Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Idea transversal

Amnistía

La amnistía es, en el derecho colombiano, la extinción de la acción penal y de la pena para delitos políticos y sus conexos, decretada por el Congreso. A lo largo de dos siglos ha funcionado como dispositivo estructural de cierre de conflictos armados, oscilando entre el olvido pleno y la justicia transicional condicionada.

4.087 palabras60 documentos76 fragmentos citados
Amnistía

Trayectoria de una idea

  1. 1821

    Fundamento republicano en la Constitución de Cúcuta

  2. 1839

    Ciclo de amnistías en las guerras civiles del siglo XIX

  3. 1954

    Decreto-Ley 1823 y la amnistía de Rojas Pinilla

  4. 1958

    Decreto 0328 y la fórmula colombiana del Frente Nacional

  5. 1982

    Ley 35 de 1982: amnistía amplia e incondicional de Betancur

  6. 1991

    Desmovilizaciones del M-19, EPL, Quintín Lame y PRT ante la Constituyente

  7. 2005

    Ley 975 de 2005 (Ley de Justicia y Paz): amnistía condicionada para paramilitares

03

La lectura

La amnistía colombiana nació como reverso jurídico del terror de la Reconquista y se consolidó en el siglo XIX como pacto entre élites armadas que reconocían mutuamente su carácter político sin resolver los agravios de quienes habían hecho la guerra desde abajo. Su lógica estructural —perdón para los jefes, promesa incumplida para los desarrapados— se repitió con variaciones en cada ciclo: Rojas Pinilla en 1953-1954, el Frente Nacional en 1958, Betancur en 1982 y las desmovilizaciones de 1990-1991. La presión del derecho internacional de los derechos humanos y de las víctimas organizadas fue corriendo la frontera: lo que en el XIX era olvido casi incondicional se convirtió en el siglo XXI en un régimen restringido que prohíbe la amnistía para crímenes de lesa humanidad y exige verdad, justicia y reparación. Esa transformación explica por qué los mecanismos más recientes ya no se llaman amnistía aunque en el fondo negocien lo mismo: la tensión irresuelta entre el imperativo de paz y el imperativo de justicia es, en definitiva, el hilo conductor de dos siglos de historia política colombiana.

La amnistía en Colombia

La amnistía es, en el derecho colombiano, la extinción de la acción penal y de la pena para delitos políticos y sus conexos: un olvido jurídico decretado por el Congreso. Pero reducirla a esa definición sería empobrecerla. En la historia colombiana la amnistía ha sido, más que una figura, un dispositivo estructural de cierre de conflictos, la fórmula recurrente con la que un Estado incapaz de resolver las causas materiales de sus guerras ha intentado, cada dos o tres generaciones, comprar el silencio de las armas. Desde las leyes excepcionales de la Reconquista hasta el Acuerdo de La Habana, cada ciclo de violencia se ha resuelto —parcial, fallida, provisionalmente— mediante variantes de perdón que oscilan entre el olvido pleno y la justicia transicional condicionada. En ese arco de dos siglos se juega buena parte de la historia política del país: qué se puede perdonar, a quién, a cambio de qué, y quién queda por fuera del pacto.

Una figura con dos siglos de oficio

Conviene fijar de entrada lo que la amnistía hace y lo que no. Cuando el Congreso amnistía, borra el delito: la conducta se considera jurídicamente inexistente y el acusado queda como si nunca hubiera sido perseguido. El indulto, en cambio, perdona la pena pero conserva el delito y el antecedente. La primera es un acto legislativo de olvido; el segundo, un acto de gracia del Ejecutivo. La Constitución de 1991, en el numeral 17 del artículo 150, reservó la amnistía y el indulto exclusivamente para delitos políticos y estableció una condición material —el pago de las indemnizaciones a que hubiere lugar— que, aunque a menudo desatendida en la práctica, marca la frontera con la impunidad pura.

Esa frontera se ha ido corriendo. Lo que en el siglo XIX era un olvido casi incondicional entre caballeros en armas —hoy ganas tú, mañana yo, y las cuentas quedan saldadas— se ha convertido, bajo la presión del derecho internacional de los derechos humanos y de las víctimas organizadas, en un régimen mucho más restringido: no cabe amnistía para crímenes de lesa humanidad, ni autoamnistías, ni leyes de punto final que cierren los procesos de un plumazo. La Corte Interamericana de Derechos Humanos lo dejó dicho con nitidez en 2001, al pronunciarse sobre las leyes peruanas del caso Barrios Altos, y el ordenamiento colombiano lo asumió: cualquier fórmula que impida a las víctimas un recurso judicial efectivo es incompatible con la Convención Americana y con los tratados suscritos por Colombia. Esa restricción explica por qué los mecanismos más recientes ya no se llaman amnistía, aunque en el fondo negocien lo mismo: penas rebajadas a cambio de dejar las armas.

Del olvido bolivariano a la caballerosidad decimonónica

La historia empieza en negativo, con lo contrario del perdón. Entre 1815 y 1816, durante la Reconquista Española de la Nueva Granada, el general Pablo Morillo montó un aparato de castigo que fue casi la antítesis de la amnistía: consejos de guerra que imponían la pena capital a los acusados de rebelión, un "consejo de purificación" para los desleales al rey y "Juntas de secuestros" que incautaban bienes a los tachados de traición. Ese régimen —el terror como fórmula de cierre— explica en parte por qué la República, apenas consolidada, buscó lo opuesto. La Constitución de Cúcuta de 1821 consagró el principio de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo y la de testificar contra uno mismo o los propios parientes. Bajo la sombra fresca de las leyes de Morillo, el nuevo orden intentó fundar su legitimidad en el reverso jurídico de la Reconquista.

Con la República instalada, la amnistía se hizo rutina. El siglo XIX colombiano fue una sucesión de rebeliones nacionales —la guerra de los Supremos de 1839-1841, el golpe de José María Melo en 1854, la revolución de Tomás Cipriano de Mosquera entre 1859 y 1862, la Guerra de los Mil Días de 1899-1902—, y los intersticios entre esos conflictos no bastaron para el sosiego: fueron momentos propicios para cobrar cuentas y desatar odios, de modo que los rescoldos de una guerra alimentaban las pasiones de la siguiente. La amnistía cumplía en ese ciclo una función precisa: reconocía al adversario como enemigo político, no como delincuente común, y le permitía retornar a la vida civil sin la marca del cadalso. Detrás de esa figura estaba la categoría del delito político, apreciada con altibajos como manifestación del respeto al disenso y la tolerancia a la diferencia radical, incluida la voluntad de derrocar el orden establecido. Era una tolerancia rara, y frágil, pero constituyó el andamio jurídico sobre el que se firmaron las paces del siglo.

Ese andamio tenía, sin embargo, un vicio de origen: los pactos se hacían entre las mismas élites que se habían disparado, y la amnistía funcionaba como reconciliación de notables mientras las bases campesinas de un bando y otro volvían a casa sin tierra, sin justicia y sin más patrimonio que la memoria del muerto. La fórmula clausuraba la guerra formal y dejaba intactos los agravios materiales, que rebrotaban a la primera oportunidad.

