Plaza de Bolívar
“La Plaza de Bolívar no es simplemente el centro geográfico de Bogotá sino su centro de gravedad simbólico: el lugar donde el poder colonial, el republicano y el popular han negociado, chocado y coexistido sobre el mismo rectángulo de piedra durante…”
En el corazón de Bogotá, entre los cerros orientales y el trazado apretado de La Candelaria, hay un rectángulo de piedra que la ciudad ha reescrito una y otra vez sin decidirse a cambiarle el nombre ni la función. La Plaza de Bolívar es el punto donde Colombia ha querido verse a sí misma: la explanada donde un puñado de conquistadores repartió solares en 1539, donde en 1810 una multitud arrancó al virrey lo que este no quería conceder, donde en 1846 se levantó la estatua que le dio su nombre definitivo, donde ardió el Palacio de Justicia en 1985 y donde, hasta hoy, siguen convergiendo las marchas que impugnan lo que la piedra pretende consagrar. Rodeada por la Catedral, el Capitolio Nacional, el Palacio de Justicia y la sede de la Alcaldía, es a la vez plaza mayor colonial, foro republicano y escenario de un país que no ha terminado de firmar su acta.
Un rectángulo con cinco vidas
Entender la Plaza de Bolívar exige aceptar que no es un lugar sino una superposición. Debajo del pedestal actual está el pedestal de Mario Lambardi, desmontado en 1929. Debajo del bronce de Pietro Tenerani, inaugurado en 1846, estuvo por siglos el vacío colonial de una plaza mayor sin monumento central, con picota, fuente y actividad de mercado. Debajo del trazado en damero está la Bacatá muisca, límite extremo de los campos, territorio de recreo de los zipas antes de que los soldados de Gonzalo Jiménez de Quesada llegaran a la Sabana con la expedición diezmada que había salido con setecientos cinco hombres y arribó con ciento sesenta y seis.
Cinco momentos la definen. El primero es la fundación de 1539, cuando la plaza aparece por primera vez como cuadrángulo trazado según el modelo hispanoamericano: emplazamiento, plaza mayor, iglesia, casa de gobierno, calles y solares distribuidos. El segundo es el 20 de julio de 1810, cuando la explanada se convierte en escenario del cabildo abierto que dio origen a la Junta Suprema en nombre de Fernando VII. El tercero es el 20 de julio de 1846, cuando la estatua de Bolívar de Tenerani se inaugura y la plaza deja de ser simplemente plaza mayor para volverse Plaza de Bolívar. El cuarto es el 9 de abril de 1948: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán a pocas cuadras convierte el centro en zona de saqueo, motín policial y desbordamiento popular que ninguna autoridad logra encauzar. El quinto es el 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando el M-19 toma el Palacio de Justicia y la retoma militar termina con un centenar de muertos y una serie de desapariciones forzadas que la justicia colombiana tardaría décadas en reconocer.
Entre esos cinco hitos, la plaza ha sido remodelada, ampliada, desnudada de su vegetación, adornada con fuentes multicolores en 1929, saqueada, pavimentada, ocupada por manifestantes y limpiada para ceremonias oficiales. Es, en el sentido más literal del término, un palimpsesto: cada régimen ha escrito encima sin borrar del todo lo anterior.
La plaza colonial: solares, conventos y una sociedad de soldados
La ciudad de Santafé se fundó, según la tradición asentada por los cronistas, el 6 de agosto de 1538, con la llegada de Jiménez de Quesada a la Sabana; el trazado urbano propiamente dicho se ordena al año siguiente, cuando se distribuyen los solares y se levantan los primeros edificios estables. El procedimiento sigue el guion aplicado en toda la América hispana: el fundador fija el emplazamiento, señala la plaza mayor, la iglesia y la casa de gobierno, dibuja las calles a cordel y reparte los lotes. Nada de esto era casual. La ciudad hispanoamericana era una operación deliberada, un acto de derecho público antes que un crecimiento espontáneo, y su plaza mayor no era un espacio residual sino el punto desde el cual se organizaba todo lo demás.
Los mejores solares fueron para las órdenes religiosas —agustinos, franciscanos, dominicos—, de modo que la función eclesiástica quedó integrada al plano desde el primer día. En la plaza y en sus inmediaciones se levantaron la catedral, el cabildo, la casa del gobernador y las viviendas de los vecinos principales. La ciudad que así nacía era, sin embargo, socialmente modesta. La primera sociedad de Santafé se compuso de los soldados de las tres huestes que confluyeron en la Sabana —las de Jiménez de Quesada, Nicolás de Federmann y Sebastián de Belalcázar—, hombres descritos sin miramientos por los cronistas como hez del pueblo: aventureros, veteranos empobrecidos, buscadores de fortuna sin apellido. Sobre esa base humana se montó, con el paso de las décadas, una élite criolla que hizo de la plaza mayor su escenario de exhibición.
