Luis Carlos Restrepo
Seguridad Democrática
La biografía
Luis Carlos Restrepo Ramírez fue Alto Comisionado para la Paz entre 2002 y 2009 y condujo, por parte del Estado, la desmovilización colectiva de las Autodefensas Unidas de Colombia. Psiquiatra y ensayista conocido por El derecho a la ternura, negoció durante siete años con jefes paramilitares y defendió el marco de Justicia y Paz. En 2012 salió del país mientras avanzaba un proceso penal por la desmovilización de la compañía Cacica La Gaitana. Después de un juicio prolongado, el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Bogotá lo absolvió el 16 de mayo de 2025; la decisión quedó en firme al no ser apelada. La absolución cerró ese proceso penal, mientras las críticas históricas a Justicia y Paz permanecieron abiertas en otro plano.
Línea de vida
- 1990
Publicación de 'El derecho a la ternura'
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Restrepo publicó el ensayo que le valió el apodo 'Doctor Ternura', en el que propuso una lectura terapéutica del conflicto colombiano y la ternura como categoría política y ética, instalándolo en el circuito de intelectuales públicos preocupados por la violencia en Colombia.
- 2002
Nombramiento como Alto Comisionado para la Paz
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Tras la victoria electoral de Álvaro Uribe el 26 de mayo de 2002, Restrepo fue designado Alto Comisionado para la Paz. Llegó al cargo con conocimiento previo del terreno paramilitar, pues había participado en contactos confidenciales con las AUC heredados del gobierno de Andrés Pastrana.
- 2002
Cese de hostilidades de las AUC y Comisión Exploratoria
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A partir del 1° de diciembre de 2002 las AUC declararon un cese al fuego y solicitaron reconocimiento político. El Gobierno designó una Comisión Exploratoria de Paz con el acompañamiento de Restrepo para establecer contactos con las AUC, el Bloque Central Bolívar, los Vencedores de Arauca y las Autodefensas Alianza de Oriente.
- 2003
Firma del Acuerdo de Santa Fe de Ralito
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El 15 de julio de 2003, Restrepo acompañó la firma del Acuerdo de Santa Fe de Ralito entre el Gobierno y las AUC, con apoyo sustantivo de la Iglesia católica. Las AUC se comprometieron a desmovilizar la totalidad de sus miembros en un proceso gradual que debía culminar a más tardar el 31 de diciembre de 2005.
- 2004
Instalación de la zona de concentración en Tierralta, Córdoba
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En mayo de 2004 se instaló formalmente la zona de concentración en Santa Fe de Ralito, un perímetro de 368 kilómetros cuadrados en Tierralta, Córdoba, con verificación de la OEA (MAPP/OEA). Allí Restrepo negoció directamente con comandantes como Salvatore Mancuso, Ernesto Báez y Don Berna.
- 2006
Conclusión de las desmovilizaciones colectivas
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Entre 2003 y 2006 el proceso de desmovilizaciones colectivas cobijó a 31.671 combatientes y miembros de redes de apoyo logístico, con entrega de 18.051 armas. El proceso fue cuestionado por fraudes documentados, como la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara, y por la incorporación de narcotraficantes sin trayectoria paramilitar real.
- 2012
Salida del país bajo investigación penal
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Salió del país mientras avanzaba la investigación por la desmovilización de la compañía Cacica La Gaitana. El proceso continuó durante su ausencia y terminó con absolución en 2025.
- 2025
Absolución en el caso Cacica La Gaitana
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El 16 de mayo el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Bogotá lo absolvió junto con los otros procesados. La decisión quedó en firme al no ser apelada.
La semblanza: el intelectual antes del poder
Antes de 2002, Restrepo era una figura reconocible del ámbito universitario y editorial colombiano, no de la política. Psiquiatra con inclinaciones filosóficas, había construido una obra ensayística que giraba alrededor de un mismo eje: la violencia como enfermedad del vínculo y la ternura como forma de reparación. El derecho a la ternura, su libro más difundido, propuso una lectura terapéutica del conflicto colombiano en la que la reconciliación pasaba antes por el gesto íntimo que por la reforma institucional. Del libro salió el apodo con que lo bautizaron por igual admiradores y adversarios; estos últimos lo usarían más tarde en clave sarcástica, contrastando la retórica del vínculo compasivo con la brutalidad del interlocutor que le tocó enfrentar.
Ese perfil —intelectual del vínculo, no operador político— explica en parte por qué su nombramiento sorprendió y por qué, al mismo tiempo, encajaba en la estrategia comunicativa del gobierno entrante. Restrepo aportaba a la política de seguridad de Uribe un rostro y un vocabulario que no eran los del cuartel: hablaba de escucha, de perdón, de humanización. Le daba al proyecto una cara civil que el resto del gabinete de seguridad no ofrecía. La incógnita, que sólo el tiempo despejaría, era si ese lenguaje serviría para reencauzar la negociación hacia una lógica de verdad y reparación, o si funcionaría como cobertura simbólica de una operación ya definida por otros.
