Idea · Crisis y narcotráfico
Derechos humanos
Los derechos humanos en Colombia son un lenguaje político forjado en la guerra sucia de los años setenta y ochenta, cuando víctimas, abogados perseguidos y organizaciones no gubernamentales lo adoptaron para nombrar y denunciar la represión estatal, logrando victorias normativas históricas que conviven con una derrota material que aún no termina.
Trayectoria de una idea
- 1978
El Estatuto de Seguridad como detonante
- 1979
Primera comunicación individual ante la ONU
- 1980
Primera visita de Amnistía Internacional y primer informe internacional
- 1982
Victoria política: el costo electoral de la represión
- 1987
La Corte Suprema declara inexequible el juzgamiento militar de civiles
- 1988
ASFADDES lleva la desaparición forzada a Europa
- 1991
La Constitución de 1991: refundación normativa
- 1995
Proyecto Colombia Nunca Más
- 1996
Reconocimiento de la CIDH y apertura de la Oficina de la ONU
- 1997
Instalación de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU y asesinatos de defensores
La lectura
Los derechos humanos en Colombia no llegaron como doctrina importada sino como respuesta urgente de víctimas y activistas que enfrentaban la maquinaria represiva del Estado bajo el Estatuto de Seguridad de 1978 y la Doctrina de Seguridad Nacional. El movimiento que los articuló fue obra de sectores marginalizados de clase media-baja con experiencia directa de violencia política, quienes aprendieron a usar el lenguaje internacional de los derechos para hacer visible lo que el Estado negaba, pagando ese trabajo muchas veces con el exilio, la persecución y la muerte. Sus victorias fueron reales: erosionaron el Estatuto de Seguridad, influyeron en la derrota electoral de Turbay, obtuvieron la declaratoria de inexequibilidad del juzgamiento militar de civiles en 1987 y contribuyeron decisivamente al espíritu garantista de la Constitución de 1991. Pero esas victorias normativas convivieron siempre con una derrota material: mientras se firmaban convenciones y se creaban consejerías presidenciales, los paramilitares exterminaban a la Unión Patriótica y asesinaban a los propios defensores en sus oficinas. La historia de los derechos humanos en Colombia es, en última instancia, la historia de una tensión irresuelta entre el Estado que proclama garantías y el Estado que las viola.
Los derechos humanos en Colombia
Los derechos humanos en Colombia no son una doctrina heredada de tratados lejanos ni un catálogo aprendido en las facultades de derecho. Son, ante todo, un lenguaje forjado en el fragor de la guerra sucia, una gramática que las víctimas, las madres de desaparecidos, los abogados perseguidos y un puñado de organizaciones no gubernamentales aprendieron a hablar en los años setenta y ochenta para nombrar lo que el Estado prefería no nombrar. De ese trabajo obstinado, muchas veces pagado con la vida, salieron la denuncia internacional que erosionó el Estatuto de Seguridad de Turbay, la Constitución garantista de 1991, la Corte Constitucional y la tutela, y, más tarde, el andamiaje de justicia transicional del Acuerdo de 2016. Pero también quedó, en el mismo movimiento, la evidencia de que el Estado colombiano aprendió a hablar el idioma de los derechos sin renunciar a la razón contrainsurgente: firmó convenciones mientras vetaba las leyes internas que las hacían efectivas, creó consejerías presidenciales mientras los paramilitares exterminaban a la Unión Patriótica, y proclamó una carta ambiciosa mientras los defensores caían asesinados en sus oficinas. La historia de los derechos humanos en Colombia es la historia de una victoria normativa que convive con una derrota material que aún no termina.
Qué son los derechos humanos en clave colombiana
En un país que estuvo bajo alguna forma de estado de sitio en más del 80 % del tiempo entre 1958 y 1990, hablar de derechos humanos no fue nunca un ejercicio jurídico neutro. Fue una toma de posición. Bajo la Constitución de 1886 —que rigió más de cien años— el Ejecutivo podía declarar la conmoción interna casi a voluntad y gobernar con decretos legislativos que suspendían garantías, ampliaban penas y trasladaban civiles a la justicia penal militar. La reforma constitucional de 1968 introdujo ajustes al ordenamiento, pero el régimen de excepción siguió siendo la vía preferida para administrar el orden público. La Constitución del 86, además, había extirpado de la carta anterior el artículo que acogía el derecho de gentes como regulador de los conflictos interiores, reservando su aplicación a las relaciones entre Estados. Traducido: el país entró al siglo XX con un vacío jurídico deliberado que dejaba los conflictos internos a la discreción del Ejecutivo y de las armas.
Sobre ese suelo se instaló, desde los años sesenta, la Doctrina de Seguridad Nacional y su concepción del enemigo interno. Militares y servicios de inteligencia trasladaron el aparato contrainsurgente pensado para la guerrilla hacia un blanco mucho más ancho: líderes sindicales, estudiantiles, campesinos, activistas de izquierda. Las detenciones indiscriminadas, los allanamientos, las torturas, las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales dejaron de ser excesos aislados y se volvieron rutinarias a medida que crecía la movilización social. Los derechos humanos, en Colombia, nacieron como respuesta política a esa maquinaria; no como un capítulo cualquiera del derecho público, sino como el nombre que un movimiento social le dio a la tarea de detenerla.
El detonante: el Estatuto de Seguridad de Turbay
El 6 de septiembre de 1978, apenas un mes después de posesionarse, el presidente Julio César Turbay Ayala expidió el Decreto 1923 al amparo del estado de sitio. Se lo conocería como Estatuto de Seguridad. En su articulado se creaban nuevas conductas delictivas, se ampliaban las penas para los delitos políticos, se imponían arrestos y prisión a formas de protesta social y —el punto neurálgico— se trasladaba a la justicia penal militar el juzgamiento de civiles vinculados con el orden público, incluida la protesta.
El efecto fue devastador y rapidísimo. Solo en Bogotá, más de cinco mil personas fueron detenidas y torturadas por militares durante la vigencia del Estatuto. Las capturas sin orden judicial, los allanamientos masivos, las torturas en cuarteles y estaciones de policía, las desapariciones forzadas y las restricciones al habeas corpus dejaron de ser excepción para volverse método. Los sectores afectados desbordaron ampliamente al M-19 o a las FARC: sindicalistas, estudiantes universitarios, defensores de derechos humanos y campesinos de zonas de conflicto quedaron dentro del radar. El propio presidente, en una frase que quedó grabada como emblema del cinismo institucional de la época, dijo: En Colombia el único preso político soy yo.
