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Idea · Seguridad Democrática

Parapolítica

La parapolítica es la alianza estructural documentada judicialmente entre políticos electos colombianos —congresistas, gobernadores, alcaldes— y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), mediante la cual los paramilitares aportaban coerción territorial y votos cautivos a cambio de tolerancia, contratación pública y representación legislativa. El escándalo, destapado en 2006, comprometió a cerca del 30% del Congreso y produjo procesos contra 107 congresistas.

3.844 palabras48 documentos66 fragmentos citados
Parapolítica

Trayectoria de una idea

  1. 1988

    Inicio del clientelismo armado

  2. 1991

    Aprovechamiento de la apertura constitucional

  3. 2001

    Pacto de Ralito y otros pactos regionales

  4. 2002

    Elecciones con fraude y penetración del DAS

  5. 2006

    Destape del escándalo

  6. 2007

    Punto máximo del escándalo e inicio de capturas masivas

  7. 2010

    Condenas emblemáticas

  8. 2013

    Balance de impunidad

03

La lectura

La parapolítica representa el caso más documentado en América Latina de captura sistemática del Estado por parte de grupos paramilitares en alianza con élites políticas regionales, distinguiéndose de otros fenómenos similares en el continente porque la justicia colombiana llegó efectivamente a nombrarlo y sancionarlo penalmente. Su arquitectura fue funcional antes que orgánica: una constelación de pactos territoriales —Ralito, Pivijay, Magdalena, Chivolo, Chocó— con lógica común de coerción, votos y contratos, que cristalizó entre 2001 y 2006 sobre un sustrato de clientelismo armado construido desde finales de los años ochenta. El fenómeno no se explica sin la convergencia oportunista entre bloques paramilitares que necesitaban legitimación política y élites regionales con arraigo clientelar que encontraron en esos bloques un socio capaz de resolver a sangre la competencia electoral. La impunidad estructural que siguió a las condenas —multas sin pagar, crímenes de lesa humanidad sin esclarecer, herederos electorales que capitalizaron los caudales de los condenados— revela que el escándalo judicial, siendo histórico, no alcanzó a desmantelar las redes de poder que la parapolítica había tejido en los territorios.

La parapolítica es el nombre con que se conoce en Colombia la alianza estructural entre políticos electos —congresistas, gobernadores, alcaldes, diputados, concejales— y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), documentada judicialmente a partir de 2006 y con epicentro cronológico entre 2001 y 2010. No fue una infiltración periférica ni un accidente episódico: fue la formalización, en pactos escritos y acuerdos regionales, de un intercambio en el que las AUC aportaban coerción territorial y votos cautivos, y los políticos entregaban tolerancia, contratación pública y una bancada en el Congreso capaz de defender los intereses del proyecto paramilitar. El destape en la Revista Semana en septiembre de 2006 marcó el punto de inflexión: el escándalo terminó comprometiendo a cerca del 30% del Congreso elegido ese año, produjo procesos contra 107 congresistas y condenas contra tres gobernadores, y sacudió las bases de legitimidad de los dos períodos presidenciales de Álvaro Uribe Vélez. Su huella no se limitó a la sala penal de la Corte Suprema de Justicia: reconfiguró la representación política de regiones enteras, dejó una geografía de "herederos" que capitalizaron el caudal electoral de los condenados y planteó, sin resolverla, la pregunta sobre hasta dónde llegaba la responsabilidad del Estado central en el ensamblaje de la alianza.

La semblanza de un fenómeno

Llamar "parapolítica" a este proceso es ya tomar una posición. El término, popularizado por el periodismo y adoptado por la academia y los tribunales, condensa dos ideas inseparables: hubo política hecha con paramilitares, y hubo paramilitares haciendo política. Las AUC, unificadas bajo el mando de Carlos Castaño desde 1997, aprovecharon la proliferación de partidos habilitada por la Constitución de 1991 para construir una representación legislativa que ventilara sus intereses en los órganos de decisión nacionales. No se trataba solamente de sobornar o intimidar a políticos existentes: se trataba de fabricar una clase política afín, elegida en zonas donde los bloques paramilitares controlaban el territorio, y articularla en un proyecto que aspiraba —al menos en su formulación retórica— a "refundar el país".

El fenómeno tuvo una arquitectura reconocible. En el nivel local, alcaldes y concejales avalados por los bloques operaban como intendentes de la burocracia municipal, entregando contratos y tolerando la presencia armada. En el nivel regional, gobernadores y diputados garantizaban el acceso a las regalías y a los recursos de salud y educación. En el nivel nacional, una bancada de senadores y representantes —dispersa entre Colombia Democrática, Colombia Viva, Convergencia Ciudadana, Apertura Liberal, Alas, Cambio Radical y sectores del liberalismo y el conservatismo tradicionales— defendía la agenda paramilitar en debates cruciales, incluido el trámite de la Ley de Justicia y Paz que regularía su desmovilización. El clientelismo armado que se venía tejiendo desde finales de los años ochenta cristalizó, entre 2001 y 2006, en un sistema.

Lo que hace de la parapolítica un caso singular en América Latina es que la justicia colombiana llegó a nombrarlo. En el resto del continente, con las excepciones significativas de las condenas al peruano Alberto Fujimori y al uruguayo Juan María Bordaberry en contextos de dictadura militar, la clase política asociada a grupos criminales de extrema derecha o a regímenes autoritarios escapó al escarnio penal. En Colombia, en cambio, la Sala Penal de la Corte Suprema terminó procesando a más de un centenar de congresistas, condenando a decenas y produciendo lo que algunos observadores llamaron una "muerte política": la inhabilitación permanente para ejercer cargos públicos.

Los orígenes: del clientelismo armado al pacto escrito

La parapolítica no nació en 2001. Su prehistoria se extiende entre 1988 y 2006, período en el que los grupos paramilitares —primero dispersos, luego federados en las AUC— consolidaron alianzas con élites regionales, ganaderos, comerciantes, contratistas y políticos tradicionales en zonas donde disputaban el territorio a las guerrillas. En Antioquia, desde finales de los años noventa, empezó a registrarse un comportamiento electoral atípico: municipios con fuerte presencia paramilitar producían candidatos sin historia previa en el distrito que obtenían más del 70% de los votos. El fenómeno, inicialmente inadvertido o silenciado, se consolidó en los primeros años de la década de 2000 y se replicó en el Caribe, en el Magdalena Medio, en el Catatumbo y en la Orinoquía.

