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Una historia del territorio

Palacio de Justicia

El Palacio de Justicia es el único edificio del conjunto que enmarca la Plaza de Bolívar que no responde a la arquitectura decimonónica de sus vecinos, y esa disonancia no es accidental: es la huella visible de haber sido destruido y reconstruido…

14 min de lectura27 fuentes

En el costado norte de la Plaza de Bolívar de Bogotá, frente a la estatua ecuestre que mira al norte y sobre cuyo portal está grabada la sentencia de Francisco de Paula Santander —«Colombianos: las armas os han dado la independencia. Las leyes os darán la libertad»—, se levanta el Palacio de Justicia, sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Es el único de los cuatro edificios que enmarcan la plaza que no responde a la arquitectura decimonónica que ordena el conjunto: una disonancia deliberada, porque el edificio que allí se ve hoy es la tercera versión de una estructura que ha sido destruida dos veces por la violencia política del país. En 1948, durante el Bogotazo. En 1985, durante la toma del M-19 y la retoma militar que dejó calcinado el cuarto piso, muertos a once magistrados y desaparecidos a los empleados de la cafetería del primer piso. La reiteración no es metáfora: es evidencia material de una fragilidad institucional que ningún gobierno ha logrado corregir. El Palacio es, a un tiempo, un edificio y una cicatriz.

La semblanza: un edificio que es también una herida

Decir Palacio de Justicia en Colombia es decir dos cosas a la vez. Una es literal: una construcción sobria en el costado norte de la Plaza de Bolívar, frente al Capitolio Nacional al sur, junto al Palacio Liévano al occidente y a la Catedral Primada al oriente, que alberga a los magistrados titulares y auxiliares de las dos altas cortes de la jurisdicción ordinaria y contencioso-administrativa, junto con los empleados de ambas corporaciones. Es la sede física del poder judicial en su cúspide. La otra es simbólica: el nombre remite, casi de manera inevitable, a los hechos del 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando un comando del Movimiento 19 de Abril ocupó el edificio y la operación militar de recuperación terminó con la estructura en llamas, once magistrados muertos —entre ellos el presidente de la Corte, Alfonso Reyes Echandía— y una lista aún litigada de desaparecidos que fueron sacados con vida y no volvieron a ser vistos.

Esa doble condición del sujeto —edificio y episodio— explica por qué su historia constructiva importa. El Palacio no es un inmueble estable con un evento superpuesto. Es una edificación que ha tenido que ser levantada de nuevo cada vez que la violencia política colombiana ha necesitado destruir su fachada para llegar a lo que contiene. En 1948 fue el fuego de una multitud desatada por el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán. En 1985 fue una operación guerrillera financiada, en su margen, por el naciente cartel de Medellín, y una retoma militar que actuó con una autonomía inédita frente al mando civil. En ambos casos, el Estado terminó reconstruyendo el edificio. En ninguno logró garantizar plenamente lo que ese edificio debía albergar.

Los orígenes: del incendio del 9 de abril a un edificio que no se pudo restaurar

La estructura decimonónica que ocupaba el costado norte de la Plaza de Bolívar antes de 1948 no sobrevivió al Bogotazo. El 9 de abril de ese año, tras el asesinato de Gaitán en la carrera séptima con calle 13, Bogotá ardió por sectores: La Candelaria cerca de la Plaza de Bolívar, San Victorino junto a la Plaza de Mercado y la carrera séptima entre la avenida Jiménez de Quesada y la calle 22. El Palacio de Justicia, situado en el vértice mismo de la zona más sensible del centro simbólico del país, fue consumido por las llamas.

Lo que ocurrió después es tan revelador como la destrucción misma. El Gobierno no consiguió restaurar el edificio en su estilo original. Mientras las tres sedes vecinas —Capitolio, Liévano, Catedral— fueron reparadas dentro del vocabulario arquitectónico decimonónico que definía la plaza, el Palacio se reconstruyó en clave moderna, y esa decisión selló para siempre la disonancia visual que aún se aprecia. El detalle importa porque forma parte de un fenómeno más amplio: los destrozos del 9 de abril aceleraron una transformación urbana que ya estaba en marcha, y permitieron a inversionistas y profesionales sustituir edificaciones antiguas por construcciones altas y modernas que fueron invadiendo el centro de Bogotá. El Palacio quedó así atrapado en la lógica del reemplazo, no en la de la restauración: se lo reconstruyó como algo nuevo porque el país no supo, o no quiso, devolverle su forma anterior.

