La Uribe
“La Uribe encarna la paradoja de los territorios que el Estado colombiano nunca incorporó del todo: un municipio creado en 1990 sobre una frontera agraria que llevaba décadas siendo colonizada por campesinos expulsados del interior andino, y que el…”
En el pliegue oriental de la cordillera, donde la montaña se desfleca en piedemonte y el piedemonte se disuelve en llanura, existe un municipio de 6.307 kilómetros cuadrados y apenas ocho mil habitantes que la mayoría de los colombianos no sabría ubicar en un mapa. La Uribe, en el extremo suroccidental del departamento del Meta, fue durante siglos una frontera ignorada por el Estado: territorio de colonización campesina, selva de acceso difícil, sabana quebrada por la Serranía de La Macarena. Y sin embargo, entre 1984 y 1990, este municipio marginal se convirtió en la capital simbólica de la paz colombiana. Aquí se firmaron los Acuerdos de La Uribe entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC-EP; aquí se instaló Casa Verde, el centro de mando del secretariado guerrillero; aquí, finalmente, se ejecutó el bombardeo que rompió el hilo de la negociación y devolvió al país a dos décadas más de guerra. La Uribe es un topónimo doble: un municipio real, con sus veredas, sus ríos y su gente, y un lugar-emblema donde se pactó una paz que ninguna de las partes tenía la fuerza ni la voluntad de sostener.
El municipio en su geografía
La Uribe pertenece al departamento del Meta, al este de la cordillera Oriental, en una región que combina el piedemonte llanero con las estribaciones de la Serranía de La Macarena. El municipio fue creado en 1990, apenas meses antes de que su nombre entrara en el vocabulario nacional por razones distintas a las administrativas. Con 6.307 kilómetros cuadrados de superficie, es uno de los municipios más extensos del país y también uno de los menos poblados en proporción a su territorio: la cabecera municipal contaba con 1.313 habitantes y la zona rural con 6.545, una densidad ínfima para un territorio del tamaño de un departamento pequeño europeo.
Esa desproporción entre superficie y población no es una anomalía estadística: es la firma geográfica de la marginalidad. La Uribe se encuentra en el reverso de la cordillera, del lado que mira hacia los Llanos, en una franja donde los ríos que bajan de la montaña —el Duda entre ellos— cortan valles de selva húmeda y donde la Serranía de La Macarena impone su topografía singular, ese macizo aislado que el botánico Richard Evans Schultes había recorrido en 1951 y del que el comandante local de entonces lo instó a marcharse por su propia seguridad. Ya a mediados del siglo XX, el territorio era zona de nadie o zona de otros: cualquiera menos del Estado.
Villavicencio, la capital departamental con sus 273.511 habitantes, queda lejos en kilómetros y aún más lejos en presencia institucional. Entre la capital llanera y La Uribe se despliegan los municipios de Mesetas, Vista Hermosa y La Macarena, que en 1998 serían agrupados junto con San Vicente del Caguán, en Caquetá, para conformar la zona de despeje de los diálogos entre el gobierno Pastrana y las FARC. Esa zona sumaría entre 34.487 y 42.000 kilómetros cuadrados: un país dentro del país, y La Uribe otra vez en el corazón geográfico de la excepción.
Los orígenes: la colonización de una frontera abierta
La historia del municipio no puede contarse sin la historia mayor del Meta, y la historia del Meta es la de una frontera que el Estado colombiano nunca llegó a incorporar del todo. Durante los siglos coloniales, la fundación de San Martín y San Juan de los Llanos en el siglo XVI impulsó una ocupación ganadera de las sabanas, pero sin colonización efectiva: haciendas dispersas, pueblos indígenas replegados, presencia esporádica de misioneros y comerciantes. La llanura funcionaba como despensa de carne para el interior andino, no como territorio poblado.
Durante la República el patrón no cambió sustancialmente. Los Llanos Orientales recibieron en distintas políticas oficiales el carácter de frontera abierta e inhóspita, tierra para colonizar antes que territorio para gobernar. En 1850, un asentamiento llamado Gramalote, fundado por colonos campesinos que habían bajado desde Cundinamarca por trochas que descendían de la cordillera, fue oficialmente renombrado Villavicencio. Esa fundación por goteo campesino, sin plan ni concurso del Estado central, describe el modo en que se pobló toda la región: hombres y mujeres que desmontaban la selva a hacha y machete, sembraban plátano y maíz, y luego eran desplazados por compradores mayores que concentraban la tierra para ganadería extensiva. El colono pionero abría el monte; el hacendado llegaba después a redondear la propiedad. Al pequeño no le quedaba sino colonizar más lejos o regresar a Cundinamarca, Boyacá o Tolima con las manos vacías.
