
Una anatomía del vacío
Bajo el término anodino que usan los técnicos —subregistro, subestimación, subdeclaración— hay una operación política precisa: el país que las cifras oficiales dibujan no coincide con el país que las víctimas habitan. La distancia se puede medir, y la aritmética que la mide es implacable.
Cuando el Grupo de Memoria Histórica hizo un muestreo aleatorio simple sobre 460 víctimas directas de homicidio que había documentado, con 98% de confiabilidad y 2% de error, encontró que apenas el 13,7% —63 casos— aparecía en el Registro Único de Víctimas. Si esa proporción se extrapola al universo total de civiles muertos que el GMH documentó entre 1985 y 2012, la brecha implica al menos 31.500 homicidios que deberían ser verificados e incorporados al RUV. La cifra es abstracta hasta que se piensa en lo que contiene: familias que llevan décadas esperando una carta que las nombre, tumbas cuya identidad nunca fue confirmada por instancia oficial alguna, muertos que en los archivos del Estado siguen siendo un rumor.
Un patrón similar aparece en cada categoría examinada. En tortura, el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica registra 25.003 hechos; el RUV, apenas 7.571: más de 17.000 víctimas quedan por fuera de la política de reparación. En homicidios de personas afrodescendientes, el RUV consigna 4.501 casos entre 1985 y 2021, mientras la consultoría del proyecto CEV-JEP-HRDAG estimó 27.290 víctimas afrodescendientes de homicidio entre 1985 y 2019: una diferencia de más de seis veces. La proporción no describe un error de conteo, describe una decisión sobre a quiénes valía la pena contar.
Cada caso ausente del RUV es una familia que no recibe reparación, una tumba sin verdad judicial, un capítulo del conflicto que oficialmente no ocurrió. El subregistro funciona como un segundo daño: primero se mata, se desaparece, se desplaza; después se hace desaparecer la muerte, la desaparición, el desplazamiento del universo de lo estatalmente reconocido. En el país donde se libró la guerra más larga del hemisferio, cuántas son las víctimas y quiénes son ha sido, siempre, un campo de batalla.
Genealogía: la estadística sentimental
El problema tiene raíces largas. Durante La Violencia bipartidista de 1948 a 1964, las estimaciones oscilan entre 180.000 y 200.000 muertos para el período 1949-1962, construidas con las pocas fuentes fidedignas disponibles. El propio Estado era consciente del vacío: en 1962, la Oficina de Estudios Criminológicos del Ministerio de Justicia descalificó como "estadística sentimental de los periodistas y de los políticos" los conteos que circulaban, señalándolos como imprecisos y carentes de alcance científico. La ironía retrospectiva es que esa "sentimental" era casi todo lo que había: la literatura producida en paralelo al conflicto —libros partidarios, memorias de bando— estaba motivada por la defensa del propio partido y la culpabilización del adversario, sin interés en clarificar hechos ni contabilizar víctimas con rigor. La ruralidad del conflicto, la dispersión geográfica, la parcialidad de los cronistas y la ausencia de un aparato estadístico estatal dedicado dejaron a La Violencia como un episodio cuya magnitud aún hoy se estima en rangos, no en cifras.
Ese patrón —el Estado incapaz de contar su propia guerra, la sociedad civil construyendo contra-archivos parciales— se prolongó en la violencia de los años setenta y ochenta. El CINEP creó por entonces un banco de datos sobre violencia política cuyo objetivo declarado, en palabras del padre Javier Giraldo, era "salvar la memoria, no la estadística". La formulación es reveladora: la ambición estadística no era realista porque, según el propio CINEP, el subregistro derivaba de la combinación entre el temor de las familias a represalias y los altos costos —económicos, físicos, emocionales— asociados a la denuncia. En 1996 nació el proyecto Colombia Nunca Más, con la tarea de dar consistencia y confiabilidad a la información sobre crímenes de lesa humanidad recopilada por organizaciones sociales, de víctimas y de derechos humanos, y de articular acciones para visibilizar crímenes que no recibían atención de la justicia.
A diferencia de Argentina, Chile o Guatemala —donde las luchas por la memoria comenzaron tras el fin de dictaduras o guerras civiles—, en Colombia los agentes de memoria emprendieron su trabajo en medio de un conflicto activo. Documentar era arriesgar; sistematizar podía costar la vida. Esa condición estructural, arrastrada desde los ochenta, marcó las posibilidades y los límites del registro civil de la violencia mucho antes de que la Seguridad Democrática convirtiera el subregistro en instrumento explícito.
La arquitectura del vacío: por qué no se registra
El subregistro colombiano tiene una base técnica y estructural que precede y excede cualquier voluntad política. La primera capa es geográfica y burocrática. Las víctimas en zonas rurales enfrentan largas distancias y costos de transporte para llegar a los puntos de certificación; una vez allí, tropiezan con trabas burocráticas y exigencias documentales que muchas no pueden cumplir. El CNMH recogió testimonios de personas que simplemente desistieron: la ruta de atención se agotaba antes de conducir a alguna parte.
La segunda capa es el miedo. Denunciar en un país donde los actores armados aún operan, o donde los perpetradores conservan poder local, es un cálculo que muchas familias resuelven con el silencio. El CINEP identificó ese temor como uno de los factores centrales que producen "un enorme subregistro" en sus propios intentos de cuantificación.
La tercera capa es institucional y quizá la más corrosiva: los sistemas de información del Estado colombiano no hablan entre sí. Los datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, la Fiscalía General de la Nación y el Consejo Superior de la Judicatura son incompatibles, lo que impide comparar cifras o hacer seguimiento a una denuncia a lo largo del proceso judicial. En violencia sexual, esa fragmentación coexiste con un subregistro que, según el propio INMLCF, podría alcanzar el 95%: solo una fracción minúscula de los delitos sexuales llega a ser denunciada. El CNMH contabilizó 15.076 personas víctimas de delitos contra la libertad e integridad sexual en el marco del conflicto, de las cuales el 91,6% fueron niñas, adolescentes y mujeres adultas; el informe mismo asume el subregistro sin poder cuantificarlo.