Esa segunda encarnación del edificio albergó, entre finales de los años cincuenta y noviembre de 1985, a la Corte Suprema de Justicia y al Consejo de Estado. Bajo sus techos deliberaban los magistrados que decidían los grandes pleitos del país y, hacia comienzos de los ochenta, revisaban los archivos y expedientes de extradición que empezaban a poner en jaque al naciente narcotráfico. Esa función —custodiar los papeles que podían enviar a Pablo Escobar y a los suyos a cortes de Estados Unidos— convirtió al Palacio, sin que sus ocupantes lo eligieran, en un blanco.

La trayectoria: 1985, el año en que todo convergió sobre el edificio

Para entender lo que ocurrió el 6 de noviembre de 1985 hay que sostener tres hilos al mismo tiempo, porque los tres se anudaron sobre el mismo edificio en el mismo instante.

El primero es el proceso de paz. Belisario Betancur Cuartas asumió la presidencia en 1982 con una estrategia de apertura democrática hacia los grupos armados que abrió un período que los propios cronistas del conflicto describirían como «la guerra dentro de los diálogos de paz». El 24 de agosto de 1984, el M-19 firmó con el gobierno los Acuerdos de Corinto, que incluyeron un cese bilateral del fuego. La tregua se rompió en junio de 1985, cinco meses antes de la toma. La ruptura dejó al M-19 sin una salida política y, según sus propios comandantes lo declararían después, con la convicción de que necesitaba un golpe de resonancia para forzar el reinicio de la negociación. La operación sobre el Palacio se llamó, en su nomenclatura interna, «Antonio Nariño por los Derechos del Hombre», y su objetivo declarado era someter al presidente Betancur a un juicio político por el incumplimiento de los acuerdos.

El segundo hilo es el narcotráfico. Pablo Escobar condicionó su financiamiento a que dos hombres suyos pudieran acompañar al comando guerrillero para quemar los archivos de extradición de la Corte Suprema y asesinar a los magistrados que apoyaban el tratado. Álvaro Fayad e Iván Marino Ospina, en el nivel de dirección del M-19, rechazaron esa exigencia específica: no habría hombres de Escobar dentro del Palacio. Pero Iván Marino sí aceptó los dos millones de dólares que el capo ofrecía por la operación. Esa aceptación —del dinero sin la condición formal— es uno de los pliegues más ambiguos del episodio, y explica por qué buena parte de la historiografía posterior lee la toma como escenario, entre otras cosas, de la primera gran ofensiva del cartel de Medellín contra el Estado colombiano, aunque la ejecución material haya sido guerrillera y aunque los testigos presenciales no escucharan a los ocupantes anunciar el cumplimiento explícito de las tareas de Escobar.

El tercer hilo es el militar. Existen indicios sólidos de que las autoridades castrenses tenían conocimiento previo de los planes: los policías asignados a la vigilancia del Palacio fueron retirados el día anterior a la toma, y el Ejército permaneció en estado de alerta, listo para contraatacar. El brigadier general al mando de la Brigada XIII de Bogotá regresaba por esos días de una ausencia de aproximadamente un mes entre una comisión al Sinaí y unas vacaciones en Europa. Los tres hilos —una guerrilla sin salida política, un narcotráfico dispuesto a pagar por incinerar archivos, un mando militar en alerta— convergieron sobre el edificio del costado norte de la Plaza de Bolívar poco antes de las once de la mañana del 6 de noviembre.