Durante los dos siglos siguientes, la plaza fue mercado, atrio de la catedral, sede de las ceremonias de proclamación de los reyes de España y lugar de castigos públicos. Fuero urbano, título honorífico de muy noble, muy leal y más antigua, nombre oficial de Santafé de Bogotá: la ciudad acumuló distinciones formales mientras seguía siendo, en cifras, un caserío. A los ciento treinta y cinco años de su fundación no pasaba de tres mil habitantes; en 1797 rondaba los diecisiete mil. La plaza mayor era grande para esa ciudad porque estaba pensada para otra cosa: para representar el poder.
El 20 de julio de 1810: la multitud fuerza el guion
El día que la historiografía nacional convirtió en fecha fundacional de la independencia empezó como un incidente y terminó como un cabildo abierto. La escena central ocurrió en la plaza mayor. José Acevedo y Gómez arengó a la multitud desde el balcón de un edificio que daba sobre la explanada; José María Carbonell recorrió las calles atizando el fervor popular con sus discursos. La masa exigió que se convocara al cabildo —único organismo con capacidad de dar forma constitucional a las peticiones— y el virrey Antonio Amar y Borbón, pusilánime y dubitativo respecto a la lealtad de sus propios oficiales criollos, se negó a hacerlo y no se atrevió a usar las tropas para dispersar la protesta.
Esa doble parálisis del poder colonial fue decisiva. La revolución había sido concebida por un grupo reducido de criollos, con un plan que la masa desconocía; pero fue la masa, ocupando la plaza y sosteniendo la presión durante horas, la que forzó el desenlace. Del cabildo abierto emanó un acta que la memoria nacional bautizaría como Acta de Independencia, aunque en su texto se reconocía todavía a Fernando VII como rey legítimo y la Junta asumía el gobierno en su nombre. Acevedo y Gómez pidió a la multitud congregada que aprobara la lista de delegados. La única sangre derramada aquel día fue la de un sombrerero llamado Florencio, herido por un patriota al que había oído criticar el movimiento.
La ironía histórica está toda concentrada en ese detalle: la jornada que la República celebraría durante dos siglos como su acto fundacional fue en rigor una revolución hecha en nombre del rey de España, con un solo herido y con un plan de élite que se sostuvo gracias a la agencia de una masa que no lo conocía. La plaza —el sitio físico, con su balcón y sus adoquines— fue la que permitió que las dos cosas ocurrieran a la vez: la conspiración criolla necesitaba una escenografía pública, y esa escenografía tenía forma de rectángulo abierto entre la catedral y el edificio del virrey.
1846: Tenerani, el bronce y el bautizo republicano
Durante las tres primeras décadas de vida republicana la plaza mayor siguió llamándose plaza mayor. El cambio de nombre llegó con el bronce. El 20 de julio de 1846 se levantó en el centro de la explanada la estatua de Simón Bolívar realizada por Pietro Tenerani, escultor italiano nacido en 1789, discípulo de Antonio Canova y quizá el artista extranjero más influyente en Colombia durante la primera mitad del siglo XIX. La obra —una figura de pie, no ecuestre, con toga clásica y gesto de orador— fue el primer monumento público de importancia erigido en la ciudad.
Tenerani, que nunca visitó América, dedicó una parte sustancial de su carrera a la iconografía bolivariana. La estatua de Bogotá es señalada por buena parte de la crítica como la más lograda de sus Bolívares; años después, en 1852, se inauguraría en Caracas otra suya, esta vez ecuestre, encargada por Carlos Castelli, quien la había descrito en 1851 como una magnífica estatua ecuestre en bronce del tipo que muy pocas ciudades de la vieja Europa pueden reclamar. El circuito era transatlántico: el modelo estatuario europeo se aplicaba a un culto americano recién nacido, y los bronces viajaban desde talleres italianos para consagrar a los libertadores.
La colocación del monumento en 1846, durante el período presidencial de Tomás Cipriano de Mosquera, fue mucho más que un gesto ornamental. Fijó el nombre de la plaza, alineó su eje simbólico con la figura del Libertador y convirtió el rectángulo colonial en foro republicano. La república hispanoamericana fabricaba sus mitos con retraso: Bolívar había muerto en 1830, y la piedra era el material privilegiado de esa fabricación. Bolívar, por lo demás, había estado allí en persona: entró a Bogotá el 15 de enero de 1830, tras un viaje de más de tres meses, e inauguró el Congreso Nacional cinco días después, en una llegada notoriamente menos festiva que las anteriores. La plaza, que ya era escenario de sus actos políticos, terminó siendo también su altar.