La cuarta capa es conceptual. Las instituciones no coinciden en qué es un caso ni en quién puede ser autor. En desaparición forzada, algunas organizaciones no gubernamentales restringen el delito a crímenes del Estado y grupos paramilitares, excluyendo a las guerrillas; otras entidades oficiales niegan sistemáticamente la participación de las Fuerzas Armadas. Las bases resultantes son literalmente incomparables. La unidad de registro también varía: el Observatorio de Memoria y Conflicto del CNMH cuenta como un solo caso hasta tres víctimas de homicidio selectivo que compartan modo, tiempo y lugar, mientras la Presidencia y la Policía Nacional contabilizan cada homicidio como caso independiente conforme al Código Penal. La misma masacre puede aparecer con cifras distintas: en la masacre de Granada del año 2000, el CNMH reportó 17 víctimas y la prensa local, 19.
La quinta capa es étnica y clasista. La invisibilización opera sobre sujetos, no solo sobre hechos. En los registros integrados por el proyecto CEV-JEP-HRDAG, el 64,2% de las víctimas de homicidio no tienen identificada su pertenencia étnica; en reclutamiento, el 52,5%; en secuestro, el 52,4%. El desplazamiento forzado es la excepción notable, con apenas 1,2% de datos faltantes en la variable étnica —probablemente porque su registro se ha institucionalizado más tempranamente y con criterios más uniformes—. El Estado, en otras palabras, no supo o no quiso contar a los negros, a los indígenas, a los pobres rurales, cuya existencia estadística fue siempre una nota al pie.
La Seguridad Democrática: el subregistro como arma
Sobre esa base estructural, entre 2002 y 2010, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez montó un dispositivo de otra naturaleza: uno que hacía coincidir el crimen con su propio ocultamiento, donde el acto de matar y el acto de registrar la muerte formaban parte de una misma operación. La política de Seguridad Democrática, presentada como restablecimiento del monopolio estatal de la fuerza, se articuló desde el segundo semestre de 2003 alrededor de un sistema de incentivos —recompensas económicas, permisos, condecoraciones— destinados a la Fuerza Pública para producir resultados cuantitativos en bajas de combatientes. Esa presión por cifras coincidió con el aumento sostenido de ejecuciones extrajudiciales de civiles presentados como guerrilleros muertos en combate: los llamados falsos positivos. La Fiscal de la Corte Penal Internacional consideró que la práctica, por su magnitud y carácter metódico, equivalía a un ataque generalizado y sistemático contra la población civil, es decir, a un crimen de lesa humanidad.
El modus operandi consistía en reclutar civiles vulnerables —jóvenes pobres, trabajadores informales, habitantes de calle, personas con discapacidad— mediante engaños con promesas de trabajo; trasladarlos a regiones lejanas de su lugar de origen; asesinarlos; vestirlos con uniformes; equipar los cuerpos con armas; y presentarlos como guerrilleros dados de baja en combate. El acto criminal contenía, en su propia estructura, el mecanismo de su ocultamiento: la víctima civil desaparecía dos veces, primero al ser asesinada y luego al ser rebautizada como enemigo caído. Era simultáneamente desaparición forzada y ejecución extrajudicial, y el registro oficial —la baja reportada, la condecoración solicitada, el boletín de operaciones— era parte constitutiva del crimen.
Los instrumentos administrativos que apuntalaban ese sistema son rastreables. La Directiva permanente No. 0142 del 4 de mayo de 2008, firmada por el general Mario Montoya, delineó criterios para el otorgamiento de la medalla por servicios distinguidos en materia de orden público, vinculando explícitamente las bajas en combate a reconocimientos institucionales. Un oficial de alto rango declaró que Montoya habría instruido a sus subordinados a ofrecer 15 días de licencia y un millón de pesos por cada baja, financiados con fondos de gastos reservados de inteligencia. Un exmilitar declaró que desde la propia Escuela Militar se instruía sobre cómo "legalizar" muertes de civiles presentándolas como bajas en combate. La presión operaba en cascada desde los altos mandos hasta las unidades de base, y las unidades sin bajas eran presionadas. El mando de Montoya sobre el Ejército, entre marzo de 2006 y noviembre de 2008, coincidió con un aumento del 144% en ejecuciones extrajudiciales: el mayor incremento bajo cualquier comandante del Ejército en el período.
Lo notable, para la historia del subregistro, es la simetría entre el acto y su registro. Los falsos positivos no eran crímenes ocultados a posteriori: eran crímenes cuyo registro oficial era el mecanismo mismo de la impunidad. Cada baja reportada como guerrillero muerto en combate producía dos víctimas administrativas —un civil desaparecido que nunca aparecería como víctima, un guerrillero ficticio que abultaba las estadísticas de éxito militar— y ambas servían al mismo relato: el de una Seguridad Democrática que estaba ganando la guerra.
Soacha y la ruptura del silencio
El sistema comenzó a desmoronarse en septiembre de 2008, cuando pruebas de ADN identificaron los cuerpos de jóvenes desaparecidos de Bogotá y Soacha —entre once y dieciséis casos, según la fuente— que habían sido presentados por el Ejército como guerrilleros muertos en combate en los departamentos de Santander y Norte de Santander, a cientos de kilómetros de su lugar de origen y apenas días después de su desaparición. Los muchachos habían sido reclutados por civiles que, se supo después, estaban en nómina del Ejército, con promesas de trabajo en fincas del oriente colombiano. La coincidencia de los patrones —desaparición súbita, reclutador con oferta laboral, aparición como baja en combate en zonas remotas— era demasiado sistemática para explicarse por casualidad.
Las madres de esos jóvenes se organizaron al descubrir precisamente esas coincidencias. No se conocían previamente; las unió la búsqueda común de verdad y justicia, y la comprensión, compartida y devastadora, de que sus hijos habían sido asesinados por el Estado que los buscaba. Las Madres de Soacha realizaron plantones frente a la sede de la Fiscalía y en su municipio, portando batas blancas —símbolo de la inocencia de sus hijos— y pendones con fotografías. La cobertura mediática de ejecuciones extrajudiciales creció exponencialmente en los doce meses siguientes a las revelaciones, mientras las madres y las organizaciones de víctimas llevaban sus historias a los medios.