Ese día, un grupo de siete jóvenes bien vestidos —cuatro mujeres y tres hombres— entró al Palacio como parte de la vanguardia del M-19. Detrás vino, en vehículos, el grueso del comando, cerca de una treintena de combatientes al mando de Luis Otero Cifuentes y Andrés Almarales, con Alfonso Jacquin, Elvecio Ruiz, Ariel Sánchez y José Domingo Gómez entre los oficiales destacados. El edificio contaba en ese momento con cerca de 415 ocupantes: magistrados titulares y auxiliares de las dos cortes, empleados de ambas corporaciones, abogados que hacían diligencias, personal de servicios generales, conductores, escoltas y los empleados de la cafetería del primer piso, un lugar cotidiano por el que pasaba media rama judicial a tomar café.

El presidente Betancur ordenó la retoma del edificio con la instrucción de preservar la vida de los magistrados. Lo que ocurrió después es objeto de una discusión que la propia arquitectura del Estado colombiano lleva cuatro décadas sin resolver: la orden presidencial existió y era clara, pero no fue el presidente quien decidió el modo, la intensidad ni el desenlace del ataque, y los mandos militares —encabezados por el general Rafael Samudio Molina, comandante del Ejército— actuaron con un alto grado de autonomía en la definición táctica de las operaciones. El coronel Alfonso Plazas Vega apareció ante las cámaras al frente de los tanques Cascabel que entraron por la carrera Octava. La televisión emitió un partido de fútbol mientras el edificio ardía. Se dio orden de silenciar las emisoras de radio para impedir que se escucharan las súplicas del propio Reyes Echandía, presidente de la Corte, que llamó por teléfono pidiendo un cese al fuego que nunca llegó. Cuando el M-19 llamó, el 7 de noviembre, para pedir que Jaime Betancur Cuartas —hermano del presidente— fuera de nuevo al Palacio como mediador, la decisión oficial ya se había endurecido en dirección contraria a la negociación.

Al terminar el operativo, en el cuarto piso se hallaron veinticinco cadáveres calcinados y diecisiete armas largas automáticas. Once magistrados de la Corte Suprema estaban muertos, entre ellos Reyes Echandía, Manuel Gaona Cruz y Carlos Medellín Forero. Decenas de otras personas —funcionarios de la Rama Judicial, miembros de la Fuerza Pública, civiles atrapados— también habían perdido la vida. El edificio, por segunda vez en cuarenta años, quedó inservible.

La red: quiénes murieron, quiénes desaparecieron, quién dio las órdenes

La lista de víctimas del Palacio de Justicia no admite un único vector de responsabilidad, y por eso la memoria del episodio ha sido tan difícil de estabilizar. Hay tres círculos concéntricos.

El primero es el de los magistrados. Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corte, era una de las voces jurídicas más respetadas del país. Junto a él murieron otros diez magistrados titulares, además de auxiliares de ambas corporaciones. Sus muertes ocurrieron en un edificio incendiado, bajo fuego cruzado, y en circunstancias que la Corte Interamericana de Derechos Humanos calificaría después, al condenar al Estado colombiano, como violaciones graves que comprometían la responsabilidad estatal por ejecuciones extrajudiciales y desapariciones. La instrucción de Betancur de preservar sus vidas y el desenlace efectivo del operativo son, en este círculo, la contradicción fundacional del caso.

El segundo círculo es el de los empleados de la cafetería del primer piso. Sus nombres son los que la memoria de las víctimas ha sostenido con más obstinación, porque su suerte fue distinta a la de los magistrados. Carlos Augusto Rodríguez Vera, administrador. Cristina del Pilar Guarín Cortés, cajera interina. Héctor Jaime Beltrán Fuentes y Bernardo Beltrán Hernández, meseros. Gloria Estella Lizarazo Figueroa, empleada. David Suspez Celis, chef. Luz Mary Portela León, empleada de servicios generales. También Norma Constanza Esguerra, proveedora de pasteles que visitaba la cafetería, y Gloria Anzola de Lanao, entre otros civiles atrapados. Varios de ellos salieron con vida del Palacio, fueron llevados custodiados a la Casa del Florero —el museo situado a unos cincuenta metros, en una esquina de la Plaza de Bolívar, que sirvió de centro de recepción de sobrevivientes— y de allí desaparecieron. Algunas de esas personas fueron torturadas en instalaciones militares —el Cantón Norte figura entre los lugares mencionados— y varias fueron desaparecidas después. Los restos de una de las trabajadoras de la cafetería solo fueron encontrados y entregados a su familia treinta años más tarde, en septiembre de 2016. Familiares recibieron durante años llamadas anónimas que describían torturas en curso a sus seres queridos, y buscaron sin éxito que quienes llamaron se presentaran a testificar.