La Violencia y la fórmula colombiana de 1953-1958

El siglo XX heredó ese hábito y le añadió una escala nueva. La Violencia bipartidista que estalló hacia 1948 llevó el conflicto a una intensidad que las viejas fórmulas del XIX no podían absorber, y forzó la primera gran reinvención de la amnistía. El 13 de junio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla derrocó al gobierno de Laureano Gómez con apoyo de sectores conservadores y liberales de Bogotá, y encaró de inmediato la tarea que ningún gobierno civil había podido cumplir: desactivar las guerrillas liberales de los Llanos.

La herramienta central llegó un año después. El Decreto-Ley 1823 del 13 de junio de 1954 concedió indulto a los presos por delitos que pudieran explicarse, entre otras causales, por "extralimitación en el apoyo o adhesión al gobierno" —una fórmula deliberadamente ancha, pensada para que cupieran también los excesos oficiales—. Antes de que ese decreto se firmara, la mayor parte del trabajo estaba hecha en el terreno: entre agosto y octubre de 1953, las guerrillas llaneras entregaron sus armas, y en apenas seis semanas rindieron armas alrededor de 3.220 hombres, incluida una contraguerrilla conservadora. Guadalupe Salcedo, el más célebre de los comandantes, fue uno de los primeros en aceptar el salvoconducto militar; prometió no volver a combatir mientras hubiera justicia, libertad, trabajo y entendimiento, y fue criticado desde el primer día por haber terminado el movimiento sin arrancarle al régimen garantías suficientes para el pueblo llanero.

Junto al perdón, Rojas Pinilla ensayó lo que faltaba: reintegración material. Ofreció tierra a los campesinos y titulación de baldíos a los colonos, y en julio de 1953 creó el Instituto de Colonización e Inmigración mediante el Decreto 1894. El instituto duró año y medio. En marzo de 1956 fue liquidado y sus funciones trasladadas a la Caja Agraria. La rehabilitación funcionó a medias: benefició a unos pocos jefes guerrilleros —liberales, conservadores, comunistas—, llevó obras a algunas comunidades, pero para los más pobres no hubo beneficios reales, y buena parte de los recursos fue capturada por los políticos locales. Los Decretos 2184 de 1953 y 2062 de 1954 completaron el "corte de cuentas" con un sesgo político flagrante: a quienes habían atentado contra el orden constitucional en un movimiento de clara significación política se les reconoció el pago de nueve años de servicios no prestados, gesto que irritó a amplios sectores de la opinión.

La amnistía de Rojas Pinilla no resolvió las causas profundas. Algunos sectores de la guerrilla liberal se transformaron en autodefensas de inspiración comunista, otros degeneraron en bandolerismo, y quienes no creyeron en las promesas o fueron traicionados tras acogerse a la amnistía retomaron las armas: la prensa y los informes militares los llamaron "bandoleros", un nombre despectivo que borraba de un plumazo el carácter político que la propia amnistía les había reconocido tres años antes. En junio de 1954, las manifestaciones estudiantiles contra el régimen dejaron muerto al estudiante Uriel Gutiérrez y a doce compañeros más, señal de que la pacificación no cubría todos los frentes.

El Frente Nacional heredó esa promesa incompleta. El Decreto 0328 de 1958, administrado por tribunales de gracia, suspendió la acción penal condicionada a la reincorporación a la vida civil y a la observancia de buena conducta. Sus propios gestores lo presentaron como una ruptura con los moldes tradicionales de clemencia y como una fórmula colombiana original de pacificación —adjetivo pretencioso pero exacto, porque no existían entonces precedentes internacionales sólidos de justicia transicional—. La campaña de rehabilitación que acompañó el decreto, sin embargo, terminó favoreciendo al gamonalismo liberal y conservador, y repitió el patrón: perdón para los jefes, promesa incumplida para los desarrapados que habían hecho la guerra. De ese incumplimiento saldría, a la vuelta de pocos años, la generación que fundaría las FARC.

Betancur, Barco, Gaviria: el ciclo guerrillero de los ochenta

Entre finales de los setenta y comienzos de los noventa, Colombia repitió el patrón —criminalización severa seguida de amnistía— con la coreografía típica del país. Julio César Turbay Ayala expidió en septiembre de 1978 el Estatuto de Seguridad como decreto de estado de sitio: endureció las penas por rebelión, elevándolas a cinco o nueve años para los participantes y a ocho o doce para los líderes, y otorgó amplias facultades a las Fuerzas Armadas para el control del orden público. El giro contrario llegó con Belisario Betancur.

La Ley 35 del 19 de noviembre de 1982, sancionada apenas tres meses después de la posesión de Betancur, decretó una amnistía amplia e incondicional para autores, cómplices o encubridores de delitos políticos —rebelión, sedición, asonada y conexos—. La cifra de beneficiarios revela el mapa insurgente del momento: 834 personas del M-19, 252 de las FARC-EP, 112 del ELN, 90 del EPL, 7 del ADO y otros 90 de grupos menores. La Comisión de Paz, presidida primero por el expresidente Carlos Lleras Restrepo y luego por Otto Morales Benítez, sostuvo los contactos con la guerrilla desde finales de 1982, y en 1985 el Congreso complementó el marco con la Ley 45, un indulto adicional. El gobierno estableció además, en 1983, el Plan Nacional de Rehabilitación, que buscaba atender las "condiciones objetivas" del conflicto con microempresas, créditos y préstamos para vivienda y transporte destinados a los amnistiados y a las comunidades afectadas.

El proyecto de Betancur fracasó y el diagnóstico posterior fue severo: la paz no logró convertirse en propósito estatal ni en política de gobierno. Sectores fundamentales del poder conformaron un bloque opositor a la estrategia, ningún partido político la respaldó de manera consistente, y esa orfandad política explicó su precariedad y su desenlace. La toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985 y las masacres contra la Unión Patriótica —el partido nacido del acuerdo con las FARC— confirmaron que la amnistía sin garantías de seguridad podía funcionar como sentencia diferida.

La segunda oleada corrigió parte de ese vicio. El M-19 firmó su acuerdo de paz y se desmovilizó a comienzos de 1990, y en 1991 lo hicieron el EPL —con más de 2.500 combatientes bajo la conducción de Bernardo Gutiérrez, que se transformó en el movimiento Esperanza, Paz y Libertad—, el Quintín Lame y el PRT. El incentivo decisivo fue la Asamblea Nacional Constituyente, convocada por iniciativa ciudadana mediante la "Séptima papeleta" y formalizada por decretos de estado de sitio bajo Barco y Gaviria, ambos avalados por la Corte Suprema de Justicia. Por primera vez, la amnistía no ofrecía solo el retorno a la vida civil sino el acceso al poder constituyente: los desmovilizados podían escribir las reglas del régimen al que se reintegraban. Carlos Pizarro Leongómez, comandante del M-19, fue asesinado antes de ver los resultados; su movimiento, ya reconvertido en Alianza Democrática M-19, alcanzó una bancada significativa en la Constituyente.