La respuesta del gobierno siguió un patrón que se repetiría durante toda la Seguridad Democrática y después: la versión inicial fue que los jóvenes eran, en efecto, guerrilleros muertos en combate; cuando esa versión colapsó ante las pruebas forenses, la estrategia se desplazó a sostener que se trataba de casos aislados, no de un fenómeno generalizado, y a estigmatizar a las organizaciones y víctimas denunciantes. Paralelamente, se intentó sustraer a los responsables de la justicia ordinaria mediante reformas al fuero penal militar. En octubre de 2008, Uribe destituyó a 27 militares, incluidos tres generales; en noviembre, el general Mario Montoya renunció como comandante del Ejército. Las Madres de Soacha, que habían empezado sin nombre y sin organización, terminaron obligando al aparato militar más poderoso del continente a producir su primera confesión pública, aunque parcial, de que algo había andado sistemáticamente mal.
La guerra por las cifras del desplazamiento
Mientras el escándalo de los falsos positivos escalaba, otra batalla se libraba sobre las cifras del desplazamiento forzado. Aquí el subregistro no operaba a través del acto criminal —los desplazados eran demasiados, demasiado visibles, para desaparecerlos uno por uno— sino a través de la definición, la metodología y la contabilidad. CODHES estimaba aproximadamente cuatro millones de desplazados internos acumulados; ACNUR, cerca de tres millones, situando a Colombia como el segundo país con mayor población de refugiados internos del mundo, después de Sudán, hasta que en 2005 pasó al primer lugar. La Conferencia Episcopal colombiana y CODHES coincidían en que la cifra superaba los 3.500.000. El gobierno Uribe, en cambio, reportó una disminución del 37% en el desplazamiento forzado durante 2004; CODHES, para el mismo año, calculó un aumento del 38,5%. Según la Universidad de los Andes y la Conferencia Episcopal, el subregistro oficial del desplazamiento respecto al Registro Único de Población Desplazada era de aproximadamente el 30%; la encuesta de Profamilia lo estimaba en 20%.
La Corte Constitucional y diversas ONG criticaron la metodología estatal por producir cifras sistemáticamente inferiores a la realidad. El censo de 2005 registró 1.542.915 víctimas de desplazamiento entre 1995 y 2005, pero las ONG estimaban entre dos y tres millones para el mismo período, y CODHES calculaba que solo desde 2002 —inicio del gobierno Uribe— habían sido desplazadas cerca de 1,5 millones de personas. La distancia entre lo que el Estado reconocía y lo que ocurría en los territorios era, literalmente, de millones. Y el reconocimiento del fenómeno en su conjunto tardó: la Ley 1448 de 2011, la llamada Ley de Víctimas y Restitución de Tierras impulsada bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, fue el primer instrumento normativo que reconoció explícitamente la existencia de un conflicto armado interno, un proceso masivo de desplazamiento y el despojo de tierras —fenómenos que la Seguridad Democrática había preferido no nombrar en esos términos—.
El exilio, por su parte, quedó fuera. La Ley 1448 no reconoce el exilio ni el refugio como hechos victimizantes en sí mismos, ni las afectaciones diferenciales que produce el cruce forzado de fronteras. Contrastadas con las estimaciones de ACNUR sobre refugiados colombianos —entre 300.000 y 600.000 personas—, las personas registradas por la Unidad para las Víctimas como víctimas en el exterior representarían apenas entre el 4% y el 7% del universo estimado. Un subregistro de entre 93% y 96% de una población entera, borrada de las políticas de atención por una decisión legislativa.
Los contra-archivos
Frente al vacío estatal, la sociedad civil colombiana construyó desde los años ochenta un sistema de contra-archivos que no era una respuesta homogénea sino un mosaico de proyectos con matrices políticas, teológicas y académicas distintas. El primero en importancia fue el Banco de Datos del CINEP, con su clasificación de hechos en categorías como "violación de derechos humanos" y "violencia político-social". Nacido de la matriz jesuita, priorizó la denuncia con acompañamiento pastoral y jurídico a comunidades concretas —campesinos, sindicalistas, pueblos indígenas y afrodescendientes— sobre la ambición estadística; el propio padre Javier Giraldo lo había resumido así: salvar la memoria, no la estadística.
En 1996 se sumó Colombia Nunca Más, articulado en red con más de una docena de organizaciones de derechos humanos y de víctimas. Su horizonte era construir un archivo capaz de sostener la exigencia de justicia contra crímenes de Estado, y su método consistía en dar consistencia y confiabilidad a la información acumulada por las bases sociales. CODHES surgió antes, como respuesta a la ceguera oficial sobre el desplazamiento en un momento en que ni el gobierno ni la comunidad internacional reconocían la magnitud del fenómeno; año tras año construyó cifras alternativas que le disputaban al gobierno la narrativa del éxito. El CERAC, más tardío y con vocación académica, se propuso desde el inicio criterios de selección explícitos y verificables: que los actos violentos tuvieran finalidad política y estuvieran dirigidos a un grupo identificable por sus intereses en el conflicto. Cada archivo llevaba inscrita en su método una teoría de qué era la guerra y quiénes eran sus víctimas.
Esa diversidad tenía un precio: los contra-archivos no eran comparables entre sí. Diferían sobre la autoría —si las guerrillas podían cometer desaparición forzada, o si el término debía reservarse a crímenes del Estado y paramilitares, es el ejemplo más agudo—, sobre la definición de víctima y sobre la unidad de registro. Los marcos interpretativos respondían a intereses institucionales y bases sociales distintas. Esa incomparabilidad no era una falla técnica a corregir con estandarización: era la expresión de que las distintas organizaciones estaban contando fenómenos parcialmente distintos, con propósitos parcialmente distintos.