El Capitolio inconcluso y la lección del edificio interminable
Un año después de la instalación de la estatua, en 1847, se colocó la primera piedra del Capitolio Nacional en el costado sur de la plaza. La obra estaba pensada como sede definitiva del Congreso y cierre monumental del conjunto cívico. El diseño era del arquitecto danés Thomas Reed, que desde 1848 impartió además enseñanza práctica de arquitectura en Bogotá, formando aprendices de provincia y estableciendo, sin proponérselo del todo, la primera escuela local del oficio. La dirección inicial de las obras estuvo a cargo del maestro Juan Manuel Arrubla.
Los trabajos se suspendieron en 1851 por la guerra. Lo peor no fue la interrupción sino que lo levantado hasta entonces resultó tan deficiente que hubo que demolerlo, con la consiguiente controversia sobre el trabajo del escultor Mario Lambardi. Entre 1871 y 1875 se reanudó bajo la dirección de Francisco Olaya, ya que Reed había abandonado el país. En 1881 llegó a Bogotá el italiano Pietro Cantini, contratado para continuarlas, y presentó un proyecto con reformas. Bajo su intervención, la fábrica seguía siendo un esqueleto: un viajero que pasó por Bogotá hacia la década de 1880 describió el Capitolio como una obra inconclusa que ya había consumido cerca de un millón de pesos fuertes, con columnas truncas que no sostenían nada, y expresó dudas sobre su posible terminación. La arquitectura fue calificada de informe y monolítica.
Y sin embargo, el edificio terminó respondiendo en términos generales al diseño original de Reed. Su construcción, arrastrada durante más de medio siglo, dibuja con precisión el proyecto republicano colombiano del siglo XIX: piedra fundacional, interrupción por guerra, demolición de lo mal hecho, sucesión de arquitectos, fortuna gastada y décadas de obra inconclusa, hasta adoptar con retraso la forma que se le había pensado. La plaza aprendió con él que el poder que se pretendía perpetuar en piedra tardaba en cuajar y que, mientras tanto, exhibía sus columnas truncas a la vista de todos. La Regeneración y la Constitución de 1886 marcaron un límite virtual: después vendría un incremento notable de obras públicas y transformaciones urbanas, y el Capitolio finalmente se cerraría.
Junto al Capitolio, el conjunto de la plaza se completó con la Catedral Primada en el flanco oriental —heredera de sucesivos templos coloniales—, el edificio del cabildo y, más tarde, el Palacio de Justicia en el costado norte. La configuración de los cuatro poderes en torno al rectángulo —Iglesia, Congreso, justicia y alcaldía— fijó una gramática urbana explícita: quien caminara por la plaza estaría siempre bajo la mirada simultánea de las cuatro autoridades.
1929: el pedestal de Pizano y las fuentes multicolores
La primera gran remodelación republicana de la plaza ocurrió en 1929. El pedestal original de la estatua de Bolívar, obra de Mario Lambardi, había sido considerado del peor gusto e inadecuado y se decidió reemplazarlo. El encargo del nuevo diseño recayó, por decisión del alcalde de Bogotá José María Piedrahíta, en el pintor Roberto Pizano. El cambio de pedestal no alteró la orientación del bronce de Tenerani. Las obras concluyeron el 6 de julio de 1929 y la inauguración se hizo la noche del 19 de julio, en vísperas de las fiestas patrias, con el estreno de cuatro fuentes multicolores y luminosas que fueron, para la Bogotá de entonces, un espectáculo urbano sin precedentes. Algunos fragmentos del pedestal desechado de Lambardi se reutilizaron para adornar un busto de Bolívar.
La Bogotá que celebraba con luces de colores era una ciudad en plena mutación. El censo de 1929 le atribuía doscientos veinticuatro mil habitantes; había pasado de las tres mil almas coloniales a un centro urbano con transporte, comercio, industria incipiente y una clase obrera visible que en los años veinte ya había protagonizado huelgas —tranviarios en 1924, obreros de Bavaria en 1928—, a veces con bloqueos estudiantiles en solidaridad. La remodelación de 1929 le puso al Estado una escenografía moderna: fuentes iluminadas, pedestal renovado, plaza como espacio de exhibición del progreso. Faltaban diecinueve años para que ese decorado se llenara de humo.
El 9 de abril de 1948: la plaza como epicentro del desborde
A la una y cinco de la tarde del 9 de abril de 1948, Jorge Eliécer Gaitán salió de su oficina en el centro de Bogotá y fue asesinado a pocas cuadras de la plaza. Era el caudillo del liberalismo popular, el orador que llenaba plazas donde liberales y conservadores se congregaban a escucharlo. La noticia recorrió la ciudad en minutos. En cuestión de horas, el centro estaba en llamas.