Ese ciclo estructural —colonización, desalojo, recolonización— se aceleró en los años cincuenta. La violencia partidista que devoraba el interior andino se derramó sobre los Llanos, y la población campesina se organizó en guerrillas móviles que operaron sobre todo en la llanura abierta. La represión, la desmovilización parcial durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla y las oleadas migratorias sucesivas empujaron nuevos contingentes hacia el piedemonte y la zona del Ariari. Entre 1953 y 1958 se crearon seis nuevos municipios en el Meta: Cumaral, Puerto López y El Calvario en 1955; Granada y Guamal en 1956; San Martín en 1958. El mapa administrativo intentaba, tarde, atrapar una realidad demográfica que ya estaba en movimiento.
La Uribe pertenece a una generación posterior de ese proceso, la de los municipios que se erigieron cuando la colonización había alcanzado ya las zonas más recónditas del piedemonte, allí donde la cordillera se pliega sobre sí misma y donde el Estado, incluso reconociendo el territorio como entidad administrativa en 1990, no llegaba a establecer más que una alcaldía, una escuela y un puesto de salud precario. La palabra "presencia estatal" tenía en La Uribe el peso de un eufemismo.
La política de paz de Betancur y el camino a los acuerdos
En agosto de 1982, Belisario Betancur Cuartas se posesionó como presidente de Colombia con un programa de paz que rompía con la línea contrainsurgente de sus antecesores. Apenas tres meses después, el 19 de noviembre, expidió la Ley 35 de 1982, una amnistía amplia por delitos políticos —sedición y asonada— que benefició a guerrilleros de las FARC, el M-19, el ELN, el EPL, el PLA, la ORP y el ADO. Las cifras varían: el propio Betancur habló de unos 2.000 amnistiados, otras versiones reducen la cifra a cerca de 1.500. En cualquier caso, la ley abrió las cárceles y despejó el terreno legal para lo que venía después.
La Comisión de Paz, presidida por Otto Morales Benítez tras el reemplazo del expresidente Carlos Lleras Restrepo, empezó a moverse a finales de 1982 en múltiples frentes: contactos con las FARC, con el M-19, con la ADO. Morales Benítez terminaría renunciando a la presidencia de la comisión con una frase que resumía el diagnóstico del proceso: existían, dijo, "enemigos agazapados de la paz y la rehabilitación dentro y fuera del gobierno". Nunca precisó públicamente a quiénes se refería, pero la ambigüedad era en sí misma un mapa: los enemigos estaban en el gabinete, en el alto mando militar, en los gremios económicos, en las clases políticas regionales.
La resistencia se manifestaba en registros diversos. La ANDI, como voz gremial, mostró prevención y rechazo, aunque figuras individuales del empresariado —Alfredo Carvajal, Nicanor Restrepo— avalaron y participaron en las negociaciones. Ministros del propio gabinete manifestaban en privado su desacuerdo sin decírselo al presidente. Y en las Fuerzas Armadas, adiestradas por dos décadas para la destrucción de la guerrilla, la política de Betancur era leída como una capitulación. Ese fue el clima en el que la Comisión de Paz avanzó hacia el acuerdo con la organización más antigua y grande del catálogo insurgente colombiano.
El 28 de marzo de 1984
Los Acuerdos de La Uribe se firmaron el 28 de marzo de 1984 en el municipio metense, en un paraje que ya albergaba el campamento donde el secretariado de las FARC-EP tenía su sede. El texto contemplaba once puntos, y su arquitectura estaba diseñada para inaugurar una transición: de las armas a la política, de la guerra a la negociación.
El primer punto establecía un cese del fuego bilateral e indefinido a partir de la fecha de firma. Las FARC-EP, por su parte, condenaban y desautorizaban el secuestro, el chantaje y el terrorismo en todas sus formas. El acuerdo garantizaba a los miembros de la organización la posibilidad de organizarse política, económica y socialmente según su libre decisión, con estímulos otorgados por el Gobierno. Se contemplaba también que el Estado daría prelación en el Plan Nacional de Rehabilitación a los colombianos que habían padecido, directa o indirectamente, los estragos de la violencia. En un lenguaje más amplio, el Gobierno declaraba su voluntad de mejorar los niveles educativos, de salud, vivienda y empleo, y de modernizar las instituciones políticas para enriquecer la vida democrática. Las FARC, a su vez, señalaban el propósito de desmovilizar paulatinamente su estructura militar y transitar hacia un movimiento político legal.