Los propios contra-archivos enfrentaban limitaciones estructurales similares a las del Estado: el temor de las víctimas a represalias, los altos costos de la denuncia, la dispersión y escasa sistematización de la información, la persistencia del conflicto que hacía peligroso incluso el acto de documentar. En Nariño, una hipótesis atribuye el subregistro a que la sección judicial estaba manejada por militares y Policía Judicial que tenderían a ocultar la gravedad del conflicto y la vinculación sociopolítica de las víctimas. En el Cauca, una hipótesis paralela plantea que el sesgo editorial del medio utilizado como fuente registraría solo hechos asociados a la insurgencia, omitiendo los que afectaban a organizaciones sociales. Ambas muestran que el registro civil no era un espejo neutral: también estaba atravesado por decisiones editoriales, ideológicas y de seguridad.
Existió, además, un archivo íntimo, doméstico, que raramente entra en las contabilidades formales: cuadernos escolares donde madres anotaban las fechas de desaparición, cajas de zapatos con recortes de prensa guardadas bajo la cama, fotografías que sobrevivieron a los desplazamientos porque alguien decidió cargarlas en el bolsillo antes de huir. Los talleres de memoria del CNMH y de organizaciones como la Ruta Pacífica de las Mujeres trabajaron durante años para incorporar esos archivos privados al patrimonio documental de la guerra. La conversión de un cuaderno familiar en fuente histórica exigía traducciones que no siempre eran posibles: la lógica del duelo no coincide con la lógica del acta, la fecha aproximada no encaja en la casilla del formulario, el nombre repetido de varios muertos en una misma familia produce redundancias que el software elimina. Cada procedimiento de estandarización perdía algo por el camino, y esa pérdida —silenciosa, acumulativa— es parte del subregistro tanto como los formularios en blanco de los que nadie llegó a llenar.
La Habana, la JEP y la arqueología de las cifras
El Acuerdo Final firmado en La Habana en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC creó el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, con tres componentes centrales: la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, presidida por el padre Francisco de Roux; la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas; y la Jurisdicción Especial para la Paz. Ese sistema convirtió el desmontaje del subregistro en tarea explícita del Estado, por primera vez en la historia colombiana.
El proyecto más ambicioso fue la consultoría estadística conjunta entre la CEV, la JEP y el Grupo de Análisis de Datos sobre Derechos Humanos (HRDAG). El equipo integró 112 bases de datos existentes provenientes de 42 entidades y organizaciones, incluyendo instituciones del Estado y organizaciones de la sociedad civil, para producir estimaciones sobre violaciones de derechos humanos en el conflicto. Analizó al menos homicidio, reclutamiento, secuestro y desplazamiento forzado. Para las tres primeras violaciones aplicó imputación estadística —un procedimiento matemático para estimar valores faltantes— con el fin de calcular no solo las víctimas documentadas sino aproximaciones al universo real, incluyendo las víctimas que ninguna base había registrado. El desplazamiento forzado, con menor porcentaje de datos faltantes, se procesó solo mediante integración de bases sin imputación.
Capa tras capa, el proyecto mostró que las víctimas reales excedían con creces a las registradas. El caso de las 27.290 víctimas afrodescendientes de homicidio estimadas por la consultoría, frente a las 4.501 del RUV, es paradigmático: no se trataba solo de que faltaran registros, sino de que faltaban comunidades enteras. La imputación étnica fue una decisión metodológica deliberada: ignorar los datos faltantes generaba sesgos en la representación de grupos étnicos, así que se desarrolló un procedimiento para calcular valores imputados a partir de las variables disponibles. Contar bien exigía, primero, aceptar cuánto no se había contado.
Los territorios rurales revelaron brechas aún más brutales cuando se examinaron caso por caso. En el municipio de El Castillo (Meta), el RUV registró apenas 77 homicidios y 7 desapariciones forzadas entre 2002 y 2008; los testimonios de cientos de personas recogidos durante la investigación del CNMH documentaron más de 200 asesinados en el mismo período. La memoria de las comunidades y el registro del Estado narraban dos guerras distintas en un mismo lugar.
La huella: reparación imposible sin registro
El subregistro tiene consecuencias materiales inmediatas. Cada víctima no reconocida por el RUV queda por fuera de la política de reparación creada por la Ley 1448 de 2011: no accede a indemnización administrativa, no ingresa a los programas de restitución, no cuenta para los indicadores de cumplimiento estatal. Los 17.000 casos de tortura documentados por el OMC del CNMH pero ausentes del RUV, los 31.500 homicidios que el GMH estimó que faltaban, los cientos de miles de víctimas afrodescendientes invisibilizadas por la ausencia de identificación étnica, los refugiados en el exterior no reconocidos como víctimas por la ley: cada categoría de subregistro se traduce en una categoría de exclusión. La Comisión de la Verdad constató que el alto subregistro en tortura —derivado de trabas para denunciar, dificultades para evidenciar la tortura y la no inscripción cuando la víctima es asesinada— dificulta conocer las dimensiones reales de las violaciones y, por tanto, planificar cualquier política de no repetición.
La implementación de la Ley 1448 evidenció, además, que el subregistro se manifiesta también dentro de las víctimas ya reconocidas: hacia 2012, la Unidad para las Víctimas aún trabajaba en instrumentos para planes individuales de reparación integral que incluyeran restitución, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición, más allá de la indemnización administrativa. Reconocer la existencia de la víctima era un primer paso; repararla en sus múltiples dimensiones —lo simbólico, lo colectivo, lo territorial— seguía siendo tarea pendiente. En desaparición forzada, en el 51% de los casos documentados hasta la fecha del balance del CNMH no se conoce quién es el autor: la impunidad estructural que acompaña al subregistro cierra el círculo.