Lo que cambió el 23 de julio de 2001 fue el paso del acuerdo tácito al pacto formal. Ese día, en el corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, se reunieron jefes de las AUC —entre ellos Rodrigo Tovar Pupo, alias "Jorge 40"— con gobernadores, congresistas, alcaldes, concejales y ganaderos de Sucre, Córdoba, Cesar y Magdalena. Firmaron un documento cuyo texto proclamaba el objetivo de "refundar la patria" y "construir una nueva Colombia". El proyecto —financiado en parte desde el narcotráfico— aspiraba a iniciarse en la región Caribe y expandirse al conjunto del Estado colombiano. La Corte Suprema, en una sentencia posterior, interpretaría ese acuerdo como una estrategia de captura del poder público: una alianza entre jefes paramilitares y clase dirigente orientada a rediseñar el país desde los territorios hacia el centro.

Ralito fue el más visible pero no el único. En 2001 se firmó también el Pacto de Pivijay y en 2002 el Pacto del Magdalena, ambos con alcaldes y diputados, en los que se sectorizaron electoralmente los municipios en favor de candidatos al Congreso. El senador Dieb Maloof, en Magdalena, ilustró el funcionamiento del esquema. En el Chocó, el Bloque Élites del Caribe (BEC) bajo mando de Freddy Rendón, alias "El Alemán", aportó financiación directa a candidaturas: 100 millones de pesos al representante Edgar Ulises Torres, 150 millones al senador y gobernador Julio Ibargüen, 50 millones al representante Odín Sánchez. En Magdalena se firmó también el Pacto de Chivolo, cuya expresión judicial más nítida fue la condena a José Domingo Dávila Armenta, alias "Chelo", gobernador del departamento en 2000, a siete años y seis meses de prisión por concierto para delinquir agravado, en vínculos con el paramilitar Hernán Giraldo.

La fragmentación por bloques y regiones fue característica. No hubo un pacto único ni un proyecto perfectamente unitario: hubo una constelación de acuerdos territoriales con lógica común —coerción, votos y contratos— cuya coherencia fue más funcional que orgánica. Esa dispersión explica también las fisuras internas. Ralito contradijo abiertamente los intereses de Carlos Castaño, quien ya se había distanciado de los dirigentes del Bloque Norte, para entonces empoderados y alejados del propósito paramilitar original que Castaño decía defender.

La trayectoria: destape, escándalo y procesos

Durante casi cinco años, el sistema funcionó en la penumbra. Las elecciones de 2002 y las locales de 2003 produjeron una cosecha de alcaldes, gobernadores y congresistas cuyos vínculos con los bloques circulaban como rumor sin adquirir consecuencia judicial. Rafael García Torres, exjefe de informática del DAS, denunció que los paramilitares habrían usado bases de datos electorales del registro civil para planificar fraude en las elecciones de 2002, y que el DAS mismo habría sido infiltrado para borrar antecedentes de narcoparamilitares y elaborar listas de ciudadanos señalados como aliados de la guerrilla.

El desbloqueo ocurrió por dos vías que se cruzaron en 2006. La primera fue política: desde su llegada al Senado ese año, en representación del Polo Democrático Alternativo, Gustavo Petro organizó debates parlamentarios sobre los nexos del paramilitarismo, en el marco de las discusiones sobre la Ley de Justicia y Paz. Petro, exguerrillero del M-19, investigó especialmente el caso antioqueño y describió su labor como una tarea de meses de preparación, ejecutada bajo riesgo personal por la sensibilidad política del asunto. La segunda vía fue judicial y periodística: la Fiscalía incautó el computador de alias "Don Antonio", subordinado de "Jorge 40", que contenía información detallada sobre contactos con políticos del Caribe, incluyendo pagos, apoyos electorales y contratos. En septiembre de 2006, la Revista Semana publicó parte del contenido de ese archivo. El escándalo estalló.

Lo que siguió fue una avalancha. Las versiones libres que los jefes paramilitares empezaron a rendir dentro del proceso de Justicia y Paz, sumadas a la información del computador y a las denuncias del Polo, desataron investigaciones contra concejales, alcaldes, gobernadores y una proporción significativa del Congreso. Hacia 2007, el escándalo alcanzó su punto máximo: comprometía a políticos, empresarios y militares, y amenazaba con generar una crisis institucional sin precedentes. Desde junio de 2007, la Corte Suprema fue emitiendo órdenes de captura: 65 congresistas elegidos en 2006 llegaron a encontrarse bajo arresto, entre ellos Dilian Francisca Toro, expresidenta del Senado, detenida en julio de 2008.

Cuarenta y tres congresistas renunciaron a sus cargos calculando que la Fiscalía —competente si perdían el fuero— sería más severa que la Corte, o que las penas negociables serían más leves. El cálculo funcionó sólo parcialmente. Al cabo de los años, se iniciaron procesos contra 107 congresistas, de los cuales 21 habían sido condenados al momento en que se hizo el balance más citado; tres gobernadores fueron condenados y otros dieciséis quedaron procesados. Hacia 2014, sesenta investigados habían recibido sentencia condenatoria. Entre las condenas emblemáticas figura la del exsenador Álvaro Araújo Castro, sentenciado en marzo de 2010 a nueve años y tres meses de prisión por haber conspirado con "Jorge 40" para ganar escaños; y la del exsenador Álvaro Alfonso García Romero, en la que la justicia constató participación activa en la estrategia paramilitar. En Santander, el exgobernador Hugo Aguilar fue enviado a prisión en 2011 y sentenciado en 2013 a nueve años por alianzas con autodefensas para respaldar su candidatura de 2003; salió en libertad en 2015 tras rebajas de pena, con inhabilitación impuesta por la Procuraduría.

Los partidos uribistas fueron los más contaminados: 84 congresistas salpicados. El dato importa porque el fenómeno no se explica sin la coalición parlamentaria que sostuvo entre 2002 y 2010 el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. El Partido de la U, creado como coalición de disidentes de los partidos tradicionales —principalmente liberales— para respaldar al presidente, articuló buena parte del caudal electoral que la parapolítica ayudó a producir.

La red: pactos, familias, bloques

La geografía humana de la parapolítica dibuja un mapa preciso. En el Cesar, la familia Araújo —con Álvaro Araújo Castro como figura política, vínculos familiares con el Inspector General Edgardo Maya y con un magistrado de la Corte Constitucional— encarnó el tipo de patrón político tradicional que la alianza con "Jorge 40" y el Bloque Norte convirtió en máquina electoral. En Córdoba, la familia López Cabrales, cabezada por Juan Manuel López Cabrales, negoció con Salvatore Mancuso el manejo de la burocracia pública; López Cabrales terminó encarcelado por sus relaciones con el jefe paramilitar. En Magangué, Bolívar, el clan Alfonso López, liderado por Enilce López Romero —"La Gata"—, combinó negocios de apuestas con poder político, articulando concesiones en Sucre, Bolívar, Atlántico y Magdalena con relaciones con la clase política regional. Enilce López fue procesada judicialmente en el marco de la parapolítica.