El tercer círculo es el de los guerrilleros que salieron con vida. Fueron dos. Uno reapareció muerto dentro del propio Palacio en circunstancias no aclaradas. La otra, Irma Franco, fue vista salir custodiada y luego desaparecida. A este círculo pertenece también, aunque no fuera guerrillero, el magistrado auxiliar Carlos Horacio Urán, que salió con vida del edificio bajo custodia de la fuerza pública y apareció después asesinado, en un caso que se convirtió en una de las pruebas más incómodas contra la versión oficial del operativo.

En torno a estos tres círculos operaron nombres que la historia judicial y política sigue rebatiendo. Rafael Samudio Molina impartió órdenes sobre el manejo de sobrevivientes. Alfonso Plazas Vega —cuya frase «mantener la democracia, maestro», dicha ante los medios, quedó grabada en la memoria del país— fue procesado por desaparición forzada y absuelto tras un largo trámite. Belisario Betancur mantuvo durante décadas un silencio casi completo, roto apenas a finales de 2015 en un acto en Ibagué, en el Tolima, donde pidió perdón públicamente antes de morir en 2018. La cadena de mando del episodio nunca fue explicada de manera completa por el Estado colombiano.

La huella: reconstrucción, condena internacional y una memoria en disputa

Tras el incendio de 1985, el Palacio tuvo que ser levantado una vez más. La tercera versión del edificio —la que hoy se ve al norte de la Plaza de Bolívar— fue reconstruida en las décadas siguientes bajo dirección del arquitecto Rogelio Salmona, y se inauguró parcialmente hacia fines del siglo, en un proceso que se extendió a lo largo de los años noventa. La obra de Salmona optó por una monumentalidad sobria, con arcos de ladrillo y una lectura contemporánea de la fachada institucional, en un intento de dotar al edificio de una gravedad arquitectónica que su segunda encarnación —la del Palacio incendiado— no había tenido. El resultado no reconcilió al Palacio con la armonía decimonónica de sus vecinos: la disonancia arquitectónica del costado norte persiste, como recordatorio de que este edificio no ha vuelto a ser el que era antes del 9 de abril.

Las consecuencias jurídicas y políticas del episodio marcaron el resto del siglo. La iniciativa de paz de Betancur quedó destruida: la retoma militar significó, en la práctica, que las Fuerzas Armadas recuperaran terreno en la definición de las políticas de defensa, seguridad y negociación con la insurgencia, en un desplazamiento que algunos analistas caracterizaron como un cuasigolpe de Estado. Los medios de comunicación se silenciaron durante horas críticas. El poder judicial fue usurpado. Y en el manejo de las pruebas y los cadáveres —de los que se llegó a hablar en términos de canecas y sustancias preparadas para dificultar identificaciones— se registraron abusos que la justicia colombiana no ha terminado de esclarecer.

Para el M-19, la toma fue un suicidio político, aunque la organización solo lo admitiría después como un error militar. Ninguna de sus reivindicaciones se cumplió: no hubo juicio a Betancur, no se reactivó la mesa de paz, y buena parte de su cuadro medio y alto murió dentro del edificio. La transición del M-19 hacia la política legal en 1990, y su papel en la Asamblea Constituyente de 1991, ocurriría bajo la sombra larga del Palacio.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por violaciones a la libertad personal, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones en el caso del Palacio de Justicia. En 2015, el presidente Juan Manuel Santos pidió perdón públicamente en nombre del Estado por lo ocurrido en noviembre de 1985. Ese mismo año, Betancur rompió su silencio en Ibagué. Pese a la condena internacional y a los actos de reconocimiento, el caso no se cerró debidamente en los caminos de la justicia colombiana: la impunidad, en distintos niveles y para distintos responsables, ha persistido. La Jurisdicción Especial para la Paz, creada mediante el Acto Legislativo 01 del 4 de abril de 2017, ha sido señalada como un escenario que podría valerse de la experiencia histórica reconstruida sobre el caso, aunque su alcance específico sobre estos hechos sigue siendo objeto de debate.