Un legado que no cierra
El subregistro colombiano es un fenómeno estratificado. Su base estructural —la desarticulación institucional, las barreras geográficas y burocráticas, el temor de las víctimas, la ausencia territorial del Estado— viene desde La Violencia y sobrevivirá probablemente a cualquier gobierno. Sobre esa base, durante la Seguridad Democrática, se montó una capa deliberada: los falsos positivos como tecnología de invisibilización que hacía coincidir el crimen con su registro, la disputa política de las cifras de desplazamiento como estrategia narrativa, la obstrucción del fuero penal militar como intento de proteger a los responsables. El Acuerdo de La Habana, la Comisión de la Verdad y la JEP han emprendido la tarea inversa —integrar bases, imputar valores faltantes, cruzar testimonio con acta, devolver al universo público a las víctimas sustraídas—, pero el trabajo es interminable en un país donde el conflicto no ha cerrado, donde persisten actores armados, donde defender la memoria sigue siendo un oficio peligroso.
El período posterior al Acuerdo mostró rápidamente los límites de la apuesta. El asesinato sostenido de líderes sociales y firmantes de paz, la reconfiguración de estructuras armadas en territorios abandonados por las FARC, los ataques al Sistema Integral por parte de sectores políticos que nunca aceptaron el Acuerdo, el debilitamiento presupuestal de la Unidad de Búsqueda: cada uno de esos frentes recreó, en clave nueva, las condiciones históricas del subregistro. Documentar sigue siendo un acto arriesgado. Las estadísticas que se producen hoy sobre asesinatos de líderes varían según el observatorio que las levante —el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Somos Defensores, la Defensoría del Pueblo, la Misión de Verificación de la ONU—, y la disputa por qué asesinato cuenta como asesinato político reproduce las mismas divergencias que atravesaron los archivos de la guerra anterior. Cada nuevo líder acribillado en una vereda del Cauca o del Catatumbo abre otra vez la pregunta de quién lo va a contar, cómo y en qué casilla.
Contar bien la guerra colombiana sigue siendo, entonces, un acto en curso. Cada cifra ajustada al alza, cada víctima añadida al RUV, cada base de datos que consigue hablar con otra, cada comunidad étnica que deja de aparecer como "sin identificar", es una pequeña victoria contra un dispositivo histórico de olvido. Detrás de cada uno de esos avances está la insistencia obstinada de miles de víctimas que se registran aunque el sistema las expulse, que vuelven a la oficina cuando el funcionario les dice que su caso no aplica, que enseñan a otras familias a llenar los formularios. Desmontar el subregistro es, más que un problema técnico, obligar al país a mirar aquello que sus estadísticas oficiales fueron diseñadas, en muchos momentos, para no ver.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Falsos positivos: práctica criminal de la Seguridad Democrática en la que el registro oficial de la baja era el mecanismo mismo del subregistro de la víctima civil
- 02Registro Único de Víctimas (RUV): principal base de datos oficial cuyas brechas con otras fuentes ilustran la magnitud del subregistro en Colombia
- 03Desaparición forzada: categoría donde el subregistro se agrava por definiciones divergentes entre instituciones sobre quién puede ser autor del delito
- 04Comisión de la Verdad / JEP: instituciones de justicia transicional que impulsaron el proyecto CEV-JEP-HRDAG para medir y corregir el subregistro
- 05CINEP y Colombia Nunca Más: organizaciones que construyeron contra-archivos ante la insuficiencia del registro oficial, enfrentando a su vez sus propios límites por el temor de las víctimas y los costos de la denuncia
- 06Mario Montoya: general cuyo mando del Ejército (2006-2008) coincidió con el mayor incremento de ejecuciones extrajudiciales y cuya Directiva 0142 de 2008 vinculó bajas en combate a reconocimientos institucionales
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
49 documentos · 64 fragmentos
01Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 243, 2522 citas
[1]datos disponibles Para el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), en palabras del padre Javier Giraldo, el objetivo del banco de datos de esa organización es “salvar la memoria, no la estadística”. Más que producir cifras, el banco de datos se propone hacer seguimien- to al fenómeno de la violencia…
p. 252
[10]la invisibilización y la desatención pública sobre esta modalidad especí fi ca de violencia. A estas limitaciones, sobre todo referidas a décadas anteriores, se enfrenta la revisión del soporte estadístico o inventario de casos de la desaparición, con énfasis en la desaparición forzada. Este hecho es difícil…
p. 243
02«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 18, 1192 citas
[2]colombiana Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) calcula que hay alrededor de cuatro millones de desplazados internos en Colombia, mientras que el ACNUR estima que la cifra se aproxima a los tres millones. Las cifras del gobierno son mucho más bajas, pero diversas ONG que trabajan en temas…
p. 119
[63]de cautiverio. De igual modo, se ha reducido el número de homicidios de civiles relacionados con el conflicto, desde un pico reciente de alrededor de 4.000 en 2002 hasta alrededor de 1.400 en 2007. También ha mejorado la seguridad en algunos de los principales centros urbanos como Bogotá o Medellín, así como en muchas…
p. 18
03Violencia Sexual, Conflicto Armado y Justicia en ColombiaClaudia Cecilia Ramírez Cardona (coord.); Andrea González Rojas; Constanza Clavijo Velasco; Carmen Alicia Mestizo Castillo; Belén Pérez González · 2007 · p. 111 cita
[3](Relatoría CIDH, 2006). Los registros oficiales presentan graves problemas internos que parten de la existencia de un subregistro generalizado de denuncias por violencia sexual que se incrementa en el contexto del conflicto armado. Según lo referido por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses el…
p. 11
04La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 2981 cita
[4]víctima y otra cosa es ser accidente, entonces 299 5. “¿Cómo que no nos van a incluir como víctimas? ¿Para ustedes qué es una víctima pues?” Memorias de las respuestas institucionales yo creo que por eso es que se las niegan, les niegan ese derecho digamos (CNMH - Prolongar, mujer adulta, testimonio, taller de memoria…
p. 298
05Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 284, 9842 citas
[5]las autoridades, y existen trabas para denunciar los hechos en zonas apar- tadas del país; 2) cuando la víctima es asesinada, generalmente la tortura no se registra, a pesar de que se haya cometido ese crimen y 3) hay dificultades para evidenciar la tortura, en particular las torturas psicológicas. La Comisión de la…
p. 284