Los orígenes: formación y camino al comisionado
Restrepo se formó en medicina y se especializó en psiquiatría, ejerció la docencia y publicó a lo largo de los noventa una serie de ensayos que lo instalaron en el circuito de los intelectuales públicos preocupados por el conflicto armado. Sus textos combinaban psicoanálisis, filosofía política y reflexión ética sobre la violencia colombiana; no eran manuales de negociación, sino ejercicios de diagnóstico cultural. Esa distancia con la política práctica sería, paradójicamente, uno de sus activos: no arrastraba filiaciones partidistas visibles ni cuentas pendientes con las guerrillas o los paramilitares.
Su entrada al ámbito de las conversaciones de paz fue anterior al gobierno Uribe. Durante la administración de Andrés Pastrana Arango, mientras el proceso del Caguán con las FARC concentraba la atención pública, se abrieron canales confidenciales con las Autodefensas Unidas de Colombia, y Restrepo participó en esos contactos previos. Cuando Uribe asumió el 7 de agosto de 2002, esas conversaciones existían ya como una herencia discreta, y Restrepo llegó al cargo de Alto Comisionado con conocimiento del terreno y con interlocutores paramilitares que lo reconocían. No entró como recién llegado; entró como continuidad silenciosa.
La trayectoria: el comisionado en su hora
El marco: Seguridad Democrática y el nuevo tipo de negociación
Uribe ganó las elecciones del 26 de mayo de 2002 con el 54% de los votos en primera vuelta, sobre la plataforma del movimiento Primero Colombia fundado por su primo Mario Uribe, y sobre una promesa central: acabar por la vía militar con lo que su predecesor había intentado por la vía del diálogo. Su campaña se hizo contra el Caguán y sus resultados; el atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York le prestó un vocabulario global —el del terrorismo— que él aplicó sin matices a las guerrillas colombianas. Poco después de posesionarse formuló la Política de Defensa y Seguridad Democrática, con cuatro objetivos estratégicos: consolidar el control territorial, eliminar el narcotráfico, mantener la fortaleza del Estado y mejorar la eficiencia y transparencia.
Dentro de ese marco, la paz no fue una política autónoma sino una función de la seguridad. Uribe se negó a reconocer el carácter político de las guerrillas y rechazó negociar sin cese unilateral del fuego previo; a los paramilitares, en cambio, sí les extendió una mesa. La diferencia era decisiva. Los éxitos iniciales de la Seguridad Democrática —mayor control en las carreteras, caída del secuestro, desaparición de los ataques a poblaciones, retroceso territorial de las guerrillas— crearon las condiciones para que las autodefensas, cuya justificación pública había sido siempre suplir la ausencia estatal frente a la insurgencia, aceptaran negociar su tránsito a la legalidad. En ese punto entra Restrepo con papel protagónico.
El cese, la Comisión Exploratoria y Santa Fe de Ralito
A partir del 1° de diciembre de 2002 las AUC declararon un cese al fuego y solicitaron reconocimiento político, suspensión de acciones judiciales contra sus voceros y seguridad en sus zonas de influencia. El Bloque Central Bolívar no firmó esa declaración inicial y emitió su propio anuncio de cese de hostilidades días después: una primera señal, discreta pero elocuente, de que las AUC no eran una organización unificada sino una federación de bloques con jerarquías, negocios y voluntades propias.
El Gobierno respondió designando una Comisión Exploratoria de Paz para establecer contactos con los grupos en cese de hostilidades —además de las AUC, el Bloque Central Bolívar, los Vencedores de Arauca y las Autodefensas Alianza de Oriente—, con el acompañamiento del Alto Comisionado. El 25 de junio de 2003, esa comisión presentó un documento con diez recomendaciones, entre ellas continuar el proceso, mantener y verificar el cese de hostilidades y avanzar hacia el abandono de actividades ilícitas. Tres semanas después, el 15 de julio de 2003, se firmó en Santa Fe de Ralito, en la subregión del alto Sinú de Córdoba, el acuerdo homónimo entre el Gobierno y las AUC. La Iglesia católica —con obispos de la región del noroccidente al frente— acompañó de manera sustantiva la firma. El compromiso central de las AUC fue desmovilizar la totalidad de sus miembros en un proceso gradual que debía culminar a más tardar el 31 de diciembre de 2005.