Queda, por debajo de todo esto, una pregunta estructural que el propio edificio plantea con su historia constructiva repetida. El Palacio de Justicia no fue destruido dos veces por accidente. En 1948, la multitud desbordada por el magnicidio de Gaitán prendió fuego a las sedes del poder republicano porque veía en ellas la representación material de un orden que le había arrebatado a su líder —Rafael Uribe Uribe había sido asesinado en 1914 a pocas cuadras, en un episodio que ya había mostrado la vulnerabilidad simbólica del centro bogotano—. En 1985, el edificio fue tomado porque contenía los archivos de extradición y porque el M-19 necesitaba un escenario resonante para forzar una negociación, y fue calcinado porque un mando militar autónomo consideró que la solución debía ser la fuerza. En ambos casos, la sede física de la justicia funcionó como blanco recurrente de quienes —desde flancos opuestos— necesitaban neutralizar a la institución que allí trabajaba.

El Estado colombiano ha reconstruido el edificio cada vez. Ha levantado sus muros después del fuego. Lo que no ha logrado, y esa es la persistencia inquietante del sujeto, es garantizar plenamente lo que esos muros deben proteger. El Palacio que hoy se ve desde la Plaza de Bolívar, cuando el visitante se detiene bajo la estatua de Bolívar y lee la inscripción de Santander sobre las leyes que dan la libertad, es un edificio que sigue diciendo dos cosas al mismo tiempo. Que la República es capaz de reconstruir sus sedes. Y que aún no ha aprendido a impedir que se destruyan.

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1974Crisis y narcotráfico (1974–1990)Época1979Álvaro FayadEntidad1979El M-19Ensayo1982El proceso de paz del gobierno Betancur (1982–1986)Hecho1982Paz negociadaEntidad1983Carlos Jiménez GómezEntidad1983Iván Marino OspinaEntidad1984Apertura democráticaEntidad1984Belisario BetancurEntidad1984Extradición en ColombiaEntidad1984Fernando Landazábal ReyesEntidad1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho1984TreguaEntidad1985Alfonso Reyes EchandíaEntidad1985Andrés Almarales MangaEntidad1985Derechos humanosEntidad1985Doris SalcedoEntidad1985Guerrilla urbanaEntidad1985Jesús Armando Arias CabralesEntidad1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Ensayo1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Hecho1985Masacre de Tacueyó y purga del Frente Ricardo FrancoHecho1986Estado de excepciónEntidad1986Guerra suciaEntidad1989Desmovilización del M-19 y conversión política (1989–1990)Hecho1989La guerra contra la justicia en Colombia (1984–1991)Ensayo1989MagnicidioEntidad1989X Conferencia del M-19 y consulta interna de desmovilizaciónHecho1990Carlos Pizarro LeongómezEntidad1990Desaparición forzadaEntidad1990Justicia Penal MilitarEntidad1991Acción de tutelaEntidad1991La Constitución de 1991Ensayo1991Monopolio de la violenciaEntidad1996Eduardo Cifuentes MuñozEntidad2002Activismo judicialEntidad2004Estado de cosas inconstitucionalEntidad2005Verdad judicialEntidad2006El escándalo de la parapolíticaHecho2011Reparación simbólicaEntidad2016Acuerdo de pazEntidad2016Fragmentos, Espacio de Arte y MemoriaHecho2016Garantías de no repeticiónEntidad
Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

21 documentos · 27 fragmentos
01
El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 47, 51
2 citas
[1]

el centro de la plaza que lleva su nom bre, encima de las escaleras de piedra que rodean su estatua, lugar habitual de descanso para los amantes y empleados bogotanos que comparten su receso de media mañana con una bandada de pa lomas, la figura de Simón Bolívar domina la plaza vacía. Bolívar, como todo lo valioso de…

p. 47
[15]

de los altos mandos. Sea cual fuere la razón, ese martes 5 de noviembre los vein tidós policías annados asignados para vigilar los accesos al Pala do de Justicia regresaron al cuartel; los agentes de inteligencia Militar nombrados para mantener la vigilancia dentro del ediftdo siguieron en sus puestos dentro del…

p. 51
02
Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 111
1 cita
[2]