La respuesta cívica no se hizo esperar, y aquí conviene detenerse porque en ese momento se cristaliza el movimiento colombiano de derechos humanos. Familiares de detenidos y desaparecidos, abogados como Alfredo Vázquez Carrizosa —expresidente del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos—, Eduardo Umaña Mendoza, Pedro Pablo Camargo y otros comenzaron a documentar caso por caso, a golpear puertas en el Congreso, a publicar denuncias en la prensa que aún podía imprimirlas y a buscar, sobre todo, aliados fuera del país. En 1979, Camargo presentó ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU la Comunicación 45/1979, sobre el asesinato de María Fanny Suárez de Guerrero y otras seis personas: fue una de las primeras veces que el sistema internacional recibía un caso concreto colombiano por vía individual.
La primera internacionalización
El paso decisivo llegó en 1980, cuando Amnistía Internacional visitó Colombia por primera vez a solicitud de las organizaciones locales. El informe que publicó ese año documentó de manera minuciosa las torturas, las detenciones arbitrarias y las desapariciones ocurridas bajo el Estatuto de Seguridad, y formuló tres recomendaciones que se volverían programa del movimiento: levantar el estado de sitio, derogar el Estatuto de Seguridad y devolver a la justicia ordinaria los procesos contra civiles que la jurisdicción penal militar tenía en sus manos. El texto no era una acusación teórica: nombraba víctimas, describía centros de detención y confrontaba al gobierno con su propia práctica.
El informe operó como pivote. Convirtió denuncias dispersas en un expediente internacional consultable, dio respaldo a las víctimas frente a un aparato estatal que negaba sistemáticamente los atropellos y volvió imposible, en términos diplomáticos, seguir sosteniendo la ficción de que en Colombia no pasaba nada. La campaña presidencial de 1982 recogió esa presión: las denuncias de violaciones, los escándalos de las torturas y la sombra del Estatuto ocuparon el centro del debate, el Partido Liberal —el de Turbay— perdió credibilidad, se dividió, y el conservador Belisario Betancur ganó la Presidencia con la promesa de una salida negociada al conflicto. Su gobierno arrancó con la Ley 35 de 1982, de amnistía, y con la apertura de diálogos con las guerrillas. La primera gran victoria del incipiente movimiento de derechos humanos fue política antes que jurídica: haber convertido la represión en costo electoral.
Cinco años después, en 1987, la Corte Suprema de Justicia declaró inexequibles las facultades exorbitantes que autorizaban a la justicia penal militar a juzgar civiles. La sentencia recogía, con casi una década de retardo, lo que las ONG y Amnistía habían venido reclamando desde 1979-1980, y anticipaba la transformación mayor del proceso penal colombiano que traería la Constitución de 1991.
Quiénes eran los defensores
Conviene detenerse en el perfil sociológico del movimiento, porque explica tanto su fuerza como su vulnerabilidad. Los primeros activistas de derechos humanos en Colombia no vinieron de las élites ilustradas. Provinieron mayoritariamente de sectores marginalizados de clase media-baja, con experiencia directa de violencia política y formados en la cultura radical de la militancia de los años sesenta. Muchos habían pasado por partidos y movimientos de izquierda; algunos, por la cárcel. Cuando adoptaron el lenguaje de los derechos humanos —introducido en el repertorio político latinoamericano por redes de intercambio a lo largo de los ochenta—, no lo hicieron para reemplazar su horizonte de solidaridad de clase y transformación social, sino para complementarlo con una herramienta que funcionara en foros internacionales, en cortes y en la opinión pública.
Esa doble filiación —militancia previa y marco de derechos— fue precisamente lo que las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia usarían para deslegitimarlos. Un documento que circuló en las esferas oficiales caracterizaría a las ONG de derechos humanos como instrumentos de la Narcoguerrilla destinados a desprestigiar al Ejército y al Estado ante los organismos internacionales. Esa acusación —la del defensor como fachada de la subversión— se volvería letal en los años noventa.
Junto a los abogados y comités urbanos surgieron las organizaciones de víctimas. ASFADDES, la Asociación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, se convirtió en actor central: llevó casos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a lo largo de los años ochenta y en 1988, con apoyo de los comités de solidaridad alemanes, recorrió trece ciudades de Alemania y Suiza denunciando la práctica sistemática de la desaparición forzada. Ese trabajo internacional, hecho por familiares que muchas veces no habían salido nunca del país, es una parte de la historia colombiana que suele pasar por debajo del radar de los grandes relatos.
La guerra sucia como paisaje
Mientras Betancur intentaba una paz que le sería saboteada desde adentro y desde afuera, la violencia contra la izquierda no armada se profesionalizaba. En 1982 apareció en el Magdalena Medio la Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores, ACDEGAM, que canalizó recursos para el acondicionamiento de centros de entrenamiento, el pago de sueldos, armas y municiones de estructuras paramilitares regionales. Desde mediados de los ochenta, esos grupos comenzaron a desmembrar y arrojar cadáveres al río Magdalena como técnica sistemática; el río se volvió tumba, y esa imagen —cuerpos que se van con la corriente— es una de las que mejor sintetiza el período.
El año 1988 concentró el horror en una escala nueva. La escalada empezó en marzo en Urabá y se extendió a Córdoba, Ariari y Magdalena Medio, regiones donde la Unión Patriótica y el Frente Popular habían obtenido éxitos electorales significativos. El 3 de abril, la masacre de La Mejor Esquina en Córdoba dejó 28 muertos, en su mayoría campesinos, seis de ellos militantes del Frente Popular. El 30 de agosto, la masacre del Tomate cayó sobre pobladores señalados como simpatizantes del EPL. La noche del 11 de noviembre, un comando paramilitar irrumpió en el casco urbano de Segovia, Antioquia, y asesinó a 46 personas en pocas horas. Segovia, ciudad minera del nordeste antioqueño con fuerte presencia de la UP, fue castigada colectivamente por votar como votaba.
El exterminio de la Unión Patriótica —el partido nacido de los acuerdos de La Uribe entre Betancur y las FARC— es el caso paradigmático. No fue un asesinato político sino miles de asesinatos, más las desapariciones y las amenazas. La persecución no distinguió entre militantes y guerrilleros: en los llanos orientales, la banda conocida como Los Masetos persiguió indistintamente a integrantes de la UP y a combatientes de las FARC, y testimonios campesinos describen cómo el simple hecho de portar un carné del partido o un libro del Partido Comunista bastaba para ser detenido, amenazado o asesinado por actores armados. La afiliación política se equiparó a la pertenencia armada, y esa equivalencia —fabricada por los agresores— justificó, en su lógica, el exterminio. Jaime Pardo Leal, candidato presidencial de la UP, fue asesinado en 1987; Bernardo Jaramillo Ossa, su sucesor, en 1990. Con ellos cayeron alcaldes, concejales, líderes sindicales, campesinos anónimos.