El Bogotazo no fue un motín contra la Plaza de Bolívar, pero ocurrió a su alrededor y la convirtió en su epicentro simbólico. La forma predominante de la protesta fue el saqueo: la multitud se apoderó de alimentos, ropa, utensilios, armas, objetos de hierro y licores, y destruyó lo que no podía llevarse. La policía de Bogotá se sublevó y se unió al levantamiento, entregando armas a quienes aparecían como líderes de la turba; la novena estación, en el barrio gaitanista de La Perseverancia, se pasó abiertamente al bando rebelde e invitó a una junta revolucionaria a instalarse allí.
El contexto internacional agravaba la escena. En Bogotá se celebraba la IX Conferencia Panamericana, con la presencia del secretario de Estado estadounidense George Marshall. El asesinato de Gaitán y el estallido subsiguiente ocurrían, por tanto, bajo la mirada de una delegación diplomática hemisférica reunida a pocos metros. El Estado colombiano perdió el control del centro de su capital durante horas frente a ese auditorio.
De aquel 9 de abril, la Plaza de Bolívar salió con edificios dañados, con el eje de la Carrera Séptima —la antigua Calle Real— convertido en pasillo de destrucción y con una lección política que ningún régimen ha querido asumir del todo: la explanada consagrada al Libertador podía ser también el escenario desde el cual el orden establecido se desplomaba en cuestión de horas. La Violencia bipartidista que ya se incubaba en el país estalló en dimensión nacional; la plaza volvió a limpiarse, pero el centro histórico llevaría décadas en reconstruirse y la memoria del estallido quedaría inscrita en la topografía urbana.
6 y 7 de noviembre de 1985: el Palacio de Justicia
Treinta y siete años después, la plaza fue escenario de otro suceso que la historiografía nacional aún no ha terminado de procesar. El 6 de noviembre de 1985, un comando del Movimiento 19 de Abril, dirigido por Luis Otero y Andrés Almarales —ambos fundadores de la organización—, tomó por asalto el Palacio de Justicia, en el costado norte de la plaza. El objetivo político declarado era someter al presidente Belisario Betancur a un juicio ante los magistrados de la Corte Suprema por incumplimiento de los acuerdos de paz, con el propósito de desacreditarlo y fortalecer al M-19. En el trasfondo se han rastreado motivaciones vinculadas al narcotráfico y al debate sobre la extradición, que estaba entonces en la agenda de la Corte.
La preparación del operativo implicó la colaboración de personas que trabajaban en la cafetería del Palacio y que habrían facilitado el ingreso de armamento, alimentos y pertrechos en los días previos. Una vez tomado el edificio, el gobierno de Betancur descartó de plano la negociación y autorizó la retoma militar en la madrugada del 7 de noviembre. El Ejército Nacional coordinó la operación con participación de otras fuerzas del Estado. El fuego alcanzó el edificio y se propagó; el humo, visible desde toda la ciudad, envolvió la plaza.
El balance fue devastador. Murieron once magistrados de la Corte Suprema. El total de víctimas mortales rondó el centenar, entre guerrilleros, magistrados, militares y civiles; las cifras exactas han variado, con cerca de noventa y ocho identificados y un número indeterminado de casos adicionales. A las muertes documentadas se sumó otra categoría que tardaría años en abrirse camino en los tribunales: la de los desaparecidos. Empleados de la cafetería —entre ellos Carlos Augusto Rodríguez Vera, Cristina del Pilar Guarín Cortés, Héctor Jaime Beltrán Fuentes, Bernardo Beltrán Hernández, Gloria Estella Lizarazo Figueroa, David Suspez Celis y Luz Mary Portela León— salieron con vida del edificio, fueron detenidos por las fuerzas militares bajo sospecha de colaborar con el M-19, sometidos a interrogatorios y torturas, y desaparecieron. Al menos varios de ellos son hoy reconocidos como víctimas de desaparición forzada.
El gobierno creó un Tribunal Especial de Instrucción para investigar los hechos, pero las responsabilidades tardarían décadas en establecerse judicialmente. La toma y retoma del Palacio de Justicia dejó al Estado colombiano en una posición singularmente incómoda: había recuperado militarmente el edificio, pero al costo de destruir físicamente la sede de una rama del poder, matar a once magistrados y desaparecer a civiles que había rescatado. La plaza, que había sido diseñada para exhibir la coherencia del orden republicano, exhibía ahora sus fracturas más profundas.
La red: personas, edificios, símbolos
Alrededor de la plaza se despliega una red que es a la vez arquitectónica y política, y que puede leerse como un mapa del poder colombiano en escala reducida. La Catedral Primada, en el costado oriental, ancla la continuidad religiosa desde el siglo XVI y sigue oficiando como bisagra entre el Estado y la Iglesia; el Capitolio Nacional, al sur, alberga al Congreso y arrastra en sus muros la memoria de su propia lentitud constructiva; el Palacio de Justicia, al norte, reconstruido tras el incendio de 1985, aloja hoy la Corte Suprema y el Consejo de Estado en un edificio que es también respuesta arquitectónica a una tragedia; la Alcaldía Mayor —el llamado Palacio Liévano— cierra el costado occidental. A pocas cuadras, sobre la carrera séptima, esperan el Palacio de San Carlos y, más allá, la Casa de Nariño, sede presidencial. Todos los hilos del poder —ejecutivo, legislativo, judicial y eclesiástico— pasan por el mismo nudo.