El patrón se repite. Élites regionales con arraigo clientelar previo, muchas veces con generaciones de trayectoria política, encontraron en los bloques paramilitares un socio capaz de resolver a sangre las disputas internas por el control local, eliminar la competencia electoral y garantizar mayorías. Los bloques, a su vez, encontraron en esas élites el vehículo de legitimación que necesitaban para saltar del territorio al Congreso. Fue una convergencia oportunista de poderes preexistentes antes que la creación desde cero de un proyecto político. En Casanare, por ejemplo, el Bloque Centauros no lideró directamente las redes políticas: adhirió al liderazgo de una alcaldesa local para influir regionalmente y participar en el saqueo de las regalías petroleras.

El mecanismo operativo fue documentado con nitidez por la prensa de la época: los paramilitares procuraban que los candidatos avalados no tuvieran competencia en sus jurisdicciones y que la población votara por ellos; a cambio, los elegidos toleraban las actividades paramilitares y, en algunos casos, les adjudicaban contratos públicos. La coerción sobre la población civil fue parte constitutiva del sistema: se cometieron infracciones al derecho internacional humanitario contra quienes tenían opciones políticas contrarias —militantes de partidos de izquierda, integrantes de juntas de acción comunal, candidatos independientes—, eliminando así la competencia y produciendo los resultados atípicos que el análisis electoral empezó a detectar en Antioquia y en el Caribe.

La lista de movimientos políticos que canalizaron esa influencia cuando las AUC estaban unificadas incluye a Colombia Democrática, Colombia Viva, Convergencia Ciudadana, Convergencia Popular Cívica, Moral, Mipol, Equipo Colombia, Apertura Liberal, Sí Colombia, Integración Regional, Alas, Cambio Radical, Movimiento Nacional Conservador, Movimiento Nacional Progresista y Dejen Jugar al Moreno, además de sectores del liberalismo y del conservatismo tradicionales. La proliferación no fue accidente: fue aprovechamiento deliberado de la apertura constitucional de 1991.

La captura del Estado: DAS, Fiscalía, subsidios

La parapolítica no habría alcanzado su escala sin la penetración simultánea de las instituciones. El Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, operó bajo el gobierno Uribe una red de inteligencia ilegal, jerárquica e interinstitucional que ejecutó operaciones —Europa, Extranjeros, Canela, Imprenta, Transmilenio— de espionaje contra periodistas, defensores de derechos humanos y opositores políticos, con presupuesto y medios del Estado. Jorge Aurelio Noguera Cotes, director del DAS nombrado por el presidente Uribe, fue investigado judicialmente por presunta participación en el homicidio del sociólogo Alfredo Correa de Andréis; se le atribuyeron además vínculos con "Jorge 40" y la entrega de información sobre sindicalistas y opositores.

En el aparato judicial regional, la infiltración fue documentada con nombres propios. En Cúcuta, la directora seccional de Fiscalías Ana María Flórez —conocida dentro del Bloque Catatumbo como "Batichica"— fue condenada por la Corte Suprema por sus vínculos con los paramilitares, en el marco de la sentencia contra Jorge Iván Laverde Zapata, alias "El Iguano". En Norte de Santander se conformó un cogobierno paramilitar con la élite política y económica regional en el que prácticamente todas las instituciones del Estado quedaron al servicio de los paramilitares. El uso de ataques selectivos contra funcionarios judiciales fue una herramienta sistemática de producción de impunidad, especialmente activa en el Magdalena Medio, Urabá, Montes de María y Catatumbo.

La captura llegó también a la política pública. El Programa Agro Ingreso Seguro, diseñado por el Ministerio de Agricultura bajo Andrés Felipe Arias, terminó entregando subsidios a parapolíticos y terratenientes: entre los beneficiarios figuraron Eduardo Vives Lacouture —condenado por parapolítica— y Silvestre Dangond Lacouture. El propio Arias fue condenado por la Corte Suprema en 2014, en el radicado 37.462, y destituido e inhabilitado por la Procuraduría en 2011. El exdirector del Incoder, Rodolfo Campo Soto, fue destituido e inhabilitado por trece años en el mismo contexto. Recursos del Estado, subsidios, tierras adjudicadas: la maquinaria estatal fue puesta al servicio, o cuando menos al beneficio, de la red que la parapolítica había tejido.

El desenlace institucional del DAS ilustra el patrón. Cuando se divulgaron las interceptaciones ilegales contra el magistrado auxiliar Iván Velásquez —quien lideraba desde la Corte Suprema la investigación de la parapolítica—, el gobierno intentó inicialmente presentar los hechos como acciones aisladas de "manzanas podridas". Luego, el presidente Uribe anunció la liquidación del organismo. La Fiscalía llegó a caracterizar al DAS como una red criminal en el interior de la institución. Iván Velásquez, años después, encabezaría desde Guatemala la Comisión Internacional contra la Impunidad, en un giro que dice algo sobre las trayectorias que este proceso produjo.

El contraataque: Farcpolítica y silla vacía

La respuesta política del uribismo al destape fue doble. Por un lado, el presidente Uribe contraatacó con la acusación de "Farcpolítica" contra líderes del Polo Democrático Alternativo, basándose en hallazgos atribuidos al computador de un comandante de las FARC. La operación retórica buscaba equiparar simétricamente los dos fenómenos y neutralizar, mediante el ruido, a los principales denunciantes. Petro, Iván Cepeda, Clara López Obregón y otros líderes del Polo se convirtieron en blanco de una campaña de estigmatización pública que se combinaba, en el plano operativo, con los seguimientos ilegales del DAS a magistrados, periodistas, opositores y académicos.

Por otro lado, el gobierno bloqueó las reformas que habrían amputado políticamente al fenómeno. La reforma política que incluía la "silla vacía" —la pérdida de curul para congresistas detenidos por parapolítica— fue derrotada en el séptimo debate parlamentario. Su aprobación habría significado la reducción sustancial de la coalición uribista en el Congreso, precisamente cuando el gobierno buscaba los votos necesarios para abrir la puerta a un tercer período presidencial. Uribe argumentó públicamente que la reforma iba en contra de los logros de la seguridad democrática. El cálculo político era transparente: los votos contaminados eran, en parte, los votos que sostenían al proyecto de gobierno.