A ese cuadro se sumaron los magnicidios del narcoterrorismo. Pablo Escobar y el Cartel de Medellín declararon la guerra al Estado para tumbar la extradición. Luis Carlos Galán, el liberal que la reivindicaba, fue asesinado el 18 de agosto de 1989 en Soacha. Carlos Pizarro Leongómez, exjefe del M-19 recién desmovilizado y candidato presidencial, cayó el 26 de abril de 1990 en pleno vuelo. La coincidencia de tres candidatos presidenciales asesinados —Galán, Jaramillo, Pizarro— entre 1989 y 1990 marcó un umbral: el sistema político mismo estaba en riesgo.
1991: la refundación normativa
En ese punto de inflexión llegó la Asamblea Nacional Constituyente. Instalada el 4 de febrero de 1991 en el salón Elíptico del Congreso, integrada por 70 miembros elegidos popularmente y copresidida por Álvaro Gómez Hurtado (conservador), Antonio Navarro Wolff (exjefe del M-19) y Horacio Serpa Uribe (liberal), la Constituyente proclamó la nueva Constitución el 4 de julio de 1991. Su composición plural —con la presencia decisiva del M-19 recién desmovilizado— y el clima cívico que la había impulsado le imprimieron un carácter reformista que la carta del 86 nunca había admitido.
La Constitución de 1991 hizo cuatro cosas fundamentales para la historia de los derechos humanos en Colombia. Consagró un catálogo amplio y ambicioso de derechos fundamentales y libertades. Estableció el Estado Social de Derecho como principio fundacional. Creó la acción de tutela como mecanismo de comunicación directa entre el ciudadano y la rama judicial para reclamar derechos, junto con otras acciones populares y mecanismos de participación. Y creó la Corte Constitucional como guardián de la carta, con el objetivo explícito de restringir los poderes presidenciales y proteger los derechos fundamentales. Los constituyentes también quisieron poner límites a los abusos de los estados de excepción que habían caracterizado la Constitución anterior, restringiendo el uso de decretos legislativos y las declaratorias de emergencia.
Desde 1992 empezó a operar la Fiscalía General de la Nación, que abrió una etapa de tecnificación progresiva de la investigación criminal. La relación entre la nueva Corte Constitucional y el Ejecutivo, especialmente entre 1993 y 2001, estuvo marcada por tensiones que revelan hasta qué punto la carta pretendía —y en parte lograba— romper la vieja hegemonía presidencial.
La Constituyente también deja ver los límites del garantismo. El 19 de junio de 1991 aprobó, con 51 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones, el artículo 35 que prohibía la extradición. Al día siguiente, Pablo Escobar se entregó a las autoridades en una prisión construida a su medida en Envigado. La secuencia habla por sí sola. Hay quien lee el cambio institucional de 1991 como una estrategia del gatopardo: una reforma diseñada para relegitimar a las élites gobernantes en medio de la crisis narcoparamilitar sin transformar el fondo del orden político. La lectura es dura pero encuentra apoyo en episodios como ese. Y sin embargo, las nuevas instituciones adquirieron dinámica propia, se volvieron campos de lucha, y produjeron efectos que ninguno de sus promotores pudo controlar del todo. La tutela y la Corte Constitucional, en particular, se convirtieron en instrumentos que sectores populares, minorías étnicas, comunidades desplazadas y víctimas usarían de maneras que la élite constituyente no había previsto.
Las consejerías y la doble cara del Estado
La institucionalización estatal de los derechos humanos comenzó antes de 1991 y continuó después. La primera Consejería Presidencial de Derechos Humanos fue creada durante la administración de Virgilio Barco (1986-1990) y fue continuada por César Gaviria (1990-1994) y reforzada por Ernesto Samper (1994-1998). Bajo Andrés Pastrana y luego Álvaro Uribe se transformaría en un Programa Presidencial debilitado, con menor rango y menor incidencia.
Las consejerías cumplieron un papel real. Profesionalizaron el diálogo con el sistema interamericano, impulsaron la negociación y ratificación de instrumentos como la Convención Interamericana contra la Tortura y contra la Desaparición Forzada, y prepararon el terreno para que en 1996 el gobierno reconociera el carácter vinculante de las resoluciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y acordara la apertura de una oficina del Alto Comisionado de la ONU en el país.
Pero la ambivalencia fue constante. En junio de 1994, el gobierno de Gaviria apoyó en la OEA la Convención Interamericana sobre desaparición forzada. Un mes después, en julio, vetó artículos de la legislación interna que hacían operativa esa misma convención y que estaban en plena concordancia con las políticas de la ONU y la OEA. Funcionarios de derechos humanos del propio gabinete lo condenaron. La comisión que Gaviria creó fue descrita como carente de poder real de decisión. La brecha entre discurso y práctica —firmar afuera lo que se sabotea adentro— no era distracción administrativa: era el modo en que el Estado gestionaba la tensión entre presión internacional y autonomía militar.
El gobierno de Samper (1994-1998), ya jaqueado por el escándalo del Proceso 8.000 y con graves problemas de gobernabilidad, introdujo con fuerza el tema del Derecho Internacional Humanitario en el debate público y avanzó en compromisos internacionales, pero coexistió con decisiones que agudizaron el conflicto y generaron contradicciones internas visibles. La política institucional de derechos humanos no bastaba para contener la expansión paramilitar ni para reducir la impunidad.
La Oficina de la ONU y la crítica sostenida
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos abrió sus puertas en Bogotá en mayo de 1997, con mandato de protección, promoción y supervisión. Fue una conquista de la presión sostenida desde 1980 y de la maduración de las ONG colombianas en foros ginebrinos. Desde 1998 emitió informes anuales que fueron progresivamente más críticos y que el gobierno colombiano fue igualmente combatiendo. Entre 1998 y 2002, la relación entre la Oficina y el Ejecutivo se deterioró de manera paulatina, con pronunciamientos de funcionarios estatales que buscaban desvirtuar los informes o cuestionar su legitimidad. La misma escena se repetiría con matices en los años siguientes: un gobierno que había pedido la Oficina descubriendo, año tras año, que la Oficina hacía justamente lo que su mandato le pedía.