Bogotá con numerosas obras de infraestructura, urbanizando la ciudad con la creación de nuevos barrios y generando una amplia oferta de empleos en la ciudad. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Partido Liberal se dividió entre los dos candidatos liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Para las…

p. 111
03
Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 198
1 cita
[3]

memoria colectiva de las ciudades. Los hechos violentos del 9 de abril de 1948 aceleraron estos procesos. Tres sectores del centro de Bogotá su- frieron destrucción parcial: La Can- delaria cerca a la Plaza de Bolívar, San Victorino cerca a la Plaza de Mercado y la carrera 7. a entre la avenida Ji- ménez de Quesada y…

p. 198
04
Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 91
2 citas
[4]

la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…

p. 91
[5]

la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…

p. 91
05
Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 84
1 cita
[6]

a la fuerza las instalaciones del Palacio de Justicia en donde se encontraban las sedes de la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. El grupo guerrillero buscaba someter al entonces Presidente de la República, Belisario Betan- cur Cuartas, a un juicio político por el incumplimiento de los compromisos de las…

p. 84
06
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 81
1 cita
[7]

que nunca nos hicieron. [...] Cuando yo salí de la cárcel mi papá me dijo: “Lo que pasó en ese tiempo no pasó”, y eso fue toda la atención psicosocial que yo recibí. [...] Y efectivamente yo de eso nunca volví a hablar porque mi papá pensaba que hablando de eso me ponía en riesgo» 218. El 24 de agosto de 1984 el M-19…

p. 81
07
Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 129
2 citas
[8]

del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…

p. 129
[9]

del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…

p. 129
08
Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 82
1 cita
[10]

para mí en el recuerdo, pues nunca volví a ser polí- tico allá, a pesar de que más adelante la población apoyó mis campañas electorales. No regresé hasta cuando fui a hacer la paz con el M-19 años más tarde. Las primeras visiones que tuve de La Modelo me atemori- zaron. Vi la realidad del país concentrada en una…

p. 82
09
Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 40
1 cita
[11]

fuentes, no fue el presidente quien ordenó el ataque y el desenlace de semejante aconte- cimiento -que causó la 1nuerte de prácticamente todos l<¡:>s ocupantes del edificio incluido los jueces y guerrilleros-, el cual prácticamente conllevó un cuasigolpe de Estado. Los militares recuperaron el terreno en la definición…

p. 40
10
¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 144
1 cita
[12]

las transformaciones institucionales de la administración de justicia en Colombia”, en El caleidoscopio de las justicias en Colombia. Cabe anotar que con la llegada de Belisario Betancur al poder en 1982 ocurrió un giro estructural en la manera como el Estado empezó a afron- tar el conflicto armado. Un cierto…

p. 144
11
La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · p. 2, 205
2 citas
[13]

La Tragedia del Palacio de Justicia Cúmulo de Errores y Abusos EDITORIAL OVEJA NEGRA Enrique PArejo González La Tragedia del Palacio de Justicia 1ª edición: julio de 2010 © Enrique Parejo González, 2010 enparejo@hotmail.com © Editorial La Oveja Negra Ltda., 2010 editovejanegra@yahoo.es Cra. 14 Nº 79 – 17 Bogotá,…

p. 2
[17]

que el magistrado Reyes Echandía, presidente de la Corte, fue muerto por los guerrilleros. Siga. La Tragedia del Palacio de Justicia 211 Voz X. De los individuos que tenemos acá, de los cuales hay tres que están en muy malas condiciones heridos [posiblemente guerrilleros]. Se recuperaron las armas que tenían, unos…

p. 205
12
Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 550, 555
2 citas
[14]