Esa dependencia estructural es la que hace insuficiente cualquier lectura que reduzca la parapolítica a un problema regional ajeno al centro. La coalición parlamentaria que aprobó la reelección presidencial en 2005, tramitó la Ley de Justicia y Paz y bloqueó la silla vacía era la misma coalición que albergaba a 84 congresistas señalados. El gobierno central no fue un espectador desconcertado del fenómeno: fue su beneficiario político directo, y en la práctica un obstáculo para su desmantelamiento pleno. El coronel Prieto declaró ante el Centro Nacional de Memoria Histórica que un general le comunicó que el presidente Uribe había ordenado en al menos tres ocasiones durante 2004 su relevo, en un contexto en que Prieto documentaba la situación regional en relación con los paramilitares.

El analista Juan Manuel López Caballero llevó el argumento hasta su consecuencia lógica: si los votos obtenidos bajo coacción paramilitar sostuvieron la coalición uribista en el Congreso, esos votos también participaron —por transitividad— del respaldo a la elección presidencial. La cuestión, más allá de la validez de esa inferencia, quedó planteada como una herida no cerrada del período.

Los límites de la justicia

El proceso judicial contra la parapolítica es, simultáneamente, uno de los más ambiciosos de la historia latinoamericana y uno de los más incompletos. La Sala Penal de la Corte Suprema —presionada, vigilada e interceptada— sostuvo la investigación durante años y produjo un cuerpo de sentencias sin precedente. Hasta diciembre de 2012, la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz había compulsado 12.869 copias a la justicia ordinaria en el marco de la Ley 975. Sesenta investigados habían sido condenados por parapolítica hacia 2014. Doscientos cincuenta y siete políticos, entre ellos 58 senadores y representantes, recibirían con el tiempo penas efectivas de prisión e inhabilitación política de por vida, según el balance que Eduardo Pizarro Leongómez ha defendido frente a quienes hablan de un "altar a la impunidad".

Y sin embargo, los límites son severos. La mayoría de las investigaciones permaneció en etapa preliminar. Varios firmantes del Pacto de Ralito fueron absueltos porque la sola firma del documento no fue considerada prueba suficiente de responsabilidad penal. Hasta mayo de 2013, ninguno de los congresistas condenados había pagado las multas judiciales impuestas. Los procesos no avanzaron en esclarecer la participación de excongresistas y exgobernadores en crímenes de lesa humanidad —desplazamiento forzado, masacres, homicidios selectivos—, especialmente en los casos de quienes fungían como voceros de partidos y hacían parte, en la práctica, del directorio de mando que diseñaba la estrategia de la empresa criminal.

La extradición de los jefes paramilitares a Estados Unidos en mayo de 2008 fue el golpe decisivo. Diego Fernando Murillo, alias "Don Berna", Salvatore Mancuso, "Jorge 40" y otros comandantes fueron enviados a responder por narcotráfico ante tribunales estadounidenses, dejando trunco su aporte a los procesos colombianos de Justicia y Paz. Don Berna y Mancuso manifestaron su intención de dejar de colaborar, alegando falta de garantías para sus familias; Don Berna llegó a proponer la colaboración a cambio de rebajas de pena ante la justicia estadounidense. La verdad que podía comprometer a políticos de más alto nivel se fue con ellos.

Hubo, además, una estrategia deliberada de continuidad. Los parapolíticos —a diferencia de los paramilitares, que en su mayoría se acogieron formalmente a la desmovilización— no se desmovilizaron: confiaron en poder eludir su responsabilidad judicial y, cuando fueron capturados, apoyaron a familiares o allegados en las elecciones siguientes. Los partidos y movimientos creados con bases delictivas desaparecieron o mutaron tras el escándalo, transfiriendo su caudal político a "herederos": primos, esposas, esposos, cuñados, hijos. El poder territorial cambió de nombre, no de dueño.

La huella

La parapolítica dejó una herencia doble, difícil de conciliar. Por un lado, produjo un precedente jurídico de largo alcance: la afirmación de que la clase política puede ser sometida a la ley por sus vínculos con actores armados ilegales, aun cuando esos vínculos hayan sido productivos electoralmente y toleraran cargos gubernamentales del más alto nivel. Ese precedente, con todas sus limitaciones, es lo que distingue el caso colombiano en el panorama latinoamericano y lo que dio a la Sala Penal de la Corte Suprema una autoridad moral —y una hostilidad política— que marcó los años siguientes.

Por el otro, dejó un fenómeno de captura territorial no resuelto. El clientelismo armado que se desarrolló entre 1988 y 2006 se transformó, pero no se disolvió. Las redes locales que habían sostenido a los parapolíticos migraron hacia nuevas estructuras: bandas criminales emergentes, grupos herederos del paramilitarismo, alianzas con actores del narcotráfico. Los "herederos" políticos conservaron curules y alcaldías. La reforma política que habría desmontado el mecanismo —la silla vacía— fue derrotada. Los subsidios de programas como Agro Ingreso Seguro documentaron cómo los recursos públicos siguieron fluyendo hacia beneficiarios vinculados a la red, aun después de las condenas. La geografía electoral del Caribe, de Antioquia, del Casanare y del piedemonte llanero quedó marcada por décadas.

El fenómeno reconfiguró también el debate público colombiano. Instaló en el vocabulario político nacional la sospecha permanente sobre la legitimidad de las mayorías parlamentarias, y en particular sobre la naturaleza de la coalición uribista. Convirtió a Iván Cepeda, Gustavo Petro y otros denunciantes en figuras protagónicas de la política electoral posterior, con consecuencias que se extienden hasta las elecciones presidenciales de 2022. Alimentó la desconfianza de sectores rurales y regionales hacia un Estado central percibido —con razones documentadas— como cómplice o incapaz frente a los poderes armados que gobernaban sus municipios.

Queda, finalmente, la pregunta sobre la responsabilidad no judicializada. Los procesos avanzaron sobre los eslabones más visibles: congresistas capturables, gobernadores identificables, alcaldes locales. No alcanzaron con la misma profundidad a los empresarios que financiaron los bloques, a los mandos militares que compartieron información y territorio, a los funcionarios de segundo nivel que tramitaron los contratos, a los medios que naturalizaron la violencia. La parapolítica, entendida en sentido estricto, se refiere a los políticos; pero el ensamblaje que hizo posible su despliegue involucró a sectores mucho más amplios de la sociedad colombiana. Nombrarlos ha sido, y sigue siendo, la tarea que la justicia dejó abierta.