Matar al mensajero
Los últimos años del período que va del Estatuto de Seguridad al fin del siglo dejaron una lección sombría: si el marco de los derechos humanos se había vuelto costo político para el Estado y para los actores armados, la respuesta fue eliminar al mensajero. La estigmatización —el defensor como fachada de la Narcoguerrilla— se tradujo en violencia sistemática.
El 19 de mayo de 1997, los investigadores del CINEP Mario Calderón y Elsa Alvarado fueron asesinados en su apartamento de Bogotá. Ambos habían dedicado años a documentar violaciones en zonas de conflicto. Documentos citados en investigaciones judiciales sostuvieron que el crimen fue perpetrado por sicarios que actuaban bajo órdenes de jefes militares vinculados a estructuras paramilitares. El 27 de febrero de 1998, Jesús María Valle Jaramillo, abogado y presidente del Comité de Derechos Humanos de Medellín, fue asesinado a tiros en su oficina. Valle había denunciado con nombres propios la connivencia entre paramilitares y fuerzas oficiales en Antioquia, en particular en el municipio de Ituango. Un año antes, en 1997, Héctor Abad Gómez —médico salubrista y presidente del mismo Comité— ya había sido asesinado. Jaime Garzón, humorista y mediador humanitario, caería en 1999. Eduardo Umaña Mendoza, uno de los abogados de derechos humanos más incisivos del país, fue asesinado en 1998. Manuel Cepeda Vargas, senador de la UP y de las últimas voces sobrevivientes del partido en el Congreso, había sido asesinado en 1994.
La sucesión de nombres no es acumulación retórica: es el mapa de una campaña. Y su efecto sobre el movimiento fue el previsible. En los últimos años del período, la labor de los defensores fue pasando de la defensa de terceros a la búsqueda de protección propia. Muchos partieron al exilio. Otros redujeron su exposición. El asesinato de Valle en su oficina —a plena luz, sin siquiera intento de disimulo— era el mensaje explícito: aquí ni siquiera los abogados están a salvo.
El 16 de mayo de 1998, paramilitares asesinaron a siete pobladores de Barrancabermeja y desaparecieron a 25 más, en el marco de la expansión paramilitar sobre el Magdalena Medio. Ese mismo año, el Proyecto Colombia Nunca Más —surgido en 1995 como articulación nacional y regional de organizaciones sindicales, campesinas, comunitarias, eclesiales y culturales para recuperar la memoria de las víctimas de violencia política— consolidaba su trabajo. La memoria, que las víctimas habían empezado a organizar en cuadernos, denuncias y testimonios desde los ochenta, se volvía archivo colectivo justo cuando los que la construían caían asesinados.
De la justicia transicional al Acuerdo de 2016
El siglo XXI se abrió con una paradoja: el país tenía la carta más garantista de su historia y a la vez la mayor expansión paramilitar de su historia. La respuesta institucional vino en dos oleadas.
La primera fue la Ley de Justicia y Paz, aplicada en el marco de la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia. Constituyó una forma de justicia transicional —el conjunto de mecanismos de juicios penales, reparación y esclarecimiento que acompañan transiciones políticas o finales de conflicto— y, con todos sus vacíos, facilitó que salieran a la luz miles de crímenes cometidos por paramilitares. Los pronunciamientos de la Corte Constitucional sobre el papel de las víctimas en el proceso reforzaron ese espacio. El marco, sin embargo, estaba centrado en la figura del desmovilizado.
El desplazamiento del énfasis vino con la Ley 1448 de 2011, la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Su decisión más significativa fue mover el centro de gravedad: del desmovilizado a la víctima. Reconoció como sujetos de reparación a quienes hubieran sufrido daños derivados de infracciones al Derecho Internacional Humanitario o de violaciones graves a normas internacionales de derechos humanos ocurridas con ocasión del conflicto armado interno a partir del 1° de enero de 1985. Esa fecha —1985— no es casual: recoge el arranque del período de violencia más intenso, el que las ONG y las víctimas habían venido documentando desde los ochenta.
La segunda oleada fue el Acuerdo Final firmado en 2016 con las FARC-EP. En su núcleo se creó el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, integrado por la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas. Las tres entidades fueron concebidas para operar articuladamente, cada una con un mandato específico y complementario. El Acuerdo reconoció además el impacto diferenciado del conflicto sobre pueblos indígenas, comunidades afrocolombianas, población LGBT, defensores de derechos humanos y sindicalistas, entre otros grupos.
Entre 2018 y 2021, con el gobierno de Iván Duque, la memoria dejó de ser un nodo articulador central del debate público oficial, aunque persistieron construcciones memoriales críticas y autorreflexivas en espacios alternativos. El Sistema siguió operando, pero en un ambiente político hostil.
Huella y disputa
Cuatro décadas después del Estatuto de Seguridad, los derechos humanos en Colombia son a la vez una conquista y una asignatura pendiente. Son conquista en el sentido más literal: existen porque un movimiento social los conquistó. Las víctimas y las ONG hicieron algo que no estaba en el guion —ni de las élites, ni de las guerrillas, ni de los partidos tradicionales—: inscribieron en la Constitución, en la Corte, en el sistema interamericano y en la ONU un vocabulario y un conjunto de instrumentos que hoy son piso mínimo del debate público. La tutela, que se presenta millones de veces al año, es la prueba cotidiana de esa inscripción.
Y son asignatura pendiente porque la razón de Estado contrainsurgente —que las víctimas identificaron desde los setenta como la matriz del problema— no fue nunca desmantelada. Se moduló, se dispersó, se privatizó a través del paramilitarismo, se disfrazó de otras cosas, pero siguió operando en paralelo al edificio garantista. Los defensores de derechos humanos siguen siendo asesinados; los líderes sociales caen a un ritmo que ninguna consejería ni programa presidencial ha podido detener. El país aprendió el idioma, pero no lo ha traducido del todo en gramática de gobierno.
Queda, sin embargo, la evidencia empírica de que el marco funciona cuando se activa desde abajo. Los constituyentes de 1991 no habrían restringido los estados de excepción si Amnistía Internacional no hubiera visitado en 1980. La Corte Suprema no habría declarado inexequibles las facultades penales militares en 1987 si ASFADDES no hubiera recorrido trece ciudades europeas denunciando la desaparición forzada. La Ley 1448 no habría desplazado el énfasis al sujeto víctima si generaciones enteras de familiares no hubieran sostenido durante décadas que sin víctima reconocida no hay reparación posible. La Oficina del Alto Comisionado no estaría en Bogotá si Pedro Pablo Camargo no hubiera enviado su comunicación a Ginebra en 1979.