Sobre el papel, era un pacto histórico. En la práctica, la debilidad del arreglo se reveló casi de inmediato. Betancur ordenó el cese de acciones ofensivas mediante una alocución televisada, pero nunca emitió un decreto que formalizara la tregua. Pocos días después, el ministro de Defensa encargado, general Miguel Vega Uribe, publicó una resolución cuyo mensaje central era que no existían territorios vedados para los soldados. En términos jurídicos, la orden del comandante en jefe quedaba suspendida por la interpretación del segundo escalón militar. En términos políticos, el Estado colombiano firmaba la paz sin poder imponerla a sus propios instrumentos de guerra.
Esa asimetría entre la firma del presidente y la conducta del alto mando marcó desde el primer día el destino de los acuerdos. El proceso no fue traicionado por un acto único de sabotaje: fue erosionado por la ausencia estructural de un mando civil efectivo sobre las Fuerzas Armadas, condición previa que ninguna paz negociada puede sortear.
Casa Verde: el campamento como capital
Al norte del municipio, en un paraje del piedemonte, funcionaba desde antes del acuerdo el campamento conocido como Casa Verde: sede del secretariado de las FARC-EP y centro de mando de la organización desde 1984. El nombre —modesto, casi doméstico— contrastaba con la centralidad estratégica del lugar. Allí despachaba Manuel Marulanda Vélez, conocido como Tirofijo, comandante fundador de las FARC desde los años sesenta. Allí se encontraba también Jacobo Arenas, el ideólogo del secretariado, arquitecto intelectual del acuerdo con Betancur.
Casa Verde funcionó como espacio de diálogo durante las negociaciones de 1984 y, después de la firma, como sede permanente del mando guerrillero. Su ubicación no era casual: la zona de límites entre Caquetá, Meta y Huila, en el área de La Uribe, constituía la retaguardia estratégica de las FARC-EP y su zona de movilidad más confiable a nivel nacional. Bloque Oriental, se le llamaría después: el corazón territorial de la organización, aunque el control nunca fue estable, ni siquiera en las mejores épocas.
Lo que la tregua permitió, desde el punto de vista guerrillero, fue proteger ese corazón de la acción militar del Estado mientras se avanzaba en el proceso político. Ese uso instrumental del acuerdo —convertirlo en escudo estratégico antes que en umbral de desmovilización— es la otra cara de la debilidad estatal que había firmado sin controlar a sus militares. Las FARC utilizaron el cese al fuego para fortalecer su capacidad, reclutar combatientes y expandirse políticamente mediante un movimiento legal, mientras mantenían públicamente el discurso de paz. Los dos firmantes negociaron con reservas mentales que hacían del texto un cascarón: el Estado no podía imponer su parte del trato, y las FARC no tenían intención de cumplir la suya.
La Unión Patriótica: la paz por otros medios y su exterminio
El fruto político más visible de los Acuerdos de La Uribe fue la Unión Patriótica, movimiento nacido el 28 de enero de 1985 como plataforma legal amplia, democrática y de oposición a los partidos tradicionales. La UP fue el instrumento con el que las FARC anunciaron el tránsito hacia la política, pero también operaba bajo la misma dirección que las estructuras armadas: el movimiento no era una escisión de la organización sino su prolongación civil, con la ambigüedad estratégica que eso implicaba.
El primer congreso de la UP se realizó en noviembre de 1985 con la participación de 3.245 delegados, cerrado el 16 de noviembre. Y para esa fecha, ya habían sido asesinados setenta militantes del movimiento en todo el país. El dato es escalofriante: antes de que el partido celebrara su congreso constitutivo, la violencia contra sus cuadros había cobrado setenta vidas.
En el Meta, epicentro geográfico del pacto, la lista de nombres empezó pronto. En febrero de 1985, Giovanni Parra fue asesinado en Villavicencio. El 29 de julio cayó Joaquim Ernesto Toro en Granada. El 22 de agosto, Misael Rodríguez en Vista Hermosa. El 30 de septiembre, Fabio López en Puerto Gaitán. Los cuatro eran campesinos de base: no dirigentes visibles, no congresistas, no figuras nacionales. Militantes locales que habían apostado por la política legal en un país donde la política legal, para los suyos, resultaba ser una sentencia. El exterminio no atacaba primero a la cúpula: comenzaba por los cimientos.