Sus figuras tutelares trazan otra genealogía, esta vez humana. Jiménez de Quesada, cuya expedición partió en abril de 1536 con setecientos cinco hombres y llegó a la Sabana con ciento sesenta y seis, fija el trazado; Bolívar, cuyo bronce la bautiza en 1846, le da su nombre y su eje; Tenerani, el italiano que nunca vio América, le imprime su forma escultórica; Reed, el danés, le diseña el Capitolio; Cantini, el otro italiano, contribuye a terminarlo; Pizano, el pintor colombiano, le rehace el pedestal en 1929; Gaitán, el orador liberal, la llena de multitud antes de que su muerte la desborde; Rojas Pinilla, Belisario Betancur, Andrés Pastrana, Enrique Peñalosa la administran, la remodelan o la escenifican para actos de Estado. Un extranjero tras otro tallando el rostro de la plaza; una sucesión de mandatarios usándola como espejo.
Bogotá misma, mientras tanto, cambió de escala. De las cuatrocientas manzanas de fines del siglo XIX pasó a dos mil cuatrocientas en 1950 y a veintisiete mil en 1980, en una expansión que desbordó todos los perímetros urbanos legales. La Plaza de Bolívar quedó como referencia inmóvil de una ciudad que estallaba en sus bordes: sede del gobierno nacional, mayor centro industrial, comercial, cultural, social y político del país, lugar donde se consagraban los escritores, los políticos, los curas y los artistas, y donde la capital recogía la voz de la provincia para difundirla. La plaza es la síntesis de un centralismo persistente, aunque la Colombia real hace mucho que dejó de caber en su rectángulo.
Foro contemporáneo: protesta, ceremonia y disputa
Desde el fin del Frente Nacional, la plaza ha sido escenario recurrente de manifestaciones. Marchas del silencio, movilizaciones estudiantiles, actos por la paz, concentraciones sindicales, celebraciones de posesión presidencial, misas campales, homenajes a víctimas. La gramática es dual: cuando el poder la ocupa con protocolo, la plaza es escenografía; cuando la ocupan los manifestantes, es tribuna.
El paro nacional de 2021 volvió a demostrar esa oscilación a escala nacional. Hubo concentraciones, marchas, bloqueos y asambleas en ochocientos sesenta y dos municipios de los treinta y dos departamentos del país. En Bogotá se sostuvieron bloqueos en el Portal de la Resistencia —renombrado sobre el nombre oficial de Portal Américas—, el Puente de la Dignidad en Usme y el Portal de Suba. Cali fue reconocida como la capital de la resistencia, con puntos como Siloé, Puerto Resistencia —renombrado sobre Puerto Rellena—, la Loma de la Cruz y el Paso del Comercio convertidos en escenarios cotidianos de confrontación con el ESMAD, la Policía y el Ejército. La práctica de rebautizar lugares fue, en sí misma, una operación de reescritura del espacio: los manifestantes hicieron con los nombres lo que los regímenes habían hecho durante siglos con las plazas.
La Plaza de Bolívar, en ese marco, funcionó como punto de convergencia final de las marchas bogotanas. La estatua de Tenerani presidió durante semanas concentraciones que impugnaban las decisiones del gobierno de turno. La plaza no fue destruida ni ocupada de manera prolongada, pero sí resignificada por la presencia sostenida de los manifestantes. Como en 1810, como en 1948, la explanada mostró que su vocación no es solo consagratoria: también sirve para que la ciudadanía interrumpa, momentáneamente, el guion oficial.
Huella: lo que ninguna piedra ha logrado fijar
La Plaza de Bolívar puede leerse como el gran monumento cívico de Colombia, y esa lectura sería incompleta. Es el punto donde el Estado ha querido inscribirse en piedra —el trazado colonial de Jiménez de Quesada, el bronce republicano de Tenerani, el pedestal moderno de Pizano, la reconstrucción del Palacio de Justicia tras 1985—, pero cada régimen ha visto su inscripción interrumpida antes de que fraguara. La multitud de 1810 obligó al virrey a convocar el cabildo; la masa de 1948 saqueó el centro hasta que la policía se sumó al motín; el M-19 tomó en 1985 el edificio símbolo de la justicia; los manifestantes de 2021 ocuparon el rectángulo dentro de una movilización de alcance nacional. En cada ciclo, la piedra fue puesta, resquebrajada y vuelta a poner.