La historia de los derechos humanos en Colombia enseña que las conquistas normativas grandes rara vez son concesiones espontáneas del poder: son casi siempre respuestas tardías a presiones sostenidas que combinaron la denuncia doméstica con la palanca internacional. Enseña también que ninguna arquitectura institucional, por bien diseñada que esté, sustituye a la vigilancia social que la puso en pie. Y enseña, sobre todo, que en un país donde el Estado ha sido durante décadas parte del problema, los derechos humanos no son un adorno del ordenamiento jurídico: son la línea de resistencia que separa un régimen democrático de una guerra prolongada contra su propia población. Esa línea, la trazaron las víctimas.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Constitución de 19911991–20021
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Julio César Turbay Ayala — Su gobierno y el Estatuto de Seguridad de 1978 fueron el detonante que cristalizó el movimiento colombiano de derechos humanos
- 02Estatuto de Seguridad — Decreto 1923 de 1978 que generó detenciones masivas, torturas y desapariciones, convirtiéndose en el objeto central de denuncia del movimiento
- 03Amnistía Internacional — Organización que visitó Colombia en 1980 y publicó el primer informe internacional sistemático sobre violaciones, pivote de la internacionalización del movimiento
- 04Unión Patriótica — Partido político cuyo exterminio sistemático desde mediados de los ochenta se convirtió en caso paradigmático de genocidio político y violación masiva de derechos humanos
- 05Constitución de 1991 — Producto normativo más importante del movimiento de derechos humanos, que consagró garantías fundamentales, la tutela y la Corte Constitucional
- 06ASFADDES — Organización de familiares de desaparecidos que llevó la denuncia de la desaparición forzada a foros internacionales desde los años ochenta
- 07Desaparición forzada — Práctica represiva sistemática que fue uno de los ejes centrales de la denuncia del movimiento de derechos humanos en Colombia
- 08Impunidad estructural — Fenómeno persistente que caracterizó la brecha entre los avances normativos y la realidad material de las violaciones
- 09Doctrina de Seguridad Nacional — Marco ideológico que amplió el blanco represivo más allá de la guerrilla hacia líderes sociales y defensores de derechos humanos
- 10Paramilitarismo — Actor armado responsable de masacres, exterminio de la UP y asesinatos de defensores, que operó en connivencia con sectores del Estado
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
64 documentos · 76 fragmentos
01Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 362, 3672 citas
[1]se adelantan cap- turas sin orden judicial, se aplica la sanción de arresto hasta por 180 días por alcaldes y gobernadores contra dirigentes sociales, dando como resultado detenciones arbitrarias y masivas, tortu- ras, restricciones a las garantías judiciales y al derecho al babeas corpus. La labor de las ONG de…
p. 367
[24]derechos humanos ha estado influido y es producto de la difícil situación que vive el país en todos los niveles -eco- nómico, social y político-, y aunque su existencia es relativamente corta -desde la década del setenta-, su trayectoria e incidencia a favor de la vigencia de los derechos humanos del país ha sido…
p. 362
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 861 cita
[2]Leyva y el General Abraham Barón Valencia que era el ministro de guerra de la época, el ministro de Defensa del gobierno López, pidieron endurecer las medidas. […] Un mes después de posesionado, el doctor Julio César Turbay aprobó el Estatuto de Seguridad que es uno de los hechos más vergonzosos de la historia…
p. 86
03Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[3]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
p. 1
[4]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
p. 1
04"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 251 cita
[5]6; “De los fines del Estado” (Boletín de Estrategia 001), en el mismo ejemplar, pp. 79 a 82; “Organización básica de la defensa nacional”, (Boletín estratégico 002), en Nº. 89, mayo-junio-julio-agosto 1978, Vol. XXX, pp. 227 a 236; “Generalidades sobre seguridad nacional”, (Editorial), en No.96,…
p. 25
05Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 3081 cita
[6]such bilateral cooperation. “The contaminating wave of social decomposition and immorality that knocks on the doors of the majority of countries,” new president Julio Cesar Turbay Ayala (1978–82) announced in his inaugural speech, “forced all nations to take care of the important problem of restoring ethical values,…
p. 308
06Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3181 cita
[7]armas para derrocar al Gobierno Nacional, legalmente constituido, o par a cambiar o suspender en todo o en parte el régimen constitucional existente, en lo que se refiera a la formación, funcionamiento o renovación de los Poderes Públicos u órganos de la soberanía, quedarán sujetos a prisión de seis meses a cuatro…
p. 318
07Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 322 citas
[8]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…
p. 32
[9]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…
p. 32
08Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 cita
[10]a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…
p. 49
09Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1321 cita
[11]que, en las condiciones de auge del narcotráfico, dio bríos a un paramilitarismo de segunda generación, de la cual el narco- paramilitarismo de las auc fue una de sus variantes más siniestras y exitosas. A partir de las premisas de la doctrina contrainsurgente y de la guerra de baja intensidad, también conocidas en la…
p. 132
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1681 cita
[12]p í tulo sobre derechos del hombre y el ciudadano — desaparecieron las libertades de expresi ó n, imprenta, pensamiento y movimiento,, ¡ aunque se mantuvo la libertad de prensa “ en tiempo de paz ” y se concedi ó a los no cat ó licos el derecho a “ no ser molestados ” por ’ sus creencias — y lo reemplaz ó con f ó…
p. 168
11Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 261 cita
[13]de mayor de- sarrollo y mas completa exposici6n. Por lo mismo, ya al final de estas breves anotaciones sobre el curso histérico del ordenamiento juridico superior del estado colombiano a partir de 1886, apenas si es posible sentar la afirmacién de que hay en él avances positivos (identificables en normas de las…
p. 26
12Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 721 cita
[14]grave situación de derechos humanos por la que atravesaba el país, además de recomendarle al Estado una serie de acciones que iba desde levantar el Estado de sitio y derogar el Estatuto de Seguridad, hasta trasladar a la justicia ordinaria los procesos de civiles que estaban en cabeza de la Jurisdicción Penal Militar…
p. 72
13Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 851 cita
[15]patria (…) De aquí se sigue, primero: que la legislación de un Esta - do no puede alterar el derecho de gentes, de manera que las alteraciones obliguen a los súbditos de otros estados; y, segundo, que las reglas establecidas por la razón y por el consentimiento mutuo, son las únicas que sirven, no sólo para el ajuste…
p. 85
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2551 cita