Pese a esa violencia, o quizá por el arraigo previo que la sustentaba, la UP logró en las elecciones de la época un resultado inédito para una izquierda colombiana: catorce congresistas, dieciocho diputados en once asambleas departamentales, 335 concejales en 187 concejos. La violencia contra el movimiento fue proporcional a su éxito: donde la UP crecía —Magdalena Medio, Meta, Caquetá, zonas con arraigo campesino y sindical—, allí caían sus militantes. Los perpetradores fueron grupos paramilitares, sectores de las Fuerzas Militares y mafias del narcotráfico, actuando sobre un flanco político que los Acuerdos de La Uribe habían abierto sin proteger.
Bernardo Jaramillo, presidente del movimiento, saldría del país tras un atentado y declararía que regresaría cuando el Gobierno le diera garantías. El regreso terminaría en un asesinato que forma parte del capítulo posterior de esta historia. Lo que La Uribe firmó en 1984 como puerta a la política legal se convirtió, en menos de una década, en el más largo y sistemático exterminio de un partido político en la historia reciente de América Latina.
La ruptura: del Palacio de Justicia al gobierno Barco
El proceso de paz de Betancur se rompió por múltiples fracturas simultáneas, pero la más visible fue la toma del Palacio de Justicia por el M-19 en noviembre de 1985 y su retoma militar. El desenlace —con la muerte de prácticamente todos los ocupantes, incluidos magistrados y guerrilleros— constituyó lo que algunos analistas describieron como un cuasi golpe de Estado: la orden de ataque no habría emanado del presidente, y su ejecución permitió a los militares recuperar la iniciativa en las políticas de defensa y seguridad. Tras el episodio, las manifestaciones a favor de la paz que habían caracterizado el mandato disminuyeron sensiblemente, y la iniciativa quedó muy debilitada.
Betancur enfrentaba entonces un dilema sin salida: no podía abandonar la búsqueda de la paz, que era el alma de su gobierno, pero tampoco podía desactivar la estructura bélica adiestrada para la destrucción de la guerrilla. Trabajó con lo que daba la tierra, sin lograr implantar una nueva política militar que sustituyera la orientación contrainsurgente preexistente. A esa parálisis se sumaban dos fuerzas externas al pacto original —el paramilitarismo en ascenso, el narcotráfico ya con proyección política y militar propia— que erosionaban la viabilidad de la paz al margen de cualquier voluntad presidencial.
Virgilio Barco Vargas ganó las elecciones del 25 de mayo de 1986 con una votación históricamente alta y se posesionó el 7 de agosto. Su gobierno centralizó los procesos de negociación y privilegió el diálogo con el M-19 sobre los otros grupos. La tregua con las FARC había pasado a ser, para entonces, una ficción compartida: ambos firmantes la mantenían nominalmente sin cumplirla en la práctica. En el Congreso, el ministro de Gobierno intentó reactivar los canales políticos, pero los debates se caracterizaron por la iracundia y el presidente terminó negociando directamente con los jefes políticos de la oposición.
Los Acuerdos de La Uribe, sin haber sido formalmente denunciados por ninguna de las partes, se vaciaron de contenido. Casa Verde seguía allí, en el municipio, y el secretariado seguía operando desde el campamento; pero el vínculo institucional con el Estado había perdido cualquier realidad efectiva. Lo que restaba era esperar el momento en que el equilibrio precario se rompiera.
El bombardeo de Casa Verde
Ese momento llegó el 9 de diciembre de 1990, día en que se celebraban las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente. Mientras los colombianos votaban por los delegados que redactarían una nueva Carta —proceso constituyente en el que las FARC, el ELN y la disidencia del EPL, agrupados en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, habían considerado necesaria una participación más amplia según lo planteado por Alfonso Cano en la I Cumbre de Comandantes "Jacobo Arenas"—, el Ejército colombiano atacaba Casa Verde en el municipio de La Uribe.
La simultaneidad no fue casual, y su lectura política tampoco es ambigua: en el mismo día en que el país escogía a los constituyentes que reformarían la Constitución de 1886, el Estado bombardeaba el centro de mando de una organización que había pedido participar en esa reforma. El mensaje era terminal.
Sobre la autoría del ataque persiste una fractura reveladora. Al menos una versión sostiene que los militares actuaron sin autorización presidencial, ilustrando la divergencia entre autoridades militares y civiles que había marcado el proceso desde 1984. Si esa versión es correcta, el bombardeo de Casa Verde no fue una decisión de Estado sino una decisión del alto mando militar, y el patrón que había vaciado los acuerdos —la ausencia de mando civil sobre las Fuerzas Armadas— culminaba en el acto que enterraba definitivamente cualquier posibilidad de diálogo.
El resultado, en cualquier caso, fue inequívoco. Poco después del ataque, se frustró casi por completo la posibilidad de diálogo con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. La paz que se había firmado en La Uribe seis años antes moría en La Uribe, con el mismo topónimo funcionando primero como firma y después como fecha de defunción.