En mayo de 2004 se instaló formalmente la zona de concentración en Santa Fe de Ralito, un perímetro de 368 kilómetros cuadrados en Tierralta, Córdoba, donde se reubicaron los comandantes desmovilizados y se adelantaron los diálogos, con verificación de la OEA a través de la MAPP/OEA. Fue el escenario simbólico y físico del proceso: allí Restrepo pasó buena parte de sus años como comisionado, sentado frente a Salvatore Mancuso, Carlos Castaño Gil hasta su desaparición y muerte a manos de sus propios subalternos en abril de 2004, Ernesto Báez, Diego Fernando Murillo Bejarano —alias Don Berna— y otros comandantes.
Las desmovilizaciones colectivas
Entre 2003 y 2006, el proceso cubrió a 31.671 combatientes y miembros de redes de apoyo logístico, con entrega de 18.051 armas. La primera desmovilización colectiva emblemática fue la del Bloque Cacique Nutibara en Medellín, vinculado a Don Berna, en noviembre de 2003. Fue también la primera piedra en el zapato del proceso: desde temprano surgieron dudas sobre el número real de desmovilizados y sobre la calidad de la entrega. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos constató, en visitas posteriores a Medellín, que varias comunas de la ciudad seguían bajo fuerte control paramilitar pese a la ceremonia. Y años después, en audiencia ante el Tribunal Superior el 3 de julio de 2011, Fredy Rendón Herrera —alias el Alemán, comandante del Bloque Elmer Cárdenas— declararía que aproximadamente la mitad de los desmovilizados del Cacique Nutibara no eran paramilitares reales, sino personas reclutadas para la puesta en escena.
Con el Bloque Central Bolívar, en cambio, los diálogos se dilataron. La fractura interna entre Carlos Castaño y la comandancia del BCB —comandada por alias Macaco y alias Ernesto Báez— alargó la fase exploratoria; el bloque terminó suscribiendo un acta de voluntad para continuar el proceso y solo después se desmovilizó. Esa asimetría en los tiempos, junto a los cismas internos —el asesinato de Castaño, la desaparición temporal de comandantes, las disputas por rutas del narcotráfico—, confirmaba lo que ya se anunciaba en diciembre de 2002: las AUC eran una alianza coyuntural, no una organización con mando unificado.
Restrepo negoció con cada bloque por separado, y esa fue una de sus decisiones —o de las decisiones que aceptó operar— más determinantes. Al no exigir la unidad orgánica de la contraparte como condición previa, el Estado acabó negociando individualmente con señores de la guerra y con narcotraficantes que se presentaron como comandantes paramilitares para acceder a los beneficios del proceso. El Tribunal Superior de Bogotá, en su Sala de Justicia y Paz, caracterizaría después a las AUC precisamente en esos términos: una alianza coyuntural que negoció, con el comisionado, un tránsito a la legalidad hecho a la medida de sus intereses.
Su red: gobierno, paramilitares, Iglesia, parapolítica
El marco jurídico: Ley 782 y Ley 975
Ningún proceso de negociación existe sin sus leyes, y las de Restrepo fueron dos. La Ley 782 de 2002 prorrogó y modificó la Ley 418 de 1997, y —el gesto decisivo— eliminó el requisito de reconocimiento de carácter político para que el Gobierno pudiera dialogar con grupos armados. Con esa reforma se autorizaron formalmente los diálogos con las autodefensas, que hasta entonces habían sido calificadas como grupos delincuenciales sin estatus político. Pero la 782 tenía un límite: no ofrecía alternativa jurídica para paramilitares acusados de crímenes de lesa humanidad y de graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario. Las cúpulas, precisamente las que interesaba desmovilizar, no encontraban en ella un incentivo para entregarse.
De ahí nació la Ley 975 de 2005, sancionada el 22 de junio de ese año: la Ley de Justicia y Paz. Contempló penas alternativas de cinco a ocho años para miembros de grupos armados que colaboraran con la reconstrucción de la verdad y con la reparación de las víctimas mediante entrega de bienes. Su justificación se enmarcó en los derechos de las víctimas, pero desde su discusión levantó una crítica de fondo: el proyecto inicial parecía diseñado para los victimarios, con penas bajas y sin exigencia sólida de contribución a la reparación. La Corte Constitucional, en la Sentencia C-370 de 2006, ajustó la ley: si los paramilitares no cooperaban plenamente con la verdad o no restituían de manera suficiente, serían juzgados bajo el derecho penal ordinario y podrían enfrentar extradición. Ese fallo cambió el equilibrio del proceso. La jurisprudencia interamericana —especialmente el caso Barrios Altos contra Perú— sirvió de referencia para descartar autoamnistías y leyes de punto final.