[16]panameños en 1999. Se firmaron tratados de delimitación de áreas marinas y submarinas con Ecuador, Panamá, Costa Rica, República Do- minicana y Haití. Administración Turbay Ayala A López lo sucedió Julio César Turbay Ayala (1916), uno de los más hábiles políticos de la his- toria de Colombia. Su programa presidencial…
p. 255
15No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1541 cita
[17]la vagina. Sangro y tengo dolores en el vientre por mes y medio» 446. Debido a las múltiples denuncias de violaciones a los derechos humanos, la Cámara de Representantes designó una comisión para investigar la tortura. Por primera vez les 444 Gerardo Reyes, en Comisión de la Verdad, «La tragedia del “oficio más bello…
p. 154
16El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 28, 324 citas
[18]los derechos humanos y para las garantías constitucionales, fueron muy importantes las primeras visitas que Colombia recibió de organizaciones interna- cionales de defensa de derechos humanos, así como de mecanis- mos de protección de derechos humanos del sistema regional y del sistema universal de derechos humanos.…
p. 32
[19]los derechos humanos y para las garantías constitucionales, fueron muy importantes las primeras visitas que Colombia recibió de organizaciones interna- cionales de defensa de derechos humanos, así como de mecanis- mos de protección de derechos humanos del sistema regional y del sistema universal de derechos humanos.…
p. 32
[20]a la justicia, fi nales de la década 1970, Colombia Procuraduría General de la Nación, Estados de Excep- ción, páginas 31 y siguientes, 2004, en el cual se alude a: el caso de la comunicación enviada por Pedro Pablo Camargo en 1979, en nombre del esposo de María Fan- ny Suárez de Guerrero, asesinada el 13 de abril de…
p. 28
[21]a la justicia, fi nales de la década 1970, Colombia Procuraduría General de la Nación, Estados de Excep- ción, páginas 31 y siguientes, 2004, en el cual se alude a: el caso de la comunicación enviada por Pedro Pablo Camargo en 1979, en nombre del esposo de María Fan- ny Suárez de Guerrero, asesinada el 13 de abril de…
p. 28
17Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 491 cita
[22]por que fueron muy generosas las limosnas. Había una actitud completamente complaciente de la iglesia, y existen casos muy conocidos de sacerdotes que salían a bendecir las motos de los sicarios». 38 En este violento periodo presidencial de Turbay Ayala (1978-1982), el hoy premio nobel de literatura Gabriel García…
p. 49
18Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 491 cita
[23]por que fueron muy generosas las limosnas. Había una actitud completamente complaciente de la iglesia, y existen casos muy conocidos de sacerdotes que salían a bendecir las motos de los sicarios». 38 En este violento periodo presidencial de Turbay Ayala (1978-1982), el hoy premio nobel de literatura Gabriel García…
p. 49
19La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 124, 1432 citas
[25]dirigentes y militantes en el exilio. 189 Entrevista 001-VI-00016. Exalcaldesa de Segovia miembro de la Unión Patriótica, exiliada en Europa. 190 Informe 748-CI-00560. «Banderas rojas en vuelo libertario» 191 Entrevista 476-VI-00002. Activista estudiantil del Movimiento Mais y Colombia Humana, exiliada en Europa desde…
p. 124
[66]sentado y una voz distorsionada: “Diga sí o no tal cosa”. El abogado no podía intervenir, así era el sistema. En ese momento sentí temor. Lógicamente, ¿a quién no le va a dar temor que lo metan a la cárcel? [...]. Eduardo Umaña, en nuestra defensa, logró vincular al proceso a altos funcionarios de Ecopetrol, a…
p. 143
20Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 911 cita
[26]remained a radical vocation, born of the political conscious- ness-raising of 1960s militancia. She exemplified many of the character- istics of the first wave of human rights activists: she was marginalized, lower middle class, and touched by political violence, and she was pulled into the radical transformations of…
p. 91
21Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 3871 cita
[27]cerca al lugar donde esta organización almacenaba los archivos de sus investigaciones. En 1995 surgió el Proyecto Colombia Nunca Más, un proceso iniciado por varias organizaciones sociales y de derechos hu- manos, convocado a nivel nacional y realizado por numerosas organi- zaciones sindicales, campesinas,…
p. 387
22Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 3501 cita
[28]internacional en el año 2010 en España, Ale- mania, Bélgica, Holanda, Dinamarca e Irlanda, con el propósito de denunciar y relatar lo que les había sucedido (CNMH, 2014 - c, página 171). Asfaddes participó también en espacios a nivel internacional, entre ellos la Asamblea Anual de la Comisión de Derechos Huma- nos de…
p. 350
23El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 246, 2504 citas
[29]de cabecera Carlos Castaño [...]” Ahí se sostiene que una serie de asesinatos a destacados defen- sores de derechos humanos, realizados entre 1998 y 1999, fueron ordenados por estos jefes militares. Que sus sicarios dieron muerte, en su apartamento de Bogotá, a los investigadores del Cinep Elsa Alvarado y Mario…
p. 250
[30]de cabecera Carlos Castaño [...]” Ahí se sostiene que una serie de asesinatos a destacados defen- sores de derechos humanos, realizados entre 1998 y 1999, fueron ordenados por estos jefes militares. Que sus sicarios dieron muerte, en su apartamento de Bogotá, a los investigadores del Cinep Elsa Alvarado y Mario…
p. 250
[64]y poder obtener sus pretensiones y objetivos; además poseen una red personal de diplomáticos, conformada por individuos de su organización que hacen lobby, convencen gobier- nos, y organismos internacionales de la mala actuación que X o Y país ha tenido, manifestando que está actuando en forma contraria a los…
p. 246
[65]y poder obtener sus pretensiones y objetivos; además poseen una red personal de diplomáticos, conformada por individuos de su organización que hacen lobby, convencen gobier- nos, y organismos internacionales de la mala actuación que X o Y país ha tenido, manifestando que está actuando en forma contraria a los…
p. 246
24Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1531 cita
[31]impunidad, el paramilitarismo, los atentados contra los defensores de los derechos humanos, y ha abogado por una sa- lida política al conflicto armado que vive el país. La situación fue incluida dentro de la agenda de la Comisión de Derechos Humanos de la Organi- zación de las Naciones Unidas en su 52 período de…
p. 153
25Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3641 cita
[32]1996 the Colombian government acknowledged the binding nature of Inter- American Commission on Human Rights rulings and agreed to open a national branch of the United Nations Office of the High Commissioner for Human Rights. Since 1998 this office has issued yearly reports, which the Colom- bian government has…
p. 364
26Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2611 cita
[33]discursos, frente a la impunidad vigente ante las sistemáticas violaciones a los derechos humanos en Bojayá y muchas otras zonas del territorio nacional. 383 El sistema de protección de los derechos humanos de Naciones Unidas y la revelación de la barbarie Un actor relevante en el campo multilateral, la Oficina de la…
p. 261
27Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 323, 3322 citas
[34]de la primera consejería de DD. HH. durante la administración Barco (1986-1990), continuada por la del presidente Gaviria (1990-1994) y reforzada por el gobierno Samper (1994-1998), impulsaron y profesionalizaron el entendimiento con el sistema interamericano y abrieron las puertas para la negociación y ratificación…
p. 323
[67]proceso. En primer lugar, es ese trípode de voluntades en el que con- fluyen de manera atípica actores institucionales (e individuos) comprometi dos con la vigencia de los derechos humanos, actores internacionales legítimos y con capacidad jurisdiccional, como la CIDH, y actores de la sociedad civil organizados…
p. 332
28Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1101 cita
[35]of the commission that “the work that they are doing is largely academic and lacks any decisionmaking power” (El Espectador, August 28, 1994, 5A). Gil Colorado had also been accused by various judicial officials of commanding the Fourteenth Brigade during a year (1989) in which it was protecting and assisting the…
p. 110
29Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2831 cita
[36]elegir a 70 miembros. El 4 de febrero de 1991, se instaló en el salón Elíptico del Congreso, la Asamblea. Tres constituyentes fueron elegidos como copresidentes: Alvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe. El 4 de julio fue proclamada la nueva Constitución, que acentuó temáticamente los derechos…
p. 283
30Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1602 citas
[37]samente a miembros de la Asamblea Constituyente para asegurarse de que aprobaran el artículo 35 del nuevo documento, que prohibía la extradición. El artículo fue aprobado con facilidad, con 51 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Los colombianos estaban tan hastiados del problema de la extradición y de la…
p. 160
[38]samente a miembros de la Asamblea Constituyente para asegurarse de que aprobaran el artículo 35 del nuevo documento, que prohibía la extradición. El artículo fue aprobado con facilidad, con 51 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Los colombianos estaban tan hastiados del problema de la extradición y de la…
p. 160
31¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1011 cita
[39]UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…
p. 101
32Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[40]Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…
p. 85
33El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[41]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
p. 112
34Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 911 cita
[42]la reforma de la Constitución reconoció a la mujer los mismos derechos políticos de los varones. Finalmente, en 1975 se reformó la Constitución con el fin de establecer que se es ciudadano colombiano a partir de los 18 años. La Constitución de 1991 solo determina cuándo se pierde o se suspende la ciudadanía y mantiene…
p. 91
35Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 701 cita
[43]Respecto al litigio incluyente, porque para lograr la eficacia de tales derechos y ante la ausencia de un Estado de bienestar que ad- ministrativamente los aplique, las personas tienen que hacer uso de acciones constitucionales como la tutela, acciones populares, recursos de petición, de grupo, entre muchas más que…
p. 70
36Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 701 cita
[44]Respecto al litigio incluyente, porque para lograr la eficacia de tales derechos y ante la ausencia de un Estado de bienestar que ad- ministrativamente los aplique, las personas tienen que hacer uso de acciones constitucionales como la tutela, acciones populares, recursos de petición, de grupo, entre muchas más que…
p. 70
37Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 851 cita
[45]terms of human lives and social instability has been enormously high for Colombian society. NOTES 1. “Constitución de la República de Tunja, 1811,” in Manuel Antonio Pombo and José Joaqu í n Guerra, Constituciones de Colombia, vol. 1 (Bogot á: Ministerio de Educación Nacional, 1951), 246. 2. This term refers to the…
p. 85
38Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 711 cita
[46]particularly in rural areas. Given the perceived efficiency and le - gitimacy of small- scale, pueblo- based juridical systems, it was even suggested prior to the ANC proceedings that indigenous participatory norms might serve as a model for state democratization. These systems were perceived as more efficient and…
p. 71
39Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 411 cita
[47]sociales. Tiene derechos que se refieren alos individuos, las perso ñas individualmente consideradas, y también derechos y garantias dirigi- dos a sectores sociales definidos. como la niñez. la tercera edad, los trabajadores. For último, recoge los derechos que postemos las seres hi manos como miembros de una espe- de…
p. 41
40Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 1001 cita
[48]funcionó en- tre 1993 y 2001. Este fue tal vez el periodo más tenso entre la Corte y el Ejecutivo. En ese lapso hubo tres gobiernos: el de César Gaviria, el de Ernesto Samper y el de Andrés Pastrana. César Gaviria (1993-1994) El gobierno, que en la Asamblea Constituyente había sido un convencido defensor de la Corte,…
p. 100
41¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1401 cita
[49]discusiones de la Asamblea Nacional Constituyente y de unas negociaciones fallidas con el narcotráfico que condujeron al Estado a un enfrentamiento agudo contra el Cartel de Medellín. El tercer periodo, con el que cerramos este capítulo, va desde 1992 hasta nuestros días. Desde la puesta en marcha de la Fiscalía…
p. 140
42Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1861 cita
[50]ese mismo marco dentro de su estrategia de relegitimación. La hegemonía de los derechos humanos como un marco de interpretación de la violencia en Colombia ha provocado efectos institucionales, a pesar de la gran cantidad de usos y de intereses. La reapropiación del marco de los derechos humanos por instancias…
p. 186
43Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3301 cita
[51]más de medio sig lo transitando esta espiral de cri men-mo vimiento de opinión-represión-crimen. Pero, ya vi- mos, la repr esión no ha funcionado y ello obedece en alguna me- dida a que la población no confia en sus jueces y menos aún en sus po li cías. Si alguna conclusión se deriva de este último medio sig lo, es el…
p. 330
44Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2621 cita
[52]organismos de seguridad e inteligencia tenían como objetivo la contrainsurgencia, en un espectro difuso entre lo «militar» y aquello que consideraban como «quitarle el agua al pez». Por su parte, los políticos regionales tenían el interés de eliminar a los actores que amenazaban con arrebatarles el poder que…
p. 262
45Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 861 cita
[53](Acdegam) en 1982 187 y las autodefensas de la Casa Castaño en Córdoba y Urabá a mediados de la década de 1980. Otros grupos de seguridad privada ilegal se armaron en el suroeste, norte, nordeste, Bajo Cauca y Oriente antioqueño. La primera generación paramilitar del norte de Antioquia y el sur de Córdoba siguió el…
p. 86
46Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 881 cita