[18]una responsabilidad ética y política de sectores de la fuerza pública, otros agentes del Estado, los grupos paramilitares, los grupos guerrilleros y los terceros civiles del sector económico y político y de las élites regionales en la perpetración de esos crímenes. Durante el conflicto armado, los civiles son las…
p. 984
06Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 261 cita
[6]que tener en cuenta que para la construcción de este re- gistro se partió del hecho de la existencia de un subregistro de víctimas y de hechos victimizantes. Al respecto se pudieron en- contrar razones que explican este hecho. En el caso de Nariño, puede obedecer a que la sección judicial era manejada por los…
p. 26
07Desaparición forzada. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoElsa Blair · 2018 · p. 78, 1292 citas
[7]sentido como en el otro. Es decir, para limpiar las cifras de DFP pero, al mismo tiempo, para proporcionar un número exacto de personas ejecutadas por esta vía y tratar de lograr su reconocimiento como delito grave del Estado y su tipificación, con su respectivo juzgamiento y castigo. Hay problemas también, y sobre…
p. 129
[8]más certeramente construidos. Pero, sin duda, uno de los aspectos que más dificulta el trabajo compara- tivo con las cifras de las víctimas de la DFP, para unir esfuerzos y consolidar un registro único, son las diferencias existentes entre las instituciones (sobre todo no gubernamentales) a la hora de determinar un…
p. 78
08Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 135, 4782 citas
[9]homicidio, no se identifica la etnia del 64,2% de las víctimas. En reclutamiento y secuestro, el 52,5% y el 52,4% de las víctimas, respectivamente, no reportan su pertenencia étnica. El desplazamiento forzado es la violencia donde se encuentra la menor cantidad de información faltante en la variable de pertenencia…
p. 135
[20]La primera concierne a las causas, temporali- dad y autores en regiones del país como el Medio Atrato (incluyendo Quibdó), San Andrés Islas y Buenaventura. La segunda modalidad corresponde a las ejecuciones extrajudiciales que afectaron a personas autorreconocidas como afrodescendientes. Se presentarán, así mismo,…
p. 478
09Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 124, 1692 citas
[11]y la Jurisdicción Especial para la Paz, junto con el Grupo de Análisis de Datos en Violaciones de Derechos Humanos (HRDAG, por su sigla en inglés). Para mayor información, ver los anexos técnicos. 104 Estas gráficas y las cifras que presenta la Comisión sobre las cinco violaciones analizadas son el resultado de la…
p. 124
[19]fundamentalmente campesinas, posibilidades productivas y dinámicas culturales ha sido una catástrofe que si bien ha sido conocida en el país, es silente especialmente en cuanto sus efectos sociales. 176 Entrevista 267-VI-00007. Mujer, víctima de desplazamiento forzado, despojo, ataque indiscriminado y amenazas. 177 A…
p. 169
10No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 271 cita
[12]agotan la experiencia, pero permiten comprender la magnitud de lo que han sufrido las niñas, niños y adolescentes en el conflicto armado. Estas cifras se construyeron en un proyecto de integración de datos y estimaciones estadísticas que adelantaron en conjunto la Comisión de la Verdad, la Jurisdicción Especial para…
p. 27
11Limpieza social. Una violencia mal nombradaCarlos Mario Perea Restrepo · 2015 · p. 301 cita
[13]revista Noche y Niebla 43. En dos lugares de la clasificación que preside el registro de la 42 Están las bases del Observatorio de Derechos Humanos y Derecho Internacio- nal Humanitario de la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos; del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC); la reciente…
p. 30
12Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 221 cita
[14]los registros, se mantiene hasta 1996, cuando se inicia el incremento hasta 2001, con un leve equilibrio en los datos de 1997 y de 1998. En todos los años el número de registro duplica los del Observatorio de Memoria y Conflicto, disparidad que podría explicarse por la diferencia en la metodología utilizada para la…
p. 22
13Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 1771 cita
[15]cometidas por paramilitares, el 17, 3 por ciento por guerrillas, el 7, 9 por ciento fuerza pública en acciones conjuntas y 0, 4 por cien- to otros grupos (CNMH, 2012, página 47). Según el Banco de da- tos de Cinep (2003) en la subregión del oriente antioqueño hubo 58 masacres entre 1988 y 2005; cada uno de estos…
p. 177
14Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2961 cita
[16]de veinte publicaciones periódicas y, en segundo lugar, reportes acopiados directamente por una red de colaboradores de las dos instituciones. Como referiremos más adelante, en nuestro control de calidad de la información no encontramos problemas de cobertura notorios, aun cuando, como es obvio, es imposible registrar…
p. 296
15Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 5951 cita
[17]reportan información desde 2001 y 2002, respectivamente. Ambas, probablemente, distorsionan en algún grado la continuidad y conmensurabilidad de la información. No obstante, es difícil conocer la dimensión de este sesgo. La versión de la base de datos que se usa en este libro (versión 9), contiene información desde…
p. 595
16¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 41 cita
[21]en el protagonismo de los mismos actores armados, quie- 7. Esta cifra podría ser mucho mayor si se tiene en cuenta el resultado de la comparación de una muestra de los casos de homicidio documentados por el GMH con el RUV. El GMH realizó un muestreo aleatorio simple con un 98% de confiabilidad y 2% de error. De este…
p. 4
17Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 3941 cita
[22]humanos en Colombia, A/HRC/ 22 / 17 /Add. 3, 07 de enero de 2013, párrafo 75. 705 Coordinación Colombia – Europa – Estados Unidos y Observatorio de derechos humanos y derecho humanitario. (2008). Informe Final de la Misión Internacional de Observación sobre Ejecuciones Extrajudiciales e Impunidad en Colombia. Bogotá,…
p. 394
18No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 524, 5342 citas
[23]de las filas. Todo se fue aclarando y se fue agravando. Cuando un mes y medio más tarde apareció la noticia sobre los casos de Soacha, ya teníamos suficientes elementos para saber que los falsos 1514 El general Carlos Suárez lideró una comisión de investigación al interior del Ejército sobre las anomalías que se…
p. 524
[27]así como la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el CICR. No obstante, el Ejecutivo mantuvo la estrate- gia de defensa construida sobre un discurso de estigmatización de las organizaciones y víctimas denunciantes. Se siguieron emitiendo guías que consideraban las bajas en…
p. 534
19Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 168, 1714 citas