La ley tuvo, además, un alcance restringido: se aplicó a excombatientes de las AUC postulados al proceso, dejando fuera a terceros civiles responsables, a militares y a los mandos medios y patrulleros, a quienes se les aplicó amnistía por conductas menores. Ese diseño, sumado a la lentitud de los procesos, generó una impunidad amplia que las víctimas denunciaron desde el comienzo. Restrepo defendió el marco como una fórmula posible en un país que había ratificado compromisos internacionales incompatibles con la amnistía plena.
Los interlocutores paramilitares
Del lado de la mesa donde se sentaba el comisionado había hombres cuya biografía era el reverso de la suya: comandantes con historiales de masacres, empresarios del narcotráfico convertidos en jefes militares, alianzas con élites regionales. Salvatore Mancuso, hijo de la ganadería cordobesa reconvertido en jefe de las AUC, aportaba a la mesa una legitimidad de clase que ningún otro comandante podía ofrecer y una capacidad negociadora afinada por años de interlocución con hacendados, empresarios y políticos del Caribe. Su bloque, el Norte y el Catatumbo, había impuesto una geografía de terror que abarcaba desde el sur del Cesar hasta la frontera con Venezuela, y su presencia en Ralito equivalía a la garantía de que buena parte del noreste paramilitar se sometería a la ruta acordada.
Carlos Castaño, cofundador del proyecto paramilitar junto a su hermano Fidel, era el ideólogo antisubversivo y —al mismo tiempo— el crítico creciente del peso del narcotráfico en la organización. Su relación con el proceso fue ambigua desde el inicio: había impulsado la búsqueda de una salida negociada, pero se sentía desbordado por la fracción de comandantes cuyos ingresos dependían de la cocaína. Ese cuestionamiento interno le costó la vida en abril de 2004, cuando fue asesinado por hombres cercanos a su propio hermano Vicente y a los intereses narcotraficantes del bloque. Su desaparición dejó al proceso sin uno de los pocos interlocutores que aún hablaba en términos ideológicos y no meramente transaccionales.
Don Berna, jefe del Cacique Nutibara y de la Oficina de Envigado, encarnaba la línea opuesta: heredero práctico del control criminal de Medellín tras la muerte de Pablo Escobar, había convertido a la Oficina en una máquina de administración de rentas ilegales y de gobernanza barrial. Su desmovilización en 2003 fue la primera y la más publicitada, pero también la que más rápido reveló las costuras del proceso: buena parte del control criminal de las comunas no desapareció, solo cambió de traje. Ernesto Báez, por su parte, era la voz política y letrada del Bloque Central Bolívar, un abogado que oficiaba de vocero público y que ofrecía al proceso el registro discursivo de un actor con pretensiones políticas, aunque el bloque que representaba era ante todo una federación de comandantes con intereses ligados al oro y a la coca del Nordeste antioqueño y del sur de Bolívar. Con ellos, y con muchos otros, Restrepo pasó horas en Ralito.
A esa lista se sumaron nombres cuya presencia en el proceso ilustra la mezcla que el Tribunal Superior de Bogotá terminaría por documentar. Francisco Javier Zuluaga Lindo, alias Gordolindo, ingresó al proceso como si perteneciera a las estructuras de las AUC, aunque investigaciones posteriores de la Fiscalía establecieron que no cumplía los requisitos para participar en Justicia y Paz por no ser propiamente un miembro paramilitar. El caso no fue aislado: el proceso funcionó, para varios narcotraficantes, como una vía para blanquear su situación penal usando la cobertura del paraguas AUC. La lista de figuras que se sentaron en Ralito bajo esa lógica creció con los años, y cada una de esas incorporaciones fraudulentas fue avalada, en su momento, por la Oficina del Alto Comisionado.
La Iglesia y el acompañamiento internacional
La firma del Acuerdo de Ralito en 2003 tuvo como escenario y como respaldo simbólico a la Iglesia católica, con obispos del noroccidente colombiano al frente. Ese acompañamiento le dio al proceso una legitimidad moral que ningún otro actor podía ofrecer: en una región donde las AUC habían acumulado poder por más de una década, la presencia episcopal era un salvoconducto reputacional. La OEA, a través de la MAPP/OEA, aportó verificación internacional. Ambos apoyos —el eclesial y el multilateral— fueron parte del entorno que hizo posible que Restrepo se sostuviera durante siete años en el cargo.
La sombra: parapolítica y aparato de seguridad
El proceso de desmovilización no ocurrió en un país neutral. Ocurrió en el mismo territorio donde, el 23 de julio de 2001 —más de un año antes de que Uribe llegara al poder—, jefes paramilitares se habían reunido en Santa Fe de Ralito con gobernadores, congresistas, concejales, alcaldes y ganaderos de Sucre, Córdoba, Cesar y Magdalena para firmar un pacto de "refundación del país". Ese acuerdo, que la Corte Suprema calificaría con severidad como muestra del entrelazamiento entre grupos de poder, criminales y gobernantes, fue el andamiaje político sobre el cual las AUC se sentaron a negociar en 2003. Las autodefensas se apoyaron en una red amplia de movimientos regionales —Colombia Democrática, Colombia Viva, Convergencia Ciudadana, Convergencia Popular Cívica, Equipo Colombia, Apertura Liberal, Cambio Radical y sectores del liberalismo y el conservatismo— para llevar sus intereses al Congreso.