Los altos mandos esperaban capturar o dar de baja a Manuel Marulanda Vélez en Casa Verde para obtener una posición ventajosa en las negociaciones. No lo lograron. Marulanda escapó, el secretariado se reorganizó, y las FARC entraron en la década de los noventa con la certeza de que el Estado colombiano no era interlocutor confiable. La organización se expandiría militarmente durante los años siguientes hasta alcanzar, a comienzos del nuevo siglo, su mayor tamaño histórico.
La huella: un topónimo doble
Después de 1990, La Uribe volvió al lugar del que había salido: la marginalidad, el silencio administrativo, la condición de municipio remoto en una región olvidada. Su nombre, sin embargo, quedó tatuado en el vocabulario político del país. Cuando en 1998 se estableció la zona de despeje para los diálogos entre el gobierno Pastrana y las FARC, La Uribe volvió a formar parte del territorio despejado —junto con Mesetas, La Macarena, Vista Hermosa y San Vicente del Caguán—, prolongando el ciclo: la periferia geográfica convertida, por segunda vez, en escenario de una paz negociada. Ese proceso también terminaría en fracaso el 21 de febrero de 2002.
El municipio contemporáneo carga con esa doble memoria. Es, por un lado, un territorio real: sus veredas, sus cultivos, sus quebradas, la Serranía de La Macarena al fondo, los campesinos que colonizaron el piedemonte huyendo de la violencia partidista y hoy resisten las secuelas de tres décadas de guerra. Es, por otro, un lugar-emblema: la palabra "La Uribe", pronunciada en cualquier contexto político colombiano, evoca simultáneamente la firma de 1984 y el bombardeo de 1990, la esperanza inaugural y su destrucción, la primera Unión Patriótica y sus muertos.
Esa dualidad —municipio de ocho mil habitantes, símbolo nacional de la paz fallida— sintetiza una paradoja mayor sobre el Estado colombiano y sus fronteras internas. La Uribe fue sede posible de los acuerdos precisamente porque el Estado nunca había estado allí: era territorio disponible para el diálogo porque no era territorio gobernado. Y el acuerdo fue imposible por la misma razón: un Estado que no controlaba el piedemonte llanero no podía cumplir los compromisos de rehabilitación, presencia institucional y garantías políticas que el texto firmado le exigía. La marginalidad que había permitido la negociación era, al mismo tiempo, la que la hacía inviable.
Cuando en 2016, en La Habana, el gobierno de Juan Manuel Santos firmó con las FARC-EP el Acuerdo Final que puso término a más de medio siglo de guerra, el nombre de La Uribe volvió a aparecer en la memoria pública como el primer eslabón de una cadena de intentos: 1984, 1990, 1998, 2002, 2016. En cada uno de esos jalones el municipio metense está presente, ya sea como escenario, como retaguardia o como cicatriz. Ningún otro topónimo colombiano condensa con esa intensidad la larga historia de la paz buscada y perdida, buscada de nuevo y firmada por fin, en un país donde firmar y cumplir nunca han sido, del todo, la misma cosa.
El territorio en el archivo
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Documentos y fragmentos citados
41 documentos · 50 fragmentos01Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 129, 1352 citas
[1]construcción, inestable, al menos desde un punto de vista estatal moderno, como se sugirió en la sección geográfica del capítulo 1; es una zona colombiana literalmente marginal, como se aprecia, por ejem- T ABLA III.1 La zona de despeje para el diálogo con las FARC Municipios Año de creación Superficie en km 2…
p. 129
[13]poco tiempo aduciendo cuestiones de salud; lo sucedió el connotado político liberal Otto Morales Benítez. El presidente se dedicó a sacar en el Congreso una ley de amnistía" amplia, in condicional y automática para todos los presos políticos y para quienes de pusieran las armas. Una vez aprobada, (Ley 35 de 1982),…
p. 135
02Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 701 cita
[2]La zona que fue establecida en octubre de 1988 y levantada el 21 de febrero de 2002, comprendía una superficie de 42.000 kilómetros cuadrados de los muni- cipios de La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa en el departamento del Meta, y San Vicente del Caguán en Caquetá. 48 Con mayor presencia en Tibú,…
p. 70
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1771 cita
[3]Salaman- ca y playas de El Rodadero, que atraen a numerosos turistas. Santa Marta, la capital, sirvió de puente a varias expe- diciones al interior del país durante el período colonial. En la actualidad, es uno de los principales puertos. En ella se encuentra la quinta donde murió Simón Bolívar. Santa Manta, situada…
p. 177
04Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 431 cita
[4]arawak, huitoto y piapoco, articulados a la nación achagua, sáliva y a otros pueblos caribes, como los guahi- bos o los guayupe. Durante la República, el control territorial del Estado sobre esta porción del país fue bajo y su administración se trasladó varias veces entre provincias. Diferentes políticas le otorgaron…
p. 43
05Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 3191 cita