Ese es el peso del fenómeno en la historia reciente del país. No fue un episodio de corrupción, ni una serie de acuerdos aislados, ni una infiltración accidental. Fue el momento en que una alianza estructural entre coerción armada, élites regionales y proyecto político nacional se hizo visible en su arquitectura completa —pactos escritos, computadores incautados, sentencias firmes— y en que la sociedad colombiana descubrió cuánto de lo que había sido llamado gobierno se sostenía sobre esa alianza. El escándalo de la parapolítica es, en ese sentido, menos un capítulo cerrado que la fotografía de un régimen. La legibilidad de esa fotografía es lo que el proceso judicial, con todas sus insuficiencias, hizo posible. Su desmantelamiento sigue pendiente.

04

En el archivo

39 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Crisis y narcotráfico1974–19902
  1. 1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho
  2. 1988La elección popular de alcaldes y la descentralización (1986-1988)Pregunta
02Constitución de 19911991–20023
  1. 1995Fundación y expansión de las AUC (1995–2000)Hecho
  2. 1997AutodefensasFicha
  3. 2005Captura del EstadoFicha
03Seguridad Democrática2002–201625
  1. 1997Salvatore Mancuso GómezFicha
  2. 2002Activismo judicialFicha
  3. 2002El DAS bajo Jorge Noguera y la captura paramilitar del aparato de inteligencia (2002–2005)Hecho
  4. 2002Política de Seguridad DemocráticaHecho
  5. 2002Seguridad Democrática (2002–2016)Época
  6. 2003Carlos Mario Jiménez NaranjoFicha
  7. 2003Jorge NogueraFicha
  8. 2003Negociación de Santa Fe de Ralito y desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho
  9. 2005Continuidad paramilitarFicha
  10. 2005Justicia y PazFicha
  11. 2005Luis Carlos RestrepoFicha
  12. 2006Álvaro García RomeroFicha
  13. 2006Álvaro Uribe VélezFicha
  14. 2006El escándalo de la parapolíticaHecho
  15. 2006Francisco Santos CalderónFicha
  16. 2006La parapolíticaPregunta
  17. 2006Seguridad DemocráticaFicha
  18. 2007Andrés Felipe Arias LeivaFicha
  19. 2007Mario IguaránFicha
  20. 2007Mario Uribe EscobarFicha
  21. 2007Óscar Naranjo TrujilloFicha
  22. 2008Iván Velásquez GómezFicha
  23. 2010El archivo transicional del paramilitarismo colombianoPregunta
  24. 2010Elección de Juan Manuel Santos y giro estratégico (2010)Hecho
  25. 2011Auge del campo de la memoria histórica en Colombia (2011–2016)Hecho
04Transversal8
  1. 1776SincelejoFicha
  2. 1850MaganguéFicha
  3. 1994NarcoparamilitarismoFicha
  4. 1995Clientelismo armadoFicha
  5. 1995Lavado de activosFicha
  6. 1997Connivencia militar-paramilitar en Colombia: ¿doctrina de Estado o desviación individual?Pregunta
  7. 2000Estado paraleloFicha
  8. 2022Gustavo PetroFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Rodrigo Tovar Pupo ('Jorge 40'): jefe paramilitar del Bloque Norte, firmante del Pacto de Ralito y figura central cuyo computador incautado desencadenó el escándalo judicial en 2006.
  2. 02Carlos Castaño: comandante unificador de las AUC desde 1997, cuya visión original del proyecto paramilitar entró en contradicción con los propósitos políticos del Bloque Norte expresados en el Pacto de Ralito.
  3. 03Álvaro Uribe Vélez: presidente de Colombia durante 2002-2010, cuya coalición parlamentaria fue la más contaminada por la parapolítica con 84 congresistas salpicados, y quien respondió a las denuncias con contra-acusaciones de 'farcpolítica'.
  4. 04Gustavo Petro: senador del Polo Democrático desde 2006, protagonista del destape político del escándalo mediante debates parlamentarios sobre nexos del paramilitarismo, especialmente en Antioquia.
  5. 05Santa Fe de Ralito: corregimiento de Tierralta, Córdoba, donde el 23 de julio de 2001 se firmó el pacto fundacional de la alianza entre jefes paramilitares y clase política regional.
  6. 06Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia: instancia judicial central que procesó a más de un centenar de congresistas, produjo condenas y aplicó la inhabilitación permanente para ejercer cargos públicos.
  7. 07Ley de Justicia y Paz: marco legal de desmovilización paramilitar cuyas versiones libres, junto con el computador de 'Jorge 40', desencadenaron las investigaciones masivas por parapolítica.
  8. 08AUC (Autodefensas Unidas de Colombia): organización paramilitar que aportó la coerción territorial, los votos cautivos y la financiación de candidaturas que sostuvieron el sistema de la parapolítica.
06

Documentos y fragmentos citados

48 documentos · 66 fragmentos

01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 117, 1232 citas
[1]

en este entramado de corrupción. Una pista para develar dicho entramado son los pactos electorales entre políticos regionales y jefes paramilitares en los municipios magdalenenses de Chivolo y Pivijay. En 2000 se suscribió el Pacto de Chivolo, que le dio vida el movimiento político de Jorge 40. El movimiento fue…

p. 117
[43]

(1990-2010) 123 El clan de Enilce López Romero y la parapolítica Un caso paradigmático y emblemático de la parapolítica colombiana y del Caribe es el del clan Alfonso López de Magangué, liderado por Enilce López Romero y sus hijos Jorge Luis y Héctor Julio Alfonso López. El esposo, y padre de los hijos de Enilce…

p. 123
02A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 831 cita
[2]

del senador y jefe del Partido Conservador Julio Manzur, Rodrigo Burgos de la Espriella; el ex alcalde de Chinú, Córdoba, y suplente a la Cámara de Represen- tantes, Luis Álvarez; el líder conservador, José de los Santos Negrete; el ex diputado conservador, Álvaro Cabrales Hodge; el director de la Corporación Autónoma…

p. 83
03Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 144, 1482 citas
[3]

significativos de las AUC junto con más de 50 políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores cuyo último propósito no era otro que el refundar el Estado. El nombre viene del corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, y donde toman especial relevancia muchos nombres de la política…

p. 144
[7]

recibido una aportación por valor de 200 millones de pesos. Pacto de Chocó De acuerdo a las audiencias pronunciadas por El Alemán, el BEC tuvo una injerencia directa sobre la política del departamento de Chocó 32. De este modo, la estructura paramilitar aportó 100 millones a la campaña del representante a la Cámara,…

p. 148
04Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2271 cita
[4]

violencia. 675 Entrevista 762 - VI - 00002. Lideresa social, mujer afrodescendiente, víctima d e desplazamiento forzado. 676 Entrevista 109 - VI - 00017. Periodista, testigo de homicidio. 677 Entrevista 811 - VI - 00004. Defensor de Derechos Humanos, víctima de amenaza y atentado al derecho a la vida. 227 El 23 de…