Al mismo tiempo, el aparato de seguridad del gobierno mostraba grietas graves. Jorge Noguera Cotes, director del DAS bajo Uribe y funcionario con rango de ministro, sería condenado en 2011 por la Corte Suprema por concierto para delinquir agravado con paramilitares y como autor mediato del homicidio del profesor Alfredo Correa de Andréis, ocurrido en septiembre de 2004 en Barranquilla. El crimen fue orquestado, según la sentencia, por una troika compuesta por políticos, funcionarios del DAS y el jefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo —alias Jorge 40—, comandante del Bloque Norte de las AUC. El general Mauricio Santoyo, jefe de seguridad de la Casa de Nariño durante la presidencia de Uribe, confesó años después ante una corte estadounidense sus vínculos con grupos criminales. La parapolítica, por su parte, quedó mayoritariamente en etapa preliminar; el avance en reparación a víctimas por parte de los congresistas cuyos nexos con paramilitares fueron probados fue mínimo.
Ese es el mapa en el que Restrepo se movió. No un despacho aislado, sino un cruce de líneas donde el paramilitarismo, la política regional y sectores del aparato estatal se comunicaban entre sí. No dejó constancia pública de haber intentado enfrentar esas conexiones desde su cargo, y varias de las incorporaciones al proceso que su oficina avaló apuntaban en dirección contraria: hacia la validación práctica del entramado que las víctimas y los tribunales denunciaban.
Su huella: fraude, salida y las cuentas pendientes
Los ceses que no fueron y las desmovilizaciones simuladas
El cese de hostilidades que las AUC habían decretado desde diciembre de 2002 nunca se cumplió del todo. El Centro de Investigación y Educación Popular documentó en 2004 la continuidad de crímenes contra la población civil por parte de los grupos supuestamente en pausa. La CIDH, en visitas posteriores, confirmó que comunas enteras de Medellín seguían bajo control paramilitar tras la desmovilización formal del Cacique Nutibara. Y el testimonio de alias el Alemán en 2011 puso nombre a lo que muchos sospechaban: buena parte del acto fundacional del proceso —la desmovilización de noviembre de 2003 en Medellín— había sido una escenificación con desmovilizados de utilería.
Pero el caso que terminaría precipitando la caída de Restrepo fue otro, y todavía más grosero: una desmovilización guerrillera falsa. El cerebro fue el exguerrillero de las FARC Olivo Saldaña, en asocio con el narcotraficante pedido en extradición Hugo Rojas Yepes. Se organizó una entrega en la que participaron 25 personas que sí eran guerrilleros de las FARC y 41 más —indigentes, desempleados y ocho menores de edad— reclutados y pagados entre 400.000 y 500.000 pesos para figurar en el acto como combatientes desmovilizados. Testimonios recogidos por Noticias Uno y por el comandante Biófilo señalaron que parte del dinero de la operación habría salido de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, aparentemente canalizado a través de una fundación. La Fiscalía abrió investigación contra Restrepo.
La salida del país
Restrepo dejó el cargo en 2009 y salió de Colombia en 2012, cuando la Fiscalía avanzaba en el caso de la desmovilización de la compañía Cacica La Gaitana. El juicio continuó durante su ausencia. En mayo de 2025, después de que la Fiscalía y el Ministerio Público solicitaran la absolución, el juzgado especializado de Bogotá absolvió a Restrepo, al coronel Luis Fernando Ariza y a José Crisanto Castellanos. La decisión no fue apelada y quedó en firme.
Su ausencia física del país congeló, más que resolvió, el debate sobre su responsabilidad. La caracterización que el Tribunal Superior de Bogotá haría del proceso —una alianza coyuntural de señores de la guerra y narcotraficantes que negociaron individualmente su tránsito a la legalidad con el comisionado— dejó a Restrepo del lado de quienes habían aceptado, o quizá diseñado, un método de negociación estructuralmente permeable al fraude. No fue solo un problema de vigilancia insuficiente: fue un problema de arquitectura del proceso.
Lo que queda
La huella de Restrepo en la historia de Colombia se lee, casi inevitablemente, en dos capas superpuestas. En una, el proceso que dirigió puso fin a la fase más visible del paramilitarismo unificado, retiró de la circulación pública a más de treinta mil personas armadas, y creó —a través de la Ley 975 y de la jurisprudencia constitucional posterior— un primer marco colombiano para lidiar con la desmovilización de responsables de crímenes de lesa humanidad. Ese marco, con todas sus limitaciones, fue insumo para procesos posteriores, incluido el que condujo al Acuerdo de La Habana con las FARC en 2016.