La factura de esa desmovilización, sin embargo, la pagaron los del EPL. Una fracción encabezada por Francisco Caraballo rechazó el diálogo y se integró a la Coordinadora Guerrillera junto a las FARC y el ELN; permaneció en armas al menos hasta 1994 bajo la denominación Dirección Nacional Juan Montes, operando en Norte de Santander con menos de doscientos hombres. Los desmovilizados de Esperanza, Paz y Libertad fueron objeto de asesinatos selectivos perpetrados por las FARC, que consideraron la desmovilización una traición. Las FARC y el ELN rechazaron el acuerdo de Gaviria: las primeras estaban ampliando su presencia militar y veían crecer sus ingresos por la protección a cultivos de coca; el ELN también estaba en expansión. La Constitución de 1991 nació, en parte, del pacto de paz, pero dejó fuera a los dos ejércitos insurgentes que llegarían a definir el conflicto armado del cambio de siglo.

Un interregno sin gran amnistía

Los años de Ernesto Samper y Andrés Pastrana no produjeron una gran ley de perdón comparable a las del ciclo anterior, y esa ausencia es significativa. Samper llegó debilitado por el proceso 8.000 y sin capital político para intentar una negociación de fondo con las FARC, que en esos mismos años golpeaban al Ejército con derrotas inéditas —Las Delicias, El Billar, Miraflores—. Pastrana ensayó el diálogo del Caguán entre 1998 y 2002, pero el intento se agotó sin marco jurídico de cierre: no hubo desmovilización que amnistiar, sino un despeje territorial que terminó, tras la ruptura de febrero de 2002, en el retorno de la ofensiva militar. La década fue, así, un paréntesis en la larga tradición legislativa del perdón: mucha guerra, poca ley. Cuando la figura reapareció, en 2005, lo hizo del lado más incómodo posible: el del paramilitarismo.

La Ley 975 de 2005: una amnistía que no se llamó así

La entrada del siglo XXI trajo un problema para el que la vieja gramática de la amnistía era estrictamente inservible. Álvaro Uribe Vélez inició, desde Santa Fe de Ralito en 2003, la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, pero los paramilitares no eran rebeldes en el sentido clásico: eran responsables de masacres, desapariciones forzadas y desplazamientos masivos, es decir, de crímenes de lesa humanidad. Los mecanismos preexistentes —la Ley 782 de 2002 y sus antecesoras— solo permitían amnistiar delitos políticos y conexos, y no servían para negociar con quienes habían cometido lo que el derecho internacional considera imperdonable. El alto comisionado de paz Luis Carlos Restrepo lo dijo en las primeras negociaciones: la amnistía no era viable y los jefes debían acogerse a un modelo de justicia transicional.

El resultado fue la Ley 975 de 2005, aprobada por el Congreso en junio y sancionada semanas después. Diseñada como una figura jurídicamente distinta de la amnistía y el indulto, estableció penas alternativas de entre cinco y ocho años de prisión para paramilitares que confesaran crímenes graves y colaboraran con la justicia, incluidos los autores de masacres. Articuló elementos de justicia retributiva y restaurativa —verdad, reparación, penas rebajadas— en lo que su arquitectura jurídica denominaba alternatividad penal.

La ley nació con dos vicios que la persiguieron desde el primer día. El primero: en su versión original, concedía carácter político a las actividades de los paramilitares, con implicaciones potenciales sobre la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y sobre la extradición. La Corte Constitucional declaró inaplicable esa disposición, pero el gesto legislativo dejó constancia de la intención inicial: equiparar a los paramilitares con la guerrilla en el estatuto del delito político. El segundo: desde agosto de 2003, cuando se radicó la primera versión del proyecto, los activistas de derechos humanos denunciaron el texto como una amnistía encubierta. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia publicó su propio pronunciamiento. La crítica internacional habló de una sanción legal de la impunidad: penas mínimas para crímenes máximos.

Las cifras posteriores confirmaron la magnitud del proceso y sus zonas grises. El registro oficial superó los 31.000 exparamilitares desmovilizados, una cifra que duplicaba con creces los alrededor de 15.000 integrantes efectivos que las propias AUC reconocían tener; el desfase se explicaba, en buena medida, por vinculaciones irregulares de allegados y familiares para inflar el balance del proceso. En el frente judicial, el ritmo fue mucho más lento: a diciembre de 2012, la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz había recogido las confesiones de los 2.199 postulados sobre 39.546 hechos, y solo una fracción marginal —3.551, apenas cerca del 9%— correspondía a desapariciones forzadas, un delito cuya notoria subrepresentación revelaba tanto los pactos de silencio como los límites del propio dispositivo.

La eficacia del modelo se puso pronto en duda. En zonas de influencia paramilitar los homicidios aumentaron tras la desmovilización; en Urabá y Córdoba, entre 2004 y 2006, la salida formal de los bloques dio paso a nuevos grupos armados articulados al narcotráfico —el Bloque Héroes de Castaño, Los Traquetos, los Vencedores del San Jorge—, un fenómeno de fragmentación y rearme que entre 2005 y 2009 se posicionó en toda la cadena productiva de la coca. Los llamados grupos armados posdesmovilización mantuvieron capacidad de intimidación y de control territorial y social pese a la persecución estatal. Y el proceso de justicia sufrió golpes externos: en mayo de 2008, Hernán Giraldo, jefe del Bloque Resistencia Tayrona y postulado a la Ley 975, fue extraditado a Estados Unidos por narcotráfico, interrumpiendo su participación en la justicia transicional colombiana. La verdad que estaba obligado a contar en Colombia se fue con él, y los procesos por sus crímenes contra víctimas nacionales quedaron descabezados.

En el terreno, los excombatientes rasos recibieron el día de la desmovilización colectiva una suma de 300.000 pesos, entregada en ceremonias con helicópteros, funcionarios estatales y firma de documentos. La reintegración estructural, una vez más, quedó lejos del texto de la ley.

Víctimas como sujetos políticos

La Ley 975 fue el escenario donde las víctimas irrumpieron como actor colectivo en la política colombiana. Hasta entonces habían sido casi siempre objeto —de conmemoración, de compasión, de estadística—; a partir de 2005 se hicieron sujeto. Las organizaciones de víctimas y de derechos humanos calificaron la ley como una ley de impunidad, y ese rechazo se convirtió en motor de un movimiento que incorporó enfoques interdisciplinarios para visibilizar a las víctimas como sujetos políticos con capacidad de agencia, y para demandar el reconocimiento de los daños morales y sociales causados por las violaciones de derechos humanos.

El marco internacional respaldó ese giro. Desde comienzos de los ochenta, el sistema interamericano venía observando a Colombia con creciente atención en cuestiones relativas al derecho a la vida y a la integridad personal, y a lo largo de esa década consolidó estándares sobre la obligación de los Estados de investigar, sancionar y reparar. El fallo interamericano sobre las leyes de amnistía peruanas, en 2001, cerró el cerco doctrinal: cualquier autoamnistía, amnistía en blanco o ley de punto final resultaba contraria a la Convención Americana. Ese marco tuvo efectos prácticos en el diseño colombiano: la administración de Juan Manuel Santos adoptó una actitud reflexiva y selectiva frente al régimen internacional de derechos humanos, hizo públicos los lugares de desencuentro y solicitó tratamiento diferenciado, sin rechazar de plano dicho régimen. El debate sobre el papel de la Corte Penal Internacional en el diseño de un esquema de justicia transicional que permitiera al país transitar del conflicto al posconflicto fue especialmente visible en esos años.