[54]sectores de las élites copiaron conformaron sus propios grupos armados. Entre 1978 y 1984 esos grupos siguieron una lógica de autodefensa, focalizándose en combatir a la insurgencia en territorios más o menos circunscritos, pero debido a supuestos clamores de la comunidad, comenzaron a extender sus zonas de influencia…
p. 88
47Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 381 cita
[55]décadas de violencia que requieren ser esclarecidas por las instituciones y la sociedad en su conjunto. La memoria es un derecho de las víctimas y un deber del Estado y de la sociedad, y como derecho o como deber la tarea de la memoria es hoy en Colombia inaplazable. Este texto es un reconocimiento no sólo a los que…
p. 38
48Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1791 cita
[56]políticos afines a la guerrilla, como ocurrió en Segovia 143, donde hubo masacres colectivas y dirigentes de la UP y el PC fueron asesinados, en 1982 y 1983, acusados de participar en el secuestro y el asesinato de Jesús Antonio Castaño, padre de Fidel y Vicente. En muchos casos similares se formaron grupos…
p. 179
49La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1021 cita
[57]en 1988 murieron 88 personas en diversas masacres. En ese año se destacan la masacre de la Mejor Esquina efectuada el 3 de abril y en la que murieron 28 personas, en su ma- yoría campesinos; 6 de las víctimas pertenecían al Frente Popular, organización política de izquierda nacida en 1986 y considerada 82 Programa…
p. 102
501989María Elvira Samper · 2019 · p. 351 cita
[58]palpitando en el pecho y el interrogante sobre cuál otro acto terrorista, cuál otro muerto, nos esperaban al día siguiente. Una realidad que las nuevas generaciones desconocen y apenas alcanzan a imaginar. _____ ENERO 1 y 11 MAL COMIENZO DE UN MAL AÑO El primer día del año es asesinada en el Meta, Nohra López de…
p. 35
51Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 3631 cita
[59]escuchar avisos por las emisoras de Granada ofreciendo recompensa por una serie de dirigentes, den- tro de los que estaban Isauro Yosa y Laurentino Perdomo. 363 No obstante, el contexto de los hijos fue diferente al de su pa- dre. Desde finales de la década de los años setenta, en los llanos orientales la conformación…
p. 363
52Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · p. 2081 cita
[60]123 “disappearances,” and 225 threats against UP members. There were also forty- three UP survivors of attempted murders. Jahel insisted there were “many, many” more cases to be found, perhaps as many as three thousand. When I asked her how she knew, she shrugged. “We know there were deaths that weren’t registered and…
p. 208
53Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 1301 cita
[61]en sus liderazgos por la judicialización de su dirigencia, renuncia a la participación en las elecciones locales y regionales de 1997. Un cuarto y último periodo en la región de Urabá se extiende desde 1998 hasta 2002 con una tendencia en general decreciente que tiende a estancarse entre 1999 y 2001, pero con niveles…
p. 130
54Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 2501 cita
[62]que nos dieron como movimiento político que nosotros defendemos”, [les dije yo]. Porque ya había habido pues, esa amplitud de la Unión Patriótica cuando la década de Belisario Betancourt que se dio ese… esa amplitud para esa política. “No, es que vea, este carné es una cuestión que es amplia porque el señor presidente…
p. 250
55En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 931 cita
[63]para poder sostener una guerra cada día más costosa debido a la elevación del presupuesto militar y represivo del Estado y, sobre todo, a la compra de la alta tecnología bélica. El 16 de mayo de 1998 los paramilitares asesinaron siete pobladores del puerto de Barrancabermeja y desaparecieron 25. Fue la última etapa de…
p. 93
56Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 2451 cita
[68]seguir librando la lucha con reconocimiento internacional” e “iniciar el avance sobre la capital de la República con el 50% de la fuerza”327. Cuando un actor cree que puede avanzar militarmente y acumular más recursos de poder —ya sea para dirimir el conflicto a su favor o ya sea para negociar en condiciones más…
p. 245
57Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1011 cita
[69]el país o en el exterior, con formas de veeduría nacional e internacional. En su discurso de posesión expresó: “Sólo me sentaré a la mesa de negociaciones cuando esté seguro de que existen condiciones reales para una paz permanente y duradera, como la quieren todos los colombianos”. Es decir, mostró disposición para…
p. 101
58Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 441 cita
[70]compromiso con la instauración de la oficina de derechos humanos de Naciones Unidas en Colombia y en algunos programas humanitarios apoyados por las embajadas en Bogotá de países europeos, y por la Comisión y el Parlamento europeos. 6 Aunque entre 1990 y 1998 casi se duplica el monto de la cooperación europea con…
p. 44
59Guerras, paces y vidas entrelazadas: coexistencia y relaciones locales entre víctimas, excombatientes y comunidades en ColombiaJuan Diego Prieto Sanabria · 2012 · p. 261 cita
[71]para quienes formulan e implementan políticas al respecto. 1.2.2. La justicia transicional y la hora de las víctimas En segundo lugar, las negociaciones con las auc iniciaron una especie de pro- ceso de justicia transicional en el marco de la Ley de Justicia y Paz (véase Res- trepo y Bagley 2011). La justicia…
p. 26
60Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 111 cita
[72]Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…
p. 11
61JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020.htmlp. 11 cita
[73]JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020 Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/Destacan-logros-del-Sistema-Integral-de-Verdad%2C-Justicia%2C-Reparaci%C3%B3n-y-no-Repetici%C3%B3n-de-Colombia.aspx Fecha de consulta: 2026-08-10.…
p. 1
62Desaparición forzada. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoElsa Blair · 2018 · p. 151 cita
[74]en el futuro inmediato, por medio de acciones, programas y proyectos que den respuesta a las demandas inaplazables de las víctimas. Solo así se logrará dar cumplimiento a algunas de las tareas pendientes del Esta- do, si de verdad quiere contribuir a resarcirlas y a la búsqueda de la paz en el país; en cuanto a la…
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63Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 361 cita
[75]personas en razón de su religión, opiniones o creencias, a las personas en situación de discapacidad, a los pueblos indígenas, a las comunidades campe- sinas, a las poblaciones afrocolombianas, negras, palenqueras y raizales, al pueblo Rrom, a la población LGBT, a las personas desplazadas y exiliadas, a los defensores…
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64Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4401 cita
[76]humanitarian consciousness over centuries of violent conflict. In this sense, these encoun - ters become emergent archives allowing us to break away from the heroic construction of memories—which perhaps inevitably leads to the constitu - tion of two hate-filled, antagonistic camps—and to opt for more worthy memory…
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