p. 227
05Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 321 cita
[5]

de las AUC en el Congreso colombiano. Para 2001, “las AUC quizá alcanzaron a tener treinta mil hombres armados a su disposición en distintos bloques” (Acemoglu, Daron y Robinson, James, 2012, página 444). Estos mismos autores relatan un hecho relevante en los términos del fenómeno que posteriormente se conocería como…

p. 32
06Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6471 cita
[6]

del capitalismo implicó una serie de estrategias espaciales que son inseparables las unas de las otras. Es a partir de estas que se constituye la geografía del sistema mundial moderno, pues se trata de estrategias que son constitutivas de la espacialidad del capital.2 2 Entre éstas se pueden destacar el…

p. 647
07Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 129, 2612 citas
[8]

patria signi fi ca volver a retomar los compromi- sos que tiene el Gobierno dentro de la Constitución del (& en esa región… Que el Estado asumiera la función que le corres- ponde por Constitución y mandato, no lo estaban haciendo, ¿quiénes lo estábamos haciendo? Un Estado paralelo, implan- tado por nosotros al haber…

p. 129
[21]

contrincantes &%$. Fue así como, de la mano de la información del computador de “Jorge $) ” y de las declaraciones que hicieron los paramilitares a los medios antes de las versiones libres, se investigó por vínculos con el paramilitarismo a concejales, alcaldes, gobernadores, y a casi el +) % del Congreso. Las…

p. 261
08La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 85, 892 citas
[9]

una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…

p. 89
[18]

embargo, las redes cliente- lares en Colombia no son homogéneas, pues en la práctica el clien- telismo se adapta a los diferentes retos que le implanta el sistema político. En ese orden de ideas, en este apartados se muestran las diferentes manifestaciones históricas en las que se ha representa- do el sistema político…

p. 85
09Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 614, 9692 citas
[10]

paramilitares para el desarrollo de campañas electorales y el ejercicio de cargos públicos y cargos de elección popular, logró penetrar en importantes sectores del Estado; fue muy impor- tante su incidencia en el ámbito local y regional, y también alcanzó niveles del poder central en la rama legislativa. Los grupos…

p. 969
[11]

infracciones al DIH contra quienes tenían opciones políticas contrarias a las que los paramilitares apoyaban o defendían. En el Urabá, por ejemplo: «Cuando en el año 95 llegan los primeros volantes de las autodefensas, en esos volantes decía: “Llegamos las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. Vamos a hacer…

p. 614
10El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 3152 citas
[12]

campaña no tuvieran competencia en sus jurisdicciones, y el día de la elección que el pueblo votara masiva- mente por ellos. A cambio de ese “aval”, los elegidos se hacen los de la vista gorda ante sus actividades, e incluso han llegado a adjudi- carles contratos públicos para sus empresas [...] 3 El establishment…

p. 315
[13]

campaña no tuvieran competencia en sus jurisdicciones, y el día de la elección que el pueblo votara masiva- mente por ellos. A cambio de ese “aval”, los elegidos se hacen los de la vista gorda ante sus actividades, e incluso han llegado a adjudi- carles contratos públicos para sus empresas [...] 3 El establishment…

p. 315
11Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 1291 cita
[14]

el apoyo electoral. Un excombatiente del BHT detalló la manera como media- ron la consecución de su candidatura a cambio de garantizarle continuidad al proyecto paramilitar. Entr.: ¿Ustedes apoyaban a… a esos gamonales o alcaldes? Edo.: Pues yo oí [que] fue a un… yo no sé si fue alcalde de Valencia… Mario Prada.…

p. 129
12Violence Entrepreneurs, Law and Authority in ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 41 cita
[15]

cocaine — boom, and established strong links with the economic and political elites of the province. Hern´ an Giraldo, the patriarch of one of these families, has acknowledged his participation in the murder of political and community leaders from the mid-1980s, a time when left-wing parties and grassroots movements…

p. 4
13The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1971 cita
[16]

Antioquia. In a scrupulous study of electoral behav- ior in the department of Antioquia, Claudia Nayibe López Hernández (2007) demonstrated not only that death squads linked to the paramilitaries and drug cartels were responsible for annihilating the leftist Unión Patriótica, but also that since the end of the 1990s,…

p. 197
14Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2391 cita
[17]

(63 %) (Arias & Acevedo, 2010a, p. 82). El gráfico 26 muestra la votación de Eleonora Pineda por concentración y dominio para el año 2002. Los municipios se discriminan por presencia armada de GAI. Resulta notorio cómo cinco de los municipios donde se presentó una votación alta tipifican como localidad sin presencia…

p. 239
15No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 508, 5182 citas
[19]

decenas de políticos, empresarios, militares, especialmente de la región Caribe, relacionados con pagos, apoyos electorales y contratos. El contenido se conoció parcialmente a través de la Revista Semana en septiembre de ese año y se convirtió en un escándalo político nacional. Esta era la tercera vez que la justicia…

p. 508
[49]

en los magistrados que investigaban la parapolítica. Ante este escenario, la primera reacción del Gobierno fue minimizar la gravedad de las denuncias e intentar presentarlas como acciones aisladas de «manzanas podridas» o como «exdetectives de esa entidad que que- rían hacerle daño al DAS». Cuando se divulgaron…

p. 518
16Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 721 cita
[20]

del Es- tado, en la rama judicial y en los organis- mos de control. También han influido en la elección de cargos públicos en el nivel regional. De esta manera, la corrupción lo- cal que les sirvió de base para su llegada al Congreso ha podido, en algunos casos, re- troalimentar el poder y el control local. Al mismo…

p. 72
17Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 224, 2272 citas
[22]

respecto al estatus penal de los paramilitares, otros elementos complicaron la situación. En efecto, la intervención de la Corte Suprema fue más allá de las condiciones de desmovilización y se centró en las redes que los paramilitares mantenían en el corazón del Estado. En las siguientes páginas exploramos este…

p. 224
[32]

de los años ochenta y fi nales de los noventa, obtuvo en 2006 uno de los peores resultados de su historia reciente; su candidato presidencial había quedado relegado en un tercer lugar detrás del candidato de la izquierda. Así, la arena jurídica se convirtió en la instancia central de certi fi cación de la moralidad…

p. 227
18Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 2501 cita
[23]

nunca nos perdonó nuestro papel estratégico en la destrucción del proyecto paramilitat. 254 El coraje de la verdad Cuando llegué al Senado, como parte del nuevo partido de izquierda Polo Democrático, en 2006, sentí la necesidad de vol- ver a investigar el paramilitarismo región por región. En espe- cial, me llamaba la…

p. 250
19Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 391 cita
[24]

in the May 2006 presidential elections. 109 Furthermore, the Polo’s senators, especially the former M-19 guerrilla Gustavo Petro, have been major protagonists in the unveiling of the parapolítica scandal. 110 Despite these positive trends for the electoral Left, a cautious prognosis is in order. Uribe met Petro’s…

p. 39
20Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 801 cita
[25]

de interés hacia la responsabilidad del Estado y, lo más importante, se comenzó a visibilizar a las víctimas como nunca antes había acontecido en nuestra larga confronta- ción armada (CNMH, 2012 -a). A las vicisitudes del proceso por cuenta de su poca legitimidad, a las polémicas sobre el marco jurídico para facilitar…

p. 80
21Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 150, 2062 citas
[26]