Las encuestas del período revelaron un dato notable sobre la percepción social: el 76 por ciento de las víctimas organizadas —frente al 67 por ciento de la población general— consideró que las violaciones cometidas por miembros de la Fuerza Pública deben castigarse con la mayor severidad, con el argumento de que el Estado debe ser el primero en respetar los derechos humanos. La demanda punitiva más alta venía de quienes habían sufrido en carne propia, y estaba dirigida —notablemente— contra los agentes estatales antes que contra los insurgentes.

La Habana: el máximo de justicia sin sacrificar la paz

El acuerdo con las FARC-EP, firmado en 2016 tras cuatro años de negociaciones en La Habana, fue el último ensayo de este siglo largo. El 27 de julio de 2015, los juristas reunidos en La Habana plasmaron en un primer documento de trabajo los principios del modelo de justicia transicional colombiano; el 19 de septiembre, tras una noche en blanco, se logró el borrador de las bases del acuerdo de justicia para la paz, que buscaba —según la fórmula acuñada— alcanzar el máximo de justicia sin sacrificar la paz. La fórmula era jurídicamente compleja: incorporaba amnistías amplias para delitos políticos y conexos, y una Jurisdicción Especial para la Paz para los crímenes no amnistiables, con sanciones propias que combinaban restricción efectiva de libertades con componentes restaurativos, siempre que hubiera reconocimiento de responsabilidad y contribución a la verdad.

El plebiscito del 2 de octubre de 2016 fracasó por un margen estrechísimo, y el rechazo tuvo geografías nítidas. En el Eje Cafetero el No superó ampliamente el promedio nacional: 60,13 por ciento en Quindío, 57,9 por ciento en Caldas, 55,69 por ciento en Risaralda. La votación había sido validada por la Corte Constitucional bajo la fórmula de que un resultado positivo solo vincularía al Gobierno a iniciar la implementación. La campaña por el No, articulada desde el uribismo, retomó y radicalizó los ejes que Óscar Iván Zuluaga había ensayado en la presidencial de 2014: la dicotomía justicia/impunidad como contraposición al eje guerra/paz de Santos. Durante la campaña del plebiscito, activistas de la base uribista publicaron mensajes en redes sociales que llamaban, más o menos directamente, a la violencia física contra sus adversarios.

Renegociado con sectores del No y refrendado por el Congreso, el Acuerdo se firmó y entró en implementación. Pero la promesa de paz territorial chocó con la realidad de los vacíos de poder dejados por la salida de las FARC-EP. En Chocó, Cauca, Nariño y Norte de Santander persistieron —y en algunos casos se agravaron— los asesinatos selectivos de líderes sociales, los desplazamientos forzados y el reclutamiento de menores. Manuel Marulanda Vélez, fundador histórico de las FARC, había muerto en 2008; Rodrigo Londoño, "Timochenko", firmó el acuerdo y encabezó la conversión de la guerrilla en el partido Comunes. La amnistía y la JEP funcionaron para los desmovilizados, pero los territorios que las FARC habían controlado se convirtieron en zonas de disputa entre disidencias, ELN y grupos armados posdesmovilización del paramilitarismo.

La huella y la disputa

En el plano jurídico, la tradición colombiana de la amnistía es una de las más elaboradas de América Latina: dos siglos de experimentación con figuras que van del olvido pleno a la alternatividad penal, y una jurisprudencia constitucional que ha ido ajustando los límites en diálogo con el derecho internacional. En el plano material, el balance es más ambiguo. Cada ciclo cerró la guerra formal y dejó vivas sus causas: la tierra prometida por Rojas Pinilla nunca llegó a los llaneros pobres; los amnistiados de 1982 fueron blanco de exterminio; los desmovilizados del EPL murieron a manos de sus antiguos aliados; las AUC se fragmentaron en organizaciones sucesoras; las FARC dejaron un vacío que otras armas llenaron.

Esa recurrencia sugiere que el problema no es la amnistía en sí, sino lo que la acompaña. Cuando el perdón se otorga sin reforma agraria, sin garantías de seguridad, sin reintegración económica sostenida y sin sanción real para los crímenes más graves, opera como válvula de escape que posterga el ciclo en vez de clausurarlo. El pacto entre élites armadas —las oficiales y las insurgentes— produce reconciliación en las capitales y deja intactas las condiciones que hicieron posible la guerra en los márgenes. La progresiva incorporación de estándares internacionales y la irrupción organizada de las víctimas han corregido parte de esa fórmula: hoy no es posible una amnistía en blanco, y la impunidad total ya no se puede legislar en Colombia. Pero la brecha entre el texto de los acuerdos y su implementación material sigue siendo la misma que en 1953 y en 1982.

En la memoria colectiva colombiana, la amnistía ocupa un lugar incómodo. Para unos es la prueba de la vocación pacífica del país, la insistencia civilizatoria de no cerrar los conflictos con el paredón; para otros, la coartada eterna con la que las oligarquías han lavado sus guerras y neutralizado a sus adversarios sin ceder poder. Ambas lecturas caben en el mismo expediente. Lo que la historia enseña es más sobrio: la amnistía es el instrumento que Colombia ha usado para no destruirse del todo, y también el que ha impedido, precisamente por su eficacia limitada, que se transforme del todo. Cada generación firma la suya, y a cada una le queda por resolver lo que la anterior aplazó.