Lo que la Plaza de Bolívar conmemora, sin proponérselo, no es la victoria de ninguna versión sobre las otras, sino su convivencia forzada. La estatua de Tenerani sigue en pie sobre un pedestal que ya no es el original. La Corte Suprema despacha en un edificio construido para reemplazar a otro que ardió. La Catedral, el Capitolio y la Alcaldía miran hacia dentro del rectángulo como si vigilaran algo que no dejan de perder. Y la ciudad, que hace mucho estalló más allá del centro, sigue enviando sus marchas a este mismo punto porque no ha encontrado otro donde la respuesta oficial resulte tan visible. Eso —más que la geometría, más que el bronce, más que los cuatro poderes alineados— es lo que hace de la plaza un lugar todavía activo: la certeza de que ningún régimen la ha cerrado del todo, y de que la próxima escritura ya está en camino.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
43 documentos · 48 fragmentos01Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 951 cita
[1]presencia del Estado español. Ellos daban cuenta de la realidad urbana a gobernadores, audiencia y virreyes, que eran sus superiores en la escala burocrática. El ilustre historiador Haring, que ha investigado mucho sobre la naturaleza de las ciudades hispa- noamericanas y su evolución colonial, dice que aquéllas…
p. 95
02Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1131 cita
[2]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…
p. 113
03Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 221 cita
[3]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…
p. 22
04The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 371 cita
[4]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…
p. 37
05Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 252 citas
[5]de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…
p. 25
[6]una posesión de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus…
p. 25
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1081 cita
[7]julio de 1810, que asumió el gobierno en nombre de Fernando El 20 desulio de 1810. Ñ Firma del Acta de Independencia en el cabil- do de Santafé, el 20 de Julio de 1810, óleo de Coriolano Leudo. En el Acta se reconocía a Fernando VII como legítimo rey de España. VII. En El Socorro, por su parte, fue el pueblo el que…
p. 108
07Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · p. 342 citas
[8]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
[9]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
08La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 1221 cita
[10]Colombia. Bogotá: Fundación para la Inves- tigación y la Cultura, 2009, p. 39. 36 Ibid. 37 Ibid. La elección de la República 94 mediar entre el pueblo y el acusado, llegando a la determinación de encarcelar a Llorente. La medida no fue suficiente para el pueblo y, según lo que relata un testigo: “el desenfreno de este…
p. 122
09Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 1481 cita
[11]ñoles. Cuando la agitación popular estaba llegando a su clímax, Acevedo Gómez hizo su aparición en un balcón de un edificio que daba a la plaza, desde donde se dirigió a la multitud, ca nalizando el descontento colectivo hacia demandas políticas es pecíficas, primero les pidió que se pronunciasen en favor de la…
p. 148
10Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 6051 cita
[12]de Alzaga, son actos cívicos tan importantes —política- mente, mucho más— que la formación de una Junta el 25 de mayo del año x». Ya en una vieja y muy conocida obra de Esteban Echeverría, el Dogma socialista, se pueden leer las siguientes frases: «La fórmula única, definitiva, 606 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc…
p. 605
11Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 941 cita
[13]ordenado por el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, a partir de 1848, y que tuvo la participación del arquitecto europeo Thomas Reed. Durante ese mismo periodo presidencial, se levantó el 20 de julio de 1846 la estatua del Libertador Simón Bolívar en la plaza Central. Uno de los historiadores más importantes del…
p. 94
12Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 1201 cita
[14]muchos escultores extranjeros que trabajaron en nuestra patria. A la derecha, estatua del Libertador en la plaza Bolivar de Bogota, obra original del escultor italiano Pietro Tenerani, el artista extranjero que mas influyé en Colombia en la primera mitad del siglo XIX. Tepresentan a las republicas por él liberadas,…
p. 120
13The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 1711 cita
[15]on August 3, 1851, and Castelli proposed “a magnificent bronze equestrian statue of the type that very few cities in Old Europe can claim, a statue which the people would claim as their own.” 14 His fundraising was Figure 9.1 Statue of Bolívar in Central Caracas Source: Photo by author (2011). T H E EN D O F B O L I…
p. 171
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 761 cita
[16]La primera piedra se colocó en 1847, y se comenzaron los cimientos bajo la dirección del maestro Juan Manuel Arrubla, pero los traba- jos debieron suspenderse en 1851 por la guerra. La construcción fue abandonada durante veinte años. Entre 1871 a 1875, el presidente Eustorgio Salgar reanudó los trabajos, bajo la…
p. 76
15Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 1431 cita
[17]de añil diluido, encontrado en un rincón de la sacristía! Otro de los monumentos de Bogotá, el más impor- tante por su tamaño, es el Capitolio, o Palacio Federal. Fue empezado hace diez años, ha tragado cerca de un millón de pesos fuertes y no sólo no está concluido, sino que creo no 144 Míndic Cers se concluirá…