[5]in Casanare and Arauca. After the republic of New Granada was established in 1832, the Llanos of San Martín (as Meta was known at that time) became a canton in the Province of Bogotá, or what is now Cundinamarca. By the 1840s adventurous campesinos from Cundinamarca began making their way down the mule path that led…
p. 319
06Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 14, 722 citas
[6]2 The deathblow to this relatively prosperous colonial province came with the War of Independence (1810–1821), when patriot soldiers raided the Llanos missions, recruiting the natives to fight against the royalists and sacking the churches. The clergy who stayed at their posts received neither subsidies nor military…
p. 14
[7]briefly in 1957. 63 Lieuten- ant Jaime García Ullo was alcalde from 1954 to 1955 and was succeeded by Jorge Rincón Osorio, Leonard Garavito Martínez, Captain Hernando Cleves, and José Antonio Barrera. 64 Nancy Espinel states that before the Violencia, the intendancy had been divided into three municipios:…
p. 72
07Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 661 cita
[8]total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…
p. 66
08Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 491 cita
[9]bosques aíslan partes de sabana seca (llamadas bancos de sabana) con un muro verde que impide que se pro- pague el fuego cuando se incendia uno de los ban- cos. Los Llanos al norte del río Meta son, en su ma- yor parte, bajos e inundables. Son los llanos de Arauca y Casanare que, junto con los llanos vene- zolanos de…
p. 49
09El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 2421 cita
[10]baja que cubre un área de Colombia mayor que la Gran Bretaña. Desde Villavicen- cio viajamos hacia el sur bajo la lluvia, a través de sabanas, hasta la Serranía de la Macarena, un antiguo y aislado 243 Eí ndi macizo montañoso que antecede en un millón de años la formación de los Andes. De ciento sesenta kilómetros de…
p. 242
10Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 511 cita
[11]de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…
p. 51
11¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 881 cita
[12]desataron contra militantes de izquierda y líderes sociales. 71 Este despliegue represivo del Gobierno y de los mandos militares bajo la presidencia de Turbay, con el apoyo de los gremios, fue respondido, des- de el otro lado, por los avances de las FARC y el ELN junto con el aumento de las acciones propagandísticas…
p. 88
12Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2721 cita
[14]a las que también se impusieron ca rgas financieras elevadas para co mprar más empresas. Las operaciones del holding llevaron a la quiebra de las in st ituciones financieras y el grupo cayó como un castillo de naipes. El esclarecimiento del episodio del <czarpazo,> del Grupo Gran Co lombiano ahondó, sin duda, la…
p. 272
13La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · p. 101 cita
[15]Belisario Betancur presentó, entre sus propuestas, la de buscar la paz con la guerrilla. Una vez elegido, hizo contacto con las distintas organizaciones subversivas y se reunió, en México y en España, con dirigentes del M-19, con el cual trazó los planes para alcanzar el objetivo indicado. En los años setenta, el M-19…
p. 10
14¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 1671 cita
[16]se beneficiaron gue- rrilleros de las FARC, M -19, ELN, EPL, del PLA (Comando Pedro León Arboleda), de la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) y de la ADO (Autodefensa Obrera), que fueron excarcelados. El número de beneficiarios varía dependiendo de la fuente, sin embargo, en la mitad de su gobierno, Betancur,…
p. 167
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2601 cita
[17]guerrilla que se presentaba como generosa y abierta y, despu é s de levantar el estado de sitio, logr ó la aprobaci ó n de una ley de am nist í a que permiti ó a unos 1 500 guerrilleros salir de las c á rceles sin que sus grupos entregaran las armas y sin que los beneficiarios tuvieran que renunciar a la guerra. As í,…
p. 260
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 861 cita
[18]en lo económico y en lo social» 241. 239 Aguilera, «ELN: entre las armas y la política», 222. 240 El Tiempo, «ELN califica como un error el asesinato de obispo de Arauca, monseñor Jesús Emilio Jaramillo». 241 Entrevista 752-VI-00011. Dirigente político. consolidación guerrillera, persecución política y apertura…
p. 86
17Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 5021 cita
[19]Betancur. Durante su administración se propone una nueva conducta en el manejo de los pro- blemas nacionales. Una nueva mentalidad que reclama cambios y reformas políticas y sociales, que reconoce la necesidad de dialogar y negociar para poner punto final al conflicto armado, se abre paso en la opinión pública. Para…
p. 502
18Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 971 cita
[20]lograron torpedearla. Por ello, nunca hemos salido de ese ambiente de zozobra colectiva”110* *. Otto Morales no aclaró nunca públicamente a quién se refería cuando hablaba de “enemigos agazapados de la paz”. Sin embargo, en una entrevista con la periodista Margarita Vidal, muchos años después, en 2014, le confesó: “la…