04

En el archivo

83 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Pre-independencia1780–18093
  1. 1776Visita Regia, virreinato de Caballero y Góngora y Expedición Botánica (1776–1789)Hecho
  2. 1782Virreinato de Caballero y Góngora y pacificación reformista (1782–1789)Hecho
  3. 1785Comuna de Ayapel de 1785Hecho
02Independencia1810–18311
  1. 1816Pablo MorilloFicha
03La Violencia1946–195718
  1. 1949Guerrillas del Llano y autodefensas comunistas del Tolima (1949–1955)Hecho
  2. 1949Guerrillas liberales y autodefensas campesinas (1949–1953)Hecho
  3. 1950Guerrilla liberalFicha
  4. 1950Rafael Rangel GómezFicha
  5. 1950Resistencia campesinaFicha
  6. 1950Violencia ruralFicha
  7. 1951Eduardo Franco IsazaFicha
  8. 1951Escisión entre 'limpios' y 'comunes' en El Davis (1951–1953)Hecho
  9. 1952Guadalupe Salcedo UndaFicha
  10. 1952Isauro YosaFicha
  11. 1953Dictadura militarFicha
  12. 1953Dumar Aljure NassifFicha
  13. 1953Golpe de Rojas Pinilla y amnistía a las guerrillas (1953)Hecho
  14. 1953La amnistía de Rojas Pinilla de 1953 y las paces incompletas de ColombiaPregunta
  15. 1953La dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957)Pregunta
  16. 1954Guerra de Villarrica y Columnas de Marcha (1954–1955)Hecho
  17. 1954Lucio Pabón NúñezFicha
  18. 1957Caída de Rojas Pinilla y Junta Militar (1957)Hecho
04Frente Nacional1958–19742
  1. 1962Germán Guzmán CamposFicha
  2. 1970ANAPO (Alianza Nacional Popular)Ficha
05Crisis y narcotráfico1974–199021
  1. 1974Jaime Bateman CayónFicha
  2. 1978El Estatuto de Seguridad de Turbay (1978–1982)Hecho
  3. 1978El Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala (1978-1982)Pregunta
  4. 1979Álvaro FayadFicha
  5. 1979El M-19Pregunta
  6. 1982El proceso de paz del gobierno Betancur (1982–1986)Hecho
  7. 1982Paz negociadaFicha
  8. 1982Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez (1982)Hecho
  9. 1983Iván Marino OspinaFicha
  10. 1984Apertura democráticaFicha
  11. 1984Asesinato de Rodrigo Lara BonillaHecho
  12. 1984Belisario BetancurFicha
  13. 1984Fernando Landazábal ReyesFicha
  14. 1984La UribeFicha
  15. 1984TreguaFicha
  16. 1985Andrés Almarales MangaFicha
  17. 1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Pregunta
  18. 1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Hecho
  19. 1986Genocidio de la Unión PatrióticaHecho
  20. 1986Manuel Pérez MartínezFicha
  21. 1989X Conferencia del M-19 y consulta interna de desmovilizaciónHecho
06Constitución de 19911991–20028
  1. 1989Desmovilización del M-19 y conversión política (1989–1990)Hecho
  2. 1990Carlos Pizarro LeongómezFicha
  3. 1991Antonio Navarro WolffFicha
  4. 1991Augusto Ramírez OcampoFicha
  5. 1991Francisco CaraballoFicha
  6. 1994Nicolás Rodríguez BautistaFicha
  7. 1998Diálogos del Caguán y zona de despeje (1998–2002)Hecho
  8. 2000El Caguán (1998-2002)Pregunta
07Seguridad Democrática2002–20165
  1. 2002Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005)Hecho
  2. 2005Justicia y PazFicha
  3. 2010Elección de Juan Manuel Santos y giro estratégico (2010)Hecho
  4. 2011Alfonso CanoFicha
  5. 2012Diálogos de La Habana (2012–2016)Hecho
08Posconflicto2016–presente12
  1. 2011Reparación simbólicaFicha
  2. 2012Acuerdo Final de La Habana y Plebiscito por la Paz (2016)Hecho
  3. 2016Acuerdo de pazFicha
  4. 2016Implementación del Acuerdo Final y dejación de armas de las FARC-EP (2016-2018)Hecho
  5. 2016Justicia restaurativaFicha
  6. 2016ReincorporaciónFicha
  7. 2016Victoria SandinoFicha
  8. 2017La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)Pregunta
  9. 2017Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR)Hecho
  10. 2018JEP (Jurisdicción Especial para la Paz)Ficha
  11. 2018Pastor AlapeFicha
  12. 2018Patricia Linares PrietoFicha
09Transversal12
  1. 1900ImpunidadFicha
  2. 1950Juan de la Cruz VarelaFicha
  3. 1953DesmovilizaciónFicha
  4. 1966Manuel Marulanda VélezFicha
  5. 1982Vera GrabeFicha
  6. 1990Impunidad estructuralFicha
  7. 1991Rafael Pardo RuedaFicha
  8. 1998Zona de despejeFicha
  9. 2005Justicia transicionalFicha
  10. 2016Iván MárquezFicha
  11. 2016PosconflictoFicha
  12. 2016Rodrigo LondoñoFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Gustavo Rojas Pinilla — ejecutó el golpe de 1953 y promulgó el Decreto-Ley 1823 de 1954, primera gran amnistía del siglo XX colombiano frente a las guerrillas liberales
  2. 02Belisario Betancur — impulsó la Ley 35 de 1982, amnistía amplia e incondicional que marcó el ciclo de negociaciones con la guerrilla en los años ochenta
  3. 03Delito político — categoría jurídica que sustenta constitucionalmente la procedencia de la amnistía y el indulto en Colombia, reservados exclusivamente para este tipo de conductas
  4. 04Justicia transicional — marco conceptual y normativo internacional que ha restringido progresivamente el alcance de la amnistía, prohibiéndola para crímenes de lesa humanidad y exigiendo verdad, justicia y reparación
  5. 05Frente Nacional — régimen bipartidista surgido en 1958 que administró el Decreto 0328 como fórmula de cierre de La Violencia, reproduciendo el patrón de perdón sin resolución de causas materiales
  6. 06Ley 975 de 2005 (Justicia y Paz) — instrumento que sustituyó la amnistía clásica para negociar la desmovilización paramilitar, al reconocer que los mecanismos tradicionales no eran aplicables a crímenes de lesa humanidad
06

Documentos y fragmentos citados

60 documentos · 76 fragmentos

01Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2911 cita
[1]

Constitución de Cúcuta de 1821 se consagraron principios como el de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, y la prohibición de tes - tificar contra uno mismo o sus parientes 32. No obstante, en medio de la guerra y con el propósito de con - jurar situaciones de…

p. 291
02Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3621 cita
[2]

serlo. § De guerra en guerra: la cadena de la violencia La sucesión de conflictos armados con los que se tapizó el panorama social del siglo xix incentivó una serie desas- trosa de pasiones violentas, que llegó a los extremos de que familias enteras terminaran matándose entre sí, divididas por el color de una bandera,…

p. 362
03Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 461 cita
[3]

obvious than one would assume. And should onecould onecount all the outbreaks whose immediate aim was to overthrow only regional authorities? For purposes of discussion it nevertheless may be useful to present a l of rebellions directed against the national authorities, rebellions whose seriousnes varied widely but…

p. 46
04Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 1561 cita
[4]

if the government’s adaptation of Lebret’s All- Purpose Teams represented the Colombianization of a foreign import, the pardon, like the Peace Commission, de fi ned creole innovation. In a period without strong international precedents for truth and justice amidst transition, Colombians experimented with their own…

p. 156
05Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 267, 2872 citas
[5]

Monarquía; y que su reconocimiento en el siglo XIX, cuando se le dio la más alta valoración, tuvo altibajos, pero en términos generales fue apreciado como una manifestación suprema del respeto al disenso y de la tolerancia a la diferencia, incluso a la diferencia radical, que plantea el derrocamiento del propio…

p. 267
[53]

que se inició con el Tribunal de Nurenberg, las Comisiones de la Verdad del Cono Sur latinoamericano, y las que siguieron desde entonces, hasta la prestigiosa Comisión Surafricana, o la peruana, más cerca de nosotros. La centralidad de las víctimas les ha quitado protagonismo a los contendores armados. 4. Durante un…

p. 287
06Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 53, 692 citas
[6]

differences between those commanders who identified themselves as Communists and those who were fundamentally Liberals. As a result he withdrew from the meeting, leaving Guadalupe, who supported the law, as jefe supremo de los guerrillas liberales del Llano. Where this new compact might have led can never be known,…

p. 53
[11]

may lie in the fact that the greatest preoccupation of the insurgents was that they be considered “revolutionaries” and not be stigma- tized as bandoleros, and that Guadalupe was satisfied that at least this demand would be met. 16 As one of the first commanders to surrender, he agreed to help the army in pacifying…

p. 69
07Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 391 cita
[7]

población civil que buscaba su seguridad al lado de quienes tenían las armas. Por ello, la columna per- dió movilidad y tuvo que afrontar problemas de protección a la gente que se había sumado a la marcha Ese tiempo se constituyó en una especie de escuela de entrenamiento que hizo posible la etapa propiamente…