p. 143
16Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 1851 cita
[18]en su apariencia y los tipos «republicanos» ya se encontra- ban establecidos en las distintas ciu- dades del país. La Constitución de 1886 y el perío- do que inauguró iniciaron en el país un proceso de estabilización gradual co- nocido por los historiadores como la «Regeneración». Es a partir de enton- ces cuando se…
p. 185
17Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3511 cita
[19]Gobierno y geografía, 222; Albis Gonzalez, “A falta de una iconografia.” 20. José Vejarano from Cauca (go no. 969, 6 April 1848), Antonio Rivera from Antio- quia (go no. 973, 23 April 1848), José Antonio Osorio from Neiva (go no. 999, 13 August 1848). See also “Cuadro de los jovenes aprendices en la escuela practica…
p. 351
18Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 201 cita
[20]con sus respectivos muros, candelabros, balaustradas y escalinatas. El pedestal de Lambardi fue retirado por ser considerado “del peor gusto e inadecuado” y se reemplazó por uno nuevo diseñado por el pintor Roberto Pizano a solicitud del Alcalde de la ciudad, José María Piedrahíta, 7 trabajo que no cambió la…
p. 20
19El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 2361 cita
[21]ora- toria se inflamaba y crecía su fama, la estructura empezó a resquebrajarse. En los barrios del norte, las dueñas de casa empezaron a quejarse de la altanería de las sirvientas. Los hombres de negocios del centro tuvieron que soportar 237 Eí ndi el desdén de los muchachos emboladores. Los mendigos escupían en las…
p. 236
20Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1171 cita
[22]o conceptos que aún después del debate en grupo queden confusos, podrán quedar simplemente enunciados, con el compromiso de que se completará su definición más adelante. La literatura y el Bogotazo Los estudiantes, organizados en los mismos grupos, escucharán un fragmento del re - lato autobiográfico de Gabriel García…
p. 117
21La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 4701 cita
[23]y se han ejecutado todas las locuras. A la oposición se le silencia con Consacá. Al desastre económico se le muestra el endriago de Consacá. A la disolución de los partidos, se les señala Consacá. A la república lacerada se le abate con los ramalazos de Consacá. Y, a la conciencia civil de Colombia, desfalcada por los…
p. 470
22La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 371 cita
[24]resistencia civil. La prensa liberal recrimina al gobernador tildándolo de débil e inoperante. El periodista "Ca- libán", de El Tiempo, con cabeza fría escribe en la "Danza de las Horas" que la causa de la violencia "es necesario buscarla también en las campañas de prensa que la estimulan sostenien- do todos los días…
p. 37
23Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1301 cita
[25]fue el saqueo. Los blancos eran, por supuesto, muy diversos. Ante todo, bienes de consumo (co- mestibles, vestuario, utensilios case- ros) a fin de satisfacer necesidades in- mediatas. También se apropiaban de armas y objetos de hierro utilizables como tales, pero para proteger la con- tinuación del saqueo. También…
p. 130
24Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1771 cita
[26]April was that of social protest, of an uprising against hunger, speculation, and the high cost of living. Its goal was the punishment of commerce, whose most notorious symbols were located Page 82 downtown and whose representatives included a fair number of citizens with foreign names. Known generically in Colombia…
p. 177
25Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3291 cita
[27]arm themselves; the other was to exact justice for the crime. Accordingly one of the crowd’s first acts was to break into hardware and gun shops in search of pistols, shotguns, machetes, and anything else that might be of use in striking out against the government and its minions. It was the sense of many in the crowd…
p. 329
26Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 912 citas
[28]la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…
p. 91
[29]la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…
p. 91
27Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1292 citas
[30]del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…
p. 129
[31]del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…
p. 129
28Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 841 cita
[32]a la fuerza las instalaciones del Palacio de Justicia en donde se encontraban las sedes de la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. El grupo guerrillero buscaba someter al entonces Presidente de la República, Belisario Betan- cur Cuartas, a un juicio político por el incumplimiento de los compromisos de las…
p. 84
29La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · p. 1971 cita
[33]una trampa, con el propósito de exterminarla dentro de la edificación. Esa trampa le costó la vida a once Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y a cerca de cien personas más. Diálogo entre los Oficiales que comandaron la Retoma del Palacio de Justicia El 20 de junio de 1.986, más de siete meses después de la…
p. 197
30Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 5551 cita
[34]los jueces rescatados entre los primeros del Palacio de Justicia fuera el propio hermano del presidente, Jaime Betancur, que además fue víctima de secuestro por parte de los terroristas dos años atrás. El Ministro de Relaciones Exteriores nos contó el mes pasado que, con frecuencia, el Presidente comparaba el manejo…