En la otra capa, el proceso dejó heridas abiertas. La extradición de varios excomandantes a Estados Unidos en 2008 interrumpió parte de sus contribuciones ante la justicia colombiana; numerosas víctimas siguieron reclamando verdad y reparación, y estructuras armadas posteriores heredaron hombres, rutas y territorios. La absolución de Restrepo en el caso Cacica La Gaitana cerró ese juicio concreto. En paralelo, la Fiscalía seguía registrando en 2025 una actuación alrededor de la desmovilización del Bloque Elmer Cárdenas: era un expediente distinto, no una condena contra Restrepo.
La trayectoria de Restrepo reúne facetas difíciles de reducir a una sola lectura: el intelectual de la ternura, el negociador que condujo la desmovilización de las AUC y el exfuncionario sometido durante años a escrutinio judicial. Las críticas a los resultados de Justicia y Paz, a las desmovilizaciones cuestionadas y a la persistencia de estructuras armadas forman parte del balance público de su gestión. La absolución firme de 2025 cerró el proceso por Cacica La Gaitana sin declaración de responsabilidad penal; el debate histórico sobre la política de paz continuó más allá de ese expediente.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
37 documentos · 40 fragmentos01Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 7801 cita
[1]a partir del 1° de diciembre, solicitaron el reconocimiento político, la suspensión de acciones judiciales en contra de sus voceros y seguridad para las regiones donde ejercían sus actividades. Para ese momento, herencia del gobierno de Pastrana, ya estaban en conversaciones confidenciales con Restrepo, a quienes sus…
p. 780
02Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 1151 cita
[2]los escuadrones de la muerte fue en 1998 en Costa Rica. Esta peculiar situación se presento a pesar de la lucha contra el terrorismo que el gobierno estadounidense pregona a los cuatro vientos y de su férreo rechazo a reunirse con terroristas. De lo hablado en dicha reunión es poco lo que se supo y de los posibles…
p. 115
03Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 1151 cita
[3]los escuadrones de la muerte fue en 1998 en Costa Rica. Esta peculiar situación se presento a pesar de la lucha contra el terrorismo que el gobierno estadounidense pregona a los cuatro vientos y de su férreo rechazo a reunirse con terroristas. De lo hablado en dicha reunión es poco lo que se supo y de los posibles…
p. 115
04Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2701 cita
[4]la Ley 975 de 2005. En ese contexto, se puede entender que las AUC puedan ser caracterizadas de mejor manera como una alianza coyuntural de señores de la guerra y narcotraficantes, que por separado terminaron negociando con el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, su trán - sito a la legalidad. 386 383 Entrevista…
p. 270
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 1601 cita
[5]de los políticos, incluidos los de la coalición centro-izquierdista del Polo De mocrático que, en la campaña electoral del 2005-2006 ni mencionó el tema que, claro está, descubrió poco después.39 Contra el Caguán En las elecciones del 26 de mayo de 2002 Alvaro Uribe Vélez ganó la presi dencia de Colombia. Había…
p. 160
06No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4291 cita
[6]dijo que uno de los obstáculos para haber llegado a un acuerdo era que Pastrana no tenía el poder. Eso cambió radicalmente con la llegada de Álvaro Uribe a la Presidencia (2002-2006). Uribe ganó con 54 % de los votos en primera vuelta y mantuvo un alto índice de favorabilidad que osciló entre el 63 % y el 85 % durante…
p. 429
07Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 1821 cita
[7]las repercusiones del 11 de septiembre en el planeta. Sin esta constelación de factores es probable que Uribe no hubiera llegado a ser presidente. A diferencia de los gobiernos anteriores, Uribe y su equipo elaboraron, antes de la posesión presidencial, un documento sobre su estrategia de seguridad; no obstante,…
p. 182
08Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1861 cita
[8]y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…
p. 186
09At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · Página 2951 cita
[9]fi ce, Uribe openly refused to accept the political nature of the guerrillas, instead calling them “ terrorists ” and “ dragons ” and refusing to negotiate without a unilateral cease- fi re. 91 Aiming to further beef up Colombia ’ s armed forces, Uribe looked to Washington for political and military support from the…
p. 295
10Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · Página 1551 cita
[10]e l o P m e n t i n C o l o m B i a 1 0 mines the success of those sincerely trying to reintegrate: “These gaps are particularly apparent in the fields of health, psychosocial support, and edu- cation, and many former combatants have no possibility of finding work or pursuing productive projects” (oa S 2006a, 4). As…
p. 155
11Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 221 cita
[11]resumió en sus propias palabras: “No podemos tener más un país amenazado por guerrillas o defendido por grupos paramilitares. Necesitamos control central” 2. Los rápidos éxitos logrados en la seguridad ciudadana, que fueron evidentes en el mayor control en las carreteras, la disminución del secuestro, la casi…
p. 22
12Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 4381 cita