y familiares de víctimas, dirigentes políticos y gente del común se han grabado; todo un rosario de análisis, conjeturas, informes, desinformaciones, acusaciones, versiones y tergiversaciones, unas muy ciertas, otras quedaron como verdades absolutas o verdades a medias, y las más, como mentiras completas. Se dice que…

p. 550
[21]

los jueces rescatados entre los primeros del Palacio de Justicia fuera el propio hermano del presidente, Jaime Betancur, que además fue víctima de secuestro por parte de los terroristas dos años atrás. El Ministro de Relaciones Exteriores nos contó el mes pasado que, con frecuencia, el Presidente comparaba el manejo…

p. 555
13
Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 113
1 cita
[16]

los grupos de autodefensas en el Magdalena Medio con la presencia del presidente Betancur. El informe solicitado por el presidente Betancur al procurador general de la nación sobre el grupo paramilitar MAS 43 se elaboró en respuesta a las denuncias que llegaban desde el Magdalena Medio so- bre el accionar criminal de…

p. 113
14
Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 181
1 cita
[18]

de Justicia por el ejército, emitiendo en su lugar un partido de futbol; también se dio la orden de silenciar las diferentes radios, para acallar el clamor del presidente de la Corte Suprema, quien suplicaba al presidente de la República, un cese al fuego inmediato por parte del ejercito. La masacre fue sin piedad. Y…

p. 181
15
Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 181
1 cita
[19]

de Justicia por el ejército, emitiendo en su lugar un partido de futbol; también se dio la orden de silenciar las diferentes radios, para acallar el clamor del presidente de la Corte Suprema, quien suplicaba al presidente de la República, un cese al fuego inmediato por parte del ejercito. La masacre fue sin piedad. Y…

p. 181
16
Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 56
1 cita
[20]

la situación de que organizan un grupo en Bogotá, unas fuerzas especiales, la gente de mayor experiencia, y le mezclan la capacidad de causar daño desde el punto de vista armado y la participación política. Las Fuerzas Militares tenían alguna información; transcurre la visita del presidente de Francia, no acontece…

p. 56
17
Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 78, 193
2 citas
[22]

la cafetería eran integrantes y/o auxiliadores del M-19 y que habían colaborado para entrar armamento, alimentación y pertrechos los días previos a la toma. En virtud de ello, tras ser rescatados de la edi fi cación, junto con Detención, desaparición forzada y posterior ejecución de 19 comerciantes Castigo por el no…

p. 193
[24]

dejaba en entre dicho el rótulo de ‘verdad histórica’ al comprobar varios vacíos y errores durante la investigación. Además de cuestionar la manera cómo se había tratado el tema de los desaparecidos en uno de los capítulos más cortos y de manera escueta de lo que ca- talogó como ‘una investigación desorganizada y mal…

p. 78
18
Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 458
1 cita
[23]

en los hechos. Está comprobado que este último salió con vida del Palacio de Justicia, custodiado la impunidad como factor de persistencia del conflicto armado 459 por miembros de la fuerza pública y luego apareció asesinado 915. Dos miembros del M-19 también salieron con vida: uno reapareció muerto en el Palacio y la…

p. 458
19
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 120
1 cita
[25]

eso fue con el tiempo. [...] A mí me metían allá y cuando me sacaban, me sacaban era en la camioneta esa a dar vueltas por la ciudad, no me llevaban a un sitio fijo y luego me devolvían otra vez a las cuevas de Sacromonte, otra vez me subían. [...]. Empeloto, sí, ¡colgado de los brazos, amarrado! Yo durante…

p. 120
20
No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 207
1 cita
[26]

Palacio de Justicia se perdieron casi cien vidas y se mancilló al poder judicial, en un acto que significó un suicidio político para el M-19, aunque esta guerrilla solo lo admitió como un error militar. A Belisario Betancur le costó el silencio perpetuo hasta su muerte en 2018. Finalmente, por la falta de suficientes…

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Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 69
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víctimas de manera que sea posible evitar o solucionar escenarios similares que puedan acontecer en el marco de la re- cientemente creada Jurisdicción Especial para la Paz 26, que podrá valerse de la experiencia histórica reconstruida minuciosamente en el informe, y que junto a un análisis imparcial de los hechos que…

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