p. 555
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1201 cita
[35]eso fue con el tiempo. [...] A mí me metían allá y cuando me sacaban, me sacaban era en la camioneta esa a dar vueltas por la ciudad, no me llevaban a un sitio fijo y luego me devolvían otra vez a las cuevas de Sacromonte, otra vez me subían. [...]. Empeloto, sí, ¡colgado de los brazos, amarrado! Yo durante…
p. 120
32Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 2471 cita
[36]someterse ajuicio, estando los compañeros armados, ahí adentro. La respuesta a este punto era decir no, de manera que se eliminara esa petición. 5 En la toma del Palacio de Justicia murieron once magistrados de la Corte, tres magistrados auxiliares, doce auxiliares de los magistrados de la Corte, un magistra do…
p. 247
33More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 1631 cita
[37]man carried something heavy in his arms. A slender peasant, the man strained under the weight. The children made such a racket that the Mobile Brigade commander turned. The peasant's shirt and pants were splattered with blood. The thing in his arms was tawny and long, and I suddenly realized that it was a mountain…
p. 163
34El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 11 cita
[38]MEMORIA VIVA EiPalacio de Justicia El M*!9 invade el Palacio de Justicia en noviembre de 1985 y toma como rehenes a cientos de civiles, entre quienes se encuentra la mayor par te de los miembros de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado, en un «golpe revolucionario publicitario»-un espectáculo que se…
p. 1
35Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1931 cita
[39]la cafetería eran integrantes y/o auxiliadores del M-19 y que habían colaborado para entrar armamento, alimentación y pertrechos los días previos a la toma. En virtud de ello, tras ser rescatados de la edi fi cación, junto con Detención, desaparición forzada y posterior ejecución de 19 comerciantes Castigo por el no…
p. 193
36El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 602 citas
[40]de la violencia Jorge Eliécer Gaitán El parlamentario Jorge Eliécer Gaitán Ayala sacudía con su oratoria encendida no solo al Congreso, denunciando a la oligar- quía colombiana ahí representada, sino en las plazas públicas. En ellas las gentes del pueblo, liberales pero también conservadores, se congregaban…
p. 60
[41]de la violencia Jorge Eliécer Gaitán El parlamentario Jorge Eliécer Gaitán Ayala sacudía con su oratoria encendida no solo al Congreso, denunciando a la oligar- quía colombiana ahí representada, sino en las plazas públicas. En ellas las gentes del pueblo, liberales pero también conservadores, se congregaban…
p. 60
37Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 3761 cita
[42]con una sólida estructura organizativa -consistente en congresos bianua- les, innumerables clubs y asociaciones, y confederación nacional-, su dinámica estaba todavía inscrita en la con- tradicción bipartidista. Así hubo, durante los años 20, una serie de "huelgas" estudiantiles exigiendo transformacio- nes…
p. 376
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2161 cita
[43]acciones en 862 municipios de los 32 departamentos» 720; que consistieron en concentraciones, marchas, bloqueos a las vías públicas y asambleas. La rutina de vías, plazas y parques fue alterada por el encuentro cotidiano de las resistencias. Y los nombres de decenas de lugares fueron cambiados. A pocos días de…
p. 216
39El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 1061 cita
[44]fuero urbano con el título de «muy noble, muy leal y más antigua», así como el nombre de Santafé de Bogotá, este último en recuerdo del lugar de recreo de los zipas, jefes de los chibchas, o sea los aborígenes, y que se llamó Bacatá —«límite extremo de los campos»—. Después de ciento treinta y cinco años, Bogotá tenía…
p. 106
40Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2781 cita
[45]de las capitales de- partamentales. - El segundo nivel (1) en la jerarquia urbana esté conformado por los centros regionales de im- portancia nacional, que concentran la mayorfa de los servicios financieros de su region y son sede de importantes empresas comerciales e industriales. Ofrecen todos los bienes y servicios…
p. 278
41Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 461 cita
[46]ferro- carriles llegan hasta el mar, las carreteras unen ciudades y aldeas, se cruzan por el cielo los aviones. Entre el servicio militar, los autobuses, unos afios de violencia y otras dia- bluras semejantes, pasa la capital de las cien mil almas de comienzos del siglo xx a los millones de habitantes de hoy. Lo mismo…
p. 46
42La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 2701 cita
[47]con niño, ambos de mirada adusta. Acuarela de Joseph Brown (ca. 1830), en M. Deas, Tipos y costumbres de la Nueva Granada. Centro de Estudios y Documentación Latinoamericanos, Universidad de Ámsterdam. C A P Í T U L O 1 5 El ocaso de la Gran Colombia EL 15 DE ENERO DE 1830, tras un viaje de más de tres meses, Bolívar…
p. 270
43Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3091 cita
[48]por el crecimiento caótico de la ciudad (la á vitas, entendida como una for- ma de vida económica, social y cultural). Para tener una idea de las transformaciones fisicas, y de sus re- percusiones en el modo de vida, valga recordar que a finales del siglo XIX la capital colombiana tenía unas 400 manzanas; en 1950…
p. 309