[24]data of the first half of the year, the total for the year was ninety-five incidents and 175 victims, a de- crease from the 149 cases in 2007 but an increase from the sixty-eight of 2006. 13 A year later, the new policies seemed to be working. An investiga- tion by the Jesuit think tank Center for Research and Popular…
p. 171
[25]data of the first half of the year, the total for the year was ninety-five incidents and 175 victims, a de- crease from the 149 cases in 2007 but an increase from the sixty-eight of 2006. 13 A year later, the new policies seemed to be working. An investiga- tion by the Jesuit think tank Center for Research and Popular…
p. 171
[30]end justifies the means.” Both cases caused additional challenges to the judicial system. In both cases, the questions were, who approved these illegal activi- ties, and more specifically, did President Uribe order them or know about them? Should he have known if he did not? False Positives In Septem ber 2008, falsos…
p. 168
[31]end justifies the means.” Both cases caused additional challenges to the judicial system. In both cases, the questions were, who approved these illegal activi- ties, and more specifically, did President Uribe order them or know about them? Should he have known if he did not? False Positives In Septem ber 2008, falsos…
p. 168
20Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 4381 cita
[26]Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 28 de septiembre de 2008, Comu- nicado de Prensa). Es importante resaltar, como ya se anotó, que en este tipo de desapariciones la justificación de la lucha contrainsurgente per- manece como en los períodos anteriores, pero de lo que en verdad 439 6…
p. 438
21Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 1681 cita
[28]pressures that accelerated the practice. One incident catalyzed the public conversation. In early 2008, sixteen young men in Soacha, a working- class suburb of Bogotá, dis appeared after telling their families that they had gotten work and were leaving town. Civilian recruiters— later revealed to be in the army’s pay—…
p. 168
22"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 68, 952 citas
[29]marzo de 2006 a noviembre de 2008, coincide con el mayor aumento en las ejecuciones extrajudiciales –144%– bajo el mando de cualquier comandante del Ejército durante el periodo. Según un oficial de alto rango entrevistado para este estudio, el general Montoya le dijo: “Mire, es que usted frenó, ya no tiene bajas, en…
p. 68
[34]a llevar sus historias. Como se muestra abajo, la cobertura en los medios de ejecuciones extrajudiciales creció exponencialmente en los 12 meses siguientes a las revelaciones sobre el caso de Soacha. 223 Observatorio de derechos humanos y derecho humanitario de la Coordinación Colombia– Europa–Estados Unidos:…
p. 95
23Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 2001 cita
[32]y luego lo viste, los rotos del uniforme no van a coincidir con el disparo que tiene». O el primer ejemplo que el instructor pone: si tienen un problema y un campesino resultó muerto, pues hagan esto como para no tener problemas. Entonces ellos hablaban de que muchas veces, si uno andaba con su tropa y... no sé... Es…
p. 200
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1831 cita
[33]en zonas urbanas, con personas en condición de vulnerabilidad socioeconómica, trabajadores informales, habitantes de calle y en condi- ción de discapacidad 595. El departamento con más registro de estos hechos fue Antioquia. Un exintegrante del Ejército, que en ese momento operaba en Medellín, se refirió a la presión…
p. 183
25Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1031 cita
[35]por la espalda; fue terrible la forma en que mataron a este muchacho”; y 102 Profesor César Mauricio Bello Díaz me estaba empezando a explicar todo, cuando de pronto entró el Ejército al cementerio. Yo no sé de dónde salió todo ese batallón, pero en un segundo nos rodearon a todos. Entonces dijeron: —¡A quién están…
p. 103
26El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1332 citas
[36]funcionarios públicos frente a las ejecuciones extrajudiciales cometidas por miembros de la fuer- za pública presentadas como muertes de guerrilleros en combate, en el sentido de negar los hechos (que fueran ejecuciones extrajudiciales), que su magnitud fuera la denunciada (alegando que eran casos aislados), e…
p. 133
[37]funcionarios públicos frente a las ejecuciones extrajudiciales cometidas por miembros de la fuer- za pública presentadas como muertes de guerrilleros en combate, en el sentido de negar los hechos (que fueran ejecuciones extrajudiciales), que su magnitud fuera la denunciada (alegando que eran casos aislados), e…
p. 133
27Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1901 cita
[38]to Codhes (see table 96 The Society and Its Environment 4, Appendix). By United Nations High Commissioner for Refugees estimates, the number is 3 million, still the second highest popula- tion of internal refugees in the world, after Sudan. Many of these desplazados left areas where fighting intensified under Plan…
p. 190
28El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 3442 citas
[39]hemisferio occiden- tal”, ya había catalogado el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) la situación de desplazamiento interno en el año 2000. Solo tres años después Colombia era el segundo país con más desplazados del mundo después de Sudán, y por encima de El terrorismo de Estado en Colombia ///…
p. 344
[40]hemisferio occiden- tal”, ya había catalogado el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) la situación de desplazamiento interno en el año 2000. Solo tres años después Colombia era el segundo país con más desplazados del mundo después de Sudán, y por encima de El terrorismo de Estado en Colombia ///…
p. 344
29Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4441 cita
[41]pronunciado por el presidente Álvaro Uribe en la Asamblea general de las Naciones Unidas, Codhes sostenía que, en realidad, los desplazados habían aumentado 38,5 %.9 Por lo demás, en 2005 las cifras del Alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados (Acnur) sobre el desplazamiento forzoso en Colombia ya…
p. 444
30Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 3511 cita
[42]en este capítulo tres fuentes de in- formación: 1. Las declaraciones realizadas en el Registro Único de Te- rritorios y Predios Abandonados – RUPTA– individual y colectivo a agosto de 2013; 2. Las solicitudes de ingreso al Registro de Tierras –RTDA– de la URT (Unidad de Restitución de Tierras) y 3. La encuesta de…
p. 351
31Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 251 cita
[43]resultante (menor a los 3.000.000 de personas) se puede tomar como referencia para fijar metas a la superación del subregistro, el cual, de acuerdo con la Universidad de los Andes y la Conferencia Epis- copal, es de 30% con respecto a las cifras oficiales, mientras que de acuerdo con la encuesta de Profamilia sería…