p. 97
19La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 401 cita
[21]Betancur, elegido para el periodo 1982-1986, quien quiso consagrarse como el presidente de la paz. Bajo su administración se lanzó el primer gran proceso de diálogo con las guerrillas que se habían formado casi veinte años atrás. Sin embargo, las guerrillas ya no eran las mismas de la década del setenta. El…
p. 40
20Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 971 cita
[22]cial durante el gobierno Turbay y por tanto abrió una posibilidad de regreso al poder del Partido Conservador, que representaba de facto a la oposición en su competencia electoral con el Partido Liberal, pese a la prolongación de la simetría en la repartición burocrática heredada del Frente Nacional. 99 Argelino Durán…
p. 97
21Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 1181 cita
[23]La izquierda: entre la política y las armas Durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) se produjo un hecho inesperado que iba en contravía de las predicciones de la izquier- da con respecto a un mayor endurecimiento del régimen político. In- mediatamente después de asumir la Presidencia el 7 de agosto de…
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22Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2241 cita
[24]política y guerrillas: más allá de la llamada combinación de todas las formas de lucha En su gobierno, el presidente Belisario Betancur (1982-1986) puso en marcha un proceso de paz que reconoció las causas objetivas de la violencia, impulsó el diálogo con las guerrillas y admitió la necesidad de importantes reformas…
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23Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 1, 3, 46 citas
[25]la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…
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[26]la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…
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[41]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…
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[42]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…
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[49]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
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[50]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…
p. 3
24No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1881 cita
[27]únicos que le ponían talanqueras al pro- ceso de paz. Según un informe 552 recibido por la Comisión de la Verdad, si bien algunos destacados empresarios como Alfredo Carvajal y Nicanor Restrepo avalaron y participaron en las negociaciones, la postura gremial de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI) dejó ver…
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25La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 681 cita
[28]la creación de nuevos frentes de guerra y convertirse en el “Ejército del Pueblo”, lo que cambiará la dinámica de la guerra y determinará la expansión de este grupo armado. El 28 de marzo de 1984 se firmaron los acuerdos de cese al fuego y tregua entre el Gobierno colombia- no y la guerrilla de las FARC, que fueron…
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26Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 5011 cita
[29]que condujeran al cese al fuego y abrieran los caminos del diálogo nacional. La euforia del acuerdo firmado entre Gobierno y FARC-EP se vio enturbiada el 30 de abril por el asesinato del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, el primero de una larga cadena de crímenes contra hombres públicos por parte de las…
p. 501
27Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · p. 541 cita
[30]In downtown Bogotá, more than 10,000 people gathered in silence as 1,000 doves were released from the parliament building.” Named after the small municipality where it was signed, the Uribe Agreement paved the way for a cease-fire between the two sides and the beginning of a peace process. The FARC agreed to condemn…
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28Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2301 cita
[31]las leyes, las garantías y los estímulos pertinentes. Durante este mismo período el gobierno tomará las medidas necesarias para restablecer en las zonas de violencia la normalidad civil. 7. Los integrantes de las Farc-EP podrán acogerse a los beneficios de la ley 35 de 1982 y de - cretos complementarios, cuando llenen…
p. 230
29Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1991 cita
[32]a fi anzamiento del sistema capitalista y el neoliberalismo, caracterizado por la reducción del Estado, liberación de importaciones y apertura fi nanciera y de capital En 1984, en el municipio de la Uribe, el campamento de Casa Verde de las Farc, fue el escenario donde se adelantaron las Categoría de análisis…
p. 199
30Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 401 cita
[33]fuentes, no fue el presidente quien ordenó el ataque y el desenlace de semejante aconte- cimiento -que causó la 1nuerte de prácticamente todos l<¡:>s ocupantes del edificio incluido los jueces y guerrilleros-, el cual prácticamente conllevó un cuasigolpe de Estado. Los militares recuperaron el terreno en la definición…