Colombiano, con base en las declaraciones y diversas acusaciones, que contra congresistas y funcionarios habían proferido desmovilizados del narcoparamilitarismo y el ex jefe de informática de los Servicios Secretos (DAS) entre otros, comenzaría la captura de los criminales de cuello blanco. Sería algo peor que el…

p. 206
[52]

Inteligencia, DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), Uribe nombro a su amigo Jorge Noguera Cote, amigo este mismo del sanguinario cabecilla narcoparamilitar Rodrigo Tovar Pupo alias 'Jorge 40', y a quien Noguera entregaba datos secretos y daba listas de sindicalistas y opositores del gobierno para ser…

p. 150
22Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 150, 2062 citas
[27]

Colombiano, con base en las declaraciones y diversas acusaciones, que contra congresistas y funcionarios habían proferido desmovilizados del narcoparamilitarismo y el ex jefe de informática de los Servicios Secretos (DAS) entre otros, comenzaría la captura de los criminales de cuello blanco. Sería algo peor que el…

p. 206
[53]

Inteligencia, DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), Uribe nombro a su amigo Jorge Noguera Cote, amigo este mismo del sanguinario cabecilla narcoparamilitar Rodrigo Tovar Pupo alias 'Jorge 40', y a quien Noguera entregaba datos secretos y daba listas de sindicalistas y opositores del gobierno para ser…

p. 150
23The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4451 cita
[28]

agency], provided confirmation that paramilitaries used voter databases from the civil status registry to plan and execute a massive amount of electoral fraud in the 2002 elections. García’s testimony and other evidence demonstrated that paramilitaries committed this breach through the DAS to erase the criminal…

p. 445
24Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 148, 1524 citas
[29]

about links between paramilitaries and politicians. In addition to the three congressional members arrested in November 2006, five more were detained in February 2008 and another twenty-six in March 2008. In July 2008 Dilian Francisca Toro, the former president of the Senate, was also arrested, and a total of…

p. 152
[30]

about links between paramilitaries and politicians. In addition to the three congressional members arrested in November 2006, five more were detained in February 2008 and another twenty-six in March 2008. In July 2008 Dilian Francisca Toro, the former president of the Senate, was also arrested, and a total of…

p. 152
[58]

the new criminal bands. Both of these phe- nomena support Valencia’s thesis. Po liti cal scientist Claudia López furnished a logical connection between this chapter and the next with her analysis of the hidden relationships that the Law of Justice and Peace found throughout the “legitimate” system. She describes the…

p. 148
[59]

the new criminal bands. Both of these phe- nomena support Valencia’s thesis. Po liti cal scientist Claudia López furnished a logical connection between this chapter and the next with her analysis of the hidden relationships that the Law of Justice and Peace found throughout the “legitimate” system. She describes the…

p. 148
25Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3411 cita
[31]

no dene ningún antecedente en América Ladna. En todo el condnente, con pocas excepciones, aunque enormemente significativas por el rango de las personas condenadas, como son los casos del expresidente Alberto Fujimori en el Perú y el expresidente Juan María Bondaberry en Uruguay, la clase política continental escapó a…

p. 341
26Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1891 cita
[33]

que los anteriores ejemplos, hasta dónde estaba dispuesto a ir el Gobierno en su afán por satisfacer sus propios intereses: magistrados de las Altas Cortes, periodistas y políticos de la oposición, académicos, intelec- tuales, fueron objeto de seguimientos ilegales por parte de agencias estatales para calumniarlos e…

p. 189
27Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · p. 1461 cita
[34]

Parapolftica un roceso... p~sar a manos de Ia justicia inte,rnaci~nal C JUdiCia·l· de caracter nacional que puede Pag. 15.. orporaCion Nuevo Area Iris. Bogota. 2009. 254. Ariel Avila. 294 Los senadores Despues de las capturas la gran mayoria de los parapoliticos apo- yaron en las elecciones siguientes a familiares o…

p. 146
28Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 149, 1602 citas
[35]

y ejes explicativos sobre el paramilitarismo en los informes del CNMH y en la producción académica fue un fenómeno exclusivamente “costeño” o “paisa”. También figuran departamentos como Tolima, Caldas, Norte de Santander y Boyacá. 4. Si bien las acciones judiciales emprendidas por la Corte Su- prema de Justicia, en…

p. 160
[46]

diseñado, para enriquecer las arcas del grupo armado y las personales. En el Casanare, donde operó el Bloque Centauros, luego de librar una cruda guerra en contra del grupo paramilitar local li- derado por Hernán Buitrago, los comandantes paramilitares no fueron el centro de las redes sociales. Al contrario,…

p. 149
29Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 681 cita
[36]

adicionalmente, los medios de comunicación van “tras el gran escándalo”, restándole importancia a la investigación regional y local. - Se registran procesos judiciales que si bien existieron y tuvieron efectos serios sobre los responsables, en especial aquellos que fueron juzgados en la Corte Suprema de Justi - cia,…

p. 68
30Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 291, 5212 citas
[37]

fruto de un contu - bernio consciente y voluntario con la finalidad de conservar, consolidar o adquirir el poder político y en ese propósito se llegó a cooptar con las autodefensas el poder público que dimanaba de las diferentes alcaldías y gobernaciones cuyo control por parte del grupo ilegal armado fue total en los…

p. 291
[66]

Violencia política en Colombia: de la nación fragmentada a la construcción del Estado. 522 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz En las zonas de colonización periférica donde la guerrilla hizo presencia, su objetivo fue proporcionar un cierto orden interno y «construir consensos y algunas formas embrionarias de…

p. 521
31Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 3141 cita
[38]

de Sucre y Alcalde del municipio de Sucre; el ex Senador y ex Representan- te a la Cámara José María Conde Romero; la ex Representante a la Cámara Muriel de Jesús Benitorrevollo Balseiro; el ex Senador Jairo Enrique Merlano Fernández; y el Diputado de la Asamblea departamental de Sucre Nelson Stamp Berrío, entre…

p. 314
32Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 3561 cita
[39]

de las regiones de influencia de los investigados (Gaitán, 2014), ni fueron parte de ellos los elaborados en los procesos de justicia y paz 380 y/o en los casos de connotación de la Fiscalía, entre otras fuentes estatales y particulares. Así las cosas, no se avanzó en esclarecer la participación y el gra- do de…

p. 356
33Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2, 2082 citas
[40]