p. 39
08La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 3711 cita
[8]

grandes zonas de la opinión pública que no alcanzaba a captar la motivación por la cual no se concedía amnistía, sino que se ordenaba el recono- cimiento y pago de nueve años de servicios no prestados, preci- samente por haber atentado contra el orden constitucional del país en un movimiento de clarísima significación…

p. 371
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2441 cita
[9]

y 9 de junio de 1954 se cumplieron una serie de manifestaciones estudiantiles en contra del régimen —las primeras protestas urbanas que se presentaban desde el 9 de abril-, cuyo resultado fue la muerte del estu- diante Uriel Gutiérrez y doce compañeros más, lo que desató el descontento de ciertos sectores de la…

p. 244
10Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2281 cita
[10]

titular de El Tiempo: ((E l Regreso a la Norma- lidad en el Llano* y abajo una fotografia panorámica a ocho colum- nas con este pie: <<... con la Cordillera al fondo y la inmensidad de la región en torno s uyo, las guerrillas caminan en fila india hacia el puesto de las autoridades militares en Tauramena para deponer…

p. 228
11Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 861 cita
[12]

lograr la entrega de las guerrillas liberales y comunistas y de los grupos armados conservadores, Rojas Pinilla ofreció, además de una amnistía general, entregar tierra a los campesinos y titular baldíos a los colonos. Para cumplir esta promesa, en julio de 1953 expidió el Decreto 1894 por el cual se creó el ICI…

p. 86
12Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1961 cita
[13]

La Violencia. Muchos de los recursos destinados para estos fines terminaron siendo presa de los apetitos de los políticos locales, quienes, en forma antitécnica, y no pocas veces deshonesta, malograron una adecuada inversión en favor de las comunidades. En síntesis, la rehabilitación funcionó a medias: benefició a…

p. 196
13Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 721 cita
[14]

tan 1747 importante papel habia tenido en la violencia bipar- tidista, en calidad de brazo armado del partido con- servador, fue despolitizada y militarizada. Pero las verdaderas causas de la violencia politica y social fueron tratadas de una manera totalmente superfi- cial, lo cual condujo a que algunos sectores de…

p. 72
14Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 135, 1442 citas
[15]

poco tiempo aduciendo cuestiones de salud; lo sucedió el connotado político liberal Otto Morales Benítez. El presidente se dedicó a sacar en el Congreso una ley de amnistía" amplia, in condicional y automática para todos los presos políticos y para quienes de pusieran las armas. Una vez aprobada, (Ley 35 de 1982),…

p. 135
[22]

país, culminara en la reconci- liación nacional. El impacto inicial fue de sorpresa en la opinión pública, en la élite del poder y en la misma guerrilla, pues en tres meses el gobierno ha- bía arrebatado la “bandera de la paz” al M -19. Cómo conducir un proceso político diametralmente opuesto al énfasis…

p. 144
15Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 511 cita
[16]

de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…

p. 51
16Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 1, 76 citas
[17]

16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…

p. 1
[18]

16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…

p. 1
[30]

que se sentó justamente detrás de Pizarro, se levantó de su asiento, fue al cuarto de baño, recogió allí una metralleta y regresó para disparar todo el cargador del arma sobre el dirigente de izquierda” (Lozano, 27 de abril de 1990). De otra parte, por la imposibilidad de encontrar puntos en común frente a la decisión…

p. 7
[31]

que se sentó justamente detrás de Pizarro, se levantó de su asiento, fue al cuarto de baño, recogió allí una metralleta y regresó para disparar todo el cargador del arma sobre el dirigente de izquierda” (Lozano, 27 de abril de 1990). De otra parte, por la imposibilidad de encontrar puntos en común frente a la decisión…

p. 7
[32]

63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
[33]

63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
17Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1991 cita
[19]

a fi anzamiento del sistema capitalista y el neoliberalismo, caracterizado por la reducción del Estado, liberación de importaciones y apertura fi nanciera y de capital En 1984, en el municipio de la Uribe, el campamento de Casa Verde de las Farc, fue el escenario donde se adelantaron las Categoría de análisis…

p. 199
18Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 17, 352 citas
[20]

Qué es la amnistía y cómo se debe aplicar, noviembre 20 de 1982. 4.Correspondían 834 al M-19, 252 a las FARC-EP, 112 al ELN, 90 al EPL, 7 al ADO y 90 a otros grupos. En su orden, las mayores concentraciones de amnistiados atendidos correspondieron a Bogotá, Caquetá, Quindío, Valle, Santander, Risaralda, Huila, Tolima,…

p. 17
[25]

a las tentativas de paz que los llevó a trabajar en llave con los paramilitares. Los hechos se adelantaron a las audaces y originales políticas de Betancur. Él no tuvo la autoridad individual para implementar o decretar un cambio unilateral, ni para negociar la reincorporación de los movimientos guerrilleros a la…

p. 35
19Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 91 cita
[21]

evitar los efectos inflacio - narios de la bonanza ilegal. Así mismo, ante las dificultades del sistema de justicia para reprimir el delito y mediar en la solución de todo tipo de con- flictos, la guerrilla se abroga sus funciones, condu - ciendo a que la población demande su presencia. Los procesos de paz con la…

p. 9
20¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1491 cita
[23]

setenta y los ochenta en lo que atañe al tratamiento jurídico de la guerra y de la extensión de su lógica al campo de los conflictos sociales. Estas dos décadas están atravesadas por una dualidad que está bien represen- tada en ese caso: de un lado, la extensión de la guerra al campo jurídico a través del uso de un…

p. 149
2125 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 231 cita
[24]

seria su primer presidenle. 21 Colombia dK/igtna..., págs. 272 y SS. 1 ' SegUn Maria Teresa Finclji, hubo una nueva dinamica con tos illdigenas. de trato mas reciproco, de "autoridad a au10· ridad'" rMoviniento social y cuiiW potiUca: el caso del movimienro de auroriclades indlgenas en Colombia-. en Amado GUOITero…

p. 23
22Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 2921 cita
[26]

presidente Barco, que en líneas gene- rales habría de mantenerse durante el gobierno de César Gaviria (1990 – 1994), tenía como elementos fundamentales el reconoci- miento de la legitimidad del Gobier no, el reconocimiento de los insurgentes como interlocutores válidos, la manifestación expresa de las partes de su…

p. 292
23Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2711 cita
[27]

a c ó mo ofrecer a los grupos pol í ticos surgidos de la guerrilla condiciones favorables para el ejercicio democr á tico. La negociaci ó n llev ó, a comienzos de 1990, a la fir ma de la paz con el m -19 y otros grupos guerrilleros (el epl, el prt, el ind í gena Movimiento Armado Quint í n Lame), convencidos ya de la…

p. 271
24Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2001 cita
[28]