[12]Negociar con los paramilitares, documento del International Crisis Group, 16 de septiembre de 2003. 11 Memorias de las reuniones de comandantes y con el Alto Comisionado de Paz, 11 y 12 de noviembre de 2002. Primera parte: Reunión de Comandantes. 12 Como lo publicó VerdadAbierta.com en La Impunidad ronda crímenes del…
p. 438
13Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Página 3341 cita
[13]Paz de Colombia, manifestaron su disposición a iniciar diá- logos con el Gobierno y establecieron un cese de hostilidades a partir del 1 de diciembre de 2002. En esta declaración, ninguno de los comandantes del BCB 334 BLOQUE CENTRAL BOLÍVAR SUR DE BOLÍVAR BLOQUE CENTRAL BOLÍVAR SUR DE BOLÍVAR apareció como firmante…
p. 334
14Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · Página 411 cita
[14]los derechos humanos y los crímenes de guerra, y la desmovilización se demuestre con los hechos y no solo sobre el papel» (20 de junio de 2003). Después de una fase exploratoria, el 15 de julio de 2003, se firmó un acuerdo que tenía como objetivo «el logro de la paz nacional a través del fortalecimiento de la…
p. 41
15Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · Página 1691 cita
[15]a la paz de Colombia”, que firmaron el Gobierno nacional y las AUC el 15 de julio de 2003. En este documento quedó de manifiesto que las AUC se comprometían a desmovilizar la totalidad de sus filas, fijaban fechas para un cese de hostilidades con el Gobierno y coordinaban todo lo necesario para su desarme,…
p. 169
16The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · Página 2041 cita
[16]Bogotá to address congress: Salvatore Mancuso, Ernesto Báez, and Ramón Isaza. 2 Wearing new suits and ties, they spoke for about an hour and a half to 60 members (out of 268) of congress, highlighting the historical weakness of the state in its peripheries and the heroism of the self-defense groups. “This was…
p. 204
17Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3371 cita
[17]Nutibara, que dejó muchas dudas en relación con el número de desmovilizados y su vinculación real con este grupo armado ilegal, el proceso sufrió una grave parálisis. Después se produjo la desmovilización del Bloque Ba nanero liderado por Ever Veloza, pero, según el relato de monseñor Vidal, fue gracias a la decisión…
p. 337
18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 3551 cita
[18]terms of this process, formal talks began in May 2004. The government set up a zone consisting of 368 square kilometers in Santa Fe de Ralito, Cordoba, to relocate demobilized paramilitaries 261 Colombia: A Country Study and conduct the talks, and an Organization of American States (OAS) mission came to verify this…
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19Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · Página 2451 cita
[19]la OEA, MAPP/OEA, 2007b). Por otra parte, la cifra de desmovilizados dista de manera significativa de lo que los paramilitares afirmaban tener al principio del proceso. En una entrevista realizada por Semana a Vicente Castaño el 6 de junio de 2005, el jefe paramilitar afirmó que unos 4.000 hombres de las AUC eran…
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20El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 1092 citas
[20]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
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[21]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
21Colombia bizarraPirry · 2022 · Página 1051 cita
[22]las hacían con palos de madera porque, si las hacían con armas reales, podrían presentarse accidentes. Al parecer, veinticinco de los reinsertados, incluido el comandante Biófilo, sí eran guerrilleros de las FARC y las otras cuarenta y una personas, indigentes y desempleados, incluidos ocho menores de edad, a los que…
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22¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 1741 cita
[23]aunque, como se ha mencionado, Gobiernos anteriores hubieran sugerido esta alternativa con respecto al paramilitarismo, lo cierto es que algunos de los elementos característicos del origen y accio- nar de estos grupos sembraban dudas acerca de la posibilidad de darles este tipo de reconocimiento. 121 Para zanjar ese…
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23Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Página 1381 cita
[24]mientras los comandantes del Bloque Norte construían retóricamente el escenario de sus desmovilizacio- nes presentándose a sí mismos como héroes y mártires sobre el fon- do de una tierra misti fi cada, la fi scal y su equipo instruían causas contra ellos por crímenes de lesa humanidad. No se debe olvidar, en efecto,…
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24Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · Página 621 cita
[25]as well. In June 2006, t he Peace and Justice Law of 2005, introduced by President Álvaro Uribe and approved by Congress as a way to facilitate demobilization of the AUC, was modified: the Constitutional Court ruled that if paramilitary leaders did not fully cooperate in telling t he truth about their criminal…
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25San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · Página 771 cita