Gustavo Duncan Democracia feroz ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política? Debate SÍGUENOS EN Me Gusta Leer Colombia @megustaleerco @megustaleerco A Adriana, Santiago y Antonio I NTRODUCCIÓN Varios casos de la historia reciente de Colombia describen un problema típico de las…

p. 2
[62]

una situación crítica para el partido. Es, por el contrario, parte misma de la lógica de cómo funciona el partido dentro del sistema político actual. La U se creó como un partido que aglutinaba una coalición de políticos disidentes de los dos partidos tradicionales, principalmente liberales, con el propósito de…

p. 208
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1311 cita
[41]

me llegó esto diciendo de usted y yo hice esto”. Ahí se arma la de Troya. Ya como tengo ese antecedente del anónimo, empiezo a preguntar por Hugo Aguilar y empiezan a aparecerme testimonios; los campesinos empiezan: “ah no, es que cuando estaban en campaña acá, los paramilitares pasaron y nos decían que teníamos que…

p. 131
35Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 961 cita
[42]

Noguera. Araújo Castro had become a congressman, but he remained more of a wildcard, one that would be fundamental if Jorge 40 wanted the traditional political class behind him. That is because, despite their politica l setbacks with regards to the Gnecco family, the Araújos were still important political patrons in…

p. 96
36La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3531 cita
[44]

es puesto en prisión y logra que lo liberen. En 2005 fue sancionado por la Procuraduría General de la Nación por irregularidades en un contrato. 354 LA TIERRA SE QUEDÓ SIN SU CANTO JOSÉ DOMINGO DÁVILA ARMENTA Gobernador Fue representante a la Cámara y gobernador del departamento en 2000 por una coalición entre el…

p. 353
37Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 571 cita
[45]

ofrecer suficiente resistencia para que sus fuentes de poder no fueran rebasadas. El principal grupo político de la región, la familia López Cabrales, mantuvo las mayorías electorales a pesar de la fortaleza militar y económica de Mancuso. Tan pode rosos eran los López (Abrales en las elecciones que la clase política…

p. 57
38Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 1081 cita
[47]

los departamentos donde tuvo injerencia. Si bien muchos políticos han llegado al poder valiéndose de sus posiciones sociales, los comandantes paramilitares apoyaron las aspiraciones de muchos de ellos y aseguraron, en varias ocasiones, su elección. El juego político de los Llanos Orientales estuvo dominado por…

p. 108
39La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1281 cita
[48]

número de personas, entre las que se encuentran periodistas y defensores de derechos humanos de varios países. Las operaciones Europa, Extranjeros, Canela, Imprenta y Transmilenio se llevaron a cabo por parte de una red de inteligencia establecida al interior del DAS bien estructurada, jerárquica, interinstitucional,…

p. 128
40El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 2132 citas
[50]

copias de la investigación a la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia en Bogotá para que investigara la presunta participación de Jorge Noguera —cónsul en Italia para ese momento— en el homicidio de Alfredo Correa de Andréis. El procedimiento penal aplicable a la investigación reconocía a la parte civil…

p. 213
[51]

copias de la investigación a la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia en Bogotá para que investigara la presunta participación de Jorge Noguera —cónsul en Italia para ese momento— en el homicidio de Alfredo Correa de Andréis. El procedimiento penal aplicable a la investigación reconocía a la parte civil…

p. 213
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1371 cita
[54]

Con el diablo adentro. Pandillas, tiempo paralelo y poder, 289. 439 Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz. 2/12/2010. MP: Uldi Teresa Jiménez López. Sentencia en contra de Jorge Iván Laverde Zapata. Radicado: 110016000253200680281. 440 Ibíd. 441 Ibíd. 138 fiflćflThxiff fffl.…

p. 137
42Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1311 cita
[55]

que se expandió a recursos de enti- dades nacionales. Muestra de ello es la destinación de subsidios del Programa Agro Ingreso Seguro 197 que terminaron en manos de parapolíti- cos y terratenientes 198 como Eduardo Vives Lacouture, uno de los condenados por parapolítica, y Silvestre Dangond Lacouture 199, propietario…

p. 131
43La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 3271 cita
[56]

a Gráfica 8. Responsabilidad de los actores no asociados al conflicto en ataques selec- tivos e indiscriminados contra funcionarios judiciales vi. La victimización de funcionarios judiciales en Colombia 1979-2009 329 través de ejercer violencia sistemática contra los funcionarios judi- ciales que han tenido a cargo…

p. 327
44¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1801 cita
[57]

Abandonadas Forzosamente. De estas un total de 1761 han sido presentadas ante los jueces especializados en restitución. Adicionalmente, en la ruta étnica de restitución, se han ordenado medidas cautelares para amparar los 134. Camilo Sánchez y Rodrigo Uprimny, “Justicia transicional civil y restitución de tierras”,…

p. 180
45Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4831 cita
[60]

fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

p. 483
46Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 3031 cita
[61]

fuera sentenciado, mientras que en el sexto debate se acordó congelar la curul cuando fuera detenido. 303 La politización del Consejo Nacional Electoral y la reelección presidencial gobierno estaba interesado en hundir la reforma política, por- que aprobar la silla vacía, es decir, la pérdida de curul para el…

p. 303
47Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · p. 941 cita
[63]

que el poder de las mayorías, la garantía de las minorías a través de un Estado de Derecho. No solo los votos sino el proyecto político que respaldó el pa- ramilitarismo es ilegítimo y antidemocrático; lo es por los medios 95 Juan Manuel López Caballero utilizados, pero también por sus objetivos y propuestas. Esos…

p. 94
48El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · p. 3032 citas
[64]

de única instancia 27408 de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia. III. DECLIVE (2003-2006) 305 que esa región llegara al grado de sometimiento que yo la encontré? Entonces llaman al general Carreño. Y Carreño dice: “Que el coronel me haga un informe”. Yo le hago un informe al comandante de la…

p. 303
[65]

de única instancia 27408 de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia. III. DECLIVE (2003-2006) 305 que esa región llegara al grado de sometimiento que yo la encontré? Entonces llaman al general Carreño. Y Carreño dice: “Que el coronel me haga un informe”. Yo le hago un informe al comandante de la…

p. 303