M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…

p. 200
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[29]

crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…

p. 94
26Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 431 cita
[34]

tener tanto la Fuerza Pública, especialmente en el departamento de Córdoba, como muy especialmente la acción paramilitar de las embrionarias ACCU en la región de Urabá. Hacia finales de 1990 se comienza a negociar, pues, una desmovilización que se materializa en febrero de 1991, con más de 2.500 combatientes y una…

p. 43
27«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 1231 cita
[35]

políticos por parte del Estado colombiano, siempre y cuando dicha concesión se efectúe de conformidad con la Constitución política y los principios y normas de derecho internacional aceptados por Colombia». Dado que la Corte no tiene jurisdicción sobre los delitos políticos, sino sólo sobre delitos tipificados en el…

p. 123
28Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 111 cita
[36]

distintos enfoques ideo- lógicos y políticos. Por otra parte, las formas violentas del deno- tado paramilitarismo surgieron y se consolidaron a lo largo del territorio colombiano a mediados de los ochenta y durante todo el final del siglo XX. 12 Justicia Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico…

p. 11
29Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2952 citas
[37]

fue utilizada por la oposición para flagelar a Uribe como amigo de las AUC. A nivel internacional, muchos de quienes profesaban un interés por Colombia tacharon la ley propuesta como poco más que la sanción legal de la impunidad. No obstante, al castigar con penas de prisión insignificantes crímenes de lesa humanidad…

p. 295
[38]

fue utilizada por la oposición para flagelar a Uribe como amigo de las AUC. A nivel internacional, muchos de quienes profesaban un interés por Colombia tacharon la ley propuesta como poco más que la sanción legal de la impunidad. No obstante, al castigar con penas de prisión insignificantes crímenes de lesa humanidad…

p. 295
30Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1462 citas
[39]

beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…

p. 146
[40]

beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…

p. 146
31Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 20, 1382 citas
[41]

y Paz (SIJYP) y que ha tenido efectos A ntes del #$$# las leyes que regularon el desarme y la desmovi- lización de los grupos armados ilegales fueron la ley %&' de &((), prorrogada por la ley *%' de &(((y, posteriormente, por la)'# del #$$# que modi fi ca las anteriores. Esta última solo contempla- ba la amnistía y el…

p. 20
[46]

mientras los comandantes del Bloque Norte construían retóricamente el escenario de sus desmovilizacio- nes presentándose a sí mismos como héroes y mártires sobre el fon- do de una tierra misti fi cada, la fi scal y su equipo instruían causas contra ellos por crímenes de lesa humanidad. No se debe olvidar, en efecto,…

p. 138
32Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · p. 1721 cita
[42]

miembros del sector industrial y gran- des empresarios), y organizaciones sociales y religiosas que, a pesar de ser de orígenes diversos, compartían una ideología conservadora y antisubversiva. El argumento principal de la campaña por el No era que no estaba en contra de la paz sino de la impunidad. Para esta…

p. 172
33Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3331 cita
[43]

un cese al fuego unilateral, que este grupo d«e líderes de las auc aceptó mediante una carta dirigida al presidente Uribe, en la cual se acogían a esta exigencia a partir del 1 de diciembre de 2002. De inmediato el Gobierno nombró, pocas semanas más tarde, el 23 de diciembre, una Comisión Exploratoria de Paz que,…

p. 333
34Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 871 cita
[44]

diplomática para convencer a la Comunidad Internacional, de lo bien fundado de su «Seguridad Democrática» y del proceso de paz con los narco-para-militares. Pero sin nombrar los puntos más polémicos de ese proceso de paz y causa de una de las mas grandes preocupaciones del pueblo colombiano, a saber: A) Estatuto…

p. 87
35Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 871 cita
[45]

diplomática para convencer a la Comunidad Internacional, de lo bien fundado de su «Seguridad Democrática» y del proceso de paz con los narco-para-militares. Pero sin nombrar los puntos más polémicos de ese proceso de paz y causa de una de las mas grandes preocupaciones del pueblo colombiano, a saber: A) Estatuto…

p. 87
36Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 2161 cita
[47]

la controversia se estableció en el seno del mismo “espacio de los derechos de las víctimas”, con interpretaciones concurrentes acerca del contenido de estos derechos. La siguiente parte retoma estos debates. Justicia y Paz: ¿valores incompatibles? Movilizaciones y críticas El paso por la arena parlamentaria tuvo…

p. 216
37Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 332 citas
[48]

diseño de un nuevo programa de reintegración a la vida civil, destinado a los exintegrantes de grupos paramilitares y a la con - tinuación de la “desmovilización individual” de exguerrilleros. Su ejecución quedó a cargo del Ministerio del Interior y de Justicia, en coordinación para varios asuntos con el Alto Comi -…

p. 33
[49]

diseño de un nuevo programa de reintegración a la vida civil, destinado a los exintegrantes de grupos paramilitares y a la con - tinuación de la “desmovilización individual” de exguerrilleros. Su ejecución quedó a cargo del Ministerio del Interior y de Justicia, en coordinación para varios asuntos con el Alto Comi -…

p. 33
38Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 411 cita
[50]

los derechos humanos y los crímenes de guerra, y la desmovilización se demuestre con los hechos y no solo sobre el papel» (20 de junio de 2003). Después de una fase exploratoria, el 15 de julio de 2003, se firmó un acuerdo que tenía como objetivo «el logro de la paz nacional a través del fortalecimiento de la…

p. 41
39Balance de la acción del Estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas. Tomo IVCentro Nacional de Memoria Histórica; Luz Marina Monzón Cifuentes (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1081 cita
[51]

Externado de Colombia, Bogotá. 140 Fiscalía General de la Nación. Origen de la Unidad. Recuperado de http:// www. fi scalia.gov.co: 8080 /justiciapaz/Origen.htm 110 Balance de la acción del Estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas de los desaparecidos no permite ver de qué manera se está ofre-…

p. 108
40Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1391 cita
[52]

this book—forced Colombians to wonder about the efficacy of total military victory, and once again, they began discussing a negotiated settlement to the conflict. The false positive scandal nagged at the Uribe administration, embarrassed Defense Minister Juan Manuel Santos, and represented the beginning of an…

p. 139
41La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 5291 cita
[54]

la Ley 975 de 2005. Entre el 5 de junio de 2007 y el 22 de febrero de 2008, Giraldo participó de las audiencias de versión libre previstas por el mecanismo, mientras se encontraba privado de la libertad en la Cárcel Modelo de Barranquilla, antes de su extradición a Estados Unidos en mayo de 2008. Giraldo contaba desde…

p. 529
42Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3341 cita
[55]

una invitación a la impunidad.4 En efecto, el proyecto buscaba motivar la desmovilización de los grupos armados a cambio de penas bajas, sin que los actores del conflicto contribuyeran a resarcir los daños que habían causado. En esencia, era un proyecto centrado en los victimarios. Después de un proceso de negociación…

p. 334
43Violencia Sexual, Conflicto Armado y Justicia en ColombiaClaudia Cecilia Ramírez Cardona (coord.); Andrea González Rojas; Constanza Clavijo Velasco; Carmen Alicia Mestizo Castillo; Belén Pérez González · 2007 · p. 711 cita
[56]

aceptados por Colombia (artícu lo 9 CP.), el Estatuto de Roma, y nuestro ordenamiento constitucional, que sólo permite la amnistía o el indulto para delitos políticos y con el pago de las indemnizaciones a que hubiere lugar (artículo 150. numeral 17 de la CP.), no admi ten el otorgamiento de auto amnistías, amnistías…

p. 71
44Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 3851 cita
[57]

puestos de policía (El Espectador, 2013, 23 de noviembre, “Alias ‘Karina’ será juzgada por crímenes de guerra y de lesa humanidad”). 6.2. Las incursiones guerrilleras y la Corte Penal Internacional 6.2.1. Las incursiones guerrilleras en el marco del derecho penal internacional En el conflicto armado colombiano se han…

p. 385
45Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 992 citas
[58]