p. 40
31Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1141 cita
[34]la zona del Bloque Oriental no solo se encontraba el corazón de las Farc-EP, sino lo que se podría considerar su zona de movilidad más confiable a nivel nacional y la zona más segura con que contaron las Farc-EP. Mapa 19. Municipios atacados por las Farc-EP en el 2001 Página 114 Fuente: Fundación Paz y Reconciliación…
p. 114
32Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1351 cita
[35]las reglas de la guerra y obtener alguna protección contra la acción militar: podían lograrse treguas, útiles para reforzar los grupos armados, comprar armas, mejorar las finanzas, reclutar nuevos combatientes. Por eso, su acuerdo con Betancur, el acuerdo de La Uribe de 1984, está marcado por el intento de usarlo como…
p. 135
33La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 2411 cita
[36]de la guerrilla, instrucción de tipo militar; han participado ya en algunas actividades de sabotaje”. C OMANDANTE F IDEL C ASTRO: “Ustedes, cuando cuentan hombres, ¿cuentan hombres y fusiles?” C OMANDANTE GUERRILLERO: “Sí, cuando hablo de 10 000 hombres, hablo de 10 000 hombres-armas. ”Esta es la zona donde está…
p. 241
34Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 231 cita
[37]los sectores, y a ellos tenía que hacer frente uno de los estados latinoamericanos más débiles, considerando el presupuesto de la nación, la capacidad fiscal, la integración territorial, la infraestructura física o la calidad de las Fuerzas Armadas. Quizás una pequeña muestra de este desbordamiento que padecía el…
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35Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 1151 cita
[38]todo aquello que excediera la nuez minimalista de antaño. Al efecto, acuñó un brillante eslogan: Paz con legalidad. Brillante, en cuanto posee elementos cautivadores. ¿Quién estaría en contra de la paz y de la legalidad? Brillante también porque desliza la idea de que el Acuerdo fue adoptado mediante procedimientos…
p. 115
36Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 792 citas
[39]sintieron que cambiaba la ruta cuando el poder estaba más cerca pero tomaron la amnistía que les regalaban y que no habían pedido, y aceptaron una tregua con el gobierno. Las FARC siguieron su camino y lanzaron una apuesta arriesgada: mantener su plan de crecimiento militar y lanzar un movimiento político legal. Eran…
p. 79
[40]sintieron que cambiaba la ruta cuando el poder estaba más cerca pero tomaron la amnistía que les regalaban y que no habían pedido, y aceptaron una tregua con el gobierno. Las FARC siguieron su camino y lanzaron una apuesta arriesgada: mantener su plan de crecimiento militar y lanzar un movimiento político legal. Eran…
p. 79
37La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1971 cita
[43]militantes y simpatizantes, que no eran miembros de las FARC-EP –antes del Acuerdo de La Uribe, Meta, en 1984–, agraviados, desesperados e indignados por el exterminio que estaba sufriendo este partido y la falta de garantías para hacer política de oposición y 350 La Unión Patriótica fue concebida inicialmente como…
p. 197
38Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 201 cita
[44]el Estado y el establecimiento, era la enorme corrupcion que se percibía en las capas gobernantes de la región, predominantemente liberales. El 28 de enero de 1985, como fruto de los mismos acuerdos de paz, se dio vida jurídica y política a la UNION PATRIOTICA. Su primer congreso finalizó el 16 do noviembre 1985 con…
p. 20
39Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 201 cita
[45]el Estado y el establecimiento, era la enorme corrupcion que se percibía en las capas gobernantes de la región, predominantemente liberales. El 28 de enero de 1985, como fruto de los mismos acuerdos de paz, se dio vida jurídica y política a la UNION PATRIOTICA. Su primer congreso finalizó el 16 do noviembre 1985 con…
p. 20
401989María Elvira Samper · 2019 · p. 521 cita
[46]de un hecho inicuo que tiene que conmover a toda la sociedad colombiana y llamar a la solidaridad en momentos de crisis”. El ministro de Gobierno, Raúl Orejuela Bueno, sostiene que se trata de un “complot contra la democracia y el proceso de paz del Gobierno”, y el PC protesta por lo que considera la pasividad del…
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41Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 5392 citas
[47]sin el concierto de los con- servadores. La administración optó por buscar un apoyo indirec- to al adivinar lo que hubieran apoyado sus opositores. El ministro de Gobierno argumentó durante algún tiempo que el es- HACIA EL NUEVO MILENIO 549 cenario natural de la negociación política era el Congreso, y éste vio unos…
p. 539
[48]sin el concierto de los con- servadores. La administración optó por buscar un apoyo indirec- to al adivinar lo que hubieran apoyado sus opositores. El ministro de Gobierno argumentó durante algún tiempo que el es- HACIA EL NUEVO MILENIO 549 cenario natural de la negociación política era el Congreso, y éste vio unos…
p. 539