p. 25
32La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1241 cita
[44]zonas selváticas de ínfima productividad. […] el segundo gran componente de una política de ordenamiento de la población en el territorio es la urbanización planificada y ordenada de los desplazados por la violencia” [Reyes, 2009, 369-370]. La Ley de Víctimas fue expedida en noviembre de 2011 y contiene la…
p. 124
33Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 701 cita
[45]allá de las fronteras A pesar del avance del proceso de la Uariv en algunos de los países que ha desarrollado el registro de connacionales, las ci- fras reportadas a la fecha son apenas una muestra del universo estimado de connacionales exiliados en el mundo. Si se toman las cifras históricas publicadas por el Acnur…
p. 70
34La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[46]inscripción en el Registro Único de Víctimas (RUV) y que su caso sea valorado, los connacionales víctimas deben presentar su solicitud ante el Consulado de Colombia en el país donde residen. El hecho de ser refugiado no otorga por sí mismo el reconocimiento como víctima bajo los parámetros de la Ley 1448 de 2011 71.…
p. 62
35La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 251 cita
[47]Nacional de Memoria Histórica (en adelante CNMH) contabilizó 15. 076 per- sonas víctimas de delitos contra la libertad y la integridad sexual en el marco del con fl icto armado. De estas, el 91, 6 por ciento han sido niñas, adolescentes y mujeres adultas. Aún asumiendo el su- bregistro de la cifra, este estimado…
p. 25
36Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 1151 cita
[48]El Castillo, solo ocho personas fueron víctimas directas de acciones armadas, 18 de amenaza, dos de violencia se- xual, siete de desaparición forzada, 77 de homicidio, 19 de minas antipersonal y munición sin explotar (MAP-MUSE), 12 de secues- tro, tres de tortura, una de reclutamiento de personas menores de edad y…
p. 115
37Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 1161 cita
[49]a muchos les compararon su fin- ca bajo presión, no vendieron sus fincas porque quisieron, sino porque les tocó tener que salir corriendo y regalar la casa en $2 500 000, porque me tengo que ir. O sea, no la vendió porque quiso, sino porque era una orden (CNMH, entrevista con hom- bre, Bogotá, 2013). 8 18 3 7 77 19 12…
p. 116
38When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 11 cita
[50]Introduction The Violencia and Its Literature On the fourth of June 1949} the registrar of voters of Santa Isabel} Tolima} picked up a pistol and fired a bullet through his brain. The news caused a ripple of interest in the village} and for several days people mused on his untimely passing. A newspaper in the nearby…
p. 1
39Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 5941 cita
[51]character that stood in the way of its comprehension. Antecedents Almost simultaneously with the development of the Violence, between 1948 and 1964, a great deal of literature was produced on the topic. In general it consists of disparate works in terms of quality, and the main motivation of many authors was to defend…
p. 594
40La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 3551 cita
[52]Localizador de la violencia, Colombia es una arteria rota de América. En los campos siguen cayendo las gentes humildes. ¿Cuántos son los muertos? Los investigadores pueden apelar ahora a cuadros estadísticos llevados en los organismos militares y de la policía sin ningún preconcepto político. La recopilación de la…
p. 355
41Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4521 cita
[53]campesinos pobres. En conclusión, las cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958, con base en las pocas fuentes fidedignas disponibles, serían las que se presentan en la tabla 19.3. Tabla 19.3 Cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958…
p. 452
42When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 163 citas
[54]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
[55]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
[56]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
43Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4271 cita
[57]1980s related to the armed conflict and its victims. However, unlike other Latin American countries that undertook memory struggles and campaigns once dictator - ships had already ended or when negotiated solutions to armed conflict had been reached, memory agents in Colombia began their struggle in the midst of an…
p. 427
44Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 111 cita
[58]Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…
p. 11
45Balance de la acción del Estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas. Tomo IVCentro Nacional de Memoria Histórica; Luz Marina Monzón Cifuentes (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1451 cita
[59]y las nuevas solicitu- des a octubre de 2012 rondaban los 280. 000 registros 177. Otro aspecto pendiente del marco anterior al cual deberá hacer frente la Unidad para los casos nuevos y los antiguos es la manera en la cual se procederá a conceder las demás medi- das de reparación a las cuales las víctimas tienen…
p. 145
46JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020.htmlp. 11 cita
[60]JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020 Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/Destacan-logros-del-Sistema-Integral-de-Verdad%2C-Justicia%2C-Reparaci%C3%B3n-y-no-Repetici%C3%B3n-de-Colombia.aspx Fecha de consulta: 2026-08-10.…
p. 1
47Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1621 cita
[61]Siendo la mayoría de nosotras habitantes de Soacha no nos conocíamos. La búsqueda de nuestros hijos y hermanos desaparecidos, las coincidencias en los informes que nos daban sobre su muerte en la Fiscalía y Medicina Legal, y la información que en nuestra desesperada búsqueda nos iba llegando a través de vecinos,…
p. 162
48Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 3691 cita
[62]atención a casos especí fi cos, o para exigir la comprensión y atención de la desaparición forzada ejecutada contra poblaciones especí fi cas como las niñas, jóvenes y mujeres adultas. Las Madres de Soacha, por ejemplo, han realizado plantones en la sede de la Fiscalía y en su municipio para solicitar celeridad en los…
p. 369
49Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 511 cita
[64]I examine the factors that made this possible, fac- tors that are the focus of much of the rest of this book: the increasing pro- fessionalization of human rights groups (and their corresponding greater credibility and research capacity), the growing acceptance of human rights in the post–cold war era, and the new…
p. 51