- mons (2009), según la cual, este tipo de Estados suscriben la mayor cantidad de tratados posible, pero no valoran intrínsecamente el contenido de las normas 6 Esta sección se basa parcialmente en Borda y Sánchez (2013). 83 El estado de la política exterior colombiana de derechos humanos ni anticipan en el corto…

p. 99
[59]

- mons (2009), según la cual, este tipo de Estados suscriben la mayor cantidad de tratados posible, pero no valoran intrínsecamente el contenido de las normas 6 Esta sección se basa parcialmente en Borda y Sánchez (2013). 83 El estado de la política exterior colombiana de derechos humanos ni anticipan en el corto…

p. 99
46La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 3771 cita
[60]

un tema tan importante. Luego de dos meses de trabajo prácticamente continuo se logró tener el 19 de septiembre, tras una noche pasada en blanco en el apartamento de Henao, el borrador de lo que serían las bases de un acuerdo de justicia para la paz. Un acuerdo que lograba, de una manera original, pero al mismo tiempo…

p. 377
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1401 cita
[61]

de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…

p. 140
48Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 1951 cita
[62]

eso no quieren que se acaben las Farc. 197 * Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Colombia. Magister en Ciencia Polí- tica por la Universidad Católica de Lovaina. Profesor emérito y exrector de la Universidad Nacional de Colombia. mÁ s all Á del sÍ al a c U erdo f inal Víctor Manuel Moncayo C.* L AS…

p. 195
49Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 1951 cita
[63]

eso no quieren que se acaben las Farc. 197 * Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Colombia. Magister en Ciencia Polí- tica por la Universidad Católica de Lovaina. Profesor emérito y exrector de la Universidad Nacional de Colombia. mÁ s all Á del sÍ al a c U erdo f inal Víctor Manuel Moncayo C.* L AS…

p. 195
50No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5551 cita
[64]

Uribe, se veía ahora dividida en torno al apoyo al proceso de paz, en medio de un gobierno que no lograba consolidar una narrativa clara que involucrara a los colombianos. La división de la sociedad se hizo evidente en las elecciones presidenciales del año 2014. En estas, Santos buscó su reelección y para ello se…

p. 555
51¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 1491 cita
[65]

del fenómeno, pero me restrinjo a dos. Primera, el uribismo es el único movimiento con un número grande de votantes —digamos más del 2 % del registro electoral— que sigue justificando tanto los llamados a la violencia como al homicidio político. El propio jefe lo ha expresado en momentos de exasperación. Cuando el…

p. 149
52Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1611 cita
[66]

del Acuerdo de Paz firmado en noviembre de 2016 con la guerrilla de las Farc-EP, po - dr í a contribuir en alguna medida a la no repetici ó n de los cr í menes y al mejoramiento de las condiciones de vida de poblaciones que han sufrido los embates de la violencia. Sin embargo, en departamentos como el Choc ó, Cauca,…

p. 161
53Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[67]

hechos de violencia sistemática buscan limitar la organización y participación política, impedir la garantía de los derechos humanos y entorpecer los procesos de implementación del acuerdo, restitución de tierras, defensa del medio ambiente y sustitución de cultivos de uso ilícito. Un dirigente indígena del norte del…

p. 184
54El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1172 citas
[68]

a la justicia. Pero también puso en evidencia sus limitaciones y la necesidad de apostarle a la defensa de derechos humanos desde un abordaje interdisciplinario. Fue así como las movilizaciones por la justi- cia incorporaron enfoques de otras disciplinas para visibilizar y reconocer a las víctimas como sujetos…

p. 117
[69]

a la justicia. Pero también puso en evidencia sus limitaciones y la necesidad de apostarle a la defensa de derechos humanos desde un abordaje interdisciplinario. Fue así como las movilizaciones por la justi- cia incorporaron enfoques de otras disciplinas para visibilizar y reconocer a las víctimas como sujetos…

p. 117
55Encuesta Nacional ¿Qué piensan los colombianos después de siete años de Justicia y Paz?Gonzalo Sánchez Gómez, Iván Orozco Abad, Álvaro Villarraga Sarmiento, Luis Carlos Sánchez Díaz, Patricia Linares Prieto, María Consuelo Ramírez Giraldo, Angelika Rettberg Beil, Laura Otálora Cuenca, Irina Mago Cordido, Paola Ximena Silva Cortés · 2012 · p. 281 cita
[70]

paramilitares fueron En este punto sí se destaca que quienes fueron víctimas de las guerrillas opinan con mayor frecuencia que los paramilitares fueron necesarios. Por su parte, quienes fueron victimizados por estos, se manifiestan en desacuerdo con su aparición más que el resto de Afectados por otros grupos armados…

p. 28
56Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 2831 cita
[71]

la CIDH orientó a los respectivos Estados investigar y sancionar a los autores de las violaciones de derechos y reparar a las víctimas. Con la entrada en vigencia de la CADH, la CIDH continuó consolidando y desarrollando estos estándares a la luz tanto de la Declaración como de la Convención. Pueden verse sus informes…

p. 283
57Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1751 cita
[72]

pública 480, detuvo y asesinó a una familia de campesinos que se dirigía a cosechar cacao en la vereda Mulatos. Al medio día, en la vereda La Resbalosa, municipio de Tierralta, Córdoba, asesinaron a otra familia en su propia casa. Las víctimas fueron torturadas y asesinadas sin usar armas de fuego, de las ocho…

p. 175
58Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2621 cita
[73]

de un desplazamiento predominan- temente intra-municipal y, según la Defensoría del Pueblo, a cuen- ta gotas: pequeños grupos y familias que deben trasladarse de la zona rural al casco urbano de sus municipios, en razón de las pre- carias condiciones de seguridad y los enfrentamientos entre los GAPD. Aun así, el…

p. 262
59El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 5652 citas
[74]

el día de la desmovilización: Y otra vez que ¿cómo se llama? ¿De dónde viene?, anótese aquí, que pasa otro anotándolo hasta que ya se llega allá al sitio dónde íbamos, una cancha grande y llegan los helicópteros y toda esa vuelta y se hace la entrega de armas. Se hace la ceremonia y eso era una sola anotadera, que…

p. 565
[75]

el día de la desmovilización: Y otra vez que ¿cómo se llama? ¿De dónde viene?, anótese aquí, que pasa otro anotándolo hasta que ya se llega allá al sitio dónde íbamos, una cancha grande y llegan los helicópteros y toda esa vuelta y se hace la entrega de armas. Se hace la ceremonia y eso era una sola anotadera, que…

p. 565
60El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 3751 cita
[76]

luchar por lo que… lo que uno quiere conseguir, pues lo consigue uno sin tanta cosa pa’llá y pa’cá, que trabajando se consiguen muchas cosas” (CNMH, MNJCV, 2014, 24 de abril). 374 EL BLOQUE MINEROS DE LAS AUC Gráfico 59. Posición ante la desmovilización del grupo armado Fuente: CNMH-DAV, elaboración propia, 2020.…

p. 375