[26]más puro en el sentido de que su objetivo primordial siempre fue la lucha contraguerrillera. Por este motivo se ganó varios enemigos cuando hizo público su descontento relacionado con la infiltración de narcotraficantes en las autodefensas. García terminó enfrascado en una disputa con el Bloque Cacique Nutibara…
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26Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 3341 cita
[27]una invitación a la impunidad.4 En efecto, el proyecto buscaba motivar la desmovilización de los grupos armados a cambio de penas bajas, sin que los actores del conflicto contribuyeran a resarcir los daños que habían causado. En esencia, era un proyecto centrado en los victimarios. Después de un proceso de negociación…
p. 334
27Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 1462 citas
[28]beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…
p. 146
[29]beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…
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28Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · Página 1721 cita
[30]miembros del sector industrial y gran- des empresarios), y organizaciones sociales y religiosas que, a pesar de ser de orígenes diversos, compartían una ideología conservadora y antisubversiva. El argumento principal de la campaña por el No era que no estaba en contra de la paz sino de la impunidad. Para esta…
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29Violencia Sexual, Conflicto Armado y Justicia en ColombiaClaudia Cecilia Ramírez Cardona (coord.); Andrea González Rojas; Constanza Clavijo Velasco; Carmen Alicia Mestizo Castillo; Belén Pérez González · 2007 · Página 711 cita
[31]aceptados por Colombia (artícu lo 9 CP.), el Estatuto de Roma, y nuestro ordenamiento constitucional, que sólo permite la amnistía o el indulto para delitos políticos y con el pago de las indemnizaciones a que hubiere lugar (artículo 150. numeral 17 de la CP.), no admi ten el otorgamiento de auto amnistías, amnistías…
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30Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · Página 1971 cita
[32]repetición para garantizar que las organizaciones que perpetraron los crímenes investigados sean desmontadas y las estructuras que permitieron su comisión re- movidas, a fin de asegurar que tales crímenes no volverán a tener lugar (CConst, Sentencia T-821 de 2007, página 38). El no desmonte de esas estructuras se debe…
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31La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · Página 891 cita
[33]una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…
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32Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · Página 1601 cita
[34]y ejes explicativos sobre el paramilitarismo en los informes del CNMH y en la producción académica fue un fenómeno exclusivamente “costeño” o “paisa”. También figuran departamentos como Tolima, Caldas, Norte de Santander y Boyacá. 4. Si bien las acciones judiciales emprendidas por la Corte Su- prema de Justicia, en…
p. 160
33Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · Página 2271 cita
[35]violencia. 675 Entrevista 762 - VI - 00002. Lideresa social, mujer afrodescendiente, víctima d e desplazamiento forzado. 676 Entrevista 109 - VI - 00017. Periodista, testigo de homicidio. 677 Entrevista 811 - VI - 00004. Defensor de Derechos Humanos, víctima de amenaza y atentado al derecho a la vida. 227 El 23 de…
p. 227
34El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · Página 2212 citas
[36]enfrenta en los casos con gran cantidad o dispersión de víctimas, o con una escasa accesibilidad geográfica o cultu- ral, especialmente en zonas rurales o lejanas. Se requiere entonces contar con medios de contacto y comunicación, así como con interlocutores locales de confianza que pue- dan facilitar el proceso…
p. 221
[37]enfrenta en los casos con gran cantidad o dispersión de víctimas, o con una escasa accesibilidad geográfica o cultu- ral, especialmente en zonas rurales o lejanas. Se requiere entonces contar con medios de contacto y comunicación, así como con interlocutores locales de confianza que pue- dan facilitar el proceso…
p. 221
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1321 cita
[38]juez ordenara la detención de Correa por el delito de rebelión 298. Correa estuvo detenido entre junio y julio de 2004. Su detención era insólita. Recuperó la libertad al demos- trar su inocencia. Sin embargo, su muerte fue ordenada por una troika de políticos, funcionarios del DAS encabezados por su director, Jorge…
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36Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · Página 1521 cita
[39]neral de la Nación para favorecer a varios de los integrantes de la llamada Oficina de Envigado también beneficiaron a Rogelio, de quien el mismo ente acusador tenía amplia referencia sobre sus actividades al servicio del paramilitarismo siendo funcionario del CTI y posteriormente como uno de los más importantes…
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37Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 931 cita
[40]incontrovertible de la llamada parapolítica o alianza de los líde- res paramilitares de las AUC con dirigentes políticos regionales y funcionarios, ganaderos y terratenientes de Córdoba, Sucre, Bolí- var y Magdalena. La alianza entre políticos y paramilitares permitió blindar el ac- tuar criminal de las AUC cuyo…
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